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Yolanda Diaz Martinez, Vida y avatares de los hombres en contienda. La subsistencia en la Guerra del 95.

Yolanda Diaz Martinez, Vida y avatares de los hombres en contienda. La subsistencia en la Guerra del 95, La Habana, Editora Politica, 2004, 172 pp.

Esos textos cargados de enfoques unilaterales y que llevan a conclusiones predecibles, a los que gran parte de la historiografia cubana sobre las gestas independentistas del diecinueve nos tiene acostumbrados, no encuentran cabida en Vida y avatares de los hombres en contienda, de Yolanda Diaz, el cual escapa a las convenciones y a los esquemas sobre la ultima guerra cubana contra Espana y que, a la vez, muestra evidencias de una encomiable rigurosidad academica.

Habitualmente, salvo destacables excepciones, la historiografia sobre la Guerra del 95 esta banada de una vocacion epico-patriotica y adolece de un cierto desinteres por el factor humano, por la cotidianidad de los individuos que se mueven en el hecho historico; sea porque algunas investigaciones sobre el tema conducen a conclusiones apologeticas que encumbran el patriotismo (tanto cubano como espanol, segun el caso), o bien porque otras se convierten en medio para denigrar, desde la perspectiva historica, a los supuestos culpables de los fracasos. Esa tendencia, entre la alabanza y el descredito, es palpable en muchas obras que han estudiado a la Guerra del 95 desde un enfoque politico o militar, tanto en aquellas destinadas a historiar las acciones combativas y el desarrollo de los acontecimientos, como en las que se abordan personalidades prominentes de ambos bandos contendientes.

Yolanda Diaz se desentiende de la tendencia y se aleja de la vision grandilocuente del hecho historico para escudrinar el dia a dia de quienes lo protagonizan, tanto en la manigua de las huestes insurrectas como en los cuarteles del ejercito espanol. Con una minuciosa pero vasta seleccion bibliografica, una cuidadosa revision de fuentes periodicas de la epoca y un copioso apoyo documental, que va desde los fondos del Archivo Nacional de Cuba a los del Archivo del Palacio Real de Madrid, y de los del Servicio Historico Militar de Madrid a los Shafter Papers de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos--entre otros fondos documentales--, la autora teje el hilo conductor de la investigacion utilizando a la guerra solo como telon de fondo, sin detenerse a analizarla como hecho historico. Su propuesta es observar el comportamiento simple de los sujetos involucrados en la guerra y, en ese sentido, estudia la subsistencia cotidiana a partir de dos aspectos determinantes: los abastecimientos y la sanidad.

El texto que nos ocupa--subproducto de la tesis doctoral de la autora--esta conformado por una introduccion y cuatro capitulos; no tiene conclusiones generales, sino que la autora va intercalando sus puntos de vista personales en cada uno de los apartados que integran un capitulo. Esto se debe a que, independientemente de la unidad interna del discurso entre los cuatro capitulos, cada uno de ellos se comporta como un ensayo comprensible por separado. El libro tambien incluye un apartado con cinco anexos y una muestra de fotografias que ilustran los contenidos de la obra.

La "Introduccion" marca la pauta del terreno en el que se movera el contenido; alli se ataca el criterio estereotipado segun el cual las fuerzas espanolas contaban con un eficaz sistema para garantizar los suministros, mientras que la parte cubana carecia de el, y tambien se describe la situacion de los principales renglones de la economia cubana en los momentos en que estalla la guerra y como la ampliacion del latifundio azucarero luego incidiria en la escasez de alimentos durante la contienda. Asimismo, se pone en duda el mito de que la salud de los combatientes cubanos era mejor, a fuerza de la costumbre y del conocimiento del terreno, y de que los espanoles eran mas propensos a las enfermedades por las inclemencias del tiempo y el desconocimiento de las plantas medicinales. De igual manera, en esta introduccion se deja constancia de las repercusiones que dentro del campo insurrecto tuvieron las divergencias entre el mando militar y el Consejo de Gobierno, pretendido poder civil de la Revolucion. Ademas, se precisa la importancia del control de los espacios, para asi entender mejor las disimiles formas en que ambos contendientes afrontaron la cuestion de la subsistencia: mientras que las huestes mambisas controlaban las zonas rurales, muy rara vez el ejercito espanol perdio el dominio de las ciudades.

El primer capitulo, titulado "Estructuras y mecanismos de los abastecimientos en la Guerra de 1895", esta dividido en cuatro apartados. El primero analiza la factoria espanola y el transporte de suministros. Las factorias constituyeron la unidad principal de suministros para la tropa espanola y eran una suerte de almacenes donde se les vendia a los soldados los productos destinados a cubrir sus necesidades basicas de manutencion; estaban ubicadas siempre en las zonas urbanas y fueron propagandose por todo el territorio insular en la medida en que avanzaba la guerra. Yolanda Diaz, apoyada en fuentes testimoniales, da cuenta de como, al contrario de lo que en general se cree, el soldado peninsular no dispuso de los aseguramientos que supuestamente la Intendencia Militar le facilitaba; de hecho, en las factorias no siempre se encontraba lo necesario y tampoco las estructuras administrativas escapaban a los episodios de corrupcion. El mayor desarrollo economico en la zona occidental de la isla, con las correspondientes mejores condiciones de comunicacion, caminos y vias ferreas, intervino de manera favorable en los suministros, al tiempo que en las regiones orientales la tropa espanola estaba mas abandonada a su suerte. Sin embargo, en ambas zonas, el transporte de suministros resulto dificil para los mandos espanoles debido a las largas distancias entre los puertos y las factorias, asi como por la actividad insurrecta que, empenada en desestabilizar al contrincante, danaba las vias de acceso. De modo que era usual la escasez de aprovisionamiento en las factorias espanolas y, en la medida en la que se prolongaba la campana, se hacian mas agudas las carencias del soldado peninsular.

El segundo apartado describe a la prefectura como medio de sustento del mambi, esto es, la estructura encargada de facilitar los suministros al ejercito insurrecto. Desde los primeros meses de la guerra, el Consejo de Gobierno habia dividido a la isla en cuatro estados (Oriente, Camaguey, Las Villas y Occidente), los cuales estaban segmentados en distritos y estos, a su vez, en prefecturas, que eran estructuras administrativas bajo el control de funcionarios civiles de la Republica en Armas, pero que abastecian al ejercito cubano. No fue sino hasta diciembre de 1897, poco antes de la intervencion estadounidense en la guerra, que el Ejercito Libertador creo un sistema de administracion militar encargado de aquellos menesteres y del control de talleres, haciendas de cultivo, salinas, depositos de caballos, hospitales, etcetera. O sea, practicamente durante toda la guerra, los abastecimientos estuvieron a cargo de las prefecturas, pues en ellas habia areas de labranza, cria de ganado mayor y de aves de corral, talleres de confecciones y reparaciones; algunas tambien tenian escuelas e, incluso, hospitales, asi como un Registro Civil en el que se asentaban nacimientos, matrimonios y defunciones. Se ubicaban en lugares intrincados, cuevas, sierras y zonas cenagosas de dificil acceso a las tropas coloniales. Desde el punto de vista de Diaz, no se esquiva la desventaja que, para los suministros, presupone la dualidad de mandos de los independentistas cubanos; sin embargo, la autora hace notar la relativa eficiencia del sistema de prefecturas y la manera en que se complementaba con la actividad del Departamento de Expediciones, objeto de atencion del siguiente apartado. Ese departamento, ubicado en territorio de Estados Unidos, era el encargado de hacer llegar embarcaciones con provisiones a la isla. Diaz muestra varias evidencias de como en lo referente a las expediciones se hicieron sentir de forma destacada las discrepancias entre civiles y militares del lado cubano; y es que, ademas de medios de subsistencia para la tropa, las expediciones traian medicinas, armas y municiones, pero todo el proceso de desembarco y distribucion estaba en manos de las autoridades civiles, las cuales no demostraban un real conocimiento de las necesidades del Ejercito Libertador.

En el ultimo apartado de ese capitulo, la autora se concentra en dos elementos que constituyen una prioridad en la guerra: el vestuario y el calzado. En esos renglones, las autoridades espanolas trataron, no siempre de forma eficiente, de ajustar las necesidades del soldado a las condiciones del clima y del terreno. No obstante, Diaz tambien pone de manifiesto la presencia de intereses economicos bajo el manto del patriotismo. Con la llegada de Valeriano Weyler al puesto supremo del gobierno espanol en Cuba, los uniformes y zapatos para el ejercito dejaron de confeccionarse en la isla y los contratos de fabricacion fueron concedidos a talleres de la metropolis, lo cual favorecio a los comerciantes espanoles, pero perjudico a los soldados por la baja calidad tanto de los tejidos catalanes como de los zapatos mallorquines empleados. !Casualmente, Weyler era de Mallorca!

Con el titulo "Los problemas del abastecimiento", Yolanda Diaz dedica el segundo capitulo a analizar, en tres apartados, el problema similar que afrontaban ambos enclaves (factoria y prefectura): la escasez en el campo insurrecto y las adversidades del soldado espanol. En efecto, la autora demuestra el modo en que tanto los soldados independentistas como los coloniales fueron perjudicados por la mala administracion, el descontrol y los intereses personales de quienes tenian la responsabilidad de satisfacer sus necesidades basicas. Comida escasa y en mal estado, mala calidad de los generos, corrupcion, trafico, robo, contrabando, desvio de recursos, entre otros, eran constantes en ambos bandos de la guerra. En las factorias se constataba el afan de lucro, la adulteracion de los productos, la falta de control y el fraude; con la politica de reconcentracion de Weyler, la situacion se agravo, pues el soldado espanol se vio imposibilitado de suplir en los comercios locales lo que no le garantizaba la factoria; al mismo tiempo, en el campo insurrecto se manifestaron los malos manejos en las prefecturas, no solo motivados por la dualidad de poderes, sino tambien por el comercio ilicito, la sustraccion, el desvio de los recursos destinados a los soldados y el contrabando. Todos esos elementos le permiten a Diaz aseverar que "tanto factorias como prefecturas no estuvieron en condiciones de garantizar los abastecimientos de sus respectivas fuerzas" (p. 62).

A juicio de la autora, estas dificultades, agravadas para ambos bandos tras el inicio de la reconcentracion, encontraron en las huestes mambisas una respuesta y surgieron nuevas iniciativas para paliar la escasez. Se verifica asi un incremento en el asalto a convoyes y a poblaciones con el fin de obtener viveres y enseres; igualmente, la escasez contribuyo a diversificar la dieta de modo tal que en los campos cubanos llego a comerse practicamente todo tipo de animal y planta, asi como aprovechar lo no comestible para la confeccion de ropa y calzado. Los soldados espanoles hicieron otro tanto, pero con la desventaja de que no conocian los cultivos autoctonos (boniato, yuca, malanga, name, platano, etcetera) como para sacarles el maximo beneficio. Un elemento novedoso que la autora pone al descubierto es la increible modalidad de comercio entre los mambises y... !las postas espanolas! Asimismo, las dificultades economicas para proveer a las factorias condujeron a que la administracion espanola buscara mecanismos alternativos como los Comites Locales de Compra, encargados de negociar directamente con comerciantes en la isla; aun asi, el soldado espanol tambien se las tuvo que arreglar para subsistir a toda costa. Diaz demuestra que, a pesar de los esfuerzos emprendidos por las autoridades de ambos bandos, la indisciplina y la rapina aumentaban en la medida en que el acopio de provisiones disminuia. La situacion fue critica para mayo de 1898, a raiz del bloqueo impuesto por la armada estadounidense.

Los dos ultimos capitulos encierran gran unidad tematica: "Sanidad y prevision: una prioridad en la guerra" y "La mortalidad. Medidas para evitarla". Al margen del tipo de guerra y del desarrollo de las acciones belicas, ambos ejercitos, de acuerdo con su estructura y concepcion, eran considerados fuerzas regulares. De ahi que los dos tuvieran, respectivamente, un Cuerpo de Sanidad Militar.

Al incrementarse el numero de soldados espanoles conforme la guerra avanzaba, se hizo necesario un aumento en la atencion sanitaria que se tradujo en una multiplicacion de los establecimientos de salud, tanto fijos como moviles. Diaz pormenoriza su estudio haciendo distincion entre hospitales, clinicas y enfermerias, asi como entre los establecimientos moviles, los provisionales y las llamadas ambulancias maritimas u hospitales flotantes instalados alrededor de la isla. Sin embargo, el incremento en la cantidad de establecimientos no significo una mejoria en la calidad de la atencion sanitaria; la autora muestra algunas de las principales dificultades: la falta de camas, la construccion de hospitales en sitios inseguros, poco salubres y sin la adecuada ventilacion, y el hecho reiterado de que a los heridos de guerra, que debian ser destinados a los llamados "hospitales de sangre", se les internara junto a otros soldados con enfermedades contagiosas como la fiebre amarilla y el paludismo. Las autoridades espanolas hacian recaer sobre los ayuntamientos la responsabilidad de las construcciones sanitarias, lo cual contribuia a su mala calidad, pues los ayuntamientos se encontraban en una dificil situacion economica como resultado de la guerra.

La organizacion de la asistencia medica en el campo insurrecto tambien comprendia servicios moviles y fijos. En un principio, el Cuerpo de Sanidad Militar estaba supeditado al Consejo de Gobierno (en concreto a la Secretaria de la Guerra), pero a partir de 1897 dependeria directamente del general en jefe, lo cual redundaria en un mejor funcionamiento al estar mas cerca del desarrollo de la campana. En los servicios medicos del Ejercito Libertador se destaca la vigilancia de las normas higienicas para garantizar el buen estado del personal; en ese sentido, existia una cartilla sanitaria de obligatorio conocimiento para toda la tropa y que instruia acerca de los tratamientos para enfermedades infecciosas, heridas de arma blanca y de arma de fuego. El Cuerpo de Sanidad estaba conformado por medicos, farmaceuticos, dentistas y estudiantes de medicina; todos ellos jugaron un papel importante en el servicio movil que, ademas de brindar asistencia medica, cumplia funciones preventivas para evitar epidemias. Diaz da cuenta de la existencia de botiquines en cada unidad, de la creacion de un efectivo sistema de transportacion de heridos y de la originalidad de los combatientes para resolver los problemas propios de la escasez de material medico.

En cuanto al regimen hospitalario, el abastecimiento de medicinas y alimentos, la autora nos ilustra sobre el contenido de las raciones en las instalaciones sanitarias de cada ejercito: senala que, en un inicio, los soldados espanoles hospitalizados no tuvieron dificultades de alimentacion, pues esta era cubierta por la factoria, pero, tras la reconcentracion, las cosas empeoraron y muchos hospitales tuvieron que cerrar; asimismo, ofrece cifras de las cantidades y los costos de los medicamentos remitidos desde la Peninsula. En las huestes insurrectas, las necesidades de alimentacion y medicamentos no fueron menores; asi, la autora muestra ejemplos concretos y destaca la colaboracion del cuerpo medico emigrado en el envio de insumos a los hospitales en campana. Tambien hubo malos manejos y se lucro con las provisiones sanitarias y la alimentacion de los enfermos de ambos ejercitos.

Diaz explica como diversos factores influian en la salud de los soldados. La idea de un periodo de aclimatacion para los reclutas espanoles resulto inviable economicamente. La administracion espanola tampoco fue capaz de facilitar hamacas a cada soldado, por lo cual muchos jovenes inexpertos tenian que dormir en el suelo humedo, a la intemperie, despues de agotadoras jornadas de sofocante calor o lluvias intensas. La autora echa mano al comentario de Maximo Gomez, general en jefe del Ejercito Libertador, sobre lo que consideraba "sus mejores generales: junio, julio y agosto" (p. 116), pues la tactica de agotar al enemigo era mas efectiva en el verano, obligandolo a largas marchas sin presentarle combate. La adversidad del clima, el cansancio, el enorme peso de las mochilas, el vestuario inadecuado, la alimentacion deficitaria y las enfermedades tropicales atentaban contra la salud de los espanoles. La muerte de animales en el campo a raiz de la reconcentracion, cadaveres humanos insepultos y la falta de higiene contribuyeron a la proliferacion de epidemias: fiebre amarilla, disenteria, calenturas perniciosas, tuberculosis, vomitos y viruelas. De esta manera, a la tropa insurrecta tambien le afectaron estas circunstancias, a pesar de estar en su propio entorno y clima. La autora da cuenta del alto empleo de quinina por parte de los mambises y de la presencia de las mismas enfermedades, e incluso otras mas, en el bando cubano.

Finalmente, Diaz brinda un analisis, con estadisticas en los casos posibles, sobre la mortalidad en ambos ejercitos. No se limita a describir, sino que comenta los intentos y los aciertos para disminuir la mortalidad, a la vez que compara las bajas por enfermedades con aquellas ocasionadas por acciones combativas, asi como el comportamiento de la curva de mortalidad en diferentes momentos de la contienda. Resultan muy ilustrativos los ejemplos acerca del uso de la medicina verde en los campos cubanos, desde las plantas herbaceas hasta la miel, el tabaco y el polvo de cafe, como retos en la lucha por evitar la muerte.

Los cinco anexos son muy oportunos y convenientes con relacion al texto: 1) Relacion de hospitales y enfermerias espanolas en 1895; 2) Relacion de hospitales y enfermerias espanolas en 1896-1897; 3) Relacion de hospitales y enfermerias espanolas durante 1898; 4) Relacion de prefecturas establecidas en la isla durante la Guerra de 1895; y 5) Fragmentos de un informe rendido por el agregado naval de Espana, tras un recorrido por las costas cubanas, y remitido al ministro plenipotenciario de Espana en Estados Unidos. 14 de mayo de 1896.

Antes de concluir, me parece pertinente hacer un par de comentarios criticos, uno a la autora y otro a la edicion del libro. A lo largo del texto, Diaz maneja el vocablo "pacificos" para referirse a los cubanos no miembros de las filas insurrectas, el cual comenzo a usarse con ese fin desde la Guerra de los Diez Anos. Si bien es cierto que, para la epoca, se habia consolidado la formacion de la nacion cubana, seria inapropiado hablar de "ciudadanos", pues la isla seguia siendo un territorio dependiente, esto es, no existia la ciudadania cubana (lo que tambien hace cuestionable el termino "civiles"). Referirse a "los pacificos" resulta inexacto y no me parece apropiado asumir tal denominacion, maxime cuando la propia autora muestra ejemplos de individuos que, sin estar alzados en armas, colaboraron con la causa del Ejercito Libertador por diversas razones. Aunque cuestionable, tal vez "poblacion civil" seria un termino mas adecuado, al igual que "paisanos".

En cuanto a la edicion, opino que los propositos de la autora son falseados en el diseno de la portada: alli, contrario al criterio defendido en el libro en cuanto a las dificultades con el vestuario de los hombres en campana, aparecen soldados insurrectos con impolutos trajes y limpidos sombreros en pleno combate, que nos llevan a la idea--mas que patriota, patriotera--del mambi como un gallardo caballero inmaculado. De igual forma, los soldados espanoles en la portada tampoco aparecen mal vestidos.

El gran merito de esta obra, mas alla de la ensenanza que nos deja, es la habilidad con la que se homogeniza la condicion humana de los distintos componentes de la guerra y la capacidad para mostrar a los miembros del Ejercito Libertador no como grandes heroes, sino como individuos de carne y hueso, con virtudes y defectos; hombres comunes que tambien pueden experimentar descensos en su moral como resultado de las condiciones adversas de la subsistencia. Sin proponerse historiar hazanas belicas, Yolanda Diaz ha conseguido plasmar la proeza de subsistir en la guerra; por eso, mientras redactaba esta resena, trate de encontrar un calificativo que precisara el sentido de este libro, y, entre otros, termine aferrandome a uno: desmitificador.

No me queda mas que exhortar a su lectura, no solo a aquellos interesados en la historia de Cuba, sino a cualquier lector motivado por la naturaleza humana de las guerras y el comportamiento creador de las personas en entornos irregulares.

Onesimo Julian Moreira

Universidad de Quintana Roo
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Author:Julian Moreira, Onesimo
Publication:Revista Mexicana del Caribe
Article Type:Resena de libro
Date:Jul 1, 2004
Words:3676
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