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Sonar con el numero 230 y deseo de vivir: mayo-noviembre 2006.

La noche del 5 de mayo, Azul sono con el numero 230. Trato de conectar el numero sonado con otros numeros, trato de encontrarle algun sentido. Sus anos de psicoanalisis la habian convencido que no se suena con un numero por mera casualidad. Siempre hay en juego algun sentido oculto, sobre todo en un numero tan preciso.

Si, no habia duda, habia sonado con el 230. Lo pronuncio en voz alta para ver si la palabra doscientostreinta se podia descomponer en otras palabras. Como "cincuenta", que es "sin cuenta". Pero no, no pudo encontrar ninguna asociacion valida. Entonces penso que el numero representaba los dias que le quedaban de vida. Azul venia luchando contra un cangrejo impiadoso desde hacia siete meses. Calculo que los 230 dias desde la noche del sueno se cumplirian el 15 de diciembre.

Mientras tanto que hacer. Se pregunto una y otra vez: ?Que debo hacer?, que puedo hacer?, ?que quiero hacer? Recordo el cuento de Borges: "El Milagro Secreto" en que el condenado a muerte le pide a dios un ano de vida para terminar su libro. Y que en el instante del fusilamiento vive subjetivamente ese ano y el milagro le fue concedido.

Azul tambien habia querido hacer un libro, dejar un libro que, como tener un hijo y plantar un arbol, se habian convertido en una meta valiosa de su vida para trascender y dejar algo a los que vendrian. Tener un hijo: trascender la propia finitud. Tuvo dos hermosas e inteligentes hijas y planto muchos arboles pero, ataduras internas la bloquearon para la escritura y en ese momento de su vida le dolia no haberse animado a escribir mas en ficcion. Que era como privarse de un placer inmenso. Tironeada entre sus dos amores, lo cientifico y lo ficcional, le dio mas tiempo y espacio al primero.

Tener un hijo, plantar un arbol, escribir un libro ...

Escribir un libro es dejar testimonio fragmentario y recreado de la propia vida, saldar la deuda con uno mismo y trascender a los demas.

Trabazones poco conscientes le senalaban a Azul que tenia miedo a mostrarse, su ideal de perfeccion estaba muy alto, demasiado alto, mas alto que una sequoia. Casi inaccesible. Aunque tenia miedo a nadar en lo hondo de la pileta, pudo aprender a nadar pero una crisis de angustia en el medio de la pileta olimpica la volvio a acorralar al borde para tener de donde tomarse cuando no hacia pie. A veces tenia miedo a comunicarse con los demas en otro idioma. Muchas cosas habia dejado sin poder terminar por no animarse a comprometerse a fondo.

Con el analisis, el miedo al avion se lo curo. Y pudo disfrutar de muchos viajes y conocer muchos lugares.

Y ahora, en lucha contra el cangrejo, queria enfrentar el miedo a soltarse a escribir y hacer el libro.

Escribir era como tener un hijo o plantar el arbol. Plantar un arbol: es dejar para los otros que la seguirian, todo lo que dan los arboles: oxigeno, madera, alimentos, flores, frutos, frescura, sombra, un cobijo para que los pajaros pudieran anidar, bellotas para las ardillas.

De su tronco sale la liber, la pasta para hacer el papel de los libros. Liber, libertad, el que aprende a leer se vuelve libre.

Un arbol, un lugar para que los ninos hagan las rondas, y jueguen a las escondidas. Azul penso que un hijo, sus hijas, un arbol y un libro habian sido parte en su vida de un mismo universo intimo, secreto e infinito, donde los elementos se ordenaban cosmicamente.

Tiempo despues Azul penso en la enorme influencia que tienen las creencias en la expectativa de la vida y en la determinacion de la muerte. Y se acordo del conmovedor cuento de O'Henry "La ultima hoja". En esta historia las protagonistas son dos jovenes estudiantes de Bellas Artes, Johnsy y Sue, que vivian modestamente en una habitacion de alquiler en el East Village de New York a comienzos del siglo veinte. En un piso superior vivia un pintor fracasado, hombre de alrededor de sesenta anos, Behrman, con una barba como la del Moises de Miguel Angel, quien era muy aficionado a la bebida. Behrman nunca habia podido pintar nada en su vida pero decia, mientras limpiaba sus pinceles sin uso alguno, que algun dia iria a hacer una obra maestra. Para ganarse la vida se ofrecia como modelo de los estudiantes, entre ellos por supuesto de Johnsy y Sue.

En el invierno, Johnsy se enfermo de neumonia, en una epoca muy anterior a la de los antibioticos. El medico que la atendio le dijo a Sue que Johnsy tenia una chance sobre diez y que esa chance era tener deseos de vivir. Pero Johnsy estaba sin ese deseo, no queria comer y se pasaba el dia mirando por la ventana al pequeno patiecito que daba a su cuarto. Una manana, Sue vio que Johnsy contaba en voz alta una cuenta regresiva. Ante su pregunta Johnsy le explico que estaba contando las hojas de hiedra que se estaban cayendo de la pared y que cuando cayera la ultima hoja ella se moriria. Sue, desesperada, lo llamo a Behrman y ambos vieron que iban quedando muy pocas hojas. Hasta que quedo una sola adherida a la pared.

Esa noche Sue se durmio pensando en que su vida se iria con la ultima hoja. Una tormenta de frio, viento y lluvia se descargo toda la noche. A la manana siguiente cuando Johnsy se desperto siguio viendo la hoja de hiedra en la pared. Entonces se arrepintio de su deseo de morirse, se incorporo y le pidio de comer a su companera.

Por otro lado durante un par de dias no lo vieron al Sr Behrman. Sue se entero y le conto a su amiga, que ya se estaba reponiendo, que el Sr. Behrman habia sido hospitalizado con una grave neumonia y acababa de morir. Pero ahi no termino el relato. Los vecinos encontraron que sus zapatos y ropas estaban mojados y frios cuando lo llevaron al hospital. ?Donde habria estado esa noche tan destemplada que lo enfermo? Quiza su paleta y pinceles esta vez si utilizados, con los verdes y amarillos mezclados, con los mismos colores que la ultima hoja que seguiria prendida sobre la pared, les diera alguna pista...

El sueno con el numero 230 le hace pensar a Azul en los arboles, y en vivencias y recuerdos acerca de los mismos. Siente que un mundo invisible, misterioso y pletorico de vida la liga a los arboles y plantas. Y, queriendo escribir lo que se le va ocurriendo, anota en su cuaderno lo que le viene a la mente:

Azul conocio al amor de su vida y vivio sus primeros orgasmos bajo los arboles.

Un arbol con yemas prometiendo la primavera la curo de una depresion, miro a sus hijitas pequenas y volvio a sentir deseos de vivir, de amar, de aferrarse a la felicidad de la vida.

Bajo las raices de una Acacia Nigricans del vivero de Miramar, estaban enterradas las cenizas del papa querido.

Estan los misteriosos abridores de carta tallados en madera negra con resonancias reconditas de selva que el tio Samuel le trajo del Africa y estan los arboles de naranjas y pomelos con que el tio Samuel hacia licores.

Esta el manzano del abuelo Pedro, que se cruzaba a nado el rio Dnieper para recoger manzanas y llevarlas con un aro de alambre alrededor del cuello a su casa de la otra orilla.

Y las palmeras de hojas grandes con las que el tio Luis hacia mascaras.

Estaba el cuento "La Vinca y el Roble" que Azul una vez escribio. Agua, aire, fuego y madera. Da la madera, madre, para las cunas, las camas para el reposo y el amor, las mesas para compartir la comida. Madera, madre, mama, mamita, mamitita, mami.

Volver para ser arbol.

No pedirle peras al olmo.

Los arboles mueren de pie.

El arbol de las balsas y las canoas. El arbol de la Vida, y de la Sabiduria. El arbol del Bien y del Mal. El arbol que dio la madera al Arca de Noe, que sobrevivio al

Diluvio Universal y el ginko biloba que sobrevivio a la bomba atomica de Hiroshima.

Esta la higuera de Paula Albarracin, bajo cuyas ramas telaba y telaba para criar a sus hijos, simbolo del esfuerzo y del trabajo.

Estan los dulces jacarandaes que en noviembre visten de lila a Buenos Aires, convirtiendola en una ciudad muy bella y maravillosa.

Esta bella "La Balada del Alamo Carolina" de Haroldo Conti, quien sono que era arbol y penso en un mundo mejor y que fue asesinado por la dictadura militar.

Esta el arbol a orillas del Rio Correntoso, donde Azul y su familia acamparon y en sus ramas colgaron una provoleta y un lomito ahumado que les robaron.

Esta el arbol para trepar, contar a las escondidas. En un arbol, junto con Coty, su amiga de la adolescencia, se leyo "Sinhue el Egipcio" y bajo la sombra de un pino en Valeria del Mar se leyo de un tiron "Cien anos de soledad".

Esta el arbol del ahorcado. Y la madera de los ataudes.

Estan las palmeras datileras que alimentan a los nomades.

Estan los bosques petrificados, y la Sequoias milenarias y, las Araucarias gigantes. En Merlo, San Luis, esta el centenario arbol El abuelo.

Estan los pirograbados en madera de la tia Juanita. En los arboles donde viven los duendes, las pequenas hadas de Anne la de Tejados Verdes.

Azul tambien tenia creencias sobre su muerte cercana e inexorable, aunque tambien pensaba que se iria a curar. ?Era ella tambien una condenada a muerte?

Decia Carpe Diem, Carpe Diem. Ahora vivo y lo disfruto. Pero por momentos, un huracan de angustias la envolvia y afloraba la melancolia. O la tristeza.

Cuando hizo un brindis y tuvo que pensar en deseos penso en buenos deseos para los demas, para si misma estaba su deseo de vida, pero ?no seria un deseo egoista?, se pregunto.

La enfermedad la habia vuelto algo narcisista. Su cuerpo a veces le daba senales que se le aparecian como aterradoras y temia estar al borde del colapso final. Mientras tanto seguia trabajando, daba clases, paseaba, hacia el amor con su marido, reconocia las ayudas recibidas, valoraba los amigos leales. Seguia viviendo y haciendo su tratamiento.

Pero la espada de Damocles pendia sobre su cabeza. Le aterraba el posible dolor fisico asociado a su enfermedad. Recordaba el sufrimiento de una tia muy querida.

Asi llego al 15 de diciembre. Azul no se murio ese dia.

Esa noche deseo sonar con el numero 1234.
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Author:Cantis-Carlino, Diana Silvia
Publication:Psicoanalisis
Date:Jan 1, 2007
Words:1923
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