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The Muriel de la Fuente (Soria) celtiberian helmet and waterfindings of helmets in the iberian peninsula/El casco celtiberico de Muriel de la Fuente (Soria) y los hallazgos de cascos en las aguas en la peninsula iberica.

1. Introduccion

El Museo Numantino de Soria conserva desde 1977 un singular casco de bronce procedente de Muriel de la Fuente (no. inv. 77/6), una pequena localidad situada en el noroeste provincial (1). Aunque la pieza ha aparecido recogida en diversos trabajos cientificos a partir de inicios del siglo XXI, carece de una publicacion en detalle. Fue objeto de un breve analisis con motivo del estudio del ejemplar incompleto de la tumba 39 de la necropolis de Numancia, interpretandose ambos como cascos atico-samnitas (Jimeno et al. 2004: 262, lam. XXI). Tambien formo parte de la exposicion Celtiberos, tras la estela de Numancia (Jimeno ed., 2005: ficha no. 312; Salinas 2005: 433; Jimeno et al. 2005: 102 ss.), situandose su procedencia en el "paraje de La Fuentona" (Jimeno et al. 2004: 262) o en "La Fuentona" (Jimeno ed., 2005: catalogo no. 312), aunque parece seguro su hallazgo en el propio rio Avion, aguas abajo de la surgencia. El casco fue recuperado en una sola pieza, aunque roto y algo deformado (fig. 1), lo que junto a su hallazgo en un contexto acuatico singular nos permitira hacer algunas consideraciones acerca de los cultos a las aguas y sobre aspectos de la inutilizacion ritual, especialmente del singular soporte para el lophos.

Sobre este ultimo elemento, J. M. Pastor, realizo apreciaciones de interes cuando estudio el casco de la necropolis de Numancia, al tiempo que planteaba su pertenencia a un nuevo modelo de casco (Pastor 2004-2005: 262, 264 ss., figs. 6 y 8; Pastor, e.p.). La reciente aparicion en el mercado internacional de antiguedades de un numeroso conjunto de cascos de tipo hispano-calcidico, modelo en el que se incluiria el hallazgo soriano, nos ha llevado a analizar en detalle este caracteristico modelo de arma defensiva, del que en la actualidad se conocen mas de una treintena de ejemplares, en su mayoria sin contexto de procedencia (Graells, Lorrio y Quesada e.p.).

El casco de Muriel de la Fuente es, por tanto, una pieza de gran relevancia, lo que demuestra el interes despertado, centrado en sus caracteristicas morfologicas, que en cualquier caso cabe revisar a la luz de los nuevos hallazgos. Un menor interes ha deparado el lugar del hallazgo, el rio Avion, en las proximidades de su lugar de nacimiento, en la surgencia de La Fuentona (Carlos Nunez, comunicacion personal), siendo el unico ejemplar del tipo recuperado en un medio humedo, lo que permite interpretarlo en el marco de los conocidos depositos de cascos en las aguas, una practica bien documentada en la Europa central y occidental durante el Bronce Final y la Edad del Hierro, que se mantendria vigente en epoca romana e incluso despues.

2. El casco de Muriel de la Fuente: descripcion de la pieza

Se trata de un casco realizado a partir de una fina chapa de bronce batido, que conserva parte de la calota de forma semiesferica, algo deformada, y ligeramente carenada, con recorte de la lamina para las aperturas de los ojos--la del lado derecho no conservada--, separadas por el protector nasal, y las orejas, con estrecho guardanuca ligeramente arqueado (Jimeno et al. 2004: 262), adaptandose a la cabeza (figs. 1,B y 2). El vastago macizo para soportar el lophos o cimera esta roto en su base, circular, presentando el vastago seccion oval (figs. 1, B y 2,B). Queda unido a la calota mediante tres remaches equidistantes, uno en el eje de simetria de la pieza ocupando la zona anterior, y los otros dos, a ambos lados de la misma, en la posterior (fig. 2, B-C). Se documentan los restos de dos botones de hierro en la zona del protector nasal y del ribete tambien de hierro aplicado como refuerzo en torno al arco superciliar, convenientemente engrosado al doblar el extremo de la chapa hacia afuera (figs. 1,B,1-2 y 2,D). Este ribete, del que queda su impronta, se fija a la calota mediante dos remaches, uno localizado en el tramo final del arco y otro en el extremo opuesto, junto a la zona de union de la carrillera. En el lado izquierdo se observa la impronta del aplique en forma de ofidio caracteristico de los cascos hispano-calcidicos, localizado por debajo de la linea de carena, y fijado a la calota por dos remaches, uno junto a la zona del protector nasal, del que solo queda la perforacion, y otro en la zona correspondiente a la cabeza del animal (figs. 1,B,1-2 y 2,A y D). No se conserva la anilla de la parte frontal, relacionada con los elementos tensores de la cresta, posiblemente por localizarse en la zona actualmente perdida. Tampoco la de la zona dorsal, aunque en este caso pudo haber estado dispuesta en el guardanuca. El grosor de la calota es relativamente uniforme, oscilando entre 0,8 mm en el reborde inferior; 1 mm en la zona media de su altura y 1,5 mm en la parte mas alta, asi como en el reborde superciliar. Sobre las aperturas laterales de las orejas se aplicaron dos placas para sujetar los elementos moviles, unicamente conservada la del lado derecho, mientras en el izquierdo quedan las dos perforaciones rotas que habrian permitido su fijacion. La pieza, de forma eliptica, presenta los laterales planos para su fijacion a la calota mediante dos remaches de los que se conserva uno, plegandose en forma de "U" en su parte central (figs. 2, Ay F). Ofrece decoracion, en cada uno de los lados, de cinco circulos impresos mediante troquel, dispuestos de forma asimetrica junto al borde exterior curvo, sobre los que se aplico de forma individualizada un punto central mediante un punzon de punta rombica, lo que explica su diferente disposicion (fig. 2,F). Tambien se conservaba parte de la bisagra para fijar la carrillera izquierda, de tres dientes o palas. Se trata de una chapa doblada sobre si misma que abrazaria la lamina del casco, observandose en el reborde superior del lado externo las marcas de cincelado para facilitar su fijacion, mediante dos remaches de hierro dispuestos en los extremos de la pieza, que atravesarian ademas una barra de refuerzo tambien de hierro, conservada parcialmente (figs. 2, A, G y H). Quedan, igualmente, restos in situ del pasador de seccion circular, igualmente de hierro. Por encima de la placa ofrece, como decoracion, una linea de 12 circulos troquelados con punto central, de forma losangica, identicos a los de la pieza para los elementos moviles (figs. 1,B,2 y 2,Ay E). Estos, ligeramente desplazados respecto a la pieza de la bisagra, quedan enmarcados por una doble linea incisa por arriba y una simple por abajo. El casco llevaria ribetes de refuerzo, de cuya existencia queda constancia por la presencia de una serie de agujeros perimetrales en el reborde exterior del guardanuca (figs. 1,B,2-4 y 2,A). Son cinco en total, en una disposicion aproximadamente equidistante, aunque el central, localizado aproximadamente sobre el eje de la pieza y algo desplazado hacia el interior, pudiera haber servido para fijar la anilla que tensaria la cimera (fig. 1,B,4).

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Los trabajos de restauracion se limitaron a consolidar la pieza, que, como hemos senalado, aparecio rota e incompleta. Las fotografias conservadas en el Museo Numantino previas a su restauracion evidencian que la pieza aparecia algo deformada en sus laterales, presentando una forma elipsoidal, 'corregida' al ser restaurada, y bastante agrietada debido a procesos postdeposicionales (fig. 1, A).

Los analisis por XRF del casco realizados por el proyecto Arqueometalurgia de la Peninsula Iberica muestran una composicion similar en las cinco areas laminares muestreadas, correspondientes a la calota (3), el soporte lateral y la bisagra, con un valor promedio de 85,3 % Cu; 12,7 % Sn; 0,65 % As y 0,28 % Pb. Se trata por tanto de un bronce binario. El pivote, una pieza maciza realizada a molde, es una aleacion diferente, un bronce ternario con 73,6 % Cu, 13,5 % Sn y 11,3 % Pb, lo que debe relacionarse con la tecnica de fabricacion.

Se ha propuesto una cronologia generica para esta pieza de los siglos III-II a.C. (Jimeno ed., 2005: catalogo no. 312), aunque posiblemente deba fecharse algo antes, en un momento avanzado del siglo IV o a inicios del III a.C. (Graells, Lorrio y Quesada e.p.).

Dimensiones: Altura conservada: 17,9 cm; longitud: 24,5 cm; anchura: 16,7 cm; grosor: 0,08-0,15 cm; diametro de la base del vastago: 2,7 cm; diametro del vastago: 0,7/0,9 cm; diametro de los remaches: 0,2/0,3 cm; bisagra: ancho: 4,9; alto: 1,25; grosor: 0,1 cm; diametro del pasador: 0,4 cm; aplique lateral: 2,05 x 1,6 x 0,1 cm; peso conservado: 639,33 g.

3. El lugar del hallazgo: el manantial de La Fuentona y el nacimiento del rio Avion

Aunque las noticias sobre el hallazgo son escuetas, se sabe que el casco aparecio cerca del paraje de La Fuentona, una surgencia de origen karstico donde nace el rio Abion/Avion (sobre el toponimo vid. Ballester 2009: 17-19), tributario por la izquierda del Ucero, afluente a su vez del rio Duero. Se trata de un hallazgo casual (Carlos Nunez, comunicacion personal), a unos 200 m aguas abajo de La Fuentona, en una de las pozas del propio rio, proximo por tanto a la confluencia por la izquierda con el arroyo Cabrejas, aunque no puede descartarse que procediera de la propia laguna o su entorno mas inmediato (fig. 3,A-C). La Fuentona es un manantial vauclusiano de caudal muy variable (entre 50 y mas de 1.000 l/s) que forma una laguna redonda de unos 30 m de diametro y 9 de profundidad, rodeada de laderas de derrubios con un fuerte talud, en el recodo de un pequeno canon calizo. Antes de alcanzar la superficie el agua recorre un sifon y varias galerias sumergidas, que llegan a alcanzar mas de 100 m de profundidad extendiendose a lo largo de mas de 550 m, aunque las exploraciones esten inacabadas (Sanz et al. 2012: 123 s.).

No es mucha la informacion sobre la Edad del Hierro en el entorno inmediato del lugar del hallazgo. Al norte de la localidad de Muriel de la Fuente, aunque ya posiblemente en el termino de Cabrejas del Pinar, se localiza un pequeno poblado celtiberico, Los Castillejos, del que apenas tenemos informacion, mas alla de su emplazamiento en la parte media-alta de una ladera que desciende sobre un pequeno arroyo (Pascual 1991: 124-125). El asentamiento mas destacado de la zona seria el de Los Castejones, en Calatanazor (Taracena 1926), identificado con la Voluce celtiberica (Saavedra 1879: 19 ss.; Taracena 1941: 46-47), mansio romana citada en el Itinerario de Antonino entre Numancia y Uxama, aunque la revision de A. C. Pascual (1991: 32 ss. 268 s.) no permita aceptar dicha propuesta. Su extension, unos 10.000 [m.sup.2], su buena visibilidad, emplazamiento estrategico y buenas defensas tanto naturales como artificiales, permite su interpretacion como un 'castillo', nucleos poblacionales de menor rango al de las ciudades y las grandes aldeas que controlarian territorio menores y vias de comunicacion (Pascual 1991: 268; Jimeno 2000: 253-255).

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4. Cascos en las aguas: los hallazgos de la Peninsula Iberica

El casco de Muriel de la Fuente, recuperado en el lecho del rio Avion, a unos 200 m de su nacimiento, viene a sumarse a los conocidos hallazgos de cascos en contextos acuaticos, de los que se conoce un interesante conjunto en la Peninsula Iberica, con una amplia cronologia desde el Bronce Final hasta el siglo II a.C. y en los que destaca una inutilizacion o fractura de alguna de sus partes hecho que permite distinguir de manera clara los ejemplares ofrendados a las aguas en lo que podemos definir como un ritual particular (fig. 4).

Los cascos mas antiguos integraban el deposito del Bronce Final de la Ria de Huelva. Se trata de los restos de, al menos, dos ejemplares fragmentados del modelo 'crestado' de tradicion atlantica, de bronce batido reforzado con clavos (fig. 5,A) (Almagro-Gorbea 1973: 349, fig. 1; Coffyn 1985: 208, Pl. XXXI, 1-4; Ruiz-Galvez 1995: 217 ss., lam. 19, 1-2), ademas de otro conico (Spitzhelm) originario del Mediterraneo Oriental (Fig. 5,B) (Almagro-Gorbea 1973: fig. 1,24/60/178; Ruiz-Galvez 1995: 217 ss., lam. 19,4; Schauer 1983: 185-187; Torres 2009: 100-101). El conjunto, descubierto en 1923 al drenar el rio Odiel, se situa a inicios del BF III, cuyas fechas radiocarbonicas ofrecen un intervalo de mayor probabilidad a 1 sigma entre c. 1050 y 930 cal. a.C. (Brandhern 2007: 16, fig. 2, Ap. F). Aunque se interpreto como los restos de un barco cargado de chatarra, actualmente se considera un deposito ritual en medio acuatico (Ruiz-Galvez 1995).

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Otro caso singular no falto de problemas sobre su interpretacion como casco, es el 'casco' aureo de Leiro (Rianxo, La Coruna), recuperado en una playa de la Ria de Arousa, proxima a la desembocadura del rio Ulla (fig. 6,A). El objeto fue descubierto en 1976 en un paraje rocoso conocido como 'Corruncho dos Porcos', cercano a la playa de Leiro (Cardozo 1976; Comendador 2003; Id. 2010: 103-104), al parecer en el interior de un recipiente ceramico, del que unicamente se recuperaron algunos fragmentos. Los paralelos de esta pieza remiten al Bronce Final (Coffyn 1985, 208: 398; Armbruster 1999: 243; Comendador 2003), habiendose relacionado con los cuencos aureos de Axtroki (Bolivar, Guipuzcoa) y Villena (Alicante), y aunque no faltan autores que lo interpretan como otro cuenco (Armbruster 1999: 243), parece mas probable que se trate de un casco ritual. No obstante, los dos 'cuencos' de oro hallados en la base de la pena de Axtroki (Almagro-Gorbea 1974: 74 ss.), usados verosimilmente para libaciones, recientemente se han interpretado como bonetes o tocados sacerdotales (de Andres 2007-2008).

Una interpretacion similar cabe plantear para el caso de Caudete de las Fuentes (Valencia), pieza argentea cuyos paralelos extrapeninsulares remiten al Bronce Final o al inicio de la Edad del Hierro (Hencken 1971: 139; Almagro-Gorbea 1973: 355; Coffyn 1985: 208, 398, pl. LXXII, 3; Gusi 2001: 177; Rafel et al. 2006: 255; Rafel et al. 2008: 266, fig. 28; Armbruster 2004). La naturaleza de la pieza ha hecho que se plantee su funcion original entre si se trata de un casco o de un cuenco (fig. 6,B). Si bien la primera opcion ha sido la mas repetida, parece que los argumentos de B. Armbruster ofrezcan mayores garantias al tratarse, en primer lugar, de una pieza hemisferica y no con la base ovalada, como deberia ser un casco, y, en segundo lugar, poder asimilarse al grupo Villena-Zurich. Las dimensiones, 18 cm del diametro mayor, estan dentro del arco de diametros de cascos y, en cualquier caso, no indican ningun condicionante respecto a los vasos metalicos que, en muchos casos, lo superan. A pesar de ello, la existencia de cascos hemisfericos esta documentada y algunos detalles de su decoracion (las "cejas" o "cuernos") se han relacionado con motivos zoomorfos de caracter apotropaico. El objeto, para el que necesariamente debe plantearse un trabajo ad hoc, sigue siendo objeto de discusion funcional, como lo es tambien su lugar de procedencia. Este se ha atribuido tanto a la localidad valenciana de Caudete de las Fuentes, como a la castellonense de Coves de Vinroma, aunque las noticias que aportamos hace anos (Lorrio 2001: 19, 21, fig. 3,7), en las que recogiamos informacion oral relativa al descubridor y al lugar del hallazgo, apuntan a la localidad de Caudete de las Fuentes como la mas probable, lo que permite su interpretacion con el resto de hallazgos en medio humedo: "El hallazgo se produjo de forma casual en torno a 1914, cuando el vecino de Caudete de las Fuentes, Antonio Torres, conocido como 'Aquilino', realizaba tareas agricolas al pie de Los Villares, en el paraje conocido como Vallejo de Pierna, localizado hacia poniente y a pocos metros de la loma sobre la que se asienta el yacimiento, junto a la carretera de Los Isidros, (...) una zona de inundacion periodica, por la que incluso llegaba a bajar agua en los anos lluviosos" (Lorrio 2001: 21). La segura procedencia de la localidad de Caudete de las Fuentes, en las cercanias del poblado de la Edad de Hierro de Los Villares, resulta de gran interes dada la fecha propuesta para los niveles fundacionales de este asentamiento, ca. primera mitad del siglo VII a.C., o incluso s. VIII (Mata 1991: 189), no muy alejada con la propuesta para la pieza argentea. Una opinion divergente ha sido la de B. Armbruster que ha relacionado la tecnologia de la pieza con los cuencos aureos de Zurich-Altstetter y Villena (Armbruster 2004: 151) proponiendo una cronologia de circa 1000 a.C., aunque la posible adscripcion del Tesoro de Villena al Bronce Tardio y su relacion con el poblado del Cabezo Redondo (Hernandez 2012: 138), supone plantear una cronologia algo anterior para el deposito, toda vez que las dataciones radiocarbonicas de este destacado poblado se situan, de forma mayoritaria, por encima del 1300 cal. a.C.

Mas recientes son los cascos griegos recuperados en rios del Suroeste peninsular. Se trata del casco corintio antiguo de Jerez de la Frontera (Cadiz), en el rio Guadalete, del corintio de la Ria de Huelva y del casco etrusco-corintio de la desembocadura del Guadalquivir en Sanlucar de Barrameda (Cadiz). Para Jimenez Avila la interpretacion mas viable para estos cascos recuperados en las desembocaduras de los rios Guadalquivir, Guadalete y Odiel seria la de considerarlos como "ofrendas realizadas a las divinidades fluviales por parte de individuos aloctonos" (Jimenez-Avila 2002: 367), aunque segun hemos senalado se trata de una tradicion fuertemente arraigada en la zona desde el Bronce Final, tal y como lo indican distintas inutilizaciones de partes de los mismos cascos.

El casco de Jerez de la Frontera (Jimenez-Avila 2002: 411 s., lam. XLVI, figs. 176 y 251.2, con la bibliografia anterior) fue recuperado en 1938 en el lecho del rio Guadalete (fig. 7,A), en su margen izquierda, proximo a su desembocadura, por lo que podria tratarse de un elemento votivo, ofrendado a las aguas, sin que se aprecien evidencias de intencionalidad en las roturas (Jimenez-Avila 2002: 412). Corresponde a un tipo antiguo de la serie de cascos corintios, grupo III de Kukahn (1936), fechado a inicios del siglo VII a.C. (Jimenez-Avila 2002: 237; Snodgrass 1964: 24 y 27; Shefton 1982: 345; Tiemblo 1994: 33). La forma no presenta adaptacion a la anatomia, en el que falta el protector nasal, de pequenas dimensiones en el modelo original, hecho que refuerza una idea de inutilizacion voluntaria. Ofrece una serie de perforaciones en la parte inferior del casco y alrededor de los ojos y la zona abierta frontal, que permitirian fijar un forro interior para amortiguar tanto el casco como los golpes. A tal sujecion pueden referirse tres grapas situadas en los laterales y en la nuca, erroneamente interpretada como un elemento para colgar el casco (Tiemblo 1994: 33) y, en cambio, relacionada con la sujecion de la cimera (Jimenez-Avila 2002: 236 s.)

El casco corintio de la Ria de Huelva fue hallado en 1930 al realizar labores de dragado en el puerto de Huelva (fig. 7,C), algo mas al sur de la zona donde se descubrio el deposito del Bronce Final (Almagro-Gorbea et al. 2004: 174 ss., con la bibliografia anterior). Aparecio roto en su parte trasera y algo deformado, lo que se ha relacionado con su inutilizacion ritual antes de ser arrojado al agua como una ofrenda "a una divinidad acuatica" o dentro de "ritos de llegada" o "de paso", siendo dificil relacionarlo con posibles practicas funerarias (Almagro-Gorbea et al. 2004: 175). Corresponde al tipo B2 de Pflug (1988, 75 s.), caracterizado por presentar escotaduras laterales, pero con "forma ajustada" (pragnante Form), lo que permite fecharlo "en el segundo cuarto del siglo VI a.C." (Almagro-Gorbea et al. 2004: 176), aunque otros autores han propuesto una cronologia de la segunda mitad de esa centuria (Olmos 1988; Jimenez-Avila 2002:237, fig. 178).

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Finalmente, el casco corintio tardio recuperado, al parecer, en "la desembocadura del Guadalquivir", en Sanlucar de Barrameda (fig. 7,B), propiedad de un particular que aseguraba tal procedencia (Tiemblo 1994: 34s.; Jimenez-Avila 2002: 237, fig. 177). El estudio arqueometalurgico demostraba dos reparaciones y anadidos modernos al casco original: uno en el extremo del protector nasal y otro en el guardanucas (Rovira 1994). Las carrilleras parecen haber sido inutilizadas una vez y posteriormente restituida su forma original de manera mecanica, suposicion que deduce A. Tiemblo a partir de una linea de doblado en los extremos de las carrilleras, lo que podria relacionarse con practicas rituales (Tiemblo 1994: 35). Ademas, se observaban dos roturas en la zona del parietal izquierdo, sin que pueda determinarse con seguridad si pudieran ser "intencionales y antiguas" (Tiemblo 1994: 35). La tipologia de la pieza permite proponer una cronologia de mediados del siglo VI a.C. (Jimenez-Avila 2002:237; Tiemblo 1994:34).

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Si los hallazgos anteriores tienen el interes de documentar la continuidad en los primeros siglos de la Edad del Hierro de una tradicion que se remonta al Bronce Final, de gran relevancia es el hallazgo de cascos de tipo Montefortino--denominacion actualmente en revision y que no refleja el detalle y complejidad de los numerosos grupos que engloba-, en contextos acuaticos, dada la cronologia del tipo, entre los siglos IV y I a.C. (Garcia-Maurino 1993: 129 y 132, figs. 40s.; Quesada 1997: 554-564), siendo por tanto contemporaneos con el ejemplar hispano-calcidico de Muriel de la Fuente. En general ofrecen un distinto nivel de conservacion aunque en todos los casos les falten las paragnatides, practica que se documenta en todos los cascos de esta serie recuperados en la Peninsula Iberica, indistintamente de su contexto, hecho que debemos considerarlo en el marco de un uso particular que prescindiria de estos elementos.

Un ejemplar fue recuperado frente a la localidad sevillana de San Juan de Aznalfarache (fig. 8,A), al dragar el rio Guadalquivir, faltandole la parte superior y con evidencias de un golpe en el lateral derecho (Caballos 1993). El casco se fecho en el siglo III avanzado o a inicios del II a.C., sin entrar a valorar la posible explicacion del deposito. La cronologia del tipo abarca todo el s. III a.C. y M. Mazzoli, ha relacionado este hallazgo con un episodio de la Segunda Guerra Punica, concretamente la batalla de Ilipa (206 a.C.), propuesta que sigue la de Caballos (1993: 109-124, fig. 2, tab. I-II).

Otro casco de tipo Montefortino fue encontrado en Caldelas de Tuy (Pontevedra), al dragar el rio Mino (fig. 8,B), a una profundidad de 4-5 m, en magnifico estado de conservacion, aunque le falta el boton (Santiso et al. 1977; Garcia-Maurino 1993: 103 ss., fig. 9). El ejemplar corresponde a un tipo de cronologia avanzada fechable entre finales del siglo III y el II a.C. Cabe anadir un reciente hallazgo, al parecer, procedente de Galicia (fig. 8,C) (M. Almagro Gorbea, comunicacion personal), magnificamente conservado, pues solo le faltan las carrilleras, lo que es un fenomeno habitual en la Peninsula Iberica, con una ligera deformacion en el lado izquierdo, pudiendose deducir su procedencia de un contexto acuatico a partir de su conservacion y corrosion caracteristica. La tipologia del casco corresponde a un tipo antiguo fechado en la primera mitad del s. IV a.C., siendo por tanto el de mayor antiguedad en la Peninsula Iberica, por lo que se plantea una aparente incoherencia historica entre lugar de hallazgo y tipo de casco, y obliga a ser prudentes sobre una automatica aceptacion de su procedencia del Noroeste peninsular.

Excluimos el conjunto de Benicarlo, Castellon (Oliver 1987-1988), con un minimo de cuatro ejemplares, recuperado frente a la desembocadura de la Rambla Cervera o rio Seco, al haber sido interpretado, no sin discusion, como parte de un pecio, pues Oliver (1987-1988: 210 s.) no descartaba que pudiera tratarse de algun tipo de ofrenda, relacionando el conjunto de cascos con otros similares recuperados en contextos acuaticos. Tras el hallazgo de forma accidental de dos cascos de bronce de tipo Montefortino (fig. 8,D), y otro mas de hierro, los posteriores trabajos de prospeccion permitieron identificar, entre otros hallazgos, los restos de otro casco (Fernandez 1990-1991: 412 y 417, fig. 7), que hemos identificado como un ejemplar de tipo hispano-calcidico (Graells, Lorrio y Quesada e.p.). Diferente parece ser el caso del casco de Alarcos, un hallazgo casual en la vega del Guadiana (Garcia-Maurino 1993: 99), pues pudiera proceder de una zona de necropolis donde tambien se han recuperado restos escultoricos (Mena y Ruiz 1987: 635).

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Probablemente, el hallazgo de Muriel de la Fuente no sea el unico casco celtiberico recuperado en las aguas. El casco de la coleccion Torkom Demhjian, un ejemplar de tipo Alpanseque evolucionado (Burillo 1992; Barril 2003: 49-52, fig. 32), sin informacion sobre su procedencia aunque fue publicado como 'celtiberico', podria proceder de un medio acuatico lo que explicaria su excepcional conservacion, que contrasta con la fragmentacion que presentan los ejemplares del tipo recuperados en contextos funerarios. Este podria ser igualmente el caso del modelo conico con decoracion repujada de la antigua Coleccion Perez-Aguilar/Hermann Historica, y hoy en el museo de la Fundacio Privada per l'Arqueologia Iberica de Figuerola del Camp (Tarragona). Se trata de un casco conocido desde 1990 y propuesto como procedente del "area de Numancia", con una cronologia de ca. s. III a.C. (Alvarez, Cebolla y Blanco 1990: 296, 303, fig. 30; Barril 2003: 48-49, fig. 31), aunque posiblemente deba fecharse en la centuria anterior. En 2003, el ejemplar fue vendido en la sala de subastas Hermann Historica. HH, subasta 44, 15 Mayo 2003, Lote 70. Adquirido por la coleccion A. Guttmann que a su vez, en el proceso de disgregacion, lo puso nuevamente en venta en la misma sala de subastas (HH Subasta 54, 11 Abril 2008, Lote 383).

Si analizamos en detalle los cascos recuperados en medios acuaticos en la Peninsula Iberica, observamos algunas pautas comunes a todos ellos, lo que ahonda en su interpretacion votiva o ritual:

* Los hallazgos conocidos se concentran en los cursos de importantes rios o en sus afluentes, como el Guadalete, el Guadalquivir, el Odiel, el Mino, el Ulla o el Duero, especialmente en espacios singulares como desembocaduras o lugares de nacimiento, sin que falten otros espacios naturales, como zonas de inundacion periodica, lo que debe relacionarse con el caracter liminal de los cursos fluviales y su especial relevancia en la geografia mitica de las sociedades protohistoricas. Destaca la concentracion en las desembocaduras de los rios del Suroeste y el Noroeste, en los que la tradicion de arrojar armas a las aguas se remonta al Bronce Final, con ejemplos en la Ria de Huelva (Almagro 1958; Ruiz-Galvez 1995), Rio Ulla (Ruiz-Galvez 1982; Comendador 2010), Rio Sil (Almagro 1960), etc. (vid. Brandherm 2007: 5 ss., para los hallazgos de espadas en medio acuatico). Tambien se conocen depositos de la Meseta Oriental y el Sistema Iberico que confirman que este tipo de practicas estaban ya presentes en esas zonas de la Peninsula Iberica desde el Bronce Final: Pantano de Alarcon, Cuenca (Almagro 1954; Almagro-Gorbea 1973: 204 ss.; Ruiz-Galvez 1982: 184; Diaz-Andreu y Montero 1998: 33), Rio Guadazaon, Cuenca (Brandherm 2007: 35, Nr. 11) y Rio Jalon, al oriente de Siguenza, Guadalajara, hacia Calatayud, Zaragoza (Brandherm 2007: Nr. 106, 107; Almagro-Gorbea 1998).

* Con la excepcion del deposito del Bronce Final de la Ria de Huelva y quizas del hallazgo de Caudete de las Fuentes (vid. infra), el resto de los cascos se recuperaron aislados, sin asociacion con ningun otro objeto, lo que no impide que se interpreten como abandonos voluntarios, aunque el que se trate en todos los casos de hallazgos fortuitos, junto a la ausencia de prospecciones en los lugares de hallazgo, hace que debamos ser prudentes al valorar este aspecto. Solo las piezas de orfebreria pudieran haberse acompanado de otros elementos, como el casco de Leiro, asociado al parecer con un recipiente ceramico, en cuyo interior pudo haberse depositado, posiblemente como proteccion (Comendador 2003). El ejemplar de Caudete de las Fuentes habria aparecido al parecer con otros objetos, desaparecidos (Martinez Santa-Olalla 1934: 23).

* Presentan, en general, fracturas que pudieran ser intencionadas, lo que se ha interpretado como una inutilizacion ritual previa a su ofrenda a las aguas. Este fue el caso del casco de Muriel de la Fuente, que aparecio roto, faltandole parte de la calota y del vastago para la cimera, asi como ambas paragnatides (fig. 1). Aunque algunas de las roturas pudieran ser fortuitas, pues no se observan marcas que sugieran una accion intencionada, otras no parecen dejar dudas al respecto, como la eliminacion de las carrilleras, un fenomeno que tambien afecto a los cascos de tipo Montefortino recuperados en la Peninsula Iberica, independientemente del contexto de hallazgo (Garcia-Maurino 1993; Quesada 1997: 564), o la rotura del soporte del lophos por su base, aunque sin marcas que lo confirmen. No obstante, la buena conservacion de los objetos recuperados en cursos fluviales de la Europa Central y Occidental, armas y cascos incluidos, es un fenomeno generalizado, que permite su diferenciacion con los procedentes de los santuarios, con evidencias claras de destruccion voluntaria, pues el hecho de arrojar al agua las armas, aqui cascos, de forma voluntaria, supondria su destruccion efectiva, sobre todo teniendo en cuenta la falta de voluntad, e incluso la imposibilidad material, de recuperarlas, en lo que no debian ser ajenos factores de indole religiosa, como los senalados por Cesar (BG VI, XVII) para el caso de los galos (Brunaux 1986: 95-96; Dumont, Gaspari y Wirth 2006: 268).

5. Mas alla de los cascos: punales y hachas (?) en las aguas

La tradicion de arrojar armas a las aguas durante la Edad del Hierro en la Peninsula Iberica no se habria limitado a los cascos (Lorrio 1993: 300). Asi lo demuestra el hallazgo en las tierras del Noroeste de punales galaicos de antenas en contextos acuaticos, como el recuperado "a 70 centimetros de profundidad en el lecho de un riachuelo que pasa al pie de un castro en la comarca de Ortigueira", con empunadura de bronce y hoja de hierro (Lopez Cuevillas 1946-1947: 564, fig. 15), o el recuperado en una playa de la localidad tambien corunesa de Carino (La Coruna), realizado en bronce (Meijide 1984-1985). Se trata de un arma singular, simbolo ideologico de estatus de las comunidades castrenas del Noroeste durante buena parte de la Edad del Hierro hasta su sustitucion por los punales de empunadura globular que portan las esculturas de guerreros lusitano-galaicos. Una confirmacion de la existencia de esta tradicion la encontramos en el texto de Suetonio (Galba 8,3) relativo a los presagios de poder relativos a Galba, segun el cual en un lago de Cantabria se habrian encontrado doce hachas. Como senala Alfaye (2009: 336ss.) la noticia aportada por Suetonio podria estar referida a un deposito del final de la Edad del Bronce, dada la ausencia durante la Edad del Hierro y epoca romana de depositos integrados por este tipo de objetos en la Peninsula Iberica, aunque conviene recordar que en la Europa templada no son infrecuentes los depositos de utensilios durante la Edad del Hierro, incluidas hachas, en muchos caso en contextos acuaticos (Dumont, Gaspari y Wirth 2006: 261; para una sintesis reciente vid. Testart dir., 2012). Por otra parte, no debemos olvidar que la mayoria de los cascos recuperados en las aguas proceden de hallazgos casuales o de actividades de dragado sin control arqueologico alguno, echandose de menos actividades de prospeccion sistematica y excavacion subacuatica en los principales rios de la Peninsula Iberica (vid. Bonnamour 1990 y 2000; Dumont 2012; Von Nicolai 2012: 34-38).

6. Cascos en las aguas: comparacion de casos

El hallazgo de Muriel de la Fuente entronca con la practica de arrojar objetos de valor, preferentemente armas, en rios y lagos, documentada en la Europa Central y Occidental (Torbrugge 1970-1971; Laursen 1982; Bradley 1990; Verlaeckt 1995; Ruiz-Galvez 1995b; Dumont, Gaspari y Wirth 2006; Testart dir., 2012) a partir del Bronce Final, aunque con antecedentes aun mas antiguos, que se mantuvo plenamente vigente a lo largo de la Edad del Hierro y perduro hasta epoca romana y medieval (Merrifield 1987; Bouzy 1990; Bishop y Coulston 1993: 37-38; Bonnamour y Dumont 1996). Se trata de una tradicion con abundantes ejemplos en el Occidente de la Peninsula Iberica (Almagro 1958; Id. 1960; Lopez Cuevillas 1955; Meijide 1988: 78ss.; Ruiz-Galvez 1982; Id. 1995b; Id. 1998: 261 ss.; Vilaca 2007: 47-57; Brandherm 2007: 5 ss. passim; etc) y ampliamente registrada en otras zonas de la Europa atlantica (Torbrugge 1970-1971; Bradley 1990; Wegner 1995; Dumont, Gaspari y Wirth 2006: 259s.; Wirth 2007; Testart dir., 2012) y continental (entre otros ejemplos vid. Gambari 2000; Schonfelder 2007; Id. 2009) pero, en cambio, escasamente documentada en el area mediterranea (para los Balcanes vid. Terzan 1995; Blecic 2007).

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El casco se convierte en un elemento especialmente significativo entre los hallazgos de armas en ambientes fluviales a partir del Bronce Final (Wirth 2007: 454-456) y continua hasta la romanizacion, principalmente en el area centro-europea y celtica, con ejemplos tan seneros como el casco de Amfreville (Eure), una pieza excepcional del siglo IV a.C., encontrado en un paleomeandro del rio Sena (Duval et al. 1986), o el ejemplar de cuernos hallado cerca del Puente de Waterloo (Londres), en el rio Tamesis (Megaw y Megaw 1996: 217-218), ya del siglo I a.C. Es de destacar el caso de los cascos de tipo Mannheim, un tipo cesariano (Feugere 1994: 112; Schaaff 1988: fig. 8) cuyos hallazgos proceden en su mayoria de contextos fluviales, lo que cabe interpretar mas que como evidencia de episodios militares relacionados con la Guerra de las Galias, como depositos voluntarios siguiendo una tradicion lateniense (Dumont, Gaspari y Wirth 2006: 260; Wirth 2007: 454, fig. 4). Tal practica afecto igualmente a otros tipos de armas como espadas, escudos o lanzas, pero tambien a adornos, utiles de variado tipo, incluidos los relacionados con el fuego del hogar, arreos de caballo, lingotes, vajilla metalica e, incluso monedas o estatuas (Fitzpatrick 1984; Bonnamour 2000; Dumont, Gaspari y Wirth 2006: 261-265), que sabemos por las fuentes clasicas referentes al entorno mediterraneo que no siempre responderian a ofrendas a las divinidades sino a practicas rituales complejas (Delattre 2009).

No obstante, la frecuencia y continuidad de los cascos como ofrenda fluvial parece funcionar de manera independiente al resto de armas. Un excelente ejemplo de ello es el cambio generalizado que se produce a partir de la Primera Edad del Hierro. Asi, en un estudio sobre el fenomeno de la "sepultura" de cascos en contexto acuatico, S. Wirth dedica un comentario al cambio que se produce a inicios de la Primera Edad del Hierro en la Europa templada respecto a los cascos "de cresta" que contrasta con lo que sucede en la Italia continental. Al norte de los Alpes, los cascos dejan de depositarse como ofrenda funeraria y, en cambio, se depositan mayoritariamente en contextos acuaticos (Wirth 2007: 450), recogiendose 22 cascos de este tipo fuera de Italia, de los que 17 proceden de contextos acuaticos (cursos de aguas o zonas pantanosas), mientras que en Italia siguen depositandose asociados a las incineraciones.

Este comportamiento italico seguira ininterrumpidamente hasta epoca romana, siendo raros los casos de depositos de cascos fluviales en el area italica. La unica excepcion en el area centro-europea es el periodo del Hallstatt, donde los cascos estan ausentes (Wirth 2007: 453), mientras que en el area italica la anomala ofrenda de cascos en rios ha sido analizada por F. M. Gambari (2000: 204) cuando estudio los depositos de la Cisalpina occidental. Ello le permite confirmar la continuidad en el deposito de los cascos mientras que entre el final de la Edad del Bronce y el siglo I a.C. el resto de tipos de armas, que anteriormente habian dominado los depositos fluviales de armas (espadas principalmente), estan ausentes. Wirth (2007: 452) habia ya argumentado la completa informacion de los puntos de hallazgo de estos cascos, cuyo analisis demostraba como la combinacion de armas en el mismo punto evidenciaba una secuencia integrada por espadas, lanzas y cascos en el Bronce Final, cascos durante la Primera y Segunda Edad del Hierro y, solo a partir del s. I a.C., una generalizacion de las armas ofrendadas. De este modo, seguramente pueda reconocerse la ofrenda de cascos como una practica particular y distinta. Esta coincidencia parece observarse tambien en el sur de Francia, donde el deposito de cascos en cursos fluviales es minimo, y en la Peninsula Iberica, donde en el mismo periodo, las unicas armas que aparecen ofrecidas a las aguas parecen ser los cascos, a excepcion del Noroeste, donde igualmente se ha documentado la presencia de punales (vid. supra).

El ritual observado por F. M. Gambari se define a partir de un catalogo de siete casos distribuidos entre los siglos IX y I a.C.: Asti, hallazgo de 1875 en el rio Tanaro; Torino, hallazgo en una fosa en la confluencia entre el Po y el Dora; Villanova d'Arda, hallazgo de 1892 en el rio Po; Oppeano, hallado entre 1876 y 1878 en un deposito en un paleocurso del Adige; Cuneo, hallado entre 1855 y 1870 en la confluencia entre los torrentes Gesso y Stura; Pizzighettone, recuperado en el rio Adda; San Martino in Strada, hallado en 1883 en el rio Adda; Castelnuovo Bocca d'Adda, hallado en la confluencia entre el rio Adda y Po; Alessandria Villa del Foro, hallado en 1876 en el rio Tanaro. Pese al numero de ejemplares y la amplia cronologia considerada, la repeticion del patron y sus caracteristicas permiten una interpretacion de marcado caracter ritual:

* Los cascos aparecen en optimo estado de conservacion.

* El deposito se realiza en zonas de aguas estancadas o enterrados en el rio.

* A estos dos condicionantes, se suma que los ejemplares tardios presentan inscripciones votivas.

* Estas caracteristicas definen un patron que se completa (a nivel general) por su eventual situacion en vados de rios (tres de los cascos estudiados: Asti, Torino y Cuneo) o confluencia de rios.

La interpretacion que hizo Gambari era la de ver tales ofrendas como exvotos destinados a divinidades de las aguas o del ultramundo (vid. infra) y la seleccion de los cascos respecto al resto de armas por una mayor importancia y singularidad del voto ante la progresiva unificacion y masificacion de las espadas y lanzas (Gambari 2000: 206).

En cualquier caso, el analisis de los hallazgos de cascos en los rios dibuja un mapa en el que Italia y Grecia presentan pocos casos. En la Italia meridional se identifican posiblemente en el cauce del Fucino un casco con borchie laterales (Tagliamonte 2003: 166, E.5) y un casco de Tipo Negau (Tagliamonte 2003: 166, G.1).

Si analizamos el catalogo de cascos de tipo ilirio, Negau y de tipo Montefortino podremos hacernos una idea y presentar asi un mapa (fig. 9).

El grupo ilirio consta de ocho ejemplares, todos ellos localizados en los Balcanes con la excepcion de un ejemplar en Grecia. Destaca la ausencia de ofrendas de armas a las aguas en el area griega, con la notable excepcion de Olimpia, de cuyos alrededores procede un elevado numero de cascos recuperados en contexto fluvial. Aunque los cambios de cauce y caudal de los rios Alfeo y Kladeos podrianjustificar la destruccion de multiples favissae (Brunnen), con abundante presencia de ofrendas militares, otra posibilidad es que correspondan a ofrendas fluviales, sobre todo por:

--la practica exclusividad de los cascos como hallazgos fluviales de Olimpia, salvo algunas corazas, que contrasta con los modos habituales de deposito, aunque esto pude corresponder a la propia morfologia de los cascos que les permite ser propulsados por la corriente hasta largas distancias (comunicacion personal de A. Camilli);

--la cronologia de los cascos recuperados, que se concentran en anterioridad a mediados del s. VI a.C. (en el Alfeo: 1 Kegelhelm, 14 cascos ilirios, 71 cascos corintios y 7 cascos calcidicos; en el Kladeos: 1 casco ilirio, 7 cascos corintios y un casco de tipo Negau), tipos que encuentran correspondencia tipologica con los cascos corintios ofrendados a las aguas en las desembocaduras de los rios Odiel, Guadalete y Guadalquivir, en el Suroeste de la Peninsula Iberica (hasta el momento unicas evidencias de ofrenda de cascos griegos en las aguas en este territorio), y con los cascos de tipo ilirio recuperados en distintos rios de los Balcanes (con un minimo de 38 casos). Esta coincidencia, ademas, se acentua al documentar los dos cascos de tipo Negau (uno de ellos con la famosa inscripcion votiva de Hieron de Siracusa) dentro de las aguas, que podrian relacionarse con la leyenda que uniria el rio Alfeo con la fuente Aretusa en Siracusa (Polib. XII.4d); o la inusual dispersion de hallazgos recuperados a lo largo del rio y su concentracion cronologica (en Makrisia 1 Kegelhelme y 1 casco corintio, en Phloka 6 cascos corintios, en Salmoni 3 cascos corintios, en Alpheiousa 19 cascos corintios, en Strephi 5 cascos corintios, en Koite Alpheiou 2 cascos corintios y en Pheia y Varvasaina Nisi 1 casco corintio cada sitio). En cualquier caso, el catalogo de cascos olimpicos deberia revisarse y contrastar si presentan perforaciones que los relacionen con su fijacion en tropaia, pero tambien su ausencia, detalle que permitiria ver si se trata de elementos depositados en las favissae destruidas por los rios o de verdaderas ofrendas fluviales (comunicacion personal de H. Frielinghaus).

Finalmente, los cascos de tipo Montefortino extra-peninsulares de contextos fluviales son solo siete ejemplares cuya distribucion, per se, no permite precisiones acerca de su naturaleza ritual. Otra cosa seria su analisis en paralelo al hallazgo de depositos de armas coetaneos en los mismos puntos fluviales.

7. Significado

Ofrendar un casco a un medio acuatico tiene unas implicaciones rituales complejas que giran alrededor de las variantes de la iactatio. Con buen criterio se ha desestimado la casualidad como explicacion del significativo numero de cascos recuperados en medios acuaticos (Wirth 2007: 455-457) y se han propuesto lecturas en las que la intencionalidad de la accion se carga de significados rituales y votivos (vid. una sintesis de las distintas interpretaciones en Von Nicolai 2012 y Testart 2012a y 2012b). Si bien son numerosos los trabajos que han considerado aspectos particulares o ejemplos concretos del fenomeno de la ofrenda de objetos a cursos fluviales, el analisis psicologico del fenomeno es el que permite una lectura transversal. Asi, el estudio de Ch. Delattre (2009: 19-83) permite algunas consideraciones que aqui sintetizamos y que nos permiten desarrollar algunos aspectos del problema.

En primer lugar, el simple hecho de arrojar un objeto a las aguas no puede encontrar explicacion satisfactoria en la identificacion del mismo como un acto ritual. Ello implica ver en el objeto "eliminado" de su uso cotidiano y ofrecido a las aguas un proceso complejo que considera desde los aspectos individuales de quien lo ofrendo, el alcance religioso del acto (bien por el propio lugar o por el contexto paisajistico/natural) y, en ultimo lugar, el contexto historico y cultural del mismo. Utilizamos el termino "eliminado", y no otro para los objetos arrojados a las aguas, porque su voluntad no es la misma que para los objetos donados en santuarios, donde podian ser exhibidos, sino que se trata de un acto similar al de sacrificar -a este proposito Ch. Delattre comparaba la iactatio de objetos en las aguas con los sacrificios de animales (Delattre 2009: 27)--porque la finalidad es la de no poder recuperar el don. A tal efecto, los objetos que se ofrendan se convierten en anathemata en tanto que objetos que han participado en el ritual, pero ademas por el mismo proceso de transformacion semantica, en caso de su recuperacion accidental, no deberian ser reutilizados para su uso comun porque serian objetos integrantes de un ritual y, por lo tanto, sacros, es decir, katharmata. Sea como fuere, en algunos casos, los rituales pre-iactatio previeron esta posibilidad de una extraordinaria (y no deseada) recuperacion, de manera que modificaron el objeto que seria ofrendado en anterioridad, normalmente inutilizando o fragmentando parte del mismo (sobre el problema de las ofrendas por transformacion vid. Morel 1989-1990). Un caso paradigmatico de ello es el casco de Muriel de la Fuente.

Lamentablemente las fuentes relativas a los rituales de iactatio de epoca prerromana aportan escasa informacion o aluden directamente a acontecimientos extraordinarios, dejando sin explicacion, por ejemplo, las ofrendas menores o cotidianas como los depositos de moneda en nacimientos de rios o fuentes entre los que una excepcion era el ritual celebrado en el Lago de Ino, en Epidauro Limera, en el que se arrojaban galletas de cereal para que el lago las engullera en senal de buen presagio (Paus. III.23.8-9). Antes de seguir avanzando en el tema, cabe precisar un hecho curioso, fundamental para la comprension del problema. Para el mundo mediterraneo, del que tenemos mayor informacion historica, el fenomeno que consideramos esta a menudo desconectado de la religion. Salvando algunos casos en los que la ofrenda a Poseidon es explicita (como el caso del buey y la copa de oro arrojadas al mar por Alejandro, Arrieno, Anab. VI. 19.5), los objetos arrojados a las aguas no responden a objetos para las divinidades mentoras de las mismas o relacionados con acontecimientos acuaticos estrictamente (vease batallas, viajes, etc.) (por ejemplo las ofrendas de Jerjes al Helesponto, en invocacion al sol!--Hdt. VII.54), sino con ritos propiciatorios o de agradecimiento.

Queda, como ultimo factor a considerar, la intencion del acto. Si bien la variabilidad es enorme, los ejemplos muestran promesas, como el metal incandescente arrojado al mar por los foceos al abandonar su ciudad (Hdt. I.165) (Delattre 2009: 37, nota 40), aunque debe descartarse la perdida accidental o su relacion con enfrentamientos militares por razones obvias (Dumont, Gaspari y Wirth 2006: 267; Wirth 2007, 455-456). Por lo tanto, la intencionalidad y el proposito son factores fundamentales del ritual, enfatizados por los ejemplos de iactatio realizados por otros motivos y que no consiguieron el pretendido exito. Por ejemplo la incredulidad de Minos sobre la identidad de Teseo, que recupero el anillo que el primero arrojo al mar despues de dudar de su ascendencia divina (Paus. 1.17.3); o la fortuna de Policrates, que por no perder su buena suerte arrojo al mar un anillo valioso pero la fortuna hizo que lo recuperara encontrandolo dentro de un pescado (Lib. Progymnasmata II.11.1).

A tal efecto, vemos como la iactatio es un ritual complejo que combina los puntos anteriormente citados y utiliza el agua como catalizador de este cambio de dimension. Pero no son cursos de agua normales los utilizados: preferentemente mar abierto, zonas pantanosas, confluencias de rios o aguas profundas (dejando al margen fuentes y nacimientos de aguas, que tienen una problematica distinta). Esto acentua la idea de hacer desaparecer los objetos de modo que no puedan recuperarse en lo que se ha propuesto como un punto limite, de inflexion. Estos planteamientos permiten ver en el agua, en la superficie del agua, un elemento con el que organizar la realidad en calidad de frontera entre dos realidades y dos dimensiones, fisicamente complementarias (a pesar que en la Antiguedad pudieran considerarse como opuestas) entre el aire libre y las profundidades. De este modo, el cambio fisico al que se somete el objeto arrojado en la iactatio dibuja un itinerario circular (Delattre 2009 : 43-45) segun el cual deja la superficie, se sumerge, desaparece y entonces realiza el proceso inverso la reaccion fruto del ritual: aparece, emerge y sale a la superficie para satisfacer al agente de la iactatio.

Si la interpretacion ritual parece, por tanto, segura en el caso de las armas, y en concreto los cascos, no lo son tanto las motivaciones precisas que acompanan el acto de arrojar objetos variados a los cursos fluviales. Como han senalado Dumont, Gaspari y Wirth (2006: 271) sobre los hallazgos de objetos valiosos en medios humedos, sobre todo en los principales rios de la Europa Central y Occidental: "Si des differences existent selon les periodes et les zones geographiques dans les assemblages d'objets ou dans les pratiques (bris prealable au depot ou objets deposes intatcs), on peut s'interroger sur d'eventuelles differences dans les types d'actions qui on conduit au depot de ses objets".

Los hallazgos de armas sugieren tributos relacionados con una divinidad guerrera o un personaje heroizado, pues, de acuerdo con Brunaux (1986: 95), "Les casques, qui, plus tard, font l'objet de depots dans les rivieres au meme titre que les epees, temoignent peut-etre d'un culte princier, la veneration du chef de l'ancetre ou du heros s'etendant a son couvre-chef", pero tambien con practicas magicas o apotropaicas para propiciar la victoria o la proteccion en el combate (Brunaux 1986: 97).

En el norte de Italia la ofrenda mediante la colocacion de cascos en vados de rios se interpreta como una sepultura ritual de las armas (como por ejemplo el casco etrusco depositado en el vado del torrente Gesso en Cuneo) (Gambari 2004: 228; Ridella 1994; Ridella 1998), sustituyendo al deposito de espadas (que habian caracterizado estas practicas durante la Edad del Bronce), lo que seria el caso tambien de la Peninsula Iberica. Incluso F. M. Gambari ha querido relacionar estas practicas en el area ligur con creencias de ultratumba e infernales (vid. supra) (Gambari 2000; Id. 2004: 229, nota 229). Sobre el caracter, colectivo o individual, de estas practicas, de acuerdo con Dumont, Gaspari y Wirth, "Aux depots collectifs des grands sanctuaires viendraient peut-etre s'ajouter, en complement, des actions plus individuelles se derouland en d'outres lieux, comme les cours d'eau" (Dumont, Gaspari y Wirth 2006: 271-272), cuyos protagonistas principales serian guerreros, lo que no excluye la participacion de otros sectores de la poblacion. Queda por saber si los cascos fueron arrojados por sus propietarios o si se trata de piezas obtenidas en el campo de batalla, aunque la buena conservacion que presentan la mayoria de ellos sugiera, tal vez, la primera opcion.

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8. Fuentes, manantiales y rios como espacios rituales en la Celtiberia: El santuario de la Fuente Redonda en Ucles y el Deus Aironis

Dado que en la religion celtica muchas de las divinidades aparecen vinculadas con espacios naturales, como fuentes o manantiales (Olivares 2002: 175 ss.; Green 1992: 198), parecejustificado relacionar el hallazgo con practicas votivas. El culto relacionado con penas, arboles y fuentes es mencionado por S. Martin Dumiense (De correct. rust. XVI), confirmando su practica hasta epoca medieval. La eleccion del casco como protagonista del deposito, dado su valor simbolico, ya comentado, y el acto de depositarlo en un espacio natural singular, confieren al casco de Muriel de la Fuente una dimension ritual incuestionable, confirmada por la recurrente presencia de cascos en los principales rios peninsulares y de la Europa centro-occidental. El casco de Muriel de la Fuente responderia por tanto a una tradicion ancestral que debe considerarse en relacion a las creencias celtas atestiguadas en diferentes territorios de la Peninsula Iberica, como ha destacado Almagro-Gorbea (1996; Id. 1998: 245).

El mejor ejemplo en el ambito de la Celtiberia de un espacio natural acuatico sacralizado lo encontramos en La Fuente Redonda (fig. 10,A), en Ucles (Cuenca), lugar de nacimiento de un manantial cuyas aguas vierten en el rio Bedija. Se trata de un espacio cultual celtiberico en torno a un pozo natural de gran profundidad, monumentalizado en epoca romana, pues a este momento debe corresponder el estanque de obra localizado en sus inmediaciones del que tomaria el nombre la fuente (Morales 1577: fol. 57v y 58r, en Abascal 2012: 135-136), donde a principios del siglo XIX se encontre un ara de piedra calcarea dedicada al deus Aironis (fig. 10,B), que permite documentar el culto en epoca alto imperial a una divinidad indigena de caracter acuatico y salutifero, posiblemente celtiberica de acuerdo con su etimologia, relacionada con el nacimiento del manantial, a la que se daria culto en las fuentes y, sobre todo, cerca de simas y pozos profundos naturales. El santuario podria tener un origen prerromano, estando ante cultos caracteristicos de gentes populares, en los que los elementos ancestrales celticos debieron perdurar largo tiempo (Lorrio y Sanchez de Prado 2002).

[FIGURE 11 OMITTED]

La semejanza entre el nombre de la divinidad y el toponimo "pozo Airon", constatado ampliamente desde la Baja Edad Media por la geografia espanola, principalmente por las tierras de la Meseta, donde ha perdurado como expresion equivalente a <<pozo o sima muy profunda", unido al caracter acuatico otorgado al Deus Aironis de Ucles, que vendria a coincidir con la preferente vinculacion del toponimo con lagunas, pozos o fuentes, permitiria plantear la perduracion del teenimo--o, si se prefiere, del epiteto--, conservado en la toponimia local y el folclore (Lorrio 2007). Para Abascal (2011: 255) "la presencia del altar dedicado al deo Aironi en la Fuente Redonda de Ucles no seria mas que la evidencia de la sacralizacion del manantial mediante la identificacion del mismo con un principio divino Airo o Aironis, formado a partir de un nombre comun desconocido para nosotros, de manera que ese teonimo en todas las areas celticas habria derivado en un mismo toponimo".

Existe una rica tradicion folclorica asociada al toponimo "pozo Airon", tanto en el romancero sefardi como a traves de diversas leyendas. Presente igualmente en otras obras de la literatura espanola a partir del siglo XVI, a menudo relacionada con episodios truculentos, que se han querido vincular con antiguas practicas sacrificiales. Ademas, suele considerarse que carecen de fondo, hasta el punto de que el Pozo Airon de La Almarcha (Cuenca) seria un "ojo de mar", al igual que el de Hontoria del Pinar (fig. 11) (Burgos) (Lorrio y Sanchez de Prado 2002: 123), lo que tambien se ha senalado para el manantial de La Fuentona, que seria, segun la tradicion popular, un "nacimiento de Mar en forma de ojo" (Sanz et al. 2012: 128).

9. Conclusiones

El casco de Muriel de la Fuente concentra todas las caracteristicas para interpretarlo como una ofrenda a las aguas. Pero lejos de ser este un testimonio mas que enriquece el catalogo de elementos votivos en el area celtiberica el casco de Muriel es la expresion de varios comportamientos que cabe destacar:

Por un lado, esta indicando el caracter singular del paraje de donde procede, el cual, bajo la idea de nacimiento de aguas con importantes fluctuaciones en su nivel, representa un nexo de union perfecto con un mundo desconocido o, quizas, con el Mas Alla.

En segundo lugar, la ofrenda de un casco mutilado antes de ser arrojado a las aguas, evidencia un ritual complejo en el que la fractura o serrado del soporte para el lophos implica un proceso mecanico en manos especializadas.

En tercer lugar, la ofrenda de un casco de tradicion celtiberica, elemento defensivo de la panoplia militar del que disponemos de poquisimos ejemplos, evidencia la relevancia de la ofrenda y el peso social que tendria tanto el oferente, como la comunidad, o bien el deseo a cambio del cual se arrojo el casco.

La combinacion de estos tres elementos muestra como la practica "celtica" de ofrenda a las aguas, con particularismos en cada sitio, encuentra en el mundo celtiberico una expresion clara, de poder y de contenido complejo que muestra, por primera vez su relacion con el mundo de la guerra. Cabe ahora esperar que otras evidencias se sumen a este caso para poder definir mejor este fenomeno que aqui hemos querido presentar.

http://dx.doi.org/10.5209/rev_CMPL.2013.v24.n1.42329

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

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RAIMON GRAELLS i FABREGAT *, ALBERTO J. LORRIO ALVARADO **

* Romisch-Germanisches-Zentralmuseum RGZM), Forschungsinstitut fur Archaologie, Ernst-Ludwig Platz, 2, 55116, Mainz (Deutschland)

graells@rgzm.de

** Departamento de Prehistoria, Arqueologia e Historia Antigua. Universidad de Alicante. 03080-Alicante

alberto.lorrio@ua.es

Recibido: 23-11-2012

Aceptado: 29-01-2013

NOTA

(1.) Queremos manifestar nuestro agradecimiento a D.a MarianArlegui, conservadora del Museo Numantino por la informacion proporcionada sobre esta interesante pieza y por habernos facilitado la documentacion fotografica sobre la misma, agradecimiento que hacemos extensivo a D. Elias Teres, director de la citada institucion. Igualmente, a D. Carlos Nunez descubridor de la pieza por la informacion sobre los detalles del hallazgo. Tambien a los Dres. Ignacio Montero y Carolina Gutierrez, a quienes se deben los analisis metalograficos de la pieza, al Prof. Dr. M. Almagro Gorbea, por la informacion sobre un interesante casco de tipo Montefortino recuperado al parecer en Galicia, del que unicamente existe constancia fotografica, y a la Dra. M. Mazzoli, por facilitarnos datos de su tesis doctoral. Al Dr. A. Camilli por sus comentarios sobre arqueologia fluvial y a la Prof. Dra. H. Frielinghaus por los relativos a los hallazgos fluviales en las cercanias de Olimpia.
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Author:Fabregat, Raimon Graells i.; Alvarado, Alberto J. Lorrio
Publication:Complutum
Date:Jan 1, 2013
Words:12292
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