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Un estudio del pacto lockeano que funda el gobierno en la confianza del pueblo a la luz del caso de la prerrogativa / A Study of the Lockean Pact that Establishes Government on the Basis of the People's Trust in Light of the Case of the Prerogative.

1. El pacto que funda el Estado

Como es sabido, la sociedad civil surge, para John Locke (2), de un consentimiento libre, voluntario e individual de cada uno de sus miembros (3). Para pactar es preciso ser libre (4) y los hombres nacen libres, bajo el imperio de la ley de la naturaleza, siempre y cuando posean racionalidad: "Asi nacemos libres en tanto nacemos racionales" (5). Esta condicion, fundante de la legitimidad politica, no se da solo en estado de naturaleza sino que se aplica tambien al orden civil: en todo momento los hombres se hallan bajo el imperio de la ley de la naturaleza, la cual se presenta como un mandato divino que requiere de la interpretacion de la razon (6). El orden civil es, por tanto, un constructo que debe respetar la libertad natural, sin la cual no es posible pactar la pertenencia a la sociedad civil, es decir, dar consentimiento a la obediencia.

La exigencia de racionalidad requiere, a su vez, de una madurez de juicio que solo se alcanza en la edad adulta (7). Sirviendose de esta aclaracion, Locke apela a la distincion entre el poder politico y paternal para dar cuenta del pacto que funda el Estado. El pacto politico tiene lugar entre adultos que voluntariamente toman decisiones libres, mientras que el poder paternal constituye una tutela momentanea que tiene por fin velar por el bien de un menor de edad que aun no ha desarrollado la capacidad racional de decidir por si mismo (8). Al ingresar a una sociedad civil, los hombres pactan renunciar voluntariamente al poder de ejecutar castigos para resolver disputas, propio del estado de naturaleza, cediendolo al poder politico centralizado que garantizara la justicia y el bien comun (9). En este sentido, el mecanismo para garantizar tanto la preservacion de la libertad individual como la unidad de la sociedad civil es la aceptacion como propia de la decision mayoritaria (10). Aun asi, el consentimiento individual y expreso de la membrecia politica no deja de ser un rasgo distintivo del pensamiento lockeano, como Alexander Carlyle se ocupa de destacar, no sin dejar de manifestar su desaprobacion.
Pero yo--dice--afirmo que todos los hombres se hallan naturalmente en
aquel estado [el de naturaleza] y en el permanecen hasta que, por su
propio consentimiento, se hacen miembros de alguna sociedad politica"
[TT, II, [seccion]15]. Esto es evidentemente expresion de ese
individualismo extravagante que encontramos en algunos de los estoicos
y contradice la concepcion racional e historica de Aristoteles de que
los hombres son por naturaleza no solo seres sociables, sino tambien
politicos, o, como podriamos decir hoy, miembros de una sociedad
politica de una u otra forma (11).


En efecto, aun cuando en Hobbes esta contemplada la posibilidad de fundacion del Estado por institucion a traves del consentimiento individual de cada uno de sus miembros, no es la unica via legitima (12). Para Locke, el pacto politico surge de un consentimiento libre de hombres racionales y adultos, pero este consentimiento tiene, ademas, la particularidad de ser necesariamente expreso: "Nada puede convertir a ningun hombre de este modo [en un miembro del Estado], sino su ingreso efectivo en el a traves de un compromiso positivo, y promesa y pacto expreso" (13). Lo cual, como hemos anticipado, vale tambien para los hijos de ciudadanos nacidos en el seno de una sociedad civil: "Pues su hijo, cuando [se convierte en] un hombre, siendo tan completamente libre como el padre, ningun 'acto del padre puede quitar la libertad del hijo', mas de lo que puede cualquiera" (14). El consentimiento expreso es por tanto la base de la membrecia a un Estado, incluso en el caso, segun Locke, comun en el origen de los tiempos, de que los hijos eligieran a los padres como monarcas (15).

El consentimiento tacito, en cambio, es el que permite someter a cualquier individuo a las leyes de una sociedad civil por el hecho de poseer bienes patrimoniales o recorrer el territorio bajo su jurisdiccion (16). En base a esta forma tacita de consentimiento, Dunn sostendra que la obligacion politica no se funda en el consentimiento expreso, en cuanto el solo hecho de ser propietario o el de transitar el territorio obliga a cumplir con las leyes de ella (17). Dunn entiende que la obligacion se basa por tanto no en otra cosa que en la legitimidad que le da a la ley su correspondencia con la ley de la naturaleza. "El consentimiento no puede ser simplemente entendido como un hecho subjetivo, un hecho sobre la psicologia del individuo. Tiene que ser entendido, ante todo, como un hecho legal sobre el orden divino de la naturaleza" (18).

El problema con esta interpretacion radica en que vuelve completamente superfluo el consentimiento expreso como fuente de obligacion politica. De adoptar esta perspectiva, la obligacion politica se sustentaria, hobbesianamente, en la necesidad y racionalidad del gobierno, sin importar su origen. Por lo tanto, sin pretender, por una parte, negar la importancia de la teologia en la determinacion del lugar fundacional de la ley de la naturaleza (19), y de esta para la obligacion moral de los hombres, ni, por otra, afirmar que el consentimiento se reduzca a un acto intimo ("psicologico", en terminos de Dunn), es preciso aclarar que la exigencia del consentimiento expreso y manifiesto no puede ser minimizada, en cuanto, en la medida en que funda la membrecia a un Estado, produce obligaciones especiales.

En primer lugar, es preciso comprender que el consentimiento expreso se sustenta en el juramento, es decir, en un hecho que no es meramente psicologico pues posee una dimension empirica exterior, que es a su vez juridico en cuanto crea derechos (20). La importancia del juramento expreso, aun cuando no se trata de fundar la membrecia, se advierte en el documento "On Allegiance and the Revolution" (AR) (21). En efecto, a un ano de la llamada Revolucion Gloriosa (Glorious Revolution), Locke considera necesario que los ciudadanos, especialmente considerando a los representantes Tories, brinden una manifestacion expresa de lealtad al nuevo gobierno de Guillermo III (1650-1702), en cuanto su legitimidad se basa en que salvo a Inglaterra del rey Jacobo I (1566-1625), quien estaba entregandola al papado y a Francia (22). Locke sostiene que la diversidad de opiniones no supone en si un problema para el Estado, incluso considera que puede ser saludable, en la medida en que no se extienda mas alla de ciertos limites. En este caso, estos limites estan dados por la asuncion de la fidelidad a la religion protestante y a la independencia del reino. Ello no implica para Locke aprobar todos los actos de gobierno sino simplemente la defensa de una determinada Constitucion del Estado.
Las divisiones en las opiniones y en los asuntos menores, entre
aquellos que abrazan los fundamentos, no sacuden la estructura. Los
gobiernos siempre han subsistido y a menudo florecido con facciones
como estas, pero es imposible esperar que aquellos deben sostener
cualquier constitucion [sean] quienes no estan dispuestos a declarar
por el y como propio, el derecho del principe [que] ellos han de
obedecer (23).


A esta defensa de las supuestas bases del Estado, presuntamente en peligro bajo el reinado de Jacobo I, Locke plantea la necesidad de una manifestacion publica y no del mero consentimiento tacito a traves del silencio, dado que: "El silencio publico es en si mismo suficiente para levantar escrupulos entre el pueblo y nunca faltara un casuista privado para abonarlos" (24). De aqui tambien la promocion de una gran amnistia a fin de que todos se sientan "comodos y seguros bajo el gobierno" instituido por Guillermo III (25).

Locke apela, por tanto, a una doble fundamentacion de la obligacion: una teologica, basada en la ley de la naturaleza y en este caso asociada a la religion protestante, y otra utilitaria, sustentada en la consideracion de los efectos de los actos de gobierno. Sobre estas bases, rechaza la oposicion entre un rey de facto y otro rey de jure:
Quienquiera que sostenga que otro tiene, por la ley y el nombramiento de
Dios, un derecho (26) al trono de Inglaterra, debe ser un enemigo
declarado del Rey Guillermo y del gobierno actual, y ademas por la mas
alta obligacion, esta es, la del derecho divino, que no admite control
ni dispensa (27).
Los fracasos (28) de los reinados anteriores dieron origen y derecho a
la llegada del Rey Guillermo y lo llevaron al trono (29).
En los ultimos tiempos, me he encontrado a menudo, tanto en discursos
como en la prensa, con la distincion entre un rey de facto y un rey de
jure, esto es, un rey en posesion y un rey por derecho. Si el gobierno
actual fue nuestra redencion desde hace un ano y sigue siendo nuestra
[fuente de] seguridad, no nos permitamos jugar con esto (30), hagamos
propio al Rey Guillermo para ser nuestro rey por derecho. Quienquiera
que rechace esto, [?]!que hara, en efecto, sino claramente llamarlo
usurpador![?] Porque [?]que es un usurpador sino un rey que esta
efectivamente en un trono al cual el no tiene derecho[?] (31).


Como se advierte a traves de este claro ejemplo, el consentimiento expreso viene a invalidar otras fuentes de legitimidad de la obligacion politica, como por ejemplo el derecho divino de los reyes. De aqui que sostener que el gobierno se halla obligado a observar la ley de la naturaleza no atenta contra el hecho de que lo que instituye al Estado es el consentimiento libre y voluntario de cada uno de sus miembros. De otro modo, si todos los que poseen propiedad y circulan por el territorio se hallaran en la misma obligacion politica que los ciudadanos miembros, no habria ninguna distincion entre el ciudadano y el extranjero. Sin embargo, Locke explicitamente senala en TT, II que el extranjero solo puede ser castigado en virtud de la ley de la naturaleza y no por leyes que no consintio: "[?]a traves de que derecho algun principe o Estado puede dar muerte o castigar a algun extranjero por algun crimen que el cometa en su pais[?]. Es seguro que sus leyes, en virtud de cualquier sancion que ellos reciben de la voluntad promulgada por su legislativo, no alcanza a extranos (32"33).

Estos pasajes permiten comprender el alcance y la importancia de la idea consentimiento expreso en la concepcion lockeana. Al mismo tiempo, permiten comprender mejor la definicion del poder politico como potestad de dictar leyes bajo pena capital (34). Puesto que, a pesar de que no es mencionado en el paragrafo tres de TT, II, la definicion del poder politico como potestad de dictar leyes, incluso bajo pena capital, para el bien publico, se aplica solo a los miembros del Estado, como se desprende del paragrafo nueve que acabamos de citar. La razon de ello puede encontrarse en que el consentimiento expreso resulta fundamental para legitimar la defensa del Estado, en cuanto supone una aceptacion por parte de los subditos de este poder capital, que consiste en exigir poner en riesgo la vida en caso de necesidad (35). La distincion con el extranjero no puede por tanto ser minimizada en la medida en que exige otro tipo de obligacion, a pesar de que todos deban observar las leyes positivas de un Estado cuando se hallan en su territorio, asi como tambien la ley de la naturaleza en todo momento (36).

En segundo lugar, el consentimiento expreso que funda la pertenencia a la sociedad politica se opone a toda forma de obediencia politica bajo coaccion, como es el caso de la monarquia absoluta, en la cual Locke entiende que el "subdito" deviene en "esclavo de un principe absoluto" (37), por lo que resulta "evidente que la monarquia absoluta, que es considerada por algunos hombres como el unico gobierno en el mundo, es en efecto inconsistente (38) con la sociedad civil" (39). En este sentido, subrayando la dimension empirica, concreta o factica del consentimiento expreso a la que hemos hecho referencia (y no meramente psicologica, como interpreta Dunn), Locke senala que, en caso de la instauracion de un gobierno despotico, puede transcurrir mucho tiempo entre la usurpacion y la resistencia.
... los habitantes de cualquier pais, quienes son descendientes, y
derivan un titulo a sus bienes inmuebles de aquellos que fueron
sometidos y tuvieron un gobierno forzoso sobre ellos, contra su
consentimiento libre, retienen un derecho a las posesiones de sus
antecesores, aun cuando consintieron no libremente al gobierno, cuyas
duras condiciones fueron impuestas por la fuerza sobre los poseedores
de dicho pais: pues, el primer conquistador no habiendo tenido nunca un
titulo sobre la tierra de ese pais, el pueblo (40) [del] que [sus
miembros] eran descendientes de, o reclamaban bajo quienes fueron
forzados a someterse al yugo de un gobierno por la fuerza, tienen
siempre un derecho a sacarselo de encima y de liberarse a si mismos de
la usurpacion o de la tirania que la espada les trajo sobre ellos,
hasta que sus gobernantes los pongan bajo un sistema de gobierno tal
que ellos voluntariamente y por eleccion consientan (41).


Ahora bien, si tomamos como punto de partida que el Estado se funda sobre la base del consentimiento individual, podria considerarse que lo mas apropiado y legitimo es una concepcion de la resistencia igualmente basada en derechos naturales individuales, apelando, por ejemplo, a la idea de la legitima defensa de la propiedad privada (42). Sin embargo, Locke considera inconducente e impracticable una resistencia individual: "siendo tan imposible para uno o unos pocos hombres oprimidos perturbar al gobierno, cuando la parte principal del pueblo (43) no se considera concernida en ello, como es para un loco delirante o un descontento embriagado derrumbar un Estado bien establecido, el pueblo esta tan poco dispuesto a seguir a uno como al otro" (44). A pesar de la claridad con que Locke presenta este aspecto fundamental de la resistencia, Dunn no parece interpretarlo asi, como puede apreciarse en la siguiente exegesis sobre el uso que hace Locke de la expresion "apelar a los Cielos":
Fuera de la sociedad civil, a los ojos de Locke, e incluso dentro de lo
que una vez habia sido una sociedad civil, donde esta ultima tambalea y
comienza a desmoronarse, cualquiera que juzgue que sus derechos fueron
violados, puede apelar solamente al Cielo. Muchos interpretes modernos
descartan esta apelacion como una facon de parler, reduciendola sin
mayor consideracion a su contenido pragmatico secular, expulsandolo.
Algunos escuchan en ella casi una broma sombria. Pero para Locke
significa algo muy diferente, un recordatorio (quizas incluso un
recordatorio potencialmente salvador del alma) de que Dios inclinara la
balanza al final. No una implausible promesa providencial de exito
mundano para el justo, sino una garantia mas alla de este mundo de que
se hara verdaderamente justicia (45).


Contra esta interpretacion, podemos decir que si bien "cualquiera que juzgue que sus derechos fueron violados puede apelar solamente a los Cielos", ello no implica que la resistencia pueda asumir una forma individual. En efecto, la resistencia no surge cuando alguien se encuentra agraviado sino cuando una parte importante del pueblo se considera mal representada y de aqui surge la apelacion a los Cielos (46). En este sentido, antes que apelar a la justicia del mas alla, Locke parece interesado en identificar el problema que supone la resistencia, en la medida en que no siempre conduce al triunfo de los justos, como bien destaca Seliger, coincidiendo con Dunn en este punto: "Algunas veces, entonces, el pueblo puede ser inducido (47) a apoyar rebeliones injustificadas, del mismo modo que puede ser inducido a apoyar a gobernantes opresivos y conquistadores" (48). En efecto, hemos visto que Locke identifica la figura del conquistador ilegitimo y este efectivamente puede triunfar por sobre los justos, a pesar de no contar con el consentimiento del pueblo (49).
... muchos han confundido la fuerza de las armas por el consentimiento
del pueblo, y consideran la conquista como uno de los origenes del
gobierno. Sin embargo, la conquista esta tan lejos de establecer
cualquier gobierno como la demolicion de una casa lo esta de construir
una nueva en su lugar. En efecto, a menudo hace lugar para una nueva
construccion de un Estado, a traves de la destruccion del precedente;
pero sin el consentimiento del pueblo, nunca puede erigir uno nuevo
(50).


Este pasaje parece sugerir que sin el consentimiento del pueblo no es posible erigir un gobierno, pero no a causa de una imposibilidad de vencer en un enfrentamiento armado, sino porque o bien el pueblo no prestaria obediencia, o bien tarde o temprano resistiria nuevamente, como hemos visto ya (51). De este modo, Locke se separa de la concepcion hobbesiana, segun la cual el gobierno puede surgir por la institucion o la conquista de un Estado (52). En efecto, para Locke la conquista no puede nunca dar lugar a un gobierno politico legitimo. Sin embargo, lo interesante aqui es la temporalidad que Locke propone durante la resistencia al conquistador, pues si bien la usurpacion del conquistador puede perdurar por generaciones, ello no impedira que el pueblo deje de buscar la ocasion de resistir en la busqueda de representantes elegidos a traves de una forma de gobierno consentida:
Pero los conquistados, o sus hijos, no tienen corte o arbitro en la
tierra al que apelar. Por tanto, ellos pueden apelar al cielo, como
hizo Jefte, y repetir su apelacion hasta recuperar el derecho original
de sus ancestros, que consistia en tener, un legislativo sobre ellos,
que la smayoria aprobara, y libremente aceptara (53).


De este modo, se enlaza una vez mas la apelacion a la ley de la naturaleza, la necesidad del consentimiento expreso y una consideracion factica y colectiva de la resistencia, la cual se sustenta en una ponderacion pragmatica de la relacion de fuerzas y la ocasion posible para que la resistencia resulte exitosa (54). De hecho, Dunn reconoce esta diferencia entre la mera sumision y el consentimiento en relacion con la conquista, a pesar de negarle centralidad en relacion con la obligacion politica, la cual se sustenta, como hemos visto, exclusivamente en la legitimidad de la fundamentacion teologica de la ley de la naturaleza (55).

De este modo, queda planteada la centralidad del consentimiento expreso para la fundacion del Estado asi como el desplazamiento del plano individual al colectivo, el cual refleja una tension profunda entre una dimension normativa, basada en derechos individuales de ciudadanos-propietarios, y la dimension colectiva y politica de la resistencia efectiva, en cuanto manifiesta la decision soberana en la situacion excepcional (56).

2. El pacto de confianza que funda el gobierno a la luz del ejemplo de la prerrogativa

En este apartado se presentara el segundo pacto, que funda el gobierno, basado en la confianza que el pueblo deposita en sus representantes y que se manifiesta de modo emblematico en la prerrogativa del ejecutivo. Veremos que tal pacto constituye una de las diferencias esenciales con el contractualismo hobbesiano. De este pacto de confianza surge el hecho de que la resistencia no disuelva necesariamente al Estado sino al gobierno, razon por la cual resulta fundamental para comprender el concepto de resistencia lockeano.

En efecto, Hobbes entiende que el soberano, ya sea un magistrado o una asamblea de magistrados, no pacta en ningun momento con el conjunto de los subditos, por lo que estos no pueden conservar una potestad de interpretar la ley de la naturaleza contra sus actos. Para Locke, en cambio, en la medida en que el pueblo delega el gobierno a traves de un pacto de confianza, conserva en todo momento el poder de revocar su representacion invocando la ley de la naturaleza, incluso contra el derecho positivo.

A fin de establecer la presencia de este segundo pacto de confianza que funda el gobierno, distinto del pacto que constituye el Estado a traves del consentimiento expreso de cada uno de sus miembros, el modo mas directo es dar cuenta de la distincion entre disolucion del gobierno (government) y disolucion del Estado (Commonwealth), la comunidad (community) o la sociedad politica (en ocasiones, como aqui, llamada simplemente society):
El que quiera hablar de la disolucion del gobierno con alguna claridad,
debe distinguir, en primer lugar, entre la disolucion de la sociedad y
la disolucion del gobierno. Lo que crea la comunidad y conduce a los
hombres del inestable (57) estado de naturaleza hacia una sociedad
politica es el acuerdo que cada uno tiene con el resto para
incorporarse y actuar como un cuerpo, y ser por tanto un Estado
distinto (58).


Locke senala entonces que cuando se disuelve el Estado a traves, por ejemplo, de una invasion extranjera, se disuelve tambien el gobierno, pues "el gobierno no puede permanecer; siendo esto tan imposible como para la estructura de una casa subsistir cuando los materiales de ella son esparcidos y dispersados por un torbellino" (59). Sin embargo, la disolucion del gobierno no supone necesariamente la disolucion del Estado. El gobierno, en efecto, se auto-disuelve, lo cual significa que se desautoriza "desde adentro" mediante la realizacion de actos contrarios a la confianza del pueblo (60). La aclaracion resulta relevante, en la medida en que se ha solido identificar sin mas la disolucion del gobierno con el regreso al estado de naturaleza:
El estado de naturaleza es ese estado en el cual las personas
pre-politicas existen; pero es tambien el estado en el cual cada uno de
nosotros nace hoy, y en el que permanecemos hasta que consentimos
unirnos a algun Estado; es el estado al que retornamos cuando nuestra
sociedad politica se disuelve (como en tiempos de guerra civil) cuando
nuestros lideres politicos sobrepasan los limites de su autoridad
legitima (es decir, en casos de tirania) (61).
El derecho de resistencia dentro de la teoria de Locke esta basado
sobre un concepto logicamente antitetico, el estado de naturaleza o la
legitimidad politica. Esta derivado de la nocion de estado de
guerra.... El estado de guerra se inicia a traves del uso de la fuerza.
La fuerza y la violencia son los terminos que aparecen en el libro como
vehiculos de la disrupcion de la paz en el estado de naturaleza y como
disolventes de la legitimidad de la sociedad politica (62).


A pesar de la dicotomia planteada entre sociedad civil y estado de naturaleza, la apelacion al derecho de resistencia, lejos de retrotraer al estado original del hombre, produce una confrontacion armada, una guerra civil, que no supone necesariamente la disolucion del Estado (63). En efecto, tanto en el caso de que los subditos se encuentren bajo una monarquia absoluta, o en cualquier otro en el que personas sin autoridad ocupen cargos publicos, el gobierno se declara disuelto: "Dondequiera que haya algunas personas, quienes no tienen una autoridad tal a la que apelar por la decision sobre cualquier diferencia entre ellos, alli esas personas estan todavia en el estado de naturaleza, y asi esta cada principe absoluto con respecto a aquellos que estan bajo su dominio" (64). La lectura aislada de este pasaje, bien podria conducir a interpretar que la condicion de los subditos bajo el despotismo se identifica con el estado de naturaleza. Sin embargo, lo que Locke esta senalando es meramente que los hombres no tienen una instancia de apelacion en el orden civil para dirimir sus conflictos. Como hemos tratado en detalle en otro lugar (65), y Locke aclara inmediatamente a continuacion del pasaje citado, el estado de naturaleza se distingue del estado de guerra y, especialmente, de la condicion de esclavitud (definida por constituir un estado de guerra) que caracteriza al despotismo: "La unica y terrible diferencia para el subdito, o mejor dicho esclavo de un principe absoluto, [es] que mientras que en el ordinario estado de naturaleza el tiene una libertad de juzgar sobre su derecho, y, de acuerdo con lo mejor de su poder, para mantenerlo", bajo una monarquia absoluta "se halla degradado del comun estado de las criaturas racionales" (66). El despotismo, como esclavitud, constituye un estado de guerra continuo y "por lo tanto expuesto a todas las desdichas e inconvenientes que un hombre puede temer de otro que, hallandose en un estado de naturaleza no restringido, esta ademas corrompido por la adulacion y armado de poder" (67). Lo que ocurre durante la resistencia no es, por tanto, un retorno al estado de naturaleza sino el surgimiento de un estado de guerra en el seno de la sociedad civil. Pues, como bien destacan Dunn y Cox en este punto, la creacion de la sociedad civil no garantiza la paz eterna, el fin de todos los posibles conflictos armados (68). De aqui que, como hemos visto en el apartado anterior, la conquista pueda conducir a un estado de opresion prolongado, pero no irreversible, dado que los descendientes desposeidos pueden recuperar el control del mismo Estado que, usurpado, los esclaviza (69). Al mismo tiempo, resulta fundamental el analisis que hemos presentado en otros trabajos acerca de la ambiguedad de la relacion entre estado de naturaleza y estado de guerra, asi como entre estado de guerra y sociedad civil (70). En este sentido, es claro que no podemos entender una oposicion binaria entre estado de naturaleza y sociedad civil asumiendo que el estado de guerra se hallara siempre del lado del estado de naturaleza (71).

Hasta aqui, por tanto, la distincion entre disolucion del Estado y disolucion del gobierno. Sobre la base de esta distincion, cabe considerar la relacion causal entre la traicion de la confianza del pueblo y la disolucion del gobierno. En este sentido, podemos decir que, en la medida en que el fin de la sociedad civil esta dado por la proteccion de la propiedad privada, la violacion de la confianza asume dos vias fundamentales, asociadas a las dos acepciones de propiedad privada (en sentido amplio, como vida, libertad y bienes, y en sentido restringido, asociada a los bienes de capital (72)). En efecto, la representacion del gobierno puede fallar tanto en base a su acepcion restringida, a traves de la confiscacion de los bienes privados (73), como en relacion con la acepcion amplia de propiedad, por no garantizar, fundamentalmente, el acceso a los medios de vida y la auto-preservacion (74). Locke va a considerar, en este sentido, tanto las obligaciones del poder legislativo como del ejecutivo, las cuales dependen, a su vez, de la Constitucion como ley fundamental que establece el ordenamiento juridico en su conjunto y la forma de gobierno que se hayan dado los miembros del Estado siguiendo la regla de la mayoria (75).
Siendo el gran fin de los hombres entrando en sociedad el disfrute de
sus propiedades en paz y seguridad, y siendo los grandes instrumentos y
medios para ello las leyes establecidas en esa sociedad, la primera y
fundamental ley positiva de todos los Estados es el establecimiento del
poder legislativo, asi como la primera y fundamental ley de la
naturaleza, que esta para gobernar incluso al legislativo mismo, es la
preservacion de la sociedad, y (tan lejos como fuera consistente con el
bien publico) de cada persona en ella (76).


De este modo, el poder legislativo, como organo supremo de los poderes constituidos del Estado, se halla sometido a la Constitucion del Estado, asi como a la ley de la naturaleza y los fines de la sociedad civil. Al mismo tiempo, el legislativo se encuentra supeditado en ultima instancia a la soberania del pueblo: "Permanece aun en el pueblo el poder soberano de remover o alterar el legislativo, cuando ellos [los miembros del pueblo] encuentren que el legislativo ha actuado contrariamente a la confianza depositada en ellos" (77). "Solo el pueblo puede determinar (78) la forma de gobierno del Estado, lo cual se realiza a traves de constituir el legislativo y designar en que manos debera estar" (79). De aqui, por ejemplo, que si bien se reconoce la necesidad de cobrar impuestos para solventar los costes del Estado, ello no implica que el gobierno disponga de una autoridad indiscriminada para aumentar los tributos sin el consentimiento del pueblo (80). El gobierno posee una representacion, pero supeditada a la confianza del pueblo de obrar en vistas del bien comun.

En este mismo sentido, Locke sostiene que el poder ejecutivo debe velar porque el legislativo sea preservado tal como ordena la Constitucion, ya que: "Cuando alguno, o mas, tomaran a su cargo hacer las leyes, a quienes el pueblo no ha nombrado para hacerlo, ellos hacen leyes sin autoridad, las cuales, por tanto, el pueblo no esta obligado a obedecer" (81). Esto puede ocurrir por diversas posibles intromisiones del principe, ya sea decretando leyes, alterando la composicion del legislativo arbitrariamente, no convocandolo a fin de impedir su actividad (82), o bien modificando el sistema electoral de los representantes elegidos por el pueblo (83). Del mismo modo, en la medida en que el rey, como miembro del ejecutivo, segun la Antigua Constitucion tambien forma parte del legislativo, en caso de que transfiera el poder confiado a su persona a un tercero, por ejemplo a un poder extranjero, ello tambien supondria una alteracion grave del legislativo (ademas, obviamente, de trastocar el propio ejecutivo): "Pues el fin por el que el pueblo entro en sociedad, siendo el ser preservado [como] una sociedad entera, libre, independiente, para ser gobernada a traves de sus propias leyes, esto se pierde [las mencionadas caracteristicas] cuando ellos [los miembros del pueblo] son entregados al poder de otro" (84). El gobierno se disuelve, a su vez, cuando se sustrae del marco provisto por la ley, a traves de actos arbitrarios o la confiscacion de la propiedad o la realizacion de atentados contra la vida y libertad de los ciudadanos, en cuanto "cuando triunfa, produce efectos muy poco diferentes de una conquista extranjera" (85). O bien abandonando la aplicacion de las leyes, pues "es demostrativamente reducir todo a la anarquia, y por lo tanto efectivamente a disolver el gobierno" (86). Ante la auto-disolucion del gobierno, o la percepcion del germen de una mala representacion, el pueblo tiene por tanto la potestad de darse nuevas autoridades, una forma de gobierno diferente, o ambas preventivamente, es decir, antes de que sus efectos devastadores destruyan el Estado mismo:
Pero la condicion de la humanidad no es tan miserable [como para] que
ellos [los miembros de la humanidad] no sean capaces de aplicar este
remedio hasta que sea demasiado tarde para buscar alguno. Decirle al
pueblo que ellos pueden tomar precauciones para si mismos, a traves de
erigir un nuevo legislativo, cuando por la opresion, artificio, o
siendo entregados a un poder extranjero, su antiguo [legislativo] no
esta presente, es unicamente decirles que ellos pueden esperar alivio
cuando es demasiado tarde y el mal esta mas alla de la cura. Esto es en
efecto no mas que ordenarles primero ser esclavos y entonces ocuparse
de su libertad, y cuando sus cadenas estan puestas decirles que pueden
actuar como hombres. Esto es sencillamente tanto como una burla antes
que un alivio y los hombres nunca pueden estar a salvo de la tirania si
no hay medios para escapar de ella hasta que estan perfectamente bajo
esta: y por lo tanto es que ellos tienen no solo un derecho para salir
de ella sino para prevenirla (87).


Ahora bien, si la confianza del pueblo supone la observancia de estas reglas constitucionales de primer orden, existe, a su vez, una confianza basada en que tanto la actividad legislativa en relacion con la ley de la naturaleza, como la actividad ejecutiva con respecto a las leyes positivas (asi como tambien las de la naturaleza), requieren de una interpretacion por parte de los representantes. En efecto, la ley escrita posee silencios y oscuridades por lo que el pueblo necesariamente deposita una confianza en el ejecutivo a la hora de aplicarlas (88). Esta dimension de la confianza se manifiesta con una claridad especial en el caso de la prerrogativa con la que cuenta el poder ejecutivo para actuar, con vistas al bien comun, en casos de necesidad o urgencia, incluso contra lo prescrito por la ley positiva del Estado. "Este poder de actuar a discrecion, para el bien publico, sin la prescripcion de la ley, y algunas veces incluso contra ella, es lo que es llamado 'prerrogativa'" (89). La razon de esta facultad radica en que "muchos accidentes pueden ocurrir, donde una estricta y rigida observancia de las leyes puede hacer dano" (90). De hecho, Locke contempla la posibilidad de que, por cuestiones de necesidad, no se convoque a las sesiones del poder legislativo (91). A estas contingencias se anaden, a su vez, los efectos del paso del tiempo, que pueden hacer que una aplicacion ciega de la ley, dados ciertos cambios de situacion, altere o contrarie su espiritu original (92). En efecto, "no siendo los legisladores capaces de ver el futuro, y proveer a traves de las leyes por todo lo que pueda ser util a la comunidad", las consideraciones formales y normativas no deben anteponerse a los fines de la sociedad civil ni a la observancia de la ley de la naturaleza (93). La maxima a seguir por tanto se reduce a la expresion "? Salus populi, suprema lex': es, ciertamente, una regla tan justa y fundamental, que el que sinceramente la siga, no puede errar peligrosamente" (94).

En la medida en que la prerrogativa no crea legislacion sino que constituye una disposicion particular basada en la confianza del pueblo, obviamente no supone un poder para establecer medidas arbitrarias contrarias al interes del pueblo, convirtiendo al ejecutivo en un poder absoluto (95). En este sentido, Lee Ward entiende que la prerrogativa se opondria a la supremacia del legislativo pero no a la Constitucion: "En la formulacion de Locke, la prerrogativa ejecutiva es un poder extra-legal potencialmente enorme, pero no es, en el mas crucial sentido, extra-constitucional" (96). En este mismo sentido, Faulkner ya habia destacado que la prerrogativa se hallaba contemplada en el modelo de la Antigua Constitucion, por lo que no debia considerarse necesariamente como extra-constitucional (97).

El posible equivoco de esta linea de interpretacion no radica tanto en atribuir un caracter constitucional a la prerrogativa, sino en suponer que ello implicaria que Locke sostiene un positivismo juridico, esto es, que la legitimidad de la prerrogativa descansaria en la legalidad provista por la Constitucion. Contra esto hay que destacar que la legitimidad del uso de la prerrogativa no radica, para Locke, en su constitucionalidad, sino en la aceptacion por parte del pueblo. Ello se advierte en que el ejercicio de la prerrogativa puede ser contrario a aspectos de la propia Constitucion, y no por ello dejar de hallarse justificada en funcion de determinadas urgencias o necesidades (98). De este modo, la concepcion lockeana de la prerrogativa excede toda forma de positivismo juridico, no porque se incluya o no el derecho de prerrogativa en una determinada Constitucion, sino porque su legitimidad y aceptacion tiene un sustento extra-constitucional: la aprobacion del pueblo.

En este sentido, Locke discute con aquellos que sostienen que la prerrogativa se halla mas alla de la decision soberana del pueblo, invocando el derecho positivo: "Tienen una muy equivocada nocion del gobierno, quienes dicen que el pueblo ha traspasado (99) la prerrogativa cuando ellos [los miembros del pueblo] no tenian ninguna parte en ella que fuese definida a traves de leyes positivas" (100). En efecto, Locke entiende que los miembros del pueblo poseen una potestad anterior, sobre la autoridad del representante y basada en la confianza depositada en el gobierno, que les permite rechazar el uso de la prerrogativa: "Solo declaraban que ese poder que ellos [los ciudadanos] indefinidamente habian dejado en sus manos [las del principe] o en las de sus antecesores para ser ejercido en su propio bien, no era lo que ellos habian pretendido cuando el lo usaba de otra manera" (101). De otro modo, la prerrogativa no seria sino el modo de instaurar un gobierno por encima de las leyes, convirtiendo a los subditos en no otra cosa que esclavos (102).

3. Diferencias con el pacto unico hobbesiano

Para concluir este articulo, se contrastara la concepcion lockeana, basada en los dos pactos que hemos presentado hasta aqui, con el contractualismo de Hobbes, frente al cual Locke explicitamente construye su propuesta. Como es sabido, Hobbes desestima tanto la idea de un pacto de confianza entre el gobierno y el pueblo, como el principio mismo de soberania popular. En efecto, Hobbes se refiere al representante del Estado como a un actor soberano en quien cada uno de los subditos ha delegado la funcion de gobierno, sin que ello suponga un pacto con dichos subditos en virtud del cual aquellos conserven un poder de interpretar la ley de la naturaleza contra la representacion del soberano:
... como el derecho de representar la persona de todos es dado a quien
los hombres hacen su soberano, mediante un pacto establecido entre
ellos mismos, y no entre el soberano y algunos de ellos, no puede haber
quebrantamiento de convenio por parte del soberano; y, en consecuencia,
ninguno de sus subditos puede librarse de estar sujeto a el, alegando
algun infringimiento de contrato por su parte (103).


De este modo, si bien Hobbes entiende que el Estado tiene por fin salvaguardar la vida de los subditos, el soberano no necesita buscar su aceptacion, aun cuando se beneficie de hacerlo: "Pues esta en su propio interes hacer leyes tales que el pueblo pueda soportarlas y observarlas sin impaciencia, y vivir con fuerza y coraje para defender a su rey y a su pais contra sus vecinos poderosos" (104). En efecto, el beneficio del gobierno no debe confundirse con una obligacion o una confianza sobre la que deba responder: "!Y cuanto derramamiento de sangre ha ocasionado la erronea doctrina que dice que los reyes no son superiores a la multitud, sino administradores al servicio de ella!" (105).

Se evidencia aqui la divergencia fundamental entre Locke y Hobbes respecto a la resistencia, la cual involucra posiciones opuestas respecto a la apelacion a la ley de la naturaleza y al depositario de la soberania. Pues si bien para Hobbes la proteccion de la propia vida y el propio cuerpo constituye un derecho y una inclinacion irrenunciable (106), no debe confundirse el tipo de conflictos que pueden surgir a partir de la contraposicion de estos derechos, entre un individuo o un conjunto de individuos y la fuerza publica, con el concepto lockeano de resistencia (107). En efecto, como hemos podido ver, para Locke la resistencia no involucra la defensa de derechos individuales sino un fenomeno politico y colectivo: una apelacion del pueblo a la ley de la naturaleza o a la ley positiva violentada o inaccesible. Hobbes rechaza explicitamente la resistencia en este sentido (108). Para Hobbes, a traves de la transferencia de derechos que realiza cada uno de los subditos, es "el derecho de ofrecer resistencia, en virtud del cual la otra persona no podia disfrutar libremente de todos los suyos, lo que queda completamente abolido" (109).

De este modo, lo que Hobbes sostiene en todo momento, aun a riesgo de inconsistencia, es la vigencia del derecho a la vida y al propio cuerpo, con un arraigo individual y explicitamente sin proyeccion politica colectiva, como lo evidencia el famoso dilema del prisionero: "Si un subdito es hecho prisionero en la guerra, o su persona y sus medios de vida caen bajo el control del enemigo, de modo que su vida y su libertad corporal le son concedidas bajo condicion de hacerse subdito del vencedor, tiene la libertad de aceptar esa condicion" (110). Aqui el Estado es contemplado meramente como instrumento para los fines del subdito, sin suponer, a diferencia de Locke en este punto, una pertenencia politica por la que valga la pena luchar arriesgando la vida (111). En efecto, si algo supone la concepcion lockeana de la resistencia y la lucha contra el conquistador o el usurpador es el involucramiento en disputas arriesgando la vida en funcion de una pertenencia como miembro de una sociedad civil. De aqui tambien las loas de Locke a Guillermo III, a las que ya hemos hecho referencia, en virtud de luchar por defender la religion protestante y la independencia de Inglaterra con respecto a Francia.
Todos, y con razon, comienzan nuestra liberacion del papado y de la
esclavitud a partir del arribo del Principe de Orange, y su
completamiento (112) a traves de todos los que desean el bien a el [el
Principe de Orange] y a ella [la liberacion], datado a partir del
establecimiento de Guillermo en el trono. Esta es la valla levantada
contra el papado y Francia, dado que el nombre del Rey Jacobo, a pesar
del uso hecho de [el], no puede ser sino un mustio (113) pretexto para
estos dos [el papado y Francia]. Si alguna vez el retorna, bajo el
pretexto que fuese, los Jesuitas gobernaran y Francia sera nuestro amo
(114 115).


Hobbes, por el contrario, a traves de la solucion del dilema del prisionero y la permisividad para con aquellos subditos de "coraje" "feminoide" (feminine corage) y timidez natural (natural timorousness (116)) que no quieran pelear en la defensa del Estado, sin por ello atribuirles una desercion del servicio, da cuenta de una concepcion segun la cual, donde no hay garantias para la propia vida, no hay obligacion politica (117). De aqui tambien el rechazo de la apelacion a un derecho de resistencia de resultados inciertos, el cual podria prolongar indefinidamente las luchas internas a partir de los desacuerdos acerca de cual es el mejor gobierno. Hobbes, por tanto, simplemente conserva, en todo momento, el derecho de proteger la propia vida y el propio cuerpo (118).

Se manifiesta, de este modo, una diferencia profunda entre las concepciones de Hobbes y de Locke en TT, II, que puede reducirse a dos lecturas contrapuestas acerca del depositario de la soberania: mientras que la resistencia en Locke supone la soberania popular, Hobbes afirma en todo momento que el soberano es el magistrado, no el pueblo: "... cada ciudadano ha sometido su voluntad a quien tiene el mando supremo sobre la ciudad" (119). Podemos argumentar entonces, que surge de aqui una inconsistencia ineludible al interior de esta concepcion hobbesiana sobre la soberania del magistrado, de la cual se deriva, subsidiariamente, la contradiccion entre su mandato absoluto y la posibilidad factica de desobediencia. En efecto, como bien destaca Hobbes, la soberania es por definicion absoluta: o bien un hombre o conjunto de hombres son los que deciden en ultima instancia o bien no constituyen el soberano (120). De este modo, recayendo la soberania en el representante, el correlato logico deberia ser la obediencia absoluta de los subditos. "Pues cuando nos obligamos a obedecer antes de saber lo que se nos va a mandar, estamos universalmente atados a obedecer en todas las cosas" (121). Sin embargo, la obediencia absoluta es facticamente imposible, como Hobbes comprende perfectamente al senalar que "aquellas personas que van a recibir la pena capital o algun otro castigo mas ligero se les pone grilletes o se las vigila estrechamente, lo cual es senal certisima de que no se estima que esas personas estaban suficientemente obligadas por sus contratos de no resistencia" (122).

Para enmendar la contradiccion entre soberania del magistrado y posibilidad de desobediencia, Hobbes propone la siguiente distincion: "Una cosa es decir: Te doy derecho para que mandes lo que quieras, y otra cosa es decir: Hare cualquier cosa que me mandes. Un mandato puede ser tal, que yo prefiera morir antes que cumplirlo" (123). Aqui la posibilidad factica de la desobediencia es aceptada. La cuestion es entonces si una vez aceptada la posibilidad de desobediencia del pueblo, que necesariamente debe ser evitada para que de hecho gobierne quien manda, resulta sostenible la idea de soberania del magistrado. Hobbes insiste en que si lo es:
Y esto, sin que se viole ese derecho absoluto que se le ha concedido al
jefe supremo. Pues en ningun caso se le priva del derecho que tiene de
matar a los que rehusen obedecerle. Pero quienes deciden matar a
hombres por esto, aunque se les haya concedido el derecho de hacerlo,
pecaran contra las leyes de [la] naturaleza, es decir, contra Dios, si
usan ese derecho de manera diferente de como es requerido por la recta
razon (124).


El problema de la concepcion hobbesiana de la soberania radica en la escasa entidad atribuida a la dimension activa de la desobediencia. En efecto, una desobediencia generalizada puede llevar a que los mandatos del magistrado no se traduzcan en actos derivados de ellos por parte de los subditos, precisamente en funcion de que, como Hobbes hemos visto reconoce, los subditos pueden estar dispuestos a morir antes de obedecer determinados mandatos. Siendo asi, si los mandatos del magistrado no son obedecidos por los ciudadanos, la decision en ultima instancia del magistrado, es decir, su soberania, caera como un castillo de arena. Por lo tanto, a pesar de la distancia que propone Hobbes entre el acto de desobediencia del mandato y la vigencia de su obligatoriedad, lo cierto es que si la desobediencia se vuelve generalizada, sencillamente no habra gobierno. En este sentido, si aceptamos la posibilidad de desobediencia, en especial la de una desobediencia generalizada, es claro que, al depender el magistrado de la obediencia del pueblo, quien decide en ultima instancia es este ultimo. De este modo, podemos concluir que al contrastar la concepcion hobbesiana tanto con la posibilidad factica de la desobediencia como con la irreductibilidad propuesta de ciertos derechos individuales, la idea de la soberania del magistrado se evidencia inconsistente. Esta es la razon por la cual Locke desestima la idea de soberania del magistrado y propone una membrecia politica que supone la obligacion de luchar por ella incluso a riesgo de perder la vida. De aqui, como bien destaca Scott, que Locke reemplace la soberania del magistrado por "el lenguaje de la obligacion que ayudara a unir al Estado falto-de-soberania" (125), entendiendo por soberania la concepcion hobbesiana, es decir, no contemplando la posibilidad de la soberania popular (126).

Conclusiones

Hemos podido establecer aqui, en primer lugar, la importancia del consentimiento expreso para la fundacion del Estado por parte de sus miembros. En este sentido, se ha explicitado que se trata de un hecho juridico de particular importancia para Locke, no reductible a la legitimidad que presta la ley de la naturaleza, ni a un hecho psicologico como lo entiende Dunn. De tal pacto surge la distincion entre las obligaciones de un propietario extranjero y un ciudadano. A ello hay que anadir, como hemos visto, que el consentimiento expreso que funda la pertenencia a la sociedad civil se opone a toda forma de obediencia politica bajo coaccion, como es el caso de la monarquia absoluta. Se ha dado cuenta, por tanto, de la centralidad del consentimiento expreso para la fundacion del Estado asi como del desplazamiento del plano individual al colectivo, el cual refleja una tension profunda entre una dimension normativa, basada en derechos individuales de ciudadanos-propietarios, y la dimension colectiva y politica de la resistencia efectiva, en cuanto manifiesta la decision soberana en la situacion excepcional.

En segundo lugar, se dio cuenta de la importancia del pacto de confianza que, segun Locke, funda el gobierno, a traves del ejemplo de la prerrogativa. En efecto, existe un segundo pacto en el contractualismo lockeano que funda el gobierno, basado en la confianza que el pueblo deposita en sus representantes y que se manifiesta de modo emblematico en la prerrogativa del ejecutivo. Este pacto constituye, como hemos podido ver, una de las diferencias esenciales con el contractualismo hobbesiano. La aclaracion acerca de la presencia de dos pactos resulta relevante, en la medida en que interpretes como Simmons han solido identificar sin mas la disolucion del gobierno con el regreso al estado de naturaleza, lo cual, como hemos podido ver, resulta equivoco. De este segundo pacto de confianza que funda el gobierno surge el hecho de que la resistencia no disuelva necesariamente al Estado.

Al mismo tiempo, hemos discutido las lecturas de Ward y Faulkner, en cuanto al atribuir un caracter constitucional a la prerrogativa, encuentran en Locke una suerte de positivismo juridico, al asumir que la legitimidad de la prerrogativa descansaria en la legalidad provista por la Constitucion. Contra esta interpretacion se ha destacado que la legitimidad del uso de la prerrogativa no radica, segun Locke, en su constitucionalidad, sino en la aceptacion por parte del pueblo. Ello se advierte en que el ejercicio de la prerrogativa puede ser contrario a aspectos de la propia Constitucion, y no por ello dejar de hallarse justificada en funcion de determinadas urgencias o necesidades.

Por ultimo, se han destacado las profundas diferencias entre las concepciones de Hobbes y de Locke, que pueden reducirse a dos lecturas contrapuestas acerca del depositario de la soberania: mientras que la resistencia en Locke supone la soberania popular, Hobbes afirma en todo momento que el soberano es el magistrado, no el pueblo. En este sentido, se ha destacado que el problema de la concepcion hobbesiana de la soberania radica en la escasa entidad atribuida a la dimension activa de la desobediencia. En efecto, una desobediencia generalizada puede llevar a que los mandatos del magistrado no se traduzcan en actos derivados de ellos por parte de los subditos, precisamente en funcion de que, como Hobbes hemos visto reconoce, los subditos pueden estar dispuestos a morir antes de obedecer determinados mandatos. Siendo asi, si los mandatos del magistrado no son obedecidos por los ciudadanos, la decision en ultima instancia del magistrado, es decir, su soberania, cae como un castillo de arena.

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Joan Severo Chumbita (1)

(1) Facultad de Filosofia y Letras, Universidad de Buenos Aires. Consejo Nacional de Investigaciones Cientificas y Tecnicas (Argentina)

E-mail: joanchumbita@gmail.com

(2) El conjunto de las citas de este articulo han sido traducidas por el autor y en todos los casos se ha mantenido la referencia al texto original. En el caso de Two Treatises of Government (TT), que sera citado por parrafos, se ha empleado la edicion de las obras completas (John Locke, Works of John Locke in Nine Volumes, Rivington, London, 1824, vol. IV), junto a la edicion inglesa de Laslett (John Locke, Two Treatises of Government, ed. de Peter Laslett, Cambridge University Press, Cambridge, 2004). En el caso de Of Government. In the Former, the False Principles and Foundation of Sir Robert Filmer, and His Followers, Are Detected and Overthrown (TT, I) se ha consultado la traduccion de Carmela Gutierrez (John Locke, "Sobre el gobierno" en El patriarca en La polemica Filmer-Locke sobre la obediencia politica, trad. de Carmen Gutierrez de Gambra, Instituto de Estudios Politicos, Madrid, 1966, pp. 97-277). Para Of Civil Government. The Latter, is an Essay Concerning the True Original, Extent, and End, of Civil Government (TT, II), se ha consultado la traduccion de Carlos Mellizo (John Locke, Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil. Un ensayo acerca del verdadero origen, alcance y fin del Gobierno Civil, trad. de Carlos Mellizo, Tecnos, Madrid, 1990). En menor medida, se ha consultado la traduccion de Claudio Amor y Pablo Stafforini (John Locke, Ensayo sobre el gobierno civil. Un ensayo concerniente al verdadero origen, alcance y finalidad del Gobierno Civil, trad. de Claudio Amor y Pablo Stafforini, Universidad Nacional de Quilmes, Buenos Aires, 2005). De este trabajo, sin embargo, se ha tomado el recurso de introducir entre corchetes, al interior de las traducciones, los conectores y suplementos que faciliten una lectura fluida del texto, sin por ello estilizar la traduccion eliminando la aridez del texto original.

(3) Vease TT, II, [seccion][seccion]15, 22, 95, 97-99, 102, 112-113, 119, 121, 134, 171, 175, 186, 189-193, 198, 212, 218; vease tambien John W. Yolton, "Locke on the Law of Nature": The Philosophical Review, vol. 67, no. 4 (1958), pp. 493, 496; John W. Gough, John Locke's Political Philosophy, Oxford University Press, Oxford, 1964, pp. 31, 43; Hans Aarsleff, "The State of Nature and the Nature of Man in Locke", en John W. Yolton (ed.), John Locke: Problems and Perspectives, Cambridge University Press, Cambridge, 1969, p. 103; Jacqueline Stevens, "The Reasonableness of John Locke's Majority. Property Rights, Consent and Resistance in the Second Treatise": Political Theory, vol. 24, no. 3 (1996), pp. 437-438; John T. Scott, "The Sovereignless State and Locke's Language of Obligation": The American Political Science Review, vol. 94, no. 3 (2000), p. 558; Joan S. Chumbita, "La vigencia de la ley en el estado de naturaleza lockeano: libertad, castigo, guerra justa y esclavitud": Signos filosoficos, vol. 35 (2016), pp. 82-109. Bosquejos de los desarrollos de este apartado han sido presentados previamente (vease Joan S. Chumbita, "La configuracion del pueblo en la resistencia. Un abordaje contemporaneo sobre la obra de John Locke": Revista SAAP, vol. 8, no. 1 (2014), pp. 179-182).

(4) Vease TT, II, [seccion]85.

(5) TT, II,[seccion]61; vease tambien [seccion][seccion]4, 54, 62-63; John Locke, An Essay Concerning Human Understanding. With Notes and Illustrations, and an Analysis of Mr. Locke's Doctrine of Ideas (Essay), Thomas Tegg, London, 1825, II, XXI, [seccion][seccion]50, 8-9, 12, 71 71; John Dunn "Consent in the Political Theory of John Locke": The Historical Journal, vol. 10, no. 2 (1967), p. 158; Raymond Polin, "John Locke's Conception of Freedom", en John W. Yolton (ed.), John Locke: Problems and Perspectives, Cambridge University Press, Cambridge, 1969, pp. 2, 4, 6, 8, 15-16; Manfred Brocker, "Suffrage and Democracy in the Political Philosophy of John Locke": Interpretation. A Journal of Political Philosophy, vol. 37, no. 1, (2009), pp. 29-30, 33; Cecilia Abdo Ferez, "Hombria, colonialismo y castigo en John Locke", en Crimen y si mismo. La conformacion del individuo en la temprana modernidad occidental, Gorla, Buenos Aires, 2013, pp. 397-398; Chumbita, "La vigencia de la ley en el estado de naturaleza lockeano", pp. 82-109.

(6) TT, II, [seccion]6, [seccion]56-58; Essay, IV, XVIII, [seccion]5-6; Thomas Hobbes, Leviatan, trad. de Carlos Mellizo, Alianza Editorial, Buenos Aires, 1999, cap. XXVI, p. 239; John Dunn, The Political Thought of John Locke. An Historical Account of the Argument of the "Two Treatises of Government", Cambridge University Press, Cambridge, 1969, p. 184. Hobbes ya advertia el problema de la interpretacion de la ley de la naturaleza y, contra la idea de un derecho de resistencia del pueblo, afirmaba la necesidad de un unico interprete: el magistrado. "El robo, el asesinato, el adulterio y todas las injurias son prohibidos por las leyes de [la] naturaleza; pero a que debemos llamar robo, a que asesinato, a que adulterio, a que injuria, contra un ciudadano no es algo que viene determinado por la ley de la naturaleza, sino por la ley civil... no todo matar a un hombre es un asesinato, sino solo en la medida en que asi lo determine la ley civil" (Thomas Hobbes, De Cive, trad. de Carlos Mellizo, Alianza Editorial, Madrid, 2010, p. 134; vease tambien pp. 266, 328, 330; Hobbes, Leviatan, XVIII, pp. 162-164; XXIII, p. 213; XXVI, p. 239). Es decir, que para Hobbes no hay lugar para apelar al derecho natural contra la interpretacion del magistrado (Hobbes, De Cive, pp. 48-49).

(7) Vease TT, II, [seccion]59.

(8) Vease TT, II, [seccion][seccion]58-59, 61, 63, 66, 71; Brocker, "Suffrage and Democracy in the Political Philosophy of John Locke", pp. 36-37; en su polemica con Robert Filmer (1588-1653), Locke afirma que el poder paternal es tanto del padre como de la madre, por lo cual nunca podria dar lugar a un derecho politico hereditario por via paterna (vease TT, II, [seccion]64). Al mismo tiempo, entiende que el poder del padre es muy limitado respecto a sus hijos y a su mujer, por lo que, si el poder politico se basara en el, dificilmente podria justificar el absolutismo filmeriano (vease TT, II, [seccion]86; Chumbita, "La vigencia de la ley en el estado de naturaleza lockeano").

(9) Vease "Obligation of Penal Laws" (OPL), en John Locke, Political Essays, ed. de Mark Goldie, Cambridge University Press, Cambridge, 2002, p. 236; Ross J. Corbett, The Lockean Commonwealth, State University of New York Press, Albany, 2009, p. 431.

(10) Vease TT, II, [seccion]96; Willmoore Kendall, John Locke and the Doctrine of the Majority-Rule, University of Illinois Press, Illinois, 1965, pp. 112-119; Hanna Pitkin, "Obligation and Consent I": The American Political Science Review, vol. 59, no. 4 (1965), p. 994; Dunn "Consent in the Political Theory of John Locke", p. 171; Joan S. Chumbita, "Actores sociales y economicos en las propuestas juridicas y normativas de John Locke": Anales del Seminario de Historia de la Filosofia, vol. 31, no. 1 (2014), pp. 89-105.

(11) Alexander J. Carlyle, La libertad politica. Historia de su concepto en la Edad Media y los tiempos modernos, trad. de V. Herrero, Fondo de Cultura Economica, Madrid, 1982, p. 178.

(12) Hobbes, Leviatan, XVII, p. 157; XVIII, p. 159; XX, p. 179.

(13) TT, II, [seccion]122, vease tambien [seccion][seccion]15, 62; Stevens, "The Reasonableness of John Locke's Majority", p. 441; Lee Ward, "Locke on Executive Power and Liberal Constitutionalism": Canadian Journal of Political Science, vol. 38, no. 3, (2005), p. 726; Brocker, "Suffrage and Democracy in the Political Philosophy of John Locke", p. 30.

(14) TT, II, [seccion]116; vease [seccion][seccion]89, 113-118, 121-122; Yolton, "Locke on the Law of Nature", pp. 493, 496; Gough, John Locke's Political Philosophy, pp. 31, 43; Aarsleff, "The State of Nature and the Nature of Man in Locke", p. 103.

(15) Vease TT, II, [seccion][seccion]105-108; Ward, "Locke on Executive Power and Liberal Constitutionalism", p. 724.

(16) Vease TT, II, [seccion]119; Pitkin, "Obligation and Consent I", p. 995; David Wootton, "John Locke and Richard Ashcraft's Revolutionary Politics": Political Studies, vol. 40, no. 1 (1992), p. 94; Stevens, "The Reasonableness of John Locke's Majority", pp. 437-438; Ross J. Corbett, "The Extraconstitutionality of Lockean Prerogative": The Review of Politics, vol. 68, no. 3 (2006), pp. 432-433.

(17) Vease Dunn "Consent in the Political Theory of John Locke", pp. 162-163, 181; John Dunn, Political Obligation in Its Historical Context: Essays in Political Theory, Cambridge University Press, Cambridge, 1980, p. 32; John Dunn, "The Concept of 'Trust' in the Politics of John Locke", en Richard Rorty, Jerome B. Schneewind y Quentin Skinner (eds.), Philosophy in History: Essay on the Historiography of Philosophy, Cambridge University Press, Cambridge, 1984, p. 280.

(18) Dunn, Political Obligation in Its Historical Context, p. 32, vease tambien pp. 30-31.

(19) Vease Joan S. Chumbita, "Teologia politica, libertad natural, paz relativa y secularizacion en el estado de naturaleza descrito por John Locke": Bajo palabra. Revista de filosofia, vol. 9, no. 2 (2014), pp. 191-202; Joan S. Chumbita "La ley de la naturaleza como mandato divino. Continuidades entre los escritos tempranos y de madurez en la obra de John Locke": Telos. Revista de Estudios Interdisciplinarios en Ciencias Sociales, vol. 17, no. 1 (2015), pp. 129-150; Joan S. Chumbita, "La relacion entre latitudinarismo, escepticismo, tolerancia y protestantismo en la obra John Locke": Contrastes. Revista Internacional de Filosofia, vol. 21, no. 1 (2017), pp. 63-78.

(20) Vease TT, II, [seccion]62; Dunn, Political Obligation in Its Historical Context, p. 32.

(21) Para la traduccion de AR se empleo la edicion inglesa de Mark Goldie (John Locke, Political Essays, ed. de Mark Goldie, Cambridge University Press, Cambridge, 2002, pp. 306-313) y se consulto la traduccion de Blanca Rodriguez Lopez y Diego Fernandez Peychaux (John Locke, Ensayo sobre la tolerancia y otros escritos sobre etica y obediencia civil, trad. de Blanca Rodriguez Lopez y Diego A. Fernandez Peychaux, Minerva, Madrid, 2011, pp. 167-176).

(22) Vease AR, pp. 308, 311-312; TT, II, [seccion][seccion]62, 217, 221-222; Chumbita, "La configuracion del pueblo en la resistencia", pp. 177-205.

(23) AR, p. 312; vease tambien p. 307.

(24) Ibid., p. 312.

(25) Ibid., p. 309, vease pp. 308-309.

(26) El termino es aqui nuevamente title, que en este caso debe entenderse como derecho en sentido fuerte: como titulo a.

(27) Ibid., p. 309.

(28) El termino es aqui miscarriages, que tambien denota "abortos espontaneos", "extravios".

(29) Ibid., p. 310.

(30) En el original "let us not trifle with it", siendo el significado de trifle, "tontear", "actuar con frivolidad", "despreciar".

(31) Ibid., p. 311; vease John Locke, "An Essay on Toleration" (ET), en Locke, Political Essays, pp. 135-136; TT, I, [seccion][seccion]3-5; Chumbita, "La configuracion del pueblo en la resistencia"; Chumbita, "La vigencia de la ley".

(32) El termino es stranger, en clara referencia a los extranjeros.

(33) TT, II, [seccion]9; OPL, p. 237; Corbett, "The Extraconstitutionality of Lockean Prerogative", pp. 432-433.

(34) Vease TT, II, [seccion]3; TT, I, [seccion][seccion]51, 49.

(35) Ibid. [seccion][seccion]139, 176, 192, 220; AR, pp. 307-308; Chumbita, "La configuracion del pueblo en la resistencia".

(36) En este punto, Locke tambien se diferencia de Hobbes, quien no sostiene esta obligacion de defender voluntariamente la sociedad politica con la vida en caso de necesidad (vease Hobbes, Leviatan, XXI, pp. 193-194; Dunn "Consent in the Political Theory of John Locke", p. 166; Chumbita, "La configuracion del pueblo en la resistencia").

(37) TT, II, [seccion]91.

(38) El termino es aqui inconsistent, que tambien podria traducirse, menos literalmente, por "contradictorio" o "incongruente".

(39) Ibid. [seccion]90; vease [seccion][seccion]92-93, 131, 134-135, 139-140, 176, 179, 183-184, 189, 192, 197; Martin Seliger, "Locke's Theory of Revolutionary Action": The Western Political Quarterly, vol. 16, no. 3 (1963), p. 555; Oscar Godoy Arcaya, "Absolutismo, tirania y resistencia civil en el pensamiento politico de John Locke": Estudios Publicos, vol. 96 (2004), p. 279; Chumbita, "La vigencia de la ley en el estado de naturaleza lockeano".

(40) El termino es aqui the people, al que Locke inmediatamente se refiere a continuacion en plural, refiriendose a sus miembros.

(41) TT, II, [seccion]192; vease TT, II, [seccion][seccion]179, 183-184, 189, 197.

(42) Vease ibid. [seccion]207; Godoy Arcaya, "Absolutismo, tirania y resistencia civil en el pensamiento politico de John Locke", p. 274; Leo Strauss, Natural Right and History, Chicago University Press, Chicago, 1992, p. 233; Diego Fernandez Peychaux, La relacion individuo-sociedad a traves de la resistencia civil en Thomas Hobbes y John Locke, tesis doctoral inedita, Facultad de Filosofia, Universidad Complutense de Madrid, Madrid, 2012, pp. 49-50, 56.

(43) En el original, the body of the people, traducimos body en su acepcion como "parte principal", que es la unica coherente en el contexto de la frase, ya que la idea de "masa del cuerpo" o "cuerpo del pueblo" no parecen tener sentido.

(44) Ibid, [seccion]208; vease especialmente [seccion]242, [seccion]230, tambien [seccion]223, [seccion]240; vease Stevens, "The Reasonableness of John Locke's Majority", p. 443.

(45) John Dunn, "What History Can Show: Jeremy Waldron's Reading of Locke's Christian Politics": The Review of Politics, vol. 67, no. 3 (2005), p. 448; vease tambien Dunn, The Political Thought of John Locke, p. 182; Godoy Arcaya, "Absolutismo, tirania y resistencia civil en el pensamiento politico de John Locke", p. 274.

(46) Vease TT, II, [seccion][seccion]192, 208-209, 223, 225, 230; Stevens, "The Reasonableness of John Locke's Majority", pp. 443-445.

(47) El termino es inveigled, que encierra tanto el sentido de seduccion como de engano.

(48) Seliger, "Locke's Theory of Revolutionary Action", p. 560.

(49) Chumbita, "La vigencia de la ley en el estado de naturaleza lockeano".

(50) TT, II, [seccion]175; vease [seccion]176.

(51) Ibid., [seccion][seccion]192, 176.

(52) Vease Hobbes, Leviatan, XVII, p. 157; XVIII, p. 159; XX, 179.

(53) TT, II, [seccion]176; vease tambien [seccion][seccion]179, 183-184, 189, 192, 197.

(54) Vease ibid., TT, II, [seccion]235.

(55) Vease Dunn "Consent in the Political Theory of John Locke", pp. 175, 181.

(56) Vease Chumbita, "La configuracion del pueblo en la resistencia".

(57) El termino es loose que refiere a lo no sujeto, aquello que le falta anclaje, por lo que podria traducirse literalmente por "suelto", "flojo".

(58) TT, II, [seccion]211; vease Godoy Arcaya, "Absolutismo, tirania y resistencia civil en el pensamiento politico de John Locke", p. 273.

(59) TT, II, [seccion]211.

(60) Ibid., [seccion]212.

(61) Alan J. Simmons, The Lockean Theory of Rights, Princeton University Press, Princeton, 1992, p. 129.

(62) Dunn, The Political Thought of John Locke, p. 165; vease tambien Richard H. Cox, Locke on War and Peace, Oxford University Press, London, 1960, p. 66; Richard Ashcraft, "Locke's State of Nature. Historical Fact or Moral Fiction?": The American Political Science Review, vol. 62, no. 3 (1968), p. 902.

(63) Vease TT, II, [seccion][seccion]211, 243.

(64) Ibid., [seccion]90.

(65) Joan S. Chumbita, "Las condiciones de posibilidad de la apropiacion privada segun John Locke. La ley y el estado de naturaleza en los escritos de madurez": Anacronismo e Irrupcion, vol. 9 (2015), pp. 79-134.

(66) TT, II, [seccion]90; Joan S. Chumbita, "Un analisis de las nociones de abundancia y esclavitud para reinterpretar el caracter universal de la teoria de la apropiacion de John Locke": Las torres de Lucca. Revista Internacional de Filosofia Politica, vol. 2 (2013), pp. 69-83.

(67) TT, II, [seccion]91, vease tambien [seccion][seccion]137, 175-165; Chumbita, "Las condiciones de posibilidad de la apropiacion".

(68) Vease TT, II, [seccion][seccion]17, 20, 207; Cox, Locke on War and Peace, p. 79; Dunn, The Political Thought of John Locke, p. 165.

(69) Vease TT, II, [seccion][seccion]192, 175-176, 179, 183-184, 189, 192, 197; Chumbita, "La configuracion del pueblo en la resistencia".

(70) Vease Chumbita, "Las condiciones de posibilidad de la apropiacion privada segun Locke".

(71) Vease John T. Scott, "The Sovereignless State and Locke's Language of Obligation": The American Political Science Review, vol. 94, no. 3 (2000), pp. 554-555.

(72) Vease Chumbita, "Actores sociales y economicos en las propuestas juridicas y normativas de John Locke", pp. 89-105.

(73) Vease TT, II, [seccion][seccion]85, 131, 138-140, 142, 168, 171, 222; Brocker, "Suffrage and Democracy in the Political Philosophy of John Locke", p. 33.

(74) Vease John Locke, "Some Considerations of the Lowering of Interest, and Raising the Value of Money" (SC), en Works of John Locke in Nine Volumes, Rivington, London, 1824, tomo IV, p. 71; TT, II, [seccion][seccion]6, 168, 202-203; Godoy Arcaya, "Absolutismo, tirania y resistencia civil en el pensamiento politico de John Locke", p. 275; Corbett, "The Extraconstitutionality of Lockean Prerogative", pp. 431-432.

(75) Vease Kendall, John Locke and the Doctrine of the Majority-Rule, p. 112; Pitkin, "Obligation and Consent I", p. 994; Dunn, "Consent in the Political Theory of John Locke", p. 171; Chumbita, "Actores sociales y conomicos en las propuestas juridicas y normativas de John Locke", pp. 89-105.

(76) TT, II, [seccion]134; vease [seccion][seccion]123-128, 131, 135, 138.

(77) Ibid., [seccion]149.

(78) El termino es aqui appoint, literalmente "nombrar" o "designar". El termino se repite en la misma oracion, en la forma de appointing.

(79) Ibid., [seccion]141; vease tambien [seccion]132; Scott, "The Sovereignless State and Locke's Language of Obligation", p. 548; Alex Tuckness, Locke and the Legislative Point of View, Princeton University Press, Princeton, 2002, pp. 128, 132-133, 140; Lee Ward, "Locke on Executive Power and Liberal Constitutionalism": Canadian Journal of Political Science, vol. 38, no. 3 (2005), pp. 728-729; Corbett, "The Extraconstitutionality of Lockean Prerogative", p. 432.

(80) Vease TT, II, [seccion]140; Dunn, "Consent in the Political Theory of John Locke", p. 170.

(81) TT, II, [seccion]212.

(82) Ibid., [seccion][seccion]155, 214-215; Godoy Arcaya, "Absolutismo, tirania y resistencia civil en el pensamiento politico de John Locke", p. 276.

(83) Vease TT, II, [seccion]216.

(84) Ibid., [seccion]217, vease tambien [seccion][seccion]221-222.

(85) Ibid., [seccion]218; vease Seliger, "Locke's Theory of Revolutionary Action", p. 553.

(86) TT, II, [seccion]219.

(87) Ibid., [seccion]220; vease tambien [seccion][seccion]137, 139, 205, 221; Seliger, "Locke's Theory of Revolutionary Action", p. 557; Dunn, "Consent in the Political Theory of John Locke", p. 164; Dunn, The Political Thought of John Locke, pp. 178-179; Godoy Arcaya, "Absolutismo, tirania y resistencia civil en el pensamiento politico de John Locke", pp. 272-273.

(88) Vease TT, II, [seccion]164.

(89) Ibid. [seccion]160, vease tambien [seccion]158; Seliger, "Locke's Theory of Revolutionary Action", pp. 566-567; Clement Fatovic, "The Political Theology of Prerogative: The Jurisprudential Miracle in Liberal Constitutional Thought": Perspectives on Politics, vol. 6, no. 3 (2008), p. 491; Brocker, "Suffrage and Democracy in the Political Philosophy of John Locke", p. 36.

(90) TT, II, [seccion]159.

(91) Vease Ibid., [seccion][seccion]156, 159, 168.

(92) Vease ibid., [seccion]157; Corbett, "The Extraconstitutionality of Lockean Prerogative", p. 435; Chumbita, "Actores sociales y economicos en las propuestas juridicas y normativas de John Locke", pp. 89-105.

(93) TT, II, [seccion]159.

(94) Ibid., [seccion]158, vease Marco T. Ciceron, Las leyes, trad. de C. T. Pabon de Acuna, Gredos, Madrid, 2009, III, pp. 3, 8-9; Seliger, "Locke's Theory of Revolutionary Action", pp. 558-559. Locke entiende que la presencia de este pacto de confianza entre el representante y el pueblo se manifiesta tambien, como veremos en detalle en el proximo apartado, a traves del juramento del rey en su coronacion (vease TT, II, [seccion][seccion]151, 195, 198, 200) . Carlyle, La libertad politica, p. 185). En este sentido, veremos que la primacia de la Constitucion sobre el legislativo, se basa en el ejemplo de la Antigua Constitucion.

(95) Vease TT, II, [seccion][seccion]163, 90-94, 151, 166; Ward, "Locke on Executive Power and Liberal Constitutionalism", pp. 432, 434-441, 443-444; Fatovic, "The Political Theology of Prerogative", p. 493. Del mismo modo, dado que la prerrogativa no crea leyes de validez universal, resulta analoga al modelo teologico de la ley de la fe que, a traves del perdon de los pecados tiene por fin el arrepentimiento de los creyentes y la observancia de la ley de las obras, sin por ello alterarla (vease John Locke, "The Reasonableness of Christianity" (R), en Locke, Works of John Locke in Nine Volumes, Rivington, London, 1824, tomo VI, pp. 13-15, 115; TT, II [seccion]159; Joan S. Chumbita, "La ley de la naturaleza como universal abstracto. Un estudio de los principios morales de John Locke a la luz de su critica a la idea de sustancia", Endoxa. Series Filosoficas, vol. 36 (2015), pp. 99-122.

(96) Ward, "Locke on Executive Power and Liberal Constitutionalism", p. 721; vease tambien Ruth W. Grant, John Locke's Liberalism, Chicago University Press, Chicago, London, 1987, pp. 75-76; David R. Weaver, "Leadership, Locke and the Federalist": American Journal of Political Science, vol. 41, no. 2 (1997), pp. 420-426.

(97) Vease TT, II, [seccion][seccion]163-164. Robert Faulkner, "The First Liberal Democrat: Locke's Popular Government": Review of Politics, vol. 61, no. 3 (2001), pp. 12-13, 29-33.

(98) Vease Scott, "The Sovereignless State and Locke's Language of Obligation", pp. 548-549, 555; Peter Josephson, The Great Art of Government: Locke's Use of Consent, University Press of Kansas, Lawrence, 2002, pp. 231-243; Fatovic, "The Political Theology of Prerogative", pp. 439-440; Sean Mattie, "Prerogative and the Rule of Law in John Locke and the Lincoln Presidency": Review of Politics, vol. 67, no. 1 (2005), pp. 77-111; David R. Jenkins, "The Lockean Constitution: Separation of Powers and the Limits of Prerogative": McGill Law Journal, vol. 56, no. 3 (2011), pp. 445, 447.

(99) El termino es aqui encroached, tambien "invadido", "usurpado".

(100) TT, II, [seccion][seccion]163, vease tambien [seccion]164; Faulkner, "The First Liberal Democrat: Locke's Popular Government", pp. 12-13, 29-33; Ward, "Locke on Executive Power and Liberal Constitutionalism", p. 721.

(101) TT, II, [seccion]163.

(102) TT, II, [seccion]163-164, 90-94, 151.

(103) Hobbes, Leviatan, XVIII, p. 160, vease tambien XVI, pp. 146-148; XVII, pp. 156-157; XVIII, p. 159; Godoy Arcaya, "Absolutismo, tirania y resistencia civil en el pensamiento politico de John Locke", p. 278; Ward, "Locke on Executive Power and Liberal Constitutionalism", p. 732.

(104) Thomas Hobbes, Dialogo entre un filosofo y un jurista y escritos autobiograficos, trad. de M. A. Rodilla, Tecnos, Madrid, 1992, pp. 145-146.

(105) Hobbes, De Cive, p. 41; vease tambien pp. 211-219; 272.

(106) Vease ibid., pp. 60, 75-76, 96, 101; Hobbes, Leviatan, XXI, p. 194.

(107) Vease Hobbes, Leviatan, XX, pp. 182-183; Chumbita, "La configuracion del pueblo en la resistencia".

(108) Vease Hobbes, Leviatan, XVIII, p. 162; XXI, pp. 189-195; XXVIII, pp. 265-266.

(109) Hobbes, De Cive, pp. 68-69; vease tambien, pp. 49, 128-130, 132, 138-140, 149; Hobbes, Leviatan, XXIV, p. 219; XXVIII, p. 267; XXX, pp. 287-288; XXXVI, pp. 364-365.

(110) Hobbes, Leviatan, XXI, p. 196, vease tambien XXVII, p. 259; XXIX, pp. 282-283.

(111) Vease TT, II, [seccion][seccion]176, 192, 220; Hobbes, Leviatan, XXI, pp. 193-194.

(112) En el original the completing; la traduccion estilizada por "cumplimiento" no parece transmitir el matiz temporal de realizacion, de concrecion final.

(113) El termino es stale, que se refiere a la comida no fresca, tambien podria traducirse por "viejo".

(114) El termino empleado aqui es nuevamente master.

(115) AR, pp. 307-308.

(116) Si bien el termino timorousness puede traducirse por "timidez", aqui parece predominar la raiz latina, referida al caracter timorato, es decir, "temeroso", por lo que mejor podria traducirse por "temerosidad natural".

(117) Hobbes, Leviatan, XX, pp. 193-194; vease tambien p. 196; XXIX, pp. 282-283.

(118) Esta fue tambien la posicion de Locke en sus escritos tempranos, como hemos destacado en otros trabajos (Joan S. Chumbita, "La ley de la naturaleza como mandato divino", pp. 129-150). En este mismo sentido Locke dira en "An Essay on Toleration": "Que si el magistrado, en estas opiniones o acciones, a traves de leyes e imposiciones, intente restringir o compeler a los hombres en oposicion a las sinceras convicciones de sus propias conciencias, deben estos hacer lo que sus conciencias requieren de ellos, tan lejos como puedan [hacerlo] sin violencia; con todo, sin embargo, estan al mismo tiempo obligados a someterse silenciosamente a la pena que la ley inflige por tal desobediencia; porque a traves de estos medios ellos aseguran para si mismos sus mas altos cometidos en el otro mundo y no perturban la paz de este, no atentan contra su lealtad a Dios ni al rey, sino que cumplen tanto con lo debido por ellos, como dejan a salvo el interes del magistrado y su propio bienestar" (ET, p. 143). "Yo digo, cuando cualquiera de estos distintos partidos ha crecido o esta creciendo tan numeroso como para mostrarse peligroso al magistrado y parece amenazar visiblemente la paz del Estado, el magistrado puede y debe usar todas las maneras, ya sean politicas o de poder, que resulten convenientes para reducir, romper, y suprimir el partido y de este modo prevenir el dano. Porque, aunque su separacion se basara en nada mas que en el culto religioso y el [el magistrado] debiera usar la fuerza y la severidad como ultimo remedio contra ellos, quienes no hicieron nada sino honrar a Dios a su manera, el, sin embargo, realmente no persiguio su religion o los castigo por ello" (ET, p. 147).

(119) Hobbes, De Cive, p. 129.

(120) Vease ibid., pp. 137, 145, 200.

(121) Ibid., p. 234; vease tambien pp. 329, 335-336; Hobbes, Leviatan, XX, p. 186.

(122) Hobbes, De Cive, p. 76.

(123) Ibid., p. 131.

(124) Ibid., p. 132, vease tambien p. 61; para una interpretacion diversa sobre la resistencia en Hobbes, vease Fernandez Peychaux, La relacion individuo-sociedad a traves de la resistencia civil en Thomas Hobbes y John Locke, pp. 149-170.

(125) En el original bind together the sovereignless state.

(126) Scott, "The Sovereignless State and Locke's Language of Obligation", pp. 547, 549, 555.

Recibido: 11 de agosto de 2017/ Aceptado: 29 de diciembre de 2017

http://dx.doi.org/10.5209/FOIN.61511
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Title Annotation:John Locke, filosofo
Author:Chumbita, Joan Severo
Publication:Foro Interno
Article Type:Ensayo
Date:Jan 1, 2018
Words:14871
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