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Trabajadoras, artesanos y mendigos. Una aproximacion a las experiencias sociales de trabajo y pobreza en la Buenos Aires de la primera mitad del siglo XIX.

Workers, artisans, and beggars. An approach to the social experiences of work and poverty in Buenos Aires during the first half of the 19th century

INTRODUCCION

En la manana del 12 de octubre de 1858, Rosa Represa fue ingresada al aun no oficialmente inaugurado Asilo de Mendigos de la ciudad de Buenos Aires, en el sitio que previamente fuera ocupado por el convento de los Recoletos. En aquel momento, un escribiente municipal asento en un cuaderno que la mujer tenia unos 50 anos, era de origen africano, lavandera y que sufria de dolores reumaticos. En el mismo registro dejo constancia de que era "libre desde tiempos de Rosas", (1) que habia servido en la casa de un hombre de apellido Barruti y que luego habia comenzado a ganarse la vida como lavandera en un campamento militar. Rosa habia quedado coja de una pierna y se desplazaba con muletas. Al momento de su ingreso al asilo, su estado era andrajoso. El 17 de octubre, dia oficial de la inauguracion del Asilo, fue admitido el pardo Mariano Reinoso, un zapatero de 54 anos que declaro haberse ganado la vida con su oficio hasta 1840, ano en el que fue llamado al servicio de las armas, donde se lo destino a tareas de cocina. (2) Quedo escrito que habia perdido la vista en esa etapa y que, desde entonces, habia sido sostenido por su madre, hasta su fallecimiento en el ano 1851. Reinoso declaro tambien que tenia familia, un hermano politico y dos hijas mujeres que trabajaban de costureras. Unas semanas mas tarde, ingreso al Asilo la negra Maria Carreras de 80 anos de edad. Nacida en Brasil, dijo haber servido como esclava hasta tiempos de Rosas, a lo que el escriba agrego "en que fue libre como las de esta condicion", (3) dando a entender que Maria habia ganado su libertad como parte de una politica del rosismo, leyenda que repitio en el mismo cuaderno varias veces. Maria no tenia hijos ni parientes y declaro que no habia pedido limosna en su vida.

Las historias de Rosa, Maria y Mariano se entrecruzaron con otras en el ano 1858, cuando luego de idas y vueltas, el municipio de Buenos Aires inauguro una institucion destinada a albergar a hombres y mujeres pobres, enfermas, y sin redes familiares que deambulaban por distintos sitios de la ciudad. De los primeros meses de funcionamiento de esa institucion llamada Asilo General de Mendigos, quedo un cuaderno de tapas verdes que no forma parte de los fondos municipales sino del Archivo General de la Nacion, en cuya portada esta escrito a mano Asilo de Mendigos. Alli se hallan las huellas de las trayectorias de vida y de trabajo de ciento cincuenta y nueve mujeres y varones ingresados entre octubre de 1858 y agosto de 1859. El cuaderno esta subdividido en dos partes. Una primera consiste en un listado de las personas asiladas con los datos de: fecha de ingreso, numero de orden interno, nombre y apellido, sexo, edad, color, estado civil, patria, religion, profesion, observaciones y salida. Una segunda parte, se refiere a las mismas personas registradas anteriormente y con datos sobre sus vidas a lo largo del tiempo. Esta informacion proporciona pistas sobre las trayectorias laborales y vitales de las personas resenadas, referencias a sus grupos familiares, sus vinculos conyugales, sus estatus legales. Tambien en esas descripciones aparecen menciones a acontecimientos politicos que fueron significativos en sus biografias, como levas, conquista de la libertad, desempeno en el ejercito, migraciones internas ligadas a la propia ocupacion, estado de salud, redes de sostenimiento en situacion de enfermedad o invalidez. Su lectura permite reconstruir una diversidad de experiencias que hacen a las biografias laborales de estas personas a lo largo de la primera mitad del siglo XIX, transformandose en un documento clave para la historia social del trabajo.

La historiografia local se interrogo por las vidas de personas lisiadas, ancianas, incapacitadas para trabajar como Rosa, Maria y Mariano. Lo hizo como parte de los estudios de la pobreza urbana y las politicas de la elite en torno a pobres y mendigos. En las siguientes paginas nos proponemos reflexionar sobre algunas de las posibilidades que este tipo de evidencias generan para la historia social del trabajo, en particular para estudiar trayectorias de vida y de trabajo. Estos testimonios son fragmentarios, como todas las fuentes, aunque se presenten o sean presentadas por quienes hacen historia como lo contrario. Pese al caracter parcial, acotado de la evidencia, esta permite seguir el rastro de las nociones que dichos sujetos construyeron sobre su experiencia laboral a lo largo de su vida. Su ingreso al asilo y los trabajos que desempenaron hacen posible pensar las distintas formas de ganarse el sustento para estos adultos y adultas mayores, configurando un espacio laboral con sujetos que no son usualmente ponderados por la historiografia: viejas y viejos trabajadores.

Nuestra intencion es problematizar algunos recorridos historiograficos a la luz de determinadas preguntas que pueden hacerse (entre otras) a este cuaderno y que entendemos permiten revisar relaciones, periodizaciones y problemas historicos. Asi, al acompanar las complejas relaciones entre pobreza y trabajo; los mundos del trabajo artesanal y las relaciones de genero y de raza; y los trabajos del servir, es posible enlazar dimensiones que han sido objeto de estudio de diversas lineas historiograficas, pero que, en las vidas de las personas en el pasado, fueron de la mano. Al hacerlo, esperamos poder poner en tension las periodizaciones que han organizado a este mundo del trabajo de mediados del siglo XIX, al estudiarlo siguiendo la pista de los acontecimientos politicos. Tambien procuramos observar las fronteras que escindieron al trabajo libre y esclavo, a la calificacion y a la pobreza, al trabajo productivo de los del servir en las casas. Las trayectorias de quienes dejaron sus huellas en ese cuaderno de tapas verdes hacen posible otear mundos del trabajo, relaciones y experiencias moviles y fluidas, atravesados por guerras, cambios politicos, discriminaciones raciales, violencias varias y la zozobra de unos tiempos en los cuales el ganarse la vida demando estrategias diversas.

POBREZA Y TRABAJO ?EXPERIENCIAS DIVORCIADAS?

Juana Maria Achabal dijo tener 80 anos al momento de ser ingresada por un hombre del municipio al Asilo de Mendigos. En el listado de la primera parte del cuaderno de ingresos quedo anotada como negra, africana y de profesion sirvienta. Pero, en la segunda parte del registro se escribieron otras cosas. Juana declaro que habia sido esclava de un tal Blas Achabal, de quien llevaba el apellido, y lo era desde "la guerra de los ingleses", (4) es decir, el recuerdo sobre su esclavizacion en el Rio de la Plata se remontaba a la primera decada del siglo XIX, y era anterior al ciclo revolucionario y a las luchas por la independencia. No sabemos cuando ni como Juana fue trasladada a Santiago del Estero, donde paso anos en la casa de su propietario criando a los hijos de este. En algun momento, salio de esa provincia del norte y se radico en la ciudad de Buenos Aires. Pedia limosnas desde hacia "mucho tiempo", y con ellas pagaba un cuartito en los fondos de la quinta de Guido. Su historia compartia rasgos con otras que ahi quedaron resenadas en las cuales trabajo y pobreza se fundian.

En las historias o retazos de historias de ese cuaderno de tapas verdes, hombres y mujeres, esclavos o esclavas, artesanos, (5) sirvientes, costureras, militares, en algun momento de sus vidas habian dejado de trabajar por distintas razones y habian atravesado la experiencia de pedir limosnas. Miguel Bosh declaro tener 61 anos de edad, ser de origen maltes y marinero de oficio. Tambien sobrevivia de mendigar desde que habia quedado ciego y estaba impedido de trabajar. (6) El africano Francisco del Pino, que expuso tener 100 anos de edad y haber sido esclavo del virrey de dicho apellido, tambien vivia del socorro. Ademas de haber sido esclavo, habia trabajado como cocinero y habia oficiado de soldado durante las luchas por la independencia. Segun comunico, en la campana de Chile quedo manco, "de resultas de una herida en el campo de batalla". (7) Desde su retorno a Buenos Aires, fue auxiliado por personas que lo conocian y que segun declaro "lo llevaban a su casa para darle alimentos". Al momento de su ingreso al Asilo estaba ciego y nada sabia de sus parientes a quienes no veia desde hacia mucho tiempo y quienes "nunca" lo habian cuidado en la enfermedad.

Historias como estas forman parte de los estudios de la pobreza, la marginacion social y el pauperismo. En Argentina el desarrollo de estas lineas historiograficas ha sido acotado. No obstante, en distintos momentos, historiadores e historiadoras coloniales u otros abocados al siglo XIX se preguntaron por como hombres y mujeres afrontaron sus situaciones de precariedad material, de enfermedad, de abandono cuando carecian de casa, abrigo, familia y redes (Rebagliati, 2013; Johnson, 2011; Cruz, 2013; Parolo, 2005-2006; Mallo, 2004) ?Que significaba ser pobre en la aldea de Buenos Aires a fines del siglo XVIII, a comienzos del siglo XIX o en la segunda mitad del siglo XIX? ?Quienes eran los pobres? ?Como esas personas habian caido en la pobreza, la indigencia o el pauperismo? Tambien diversos estudios se preocuparon por saber cuales fueron las respuestas publicas y privadas ante la miseria y la indigencia, y como los y las indigentes eran observados por las elites.

Hace unos anos, el demografo e historiador Jose Luis Moreno trabajo con la evidencia que se presenta en este articulo (Moreno, 2012). Lo hizo para dar cuenta de los mendigos y las mendigas y sus historias de vida, desmenuzando la serie documental que constituye este cuaderno de tapas verdes para dar cuenta de sus caracteristicas mas constantes. Se pregunto por como estaba distribuida la poblacion del asilo; si blancos y afrodescendientes habian recibido ayuda publica en terminos semejantes o si los segundos habian sido discriminados, teniendo en cuenta como operaba la exclusion social en tiempos coloniales y revolucionarios. Segrego los datos y construyo cuadros con porcentajes indicando la distribucion entre varones y mujeres, blancos y afrodescendientes, sus oficios. Su indagacion, heredera de otras que venia desarrollando desde tiempo atras, forma parte de los estudios historicos de la pobreza. Dichos analisis describen las caracteristicas de la pobreza, ciclos, dinamicas y las respuestas oficiales y de particulares para paliarla. Moreno denomino a esas respuestas como "la politica social antes de la politica social" (Moreno, 2000). Bajo esta designacion ingresaron en su investigacion distintas practicas como la caridad, la filantropia, la beneficencia y los programas publicos de las primeras decadas del siglo XX. El Asilo municipal de Mendigos, primera institucion asistencial publica de este tipo en Buenos Aires, concito la atencion de este especialista, quien la considero como una respuesta al conflicto social que mendigos y mendigas, al circular libremente por la ciudad, despertaban en la elite liberal. Este historiador igualmente distinguio en dicha decision un intento politico de un grupo de liberales, que buscaban hacerse un lugar en el escenario politico porteno a la caida del rosismo, de dar solucion a un problema desde una filosofia laica que entro en tension con las visiones cristianas y que comporto a su vez una mirada renovada sobre la pobreza y los y las pobres.

Otras lineas de pesquisa se centraron en las estrategias de hombres y mujeres pobres para afrontar sus penurias y miserias. Investigaciones del periodo colonial y de la primera mitad del siglo XIX se interrogaron sobre como esclavos y esclavas, libertos y libertas, afrodescendientes, pardas y morenos, recurrieron a la Justicia para demandar por lo que entendian que les correspondia como derecho ante las promesas incumplidas de amos y amas en situaciones como la enfermedad, la manutencion de los familiares ancianos, la libertad, o formas de abuso y maltrato. Dichas demandas, ademas de haber sido interpretadas como formas de visibilizar la agencia historica, han permitido describir dimensiones de la vida cotidiana de estas personas y reconocer las serias dificultades para la supervivencia que atravesaban (Candioti, 2010; Secreto, 2010 y 2013; Saguier, 1989, 1995 y 1997; Rosal, 2006; Johnson, 2007 y 2013 y Bentancur y Aparicio, 2006).

Algunos estudios recientes se enfocaron en otro tipo de evidencias llamadas "informaciones de pobreza" para el periodo colonial y primeros tiempos independientes o "certificados de pobreza" en la segunda mitad del siglo XIX (Rebagliati, 2013; Pita, 2013 y 2018). Estos papeles, que en tiempos coloniales y durante las primeras decadas independientes eran un tramite judicial, se transformaron luego en una certificacion mas labil firmada por hombres de iglesia, jueces de paz, comisarios de policia, funcionarios municipales o personas consideradas notables, quienes aseveraban el estado de carencia de otra persona y su imposibilidad para afrontar la supervivencia diaria. Una de las peculiaridades de estos escritos era que quienes los solicitaban buscaban ser reconocidos publicamente como pobres, pues contar con esa declaracion permitia litigar sin costos en los tribunales menores (Rebagliatti, 2013). Mas entrado el siglo XIX, un certificado permitia obtener una cama en un asilo u hospital o gestionar ante la caridad o beneficencia publica algun auxilio o ayuda economica (Pita, 2018). Las "informaciones de pobreza" involucraron en su confeccion a funcionarios y a testigos que declaraban publicamente sobre las condiciones de vida de los y las peticionantes. Los certificados de pobreza de la segunda mitad del siglo XIX tambien implicaban una serie de pasos, de idas y vueltas. Aunque mas laxos en sus formas, estos papeles ponian de relieve las capacidades de las y los peticionantes para movilizar en su favor declaraciones de vecinos notables, curas parrocos, jueces de paz o por el contrario revelaban la ausencia conocidos y redes. Estas investigaciones, que forman parte de una agenda historiografica reciente, indicaron quienes eran los peticionantes, en que condiciones llegaban a pedir sus informaciones de pobreza y de que raza u origen nacional eran. A su vez, se orientaron hacia el reconocimiento de las caracteristicas de la pobreza como constructo social, es decir como se entendia que era ser pobre, sobre todo que entendian las elites que era ser pobre, reconociendo cuales eran los principales discursos sobre la pobreza y dando historicidad a las definiciones de "pobre", "miserable", "pobre vergonzante", "pobre de solemnidad", "desvalido", etc.

Ultimamente, unas otras pesquisas optaron por leer en este tipo de fuentes, con expresiones y formulas repetidas, los pasos dados por mujeres que los gestionaron, preguntando por como presentaron sus circunstancias de vida y sus trayectorias laborales. La pobreza y los mundos del trabajo se encontraron al intentar reconocer detras de esas demandas, estrategias de supervivencias. En particular, estos trabajos rastrearon en las experiencias de mujeres que se presentaban publicamente como trabajadoras y a la par como pobres. Ademas de los certificados de pobreza, se sumaron cartas, informes varios, para preguntar como entendieron esas mujeres sus vidas y sus trabajos, los cambios en sus vidas, las maneras en que ellas se vincularon con filantropos y benefactoras, funcionarios publicos, personas de la elite, para intentar de este modo reconstruir historicamente sus margenes de accion y agencia historica (Pita, 2015 y 2018).

Esta historiografia puso de relieve como hombres y mujeres en dispares momentos historicos y en diferentes circunstancias se vieron envueltos y envueltas en la zozobra cotidiana de carecer de lo basico para la supervivencia. Esto podia involucrar no tener un techo, no tener abrigo, carecer de comida, calzado, medicinas. Tambien podia significar carecer de trabajo, estar imposibilitado por una dolencia o por la edad para trabajar, entre otras situaciones como la orfandad, la viudez o el abandono del conyuge. Estas penurias, carencias, perdidas e impedimentos tambien formaron parte de las vidas de los y las trabajadoras en el pasado. Por ello, es posible volver proximas algunas preguntas y debates que se han gestado de modo independiente entre la historia politica de la pobreza y la historia social del trabajo.

Las conexiones entre trabajo y pobreza se vuelven perceptibles al formular la pregunta. Al retornar a las historias de la esclava Juana Maria Achaval, del maltes Miguel Bosh y del africano Francisco del Pino, en sus declaraciones se detecta que, ante el interrogatorio del empleado municipal sobre su profesion, respondieron especificando lo que habian hecho en el pasado para vivir, en donde habian llevado adelante su trabajo y ante que circunstancias habian dejado de hacerlo. Sus vidas como esclavas y esclavos, sirvientes, marineros, cocineros y sus presentes como mendigos y mendigas no se desplegaron como experiencias divorciadas entre si. Para ellos y ellas, en sus vidas, haber sido esclava y sirvienta de Achaval en Santiago del Estero y pedir limosnas para comer y pagar un cuartito en una finca de las afueras de la ciudad o trabajar de marinero hasta que la invalidez no lo permitio mas no supuso reconocerse en una sola experiencia de sobrevivencia. Por el contrario, la historiografia marco mayores distinciones. Aunque los estudios sobre la pobreza han partido de una serie de consideraciones comunes en torno a las relaciones entre trabajo y pobreza, entre las que se entendio que esta ultima era una experiencia por la que atravesaba la mayor parte de las personas, las conexiones no siempre se efectuaron. Tampoco el reconocimiento de que la mayoria de los que trabajaban seguian siendo pobres o que los y las pobres trabajaban o lo habian hecho en algun momento de sus vidas ya sea por un salario o por un plato de comida, un sitio donde dormir, entre otras posibilidades, genero enlaces. En estas ciento cincuenta y nueve historias de vida compiladas en un cuaderno hay elementos para pensar que las conexiones entre trabajo, marginacion social y pobreza fueron parte central en las trayectorias de vida y de trabajo de aquellos y aquellas que, hacia el final de sus dias, sin casa, familias de acogida, enfermos, pobres o invalidos pasaron por el Asilo.

HUELLAS DE NEGROS, PARDOS Y AFRICANAS EN EL MUNDO DEL TRABAJO ARTESANAL

El 27 de mayo de 1858 ingreso al Asilo, andrajoso y con una nota del Departamento de Policia, una sola persona, Juan Manuel Posadas, un anciano de 80 anos que declaro ser zapatero y haber servido en el ejercito al mando de Manuel Belgrano en las batallas de Ayohuma (1813) y en Sipe Sipe (1815) en el Regimiento No. 6 de Pardos y Morenos. Posadas habia nacido en Buenos Aires y en el registro de entrada se lo anoto como pardo, como eran denominados en la epoca los mestizos, de ascendencia mixta africana y europea o criolla. Estaba casado con Encarnacion Castro, con quien tuvo seis hijos: cuatro varones y dos mujeres. En la misma documentacion de ingreso, el funcionario que lo entrevisto dejo constancia de que "dice que siempre ha trabajado, tanto en su oficio de zapatero como en otras ocupaciones". (8) Pero, al final de sus dias estaba conchabado bajo la proteccion de una mujer que le retenia su libreta y le daba por sus prestaciones unos cincuenta pesos mensuales. Visto a traves de los ojos de la historiografia de la pobreza urbana, el caso de Posadas pudo ser tomado como el de un afrodescendiente cuya salud estaba deteriorada por la participacion en las guerras de independencia y la edad, y que anciano y achacoso busco hacer uso de la cama y la comida que le procuraban en el Asilo de Mendigos. No obstante, su historia resulta tambien una oportunidad para hacer otras preguntas con las herramientas de una historia social del trabajo interesada en los artesanos y las artesanas en el Rio de la Plata ?Que experiencias de trabajo artesanal pudieron tener afrodescendientes como Posadas en la primera mitad del siglo XIX? ?como la experiencia de la guerra, la conquista de la libertad, las mudanzas politicas impactaron en la vida y el trabajo de hombres y mujeres pardos, negros, morenos?

Un ejercicio como el que estamos llevando adelante hace posible meditar en torno a la estabilidad de las periodizaciones con las que se ha abordado a la historia del trabajo en el siglo XIX en la region. Al indagar en la vida de artesanos como el zapatero Posadas se abre una puerta para pensar trayectorias laborales en un mercado de trabajo que seguramente sufrio por guerras, conflictos interprovinciales, bloqueos portuarios, transformaciones en las economias trasnacionales, o por el movimiento de personas dentro del territorio o por el Atlantico. Como es asunto sabido, desde la decada de 1960, la historiografia laboral inclino su atencion a las ultimas decadas del siglo XIX. La justificacion de dicho recorte se baso en: las dimensiones del movimiento de personas via el Atlantico; la formacion de gremios por oficio y luego por rama de industria; la existencia de instituciones estatales encargadas de producir informacion sobre trabajo (Panettieri, 1967; Godio, 1972; Bilsky, 1985; Del Campo, 1986 y Poy, 2014). Pero, el zapatero Posadas, quien se empeno en que se registre que el habia trabajado como tal, lo que involucraba formar parte de un oficio con grados de especializacion, como tambien el pardo Jacinto Lopez de oficio sombrerero, (9) o la lavandera Ana Gomes, negra y africana, (10) entre otros trabajadores especializados en la primera mitad del siglo XIX, ponen de relieve la relevancia de ahondar en tales experiencias laborales. Para ello, es preciso definirlas en su propia especificidad historica.

En la decada de 1990, una investigacion de Hilda Sabato y Luis Alberto Romero tomo otro rumbo, al indagar en el mercado de trabajo de Buenos Aires en las primeras decadas de la segunda mitad del siglo XIX. Sabato y Romero destacaron que, a lo largo de la decada de 1850, la produccion estaba dominada por talleres pequenos, organizados tanto por trabajadores por cuenta propia como a cargo de un patron que contrataba algunos asalariados o asalariadas. Si bien existieron tambien en ese periodo establecimientos de mayor tamano, la evidencia parecia confirmar que la forma de organizar el trabajo seguia las pautas de un viejo sistema basado en una division de tareas al interior de estos espacios de trabajo que replicaba las pautas de los oficios conocidos, los cuales implicaban escalafones y tareas especificas de acuerdo a estos (Sabato y Romero, 1990). Basados en registros estadisticos y en bibliografia secundaria sobre los origenes de la industria en el pais, estos historiadores plantearon que el trabajo artesanal en la ciudad tenia un bajo nivel de especializacion, resultado de una demanda que hasta entonces habia sido restringida, poco sofisticada y satisfecha en su mayor parte por la importacion (Sabato y Romero, 1990). La excepcion la constituia el artesanado que se abocaba a la demanda de los sectores de mayor poder adquisitivo. La interpretacion de Sabato y Romero consolido una mirada en la cual pobreza y calificacion eran dicotomicas. Pero, trayectorias laborales como la del zapatero Posadas o la lavandera Ana Gomes ponen en entredicho dicha apreciacion. Los trabajadores que lo hacian con sus manos, como sastres, zapateros, sombrereros, lavanderas, costureras, no solo podia tener un alto nivel de especializacion, sino que tambien--y pese a esta--podian empobrecerse, cambiar de trabajo, y--en ocasiones--pasar a depender de otras personas, como sucedio con el zapatero Posadas que quedo conchabado al servicio de una persona que le retenia "su libreta".

Hoy en dia, nuevas investigaciones, menos preocupadas en describir las caracteristicas de ese mercado de trabajo capitalista en formacion y mas interesados en los y las trabajadoras, han comenzado a preguntarse por como la raza y el genero incidieron en la configuracion de ese mercado laboral. Las evidencias sobre la presencia de pardos, morenos, afrodescendientes y de mujeres en el artesanado porteno o llevando adelante trabajos que requerian de destrezas especificas y de especializacion, ponen en cuestion nociones "blanqueadas" y "masculinizadas" de calificacion que estaban presentes en aquella historiografia, por la cual quedaron excluidos del analisis afrodescendientes, pardos, morenos y costureras, lavanderas y otras trabajadoras a la hora de pensar en trabajos calificados e intensivos y en el artesanado urbano.

El trabajo del historiador Lyman Johnson forma parte de esta renovacion historiografica al arrojar luz sobre las experiencias de trabajo, vida cotidiana y participacion politica del artesanado urbano a fines del periodo colonial y primeros anos de la independencia en Buenos Aires. En su investigacion se pregunto por como se estructuraron las jerarquicas relaciones raciales en unos ambitos de trabajo y el modo en que las mismas dotaron de sentido a las masculinidades que se forjaron en los talleres artesanales (Johnson, 2013).

Entre el periodo revisado por Johnson y los analisis que sondean los mundos del trabajo a mediados del siglo XIX hay un vacio de estudios, lo que nos aleja de hacer comprensibles experiencias de trabajo y de vida como las del zapatero Posadas, la lavandera Gomes o el sombrerero Lopez, tres trabajadores calificados pobres, de origenes nacionales y raciales dispares, y que enfermos o lisiados terminaron en un Asilo para pobres. A pesar de las carencias, la pesquisa reciente de la historiadora Mariana Katz brinda pistas para reconocer aspectos de las vidas laborales de artesanos como aquellos que finalizaron sus dias en el Asilo a fines de la decada de 1850. Por un lado, su estudio reconstruye aspectos del mundo artesanal porteno en la primera mitad del siglo XIX, con particular enfasis en la decada de 1830. Por otra parte, arroja luz sobre el peso de los afrodescendientes en los mundos del trabajo artesanal en la primera mitad del siglo XIX. A su vez, Katz logra hacer visible la presencia femenina inserta y oculta en esos talleres artesanales, en tanto que esposas, hermanas e hijas de los artesanos, pero colaborando activamente con la labor cotidiana de produccion (Katz, 2017). Su estudio es ademas una oportunidad de repasar la agencia politica, al observar como intervinieron por ejemplo para que los aranceles a la importacion de manufacturas se mantuvieran lo suficientemente altos como para no aniquilar sus medios de vida.

En otro sentido, historias como la del pardo Posadas permiten reflexionar sobre las opresiones raciales en los ambitos laborales ?De que manera funcionaron las diferencias de raza como elementos que estructuraron jerarquias, divisiones o estigmas en el mundo del trabajo para artesanos y trabajadores negros, morenos y pardos? Las periodizaciones conocidas vuelven a desestabilizarse cuando intentamos detectar estas situaciones para quienes vivieron y trabajaron en Buenos Aires en distintos momentos del siglo XIX.

Para los funcionarios del Asilo de Mendigos dejar constancia de la raza y patria de cada una de las personas que ingresaban resultaba una preocupacion equivalente a la de anotar la ocupacion o la dolencia que aquejaba y justificaba la permanencia en la institucion. Del total de asilados y asiladas, veintinueve fueron listados como negro, negra, moreno, morena, pardo, parda. La casi totalidad de las personas registradas como negro y moreno figuran como nacidas en Africa, pero tambien hay uno nacido en Lima y una nacida en Tucuman. (11) Es posible, entonces, revisar esta fuente con los aportes de una historiografia interesada en interrogar por los procesos de racializacion y subalternizacion en el Rio de la Plata. Un estudio reciente de Alex Borucki sobre identidades negras rioplatenses entre 1760-1860 resulta de utilidad para adentrarnos en los resabios historicos en las formas de nombrar a las y los afrodescendientes. En las sociedades coloniales espanolas, "negro" hacia alusion a una persona de ascendencia subsahariana plena. "Moreno" se convirtio rapidamente en un eufemismo para "negro"; y "pardo" referia a una persona de ascendencia mixta--africana + europea, criolla o indigena--(Borucki, 2017). No obstante, cabe remarcar que las divisiones sociales en castas que caracterizaron el periodo colonial--y que adquirieron una nueva fuerza con la extension del comercio esclavista desde la capital virreinal en el ultimo tercio del siglo XVIII--no estuvieron tan solo basadas en consideraciones fenotipicas, las cuales eran a su vez significadas socialmente. Las distinciones y jerarquizaciones se realizaron a partir de una combinacion de elementos imbricados entre los que se contaban la apariencia fisica (color, rasgos, vestimenta), el estatus economico, los vinculos familiares y la ocupacion (Candioti, 2017), y esto podia ser activamente negociado por las personas racializadas.

La investigacion de Magdalena Candioti describe algunos de los movimientos que entre 1810 y 1860 existieron para pensar la afrodescendencia, el color y el pasado esclavo como marcas entrelazadas de distincion y subalternizacion (Candioti, 2017). Explica que, a pesar de instalarse un cierto sentido comun que asociaba el fin de la colonia a la disolucion de un orden racial, siguio habiendo discriminacion hacia africanos y africanas y afrodescendientes. Su investigacion, entonces, ayuda a comprender los contornos raciales que adquirieron unas ideas sobre la ciudadania y permite imaginar el sustrato experiencial de esos debates en las vidas de trabajadores y trabajadoras negras. Aunque la experiencia sufragista fue amplia desde los anos 1820, y las restricciones raciales para el voto fueron borrandose, conforme nuevos ensayos de gobierno republicano se iban desarrollando, ?ocurria lo mismo en otros ambitos? Precisamente, ?tuvo esto correlato en los mundos del trabajo? Las respuestas a estas preguntas requieren de nuevas investigaciones empiricas. Algunas exploraciones recientes han detectado como en los talleres artesanales, vinculados a las manufacturas textiles, en la decada de 1850 se dieron diversos arreglos laborales basados en la coaccion y que implicaban relaciones jerarquicas, autoritarias, con libertades coartadas, controles sobre las y los trabajadores o trabajadoras negras, pardas o morenas dependientas de parte de patrones o patronas (Mitidieri, 2017).

Mientras en los talleres las relaciones laborales podrian implicar violencias y discriminacion, pardos, negras o morenos continuaron pujando para limitar tales atropellos, recurrieron a la Justicia, organizaron sus propios espacios de sociabilidad y demandaron que el gobierno educara a sus hijas (Mitidieri, 2018a; Miranda Pereira, 2011 y Barrachina, 2017). Tales estudios exploratorios ponen en evidencia instancias de negociacion, acuerdos y tensiones en las cuales pardos, morenos, y afrodescendientes participaron y que, seguramente, permearon a sus relaciones laborales. Por ultimo, estudios sobre sociabilidad, identidad y cultura permiten observar como estos espacios de solidaridad y ayuda mutua funcionaron frente a las adversidades y violencias cotidianas propias de la esclavitud, transformandose a medida en que el siglo XIX avanzo en instancias de actuacion politica y de vinculacion con funcionarios y politicos ?Fueron estas asociaciones tambien parte de redes de trabajo para artesanos pardos, negros o morenos? Faltan estudios al respecto. Mas recapacitar sobre las trayectorias de artesanos y artesanas, meditar en torno a las periodizaciones adjudicadas al trabajo artesanal y cuestionar las formas en que las relaciones de genero y las raciales operaron en esos mundos del trabajo, posibilitarian otorgar un lugar en la historia del trabajo artesanal a varones como el sombrerero Jacinto Lopez, el zapatero Juan Manuel Posadas y Ana Gomes lavandera y portadora de un conjunto de destrezas que hacian de sus labores un trabajo intensivo y especializado.

MUJERES, TRABAJOS Y TAREAS EN LAS CASAS

El dia 4 de febrero de 1859 ingreso al asilo Juana Burgos. (12) Segun su relato, habia estado casada con Jose Lopes Camello, el cual habia fallecido hacia 40 anos. Sus dos hijos, Clara y Juan Pedro, eran pobres y vivian de su trabajo. Esta senora de 70 anos declaro como oficio el de costurera y planchadora. Hacia nueve anos que estaba ciega, y por eso no trabajaba. Sobrevivia gracias a los auxilios de Dona Josefa Almeida, una mujer de la que Juana habia sido nodriza. Un mes mas tarde llego a la institucion Maria Capdevila. Registrada en la documentacion como "morena" y nacida en frica, la mujer de 60 anos dio testimonio de que habia sido esclava de Don Pedro Capdevila y de un gallego llamado Don Benito. Fue en la estancia de Capdevila en donde se caso con Pedro Barragan. Declaro el oficio de cocinera. Tal vez fuera con esa ocupacion que reuniera los dineros que guardaba entre sus ropas o "andrajos", tal como les llamo el funcionario que la recibio. (13)

Estas dos experiencias, brevemente sintetizadas en el registro diario de ingresos del Asilo, aportan elementos para ensanchar los analisis existentes en terminos de pobreza urbana. En las vidas de Juana y de Maria su ocupacion, sus trabajos y quehaceres cotidianos, sus formas de ganarse la vida fueron actividades en las que lo laboral, lo familiar, la casa del patron o la patrona aparecian como experiencias entrelazadas, por momentos, indistinguibles entre si. Sirvientes y sirvientas, tal como eran comunmente denominados en los papeles de epoca, se ocuparon de las tareas de servir en las casas de sus patrones o patronas. Servir involucraba diversas ocupaciones; entre las tareas que solian recaer sobre mujeres y ninas empleadas en el trabajo de servir se contaban limpiar, cocinar, lavar la ropa, remendarla, plancharla, servir la mesa, criar, cuidar y amamantar ninos, ensenarles tareas, entre otras.

Desde hace decadas, la historia del trabajo se ha preguntado por las mujeres. Inicialmente, el empeno estuvo orientado a describir como las mujeres se habian integrado y participado en el mercado laboral a lo largo del tiempo. Diversas investigaciones, en las decadas de 1980 y 1990, se refirieron a las caracteristicas de dicha participacion, a las condiciones de trabajo, calificacion y remuneracion. A partir de los censos nacionales de poblacion, desglosaron algunos de los determinantes de la participacion femenina en el mercado de trabajo como la edad, el estado civil, el nivel educativo, la condicion de migracion, el asentamiento urbano-rural y las diferencias ocupacionales por sexo. Las lecturas sobre estos registros estadisticos explicaron como ciertas decisiones politicas habian afectado a la definicion y a la medicion del trabajo de las mujeres, reproduciendo a la par las jerarquias y desigualdades entre los sexos.

Al centrar la atencion en el mercado de trabajo a mediados de siglo XIX, los estudios son escasos. Es necesario volver a la investigacion de Sabato y Romero (1992) para reconocer como estos historiadores lo describieron e incorporaron a las mujeres. Ellos indicaron que Buenos Aires contaba con un abultado servicio domestico, donde en la ciudad representaba alrededor de un 20% de la poblacion activa. Las mujeres predominaban en casi todas las ocupaciones y el servicio domestico concentraba a mas de la mitad de las trabajadoras, es decir una de cada cuatro mujeres se desempenaba en este. Para estos autores, la division sexual del trabajo era tajante, de manera tal que pocos oficios concentraban casi todo el empleo femenino (Sabato y Romero, 1992).

Hoy en dia, algunas afirmaciones de ese estudio pueden ser rebatidas. La pesquisa de Hernan Otero hizo posible reconocer la relacion entre politica e informacion censal y poner en duda la transparencia de los datos censales. En el Primer Censo Nacional de Poblacion llevado adelante en 1869, quienes lo confeccionaron no solo no incorporaron dimensiones raciales y etnicas como tampoco diferenciaron las ocupaciones laborales de acuerdo al sexo. Las ocupaciones se senalaron como masculinas a excepcion de algunas como la costura, el lavado, el planchado, la prostitucion y aquellas vinculadas al servicio domestico, que eran compartidas por varones y mujeres (Otero, 2006). La no inscripcion de interrogaciones relativas a la dimension racial se habria reconocido y avalado con argumentos tecnicos: la supuesta dificultad de medicion de la variable, ya que las categorias (blanco, negro, mulato, pardo) no estaban fundadas en aspectos fisicos sino negociables, que a lo largo del tiempo se habian adecuado a una serie de caracteristicas, tales como el estatus legal, las vestimentas, el lugar de residencia, la alimentacion, las costumbres, entre otras (Pita, 2017). Sin embargo, detras de dicha justificacion se encubrieron decisiones ideologicas que involucraron una politica de blanqueamiento. Algo semejante sucedio con los trabajos de las mujeres: que ingreso como trabajo y que quedo excluido no fue un reflejo de las labores y tareas laborales en si mismas, es decir de como las mujeres trabajaban para ganarse la vida, sino del valor que unos contemporaneos le otorgaron.

Existen largas reflexiones sobre el trabajo domestico, la division entre trabajo productivo y reproductivo, la doble jornada laboral femenina, entre otras cuestiones. Varios de estos debates que se gestaron en los anos 1970 (Dalla Costa y James, 1974; Federici, 1975 y Cox y Federici, 1976) develaron aspectos y dimensiones no consideradas por la historiografia del trabajo, y que de distintas formas fueron resignificadas en investigaciones recientes (Acha, 2013; Allemandi, 2017; Perez, 2013, 2015a, 2015b, 2016 y Remedi, 2012, 2014). Algunas de estas reflexiones colaboran para pensar historicamente las experiencias situadas de mujeres como Juana Burgos y Maria Capdevila, quienes realizaron trabajos de servir en el segundo tercio del siglo XIX en Buenos Aires.

A lo largo de su vida, Juana Burgos desplego diferentes estrategias para ganarse la vida: habia planchado, cocido y amamantado. Haber sido nodriza de Dona Josefa Almeida, hizo posible que, al quedar ciega, aquella mujer la auxiliase para su sobrevivencia. Las ayudas de Almeida tendrian base en un lazo laboral que habia dado lugar a un vinculo a lo largo del tiempo, en el cual es posible incluir tanto sentidos morales de auxilio a alguien que se consideraba una dependiente como un lazo afectivo hacia quien habia sido su ama de leche. La investigacion de Cecilia Allemandi para fines del siglo XIX y comienzos del XX, permite saber de las caracteristicas del trabajo de ama de leche. Este era un medio de vida para un sector de mujeres. Algunas de las nodrizas formaban parte del llamado servicio domestico, viviendo en la casa del nino o nina a criar y recibiendo una remuneracion no siempre ni necesariamente en dinero: techo, comida, vestido podrian ser parte de la contraprestacion. Otras lo hacian en sus propios lugares de morada, recibiendo exiguos salarios por la crianza y cuidado de recien nacidos provenientes de familias trabajadoras o jovenes solteras que debian subsistir por sus propios medios (Allemandi, 2017). Es probable que Juana amamantase a Josefa al momento de convertirse en madre de alguno de sus dos hijos y que de algun modo continuara estando en la casa de Almeida como criada, nodriza, sirvienta, todas faenas que implicarian trabajos de cuidado. De momento, solo contamos con el registro que dejo asentado el funcionario que recibio a Juana en el asilo. Pero el hecho de que siguiera siendo asistida por alguien a quien habia amamantado, es un elemento a atender a la hora de indagar en estos vinculos laborales, de dependencia y tal vez afectivos. Explorar estas dimensiones de la experiencia laboral de las mujeres resulta clave para reconstruir esos mundos del trabajo en la primera mitad del siglo XIX que tenian a la casa, los cuidados y el servir como centro.

A MODO DE CONCLUSION

A lo largo de este articulo nos propusimos el ejercicio de reflexionar acerca de las posibilidades historiograficas de una fuente que conocimos enmarcada en la tradicion de los estudios de la pobreza urbana, de las instituciones de asistencia a pobres, y de las practicas de beneficencia como respuestas al fenomeno de la marginacion, el pauperismo y la indigencia, entre personas sin redes familiares, enfermas, ancianas o lisiadas. Al partir de una evidencia que consigno datos de distinta indole sobre las vidas y los trabajos de las personas que de alguna manera buscaron o aceptaron ser ingresadas al Asilo de Mendigos de la ciudad de Buenos Aires, nuestra intencion fue la de hacer proximo el desafio de reflexionar historiograficamente sin perder de vista el trabajo que otros historiadores e historiadoras se tomaron con las fuentes documentales.

Inspiradas en la perspectiva de una historia social que busca describir las experiencias sociales de hombres y mujeres que no dejaron testimonios escritos por sus propias manos, entendemos que es posible y deseable volver a unir aquello que la segmentacion analitica o historiografica separo. En tal direccion, la intencion de este trabajo fue la de problematizar unos recorridos historiograficos a la luz de ciertos interrogantes que pueden realizarse a esta documentacion, y que hacen factible examinar relaciones, periodizaciones y problemas historicos. Nuestro punto de partida fue, entonces, plantear preguntas que permitan cruzar las fronteras historiograficas para reflexionar sobre trabajo y pobreza como dimensiones entrelazadas en una misma trayectoria vital, ya sea porque la ocupacion laboral no alcanzaba para garantizar el sustento, porque diferentes acontecimientos politicos incidieron en la estabilidad de ciertos trabajadores y trabajadoras o porque el estado de salud o la viudez de algunas mujeres hacia mas dificil el ganarse la vida. Ya como alternancia a lo largo de la biografia, ya como experiencia de trabajadores y trabajadoras pobres, negros, africanas, pardas o morenos, una perspectiva que tome

en consideracion las diferentes estrategias de sobrevivencia de dichas personas complejiza la mirada y otorgaria dinamismo a las descripciones historicas de una enrevesada primera mitad del siglo XIX en Buenos Aires.

Enfocar en los mundos del trabajo por los que transcurrieron asilados y asiladas ha sido una oportunidad para adentrarse en la diversidad de ocupaciones existentes en la primera mitad del siglo XIX. Los diferentes aportes realizados por la historiografia que se ocupa de dichos mundos brindan elementos de suma relevancia para profundizar en el estudio del artesanado porteno, revisando algunas de las formas en que se ha periodizado y delimitado la relevancia del trabajo del artesanado e invitando a reconsiderarlo tambien a partir de una mirada atenta a las relaciones de genero y a las relaciones raciales que operaron en dichos mundos. En un sentido semejante, hemos buscado preguntar sobre las experiencias y modalidades de quienes trabajaron en casas y residencias de otros y otras, que declararon ocupaciones y relaciones laborales que podian incorporarse en el rubro de servicio domestico o no, que podian estar consideradas en otros registros, como los censales o no. Tales ambiguedades invitan a llevar adelante nuevas investigaciones que a la par de reflexionar sobre las formas en que el genero y la raza estuvieron presentes y vertebraron las relaciones en los mundos del trabajo, en las casas, en los talleres, permitan tambien reconocer mas acabadamente los significados sociales del trabajo en una epoca en la cual ya no se pueden dar por sentadas definiciones, caracteristicas y relaciones a vista de lo que sucedio luego.

En suma, este ejercicio intento seguir unas pistas en torno a las trayectorias laborales de hombres y mujeres, libres o libertos, negros o morenas, pobreza y trabajo, trabajo especializado, trabajos de servir, relaciones de genero y de raza, con el sentido de hacer palpable la posibilidad de considerar unas experiencias de trabajo, en un tiempo atravesado por guerras, cambios politicos, discriminaciones raciales, violencias varias y la zozobra de ganarse la vida dia a dia demando estrategias diversas.

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Notas

(1) Archivo General de la Nacion (en adelante AGN), Documentos Escritos (en delante DE), Biblioteca Nacional (en adelante BN), 342-F8, Apuntes del movimiento del Asilo de Mendigos de Buenos Aires, por Antonio Pillado, Nro. 2, Rosa Represa.

(2) AGN, DE, BN, 342-F8, Apuntes del movimiento del Asilo de Mendigos de Buenos Aires, por Antonio Pillado, Nro. 26, Mariano Reinoso.

(3) AGN, DE, BN, 342-F8, Apuntes del movimiento del Asilo de Mendigos de Buenos Aires, por Antonio Pillado, Nro.62, Maria Carreras.

(4) AGN, DE, BN, 342-F8, Apuntes del movimiento del Asilo de Mendigos de Buenos Aires, por Antonio Pillado, Nro. 8, Juana Maria Achaval.

(5) La distincion entre trabajadores/as y artesanos/as a lo largo del articulo recupera las categorias nativas que aparecen en la fuente analizada, es decir, su uso no implica una definicion conceptual. Tambien intenta situar historicamente la diferencia entre quienes habian sido formados en un oficio artesanal y quienes no.

(6) AGN, DE, BN, 342-F8, Apuntes del movimiento del Asilo de Mendigos de Buenos Aires, por Antonio Pillado, Nro. 5, Miguel Bosh.

(7) AGN, DE, BN, 342-F8, Apuntes del movimiento del Asilo de Mendigos de Buenos Aires, por Antonio Pillado, Nro.32, Francisco del Pino.

(8) AGN, DE, BN, 342-F8, Apuntes del movimiento del Asilo de Mendigos de Buenos Aires, por Antonio Pillado, Nro. 142, Juan Manuel Posadas.

(9) AGN, DE, BN, 342-F8, Apuntes del movimiento del Asilo de Mendigos de Buenos Aires, por Antonio Pillado, Nro. 6, Jacinto Lopez.

(10) AGN, DE, BN, 342-F8, Apuntes del movimiento del Asilo de Mendigos de Buenos Aires, por Antonio Pillado, Nro. 35, Ana Gomes.

(11) AGN, DE, BN, 342-F8, Apuntes del movimiento del Asilo de Mendigos de Buenos Aires, por Antonio Pillado, Nro. 33, Lucas Rospillot y Nro. 36, Delfina Pintos.

(12) AGN, DE, BN, 342-F8, Apuntes del movimiento del Asilo de Mendigos de Buenos Aires, por Antonio Pillado, Nro.119, Juana Burgos.

(13) AGN, DE, BN, 342-F8, Apuntes del movimiento del Asilo de Mendigos de Buenos Aires, por Antonio Pillado, Nro.130, Maria Capdevila.

Gabriela Mitidieri

Universidad Nacional de Buenos Aires, Argentina

gmitidieri@gmail.com

Valeria Silvina Pita

CONICET, Argentina

vspita@gmail.com

Recepcion: 11 de diciembre de 2018 | Aprobacion: 26 de febrero de 2019 | Publicacion: 28 de mayo de 2019

https://doi.org/10.24215/2314257Xe083
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Title Annotation:DOSSIER
Author:Mitidieri, Gabriela; Silvina Pita, Valeria
Publication:Anuario del Instituto de Historia Argentina
Date:May 1, 2019
Words:10638
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