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Sonia Corcuera de Mancera, De picaros y malqueridos. Huellas de su paso por la Inquisicion de Zumarraga (1539-1547).

Sonia Corcuera de Mancera, De picaros y malqueridos. Huellas de su paso por la Inquisicion de Zumarraga (1539-1547), Mexico, universidad Nacional Autonoma de Mexico/Instituto Tecnologico Autonomo de Mexico/Fondo de Cultura Economica, 2009, 275 p.

Este libro es un relato historico en el que se recoge y estudia un proceso de la Inquisicion, uno de los muchos que se guardan en los archivos y que esperan ser leidos y estudiados. El proceso, integrado por cuatro expedientes del Archivo General de la Nacion, registra un suceso que tuvo lugar en Ocuituco, hoy Morelos, entre los anos 1539 y 1547, cuando un clerigo espanol causo un cumulo de trasgresiones que dejaron huella en el sentir de indios y espanoles. Desde una perspectiva amplia, el relato nos da a conocer un hecho que puede inscribirse en el lado oscuro de la presencia de lo espanol en la Nueva Espana y aun en America.

A primera vista, en el libro se reconstruye un proceso de los cientos que se guardan en los archivos y, en ese sentido, es novedad solo relativamente. La verdadera novedad es la forma en que la autora reconstruye el relato contenido en cuatro documentos, una forma que es, sin duda, un modelo de diseno propio. En este modelo, como veremos, Sonia recupera la secuencia lineal del relato y la distribuye en tres tiempos que, a su vez, son tres escenarios para tres actos, en los que ella acomoda los sucesos con sus correspondientes fundamentos historicos. Dicho de otra manera, nuestra autora disena tres escenarios en los que el lector distingue dos niveles: uno, en el que se refleja el presente, en el que toman vida los personajes; otro, en el que ella teje el trasfondo historico de los hechos con armonia, soltura y precision. Resulta asi que cada tiempo tiene su propio escenario en el que se organizan varias estructuras: los personajes, el trasfondo historico de los sucesos y el sustento teorico, un sustento basado en el pensamiento moderno del siglo XX, que ella conoce por haberlo historiado en su libro Voces y silencios en la historia: siglos XIX y XX.

Un parrafo de la propia Sonia nos servira de punto de partida para adentrarnos en los tres tiempos y poder reconocer en ellos las estructuras sobre las que esta edificado el relato. Es un parrafo en el que ella relaciona el Derecho y la Historia:
   Cuando el juez [el inquisidor] emite la sentencia, el caso se
   considera cerrado. El historiador en cambio, goza de flexibilidad
   para continuar con sus pesquisas y volver atras las veces y el
   tiempo que considere pertinente. Puede incluso, reelaborar su
   trabajo y producir una version diferente del mismo (p. 31).


Esto es lo que ella hace: reelaborar el relato introduciendo sus propias pesquisas y volver atras dando saltos en el tiempo para lograr un texto dinamico y lleno de suspenso. De esta manera da vida a los sucesos y sorprende a los lectores, los engancha sean o no historiadores. El texto queda organizado en un nuevo modelo, lo cual, repito, es una novedad y una gran aportacion a la investigacion historica.

De esta manera, nos introduce en Ocuituco en el otono de 1539. En el escenario de tres indigenas: el cacique Cristobal, su hermano Martin Hollin, y su esposa Catalina, los tres acusados del delito de idolatria. El parroco del pueblo, Diego Diaz, es el encargado de reunir la informacion. Se les acusa de tener en su casa idolos y de cantar al modo antiguo. El 10 de octubre, Zumarraga, inquisidor apostolico y encomendero de Ocuituco emite la sentencia: se les castiga a 100 azotes y a desfilar por las calles de Ocuituco; a los varones, ademas, se les castiga a trabajar en las minas: uno a tres anos; el otro, a dos.

Al llegar a este punto, la autora rompe el relato y nos traslada a las estructuras del trasfondo historico: en primer lugar a la Inquisicion: ahonda en su fundacion y su papel en la Edad Media, en su llegada a la Nueva Espana y en los poderes de Zumarraga como inquisidor y juez eclesiastico. Y ahonda en algo muy interesante: la tarea interminable del Santo Oficio en la busqueda de idolatrias y de idolos ya que los idolos "ayudaban a mantener viva la presencia de sus mayores" (p. 40); en esta tarea de busqueda cobra relieve la descripcion del proceso legal, que Sonia analiza como una "ceremonia del lenguaje" siguiendo los dictados de Paul Ricoeur (p. 31).

El trasfondo historico tiene otra columna donde se sustenta: la historia de Ocuituco, al cual ella define como "un pueblo con muchos amos", desde que fue sometido por la Triple Alianza hasta el momento del proceso, 1539, en que era parte de la encomienda de Zumarraga. Ocuituco brillo entre los primeros focos en la evangelizacion y Sonia dibuja con precision aquellos tiempos desde que llegan los agustinos en 1533, hasta que salen fracasados en 1539. El centro de estos anos es la edificacion de la iglesia y convento, edificacion costosa para los macehuales, que termino en un pleito de los frailes con el pueblo, y tambien en una desavenencia entre los agustinos y Zumarraga. La grandeza de la edificacion con toda la carga de tributos que ello requirio, le permite a Sonia hacer una disquisicion sobre los tributos, en especial sobre los recolectados por Zumarraga, destinados a cubrir sus compromisos de dar "alimento espiritual a los naturales" como obispo de la Nueva Espana (p. 63). En fin, la historia de Ocuituco termina con la salida de los disgustados agustinos en 1539 y la llegada de un joven clerigo, el ya citado Diego Diaz, quien presto implanto la trasgresion y el libertinaje en su parroquia.

Finalmente, hay que senalar que en este primer tiempo, primer acto, o primer escenario, Sonia se plantea presentar la evangelizacion como una empresa hecha por los mejores hombres, honestos, virtuosos y con sentido de pobreza, al decir de Zumarraga. Se vive un momento de euforia y esperanza. Pero, se pregunta ella: ?lograrian los religiosos comunicarse con los indios de manera articulada y, sobre todo, convincente, sin conocer la lengua? Y anade: "porque las traducciones, cualesquiera que sean, son terreno minado", tomando una frase de Hans G. Gadamer (p. 53). En realidad, la empresa evangelizadora, centrada en Zumarraga esta presente siempre en el relato.

Este es el escenario de la primera parte, en el cual los protagonistas son presentados con fuerza y listos para actuar a fondo, cosa que sucede en la segunda parte, la titulada "El tiempo de los indios. Durante el juicio". En ella el relato se vuelve largo y complicado, aunque atrayente por lo que en el se narra bajo la pluma refinada y elegante de Sonia. Retoma ella el juicio a los tres indigenas y de la sentencia nos lleva al cuerpo del delito en un episodio que titula "De la fiesta al mitote", es decir, de la fiesta religiosa cristiana al mitote idolatrico. La fiesta se celebra en casa del cacique Cristobal la noche del domingo de Quasimodo, abril de 1539, y, segun el delator (el recien llegado parroco), hubo copal, pulque, borrachera, cantos paganos y don Cristobal se hizo llevar de los hombros "como los papas".

Se hacen las acusaciones, se inquiere, se buscan testimonios para sustentar el delito de idolatria en la casa de don Cristobal: se interroga a su hijo Gabriel, a su esposa Catalina, a todos los que alli vivian; el pueblo entero se conmociona mientras el clerigo Diego Diaz pregunta en nahuatl, pues conocia la lengua, y otro clerigo, Juan Gonzalez, tambien nahuatlato, toma nota. En otono comienza el juicio y los testigos declaran: salen a relucir las relaciones humanas entre esposos, padres e hijos, amos y criados, el cacique y sus subditos; salen los sentimientos y las acciones, el amor y el desamor, los afectos que a veces no se registran en la letra escrita.

Al final, los tres son llevados a la ciudad de Mexico para ser escuchados por Zumarraga y, como ya vimos, fueron encontrados culpables y recibieron una dura condena. El lector, en el relato de Sonia, se siente cerca de los reos a pesar de su aparente culpabilidad. Pero al llegar a este punto en que parece que la historia termina, el relato da un giro de 180 grados: los dos calpixques, Alonso de Linan y Luis Alvarez, que presenciaron y testimoniaron la "Noche de Quasimodo", se presentan ante Zumarraga y denuncian al parroco, Diego Diaz. Le acusan de levantar falsas imputaciones de idolatria e inclusive de fabricar idolos para culpar al cacique, de ser apostata y renegado, de hacer proposiciones a una india, dato aportado por Tristan, criado del clerigo. El comentario de Sonia es contundente: "La historia que revelaron los dos inescrupulosos espanoles puso al descubierto los actos de varios picaros, ellos incluidos, y los infortunios de tres indios, culpables de ciertas falsas pero inocentes de otras, aunque eso si, muy malqueridos" (p. 156).

Conocemos el impacto de la denuncia en Zumarraga a traves de una carta que doce dias despues dirigio el obispo al emperador y que Sonia comenta con detalle: en ella fray Juan se plantea la situacion de la joven iglesia mexicana y se centra en el hecho de que a esta tierra llegan clerigos sin compromiso de vivir conforme a su regla y honestidad de vida, antes bien llenos de codicia y deshonestidad. Llega a decir que prefiere morir antes que "consentir la disolucion y el mal ejemplo de muchos clerigos que aca pasan" (p. 159). La carta revela la angustia y el estupor del obispo ante gentes como Diego Diaz. Pero, destaca la autora, el impacto de esta historia repercutio en la conducta de Zumarraga, quien fue mucho mas transigente con los procesos que se ventilaban en la Inquisicion en 1540 como fue el proceso entre don Juan, cacique de Iguala.

Termina asi el segundo capitulo, el dedicado al "Tiempo de los indios", un capitulo intenso y atrayente que deja al lector apresado en una historia que nunca imagino. Ademas, Sonia interrumpe el relato para conectarlo con situaciones historicas analogas, como la disquisicion sobre un mitote narrado por Bernal Diaz, y la exposicion de las fiestas de las veintenas en las obras de fray Diego Duran, fray Bernardino de Sahagun, y Motolinia. Ahonda en la importancia simbolica de los elementos idolatricos como las contezuelas o chalchihuites y para explicar "el universo simbolico" medieval, presente en el Renacimiento, apela a la interpretacion de simbolo que hace umberto Eco en su obra Sobre literatura. Es mas, las dimensiones del relato cobran luz con Paul Ricoeur al analizar el paso de la palabra oral de los declarantes a la escritura de los juristas.

En suma, en este segundo capitulo se narran dos procesos que se contradicen entre si, pues los enjuiciados participan en los dos con papeles contrarios. El lector queda perplejo y anhela un final, necesita saber cuanto antes lo que realmente paso. El final es el tema del tercer capitulo, al que Sonia titula Mas alla del juicio: el tiempo del obispo y su parroco. Antes que cualquier solucion a al segundo juicio presenta ella dos retratos de los protagonistas principales de esta historia: Zumarraga y Diego Diaz. Son como dos estructuras firmes y bien dibujadas que se oponen radicalmente y que dan cuerpo a este relato en el que se plasma vigorosamente la condicion humana.

El obispo Zumarraga aparece dinamico y macizo, dueno de un mundo interior lleno de piedad y sabiduria: "El erasmista Zumarraga dialoga con los libros", dice Sonia, inspirada en el dicho de Eco", los libros dialogan entre si". (p. 165). Llego a las Indias en 1528 acompanado de su amigo fray Andres de Olmos, ambos veteranos en las batallas contra el demonio y las brujas de Navarra. Como hombre piadoso y humanista, Zumarraga patrocino la publicacion de varias Doctrinas y de la Regla christiana breve, 1547, obras que Sonia describe con gran conocimiento y precision, ya que de ellas se ha ocupado en varios trabajos. Por su parte, fray Andres escribio varios tratados en nahuatl sobre brujeria y actividad diabolica. Ambos temian al Maligno y luchaban contra el.

El retrato del clerigo es un "capitulito" sin desperdicio. Llego joven a la Nueva Espana, en 1530, y fue capellan de Hernan Cortes. Para 1536 conocia bien la lengua mexicana y era interprete en la Inquisicion. Con la lengua pudo adentrarse en la cultura y el pensamiento, cosa que aprovecho a la perfeccion como picaro y vividor. En 1537 fue enviado a las minas de Zumpango, en Guerrero, donde se rodeo de esclavos y mancebas. una noche, se incendio su casa y metio a sus cuatro mancebas en dos arcones y se las llevo a la Iglesia haciendolas pasar por ornamentos sagrados. Alli quedaron enterradas en vida y por la noche las sacaba y "se echaba con ellas". La escena, es para Sonia, un episodio siniestro y sacrilego, pero en la pluma de la autora esta llena de viveza y colorido. En 1539 Zumarraga lo traslado a Ocuituco y alli aumento su haren, ayudado de una alcahueta, Maria y al cuidado de un esclavo guatemalteco, Tristan. Llevaba con el una hijita, Petronila, habida en su estancia en Mexico.

En el relato se describe la actividad de este picaro que Sonia nos cuenta con gracia y que el lector puede visualizar con morbo: ademas de las mancebas hijas, el clerigo forzaba a otras muchas mujeres mediante la solicitacion, algo bastante frecuente en la clerecia. Las que se resistian eran castigadas sin piedad y con sadismo, con maltratos e inclusive con la muerte. En el proceso ante Zumarraga, Francisca Pantla, una de las mancebas, narra una escena insolita, la llegada a Ocuituco una noche de Zumarraga acompanado de fray Domingo de Betanzos y fray Juan Lopez a casa del clerigo. Lo encontraron en su camara con 6 mujeres, entre ella su hijita y Francisca Pantla estaba junto a el "en carnes". Tal era su deseo insaciable de mujeres que en la Navidad de 1541 llego a secuestrar y matar a un marido incomodo, Francisco y corrio la voz de que se habia ido a la guerra de Jalisco. En fin, estos y otros sucesos llenan paginas del proceso que termino en 1542 con sentencia de prision perpetua para Diego Diaz. Tras la descripcion de estos dos personajes, Sonia se hace una pregunta genial ?que hacian ambos por la noche? (p. 224). Tal pregunta obliga al lector a imaginar los dos lados del proyecto evangelizador, proyecto que era uno de los cimientos mas importantes en los que se debia sustentar el nuevo orden novohispano. La realidad estaba muy lejos del deseo y el deseo se alejaba de la realidad en manos de los hombres.

Una vez en la carcel, sucede algo asombroso: le permitian tomar vino y consiguio tener a Elena, una de sus mancebas, para que le cocinara. Tan consentido estaba que al ano se fugo con ella, con ayuda de otro clerigo. Los amancebados embarcaron en Veracruz rumbo a Espana y al pasar por Santo Domingo, Elena se quedo en Puerto Plata pues estaba embarazada.

Aunque parezca inverosimil, un ano despues, el clerigo regreso a Veracruz y se instalo en Puebla con su manceba y su hija. Pronto comienza a delinquir, a gozar de los deleites carnales y del deseo de venganza contra su antiguo criado, Tristan, al cual secuestra y casi mata. En 1547 es detenido y comienza un segundo proceso, en el que se remueve la historia de su vida llena de infamias y perversidades; es interesante que en este segundo proceso fungio como interprete fray Alonso de Molina. Se le acusa de "herejia y apostasia por fabricar idolos y papeles pintados" (p. 221) y sale a relucir una interminable lista de trasgresiones del sexto mandamiento. Pero el venia armado de cartas del Consejo de Indias y de bulas papales, expedidas nada menos que por Paulo III, el papa de la famosa bula Sublimis Deus, que probablemente nunca leyo Diego Diaz. Se sentia tan protegido que se permite desconocer al obispo como juez. Finalmente, el fiscal lo entrega al brazo secular para que lo castiguen y despues, nada se sabe de los protagonistas de este increible relato.

A falta de un final satisfactorio para el lector, Sonia dibuja un telon de fondo en verdad grandioso. En el hace un estudio psicologico de los antagonistas, el clerigo y su obispo, destacando la dimension social del problema. Los presenta como dos seres hechos de sustancias diferentes, dos estructuras de piedra opuestas en la naciente Nueva Espana. Y se pregunta: ?quien fue y que significo para los diferentes actores sociales el clerigo Diego Diaz? (p. 235).

En la conciencia popular fue el diablo mismo; en la conciencia de Zumarraga, el Mal con mayuscula, un miembro del poderoso Anticristo tal y como aparece en el Nuevo Testamento. Asi lo dice el Obispo en una carta que escribio al visitador Francisco Tello de Sandoval el mismo ano del proceso, 1547. La carta es para Sonia un "texto demoledor" en el que el obispo se queja con amargura y dolor de una campana de libelos en su contra emprendida por algunos clerigos para defender al parroco de Ocuituco.

A fines de este ano, recuerda Sonia, "poco faltaba para encontrarse el obispo con la muerte" (p. 241), pero todavia tuvo arrestos para escribir al principe Felipe y pedirle "que envie persona capaz en el ejercicio de juzgar, a la que teman el clero y la judicatura de esta gran Babilonia" (p. 241). Y lo mas importante: suavemente le dice que aun tiene la esperanza de pasar sus ultimos dias en el recogimiento y en la paz de un convento. Sonia relaciona este anhelo con la nostalgia que Zumarraga dejo escrita en la Regla christiana breue, publicada en este mismo ano de 1547. Alli dice que, "por sus pecados fue privado de la santa casa del Abrojo" cuando abandono su vida ascetica para venir a la Nueva Espana. En fin, el retrato de Zumarraga dibujado por Sonia viene a enriquecer la galeria de retratos que existe sobre esta figura emblematica de duro inquisidor y franciscano de la rigurosa observancia, que sono con la utopia de la fe y que no dudo en favorecer el estudio de las lenguas y la traduccion a ellas de la palabra divina.

Para terminar, en este telon de fondo con la figura de Zumarraga y su lucha contra el Mal, la autora perfila una sutil atmosfera creada por una iglesia celosa de encubrir el escandalo de sus pecadores: "la lentitud, el soborno, la impunidad" eran parte de un sistema que regia los dictados del papado y del Consejo de Indias en tierras tan alejadas donde el que llegaba queria hacer alguna conquista y mas si aprendia la lengua como era el caso del parroco de Ocuituco quien aprovecho su saber de nahuatlato para salir avante de transgresiones nefastas. En el texto, Zumarraga queda atrapado en esta sutil atmosfera de encubrimiento, que sin duda, era parte del Mal que Zumarraga perseguia.

Finalmente, el silencio del proceso y la muerte de Zumarraga se compensan con la figura de Tristan, el indigena guatemalteco que alza su voz para pedir justicia contra su amo. Sin duda, el es un simbolo abierto al futuro en el naciente orden novohispano, en el cual el deseo y la realidad estaban en una lucha que quiza no ha terminado.
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Author:Hernandez de Leon-Portilla, Ascension
Publication:Estudios de Cultura Nahuatl
Article Type:Resena de libro
Date:Jan 1, 2011
Words:3505
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