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Una cronica alternativa de la conquista de Mexico. Otra Historia verdadera de la conquista de la Nueva Espana.

1. Introduccion

El presente articulo se propone ofrecer los primeros pormenores de un material manuscrito que se encuentra en la Biblioteca Nacional de Espana: la Historia verdadera de la conquista de la Nueva Espana por Fernando Cortes, elaborado por Pedro Fernandez de Pulgar. Tras una dilatada labor, el texto se encuentra en preparacion para ser publicado. Las palabras que siguen intentan hacer una semblanza sucinta del contenido de la obra y de algunas de sus estrategias discursivas.

2. El texto y el paradigma

En la nutrida bibliografia sobre la conquista de Mexico, los escritores espanoles del siglo XVII contribuyen con dos trabajos destacables: Antonio de Solis (Alcala de Henares, 1610 - Madrid, 1686) con su Historia de la conquista de Mejico, y Pedro Fernandez de Pulgar (Medina de Rioseco, 1621 - Madrid, 1697) con la cronica que da pie a las presentes lineas. Con el titulo que escoge para su escrito, Historia verdadera de la conquista de la Nueva Espana (en adelante, Historia verdadera) (1), Fernandez de Pulgar hace evidente su vision de la historia. Actitud temeraria, sin duda, pero Fernandez de Pulgar asume la verdad por sobre las historias de primera mano como la de Hernan Cortes y la de Bernal Diaz del Castillo. Deja claras, ademas, las dianas hacia las que dirige los dardos de su verdad: la primera, el escrito del viejo soldado castellano, con respecto al cual manotea el titulo, lo expropia y lo subraya (la que presenta, desde la perspectiva de su hacedor, equivale a una version corregida y aumentada de la veracidad). El otro blanco al que apunta, y que acaso le interesa corregir con mas vehemencia, es la mencionada Historia de Solis. Sucesor inmediato de este en el cargo de cronista mayor de Indias (desde 1686 hasta el final de sus dias), Fernandez de Pulgar desliza, por aqui y por alla en su Historia verdadera, criticas contra la reconstruccion de la conquista escrita por Solis. Los motivos de tal acrimonia parecen delatarse solos; al menos, en parte. Heredar el nombramiento obliga al heredero a mejorar la hacienda. Y la figura de Antonio de Solis era, en sus dias, muy ilustre. Prosista reconocido, historiador que se atreve con el pasaje de la conquista de Mexico en forma mesurada y, en lo posible, objetiva, dramaturgo amigo y colaborador de Pedro Calderon de la Barca (con quien traduce El pastor de Fido de Giovanni Guarini) y aun poeta conocedor del oficio, (2) representaba un desafio de mucho peso para su sucesor. Aunque se defiende Fernandez con denuedo, como prosista y como historiador pareceria perder el combate. La prosa de Solis es mucho mas cuidada y rica, y su vision historica mas panoramica, mas generosa y mas informada. Bastarian unas cuantas citas (que el espacio de esta disquisicion no permite): por ejemplo, del pasaje de la matanza de Cholula narrada por ambos cronistas, para advertir esas diferencias (Solis [1684] 1970: 166-167; Fernandez: 165v-166v). (3)

Pero no es Antonio de Solis el unico objetivo de la critica de Fernandez. A este lo acusa a veces de omisiones o de ligerezas--"digo que no se como compone Solis el dar titulo a esta accion de resolverse a prender a Motezuma de resolucion heroica" (190v)... "paso don Antonio Solis los limites de su profesion, y asi erro enormemente" (199v)--, de permitir que los lectores interpreten a su leal entender la historia,--"ni la civil ni la sagrada deben ser interpretadas libremente", pareceria decir con indice inflexible de domine severo--, de timorato en asuntos de doctrina--"por todo lo cual, pues, Solis deja al juicio del que leyere este punto... y repruebo el [punto de vista] de Solis, que dice que no halla razon de congruencia politica o cristiana para que se perdonasen tantos inconvenientes" (200r-200v)--, y de limitado--"si hubiera ponderado Solis con verdadera inteligencia este suceso, le hallara muy creible" (200v)--. Su censura, en ocasiones invectiva, como puede verse, se enfoca en varios escritores a quienes denuesta por una supuesta falta de mesura, que tasa en funcion de su vision particular de la historia y de los vectores politicos que operaban en su tiempo.

Por ese motivo, tambien Bernal Diaz del Castillo ocupa su atencion y recibe reproches. No puede restarle meritos como soldado: su historia como participante en las tres expediciones oficiales al territorio continental desde Cuba no admiten regateo, y, de manera muy subrayada, su aceptacion sumisa del papel de peon leal en los tableros belico y politico bajo las ordenes de Hernan Cortes le resultan cualidades de muy crecido valor. Defensor de la idea de algo asi como un destino providencial, segun puede colegirse con frecuencia de su escrito y segun declaracion explicita, la asuncion del papel que la suerte asigna a cada quien constituye una de las mas altas virtudes del ser humano. A los capitanes toca mandar y a los soldados, obedecer; a los reyes, gobernar; y a los vasallos, acatar, segun esa logica, tal como pontifican estas palabras: "Nacen los subditos para obedecer y no especular los decretos de los superiores" (14v). Como soldado, entonces, como pieza del ajedrez belico ("peon ladino" diria Borges) el desempeno de Bernal no le merece recriminacion a Fernandez; no le dedica los elogios que parecerian innegables, puesto que todos los dirige al capitan Cortes, pero al menos nada le echa en cara. Ya con respecto a la Historia de Bernal la historia es otra. Le concede el valor de un testimonio... limitado; y, mas o menos, la direccion de su voluntad al esclarecimiento de la verdad, no sin bemoles: "Conque parece que por asegurar la verdad escribio Bernal Diaz del Castillo, como conquistador y cuasi testigo de vista. Pero no esta libre de censura, como luego se vera" (12r). Pese a ello, una lectura ligera del libro del soldado castellano (4) es suficiente para percibir la fuerza narrativa del protagonista y para advertir su cautela con respecto a la presentacion de la verdad historica. La repeticion de expresiones equivalentes a "yo no lo vi", "no me consta" prueban tal cuidado. Y lo prueban mas aun las enmiendas que el propio Bernal realizo de una version a la otra de su escrito, como en este pasaje:
Otra cosa dijo el Pedro de Alvarado, y esta sola cosa la dijeron otros
soldados, que las demas platicas solo el Pedro de Alvarado lo contaba,
y es que no tenian agua para beber, y cavaron en el patio e hicieron un
pozo y sacaron agua dulce, siendo todo salado tambien; todo fue muchos
bienes que Nuestro Senor Dios nos hacia. E a esto del agua digo yo que
en Mexico estaba una fuente que muchas veces, e todas las mas, manaba e
tenia agua algo dulce. Estas cosas y otras se decir, que lo oi a
personas de fe y creer que se hallaron con el Pedro de Alvarado cuando
aquello paso.
Nota 8. Alvarado se justifica senalando posibles prodigios o
revelaciones divinas que confirmasen que actuaron correctamente en la
matanza del templo... El propio Bernal incluia en el texto primitivo
una referencia a la intervencion maravillosa de la Virgen Maria y del
apostol Santiago, que luego tacho; tambien elimino la referencia
(difundida supuestamente por el padre Las Casas) a la codicia de
Alvarado; ambas tachaduras, obviamente, figuran en la edicion impresa
(Seres, 2011: 462 n.).


Bernal se cuida mucho de afirmaciones indemostrables a la luz de la historia, y su cuidado se acentua cuando los hechos que menciona atanen a pasajes coyunturales para la apreciacion de las decisiones que tomaban los responsables y que determinaron el derrotero de la conquista, ademas, desde luego, de las expresiones tocantes a la doctrina cristiana. Creyente de buena fe, en su escrito trasparece el respeto sincero a las figuras ideologicas y emblematicas del catolicismo. Muy probable es, en cambio, que en cuestiones de menor monta se haya explayado, acaso de mas, y hasta haya llegado a inventar, (5) por ejemplo, en la descripcion de sitios, de personajes y de incidencias. Los ojos encandilados de quien presencia una realidad que sobrepasa la imaginacion ejercieron--parece probable--presion poderosa para engrandecerla, para magnificar las experiencias y para colorear su relato: no es lo mismo decir que Diego de Ordaz tenia una yegua--asi, sin mas--, que decir que era suya "una yegua rucia machorra, pasadera, y aunque corria poco" (Diaz [1632] 2011: 91). Pero en esa proclividad al adjetivo se apuntan, en principio, los valores literarios de su libro. Cortes y Bernal se deleitan en la descripcion de sitios. El retrato que ambos hacen del tianguis de Tlatelolco, por ejemplo, da fe de ello. Ambos se solazan en el recuerdo y dan testimonio de la magnitud, de la riqueza, de la "policia" que imperaba alli (Diaz [1632] 2011: 330-331; Cortes 2009: 136-140). Y aunque la representacion de ese mercado responde, en los dos casos, al asombro ante lo insospechado, resultan obvias las diferencias (las cuales, por otra parte, bastarian para atribuir a cada escritor la autoria de su propia obra y no a Cortes la de ambas, aparte de otros detalles de mayor valia). La escritura del capitan obedece al esquema de la relacion, esto es, al informe que se envia a la superioridad. Imposible que no se trasluzca en ella el pasmo (Cortes era consciente del tamano de su hazana y de la magnitud de su conquista), pero escribe movido por intereses politicos y aun por la necesidad de defenderse de los ataques de sus detractores. A diferencia de este, Bernal escribe para regodearse en el recuerdo--y en la exageracion fantasiosa--(6) y para quejarse un poco de su suerte. Conocedor de las cartas escritas por su jefe y tambien de la historia que este ordena escribir a Francisco Lopez de Gomara, no muestra empacho en reproducir pasajes convividos con aquel y en calificarlos con sus propias sensaciones. Por ejemplo: "Digo que traian tantos dellos a vender aquella gran plaza como traen los portugueses los negros de Guinea [...] de la manera que hay en mi tierra, que es Medina del Campo, donde se hacen las ferias, que en cada calle estan sus mercaderias por si; ansi estaban en esta gran plaza..." (Diaz del Castillo 2011: 330 - 331). Esta y otras afirmaciones semejantes son expresiones mas inclinadas a manifestar admiracion que a redactar un reporte, con clara tendencia a la busqueda retorica de la hiperbole. (7)

No bastan, sin embargo, las cualidades de una narracion directa y emotiva para que Fernandez de Pulgar permita la salida de su particular purgatorio de historiadores a Bernal. Lo salva, en cambio, la opinion que de el formula fray Juan de Torquemada: "A Bernal Diaz del Castillo le vindica el padre Torquemada en el Libro cuarto, capitulo IV de su Monarquia indiana, que dice: 'Yo conoci en la ciudad de Guatemala a Bernal Diaz del Castillo en su ultima vejez, y era hombre de todo credito, etc.'" ([1615] 1975: 14v). Lo ve, de todos modos, con menosprecio. Bernal justifica la escritura de su Historia por el proposito de repartir la gloria de la conquista del territorio mas grande, mas rico, mas promisorio y menos imaginado por la Espana imperialista. No fue solo el capitan, dice, el artifice de la gloria. Los soldados, por igual cabos que rasos, merecen mencion y reconocimiento. En terminos generales, Hernan Cortes no menciona a sus colaboradores y eso encorajina a uno de ellos, Bernal, que, de paso, se siente mal remunerado, viejo, menospreciado, olvidado. Pero el reproche contraria a Fernandez de Pulgar, que reclama en exclusiva la honra para Cortes, con una admiracion que raya en veneracion sin cortapisas. Aun aquellos detalles que Bernal menciona como al desgaire y que abonan para la configuracion cabal del extremeno resultan soslayados en el manuscrito del cronista mayor de Indias si estos desvelan la faceta negativa del capitan. Asi, verbigracia, el pasaje del escrito con carbon en la pared de la casa de Coyoacan, en el que se relata como cansados de esperar la parte del botin que consideraban suyo despues del saqueo final de Mexico Tenochtitlan, las huestes espanolas, representadas por una voz anonima, se lamentan: "!Oh que triste esta la anima mea hasta que todo el oro que tiene tomado Cortes y escondido lo vea!" (Diaz [1632] 2011: 692); (8) tambien la alusion suspicaz de la muerte de la Marcaida en extranas condiciones: "tambien le pusieron [a Cortes] por delante la muerte de Catalina Juarez la Marcaida, su mujer" (Diaz [1632] 2011: 793). Un ejemplo mas es el de la muerte en circunstancias por igual extranas del licenciado Luis Ponce, encargado de fincar juicio de residencia a Cortes por la muerte de su mujer y por varias otras acusaciones: "Que luego que se comenzo a tomar la residencia quiso Nuestro Senor Jesucristo que por nuestros pecados y desdicha que cayo malo de modorra el licenciado Luis Ponce [...] Pues como fue muerto y enterrado [...] !oir el murmurar que en Mexico habia de las personas que estaban mal con Cortes y con Sandoval! Que dijeron y afirmaron que le dieron ponzona con que murio, que ansi habia hecho [Cortes] al Francisco de Garay" (Diaz [1632] 2011: 925-926).

Mucho mas alla de la indulgencia, puesto que esta implicaria el reconocimiento de culpas en Cortes, y mucho mas alla de la justificacion de su conducta en atencion--por ejemplo, a las circunstancias--, el encubrimiento de esta informacion por parte del cronista mayor obedece, sin duda, al proposito principal de su manuscrito: purificar de toda falta la imagen historica de Cortes y, con ello, colaborar con su aportacion en la justificacion de la Conquista y del imperio catolico espanol; sobre todo, si se considera que un proposito elemental del escrito de Fernandez de Pulgar es el de disminuir los efectos de la leyenda negra, iniciada, segun el propio riosecano, por fray Bartolome de las Casas. (9) En el ambiente cultural de Espana, en su balanza de poderes, en la crisis del siglo XVII, la apologia resultaba urgente. Pero aun con respecto a Antonio de Solis la contribucion de Fernandez de Pulgar es, mas bien, exigua. Carece, en comparacion con aquel, de los recursos retoricos necesarios para dibujar a cabalidad la compleja personalidad del extremeno. Un ejemplo de ello es lo siguiente: cuando Fernandez da cuenta de la actitud de Cortes ante la inminencia de la celada en la ciudad de Cholula (165r-v), aliada de los aztecas y enemiga de los de Tlaxcala, desperdicia la oportunidad de resaltar un aspecto determinante en sus exitos militares: la astucia diplomatica para doblegar el animo del enemigo y las virtudes de semiologo que le permiten la lectura de los hechos sociales (Todorov 1989: 106-136).

En contraste, Solis saca provecho del relato de ese momento con maestria retorica. Los indicios implicitos de su personaje, las reticencias, la hiperbole y hasta el retruecano ("con reparar sin atender") proponen un personaje sagaz, calculador aun en trances de desesperacion al borde de la fatalidad. Estas son sus palabras:
Llamo Cortes a los embajadores de Motezuma, y con senas de intimidad,
como quien les fiaba lo que no sabian, les dijo que habia descubierto y
averiguado una gran conjuracion que le tenian armada los caciques y
ciudadanos de Cholula [...] Y anadio que no solamente lo sabia por su
propia especulacion y vigilancia, pero se lo habian confesado ya los
principales conjurados, disculpandose del trato doble con otra mayor
culpa, pues se atrevian a decir que tenian orden y asistencias de
Motezuma para deshacer alevosamente su ejercito, lo cual ni era
verosimil ni se podia creer semejante indignidad de un principe tan
grande [...] Los embajadores procuraron fingir como pudieron que no
sabian la conjuracion, y trataron de salvar el credito de su principe
siguiendo el camino en que los puso Cortes con bajar el punto de su
queja. No convenia entonces desconfiar a Motezuma ni hacer de un
poderoso, resuelto a disimular, un enemigo poderoso descubierto; por
cuya consideracion se determino [...] castigar la obra en sus
instrumentos y contentandose con reparar el golpe sin atender al brazo
(10) (Solis [1684] 1970: 165).


No esta exenta de cualidades la Historia verdadera de Pedro Fernandez de Pulgar. La mayor de ellas, me parece, consiste en el juicio de las historias previas y en la confrontacion de los escritos. Subyace a este examen una hipotesis historica, por supuesto. De esa manera intenta pasar por el tamiz de su propia vision de la historia las apreciaciones de quienes la juzgaron con anterioridad, incluyendo, como queda dicho, a los propios protagonistas. Desde este punto de vista, Fernandez de Pulgar representa una vision novedosa de la historia, cercana a la moderna. Lejos de reconstruir acontecimientos desde la memoria personal o de algun actor, emplea el procedimiento de acopiar--y, por desgracia, tambien de copiar--informacion extraida de una seleccionada bibliografia. Sus autores preferidos (Cortes, Diaz del Castillo, Gomara) menudean en sus referencias por otra parte jamas senaladas con comillas y, si acaso, indicadas con un "esto Fulano". Alguna lectura clerical, por ahi una transcripcion de algun historiador antiguo, alguna cita que evidencia su cultura de bibliofilo. (11)

Pero el favorito por encima de todos es fray Juan de Torquemada. En la Monarquia indiana (1975) entra a saco y sin anuncio ni registro hurta tiradas desmedidas (es el caso, por mencionar el mas notorio, de la copia textual que aparece del folio 327r al folio 370r; o sea, una copia de cuarenta y tres folios a dos caras, sin referencia). (12) Tratandose de un manuscrito que no llego a las prensas, se impone la atenuante de que el autor pudo haber realizado enmiendas. En el documento, como esta, se presenta como una larga copia, sobre todo en los capitulos finales.

3. La circunstancia del manuscrito

La Historia verdadera de Fernandez de Pulgar es explicable por el ambiente en que se escribio, como cualquier texto. De su urdimbre es posible tirar a fin de identificar las circunstancias politicas, sociales, economicas en que se produce. A continuacion, algunas reflexiones en torno a este tema.

Aun tratandose de un manuscrito, no deja de ser extrano que el de Fernandez de Pulgar carezca de fecha. Tal falta podria verse justificada por la esperanza del autor de ver el texto en letras de imprenta, de modo que el impresor se encargara de esa tarea y consignara el pie editorial: ciudad, casa impresora y ano. Como queda claro, no se produjo el acontecimiento, y el legajo de 382 pliegos a dos caras se conservo sin mas datos que los que pueden inferirse de su contenido o de la biografia del autor. Del contenido poca informacion que conduzca a la datacion puede esperarse. Se centra en el recorrido de Hernan Cortes desde su estancia en Cuba hasta la capitulacion de la ciudad de Mexico Tenochtitlan; el procedimiento de narracion es cronologico, como conviene a un relato historico convencional, y no hay referencias que delaten el momento de la creacion. Tampoco las virtualidades linguisticas aportan mucha informacion. Aunque hay expresiones que determinan dialecto y norma, por ejemplo, resultaria poco tecnico definir un periodo de la transformacion del castellano con base en el empleo de alguna palabra o de alguna peculiaridad sintactica. Por tanto, no hay mas opcion que recurrir a las noticias acerca de la vida del escritor, que tampoco son muchas. La unica conjetura posible es que el volumen fue escrito en la segunda mitad del siglo XVII, a juzgar por la epoca en que el historiador ostento el cargo de cronista mayor. No hay mas pistas. Inclusive aquello que en una primera lectura genera expectativas se desvanece con rapidez. Asi sucede con la mencion de "don Pedro de Moctezuma, que aun vive" (277r). Claro: es una cita--declarada a medias--de la Historia de la conquista de Mexico de Francisco Lopez de Gomara. Pedro Tesifon de Moctezuma y de la Cueva, conde de Moctezuma por decreto de Felipe IV, habia muerto en 1639. Pudo el autor tener noticia de el--el conde muere cuando Fernandez cuenta con dieciocho anos--, pero lo cierto es que no lo menciona por su cuenta, sino como parte de una cita sin referencia. La sola posibilidad de ubicar el texto, en suma, se deriva de la biografia del cronista.

Si la deduccion no fuera descabellada (y si lo fuera, de todos modos, es la unica posible), el entorno del infolio pertenece al reinado de Carlos II, el Hechizado. Se produce, por tanto, en el contexto de una Espana en crisis, simbolizada por la propia figura de un rey incapacitado en lo mental y en lo fisico para ejercer el gobierno. A las graves dificultades sociales que distinguen los reinados de Felipe III y Felipe IV (abuelo y padre de Carlos II), habrian de sumarse momentos de incertidumbre en que el rey se convierte en figura de paja y la Corona pierde el control de Espana y de sus posesiones ultramarinas. Circunstancias en verdad poco favorables para el optimismo y para la fe en el futuro. Anulado el lazo que dotaba de coherencia al imperio hispanico, esto es, disminuido el poder hegemonico de un monarca a cuyo control se sometia toda decision de importancia, como ocurria en los reinados de Carlos I y Felipe II, pareceria que el imperio quedaba al garete con peligro inminente de naufragio, y que lo advertian las clases politica y culta. Ante tal ausencia de direccion, se antojarian probables dos posturas: el examen riguroso de las circunstancias a fin de reconocer fallas y proponer remedios, o la vuelta de la mirada--un tanto evasiva--hacia atras, con el proposito de lamentar que "todo tiempo pasado fue mejor" y de distinguir los mecanismos que propiciaron epocas heroicas. Sin suponer que estas dos actitudes son exclusivas entre si, pareceria que la Historia verdadera de Fernandez de Pulgar se decanta por la propuesta de efectuar una revision de los origenes historicos del imperio, con objeto de reproducirlos y de recrearlos en su calidad de ejemplos, y depone cualquier actitud critica de analisis y de proyecto; actitud conservadora, por otra parte, que, lejos de plantear la subversion historica del concepto de nacion y lejos de someter a juicio la gestion gubernativa del rey, se plantea la refundacion de los muros de la patria, "si un tiempo fuertes, ya desmoronados", sobre los cimientos de glorias pasadas.

Desde esa mirilla politica (la que incide en el presente) e historica (la que busca en el pasado), toca a Hernan Cortes convertirse en el emblema, en la piedra angular de la restauracion. En la piedra angular y en la piedra de toque, en tanto que su imagen constituira el catalizador para contrastar la valia (y, con ello, para tasarla tambien) del heroismo espanol despues de dos siglos de la gesta fundacional de la Nueva Espana. No faltaban modelos, desde luego. La historia espanola del siglo XVI cuenta con una multitud de personajes voluntariosos (heroes, stricto sensu) en los terrenos politico, militar, religioso, artistico; pero a Fernandez de Pulgar le resulta en particular atractiva la personalidad de Cortes y su aporte en la construccion de un imperio cuya extension superaba la de todos los conocidos hasta ese momento. Las causas quedan apuntadas: su fe en una organizacion social en piramide, desde la punta de la cual se giran directrices; la labor denodada y disciplinada en la edificacion de esa estructura por parte de todos los agentes, desde el mas encumbrado hasta el mas obscuro, igual que en una colmena a cuyos integrantes mueve el instinto de conservar el grupo; la creencia en la imposicion de pensamientos que se juzgan verdaderos--los dogmas religiosos son quizas los mas trascendentes de ellos--; y la defensa de una moral, que no de una etica, que preconiza el derecho y la obligacion que asisten al fuerte para ejercer tutela sobre el debil.

Por otro lado, controversial como es en si misma, la figura historica de Hernan Cortes exigia una revision para validar la columna vertebral de la economia peninsular. Consecuencia de corruptelas como la venta de nombramientos civiles y eclesiasticos, de pesimas gestiones administrativas, del estancamiento cientifico y tecnico, y aun de costumbres seculares como la negativa de nobles e hidalgos a ganarse la vida trabajando, las finanzas espanolas (con la repercusion natural en la situacion de las colonias) zozobraban. No habian desembocado en el desastre total merced a las pingues remesas que llegaban a la Corona desde el otro lado del Atlantico. Las ingentes cantidades de metales preciosos y de materias primas sostenian, asi fuera con alfileres, la hacienda nacional pese a las equivocas administraciones de los Austrias y sus validos. En la produccion de recursos americanos, suficiente apenas para mantener el inflado organismo burocratico en ambos lados del oceano y la voracidad de boato de las cortes real y virreinales, se cifraba la garantia de una endeble estabilidad y, en buena medida, de la sobrevivencia pacifica. Sin posibilidades de variacion, tal statu quo se preservaba en la Nueva Espana por el monopolio de las funciones administrativas en manos de peninsulares (con el disgusto de criollos y mestizos, como habria de verse andando el tiempo), pero exigia argumentos que la justificaran. La revalidacion de la Conquista y de los derechos de usufructo que habia generado, en su calidad de obra redentora de almas descarriadas, representaba una buena coartada. Vilipendiado y censurado, Hernan Cortes era una pieza inutil en esa estrategia; elevado a la altura de procer, de generador de un nuevo estado, constituia el emblema de la pujanza espanola y reivindicaba la justicia del atraco.

Por ultimo, ya que no es la intencion de estas lineas calar a fondo en los entresijos del siglo XVII, sino solo resaltar algunos aspectos que tocan de cerca y ayudan a explicar el manuscrito que aqui se juzga, seria necesario considerar tambien la funcion social del escritor en el periodo previo al nacimiento de los burgos--y de los burgueses--, llamados a convertirse en los motores economicos de una nueva disposicion social, caducos el modelo medieval del feudo y el esquema renacentista de supremacia nobiliaria. En las particularidades de este ultimo molde, el de la primacia de los nobles, germinan los rasgos distintivos de la Historia verdadera escrita por Pedro Fernandez de Pulgar.

Superada la obligacion primaria del escritor novel o poco (re) conocido, o sea, la de encauzar sus esfuerzos de creador a la mayor gloria de su benefactor, el titulo de cronista mayor aseguraba una cierta independencia. En el entendido de que el nombramiento se otorgaba tras una larga carrera, despues de vencer muchas oposiciones y luego de mostrar adhesion institucional plena, la autonomia del historiador no representaba peligro ninguno para la monarquia ni para la Iglesia. Mas aun, el cronista real se convertia en brazo armado--asi fuera de penola--del aparato de gobierno, en proclamador de dogmas y en difusor del discurso oficial. Los escritores contestatarios, los artistas opuestos al regimen, echaban mano de argucias para encubrir criticas y protestas (innumerables pasajes proporcionan la literatura y la pintura hispanicas del siglo XVII para ilustrar el recurso); disfrazaban el significado real con dobles sentidos, con elementos de disyuncion referencial (Morin 1974: 127-130) (13) o, de modo mas tajante, se ocultaban en el anonimato o en el seudonimo. Unos, los institucionales, solian gozar de prebendas y de holgura economica; los otros, no.

4. La retorica del manuscrito. Un apunte

En el fondo de cualquier escrito existe una intencion persuasiva, aunque, claro, pesa mucho mas en un discurso politico o en un sermon que en un poema lirico. De todos modos, aun en la comunicacion en apariencia mas trivial se intenta la imposicion de ideas; es el ejercicio del poder en la comunicacion cotidiana. El escrito de Fernandez de Pulgar se cubre con una apariencia de reconstruccion de acontecimientos, pero se propone, sobre todo, aleccionar en materia de religion, de moral y de politica. La recapitulacion historica en su obra adquiere sentido en razon de la interpretacion de los hechos y a efecto de valorarlos desde la perspectiva de sus consecuencias. Rehuye, no obstante, la disquisicion filosofica con respecto a temas embarazosos como, por ejemplo, la legitimidad de la Conquista. En la disyuntiva--acaso representada paradigmaticamente por Francisco de Vitoria y Juan Gines de Sepulveda--del posible contraste de ideas en ejercicio de dialectica civilizada a fin de llegar a la verdad, o de la imposicion de dogmas por las buenas o por las malas, Fernandez se inclina sin mas por la segunda opcion. Pontifica, asi, acerca de derechos y obligaciones naturales; el senor rige y el siervo acata o el capitan ordena y el soldado ejecuta, como queda dicho. Lo hace tambien con respecto a conceptos religiosos (en el cristianismo esta la verdad; no en otras creencias), en relacion con la organizacion politica de las comunidades (por ello, jamas cuestiona el regimen monarquico de la cultura azteca), en torno a valores eticos (es pecado inmolar seres humanos como ofrenda para dioses; no lo es cuando el fin consiste en acrecentar la creencia en uno solo, cuando el homicidio se realiza ad maiorem Dei gloriam). En una escala de valores que concuerda por completo con la de la Iglesia posterior al Concilio de Trento, Fernandez de Pulgar escribe su texto con el proposito basico de adoctrinar, emparejando de este modo el objetivo final de la narracion historica con la practica del pulpito; despues de todo, ambos, sermon y relato (en el de ficcion no hay ni por que pensar) parecerian proceder de un comun origen, el del entrenamiento en la palestra:
La virtus mas general del discurso se halla contenida en el adverbio
bene dicere, y el fin mas general del discurso consiste en persuadere.
Tambien la narratio, naturalmente, tiene que tener esta virtus y servir
a este objetivo. Dentro del fin general de persuadere hay que
considerar como fin especifico de la narratio el docere... y el movere.
Pero el docere es imprescindible y nuclear... y a el sirven las tres
virtutes necesarias. dentro de las cuales el delectare y movere
desempenan una funcion auxiliar (Lausberg, 1975: 266).


Obvio parecera a quien lea las paginas del escrito de Fernandez que no se ha propuesto delectare a sus lectores. Ensenarles, persuadirlos y moverlos (docere, persuadere et movere eos), si. Ensenarles la verdad historica de la gesta fundacional de la Nueva Espana, convencerlos de los beneficios que produjo a la humanidad como cruzada catequetica y de la potencia de la religion catolica y de la casta hispana, y alentarlos--moverlos--a la defensa de la fe y del imperio en momentos que se vislumbraban aciagos. Por ello, hasta gestos y actos dignos de censura desde la perspectiva del teologo inflexible que se agazapa atras de comentarios y apostillas aparecen atenuados, se soslayan o se justifican mediante la esgrima retorica de la explicacion o en atencion a la conquista de un bien que--con sofismas por argumentos--se presuponen supremos con razonamientos de premisa mayor adulterada. Esto es: sobre la base sin pruebas de que la doctrina catolica es la verdadera, de que la salvacion del ser humano depende de su conocimiento, de que es obligacion de todo cristiano divulgar su conviccion, el autor de esta Historia verdadera valida la imposicion de una cultura sobre otra a la que se aniquila, y la practica de la violencia para llegar a tal fin. Nada nuevo, en realidad. Fernandez de Pulgar encarna las ideas de su clase en su tiempo. Pero parece preciso consignar estos recursos y esta vision a modo de muy apretado compendio de su concepcion del discurso historico-literario y de su finalidad docente. En el proposito de ensenar, de desvelar hechos y revelar su verdad--la considera universal y en eso se equivoca, es solo su verdad--, estriba su punto de vista de la estetica. El deleite (delectare), segun esa apreciacion, se vuelve complemento y resultado del conocimiento (docere), de manera que la belleza (de nuevo, segun esa vision) no radica en la organizacion de los componentes de un discurso (funcion poetica) ni menos aun en el deleite producido a los sentidos (como en las artes no poeticas), sino en la obtencion de saberes y en el hallazgo de la verdad.

Subsumidos en ese proyecto, otros procedimientos palidecen. A la distancia de dos siglos, los hechos que se cuentan en esta Historia verdadera pertenecen al dominio generalizado de los letrados; en realidad, al material de Fernandez le queda vetado el impacto de la autentica revelacion. Despues de las Relaciones (s/f S. XVI) de Cortes, de la Historia de Lopez de Gomara (1552), de la Historia verdadera de Bernal (probablemente 1568) y de otras obras escritas por protagonistas (los Comentarios reales del Inca Garcilaso y los Comentarios de Alvar Nunez, por ejemplo), a las posteriores cronicas de la Conquista no les quedaba mas remedio que adoptar un papel antifonico y, si acaso, interpretativo o valorativo; inclusive trabajos tan inmediatos de los sucesos como la Monarquia indiana, en la parte que corresponde a la llegada y presencia de los conquistadores, tienen que recurrir a las fuentes originales y reiterar la narracion. Absorbidos por la finalidad didactica, los recursos estilisticos, las estrategias de presentacion narrativa, las figuras del narrador, el planteamiento de la temporalidad--que con otros constituyen la dispositio clasica--y hasta las tacticas de presentacion del discurso que modifican la forma y dan testimonio de un uso poetico del lenguaje quedan preteridos y subordinados a un fin magisterial. Como queda apuntado lineas arriba, la Historia verdadera de Bernal--que menciono en este punto puesto que significa la referencia paradigmatica de la que aqui se presenta--es muy superior en ese aspecto. Diaz del Castillo no intenta practicar el magisterio, por descontado que se propone persuadir, pero desea, quizas con mas ahinco, participar de una memoria, compartir recuerdos y maravillar (delectare) a sus lectores con la remembranza. Este fin, el de provocar admiracion, aunado a su intuicion de relator-novelista, lo obliga por necesidad a echar mano de argucias que le garanticen la atencion creciente de sus lectores. Es muy amplio su bagaje de medios narrativos: la descripcion detallada de lugares, la relacion de acontecimientos (en especial, los de caracter belico), la reticencia ironica con respecto a hechos que le inconforman y, muy en particular, el bosquejo de personajes, a quienes representa con indicios explicitos e implicitos tanto en sus procederes como en su aspecto (canon renacentista). Baste recordar, como ejemplo, el acabado retrato del tlatoani Moctezuma (por no hablar del de Hernan Cortes). Dedica a la composicion del personaje el capitulo XCI (Diaz [1632] 2011: 321-329); Fernandez, una veintena de lineas (179r). Pero, al margen de la extension--que no deja de ser significativa por aquello de que ex abundantia cordis os loquitur--, se distinguen con claridad dos proyectos de literatura. En Bernal el boceto es poliedrico, en tanto que toca multiples aspectos de la apariencia y, en particular, de la conducta y de las costumbres de Moctezuma. Su dibujo, por otra parte, ademas de su colorido narrativo, esboza un personaje complejo y polifacetico, de modo que nos plantea la contradictoriedad, la humana sutileza del monarca augusto y del hombre pusilanime, espantado por el misterio de lo ignoto y de los meandros del sino. Asi adquiere vigor, por contraste, como paradoja, el pasaje en que ese mismo personaje a quien nadie se atreve a mirar cara a cara sea lapidado por una mano anonima, firma colectiva de la desaprobacion. (14) Acaso, en efecto, la descripcion que elabora el soldado se aleja de las costumbres de la epoca. (15) Tal vez el alejamiento es deliberado: impactado por la presencia de un personaje al que los conquistadores subyugan en el terreno militar y belico, Bernal, paradojicamente, no puede evitar mirarlo hacia arriba (de rodillas el, de pie el personaje, como en las epopeyas griegas) y lo describe bajo los principios de un canon personal, guiado por su instinto narrativo. De todas maneras, el canon de descripcion fisica al que parece adherirse Diaz del Castillo concede igual importancia a lo fisico que a lo moral: es renacentista. En ese aspecto, el esquema que traza Fernandez de Pulgar corresponde a modelos anteriores.

Como era de esperarse de acuerdo con su actitud magisterial, en los proemios de la Historia verdadera de Pedro Fernandez de Pulgar se concentra la intencion de su relato. El proemio es el sitio natural del exordio, que a su vez "es el comienzo del discurso. El objetivo del exordio es ganarse la simpatia del juez (o, en sentido mas amplio, del publico) hacia el asunto del discurso, defendido parcialmente" (Lausberg 1975: 240). A la manera de los tribunos, Fernandez de Pulgar expone desde un principio el punto en controversia que quiere ventilar y la solucion por la que opta. Su postura, eso si, es clara y honesta. Aqui, por ejemplo:
escribo en este libro La Conquista de Mexico. grande emprefa, y
dignissima de La memoria de toda La posteridad. y q mereze dezirse con
toda verdad, assi porq depende de ella El dominio Justo. q tienen los
catholicos Reyes de la nueva Espana. Como por la gloria de el
Conquistador fernando Cortes. resplandezieron en este heroe La
prudenzia. y el valor. y aunq comunm.te donde ay mas prudenzia, y
valor, suele andar escafa la fortuna. en cortes andubo liberal La
fortuna, y quiso competir con su valor, y prudenzia. o digamos, que le
gobernaba con espezialidad La divina providenzia inspirandole, tan
peculiarmente Las actiones, q ni las podra prevenir prudenzia humana,
ni el mayor valor emprenderlas y menos perfezionarlas. ni de la buena
fortuna se podian esperar. (177r)


Seguido de explicaciones, de argumentaciones, de amplificaciones, (16) el planteamiento general de los exordios propone de entrada una postura con respecto a una controversia. El discurso de esta laya pertenece mas bien al ambito del pleito juridico o de la discusion forense que al de la reconstruccion historica o del relato literario; sin embargo, posee la cualidad de transparentar desde el inicio la finalidad de una disquisicion. En este caso, segun confesion de parte, la demostracion de "el dominio justo que tienen los catolicos reyes de la Nueva Espana", "la gloria del conquistador Fernando Cortes" y la manifiesta intervencion de "la divina providencia inspirandole tan peculiarmente las acciones, que ni las podia prevenir prudencia humana, ni el mayor valor emprenderlas y menos perfeccionarlas, ni de la buena fortuna se podian esperar". En suma, el aspecto retorico de la Historia verdadera de Fernandez de Pulgar guarda relacion mas estrecha con el debate forense que con la disposicion estetica o con el empleo de la lengua poetica.

5. La practica de la imitacion y de la copia

Cobro prestigio en el Renacimiento. La emulacion de modelos prestigiosos constituia un reto que muchos escritores asumieron, y son celebres algunos casos. Sor Juana, por ejemplo, era imitadora contumaz. Su Primero sueno pudo y debio haberse llamado, sin mas, El sueno (Alfonso Mendez Plancarte evito publicarlo con el ordinal en su edicion de la Biblioteca del Estudiante Universitario de la UNAM); la intencion de numerarlo--atribuible a sus primeros editores, puesto que ella refiere, en su Respuesta al obispo Fernandez de Santa Cruz, que "no me acuerdo haber escrito por mi gusto sino es un papelillo que llaman El sueno" (Sor Juana 1976: 471)--se debia a la esperanza de que la jeronima escribiera otros y a que se advertian como modelo las Soledades gongorinas. Otro tanto, el titulo de su drama Los empenos de una casa, que guarda un voluntario parecido con el titulo de la obra de Calderon, Los empenos de un acaso. Y mas muestras en la obra de sor Juana, que alguna vez inclusive se pasa de tueste y copia a plenitud. La imitacion era, sin embargo, un modo de tributo. Se imitaba a los escritores consagrados, a quienes se trataba de emular o de superar. Son conocidos los intentos exitosos, ademas del de sor Juana imitando a Gongora: Boscan imitando a los poetas italianos y aun a algun catalan como Ausias March, Matias de Bocanegra imitando a Calderon, Juan de Palafox y Mendoza imitando a San Juan; pero con seguridad los fracasos habran sido mucho mas numerosos. Los poetas cuya imitacion constituia un desafio y cuya emulacion garantizaba un apreciable galardon (Gongora, Quevedo, Calderon, Lope, sor Juana misma y, de modo muy especial, los clasicos griegos y latinos) personificaban tambien una piedra de toque rigurosa que dejaba al descubierto el metal de que estaba hecha la lengua poetica que los remedaba. Solia ser, por ello, un envite para poetas prominentes:
Por ese motivo, la imitacion no solo era juzgada como actividad propia
de ingenios reducidos, sino que, por el contrario, se creia reservada a
los autenticos poetas de calidad--aquellos que osaban imitar a los
universalmente reconocidos porque se consideraban aptos para ello--, al
grado de que el Brocense llego a considerar "que no (se) tiene por buen
poeta al que no imita a los excelentes antiguos" (Valencia 2005: 15).


Aunque se practico de modo sistematico durante el Renacimiento (17) y la costumbre de la imitacion-emulacion perduro por siglos, "en los albores del romanticismo aleman" decayo (Alatorre 2003: 35). Cobro valor, entonces, la originalidad. Y aun en las ocasiones en que un poeta o un prosista se inspiraba en los procedimientos de otro, desvelaba su modelo y presentaba su trabajo como un "homenaje a...":
No es que los poetas de estos dos siglos [XIX y XX] se hayan abstenido
ya de imitar a los anteriores a ellos, pero lo hacen, por asi decir, al
margen de su quehacer verdadero, como simples pasatiempos, y cuando los
imprimen suelen hacerlo al final de todo, como en apendice: "Traducido
de Catulo", "Imitacion de John Donne", "A la manera de Mallarme"
(Alatorre 2003: 35).


En lo que respecta a las cronicas de la Conquista, la imitacion y, mas que ella, la reiteracion resultaba inevitable. Como queda dicho arriba, la originalidad en la relacion de descubrimientos y de conquistas era potestad casi exclusiva de los protagonistas. Los epigonos tenian que documentarse en sus testimonios y extraer de ellos informacion y aun apreciaciones de caracter emotivo, pues parece dificil que alguien ayuno de experiencia propia, alguien que no haya visto personajes, sitios o hechos, alguien que no haya presenciado la gesta del descubrimiento y la conquista fuera capaz de interpretar el impacto sensorial y psicologico con intensidad sino a traves de la mirada del actor. Hubo, por ello, a fin de no asumir el papel de seguidor o discipulo, quien prefirio transitar por otras vertientes de la historia, reconstruir la gesta desde el punto de vista de los perdedores (desde la vision de los vencidos), como fray Bernardino (Sahagun 1989: 717-809), o emprender el camino de la configuracion conceptual de un nuevo mundo, maravilloso tambien en su aspecto natural, como Gonzalo Fernandez de Oviedo (Gerbi 1978: 310-363).

Resulta facil comprender el deseo de emular a escritores acreditados. Por mas compleja que sea la "doctrina sobre la imitacion"--y si lo es--, su procedimiento tiene un principio no tan complicado, sin embargo. Pretende reproducir esquemas, tropos (metaforas y metonimias, sobre todo), temas y, en suma, estrategias propias del lenguaje artistico. Pero sobra decir que en esa practica el modelo sirve de base de una creacion en que habran de imponerse la invencion y la marca del retador. Lo contrario daria como resultado la copia, plagio o reproduccion, segun la intencion de quien reproduce. No obstante que la idea de plagio parece haberse afirmado despues del romanticismo, existe en la naturaleza de los escritos la exigencia basica de una cierta originalidad. Esto es: lo menos que se puede pedir a un escritor es que sea capaz de hablar con sus propias palabras. Aun en el caso de la escritura cientifica, tan precisada de prestamos y de citas, la diferencia entre la copia y la erudicion puede ser, a veces, el uso de comillas. Pero tambien en el ambito de la escritura cientifica, con legitimidad puede exigir un lector que existan, al menos, visos de novedad. Novedad en el enfoque, en el uso de fuentes, en la emision de juicios de valor y, como minimo requerimiento, en el pensamiento propio.

La Historia verdadera de la conquista de la Nueva Espana de Pedro Fernandez de Pulgar reproduce, sin pizca de variacion, fragmentos--enormes en ocasiones--de sus fuentes. La Monarquia indiana de fray Juan de Torquemada se lleva la palma. Fernandez la convierte en su botin y le birla grandes parrafadas. (18) No lo hace asi con ningun otro texto. Ni con las Cartas de Cortes ni con la Historia de Bernal, a pesar de su valor de testimonio original, y eso parece significativo. A Cortes no lo copia porque su escrito pretende erigirse en pedestal del marques del Valle y absurdo resultaria copiar las palabras del homenajeado, porque los documentos cortesianos son mas conocidos que otros (la Monarquia de Torquemada y la Historia natural y moral de Acosta, por ejemplo) y porque el mismo les reconoce caracter de alegato reivindicativo. A Diaz del Castillo tampoco lo copia, aunque por razones diferentes. Bernal, inclusive leido en la version alterada que publico fray Francisco Remon, representa su antipoda, un punto de vista opuesto, en tanto que exige el reconocimiento de meritos para si y para el resto de las huestes espanolas, y la aceptacion de que la empresa gigantesca de la dominacion fue obra colectiva. A ellos dos no los copia, pero a otros los reproduce palabra por palabra o con ligeras variaciones, y se cuida muy poco de indicarlo, (19) de modo que su Historia parece obra tramada con hilvanes que unen, segun su decision, partes mas o menos extensas de textos consagrados, en particular, aquellos que apuntalan el enfoque critico que pretende defender. De acuerdo con las convenciones de la epoca, declara--solo a veces--que emplea palabras ajenas; usa para ese fin la formula "esto fulano", aunque deje al lector la tarea de distinguir o de adivinar los limites de la cita.

No es despreciable el trabajo, a pesar de lo anterior. Dos atenuantes lo amparan e impiden tachar algunas de sus partes, de plano, como plagio. El primero: se trata de un manuscrito que no llego a publicarse, es decir, algo asi como un pecado que no llego a cometerse o un crimen que no se perpetro. Los preparativos para la imprenta habrian forzado al autor a una revision concienzuda y quizas a la depuracion de los "prestamos". El segundo (creo que de mucho mas peso): inclinado por la funcion docente de la narracion por encima de la recreativa, como he dicho antes, el autor hace uso de recursos que le permitan allegarse elementos de construccion de una hipotesis ("el dominio justo que tienen los catolicos reyes de la Nueva Espana", "la gloria del conquistador Fernando Cortes" y la manifiesta intervencion de la divina providencia) y que a su vez operen como argumentos probatorios de sus asertos. Esta estrategia, aunada a una flaca capacidad creativa, le permite ejercer de domine, ya que no de creador.

6. Coda

Resguardado por la Biblioteca Nacional de Espana en su sede madrilena de Recoletos, el material sobre el que aqui se diserta es un manuscrito de 382 folios escritos a dos caras. No es posible saber si su autor manuscribio algunas paginas, pero si que son varios los amanuenses (al menos tres, uno de los cuales probablemente es el novohispano Carlos de Siguenza y Gongora [Cuesta 1951: 16]). De la lectura detenida de este infolio es posible inferir que se propone dos fines preponderantes:

(1) Persuadir a sus lectores acerca de la legitima conquista y posesion de los reyes de Espana sobre territorios americanos ("el dominio justo que tienen los catolicos reyes de la Nueva Espana"), lo cual explica, ademas, la disposicion retorica de su escrito a manera de reconstruccion historica y de discurso forense, alternadamente. Con ello, de acuerdo con los postulados de la retorica clasica, se propone convencer, conmover y mover a acciones consecuentes, de manera particular en momentos de fragil gestion administrativa de los territorios coloniales.

(2) Para lograr ese fin, Pedro Fernandez de Pulgar se impone la tarea de socavar el valor historico de la obra de Bernal Diaz del Castillo, cuya actitud critica con respecto a Hernan Cortes significa, aparte de una insubordinacion bajo el punto de vista del cronista mayor, una descalificacion de la figura historica del capitan, y Cortes, desde su misma perspectiva, constituye el pilar del esquema politico del espiritu conquistador y de la institucion monarquica.

La Historia verdadera de la conquista de la Nueva Espana de Pedro Fernandez de Pulgar, a pesar de las claras inclinaciones conservadoras del autor (aspecto que automaticamente resta objetividad a su cronica), posee un alto valor en la historia de la historiografia y en la historia de la literatura. En cuanto a la historia de la historiografia, constituye un ejemplo de los procedimientos cientifico-historicos distintivos del siglo XVII, puesto que transparenta los recursos de que se vale para llegar al conocimiento y para lograr la reconstruccion del pasado; esto es, el proceso de acumulacion documental y el del contraste de los documentos, pese a que--como ya se ha dicho--tal contraste se realice mediante el balanceo de pesos especificos; esto es: unos documentos valen mas que otros, por no hablar de los que quedan soslayados en absoluto (la cronica indigena recopilada por fray Bernardino de Sahagun, por ejemplo). En el aspecto historico de la literatura, la obra de Fernandez de Pulgar representa tambien un prototipo; ejemplifica el lapso en que la cronica--como relacion de hechos sociales que se organiza bajo un esquema temporal canonico, a diferencia de la novela--adquiere valor de palestra para la difusion de saberes y para el examen del transcurso comunitario; falta mucho para que se presente en escena la cronica periodistica y el analisis sociologico, pero son escritos de la naturaleza de esta Historia los que plantan los cimientos de aquellos, asi sea para enmendar sus estrategias.

Referencias bibliograficas

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VEGA, Inca Garcilaso de la [1609] 2008 Comentarios reales de los incas. Lima: Editores Importadores.

Ruben D. Medina

Universidad Nacional Autonoma de Mexico

(1) Pedro Fernandez de Pulgar, Historia verdadera de la conquista de la Nueva Espana. S/l, s/a. BNE mss/2997. La clasificacion de la biblioteca la presenta como "Conquista de la Nueva Espana por Fernando Cortes"; sin embargo, me parece clara la intencion del autor--explicita en el folio 1r, que se constituye como portada del trabajo puesto que en el se consignan titulo integro y dedicatoria--de llamarle Historia verdadera.

(2) Prefiere el tema religioso por formacion y por moda. En este soneto puede advertirse su aprendizaje de la muchedumbre de poetas religiosos espanoles e hispanoamericanos del tiempo. Pero puede observarse tambien una huella personal, por ejemplo, en la busqueda de rimas no convencionales como las que se construian, incontables, con inflexiones verbales: "?Hasta cuando mi torpe desvario / abusara, Senor, de tu clemencia? / Que parece que aprendo en tu paciencia / mas libertad que diste a mi albedrio. // Juzga, corrige, enmienda el error mio / antes que se pronuncie la sentencia. / No llegue, en mi postrera negligencia, / la primera senal de tu desvio. // Tu me diste tu imagen: mi pecado / la borro. Mas, !ah, triste! no perezca / tu retrato en mi ciega destemplanza: // vuelva a imprimir tu sangre lo borrado / y, para que la imagen permanezca, / defiendame de mi tu semejanza" (Solis 1843 XXII). Este otro soneto igualmente da testimonio de sus buenas maneras de poeta: "El curso de los anos repetido / gasta la edad con natural violencia, / y el tardo amanecer de la prudencia / conoce el tiempo cuando le ha perdido. // La mitad fue del sueno y del olvido, / la otra mitad, o error o negligencia; / mas, !oh vivir!, dificultosa ciencia, / ?quien en toda una vida te ha sabido? // Duran los dias, ?pero quien percibe / su duracion, si es menos inconstante / la intrepidez de nuestra fantasia? // ?O que importa el durar, si solo vive / el que sabe acertar aquel instante, / principio y siempre del eterno dia?" (Blecua 1984: 365).

(3) En adelante, cito la Historia verdadera de Fernandez de Pulgar solo por folios; en este caso, por ejemplo, 165v-166v.

(4) Dejo de lado la hipotesis de Duverger (2015), quien propone que la autoria de la Historia verdadera de la conquista de la Nueva Espana no es de Diaz del Castillo sino de Hernan Cortes. Me parece insostenible.

(5) Son varias las voces que lo califican como el narrador fundacional de America Hispanica. Carlos Fuentes (1990: 71), por ejemplo.

(6) Afirma que los comerciantes aztecas vendian pieles de tigre y de leon; no existian en America antes de la Conquista.

(7) En su sentido de "exageracion o audacia... que consiste en subrayar lo que se dice al ponderarlo con la clara intencion de trascender lo verosimil, es decir, de rebasar hasta lo increible el 'verbum proprium'" (Beristain 1985: s. v. Hiperbole).

(8) La leyenda dice que se trataba de un distico: "Tristis est anima mea / hasta que la parte vea". La cita biblica, parodiada en el muro de la casa de Cortes, de Mateo, 26: 38.

(9) Dice el manuscrito: :
quien mas ensagrento La pluma fue el Ob.po de chiapa d fr Bartolome de
las casas, o Casau, en differentes escritos. copio algo de el, el R.
P.e fr Fran.o Mazedo en el Propugnaculo. Lusitano gallico. imitale
Hieronimo Benzon Milanes. q imprimio Bry lib2 de la aMerica, eyo el
contrapunto un escritor, q saco el ano 1612 un libro intitulado:
Recentes historias novi orbis. en otra imprejlon se intitula, urbano
Calveton, historia Latina, traducta es Benzone cum annotationibus a
estos ajjlenten otros [...] Si estos authores pudieran sepultarle en el
olvido, era lo que merezian, pero como esto no es fazil; ya que andan
en manos de muyos, vaya el veneno, con su antidoto, y aora, por lo
general, pondre esta precauzion, Con Augusto Vischero, en su discurfo
Historico Politico de la election de el Emperador, pag. 5. aun q los
herejes dize, comunmente vozean, q el imperio hispanico en los indios,
es injusto, por q el fin que tubieron los mas capitanes, y Legados, fue
una insaziable avarizia, y no la enmienda, y converfion; sino la
evafion, y destruction de estos amplissimos Reynos, y para esto se
valen de el testimonio de B.me de las Cajas, Obp.o Espanol, en la
Relazion de la destruction de la indias. Pero los Catholicos xpanos no
ignoran, y las historias con continuada serie abundantemente
testifican, q los Catholizissimos Reyes de Espana, nunca se dejaron, ni
se dejan llebar, de el appetito de dominar, sino de procurar la Salud
de las almas, no de la avarizia de el oro, como estilan los herejes,
derribando tantos obispados, abbadias, monasterios, etc., q es una
hambre execrable; sino de una codizia de sacar las almas de las
gargantas de el demonio. no por appetito de gloria mundana, y
transitoria; sino de la Eterna, y q ha de durar para siempre, no
finalmente por vengarse de los indios; sino de el comun enemigo, q anda
por todas partes, como leon, buscando a quien tragar, y todo esto
perfeziono. y perfeziona felizissimamente el Moderno Catholizissimo
Rey, ayudado de el auxilio y trabajo, de los P.pes de la compania de
Jhs (y lo mismo puede dezir de otros Religiosos, de las demas ordenes,
y ecctesiasticos seculares) q no perdonaron, ni perdonan, a su propria
sangre; sino q estubieron apparejados a derramarla por la salud de las
almas, y lo estan, porq han convertido infinitas almas de Barbaros, a
la verdadera, y vivifica fee, y por ella muchos han padezido martyrios,
como lo testifican Las historias, y las Cartas, q han escrito muchos y
se han publicado, y los que cada dia vienen de los Reynos de las indias
etc. (16 r y 16 v).


(10) Modifico la puntuacion.

(11) "Su bibliofilia le llevo a crear dos magnificas bibliotecas que, reunidas y donadas por el a la Catedral de Palencia poco antes de su muerte, forman la que, no muy acrecentada, disfruta hoy el cabildo de aquella Santa Iglesia" (Cuesta 1951: 12).

(12) Toma Fernandez de Pulgar extractos a veces de muchas paginas, como puede verse en la relacion que sigue, del volumen II, libro cuarto de la Monarquia indiana de fray Juan de Torquemada (a excepcion de una cita expresa que procede del libro tercero). A esta obra corresponden las referencias, muy pocas veces citadas (consigno los casos en que aparece la referencia, asi sea difusa), que se permite el cronista. Me ha simplificado en gran medida la labor de localizacion la edicion digital que ha realizado el Instituto de Investigaciones Historicas de la Universidad Nacional Autonoma de Mexico, consultable en la siguiente direccion: www.historicas.unam.mx/publicaciones/publicadigital/monarquia/

Es de advertir que hay extensas copias en que el autor introduce una decena de palabras propias. Aun asi, el original es de Torquemada. Esta es la relacion, en que presento el numero de folio del manuscrito seguido de las paginas de la edicion digital. Folios: 34v (con cita), pp. 255-256; 171v (con cita), libro tercero, p. 416; 172r-73r (sin cita), pp. 144-146; 173r-173v (sin cita), pp. 146-147; 174r-175v (sin cita), pp. 148-150; 175r-176r (sin cita), pp. 150-51; 200v-205r (sin cita), pp. 168-173; 207v-209r (sin cita), pp. 173-175; 209r-211r (sin cita), pp. 173-179; 215r (con cita), pp. 179-180; 227v (sin cita), p. 273; 239r-240r (con cita), pp. 188-189; 248r-248v (con cita), p. 184; 248v (con cita), pp. 185-186; 275r (sin cita), p. 194; 257v-260v (sin cita), pp. 196-200; 262v-263r (sin cita), pp. 201-202; 276r bis-276v bis (sin cita), pp. 215-216; 279v-280r (con cita), pp. 214-215; 280r (con cita), p. 215; 280v (con cita), pp. 273-274; 284v (con cita), pp. 213-214; 285r (con cita), p. 217; 290r (sin cita), pp. 217-218; 291v (sin cita), p. 211; 292v-294v (sin cita), pp. 218-221; 295r-298v (sin cita), pp. 222-230; 301v (sin cita), p. 231; 310v-312v (sin cita), pp. 235-239; 313r (sin cita), p. 239; 313v-314v (sin cita), pp. 239-241; 315r-315v (sin cita), pp. 241-243; 316r-316v (sin cita), pp. 244-245; 323r-323v (sin cita), pp. 245-246; 324r-324v (sin cita), pp. 247-248; 327r-370r (sin cita), pp. 249-310; 370r (sin cita), p. 312; 370v (sin cita), p. 313; 373v (sin cita), p. 313; 375v-381v (con cita), pp. 320-327. Quien coteje ambas obras, el manuscrito de Fernandez de Pulgar con la Monarquia indiana, advertira con facilidad el plagio.

(13) Un ejemplo clasico del recurso de disyuncion referencial en un texto del siglo XVII se encuentra en El buscon, en el pasaje que habla de los cardenales: "Por estas y otras ninerias, estuvo preso; aunque, segun a mi me han dicho despues, salio de la carcel con tanta honra, que le acompanaron doscientos cardenales, sino que a ninguno llamaban 'senoria'" (Quevedo [1626]1969: 71).

(14) Gesta similar a la de Fuente Ovejuna, cuatro decadas antes de que naciera Lope.

(15) Seres opina que tal "semblanza... no se ajusta a las convenciones del genero, pues pasa de una cosa a otra por asociacion, concomitancia o contiguidad; por ejemplo, de la limpieza corporal a la moral, apuntando de paso, por concomitancia, sus costumbres sexuales y habitos vestimentarios" (2011: 321).

(16) Lausberg: "Al exordium sigue ahora la participacion (parcial) a los jueces del estado de la causa (que hay que demostrar en la argumentatio) . Esta comunicacion se llama [phrase omitted]. Su fin es... proponere... quae sis probaturus. La narratio es, pues, la exposicion detallada, parcial, encarecedora, de lo que de manera cenida y escueta se expresa en la propositio" (1975: 260-261).

(17) "La doctrina sobre la imitacion (mimesis) en la Poetica de Aristoteles, redescubierta y celebrada por los humanistas italianos, es bastante compleja, pero el uso acabo por recortarla y simplificarla, de manera que imitacion vino a significar la adopcion de ideas e imagenes de los poetas 'clasicos' (los consagrados). Asi, por ejemplo, el merito numero uno de Virgilio era haber 'imitado' en su Eneida a Homero" (Alatorre 2003: 35).

(18) Parrafadas o paginas, segun queda apuntado en la nota 12 de este trabajo.

(19) Cuesta (1951) se equivoca: "Pero si la mayor parte de los manuscritos son originales del cronista, no puede afirmarse otro tanto con el contenido de ellos, pues utiliza la obra ajena abundantemente, aunque con la honradez de citar siempre la procedencia" (16). Las citas de la procedencia se reducen a la expresion "esto", seguido del nombre del autor de las palabras que transcribe. Sin embargo, no acostumbra el uso de comillas. Ni siquiera indica siempre el uso de palabras ajenas.

Recepcion: 28/06/2017

Aceptacion: 4/05/2018

https://doi.org/10.18800/lexis.201802.007

[Please note: Some non-Latin characters were omitted from this article]
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Author:Medina, Ruben D.
Publication:Lexis
Date:Jul 1, 2018
Words:11484
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