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Un quiebre en el campo: Apuntes epistemologicos y etico-metodologicos para el abordaje etnografico en contextos de violencia(s).

A crack in the field: epistemological and ethical-methodological notes on ethnography in contexts of violence

Uma ruptura no campo: notas epistemologicas e etico-metodologicas para a abordagem etnografica em contextos de violencia

Introduccion

El presente trabajo repara en las condiciones de produccion y reproduccion del conocimiento cientifico en contextos etnograficos atravesados por la violencia y la ilegalidad. Mas concretamente, nos interesa presentar algunas reflexiones epistemologicas y eticometodologicas propias de una practica etnografica, siempre intersubjetiva, en contextos de violencia e ilegalidad vinculados al futbol. El disparador inicial de nuestro escrito sera un incidente de campo ocurrido durante mi investigacion: la fractura del metatarso de mi pie izquierdo producto de un "bastonazo" de la policia de Santa Fe tras un partido de futbol disputado entre Colon de Santa Fe y Belgrano de Cordoba el 18 de agosto del 2012. (1)

El articulo busca socializar una experiencia de campo personal en clave analitica. Se trata de aportar datos y analisis sobre las practicas, representaciones y afectos que dan lugar a la(s) violencia(s) de la hinchada (2) del Club Atletico Belgrano de Cordoba; al mismo tiempo que indagamos multidimensionalmente en el oficio etnografico en contextos de violencia e ilegalidad. Aqui no pretendemos esbozar un bosquejo autoetnografico ni pecar de excesiva autorreferencialidad. Buscamos socializar una experiencia de campo biografica para intentar recuperar una propuesta epistemologica en la que toda la sensibilidad corporal del investigador--mirada, olfato, intuicion, emocionalidad, juicio y afecto--opera como herramienta insustituible en la produccion de conocimiento--tal como lo expusieron los trabajos de Favret--Saada (2005), Wacquant (2006), Quiros (2014)--, y en la que la practica de la reflexividad emerge como proceso constitutivo y permanente del quehacer cientifico (Guber, 2011).

El texto se estructura en tres apartados: en el primero, narraremos la cronica del antes, el durante y el despues del "incidente", tratando de retratar una "descripcion densa" (Geertz, 2006: 21) de lo sucedido. En el segundo, volcaremos algunas reflexiones teorico-metodologicas sobre la(s) violencia(s) registradas y analizadas. Pensaremos en la influencia que tienen estas en los mecanismos de membresia que configuran a la hinchada y en la naturaleza de mi estatus en el campo "posincidente". En el tercer apartado expondremos algunos dilemas etico-metodologicos que se desprenden de nuestro oficio etnografico en general y de las condiciones especificas de nuestros campos atravesados por violencias e ilegalidades en particular. A modo de cierre, repararemos en la importancia y utilidad de trabajos academicos de esta naturaleza.

1. Tiempos violentos

Es viernes. Agosto de 2012 cuenta 17 dias. El partido entre Colon de Santa Fe y Belgrano de Cordoba, por la tercera fecha del Torneo Inicial Capitana Evita, esta programado para las 21 horas en el estadio de Colon. En la previa del encuentro se mediatiza una polemica. La policia santafesina pide que el horario del cotejo se adelante por considerarlo un encuentro de "alto riesgo". La historica enemistad entre las dos hinchadas es el trasfondo. Finalmente, por presiones de la television, la peticion policial es desoida y el horario se mantiene.

La hinchada de Belgrano, como en todas las previas antes de los viajes, se reune en el territorio que mayor densidad simbolica tiene segun su propio universo moral: el estadio del club ubicado en el barrio de Alberdi. Hacia alli me dirijo para viajar una vez mas con ellos. Bromas, rock, cuarteto, bebidas y humo es el paisaje que me recibe. Es mediodia. Aproximadamente 120 personas, todos hombres jovenes y adultos, esperamos para subir a los omnibus. En Cordoba habia llovido toda la noche y en Santa Fe no habia sido diferente; la suspension del partido es una opcion.

Beto (3) es alto y energico, una vitalidad que disfraza a la perfeccion sus casi 60 anos. El representa la maxima autoridad de la hinchada, la cima de una piramide vertical y jerarquica. Haciendo uso de su poder, nos junta a todos antes de salir y dirige la voz a miradas tan atentas como mudas:

acabo de hablar con el jefe del operativo y dice que en santa Fe esta lloviendo una banda y no saben si va a parar, la cancha tiene buen drenaje pero el partido esta en duda, yo voy a salir, el que quiere venir que venga, pero sepa que yo a los choferes les tengo que pagar, si el partido se suspende la plata se pierde, de ultima, vemos si nos vamos a un campo y comemos un asado, ?Que quieren que hagamos? ?Vamos? (Beto. Registro del trabajo de campo. 17 de agosto de 2012).

La respuesta afirmativa es unanime. En el viaje, los rumores sobre la suspension del partido circulan como el vino. Varios hacen alarde de sus contactos para tener primicias sobre el tema. Esto ultimo es bastante comun, ya que muchas veces, en la hinchada, la acumulacion de prestigio y reconocimiento interno no solo pasa por las competencias fisicas para el enfrentamiento violento, sino tambien por la capacidad individual de tejer redes de reciprocidades con alteridades que, por motivos afectivos o instrumentales, se vuelven interlocutores legitimos para los miembros de la hinchada (Garriga Zucal, 2007). Saber pelear es un recurso cotizado, tener los telefonos correctos tambien.

Despues de casi cinco horas de viaje y a menos de 50 kilometros de Santa Fe, llega la noticia final: el partido se suspende y se reprograma para el dia siguiente a las 18:10. Nadie parece molesto, hay una permanente arenga de que al otro dia tenemos que ir igual. Beto sube al bondi y explica que "el partido se suspendio y se juega manana, arregle con los choferes que nos cobren 3000 pesos, sera 50 mas cada uno ... manana hay que venir, hay que venir como sea". Nuevamente, arenga y respuesta al unisono. Por segunda vez, se observa que "la voz" de Beto refleja en "Los Piratas" un tipo de dominacion altamente legitimado ya que, en terminos weberianos, encuentra altas probabilidades de obediencia para sus mandatos especificos (Weber, 1994).

El partido se reprograma para el sabado 18 de agosto a las 18:10 en la cancha de Colon. Salimos, como siempre, de la cancha de Belgrano. "Los Piratas" llenan tres bondis, lo mismo que el dia anterior. Durante el viaje, llegan rumores de incidentes que se suceden con otros hinchas de Belgrano--no miembros de la hinchada--cuando llegan a Santa Fe: robos, represion policial, destrozos de autos y piedrazos. Las distintas versiones coinciden en que la policia libero las zonas aledanas al estadio e hinchas de Colon emboscaron a simpatizantes de Belgrano. Estos dichos, lejos de amedrentar a los miembros de la hinchada, o se los toman sin asombro y con naturalidad, casi con indiferencia, o despiertan cierta exaltacion. A veinte minutos de la cancha de Colon, se juntan todos los colectivos de la barra que, sumando los de las otras facciones (4) (Cabrera, 2014) llegan a siete. La policia nos espera, nos demora y nos requisan individualmente, y despues al colectivo; no encuentran nada que nos comprometa.

Llegamos a la cancha de Colon con el partido empezado. Eso no preocupa a la primera linea de la barra, que esta mas atenta a que ningun miembro ingrese solo y aislado; todos juntos gritan enfaticamente. En los 200 metros que transitamos desde los colectivos hasta el ingreso al estadio, caminamos por las calles del barrio Fonavi de Santa Fe, una barriada inundada de monoblocks de tres pisos desde los cuales nos reciben con proyectiles y buena punteria. Los de la primera linea encabezan la marcha; Beto, al frente del frente, exige que nadie devuelva la agresion. Juan, un pibe de la barra, no se contiene y devuelve una piedra. Beto lo mira fijo y le dice que "no sea pelotudo". Cinco segundos despues, Tato responde con una botella al aire. Beto, nervioso y tenso, lo insulta y lo empuja, asi se maneja a un barra, con la fuerza del argumento o con el argumento de la fuerza. El fondo de la escena es la musica de la hinchada que a paso firme canta:
TABLA 1: Canciones de la hinchada de Belgrano

A                        B                 C                 D

Hola Colon, que    Vamos, vamos,    Oh, oh, oh, oh,     Esta es la
tal/como te va/     vamos, los      el que no salta   primera barra/
Es el pirata        piratas/La       es de Colon/      Se la aguanta
que te viene a      banda esta      Oh, oh, oh, oh,    de verdad/Si
visitar/           alentando/Con    el que no salta      les queda
Aguante no         vos en todas      es de Colon/      alguna duda/
tenes, ya lo       las canchas/     Hay que alentar   Que nos vengan
sabes/Vos sos      Solo te pido        hasta la          a buscar.
la hinchada mas     que vaya al     muerte/Porque a
puta de Santa       frente/Que      Belgrano yo lo
Fe.                 juegue a lo      quiero porque
                  Belgrano/Se lo      fue mi amor
                  pide la gente/      primero lo
                  No se compara,      llevo en el
                    esta es la        corazon/No
                     gloriosa        somos como el
                  primera barra/     cervecero que
                   Es diferente,    anda siempre en
                    vayas donde      patrullero de
                   vayas estara       la mano del
                     presente.         matador.


1.1. El aguante en accion

Si partimos de una concepcion restringida de la violencia (Garriga Zucal y Noel, 2010), en tanto "recurso" (Riches, 1988) que implica "el empleo de fuerza fisica directa y vigorosa con la intencion de causar dano" (Ferrater Mora y Cohn, 1981: 193-194), podemos afirmar, sin titubeos, que durante toda la jornada la violencia es ubicua, generalizada y sistematica. Sin comenzar el partido, desde la tribuna platea y los edificios que rodean el estadio, nos arrojan piedras y baldosas. Cuento, al menos, siete heridos. Ya con la pelota rodando, siguen cayendo proyectiles, pero el partido continua con naturalidad. La mayoria de los hinchas de Belgrano intercala la atencion entre el cesped y el cielo, la pelota y las piedras. Los cantos no se detienen nunca. La fiesta y el aliento como prueba incontrastable del aguante. Cuando promedia la mitad del segundo tiempo, un hincha de Belgrano invade la platea de Colon con el objetivo--sin exito--de robar un trapo, es decir, una bandera del equipo rival. Ya varios autores han demostrado el valor simbolico de las banderas que nativamente son consideradas trofeos vinculados al honor, la reputacion y el aguante de una hinchada, asi tambien han dado cuenta de las posibles consecuencias que se desprenden de dicha transgresion normativa (Moreira 2005; Garriga Zucal, 2007; Gil, 2007).

Minutos despues de aquel episodio, parte de la hinchada de Colon abandona abruptamente su popular y se dirige al sector de la platea que colinda con nuestra tribuna. Ahora plateistas y parte de la barra de Colon nos arrojan proyectiles con mayor intensidad. Inmediatamente, "Los Piratas" responden. Es un intercambio sistematico y generalizado. De golpe, sin ningun preaviso, se abre el porton de rejas que divide ambas tribunas e irrumpe la policia a la nuestra, a punta de bastones y balas de goma que buscan blancos de forma indiscriminada. Gran parte de los espectadores de Belgrano abandonan la tribuna; la hinchada no: se para. Se desata un enfrentamiento en la popular visitante entre la hinchada de Belgrano y la policia que lleva a que el arbitro suspenda momentaneamente el partido. Algunos miembros de la barra comienzan a romper el alambrado y a reclamar ante los jugadores y algunos medios de comunicacion su bronca e indignacion por lo que es el trato de la policia. Algunos jugadores se acercan a la tribuna y preguntan por sus familias. Los bomberos intentan frustradamente neutralizar a los hinchas de Belgrano con mangueras de agua de alta presion. En el campo de juego, los jugadores de Belgrano se pelean con jugadores de Colon y con los bomberos. Simultaneamente, en la platea de Colon, otros simpatizantes del club local agreden a periodistas cordobeses al mismo tiempo que les roban parte de sus equipos tecnicos.

Calmadas un poco las aguas dentro del campo de juego, el partido se reanuda mientras en la tribuna la violencia no solo continua, sino que se agrava. Es que la policia decide avanzar en bloque corriendo hacia nosotros, lo que genera una evacuacion rapida y masiva de la tribuna. Este movimiento produce una especie de estampida humana, ya que la policia nos corre, primero por el ingreso/egreso de la tribuna--que no tenia mas de tres o cuatro metros de ancho--y posteriormente, por las adyacencias del estadio, donde hay armado un pasillo de iguales proporciones. Fuera del predio de la cancha se desata una caceria en la que literalmente nos van corriendo a palazos y balas de goma; ademas, desde los monoblocks, siguen arrojando proyectiles.

La situacion, definitivamente, invita a la desesperacion. En ese escenario, corro hacia los colectivos de la barra cuando, delante de mi, cae un hincha de Belgrano bastante corpulento, lo que ocasiona que yo tropiece con el. Trastabillo y caigo boca arriba, pues iba mirando de reojo a un policia que estaba empecinado en mi persona. Quedo tendido, de espaldas al piso y con las piernas al aire. Mi persecutor avizora la posibilidad y me pega un "bastonazo" en la pierna izquierda, entre la planta del pie y el empeine. Instantaneamente, siento la lesion del hueso e intento levantarme. No puedo pisar. El policia me grita y me sigue amenazando con el baston, me ordena que corra, yo vuelvo a intentar, pero el dolor lo impide. El momento es traumatico: "Movete, la concha de tu madre", me grita el policia mientras balancea un baston ya conocido por mi; desde los monoblocks siguen arrojando quien sabe ya cuantas cosas; y yo, inmovilizado por un pie tan dolorido como hinchado. Cuando todo parece perdido, aparece un hincha de Belgrano que observa, se acerca, me auxilia y me lleva en alzas hasta el colectivo.

El pie esta inflamando y duele. Es imposible solicitar asistencia medica en ese momento. Salir de la cancha es la urgencia. Salimos. Ya en la ruta, como a 100 km de Santa Fe, nos atiende una ambulancia a todos los heridos de los colectivos. Entre lastimados por bala de goma, piedrazos y palazos, somos aproximadamente diez. La doctora mira el pie y sentencia rapidamente: "fractura o fisura". Al volver al colectivo, veo que Beto sube y pregunta "?Donde esta el chico golpeado del pie?" (el no sabe mi nombre). Me encara y me dice "?Como estas? Cuando llegues a Cordoba, anda al medico, pedi factura y ticket, la barra se hace cargo de todos los costos de tu tratamiento".

Durante el viaje de vuelta, todos cuentan su experiencia personal de combate, sobre todo los que tenian marcas o testigos sobre los cuales apoyar su testimonio. La experiencia violenta que se puede capitalizar al interior de la hinchada, es decir, aquella que deja de ser chamuyo y se transforma en aguante, es la que puede ser corroborada empiricamente. En este sentido, las marcas o cicatrices y tambien los testimonios de terceros operan como pruebas materiales de una efectiva participacion en los combates.

En el colectivo, todos los miembros de la hinchada narran sus experiencias personales, es recursivo en cada relato escuchar que se habian parado, que no corrieron, que la ganaron y que se la aguantaban. Entre "Los Piratas", prima una interpretacion generalizada de lo ocurrido: hay una valoracion positiva, ya que la hinchada demostro que se la aguantaba. Al mismo tiempo, en los mismos testimonios hay una descalificacion y degradacion moral de la policia santafesina y de la hinchada de Colon. Las nociones nativas de cagones, putos, pisa cocos, vigilantes y cachivaches son recurrentes para describir a los contrincantes. Estas alteridades son definidas por oposicion y carencia en relacion con como "Los Piratas" se autorrepresentan. Se construye una dicotomia simbolica e identitaria fundamentada en la experiencia practica-corporal de la violencia, en la que la nocion nativa de aguante opera como eje articulador de un nosotros con aguante-ellos sin aguante.

La repercusion del enfrentamiento en general y de mi caso en particular es tan grande como sorpresiva. El saldo del "incidente" es la fractura del metatarso primero, lo cual deriva en una cirugia y la colocacion de tres dispositivos de fijacion ("clavos") de titanio. Pie enyesado y cerca de dos meses de reposo y rehabilitacion. En las redes sociales, se viralizan unas fotos mias enyesado y me llaman de algunos medios de comunicacion. Yo trato de mantener un perfil bajo, pues sabia que podia entorpecer la relacion con mis interlocutores, pues los miembros de la hinchada son muy reticentes a la prensa. Por las mismas redes sociales se solidarizan hinchas comunes de Belgrano, pero tambien varios integrantes de la barra. Pero lo mas sorprendente es que a los dos dias de lo sucedido me llama por telefono Beto, con quien nunca habia interactuado "mano a mano". Me saluda por mi nombre (por primera vez me reconoce), pregunta como estoy y que necesito; ofrece venir a mi casa y mandar gente al hospital cuando me operen, yo solo agradezco. Despues de esas breves palabras, se despide diciendome "cualquier cosa que necesites, avisame y te esperamos en la cancha" (Beto. Registro del trabajo de campo. 19 de agosto de 2012).

El 21 de septiembre del mismo ano vuelvo en silla de ruedas para el partido de Belgrano vs. Godoy Cruz de Mendoza. La policia me prohibe el ingreso a la tribuna popular por estar en esa condicion; me dicen que vaya a la platea. Llamo a Beto y le explico. A los pocos minutos, llega hacia mi, me saluda euforicamente, me pregunta como estoy y pone a andar la silla de ruedas. Sin prisa, se abre paso entre los policias que, sin objeciones, nos dejan ingresar a la popular. Una vez adentro, varios miembros de "Los Piratas" que antes me ofrecian su indiferencia, ahora me saludan enfaticamente. Sergio, uno de los referentes historicos de la hinchada, despues de simular que mi silla de ruedas es un auto de carreras, me lleva hacia el alambrado que separa una tribuna siempre celeste de un cesped a veces verde, y me dice: "quedate tranquilo, que aca nosotros te cuidamos". (Sergio. Registro del trabajo de campo. 21 de septiembre de)

2. Violencia, membresia y reflexividad

Tarde varias semanas en traducir aquellos turbulentos episodios en datos de analisis. Lo experimentado no solo hablaba de mi estatus como investigador; lo hacia tambien sobre el fenomeno de la violencia y el futbol, sobre la practica cientifica en si y sobre la relacion con mis interlocutores y el campo. En este apartado, uniremos experiencia vivida, rigurosidad analitica y reflexividad epistemologica. Someteremos algunas premisas que imperan en el campo de "la violencia en el futbol" al rigor de los datos empiricos aportados por mi "incidente".

2.1. La ubicuidad de la violencia

Hablar de "violencia" siempre es problematico. Nuestro punto de partida es afirmar que la tarea del investigador social es estudiar que se define como violencia en un tiempo y espacio determinados, aseveracion que se sustenta en la sapiencia de que toda definicion de un acto como violento es siempre una disputa, un debate. Ningun actor social acepta ser definido como violento--dada la ilegitimidad de ese rotulo--y, en consecuencia, la clasificacion de sujetos y acciones como violentas desnuda un campo de lucha por la significacion y por la imputacion de un estigma (Garriga Zucal y Noel, 2010).

La potencialidad analitica del concepto de violencia esta en permitir a los investigadores analizar las disputas por las representaciones de las practicas, en indagar que se define como violencia en un escenario social determinado. Por ello, en este texto nos preguntaremos, una y otra vez, que se define como violencia en el ambito del futbol y quienes son definidos como violentos y quienes no.

La cronica nos aporta importantes datos para impugnar las explicaciones hegemonicas en torno a la "violencia en el futbol" enarboladas por los emprendedores morales del campo. Dichas lecturas se construyen sobre dos supuestos fundamentales: la violencia seria monopolio de grupos "barbaros", "salvajes" y "primitivos" denominados "barras bravas"; y el movil de dichas practicas seria la busqueda de reditos economicos por los grupos en cuestion; en pocas palabras, "se pelean por negocios". Ambas premisas se desploman a la luz de la experiencia narrada anteriormente. Los sucesos expuestos muestran el caracter cotidiano, sistematico, generalizado y ubicuo de la(s) violencia(s) --limitandonos en este caso solo a las agresiones fisicas--en las que todos los actores del espectaculo futbolistico son sus productores y reproductores.

Sin embargo, aunque todos los actores futbolisticos protagonicen episodios violentos, no todos ellos representan y valorizan a las practicas violentas de la misma manera. Para la hinchada de Belgrano--y para tantas otras, segun estudios similares (Moreira, 2005; Gil, 2007; Garriga Zucal, 2007)--, las practicas violentas--asociadas nativamente con la nocion de aguante--estan positivizadas axiologicamente y operan como un recurso legitimo a la hora de construir identidades en distintos planos. Esto demuestra que la(s) violencia(s) que protagonizan los miembros de la hinchada de Belgrano no puede(n) reducirse a una logica de racionalidad economico-mercantil tal como lo plantea la explicacion hegemonica objetada anteriormente. Si recuperamos las practicas y representaciones puestas en juego por los miembros de la hinchada durante los episodios registrados, podremos reintroducir la dimension simbolica que la(s) violencia(s) condensan para nuestro referente empirico, dimension sin la cual no entenderiamos porque esas practicas se tornan legitimas para sus artifices. Para ello resulta imprescindible desmenuzar la pluralidad semantica y registrar la recursividad en el uso de la nocion de aguante entre nuestros nativos.

En un primer sentido, podemos ver que los enfrentamientos fisicos fueron valorados positivamente por varios de los miembros de la hinchada porque para ellos demostraron aguante en varias oportunidades y por distintas razones: cuando decidieron viajar en cantidad al otro dia, a pesar de la suspension del partido, y a una cancha donde era facil predecir un desenvolvimiento violento por los antecedentes historicos. Aqui, el aguante se expresa como fidelidad al equipo frente a condiciones adversas, pero tambien como predisposicion--o, al menos, una no reticencia--al enfrentamiento violento. Tambien porque la hinchada enfrento cuerpo a cuerpo a dos alteridades bien categorizadas en el ranking imaginario del aguante (Alabarces, 2004)--como lo son la hinchada de Colon y la policia santafesina--y, como plusvalor, esto se dio en condicion de visitante, es decir, en una provincia lejana y ajena, en un estadio "peligroso" y bajo una significativa inferioridad numerica. Y como ultimo punto, cabe mencionar que, para "Los Piratas", el saldo de la bronca fue positivo, ya que no dejo danos o perdidas relevantes debido a que no hubo que lamentar ni victimas fatales ni robos de trapos o de bombos. Aqui, el aguante significa competencias e idoneidad para los enfrentamientos fisicos. En resumen, desde su "concepcion del mundo", la hinchada de Belgrano demostro aguante--este es un recurso que necesita comunicarse, exhibirse y exponerse, ya que no se trata de "una cosa" sino de una relacion social--que se tradujo en un aumento, tanto para el adentro como para el afuera, del prestigio, el respeto, el honor y la reputacion de "Los Piratas". Lejos de capitalizaciones monetarias, a la violencia le subyacian botines simbolicos. (5)

Pero el aguante demostrado en Colon tambien podia ser pensado en otro sentido: ?sirvio como un nuevo rito de institucion (Bourdieu, 2010) que delimito membresia y reconfigure subjetividades? En mi caso, hubo un viraje sobre mi estatus en la hinchada. Un quiebre. Para mis informantes, yo no era el mismo, para mi tampoco. Se trastocaron los vinculos entre mi persona, en tanto sujeto-investigador, el campo y los interlocutores, pero ?hasta donde? ?De que manera? La reflexividad (Guber, 2011) resultaba tan imperiosa como necesaria.

2.2. El quiebre en el campo

Mi "incidente" fue un quiebre en el campo, metaforica y literalmente. Se modifico mi estatus entre los integrantes de la hinchada, como tambien mi propia subjetividad. Antes del episodio, mi presencia en el campo para los nativos era "irrelevantemente familiar" (Guber, 2011: 113), ya que yo asistia sistematicamente a la cancha en calidad de hincha de Belgrano desde temprana edad y esporadicamente frecuentaba con la hinchada, en otras palabras, era una "cara" familiar, sin llegar a ser miembro de la hinchada. Despues del incidente, y fundamentalmente durante las semanas subsiguientes, cobre cierto protagonismo entre algunos de los miembros que hasta el momento se me presentaba inedito. Ahora algunos me reconocian, me saludaban, me llamaban, me invitaban a tocar el bombo, me incentivaban a viajar, me vendian ropa propia de la barra y, si bien no eran todos los miembros de la hinchada, ya que para gran parte de ellos seguia siendo un sujeto desconocido, este nuevo reconocimiento estaba dado por muchos barras que antes me ignoraban.

Siguiendo los antecedentes etnograficos en la materia, las conclusiones parciales que arrojaba mi investigacion y la experiencia personal inmediata, empezaba a cobrar vigor un interrogante crucial en mi: lo ocurrido en Santa Fe, ?podia tratarse de un ritual de institucion en la medida en que instituia una "diferencia duradera" (Bourdieu, 1993) que permitia consagrar mi pertenencia a la hinchada como un miembro mas? Durante algun tiempo crei que si. Que el ser reconocido como aguantador a la luz de una experiencia violenta era condicion exclusiva para la membresia. Sin embargo, posteriormente segui--y sigo--encontrando barreras identitarias que me obligan a reflexionar en dos direcciones entrelazadas: los mecanismos de aceptacion de membresia en "Los Piratas" y mi verdadero estatus en el trabajo de campo.

Si bien gracias a las repercusiones del incidente puedo acceder y participar a rituales antes hermeticos para mi y tambien cuento con el reconocimiento de miembros importantes de la hinchada, otras practicas y espacios afirmativos de membresia se me siguen presentando de dificil acceso: reuniones periodicas, actividades socializadoras ajenas a los partidos, interacciones "cerradas" en redes sociales, la posesion gratuita de bienes identificados con la hinchada (carnets y ropa del club o especifica de la hinchada), entre otros.

Ahora bien, estas fronteras de pertenencia no son solo construidas unilateralmente por los miembros de la hinchada hacia mi persona: yo tambien me encargue de trazarlas. Nunca fue ni es mi intencion ser identificado por "Los Piratas" como un miembro mas. Dicha decision responde tanto a cuestiones eticas como de "sentido practico etnografico" (Auyero y Grimson, 1997). Ademas, pretenderse "un par" implica asumir una ficcion epistemologica que diluye las asimetrias e intereses estructurales de la relacion investigador-informantes, aunque las logicas diferenciales de poder no siempre favorezcan al mismo polo, ya que el "favorecido" siempre depende de cada contexto y situacion.

Lo que estoy tratando de afirmar, a partir de mi experiencia de campo, es que la participacion efectiva y reconocida en un enfrentamiento violento--que incluso posteriormente es capitalizado exitosamente como demostracion de aguante por la barra--es una condicion necesaria para afirmarse como miembro de "Los Piratas", pero no es suficiente. La pertenencia esta contenida en la violencia, pero la excede. Ademas de ella (la violencia), es imprescindible participar activamente en otras instancias y practicas que tambien delimitan pertenencia. En resumen, podemos pensar que existen, al menos, dos vias diferentes pero complementarias para convertirse en un miembro efectivo de "Los Piratas": una, vinculada al tener aguante; y otra, referida al estar en la barra. En el primer caso, se trata de responder satisfactoriamente frente a aquellas "pruebas" en las que grupalmente se demandan ciertas exposiciones corporales de competencia e idoneidad para los enfrentamientos violentos. Durante mi trabajo de campo hubo varios momentos de estos, pero no fueron ni cotidianos ni sistematicos, mas bien, fueron excepcionales; y sin duda, el episodio con Colon fue un caso extremo. Por el otro lado, tenemos espacios, interacciones y rituales socializadores mas frecuentes y cotidianos que no pueden ser reducibles a la violencia. En estos casos, se trata de estar demostrando cierto compromiso, responsabilidad, solidaridad y perseverancia con las actividades de la barra. Es un estar que es al mismo tiempo relacional--se esta con otros--y pragmatico--se estan haciendo cosas--. Tal como Julieta Quiros (2011) describe para un movimiento piquetero del gran Buenos Aires, en la barra, hacer es merecer y pertenecer. Es una pertenencia que se construye procesualmente a partir de la demostracion de una heterogeneidad de recursos que exceden a la violencia, que tienen lugar en escenarios no reducibles a la cancha y en temporalidades por fuera de los dias de partido.

Es esta segunda via la que le da espesor a la hinchada en tanto organizacion o familia, (6) dos nociones nativas con disimiles sentidos pero que aparecieron regularmente en el campo como marcas diacriticas autorreferenciales y que muestran a la hinchada en tanto figuracion, esto es, una trama de relaciones y experiencias interconectadas que la tornan en algo mucho mas complejo que un grupo de personas que se organizan para "pelear" o "ganar dinero". El enfasis en esta nueva dimension nos obliga a descentrar la violencia como la unica via que permitiria construir sentidos de pertenencia. Creemos que esta operacion puede quebrar una especie de "congelamiento metonimico" (Appadurai, 1988) que parece predominar en el campo, donde la omnipresencia de la nocion de "aguante" parece eclipsar otras cuestiones igualmente relevantes para el estudio de las barras argentinas.

Dentro de estos rituales que implican experiencias compartidas no necesariamente violentas--que se traducen en lazos, universos morales y adscripciones identitarias que configuran una pertenencia en comun--podemos citar, como ejemplos, salir juntos por la noche, compartir asados o jugar al futbol semanalmente; estar presente en los cumpleanos, bautismos o velorios; pintar banderas o arreglar bombos; promover ayudas economicas ante situaciones laborales o judiciales adversas; coordinar vacaciones juntos; o simplemente asistir de manera sistematica a las reuniones semanales que la barra realiza. En todas estas practicas, las redes solidarias, los sistemas de lealtad y el "acto de presencia" cumplen un rol preponderante.

Entonces, podemos afirmar que ambas vias de pertenencia tienen como elemento coincidente la centralidad de la corporalidad de los sujetos: en los dos casos, la idea de poner el cuerpo es insustituible; estar con la barra es estar en presencia fisica-corporal con el resto de los miembros. Sin embargo, en los dos mecanismos existen criterios morales y temporalidades disimiles entre si: mientras que la primera es menos frecuente, la segunda presenta una cotidianeidad que se evalua dia a dia, semana a semana, partido tras partido.

La convivencia de ambas logicas hace que la membresia a la hinchada muchas veces no este determinada por un episodio de inflexion como los "ritos de iniciacion", sino que responda a una logica mas procesual, cotidiana y sistematica en que la violencia ocupa un rol importante pero no determinante. Donde no solo se trata de demostrar aguante, sino tambien un rol activo en la organizacion de la hinchada estando en sus practicas y redes. De lo anteriormente dicho se desprende mi imposibilidad de ser hoy reconocido y autopercibido como miembro de la hinchada, ya que, si bien cumpli con las expectativas y prescripciones en lo referido a la primera logica, no lo hice en relacion con la segunda.

Ahora bien, ?que consecuencias practicas tiene en nuestro oficio etnografico reparar en como nos autorrepresentamos y somos representados por nuestros nativos? La autopercepcion de nuestra situacion en el campo y la forma en la que somos identificados por nuestros nativos van a condicionar la naturaleza del dialogo intersubjetivo que caracteriza a todo enfoque etnografico y a la misma produccion de datos empiricos (Auyero y Grimson, 1997). Entonces, una representacion confusa sobre mi lugar y mi rol en el campo probablemente deriven en un dialogo etnografico ambiguo y hasta problematico. Estoy convencido de la necesidad y fertilidad de un involucramiento cientifico de "carne, nervio y sentido" (Wacquant, 2006: 15), y mas en los casos en que se trata de recuperar los sentidos de practicas y actores vinculados a la violencia o la transgresion, ya que generalmente estan mutilados en su racionalidad por discursos estigmatizantes y exotizantes. Pero alli donde existe la necesidad tambien reina el peligro. Aunque Rodgers (2004) ya nos previno del fuerte caracter seductor de la violencia, parece haber subestimado el de los "violentos". La tentacion a percibirse "como uno" o como "parte" de estos colectivos esta presente, y mas cuando a uno lo unen pasiones o gustos en comun, experiencias emocionalmente intensas o reciprocidades de tipo material o afectiva. Sin embargo, la reflexividad debe imponerse, no solo por los vericuetos eticos de blanquear nuestra situacion, responder a quienes nos financian o sobrevivir a nuestra propia moral, sino porque, ademas, la calidad academica de nuestros esfuerzos esta supeditada a ello.

3. Algunos dilemas etico-metodologicos en contextos etnograficos de violencia

Siguiendo a Noel (2011), podemos decir que nuestro trabajo etnografico sobre las practicas y representaciones violentas en la hinchada supone una multiplicidad de dilemas etico--metodologicos que responden a tres condiciones estructurales de nuestra practica cientifica: la propia naturaleza del investigador en general y el oficio etnografico en particular, el agravante de estar inmiscuido en un contexto de violencia e ilegalidad y nuestro propio caracter de actores morales (Noel, 2011: 127). En este pequeno apartado volcaremos temores, afectos, interrogantes, reflexiones, decisiones, consecuencias y alguna que otra premisa que se desprenden de la subjetividad, el cuerpo y la moralidad del investigador puesta en accion en contextos violentos.

3.1. Emocionalidady seguridad en el oficio etnografico

?Hasta donde y de que manera conviene involucrarse en contextos etnograficos atravesados por violencias e ilegalidades? Sin duda, estamos frente a un dilema eticometodologico de facil formulacion, pero de muy dificil respuesta. Lo primero a tener en cuenta es que, en estos casos, el cuerpo del investigador, en toda su dimension "moral y sensual", representa un recurso insustituible en tanto "herramienta de investigacion y vector de conocimiento" (Wacquant, 2006: 19). Esto nos lleva a dos dimensiones ineludibles e indisolubles dada la naturaleza de nuestros campos de accion: la integridad fisica del investigador y su emocionalidad.

El "estar alli" en nuestros casos involucra riesgos que muchas veces pueden tener desenlaces no deseados. La mera presencia--real o imaginada--de peligros latentes coloca la emocionalidad del investigador en un estado de alerta permanente. Resulta vital, entonces, indagar en las emociones y los sentimientos que afectan al antropologo, pues generalmente permanecen eclipsados en tanto causas fundamentales de nuestras decisiones de campo o textualidad. Como sostiene Quiros, debemos avanzar en "estrategias y politicas textuales que sean fieles al caracter vivido de nuestros medios y metodos de conocimiento" (Quiros, 2014: 58). En aquella linea, aqui proponemos profundizar en un conjunto de emociones y afectos que operaron en la secuencia de decisiones personales que derivaron en mi infortunado "incidente de campo".

Trabajos como el de Buford (1991), Gulianotti (1995) y Garriga Zucal (2012) han reflexionado sobre el miedo en tanto emocion recursiva en el trabajo de campo con hinchas organizados de futbol. Sus temores recaian principalmente en la posibilidad de ver afectada su integridad fisica. Sin duda, mi caso es similar, pero no se puede decir que siempre fue igual. Al comienzo de mi trabajo de campo, mi temor principal estaba depositado en mis interlocutores. Me amedrentaban terriblemente las reacciones que podian despertar mis intenciones cientificas. Suponiendo una especie de codigo omerta presentia que mi fisgoneo e intromision sistematicos estaban condenados a una respuesta violenta; sin embargo, eso, hasta el momento, nunca sucedio. No estoy exento de confusiones, malentendidos, desconfianzas y hasta enojos en mi haber de campo, pero nunca estuve proximo a un desenvolvimiento violento por esos motivos.

A medida que avanzaba en mi trabajo de campo ese temor inicial empezo a disiparse. El vinculo con mis interlocutores se esclarecia, menos por un perfeccionamiento en las explicaciones del porque estaba ahi, y mas--tal como acontecio con Foot Whyte (1971) en Cornerville--porque mi aceptacion crecia al mismo tiempo que afianzaba las relaciones personales con los miembros de la barra. Incluso tambien disminuian mis miedos frente a las alteridades violentas de "Los Piratas", principalmente las mas amenazantes cuando uno viaja de visitante, es decir, la hinchada local y la policia. Esta incipiente seguridad posiblemente estaba dada por una progresiva naturalizacion del riesgo y una sensacion de proteccion encontrada en los miembros de "Los Piratas" con los cuales cada vez tenia mas confianza. Se llego a un punto en el que practicamente el temor por mi integridad fisica habia desaparecido, lo que me motivo a embarcarme en viajes de alto riesgo como lo fue el de Colon de Santa Fe y tantos otros mas. Ciertamente, ese dia, en la previa, no habia tenido miedo. Incluso despues de los episodios del dia anterior al partido, que de algun modo presagiaron un desenlace violento. Mas bien el temor perdia terreno frente a una embrionaria adrenalina, no por la posibilidad de violencia, sino por un futuro inmediato relativamente incierto y que suponia fructifero en terminos analiticos. Hoy, en retrospectiva, leo cierta "dinamica sensual" (Katz, 1988) que deja a las claras el caracter intersubjetivo y situacional de las emociones. Hubo una dinamica afectiva que hablaba, al mismo tiempo, de mi propia experiencia sensitiva y de la naturaleza del objeto que estaba estudiando. Una sensibilidad tan dinamica como contextual, que exponia un "universo sensorial en tanto universo de sentido" (Le Breton, 2011: 58).

Ya en el viaje habia un clima de orgullo entre los presentes por estar. Al ingresar al estadio de Colon, esa sensacion parecia incrementarse y contagiarse. El hecho de estar todos juntos, despues de haber viajado dos dias distintos durante mas de seis horas, en un escenario hostil por la violencia recibida y la inferioridad numerica, cantando al unisono letras que apelaban al honor, la hombria, el sentimiento y la identificacion con el club, con el barrio y con la hinchada. Al poco tiempo, ya en el estadio, nos encontrabamos festejando los goles que plasmaban una victoria parcial de nuestro equipo, siendo objeto de un sinnumero de proyectiles--que, a su vez, eran respondidos--que iban dejando heridos, relevos y ayudas mutuas; en fin, no era necesario ser sociologo ni antropologo para percibir un afianzamiento de lazos afectivos y solidarios en una comunidad que se replegaba frente a un contexto hostil. Sin duda, cuando entro la policia a la tribuna tuve la opcion de correr, pero no lo hice. Tampoco decidi combatir a los agentes policiales, no me atrevia, no lo consideraba moralmente correcto y mucho menos preveia un saldo positivo. Decidi pararme en la tribuna. En algun punto senti una prescripcion a quedarme con la hinchada. Encuentro tres razones para tan desafortunada decision: una subestimacion galopante de la situacion, producto de mi minimizacion de la peligrosidad de la policia y de una confianza excesiva en "Los Piratas"; una especie de embriaguez contextual que se traducia en una adrenalina situacional que me interpelaba a quedarme; y una intriga obnubilante por presenciar episodios que suponia trascendentales para mi investigacion.

A la luz de lo dicho anteriormente, me interesa finalizar el apartado con dos reflexiones en torno a la emocionalidad en la produccion y reproduccion de conocimiento. La primera tiene que ver con la importancia de situar las emociones. A la distancia --espacial, temporal y moral--es muy sencillo caer en lecturas simplistas o en juicios de valor acerca de mis decisiones, pero cuando uno se involucra tan visceralmente en contextos de violencia--que, ademas, se materializan en personas con las que se desarrollan lazos afectivos--, probablemente toda su subjetividad se vea trastocada. Siguiendo a Kessler (2009), podemos decir que las hinchadas del futbol argentino producen y reproducen una "cultura afectiva" que "provee esquemas de experiencia y accion sobre los cuales el individuo entreteje luego su conducta y reflexion" (Kessler, 2009: 42). Se trata de reglas orientativas que prescriben los sentimientos permitidos y prohibidos segun el contexto, que obviamente no se experimentan de igual manera en todos los miembros, pero que claramente presentan una fuerza coactiva y performativa para todos ellos en diferentes medidas y formas.

Aquel dia, en la cancha de Colon, sucumbi ante la cultura afectiva de la hinchada y la situacion. Me sumergi en una "mimesis emocional" (Ferrel, 1998). O, en otras palabras, siguiendo a Favret Saada, "me deje afectar" (Zapata y Genovesi, 2013: 50) por una experiencia de campo situada mas alla de lo "simbolicamente representable" en tanto "comunicacion no intencional e involuntaria" (Zapata y Genovesi, 2013: 66). Pero no solo cedi ante la seduccion de la afectividad del "aguante"; hubo algo mas. Tambien peque de ingenuo y ambicioso en pos de un supuesto dato empirico importante. Sobrepuse la curiosidad etnografica por sobre mi propia integridad fisica. Definitivamente, en los contextos de campo marcados por la violencia y la ilegalidad, el hasta donde y la manera de involucramiento "deben surgir de un complejo balance entre los riesgos que se esta dispuesto a correr, los compromisos eticos asumidos y, claro esta, la relevancia de los datos" (Miguez, 2004: 3).

Pero si nuestro analisis se detuviera en el punto anterior, solo quedaria un retrato parcial de lo sucedido. Todo se explicaria por una mimesis emocional coyuntural producto de una cultura afectiva o una dinamica sensual tan coactiva como tentadora, y esto seria, como quien dice, ver el arbol y no el bosque. A la decision de quedarme en la tribuna y participar--aunque sea como mero observador--de los episodios violentos le subyace una dimension crucial: la seduccion de la violencia y los violentos.

Para Rodgers (2004), los antropologos estudiosos de la violencia casi siempre se posicionan en un rol "pasivo" frente a ella, lo cual implica dos cosas: no involucrarse nunca en su praxis y condenarla moralmente (Rodgers, 2004). Esto deviene en un uso generalizado de la "metafora pornografica para describir el caracter de la etnografia de la violencia" (Rodgers, 2004: 4) en que el antropologo se posiciona como "miron" de la obscenidad del violento. Nuestra posicion--y retomando el incidente de campo como caso testigo--no pretende amoldarse a las etnografias "pornograficas" de la violencia citadas anteriormente. Esto sencillamente por una razon: en nuestro trabajo de campo, la "frialdad empatica" nos resulta directamente imposible.

Jeff Ferrel (2010), por su parte, sostiene que la criminologia tradicional--podemos homologarlo a las distintas disciplinas sociales que estudian la violencia--ha sido colonizada por el desencantamiento weberiano de la modernidad, lo que trajo como consecuencia la deshumanizacion de los investigadores e investigados y dejo como resultado una practica cientifica signada por el "aburrimiento" (Ferrel, 2010). A la criminologia tradicional, Ferrel opone una criminologia cultural que se presenta como una "rebelion contra el aburrimiento organizado" a partir de la recuperacion de ciertos "metodos" y "momentos" (Ferrel, 2010: 15). En los primeros, se debe reintroducir la sensibilidad etnografica, el compromiso con los sujetos de estudio y la reinsercion de lo incierto a partir de situaciones sociales limite. Todo esto a partir de la recuperacion de "momentos" que "trasciendan las estructuras del aburrimiento y con ello encarnen las dinamicas propias del compromiso y la exaltacion (Ferrel, 2010: 16). Son momentos de "sorpresa epistemica" (Ferrel, 2010), en los que el compromiso del investigador con lo extremo es visceral.

Pretendemos leer nuestro incidente de campo en sintonia con lo dicho por Rodgers y Ferrel. Tanto por las causas que explican el porque de nuestra mimesis emocional y el dejarse afectar, como por las consecuencias analiticas que se desprenden de la anecdota. Junto con ambos autores, podemos afirmar que la violencia, sus protagonistas y el contexto emocional descripto anteriormente orquestaron un canto de sirena al cual sucumbimos placidamente. Se trata de lo que Katz (1988)--otro representante de la criminologia cultural--llama la "dinamica sensual" de la transgresion: una atraccion especial construida socialmente en interacciones situacionales que conjura el espiritu e impulsa al acto. Lo que estamos tratando de decir es que la violencia, en determinados contextos, ejerce una compleja, sutil y discreta seduccion que, en nuestro caso, se dio producto de un plexo de variables combinadas: nuestra simbiosis coyuntural con la cultura afectiva de la hinchada, la curiosidad intelectual, cierta reticencia a registrar la violencia desde una perspectiva "pornografica", un vinculo con nuestros interlocutores marcado por una relacion inversamente proporcional entre el miedo y la confianza, la avidez de reconocimiento--academico y nativo--y la busqueda--consciente o no--de una "sorpresa epistemica" que impugnara la monotonia cientifica.

3.2. Publicar

Hay un ultimo punto que condensa dilemas etico-metodologicos que se me presentaron a raiz de lo sucedido y que trataremos brevemente por razones de espacio. Son aquellos que tienen que ver con las tensiones en torno a publicar--en su significado de "hacer publico"--lo ocurrido. Los ambitos donde se me presentaba esta posibilidad eran tres: la justicia, los medios de comunicacion y la comunidad academica. Mi decision para cada uno de ellos estuvo regida por un intento de mediar entre el respeto a la confidencialidad de mis interlocutores, mi propio universo moral, la seguridad de mi integridad fisica y mis objetivos y obligaciones academicas.

La primera posibilidad fue judicializar lo sucedido. Los argumentos propios y ajenos eran de tres tipos: uno de tinte mas politico-altruista (aportar evidencia empirica y antecedente judicial para "combatir la violencia en el futbol" en general y la represion policial en particular); otro moral-personal (estaba convencido de que denunciar y buscar un eventual responsable seria un acto de justicia); y un ultimo argumento economico-egoista (obtener un resarcimiento por el dano y el perjuicio recibidos). Sin duda, las razones eran solidas y convincentes. Sin embargo, con el paso del tiempo, pense en las consecuencias no deseadas de lo que hubiese sido esa decision: abrir una causa judicial, investigaciones, preguntas, policias, abogados, testigos, en fin, implicaba judicializar la investigacion, el campo y los interlocutores.

Ademas, sobre mi cabeza retumbaban las palabras de Beto "la barra se hace cargo de todos los costos y de tu tratamiento" (Beto. Registro del trabajo de campo. 17 de agosto de 2012), y su permanente preocupacion por mi situacion: ?eran gestos solidarios por sentirse en algun punto "responsable" de mi en su calidad de jefe de la hinchada, o se trataba de un mecanismo de vigilancia y prevencion para que yo no acudiera a la justicia? En la hinchada y en los bondis de "Los Piratas" abundaban las ilegalidades; sin duda, una investigacion judicial minuciosa podria haber derivado en preguntas y respuestas mas que incomodas para mi y para el resto de la hinchada. Ademas, en el universo moral de las barras, el simple hecho de acudir a la justicia implica deshonor y desprestigio para toda la comunidad; la justicia casi nunca es vista como una instancia legitima para la resolucion de los conflictos. Tambien influyo mi desconocimiento sobre la existencia o no de un marco legal que me amparara o protegiera bajo mi calidad de investigador ante eventuales incriminaciones por parte de la justicia. Pero sin duda, el elemento mas determinante para desechar dicha opcion fue la intencion de evitar el mayor--y peor--riesgo al que se somete un etnografo en estos contextos: ser confundido con un agente de la policia o los servicios de inteligencia. Mariana Sirimarco (2012) expone las similitudes entre el policia y el etnografo en tanto ambos son "indagadores profesionales", pero al mismo tiempo, enfatiza la diferencia entre ambos a partir de como cada uno direcciona diferencialmente cada pesquisa. Mientras los primeros buscan una verdad unica, hallable y destinada al sistema burocratico-penal, los segundos persiguen datos multiples y construidos para socializarlos en areas de conocimiento (Sirimarco, 2012) Por ende, judicializar lo sucedido hubiese significado entrar en la orbita correspondiente a la figura social que siempre busque eludir.

Despues de la policia y las hinchadas "enemigas" de "Los Piratas", el periodismo ocupa una posicion privilegiada entre las alteridades mas denostadas por los miembros de la barra. Es probable que esto se deba a que, por un lado, son los principales emprendedores morales que sistematicamente imputan categorias estigmatizantes, animalizantes y etnocentricas sobre las hinchadas; y por otro lado, porque representan la constante amenaza de tornar en una "verdad mediatica" algunas cuestiones sobre las que en la hinchada rige una especie de codigo de silencio que muchas veces vi reflejado en la frase "lo que pasa en la barra, queda en la barra". A eso se suma que el investigador, o mas especificamente, "el sociologo" o "el antropologo" no son figuras institucionalizadas en el mundo de las hinchadas, por lo que la permanente identificacion que padecemos con el periodismo representa una etiqueta tan recurrente como indeseable.

Todo lo dicho anteriormente hacia que la posibilidad de acudir a los medios de comunicacion masivos quedara automaticamente descartada. En ultima instancia, no solo no existia ninguna fuerza que me interpelara subjetivamente a realizar un descargo en dicho ambito, sino que, por el contrario, si sentia una fuerte restriccion propia y ajena en torno a publicar mediaticamente lo ocurrido.

El ultimo espacio para socializar lo sucedido era el campo academico. Las razones para hacerlo eran varias: necesitaba textualizarlo para, mediante el ejercicio interpretativo de la doble hermeneutica, transformar los datos de campo en "actos cognitivos" (Cardoso de Oliveira, 1996). Pasar de la "fascinacion del trabajo de campo" propio del "estar alli", al problema de la "escritura" (Geertz, 1997). Despues de todo, aquella parece ser la principal razon practica para seguir haciendo etnografia: someter nuestras elucubraciones epistemoetnocentricas al dialogo (Guber, 2011). Me interesaba compartir lo sucedido y reflexionado, no como catarsis personal, sino como experiencia "de oficio" para discutir entre pares, una instancia mas de formacion profesional. Por otro lado, estaba interpelado por mis responsabilidades laborales-cientificas--sobre todo, despues de haber conseguido una beca del Consejo Nacional de Investigaciones Cientificas y Tecnicas (CONICET)--, pues dicha "obligacion laboral" ya implicaba un compromiso etico y economico frente al Estado y a la "comunidad academica". Al escribir un articulo o ponencia no transgredia ningun acuerdo o deber frente a mis interlocutores, ya que les habia aclarado, a los que pude, mis intenciones cientificas, y una parte fundamental de ellas la representa la publicacion. Por ultimo, "la academia" permite abordar lo sucedido desde dos perspectivas que, si bien no son equivalentes, se pueden poner en dialogo: se trata de tensionar y articular "problemas sociales"--violencia en el futbol, represion policial, corrupcion, entre otros--con "problemas sociologicos"--trabajo de campo y violencia, identidades transgresoras, practicas ilegales, etcetera--.

En resumen, la decision de publicar en espacios academicos y no mediaticos ni judiciales se baso en un delicado y minucioso equilibrio entre una etica de propositos, principios y consecuencias (Noel, 2011), en la que se busco poner en el mismo rango moral mis deseos, expectativas y obligaciones personales, las del campo y sus interlocutores y la de la "comunidad academica", tomada como principal referente de mis reflexiones etnograficas.

Reflexiones finales

A lo largo del trabajo hemos expuesto nuestra subjetividad en un intento por sistematizar emociones, conjeturas, interrogantes y afirmaciones que se desprenden de un "incidente" de campo que represento un "quiebre" en mi investigacion. Sin embargo, la utilidad y profundidad de este tipo de trabajos no depende tanto de la "naturaleza" del hecho, sino de la capacidad hermeneutica del interprete. Creemos necesaria y oportuna la proliferacion de trabajos reflexivos de este tipo, principalmente en las dos "areas tematicas" en las que se inscribe nuestra investigacion.

Por un lado, esta el campo especifico del futbol, la violencia y las hinchadas, una "problematica" voxpopuli en nuestra sociedad argentina contemporanea. Aunque los textos academicos sean mas desoidos que atendidos por quienes toman las decisiones en la materia, nosotros debemos ejercitar la reflexividad permanente, la rigurosidad analitica y el perfeccionamiento metodologico en pos de un conocimiento cientifico que se cuide de no reificar las nociones estigmatizantes, etnocentricas y reduccionistas que abundan sobre el fenomeno. Si bien no hay que confundir entre "el problema social" y "el problema sociologico", debemos saber que entre ambas dimensiones hay una delgada linea, puesto que cada esfera se alimenta reciprocamente de la otra. En este sentido, creemos que aportar analisis y comprensiones que den cuenta de como todos los actores son productores y reproductores de una violencia dinamica y compleja, como asi tambien exhibir los complejos mecanismos que atraviesan experiencias de las hinchadas, puede contribuir a diagramar un cuadro de situacion mas integral a los fines de planificar politicas publicas tendientes a gestionar, lo mas eficaz y democraticamente posible, dichas conflictividades sociales.

El otro tema tiene que ver con pensar(nos) en el campo de los estudios sobre la(s) violencia(s) en general. Rodgers (2004) ha senalado la propagacion inedita de trabajos sobre "antropologia de la violencia" en las ultimas decadas. Sin duda, representa un dato bienvenido; ahora bien, en un contexto de inflacion analitica y empirica, el riesgo de la cacofonia acecha. Una de las estrategias mas eficaces para combatir dicho peligro es ejercitarnos en la practica reflexiva--y en su posterior sometimiento a discusion entre pares--sobre nuestro trabajo en el campo, la decodificacion de datos, su textualidad y las consecuencias que acarrean nuestras producciones. Y para ello, el enfasis reflexivo sobre nuestro oficio es vital. No porque la reflexividad sea un fin en si mismo, sino porque a traves de ella nos interpelamos sobre los tipos de "datos" que construimos y las formas en las que los comunicamos. Si la practica cientifica condensa un sinnumero de relaciones sociales y de emocionalidades, es tan logico como necesario preguntarnos por ellas; de otra manera, estariamos negando el caracter social de nuestro oficio.

Agradecimientos

Agradezco calurosamente los fructiferos comentarios a las versiones preliminares del texto que me acercaron Rosana Guber, Lia Ferrero, Maria Veronica Moreira, Alejo Levoratti, Jose Garriga Zucal, Sabrina Calandron y Angela Ohyandy.

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Nicolas Cabrera, Licenciado en sociologia Universidad nacional de Villa Maria y Doctorando en Antropologia Universidad Nacional de Cordoba, Cordoba, Argentina. Becario del Consejo Nacional de Investigaciones Cientificas y Tecnicas (CONICET)/ instituto de Altos Estudios sociales-Universidad nacional de san Martin. Correo electronico: nico_ cab@hotmail.com

Recibido

Julio de 2016

Aceptado

Agosto de 2017

(1.) Nuestro trabajo de campo comenzo a fines del 2010 y termino a fines del 2015, con un receso anual durante 2013. Tanto en nuestra tesis de grado como en el proyecto doctoral, nuestra experiencia etnografica consistio en acompanar y registrar--mediante observacion participante y entrevistas semiestructuradas--las practicas y representaciones de los miembros de la hinchada de Belgrano, tanto cuando alentaban al equipo de sus amores los dias de partido como en algunas situaciones cotidianas de sus vidas ajenas a la cancha.

(2.) Utilizaremos las nociones nativas de hinchada o barra para referirnos a uno de los grupos de simpatizantes organizados en torno a un club, comunmente definidos como "barras bravas". Las nociones nativas seran transcriptas en cursiva. La barra de Belgrano se autoidentifica como Los Piratas. Nacio el 9 de julio de 1968, y es una de las barras mas antiguas del pais. Sobre el origen del nombre hay tantas versiones como testimonios, sin embargo, la mayoria coincide en que esta relacionado con una vieja practica de saquear y robar los comercios que los hinchas encontraban a lo largo de los viajes que hacian para acompanar a su equipo, de ahi el mote de "Piratas del asfalto".

(3.) Para mantener el anonimato de mis informantes, han sido cambiados todos sus nombres o apodos reales. Beto comanda su faccion hace mas de 25 anos, y desde 2010, aproximadamente, es el principal lider de la hinchada por la posicion hegemonica de su propio grupo.

(4.) La hinchada de Belgrano esta compuesta por facciones y subgrupos, sin embargo, estas mismas divisiones internas se desdibujan frente a las alteridades externas con el objetivo de presentar a la hinchada como una unidad monolitica.

(5.) Esto no quiere decir que ciertas capitalizaciones simbolicas en otros contextos espaciales y temporales no puedan ser traducidas en beneficios economicos. Sin embargo, lo que aqui se discute es lo problematico de trazar una etiologia unilateral entre practicas violentas y moviles estrictamente economicos.

(6.) Creemos que en la nocion de familia se condensan importantes pistas interpretativas a explorar. sin duda, esta siendo objeto de nuestros esfuerzos hermeneuticos actualmente; a modo de una primera aproximacion, podemos decir que sus usos nativos en tanto categoria de autoidentificacion responden, al menos, a cuatro factores: las abundantes relaciones de parentesco constitutivas de la hinchada, el hecho de que esta sea un efectivo espacio de interaccion intergeneracional, los sistemas de reciprocidades y solidaridades que se tejen en su interior y la figura paternalista que condensa el lider de la faccion.
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Author:Cabrera, Nicolas
Publication:Cuadernos de Antropologia Social
Date:Dec 1, 2017
Words:10800
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