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Una alternativa a la nocion de executio potestatis? La separacion entre potestas ordinis y officium segun Hugo de Amiens y Cerhoch de Reichersberg.

Resumen: A la pregunta <<?puede un clerigo elegido por la Iglesia para administrar los sacramentos continuar haciendolo despues de una deposicion o excomunion?>>, Hugo de Amiens (1085-1164), Cerhoch de Reichersberg (1092/93-1169) y Guillermo de Auvergne ([cruz] 1249), ofrecieron una respuesta resueltamente negativa, que nacia de una concepcion particular de las relaciones entre el sacramento del orden y el oficio eclesiastico o ministerium. Su razonamiento, que otorga una gran importancia a la potestad jurisdiccional de la Iglesia, se comprende sobre todo en el contexto de la lucha contra la simonia y las herejias.

Palabras clave: Orden, Oficio, Jurisdiccion.

Abstract: Hugh of Amiens (1085-1164), Cerhoch of Reichersberg (1092/93-1169) and William of Auvergne ([cruz] 1249) gave an emphatically negative answer to the question of whether a cleric chosen by the Church to administer the sacraments can continue to do so if he is sanctioned by deposition or excommunication. This question arose from a particular conception of the relationship between the sacrament of orders and the ecclesiastical or ministerial office. Their reasoning, which attributes great importance to the jurisdictional power of the Church, is particularly relevant in the context of the struggle against simony and heresies.

Keywords: Order, Office, Jurisdiction.

An Alternative to the Notion o/executio potestatis? The Separation Between potestas ordinis and officium in Hugh of Amiens and Gerhoch of Reichersberg

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En el curso del periodo en el que Graciano empleaba en el Decreto la nocion de executio potestatis para resolver la situacion de los sacerdotes depuestos o excomulgados (1), otros autores propusieron una aproximacion distinta a la potestas ministerial. A la pregunta <<?puede un clerigo elegido por la Iglesia para administrar los sacramentos continuar haciendolo despues de una deposicion o una excomunion?>> (2), Hugo de Amiens (1085-1164), Gerhoch de Reichersberg (1092/93-1169) y Guillermo de Auvergne ([cruz] 1249), ofrecieron una respuesta resueltamente negativa, que nacia de una concepcion diferente de las relaciones entre el sacramento del orden y el oficio eclesiastico o ministerium. Su razonamiento, que otorga una gran importancia a la potestad jurisdiccional de la Iglesia, se comprende sobre todo en el contexto de la lucha contra la simonia y las herejias. Mas que ofrecer una vision original de las relaciones entre ordo y ojficium, dichos autores pretenden sobre todo aportar una respuesta practica a un problema acuciante. Detras de esta respuesta se encuentra cierta concepcion del derecho que nos proponemos investigar aqui.

LA VUELTA A UNA CONCEPCION UNITARIA DEL OFFICIUM

Para encontrar una solucion al delicado problema de la simonia, y concebir una solucion eclesial que no pusiera en cuestion la validez de la ordenacion sacramental, Graciano introdujo en el Decreto una distincion intermedia, la executio potestatis. Gracias a dicha nocion, la administracion de los sacramentos por parte de los clerigos simoniacos era, desde luego, puesta en cuestion, pero dichos clerigos conservaban no obstante su potestas ordinis. Otros autores siguieron en cambio una via mas radical: hicieron depender enteramente la administracion de los sacramentos del officium y plantearon la cuestion de la validez unicamente del lado del ministerium y no ya del ordo (3). Segun Guillermo de Auvergne, el sacramento del orden seria asi una "habilitacion sacramental", o una praesignificatio, que conferiria una gracia especial al sujeto para ejercer su oficio (4). Como afirma este ultimo, <<es evidente que ser ordenado no es otra cosa que ser santificado por la bendicion pontifical y la imposicion de las manos para el servicio del culto divino>> (5). Los efectos de la ordenacion se limitarian a esta sola habilitacion, haciendo posible pero no efectiva la administracion de los sacramentos. Esta seria unicamente un acto de la voluntad de la autoridad eclesial (iubente ecclesia, dice Hugo de Amiens), que atribuiria a la persona previamente santificada por la ordenacion, la situacion juridica preliminar del ministerium y los poderes necesarios para ejercer las correspondientes funciones. Dichos poderes responden a los limites impuestos por las circunstancias, en el respeto a las condiciones puestas por la autoridad. De manera similar, Gerhoch de Reichersberg afirma en su Liber de simoniacis (1135) que el episcopado, el sacerdocio y el diaconado no serian mas que officia ecclesiastica, a los cuales estarian ligados los poderes eclesiasticos (6).

?Cuales son las consecuencias de esta afirmacion sobre las concepciones de potestas y de rus? Dichas teorias parecen ir en el sentido de una objetivizacion de la potestad del ministro. En efecto, el officium se concede por una decision de la autoridad, sin que la ordenacion confiera por si misma alguna potestad ministerial. La potestad responde a la existencia de una situacion juridica objetivamente definida. La potestas ordinis por si sola no da ningun derecho al ejercicio de un ministerio. El sacramento del orden daria la gracia sacramental necesaria, pero no suficiente, para celebrar los sacramentos, dado que es el oficio conferido por la Iglesia el que configuraria esta gracia en un ministerio y daria a este ultimo la potestad requerida para su ejecucion. Las ventajas practicas de esta solucion son manifiestas. Un reparto tal de la gracia y de la potestad y, sobre todo, la distincion de su origen (divino para la gracia e institucional para la potestas) pertmiten, en caso de falta del ministro, privarle temporal o definitivamente de algunos o de todos sus poderes, y hacen asi invalidos los sacramentos que hubiese podido celebrar, sin por ello poner en cuestion la permanencia del caracter sacerdotal.

La solucion era aun mas interesante porque permitia salvar las dificultades aparentemene irresolubles que la vinculacion directa de la potestad eclesiastica al sacramento del orden habia producido despues de las soluciones propuestas por san Agustin. Al mismo tiempo, se trata aqui de una solucion muy diferente de la que propuso Graciano en su Concordia. Dichos autores parecen haber operado una "desubjetivizacion" de la potestad sacramental, no tanto por la constitucion de una distincion suplementaria que introdujera una distancia entre potestas ordinis y executio potestatis, sino mediante la vinculacion directa de la administracion de los sacramentos al ministerium.

HUGO DE AMIENS Y LA DISTINCION ENTRE SACRAMENTA NECESSARIA Y SACRAMENTA OFFICIALIA

Dos escritos de Hugo de Amiens (7) nos informan mas especificamente sobre su concepcion del derecho en la Iglesia. En el Contra haereticos o De ecclesia (8) manifiesta su deseo de contribuir a la reforma institucional de la Iglesia (9), y trata especialmente de los sacramentos de la iniciacion cristiana (bautismo, confirmacion y eucaristia), y despues del sacramento del orden de un modo mas original (10). En un pasaje de los Dialogues, en el cual aborda tambien cuestiones teologicas (11), sostiene que los sacerdotes excomulgados no consagran realmente, afirmacion que suscito evidentemente gran polemica, sobre un asunto de tanta actualidad, con consecuencias practicas e inmediatas tan importantes. Respecto a los sacerdotes suspendidos o excomulgados, se hace las siguientes preguntas: Si pretenden celebrar, ?que hacen en realidad? Aquellos a los que se les ha impuesto las manos, ?han recibido el don del Espiritu Santo? Si celebran en el altar, ?confeccionan el cuerpo de Cristo? (12)

Hugo afirmaba a continuacion que no corresponde a todos celebrar los misterios, de consagrar y de ordenar, y precisa los canales a traves de los cuales se transmite la administracion de los sacramentos: Jesucristo habia consagrado a sus apostoles para llevar a cabo esta tarea, y por su parte la Iglesia habia recibido de los apostoles el modo de actuar, tradicion que debia observar fielmente. Aquel a quien Cristo, a traves de la Iglesia, habia conferido el oficio de consagrar, podia si era preciso ser privado de ese mismo oficio por Cristo, pero siempre a traves de la Iglesia. Porque es siempre por mediacion de la Iglesia como Cristo destituye a un ministro de su oficio deponiendole o excomulgandole, de tal forma que si este ultimo pretende todavia celebrar los sacramentos, no siendo ya ministro, no celebra nada (13). Pretender, por el contrario, la permanencia de la validez de los sacramentos, constituiria, segun Hugo, una amenaza para la Iglesia: ?Quien, en efecto, tendria las llaves de la Iglesia, si cualquiera pudiera hacer y deshacer segun su voluntad? La Iglesia es de hecho, el medio por el que Cristo continua gobernando a su pueblo, haciendo, deshaciendo, ordenando, deponiendo, reconciliando (14). La Iglesia es asi el instrumento de la mediacion que actua en nombre de Cristo. El ministro no puede pretender ser el mismo poseedor de un poder subjetivo cuyo ejercicio reposara sobre su sola decision personal, porque no posee mas que una simple capacidad de servir, cuyo ejercicio no puede actuarse mas que en plena comunion con la Iglesia.

Es cierto que Hugo de Amiens concede que la Iglesia ha acordado dispensa para reconocer la validez de las ordenaciones conferidas por los novacianos y los donatistas (15). Tales decisiones, ?no invalidan su teoria, si se considera ademas que una dispensa tendria la facultad de validar un acto nulo? (16) Pero sin duda se podria dar razon de esta contradiccion subrayando que Hugo pone igualmente en manos de la Iglesia no solo la decision sobre la idoneidad de los clerigos para el ejercicio del ministerio, sino tambien toda decision ulterior sobre la validez de los sacramentos cuya nulidad ella misma habia implicitamente declarado al privar al clerigo de su ministerio. Tambien en ese caso la Iglesia ejerceria su poder de hacer y deshacer.

En la teoria de Hugo de Amiens, el ministro es unicamente ministro y la fuerza sacramental sigue siendo de Dios. De ello se sigue que, si un ministro no tiene las cualidades requeridas, la eficacia del sacramento no se encuentra por ello contradicha. Es decisiva en cambio su cualidad de ministro (17). Con este razonamiento, Hugo no pone en cuestion ni el poder de Dios, ni tampoco la realidad de la recepcion del sacramento del orden y de su permanencia. Por consiguiente, la indignidad del ministro no constituye una disminucion de la eficacia sacramental frente a terceros (18), porque la Iglesia le tolera como ministro (19). Hugo hace, pues, aqui una distincion clara entre el sacramento del orden que viene de Dios (y reside en el clerigo) y la cualidad de ministro, que depende del juicio de la Iglesia (20). La celebracion de los sacramentos se encuentra en un contexto de derecho plenamente objetivo: el poder en cuestion es de Dios, y se ejerce sobre la eficacia de un sacramento celebrado por un ministro; no es el efecto del poder del ministro. El sacramento del orden, por consiguiente, no determina en el clerigo por si mismo ningun derecho a celebrar, ya que este depende de la mediacion de la Iglesia.

Por otra parte, cuando la Iglesia priva a un clerigo de su oficio, la decision no es en absoluto arbitraria, sino que se deriva de una diligencia juridica en el cuadro de un proceso. Parece particularmente significativo el hecho de que Hugo distinga entre el fuero interno y el fuero externo, cuando indica de que modo la indignidad de un ministro puede influir en sus facultades ministeriales. Porque, cuando la Iglesia separa a alguien de la comunion, no lo hace sin que se haya pronunciado un juicio, sin que haya habido escandalo o reconocimiento publico de la falta. En cambio, en ausencia de testigos o de pruebas manifiestas, esos ministros deben ser tolerados (21). La privacion del oficio es, pues, consecuencia ella misma de una decision de justicia, se podria decir, en la cual la dimension publica de la falta constituye una condicion necesaria para la deposicion del ministro. Se observa aqui que la celebracion de los sacramentos esta disociada de toda referencia a una potestas personal.

Es precisamente volviendo a poner este punto ante el juicio de la Iglesia, no solo sobre la presencia de las cualidades requeridas para ejercer un oficio, sino tambien sobre la validez de los sacramentos celebrados por los ministros depuestos, como Hugo de Amiens se atrajo criticas, de las que Mateo se hizo portavoz, y a las que Hugo hubo de responder de nuevo en una carta dirigida a su primo y retomada mas tarde por Gerhoch de Reichersberg (22). Las consideraciones que desarrolla son la prolongacion logica de las reflexiones precedentes, pero permiten especificar la distincion entre sacramento y oficio.

En esta carta, Hugo de Amiens distingue el titulo del ejercicio, o incluso la dignidad sacerdotal de las funciones de dicha dignidad. La Iglesia, como lo resume muy justamente un pasaje de la Histoire litteraire de la France (23), por la deposicion o la excomunion, no priva del sacramento del orden, sino que priva solamente al sacerdote del derecho de ejercerlo: despoja del oficio sacerdotal sin tocar su caracter. Dicha concepcion era original, en la radicalidad de su distincion, y no deja de tener consecuencias sobre la concepcion del "derecho" a celebrar los sacramentos. Hugo comienza por subrayar que el Espiritu Santo no mira a la cualidad de la persona, sino a la realidad de su ordenacion, y que corresponde a Dios conceder la consagracion o la bendicion (24), cuyos efectos son irrevocables, de tal forma que, una vez recibido el sacramento del orden, no puede ser borrado. En un segundo momento, Hugo de Amiens vuelve sobre una observacion ya formulada en el libro V de los Dialogues, a saber, que el Senor ha confiado a la Iglesia el poder de las llaves, que el interpreta aqui como el poder de hacer y deshacer, no ciertamente el sacramento del orden, sino los actos de los ministros, de tal forma que si los clerigos conservan el sacramento del orden, pueden en cambio ser privados de su ejercicio (25).

Hugo hace entonces referencia a una decretal del papa Inocencio, en realidad Urbano E, que afirma la nulidad de la consagracion episcopal de Wezelo y, como consecuencia, la nulidad de la ordenacion del diacono Daiberto (26). La decretal en cuestion incluye la decision de ordenar verdaderamente a Daiberto: no se trata, sin embargo de reiterar un sacramento, sino de conferirlo por primera vez, dado que el sacramento dado por un obispo heretico estaba desprovisto de validez. La decretal enuncia por dos veces la razon de dicha invalidez: <<no se puede transmitir lo que no se posee>>. Una tal formulacion podria hacer pensar que el obispo esta encargado de transmitir, en el curso de una ordenacion, algo que poseeria, lo que podria sugerir una lectura subjetiva del proceso de ordenacion. Pero aquello de lo que el obispo heretico no dispone no es de un poder (este es siempre de Dios), sino de un derecho (27). Hugo de Amiens no va mas alla en el tema de las reordenaciones, pero se advierte que esta decretal esta efectivamente bien elegida para confirmar su proposito, dado que los textos relativos a los clerigos novacianos y donatistas no iban en el mismo sentido.

El centro de la argumentacion de Hugo de Amiens reposa sobre el siguiente principio: "sacramento" y officia son dos aspectos diferentes, en su origen, su naturaleza y su permanencia (28). Es necesario distinguir entre la ordenacion y el "oficio del ordenado": aquella viene de Dios y permanece en el que la ha recibido, mientras que una censura pronunciada por la Iglesia puede remover del oficio (29). La deposicion de un clerigo es de hecho el acto inverso a la colacion de un oficio: la Iglesia dispone de una potestad equivalente para una y otra operacion (30). Hugo de Amiens coloca la reflexion sobre la validez de los sacramentos conferidos por los simoniacos, hereticos y cistematicos en un contexto enteramente eclesiologico, y considera por ello la cuestion esencialmente bajo el angulo de la intersubjetividad. Coloca el sacramento en el centro de una relacion ministro--fiel como el objeto sobre cuya justicia la Iglesia esta llamada a pronunciar un juicio.

Dicho juicio toma en consideracion la naturaleza del sacramento, esto es, su finalidad, asi como las modalidades de su administracion. Por ello, nuestro autor distingue entre los sacramenta necessaria y los sacramenta officialia, mientras que Graciano empleaba una distincion diferente entre sacramentos "de necesidad" y sacramentos "de dignidad". En Hugo de Amiens, el bautismo es, por ejemplo, un sacramento necesario para todos, mientras que la dignidad del sacerdocio no es dada mas que a algunos ad officium, con vistas a un oficio. Dicha diferencia determina las modalidades de administracion de estos sacramentos. Asi, no se puede impedir a nadie bautizarse, mientras que el oficio sacerdotal puede ser retirado a un clerigo (31).

El calificativo officialia muestra que el sacramento del orden esta pensado no desde el punto de vista de la dignitas de aquel que lo recibe, sino sobre todo de su finalidad funcional, al servicio de la comunidad eclesial. Es dicha relacion del sacramento con el servicio de la Iglesia la que diferencia los sacramentos y regula su recepcion y administracion. Por el bautismo, todos son llamados a vivir en Cristo, mientras que, por el sacramento del orden, solamente algunos son llamados a servir a la Iglesia, en el oficio que esta les atribuye. El bautismo edifica la morada de la Iglesia, el sacramento del orden actualizado en un oficio eclesiastico administra (dispensat) la Iglesia edificada (32).

Dicha distincion entre los sacramentos necesarios y los sacramentos "de servicio" es la traduccion en materia sacramental de la distincion entre sacramento y oficio. Hugo de Amiens repite aqui logicamente sus conclusiones precedentes: en caso de deposicion, la Iglesia no hace sino retirar al ministro aquello que le ha confiado, pero el sacramento del orden no se cancela (33). Este es, en efecto, recibido de Dios y no puede por ello ser eliminado por una decision humana, aunque sea de la autoridad eclesial. Los oficios, en cambio, son atribuidos por la Iglesia, que puede retirarlos por razon de una falta cometida por su poseedor (34). Si el sacramento permanece, anade Hugo de Amiens, es ad iudicium., et non plus ad officium, del mismo modo que para un cristiano excomulgado, el bautismo permanece siempre, no ya ad remedium, sino ad iudicium, non ad salutem, sed ad damnationem (35).

Ciertamente, el paralelismo de las situaciones no es de los mas perfectos, ya que las nociones ad iudicium y ad officium, en el caso del sacramento del orden, no tienen el mismo complemento de objeto (habria que decir ad iudicium sui y ad officium ecclesiae para ser precisos), mientras que, en el caso del sacramento del bautismo, el bautizado es bien el objeto de la salvacion, bien de la condena. Consciente sin duda de ello, el autor precisa que la excomunion del cristiano y la perdida del oficio no tienen el mismo significado, ni deben ser considerados desde el mismo punto de vista. La primera es una condena y la segunda un castigo. La deposicion del clerigo es "util", se entiende que para la Iglesia, mientras que la separacion del cristiano (como consecuencia del hecho de su excomunion), supone para el la muerte espiritual (36). La excomunion del bautizado y la deposicion del clerigo no estan en el centro de los mismos envites en razon del significado eclesial de cada una de dichas acciones. Es el punto de vista de la utilidad comun el que permite diferenciar las situaciones y configurarlas bajo un angulo juridico plenamente objetivo.

Si el estatuto de un clerigo depuesto quedaba clarificado, ?que ocurria con los sacramentos administrados por un cismatico? Hemos citado el caso de las reordenaciones, mencionadas en el libro V de los Dialogues. Parece logico, como lo hizo Hugo de Amiens, ligar la administracion de los sacramentos a los poderes cuya atribucion y confiscacion dependen de la Iglesia, ya que se trata de un servicio dirigido a la comunidad eclesial. Por consiguiente, es a la Iglesia a quien le corresponde "hacer" y "deshacer" no solo el oficio sino tambien la eficacia de los sacramentos (37), en virtud precisamente del poder concedido por Cristo. Dicha solucion, en el contexto de la lucha contra la simonia, responde bien a un deseo de ofrecer reglas exigentes pero claras en la materia (38).

Ello permite en todo caso comprender que el sacramento del orden, "reducido" al estado de bendicion divina o de uncion, privado de la prolongacion funcional del oficio y por tanto de su finalidad eclesial, no puede en ningun caso ser pensado como fuente de potestad, incluso si sigue siendo necesario para recibir ese mismo poder. Hugo ha retirado al sacramento del orden sacerdotal las prerrogativas juridicas, que confia a la Iglesia como institucion. En la eclesiologia de Hugo de Amiens, el sacramento del orden no puede, pues, servir de fundamento a un derecho subjetivo: por el contrario, el sacramento del orden privado de los officia como consecuencia de una pena de excomunion no ofrece mas que un agravamiento de la falta: ad iudicium.

No es la solucion que siguio Graciano, pero se ve aqui que las premisas del razonamiento de Hugo de Amiens generaban una comprension objetiva del derecho relativo al sacramento del orden. Es significativo que, en el caso de Hugo de Amiens, como en el de Graciano, la solucion al problema planteado por la simonia y las herejias pasa por una disociacion radical (Hugo) o mediata (Graciano, a traves de la introduccion de la nocion de executio potestatis) de la ordenacion sacerdotal y de la facultad de celebrar los sacramentos.

EL LIBER CONTRA DUAS HAERESES DE GERHOCH DE REICHERSBERG: UNA SOLUCION QUE AHORRA LA DISTINCION ENTRE POTESTAS Y EXECUTIO POTESTATIS

Apoyandose en la carta de Hugo de Amiens, Gerhoch de Reichersberg explica el tambien que ni el heretico ni el cismatico ni el sacerdote depuesto consagran validamente el cuerpo de Cristo (39), ya que, incluso si disponen todavia del sacramento del orden, no tienen ya el officium sacramenti necesario para que la consagracion eucaristica produzca la esencia, la res y los efectos del sacramento. Cuando pretenden consagrar el cuerpo de Cristo, cometen en realidad una division sacrilega, comparable a la de los verdugos de Cristo, que separaron la vida del "vivificado": las especies eucaristicas consagradas contra la voluntad de la Iglesia, estan en efecto separadas de la essentia y de la res y significan una division, alli donde el sacramento deberia consagrar la unidad y la presencia de Cristo viviente (40). Gerhoch anade asi una razon de orden teologico a la argumentacion esencialmente eclesiologica de Hugo de Amiens.

De hecho, detras de dicha argumentacion teologica, se encuentra un razonamiento que parte de la significacion del sacramento, y juzga su validez a partir de una reflexion objetiva. Su analisis se funda sobre el juicio pronunciado por la Iglesia respecto a los ministros, y no sobre la permanencia de un poder subjetivo (derivado de la ordenacion) de los clerigos cismaticos, hereticos o simoniacos. Gerhoch podia encontrar, en las decisiones de los papas o de los concilios, una clara condena de los clerigos que habian intentado consagrar, a pesar de una primera condena (41), y era logico, a partir de dichos textos, concluir en la inanidad de dichas celebraciones eucaristicas. ?Inanidad o invalidez? Gerhoch no utiliza este ultimo termino y menciona solamente las consecuencias morales de tales actos sacrilegos. El silencio sobre la cuestion de la validez de dichas misas puede explicarse por el hecho de que la misma condena hace vana tal pregunta: ?de que puede servir que un sacramento sea valido si su celebracion o su recepcion acarrean la condena del alma? (42) Sin la posesion del officium el sacramento no es valido, ya que un ministro desprovisto de el se encuentra en la misma situacion que una persona no ordenada que pretendiese celebrar un sacramento. Es, en efecto, la conclusion que puede extraerse del hecho de que Gerhoch prosiga su razonamiento oponiendo a la posicion del clerigo provisto de oficio, no el clerigo desprovisto de el, sino una persona no ordenada (43). La ausencia de officium hace nulos los efectos del sacramento, como los haria inexistentes la ausencia de ordenacion.

?No contradice dicha logica las afirmaciones de san Agustin favorables a la permanencia de la validez del sacramento? En este punto Gerhoch demostro una notable tecnica argumentativa, ya que consigue emplear en su beneficio ciertas aserciones del obispo de Hipona, habitualmente invocadas en favor de la validez de los sacramentos (como es el caso en el Decreto de Graciano). Asi, cuando san Agustin afirmaba que convenia reconocer la validez de los sacramentos que administraban los cismaticos, Gerhoch vuelve sobre la expresion <<como lo hacia la verdadera Iglesia>> para obtener un argumento a contrario. Senala que la situacion en cuestion concierne justamente a los sacramentos que son administrados por personas que actuan contrariamente a lo que hace la Iglesia, y que tales sacramentos no son validos (44).

Se puede, ciertamente, reprochar a Gerhoch que toma la posicion de los montanistas y de los donatistas, pero, de hecho, sus motivos son opuestos. Los montanistas tenian una vision espiritualista de la Iglesia, mientras que Gerhoch y Hugo de Amiens hacen de la necesaria mediacion de los ministros el eje de su reflexion. Los donatistas hacian depender la gracia de los meritos del ministro, mientras que nuestros teologos no la someten a las cualidades personales del ministro, sino a la existencia de condiciones objetivas: la validez de la ordenacion y el hecho de que el oficio le haya sido conferido por la Iglesia.

Nuestro autor repite al final del Liber contra duas haereses que corresponde a la Iglesia pronunciarse sobre los sacramentos y dilucidar entre las opiniones contradictorias lo relativo a su validez en los hereticos (45). Aquellos que afirman que los sacramentos siguen siendo los mismos no consideran mas que los aspectos visibles de los sacramentos, que pueden ser mantenidos incluso fuera de la Iglesia o administrados por malos ministros (se supone aqui desde el punto de vista de las cualidades morales) (46). Por tanto, a aquellos que no consideran mas que los aspectos visibles y exteriores de los sacramentos, Gerhoch responde que es necesario considerar, por el contrario, la esencia del sacramento para deducir su validez y sus efectos: los clerigos separados de la Iglesia no consagran realmente, y los malos clerigos consagran, pero para su condena. Por otro lado, aquellos que piensan que los sacramentos son diferentes dentro y fuera de la Iglesia, consideran en cambio la res y el efecto del sacramento. Pero el analisis de Gerhoch invita entonces a distinguir las diferentes circunstancias, en una frase cuya estructura presenta cierta complejidad:
      Quae autem docent sacramentorum differentiam, respiciunt ad rem
   et eius efficientiam, quae foris non obtinetur quaeque intus a
   malis non habetur, quanquam tamen corporis Christi essentia
   indifferenter tam per malos quam apud bonos ministros inveniatur, a
   quibus ecclesia non contradicente missa celebratur; quam qui
   carentes officio celebrant, si nunquam ordinati fuerunt, nec
   speciem sacramenti habere dicendi sunt, quae ordinatis et officio
   privatis denegari non potest propter officii sacramentum, quod
   auferri non potest etiam his quibus aufertur officium (47).


En el caso de los clerigos depuestos y de los "malos" clerigos todavia dentro de la Iglesia no se encuentran ni la res ni el efecto del sacramento. Pero, entre estas dos categorias existe una diferencia, ligada a su situacion eclesial. Los "malos" clerigos, a quienes la Iglesia no ha prohibido celebrar misa, consagran <<la esencia del cuerpo de Cristo>>, igual que los buenos sacerdotes. En cuanto a los clerigos desprovistos de oficio, Gerhoch distingue dos casos: aquellos que no fueron nunca ordenados no pueden pretender siquiera tener la apariencia del sacramento (entendamos, de la eucaristia), cosa que en cambio no puede ser dicha de aquellos que fueron ordenados pero mas tarde fueron privados de su oficio, ya que ellos poseen siempre el sacramento del orden (es asi como entendemos la expresion ambigua: propter officii sacramentum).

Para comprender la postura de Gerhoch, es preciso razonar a partir del sacramento. La apariencia del sacramento depende de la ordenacion (diferencia entre ordinati y numquam ordinati). La esencia depende de la posesion del oficio (diferencia entre officium habendus y officio privatus), la res y el efecto dependen de la diferencia entre clerigos buenos y malos (diferencia entre bonus y mains). Las distinciones de Gerhoch son asi muy completas, ya que integran el aspecto sacramental (ordenacion), el juridiccional (el oficio) y el moral. El fin del texto confirma esta sintesis:
      Cum ergo dicit auctoritas: <<Non est Christi corpus, quod
   schismaticus conficit>>, subintelligendum est quantum ad essentiam,
   rem et efficientiam, quod tamen quodammodo specietenus et
   sacramentotenus dici potest Christi corpus (48).


Asi, como explica Gerhoch, el cismatico no consagra el cuerpo de Cristo, en el sentido de que no puede "producir" ni la esencia, ni la res, ni el efecto, incluso si el cuerpo de Cristo parece presente desde el punto de vista del sacramento (iquodammodo specietenus y sacramentotenus). La formula es por lo menos ambigua y quedaria aqui por iluminar plenamente las expresiones specietenus y sacramentotenus, aun mas cuando van matizadas por quodammodo, desde el punto de vista de la validez del sacramento de la eucaristia en el cismatico. Puede sin embargo darse razon de la misma diciendo que Gerhoch se refiere aqui al aspecto, mas que a las especies eucaristicas. En cuanto al "sacramento" podria aludir al aspecto del sacramento, o quiza a la repeticion de species, o al sacramento de la ordenacion que el cismatico conserva siempre. No obstante, en ninguno de los casos estaria el cuerpo de Cristo verdadera y sustancialmente presente. En cuanto a las consecuencias morales, son mas claras: comulgar en el sacramento confeccionado por un cismatico es "comer su condenacion" (49). La privacion del oficio, que es una decision eclesial, tiene, por tanto, una consecuencia sobre la esencia del sacramento y comporta una condena moral de aquellos que participan en ella. En fin, Gerhoch concluye su tratado afirmando sobre la situacion de los malos clerigos a los que no se ha prohibido celebrar misa: conservan la esencia del cuerpo de Cristo y su malicia no tiene influencia sobre el beneficio espiritual que pueden obtener quienes comulgan de sus manos (50).

Como se observa, el juicio emitido sobre la validez del sacramento es objetivizado y "exteriorizado", ya que depende del contexto y de la finalidad eclesial, de la relacion entre el ministro y la Iglesia y de la validez eclesial de su oficio, pero no ya del de la potestad contenida en el sacramento del orden. Gerhoch no pone en cuestion el sacramento del orden en si mismo y su permanencia en los clerigos convictos de simonia, cisma o herejia, pero vincula la validez de los sacramentos celebrados a la posesion del oficio. La consecuencia de una tal argumentacion, si se la lleva al terreno del derecho, es clara: es imposible introducir en este razonamiento una perspectiva subjetiva, que haria depender el derecho de celebrar validamente los sacramentos de una disposicion unicamente personal o de un poder inamisible poseido en propiedad. Habiendo asi objetivizado el juicio sobre la validez de los sacramentos, Gerhoch no tiene necesidad de recurrir a la nocion de executio potestatis.

REFLEXIONES CONCLUSIVAS

En Hugo de Amiens y Gerhoch la insercion de la potestas en el unico dominio del "poder de juridiccion" dejaba muy clara la distincion entre sacramento y officia. Dicha solucion ofrecia la ventaja de separar el hecho de "perder un sacramento" y el de "perder un oficio", lo que permitia definir claramente el estatuto de los clerigos depuestos. La dimension sacramental del orden se encontraba asi preservada y guardaba su caracter permanente, pero al precio de una reduccion de su significado en terminos de "poder sobre" los sacramentos. Una tal potestas entendida como ius celebranti no terna ya sentido, porque la realizacion del ministerio sacerdotal dependia totalmente de la autoridad eclesial. La comparacion entre estas teorias de Hugo de Amiens y de Gerhoch de Reichersberg y la solucion de Graciano permite iluminar la finalidad de la executio potestatis, que estos autores no mencionaban, y comprender asi mas profundamente la naturaleza del problema juridico planteado por la celebracion de los sacramentos por parte de clerigos cismaticos y hereticos o simoniacos.

?Cual era en efecto el principal problema de los autores confrontados con esta agobiante problematica de la validez de tales sacramentos? Residia en el hecho de hacer depender directamente dicha validez de la recepcion del sacramento del orden. Si era asi, todo clerigo, una vez ordenado, poseia ipso facto un derecho subjetivo a ejercer su ministerio: la validez y la licitud de los sacramentos que celebraba no dependian mas que de la potestas ordinis que poseia, como un caracter sacramental inamisible. Ante esta dificultad, y para no poner en cuestion la permanencia o el caracter indeleble del sacramento del orden, era necesario disociar el ordo sacerdotal de su actualizacion en la celebracion de los sacramentos. Esto podia hacerse de dos maneras. Sea, como en el caso de Hugo de Amiens y de Gerhoch de Reichersberg, separando el sacramento del orden del officium, sea postulando una nocion intermedia, la executio potestatis, que incluia la existencia de una potestas ordinis, pero moderando los efectos sacramentales, como hizo Graciano. La construccion de Graciano seria, pues, mas compleja y mas matizada que la de Hugo de Amiens y de Gerhoch: conservaria para la potestas ordinis un significado y una eficacia mayor, al mismo tiempo que dejaba fuera la cuestion de la licitud. Sin embargo, ?que nos dicen estas dos vias de la concepcion del derecho subyacente a todos estos autores? En todos los casos se produce una disociacion entre la potestas ordinis o simplemente el ordo y la aplicacion de lo que se ha recibido en el sacramento del orden. Ni el ordo ni la potestas ordinis dan nacimiento a un derecho absoluto a ejercer el ministerio. La eficacia de los sacramentos celebrados depende del juicio de la Iglesia sobre la capacidad de celebrar de los ministros. Sin duda, la via seguida por Hugo de Amiens y Gerhoch de Reichersberg es mas clara desde este punto de vista, puesto que del sacramento del orden no se deriva ningun "poder subjetivo" sobre la administracion de los sacramentos, debido precisamente a la disyuncion de los dos. En cuanto a Graciano, somete el ejercicio de este poder realmente nacido del sacramento del orden a una apreciacion exterior al clerigo, la de la Iglesia.

?Por que las posiciones de Hugo de Amiens y Gerhoch de Reichersberg fueron finalmente dejadas de lado, mientras que la solucion de Graciano tuvo mas fortuna? Ademas del prestigio del Decreto entre los canonistas, parece que la nocion de executio potestatis, al no proponer una ruptura neta entre ordo y administracion de los sacramentos, se prestaba a una adaptacion mas flexible a las diferentes circunstancias: no negaba de entrada que la validez de los sacramentos proviene de la posesion de la potestas ordinis; reconocia la existencia de dicha potestas, pero la sustraia al dominio de la apreciacion juridica. El conjunto de las soluciones responde sin embargo no solo al deseo, sino tambien sin duda a la necesidad del razonamiento juridico de colocarse sobre el terreno del derecho objetivo. Ademas de estas razones practicas, las teorias desarrolladas por Hugo de Amiens y Gerhoch de Reichersberg fueron de hecho reconducidas a las teorias favorables a las reordenaciones, rechazadas por la teologia catolica un siglo mas tarde. Con ellas, tambien fue relegada a la sombra la concepcion unitaria del oficio (51).

RECIBIDO: 11 DE SEPTIEMBRE DE 2018 / ACEPTADO: 24 DE OCTUBRE DE 2018

Thierry Sol

Profesor Asociado de Historia de Derecho Canonico

Pontificia Universita della Santa Croce. Facolta di Diritto Canonico. Roma

orcid 0000-0002-0966-1732

thierry.sol@gmail.com

DOI 10.15581/016.116.008

Bibliografia

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(1) El lugar principal, pero no exclusivo, donde Graciano utiliza el concepto de executio potestatis es C. 1, q. 1, d.p.c. 97. Entre los analisis citemos los de A. ZIRKEL, <<Executio potestatis. Dictum Gratiani post c. 97, C. 1, q. 1. Eine Auslegung>>, AKKR, vol. 141, 395-449; "Executio potestatis". Zur Lehre Gratians von der geistliche Gewalt, St. Ottilien, Munchener Theol. Studien, III. Kan Abt., 33, 1975. Vease tambien T. Sol, Droit subjectif ou droit objeectif? La notion de ius en droit sacramentaire au XII siecle, Brepols, Turnhout 2017, 63-106.

(2) Esta cuestion fue planteada por Mateo, cardenal de Albano, a Hugo de Amiens y se encuentra recogida en las obras de este ultimo (PL 192, coll. 1227-1230). La cuestion es retomada en un tratado de G. de Reichersberg, Liber contra duas haereses, en E. SACKUR (dir.), MGH Libelli de lite 3, Hannover 1897, 284-288, 285, I. 19-22: <<Quare quia non temere fiierat arguendum quod ibi ecclesia teste fuerat positum; hoc potius videbatur a dubitante querendum, utrum quem semel posuit ecclesia ministram ad agendum aliquod sacramentum ipsa possit culpa promerente aliquando deponere vel excommunicare, ita ut in sacramentis agere nequeat quod ante potuit>>. El Liber contra duas haereses fue compuesto en 1147 y dirigido a Godofredo de Admont. La segunda parte trata, precisamente, de la cuestion de la validez de los sacramentos conferidos por los cismaticos. Es en este contexto donde Gerhoch retoma la carta de Hugo de Amiens haciendo propias las conclusiones.

(3) Para una vision panoramica de las diferentes soluciones ofrecidas por Graciano, Hugo de Amiens, Gerhoch de Reichersberg y Rolando, cfr. T. Sol, Droit siibjectifou droit objectif?, o. c., 93-98.

(4) Sobre este punto, se puede reenviar al penetrante analisis de A. VITALE, Sacramenti e diritto, Herder, Freiburg--Roma 1967, 116. La ordenacion o "santificacion" parece concebida como un presupuesto para la constitucion del ministerio sacerdotal o de cualquier otro ministerio sagrado, en el sentido de <<in his ergo agendis nemo suscipitur, nisi qui more apostolico ad agenda mysteria consecra tur>>.

(5) GUILLERMO DE AUVERGNE, Opera omnia I, Paris--Orleans (reed. Frankfurt a. M. 1953), 1574, cap. II, fols. 528 y 530: <<Iam manifestum per se est, ordinari nihil aliud esse, quam ad divini cultus ministerium pontificali benedictione et manum impositione sanctificari: ergo ordinem necesse est nihil aliud esse quam sanctificationem seu sanctitatem huiusmodi pontificali ministerio impressam>>.

(6) GERHOCH DE REICHERSBERG, Liber de simmiacis, en E. SACKUR (dir.), MGH Libelli de lite 3, Hannover 1897, 239-272, 250: <<Officia ecclesiastica sunt, quorum ista sunt nomina, episcopates, presbyteratus, diaconatus, praepositura, abbatia, clericatus et si qua sunt huiusmodi, quae sine dono sancti Spiritus non possunt rite administrari>>. Gerhoch compone el Liber de simoniacis o Libellus de eo quodprinceps huius mundi iam iudicatus sit en 1135 y lo dedica a Bernardo de Claravai. Niega la validez de los sacramentos administrados por los cismaticos y los hereticos (entre los cuales coloca tambien a los simoniacos).

(7) Hugo de Amiens nacio hacia 1085 y frecuento la escuela de Laon. Fue arzobispo de Rouen de 1130 a 1164. Para una biografia reciente, cfr. D. IOGNA--PRAT, L'ordre de l'Eglise. Autour du <<Contra haereticos sive de Ecclesia>> d'Hugues d'Amiens, archeveque de Rouen (c. 1085-1164), Bulletin du centre d'etudes medievales d'Auxerre, BUCEMA (http://cem.revues.org/12791; DOI: 10.4000/ cem. 12791), 2013, vol. 7. El autor propone al comienzo del articulo una biografia de Hugo de Amiens, de la que se retoman aqui los puntos esenciales para situar su actividad: <<Prelado reformador anglo--normando, Hugo de Amiens [fue] arzobispo de Rouen entre 1130 y 1164 (...). Nacido hacia 1085 en una familia de la aristocracia media que podia estar emparentada con los condes de Amiens, Hugo (...) es primo de un cluniacense y hombre de Iglesia de gran renombre, Mateo, cardenal de Albano. Despues de un breve paso por el capitulo catedral de Therouarme bajo el episcopado de Jean de Warneton (1099-1130), despues por Laon, donde frecuenta la escuela de Anselmo, entra en Cluny en 1112, (...). Su cursus honorum en el seno de l'Ecclesia cluniacensis y su oscura etapa inglesa son fugaces, pues Hugo fue sucesivamente prior de San Marcial de Limoges (1114), prior de San Pancracio de Lewes (1122) y abad de Reading (1123). El papa Honorio II le nombra, en 1129, "clerigo especial" a cargo de la colecta en Inglaterra del "denario de Pierre" [?obolo de san Pedro?], antes de colocarle, a fines de 1129--comienzos de 1130, a la cabeza del arzobispado de Rouen. Durante el cisma de Anacleto, Hugo opta por Inocencio II, que le envia cuatro anos mas tarde como legado al sur de la Galia. Es, por otro lado, un hombre cercano a los reyes Enrique Beauclerc (1100-1135) y Esteban de Blois (1135-1154). Muere el 11 de noviembre de 1164>>. Para una biografia detallada, vease R. P. freeburn, The Work and Thought of Hugh of Amiens (c. 1085-1164), PhD in Mediaeval History, publicado bajo el titulo de Hugh of Amiens and the Twelfth-Century Renaissance, Farnham 2011 (Church, Faith and Culture in the Medieval West), St-Andrews 2005.

(8) HUGO DE AMIENS, Contra haereticos sui temporis sive de Ecclesia et eius ministris, PL 192, coll. 1255-1298. Se trata de la edicion mas accessible, a la espera de una proxima edicion critica.

(9) Sobre la actividad reformadora de Hugo de Amiens, cfr. D. IOGNA--PRAT, L'ordre de l'Eglise, o. c. El autor subraya que Hugo esta presente en los tres grandes sinodos encargados de tratar de desviaciones: en Pisa en 1135, contra Enrique el Monje, en Paris en 1147 (condena de Gilberto de la Porree), en Reims en 1148 (contra Eon de l'Etoile). En este tratado, el obispo es descrito como el fundamento de la Iglesia (cfr. HUGO DE AMIENS, Contra haereticos, o. c., col. 1275 B), hasta tal punto que se ha podido hablar del "episcopalismo" de Hugo de Amiens, incluso de un "giro eclesiologico" a proposito del Contra hereticos. Conviene sin duda ser prudentes, porque las teorias de Hugo no introducen ninguna revolucion en la eclesiologia. Queriendo oponer demasiado las dimensiones institucional y espiritual de la Iglesia, se corre el riesgo de encerrar el analisis en una lectura dialectica de las instituciones y del derecho de la Iglesia al estilo de Rudolph Sohm, cuyos limites, por otro lado, han quedado demostrados.

(10) D. IOGNA--PRAT, L'ordre de l'Eglise, o. c. El autor reenvia a R. BERNDT, Le Contra haereticos de l'archeveque Hugues de Rouen (f 1164): les dissidents normands, en D. RIGAUX--D. RUSSO--C. VINCENT --A. VAUCHEZ (eds.), Experiences religieuses et chemins de perfection dans /'Occident medieval. Etudes offertes a A. Vauchez par ses eleves, Paris 2012, 175-188.

(11) Los seis primeros libros fueron compuestos mientras era todavia abad de Reading. Fueron corregidos y aumentados con un septimo libro siendo ya obispo de Rouen. La obra esta concebida como una serie de respuestas a su primo Mateo, creado cardenal de Albano en 1126. Cfr. Migue, PL 192, coll. 1124-1125. Los temas de estos libros son el bien supremo, las criaturas, el libre albedrio, la caida del angel y del hombre, los sacramentos del bautismo y de la eucaristia, los monjes y la felicidad eterna.

(12) HUGO DE AMIENS, Dialogorum seu quaestionum theologicarum libri VII, PL 192, 1141-1248, lib. V, cap. XI, col. 1204 C: <<Si enim aliquando ministrare praesumunt, quid faciunt? An illi quibus manus imponunt, Spiritus sanco donum per eos accipiunt? Quod si altare veniunt ministraturi, an ibi conficiunt corpus Chrisd?>>. Migne sigue la edicion de E. MARTENE--M. DURAND, Thesaurus novus Anecdotorum, t. V, Paris 1917.

(13) HUGO DE AMIENS, Dialogorum seu quaestionum theologicarum libri VII, o. c., lib. V, cap. XI, col. 1204 C: <<Ei autem cui Christus per Ecclesiam consecrandi officium tradit, ipsi Christus, si quando expedit, per Ecclesiam officium subtrahit, et ne ministret interdicit. Aliquando edam deponit aut a sorte fidelium excommunicando deicit. Quem itaque Christus per Ecclesiam deponendo et excommunicando destituit ab officio, si in sacramentis ministrare praesumit, qui iam minister non est, nihil facit. Sic enim ea Deus agenda instituit, ut non nisi per ministram valeant fieri. Quare qui minister non est, nihil facit>>.

(14) Ibid., lib. Y cap. XI, col. 1204 D: <<Quod si quislibet in sacramentis ministrare posset, si bene consideres, status omnis Ecclesiae deperirei. Quid namque clavis Ecclesiae ageret, si in sacramentis unusquisque prout vellet agere posset? Quid ligaret? Quid solverei? Sed velit nolit iniquorum pravitas, Christus imperat, clavis ejus Ecclesiae commissa solvit et ligat, ministros sacramentorum ordinat, deponit, reconciliat>>. Como dice Saltet, <<este texto es claro. Todo sacramento administrado por un ministro depuesto o excomulgado es nulo>>. (L. SALTET, Les reordinations. Etude sur le sacrement de Vordre, Paris 1907, 273-274).

(15) HUGO DE AMIENS, Dialogorum seu quaestionum theologicarum libri VII, o. c., lib. V, cap. XI, coll. 1204-1205.

(16) Cfr. L. SALTET, Les r?ordinations, o. c., 274.

(17) HUGO DE AMIENS, Dialogorum seu quaestionum theologicarum libri VII, o. c., lib. V, cap. X, col. 1203 C: <<Minister autem tantum minister est. Qui efficaciam praestat mysteriis Deus est. Nemo ergo contemnat vim sacramentorum pro vitiis ministrorum, quorum malitia non contrahitur Dei omnipotentia. Non potest minus in malo, maius in bono, qui indifferenter de omnibus et in omnibus potest. In Deo siquidem minus potest qui malus est, magis potest qui bonus est. Deus autem omnipotenter in utroque potest>>.

(18) Ibid., lib. V, cap. X, col. 1203 D: <<Inde est quod plures novimus sibi quidem malos, sed aliis fuisse ministros, ipso operante per eos qui prout vult bene semper operatur tam per malos utique quam per bonos. Non maculat aliquem communio malorum in participatione sacramentorum, sed in operum consensione malorum>>.

(19) Ibid.: <<Quapropter ministros, licet malos, nullus abjiciat quamdiu eos Ecclesia tolerat. Audiat dicentem Apostolum: "Tu quis es qui judicas alienum servum? (Rm 14,4)". Quos tunc tantum abjicere licet cum eos Ecclesia manifeste suspendit aut removet>>.

(20) Ibid.: <<Eis tamen semel imposita ordinationis manet gratia; sed manet ad iudicium, non manet ad officium. Quod se Ecclesia placeat ut eos aliquando revocet, revocatos absolvit et reconciliai, non quidem reordinat>>.

(21) Ibid., lib. V, cap. X, coll. 1203 D--1204 A: <<Quem autem aliquando a communione segregai, quod absit ut absque iudicio fiat! Nonnisi manifeste convictum aut publice confessum, medicinaliter tamen damnat, et pia crudelitate sanat, nisi obduratus ille resistat. Quod si obduratus Ecclesiae iudicium spernit, tunc ab Ecclesia nominatus sententiam merito damnationis suscipit, et cum huiusmodi apostolica auctoritate decet nec cibum sumere, [multo magis non orare, nedum in sacramentis agere]. At vero cum deficientibus testibus probari non possunt, de perpetratis criminibus, tolerandi sunt, nec a iudice nisi dato probationis iudicio damnandi sunt>>.

(22) Como se ha dicho anteriormente, dicha carta fue reproducida por Gerhoch de Reichersberg. Respecto a las circunstancias de la carta de Hugo de Amiens y su probable datacion (fines de 1126-1127), veanse las observaciones de H. BOEHMER, MGH Libelli de lite 3, 736, L. 30 sq.; asi como CONGREGACLON DE SAN MAURO, Histoire litteraire de la France, t. XII, Paris 1763, 647 (reproducida tambien en PL 192, coll. 1118-1130). Boehmer hace notar que Gerhoch habria probablemente encontrado esta carta en la biblioteca de la curia romana, pero unicamente en parte y ademas transcrita de forma apresurada e imperfecta. La carta de Hugo de Amiens fue publicada por E. MARTENE--M. DURAND, Thesaurus novus Anecdotorum, t. V, o. c. Este es el texto recogido en PL 192, coll. 1227-1230. Aqui se reproducira, sin embargo, el texto tal como fue transcrito por Gerhoch y publicado por Sackur, por mas que Saltet senale que la edicion de Sackur "deja mucho que desear" (L. Saltet, Les reordinations, o. c., 274, nota 2.) Dicho esto, parece que Sackur pretende editar la carta de Hugo de Amiens tal como fue citada por Gerhoch, y, por tanto, un texto que no corresponde a la version original de la carta. Se integraran las observaciones hechas por Boehmer al final del volumen de los MGH, al mismo tiempo que se conserva el espiritu, que es la integracion de la argumentacion de Hugo de Amiens en la reflexion de Gerhoch, que nos interesa mas que el texto original de la carta.

(23) CONGREGACION DE SAN MAURO, Histoire litteraire de la France, t. XII, o. c., 647 (PL 192, coll. 1124-1125).

(24) HUGO DE AMIENS, Epistola, citada en Gerhoch de Reichersberg, Liber contra duas haereses, o. c., 285, 1. 14-18: <<A patribus traditum legimus et ratum tenemus, quia Spiritus gratiarum non sequitur personam digni aut maligni, sed ordinem traditionis, ut, quamvis aliquis boni meriti sit, non tamen consecrare possit, nisi fuerit ordinatus, ut minister exhibeat officium; Dei vero est tribuere consecrationis seu benedictionis effectum>>.

(25) HUGO DE AMIENS, Epistola, citada en GERHOCH DE REICHERSBERG, Liber contra duas haereses, o. c., 285, 1. 18-27: <<Hoc potius videbatur a dubitante quaerendum, utrum quem semel posuit ecclesia ministram ad agendum aliquod sacramentum, ipsa possit, culpa promerente, aliquem deponere vel excommunicare, ita ut in sacramentas nequeat agere quod ante potuit. Ad haec respondendum fuit, quia vivus est et praepotens sermo Domini, qui clavi ecclesiae, quam sanctificavit, ita dicit: Quodcunque ligaveris super terram, erit ligatum et in caelis. Ex hoc apostolica sedes et ubique terrarum catholici doctores, ut scripta testantur antiqua, praedicare solent, quia tam sacerdotes quam in clericali ordine ministri quilibet tempore depositionis vel excommu nicationis suae gratiam semel acceptam quidem retinent, sed officio carent>>. Se han anadido aqui las correcciones mencionadas por Boehmer al final del mismo volumen, 737, en la medida en que no hacen sino corregir ciertas transcripciones evidentemente defectuosas.

(26) HUGO DE AMIENS, Epistola, citada en GERHOCH DE REICHERSBERG, Liber contra duas haereses, o. c., 285, 1. 29-34: <<Beatus sane papa Innocentius ex apostolicae sedis assensu scripsit, quod quidam Nezelon ab haereticis ordinatus, quia nihil habuit, dare ei nihil potuit cui manus imposuit. Hie equidem, si a ministris, licet indignis, non tamen depositis vel excommunicatis ordinatus fuisset, et ipse quantumcunque indignus, si minister existeret, ex officio ei utique conferret, cui manus rite imponeret>>. Boehmer introduce las correcciones siguientes (737): <<Immo Urbanus II. m epistola ad Petrum Pistoriensem episcopum et Rusticum abbatem Vallis umbrosae anno c. 1088 data, in qua papa Innocentius laudator. (...) Nezelon est Wezilo Moguntinus archiepiscopus, qui Daibertum diaconum consecraverat>>. Boehmer indica como fuente el Panormia, cfr. YVES DE CHARTRES, Panormia, ed. B. Brasington y M. Brett, https://ivo-of-chartres.github.io/ panormia.html liv. III, 81: JL 5383; Bibl. rer. Germ. III, 373. Ademas de las indicaciones de Boehmer, senalemos otras referencias del texto: G. D. MANSI, Saaorum conciliorum nova et amplissima collectio, Akademische Druck--und Verlaganstalt, Graz 1960, vol. 20, 664: PL 151 (294). La decretal es citada tambien por Graciano, C. 1, q. 7, c. 24.

(27) Este ultimo ejemplo mencionado por Hugo de Amiens nos introduce en la vasta problematica conexa de las reordenaciones. Mientras que san Agustin y san Gregorio habian rechazado tales reordenaciones, Graciano dice que dicha interdiccion no concierne mas que a las ordenaciones episcopales y sacerdotales, no a las otras ordenes: cfr. C. 1, q. 7, d.p.c. 23.

(28) HUGO DE AMIENS, Epistola, citada en Gf.RHOCH de Reichersberg, Liber contra duas haereses, o. c., 285, 1. 34-39: <<Aliud est loqui de sacramento, aliud loqui de officio. Officium enim sacerdotale quam multis interdicitur, sed eis sacramentum non aufertur. Inde fit, quod, cum ecclesiae placet, ut aliquando revocet, revocatos absolvit et reconciliat, non quidem reordinat. Aliud est edam dicere de officiali malo quid non bene ministrai, qui tamen, dum minister est, quantumcunque malus, utique ministrat. Aliud est ipsum ab officio deponere, ne ministerium faciat>>.

(29) Ibid., 286, 1. 19-21: <<Quapropter quicunque accedit, ut alios de sacramentis ministrorum edoceat, in docendo discernens ordinationis sacramentum et ordinati officium, dicat, quod sacramentam semel susceptum in susceptore manet, sed susceptoris officium saepius ecclesiae censura, removet>>.

(30) Ibid., 286, 1. 22-23: <<Dicat edam, quod tum vera est potestas, cum ab officio ministrimi deponit, quam, vera est, cum eum in officio rite disponit>>.

(31) Ibid., 285, 1. 39-45: <<An ignoramus, quia sacramenta alia sunt necessaria, alia officialia? Baptismus quippe necessarius est omnibus, sacerdotalis vero seu clericalis quaelibet dignitas ad officium traditur aliquibus. Baprizandi opus nulli interdicitur, nec enim ab opere christiano baptizatus quisquam suspenditar, quin podus, si inde erraverit, multis modis revocatur. Sacerdotale vero officium seu clericale plurimis quam sepe pro culpa reciditur, et ab eo nonnulli crebrius deponuntur>>.

(32) Ibid., 285, 1. 45-47: <<Ilio omnes in Christo vivunt, isto, ecclesia iubente, aliqui serviunt. Illud ecclesiae domum aedificat, istud aedificatam dispensat. Dispensario ista non a quolibet agitar, sed ab officiali ab ecclesia posito ministratur>>.

(33) Ibid., 285, 1. 47-48: <<Quod si per ecclesiam ab officio deponitur, manet ei sacramentam semel inpositum>>.

(34) Ibid., 286, 1. 5-6: <<Sacramenta quippe divina sunt, unde et habenti ea per hominem auferri non possunt. Manent itaque sacramenta, sed culpa exigente sacramentorum sepe tolluntur officia>>.

(35) Ibid., 285, 1. 58-286, 1. 2: <<ergo, sicut in nostro legisti opusculo, manet ad iudicium, non ad officium, sic et christiano cuilibet excommunicato manet baptismi sacramentum non ad remedium, sed ad iudicium, non ad salutem, sed ad damnationem manet>>.

(36) Ibid., 286, 1. 6-11: <<Sciendum quoque, quia longe est aliud, quod christianus per excommunicationem ab ecclesia deponitur, quam quod minister aliquis ab officio removetur, illud assidue gravat, hoc sepe alleviat, illud dampnat, hoc castigat. Minister si indigne agit, utile est, quod deponitur, christiano autem mortiferum est, quod ab ecclesia separatur. Dum enim ab ecclesia scinditur, infidelis utique, immo infideli deterior iudicatur>>.

(37) Ibid., 286, 1. 23-24: <<Doceatque quod scismatiais sit, qui ecclesiae non consentit, de quo auctoritas ita dicit: Quod conficit scismaticus, corpus Christi non est>>. Et alibi: <<Extra catholicam ecclesiam non est veri sacrificii locus>>. La penultima cita esta extraida de la carta de Pelagio I (55S-560) ad Victorem et Pancratium, (Mansi, I, col. 731) que fue igualmente citada por Graciano (C. 24, q. 1, c. 34). La ultima cita proviene del Prosperi Lib. Sententiarum ex Augustino c. 15, que se encuentra igualmente citado por DEUSDEDIT, Libellus contra invasores et symoniacos et reliquos scismaticos, en E. SACKUR (dir.), MGH Libelli de lite 2, Hannover, 1891, 292-365, 325, 1. 3. En este libellus de 1097, Deusdedit se opone a las investiduras laicas y rechaza la validez de los sacramentos administrados por simoniacos o cismaticos.

(38) Cfr. HUGO DE AMIENS, Epistola citada en Gerhoch de Reichersberg, Liber contra duas haereses, o. c., 286, 1. 28-39.

(39) Sobre el contexto de las teorias de Gerhoch, y las circunstancias de la integracion de la carta de Hugo de Amiens, cfr. L. SALTET, Les reordinations, o. c., 279-280.

(40) GERHOCH DE REICHERSBERG, Liber contra duas haereses, o. c., 287, 1. 1-2: <<Sed haereticus vel schisma ti cus ac presbyter depositas, cum non sit minister ecclesiae, dum praesumit ministrare, habens quidem sacramentam, sed non sacramenti officium, speciem corporis Christi habet visibilem, sed essentia, res et effectua longe est ab ilio, quia, ut papa Pelagius dicit: "Non consecrat, sed dissecrat", et sacrilega divisione speciem a sua essentia et re separat: unde reus efficitur corporis et sanguinis Christi, omnino illis consimilis, qui Christum occidendo vitam a vivificato separaverunt>>. Dicho de otro modo, una misa celebrada por un clerigo depuesto contradice intrinsecamente el significado y la realidad del sacramento de la eucaristia. Las especies asi consagradas, pero privadas de la vida, no son mas que el cuerpo muerto de Cristo sepultado en la tierra y no suponen ningun beneficio para los hereticos: cfr. ibid., 287, 1. 8-10.

(41) Asi, Gregorio I, en una decision que Gerhoch no cita sin embargo textualmente, prohibe a un clerigo ordenado de modo ilicito celebrar misa: GERHOCH DE REICHERSBERG, Liber contra duas haereses, o. c., 287, 1. 12-14: <<Hinc sanctus Gregorius in registro suo capite CCXL partis secundae, dampnatum sacerdotem pristini officii usurpatorem perpetua excommunicatione percutit, ita ut vix ei viaticum in fine vite concedat>>. Gerhoch hace aqui mencion de una sancion mas severa que la del texto de Gregorio al que hace referencia, segun las indicaciones de la edicion de Sackur. El texto de san Gregorio identificado como referencia habla solo de prohibicion de celebrar misa: P. EWALD--L. M. HARTMANN (eds.), Gregorii Ipapae Registram epistolarum. Libri I-VII, en MGH Epistolae I, Berlin 1891, 285-286. (Ep. V, 6) donde solamente se dice: <<Ego autem epistolas transmisi, post quam eum ordinatum contra rationem cognovi et contra consuetudinem, ut missarum sollemnia celebrare non praesumeret, nisi prius a serenissimis domnis cognoscerem, quid de eius persona iussissent>>. Gerhoch cita tambien una decision del concilio de Antioquia que privaba de toda esperanza de perdon al clerigo condenado que a pesar de ello celebrara los sacramentos, asi como a todos los que participaran: GERHOCH DE REICHERSBERG, Liber contra duas haereses, o. c., 287, 1. 14-18: <<Hinc sancti patres in Antiocheno concilio capite IIII cuilibet dampnato, si aliquid de sacramentorum ministerio attingeret, omnem spem restitutionis vel locum satisfactionis penitus denegaverunt omnesque ei intra damnationem communicantes sub communicatione dampnaverunt>>. El pasaje del concilio de Antioquia (341) no es citado textualmente, pero la transcripcion permanece fiel, cfr. G. D. MANSI, Sacrorum conciliorum nova et amplissima collectio, o. c., col. 1310.

(42) Gerhoch comparte el razonamiento moral que Graciano mencionaba en C. 1, q. 1, d.p.c. 97: <<Quid ergo prodest, quod vera et sancta sunt, cum usurpatores suos eque perimant, ac si essent mala et noxia?>>.

(43) GERHOCH DE REICHERSBERG, Liber contra duas haereses, o. c., 287, 1. 26-28: <<Porro si quis non ordinatus praesumit sacrificare, quia exorbitat a ritu ecclesiastico, neque speciem sacramenti habere dicendus est, ad cuius utique formam pertinet, ut nonnisi consecratus consecret>>. La situacion precedentemente considerada es, en efecto, aquella de los ministros, dignos o indignos, qui habent officium.

(44) Ibid., 287, 1. 29-34: <<Unde Augustinus in lib. II. contra Donatistas: "Sacramenta, quae schismatici vel haeretici non aliter habent nec aliter agunt, quam vera ecclesia, cum ad nos veniunt, non emendamus, sed approbamus". Colligi sane potest ex opposito non esse approbanda pro sacramentis quae contra ecclesiasticum ritum sive intus sive foris aguntur a non ordinatis personis, quoniam aliter agunt quam vera ecclesia, quae iudicat sacramenta dicenda, nisi quae ab ordinatis fuerint acta, non aliter quam agit ipsa>>. La cita de san Agustin esta tomada del Contra donatistas I, 21.

(45) Cfr. ibid., 287, 1. 35-38.

(46) Ibid., 287, 1. 38-40: <<Nam quae docent indifferentiam, asserendo, quod sacramenta ubicunque sunt, eadem ipsa sunt, respiciunt ad speciem visibilem pari modo intus et extra bonis et malis indifferentem in baptismate, in ordinatione, in missarum celebratione>>.

(47) Ibid., 287, 1. 41-288, 1. 3.

(48) Ibtd., 288, 1. 3-6. La cita se encontraba ya en la carta de Hugo de Amiens, carta de Pelagio I (555-560) ad Victorem et Pancratium, que sera igualmente tomada por Graciano (C. 24, q. 1, c. 34)Mansi, I, col. 731.

(49) Ibid., 288, 1. 6-8: <<Iudicium sibi manducant qui tales existendo celebrant vel talibus scienter communicant in officiis interdictis et ecclesiastico iudicio cassatis ac praedamnatds>>

(50) Ibid., 288, 1. 8-11: <<Ubi vero intus a malis ministris non interdictis missa celebratur, quia species et essentia corporis Christi apud eos est, nihil officii eorum malitia simpliciter communicantibus et rem percipientibus, quibus nunquam salutaris effectus deesse poterit, etiamsi malus minister sit>>.

(51) Es en todo caso la teoria defendida por A. VITALE, Sacramenti e diritto, o. c., 121. El autor conduce de hecho su argumentacion en la optica de una revalorizacion del concepto de oficio como punto de imputacion unitaria de los poderes sacramentales. Ello explica por que es particularmente sensible a los autores que han podido, en un momento o en otro, y por razones muy diferentes, desarrollar puntos de vista que no ligaban directamente los sacramentos a la potestas ordinis.
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Author:Sol, Thierry
Publication:Ius Canonicum
Article Type:Ensayo critico
Date:Dec 1, 2018
Words:10771
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