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UNA SONRISA EN EL INFIERNO.

La Madre ha sido protagonista en novelas esenciales ya sea para ignorarla o exaltarla. O censurarle la intimidad o animarla a liberarse. La mas conocida aparecio en 1942 y se sigue leyendo con mirada de futuro. El hijo no sabe si la mama murio un dia u otro y parece interesarle poco y, con razon, a toda inquietud religiosa, juridica o de vecinos, responde, no es mi culpa. Un hondo resquemor cuestiona la tradicion invisible de la familia, y el lazo afectivo entre madre e hijo parece roto. El del padre ya habia sido cuestionado por Kafka y una intelectual, sobreviviente de los campos de concentracion, llamo al padre el verdugo del siglo XX.

Estas ocurrencias huyeron de mi mente cuando lei la primera frase, coloquial, de la novela poetica de Julian Malatesta:
"!El que le toque el culo a mi mama lo mato!" (13).


Lo grita un joven de 17 anos en vispera de su primera relacion, obvio, en un burdel; pues los personajes de Este infierno mio cruzan las tormentas humanas sucedidas a fines de la decada de los 80. Son de barrio y vereda, y su vision responde a la tradicion colombiana; pero el narrador les ha infundido un alma inteligente y, aunque actuan en el limite de la violencia y las necesidades, ello los convierte en personajes queribles; uno desea compartir hasta con los infames de los bandos en contienda perpetua.

El burdel es propiedad de una actriz, fugitiva del teatro, y en sus recintos refinan la dignidad funcionarios del gobierno, militares, subversivos, y los marginales que pueden pagar el alquiler de la felicidad. No es cualquier burdel. Con voz sonora, un viernes, Bertha anuncia La Soledad de Odiseo. El esplendor de la obra ocurre cuando Ulises--el escogido por los dioses para escenificar la derrota de la huida--, atado, sufre el martirio que le causa la belleza y la veneracion de las ninfas. El Monje relator grita, "!Dejad que me acoja al artificio de la eternidad!" (60). Un viejo cliente de nulos saberes academicos, encuentra su vida reflejada en la representacion y murmura, "Quien creeria que en un burdel se dijera tanto sobre la vida" (61). De manera sutil el autor introduce a la Ciudad de los Siete Rios en las dimensiones del mito y la universalidad. Por alguna conexion misteriosa el infierno se parece en todas las epocas y en todas partes.

En la realidad, el rio tambien es camino, fuga, complicidad. El principal de esta novela nace en la Laguna de los Novillos, brama vigoroso, se llama Bredunco y, quienes ignoramos nuestro origen y nuestra historia, lo apodamos Rio Cauca y, gracias a las voces calladas, sabemos que sus aguas son testigos de la demencia, el crimen y la esperanza de generaciones de colombianos.

Defender a muerte la cola de la mama revelaria el Edipo exaltado de un joven sin padre y, de paso, anunciaria una gama de groserias y normas inmorales. Y no es asi. Desde su remoto oficio de poeta y profesor de literatura, Malatesta sabe que, del manejo del lenguaje, depende el futuro de un escritor. En 129.500 palabras, las groserias no llegan a decenas. En cambio, las hazanas creativas propiciadas a refrenas, dichos, versos, maximas, pasan de miles. Es admirable encontrar chiribitil, yarumo, samanes, guayacanes, zurumbatica, atolondrada, bejucos, yuyos, ruana, taita, transistor. El transistor nos recuerda que estamos a dos decadas de la invasion delirante de las tecnologias de la comunicacion.

La novela esta habitada por poemas y canciones de Julian Malatesta, y de otros poetas y cantantes. Muchos de sus personajes se expresan a traves de este recurso de eficacia comprobada en la tradicion popular. Malatesta logra revivir palabras en desuso y, por supuesto, con su tono embarga los sentidos del lector. En ello le sobra razon al poeta Dario Jaramillo Agudelo cuando cataloga a la novela de excepcional porque, gracias, a la palabra "es capaz de producir un efecto de vertigo que no cesa durante todas las paginas" (Contra caratula). El manejo de la palabra, precisamente, le dara a Julian Malatesta un espacio en la literatura colombiana. Uno de sus personajes afirma: "No fue el dinero lo que nos hizo poderosos ni las armas nuevasque adquirimos paraseriguales y mejores, fue lapalabra" (302).

Las alteraciones le infunden una naturalidad graciosa y profunda a los personajes. "El que se arrima a la candela..., recibe el calor que necesita" (208) y, por extension, lo conduce a los goces voluptuosos. Ello nos lleva a una faceta admirable de Este infierno mio: el humor. En momentos felices de la novela ocurren encuentros como este: "Ustedes son el rinconcito de Cuba que tenemos en el barrio, adelanto Alirio. No, del Misisipi, alego Jesus" (31). En otro momento un anciano ciego elogia la belleza de la protagonista y amada del terrible en armas y padre del joven que seria capaz de matar en un ambiente en que la muerte violenta supera los anhelos instintivos de vivir. En ocasiones posteriores ella ejerce la libertad que le confiere su alcoba y susurra, "siempre que una mujer se desnuda hay ojos" (87). Atras un personaje advierte un soborno y sentencia, " Mantener sereno el infierno cuesta" (77). Incluso las paginas que detallan masacres a lo colombiano le conceden espacio al humor, al desafio, a la comida festiva.

Este infierno mio no deja en el olvido a personas que jamas alcanzarian vida en otros autores y, menos, unas lineas en los historiadores de la distorsion. Sus personajes comparten una cocina para cuatro, recogen monedas, pagan impuestos clandestinos a extorsionistas oficiales, montan guardia y, sobre todo, se expresan con metaforas, canciones, refranes !y plomo!

A la par con el erotismo, la alegria y el humor, marchan las relaciones de poder. Un poder arbitrario; pero no vertical como sentenciaron escritores de comienzos del siglo XX. Tampoco viene de fuera hacia adentro, como decadas despues, lo revelaron los pensadores que no encontraron justificaciones en el matar y, mucho menos, en la ideologia de los asesinos.

El viejo Arturo es testigo del episodio en que el joven a cuchillo amenaza defender a la mama de cualquier abuso sensual. Con su experiencia le ilustra las desgracias de empunar un arma. En defensa de su hermana Juliana, a una edad semejante, elimino al patron de su padre que buscaba poseer a la adolescente. En el caballo del agresor evadio la justicia y se interno en el monte. Como el, muchos hombres emprenden hazanas peligrosas en defensa de las mujeres que, en Este infierno mio, tienen dignidad, no importa la vileza de sus artes y rutinas. La damisela, la cocinera, la estudiante, la religiosa, la subversiva, disfrutan de un nivel superior a la superficie en que las dejaron los famosos del Boom. Unas huian de colegios religiosos para internarse en prostibulos de selvas y desiertos del Peru. Otras eran reducidas a una piltrafa mientras recogian dinero para calmarle la sed de acumulacion a una abuela desalmada. O, peor, se elevaban a los cielos dejando a hombres ansiosos en la tierra.

Heladio es un lider de la clandestinidad. Ello le permite tener tantos nombres como los lugares que lo conocen, lo padecen, lo imaginan. No le gusta el alias de Gavilan debido a su naturaleza carronera, complejo que supera gracias a un poema que, aparece en la pagina 293, del poeta venezolano Ramon Palomares, fallecido en el 2016.

Dentro de la falta de conocimiento magistral de los personajes y la sencillez de su escritura, la novela de Julian Malatesta es compleja. No todo es producto de la familia y el gobierno. Hay paginas que, a la vez, provocan la ira, el llanto, la carcajada. El coronel De la Hostia tirotea pordioseros, cobra impuestos indebidos a vendedores ambulantes, multas rapaces a los pobres, dinero extra con que agasaja a su madre. Arrepentida del proceder vergonzoso de su hijo, al siguiente dia, la anciana sale a la calle a buscar a los despojados para regresarles el dinero. En una visita al burdel, De la Hostia dice que hay gente extrana y la duena protesta, "aqui el unico extrano es el" (72). Ella acepta negociar bajo sus condiciones y tiene las de ganar, porque un coronel manda en las ninas de su cuartel, y una matrona en la tropa de su burdel. Sobra agregar que, reverencial, el acepta el soborno. El poder tampoco esta en "la terapia del plomo" (252), y sus practicantes llegan a la conclusion que en "el infierno tienen candela para rato" (376).

El poder revela su miseria en una montana. Los guerrilleros se comunican por frecuencias falsas y el coronel Alzada grita "!Los tenemos, los tenemos! !Aqui se les acabo la leyenda!" (125). Viene la cuenta del optimismo y el fuego amigo ha dado de baja 25 militares. El coronel Alzada, uno a uno, llama a sus hombres y un sobreviviente repite, el tambien murio. Reflexiona sobre el engano y la ineficacia de la guerra; pero debe informar a la opinion publica y la etica servil del noticiero queda confirmada con solo mencionar el nombre del director. Y la violencia alcanza una alta fase del delirio durante el secuestro del coronel De la Hostia en el burdel. Helena reconoce la voz del viejo Arturo y el le da un tiro y apenas acierta a decirle al cadaver, "?Por que hablaste, amor?, ?por que?" (383). Y la venganza manifiesta la suprema aberracion en una madre que mata a inocentes porque un criminal desconocido le ha raptado la hija.

La simbologia oculta del poder es profunda. Los nombres pasan de centenas, los apellidos se advierten por su ausencia, y no hay generales ni presidentes. Los de apellido apenas son impostores y, por ello, festejamos el circo que seguira gobernado sin sonrojarse un instante. En el cautiverio, que precede su muerte, el coronel De la Hostia le demuestra a su secuestrador por que dos mas dos son cinco. Oculta el pulgar con los cuatro dedos restantes y le dice: "Dos y dos son cinco. No es la aritmetica del hombre de la calle, es la aritmetica del poder, del Gran Circulo, la que funciona. Eso no se lo cree nadie, reviro Arturo. De eso se trata, de que no lo crea nadie, lo debemos creer nosotros. Esa aritmetica no se ensena, se impone, asi es que funciona el Circulo y ese es mi trabajo de mayordomo" (409 ). Estas reflexiones arbitrarias son convincentes y, de paso, evocan atmosferas inspiradas en sistemas autoritarios del siglo XX. Siguiendo su logica, Arturo le pregunta si cuenta los muertos de uno o de a dos. La culpa deja mudo al coronel y el otro exclama: "!Ah, ya se, le produce pavor la unidad!" (409).

No puede ser de otra manera. La formula eterna cobra vigencia. A los manipuladores de un gobierno les produce espanto la unidad de los asociados y prefiere la desintegracion; el desplazamiento. Es una costumbre colombiana incuestionable, y lo explica la protagonista: "Los hombres se murieron defendiendo la tierrita, mis hermanas se enamoraron y arrancaron por la trocha detras de sus machos, de ellas no se nada. Yo me quede en Tierra Roja de puro planton" (90). Otro lector podra encontrar en esa unidad el dogmatismo absoluto, la tirania total.

A Julian Malatesta, en fin, le bastan unas lineas para revivir un saber popular, un canto, un poema; le basta una inocente variacion a la frase de un personaje para despertar una sonrisa en el centro del infierno.

E insiste que la guerra no es la higiene del mundo. "Hasta para morir es mejor estar despierto" (307), dice Heladio, lider de los alzados en armas y padre del joven que, en la primera pagina, defendia a muerte el encanto erotico de la mama.

Por: Victor Lopez Rache (1)

(1) Victor Lopez Rache nacio en Toca, Boyaca, Colombia, en 1959. Abandono la carrera de Economia para dedicarse al estudio y la creacion literaria. Obras: Sin espejos, Premio Nacional de Poesia Imaginacion para un nuevo milenio, 2000. La casa, premio nacional de poesia Ciudad de Bogota, 1992. La balanza de los suenos (seleccion personal, 2006). Otra orilla de luz, 1985. Obtuvo en 1990 el premio de poesia Universidad Externado de Colombia. Correo electronico: lopezrache@yahoo.com
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Author:Rache, Victor Lopez
Publication:Revista Poligramas
Article Type:Ensayo critico
Date:Dec 1, 2017
Words:2151
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