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Weft and weave in Historia critica de la literatura chilena, volume I: La era colonial, coordinated by Stefanie Massmann/Trama y tejido en Historia critica de la literatura chilena, volumen I: La era colonial, coordinado por Stefanie Massmann.

Ante todo, debo dar gracias por la invitacion a leer el libro. Lo primero que quiero hacer es expresar una sensacion: una de placer, de profundo agrado; disfrute la lectura y espero que esa sea una sensacion compartida por los futuros lectores.

Pese a que los numeros, "datos duros" y otros terminos y practicas cuantitativas usados como indicadores para evaluar o medir estan en un descredito creciente entre las humanidades, quiero acudir a ellos para mostrar una de las dimensiones de este volumen que me parece sumamente destacable: se trata de veintiseis articulos o capitulos, ademas de seis introducciones a cada una de las secciones tematicas que organizan el libro (algunas de las cuales constituyen breves ensayos en si mismas y que contienen proposiciones que van--a ratos- mas alla de los trabajos reunidos en cada seccion). Veinticuatro autoras y autores, provenientes de distintos campos de los estudios literarios, filologicos, historicos y culturales. Es una reunion magna, un nuevo parlamento colonial (como esos de los que tratan varios de los articulos), en el que suenan diferentes voces, aparecen miradas y posturas muchas veces criticas con lo que autores anteriores han dicho o escrito; con desafios que invitan a leer de otro modo ciertos temas, algunos ya canonizados, otros en vias de serlo.

Varias de las grandes unidades tematicas que componen el volumen podrian facilmente ser consideradas como un breve libro o monografias especializadas; no autonomas por cierto, ya que forman parte de la totalidad de la propuesta, pero si por la profundidad de sus contenidos, por su caracter propositivo y por la amplitud de lecturas que proponen o sugieren.

El volumen se organiza a partir de varios hilos estructurantes, que, como los de la urdimbre de un textil, sustentan la trama construida por las secciones, unidades tematicas y capitulos. A ellos quiero referirme brevemente.

Los primeros hilos de esta urdimbre son temporales. Son parte de la voluntad, en palabras de la coordinadora del volumen, Steffanie Massmann, de "presentar una correlacion entre producciones letradas y acontecimientos historicos" (27). Uno de esos hilos se puede seguir desde las cartas de relacion de Pedro de Valdivia (estudiadas por Cordero en este volumen) hasta las practicas literarias del siglo xviii, que estudian los trabajos de Cordero, Robles, Azua, Hachim, Carrasco y Sanhueza. Se trata de una aproximacion a lo colonial que se podria denominar "clasica" por el trayecto temporal que traza y que va desde lo mas temprano a lo mas tardio. Una temporalidad, sin embargo, que Alejandra Araya y Alejandra Vega, autoras del primer estudio introductorio general, se encargan de disturbar, ya que ellas hacen llegar su propuesta de cronologia de lo colonial hasta las primeras decadas del Chile republicano, cuestion que tambien surge en el capitulo de Pradenas sobre el teatro y que Ramay prolonga aun mas, hasta el momento de la invasion de los ejercitos chilenos y argentinos al territorio mapuche, ya en la segunda mitad del siglo xix. Segun Ramay, "se entiende la epoca colonial, entonces, como un tiempo en que regian los tratados firmados entre mapuche y espanoles que establecian la soberania mapuche" (466). Desde su mismo inicio, este volumen se declara diverso y polemico, asi, con sus propias intenciones.

Los hilos temporales continuan. Otro de ellos lo constituye la cuestion de como ordenar nuestra compresion del periodo colonial. Rompiendo la secuencia sucesiva de los siglos, al inicio del volumen se nos propone la identificacion de dos grandes etapas. La primera, que iria desde los inicios del siglo xvi y que se prolonga hasta mediados del siglo xvii (un largo siglo xvi); hasta 1655, segun proponen Araya y Vega (35), o 1656, de acuerdo con Massmann (188), segun se considere el inicio del ultimo gran alzamiento mapuche o su declinacion. En palabras de Araya y Vega, es tambien una decada en la que no solo "se alza la tierra" por la gran rebelion indigena, sino que tambien se cambia la geografia con el terremoto de Concepcion y el posterior maremoto, que retrotrajo temporalmente la frontera hasta el rio Maule. Seria, igualmente, el periodo del afianzamiento de un discurso criollo, sobre el que volveremos mas adelante. La segunda etapa, por otro lado, iria desde ese ano hasta, al menos, inicios del siglo xix; es decir, pasando el periodo inicial de la Republica.

Hay, sin embargo, otro posible ordenamiento temporal que asoma igualmente en el libro, de la mano de las lecturas e interpretaciones criticas propuestas por los distintos autores. Por una parte, una agrupacion de las obras escritas entre los siglos xvi y xvii y, por otra, las de los siglos xviii y xix. No se trata de un asunto de cronologias, sino de contenidos y modos de abordar la produccion letrada. Independientemente de si fueron impresos o permanecieron ineditos, cronicas, poemas u obras de teatro de los siglos xvi y xvii tienen--de acuerdo a los respectivos autores--un telon de fondo comun: la guerra y la sociedad mapuche, ya sea para denostarlos o usarlos metaforicamente, como para reflexionar acerca de la sociedad y la vida colonial. Asi, los mapuche configuran una presencia permanente y eso lo remarcan todos los autores que se refieren a esa escritura, incluso en Espana, con la tragicomedia de Lope de Vega, Arauco domado (Pradenas 437). Sin embargo, los estudios que abordan la escritura y literatura del siglo xviii e inicios del xix dan cuenta de otro enfoque: se trata de una literatura distinta, en la que la presencia o la preocupacion por la guerra esta ausente, y los "indigenas" pasan a ocupar una posicion de sujetos descritos en una historia natural y civil o en los tratados cientificos, que incorporan a otras sociedades como los patagones (Sanhueza 363). Ahora la atencion parece estar puesta en la produccion letrada de otros sujetos: los viajeros, cientificos, intelectuales (Flores, Sanhueza), las monjas (Azua), los jesuitas y sus propuestas literarias hechas desde el exilio (Hachim, Carrasco). Lo central parece estar, aqui, en la republica de las letras que evoca Flores (252). Por que ocurre esto? Es efectivamente un cambio en la sensibilidad de esa epoca?, un giro en los temas centrales de los cuales da cuenta la literatura de esa epoca?, o es resultado mas bien de enfoques teoricos y criticos diferentes?, de las disciplinas, que estan sencillamente abordando otras problematicas?

Como se sabe, las urdimbres pueden tener hilos de varios colores, son los que permiten que otras figuras emerjan de la mano de una o un habil tejedor. En este caso, el nuevo color de los hilos tiene que ver con el reconocimiento, presente a lo largo de todo el volumen, de que la cultura escrita o las practicas de la escritura alfabetica, en Chile, se movieron por varias vertientes. Una: los impresos y los manuscritos forman parte, con igual peso y autoridad de lo que aqui se reconoce como literatura colonial. Caceres reclama que algunos sigan "privilegiando el material impreso por sobre el manuscrito" (248) y, consecuentemente con ello, el volumen en su conjunto pone en tension el supuesto que los escritos publicados fueron los que formaron una cultura letrada (una mirada muy propia del siglo xix y de la primera mitad del siglo xx), demostrando que hubo una incesante circulacion de manuscritos que tambien generaron influencia en la vida colonial.

Me parece que otro hilo del tejido colectivo en este libro es el de la mirada atenta hacia ciertos generos: la epica (abordada con los trabajos de la propia Massmann, de Goic, Mazzotti y Urbina), las cronicas testimoniales (estudiadas por Carneiro, Cordero, Donoso y Massmann), la poesia (presentada aqui por Caceres) o la teatristica, en el abordaje que propone Pradenas. Asunto nada facil, por cierto, ya que muchas de las obras analizadas no se acomodan facilmente a un unico genero. El Cautiverio feliz (que estudia Massmann) o las Aventuras y galanteos de Carilab y Rocamilala, "primera novela colonial chilena" (trabajada por Anadon), dan cuenta de que no siempre hay consenso acerca de donde adscribir una determinada obra o texto y de las muchas y diversas posiciones tomadas por los variados estudiosos o criticos de ellas, al menos entre los siglos xix y xx. Lo mismo ocurre cuando se aborda el tema de la escritura de las monjas en el Chile colonial (Azua), en la cual es posible identificar variados generos y subgeneros. "Debe entonces advertirse que muchas cronicas coloniales son obras miscelaneas, abiertas a varios temas, lo cual dificulta su apreciacion" (Anadon 239).

!Otro hilo! Tal vez los lectores estaran al tanto del problema que enfrenta todo tejedor o tejedora. La cantidad de hilos de la urdimbre determina la complejidad de la trama. Es una operacion matematica y cognitiva que antecede a los disenos de cualquier textil que nos llame la atencion, que nos emocione. Y en este volumen hay una multitud de hilos de esa especie; yo solo senalo los mas evidentes y dejo a los futuros lectores descubrir otros. Por ejemplo, el hilo del "Que entendemos por literatura?" O es el tema, mas pleno, de la escritura? La lectura de este primer volumen de la Historia critica de la literatura chilena precipita al lector en un terreno movedizo, el de las distintas maneras de entender que puede ser "literatura", tanto epocal como disciplinariamente. "Como he apuntado en este capitulo, bajo el termino de literatura cabian una serie de escritos de los mas diversos ordenes del saber: historiograficos, fisicos, naturalistas, mecanicos, filosoficos, religiosos, etc.", escribe Flores (266), dando cuenta de que este no es un asunto novedoso: ya estaba planteado en el siglo xviii. Un problema que se ha intentado resolver ampliando la perspectiva: "Por otro lado, Cedomil Goic realizo una considerable apertura del concepto de 'letras del Reino de Chile'--las que situa entre 1520 y 1820--, proponiendo que 'viene a ser todo lo que en lengua escrita u oral trata del pais'", como lo recoge Caceres (297); o se puede tomar en cuenta la propuesta de Promis, citado por el mismo Caceres, de incluir en el campo literario la "produccion cultural" letrada de una epoca (297). Este hilo de la urdimbre, mas abierto aun en este volumen, permite la inclusion de tematicas nuevas o hasta ahora dejadas afuera en otras historias de la literatura chilena: la escritura de mujeres (monjas sobre todo, en Azua), la presencia del mapudungun (en Moraga-Garcia, Cancino y Ramay), la poesia colonial (abordada por Caceres) o las "Letras latinas en Chile Colonial" (en Branes). Llegados a este punto, senalo algunas ausencias, trabajadas en otros espacios de una produccion literaria entendida mas ampliamente: que pasa con la produccion de letras para ser cantadas? Tambien en Peru se ha desarrollado un interesante campo respecto de la escritura en pinturas, ya sean murales o de caballete.

Tramas que interrumpen las urdimbres

La organizacion del libro recoge principalmente las dos primeras propuestas: los hilos de las cronologias y los de la condicion de los escritos (editados o manuscritos). Otra faceta se asoma percolando las agrupaciones internas del volumen: la de los generos, que cruza por igual periodizaciones y materializaciones. Despues de dos ensayos introductorios, el de Stefanie Massmann y el de Alejandra Araya y Alejandra Vega, le siguen dos grandes secciones tematicas que tienen en comun el enfoque prioritario sobre los textos publicados: "Epica y testimonios de la conquista" y "Formacion de una sociedad colonial: identidades y fronteras". A ellas podriamos agregarle la unidad tematica acerca del teatro colonial: "Teatrocracia y teatro en Chile colonial", de Luis Pradenas. El espacio y las practicas manuscritas aparecen, por su parte, a partir del analisis de las cartas de relacion de Pedro de Valdivia (en la seccion "Testimonios de la conquista", con el capitulo de Maria de Jesus Cordero), continuan en la unidad "La austral 'Republica de las letras': cultura y escritura hacia el siglo xviii" (por ejemplo, en el trabajo sobre la "escritura de monjas en el Chile colonial", de Ximena Azua) y se despliegan con mayor fuerza en la parte final del volumen: "Conquista, traduccion y politicas de la lengua" (en la que participan Viereck, Moraga-Garcia, Cancino y Branes) y "escrituras del yo" (con el trabajo de Ximena Azua, Luz Angela Martinez y Bernarda Urrejola).

Me parece relevante y destacable que, en este volumen, se preste atencion a la presencia de voces mapuches. Es, evidentemente, otro de los hilos de este tejido multicolor y desafiante a la percepcion y a la comprension. Un hilo compuesto por varios trabajos: "Producciones estetico-verbales mapuche durante la colonia" de Fernanda Moraga, "Luis de Valdivia y la dimension verbal de la conquista mapuche" de Nataly Cancino y "La epoca colonial en relatos mapuche (siglos xix y xx)" de Allison Ramay. Los lectores se encontraran aqui con "un escenario complejo y con importantes tensiones historicas", como lo senala Moraga (376). En sus trabajos, Cancino y Ramay abordan, respectivamente, el tema de los parlamentos. Se extrana, sin embargo, en este volumen, la presencia de un trabajo especifico sobre los textos escritos que dejaron los parlamentos entre mapuche y espanoles, que construyeron un apasionante espacio de presencia de oralidades, escritura y perfomances como las desarrolladas por Luis de Valdivia, que asistio a uno de esos parlamentos, sentado en una alta silla, que lo ponia en una posicion occidental-cristiana, por supuesto, de aparente superioridad (Cancino 387). En el volumen se menciona en una nota a pie de pagina la reciente publicacion de Zavala (2015), que contiene los textos de esos parlamentos entre 1593 y 1803 (nada menos que treinta y tres de ellos).

Volvamos a la urdimbre. Quiero destacar otro de los hilos que se advierten en el libro: el problema de los nosotros, los multiples otros y las variadas identidades que se fueron construyendo, imponiendo o que motivaron una autoidentificacion. En esta senda, se ubica la propuesta de Urbina (118) de leer el registro epico-cronistico de la campana de invasion espanola "como el sosten fundamental de la construccion de una identidad de la clase conquistadora" y la perspectiva de Cordero acerca de que "la forma en que los primeros historiadores expusieron los hechos se ha convertido no solo en parte de la realidad, sino posiblemente en la parte que mas influencia ha tenido en la imaginacion del pueblo, en su identidad e incluso en su destino" (141). Los distintos trabajos proponen aproximaciones problematizadoras a este tema. "Nosotros y los otros", posiciones no bipolares ni sujetos constituidos por posiciones estaticas o esenciales, o facilmente distinguibles, sino muy al contrario, unos varios nosotros posibles (espanoles, espanoles criollos, criollos a secas, soldados viejos o recien llegados administradores coloniales; nosotros indigenas frente a los invasores, nosotros indigenas dentro de la sociedad colonial; los otros, todos aquellos que no son ese nosotros nuestro momentaneo, agregando esclavos, mestizos y un vasto espectro de castas y posibilidades). Nosotros-perifericos siguiendo a Caceres (245), los de mas alla o mas aca de la frontera, como establece una seccion entera dedicada a la literatura del tema. Identidades que dependen desde donde y con que objetivos se enuncian. El libro avanza, aun mas, para proponer tres nudos articuladores de esa enunciacion: los ya mencionados "nosotros", los "otros" (o "ellos") y lo "yo"; "multiples tipos de 'yo'", como senalan Azua, Martinez y Urrejola (411).

Y, a continuacion del tema de las posibles y diversas identidades coloniales que fueron textualizadas colonialmente y que estan abordadas en este libro, aparece el tema de las voces. Distintos autores y autoras se refieren a ellas. Quien escribe? Quien enuncia? "Como sucede a menudo [escribe Carneiro (138)], el testigo que escribe es el que pudo escribir", lo que da paso, ya en el siglo xvii, a una ampliacion de manos y voces interviniendo en el espacio de las practicas textuales. Esto "se hace evidente con solo observar como se amplia el espectro de los autores", apunta Massmann (187). Hay que considerar a "los distintos sujetos coloniales y sus distintas practicas discursivo-literarias", propone Caceres (249), que me parece ciertamente muy bien acogida en el conjunto de esta obra: "[N]o toda escritura era autografa, es decir, de propia mano; es mas, la gran mayoria de los textos no eran escritos por quien firmaba, quien muchas veces solo sabia leer, pero no escribir: muy a menudo, ni leia ni firmaba" (414), apuntan Azua, Martinez y Urrejola, problematizando aun mas esta cuestion.

Es otro hilo, acaso, el que se adivina en los problemas que plantean la escritura de mujeres, o las voces mapuches, ya sea que aparezcan interpuestas por las traducciones y vocabularios o registradas en fragmentos de testimonios de los siglos xix y xx? Todas ellas nos llevan al tema de las voces publicas: "Un sujeto discursivo que no establece una palabra 'publica' no es algo de lo cual se deba tomar nota o dejar registro en la historia de la literatura" (288), denuncia con fuerza Azua. Como recogerlas en una historia critica de la literatura chilena? Lo apasionante es que este volumen intenta hacerse cargo de ello.

Asimismo, en los diversos trabajos de esta obra surge, sutil, el problema de quien lee y desde donde lo hace. Es el problema acerca de las distintas recepciones que ha tenido cada texto colonial. Son varias las secciones y los y las respectivos autores/as que intervienen, que no pueden evitar el dialogo con las voces, aun imperiales, que desde Espana calificaron y, en general, menospreciaron la primera escritura colonial. Pero hay tambien una lectura desde la construccion del imaginario nacional y, mas aun, de la posibilidad de ser una nacion "como las que deben ser", propuesta por autores clasicos de la epoca republicana, como Medina, Barros Arana, Encina y otros. Los invito a leer este volumen desde esa perspectiva; surgen lineas de reflexion interesantes, enriquecidas por las lecturas realizadas desde la critica literaria o la historia y la antropologia (Urbina, Donoso y Gaune).

El tema de las voces lleva, de la mano, el de la traduccion. La seccion "Conquista, traduccion y politicas de la lengua" da cuenta de esos espacios de practicas de la letra, de los cruces fundantes a veces, entre oralidades, escrituras y otros sistemas de registro. En este campo, Viereck (367) rescata la figura de Gonzalo Calvo de Barrientos, el "Desorejado", el primer espanol conocido que habria llegado al valle de Copiapo huyendo desde Peru, varios anos antes que Diego de Almagro, oficialmente el primer invasor de estas tierras. Lo destacable del "Desorejado" es su triple condicion: de fugitivo (marginal, por lo tanto), aindiado (ya que lleva varios anos viviendo y no solo sobreviviendo entre los pueblos diaguitas) y primer traductor de una lengua de esa tierra al espanol.

Otros hilos surgen: el de los criollos y la conciencia criolla (con Pedro de Ona en sus inicios); Mazzotti incluso propone una "agencia criolla" (103) en esa obra, lo que implicaria el ejercicio de una "mirada alternativa" (104). Otras de las hebras de este hilo son lo ya senalado por Araya y Vega (50) respecto de la emergencia y consolidacion de un discurso criollo a partir de la segunda mitad del siglo xvii y la lectura que propone Carrasco sobre la obra del jesuita Manuel Lacunza, en clave de "tradicion utopico-milenarista y recepcion criolla", preguntandose si su libro no contiene "el despertar de una conciencia emancipadora" (344). Algo similar se advierte en las paginas que Hachim le dedica al abate Molina, cuando este se refiere al discurso de Paillamachu, "no tan diferente a los discursos independentistas de criollos y mestizos" (333); se trata de una expresion consciente de una identidad distinta o de una posicion de enunciacion diferente, sin que exista todavia una articulacion autoidentitaria? En su analisis del texto de Pineda y Bascunan, Massmann, senala que "el Cautiverio feliz intenta legitimar un lugar de enunciacion criollo a traves de la experiencia en la frontera y, en particular, del contacto con el mapuche" (233). Y Flores (258) asume que la creacion de la gestion y posterior creacion de la Real Universidad de San Felipe, desde inicios del siglo xviii, fue un "sueno intelectual que los criollos chilenos habian amasado largamente". Los discursos son criollos porque quienes los escriben lo eran o porque ya habia una incipiente o mas consolidada conciencia de si y para si? Es un tema abierto acerca de nuestras propias lecturas de lo colonial el que queda planteado en este volumen.

Y que hay de la trama? Los dibujos en el tejido que, delicadamente, construye cada capitulo? Esa es una invitacion a todos ustedes para leer y disfrutar este libro.

doi: 10.5354/0719-4862.50861

Jose Luis Martinez C.

Centro de Estudios Culturales Latinoamericanos/Universidad de Chile, Chile

jomarcer@u.uchile.cl

(1) El texto que a continuacion publicamos tiene como base la presentacion que el profesor Jose Luis Martinez Cereceda realizo para el volumen I de Historia critica de la literatura chilena (Santiago, Lom Ediciones, 2017), coordinado por Grinor Rojo y Carol Arcos, el 8 de noviembre del 2017 en la Feria Internacional del Libro de Santiago de Chile.
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Title Annotation:NOTAS
Author:Martinez C., Jose Luis
Publication:Meridional. Revista Chilena de Estudios Latinoamericanos
Date:Oct 1, 2018
Words:3461
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