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Voces judias en la literatura chilena, ensayo de Rodrigo Canovas y Jorge Scherman.

Voces judias en la literatura chilena, ensayo de Rodrigo Canovas y Jorge Scherman

[ILUSTRACION OMITIR]

Sentado en las butacas de un bus del trasporte publico, escucho como un muchachito interroga a su abuela: "?como se llama el que mato a Manuel Rodriguez?" La mujer, esceptica, masculla un seco: "nadie lo mato, chiquillo mentiroso." "Pero mi papa me dijo--"--insiste el muchachito. "!Ah! Ya se"-interrumpe un segundo nino al que apenas logro divisar: "... fue 'el colorado de las patillas.'" La anecdota --apuesto--exhibe la misma coyuntura que Canovas y Scherman entreven en las "huellas migrantes" de "diecisiete autores [que] han escrito relatos sobre la identidad judaica [en] este confin del mundo" (9)1. Tanto mi anecdota como los relatos de Canovas y Scherman, mentan "un sujeto en busca de nuevos fundamentos" (9); companero en su experiencia de orfandad de aquel otro que emerge en esa multiplicidad de "relatos etnicos mapuches, redisenos biograficos de mujeres y hombres ilustres de la patria (Prat, Portales, Ines de Suarez, La Quintrala), y memorias historicas (relatos retrospectivos de la dictadura y del desencanto posterior)" (9), que hoy dia copan los anaqueles de las librerias nacionales. De este sentimiento de orfandad surgen unos sujetos ("cuerpos suspendidos en el aire" [156]), que, al igual que los inmigrantes judios desplegados en la obra que aqui comento, dibujan sus contornos a traves de "su irritacion, sus ansias de reinsercion en un espacio menos normativo y mas plural" (9).

I. Libro/ "hoja de ruta"

Voces judias ... (2) es un artefacto que, al igual que varios de los relatos que (des) escribe, se ofrece al lector como un cuaderno de bitacora (3). Me permito usar esta metafora en su doble acepcion: (1) "libro en que se apunta el rumbo, velocidad, maniobras y demas accidentes de la navegacion" ("Cuaderno" 425-26), y, a la vez, (2) habitaculo donde la aguja de ruta se guarece de "los balances y meneos" de la travesia ("Bitacora" 612). El libro es, en efecto, una bitacora: primero, porque su escritura pone en escena las cavilaciones de dos sujetos que trabajan en la recuperacion de cuerpos (textuales) extranos--estan en "... los margenes de la cultura chilena" (9) (4).

En su periplo, las maniobras que mas afanan a los ensayistas son, por logica consecuencia, los ejercicios de traduccion (trasladar caligrafias desde el Yiddish hacia el Castellano o, a la inversa, compaginar categorias del lexico estructuralista con el idiolecto comunitario), las enmiendas genealogicas (el mar , dos siglos y los oficiales de aduana han producido innumerables erratas en las actas de nacimiento de los autores y su prole), y los ensayos onomasticos (?como discernir voces alli donde se trenzan lenguas transatlanticas?, ?como reconstruir una memoria desperdigada en las trincheras de una peripecia milenaria?).

Los textos que discuten los ensayistas estan repletos de toda clase de hibridaciones ("una hebrea [Rimsky] que odia el Estadio Israelita" [162], un judio-chileno-estadounidense [Dorfman] que se considera "una pizca de judio" [126], y, como no, "mestizaje chileno-judio-mapuche [en Vasquez-Brofman]" [61]). No obstante, la riqueza "anecdotica" de los textos, la agudeza de sus criticos se revela en su capacidad para disponerlos en torno a genealogias: secuencias de escenas memoriosas que permiten que lector casual comprenda, en la anecdota efimera, en el chascarro o en el malentendido, las continuidades de una historia escrita en el vaiven existencial y material (exilios, guetos y persecuciones son terminos que emergen con recurrencia) (5).

Efectivamente, las "historias minimas" que ponen en escena los autores del corpus chileno-judio son siempre complementadas con genuinas "notas de traductor." Un ejemplo de esta estrategia la encontramos en el analisis de la novela autobiografica Sagrada memoria (1994), de Agosin (narracion de las desventuras de los antepasados de la autora, los Agosin-Halpern, desde su asentamiento en un Osorno repleto de simpatizantes nazis, hasta su alejamiento de un Chile antisemita y conservador). En su relato, Agosin describe a la Carmencita, inocente empleada chillaneja que le ensena el "Padre nuestro" y la ceremonia bautismal cristiana a los ninos de la familia. Los ensayistas, en tanto, ven entre lineas y se apresuran en "traducirnos" que el cruce judiocatolico aparece en esta novela expresado en clave: "Carmen llegando a Osorno de Chillan, trayendo sal, azucar y una vela, elementos que en la tradicion judia se requieren para subsistir y fundar un hogar (lo mismo habra de hacer Raquel, la madre de Moises)" (153).

No conformes con esto, los ensayistas descifran una insistencia de las letras judias en Chile: si en el texto de Agosin la refundacion simbolica de la tradicion tiene como "oficiante" a una campesina beata, en Para siempre en mi memoria (2000) (6), de Guralnik, la tarea de conjurar el olvido estara en manos Moshe Baraban: "joven tartamudo que se gana la vida tocando la katerinca y repartiendo pelotitas de aserrin, con un loro en su hombro. Este hombre timido, que viste pantalones de payaso, es, en realidad, un profesor de religion y casi un rabino (salio mal en el ultimo examen, por lo que su mujer lo echo de la casa). Al melodioso son de su instrumento, este dulce personaje ensenara la Ley a los ninos judios de la pension" (158). La asuncion de la nueva Ley tiene como contrapartida la caida del rabino Osias Piltnik: "hombre invulnerable" que, tras ser descubierto en actos ilicitos, es conducido por el esposo de la duena de la pension, a "... Valparaiso desde donde ... regresa al mapa antiguo [Europa]" (158).

Pagina tras pagina, anecdota tras anecdota, los autores advierten como, en el Cono Sur (el mapa nuevo), la refundacion de la memoria es tarea de los vencidos, de los desterrados, de los huerfanos: Carmencita (la sirvienta supersticiosa) y Moshe Baraban (el profesor chambon). Insistire, entonces, que Voces judias ... es un libro bitacora en su primera acepcion (cuaderno de anotaciones, hoja de ruta), porque, a fin de cuentas, nos ensena a leer una historia que fue cifrada en la lengua hibrida y tartamuda de los desterrados (Moshe y Carmencita) (7).

II. Libro/guarida

Libro-bitacora, en un segundo sentido, porque ademas de apuntar maniobras de traduccion cultural, se desvive por construir una guarida para ciertas escrituras huerfanas en tiempos de "... hegemonia de la globalizacion y el neoliberalismo" (9)--recordemos que bitacora deriva del latin habitaculum. Libro-guarida, entonces, porque, con excepcion de Brodsky, Dorfman y Jodorowsky, los autores de los relatos aqui analizados suelen ser leidos (mezquinamente) como documentos de epoca (Platovsky, Peliowski), literatura de mujeres (Guralnik, Agosin), epigonos de la neo-vanguardia (Jeftanovic, Rimsky) o, suelen ser derechamente dejados a la deriva. La guarida que montan Canovas y Scherman--de manera opuesta a nuestras habituales practicas de lectura--no solo conjura el olvido (de criticos, prensa y publico lector) sino, tambien, restituye la dignidad literaria de estos materiales.

El procedimiento de lectura que practican los ensayistas, por un lado, conjura el olvido a traves de la recreacion de escenas de lectura. Con oficio de antropologos, ellos no se limitan a hacer acopio de fuentes tan vastas como diversas (el repertorio de citas va desde los Censos de poblacion y vivienda, de INE, hasta la mismisima Tora). Mas relevante aun, este acopio de "informacion cuantitativa"--tan poco aprovechada por los criticos locales--apunta a extranar nuestros propios mitos de fundacion: si, Voces judias ... se diferencia de aquellos proyectos intelectuales que, como acusa Slavoj Zizek, representan al otro (llamese wet back, judio o sudaca), desde la tolerancia represiva que solo autoriza a un "otro folclorico, privado de sustancia (como la multiplicidad de 'comidas etnicas' [que se sirven] en [los restaurantes de] una mega-polis contemporanea)" (Zizek 157). Por el contrario, Canovas y Scherman recuperan las "miradas extraviadas" (9) de estos huerfanos con el proposito de generar "un juego de alteridad que nos reconecta con nuestros origenes mestizos" (9).

El escenario de este juego de alteridad--celebremos--es el lexico. Un ejemplo: en la lectura de las Paradojas (1932), de Natalio Berman, los ensayistas subrayan una frase enunciada por Ruben, su joven protagonista avecindado en Valparaiso: "[j]udio tiene dos acepciones. Uno, sinonimo de hebreo o israelita; persona que desciende de Abraham, Isaac y Jacob. El otro, que se le da aqui en Chile: persona que usufructua ilicitamente" (148). Al igual que el protagonista del relato de Berman, Canovas y Scherman se hacen cargo de las connotaciones culturales del gentilicio judio (en Chile, devenido improperio). Asi, ya en la pagina 21, con rigor de filologos, avisan que esta voz se descompone en un haz de relaciones, en ojos goym, imperceptibles. Los ensayistas avisan que, en el espanol de estas latitudes, la voz "judio" designa, no sin dificultad, tres clases de sujetos, quiza antagonicos: asquenazies (asentados en Europa Central), y sefardies y hebreos (venidos del extremo oriente). Y, luego, precisan como esta triada se contrapone, por una lado, los asquenazies, quienes por su lengua se consideraban ciudadanos franceses, alemanes o ingleses (hijos de la Ilustracion, al fin), y, por otro, hebreos y sefardies de habla ladina y tradiciones ortodoxas (21-2).

No conformes con las precisiones filologicas, los ensayistas aportan otras connotaciones para el gentilicio judio. A lo largo del libro, destacan la relacion entre tradicion judaica y escritura: "artistas de la letras" (51), "[l]a escritura judaica es un ejercicio ritual de reafirmacion de los origenes" (67), "[n]o es casual que a los hebreos se los denomine el pueblo de la letra" (55), "es elocuente ... la pasion ancestral judia por la letra escrita" (78). El trabajo de glosas, precisiones filologicas, insistencias lexicas y figuraciones visuales es, sin dudas, un esfuerzo por mudar el estereotipo judaico desde el ambito de la cifra hacia los territorios de la letra.

De la cifra a la letra, si: Voces judias ... ofrece, pues, un rediseno de la imagen del judio errante, pues, si como espectadores (de cine, television), el genocidio nos lego instantaneas morbidas (cuerpos seriados con cifras tatuadas a fuego en el anonimato de barracas y vagones de trenes), los ensayistas, por el contrario, buscan restituir la autonomia de estos cuerpos. ?Como? A traves del enfasis en la particularidad de los rasgos subjetivos de cada uno de estos individuos. Uno de los pasajes mejor logrados de este ensayo--en este sentido--es el contrapunto que los autores establecen entre las biografias de dos expatriados desde la Europa del Este: Peliovski y Platovsky; el primero, militante comunista y opositor del Estado de Israel; el segundo, detractor del Presidente Allende y entusiasta empresario libre-mercadista. Asi, dos nombres, que en nuestro oidos resuenan homofonos (Peliovski/ Platovsky), en la ensayistica de Canovas y Scherman devienen rasgos distintivos de subjetividades antagonicas al interior de una comunidad, a simple vista, homogenea (58-60).

La lectura de nuestros ensayistas tambien restituye el valor literario de los textos que examina. La restitucion comienza cuando ellos se hacen cargo de la enunciacion de estos materiales. Ciertamente, ellos no se contentan con cotejar los argumentos de los relatos con los datos consignados en los manuales de historia y/ o sociologia. Prefieren, en cambio, discutir de que manera la cultura judia, asediada por todo tipo de razzias, pervive en las formas de la escritura. Este gesto modifica la relacion entre criticos y textos: por un lado, estan los criticos que emplean los textos como ilustraciones de las teorias metropolitanas y que, de paso, rebajan sus discursos a la categoria de testimonios de "informantes nativos". Por otro lado, estan quienes, como Canovas y Scherman, se ocupan de la manufactura de los textos (formatos, procedimientos de composicion literaria); son ellos quienes conciben al otro como parte de un juego dialogico.

De acuerdo con este principio, es leida, por ejemplo, la autobiografia Rumbo al Sur, deseando el Norte (1998), de Dorfman. Desde su tribuna de Distinguish Professor en Duke U., el autor de La muerte y la doncella escribe una curiosa "novela de formacion" donde "[l] o primero que sorprende ... es que haya sido escrita ... tanto en ingles como en castellano ..." (124). La novela gira, como anuncia el titulo, en torno a dualidades espaciales que mas tienen que ver con la politica contingente que con la "memoria de la sangre" (127): "la experiencia universitaria de los anos 60 (politica, amor y chilenidad en el pedagogico de la Universidad de Chile/ Berkeley 68 (libertades individuales)" (125). ?Donde esta la marca judia de este relato? Segun los ensayistas: en la factura de una enunciacion determinada por el transtierro (de gramatica o de traducciones). En el texto, la unica continuidad esta en las marcas de una escritura auto-reflexiva que, sin cesar, se pregunta: "?[c]omo explicarle a Abel en diez minutos la historia de mis ancestros errantes que han escapado durante dos mil anos, que es hora de detener ese movimiento perpetuo" (Dorfman cit. en Canovas y Scherman 127).

Libro bitacora/ hoja de ruta, porque los sujetos que describe se constituyen en su deambular por la escena de la escritura; libro bitacora/ guarida, porque rescata voces singulares desde el "coro siniestro" de las barracas del anonimato; libro judio, en fin, porque asume que, cuando la censura borronea los cuerpos (fisicos, de la memoria), el trabajo de la escritura es todo lo que resta: "[s]i pudiera sintetizar con unas pocas palabras, se puede afirmar que la pasion hebrea por la escritura es sobre todo una inquebrantable persistencia por mantener vivas las raices" (55).

IV. Diagramas arboreos

Si Voces judias ... se concibe como un libro bitacora habra que agregar ahora que, en su interior, las letras se disponen de acuerdo con la figura de un arbol. El arbol emerge en dos niveles complementarios: primero, como principio de orden. Si aqui el desafio es "contar una historia desde el mismo origen" (104), el follaje arboreo permite disponer "un aparente caos ... de repeticiones, cercenamientos e hibridaciones" (104).

Los arboles, eso si, no se emplean a la manera del cientifico positivista que busca establecer de manera mecanica todos los eslabones de una cadena de parentesco. Aqui, mas bien, prima un uso libre e imaginativo de los arboles: las genealogias pasan menos por la sangre que por las insistencias de las escrituras. No es casual que mientras las fechas son dispuestas en notas al pie de pagina, el cuerpo del texto ofrezca linajes ineditos, tales como el de Guralnik, Agosin, Rimsky y Jeftanovic. Pues bien, si la tradicion judia es una herencia materna--dice la teologia hebrea--aqui lo que se hereda es la herramienta de "una escritura edipica que las llevara a descubrir los tabues familiares, religiosos y culturales" (169).

Llegada de Ucrania en la decada de 1930, Guralnik--cual abuela memoriosa--compone "una novela mosaica que rescata la experiencia de las 'vidas minimas' de estos expatriados judios en nuestra capital" (156). Ser matriarca judia implica, aqui, remendar y bordar, ya no ajuares de matrimonio sino discursos de "cuerpos senescentes suspendidos en el aire" (156). Agosin, criada en Chile hasta 1968 (fecha en que tiene 13 anos), bien podria ser la madre de este linaje. Su proyecto de escritura es paradojico: mientras sus enunciados no logran sacudirse de oposiciones maniqueas (judios vs. gentiles), su enunciacion (?de manera consciente o inconsciente?), repite, como cable a tierra, el ritmo de las estrofas de nuestros poetas mayores (Chile late en sus letras).

El vacio prefigurado por Agosin, es suturado por la voz de los hijos: Rimsky, primero; Jeftanovic, despues-ambas son pasajeras en transito ("cuerpos suspendidos en el aire"). En Poste restante (2002), Rimsky crea una "[i]instalacion movil" (161): la narradora, viajera en busca de los desdibujados origenes, se escabulle/ libera de los determinismos se clase, etnia y genero a traves del re-montaje de una genealogia fundada en el azar de cartas sin remitente, fotografias borrosas y notas equivocas. Recuerdese que la peripecia de la protagonista--"hebrea... cuyo nombre no esta en el archivo... de la colonia chilena" (162)--se inicia cuando "encuentra en el mercado persa de Avenida Arrieta un album de familia" (160), que podria ser el de los propios antepasados anonimos. La novela gira, pues, en torno a un ejercicio de especulacion escrituraria: ?sera ese manojo de documentos una letra perdida de su biografia? Bien podria agregarse--me parece a mi--que este juego especulativo de Rimsky se relaciona con la biografia de Guralnik, la matriarca de la saga: quien revise su acta de nacimiento sabra que su ano de inscripcion es aun un enigma (?1923 o 1925?). Jeftanovic, por ultimo, en su Escenario de guerra (1999), deja sentenciado que "la unica salida para esta abandonada es la construccion de un espacio propio, la escritura, donde puede ensayar un nuevo guion para reparar los roles de la madre y del padre y, de paso, impedir la repeticion de la historia individual y comunitaria, ligada a la perdida (de vidas, de cosas)" (166).

Escritura reflexiva la de Canovas y Scherman--en conclusion: asi como construye arboles genealogicos, tambien discute el sentido de sus usos; en mas de una ocasion se les describe como figura "que cubre la distancia que va del cielo a la tierra" (67). O--agreguemos-como cuerpo que supera la brecha entre la precariedad de la letra y nuestros deseos de trascendencia. Este genuino modus operandi esta presente desde el prefacio de este ensayo: en el, su primera linea avisa que "[u]na omision recorre el mundo literario chileno actual. Una mas: ... las huellas de los inmigrantes" (9). De ahi en adelante, los ensayistas restituyen la omision (de la historia, de la literatura), a traves de arboles con las raices al aire; es decir, genealogias fundadas menos en el dato demografico que en las representaciones de una escritura que es menos un producto (mero inventario) que produccion (recreacion imaginativa de un horizonte).

Obras citadas

"Bitacora." Diccionario de la Lengua Espanola. Madrid, 1728. 612.

Canovas, Rodrigo, y Jorge Scherman. Voces judias en la literatura chilena. Santiago: Cuarto Propio, 2010.

"Cuaderno ~ de bitacora." Diccionario de la Lengua Espanola. Madrid: Espasa, 1992. 425-26.

Genette, Gerard. Figuras III. 1972. Trad. C. Manzano. Barcelona: Lumen, 1989.

Zizek, Slavoj. "Multiculturalismo." Trad. M. Yrigoyen. Estudios culturales. De E. Gruner, ed. BB. AA.: Paidos, 1999.

(1) Los autores de los relatos son: Marjorie Agosin (Santiago 1955), Marco Aguinis (Cordoba, Arg, 1935), Natalio Berman (Podolia 1908-57), Guillermo Blanco (Talca 1926), Roberto Brodsky (1957), Ariel Dorfman (Buenos Aires 1942), Sonia Guralnik (Ucrania 1923/ 25), Rudi Haymann (Berlin 1921), Andrea Jeftanovic (Santiago 1970), Alejandro Jodorowsky (Tocopilla 1929), Gertrudis de Moses (Brandenburgo 1901-96), Benish Peliowski (Vilna 1915-2009), Milan Platovsky (Praga 1922), Cynthia Rimsky (Santiago 1962), Jorge Scherman (Santiago 1955), Efrain Smulewicz (Polonia 1911-2011), y Ana Vasquez-Brofman (??-2009).

(2) El texto se compone de tres partes: un contexto socio-cultural de la inmigracion judia en Ultramar (15-48), un panorama de las letras judias en el Nuevo Mundo (49-78), y una serie de breves comentarios de textos particulares, siempre hilvanados a la manera de un arbol genealogico. Las tres partes estan precedidas y sucedidas, por un prefacio (breve exposicion metodologica), y una cuidada bibliografia que compendia textos literarios, textos sobre cultura, y textos de teoria/ critica.

(3) Uno de los aciertos del texto es su afan de enhebrar , en una misa superficie escrituraria, expresiones de rigor academico con figuraciones hurtadas de los mismos relatos que discute. Como en el estilo indirecto libre, en Voces judias..., el discurso de los criticos se dejan interferir por "ese idioma a la vez repugnante y fascinante que es lenguaje del otro" (Genette 229). Y esa habla del otro emerge, por ejemplo, en la elaboracion de metaforas criticas, mas atentas a las contradicciones de la cultura local que a las modas academicas metropolitanas: "[la escritura de Jodorowsky] Es la insercion en una tradicion y su trascendencia, lograda a traves de un coro desaforado de voces y discursos que, sin embargo, como con los mariachis mexicanos y sus desiguales instrumentos, logra una melodia que perdura y puede ser retomada desde cualquier lugar del planeta" (107).

(4) Marginalidad, antes material, y--hoy diarepresentacional: las ramas judias, aunque acomodadas en la estructura economica, aun no son del todo aceptadas en el arbol genealogico de la nacion. No es casual el tono de confesion complice que modula el siguiente enunciado: "[i]ncluso otras fuentes afirman que personajes de la talla de Jose Miguel Carrera, Diego Portales y Crescente Errazuriz eran descendientes de hebreos" (Enciclopedia judaica castellana cit. en Canovas y Scherman 31).

(5) El texto contiene, entre sus paginas, un completo glosario: goy (yiddish: "gentil" [11]), asquenazi (hebreo: "Alemania" [21]), o haskala (hebreo: "movimiento judio de la Ilustracion en Alemania" [21]).

(6) "Para siempre ... esta poblada por seres desolados ... que aparecen ... como adultosninos. Habitan en la pension de ... la senora Gitl, en el Santiago de las decadas de los 30 y 40" (156).

(7) La condicion "menor" de los personajes aqui referidos es directamente proporcional a los formatos retoricos ensayados en los textos que los contienen: en ellos, la novela cede terreno ante la autobiografia (Agosin, Dorfman), la narracion enmarcada (Guralnik), y el libro artefacto (Rimsky).

Por Cristian Opazo

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Author:Opazo, Cristian
Publication:Taller de Letras
Article Type:Ensayo critico
Date:May 1, 2011
Words:3803
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