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Visiones de nacion en la literatura colombiana del siglo XIX: tres propuestas esteticas.

Visions of Nation in the Colombian Literature of the 19th Century; Three Aesthetic Approaches

Hablar de literaturas nacionales ha implicado una serie de debates en torno al concepto de nacion y el tipo de narrativas que podrian beneficiar su representacion. De dichos estudios se infiere que la nacion no es una realidad concreta que demande una expresion objetiva para ser representada, o por lo menos entendida, tal como lo explica Ramon Maiz (2007, p. 9) en su estudio acerca de la relacion entre literatura y nacion. En otras palabras, el concepto de nacion, mas que responder a una forma de agrupacion social o una estructura de gobierno institucionalizada en el Estado, es un cuestionamiento metafisico acerca del fenomeno humano, de su origen y, por antonomasia, de su identidad. De tal manera que no solo la literatura que se remite a hechos politicos o se cine a acontecimientos historicos, a modo de documento, se ocupa del amplisimo asunto de la nacion y de las identidades nacionales.

Existe un sinfin de estudios dedicados a la ingente labor de definir que es nacion; no obstante, la naturaleza de los resultados, siempre diversa, demuestra su constante dinamismo y poder de transformacion. La polisemia del concepto se debe, en gran medida, a la diversidad de criterios, enfoques, tendencias y perspectivas en los que se ha plantado su significado. Luego de otorgarle una dimension politica, a partir de la instauracion de los Estados modernos de los siglos xviii y XIX (cuya pretension fue la de fundar sus bases en una voluntad nacional), el concepto ha adquirido matices con tintes ideologicos, hasta entonces no contenidos en la voz latina natio (oriundo de), palabra raiz de nacion y de nativo. De hecho, la trayectoria hermeneutica de la palabra demuestra que el concepto de nacion atraviesa la historia del mundo occidental, tanto como lo hicieron los conceptos de republica o democracia; sin embargo, lo que entendemos hoy por nacion dista mucho de esa primera acepcion sinonima de foraneo o extranjero.

El 12 de enero de 1851, en la inauguracion del curso de Derecho Internacional de la Universidad de Turin, el jurista Pascual Mancini presentaba lo que se iba a convertir posteriormente en la definicion clasica de nacion moderna (Badia, 1975, p. 6), en la que se le otorga el valor de asociacion natural de hombres que se consolida en factores tales como el territorio, las costumbres, la lengua, la conciencia colectiva y el Estado. Esta acepcion de Mancini, pese a mantener profundos nexos con la definicion latina del concepto natus (de nacimiento), cuyo fenomeno sugiere una conexion natural con los otros, tambien le recubre de un sentido politico, lo que implico la apertura de importantes lineas de estudio desde el campo social, politico, economico y cultural.

Entre fines del siglo del XIX e inicios del XX, el historiador y sociologo Max Weber (1864-1920) presenta una definicion sobre la nacion y el nacionalismo. En 1912 publica "Relaciones de comunidades etnicas y comunidades politicas", estudio que aparecera en algunos apartados de su libro postumo Economia y Sociedad (1922), donde afirma que la nacion es un "concepto perteneciente a la esfera estimativa" que comprende una "comunidad de origen y de semejanza de caracter (con contenido indeterminado)" (Weber, 2002, p. 680) no vinculada a la comunidad politica ni tampoco de caracter necesario. Con esta definicion aparece un factor de unificacion inexplorado hasta Weber: la conciencia nacional, elemento marcadamente psicologico con el que la nacion penetra en el mundo de los valores, permitiendo asi que exista un objeto comun inserto en ese "contenido indeterminado" (p. 681). Pese a su desvinculacion primaria con la politica, toda esta red de valores y sentimientos comunes se manifiesta de forma adecuada en un Estado propio que le facilita su autogobierno, dando origen a lo que posteriormente se conocera como nacionalismo. (1) A lo largo del siglo XX proliferaron los estudios sobre la nacion y sus posibles relaciones con el Estado y la ideologia de Estado encarnada en el nacionalismo. De hecho, en la actualidad muchas de las disputas ideologicas se deben a estas acepciones de nacion, no siempre coincidentes entre los pueblos.

Con el advenimiento de la posmodernidad, los estudios sobre la nacion han tenido que enfrentar diferentes desafios, maxime si se considera la ruptura de los sistemas modernos basados en la univocidad de conceptos como el tiempo, el espacio y la historia. Los asuntos nacionales y sus narrativas se enfrentan al desquebrajamiento epistemico de sus bases conceptuales, y las ideas de Estado, ciudad, nacion, orden, etc., ceden y se convierten en fronteras porosas y mutables. Hoy la pregunta no se centra en la definicion de la nacion, sino en su posibilidad de existencia en un panorama de desterritorilizacion, logicas trasnacionales y nuevas tecnologias (Noguerol, Perez, Montoya y Lopez, 2011, p. 8). No obstante, aun hay quienes reafirman, y a ellos se une este estudio, la importancia de entender los aspectos trascendentales de nuestro recorrido vital como especie, entre los que se incluye la nacion como eje central de aspectos como la relacion con los habitats, la identidad, la cultura, el lugar, el tiempo y los espacios de filiacion con la alteridad, pues no hay relacion humana desterritorializada o vaciada del sentido de lugar, sea este real o imaginado.

Entre las conclusiones mas importantes que se pueden extraer a luz de un recorrido juicioso por las fuentes criticas que hablan de nacion, desde la aparicion de su acepcion moderna (la de Mancini), cabe destacar que estas resultan deficientes cuando hablamos de casos tan particulares de mestizaje y multiculturalidad como lo es Latinoamerica. Si revisamos con detenimiento, todos estos estudios mantienen atado el significado del concepto nacion a factores como el gobierno (las instituciones y el Estado), el territorio, la raza (ancestro comun) y el idioma, sin contemplar las diferencias surgidas a partir de la heterogeneidad, como por ejemplo el multilinguismo, el multiculturalismo, el mestizaje y muchas otras singularidades desde las cuales se pueden fundar los colectivos.

El caso de America requiere de un concepto de nacion abierto que le permita la entrada a todo lo diferente que subyace y determina a sus comunidades. Su definicion tampoco se puede agotar en los aspectos subjetivos, externos o accidentales tales como las creencias, los modos de ser, la lengua o la raza, en zonas donde el comun denominador es la diversidad. Octavio Paz, en su ensayo El laberinto de la soledad, haciendo alusion al caso especifico de Mexico y su conflictiva vecindad con los Estados Unidos, muestra un panorama que ha sido el comun denominador de la historia de todos los rincones de America (la del sur, la del centro y la del norte):

En nuestro territorio conviven no solo distintas razas y lenguas, sino varios niveles historicos. Hay quienes viven antes de la historia; otros, como los otomies, desplazados por sucesivas invasiones, al margen de ella. Y sin acudir a estos extremos, varias epocas se enfrentan, se ignoran o se entredevoran sobre una misma tierra o separadas apenas por unos kilometros. Bajo un mismo cielo, con heroes, costumbres, calendarios y nociones morales diferentes, viven "catolicos de Pedro el Ermitano y jacobinos de la Era Terciaria". Las epocas viejas nunca desaparecen completamente y todas las heridas, aun las mas antiguas, manan sangre todavia. A veces, como las piramides precortesianas que ocultan casi siempre otras, en una sola ciudad o en una sola alma se mezclan y superponen nociones y sensibilidades enemigas o distantes (Paz, 1998. p. 2).

La nacion en paises cuya entrada en la historia de Occidente es reciente debe situarse en ideas superiores y colectivas como la voluntad del pueblo y los acuerdos precedidos por la conformacion de las instituciones que protegen a quienes la integran (Caceres, 2011, pp. 57-58), entendiendo que "Naciones ha habido con lengua comun y con lenguas distintas, con historia y sin historia previa (Estados Unidos, como muchas naciones iberoamericanas, es una nacion nueva), con raza unica o multirraciales. Sin embargo, lo que siempre ha reunido a una nacion es la voluntad de serlo" (Carrau Criado, 2006. p. 16); ?como se expresan esas particulares visones de nacion en los proyectos politicos y la literatura a lo largo del siglo XIX en Colombia? Esta es la pregunta que intentaremos responder a lo largo del presente articulo, presentando tres propuestas esteticas desde la poesia: las de Candelario Obeso, Julio Florez y Jose Asuncion Silva.

Literatura, cultura y nacion en el panorama colombiano del siglo XIX

La profesora argentina Monica Quijada (1949-2012) en su prolifica vida academica nos lego mas de cuarenta volumenes, entre articulos y libros, sobre el complejo tema de la nacion. Uno de sus mas importantes aportes es la definicion de nacion en clave latinoamericana, teniendo en cuenta que con la emancipacion surgieron nuevas realidades que exigian la aclaracion de inquietudes como que es nacion, quienes la conforman, donde se establecen, y todas las que subyacen en la necesidad de crear una identidad. Al respecto, Quijada nos senala las verdaderas luchas de los intelectuales americanos por construir, al menos, una definicion de nacion propia para las realidades politicas a las que se enfrentaba la nueva America libre.

A los primeros intentos de los intelectuales americanos por nombrar la nacion, Quijada (2000) los define como 'la nacion sonada', aquella que se guarda celosamente en las creaciones literarias, ensayos, discursos politicos y poesias de quienes fueron capaces de imaginar nuevas formas de relacionarnos con la comunidad, los nation builders (los constructores): "Ensayistas, historiadores y literatos compaginaron sus horas de reflexion y produccion escrita con las mas altas responsabilidades politicas. En esa doble capacidad, ellos 'imaginaron' la nacion que querian y a esa imaginacion aplicaron sus posibilidades de accion publica" (p. 2).

En Colombia, luego de la Independencia, los primeros intentos de consolidacion de la nacion partieron de la iniciativa de abandonar el camino de las armas y de la revolucion para sustituirlo por el del pensamiento basado en las ideas positivistas de libertad, orden y progreso. Al adoptar tales ideales, se pretendia fundar un ideario de la nacion ordenado y "civilizado" para la recien adquirida libertad. Sin embargo, este modelo de pensamiento no se ajustaba a las necesidades particulares de las republicas latinoamericanas porque estaba sumido en una tragica ambiguedad; aspiraba a lo nuevo, pese a estar anclado en lo viejo, el orden colonial al cual no renuncio (Salazar Ramos, 2001, p. 142). El conflicto entre lo moderno y lo espiritual, base primordial de los nation builders en Colombia, se ve claramente reflejado en la vida intelectual, y se focalizo en una disputa entre el espiritualismo de raigambre conservadora y catolica, y un espiritu liberal de caracter materialista y positivista.

El triunfo de la Regeneracion como modelo politico a finales del siglo XIX marca el inicio de las siguientes generaciones de ideologos de la nacion en Colombia, y coincide con lo que Monica Quijada (1994) describe como la necesidad de establecer las bases de la nacion civica o territorial y la nacion etnica o genealogica. De este modo, los nation builders ceden paso a los "pioneros ", que buscan establecer y concretar las bases de los modelos de identificacion nacional. De tal manera, durante este periodo de instauracion de modelos nacionales, se anclan en el imaginario colectivo los mitos, leyendas y los simbolos culturales de las recien nacidas republicas, y seran transmitidos a traves del vehiculo mas eficaz para la epoca: la literatura (romantica y costumbrista).

En Colombia dicho proceso fue llevado a cabo por un grupo de intelectuales que, desde diferentes areas como la filosofia, el arte, la literatura, la ciencia y la politica, entre otras, intentaron anclar el valor de la Republica en el establecimiento de ideas y valores nacionales. Algunos de los mas importantes pioneros colombianos como Salvador Camacho Roldan, Baldomero Sanin Cano o Carlos Arturo Torres centraban sus disertaciones filosoficas en torno a los conceptos de nacion e identidad y cual seria el mejor camino para alcanzar la autonomia intelectual y cultural (Salazar Ramos, 2001, p. 187), mientras que en el panorama de las letras nacionales Manuel Ancizar publica La peregrinacion de Alpha (1856)--texto en el que se condensa una detallada descripcion y un profundo analisis de los aspectos socioculturales de Colombia a traves de los viajes de la Comision Corografica (1850-1859)--, en 1858 se inician las entregas de Manuela de Eugenio Diaz, se escribieron cuadros de costumbres como Las tres tazas (1863), de Jose Maria Vergara y Vergara, se publica Maria (1867) de Jorge Isaacs, y Jose Maria Cordovez Moure comenzo a publicar sus Reminiscencias de Santafe de Bogota en el periodico El Telegrama (1891). A partir de la segunda mitad del siglo XIX se impone en la musica los ritmos del bambuco, la cumbia y la habanera, distanciandose cada vez mas de la musica culta europea y afianzandose en estructuras musicales propias (Bermudez, 1996, p. 114); y pintores como Andres de Santamaria y Roberto Paramo se dedican a pintar la emblematica sabana de Bogota y a dejar registro del mausoleo legendario de la historia reciente de los proceres. Cada una de las actividades intelectuales y artisticas del pais despues de la segunda mitad del siglo XIX denotaba la premura de crear simbolos colectivos que nos identificaran como una nacion. Quizas sin una intencion concreta, lo cierto es que todas las manifestaciones culturales de la epoca muestran el tema que agitaba toda corriente e interes en el pais: la nacion y la construccion de una cultura nacional.

De igual modo ocurrio con poetas como Jose Asuncion Silva, Julio Florez y Candelario Obeso, quienes desde propuestas esteticas distintas aportan nuevos sentidos a esas primeras intenciones de fundar nacion desde lo politico. Cada uno de ellos represento a traves de sus obras parte fundamental del mundo que les correspondio vivir: Colombia a finales del siglo XIX. Sociedad convulsa envuelta en grandes debates politicos, que para la epoca ya habria tenido que librar al menos seis guerras civiles, enfrentarse al cambio de nombre en cinco oportunidades, a la perdida de territorios, y a las luchas intestinas bipartidistas que dejaron proyectos inconclusos y a la poblacion civil sumida en una crisis profunda, en una sensacion constante de conmocion.

Si bien es durante este periodo en el que se oficializan algunos cambios sustanciales a los simbolos nacionales como el himno nacional y el escudo, cambios que perduraran sin modificaciones representativas hasta nuestros dias, y se establece la Republica como fundamento politico y estructura publica del pais, lo cierto es que Colombia a lo largo del siglo XIX vivio en el riesgo de no ser, de perecer en el papel, de diluirse en la historia.

Son estos sentimientos de perdida y abandono, producidos por los desastres historicos nacionales, los topicos centrales en las letras colombianas de la segunda mitad del siglo XIX. Mientras las literaturas nacionales se consolidaban en el resto de Latinoamerica, buscando fijar los modelos politicos, la literatura colombiana presenta una vision del mundo melancolica, derrotista, irremediable y autodestructiva. A continuacion presentamos tres propuestas esteticas en torno al problema de la construccion de la nacion en Colombia, y como estas inauguran la voz de una nostalgia soterrada, caracteristica de la literatura colombiana posterior.

Candelario Obeso, Julio Florez y Jose Asuncion Silva. Las "otras visiones de nacion" en la literatura colombiana del siglo XIX

Candelario Obeso es el primer poeta afrocolombiano al que se le publica su obra. Nacido en Mompox (1849-1884), de su vida se conoce que fue hijo natural de un abogado y una lavandera, que sufrio mucho por el amor no correspondido, la discriminacion racial y sus condiciones economicas; tras varios intentos de suicidio logra su cometido una noche de 1884. En su libro Cantos populares de mi tierra, Obeso inaugura una forma de expresar el mundo a partir de su vivencia de la cultura negra formada en el brazo mas importante del Magdalena durante el siglo XIX y parte del XX: Santa Cruz de Mompox. Se afirma que este poemario fue el antecedente mas importante de la poesia negrista en la America hispana, que se manifiesta apenas en la segunda decada del siglo XX, cuarenta anos despues de la primera publicacion de Cantos Populares. Candelario Obeso presenta, por primera vez, la espontaneidad del habla y el dinamismo de la vida corriente en la costa atlantica colombiana a traves de la escritura en castellano. De este logro es consciente el mismo Venancio Manrique, prologuista del poemario, quien ademas explica a la sociedad de la epoca un libro que podria parecer mas que una exageracion de la forma, una "anomalia" en la gramatica del idioma:

He aqui un jenero de poesia enteramente nuevo en el pais, i acaso en la lengua castellana, con perdon de Rodriguez Rubi, como que aparte la fiel pintura de las costumbres materia de ella, bajo el disfraz i las figuras del lenguaje vulgar corren ocultas las maneras de decir mas puras del idioma, i campean los pensamientos mas delicadamente poeticos, expresados con donosura i gracia admirables [...]; pero en realidad de verdad para llamar la atencion del mundo literato sobre el merito completo de ellos; i digo que completo, porque no me parece fundado el concepto de lo que tachan de exajerada la forma de su expresion, una vez que asi se le hable de la jente no instruida del Estado de Bolivar, tal debe ser sin duda i mui racionalmente el lenguaje que la representa (Obeso, 2009, p. 55).

Ana Maria Ochoa en su articulo "El mundo sonoro de los bogas del Magdalena" (2009) relaciona a Obeso con la imagen de un poeta atrapado de forma tragica en dos mundos, el de la cultura negra y la escritura blanca. Pero no se trata de que Obeso se debata entre dos escrituras; en este caso no hay una oposicion entre la oralidad y escritura. Obeso no discute con la normatividad del idioma (no olvidemos sus trabajos de traduccion y su amplio conocimiento del espanol), sino que representa el sociolecto de su pueblo por medio de las formas convencionales del idioma, uno de sus mayores aportes a las letras colombianas. La formula empleada por Obeso para permitir la incursion de las voces de los bogas es la grafia de las variaciones foneticas, como la elision, la metatesis, la aspiracion. De ello hace referencia el mismo Obeso en la advertencia que hace al lector en su primer poemario: "Er (se pronuncia eer) es equivalencia de der (del), i se aleja de er (el) tanto cuanto entre si se alejan cantidades opuestas. Para establecer esta diferencia en lo escrito, marco este signo sobre aquella voz asi: er" (Obeso, 2003, p. 13). Lejos de oponerse a la norma y la correccion en el uso del idioma, Obeso explica las variaciones dialectales que emplea; asimismo, justifica la insercion de los temas populares en la poesia al considerarlo el mejor camino para alcanzar una literatura propiamente nacional:

en la poesia popular hai i hubo siempre, sin las ventajas filolojicas, una sobra copiosa de delicado sentimiento i mucha inapreciable joya de imagenes bellisimas. Asi, tengo para mi, que es solo cultivandola con el esmero requerido como alcanzan las Naciones a fundar su verdadera positiva literatura. Tal como lo comprueba el conocimiento de la Historia (Obeso, 2003, p. 14).

Candelario Obeso es el poeta del pueblo negro, con su poesia logra dotar a los suyos de una naturaleza melancolica, amplitud metafisica, connatural ternura y emotividad expansiva, temas recurrentes en Cantos populares de mi tierra:

Ahi viene la luna, ahi viene/ Con su lumbre i clarira/ Ella viene i yo me voi/ A pejca ... Trite vira e la der pobre/ Cuando er rico goza en pa,/ Er pobe en er monte sura/ O en la ma. (...)/ El pobre no ejcanza nunca/ Pa porecse alimenta;/ Hoy carace re pejcao/ Luego e sa./ No se yo la causa re eto,/ Yo no se sino aguanta,/ Eta canricion tan dura/ Y ejgracia! (...)// Ahi viene la luna, ahi viene/A racme su clarira./ Su lu consuele la penas/ Re ni ama!/ (Obeso, "Cancion del pejcaro", 2003, p. 46).

En su poemario, Obeso hace un homenaje al Magdalena, insignia nacional de unidad y desarrollo desde la conquista espanola hasta mediados del siglo XX. Por este rio transito y se construyo la historia no solo del universo costeno, sino la de todo el pais. Es esta misma historia la que lleva a cuestas el boga del Magdalena, al que Obeso por primera vez le confiere presencia y voz en su poesia, delegando en el el dificil trabajo de cargar a cuestas a una nueva nacion:

La jembras son como e toro/ La reta tierra ejgracia;/ Con acte se saca er peje/ Der ma, der ma! .../ Con acte se abranda el jierro,/ Se roma la mapana; .../ Cotante i ficme la penas;/ No hai ma, no hai ma! ...// Que ejcura que eta la noche;/La noche que ejcura eta;/ Asina ejcura e la ausencia/ Boga, boga! (Obeso, "Cancion der boga ausente", 2003, p. 22).

En un mundo en el que no hace falta nada, en el que hay amor y completud espiritual, la cosmovision de estos pescadores se desarrolla en oposicion a la de los hombres de leyes y de letras, precisamente, porque no hay contra para conjurar los males que producen. El boga opta por apartase de los pueblos "civilizados", de las tropas, de los gobiernos:

Aqui nairen me aturruga;/ Er prefeto/ I la tropa comisaria/ Viven lejo;/ Re moquitos i culebras/ Nara temo;/ Pa lo trigues ta mi troja/ Cuando ruecmo .../ Lo animales tienen toros/Su remerio; Si no hai contra conocia/ Pa er Gobiecno;/ Con que asina yo no cambio/ Lo que tengo/Poc las cosas que otros tienen/ En los pueblos ("Canto der montara", 2003, p. 25).

No ocurria lo mismo en su vida personal; Obeso tuvo una actividad publica importante, entre la que se destacan distintos encuentros con figuras nacionales en los ambitos literario y politico, como es el caso del acto conmemorativo de la Batalla de Boyaca en julio de 1873, en el que Obeso declamo algunas de sus poesias y al que asistieron tambien Jose Maria Samper y Manuel Maria Madiedo (Cassiani, 2009, p. 15), y si bien no hay una militancia politica explicita en su obra, su poesia esta cargada de un profundo conocimiento del devenir politico y social de su epoca, al que responde desde una estetica romantica.

Ante los problemas de su epoca, caracterizada por el estado de conflicto permanente del pais, las constantes escisiones nacionales y el caos gubernamental, Obeso propone regresar a la tierra, a la normatividad de los abuelos regida por la naturaleza, a un orden primigenio y sabio, a lo frugal. Sin embargo, Obeso no se queda en el idilio del regreso a las raices, a las tradiciones vernaculas, su respuesta romantica no es evasiva, sino especialmente critica y contestataria. A lo largo de Cantos populares hay alusiones a las guerras partidistas, a la injusticia social, a la fragmentacion nacional. Desde lo local el poeta describe lucidamente a la nacion. Su vision era ambiciosa y asi lo explicito en el prologo, donde manifesto que a traves de la poesia deseaba captar el espiritu no de una comunidad particular, sino de un pais, ampliando el genero con "'variantes notables en la forma y en la idea' y no limitandose en lo general al modo de expresion vulgar y las costumbres del pueblo de Bolivar, su meta era, avanzando hacia el Magdalena y Panama convertirse en interprete del espiritu del pueblo" (Lagos, 1999, p. 185).

La vision de nacion de Obeso es optimista, quizas porque no alcanza a desplomarse con el desencanto moderno que sobrevendra en poetas y escritores posteriores; en ella y pese a su melancolia, sobreviven los atributos del mundo mulato del Magdalena apenas tocado por los movimientos emancipatorios; en sus versos pervive un solar interior, como lo denomina Ramiro Lagos, del que brotan expresiones de desenganos, celos, tristezas, pero tambien de libertad, humor, anoranzas, picardia, sensualidad y de critica social (Lagos, 1999, p. 186), lo que convierte la poesia de Obeso, en contraposicion a su vida misma, en un canto de esperanza frente al desalentador panorama nacional. No ocurrio lo mismo con su amigo el tambien poeta Julio Florez o con el cosmopolita Jose Asuncion Silva, quienes pese a ser hijos de una misma generacion alcanzaron a presenciar tres guerras civiles mas, antes de despuntar el siglo XX.

Entre ellos, solo Florez logra ver la separacion de Panama, en medio de escandalos de corrupcion. Su obra consecuentemente presenta otra vision de nacion, desde lo romantico y lo popular en la que se entroniza el desarraigo, la decadencia y la desesperanza. Mientras que Silva solo alcanza a presentir el panorama gris de una enfermedad "espiritual" que hara temblar al mundo conocido hasta entonces: la decadencia.

A Julio Florez (1867-1923) se le considera como un poeta repentista, romantico, popular, bohemio, recordado mas como compositor de musica popular que como escritor. Debido a ello es estudiado con sorna por algunos criticos, a causa de su caracter regionalista y melodramatico, a diferencia de Jose Asuncion Silva (1865-1896), a quien se lo ha ubicado en un lugar privilegiado en el canon de las letras nacionales, al considerarlo como a un precursor vanguardista. A pesar de las criticas contrapuestas que pueden generar, ambos poetas concurren en un tiempo y un lugar que los hermana. Y como es de esperarse, frente a estas distintas figuras historicas, su vision poetica del mundo y de la nacion son distintas.

Tanto Florez como Silva vivieron el ingreso de Colombia al mundo moderno; no obstante, su transcurso y consecuencias son vistos desde enfoques diferentes. Por un lado, Silva asume una posicion critica ante lo moderno y esceptica frente al individuo de su epoca, decadente y enfermo espiritualmente. "Gotas Amargas" es un grupo de poemas que presenta esta posicion de Silva, cuyo sujeto enunciador lirico suele manifestarse a traves de la burla y la ironia.

El paciente:/ Doctor, un desaliento de la vida/ Que en lo intimo de mi se arraiga y nace,/ El mal del siglo. el mismo mal de Werther,/ De Rolla, de Manfredo y de Leopardi,/ Un cansancio de todo, un absoluto/ Desprecio por lo humano. un incesante/ Renegar de lo vil de la existencia/ Digno de mi maestro Shopenhauer;/ Un malestar profundo que se aumenta/ Con todas las torturas del analisis// El medico:/-Eso es cuestion de regimen: camine/ De mananita; duerma largo, banese;/ Beba bien; coma bien; cuidese mucho,/ !Lo que usted tiene es hambre! .../ (Silva, "El mal de siglo", 1984, p. 126).

Por otro lado, si bien observa con cierta suspicacia el proceso por el que esta atravesando la historia, la respuesta de Florez es lo popular y lo romantico. Ante la agobiante epoca de desenfrenos y desencantos, de la perdida de un orden trascendente, Florez vuelve sus ojos a la arcadia de su ninez, a la inocencia, a la tierra, a lo femenino. Su vision del hombre es optimista, como se puede evidenciar en poemas como "Natal", "Tus ojos", "Primavera", entre otros, en donde se resaltan la inocencia, el amor y la esperanza como valores esenciales de la nacion.

No se puede decir lo mismo de Silva, quien luego de viajar a Europa y con una profunda influencia de la literatura decadentista de Huysmans ve con cierto recelo a su epoca, a la que desprecia por estar cargada de cierto mal gusto y vulgaridad. Para el poeta bogotano no hay esperanza ni salida: en su arraigado escepticismo frente al hombre, y su desprecio por el ostracismo rural de su ciudad natal, reafirma sus lecturas, asumiendo que su epoca misma enfrenta la decadencia. Ante este inquietante panorama, Silva decide recrear el mundo desde el espacio simbolico que abren los recuerdos, no a partir de las remembranzas colectivas, sino desde la intimidad de un tiempo pasado asumido por el sujeto poetico; de tal forma cobran importancia las visiones, los suenos, las alucinaciones en un mundo no real, desprovisto de cualquier naturaleza viva. En su poesia Silva oscila entre una profunda nostalgia por el pasado de su infancia y un deseo de sensaciones exacerbadas, lo que le impide cualquier accion frente al mundo que lo rodea. Lo que queda es una absoluta exaltacion del poeta, su subjetividad, su mundo interior. No ocurre lo mismo con su primera y ultima novela, De Sobremesa, en la que por unica vez deja traslucir un bosquejo de nacion que atraviesa por varios estadios a lo largo de la narracion: desde una exaltacion alucinogena y estetica en la que Fernandez, el personaje principal que algunos criticos asumen como el alter ego del escritor, desea levantar por medio de cualquier recurso o argucia politica una nueva republica del arte y de la letras, centro cultural y civilizador del nuevo mundo; a una idea irrisoria que nunca se puso en practica, porque el holgazan desencantado que sobrevive a un naufragio emocional y al resquebrajamiento de sus valores, luego de una larga estadia en Europa, ahora mira con sorna. Su novela es el recorrido de una vision de nacion en donde el sueno deviene en desencanto.

Todo lo contrario ocurre en Florez, un poeta plantado en la tierra y en la realidad, cuya critica fue directa y abierta, y su frente: La Gruta Simbolica (1901-1903). De este particular grupo no se puede asegurar que haya ejercido una oposicion directa al sistema politico; sin embargo, de sus reuniones y juergas capitalinas quedan los chispazos burlones de muchos de los genios que asistieron al patio de REG (Rafael Espinosa Guzman) y que, a traves de sus coplas, sainetes y epigramas, describieron de forma caricaturesca no solo la realidad del pais, sino a sus mas celebres vastagos. Tambien son conocidas sus escapadas nocturnas a los osarios del cementerio, aun cuando estaba decretado el toque de queda. La Gruta Simbolica fue un grupo ante todo de jovenes artistas que buscaban diversion y que se burlaban de las "poses" de algunos poetas simbolistas (entre la lista de atacados se encuentra Silva y Sanin Cano. A esta agrupacion comenzaron a asistir aquellos que se oponian a la dictadura del presidente Jose Manuel Marroquin (1900-1904), otro de los tantos poetas que dirigieron el pais y en cuyas manos se encuentra la penosa responsabilidad de haber perdido los derechos sobre Panama. De esta manera, La Gruta Simbolica adquiere tambien un caracter politico.

Este nacionalismo se evidencia claramente en la poesia acunada por los miembros de la agrupacion. En Florez, por ejemplo, la poesia sirve como medio para "consolidar la nacion y avivar el sentimiento a la Patria" (Ocampo Lopez, 1997, p. 29). Elementos tradicionales y populares confluyen para ornamentar himnos dedicados a esta empresa, como se puede ver en poemas como "Oh Patria". La perspectiva romantica de Florez ancla su vision de nacion en la tierra y en el culto a su magnificencia, en la que se exalta la emocion, a traves de mitos de origen que aparecen, segun senala la historiadora Monica Quijada (1994), como "un conjunto de simbolos tendentes a la consolidacion de identidad colectiva, y un programa explicito de los gobernantes en los procesos de configuracion de los estados nacionales en el s. XIX" (p. 3). Florez, desde su posicion claramente romantica, tuvo acogida dentro de la sociedad decimononica, porque capto la sensibilidad de un pais temeroso de lo que pudiera traer la modernizacion y el cambio. Ademas, Florez vivio lo suficiente para ver las inconsistencias y desmanes de los dirigentes del pais, y para ser testigo de todo aquello que acarreo el espiritu modernizador y capitalista en el pueblo, lo que culmino en una vision melancolica del mundo y no tan optimista como la de Obeso, pero tampoco tan apatica como la de Silva. Es por ello que Florez, finalmente, termina lamentado tantos esfuerzos de Bolivar para libertar pueblos que, como el nuestro, desperdiciaron su obra. Esto se refleja en lo que el poeta imagina fue el delirio de las ultimas horas del procer: "El pueblo colombiano audaz y ciego, /sin pensar que rompi las ligaduras/ que lo ataron ayer, atiza el fuego/ que esconde mi dolor, y en las oscuras/ y tristes nieblas de una playa arroja/ al que clamo sus hondas desventuras" (Florez, 1985, p. 133).

Lejos de esa melancolia romantica frente a la patria esta Silva. Para este poeta el fenomeno de la modernizacion es irreversible, pero sus consecuencias sobre las personas y la realidad son desdenables y, por lo tanto, se critican a traves de lo que Camacho Guizado (1968) denomina la revuelta satirica. En ella se percibe un "grito de rebeldia contra su tiempo, contra la sociedad que lo rodea, contra la muerte, incluso. Satira violenta, cinismo de sociedad vejada, desgarradora ironia del que mucho sufre" (p. 63). De esta manera su critica contra la realidad se hace violenta, los defectos del ser humano se radicalizan, se critica la simulacion, el engano, la retorica de la vida social de finales de siglo, el sentimentalismo del Romanticismo en decadencia, la burguesia liberal criolla:

Juan Lanas, el mozo de la esquina. / Es absolutamente igual/ al Emperador de la China: / los dos son el mismo animal. / Juan Lanas cubre su pelaje / con nuestra manta nacional; / el gran magnate lleva un traje de seda verde excepcional. / Del uno cuidan cien dragones/ de porcelana y cristal; / Juan Lanas carga maldiciones / y gruesos fardos por un real (Silva, "Egalite", 1984, p. 138).

Si bien, Silva no pretende hacer una critica social, en el se evidencia la denuncia al espiritu decadente de su epoca. Su idea de nacion, en la poesia, se patentiza a traves de la ironica burla a los poderes del Estado, al hombre moderno, al decadente mundo de final de siglo. El humor que se trasluce en el tratamiento sobre el debate desde el cual se estaba construyendo la nacion, a finales del siglo XIX, y que se resume en el antagonismo entre la necesidad de un espiritu moderno, y sus no tan positivas consecuencias en el individuo, es su arma; anunciar el crepusculo del espiritu, el agotamiento del alma y el declive del mundo es su proposito.

No ocurre lo mismo con Candelario Obeso, quien es quiza el primer poeta que intenta insertar el elemento popular como factor fundamental de la cultura nacional colombiana; siendo el de origen popular, entendio mejor que nadie los filamentos de una epoca que mantuvo al margen al pueblo negro y mulato. Sin ser reaccionario, Obeso propone a traves de su poesia una concepcion de nacion anclada en la riqueza cultural y multirracial del pais, en el que se deberian tener en cuenta todos los componentes culturales que la conforman (los mundos afro, indigena, mestizo e hispano). En esta misma direccion, pero desde otro foco cultural, esta Julio Florez. El boyacense, por medio de sus poesias de metrica facil e imagenes recurrentes, evoca el mundo melancolico y pintoresco del campesino colombiano; organiza el panteon de los proceres a traves de poemas casi heroicos y, finalmente, renueva el valor de la tierra, el paisaje y las costumbres sencillas. Sin embargo, ya en Florez comienza a percibirse el cambio espiritual del hombre moderno, que se preocupa por la trascendencia y la individualidad en un mundo convertido en colmena que almacena obreros en urbes contaminadas por el humo de las fabricas modernas.

Si en Florez apenas se percibia un tono de melancolia que avistaba el hundimiento del espiritu humano, Silva lo anuncia como irremediable. La modernidad para la epoca de estos poetas ya era un fenomeno irreversible, y con esta la cosificacion del ser humano, la perdida, el desamparo, el pesimismo. Bajo este nuevo orden mundial, en el que los valores se hacen relativos, sin trascendencia que fundamente la moral, comienza lo que para Fernandez (personaje de De sobremesa) es la alabanza al evangelio de Nietzsche. Silva emplea la ironia como herramienta de critica frente a una realidad vacia y de apariencias. En su obra se configura al sujeto desde el escepticismo moral, es decir, desde su imperfeccion, su vanidad y su irremediable degeneracion espiritual que se convierte en la enfermedad de fin de siglo, en la que no hay esperanza de cura; un malestar que trasluce las debilidades no solo de los hombres, sino de la cultura, y de la que es victima todo ser de la epoca. Pero en Silva no todo es melancolica devastacion. Aun hay en el poeta del infortunio y novio de la muerte, como se han empenado en llamarlo los criticos cazadores de mitos, los vestigios de un sutil humor que le permiten burlarse de su epoca y de sus circunstancias. Si, el destino es un camino de infortunios y de fracasos, pero aun nos queda el arte, unica religion capaz de redimirnos; si, el presente es una frustracion, pero aun queda el recuerdo y el ensueno que nos salva de la cotidianidad; si, la realidad nos ahoga, pero la memoria nos permite evocar el pasado mejor y feliz de la infancia. Unicos espacios posibles para concebir la nacion ideal: la nacion de la poesia y el arte abierta al mundo y en constante expansion.

Para finalizar, cabe destacar que, desde la emancipacion, el arte y las letras colombianas han estado dirigidos, implicita o explicitamente, a la construccion de una identidad en la que se manifieste su particularidad como nacion. No obstante, los constantes tropiezos y desavenencias historicas han marcado una tendencia un tanto pesimista frente al futuro y el destino nacional, lo que ha trazado una particularidad estetica presente hasta nuestros dias en la literatura. Sobre este tema se pueden desarrollar diversas lineas de estudio que ayudarian a vislumbrar mejor su trayectoria y, por que no, sacar a la luz las visiones alternativas de nacion que aporten perspectivas diferentes desde las cuales se pueda entender mejor no solo el devenir politico, historico y cultural de nuestro pais, sino su singularidad literaria.

doi.org/10.17533/udea.elc.n44a02

Recibido (06.08.2018)--Aprobado (07.11.2018)

Referencias bibliograficas

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* Articulo derivado del avance de tesis de Doctorado en Espanol: Investigacion Avanzada en Lengua y Literatura (Universidad de Salamanca).

(1) Existen multiples estudios sobre la nacion, pero con el fin de sintetizar, teniendo en cuenta la naturaleza del articulo, solo abordamos las que consideramos mas importantes. Para ampliar el tema recomendamos el estudio de Francisco Tirado, La evolucion del concepto Nacion en la historia de Estados Unidos (siglo XX) (2015).

Carolina Caceres Delgadillo

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Author:Caceres Delgadillo, Carolina
Publication:Estudios de Literatura Colombiana
Date:Jan 1, 2019
Words:7427
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