Printer Friendly

Sintomatologia de la angustia (Hegel, Kierkegaard, Heidegger).

Symptomology of Anxiety (Hegel, Kierkegaard, Heidegger)

Como el que intenta desandar la vida y llega al callejon ciego que lo obliga a aceptar lo presente.

HUGO GUTIERREZ VEGA (1)

El senor se dio por satisfecho, se despidio con un paternal Hasta luego, y se fue a su vida. Entonces, por primera vez Adan le dijo a Eva, Vamonos a la cama.

JOSE SARAMAGO (2)

El pensamiento parte de la angustia y retorna a ella. Es el hombre angustiado, avido de sentido, aquel que se pregunta, aquel que emprende el andar urgente en espera de un encuentro nunca prometido. Para Hegel, la angustia se hace presente a manera de desesperacion; para Kierkegaard, esta llega al hombre junto con la conciencia de su condicion humana; en cambio, para Heidegger la angustia se da en el caer en cuenta del sentir no-estar-en-casa. En todos ellos el sentimiento de angustia representa el preludio de una libertad por asumir, de una apropiacion de la existencia.

En Hegel el sentimiento de la angustia se anticipa al escepticismo. Solo quien pretende el saber real y lo piensa como necesario esta condenado a ser defraudado. La conciencia natural defiende la certeza de su saber; lo que no es todavia capaz de prever es que el camino hacia el saber absoluto sera un camino negativo, un camino de continuas perdidas, de encuentros y desencuentros. Apenas se aferra a un saber, este se ha ido; todo saber esta sentenciado al fracaso, toda determinacion, tarde que temprano, encontrara su propia negacion. La conciencia natural, ante el continuo arrebato de cada saber logrado, de cada hallazgo realizado, comienza a sospechar; la sospecha ya pronostica la perdida de lo recien adquirido. Y es en esta sospecha donde comienza a brotar la desesperacion; las perdidas anteriores profetizan la inevitabilidad de la perdida siguiente. La conciencia natural desespera ante un saber que, aun teniendolo, se ve perdido, como todos los demas. En el cumplimiento de la profecia la duda toma fuerza, toma un caracter esceptico, se puede estar casi seguro de que la contingencia subyace a toda determinacion, se puede apostar a que todo haber que comparece en el mundo es un autentico condenado a muerte. Para Hegel, es aqui donde la conciencia natural reconoce la nada que tiene frente a si, pero no una nada en tanto que nada, sino una nada de eso que se niega y que es la condicion de aquello que esta por realizarse; se trata de una nada determinada. He ahi el fondo del mundo: un ineludible transitar de cosas que devienen en nada, la nada que funciona como mediacion entre lo que acaba y lo que comienza, entre lo realizado y lo que esta por realizarse. El hombre desesperado es aquel que, a traves de la experiencia y la inferencia, anticipa no solo el fin de cada cosa, sino, tambien, su propio fin, su inevitable acabamiento. Es el hombre esceptico que reniega de su propio escepticismo y al que le embarga la angustia como ese sentimiento que se da cuando se asiste al fin del mundo y se pretende retornar a su principio, como ese empecinado aferrarse a una determinada forma de estar a sabiendas de su inminente destino. La angustia asalta al hombre de manera violenta, un constante y agresivo arrebato que lo posee. En tal estado, la conciencia natural se siente amenazada, la realidad se le termina imponiendo a manera de despojo. Sin embargo, permanecer en la angustia no es mas que permanecer en el miedo a la verdad; quien posee el sentimiento de la angustia ha reconocido ya la verdad pero le cuesta asumirla. La verdad consiste, precisamente, en ese devenir; una vez que se ha hecho abstraccion de la negatividad, solo queda el reconocimiento de la nada que determina al haber, al haber de mundo. La angustia de la conciencia natural es el paso previo a la quietud de la conciencia filosofica, aquella que ha asumido el devenir dialectico, el acontecer absoluto.

Esta metamorfosis de la conciencia natural en conciencia filosofica corresponde, en Kierkegaard, al acto de asumir la propia condicion humana. Para Kierkegaard, el principio de la angustia es tambien el principio de la historia. La angustia inaugura la especie humana, Adan es el padre, nosotros sus hijos. El pecado original de Adan es, en el fondo, eso: origen; origen que origina la humanidad. Pero la culpa del pecado que Adan comete no sucede al acto de pecar, lo antecede. Adan se sabe primero culpable porque la culpabilidad no es consecuencia de ningun acto, lo que Kierkegaard pretende es mostrar que el pecado tiene que ver mas con un proceso de la conciencia que con un mero acto espontaneo. La culpabilidad que Adan siente nada tiene que ver con un sentimiento lascivo, de desbordamiento sexual, antes bien, al sentimiento de culpabilidad subyace un conocimiento o, mejor dicho, un re-conocimiento de una distancia insalvable entre padre e hijo, entre creador y creatura. Lo que Adan reconoce ante la prohibicion de Dios de no comer del fruto del arbol de la ciencia del bien y del mal es la prohibicion misma; Adan se ha dado cuenta de que lo que demanda la prohibicion es un deber y que lo que constituye a un deber es su posibilidad de desobedecerlo. Es aqui, en la posibilidad, donde a Adan le invade la angustia; de repente se ha concebido como hombre libre, es decir, como hombre, asi, a secas. La propia desnudez en la que Adan repara es el descubrimiento del yo, en tanto que yo volitivo. La separacion creador-creatura ahora tiene completo sentido, porque el creador ya no es identico a su creacion, su creacion ha tomado vida propia, es decir existencia, en el momento en que se ha asumido como un ser independiente. El saber que angustia a Adan no es el saber del bien y del mal, sino el saber-se libre, el ser testigo de aquella fractura padre-hijo que ha tenido lugar en el Eden.

Ahora bien, al igual que en Hegel, la libertad solo se puede dar teniendo como condicion la nada. A la contemplacion de la libertad absoluta le es inherente la contemplacion de la nada absoluta. Solo puede haber una total libertad ahi donde hay un total sinsentido. Lo que angustia propiamente a Adan es, claro esta, que sabe de su perdida de la inocencia, que se ha roto el vinculo con su creador, que en el descubrimiento de la culpa esta simultaneamente el descubrimiento de la libertad, pero tambien que se piensa obligado a actuar ahora que es el quien tiene que hacerse cargo de su propia existencia. Aqui se da la caida, es el comienzo de la historia de la humanidad porque Adan se ha hecho humano. Es la expulsion, el obligado exilio, lo que le exige a Adan elegir, es decir, existir: asumirse en una u otra posibilidad sin conocer bien la posibilidad en la que ha decidido asumirse. Asi, la existencia humana se inaugura como una existencia torpe, a tientas, en persistente ensayo y en persistente error. Lo que sigue es inevitable: solo reconociendo la propia desnudez es posible atenuar la angustia; solo emprendiendo el exodo es posible llegar a alguna parte.

En la filosofia de Heidegger se da tambien una caida, es la caida del Dasein en el Uno. La manera en la que el Dasein esta en el mundo es en su condicion de eyecto, de arrojado. Pero estar arrojado al mundo implica estar arrojado tambien a una estructura de significado que amortigua el arrojo. El Dasein esta en el Uno, lo que quiere decir que esta envuelto en un mundo ya construido, ya edificado, ya dado por el vulgo, por la masa, por lo que Nietzsche llamo, previamente, el ultimo hombre. En este abrigo en el que el Uno envuelve al Dasein, no puede decirse que este es dueno de si, al contrario, el Uno le ha despojado de su existencia, el Dasein no se pertenece a si mismo. Sin embargo, esto no quita que el Dasein siga estando en posesion de su disposicion afectiva. Si existe una manera en la que el Dasein pueda llegar a conocerse e ir tras la existencia que le pertenece, esta se ha de dar en la apertura, se ha de dar transgrediendo el mundo que el Uno le ofrece en la inmediatez.

Asi como Adan se angustia en el reconocimiento de la prohibicion, asi tambien se puede decir que algo ha angustiado al Dasein cuando este reconoce su mundo como un mundo que, de repente, se le presenta distante y distinto. Y es por esta disposicion afectiva que le es constitutiva por lo que el Dasein ha previsto algo que le es angustiante. Pero esta formulacion es, de entrada, equivoca; para Heidegger la angustia no se puede dar ante una determinacion, ante un mero algo intramundano, la angustia ante la que el hombre se angustia tiene que ver con aquello que rebasa a cualquier ente. Si lo que experimenta el Dasein fuera temor, se diria entonces que, efectivamente, hay algo que atemoriza al Dasein, pero el sentimiento del Dasein, en este caso, no es de temor, es de angustia; lo que el Dasein, de repente, ha divisado no es algo temible, sino un no-algo angustiante. Ante tal vision el Dasein emprende la estampida, la huida hacia el Uno, ahi donde se siente seguro, comodo, como-en-casa.

Eso ante lo que el Dasein ha huido no puede ser, pues, algo porque es, precisamente, la nada misma. "El ante-que de la angustia es el estar-en-el-mundo en cuanto tal", (3) es decir, saberse en el mundo, pero no en el mundo del Uno, ahi donde todo, o casi todo, tiene sentido; el mundo ante el cual el Dasein se angustia es el mundo en cuanto tal, el mundo en tanto desprovisto de toda significatividad. Es ese mundo en el que la conciencia natural de Hegel desespera, ese mundo en el que Adan tiene que emprender el exodo, ese mundo donde el Dasein se vuelve a si mismo y se descubre en la misma desnudez que el primer hombre, es decir, se descubre como pura posibilidad.

A partir de aqui la consecuencia es anunciada: si el mundo como tal carece de todo significado que pretenda determinarlo, la angustia no es solo angustia ante, es tambien angustia por; angustia por si mismo puesto que ha comprendido que si el mundo no significa nada, entonces su si-mismo no podra ser comprendido a partir del mundo. El Dasein, en tanto que estar-en-el-mundo, esta, en el fondo, suspendido en la nada: en esto consiste su libertad.

Cualquier gesto del Dasein ante la libertad puede entenderse como una reaccion ante el sentimiento de la angustia. El Dasein que ha asumido la libertad condicionada por la nada se ha apropiado de su existencia, de la misma forma en que la conciencia natural de Hegel deviene conciencia filosofica o la manera en que Adan se hace hombre. En todos los casos, la libertad como posibilidad es consecuencia de una nada que se deja entrever como resultado de esa duda que va hacia el saber y, en lugar de este, se encuentra de nuevo consigo misma. Pero la libertad, que es necesaria para la apropiacion de la existencia, no se da asi sin mas, sin ninguna exaltacion; a la libertad antecede siempre un sentimiento ineludible de orfandad, de una soledad apenas soportable: para la conciencia natural, este sentimiento consiste en el constante arrebato de lo conseguido, para Adan, en el abandono de Dios, para el Dasein, en el desapego del Uno. Cualquiera que sea el modo en el que esto se represente, se trata de la perdida del sentido como condicion de la autoapropiacion; es la escena de Edipo asesinando a su padre, para luego ser condenado al destierro, arrepentido, ciego; con la misma ceguera con la que el hombre libre enfrenta al mundo. Es, tambien, el suicidio de Priamo y Tisbe; los Adan y Eva adolescentes que no supieron soportar la angustia de la perdida del otro al que la bestia amenaza. Es la historia de todos los pueblos presurosos de fundar un sentido, de moldear esculturas y erigir templos. Es la odisea del pensamiento filosofico que parte de la angustia para retornar a ella.

Recepcion: 24 de febrero de 2018

Aprobacion: 2 de abril de 2018

Fuentes bibliograficas

Colomer, Eusebi, El pensamiento aleman de Kant a Heidegger, Herder, Barcelona, 1990.

Gutierrez Vega, Hugo, Peregrinaciones. Poesia 1965-2001, Fondo de Cultura Economica, Mexico, 2002.

Hegel, Friedrich, Fenomenologia del espiritu, Fondo de Cultura Economica, Mexico, 2015.

Heidegger, Martin, Ser y tiempo, Trotta, Madrid, 2014.

Kierkegaard, Seren, El concepto de la angustia, Espasa-Calpe, Mexico, 1989.

Saramago, Jose, Cain, Punto de lectura, Madrid, 2013.

Irving Josaphat Montes Espinoza, Estudiante de la Licenciatura en Filosofia y Ciencias Sociales, ITESO. irvingjosaphat13@gmail.com

(1.) Hugo Gutierrez Vega, "Poemas para el perro de la carniceria" en Peregrinaciones. Poesia 1965-2001, Fondo de Cultura Economica, Mexico, 2002, p. 220.

(2.) Jose Saramago, Cain, Punto de Lectura, Madrid, 2013, p. 12.

(3.) Martin Heidegger, Ser y tiempo, Trotta, Madrid, 2014, p. 204.
COPYRIGHT 2018 Universidad Jesuita de Guadalajara, Departamento Filosofia y Humanidades ITESO
No portion of this article can be reproduced without the express written permission from the copyright holder.
Copyright 2018 Gale, Cengage Learning. All rights reserved.

Article Details
Printer friendly Cite/link Email Feedback
Author:Josaphat Montes Espinoza, Irving
Publication:Xipe Totek
Date:Oct 1, 2018
Words:2307
Previous Article:Capitulo decimo tercero. Recapitulacion.
Next Article:La universidad en la mision de la Compania de Jesus (mesa de dialogo).
Topics:

Terms of use | Privacy policy | Copyright © 2019 Farlex, Inc. | Feedback | For webmasters