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Sostener el sentido del Trabajo Social en grupos de analisis de la practica profesional.

Introduccion

En este articulo nos proponemos analizar algunos elementos criticos que aparecen de forma recurrente en los espacios de analisis de las practicas profesionales en los que intervienen sus autores. Beatrice Bosse lo hace como animadora de grupos de analisis de las practicas profesionales en Francia, y Jordi Sole como participante en dos seminarios permanentes, organizados por el Laboratorio de Educacion Social de la Universitat Oberta de Catalunya y la Taula per la Reflexio en Educacio Social, donde se dan cita profesionales e investigadores del campo social. Ambos seminarios tienen como objetivo abrir un espacio de pensamiento para promover el debate en torno a las practicas del Trabajo Social y educativo que se llevan a cabo en multiples contextos profesionales. Aunque se trata de escenarios de trabajo distintos -los grupos de analisis de las practicas profesionales responden a un encargo institucional muy estructurado en Francia, mientras que los seminarios dependen de la implicacion voluntaria de sus integrantes- ambos espacios devienen un lugar en el que los profesionales de la accion social <<toman la palabra>> con el objetivo de analizar sus practicas cotidianas y los marcos teoricos que las sustentan. El trabajo que presentamos, pues, es fruto de un doble encuentro. Por un lado, el que realizamos los propios autores del articulo, al elaborar una reflexion conjunta en torno a experiencias de Trabajo Social que se situan en marcos de analisis y contextos geograficos diferentes. Por el otro, el que se quiere promover, en estos Cuadernos de Trabajo Social, a fin de ir tejiendo espacios de intercambio entre los diferentes agentes que conformamos la red profesional del ambito de los servicios sociales, en la que incluimos a profesores e investigadores que se ocupan de la formacion de profesionales del campo social.

1. El analisis de la practica profesional

El analisis de las practicas profesionales en Francia cuenta con una larga tradicion, cuyos metodos y aplicaciones han ido evolucionando junto con el desarrollo de las profesiones sociales y la creacion de dispositivos institucionales muy diversos (3). De acuerdo con esta tradicion, los grupos de analisis de las practicas profesionales se llevan a cabo, siguiendo el modelo implicito de los grupos Balint que, bajo denominaciones diferentes (grupos de reflexion clinica, grupos de analisis de situaciones profesionales, etc.) fueron evolucionando y difundiendose en sintonia con el modelo psicoanalitico de supervision. En nuestro caso, seguimos las aportaciones de numerosos referentes -Kaes, Pichon Riviere, Anzieu, Fustier, Gaillard, Henri-Menasse, Clot, etc.- quienes, junto a otros autores, han desarrollado amplios analisis en torno a la cuestion institucional y las dinamicas grupales de los profesionales.

Uno de los aspectos importantes que debemos senalar es que el analisis de las practicas profesionales surgio en Francia por iniciativa de los propios profesionales, quienes defendieron la necesidad de contar con un espacio de reflexion, pensamiento y cuidado en el seno de las organizaciones sin la injerencia de los equipos directivos. Desde hace poco, las instituciones publicas francesas tienen la obligacion de contratar, a los analistas de las practicas profesionales que cuentan con un diploma que los capacita para el ejercicio de esta funcion, por medio de una convocatoria publica. A esta convocatoria responde un organismo de formacion que subcontrata a dichos profesionales. Si bien mejora la transparencia de la contratacion publica de los servicios -aunque estamos hablando de contratos pequenos - este procedimiento genera la aparicion de intermediarios y, por lo tanto, un aumento de los costes alli donde las instituciones contrataban antes, directamente, a los profesionales quienes, por su parte, siguen siendo autonomos.

No existe un servicio tan estructurado dirigido a los profesionales de la accion social en Espana. Las organizaciones que ofrecen espacios formativos a sus equipos con la intervencion de profesionales externos lo hacen de forma voluntaria, sin obligacion estatutaria, si bien, en algunos casos y dependiendo de las regiones, existen convenios con las Administraciones Publicas y las universidades. En multiples instituciones y equipamientos sociales -y en contra de la demanda expresada por muchos profesionales- no se ha ofrecido nunca un espacio de supervision, que seria el dispositivo que mas se asemeja al servicio de analisis de las practicas profesionales en Francia. A pesar de ello, contamos con algunas experiencias y aportaciones muy valiosas en torno a la supervision de equipos en Espana (Fernandez Barrera, 1997; Hernandez, 2000; Puig, 2005, 2011 y 2015; Moyano, 2012; Ituarte, 2013), el acompanamiento con grupos profesionales (Garcia Martin, 2012) o la investigacion basada en la narracion de la experiencia profesional y el autoanalisis (Julve, Cebrian y Garcia, 2013; Pie y Sole 2014; Bretones y Sole, 2014; Montagud, 2015a y 2015b). Todas ellas, fundamentadas en un trabajo interdisciplinario e integrador en el que confluyen diversos marcos teoricos (trabajo social y educacion social, teoria sistemica, teoria psicoanalitica, etica del cuidado, etc.), nos han permitido establecer vinculos muy provechosos en los intercambios que hemos mantenido a lo largo de nuestra reflexion en torno a nuestras propias practicas en analisis de las practicas profesionales. Sin duda, y siguiendo a Puig (2015), las diferentes estrategias que se han puesto en marcha en lugares tan diversos comparten la necesidad de
Amplificar la toma de conciencia sobre las necesidades profesionales y
especialmente de los efectos que produce trabajar con situaciones de
crisis social y asi generar, dentro de lo posible, nuevas practicas e
instrumentos para estar atentos hacia los otros y hacia uno mismo con
el objetivo de evitar y prevenir instalarse en el malestar personal, en
el malestar en los encuentros con el otro o en el interior de los
equipos (p. 173).


Tal y como sostienen Garcia y Saez (2011), <<los profesionales trabajan con problemas contingentes y situados>> que requieren formas de investigar y ensenar <<capaces de insertarse en el regimen cotidiano de experiencias y problemas vivenciados por las personas y los profesionales>> (p.2). La supervision y el analisis de las practicas profesionales pueden ser una herramienta muy util en la lectura de la complejidad actual (Puig, 2011, p. 23) y en la construccion de una cultura de autocuidado profesional.

En este articulo presentaremos una breve sintesis de un desarrollo mucho mas amplio en torno al trabajo que se realiza con grupos de analisis de las practicas profesionales en Francia (4). En el trabajo original, el material autoetnografico y las notas de campo de Beatrice Bosse, como animadora de diferentes grupos de analisis de las practicas profesionales, fueron el punto de partida de una reflexion mantenida en diversos conversaciones y seminarios de trabajo, confluyendo en un proceso de escritura comun en el que nos hemos liberado -tal y como defenden Esteban (2004) y Feliu (2007), entre otros autores- de algunas dicotomias problematicas como, por ejemplo, la separacion entre objeto y sujeto, puesto que la animadora del grupo de analisis de la practica profesional participa de esta doble condicion: no solo se analiza que ocurre en las practicas profesionales del Trabajo Social, sino como se lleva a cabo la practica de analisis de la practica profesional. De este trabajo compartido tan solo ofrecemos el resultado de un proceso de reflexion que sigue todavia abierto, a fin de apuntar algunos elementos criticos que permitan analizar el trabajo en grupos de analisis de la practica profesional. Para ello, expondremos la experiencia profesional de Beatrice Bosse con un grupo de trabajadoras sociales de diferentes centros medicosociales del departamento de Drome en la region de Rodano-Alpes en Francia (5). Tal y como sostienen Pereira, Sole y Fernandez (2012), <<son las situaciones concretas en las que se ponen en juego las habilidades y competencias profesionales las que permiten pensar acerca de las funciones y tareas propias de cualquier profesion>> (p. 179). Nuestro proposito en este articulo es el de acercar una reflexion que surge del trabajo cotidiano con grupos de analisis de la practica profesional en un proceso permanente y compartido de investigacion-accion, donde el material empirico y el analisis provienen de la reflexion critica en torno a la propia experiencia profesional (Camas, 2014).

2. El Trabajo Social en un contexto de crisis

El discurso de la <<crisis financiera>> del sistema capitalista ha puesto en peligro el funcionamiento y la supervivencia del Estado social, que ha visto como se disuelven las antiguas estructuras protectoras, en contraste con el auge del Estado penal, tal y como ha demostrado Wacquant (2010). La precariedad se extiende y normaliza, convirtiendose, tal y como revela Isabell Lorey (2016), en un regimen, en un modo hegemonico de ser gobernados y de gobernarnos a nosotros mismos.

El impacto social de la crisis esta afectando gravemente a las condiciones de vida de muchos ciudadanos y ciudadanas: aumento de la pobreza y de la tasa de paro, inestabilidad en el empleo, devaluacion salarial, recortes de las pensiones, sobreendeudamiento de las familias, desahucios, segregacion urbana, etc. La polarizacion y dualidad social no ha hecho mas que acrecentarse. Mientras tanto, el aniquilamiento del gasto social ha convertido a los Servicios Sociales en dispensadores de ayudas sociales de emergencia, y en dispositivos de control y dependencia institucional de las poblaciones mas vulnerables. Todo ello sucede en un contexto de modificacion de las politicas publicas de atencion social, que se han individualizado en nombre de la asistencia y el acompanamiento del caso por caso, colocando en el centro del Trabajo Social, tal y como sostienen Abad y Martin (2015), <<la exigencia de mayor eficacia y productividad>> de acuerdo a las nuevas tecnicas racionalizadoras de la gestion que se han impuesto en las instituciones sociales (p.180).

Desde el punto de vista del analisis de la practica profesional, <<en el tiempo de la ingenieria y el marketing social>> (p. 181), percibimos con claridad el malestar que esto produce en los y las trabajadoras sociales, que han visto transformar el sentido de su trabajo de acuerdo <<a las exigencias organizacionales y de gestion -consideraciones administrativas, reglamentos cada vez mas precisos, fichas que cumplimentar, procedimientos que respetar, etc.- que se situan por encima de la relacion humana>> (p. 181). Las operaciones de control en el seno de las instituciones no dejan de desarrollarse, siempre bajo la doble doxa de los recortes y las nuevas modas gerenciales. La queja de muchos educadores y trabajadores sociales que han visto aumentar el tiempo que pasan en sus despachos, exigidos por las cargas burocraticas en lugar de dedicarlo a los usuarios, se ha convertido ya en un lugar comun. Los profesionales estan ocupados en otras cosas en vez de centrarse en su <<tarea principal>>, un hecho que ha irrumpido en las representaciones que se hacen en torno a su trabajo. Asi, pierden el sentimiento del trabajo bien hecho y la confianza en una identidad profesional que se ha visto desdibujada.

Mientras tanto y siguiendo a Dubet (2013), el <<trabajo social educativo se ha visto sometido a fuerzas centrifugas, de las cuales el desarrollo de las politicas sociales es la principal y mas paradojica>> (p. 303), teniendo que desarrollarse en un contexto de profunda inestabilidad. <<El trabajo social -dice el autor frances- no vive mas que de sus desequilibrios, de sus tensiones, de sus sucesivos saltos de pulga entre varias posiciones y varios contextos eticos de definicion del otro y de si mismo>> (idem); es por ello por lo que, teniendo en cuenta la <<homologia>> que se produce entre las experiencias de los usuarios y las de los propios profesionales -los segundos tienen el sentimiento agudo de verse confrontados a las mismas situaciones precarias e inciertas que los <<sujetos-objetos>> de su trabajo-, los equipos estan obligados a producir un trabajo significativo mediante la articulacion coherente de su propia experiencia. Un trabajo en equipo verdadero y el establecimiento de un espacio de analisis de la practica profesional puede ayudar a realizar este cometido.

No disponemos de suficiente espacio para explicar con detalle en que consiste el dispositivo de analisis de la practica profesional. Tan solo quisieramos apuntar que los profesionales hallan en el la posibilidad de abrir un parentesis para la reflexion colectiva, dotandose de <<un tiempo para el intercambio>>. En este sentido, el analisis de la practica profesional proporciona un encuadre fjo que garantiza la seguridad de los intercambios entre los participantes (Bleger, 2004).

La primera condicion para que funcione un grupo de analisis de la practica profesional pasa por la posibilidad de afanzar un espacio capaz de generar confianza entre todos los miembros. Para ello, hay que disponer de tiempo suficiente para lograr instalar un sentimiento de seguridad, a fin de que los profesionales se sientan capaces de exponer ante sus colegas los padecimientos ligados a unas practicas que, a menudo, son vividas con mucha ansiedad. El temor a ser juzgado esta siempre presente y, con frecuencia, paraliza el desarrollo de un trabajo en profundidad capaz de interpelar la subjetividad de cada cual.

Desde hace algunos anos, hemos observado una evolucion importante en el trabajo de analisis de la practica profesional con los equipos. La demanda institucional acostumbra a formular un encargo de supervision o analisis de la practica de los profesionales, pero muchas veces los grupos manifestan otro tipo de necesidades, a menudo opuestas a la propia demanda institucional y muy ligadas a su malestar. Tal y como sostiene Puig (2015), ese malestar no solo se traslada al interior de los equipos, sino tambien a las personas que se atiende en los diferentes dispositivos del ambito psicosocial. Enfrentados a una falta de repuesta a sus preocupaciones, la mayoria de los grupos depositan en el trabajo de analisis de la practica profesional una gran parte de su insatisfaccion y angustia profesional. No siempre el espacio de analisis de la practica profesional es el mejor lugar en el que descargar tensiones que van mas alla de la intervencion profesional. A menudo se mezclan conflictos de caracter laboral que deberian canalizarse desde otros espacios; sin embargo, nos hallamos ante un colectivo poco organizado. Por ello, no es extrano que los profesionales encuentren en el espacio de analisis de la practica profesional la oportunidad de organizar sus frentes de lucha y que, de un modo u otro, el analista se sienta impelido a acompanarlos durante el proceso, afirmando el compromiso politico de su propio trabajo. El esfuerzo del animador de un grupo de analisis de la practica profesional radica, entonces, en poder definir las demandas de los equipos, especificandolas y orientandolas de acuerdo a sus necesidades. Uno de los objetivos prioritarios es el de evitar caer en la "patologizacion" de unos malestares que, demasiado a menudo, se redirigen hacia los discursos en torno al estres o el burn out (profesional quemado), cuestiones que remiten a presuntos trastornos medico-psiquiatricos de la personalidad individual que neutralizan la posibilidad de pensar en ese sufrimiento desde su dimension social; es decir, desde las condiciones materiales e ideologicas en las que se desempena hoy el Trabajo Social (precariedad laboral y salarial, presion asistencial, desidia de los responsables politicos, externalizacion poco transparente de los servicios, falta de recursos, vacio de la cotidianidad burocratica, etc.), una posicion que -siguiendo a Rendueles (2017)- permitiria enfrentar ese malestar desde lo comun. Las situaciones que describiremos en la siguiente vineta (6) pueden ayudarnos a reflexionar sobre ello.

3. Intervencion en un Consejo Departamental que administra diferentes centros sociosanitarios

El Consejo Departamental en el que intervenimos solicita el acompanamiento de tres grupos de trabajadoras sociales. El encargo de la institucion es juntar a las profesionales de distintos centros medicosociales que trabajan en un mismo territorio para que se conozcan y se mezclen entre ellas. Uno de los objetivos es enriquecer los intercambios y permitir tiempos de respiro fuera de sus propios equipos. Asimismo, esto permite que el espacio de analisis de la practica profesional no se convierta en un lugar de regulacion de los conflictos internos de cada equipo que, demasiado a menudo, acaparan un tiempo de trabajo que habria que dedicar al analisis de las practicas. Las profesionales, un numero de 8 a 12 personas, elijen participar en las sesiones de analisis de la practica profesional que no son obligatorias, y se comprometen por dos anos.

La tarea principal de las trabajadoras sociales, tal y como la define Rene Kaes (2005), es acoger a personas que se encuentran en situacion de precariedad y proponer recursos en funcion de sus necesidades dentro del marco de una relacion que apunte a transformar y liberar a la persona. Lo que observan estas trabajadoras sociales es que, cada vez mas, muchas personas llegan al centro medicosocial como ultimo recurso, ante la exclusion de todos los demas servicios de proteccion y <<asistencia social>> que ofrece el sistema.

La multiplicacion de interlocutores en un campo con servicios especializados, para los que se requiere <<reunir requisitos>> o responder a un determinado <<perfil>>, la informatizacion de todos los tramites en organismos sociales que imponen mecanismos de control de todo tipo, el cumplimiento de protocolos cada vez mas estrictos, la multiplicacion de documentos y formularios que han de presentar que derivan en <<rechazos administrativos>>, etc., dejan cada vez mas a personas a la deriva por un laberinto de servicios (Ubieto, 2012). Ante tantas trabas, -tal y como podemos ver en Yo, Daniel Blake, la ultima pelicula de Ken Loach- la gente acaba por autoexcluirse del sistema y <<buscarse la vida>> encerrada en un circulo de desamparo y precariedad.

Las mismas trabajadoras sociales, sin recursos que ofrecer, no pueden administrar repuestas inmediatas y eficaces para ayudar a estos ciudadanos. La indigencia crece, los umbrales minimos son cada vez mas bajos, etc. Los centros medicosociales se han convertido, pues, en el ultimo recurso capaz de proporcionar un acompanamiento sin tener nada en concreto que ofrecer, mas alla de un espacio en el que se puede hallar cierta orientacion y compania. Por ello, algunas trabajadoras sociales no pueden evitar verse a si mismas como <<residuos espirituales>> en los que estallan los problemas sociales que la sociedad y las instituciones son incapaces de erradicar. El riesgo de dejar a estas personas a la deriva es, para muchas de ellas, descorazonador. Estas trabajadoras de primera linea sufren mucho ante su impotencia y, por ello, se ven forzadas a cuestionar el sentido de lo que hacen.

El cambio en la concepcion del Trabajo Social es muy grande y los mensajes de un sistema, dispuesto a gobernar la precariedad mediante el discurso de la responsabilidad individual, lleva a los profesionales a enfrentar su encargo institucional con muchas contradicciones. Por ello, esas trabajadoras sociales sienten la necesidad de reexaminar sus practicas y hacer virajes importantes.

A menudo, esos cambios aparecen cuando se proyectan en las necesidades de los propios usuarios. Veamos como se produce en una situacion real. Un hombre separado viene a pedir ayuda economica. Aunque tiene ingresos, no llega a fin de mes y, por lo tanto, no puede acoger a sus hijos el fin de semana que le toca. Las profesionales cuentan en el grupo de analisis de la practica profesional que una situacion asi pueden sufrirla ellas mismas o cualquier miembro de sus entornos mas inmediatos, por ello se identifican con este hombre que ha perdido su trabajo e intenta buscar recursos asociativos y caritativos que le permitan sostenerse. Ellas mismas harian lo mismo si se encontraran en una situacion similar -dicenconscientes de formar parte de una clase media asalariada que, en cualquier momento, puede ser enviada al pozo de la miseria.

Casos asi permiten, a las trabajadoras sociales de este grupo de analisis de la practica profesional, cuestionar el hecho de que los excluidos por el sistema sean responsables unicos de su situacion. A partir de este caso social, estas trabajadoras sociales se ponen a pensar como hay que acompanar hoy en dia a estas personas, sabiendo que la solucion no se halla en una ayuda economica insuficiente y que ya no pueden ofrecer, sino mas bien en la solidaridad, la creacion de espacios comunes, la ayuda mutua, etc. La imaginacion y la busqueda de recursos mas alla de la ayuda publica -porque esta ha dejado de concederse o, simplemente, es insuficiente- devienen, asi, indispensables. Acostumbradas a gestionar recursos y poder ofrecer soluciones individuales, el contexto en el que se plantean hoy este tipo de problemas les obliga a colocarse en otra posicion.

Un caso como este puso a prueba la capacidad de autoorganizacion de las propias trabajadoras sociales, a pesar de las contradicciones a las que se enfrentaban como representantes de un servicio publico que habia dejado de responder. De una manera u otra, sienten la obligacion de ofrecer soluciones, si bien lamentan que, con sus acciones al margen de los protocolos previstos, su labor sustituye una responsabilidad que corresponderia al Estado. Pero el Estado hace tiempo que rompio el pacto social. Fue asi, entonces, como se organizaron para articular redes de intercambio en el propio centro medicosocial (trueque de ropa y comida, poner en contacto a personas que se encuentran en situaciones similares, gestion de coalquileres para dar respuesta a las necesidades habitacionales, etc.), aunque con ello estuvieran incumpliendo las normas de la propia institucion.

Ante la paralisis institucional y el riesgo de instalarse en una queja esteril e ineficaz, estas trabajadoras sociales deciden dar un paso al frente y organizar una respuesta. Por supuesto, son muy conscientes de que las situaciones de injusticia no se combaten con acciones altruistas de caracter individual. El ejercicio de una especie de santidad cotidiana movilizada, a partes iguales, por el hartazgo y la compasion, no puede hacerse cargo de la miseria del mundo. Sin embargo, sienten que hay que empezar por algun lugar, aunque ello solo les proporcione ciertos beneficios narcisistas. Sea como fuere, en ningun caso esconden las contradicciones a las que se ven sometidas cuando llevan a cabo este tipo de acciones, ancladas en una suerte de romanticismo profesional por el hecho de ir mas alla del mandato oficial, como si lo mejor de su trabajo solo pudieran realizarlo en el terreno de la resistencia y la clandestinidad.

Estos son algunos de los conflictos internos que afrontan estas profesionales cada dia. En el espacio de analisis de la practica profesional nos damos cuenta que, frente a la depresion y el desaliento, el grupo puede soportar y contener el desanimo para darle la vuelta y suscitar ideas innovadoras. En el transcurso de las sesiones surgen momentos luminosos que esparcen semillas de animo y fortaleza cuando una de ellas, por ejemplo, se autoriza a contarnos una experiencia al margen. Se percibe entonces cierta satisfaccion de haber podido inventar y desbloquear una situacion, aunque para ello se haya forzado el limite de las funciones profesionales que establece el encuadre del aparato burocratico.

El arte de las pequenas cosas... Recoger ropa y esconderla en un almacen del centro medicosocial a fin de poder atender las urgencias, organizar una pequena despensa de comida, compartir una agenda de contactos con los usuarios, etc. La paradoja de esos gestos subversivos -en la medida que llevan a cabo acciones vetadas en los centros medicosociales - tiene que ver con el hecho de que esas trabajadoras sociales recurren a los propios origenes de la profesion, marcada por la militancia flantropica y el altruismo. Sus actos de resistencia no pueden sostenerse en la tecnica o el savoir-faire profesional. El analisis de la practica se convierte, entonces, en un <<arte de casi nada>>, tal y como sostiene Henri-Menasse (2009). En efecto, esas trabajadoras sociales son protagonistas de pequenos gestos capaces de aliviar situaciones de desesperacion y, de paso, mitigar un poco la culpabilidad de sentirse impotentes ante unas politicas publicas que generan abandono y exclusion. De hecho, la reivindicacion que pueda haber detras de esos gestos es secundaria. En las sesiones de analisis de la practica profesional apenas aparece. Sus acciones son fruto de una espontaneidad donde el discurso pasa a un segundo plano, porque lo decisivo es <<comprometerse>> y <<poner el cuerpo>>, la <<virtud>> de los actos movilizados (Butler, 2017). En otras palabras, lo que cuenta verdaderamente es el propio gesto de desafio.

Ubicadas en lugares de acogida y acompanamiento sin medios materiales para poder ayudar, esas situaciones de experiencias al margen ponen a estas trabajadoras sociales en tension, siempre dificil de sostener a largo plazo. Las transgresiones se pueden soportar durante un tiempo, pero no pueden convertirse en la norma, sobre todo cuando la correlacion de fuerzas es tan dispar. Esos gestos cargados de compasion y las ficciones de esperanza que las sustentan, acaban chocando siempre con la miseria mas negra; la que provoca la desigualdad, pero tambien la que generan las propias pulsiones de los sujetos hacia los goces autodestructivos. El sentimiento de integridad se ve, entonces, amenazado, y es ahi donde se instala el sufrimiento, tal y como explica muy bien Yves Clot (1995). El malestar que manifestan tiene que ver, sobre todo, con el sentimiento de no cumplir correctamente con sus funciones y la perdida de sentido de su actividad profesional; percibir, en definitiva, como sus practicas cotidianas estan muy lejos de la representacion simbolica que se hacen en torno al trabajo bien hecho.

Las restricciones presupuestarias vienen de todas partes, sometiendo a las trabajadoras sociales de los centros medicosociales a una profunda reflexion sobre los limites de su trabajo individual. El tiempo de elaboracion en analisis de la practica profesional permite apuntar estos limites, asi como las condiciones tragicas en las que los profesionales deben desempenar hoy su funcion. A menudo esos limites se vuelven insoportables. Los recursos aparecen cuando piensan en la dimension colectiva de su actividad profesional, aunque para ello deban hacer frente a marcos institucionales y burocraticos que impiden la creacion de espacios capaces de impulsar acciones arraigadas en la comunidad (Sole, 2014). ?Donde hallar, entonces, la motivacion por seguir desarrollando sus funciones? El espacio de analisis de la practica profesional aparece como un buen lugar donde recuperar el sentido de su trabajo y elaborar, junto con otros companeros y companeras, el desarrollo de unas practicas profesionales capaces de hacerse cargo de su propio malestar.

4. El analisis de las practicas profesionales: un espacio de pensamiento, un lugar de resistencia

El analisis de la practica profesional que es una herramienta para pensar en el trabajo social y educativo ?como permite a los protagonistas sostener su profesionalidad? Si el espacio de analisis de la practica profesional es capaz de abrir un campo de experiencia compartida en el que ponemos nuestro cuerpo y nuestras relaciones en el centro, asumiendo la concrecion de las circunstancias, la parcialidad y la ambiguedad de los hechos, ?podemos percibirlo tambien como un lugar de resistencia en el que los profesionales puedan defender el verdadero sentido de su trabajo?

En el caso que hemos expuesto, las profesionales que componian el grupo estuvieron muy presentes en la continuidad del trabajo que se hizo en el espacio de analisis de la practica profesional. La <<ilusion grupal>>, tal y como la describe Anzieu (1971), era muy fuerte. A menudo se repetia un comentario: <<este lugar funciona como un refugio>>. Por este motivo, se establecieron vinculos muy solidos entre sus componentes. Cada profesional habia integrado el grupo y el espacio de analisis de la practica profesional en sus propias vidas. Formaba parte de sus vinculos mas cercanos, una red de apoyo y solidaridad con la que sostener su cotidianidad. Podemos dar cuenta de ello con alguna anecdota, como el caso de una trabajadora social que mando un mensajito diciendo que pensaba en el grupo el dia que no pudo asistir a una de las sesiones por haberse marchado lejos, de vacaciones. Este simple detalle muestra hasta que punto el grupo, resistente, supone un apuntalamiento seguro que refluerza a cada profesional en los momentos, numerosos, de duda, cuando el sentimiento de soledad las atraviesa.

De hecho, su trabajo cotidiano es solitario. A menudo se ven expuestas a situaciones de violencia importantes. En el espacio de analisis de la practica profesional podian contar sus miedos largamente silenciados, sobre todo frente a la violencia, que puede estallar en cualquier momento, aunque apenas se produzcan incidentes extremos. Sin embargo, esos testimonios nos recuerdan que el suyo es un trabajo en el que se pone el cuerpo, y es ahi, cuando hacen frente a situaciones muy tensas en sus despachos, que sienten la amenaza de una mala reaccion. Cualquier profesional puede convertirse en el chivo expiatorio de todos los desamparos y frustraciones, por eso el grupo funciona entonces como una comunidad de pares que, ante la desconfianza y el desasosiego, sirve de sosten y punto de referencia.

El espacio de analisis de la practica profesional permite abrir un tiempo de reflexion en torno a las practicas a fin de analizar las transferencias y contratransferencias de los profesionales con los <<usuarios>>. Este tiempo se convierte en un deposito de los sufrimientos y cuestionamientos derivados de la practica profesional. En efecto, los profesionales deben hacer frente a sentimientos cada vez mas extendidos y compartidos de no hacer bien su trabajo porque las posibilidades de repuesta estan cada vez mas alejadas de la representacion que tienen de su oficio, en la medida que la propia mutacion de las politicas sociales y los dispositivos de los servicios sociales y, en general, del Trabajo Social, cumplen funciones decisivas en los procesos de estratificacion y diferenciacion social (Garcia, Munoz y Saez, 2017). Sin duda, creemos que un espacio de reflexion como el analisis de la practica profesional ofrece posibilidades de nutrir todavia un analisis sobre el sentido del trabajo que desarrollan, poniendo en valor la cultura del cuidado, en el sentido de preocuparse por la atencion y el trato de los otros, que es el trabajo real del Trabajo Social (Puig, 2015).

Lin Guimaud (2009), en un articulo sobre la supervision de equipos profesionales en el campo de la accion social, apunta una hipotesis para hacer frente a ese cambio de paradigma. Hay que trabajar a partir de lo oculto -dice Guimaud- es decir, tomar en consideracion aquello que no se ve debajo de lo que se percibe o manifesta, del signo negativo y del signo discreto que uno se da, la mayor parte del tiempo, a fin de acceder a las logicas del sintoma y a los sufrimientos identitarios que este mismo tapa. Para enfrentar este objeto que siempre se moviliza (el sintoma), que refejla las paradojas entre necesidad de desarrollo, defensas psiquicas y desventaja social, las trabajadoras y trabajadores sociales son impelidos a tomar conciencia de su propio sistema de defensa a fin de adoptar posiciones psicodinamicas que sean favorables a la evolucion de los usuarios. No se puede ayudar al otro a establecer lazos sociales -sostiene Guimaud- si uno esta encerrado en un discurso con una funcion defensiva o victimista, en una organizacion no-elaborada, en una posicion profesional que no sea analizada ni criticada.

La epoca actual pone en crisis las representaciones que tienen las trabajadoras y trabajadores sociales en torno a las practicas profesionales en las cuales se han apoyado durante muchos anos. El titubeo y la inseguridad ante su identidad profesional tienden a inducir un modo de pensamiento atrapado a oposiciones artificiales que no favorecen el recorrido clinico, el cual exige hacer conexiones entre elementos percibidos como distantes, alejados e incluso incompatibles. La epoca nos obliga a buscar nuestros <<fundamentos>>. Por ello, hay que interrogar a la historia de nuestro campo institucional. A veces nos lleva a establecer engarces que pueden parecer inasimilables. Esto les ocurre tambien a los animadores del analisis de la practica a la hora de ayudar a los equipos a modelar su ejercicio profesional en funcion de un nuevo contexto global, que lleva a un cuestionamiento abierto sobre la antropologia del Trabajo Social.

Lin Guimaud defende la necesidad de <<formalizar el trabajo social>>, es decir, sostener un esfuerzo por parte de los equipos para definir de manera concreta y entendible hacia el exterior las elecciones que realizan en torno a sus practicas, referenciadas de acuerdo a los objetivos que se plantean. Por ejemplo, pueden ser los proyectos institucionales, pero tambien formas de trabajo adaptadas a los usuarios, en el sentido que defende Puig (2015, p. 176) de <<atencion a la subjetividad>>. Dar sentido, en definitiva, a los actos concretos del profesional.

Podriamos entender este trabajo de formalizacion como una <<inscripcion politica del trabajo social>>. Si no se toma esta decision de formalizar a nivel institucional que es lo que esta ocurriendo, se produce una perdida de compromiso, un abandono etico y tecnico que se corresponde con lo que estan viviendo los mismos dispositivos institucionales, y que tiene repercusion en todos los niveles de la practica. Se puede hablar ahi de un colapso de la funcion del <<tercero institucional>> que engendra una descontextualizacion de las practicas, una distancia. Asi, estas funcionan solas en <<burbujas>> autonomas sin tener una idea adecuada de su origen y desarrollo, sin correlacion entre ellas ni con los partenaires externos. En este sentido, Puig sostiene la necesidad de <<hacerse confiable. Ser mas claro y riguroso, si cabe, en las narraciones sobre la realidad que se trabaja. Explicarse mejor en los entornos de influencia; exponer con transparencia los marcos desde donde se puede trabajar y manifestar posicionamientos>> (p.178).

Nuestra responsabilidad en este cuestionamiento, pues, esta comprometida. La demanda de analisis de la practica existe en muchos servicios del campo social, y esta inscrita como <<buena practica>> a nivel europeo. Pero si analizamos la emergencia de esas <<buenas practicas>>, tal y como lo hace Yves Clot (2010), veremos hasta que punto se alinean con la tendencia higienista de la sociedad (7). Las buenas practicas se preocupan mas de proporcionar condiciones laborales de calidad -entendidas como calidad de vida en el trabajo (ergonomia, desarrollo de entornos laborales saludables, etc.)-, que de la calidad del trabajo bien hecho, y es ahi donde se produce la neutralizacion politica del conflicto, que acaba siendo reconducido, segun la doxa gerencial que ha colonizado las instituciones, mediante la solicitud de compromiso de los trabajadores sociales en los <<planes estrategicos orientados a resultados>>, la evaluacion de sus intervenciones y la aplicacion de protocolos. De hecho, son los trabajadores mismos quienes, ante el desconcierto generalizado, piden esos protocolos.

Es totalmente natural que el desorden y la confusion creen ansiedad. De un modo u otro, los profesionales ponen en juego sus propias defensas psicologicas reclamando procedimientos de trabajo claros y directos, soluciones ad hoc, rutinas burocraticas que contrarresten el malestar ante escenarios institucionales tan fragiles. Al no encontrar sentido en lo que hacen, renuncian a sus propias formas de autonomia profesional para supeditar sus tareas a modos uniformes de intervencion ligadas a logicas tecnificadas en las que se acaban imponiendo practicas de monitoreo y control que se encuentran muy lejos de los viejos ideales de la profesion, coherentes con el <<proceso de (de)sentimentalizacion del Trabajo Social moderno>> (Parajua, 2017, p. 307), y que solo contribuyen a aumentar su propio malestar.

5. Movilizar los recursos del profesional para hacer frente al malestar

En el analisis de la practica profesional, al tratar de sostener el pensamiento sobre las situaciones vividas, cuestionamos el lugar en el que se manifesta el malestar profesional, es decir, el sentido del trabajo. Es ahi, en el sentido del trabajo, donde vemos sufrir a muchos profesionales, quienes, por lo demas, no dejan de pedir ayuda para no ceder a la desolacion. Para hacer frente a ello, los profesionales ya no pueden dispensarse de un trabajo de produccion del sentido y de la legitimidad de aquello que hacen. En esa vertiente, el <<sistema>> no les brindara ningun tipo de garantia; por eso es tan importante preservar un espacio lo suficientemente creativo como para producir el sentido de un trabajo siempre amenazado de naufragar en las tensiones cotidianas de la practica profesional, asi como en la rutina y las tareas mas insignificantes, por no mencionar el control ideologico al que se esta sometiendo el Trabajo Social al incorporar los discursos y practicas del management, cargados de una retorica tan vacia como eficaz en el que <<la calidad y la excelencia devienen un nuevo referente simbolico para los servicios sociales>> (Garcia, Munoz y Saez, 2017, p. 378).

El objetivo del trabajo hoy -dice Du Tertre (2005)- implica disponer, mas alla del tiempo de trabajo, de un tiempo para regular la actividad, y no solamente de reaccionar. Sin este tiempo, la salud esta en peligro; pero para ello, cada uno debe poner algo de si mismo en su trabajo. Sin embargo, la dificultad que hallamos en el espacio de analisis de la practica profesional -que es el lugar donde los profesionales pueden encontrar un tiempo para regular su actividad-, tiene que ver con el hecho de sostener su capacidad en el mantenimiento de la salud en el trabajo sin caer en el riesgo de la psicologizacion que, como sabemos, atribuye al propio trabajador su fragilidad psiquica en torno a su propio malestar. Es el trabajo al que hay que curar, y no al trabajador.

Somos conscientes que nuestra practica profesional en analisis de la practica profesional corre el riesgo de convertirse en un instrumento de pacificacion del malestar que sienten tantos profesionales del campo social al levantar una muralla (psicologica) frente a los riesgos psicosociales. Yves-Clot (2010), siguiendo a Nathalie Zaltzman, dice que una cierta cultura psicoanalitica de lo intimo, asociada a una concepcion en torno al sufrimiento de la existencia humana, a la supuesta fragilidad del psiquismo, a su reactividad traumatica, etc., puede acabar colaborando (sin quererlo) en la fragilizacion del sujeto que se quiere proteger. La escucha -sigue diciendonos el autor frances-, cuando deviene una perfusion psicologica sobre situaciones de trabajo insoportables, corre el riesgo de <<firtear>> con una perversion de la palabra. En ese momento, deviene un <<factor>> de regulacion social que legitima una logica discursiva individualizadora y, por tanto, un proceso de disciplinamiento moral de corte psicologico. Tal y como afirman Crespo y Serrano (2016, p. 288), <<la psicologizacion del trabajo es un proceso psicopolitico de produccion de sujetos, cuya caracteristica principal consiste en la produccion de un discurso moral, orientado a la transformacion de los problemas sociales en problemas personales y psicologicos>>. Las soluciones a dichos problemas apelan directamente al trabajo que cada cual debe hacer sobre uno mismo, usurpando a los profesionales la posibilidad de interpretar aquello que les sucede desde otros marcos a fin de cuestionar el orden social imperante y repolitizar su practica profesional. En este sentido, una practica de analisis de la practica profesional psicologizadora implica una logica discursiva que responsabiliza a los propios profesionales de las situaciones que padecen en el seno de las instituciones, impidiendo la posibilidad de elaborar las dificultades de forma cooperativa. Este hecho, no solo los hace mas vulnerables, sino que contribuye a despolitizar la expresion de su malestar.

6. Conclusion: sostener la consciencia colectiva como condicion de la emergencia de un <<sujeto>>

Sabemos por Anzieu (1971) y Kaes (2014) que cada grupo se constituye sobre un fondo de alianzas inconscientes que permiten la creacion de un imaginario grupal. Esto favorece la creacion de un escenario sobre el cual, en un primer momento, gracias a la confianza que se instala entre los profesionales, y a los distintos pensamientos que pueden expresarse, un espacio de subjetivacion puede acontecer. En el ambito laboral, este hecho puede producirse si existe la posibilidad de generar y tratar el conflicto en un contexto colectivo.

Gran parte de las instituciones, y sobre todo en las higienistas, sostienen un orden en el que se evitan todos los conflictos. Los trabajadores sociales mismos no se animan a hablar entre ellos para confrontar sus pensamientos y las diferencias que los separan. La moderna etica del trabajo, centrada en el trabajo en equipo -tal y como analizo Richard Sennet (2000)- le gusta permanecer <<en la superficie de la experiencia>> (p. 104). El trabajo en equipo -dice el autor estadounidense- es la practica en grupo de la superficialidad degradante, donde las relaciones humanas se presentan <<como una farsa>> (p. 112). Mantenerse en la superficie de las cosas, evitar las largas historias de intrigas, traiciones pasadas y celos... <<mantiene unida a la gente gracias a la omision de cuestiones personales divisorias, dificiles>> (p. 113).

En la presentacion del encuadre del grupo de analisis de la practica profesional, se institucionaliza el respeto de la palabra del otro para poder experimentar el desacuerdo; mejor dicho, la conflictividad entre profesionales. En nuestra practica este punto es muy importante. Yves Clot (2010) propone la idea de <<la disputa profesional>>. A nosotros nos parece muy interesante para rehabilitar el colectivo. Es necesario darle la espalda a la comunidad <<protegida>>. La negacion del conflicto no es sana. El colectivo es necesariamente heterogeneo. Esta vitalidad <<deliberada>> sobre las condiciones del trabajo bien hecho en los colectivos profesionales es instituyente, al menos si uno se la toma en serio. La disputa profesional colectiva se desplaza al interior de cada profesional, donde esta disputa continua, lo quiera el o no. Se convierte en un dialogo interno al servicio de su propia actividad, teclado colectivo para salvarse solo, escala con la cual tocar su musica particular. Apoyarse en una disputa colectiva sostiene al <<yo>> que habla y obliga a situarse <<en tanto que>> trabajador social, educador, animador... fortaleciendo la identidad profesional.

Las ordenes mortiferas de la institucion, asi como sus impotencias, pueden estar contenidas en el espacio psiquico del grupo. Con los intercambios y la validacion de los padecimientos, el grupo de analisis de la practica profesional puede sostener un pensamiento vivo. Asi pues, la intervencion de los animadores de grupos nos parece hoy mas comprometida que antes. Los grupos esperan cada vez mas la llegada de recursos, quizas sobre una persona que viene del exterior. Recursos entendidos en terminos de cuestionamientos, pero tambien de aportes que permitan crear brechas en los pensamientos congelados y obturados frente a las situaciones que paralizan hoy a tantos profesionales.

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Jordi Sole Blanch (1); Beatrice Bosse (2)

Recibido: 07/04/2017 / Revisado: 25/05/2017 /Aceptado: 19/07/2017

Disponible on line

(1) Universitat Oberta de Catalunya, Espana

jsolebla@uoc.edu

(2) Educatrice Specialisee, Francia

chepenelopie@gmail.com

(3) En Francia, como es sabido, existen 17 tipos de profesiones diferentes en el campo social, educativo y de la salud mental con diferentes niveles formativos y de especializacion.

(4) En el momento en el que presentamos este articulo, los autores estamos revisando las galeradas de un libro que se publicara en la coleccion del Laboratorio de Educacion Social de la Editorial Universitat Oberta de Catalunya. En el se analiza el trabajo realizado por Beatrice Bosse. con tres grupos mas de analisis de la practica profesional.

(5) En Francia, cada unidad territorial (departement) dispone de centros medicosociales. En una ciudad puede haber distintos centros de estos, distribuidos por barrios y zonas de influencia. En las zonas rurales se reparten en funcion de la densidad de la poblacion. En cada centro estan representados todos los servicios sociales del departamento (infancia y adolescencia, personas mayores, servicio para el alojamiento, discapacitados, PMI, etc.).

(6) El termino vineta forma parte de la jerga clinica, sobre todo en el ambito de la psicologia, donde se acostumbra a desarrollar la teoria mediante casos; ejemplos que ilustran lo que se esta exponiendo.

(7) La tendencia higienista no la entendemos aqui en terminos eugenesicos, sino como factor involucrado en la satisfaccion laboral.

http://dx.doi.org/10.5209/CUTS.55733
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Title Annotation:MISCELANEA
Author:Blanch, Jordi Sole; Bosse, Beatrice
Publication:Cuadernos de Trabajo Social
Date:Jan 1, 2019
Words:8951
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