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The Leonese and Castilian church in the reign of Alfonso VII. The relationships with the centers of ecclesiastical power in the Peninsula: Santiago de Compostela and Toledo/La iglesia leonesa y castellana en el reino de Alfonso VII. las relaciones con los centros de poder eclesiasticos peninsulares: Compostela y Toledo.

ABSTRACT

Huge were the political and diplomatic efforts that Emperor Alfonso VII had to deploy in order to improve relations with the episcopal hierarchy in the kingdom of Leon and Castile. The presence of Rome was established by its servants in the Iberian Peninsula, and through them the emperor's prerogatives were present in the papal city. Traditional and new elements converged in the relations between Leon and the See of St. Peter.

Keywords: Kingdom of Leon and Castilla, Alfonso VII, Diego II, Bernardo de Toledo.

RESUMEN

Capitales fueron las politicas y los esfuerzos diplomaticas que el emperador Alfonso VII tuvo que desplegar para poder congeniar de mejor manera la jerarquia episcopal en el reino de Leon y Castilla con el Imperium alfonsino. Roma estaba presente por sus agentes en la peninsula iberica, y por esta misma presencia el emperador y sus prerrogativas se hacian presentes en la ciudad del Papa; elementos tradicionales y nuevos confluyeron en las relaciones entre Leon y la Sede de Pedro.

Palabras clave: Reino de Leon y Castilla, Alfonso VII, Diego II, Bernardo de Toledo.

Recibido: 21.11.12. Aceptado: 06.07.15.

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Continuismo en la estrategia eclesiastica leonesa es lo que se encuentra en el reinado de Alfonso VII (Gordo, 2012, pp. 573-582). Al igual que sus antecesores en la potestas imperial, el monarca mantuvo estrechas relaciones con la curia episcopal de todos sus territorios, en especial con los arzobispados de Toledo y Compostela, con centros religiosos claves y con instituciones confesionales extranjeras y la misma sede del Vicario de San Pedro. Dentro de la politica de dominio de los soberanos leoneses entraban las relaciones con la iglesia peninsular y la sede romana; el rey a la vez que mantuvo las relaciones preexistentes, solvento las suyas propias (Reilly, 1998, pp. 272-273) de acuerdo a las circunstancias que le toco vivir como administrador del reino y de sus gentes (Gordo, 2013a, pp. 215-225).

Desde un comienzo dos fueron las personalidades eclesiasticas que influyeron en la vida politica del emperador, en sus decisiones y en su actuar desde el temprano inicio de supraeparatio (Gordo, 2009a) para suceder a la reina Urraca I. Por un lado Diego II Gelmirez, arzobispo de Santiago, que custodio al entonces Infante hasta que dicha dignidad fue transferida por dona Urraca al arzobispo de Toledo don Bernardo (Gordo, 2013b, pp. 177231). Estos dos hombres de Iglesia marcaron, a pesar de su desaparicion, el periodo alfonsino tanto en la conservacion de la jurisdiccion como en el ambito de lo religioso. Desde estos importantes focos de poder espiritual y terrenal se promovieron a la vez que se articularon, mas fluidamente unas veces, otras con baches, las correspondencias entre la monarquia con las diocesis sufraganeas de cada una, entre las mismas, y finalmente con Roma.

La iglesia de Santiago bajo la administracion gelmiriana habia provisto de mucha gloria a la ciudad de Compostela, no exclusivamente por fomentar la ruta jacobea, con todo lo que ello significo (Minguez, 2004, pp. 245252), sino por alcanzar luego de diversas gestiones la dignidad arzobispal para el pastor de dicha iglesia en 1120, al acceder al traslado de los derechos de la sede metropolitana de Merida a Santiago. Pero ademas, Calixto II invistio a Diego II como legado papal en la provincia de Braga, lo que le dio acceso a este ultimo a obtener en la diocesis de Avila una nueva sufragante, ademas de Salamanca y Coimbra que habian sido puestas bajo el arzobispado gallego. A estas se agregaban las prerrogativas imperiales que Diego II consiguio gracias a la persistente coaccion economica a la que Alfonso VII le sometia, de las cuales siempre el purpurado saco provecho (Gordo, 2011, pp. 28-34). La garantia y el respaldo del romano pontifice que le habia hecho uno de sus representantes en suelo iberico completaban el amplio abanico de facultades que el compostelano tuvo. Al parecer el proximo anhelo de Gelmirez era alcanzar la primacia de la peninsula una vez fallecido el arzobispo de Toledo en abril de 1125. Algo que no fue aceptado por la reina Urraca I y Alfonso VII (Falque, 1998, pp. 372 y Reilly, 1982, pp. 234-246).

El ascendiente de Diego II se refleja claramente en los concilios que convoco y que la Historia Compostellana (HC) nos describe. Seis reuniones entre sus pares fueron celebradas bajo su tutela, en los anos 1114, 1121, 1122, 1124, 1125 y 1130. Los tres sucedidos en 1121, 1122 y 1124 fueron concilios legatinos, llamados por Diego II en cuanto representante papal. Compostela fue el escenario de la primera de estas reuniones. En esa ocasion el arzobispo, a peticion del papa Calixto, celebro a comienzos de enero una asamblea reclamando una amplia asistencia (Falque, 1988, p. 342 y Fletcher, 1993, pp. 295-299 (1)). Sin embargo, los prelados de Braga, Lugo, Mondonedo y Coimbra no asistieron al encuentro, por lo que fueron suspendidos por tal desacato. El arzobispo de Braga fue suspendido y llamado a dar cuentas por su atrevimiento y administracion ante el mismisimo Papa (Falque, 1988, p. 370). El 8 de marzo de 1122 Diego II celebro un concilio en su iglesia para hacer valer los canones de una asamblea congregada en Sahagun por el cardenal legado Boson de agosto del ano anterior. Los obispos de Orense, Tuy, Coimbra, Oporto, Mondonedo, Avila y varios abades se presentaron al encuentro (Falque, 1988, p. 395). En 1124 fue atendido por los prelados de Astorga, Lugo, Mondonedo, Tuy, Oporto, Zamora, Salamanca y el electo de Burgos, junto con veintisiete abades y otras "religiosis personis et bonis clericis" (Falque, 1988, p. 443). Todos ellos se reunieron para frenar la turbacion del reino y para restaurar la paz y asegurar la estabilidad de la Iglesia peninsular. En 1225 Gelmirez llamaba a una nueva asamblea de prelados con ocasion de la union de pareceres de la reina y su hijo. En esa ocasion el arzobispo alento abiertamente, primero en una alocucion que luego plasmo por escrito, a la guerra abierta y sin cuartel contra el musulman, tal y como Calixto II habia hecho en 1123 al equiparar las acciones en Tierra Santa con la lucha cristiana en la Peninsula Iberica bajo el nombre de cruzada. Se ordeno que todos los hombres de Iglesia predicaran, alentaran y expusieran la carta gelmiriana a fin de propagar estos ideales en todo el pueblo cristiano (Falque, 1988, pp. 453-455 y Rassow, 1926, p. 222). Con ocasion de la muerte del papa Calixto y la coronacion de Honorio II, se despacho desde la curia al cardenal Humberto, legado "a latere", para que en comunion con sus pares celebrara una asamblea a fin de corregir diversas cuestiones que la HC nos detalla aun cuando las causas de las correcciones no es expuesta. El concilio se llevo a cabo en Carrion de los Condes a principios de febrero de 1130 y fue presidido por el legado pontificio, el arzobispo de Santiago, el metropolitano de Tarragona y el rey Alfonso VII. Segun la HC, el caracter del sinodo estuvo marcado por el protagonismo de Diego II, incluso por sobre la figura del enviado romano, quien por peticion expresa del monarca leones castellano, se dedico a apoyar la corona, robusteciendo la jurisdiccion alfonsina por medio del control de las diocesis, mediante la eleccion y la autoridad de arzobispo compostelano (Falque, 1988, p. 515). Tres obispos fueron depuestos en ese concilio: el de Leon, el de Salamanca, el de Oviedo y el abad de Samos. No se da ningun motivo para estas disposiciones. Importante es recalcar que dos de esas sedes vacantes fueron ocupadas por canonigos de Santiago: la de Leon por el cardenal compostelano don Arias y la de Salamanca por don Alfonso Perez. De esa manera Gelmirez aseguraba dos sedes importantes para el monarca y, al mismo tiempo, para su iglesia (Fletcher, 1993, pp. 323-324). Como veremos mas abajo, la venia regia fue importante en todo este proceso, lo que demuestra que la intervencion secular, jalonada por la eclesiastica, en los asuntos de la Iglesia seguia en vigor. Compostela fue el escenario donde el nuevo obispo salmantino debia rendir obediencia como sufraganeo a Diego II. Nuevamente la gestion del rey resulto decisiva para agilizar la consagracion de Alfonso Perez (Falque, 1988, p. 516).

La HC explica y desarrolla abiertamente los mecanismos por los cuales Diego II lograba sus objetivos con sus "fiedeles amicos" de la curia romana: los dineros o los regalos "pro benevolentia" irrumpen como elemento clave en momentos en que la iglesia de Santiago luchaba por obtener los privilegios metropolitanos de Merida. La carta del cardenal Deusdit al Arzobispo Gelmirez es mas que elocuente y refleja lo mencionado. El dignatario romano, quien ya habia visitado la Peninsula donde habia conocido en persona a Diego II, siempre fue el hombre gelmiriano en la curia. Ante la visita del canonigo Pedro en Roma, y despues de decir que espera ser tenido por mas querido por el capitulo compostelano, el cardenal escribe que el enviado gallego: "Per eum mihi Vil aureos ad sedandam Curiam, quam nimis iratam invenerat, accomodassene dubitetis" (Falque, 1988, p. 371). Pues bien, si para el caso de Santiago contamos con varias evidencias de la tonica de las relaciones entre los miembros y de la manera de conseguir la venia de la corte pontificia, es imposible saber cuanto dinero o cual fue el coste pagado por esas iglesias desembolsaron para alcanzar esa condicion preferente, pero se puede inferir que la suma no debio ser poco significativa (Fletcher, 1978, p. 215).

La sede primada de Toledo era la otra fuente de energica presencia e influencia en el mundo politico y religioso del reino. Don Bernardo desde el gobierno de Alfonso VI jugaba un papel substancial en las relaciones con la monarquia, principalmente como consejero y como abogado de las causas alfonsinas con el cardenal legado Ricardo, pero sobre todo con el papado (Gordo, 2009c). El arzobispo fue tambien aliado de la soberana Urraca I y formo parte importante en la praeparatio de Alfonso VII, cuando este compartio las responsabilidades administrativas y militares junto con su madre (Gordo, 2009a). No es de extranar que varios sean los privilegios regios cedidos a esa sede que, aliada con la casa gobernante, fue un verdadero instrumento eclesiastico de la monarquia leonesa asi como el fundamento de la reforma espiritual en la peninsula. Don Bernardo fue el gran impulsor de las aspiraciones cluniacenses en el aparato jerarquico de la iglesia iberica al ubicar en puestos episcopales a varios monjes coterraneos suyos de esa casa.

El prestigioso arzobispo de la ciudad del Tajo murio el 3 de abril de 1125, pero su linea de gestion le sobrevivio en la accion de sus sucesores y en la capacidad de Alfonso VII de perseguir la alianza con los prelados herederos de don Bernardo. A diferencia de Compostela, la iglesia toledana no presentaba los desafios ni religiosos ni jurisdiccionales. La eleccion de don Raimundo como arzobispo de Toledo, en la que don Bernardo tuvo carta abierta para ello, era la mas conveniente e idonea tanto para la metropolis como para las pretensiones imperiales alfonsinas. El candidato electo por el prelado satisfizo las exigencias regias: Don Raimundo habia sido obispo de El Burgo de Osma, una sede sufraganea de Toledo y, mas alla de ser una persona traida desde Borgona por su antecesor, habia servido en la catedral toledana y luego en Osma antes de alcanzar la prelatura de la que fue de la mano con su mentor. Don Raimundo fue aceptado por Alfonso VII y continuamente aparece en la documentacion regia, en un treinta por ciento de dichos diplomas (Reilly, 1998, p. 244), lo que lo debio ubicar como un cercano colaborador del monarca, cuando no consejero directo del mismo. Importantes privilegios obtuvo la sede primada durante el pontificado de don Raimundo. El primero de ellos es a comienzos de febrero de 1125. En esa oportunidad Alfonso VII y su esposa donan a la iglesia de Santa Maria de Toledo y al arzobispo Raimundo el castillo de Alcala con todo lo que le pertenecia desde tiempos de los musulmanes y de Alfonso VI (Garcia Lujan, 1982). Tres anos despues a los clerigos toledanos les fue concedida la inmunidad del servicio militar (Garcia Lujan, 1982 y Rivera, 1966, pp. 9798). Importantes territorios, villas y otras participaciones fueron donados al capitulo catedralicio y a su director, con una periodicidad anual en la mayoria de los casos. Destacan de entre todos ellos la confirmacion de fueros de la misma manera y amplitud que los entregados por Alfonso VI a don Bernardo; la cesion de la decima de toda la moneda acunada en la ciudad del Tajo; del castillo de Canales y las villas de Recas, Borgalevager, Recachiol y Zedovin, ya que sus hijos nacieron y se iniciaron como cristianos por el bautismo en esa ciudad; la donacion de todas las rentas reales de Madrid; y finalmente de la mezquita mayor de Calatrava, recien conquistada, a fin de que se utilice para el culto cristiano y de los diezmos reales coetaneos y futuros de esa villa (Garcia Lujan, 1982).

Las dispensas a favor de la sede toledana no cesaron al morir don Raimundo despues de veintisiete anos de arzobispado en la sede primada. El nuevo patriarca electo fue don Juan quien fue trasladado de Segovia a Toledo. El rey tomo un protagonismo indiscutible en la eleccion y promocion de este nuevo prelado. El 23 de febrero de 1153 el electo don Juan se encontraba en Roma, donde fue consagrado por el papa Eugenio (Rivera, 1969, pp. 17-20). La vacante sede segoviana fue ocupada por don Vicente, otro hombre que contaba con la venia regia. El castillo de Ribas, situado cerca de Madrid, junto con varias fortificaciones y aldeas en Baeza fueron puestos bajo la autoridad del arzobispo Juan y sus sucesores (Garcia, 1988).

Como se puede ver tanto en el caso de Compostela como en el de Toledo, hubo una conjuncion, un juego de intereses y de inclinar la balanza entre la monarquia y las sedes metropolitanas. Las relaciones entre Alfonso VII y Diego Gelmirez, sus sucesores, Bernardo de Toledo y sus herederos fueron directas, fluidas y propias del sistema senorial hispano. De manera contraria sucedia entre la casa leonesa y el papa de Roma, quien imponia su autoridad por sus nuncios residentes en territorio iberico o por medio de sus legados enviados desde la Santa Sede, que, en todo caso, pocas veces llegaron a entablar relaciones directas con el monarca, por lo menos no en el grado ni con la repercusion que si tuvieron en tiempos de Alfonso VI, sobre todo, y de Urraca I despues (Gordo, 2009b). Esto tiene una causa que a la vez es la explicacion mas simple: mientras Alfonso VII acrecentaba su poder y no sin dificultad lograba imponerse a los nobles del reino, a su padrastro el rey de Navarra, su tia Teresa y a su primo Enrique (Cassotti, 2008),a la vez que ganaba posiciones en territorio musulman, en Roma se sucedian en un periodo de relativamente poco tiempo, entre 1126 y 1157, los mismos que reino el hijo de la reina Urraca, nada menos que siete vicarios de Pedro.

La continuidad de la corona leonesa castellana respecto de la tiara papal fue superior y evidente. De igual manera sucedio con las dignidades representantes del romano pontifice en la Peninsula: Bernardo de Toledo fue legado romano por casi veinte anos; Diego II fue nuncio pontificio en la provincia de Braga desde 1120 hasta 1124, condicion que no pudo recuperar. Ante las disputas entre Santiago y Toledo o entre esta ultima diocesis y Braga, el papa decidio la expedicion de legados que jugaron siempre para beneficio de la causa alfonsina. En todo caso, el emperador recalco que: "Mihi a Deo et a sede apostolica [...] commisium est ut ecclesias dei injusticia regam" (Minguella y Amedo, 1901, p. 386; Rassow, 1929, p. 450).

Importante para el aparato jurisdiccional leones fue asegurar a sus hombres en puestos claves, mas aun si esos hombres eran de iglesia y fieles a las directrices de la corte imperial. Como en los periodos de su abuelo, y siguiendo las practicas urraquenas (Gordo, 2013b, pp. 117-231), Alfonso VII influyo en la eleccion obispal en colaboracion con los grandes prelados del reino y de los representantes pontificios. En tiempos del conquistador de Toledo, desde el punto de vista romano y casi exclusivamente en el contexto peninsular, se llego a considerar la intervencion regia en las elecciones episcopales, costumbre contra la que la iglesia luchaba en el resto de Europa, como una situacion excepcional que se produjo gracias y durante el avance cristiano y que se tradujo tanto en la restauracion de sedes como en la creacion de otras (Gordo, 2005, pp. 56-59). Todo ello reforzado coetaneamente por un apoyo directo y casi sin trabas a la ideologia imperial leonesa, que calzaba con la doctrina espiritual de Roma, cuya curia no tenia la menor duda del fondo del soberano concepto hispanico. De tal modo, se puede decir que, tal y como lo expone Lineham (2002, p. 320 (2)), la existencia de iglesias particulares seguia siendo una costumbre en el suelo peninsular, que volvio a ser duramente penada por los obispos de Castilla en el sinodo de Segovia de 1166 (Martinez, 1991, p. 331 y Lineham, 2002, p. 244).

Como era de esperar, tanto Compostela como Toledo, la mayoria de las veces sin disputas de por medio, aunque las hubo, ubicaron a sus hombres en las sedes que les correspondia ejercer su autoridad. Alfonso VII fue el espectador que, pudiendo ser silente, tenia mucho que decir a la hora de elegir un pastor para una colectividad importante en numero de fieles y en bienes. El caso de las elecciones de los sucesores de Bernardo de Toledo y de Diego II Gelmirez ilustra de buena manera lo que decimos, que los deseos del monarca de Leon eran poderosos y hasta decisivos en el proceso de eleccion.

Cuando la sede de Osma quedo vacante, debido al traslado de su obispo don Raimundo al arzobispado primado de Toledo, el archidiacono toledano Bertran ocupo esa catedra desde 1127 a 1128. Su participacion en la curia leonesa castellana no fue trascendental, pero, teniendo en cuenta que su diocesis no era significativa, la presencia como testigo en treinta y tres diplomas alfonsinos (Reilly, 1998, p. 244) hace pensar que contaba con la simpatia regia. La HC relata que las elecciones de don Inigo a la sede de Avila en 1133, de don Berenguer a la de Salamanca en 1135, y la de don Juan, antiguo abad de la casa benedictina de Samos (Eletcher, 19783, pp. 66-67; Martin et al., 1977 (4) y Bueno, 1988, p. 54), a la diocesis de Lugo el ano 1152 fueron elecciones en las que el rey desempeno a lo menos dos papeles: directamente eligio al nuevo prelado, como la de Avila, Lugo y Astorga, o bien estuvo presente como miembro consultivo del consejo elector como sobrevino en el ascenso de don Berenguer de la cancilleria regia a la sede salmantina y en el nombramiento de don Juan a la sede gallega (Lalque, 1988, p. 539, 562). Sin lugar a dudas en el concilio de Cardon de 1130, cuando se removio a los obispos de Leon, Salamanca y Oviedo, en presencia de Alfonso VII y del cardenal legado, la voluntad del soberano debio de ser gravitante en las elecciones de los nuevos prelados.

Los anos 1139-1140 fueron cruciales para la cooperacion conjunta entre el arzobispo de Toledo y el monarca leones, para el crecimiento a escala peninsular del episcopado de la ciudad del Tajo y para que religiosos fieles a la corona tomaran posiciones en sedes significativas. El primado logro ascender a dos de sus clerigos a sedes obispales, la de Palencia y la de Segovia. Por su parte, el emperador conto con don Juan Albertinez como obispo electo en Leon, hijo del fiel merino real Albertino. Al depender esa sede a la autoridad directa de Roma, la confirmacion del nombramiento debio esperar casi dos anos, mas que nada por las vicisitudes que el papado aguantaba. Don Juan fue obispo de Santa Maria por casi catorce anos, y su apego al emperador lo demuestra el que haya confirmado al menos un tercio de los diplomas alfonsinos (Fletcher, 1978 y Reilly, 1974, pp. 67-68). Bajo su administracion el cabildo leones recibio las tercias de todas las villas que estuvieran en los terminos de la iglesia y que pertenecian al Infantazgo del monasterio de San Pelayo, que luego serian ampliados por dona Sancha (Martin, 2008); la tercia de las decimas de las iglesias de Villapando y de Cubillas (Fernandez, 1989 (5)). El obispo Jimeno de Burgos fallecio en octubre de 1139, y debido a la importancia estrategica de la sede para toda Castilla, ya que esta tenia una red de jurisdiccion amplia en el Este leones, el movimiento alfonsino fue muy expedito y resuelto en apuntar un sucesor. Pedro Dominguez, sirviente fiel de la casa gobernante que habia sido premiado por el monarca cuando la ciudad habia resistido la ocupacion aragonesa en 1127, fue confirmado como obispo electo de la capital castellana. El soberano rapidamente pidio a Roma la consagracion de don Pedro por medio del arzobispo de Toledo, pero la aprobacion papal fue rechazada en 1140 por Inocencio II (Garrido, 1983 y Reilly, 1978, pp. 58-61), quien exhorta al electo a viajar para ser investido ante la curia como los canones romanos ordenaban. Don Pedro aparece como "Episcopo Burgalesis" en febrero de 1141, cuando el rey le cede el Hospital Real de esa ciudad con todas sus villas (Garrido, 1983 (6)). Las donaciones a la diocesis burgalesa no fueron pocas ni escuetas: se le dono toda la plata que se pudiera encontrar en los limites de Arlanzon; la iglesia de San Clemente con la villa de Cuevas; la villa cercana a Burgos de Villayuda; el monasterio de San Fausto, Genaro de Marcial Trevino con todas sus posesiones; finalmente, les son confirmados los fueros de Alfonso VI a la Albergueria Real (Garrido, 1983).

En 1140 murio el arzobispo Diego II de Compostela. Alfonso VII no podia desperdiciar la oportunidad de ocupar esa sede metropolitana con un personaje fiel a la corona y de esa manera asegurar esa diocesis para hacerla trabajar junto a la de Toledo que ya estaba a su entera disposicion, a fin de lograr diversos objetivos jurisdiccionales, religiosos y politicos (Rivera, 1966, pp. 355-368). Sin embargo, el cabildo catedralicio ya habia tomado sus precauciones procediendo a la eleccion del dean Pedro Elias como nuevo pontifice, quien fue presentado en esa nueva calidad, y para su aprobacion, al monarca en la ciudad de Salamanca. Como era de suponer la prontitud de los de Santiago no sento nada bien al emperador, quien desestimo el nombramiento hecho por los canonigos. Incluso procedio a nominar para la catedra gallega a su antiguo canciller, el obispo Berenguer de Salamanca, promovido a esa sede leonesa por decision proporcionada por el soberano. El candidato regio no logro ser imputado por los religiosos compostelanos y debio ser elegido luego de negociaciones entre el monarca y los miembros del cabildo (Recuero et al., 1998). Sin embargo, paralelamente Pedro Elias fue enviado a Roma por los mismos que negociaban con la curia para que Inocencio III le diera su aprobacion, y de hecho fue aceptada su nominacion por el Pontifice. En junio de 1141 don Pedro regreso al reino y Alfonso VII tuvo que reconocerlo, pero en una rapida accion envio a don Berengario a la Santa Sede en el otono para conseguir su aprobacion. El apoyo incondicional de Pedro, el Venerable de Cluny, y de Bernardo de Claraval no basto para volcar la decision papal (Reilly, 1978, pp. 59-61) (7). De esa manera las ambiciones alfonsinas de controlar la iglesia del noroeste del reino quedaron truncas.

Oviedo fue una diocesis tambien bien ligada a la administracion regia. Una sucesion de obispos tuvo esa sede (Fletcher, 1978, pp. 73-75) hasta que el rey logro imponer a su hombre. El elegido fue don Martin, un compostelano que certifico varios documentos regios y que disfrutaba de buena sintonia con su senor (Reilly, 1998, p. 253). En 1156, y por iniciativa regia, don Martin fue promovido a la sede de Compostela como arzobispo, de esa manera las disputas de mas de dos decadas entre el cabildo y la curia regia por gobernar la sede gallega quedo zanjada a favor del monarca. En abril de 1156 don Martin el nuevo metropolitano fue confirmado como electo (Ayala, 1995). La diocesis de Oviedo, vacante por el traslado de su antiguo pastor, fue ocupada por el abad del monasterio benedictino de San Vicente don Pedro (Reilly, 1998, p. 259). Al volver del Laterano, tras su consagracion por Adrian IV, el nuevo obispo trajo consigo la dependencia directa de Roma para su sede (Garcia Larragueta, 1962).

Basten los ejemplos expuestos para entender la relacion existente y reciproca entre la jerarquia eclesiastica peninsular y la monarquia (Cavero, 2015, pp. 111-122). Ademas de contar con un numero importante de prelados extranjeros de origen franco, las diocesis del reino fueron regidas por miembros del clero regular. Tal fue el caso de don Pelayo de Mondonedo en 1136, en 1152 de don Juan en Lugo, y don Pedro de Oviedo en 1156, todos ellos monjes benedictinos. Cistercienses fueron don Pedro Cristiano de Astorga en 1153 y el obispo Suero de Coria tres anos despues. De entre los agustinos encontramos a don Navarro, primero prelado de Coria y luego de la Sede de Salamanca en 1142, y a don Pedro Gudesteiz de Mondonedo y Compostela el ano 1155 (Fletcher, 1978, p. 79) (8). Alfonso VII alento y promovio las instituciones monasticas, aunque con mayor fuerza a las de nueva creacion.

Por lo tanto, capitales fueron las politicas y los esfuerzos diplomaticas que el emperador Alfonso VII tuvo que desplegar para poder congeniar de mejor manera la jerarquia episcopal en el reino de Leon y Castilla con el Imperium alfonsino. Roma estuvo presente por sus agentes en la peninsula iberica, y por esta misma presencia el emperador y sus prerrogativas se hacian presentes en la ciudad del Papa; elementos tradicionales y nuevos confluyeron en las relaciones entre Leon y la sede de Pedro.

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(1) Fletcher ha estudiado el caracter y la importancia que en la Historia Compostellana se da a las celebraciones conciliares llamadas por Diego II, a las que siempre se les dio un caracter de suma importancia para la sociedad gallega en cuanto a ente organico articulada, o mejor dicho, guiada por el prelado.

(2) Es bien interesante este articulo no solo por las tesis que plantea sino ademas por las correcciones y criticas que el autor realiza a historiadores hispanos, a los que achaca falta de preocupacion por este tipo de temas poco claros de origen, pero enmaranados aun mas por la abundancia de errores y de mala interpretacion de las fuentes. Ademas el autor desarrolla el tema de la guerra, la intervencion obispal en esas acciones belicas, el ambiente historico cultural de la Peninsula y la opinion que sobre esas cuestiones se tuvo en Roma.

(3) La Diocesis salmantina fue una de las mas favorecidas por Alfonso VI. El recien entronizado monarca renovo todas las dadivas hechas a esa Sede por su padre y abuelo. Ademas es notorio la multiplicacion de donaciones y privilegios al Cabildo de Salamanca durante los anos de reinado del emperador.

(4) La restauracion de la diocesis de Zamora por Calixto II tambien fue una iniciativa regia vinculada al nuevo nombramiento y a la simpatia regia a Salamanca. En Zamora se nombro a don Bernardo, de origen franco. Don Bernardo tuvo cordialisimas relaciones con el emperador y con la Infanta dona Sancha.

(5) La coleccion del Archivo de la Sede leonesa conserva un documento bien interesante donde se registra que don Juan y los canonigos de la Iglesia fundan el monasterio de Carbajal de la Legua, poniendolo bajo la regla de San Agustin y apertrechandolo fuertemente para su funcionamiento.

(6) Antes, siendo don Pedro electo de esa diocesis, Alfonso VII le entrego los palacios sitos en Burgos que habian pertenecido a Alfonso VI (Doc.123, 27 de enero de 1140).

(7) A juicio del autor, el monarca leones debia darse por mas que satisfecho con la aceptacion pontificia de los obispos de Leon y Burgos de clara tendencia alfonsina y donde la accion regia para su eleccion fue decisiva. El Papa debia tener sus reparos o inferir las pretensiones alfonsinas.

(8) El autor resalta que: "One of these (Jeronimo de Salamanca en 1102) appointments fell under Alfonso VI, none under Urraca, seven under Alfonso VII, none under Fernando II (though he did promote his old tutor from Mondonedo to Compostela) and none under Alfonso IX".

Angel G. Gordo Molina, Doctor en Historia Medieval. Academico de las universidades de Santiago de Chile y Playa Ancha, Chile. Correo electronico: griphon65@hotmail.com
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Author:Molina, Angel G. Gordo
Publication:Atenea (Chile)
Date:Mar 22, 2016
Words:5807
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