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Testimonio y ficcion en la narrativa argentina.

1. Testimonio y ficcion: historia y teoria de una relacion compleja

Los escritores latinoamericanos que, desde el final de la decada de 1960, practicaron y promovieron el testimonio como una forma valida de hacer literatura, y se involucraron en la institucionalizacion del genero que tuvo lugar en los circulos culturales cubanos, vieron en esa modalidad literaria "nueva" una alternativa estetica y hasta una opcion antagonica a la narrativa ficcional--sobre todo a la novela--, que habia protagonizado el boom latinoamericano. En su conocido ensayo "La novela testimonio: socio-literatura", de 1969, Miguel Barnet sostuvo: "La llamada ficcion cada vez va perdiendo mas consistencia" (101) y, un ano mas tarde, Rodolfo Walsh afirmo en la entrevista que mantuvo con Ricardo Piglia que "es probable que la ficcion este llegando a su esplendoroso final" (Piglia 1973: 18). Para ese momento, la narracion de hechos reales constituia tambien un eje central del posicionamiento de Truman Capote en el campo estadounidense. Capote arguia que la non-fiction novel podia ser "tan interesante como la ficcion" (Plimpton 1966): ambos generos resultaban, para el, equiparables en potencial estetico y en valor literario. En tanto, para los escritores latinoamericanos como Barnet y Walsh, la relacion entre testimonio y ficcion se presento mas bien como una disyuntiva. Priorizaron la literatura testimonial, reivindicandola por sobre y hasta en detrimento de la ficcion, porque habia una urgencia politica a la que consideraban imperativo responder y, segun diagnosticaban, esa respuesta la ofrecia el testimonio como herramienta estetico-politica, y no la narrativa ficcional.

La relacion entre testimonio y ficcion, que a los escritores politizados de los anos 60-70 se les aparecio como dilematica, plantea hasta hoy problemas cruciales de teoria literaria. En primer lugar, permite pensar la sociologia del campo literario latinoamericano, en cuyo seno el debate sobre si hacer testimonio y/o novela, al que nos hemos referido, integro una disputa mas amplia por el valor literario y hasta por la definicion de la literatura--el nomos del campo, segun Bourdieu (1995: 98-99)--, en un contexto en el que el compromiso politico de los escritores tendio a instalarse como criterio de legitimacion artistica y cultural (cf. Quintero Herencia 2002: 371; Gilman 2003: 339 y ss.; Morejon Arnaiz 2006; Peris Blanes 2013; Forne 2014 y 2015; Garcia 2012, 2013 y 2014a). La inclusion de la categoria Testimonio en el Premio Literario Casa de las Americas, en 1970, institucionalizo la alternativa testimonial dentro del espacio de los posibles del campo (Bourdieu 1995: 196). Ello propicio, a la vez, la expansion del genero en los anos siguientes, asi como dio legitimidad retroactiva a obras escritas antes de que el testimonio existiese como denominacion generica aceptada por los literatos--incluidas Operacion masacre de Walsh y Biografia de un cimarron de Barnet--. (1)

En segundo lugar, la relacion entre testimonio y ficcion permite introducir una serie de interrogantes importantes sobre los limites de la literatura, esto es, sobre su especificidad como practica artistica, dentro del conjunto amplio y heterogeneo de las practicas verbales. No se trata solo de la cuestion sociologica de los limites que el campo literario define para si, sino de un problema estetico que, desde un punto de vista historico, precede a la autonomizacion del campo literario como tal. (2) En esta linea, Gerard Genette proporciona en Ficcion y diccion algunas orientaciones conceptuales. Para el autor, la narrativa ficcional es constitutivamente literaria, pues en virtud de sus propiedades discursivas "entrar en la ficcion es salir de la esfera ordinaria de ejercicio del lenguaje" (Genette 1993: 9-10). La narrativa testimonial, en cambio, integra un conjunto mas esquivo de textos, cuyo estatuto literario surgiria solo en determinadas condiciones, debido a cualidades esteticas derivadas, a la vez, de ciertas caracteristicas formales (Genette 1993: 22). Ahora bien, si se acepta esa literariedad condicional del testimonio, queda aun abierto el interrogante de cuales son y como se establecen los rasgos formales que confieren a algunos textos testimoniales, y no a otros, un caracter literario (Garcia 2015).

En tercer lugar, y en relacion con lo anterior, el vinculo entre testimonio y ficcion presupone y, al mismo tiempo, introduce la discusion sobre las fronteras entre el discurso narrativo factual y ficcional (cf. Ryan 1997; Schaeffer 2010; Caira 2010; Lavocat 2016; Garcia 2017). Se suele asumir que esa frontera existe, pues se la adopta como criterio--a menudo intuitivo y por ende implicito--para circunscribir los objetos de la critica literaria. (3) Sin embargo, no hay consenso en los circulos academicos sobre los fundamentos teoricos de la oposicion factual/ficcional. Jean-Marie Schaeffer (2010) apunta, en este sentido, tres perspectivas basicas: una semantica, que postula que la narrativa factual es referencial mientras que la narrativa ficcional no tiene referente en el mundo real; una sintactica, segun la cual narrativa factual y ficcional se diferencian por sus caracteristicas logico-linguisticas, y una pragmatica, que afirma que la narrativa factual ostenta pretensiones de veracidad referencial mientras que la narrativa ficcional no las tiene, pues instala un pacto comunicativo de fingimiento ludico, en cuyo marco el caracter verdadero o falso de las declaraciones que componen el texto resulta irrelevante. Schaeffer argumenta en favor de una definicion pragmatica de la ficcion (2002 y 2010). Sin embargo, admite a la vez que no es posible prescindir del todo de los criterios semanticos y sintacticos: por un lado, las entidades y los hechos inventados son por lo comun la materia de la ficcion--de alli que dificilmente pueda admitirse como ficcional un relato enteramente conformado por enunciados referenciales--; por otro, los textos ficcionales y factuales suelen diferir desde un punto de vista sintactico--en particular, los procedimientos de focalizacion interna, caracteristicos de la ficcion, son inusuales en los textos factuales--(Schaeffer 2010). (4)

Lo que parece claro, dentro del conjunto de problemas que plantea la relacion entre testimonio y ficcion, es que no conviene reducirla a una oposicion tajante, de terminos claramente delimitados y mutuamente excluyentes, como tendieron a hacerlo los escritores latinoamericanos que defendieron fervientemente el testimonio en la Latinoamerica de los anos 60-70. El mismo Walsh, que imaginaba su obra literaria como escindida entre una serie testimonial, directamente vinculada con la realidad agitada de su epoca, y una serie ficcional en la que el compromiso politico era irrelevante o secundario, en rigor articulo testimonio y novela en su produccion narrativa. Operacion masacre es la obra memorable que es no solo porque aborda hechos reales importantes en la historia argentina y latinoamericana, sino porque lo hace en una forma literaria especifica: incorporando modalidades narrativas caracteristicas de la ficcion y, en particular, del genero policial que Walsh cultivo desde los comienzos de su carrera de escritor. Francisco Urondo, quien como Walsh vio limitaciones en la narrativa ficcional tal como se habia concebido en el boom, para dar cuenta de la realidad politica movilizada de su etapa, (5) busco superar esas limitaciones con un texto inequivocamente testimonial como La patria fusilada--transcripcion de entrevistas a sobrevivientes de la masacre de Trelew, de 1973--, pero tambien con una novela como Los pasos previos (1974), que combinaba una trama ficcional sobre el campo cultural politizado de los 60, con la incorporacion de textos periodisticos y politicos como materiales documentales. Hasta Julio Cortazar, que no participo de la defensa del testimonio que llevaron adelante Walsh y Urondo, intento en Libro de Manuel (1973) una "convergencia de actividades [...] disimiles" (1973: 7): la integracion de experimentacion formal y contenido politico, o de ficcion y trabajo documental. (6)

2. Testimonio y ficcion en la narrativa argentina de posdictadura

En la posdictadura, el genero testimonial cobra en la Argentina una vitalidad similar a la que habia alcanzado durante su institucionalizacion en el campo latinoamericano, en los primeros anos 70. En efecto, a partir de la recuperacion de la democracia en 1983, el testimonio pasa a desempenar un papel central en los procesos de memoria sobre el terrorismo de Estado (Calveiro 2006; Jelin [2002] 2012: 109 y ss.)--con los avances y retrocesos juridicos, politicos y culturales que dichos procesos atravesaron desde la transicion democratica (cf. Dalmaroni 2004; Pittaluga 2007; Gamerro 2015; Garcia 2016)--.

Al tiempo que el testimonio recobra importancia en la literatura argentina, tambien resurgen sus vinculos con la ficcion. Se ha sostenido, en esta linea, que las narrativas mas recientes de posdictadura--en particular, las producidas por hijos e hijas de la generacion militante de los anos 70--incorporan un componente ficcional en la representacion del terrorismo de Estado que estaba ausente de los textos "estrictamente testimoniales" de los primeros anos de la democracia (Gamerro 2015: 510; Logie 2015: 76; Nofal 2015: 837). Sin embargo, ya en la literatura testimonial de la decada de 1980 es posible rastrear inflexiones ficcionales, diferentes de las presentes en las narrativas de la generacion de los hijos e hijas, pero no por ello menos significativas para el analisis.

Asi lo veremos en las narrativas de posdictadura que analizaremos en los apartados que siguen. Se trata de una serie de textos que, de distintas maneras, representan el vinculo entre testimonio y ficcion en su materialidad narrativa. Por un lado, incluyen un componente testimonial manifiesto: declaran o insinuan frente a los lectores que son relatos de hechos reales y exponen que han surgido de la experiencia de los autores o de testimonios recogidos por ellos. Por otro lado, estas obras incorporan formas narrativas de la ficcion, en los distintos niveles del discurso que, segun hemos senalado, intervienen en su definicion: recrean o inventan hechos --nivel semantico--, adoptan procedimientos narrativos caracteristicamente asociados a la ficcion--nivel sintactico--, y/o incluyen indicaciones metatextuales que explicitan o sugieren la recreacion ficcional involucrada en el relato de hechos reales--nivel pragmatico--.

Las articulaciones que estos textos producen entre testimonio y ficcion dan lugar a genericidades diversas y complejas. En algunos casos, se trata de narrativa de no ficcion--Recuerdo de la muerte de Miguel Bonasso (1984), La Voluntad de Eduardo Anguita y Martin Caparros (1997-1998), Tucho de Rafael Bielsa (2014)--; en otros, de novelas basadas en hechos reales--El fin de la historia de Liliana Heker (1996)--; otros son testimonios ficcionalizados--La Escuelita de Alicia Partnoy (1986), Pasos bajo el agua de Alicia Kozameh (1987)--; otros, finalmente, son expresiones de la autoficcion testimonial--Los companeros de Rolo Diez (1987), La casa de los conejos de Laura Alcoba (2008), Pequenos combatientes de Raquel Robles (2013)--(7).

La hipotesis central que orienta nuestro analisis sostiene que la integracion de ficcion y testimonio que se constata en los textos de la posdictadura argentina no se puede explicar como un fenomeno meramente retorico: no se trata solo de tecnicas narrativas a las que recurren los autores para potenciar la eficacia y/o el valor estetico de los relatos. Mas bien, las diversas modalidades de la articulacion de testimonio y ficcion en la narrativa argentina de posdictadura se derivan de las caracteristicas complejas de la experiencia social que estos textos se proponen representar: esto es, la violencia de Estado, que la literatura testimonial argentina y latinoamericana ha incorporado como uno de sus temas basicos. Intentaremos mostrar, asi, algunos fundamentos historico-sociales de la integracion de testimonio y ficcion en la narrativa argentina posdictatorial.

2.1. La ficcion, en los limites de la verosimilitud historica del testimonio

Diremos, en primer lugar, que en ocasiones la ficcion se introduce en los textos testimoniales sobre el terrorismo de Estado como clave interpretativa de hechos que, por lo extremo de su violencia, resultan dificiles de asimilar a los parametros de verosimilitud historica aceptados en el contexto socio-cultural en que se producen estos textos. Dicho de otra manera: aquello que no se termina de admitir como posible dentro del mundo real--esto es, el mundo que se imagina y se asume como real--se interpreta como "ficcion", en el sentido de experiencia historicamente inconcebible y, por eso, lindante con lo irreal.

Asi lo vemos, incluso antes de la dictadura de 1976-1983, en Walsh: en Operacion masacre, el escritor utilizaba terminos ligados a la ficcion para referirse a los fusilamientos de 1956 que narraba en el libro: "La historia me parecio cinematografica, apta para todos los ejercicios de la incredulidad" (Walsh 1957: 11), escribe al referirse a su primera reaccion frente al encuentro con uno de los sobrevivientes, Juan Carlos Livraga. Mas adelante, reafirma sobre otro sobreviviente, Benavidez: "va a sucederle algo increible, algo que, aun ubicado en esa noche de singulares aventuras y experiencias, parece arrancado de una novela" (Walsh 1957: 58). Cuando describe a Desiderio Fernandez Suarez, jefe policial a quien senala como responsable de la represion en Jose Leon Suarez, lo caracteriza como una figura "casi novelesca" (Walsh 1957: 140). Al Walsh de 1957 los hechos que conoce cuando investiga le parecen extraordinarios, inverosimiles: en ese sentido dice que son novelescos. La magnitud de la represion de 1956, en efecto, no tenia precedentes en la historia argentina (Bayer, Boron y Gambina 2011: 92); por eso desestabilizaba los parametros de verosimilitud historica instalados en el momento en que Walsh escribe el texto (Garcia 2015).

En la literatura testimonial de la posdictadura, el quiebre de los parametros de verosimilitud historica se observa en una dimension amplificada, en la misma medida de la represion estatal. En esta linea, la experiencia de supervivencia en los centros clandestinos de detencion, a la que se refieren muchos relatos testimoniales sobre la epoca, parece desestabilizar los limites de lo hasta entonces considerado como historicamente posible, y expandir esos limites hacia territorios desconocidos de la experiencia. (8)

Alicia Partnoy, en la "Introduccion" de su libro La Escuelita--publicado en 1986, durante su exilio en Estados Unidos--, afirma: "Conoci solo una Escuelita; sin embargo, en nuestro continente hay muchas 'escuelas' cuyos maestros se especializan en ensenar a perder la memoria y la conviccion ideologica a fuerza de tortura y humillaciones [...]. En esas Escuelitas, los limites entre la historia y las historias son tan tenues que ni yo misma los puedo detectar" ([1986] 2006: 18). "Story and history", dice la version en ingles: asi, con la ambiguedad semantica de los paronimos, Partnoy sintetiza las fronteras difusas entre la realidad de los centros clandestinos de detencion y lo inimaginable de su extrema violencia. Para la autora, lo que resulta inconcebible no es solo la violencia sistematica ejercida como terrorismo de Estado, sino ademas el cinismo que sostiene ese ejercicio, realizado en nombre de una "pedagogia" supuestamente destinada a la "recuperacion" ideologica de quienes, en realidad, son los oprimidos por el poder concentracionario.

En el centro de detencion que funcionaba en la Escuela de Mecanica de la Armada, la experiencia limite del terrorismo de Estado y el proyecto de "recuperacion" politico-ideologica que impulsa se despliegan a gran escala. La (sobre)vida coexiste alli con la muerte, pero, inverosimilmente, esa coexistencia se impone como "normalidad" para los detenidos. (9) Asi, en Recuerdo de la muerte de Miguel Bonasso, la ESMA aparece caracterizada como un "reino de los espectros" (1984: 63). Su protagonista, Jaime Dri, define como "alucinacion colectiva" la cena de Navidad de la que participa junto a otros prisioneros (Bonasso 1984: 93): el festejo navideno aparece como inverosimil, porque se ejecuta como si hubiese motivos para la celebracion dentro de la ESMA.

De manera similar, en La Voluntad de Anguita y Caparros, Graciela Daleo se resiste intimamente a asumir la supuesta e impuesta normalidad del cautiverio, en oportunidad de una cena que ha sido obligada a compartir con su torturador y con la prisionera que la ha delatado: "Todo era tan incoherente, tan terrible, que Graciela no conseguia prever que pasaria en el momento siguiente. El desconcierto era una forma espantosa del terror [...]. Graciela empezaba a adentrarse en esa dimension inverosimil de la ESMA" (Anguita y Caparros [1998] 2013: 270). El terrorismo de Estado opera, asi, sobre los limites sociales entre lo que se asume como real y lo que se rechaza como inconcebible. El como si que se impone en los centros clandestinos de detencion--un terror que pretende ser normalidad--, se denuncia como inverosimil, casi irreal, en los testimonios de quienes atravesaron aquella experiencia. De alli que multiples referencias a la ficcion se encuentren en los textos sobre la epoca.

2.2. Las otras voces del testimonio

La ficcion no solo esta presente en los relatos testimoniales sobre la dictadura por el rasgo inverosimil que muchos sobrevivientes atribuyen a la experiencia en los centros clandestinos de detencion. Tambien surge porque la supervivencia que constituye una condicion de posibilidad del testimonio, esta atravesada por la laguna que imprime en el la no-supervivencia (Agamben [1999] 2002: 33-34): la ausencia de los muertos por el terrorismo de Estado, cuya imposibilidad de hablar es constitutiva tanto del testimonio como de la dimension ficcional que a veces se conjuga con el, para representar las voces que faltan en el discurso testimonial.

La incorporacion al relato testimonial de las voces de quienes no pueden hablar en el no implica solo la representacion narrativa de hechos reales vividos por el testigo y cuya factualidad, por lo tanto, aquel puede aseverar. Ademas, involucra un procedimiento de recreacion y hasta de invencion, pues incluso cuando se trata de sucesos que el testigo ha presenciado, dificilmente su relato podria reconstruir los sucesos con la fidelidad a los acontecimientos reales que sin embargo persigue--a veces, afanosamente--. (10)

Algunos textos testimoniales defienden su factualidad irrebatible pese a las dificultades que conlleva reconstruir una historia atravesada por las ausencias de muchos que participaron en ella. Recuerdo de la muerte de Bonasso, que se postula como un relato "rigurosamente cierto" (1984: 404), incluye escenas cuyo estatuto factual no podria acreditar el autor, ni siquiera apelando al testimonio de Jaime Dri, que constituyo la fuente basica para la confeccion del texto. En efecto, no en todos los episodios que refiere el libro, vinculados con la prision clandestina en la ESMA y en la Quinta de Funes, Dri ha estado alli para dar cuenta de que asi ocurrieron. Hay situaciones solo conocidas por quienes las protagonizaron y que, en el momento en que se escribe el libro, estan muertos (Foster 1995: 37; Strejilevich 2006: 91). Asi ocurre con la intimidad de Raquel Negro y Tulio Valenzuela (vid. infra, [seccion]2.3), cuya ficcionalizacion en los capitulos de la "Operacion Mexico" le valio a Bonasso criticas de sobrevivientes de la ESMA, enmarcadas en un cuestionamiento mas general al punto de vista sobre la detencion clandestina que el autor desplegaba en el texto. (11)

En La Escuelita, de Alicia Partnoy, el procedimiento de ficcionalizacion de la experiencia social que reconstruye el testimonio se despliega abiertamente. Si bien el texto no renuncia a la busqueda de la verdad--"Como sobreviviente, senti que era mi deber ayudar y dar testimonio de lo ocurrido", dice la autora en la "Introduccion" (Partnoy [1986] 2006: 13)--, la fragmentariedad del texto--compuesto por una serie de relatos breves--expone la fragmentariedad de la experiencia que refiere (Bermudez-Gallegos 1990: 464). Algunos relatos del libro tienen como personajes y/o narradores a companeros de cautiverio de la autora que han sido asesinados, segun se denuncia en los Anexos documentales que cierran el texto. El monologo interior, caracteristico del discurso ficcional, le permite a Partnoy captar la resistencia intima de los prisioneros frente a la represion a la que se ven sometidos. Asi, el relato "La primera noche del Benja", cuyo protagonista es Gustavo Marcelo Yoti--asesinado en 1977--, resalta la identidad politica del detenido que persiste en lo intimo, frente al aniquilamiento tanto fisico como simbolico que perseguia el dispositivo represivo: "No me olvide que soy peronista, montonero, ni que hice todo lo que pude contra estos milicos... " (Partnoy [1986] 2006: 43).

Otra de las companeras de cautiverio de Partnoy que ha sido asesinada, Graciela Romero, protagoniza en "Graciela alrededor de la mesa" un monologo interior cuyo destinatario es su hijo por nacer: "El futuro va a ser tuyo. [...] No los perdones, hijo" (47), le dice imaginariamente. La proyeccion a futuro en los pensamientos de la detenida trasluce la situacion de enunciacion de la propia Partnoy: para el momento en que el libro se escribe, el hijo de Graciela aun esta por ser, pues no ha sido recuperado luego de su nacimiento en cautiverio. El testimoniante que incorpora en su relato voces ajenas bajo la forma de la ficcion se vuelve un enunciador polifonico de la experiencia que refiere. Esta, en efecto, no es individual, sino social. (12) En esta linea, Alicia Kozameh, en Pasos bajo el agua (1987), inventa un personaje femenino, a quien denomina Sara, para contar su historia de detencion clandestina en el "Pozo" de Rosario. Sara es y no es Kozameh, porque en ella se inscribe tambien la experiencia de sus companeras de cautiverio: "Lo sustancial de cada uno [de los relatos]", afirma la autora en el prefacio, "es verdadero, sucedio, lo vivi yo misma o lo vivieron otras companeras y yo lo supe, aunque he reemplazado nombres o quiza detalles que para nada cambian, de hecho, la esencia de la cosa" (Kozameh 1987: 7). (13) El libro, entonces, es un testimonio, pero no es solo eso. Kozameh cuenta su experiencia confiriendole una "forma literaria" (1987: 7) y hasta una dimension inventiva, que potencian la representatividad y el valor simbolico del texto.

2.3. Ficcion y distanciamiento

En ocasiones, la ficcion se integra al relato testimonial sobre el terrorismo de Estado, como una forma de distancia. El lenguaje de la ficcion introduce, de hecho, una discrepancia respecto del lenguaje ordinario: una separacion (nunca tajante) entre el mundo real al que pertenece el autor del testimonio--y los lectores--, y el mundo ficcional en el cual el autor-testigo se transfigura como narrador y/o personaje.

Para Alicia Kozameh, la distancia enunciativa que introduce la ficcion es una condicion de posibilidad del relato testimonial, especialmente cuando se trata de experiencias traumaticas: "Si tuviera que escribir un testimonio directo de los anos dictatoriales, o de mi propia experiencia durante esa epoca, posiblemente lo haria aunque a costa de enfermarme severamente. La mediacion de la ficcion, lo que ya sabemos que es la distancia establecida por el juego/trabajo ficcional, por la idea de que los personajes no son uno mismo, me salva" (Boccanera 2000: 13). Aunque a primera vista parece que Kozameh opone testimonio y ficcion, en realidad los concibe como complementarios: el discurso ficcional es, en sus palabras, el medio del testimonio, la forma que este toma para ser enunciado. Del mismo modo, la ficcion para Kozameh no solo implica un "juego"--un como si ludico, que define el funcionamiento de la ficcion segun las teorias pragmaticas (Schaeffer 2002)--, sino ademas un "trabajo": un compromiso serio con la labor literaria que conlleva la ficcionalizacion, pero tambien con el trabajo de memoria que despliegan los textos de Kozameh (Jelin [2002] 2012), debido a su dimension testimonial.

Ahora bien: las distancias que surcan el testimonio cuando este se entremezcla con la ficcion no son solo las vinculadas a la necesidad del sobreviviente-testigo de elaborar reflexivamente una experiencia que ha sido traumatica. En Partnoy, ademas, hay una distancia asociada al extranamiento: a la singularizacion que, en su libro, es a la vez condicion de la supervivencia en la detencion clandestina y condicion de la escritura literaria. (14) Los relatos de La Escuelita se centran en pequenos objetos y situaciones que, si en la vida fuera del centro de detencion resultan habituales--automaticos--, en la prision adquieren significacion, pues permiten sobrellevar la rutina deshumanizadora de la experiencia concentracionaria. La cajita de fosforos que es la unica posesion de la prisionera, su nariz que le permite ver por debajo de la venda, una conversacion bajo la lluvia entre la protagonista y una companera de cautiverio, son algunas de las pequenas situaciones de la (sobre)vida que se narran en el libro, bajo la mirada extranada y poetica de Partnoy. (15)

La distancia que surge con la ficcionalizacion del testimonio sobre el terrorismo de Estado tambien se vincula con el exilio. En el exilio se escribe, de hecho, buena parte de la literatura testimonial argentina, sobre todo la producida en los anos 80. La Escuelita, de Partnoy, fue compuesto en los Estados Unidos. El libro conjuga la distancia espacial del exilio de su autora con la distancia temporal que separa a la historia--que transcurre en 1977, durante la dictadura--de la narracion--que tiene lugar varios anos despues, en el contexto de la transicion democratica--. Asimismo, un lapso temporal de dos decadas separa a la edicion original, publicada en el exilio en 1986, de su edicion en la Argentina, que se produce recien en 2006. No azarosamente, Partnoy titula la primera de las piezas narrativas de La Escuelita "Habia una vez...", como introduciendo a los lectores en un mundo otro, un poco de cuento, en el sentido de distante de la realidad que presupone compartida con aquellos. En Estados Unidos, el libro circula como The Little School. Tales of disappearance and survival, titulo que remite a la tradicion literaria de la ficcion (a los cuentos de Edgar Allan Poe). En la edicion argentina de 2006, en cambio, el libro pasara a ser La Escuelita. Relatos testimoniales. De este modo, la factualidad del testimonio se reafirma al volver este a su propio contexto, en el cual la realidad de los hechos que narra aparece como indubitable.

Un caso similar al libro de Partnoy es Los companeros, de Rolo Diez. El texto se publico inicialmente en 1987, en Mexico, y recien en 2000 se edito en la Argentina. Los companeros no solo surge de una situacion de exilio--el autor, que militaba en el PRT-ERP, salio de la Argentina en 1977--, sino ademas la tematiza. Es desde la distancia asociada al exilio que el narrador y protagonista de la novela, llamado Roberto, reflexiona criticamente sobre las concepciones y las practicas politicas que el mismo Diez ha sostenido como militante en tiempos de represion estatal. "Estamos tratando de aprovechar este periodo para tratar de entender por que las cosas han ocurrido de ese modo, y nos proponemos cambiar y buscar formas correctas para continuar la lucha en nuestra patria" (Diez [1987] 2000: 187), le dice el protagonista a su companera Mariana, durante una discusion que mantienen en Roma. Esa reflexion sobre la propia experiencia politica, como el mismo personaje lo indica, se hace posible solo a la distancia: "esto solo puedo pensarlo hoy, a distancia de un ano y mucho mas" (Diez [1987] 2000: 197). (16)

El distanciamiento del sujeto de la enunciacion respecto de la experiencia que es objeto de su relato testimonial involucra, a veces, una discrepancia linguistica. Partnoy tradujo su propio testimonio al ingles para publicarlo en los Estados Unidos, y tuvo que asumir el "costo estetico" (Simon 2014: 34) que conllevaba despojar al texto en ingles de expresiones con profunda significacion en el contexto argentino, pero incomprensibles para el publico estadounidense. En cambio, Laura Alcoba, escritora de la generacion de los hijos de militantes de los anos 70, escribio La casa de los conejos (2008), Los pasajeros del Anna C. (2012) y El azul de las abejas (2013) en frances. Sus textos circulan en la Argentina mediados por la traduccion de Leopoldo Brizuela (Duarte Dos Santos y Gasparini 2015). El problema de la traduccion atraviesa la autoficcion testimonial de Alcoba. El capitulo de su obra que mejor lo expresa es el que La casa de los conejos/ Maneges dedica a la palabra "embute", termino perteneciente a la jerga militante de los anos 70, para el cual la narradora-autora no encuentra traduccion posible en frances: "Cuando pienso en esos meses que compartimos con Cacho y Diana, lo primero que viene a mi memoria es la palabra embute. Este termino del idioma espanol, del habla argentina, tan familiar para todos nosotros durante aquel periodo, carece sin embargo de existencia linguistica reconocida" (2008: 47).

Alcoba ha sostenido que escribir sobre la experiencia argentina de la decada de 1970 en lengua francesa constituye, per se, un acto de reelaboracion ficcional: "Hablar de los Montoneros en La Plata, anos 1975 o 1976, en frances ya es extrano, ya es un invento" (Wajszczuk 2012). Esa lengua extrana de la ficcion se asocia, para la autora, a la necesidad de tomar distancia de una experiencia "que llevaba de manera tan dolorosa", pero tambien se vincula con el contexto particular en el que escribe Alcoba, que imagino un lector frances cuando concibio Maneges (Saban 2010: 247). Es en la interaccion con ese lector que se instaura el pacto ficcional del texto. De hecho, ella misma senala que, en la Argentina, la recepcion de La casa de los conejos estuvo mas centrada en el contenido testimonial que en la forma ficcional del relato. (17) La ficcion, en efecto, funciona como tal no en abstracto, sino para quienes la producen y la leen en cierta lengua y en determinado contexto. (18)

En Tucho. La << Operacion Mexico >> o lo irrevocable de la pasion, de Rafael Bielsa (2014), el distanciamiento asociado a la novelizacion de hechos reales es, sin duda, uno vinculado al paso del tiempo. La novela se centra en la historia de Tulio Valenzuela, dirigente de la organizacion Montoneros que, durante su detencion clandestina, simulo colaborar con el Ejercito en una operacion que tenia como objetivo capturar y asesinar a los miembros de la conduccion de aquella organizacion, que se encontraban en Mexico. El relato de Tucho contiene, sedimentadas en las voces del narrador y de los personajes, una serie de discusiones sobre la significacion historica de la experiencia argentina de los anos 70. Si esas discusiones pueden introducirse en la novela, es porque se han acumulado como parte de los procesos de memoria desplegados en la Argentina desde la recuperacion de la democracia en 1983, (19) y tambien porque tales procesos cobran especial importancia politica y cultural en el contexto en el que escribe Bielsa. De hecho, los capitulos finales de la novela tematizan los juicios por delitos de lesa humanidad cometidos en la Quinta de Funes, en los que el autor ha participado como testigo y que, como el mismo narrador lo indica, se produjeron "Mas de treinta anos despues" de los hechos de la Operacion Mexico (Bielsa 2014: 187).

La diversidad de cuestiones eticas y politicas que Tucho aborda, la densidad conceptual que involucran, y la sutileza y la poeticidad con las que los personajes enuncian sus reflexiones caracterizan el modo en que Bielsa noveliza la historia protagonizada por Tulio Valenzuela (20). Pero no se trata simplemente de una recreacion literaria que busca captar, apelando a la sintaxis de la novela, los hechos reales tal como ocurrieron. Los personajes que construye el texto son, en rigor, imposibles--inverosimiles--en el mundo real de los anos 70 al que, sin embargo, pertenecen. La ficcion sobre hechos reales surge, en Tucho, de hacerles pensar y decir a Tulio Valenzuela y Raquel Negro aquello que no habrian podido decir en su epoca y solo pueden decir en el contexto de escritura del libro, cuando los setenta son tema de profundos debates historicos y Tucho y Maria han podido convertirse en personajes de una novela.

Asi, un anacronismo deliberado permea la recreacion novelistica de Bielsa. En ella, Tucho es capaz de anticipar su propia muerte --"Un cadaver postergado", se dice al comienzo del relato (Bielsa 2014: 24)--, pero tambien de vislumbrar que, mas alla de la dictadura, el impacto traumatico de su muerte y la de otros miles de victimas resultara duradero: para los padres--"?Como haran nuestros padres para enterrarnos sin cuerpos que sepultar?" (181)--, para los hijos --"Un pueblo entero -no, no es bastante- la humanidad te servira de padre", reflexiona sobre Quinqui, el hijo de Raquel Negro (176)--, para toda una generacion por venir--"?Y si esta dictadura puta termina por cortar la transmision temporal y establece un vacio entre nuestra generacion y la venidera?" (184)--y, mas aun, para toda una nacion de la que Tucho se reconoce como parte--"Es posible [...] que ganen esta guerra. Pero al costo de que la Patria pierda por mucho tiempo, por demasiados anos, su conciencia moral" (Bielsa 2014: 150).

El Tucho de Bielsa es consciente de su inscripcion subjetiva en un tiempo historico que, eventualmente, habra de ser otro y en cuyo despues--la posdictadura--incluso la doctrina que el profesa--como militante de Montoneros--y las modalidades de su puesta en practica--ligadas con el papel politico que desempenaron las cupulas dirigentes de la organizacion--resultaran interrogadas: "Lo que hoy es doctrina antes fue otra cosa y sera otra en el futuro. Y cuando haya otra doctrina [...] ?sera todavia una 'traicion', para repetir las palabras del Tribunal Revolucionario?" (133-134). Tucho entiende, en suma, que el mismo en un futuro sera pasado, o mas bien memoria en la medida en que habra quienes recuperen su testimonio y hasta lo representen literariamente, como Bielsa en la novela: "Nuestros nombres van a ir pasando de mano en mano [...], para rendirnos homenaje [...]. Nunca se va a terminar nuestra historia, el pasado seguira latiendo su desmayada vida de presente en el futuro" (178-179).

2.4. Las "zonas grises" de los anos 70. De la distancia al desentendimiento

En ocasiones, la toma de distancia que conlleva la ficcionalizacion del testimonio linda con el desentendimiento o con la desresponsabilizacion enunciativa. En particular, algunas narrativas sobre hechos reales ocurridos en los anos 70 han recurrido a la forma de la ficcion para moderar las implicancias polemicas de la historia, especialmente cuando esta involucra cuestiones de dificil tratamiento o zonas grises del proceso politico de los anos 70, en las que "el oprimido se hace opresor" (Agamben [1999] 2002: 21).

A estas zonas de dificil tratamiento se refiere Miguel Bonasso en Recuerdo de la muerte, cuando afirma que dio al texto forma de novela porque dicho genero "permite desenterrar ciertos arcanos que a veces se niegan a salir dentro de las pautas mas racionales de la cronica historica, el testimonio de denuncia o el documento politico" (1984: 404) [nuestro subrayado]. Bonasso dice bajo la forma de la novela lo que no puede enunciar como testimonio directo. Su libro se refiere extensamente a la colaboracion de los detenidos clandestinos durante la dictadura con sus represores y, en la misma linea, a los vinculos sexuales y amorosos entre captores y prisioneras. En relacion con este ultimo tema, el autor introduce un personaje que denomina Pelusa, cautiva que se involucra en una relacion con uno de los represores de la ESMA. Bonasso ha sostenido, sobre dicho personaje, que "es el unico nombre de fantasia que existe en Recuerdo de la muerte", que lo implemento para "Proteger una identidad" y que, por ese motivo, cualquier asociacion entre el personaje y personas reales seria por el "desmentida energicamente" (2014: 28). Sin embargo, con esa postura el autor se desliga del compromiso que el mismo ha establecido al declarar que la historia contada en Recuerdo de la muerte es "rigurosamente cierta" (vid. supra, [seccion]2.2.), declaracion que queda desmentida con la incorporacion al relato de un personaje que carece de correlato estricto con las personas reales que atravesaron la experiencia de la ESMA. (21) En este sentido, la inclusion de Pelusa en el libro de Bonasso admite otras interpretaciones que las divulgadas por el propio autor. El personaje condensa una zona gris del terrorismo de Estado argentino cuyas implicaciones problematicas Bonasso pretende eludir. Evita, de este modo, la representacion directa mediante el testimonio y apela a la forma de la novela, como si la autorreferencialidad de la literatura aplacase los efectos polemicos que el texto suscita al ser considerado desde una perspectiva politica y etica. (22)

El caso del libro de Liliana Heker, El fin de la historia (1996), es similar al de Bonasso. Se trata de una novela cuyo componente testimonial la autora explicito no en el mismo libro, sino en las intervenciones publicas que acompanaron su publicacion. Heker sostuvo que se habia propuesto "fundir los bordes entre ficcion y realidad" (Russo 1996: 8), al componer una novela cuya protagonista no solo era una persona real, sino que ademas habia mantenido amistad con ella. En el texto, Leonora--asi se llama el personaje--es una militante de Montoneros que durante su cautiverio en la ESMA traiciona su identidad politica y a sus companeros, colaborando abiertamente con los represores e involucrandose en una relacion amorosa con uno de ellos. La novela suscito diversas criticas centradas, por un lado, en la perspectiva que Heker adoptaba para narrar la historia de los 70--se focalizaba en un caso dificilmente representativo de la complejidad de aquella experiencia--, pero tambien dirigidas a la forma ficcional del texto. En este sentido, parecia que al novelar los hechos la autora podia apelar al caracter "puramente" literario de su apuesta narrativa, desentendiendose asi de las implicancias eticas y politicas problematicas de la mirada que desplegaba sobre los anos 70. (23)

2.5. Ficcion y simulacion

La ficcion, en ocasiones, se introduce en los textos testimoniales sobre los anos 70 como una forma de representar las practicas de simulacion que atravesaron las experiencias militantes de aquella epoca, en particular las desarrolladas en la clandestinidad por las organizaciones politico-militares como el PRT-ERP y Montoneros. El fingimiento sostenido que llevaron adelante los militantes clandestinos, para falsear sus identidades y encubrir el funcionamiento de las organizaciones a las que pertenecieron--frente a la amenaza permanente de la represion--(cf. Peller 2009), se recrea como fingimiento ludico en narrativas sobre la dictadura que instalan un pacto de lectura propio de la ficcion (Schaeffer 2002) sin dejar de contener, a la vez, un componente testimonial manifiesto. Dicho de otra manera: la ficcion aparece, en ciertas narrativas de la postdictadura argentina, como una forma privilegiada de representar la "ficcion" que sostuvieron los militantes clandestinos en sus vidas reales durante los anos 70.

Los companeros, de Rolo Diez, es una ejemplificacion cabal del vinculo entre ficcion y simulacion en los textos sobre la experiencia argentina de la decada de 1970. El fingimiento ligado a la militancia clandestina representa un modo de vida para el protagonista de la novela, Roberto, miembro del PRT-ERP: "Tremenda contradiccion la de la gente que vive al mismo tiempo la vida del buen vecino y la conspiracion mas rigurosa. El tiempo que se pierde, la energia y los nervios que se gastan en realizar tal o cual movimiento, por si llega a ocurrir tal o cual cosa" (Diez [1987] 2000: 91), senala el narrador en uno de los pasajes del texto. Las alusiones a las dificultades que implicaba para los militantes clandestinos sostener cotidianamente una doble vida--un como si, similar a una ficcion--son constantes en la novela. (24) Pero no se trata solo de uno de sus nucleos tematicos centrales, sino tambien de un aspecto que permea su forma. En efecto, la doble identidad de Roberto se recrea en una estructura novelesca conformada a partir de distintos desdoblamientos. Por un lado, el personaje de Roberto es un doble ficticio del autor: asi lo sugieren su nombre similar y ciertos indicios del paratexto, que informan que Diez milito en el PRT-ERP (Longoni 2007: 77-78). Por otro, el relato se desdobla sistematicamente a traves de la novela, en relato homodiegetico--en el que Roberto narra su propio pasado--y heterodiegetico--donde Roberto se ve como otro (como una tercera persona), compartiendo la militancia y la vida cotidiana con sus companeros--. En el nivel de la historia que Roberto y el mismo Diez protagonizaron en los anos 70, la simulacion sostenida caracteristica de la clandestinidad, se desarrolla con la seriedad que exigen el compromiso militante y el contexto represivo en que aquel se despliega. Pero en el nivel de la narracion que construye el autor, el fingimiento adquiere matices ludicos, ligados al pacto de lectura ficcional, y a la ironia con la que Diez recrea los complejos procesos identitarios vinculados a su militancia en la decada de 1970.

En La Voluntad, de Anguita y Caparros, la cuestion del fingimiento atraviesa los relatos sobre las experiencias de militancia en la clandestinidad. "Todo el tiempo tenia que andar inventando la historia de lo que estaba haciendo, por si lo paraba la policia", dice el libro a proposito de Luis Venencio, militante de Montoneros ([1998] 2013: 28). El narrador oficia de traductor del "lenguaje cifrado" y los "codigos simulados" a los que recurrian los miembros de las organizaciones revolucionarias, frente a un lector extemporaneo a los anos 70 y, sobre todo, a las jergas militantes de aquella epoca (Anguita y Caparros [1998] 2013: 47). Es en los capitulos dedicados a Graciela Daleo donde el tema de la simulacion adquiere una importancia central, pues Daleo recurrio al fingimiento que sostenia cotidianamente en su militancia en Montoneros, como estrategia de supervivencia al ser secuestrada y detenida en la ESMA. Daleo finge colaborar con los marinos y estar "recuperada" ideologicamente, pero en su interior se resiste a la destruccion de su identidad politica que aquellos pretenden. (25) Se trata de una situacion compleja: "Todo el tiempo [Graciela] tenia la sensacion de que estaba caminando sobre una Gillette: ?yo soy la que soy o soy la que simulo ser? ?No estare pasando la raya, no me convertire en aquella que estoy tratando de simular que soy para que ellos crean que estoy 'recuperada'?" (Anguita y Caparros [1998] 2013: 270). La apelacion al discurso indirecto libre en este pasaje de La Voluntad es significativa, porque se trata de un procedimiento de focalizacion interna, caracteristicamente ligado a la narrativa ficcional (Hamburger [1957] 1995: 65-68; Schaeffer 2002: 249). En efecto, solo mediante la penetracion en los pensamientos del "personaje" de Daleo el narrador--y los autores--consiguen captar el fingimiento que ella sostuvo como estrategia de intima resistencia, frente al intento de "recuperacion" desplegado por los marinos. El recurso a las formas narrativas de la novela define, mas ampliamente, el modo en que La Voluntad reconstruye la historia politica de los anos 70. Si el libro consigue retratar las experiencias singulares de algunos sus protagonistas, es porque hace de los militantes una serie de "personajes" que cotidianamente hacen, dicen y piensan la politica de la epoca (26).

El tema del fingimiento cobra importancia, asimismo, en las mas recientes narrativas de hijos e hijas de militantes de los anos 70. En Pequenos combatientes, de Raquel Robles (2013), es un tema central y, como ocurre en Los companeros, permea la forma del relato. Los ninos que protagonizan el libro de Robles, hijos de militantes montoneros secuestrados en la dictadura, simulan sistematicamente imitando las practicas politicas cotidianas de sus padres: "habia que disimular, pasar por gente comun, por victimas del atropello. [...] Entonces deje de hablar de tactica y estrategia [...], y me dedique a disimular [...]. Volvimos a los entrenamientos, pero ahora en la clandestinidad" (Robles 2013: 12), anuncia la narradora al comienzo de la novela.

Aunque ella y su hermano pretenden tomarse la simulacion en serio--como sus padres--, terminan involucrados en juegos de fingimiento cercanos a la invencion ficcional y a la creacion artistica: el nino juega a formar un "Ejercito de Resistencia" con sus companeros del jardin de infantes (15); la nina, por su parte, asume de manera consciente la dimension artistica y estetica de sus practicas de simulacion: "Simular en epocas de Resistencia era como ser actriz, y yo sabia que me salia bien" ( 64). Lo que importa destacar del libro de Robles es que el fingimiento, que es uno de sus temas centrales, se recrea en la forma de la novela. Asi como la protagonista construye para si una identidad fingida-ficticia que encubre frente a los otros su rol de "pequena combatiente"--y de hija de desaparecidos--, la misma autora produce, al escribir una autoficcion, un ejercicio complejo de fingimiento. En la recreacion ficcional de su propia vida, Robles finge ludicamente ser otra--la narradora y protagonista de la novela--(27) que, no obstante, es ella misma en cierto sentido--la nina que fue durante los anos 70--. Robles exhibe, en los desdoblamientos identitarios de su personaje y de ella misma--autora que se re-presenta como protagonista de una novela--,la complejidad de su propio proceso de reconstruccion identitaria en tanto hija de desaparecidos. Como senala Gabriel Gatti, la "conciencia del caracter construido de cualquier identidad, una posicion reflexiva respecto a lo ficticio del mecanismo que las sostiene" (2011: 178-179), son aspectos caracteristicos de los procesos identitarios protagonizados por los hijos de desaparecidos en la decada de 1970.

3. Conclusiones

Hemos explorado, a traves del articulo, las relaciones entre testimonio y ficcion que se despliegan en una serie de narrativas de la posdictadura argentina. Sostuvimos, como punto de partida del analisis, que la articulacion narrativa de testimonio y ficcion esta presente en la literatura argentina sobre el terrorismo de Estado ya desde la decada de 1980, y no solo en las producciones recientes de hijos e hijas de la generacion militante de los anos 70. En esta linea, consideramos algunas manifestaciones textuales de la integracion de discurso testimonial y ficcional en las narrativas de posdictadura. Dichas manifestaciones abarcan desde el ya clasico modelo de la non fiction, en el que procedimientos tipicos de la ficcion se incorporan a narrativas con finalidad testimonial (como ocurre en La Voluntad), hasta genericidades mas complejas, en las cuales el pacto de lectura es ambiguo, en ocasiones de manera deliberada. Asi, la ambiguedad generica no caracteriza unicamente a las autoficciones (cf. Alberca 2007): ya en un texto como Recuerdo de la muerte de Miguel Bonasso, primera novela testimonial sobre la dictadura argentina--de 1984--, se integran la aspiracion de veracidad y la inclusion de componentes ficcionales en la recreacion literaria de sucesos reales.

Desde la no ficcion y el relato testimonial ficcionalizado hasta la autoficcion testimonial, la integracion de testimonio y ficcion es persistente en la narrativa argentina de posdictadura. Segun hemos argumentado, las razones de dicha persistencia se hallan en las caracteristicas complejas de la experiencia social que estos textos buscan representar. Hemos visto, en este sentido, el viso de inverosimilitud que presentan los hechos del terrorismo de Estado --que, debido a su extrema violencia, aparecen como increibles o "novelescos" aun frente a quienes los experimentaron--. Senalamos, asimismo, la importancia que el discurso ficcional adquiere en la representacion de las voces de quienes no sobrevivieron a la represion: los muertos, que no pueden hablar sino como personajes ficticios, y cuya ausencia atraviesa los relatos testimoniales sobre la dictadura militar. Por otro lado, observamos que la ficcion introduce una distancia respecto de la esfera del lenguaje corriente, que traduce al relato testimonial distintas formas de la distancia ligadas a la experiencia social del terrorismo de Estado: la distancia del exilio, la del paso del tiempo--entre la dictadura y la democracia en que se escriben estos textos--, la distancia necesaria para poner en palabras acontecimientos traumaticos. El distanciamiento que involucra la ficcionalizacion de sucesos reales, ademas, da lugar a veces a una desresponsabilizacion enunciativa: alli, como hemos sugerido, la irreverencia ludica de la ficcion y sus pretensiones de autosuficiencia estetica lindan peligrosamente con la elusion de la etica de la creacion literaria. Hemos senalado que este riesgo se presenta, en especial, en narrativas que abordan zonas grises del terrorismo de Estado. Finalmente, vimos que la ficcion se introduce en algunos textos de posdictadura para recrear el fingimiento que atraveso la vida cotidiana de los militantes clandestinos en los anos 70, y al que algunos de ellos recurrieron como estrategia de supervivencia durante su detencion en el periodo dictatorial.

Las narrativas de posdictadura que estudiamos, al combinar testimonio y ficcion, se desplazan entre la busqueda comprometida de la verdad--una construccion social que resulta imprescindible en los procesos de memoria sobre el terrorismo de Estado, para rebatir las tergiversaciones y los silenciamientos del discurso oficial--y las licencias liberadoras de la (re)creacion ficcional. Estas, al dispensar a los autores de las exigencias de rigor historico que pesan sobre el discurso factual, permiten ampliar las posibilidades narrativas y, con ello, introducir puntos de vista inusitados--a veces, disruptivos--en la retrospeccion reflexiva sobre la experiencia personal y social que emprenden los textos considerados. De hecho, es el foco en la experiencia de los sujetos lo que sustenta, en estas narrativas, la integracion de testimonio y ficcion: el testigo se transfigura alli en personaje, de modo tal que cada historia de (sobre)vida singular, lejos de perderse tras las generalizaciones de la Historia--a menudo impersonales--, aparece realzada por la mirada concreta, extranada y particularizante propia de la ficcion y de la creacion literaria.

Finalmente, hay que decir que estas narrativas no dejan de hacer politica (testimonio) mientras hacen literatura (ficcion). Las oposiciones tajantes que orientaron la institucionalizacion del testimonio en los anos 70, en virtud de la cual el genero hoy representa en Argentina y America Latina una opcion literaria valida, parecen encontrarse ya superadas.

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Victoria Garcia

CONICET/ Universidad de Buenos Aires

(1) Notemos que, en el contexto de la institucionalizacion del testimonio en Casa de las Americas, su concepcion como modalidad narrativa opuesta a la ficcion fue uno de los ejes sobre los cuales se forjo la legitimidad del genero: "?Se puede escribir un cuento, una novela, sobre los tupamaros y la lucha en el Uruguay?", se preguntaba el autor de la resena sobre La guerrilla tupamara de Maria Esther Gilio, que obtuvo el premio en Testimonio en 1970: "Si, evidentemente. [...] Pero es en el testimonio donde se recogen los elementos que se encuentran en la sociedad, prontos para entrar en linotipo y ser divulgados masivamente" (Andrade 1971: 172-173). En la misma linea, Forne destaca que el jurado de 1972 definia el testimonio como "Una obra fiel a la realidad que enfoca y que descarta la ficcion" (2015: 255).

(2) Seguimos aqui a Schaeffer (2006), quien senala que el interrogante por la especificidad de la literatura como arte verbal se encuentra presente en las reflexiones sobre los generos literarios ya desde la Poetica de Aristoteles. Segun el autor, la persistencia historica de la cuestion de la especificidad de la literatura se debe a que, a diferencia de lo que ocurre en otras artes como la musica o la pintura, que son practicas intrinsecamente artisticas, "la literatura o la poesia constituyen ambitos regionales en el seno de un ambito semiotico unificado mas vasto, que es el de las practicas verbales, ya que estas no son todas artisticas: el problema de la delimitacion extensional y definicional del ambito de la literatura (o de la poesia) puede parecer, pues, crucial" (Schaeffer 2006: 5-6).

(3) Los juicios intuitivos de ficcionalidad y factualidad no solo orientan las operaciones de la critica literaria. Mas aun, son centrales en la experiencia ordinaria de los discursos: como senala Schaeffer (2010), en las interacciones de la vida cotidiana "confundir un relato ficcional con uno factual (o viceversa) puede tener consecuencias dramaticas". De alli que uno de los objetivos de la teoria de la ficcion sea, en terminos de Ryan, "explicitar los criterios intuitivos sobre los cuales se apoyan los juicios de ficcionalidad" (2009: 64). En la misma linea, vease la critica de la autora a las perspectivas "panficcionalistas" que, con un criterio contraintuitivo, desestiman la importancia teorica de la oposicion factual/ficcional (Ryan 1997: 165).

(4) La asociacion entre la ficcionalidad de un discurso narrativo y el hecho de que incluya procedimientos de focalizacion interna se debe a que, en el mundo real y en los discursos factuales que lo representan, el sujeto solo tiene acceso a su propia interioridad (Schaeffer 2002: 249; Caira 2010: 94). De alli que la penetracion de un enunciador narrativo en los pensamientos de terceras personas sea considerada por ciertos enfoques como caracteristica y hasta definitoria del discurso ficcional (vease Hamburger [1957] 1995: 49 y ss.; Cohn 2000: 23-25).

(5) En el articulo "Escritura y accion", de 1971, sostiene: "la novela -la argentina, al menos- pareciera pasar por un momento de serias dificultades como genero literario [...]. La narrativa no alcanza a ponerse a la altura de las circunstancias" (Urondo 2013: 398).

(6) Hemos propuesto en otro lugar un analisis comparativo de las articulaciones narrativas entre testimonio y ficcion en obras de Walsh, Urondo y Cortazar, producidas al calor de la consolidacion del testimonio como genero literario en America Latina (Garcia 2015).

(7) La complejidad generica de estos textos, que combinan testimonio y ficcion, ha sido senalada en estudios criticos previos: vease, entre otros, Vezzetti (2002), Longoni (2007), Nofal (2010), Castro (2011), Sillato (2013) y nuestro propio enfoque (Garcia 2016).

(8) Ana Longoni senala, en este mismo sentido, que: "El de los campos clandestinos de detencion aparece como un espacio impreciso, un territorio desconocido, suspendido por fuera de las logicas conocidas, el de las identidades reconocibles. Una realidad fuera del mundo, una ficcion: asi es vivida por los que los habitaron" (2007: 89). Cf. tambien Calveiro ([1998] 2008: 103).

(9) Calveiro se refiere, en esta linea, a la "superposicion de contrarios de una manera incomprensible" que signa las experiencias de supervivencia en los centros clandestinos de detencion: "Por un lado, la existencia de logicas incomprensibles, por otro, la ruptura y la esquizofrenia dentro de la logica concentracionaria desquiciaban a los prisioneros e incrementaban la sensacion de locura" ([1998] 2008: 80).

(10) A este respecto, Caira senala: "los muertos no pueden producir testimonios, y nadie esta en condiciones de transmitirnoslos" (2010: 95) [nuestra traduccion]. El autor incluye los relatos a cargo de personajes muertos dentro de lo que denomina "versiones incompatibles con la comunicacion documental", esto es, modalidades narrativas inconcebibles en el discurso factual y solo compatibles con el discurso ficcional (Caira 2010: 92).

(11) El mismo Bonasso ha relatado las discusiones que mantuvo con sobrevivientes de la ESMA en los momentos previos a la publicacion de Recuerdo de la muerte. Vease la Edicion definitiva del libro (Bonasso 1994: 464-465) y el racconto autobiografico del escritor en Lo que no dije en Recuerdo de la muerte (Bonasso 2014).

(12) En terminos de Partnoy: "[my] first goal was to tell the stories of the others because [I] was the survivor, and [I] wanted to stress the collective" (citado en Betterman 2009: 44).

(13) Llama la atencion la similitud entre este pasaje del prefacio escrito por Kozameh y el final de "Emma Zunz", de Borges: "La historia era increible, en efecto, pero se impuso a todos, porque sustancialmente era cierta. Verdadero era el tono de Emma Zunz, verdadero el pudor, verdadero el odio. Verdadero tambien era el ultraje que habia padecido; solo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios" ([1949] 1997: 76).

(14) La relacion entre ficcion y singularizacion--en el sentido en que la definieron los formalistas rusos (Shklovski 1965)--reside en que el procedimiento mimetico involucrado en la ficcion opera por ejemplificacion de aquello que representa, y no por generalizacion (cf. Schaeffer 2002: 197-199). Dicho de otra manera, el discurso ficcional se refiere siempre a hechos y personajes singulares. En el mismo sentido, Hamburger senala que "la literatura no describe conceptos generales [...], sino [...] fenomenos individuales e irrepetibles" ([1957] 1995: 21).

(15) Como lo senala Marta Bermudez-Gallegos en un temprano estudio sobre La Escuelita: "El nombrar aquellos objetos (las chancletas, el pan, su diente guardado en una cajita de fosforos, la campera de Vasca la cual servira como refugio a la narradora-testigo para soportar la desaparicion de su amiga) que enlazan la vida de afuera con el cautiverio, parece ser el refugio ante la locura" (1990: 471-472).

(16) Para Longoni, es desde el exilio que el personaje de Los companeros puede interrogar las visiones "monoliticas" que ha sostenido durante su militancia: "a medida que el protagonista recoge testimonios de sobrevivientes ya en el exilio y ve resquebrajarse su punto de vista en la confrontacion con los otros, [...su] tesitura se vuelve interrogativa, inquisidora antes que inquisitoria" (2007: 88).

(17) La autora sintetiza en las siguientes palabras la ambiguedad entre ficcion y testimonio constitutiva de La casa de los conejos, asi como la incidencia del contexto en la recepcion generica del libro:
Puede haber una dimension testimonial, pero para mi es importante que
el libro se lea como una ficcion. [...] Creo que si un libro esta
escrito o puede leerse como ficcion, aunque la materia prima sea
autobiografica, permite al lector proyectarse y hacer esa historia suya
tambien. [...] Pero la novela no se dirige solamente al colectivo de
los argentinos; yo escribi el libro en frances pensando en un lectorado
frances. [...] En Argentina la recepcion fue particular porque entro en
contacto con muchas historias personales dolorosas. Recibo
constantemente cartas de lectores que me escriben no para hablarme del
libro, sino de su relacion con ese episodio de la historia argentina
(Saban 2010: 248-249).


(18) Acerca de los desfases que pueden producirse entre las intenciones ficcionales de los autores y las interpretaciones factuales de los lectores, vease Schaeffer (2002: 115 y ss.), Caira (2010: 89-90) y Lavocat (2016).

(19) Bielsa senala en este sentido: "Los anos modifican algunas perspectivas y, en mi caso particular, me han dado otra capacidad de comprension y otro entendimiento. [...] Hoy uno entiende mucho mas. Siempre la comprension permite dar algunos pasos, la condena se termina ahi, uno condena y no entiende. Cuando uno trata de comprender, enriquece y matiza el pensamiento" (Mendez 2014) [subrayado nuestro].

(20) El lenguaje poetico de Tucho es, para el autor, una innovacion que pretendio introducir en la tradicion de la novela de no ficcion: "El genero no es una novedad en el abordaje. Es novela, pero la textura del lenguaje y la construccion tiene pretensiones poeticas" (Mendez 2014).

(21) La confusion que suscito la inclusion de un personaje ficticio en un libro con pretensiones factuales es senalada por las sobrevivientes de la ESMA que conversan en Ese infierno, a proposito de un episodio televisivo protagonizado por el exrepresor Adolfo Scilingo: "Cuando Scilingo participo en el programa de television de Mariano Grondona nombro a Pelusa, que era un personaje imaginario, una licencia literaria del libro Recuerdo de la muerte. Hablaba de la situacion de Pelusa como si hubiese ocurrido realmente" (Actis, Aldini, Gardella, Lewin y Tokar 2001: 203).

(22) En esta linea, Longoni senala que textos como los de Bonasso: "a la hora de abordar los asuntos mas escabrosos y dolorosos de vidas privadas [...] terminan apelando a la impunidad que les otorga su condicion literaria" (2007: 199).

(23) Graciela Daleo, sobreviviente de la ESMA, sostuvo sobre el libro: "Si cuestiono la eleccion de 'Leonora' como protagonista me argumentaran el derecho de la autora a elegir sus personajes. Es ficcion, diran. ?Ficcion? Identidades disfrazadas en todo caso. La mayoria de los personajes es real, como lo es la historia central" (Daleo 1996: 6). Hector Schmucler (1996), por su parte, cuestiono: "?Que extrana traicion se teje entre el autor y su palabra cuando la tragedia--no es otro el tono que merece la agonia de las personas reales que padecieron el destino de Leonora--se resuelve en divertimento literario?" (1996: 11). Para una descripcion detallada de la polemica sobre el libro de Heker, remitimos al trabajo de Demarchi (2003); para un analisis centrado en el tema de la traicion como nucleo polemico del texto, vease el trabajo de Castro (2007).

(24) En muchos casos, el ejercicio constante de la simulacion por parte del personaje se compara con el despliegue de una ficcion teatral: "Manipulo los cigarrillos teatralmente, en esa representacion tendida hacia la inercia de un solo espectador", comenta el narrador en una escena en que el protagonista teme ser descubierto por las fuerzas represivas (Diez [1987] 2000: 64); "Fallaban los personajes de la obra", senala acerca de un malentendido ocurrido en una reunion organizada en la clandestinidad (Diez [1987] 2000: 44).

(25) No solo Daleo recurrio al fingimiento como estrategia de supervivencia. Las mujeres sobrevivientes de la ESMA que escriben Ese infierno ubican en la simulacion un aspecto central de su militancia y de su resistencia en la detencion clandestina: "El tipo de militancia que teniamos, a medida que avanzaba la represion, nos llevo a una practica de simulacion ante los demas que luego nos sirvio para resistir dentro de la ESMA", dice Munu Actis, y Liliana Gardella asiente: "Si, tal vez por eso pudimos desarrollar la estrategia de fingir para defendernos de los marinos" (Actis et al. 2001: 37). Vease tambien Calveiro ([1998] 2008: 113-137).

(26) Si bien La Voluntad se propone como "un intento de reconstruccion historica" y sus autores senalan en la noticia preliminar que "Todo lo que se relata aqui es, hasta donde sabemos, cierto" (Anguita y Caparros [1998] 2013: s/p), los vinculos del libro con la novela y con la non fiction son evidentes. El mismo Caparros lo caracterizo en una entrevista como una "ficcion politica" que reconoce antecedentes literarios en la obra de Walsh y Urondo (Perez 1998). Dentro de la critica, la forma novelada del relato se senala tanto en una lectura en clave historica como la de Vezzetti (2002: 220) como en los enfoques literarios de Nofal (2010) y Castro (2012).

(27) Toda narracion ficcional homodiegetica--sea o no una autoficcion--involucra un ejercicio de simulacion y sustitucion de identidad, segun coinciden en senalar las perspectivas sintacticas y pragmaticas de la ficcion (Genette 1993; Hamburger [1957] 1995, Schaeffer 2002). Ello se debe a que el narrador del relato ficticio en primera persona tiene una identidad propia--es un personaje--, a diferencia de lo que ocurre en la narrativa ficcional heterodiegetica, donde el narrador es una voz que no se asocia a una identidad determinada.

Recepcion: 18/01/2017

Aceptacion: 31/08/2017

https://doi.org/10.18800/lexis.201802.004
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Author:Garcia, Victoria
Publication:Lexis
Date:Jul 1, 2018
Words:12859
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