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TRAYECTORIAS DEL RELATIVISMO MODERNO Y SU ONTOLOGIA POLITICA: ENTRE LA POSVERDAD Y LA HIPERVERDAD.

TRAJECTORIES OF MODERN RELATIVISM AND ITS POLITICAL ONTOLOGY: IN BETWEEN POST-TRUTH AND HYPER-TRUTH

En este articulo Busco problematizar algunas de las premisas que sostienen un cierto diagnostico sobre la relacion entre politica y verdad, o politica y mentira, en nuestro tiempo. Un diagnostico que tiende a resonar en el vocablo de la "posverdad" y en una serie de valoraciones y comprensiones epistemicas y politicas que se le asocian, las mas de las veces, de manera tacita y no sin cierto automatismo. Para ello, i) en primer lugar, cuestiono la idea de que la indocilidad del discurso frente a ciertas figuras clasicas de la verdad en su circulacion en la vida social sea una novedad historica, como se pretende asumir en este difuso diagnostico. ii) En segundo lugar, problematizo la idea de que vivamos en sociedades en las que estas figuras clasicas de la "verdad" se hayan retirado de la esfera de la politica, argumentando que esto es muy desacertado si atendemos no solo a las dinamicas de la politica electoral, sino tambien al funcionamiento del campo de la tecnica gubernamental, campo tambien decisivo en la agencia y los conflictos politicos de nuestras sociedades. En este campo, las practicas tecno-gubernamentales que tienden a comprenderse a si mismas como apoliticas estan mas bien caracterizadas por una practica especifica, casi que incuestionada en su auto-evidencia, de produccion tecnocientifica de verdad sobre lo social, sobre las poblaciones, sobre el crecimiento o el decrecimiento economico, sobre las politicas publicas en todos los campos de la vida social, sus variables, sus medios y sus fines. Los enfoques mas generalizados y mediaticos del debate sobre la posverdad deben repensarse a la luz de la hegemonia global de la racionalidad cientifista propia de la ciencia economica en la practica gubernamental de los Estados contemporaneos, cuyos efectos performativos son notables en la practica del gobierno estatal desde hace ya varias decadas, tanto en Europa y Estados Unidos (Foucault, 2007b), como en America Latina (Escobar, 1995; Aparicio, Jaramillo & Manrique, 2017). El interrogante epistemologico y politico de nuestra era no es tanto como ha llegado a reinar la mentira rampante en el campo de la politica electoral, sino mas bien como han llegado en nuestras sociedades a concurrir, a complementarse, a operar de manera coordinada, aunque seguro con sus tensiones y desfases, la practica de la hiperverdad en el campo de la tecnociencia gubernamental (tecnica eminentemente politica a pesar de las pretensiones a contrario de sus agentes), y el desprecio por la verdad en el campo de la realpolitik de la politica electoral. ?Que estructuras y dispositivos institucionales, epistemologicos y sociales permiten el funcionamiento de dicha concurrencia? Para responder a estas preguntas tomaremos la pista de una reflexion de uno de los mas emblematicos representantes de la elite tecnocratica en la historia de Colombia, Miguel Urrutia. iii) Finalmente, y dandole continuidad a la exploracion de estas preguntas, sugiero que el "relativismo" voluntarista como modo de comprension de la politica, lejos de derivarse de una presunta condicion o mentalidad "posmoderna", como se tiende a sugerir en ciertas discusiones academicas, es un rasgo constitutivo de la concepcion distintivamente moderna, liberal y republicana de la politica en la figura del contrato social. Esto nos llevara a reivindicar frente a estas criticas las mas de las veces generalizadoras, poco rigurosas e imprecisas, la potencia del posestructuralismo como pensamiento historico, critico y filosofico frente a algunos de los retos cruciales que enfrentan las aspiraciones democraticas e igualitarias en la contemporaneidad. Reactivar esta potencia exige hoy una reflexion filosofica alternativa sobre el problema de los intercambios entre verdad y politica.

1. El diagnostico de la "posverdad" y la antiquisima angustia de la filosofia y de la soberania

LOS USOS DIFUSOS DEL VOCABLO POSVERDAD connotan el uso del discurso como arma de combate, de un discurso huerfano y errante que parece haber sido doblemente escindido de la verdad, o al menos de aquellas concepciones de la verdad dominantes en la historia de la filosofia y de la ciencia en Occidente : primero, pues su orfandad consistiria en que no haya una intencion o una voluntad sincera y bien intencionada que lo respalde y controle ; segundo, en tanto que su errancia consistiria en que su rumbo y sus efectos ya no parecen estar anclados en el fundamento de un mundo objetivo que opere como su referente y su medida (Derrida, 1975, Ranciere, 2006) (1). Discurso sin norma y sin ciencia que hace estragos en la sociedad cuando cae en manos de los poderosos sin escrupulos. Algunos analistas caracterizan de este modo, con alarma, al discurso politico en la era de la "posverdad", y describen asi ese fenomeno masivo de la circulacion de informacion falsa o de valoraciones sin sustento que inciden de manera preocupante en el escenario ambiguo de la "opinion publica", especialmente en la coyuntura de procesos electorales decisivos (brexit, Trump, el No en el plebiscito sobre el acuerdo de paz en Colombia, etc.). Pero frente a esta caracterizacion de lo que significa el vocablo posverdad como presunto "signo de nuestros tiempos", esa angustia hacia una peligrosidad devastadora del discurso en su circulacion proliferante en el campo social, debemos atender a que no hay alli, en realidad, ninguna novedad historica: esa angustia es consustancial a la historia de la filosofia politica en Occidente, y a cierta experiencia y comprension de lo politico en las practicas sociales condicionada por, y determinante de, esa historia. Esa orfandad y errancia del discurso es lo que Platon lamenta de la "escritura" en el Fedro, y es tambien lo que lo lleva a condenar los efectos de la mimesis poetica en la polis (2). Es lo que lleva a Hobbes a la necesidad de construir una nueva ciencia de la politica, pues la vertiginosa polisemia de conceptos normativos como ley, justicia o soberania era para el causa indisociable de la guerra civil que desangraba su patria hacia mediados del siglo XVII (Hobbes, 2005) (3). La portentosa empresa kantiana de salvar de la duda esceptica a los juicios sinteticos a priori de la fisica newtoniana y cimentar su pretendida objetividad y validez tiene que ver sin duda con el principio de orden que sustenta su doctrina de la unidad de la razon, a pesar de su division entre un uso teorico y un uso practico: si la razon no puede fundamentar un orden de la naturaleza en su uso teorico, tampoco podra ser el fundamento de un orden de las costumbres en la vida social.

Este inquietante peligro de un discurso proliferante y sin control es tan antiguo, pues, como la filosofia misma en la historia de Occidente; esa angustia es el Doppleganger (el doble fantasmagorico) sin el cual la filosofia, la mas antigua de nuestras disciplinas academicas, nunca hubiese definido su identidad ni su lugar en la historia de nuestra cultura. No hay pues, nada novedoso en "la era de la posverdad", definida asi en lineas generales; ninguna ruptura epistemologica, ningun nuevo malestar de la cultura, ninguna nueva "era", ningun apocaliptico fin de los tiempos o doloroso nuevo comienzo.

Quienes sostienen a contrario, sin reparar en el antiquismo linaje de esta angustia, que con la emergencia de la posverdad ocurrio una fractura sin precedentes en el tejido social, cultural, etico y politico de las sociedades contemporaneas, le atribuyen a ciertas corrientes teoricas, que asocian a lo que llaman de manera un tanto imprecisa el posmodernismo, haber contribuido a causar este inedito malestar cultural de nuestros dias (Oborne, 2005). Esa extrana postulacion de una conexion entre unos filosofos parisinos que pasaron la mayor parte de sus vidas sentados en sus escritorios en algun modesto rincon de sus bibliotecas, frente a una vieja maquina de escribir, y un fenomeno social y cultural de relevancia historico-mundial, suscita algunas perplejidades. ?Que puede ser aquello que media, segun este tipo de analisis o diagnostico, entre un punado de filosofos y un fenomeno como el de la asi llamada posverdad?

2. La posverdad en la politica electoral y la hiperverdad en la tecnica gubernamental

ENTRE LA BIBLIOTECA DEL FILOSOFO PARISINO y el bullicio de este cuasi apocaliptico caos historico-mundial, media, segun el diagnostico que aca problematizamos, el "relativismo" como sintoma cultural de nuestra epoca. Este fenomeno habria sido propiciado en buena parte -asi discurre este tipo de argumento-por la puesta en cuestion de la existencia de una realidad objetiva incontestable para cuyo conocimiento las ciencias empiricas (naturales o sociales) habrian desarrollado metodos confiables y verificables. El enfasis que ponen estos analisis sociologicos o historico-criticos en el devenir historico de la verdad, y en la misma realidad objetiva de la experiencia social como historica y culturalmente construida, habria llevado a socavar la confianza en la objetividad de los hechos empiricos, "hard facts", y en la capacidad de la ciencia de regular los debates politicos con la produccion de un conocimiento certero y riguroso. Este relativismo como atmosfera cultural seria entonces el caldo de cultivo de politicos corruptos e inescrupolosos que mienten a diestra y siniestra, y manipulan la conciencia de la gente enganandola sin sonrojarse. Este tipo de analisis, podemos darnos cuenta, es extremadamente "objetivista" y "positivista" en lo epistemologico, como es voluntarista e individualista en lo etico-politico. Asume que en el campo del conocimiento estamos regidos por un solo referente y nos orienta una racionalidad dura, pero que el campo de lo politico es blando, pues la voluntad y la intencion de los sujetos flota libre y hace en principio lo que quiere. Se ponen en juego aca una ontologia y una epistemologia dualistas y metafisicas, que en la concepcion de Nietzsche (2008) significan la adhesion a esquemas de comprension y valoracion del mundo y del ser humano constituidos por oposiciones jerarquicas que desdoblan la experiencia de la vida en dos mundos, de los cuales el "superior" irradia una fuerza normativa sobre el "inferior" (p. 23) (4). Es sobre el trasfondo de este esquema que se traza la oposicion jerarquizada entre el campo del conocimiento, por un lado, y el de la accion etica y politica, por otro, y se puede luego sostener que la inmoralidad rampante en este ultimo, el campo de la praxis politica, se debe a la inestabilidad o debilitamiento de la capacidad de incidencia del primero, el campo del conocimiento cientifico del mundo. La indocilidad y violencia de las pasiones se debe a que han dejado de ser gobernadas y disciplinadas por la autoridad de una razon que se abroga el privilegio epistemico exclusivo de la comprension del mundo tal cual es, y de los hechos tales como realmente son. Se presume que la ciencia, siendo una y estable como el mundo que describe, deberia regir sobre la politica, multiple y variable como las diferencias, los puntos de vista y los intereses que alli se ponen en juego. Es este un esquema tambien viejisimo para responder a la angustia producida por la proliferacion de la diferencia y el conflicto en el campo de lo social y de lo politico. Un esquema que, con importantes transformaciones, no cabe duda, hemos heredado de Platon, pasando por Hobbes y la tradicion entera del contractualismo moderno, y que en ultimas es operativo, hoy por hoy, en el modo predominantemente tecnocratico como se gobiernan los Estados neoliberales contemporaneos (5). Es el esquema de una concepcion epistocratica de la relacion entre verdad y politica; es la idea de que es el conocimiento experto y verdadero del mundo, de un mundo unico y en lo fundamental ordenado y estable, accesible a este conocimiento, lo que debe regir y disciplinar el desorden de la politica. ?Es este esquema el que esta realmente en crisis hoy, en la asi llamada era de la posverdad o, por el contrario, continua siendo el modus operandi de la gubernamentalidad estatal, en su articulacion con la politica representativa?

Una de las falencias de esta concepcion "voluntarista" de la politica como un campo blando, en el que la voluntad estrategica de sujetos con intereses especificos termina imponiendose cuando se cuenta con las mejores armas y se las usa con la mayor eficiencia, es que no atiende a la diferencia de niveles entre la politica electoral y la tecnica gubernamental, como un rasgo constitutivo del espacio de lo politico tal y como tiende de manera predominante a estructurarse en las democracias constitucionales contemporaneas. Por un lado, se juega, en la logica de la mas cruda realpolitik, la disputa por los escenarios de representacion politica en el Estado; a eso lo llamo el ambito de la politica electoral. Por otro lado, se juega la consolidacion de saberes y procedimientos tecnicos expertos que tienen la autoridad para decir la verdad sobre como gobernar; como se disena una politica publica y que tipo de racionalidad la sustenta para que pueda considerarse idonea; con que evidencia cuenta, como se obtiene, como se valida y como sirve de base para tomar decisiones sobre educacion, salud, empleo, crecimiento economico, etc. Es este el ambito de lo que, siguiendo a Foucault (2006), llamariamos la tecnica gubernamental. Si bien la "verdad" parece no ser un criterio operativo y eficiente en la movilidad y el funcionamiento del discurso que tiene lugar en la cruda realpolitik, que impera en el ambito de la politica electoral en las democracias liberales modernas, la "verdad" obtenida por el saber tecnico especializado no ha dejado de ser el criterio eficiente mas decisivo en la tecnica gubernamental. La tecnica gubernamental que rige las decisiones de politica publica y de manejo macroeconomico de los Estados demoliberales modernos, se caracteriza por una agencia (a)politica de la hiperverdad: epistocratica, o tecnocratica, de un extremo al otro. Una agencia politica que solo actua, o que pretende solo actuar, a partir de un conocimiento tecnico especializado que hoy por hoy produce en su mayor parte la economia como ultra-ciencia social. Se trata de una agencia politica tecnocratica que en ultimas se concibe a si misma como apolitica, si asumimos que una de las condiciones de un actuar politico es, como lo sugiriera Max Weber (1972), el de una "decision" sin ninguna garantia cognitiva definitiva. Por el contrario, la tecnocracia como agencia politica al nivel de la tecnica gubernamental se presume como radicalmente antivoluntarista. El o la tecnocrata no decide, sino que (y la expresion es diciente) "toma una medida". Me atreveria a decir que ni en la Norteamerica de Trump, ni en la Inglaterra del brexit, ni en la Colombia del posacuerdo, se ha desajustado significativamente esta apolitica de la hiperverdad en la esfera de la tecnica gubernamental. La pregunta es, entonces, ?como pueden convivir, actuar en conjunto y de manera mas o menos coordinada, una agencia politica voluntarista e indiferente hacia la "verdad" en el ambito de la politica electoral, y la agencia apolitica de la tecnocracia en la que se pone en juego una forma de gobierno de la hiperverdad radicalmente antivoluntarista?

Propongo aproximarnos aca brevemente a esta pregunta a partir de un interesante articulo titulado "On the Absence of Economic Populism", publicado hace ya casi tres decadas por Miguel Urrutia (1991), uno de los representantes mas destacados de la tecnocracia antipopulista que ha gobernado en Colombia de manera sostenida, a pesar de los relevos generacionales, desde los anos setenta. En este articulo, Urrutia intenta explicar por que en Colombia, de manera excepcional en el contexto de America Latina, no ha existido lo que el llama "populismo economico" y que define como "intentos de redistribucion de la riqueza y del poder a traves de un manejo (indebido) de herramientas macroeconomicas" (p. 376), como alzas de salario, control de precios o control monetario. El argumento de Urrutia es detallado y no podemos reconstruirlo aqui. Uno de sus ejes principales, sin embargo, consiste en mostrar como el ambito de la politica electoral en Colombia se ha mantenido bajo el dominio del clientelismo y, de esa manera, ha logrado permanecer exento de, e inmune a, las tenazas del "populismo" que, por el contrario, habrian cooptado por momentos los Estados en otros paises latinoamericanos -Urrutia cita como ejemplo a la Argentina de Peron, entre otros-. Este eje del argumento es llamativo por el realismo politico que lo anima: a pesar de una vision claramente modernizante de lo que es una sociedad bien estructurada, Urrutia no apela a la virtud civica republicana o a la perspectiva normativa del liberalismo politico para evaluar o diagnosticar las dinamicas de la politica electoral en Colombia. Reconoce que ellas han estado dominadas por los intereses parciales y particularistas de las elites clientelistas en las regiones y el consecuente intercambio de votos por favores politicos. Aun asi, destaca que el clientelismo, imperante en la politica electoral, y la tecnocracia al nivel de la tecnica gubernamental han podido coordinarse satisfactoriamente a partir de una adecuada distribucion del trabajo. El clientelismo media entre el Estado y el votante, concilia intereses y mantiene equilibrios, labor especialmente importante para mantener cierta estabilidad social en las indociles periferias rurales; pero no interviene al nivel de la tecnica gubernamental, es decir, al nivel de la politica macroeconomica. La tecnocracia, por su parte, mantiene la estabilidad macroeconomica en la aplicacion de un saber tecnico experto y altamente cualificado; pero, a cambio, se mantiene al margen de las disputas ideologicas sectarias propias de la esfera de la politica electoral. En sus propias palabras, Urrutia (1991) afirma:
   Una caracteristica del sistema colombiano es que, dado el peligro
   de concentrar todo el potencial clientelista del Ministerio de
   Hacienda en las manos de un politico [sectario] o de una faccion
   politica, se ha dado desde la Guerra la practica de nombrar a un
   industrial o a un tecnocrata como ministro de hacienda.
   Adicionalmente, innovaciones institucionales tales como la creacion
   de la junta del Banco de la Repuplica para manejar la politica
   monetaria, o los contratos con la Federacion Cafetera, le han dado
   al ministro de hacienda un poder casi total en las areas de
   politica monetaria, fiscal y commercial. Estas ireas han sido pues
   aisladas de la politica del dia a dia para ser puestas en manos de
   los tecnocratas. Desde comienzos de los anos setentas muchos de los
   ministros de hacienda han tenido titulos de posgrado en economia, y
   el resto han trabajado en algun momento como consultores economicos
   (p. 384; traduccion propia) (6).


Urrutia no solo acepta en un registro meramente descriptivo esta division del trabajo, sino que la defiende normativamente como un arreglo conveniente que, dadas ciertas condiciones historicas, sociales y culturales, ha mostrado ser beneficioso para el bien comun de la sociedad colombiana en su conjunto. El clientelismo concilia intereses y mantiene equilibrios en el campo de la politica, campo blando de conflictos y diferencias, y la tecnocracia gobierna en el campo de la economia politica, que es el campo duro de la realidad objetiva, de la ciencia y de la verdad. Esta alianza entre tecnocracia y realpolitik, sostiene Urrutia con orgullo en este articulo, es lo que ha hecho de Colombia un ejemplo en la region de estabilidad y racionalidad en los indicadores macroeconomicos.

El argumento esta ciertamente muy circunscrito al caso colombiano y, sin embargo, introduce una inquietud interesante que puede problematizar y desplazar las coordenadas en las que se plantea hoy el debate entre politica y verdad, o politica y mentira: esto es, exclusivamente desde la perspectiva de la agencia voluntarista de lideres especificos en el campo de la politica electoral, desatendiendo lo que acontece en el campo de la tecnica gubernamental. El auge de la politica de la posverdad en el primer campo puede muy bien ir alineado con el auge de la apolitica de la hiperverdad en el segundo.

3. El relativismo moderno y el tratamiento politico de la diferencia

PERO ASI COMO LA PARTICION entre verdad y mentira no es algo que se juega solamente, y quizas no primordialmente, en el campo de la politica electoral, sino tambien en el campo de la tecnica gubernamental, habria que decir que el deficit de una contencion "normativa" en cualquiera de estos dos campos una contencion capaz de modular las practicas y las conductas de los sujetos a partir de criterios consensuales de justicia, igualdad, respeto, pluralidad, etc.- no proviene de lo que los analistas de la era de la posverdad llaman el relativismo posmoderno. Lejos de ello, ese deficit de contencion normativa proviene de un relativismo etico-politico en ultimas consustancial a la concepcion moderna y euro-occidental de la politica, y su modo de asentarse en una oposicion ontologica tajante y excluyente entre naturaleza y libertad, entre lo objetivo y lo subjetivo. Hay un solo mundo y muchas voluntades; el lugar de la produccion de la verdad sobre la realidad objetiva es univoco, homogeneo, porque la ciencia moderna y su objetivacion de lo "real" reclaman una neutralidad e imparcialidad que las distancian presuntamente de la parcialidad politica, mientras que esta ultima, la politica, queda arrojada a la diferencia y la heterogeneidad -de intereses, de interpretaciones, de deseos, de cosmovisiones-; una heterogeneidad caotica y conflictiva que es inconmensurable con la "verdad", y cuyo criterio de orientacion no puede ser ni epistemologico ni ontologico, sino meramente estrategico. Este relativismo voluntarista que seria una especie de punto cero de la politica (el estado de naturaleza en las teorias contractualistas del Estado), y el predominio de una racionalidad meramente estrategica alli, no es incompatible con un nucleo normativo que seria el conjunto de ideas reguladoras que dictaminan el deber ser de las instituciones y de los ciudadanos. La realpolitik del interes estrategico, y las normas comunes del deber ser del ciudadano contractualmente legitimadas, se erigen sobre un mismo suelo de asunciones ontologicas y epistemologicas, sobre una misma onto-epistemologia social desplegada en esta oposicion metafisica entre naturaleza y libertad, entre lo objetivo y lo subjetivo, entre la razon cognitiva y el interes volitivo. Este relativismo normativo, que es una premisa de la concepcion totalmente voluntarista de la agencia politica en el campo de la politica electoral, es un efecto de lo que Bruno Latour (1993) ha llamado la "constitucion moderna": la constitucion de un mundo en el que "la representacion de las cosas a traves de la intermediacion del laboratorio ha sido para siempre disociada de la representacion de los ciudadanos a traves del contrato social" (p. 342). Un mundo en el que la objetivacion cientifica de una sola realidad posible se asume como deslindada a nivel ontologico y a nivel epistemologico del conflicto entre voluntades, intereses, deseos. Deslinde del que surgen en todo caso formas coordinadas de constitucion de la realidad social en su conjunto. Entre una ciencia presuntamente apolitica, y esta politica acientifica, es decir, supuestamente desligada de criterios objetivos de racionalidad y veracidad, para tomar prestada la expresion de Leo Strauss (1998) en su critica a la oposicion metodologica weberiana entre "hechos" y "juicios de valor", se postulan formas de coordinacion que presuponen esa division funcional, y la dicotomia ontologica en la que reposa.

Este relativismo moderno se expresa en un modo muy especifico de concebir la cohesion social en la diferencia, y es la idea, como sugiere Latour, del contrato social, una idea que siempre se ha debatido en la historia de la filosofia politica moderna, entre la negociacion de intereses particulares y la norma comun. Al comienzo del Contrato social de Rousseau (2006) esta imbricacion recibe una formulacion muy precisa: "tratare de mantener en armonia constante, en este estudio, lo que el derecho permite con lo que el interes prescribe, a fin de que la justicia y la utilidad no resulten divorciadas" (p. 5). Como ya lo insinuabamos en el parrafo anterior, esta imbricacion nos debe llevar a cuestionar la oposicion dicotomica y simplista que tiende a establecerse entre, por un lado, la realpolitik de la negociacion de intereses particularistas y la estructura normativa que sirve de ideal regulador en las democracias liberales modernas y que despliega el horizonte de las virtudes civicas republicanas. Esta oposicion tan tajante pasa por alto como la idea misma del "contrato social" implica siempre complejos enmaranamientos entre esas dos racionalidades: la racionalidad estrategica de la negociacion de intereses y la racionalidad normativa del conjunto de valores, principios o normas que serian condicion de posibilidad de las leyes comunes.

Asi, el antifundacionalismo ontologico en el campo de la politica, el modo como este campo queda sustraido del ser y de la verdad -sustraido de una realidad factica objetivada que opera como referente del discurso verdadero de la ciencia--, no conduce, como sostienen los analistas de la posverdad, a un simple relativismo normativo del "todo vale" de la realpolitik. Mas bien, hay que atender a como en la historia del pensamiento moderno ese antifundacionalismo ha estado siempre emparentado con la idea del contrato social como norma de normas. El contrato social como estructura normativa es, pues, relativista, no en el sentido nihilista del "todo vale", que avala las estrategias mas inescrupulosas en las que el fin justifica los medios, sino en el sentido justamente de que postula una norma que sirva de criterio para juzgar las practicas, instituciones y relaciones sociales y que, sin embargo, carece de fundamento ontologico. Es una norma siempre relativa, pues, a la negociacion de intereses entre una agregacion de individuos. Es una norma sin fundamento otro que el consenso que esta misma negociacion de intereses produce, consenso que se estima util como mecanismo de contencion; de contencion del conflicto, de la diferencia, de la violencia sectaria, de la dominacion, o de ese discurso huerfano y errante que parece tener el potencial de fracturar de manera incesante la estabilidad y la homogeneidad del orden social. Este relativismo normativo que estructura la concepcion moderna de la politica, y su modo especifico de tratar esa diferencia que la atraviesa y la constituye, es pues uno que comparte con la descarnada dinamica de la realpolitik una misma teleologia y una misma ontologia: el telos del consenso como negociacion de intereses; y la ontologia de lo social como agregacion voluntarista de puntos de vista particulares. Es por esta teleologia y esta ontologia que les sirven de suelo convergente, que resulta problematico oponer la realpolitik de la disputa descarnada de los intereses, por un lado, y el consenso normativo de las virtudes civicas, por el otro, como si este ultimo fuese capaz de contener los desmanes de la primera.

Si el contrato social, como norma por excelencia de lo politico en la modernidad, es necesariamente relativista en este sentido epistemologico y ontologico--que no coincide exactamente con el juicio moral contra el nihilismo, pero que es su condicion de posibilidad--, esto se debe a una concepcion intelectualista y subjetivista de la diferencia (sea esta cultural, religiosa, ideologica) por la que pasa el conflicto politico. Como si estos conflictos escenificaran creencias, interpretaciones o puntos de vista discordantes de la realidad; o voluntades e intenciones subjetivas de individuos o grupos en un campo de juego por lo demas homogeneo que seria justamente un horizonte de sentido consensual. Suponer que la diferencia y el conflicto politicos pasan por este encuentro y desencuentro de intenciones o creencias subjetivas es acoger la ontologia voluntarista de la politica en la que se sostiene la idea del contrato social. Quizas uno de los primeros pensadores modernos en poner esta ontologia de lo politico radicalmente en cuestion fue Marx, al afirmar la idea muy novedosa de que los conceptos, los deseos y los intereses no son subjetivos, sino que se encuentran de cierta manera actualizados, materializados, en la facticidad de la realidad social (Marx y Engels, 1848/2012) (7). No son menos reales que el mundo, sino que eso que llamamos "mundo" lo es en la medida en que se sostiene en un suelo semantico, en una estructura de significacion, que configura de cierto modo el horizonte de lo posible y lo comprensible. Ese suelo comun no es un consenso, como lo presupone el subjetivismo voluntarista intrinseco a la idea del contrato social, y no es tampoco esa realidad objetiva autoevidente en su presunta positividad, propia del cientificismo de la hiperverdad. Es la materialidad de la experiencia historica en la que estamos situados, que se configura en virtud de que los conceptos, los deseos y las interpretaciones tienen una vida social y no son meramente internos a los sujetos; estan mas bien dotados de una radical exterioridad que impregna y constituye el mundo que habitamos.

En ese sentido surge para Marx un problema epistemologico de enorme envergadura: ?como puede construirse una ciencia del devenir historico que este atenta a esta historicidad de los conceptos, las significaciones, pero que al mismo tiempo tenga la potencia critica para problematizar las comprensiones dominantes de lo dado y el conjunto de relaciones sociales en las que estas comprensiones estan implicadas (Marx, 1857/1980)? Al hacerse esta pregunta, Marx apela, por supuesto, a una exterioridad inobjetable de lo real: llamemoslo la historicidad, el devenir historico o la facticidad contingente de lo que acontece. Y le plantea al pensamiento la exigencia de como dar cuenta de esa realidad, de como comprenderla, de como intervenir en ella. Esta exigencia desestabiliza las oposiciones entre lo dado y lo construido, lo natural y lo social, lo externo y lo interno, el objeto y el sujeto, en suma, socava tanto las dicotomias ontologicas en las que esta configurada la comprension moderna de lo politico como las dicotomias en las que esta sustentada, asimismo, la ciencia moderna. Pero esta exigencia no conduce a un nihilismo, como aseveran los analistas de la posverdad, sino a una exigencia redoblada de pensar de otros modos la veracidad y la responsabilidad, el conocimiento y la politica, y sus relaciones. Es a esta exigencia que responden, en la estela de Marx, esos pensadores posestructuralistas que los denunciantes de la posverdad en nuestra era juzgan con tanta severidad. Hay aun indicios en nuestra contemporaneidad que muestran cuan vigente y relevante es esta tarea, sobre todo cuando se trata de proponer otros angulos de analisis de los conflictos politicos que pasan por la diferencia cultural o religiosa, por fuera justamente de las figuras dominantes hoy en nuestra episteme de lo politico, herencias directas del relativismo voluntarista del contrato social institucionalizadas en los modernos Estados demoliberales: el multiculturalismo o el secularismo. Se trata de analizar como estos esquemas normativos para el tratamiento de la diferencia y los confllictos culturales y religiosos, anclados en las premisas ontologicas y epistemicas del relativismo moderno del contrato social, producen tambien formas de violencia y de desigualdad. Y se trata tambien de entender como el posestructuralismo nos sigue dando herramientas valiosas para este tipo de analisis critico. Este es, pues, un ejercicio que es acuciante emprender, y que las descalificaciones del supuesto relativismo posmoderno impiden, operando como una cortina de humo.

***

PARA EXPLORAR ESTA POTENCIALIDAD de la perspectiva critica posestructuralista, hay que atender a como en el mundo contemporaneo la desigualdad y la marginalidad tienden a acentuarse no solamente a nivel economico--en la distribucion desequilibrada de la riqueza--y no solamente a nivel juridico-institucional--en el deficit inmenso en la garantia de derechos fundamentales para amplios sectores sociales--, sino tambien en un nivel distinto, que podriamos llamar onto-epistemico, siguiendo a Marisol de la Cadena (2012). Se trata de una violencia epistemica que deshabilita la capacidad de hacer mundo y de hacer historia de ciertos saberes y formas de comprension de lo real, asociadas a modos de ser en el mundo. Es la pervivencia incisiva del colonialismo en un mundo poscolonial, en el que las instancias del derecho internacional y el caracter multiculturalista de los Estados demoliberales se han presuntamente erigido como garantias para evitar la imposicion de unas culturas sobre otras, que caracterizo la experiencia traumatica del colonialismo imperial.

?Como pervive el colonialismo aun en sociedades en las que el derecho nacional e internacional aseguran hasta cierto punto que dicha imposicion no se de por la fuerza de las armas, la represion policial o la ocupacion militar? Se trata de esa forma de violencia incisiva que llamamos epistemica, y que puede perfectamente operar y ser efectiva en el marco juridico-institucional del derecho internacional y del multiculturalismo, porque implica sobre todo la estabilizacion de unos regimenes de sentido hegemonicos, de unas maneras de comprender el mundo, la sociedad y el ser humano, y de formas de vida asociadas a estas.

No se trata de plantear aca una simple progresion cronologica entre formas de violencia y de ejercicio del poder represivas y productivas, esto es, entre aquellas que silencian saberes y formas de vida, dando la muerte o a partir de la intimidacion que la potestad de dar la muerte supone, y otras que favorecen la emergencia de discursos, saberes, formas de desear, practicas de libertad. Sabemos bien que la distincion entre poder soberano y biopoder en Foucault (2007a), por ejemplo, nunca responde a este esquema simplista de progresion cronologica y que siempre en ese poder represivo, caracterizado por la capacidad de dar la muerte, hay algo tambien productivo (se incitan conductas, actitudes, relaciones), asi como en ese poder biopolitico de "hacer vivir" se conserva una pulsion tanato-politica de dar muerte o dejar morir.

Pensadores poscoloniales como Mbembe (2011) han argumentado de manera muy persuasiva, en un dialogo critico con Foucault, como en la experiencia historica de los paises colonizados del sur global el poder de dar muerte se ha articulado con el poder que administra la vida, que estructura, que ordena, que organiza, que gobierna, promoviendo e incentivando ciertos usos de la libertad; imbricacion que puede responder, en esas historias no europeas, a otras dinamicas que Foucault no supo entrever. En cualquier caso, aun si rechazamos ese tipo de periodizaciones simplistas, la pervivencia del colonialismo en la violencia epistemica actual, que es perfectamente compatible con la estructura juridica de los Estados de derecho demoliberales, si senala formas de violencia incisivas que pueden facilmente pasar desapercibidas e incluso ser tacitamente aceptadas, pues no transgreden los marcos juridicos y tienden a ser funcionales a las exigencias de desarrollo economico y a la conformacion del tipo de individuos y de relaciones que estas suponen. Su invisibilidad y su funcionalidad han hecho de la violencia epistemica, como forma de violencia especifica, un eje de analisis central en la teoria critica de la sociedad contemporanea.

Es preciso decir que, aunque articulada con la explotacion economica, la concentracion de la riqueza y la represion militar, paramilitar o policial, la violencia epistemica es, no obstante, irreductible a estos fenomenos y requiere ser entonces comprendida y politicamente elaborada en su especificidad. Ello es mas relevante aun si entendemos que esta violencia esta siempre coimplicada en las otras formas de violencia (economica, armada, juridica) que reproducen y acentuan la desigualdad social, y que estas ultimas no podrian operar sin su concurso. En este sentido, la teoria critica posestructuralista aporta, justamente, herramientas para poder pensar en escenarios concretos este tipo de violencia especifica que aca llamamos epistemica--su funcionamiento incisivo en las condiciones actuales del capitalismo tardio, las formas de colonialismo aun vigentes y sus efectos a la hora de reproducir o incluso acentuar relaciones de desigualdad--; y para poder pensar de manera critica la exposicion de formas de vida vulnerables frente a esta violencia las mas de las veces silenciosa, y por ende facilmente desapercibida.

Este nivel de analisis, no obstante, queda clausurado por dos estilos de "critica del presente" en la actualidad. Por un lado, queda clausurado por el diagnostico centrado en la posverdad que venimos problematizando a lo largo de este ensayo, uno que en contra del "relativismo" y de la indisciplina caotica de un discurso que circula huerfano y errante, sin razon y sin referente, causando estragos en el campo de la politica electoral, parece reivindicar de manera explicita o implicita una concepcion tradicional y metafisica de la verdad, la cientificidad, la razon, la relacion entre lenguaje y mundo, etc. Concepcion que ha sido, y que sigue siendo quizas aun hoy en el modus operandi tendencial de la tecnocracia neoliberal, la principal forma de agenciar la violencia epistemica en la historia de la experiencia colonial y poscolonial, que es la historia del mundo. Este tipo de critica del presente, muy difundida en los medios de comunicacion y la opinion publica, tiene en ultimas un efecto conservador del statu quo, pues enarbola el legado progresista de la Ilustracion en la identificacion de Ciencia--Razon--Igualdad--Libertad. "!Estamos en la era de la posverdad! !Se ha retirado la razon de la politica! !Se ha retirado la ciencia de la politica!". Se avala asi la violencia epistemica que la tecnocracia sigue desplegando en nombre de saberes tecnocientificos y racionalidades hegemonicas, cuya autoridad para gobernar y legislar no ha sido puesta nunca en cuestion; prueba de lo cual es que ni los cuadros burocraticos ni el modus operandi de la tecnocracia economicista se alteran mucho entre un Obama y un Trump, o entre la Inglaterra pre- y la Inglaterra pos-brexit.

Pero el problema epistemologico-politico, implicado en el modo como la violencia epistemica continua hoy reproduciendo otras formas de violencia y de desigualdad en la estructura social, queda clausurado tambien por otra forma de critica del presente que esta hoy a la "vanguardia" en el ambito del trabajo teorico y academico. Una forma de critica que de manera llamativa coincide en algo con el anterior diagnostico de la posverdad, en tanto que se abroga tambien el papel de juez en contra del relativismo posmoderno, esta vez enfatizando los peligros de su correlato politico, que seria la lucha particularista o identitaria por la diferencia de genero, cultural o religiosa (Zizek, 2007; Castro-Gomez, 2015). Este tipo de argumentacion desconoce como esta politica identitaria se ha estructurado en el marco de los Estados de derecho democraticos liberales y su forma peculiar de asumir un modo de tratamiento politico de la diferencia (subjetiva, interna, identitaria). Pero esto no tiene nada que ver con el posestructuralismo; todo lo contrario, el problema de la violencia epistemica tal y como se plantea alli nos muestra las deficiencias de esta forma de asumir la diferencia como problema politico, y nos ayuda a desinternalizarla, a desubjetivarla y desligarla de la nocion de identidad de un individuo o grupo y la ontologia social que esta nocion presupone. Ontologia que, como tambien he mostrado, se deriva de la comprension metafisica y dicotomica de lo politico que hemos heredado de la modernidad y de la Ilustracion. Pero ademas, este tipo de argumentacion corre el riesgo de volver a pensar el Estado y la subjetivacion politica en las coordenadas de sentido ya dadas y estabilizadas por los modos dominantes de comprension de lo politico, a saber, aquellos que se condensan en la herencia moderno-ilustrada del liberalismo politico. Sin desplazarlos, sin torsionarlos, acogiendolos sumisamente e impidiendo que se despliegue entonces esa labor critica de la teoria que implica objetar y resistir un statu quo semantico y epistemico, dado ya como hegemonico en el orden social. No un sentido comun hegemonico relacionado con los temas politicos que se debaten en las escenas de antagonismo y de conflicto coyunturales, pues esta perspectiva entiende bien que un movimiento contrahegemonico implica una disputa por ese sentido comun en torno a los temas y pro blemas intrapoliticos (la salud, la educacion, el Estado, el desarrollo). Pero hay otro sentido comun ya no intrapolitico, sino metapolitico, que concierne a como se concibe lo politico en cuanto tal como campo de construccion conflictiva de lo comun, y las asunciones epistemologicas y ontologicas que alli se ponen en juego. En este nivel, esta critica "vanguardista" contra "el relativismo", permanece anclada a lo que Latour (2007) caracteriza como "la constitucion moderna": una onto-epistemologia de lo politico que hoy por hoy puede ser justamente un obstaculo para entender las dinamicas de la violencia epistemica y su reproduccion de la desigualdad en nuestra contemporaneidad, en la medida en que afianza y refuerza una de las principales formas de su agenciamiento, en la dicotomia entre naturaleza y politica, entre lo objetivo y lo subjetivo, entre lo empirico y lo normativo.

doi:10.11l44/Javeriana.uph36-72.trmo

Referencias

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CARLOS A. MANRIQUE *

* Universidad de los Andes, Bogota, Colombia.

Correo electronico: ca.manrique966@uniandes.edu.co

(1) Es bien conocido el lugar central que le otorga Derrida (1975) a la desestima que puede encontrarse hacia ciertas formas de escritura en los Dialogos de Platon y hacia la figura del padre como instancia de autoridad, de fundamento, de soberania, lo mismo que a la correlativa figura de la orfandad como condicion desamparada pero amenazante de dicha instancia: "se sabe como insiste Socrates en la miseria, lastimosa o arrogante, del logos entregado a la escritura [...]. Esta miseria es ambigua: apuro del huerfano, ciertamente, que tiene necesidad no solo de que se le asista con una presencia, sino de que se le asista y se vaya en su ayuda; pero compadeciendo al huerfano, se le acusa tambien, y a la escritura, de pretender alejar al padre, de emanciparse con complacencia y suficiencia. Desde la posicion de quien tiene el cetro, el deseo de la escritura es indicado, designado, denunciado como el deseo del huerfano y de la subversion parricida. ?No es esefarmacon criminal, no es un regalo envenenado?" (pp. 113-114). Asimismo, aludiendo a ese rechazo de la escritura en el Fedro y otros dialogos platonicos, Ranciere (2006) ve alli como la ley se instituye produciendo una multiplicidad inadmisible que estaria pensada, segun su interpretacion, como una multiplicidad desbordada que amenaza el orden social dado y sus jerarquias, ya no con la figura de la orfandad, sino del inmigrante, del extranjero, como otro inadmisible: "la ley excluye lo que debe ser excluido, pero lo hace no tanto discriminando propiedades, sino elaborando una categoria especifica de lo multiple como categoria del Otro que no puede ser acogido" (p. 47). En esta clave, entonces, se deberia abordar con mas cautela la indignacion frente a ese discurso supuestamente errante y sin control que causa estragos en la era de la "posverdad", pues esta va las mas de las veces aparejada de un juicio moral civilizatorio y pedagogizante hacia la que, desde esa perspectiva, aparece como una multitud anonima, ignorante, amorfa y moralmente deficitaria, que se dejaria afectar o manipular por este discurso perverso.

(2) Platon describe en el Fedro esa amenzante orfandad y errancia del lenguaje que tiene lugar en cierto tipo de escritura, en estos terminos: "[...] con que una vez algo haya sido puesto por escrito, las palabras ruedan por doquier, igual entre los entendidos que como entre aquellos a los que no les importa en absoluto, sin saber distinguir a quienes conviene hablar y a quienes no. Y si son maltratadas o vituperadas injustamente, necesitan siempre la ayuda del padre, ya que ellas solas no son capaces de defenderse ni de ayudarse a si mismas" (276a).

(3) Esto es muy claro en el prefacio a El ciudadano, en el que Hobbes

(2005) le atribuye a la falta de un conocimiento cientifico certero sobre los conceptos normativos, la ambicion y la avaricia que conducen a la guerra: "y si los filosofos morales hubieran desempenado su oficio con parecido exito [al de los geometras y los fisicos], no veo como el esfuerzo del hombre habria podido contribuir mejor a su felicidad en esta vida. Pues si se conociera la razon de las acciones humanas con el mismo grado de certeza con el que se conocen las razones de las dimensiones de las figuras, la ambicion y la avaricia, cuyo poder se apoya en las falsas opiniones del vulgo acerca de lo justo y lo injusto, quedarian desarmadas" (p. 3).

(4) "La creencia basica de los metafisicos es la creencia en las oposiciones de los valores. Ni siquiera a los mas previsores entre ellos se les ocurrio dudar ya aqui en el umbral, donde mas necesario era hacerlo [...]. Pues, en efecto, es licito poner en duda en primer termino que existan en absoluto oposiciones, y en segundo termino, que esas populares valoraciones y oposiciones de valores sean algo mas que estimaciones superficiales, que perspectivas provisionales" (Nietzsche, 2008, p. 23).

(5) Para un desarrollo mas exhaustivo de este argumento, segun el cual en la comprension contractualista de lo politico, dominante en la filosofia moderna, habria una interdependencia muy fuerte entre una concepcion epistocratica y una concepcion deliberativa de la relacion entre lenguaje, politica y sociedad, vease "El discurso de los movimientos sociales como lugar para pensar el conflicto politico" (Manrique, 2017).

(6) "One interesting feature of the Colombian system is that, given the danger of concentrating all of the clientelistic potential of the Ministry of Finance in the hands of a politician or a political faction, there has been, since the war, the practice of naming an industrialist or a technocrat as minister of finance. In addition, institutional innovations, such as the creation of the Monetary Board to handle monetary policy, and the contracts with the Coffee Federation, have given the minister of finance virtually total power in the areas of monetary, fiscal, and exchange policy. These areas have therefore been isolated from day-to-day politics and put in the hands of technocrats. Since the early seventies many of the ministers offinance have had postgraduate degrees in economics, and the rest have worked at some time as economic consultants."

(7) Veanse Manrique, 2017 y 2018, para una version mas desarrollada y exhaustiva de esta lectura de Marx como un pensador que comprende la violencia epistemica como constitutiva de la materialidad misma de la experiencia social, historicamente situada, y abre el camino para una teoria critica de lo social que el posestructuralismo potencia, y cuya vigencia e importancia hoy este articulo busca reivindicar.
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Author:Manrique, Carlos A.
Publication:Universitas Philosophica
Date:Jan 1, 2019
Words:8805
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