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Un activista denostado, un filosofo olvidado.

INTRODUCCION: UNA TRADICION QUE DA RESPUESTAS

El pensamiento del siglo XVI en Espana es uno de esos temas cuya importancia es ampliamente reconocida en los manuales de Historia de la Filosofia pero nunca suficientemente estudiada. Puede que sea por ir a contracorriente del humanismo imperante en Europa o por la tendencia teologizante de sus escritos. Pero lo cierto es que sigue siendo tarea de especialistas el estudio de la obra de los jesuitas Luis de Molina (1533-1600), Francisco Suarez (1548-1617) y Juan de Santo Tomas (1589-1644) o la de los dominicos de la Escuela de Salamanca, como Francisco de Vitoria (14801546) Domingo de Soto (1494-1560) y Domingo Banez (1528-1604).

Es por ello que resulta encomiable la labor que pacientemente viene desarrollando la Linea Especial de Pensamiento Clasico Espanol de la universidad de Navarra, tanto de traduccion y edicion de obras del Siglo de Oro espanol, como de publicacion de estudios sobre autores y temas relacionados con la escolastica tardia. Este es el contexto donde se encuadra el libro que nos ocupa, fruto de la investigacion realizada por el mejicano Victor zorrilla para su tesis doctoral y convenientemente remozado y <<adelgazado>> para la ocasion.

Bartolome de Las Casas (1484-1566) es un autor que aparece mas en libros de Historia que de Filosofia y cuya importancia, por tanto, se asocia mas a su biografia que a su pensamiento. una vida marcada por su ingreso en la Orden de Predicadores (1521), su defensa de la racionalidad de los indios--decisiva para que Carlos V promulgara las Leyes Nuevas (1542) donde se abolia el sistema de la encomienda (1)--, su nombramiento como obispo de Chiapas (1543), su participacion en la disputa de Valladolid (1550-1551)--donde cuestiono la legitimidad de la guerra contra los indios con fines evangelicos--y, en general, su insistencia en la necesidad de la evangelizacion pacifica, una orientacion decisiva para la labor misionera de los jesuitas en el siglo XVII. Y una vida polemica, que ya en su epoca genero division de opiniones y que aun hoy enfrenta a los historiadores y a los teologos.

En el plano filosofico, sin embargo, el legado lascasiano se ha visto ensombrecido por el de Francisco de Vitoria, quiza porque--pese a sostener ambos tesis muy parecidas sobre el respeto a los indios--el primero lo hizo de un modo apasionado y hasta virulento en las descripciones de los excesos colonizadores, mientras el segundo -que, paradojicamente, nunca piso tierras americanas--lo hizo desde el rigor y el matiz mas academico. Precisamente, si por algo destaca el trabajo objeto de esta resena es por presentar a Las Casas como un pensador sistematico, escolastico y, en menor medida, renacentista. Este podria ser el tema general del libro, que muestra como ciertos principios doctrinales (la religiosidad natural de todo hombre), aristotelicos (el hombre es zoon politikon) y tomistas (la distincion entre el orden natural y el sobrenatural) explican suficientemente la obra y actos de Las Casas. Lo que, por otra parte, es lo mejor que dio de si la escolastica espanola del Siglo de Oro, al mostrar la virtualidad de la tradicion aristotelico-tomista aplicada a los problemas politicos, economicos y sociales de su tiempo (2).

LOS RASGOS <<NATURALES>> DE TODO HOMBRE

La tesis del libro se resume brillantemente en su introduccion (pp. 10-11), donde se expone que, siguiendo a Las Casas, el ser humano, por ser racional, es naturalmente social (y, por tanto, libre, religioso y productor de cultura). Aunque nunca del todo a causa del pecado original, esta sociabilidad natural se manifiesta en todas las sociedades historicas, sobre todo en las que reciben el Evangelio. Lo cual comporta una serie de deberes a la hora de transmitir el mensaje evangelico: un metodo digno de la evangelizacion, implantar leyes adecuadas y cumplirlas, asi como respetar la libertad y propiedad de los evangelizados.

El punto de partida para demostrar esta tesis se desarrolla en el capitulo I con la concepcion lascasiana del estado natural, que <<no alude primariamente, pues, a algun periodo historico, real o idealizado, ni a la esencia humana en su existir factico, sino a la intima configuracion que le viene al hombre en virtud de su naturaleza racional y social>> (p. 27). Esta concepcion, claramente tomista, se apoya en el reconocimiento de la legitima autonomia y valor propio del orden natural, asi como en la conviccion de que la naturaleza humana no esta del todo viciada, esto es, que el hombre--aunque no haya conocido el Evangelio--es capaz de actos moralmente valiosos (pp. 28-29).

A continuacion, en el capitulo II, zorrilla pasa a describir los que, para Las Casas, son rasgos de la naturaleza humana que, por ser esenciales, estan tambien presentes en el estado natural (pp. 29-45).

En primer lugar, estaria la racionalidad, nota definitoria de todos los individuos de la especie humana, tambien de los indios, cuya racionalidad se manifiesta en la prudencia. Para Las Casas no solo no hay gradacion en la pertenencia a la especie humana, sino que es imposible que la naturaleza--y, por ende, su Creador providente- yerre de manera sistematica haciendo a algunos hombres menos racionales que otros (p. 31). Incluso aunque encontraramos pueblos en estado cuasi-salvaje o pre-politico, eso no da motivo para pensar que carezcan de racionalidad, pues la vida civilizada se aprende, no se nace con ella, y los hombres han de ser <<invitados, persuadidos y amorosamente instruidos en los usos de la vida civil y politica, no forzados ni coaccionados violentamente a adoptarlos, pues la persuasion, en cuanto instrumento argumentativo dirigido a la razon y a la voluntad, respeta la indole propiamente racional de aquel a quien se dirige>> (p. 33).

En segundo lugar, se encuentra la sociabilidad, cuya raigambre en la naturaleza humana legitima el dominio e instituciones indigenas presentes en comunidades que son realmente politicas pues, siguiendo a Aristoteles, la sociedad no precisa tanto de estructuras fisicas cuanto de la congregacion pacifica de familias que trabajan para satisfacer sus necesidades fisicas, morales y espirituales. De la naturaleza humana procede tambien el dominio, tanto sobre los seres inferiores--que se denomina propiedad--como sobre los hombres--que se denomina jurisdiccion-. A los seres humanos pertenece la libertad, pues por naturaleza la criatura racional no se ordena a otra como fin. Tambien la religiosidad proviene de la naturaleza humana, que tiende a preguntarse por la causa del orden que rige la naturaleza y se inclina a adorar a Dios, del que tiene conciencia a partir de la propia precariedad. De ahi que <<la nocion de un dios, y de la necesidad de ofrecerle culto a traves del sacrificio, es universal y compartida por todos los hombres>> (p. 42). Por ultimo, la cultura es una exigencia de la naturaleza social del hombre y resultado del ingenio aplicado a la adaptacion al medio fisico.

Asi, se llega al capitulo III, donde se explica (pp. 47-49 y 59) que, dado que los indios son plenamente racionales--en tanto que son sociales y crean sociedades-, estan perfectamente capacitados para recibir el Evangelio pacificamente. El indio es hombre y, por tanto, naturalmente libre, mas alla de que sus costumbres sean buenas o malas. Ahora bien, el rasgo mas importante del estado natural es la ausencia de toda influencia de la revelacion por ignorancia invencible. Y, sin la gracia sobrenatural, los pueblos caen en costumbres desviadas de la recta razon, como muestra la Historia.

Aun asi, Las Casas quiso probar que los logros culturales, juridicos y politicos de los indios superaron los de otros pueblos en estado natural, y que sus costumbres no eran tan irracionales. Para ello dedico gran parte de su Apologetica historia (1553) al estudio comparado de los pueblos indigenas con los griegos, romanos y demas pueblos indoeuropeos conocidos de la antiguedad. Y llego a dos grandes conclusiones. En lo que se refiere a la religion (pp. 50-55), vio que los indios adoran a dioses mas virtuosos que los antiguos, que tienen templos tan dignos como los de las sociedades antiguas, que sus sacerdotes son cultos y sacrificados y que tienen rituales majestuosos. En lo que se refiere a su organizacion politica y costumbres (pp. 56-57), concluyo que los indios cumplen los requisitos de la vida social--se establecen como comunidad unida por un vinculo de paz, guiada hacia el bien comun y proveida de lo necesario para subsistir--y sus gobernantes actuan con prudencia al protegerlos de peligros como la muerte de sus miembros, los delitos de los propios ciudadanos y las agresiones de los enemigos. Por lo demas, sus ritos funerarios demuestran racionalidad y sentido de la trascendencia.

UN APUNTE SOBRE LA RELACION ENTRE PENSAMIENTO Y VIDA

Hasta aqui, el boceto de Las Casas trazado por Zorrilla encajaria con el de un antropologo fascinado por la civilizacion que ha descubierto. Sobre el origen de tal entusiasmo es facil encontrar la misma explicacion en distintos manuales que, mas o menos, vendria a atribuir la apasionada defensa lascasiana de los indios a la radicalidad del converso. Durante sus primeros anos en las Indias, Las Casas tuvo indios encomendados, <<un vinculo juridico de dependencia por el cual se confiaba a un conquistador un cierto numero de indios. Gracias a este contrato, el primero asumia la obligacion de velar por la instruccion civica y religiosa de los indigenas, los que, a su vez, quedaban obligados a retribuir tales cuidados con prestaciones en trabajo y dinero>> (3). Este sistema--implantado a instancias de Isabel la Catolica para mejorar la mera explotacion que se habia seguido con Cristobal Colon--era esencialmente una prolongacion del feudalismo, un sistema de economia natural <<basado en la existencia de grandes reservas territoriales y de grandes fuerzas de trabajo>> y caracterizado por una <<anemica circulacion monetaria, rigurosa impermeabilidad social, imposibilidad de formacion de capitales fuera de un restringido circulo dominante, [y] falta de autonomia respecto a la metropoli>> (4).

No obstante, quiza movido por la negativa de los dominicos a absolverle sus pecados en 1514 por encomendero, Las Casas abjuraria de tal sistema, convirtiendose a continuacion en un extremo defensor de los indios. Algunos autores hablan de este giro como de una <<conversion>> en Las Casas, y es un cambio de postura que ha servido a muchos historiadores para denigrar su figura, vista al principio como un <<colono, encomendero, soldado, poseedor de esclavos en Cuba, fracasado buscador de oro que mato indios y los echo de las minas>> (5) y, tras su conversion, como <<un visionario incoherente y guiado solo por una verdad menos que parcial y adulterada por todas sus alucinaciones>> (6).

Ahora bien, admitir esta hipotesis reductiva, es obviar que antes de su <<conversion>> ya habia en Las Casas un celo por la proteccion de los indios (p. 21), que incluso como encomendero intensifico la agricultura en detrimento de la explotacion de la mano de obra india (7) y que, en todo caso, su radicalidad respondia a la urgencia por transformar la politica seguida hasta entonces en la colonizacion. Y es que la lectura de la obra lascasiana no ha estado exenta de tergiversaciones, practicamente desde el principio, cuando el panorama de abusos e injusticias cometidas durante la conquista que Las Casas pinto en sus escritos serviria para acrecentar la leyenda negra espanola (8). Todavia hoy encontramos lecturas inexactas de Las Casas, como se lee en el capitulo IV. Alli comienza Zorilla matizando--contra las interpretaciones de Jose Antonio Maravall y Jose Luis Abellan--que Las Casas no es un utopista, pues no ensalza indebidamente al indio salvaje en estado natural (pp. 74-78). Para Las Casas, sin la gracia, las caracteristicas humanas positivas no llegan a ser virtudes. Ademas, su defensa se basa en un conocimiento directo--no imaginado--de los indios y su atencion se fija en la vida politica de los indios, no en su vida <<dispersa>> y natural. A continuacion, corrige tambien la opinion de Tzvetan Todorov (pp. 78-81), para quien el respeto que Las Casas profesa hacia la religion indigena seria muestra de un relativismo cultural que daria el mismo valor de verdad a todas las religiones. Interpretacion que se refuta entendiendo que a Las Casas le interesan mas las personas que su cultura o religiosidad y leyendo la propia obra lascasiana, donde se sostiene explicitamente que <<todo hombre que sin noticia es de su Criador no es hombre, sino bestia, y debemos dar gracias a quien antes que a ellos de tan profundas tinieblas en admirable lumbre de su fe nos llamo>> (Apologetica historia).

Un ultimo matiz a anadir se encuentra en las conclusiones del libro, donde Zorrilla explica que Las Casas tampoco es precursor de la teologia de la liberacion porque--aunque denuncia injusticias y se preocupa por los oprimidos--entiende que el pecado del que hay que <<liberar>> no es el ajeno sino el propio (pp. 143-144). Lo cual, dicho sea de paso, es coherente con la vida de Las Casas y el rigorismo moral de su obra, la cual, para Javier Gomez, pondria de manifiesto una espiritualidad claramente pesimista (9). El libro de zorrilla, sin embargo, soslaya este aspecto de la personalidad lascasiana, muy agudamente analizado por Gomez, para quien
   Las Casas se sintio culpable de tres pecados: la posesion de algo
   ilicito (las encomiendas), la excesiva explotacion laboral de los
   indigenas y el olvido, muy grave en un sacerdote, de la obligacion
   de catequizarlos. Para la remision de estas culpas no consideraria
   suficiente ni la renuncia a las encomiendas ni la dedicacion a la
   catequesis indigena, se impuso una obligacion restitutiva que
   identifico con su accion politica (10).


Segun Gomez, lo que realmente define a Las Casas <<no es su apasionamiento de converso ni su lucha pro indigena, sino un obsesivo temor por la salvacion>> propia, de los espanoles, de Espana y de los indios (11). Por eso, su retrato descarnado de los conquistadores, su condena de los abusos y la codicia de los espanoles y demas excesos retoricos, serian fruto de un pesimismo y un temor al juicio divino que, a mas a mas, afectaria a su vision de la Redencion y del sacramento de la confesion, convertido <<en una especie de proceso criminal, eliminando, incluso, el secreto>> (12).

UNA DISPUTA RELIGIOSA QUE ACABA EN POLITICA

El quinto capitulo se centra en los deberes de los cristianos para con los indios, que Las Casas definio admirablemente en la Apologia (1550) que escribio para la disputa de Valladolid contra Juan Gines de Sepulveda (c. 1490-1573), capellan, cronista oficial y jurisconsulto de Carlos V. Sepulveda habia escrito De las justas causas de guerra contra los indios, cuya publicacion logro impedir Las Casas y donde justificaba la guerra contra el indio basandose en que estos son siervos por naturaleza, lo que se ve en el modo de vida barbaro, su atraso material y sus vicios graves, como la idolatria y los sacrificios humanos. Segun Sepulveda, los hombres que son tardos de entendimiento deben someterse en justicia y por su propio bien a las naciones o principes que son naturalmente senores por su prudencia y talento <<para que, con el ejemplo de su virtud y prudencia, abandonen la barbarie y abracen un mejor genero de vida. Y, si rechazan este imperio, pueden ser obligados a aceptarlo por las armas>> (p. 88). Siempre y cuando, eso si, los pueblos superiores no sometan a los barbaros por lucro sino para mostrar a los descarriados <<el recto camino y apartarlos, aun contra su voluntad, de su propia perdicion>> (p. 89).

Contra Sepulveda, Las Casas matizara en la Apologia que no es licito desarraigar la idolatria ni castigarla, porque la Iglesia no tiene jurisdiccion sobre los infieles, porque es una practica que no facilita la eficacia de la predicacion, porque no se puede castigar la inclinacion natural a adorar dioses y, sobre todo, porque no se debe predicar recordando los pecados sino ofreciendo perdon. Tal como se preguntaria Domingo de Soto, <<?como podria sernos licito atacar violentamente a los infieles para castigar aquellos pecados cuyo perdon, inmediatamente despues, vamos a predicar y conceder con la maxima benevolencia?>> (p. 92). Por otra parte, Las Casas puntualizara que hay circunstancias atenuantes para los sacrificios humanos, a saber, que es una costumbre inveterada, que el culto a Dios es un elemento de conservacion de la republica (todo ciudadano debe dar su vida por el bien de la comunidad) y que el culto a la divinidad exige una ofrenda adecuada a su perfeccion (razon formal del sacrificio).

Los sacrificios humanos fue, con diferencia, lo que mas repugno de los indios a regentes y conquistadores. Aun hoy sigue siendo objeto de rechazo para la mayoria de historiadores y argumento subrepticio para defender la necesidad de la conquista americana. Por eso es que resulta tan sorprendente el afan lascasiano por comprender (13) -que no justificar--esta practica y situarla en su debido contexto religioso. Segun Las Casas, la razon natural conduce al conocimiento de la existencia de un Ser supremo--al que todo se le debe--y adorarle mediante el sacrificio de algo a la altura de su dignidad y perfeccion. <<Y, siendo la vida humana lo mas valioso que tienen los hombres, es comprensible que, en algun momento se pueda plantear la posibilidad, la conveniencia o incluso la necesidad de sacrificar victimas humanas a Dios>> (p. 97). Paradojicamente, esto solo ocurre en pueblos con un alto concepto de la divinidad. <<El mayor conocimiento de los atributos divinos tiene, a su vez, consecuencias a nivel practico, pues un Dios al que se le conocen mayores bondades y perfecciones merece ser honrado con sacrificios mas costosos y excelentes>> (p. 97).

El capitulo VI defiende la postura lascasiana acerca de la predicacion pacifica, que se basa en la persuasion del entendimiento y la atraccion de la voluntad, por lo que resulta el medio idoneo para remover los impedimentos, disponer mejor a recibir la fe y pasar del estado natural al sobrenatural (de la gracia) (p. 103). A favor de la predicacion pacifica, Las Casas ofrece dos clases de argumentos. En el plano natural, parte de la tendencia del hombre a la verdad. Asi, si las cosas tienden al bien propio segun su naturaleza y las verdades relativas a la fe no pueden conocerse sino voluntariamente--mediante razonamiento y en un cierto periodo de tiempo--es necesario que la fe se transmita de modo <<que la razon discurra desde algo conocido a algo por conocer, que el entendimiento juzgue y sentencie que aquello es bueno y que lo presente a la voluntad como tal; finalmente, que este se le aficione y se decida a realizar los actos oportunos de amor, deseo y gozo>> (p. 105). El predicador debe hacer un buen uso de la retorica, <<empleando metodos suavemente persuasivos del entendimientos y excitativos de la voluntad ... con el fin de atraer la atencion y simpatia de sus oyentes, ensenando, deleitando y conmoviendo sus animos, para asi haceros mas dociles a la predicacion>> (p. 106). Y se lleva a la fe de modo similar a la ciencia, mediante un maestro al que se cree y que es instrumento que ensena a base de argumentos humanos, concreciones practicas y repeticion. Por otra parte, en el plano sobrenatural, la predicacion pacifica se apoya en el testimonio de los antiguos patriarcas, profetas y reyes del Antiguo Testamento (que ensenan de un modo paternal), el ejemplo de Cristo y las instrucciones a sus apostoles sobre la predicacion (sencillez, ayudar sin cobrar, rectitud de intencion, desear la paz), el testimonio y palabras de los apostoles, la autoridad de los santos y los decretos de la Iglesia (pp. 108-111).

Este sexto capitulo termina justificando que los indios de hecho pueden pasar al estado sobrenatural (pp. 112-125). Primero, porque han alcanzado un nivel de desarrollo historico que se advierte en su organizacion politica y en sus ritos cultuales, en la presencia civilizadora de la religion. Y, segundo, porque, siguiendo una concepcion del mundo aristotelico-ptolemaica, <<en las Indias hay condiciones fisicas favorables a la formacion de buenos entendimientos en los indios>>, si bien estos factores fisicos <<pueden favorecer o retardar, pero nunca determinar, el despliegue de la razon>> (p. 116).

En el septimo y ultimo capitulo del libro se muestran las implicaciones juridico-politicas del estado natural lascasiano. El tema de los limites al poder y el dominio espanol sobre las Indias se discutio ampliamente en el Renacimiento. ?Hasta donde manda el Papa y hasta donde el emperador? Las respuestas ofrecidas variaron desde la teocracia (el Papa manda sobre lo temporal) hasta el cesarismo (el emperador manda sobre el Papa), pasando por la via media, que distingue y legitima los ordenes natural y sobrenatural, limita la potestad papal a lo espiritual y defiende que potestad civil es natural y necesaria para la vida social. <<La fuente de la potestad civil es Dios en cuanto Creador; la fuente de la potestad sobrenatural es Dios en cuanto Redentor>> (p. 129). Las Casas participaria de esta via media, aunque con algunos tintes teocraticos -tal como se deduce de su Tratado comprobatorio--pues, para el, el Papa puede forzar a obedecer a los fieles, mientras que a los infieles solo puede invitarlos a hacerlo con la persuasion. Pero, al mismo tiempo, esta obligado a extender la fe cristiana, por lo que puede encargar a un principe cristiano evangelizar algun reino de infieles e incluso darle jurisdiccion, sin <<pisar>>, eso si, a los que ya estaban. Este es el unico punto donde el pensamiento lascasiano recibe una severa critica del autor de este trabajo, que subraya que <<otorgar potestad suprema a un principe cristiano sobre los reinos de los infieles para procurar la predicacion, como pretende Las Casas, va mas alla, claro esta, de la legitima defensa de los derechos de la Iglesia [...]. Las Casas falla al llevar hasta sus ultimas consecuencias, en todos los ambitos, el principio tomista de la separacion de los ordenes natural y sobrenatural que el mismo adopta cabalmente en el resto de su obra>> (p. 138).

Por ultimo, tras recoger las principales conclusiones alcanzadas a lo largo del trabajo, zorrilla resume el valor del pensamiento de Las Casas, que se ofrece <<como digno representante de la cultura hispanica en uno de sus rasgos mas notables y valiosos, a saber, su integracion>> (p. 145). Pues, en efecto, el mestizaje cultural se hizo a la hispanica, <<segun los criterios, moldes y categorias de la cultura hispanica, la cual fungio, desde el inicio, como instancia critica desde la cual se valoraban los distintos aspectos de las culturas indigenas para asumir cuanto en ellas hubiera de valioso, subsanando lo defectuoso y rechazando lo inaceptable>> (p. 145).

El libro se cierra con tres apendices, uno sobre la estructura racional de las ciudades americanas, otro sobre la organizacion de las sociedades americanas y el ultimo sobre la descripcion lascasiana de la Isla Espanola.

Juan Pablo SERRA

Departamento de Formacion Humanistica. Universidad Francisco de Vitoria

Ctra. pozuelo-Majadahonda, km. 1,800. 28223 pozuelo de Alarcon, Madrid/j.serra.prof@ufv.es

* Victor ZORRILLA, El estado de naturaleza en Bartolome de las Casas (Cuadernos de pensamiento espanol no. 38), Servicio de publicaciones de la Universidad de Navarra, Pamplona, 2010, 174 pp.

(1) Cfr. Manuel HERNANDEZ ALVAREZ, Carlos V: Un hombre para Europa, Espasa Calpe, Madrid, 1999, p. 135.

(2) Cfr. John H. ELLIOT, El Viejo Mundo y el Nuevo (1492-1650), Alianza, Madrid, 1972, pp. 62-63.

(3) Gerardo VIDAL GUZMAN, Retratos. El tiempo de las reformas y los descubrimientos (1400-1600), Rialp, Madrid, 2009, p. 176.

(4) Rugiero ROMANO y Alberto TENENTI, Los fundamentos del mundo moderno: Edad Media tardia, Reforma, Renacimiento, Siglo XXI, Madrid, 21a ed, 1989, pp. 184-185.

(5) Jose Antonio VACA DE OSMA, Carlos I y Felipe II frente a frente: glorias, mitos y fracasos de dos grandes reinados, Rialp, Madrid, 1998, p. 307.

(6) Ricardo DE LA CIERVA, Los secretos de Carlos V: el ideal, el poder, el amor, Fenix, Madrid, 2000, p. 156.

(7) Cfr. Joseph PEREZ, Carlos V, Temas de Hoy, Madrid, 1999, pp. 193-194.

(8) Significativo a este respecto es que, mientras la Brevisima relacion de la destruccion de las Indias (1552) se difundio instantaneamente y en varios idiomas, su obra como jurista e historiador no se publico hasta el siglo XIX, lo que contribuyo a tildar a Las Casas de enemigo de Espana durante mucho tiempo. Curiosamente, Menendez Pidal le tacha de anti-espanol, pero no tanto por su descarnada exposicion de los desmanes de los conquistadores, cuanto por su elogio de los flamencos de la corte de Carlos V (cfr. Ramon MENENDEZ PIDAL, El padre las Casas: su doble personalidad, Espasa Calpe, Madrid, 1963).

(9) Cfr. Francisco Javier GOMEZ DIEZ, El impacto de las religiones indigenas americanas en la teologia misionera del s. XVI, Desclee de Brouwer, Bilbao, 2000, pp. 12 y 72.

(10) Ibid., p. 83.

(11) Cfr. ibid., pp. 83-84.

(12) Ibid., p. 103.

(13) Cfr. Joseph PEREZ, Carlos V, p. 220.
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Title Annotation:HISTORIOGRAFIA Y BIBLIOGRAFIA
Author:Pablo Serra, Juan
Publication:Anuario de Historia de la Iglesia
Date:Jan 1, 2011
Words:4463
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