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Un cantico imposible.

No creo que me deshonre reconocer que descubri el continente inabarcable de los veintidos poemas de San Juan en plan mas bien hormonal. recorrido de San Juan sobre la ausencia erotica como analogia de la divina --de lenguaje tan sencillo y tropos tan aventurados-- me deslumbro siendo muy oven. Una de sus coplas a lo divino se me aparecio como la explicacion esplendida de mis naufragios y memorice una de las 'estrofas, que termina en:
   mas, por ser de amor el lance,
   di un ciego y oscuro salto,
   y fui tan alto, tan alto,
   que le di a la caza alcance.


L copla esta escrita en octavas --las mas faciles de memorizar-- y me sedujo de la segunda cuarteta que cito la paradoja casi surrealista del que se arroja al vacio y, en lugar de caer, sube.

No sabia yo, por entonces, que los surrealistas no fueron mas que conceptistas banales; tampoco habia leido las Confesiones de San Agustin, de modo que no entendia que el doctor de Hipona, virgen de Aristoteles y lector cuidadosisimo del [Evangelio de San Juan, se explicaba el Mundo como un espacio dividido en lo alto y lo bajo en el que los seres humanos, si se convertian a la novedosa religion de Jesus de Nazaret, derivaban naturalmente hacia las alturas. No podia acceder, por tanto, a la nocion de que el "Cantico espiritual" resena la forma en que el peso del amor divino incendia, aligera y eleva. Mucho menos que el "Cantico" es, por lo mismo, un poema aereo, como Altazor.

El "Cantico espiritual" empieza in medias res. Los amantes han tenido un encuentro -furtivo, dado que las bodas llegaran hasta la estrofa numero 28- y la amada le impreca al amado:
   ?Adonde te escondiste,
   Amado, y me dejaste con gemido?
   Como el ciervo huiste
   habiendome herido;
   sali tras ti clamando, y eras ido.


El Amado se identifica con el ciervo --bello, potente, esquivo, rapidisimo-- y la amada con el cazador que habra de perseguirlo. El arranque ya es conceptuoso, porque el herido no es el cazado sino el cazador.

La forma es compleja para su tiempo --fue escrito (casi todo) en 1577, en la carcel de Toledo. Esta dispuesto en estrofas de cinco versos de dos medidas. Primero un heptasilabo, luego un endecasilabo, luego otros dos heptasilabos y al final otro endecasilabo. La mezcla no tiene nada de fortuita: el heptasilabo se llama tambien "verso anacreontico" porque era la medida utilizada por Anacreonte para cantar los placeres de la carne. El endecasilabo, que para los tiempos en que escribia San Juan tenia menos de cincuenta anos de introducido al castellano, habia sido ya consagrado como la medida apropiada para describir los amores imposibles de ser consumados. La pura metrica del "Cantico espiritual" ya dice de que se trata.

La rima no es menos significativa que el metro: conecta a los dos primeros heptasilabos (A y C) y a los dos endecasilabos y el tercer heptasilabo (B, D y E), lo cual genera una peculiar sensacion de avance al final de cada estrofa, dado que los ultimos dos versos funcionan como pareados. Esto reproduce el desasosiego de la amante, que va en carrera desordenada. La velocidad y la desesperacion se despliegan en un incansable y concentrado devorar el valle: "Ni cogere las flores,/ni temere las fieras,/y pasare los fuertes y fronteras."

Los posibles distractores en el camino son identicos en su falta de importancia, de ahi que los versos que senalan la amenaza opuesta de flores y fieras -el placer y la muerte-- sean casi identicos. Tampoco importa la politica-cara a un hombre preso por su lealtad a la minoria de los reformistas encabezados por Santa Teresa--, encarnada en los fuertes y fronteras.

Hay una poderosa rima interna en las tres acciones projectadas al futuro y acentuadas en la cuarta silaba de los tres versos ---"cogere", temere", "pasare"-- que transforman el viaje en un acto de voluntad: la vista de la cazadora abarca cada vez mas espacio, como si se fuera elevando. La imposible vision panoramica permite el descubrimiento del rastro de la presa: "!Oh prado de verduras,/ de flores esmaltado!"

La originalidad y sencillez de los versos pasma por la potencia de la imagen que producen. El prado se esmalta de flores tras el paso del ciervo. El mundo, visto desde arriba, es todo proyecciones, vectores voraces. La elevacion es ya tal que Ia conversacion involucra a los habitantes de los cielos. Aparecen los planetas, que conjugan un horoscopo ilegible:
   Y todos cuantos vagan
   de ti me van mil gracias refiriendo
   y todos mas me llagan
   y dejame muriendo
   un no se que que quedan balbuciendo.


Es curioso que, aunque la referencia a los planetas es evidente--"aquellos cuantos vagan"--, no aparece en las dos glosas que San Juan escribio sobre su poema, tal vez temeroso de la persecucion, aun si su postura sobre la astrologia esta mas o menos apegada a la ortodoxia. La sistematica errancia planetaria le habla del orden divino-- "de ti me van mil gracias refiriendo"-, pero ese orden es indescifrable para la mente humana, que no percibe mas que un balbucear presente en el tartamudeo que supone la aliteracion en "que que quedan", ?A quien se le ocurre eso?

A partir de ese momento, la amada inicia una conversacion consigo misma: "Mas, ?como perseveras,/ oh vida, no viviendo donde vives?"

Una estrofa mas tarde, el dialogo se convierte en una agresiva imprecacion al amado -que resulta curiosa porque, para estas alturas del poema, incluso los contemporaneos de San Juan (que no sabian que iba a ser santo) habrian notado ya que el ciervo es Dios.
   ?Por que, pues has llagado
   aqueste corazon, no le sanaste?
   Y pues me le has robado,
   ?por que asi le dejaste
   y no tomas el robo que robaste?


Queda la impresion de que San Juan se permite ceder a la desesperacion, crispa el may escribe francamente "a lo humano". Medita utilizando solo las armas de la erotica renacentista, que suponia que los amantes no correspondidos enfermaban porque su alma los habia abandonado al desplazarse hacia el objeto de deseo. Ese desplazamiento se entendia --segun cuenta Baltasar de Castiglione en El Cortesano-- como un fenomeno fisico que sucedia por via ocular: una alma se prendaba de la otra al mirar unos ojos y si ambas empataban, se intercambiaban; si no, un miembro de la pareja se quedaba con dos almas y el otro tenia que resignarse a vagar habitado solamente por el recuerdo de la mirada de quien le dejo hueco.

La cazadora, ya iracunda y en vuelo franco --la estrofa undecima esta compuesta por una sola frase de 41 silabas encabalgadas sin respiracion--, mira hacia un estanque y no ve mas que sus propios ojos vacios:
   !Oh cristalina fuente,
   si en esos tus semblantes plateados
   formases de repente
   los ojos deseados
   que tengo en mis entranas dibujados!


Entonces, entre la estrofa once y la doce sucede lo que no se puede decir: la mirada del amado aparece insoportablemente radiante. No hay registro de esos ojos, que estarian en el espacio vacio entre una quinteta y la otra, pero si de la reaccion de la amante: "iApartalos Amado,/que voy de vuelo!-"

El fulgor es tal que interrumpe incluso el segundo verso de la estrofa en Su sexta silaba y lo divide en dos hemistiquios; el primero dicho por ella y el segundo por El:
   --Vuelvete, Paloma,
   que el ciervo vulnerado
   por el otero asoma
   al aire de tu vuelo, y fresco toma.


El ciervo, curioso del vendaval que va dejando la cazadora en su alzada al otero, sale a oler esa brisa y ambos hacen contacto visual. Eso es suficiente para que el alma de ella le vuelva al cuerpo y pueda contemplar al mundo entero antes de volver a tierra. Las dos estrofas que describen esa vuelta constituyen al mismo tiempo la piedra de toque del barroco castellano y una imposibilidad gramatical:
   Mi amado, las montanas,
   los valles solitarios nemorosos,
   las insulas extranas,
   los rios sonorosos,
   el silbo de los aires amorosos,

   la noche sosegada,
   en par de los levantes de la aurora,
   la musica callada,
   la soledad sonora,
   la cena que recrea y enamora.


Otra vez una sola frase, ahora compuesta por 82 silabas, pero entre las que no media un verbo hasta el ultimo verso, que supone un aterrizaje. La totalidad solo se revela para el que se sustrajo de cualquier accion y contempla, en estado de pasmo perfecto, la belleza del ciervo vulnerado, que integra en si todo el mundo. ?A quien se le ocurre eso?

La rima rarisima entre "montanas" y "extranas", las aliteraciones en "s" para describir los rios, el aire y sus sonidos; la solucion de las sustancias contradictorias: la noche que convive con el dia en la hora misteriosa de la aurora y la musica y la soledad que intercambian adjetivos. La integracion de los amantes en el acto de comunion frente a la mesa. No extrana que Juan Ramon Jimenez o Alfonso Reyes hayan vivido sometidos al misterio de esta enumeracion lirica.

Las estrofas que siguen, en las que se recrea el encuentro de los amantes y sus bodas, ni son menos potentes ni carecen de esa condicion misteriosa que permea al "Cantico" y los 21 poemas que lo acompanan: la convivencia de tropos y estructuras poeticas limite con un lenguaje humilde y transparente. El valor alegorico de las segunda y tercera partes del poema --la ultima escrita varios anos despues de su fuga de la carcel de Toledo-- no podria ser ni rozado por un autor que no conociera bien todos los saberes de su tiempo. Aun asi, San Juan de la Cruz fue justo anterior a la ambicion de cultivar la raiz latina del romance que obsesiono a los poetas del segundo Silo de Oro. Fue un intelectual completo --estudio ciencias antes de doctorarse en Teologia-- y un conceptista tan alto como los que le siguieron, pero su diccion electa era terrena, simple, casi serrana.

La estrofa 22 del poema plantea una paradoja particularmente misteriosa a pesar de que el poeta la explico detalladamente en la segunda glosa que hizo de el para la madre Ana de Jesus Lobera:
   En solo aquel cabello
   que en mi cuello volar consideraste,
   mirastele en mi cuello,
   y en el preso quedaste,
   y en uno de mis ojos te llagaste.


La estrofa resena, segun el propio San Juan, la atencion incalculable con que Dios corresponde al nimio amor humano. La cazadora, que ha pasado a amante y pronto sera esposa, describe como el amado se prendo de uno solo de sus cabellos y cupo en el. La sinecdoque es descomunal en su valentia: el todo absoluto en la parte mas minima. El acto de compenetracion es correspondido por ella, que absorbe la imagen del amado en un ojo que se llaga. Si el concepto es valeroso, el planteamiento formal es casi imposible: los versos dos y tres describen exactamente la misma accion --el amante contempla un cabello de la amada-- pero en el primero el "cuello" es un sujeto subordinado y en el segundo un objeto, como si la reciprocidad del amor se representara en el ir y venir de una misma frase imposible, planteada de dos maneras opuestas. Despues, lo maximo se instala en lo minimo y es correspondido. ?A quien se le ocurre eso?
   Y el cerco sosegaba
   y la caballeria
   a vista de las aguas descendia.


- ALVARO ENRIGUE
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Author:Enrique, Alvaro
Publication:Letras Libres
Date:Dec 1, 2008
Words:2067
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