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San Pedro de Atacama y la cuestion Tiwanaku en el Norte de Chile: impresiones a partir de un clasico estudio ceramico y la evidencia bioarqueologica actual (400-1.000 d.C.).

SAN PEDRO DE ATACAMA AND THE TIWANAKU ISSUE IN NORTHERN CHILE; VIEWS FROM A CLASSIC CERAMIC STUDY AND NEW BIOARCHAEOLOGIAL DATA (AD 400-1,000)

Por medio de este estudio retomamos la problematica Tiwanaku en San Pedro de Atacama (Figura 1), puesto que las interpretaciones realizadas sobre el periodo Medio todavia son insuficientes y porque, segun veremos, nuevas evidencias bioarqueologicas aportan con nuevos datos y conclusiones que obligan a repensar el periodo Medio en los oasis atacamenos. El estado actual de la investigacion mantiene una concepcion jerarquica y conservadora de la relacion entre ambas entidades (San Pedro y Tiwanaku), lo que ha redundado en explicaciones todavia simples de la complejidad social de la epoca. Segun estas concepciones, la historia de San Pedro por una u otra razon depende de la existencia de Tiwanaku y, bajo un claro sesgo occidental, su desarrollo comunitario se encuentra subordinado al proyecto del Estado (Berenguer y Dauelsberg 1989; Stanish 2002). No obstante existen enfoques alternativos al respecto (Niemeyer et al. 2015; Torres-Rouff y Hubbe 2013), estos tampoco han podido superar el paradigma, probablemente porque la misma cultura material estudiada tiene una carga simbolica e ideologica que conduce la mirada hacia esas concepciones de mundo. Por lo mismo, la identidad y la diversidad no se valoran adecuadamente en terminos del significado social para comprender que, como en cualquier hecho historico, la complejidad del periodo se gesto a partir de la microfisica y peculiares dinamicas del poder (Foucault 1992; Zizek 2003).

Dentro de esta problematica general y manteniendo una posicion critica respecto de la misma (Uribe 2004; Uribe y Aguero 2001, 2004), nos propusimos retomar la relacion entre Tiwanaku y San Pedro de Atacama, en tanto el punto mas lejano al sur de los Andes donde se concentra evidencia de esta cultura y epoca. Para ello nos centramos en los estudios arqueologicos y bioantropologicos de los cementerios de Solcor y Coyo, correspondientes a dos puntos claves para evaluar el impacto Tiwanaku y las dinamicas locales (Berenguer y Dauelsberg 1989; Costa y Llagostera 1994; Llagostera et al. 1988; Tarrago 1989).

Sin desconocer lo anterior, nos parece posible develar una realidad distinta. En efecto, gracias a la ceramica y al apoyo de la biarqueologia hoy se puede visualizar una sociedad sanpedrina en constante tension y con importantes signos de conflicto interno, los que se desenvolvian en un juego que enfrentaba al colectivo y al individuo; a la tradicion representada por el chamanismo y los sujetos emergentes ejemplificados por aquellos que mantenian contactos a larga distancia y accedian a recursos foraneos por intercambio. A modo de hipotesis, consideramos que el normado y emblematico estilo de la alfareria negra pulida de San Pedro, en conjunto con otros datos, permiten ahondar en estas dinamicas (Gosselein 1998, 2008). A nuestro juicio, su clara identidad y aparente homogeneidad, a nivel de objeto y de contexto, darian cuenta de una imagen equivoca de la sociedad, invisibilizando las contradicciones internas que se experimentaron en aquella epoca y favoreciendo, hasta la actualidad, ideas de unidad etnica, armonia social, enriquecimiento economico, liderazgo regional, entre otros (Llagostera 1996; Nunez 1992).

La Arqueologia del Periodo Medio y San Pedro de Atacama

Al igual que en el resto de los Andes Centro Sur, la problematica Tiwanaku es sumamente conocida en la prehistoria del Norte de Chile (Berenguer et al. 1980; Berenguer y Dauelsberg 1989). Es claro que la distribucion de la iconografia de Tiwanaku, al menos desde el 500 d.C., abarco una vasta area (extremo sur del Peru, oeste de Bolivia, norte de Chile y Noroeste Argentino), configurando la orbita cultural de lo que se entiende como el primer Estado altiplanico prehispanico (Stanish 2002). Por lo tanto, existe consenso en que Tiwanaku fue protagonista del desarrollo de la complejidad andina; no obstante, todavia no hay acuerdo en cuanto a la naturaleza de su dispersion, supremacia politica y, en consecuencia, de una supuesta expansion territorial. Por lo mismo, esta situacion ha sido interpretada de diferentes maneras, ya sea como resultado de un Estado expansivo o imperio, un centro economico, un movimiento religioso, un lugar simbolico e identitario, una confederacion multietnica, etc. (Albarracin-Jordan 1996; Bennett 1956 [1934]; Berenguer 1998; Browman 1984; Conklin 1991; Cook 1994; Goldstein 1995-96; Isbell 1983; Isbell y Cook 1987; Janusek 2004, 2008; Kolata 1993; Korpisaari 2006; Menzel 1964; Mujica 1985; Nunez y Dillehay 1995; Ponce 1972; Stanish 2002; Wallace 1980).

En las ultimas decadas los arqueologos han tendido a examinar la problematica Tiwanaku fuera del nucleo altiplanico, principalmente en terminos de estrategias de acceso a recursos y complementariedad economica, o bien de un sistema religioso compartido, en consonancia con el modelo de control vertical de Murra (1972; Masuda et al. 1985; Niemeyer et al. 2015). En la cuenca del Titicaca se ha avanzado notablemente en terminos de la comprension sociopolitica de la genesis y del fenomeno Tiwanaku, apelando desde la economia politica o la teoria de la practica a las dinamicas del liderazgo, la competencia, la identidad y la etnicidad (Janusek 2004, 2008; Stanish 2002); sin embargo, no ha ocurrido lo mismo con la periferia y menos aun con los espacios mas lejanos donde ha sido notada su influencia.

Salvo pocas excepciones (Owen 2005), estas reconstrucciones adolecen de un reduccionismo formal en perjuicio del entendimiento y subordinacion de las practicas politicas e ideologicas que implicaron fenomenos de esta clase, de antemano concebidos como Estados expansivos o imperiales. De este modo, se mantiene la idea generalizada de que Tiwanaku y su esfera de influencia formaron un megasistema con relaciones centro-periferia desde una perspectiva ecologica y politicamente centralizada (Kolata 1993). Las investigaciones, especialmente norteamericanas y ciertas miradas nacionales andinas, insisten que a lo largo de ese primer milenio en la cuenca del lago Titicaca existio una sociedad agroganadera, tecnicamente avanzada, socialmente estratificada y cuyo principal centro (urbano y religioso) fue la capital de una de las entidades expansivas mas grandes de la civilizacion andina (Berenguer 2000; Ponce 1972; Posnansky 1957; Stanish 2002). Sin embargo, estas interpretaciones y los enfasis de cada una de ellas fallan porque la supuesta expansion es explicada de manera unilateral, exclusivamente solo del nucleo o desde la periferia.

Una mirada arqueologica convencional

Para el caso de San Pedro de Atacama (Figura 2), las evidencias arqueologicas sugieren contactos con el altiplano desde mediados del periodo Formativo (fases Toconao y Sequitor), ocurriendo el momento de mayor interaccion entre los anos 400 y 1.000 d.C., correspondientes a las fases Quitor y Coyo del Periodo Medio (Berenguer et al. 1986; Tarrago 1989; Torres-Rouff y Hubbe 2013). Los contextos funerarios ubicados entre las fases Toconao y Sequitor, alrededor de los anos 350 a.C. y 400 d.C., presentan las primeras tabletas para el consumo de alucinogenos con iconografia altiplanica de personajes de perfil contorsionados con nariz prominente y elementos de sacrificio en las manos como hachas y cabezas humanas, asociadas a alfareria local roja y negra pulida (Le Paige 1965; Llagostera 2015; Orellana 1984, 1985). Tales evidencias han sugerido una participacion creciente de San Pedro en una amplia red de trafico que se relacionaria con un aumento de la ocupacion e intensificacion agricola entre los rios San Pedro y Vilama (Llagostera 1996; Nunez 1992); en paralelo al crecimiento de cementerios en cada oasis, la popularizacion de la ceramica negra pulida y el auge de la industria en madera (p.ej., parafernalia alucinogena, cucharas y otros objetos).

Se asumio, entonces, que en San Pedro se produjo un comportamiento homogeneo y generalizado, lo que se tradujo basicamente en dos modelos para explicar el origen de objetos de estilo Tiwanaku. El primero de ellos esta marcadamente influenciado por el modelo de Murra (Mujica 1985), aduciendo un contacto directo entre la poblacion atacamena y la altiplanica a traves de la instalacion de colonias foraneas en los oasis y el establecimiento de un fuerte dominio religioso (Benavente et al. 1986; Thomas et al. 1984, 1985; Torres y Conklin 1995). El segundo refiere a la existencia de contactos indirectos entre los oasis atacamenos y las poblaciones del altiplano, pero intermediados por grupos meridionales mediante alianzas o confederaciones envueltas en redes de trafico y caravanas con fines economicos como religiosos (Berenguer 2000; Browman 1984; Llagostera 1996; Nunez 1984, 1992; Nunez y Dillehay 1995). Tales contactos implicarian una negociacion manejada por las cabezas o principales de cada grupo, en terminos de relaciones de "clientelaje" entre elites, configurando una amplia esfera de intercambio a base de caravanas de llamas dentro de lo que se ha denominado la ultra-periferia Tiwanaku (Berenguer 2000; Berenguer y Dauelsberg 1989; Kolata 1993; Stanish 2002).

Durante esos momentos, San Pedro ingresaria a circuitos de interaccion e intercambio con el altiplano del Titicaca, pero sobre todo integraria parte de una red mayor con el Altiplano Meridional y el Noroeste Argentino (Llagostera 1995). Todo lo cual adquiriria plena definicion entre los anos 400 y 500 d.C. cuando se dio paso a la fase Quitor asociada a la alfareria negra pulida clasica, el florecimiento del trabajo en madera con iconografia propia y el claro ingreso de materiales Tiwanaku a los oasis, los que pronto traspasarian su imagineria al complejo alucinogeno local (Horta 2014; Le Paige 1964; Llagostera 2006; Tarrago 1989; Thomas et al. 1984; Torres y Conklin 1995). Tal situacion ha llevado a afirmar la ampliacion del intercambio, cuyo control comenzo a centralizarse en los oasis, desenvolviendose una gran complejidad sociopolitica (Nunez 1992; Llagostera 1996). Lo anterior seria elocuente en los objetos de oro junto a ceramica negra pulida en las tumbas de Larache o Casa Parroquial y otros artefactos de metal en los cementerios de Quitor y Solor que demostrarian la existencia de jerarquias locales capaces de mantener relaciones foraneas de alto nivel (Lechtman y Macfarlane 2005; Le Paige 1961; Salazar et al. 2011; Stovel 2001).

Sin embargo, seria en la fase Coyo, entre los anos 750 y 1.000 d.C., cuando en San Pedro se concentran las evidencias Tiwanaku. Paralelo a esto se habrian sucedido ciertos cambios en la produccion alfarera local como un posible desplazamiento de la fina ceramica negra pulida por otra de color gris, mas gruesa y "casi" pulida, junto con la aparicion de otros tipos locales (p.ej., mitad negros-mitad rojos, incisos y/o grabados) y algunos ejemplares Tiwanaku (Munizaga 1963; Tarrago 1989). Muchas de estas manifestaciones se concentrarian en el cementerio Coyo Oriente, dando nombre a la fase respectiva y mostrando, especialmente por medio del complejo alucinogeno, una marcada influencia altiplanica o "tiwanakizacion" de la localidad (Llagostera 2006). Esta intensificacion de vinculos foraneos se asociaria con un desplazamiento de la poblacion local hacia sectores no ocupados durante el momento anterior; lo que al parecer se habria relacionado con intereses mas especificos como la mineria, segun lo sugiere una importante presencia de martillos liticos y procesamiento de cobre en otros sectores de Coyo (Costa y Llagostera 1994). Un panorama tan sofisticado como este ha sido sugerente de un sistema sociopolitico encabezado por lideres o linajes con poder de acumulacion, representantes de los grupos locales o de condicion extranjera que eran los responsables de establecer alianzas. Estos ultimos, muy probablemente, lo harian a traves de estrategias de parentesco, intercambio y chamanismo debido a la vinculacion de objetos exoticos y/o foraneos con determinados tipos de deformacion craneana y elaborados ejemplares del complejo alucinogeno asociados a determinados individuos, especialmente masculinos (Berenguer et al. 1980; Horta 2014; Llagostera 1996).

Desde la perspectiva de Llagostera (2015), San Pedro desarrollo un patron politico, social y cultural propio que habria integrado la realidad circumpunena desde el Formativo hasta consolidarse en el periodo Medio, donde Tiwanaku ayudo a reforzar esta estructura. En efecto, sin la necesidad de establecer colonias como en otras partes de los Andes, la entidad altiplanica habria impulsado cambios al interior de la sociedad local, dando mayor prestigio a ciertos grupos e introduciendo una nueva ideologia que reforzaba el regimen de jefaturas. Por consiguiente, la alta eficiencia del sistema implementado habria permitido que los oasis atacamenos alcanzaran niveles de desarrollo mas complejos y mejores condiciones de vida que los imaginables en un territorio tan desertico y marginal (Berenguer 2000; Berenguer y Dauelsberg 1989). Sin embargo, todavia resulta escaso e insuficiente el conocimiento de la estructura y funcionamiento de esta sociedad para permitirnos una real comprension de las conexiones a tan larga distancia entre las entidades del Titicaca y el territorio circumpuneno. En particular, porque se mantiene la idea de una poblacion subordinada y dependiente de los intereses externos, lo que no permite percibir la capacidad de agencia de la sociedad local ni sus formas de participacion y contribucion a la formacion de un orden politico superior. De este modo, con mayor o menor enfasis, el esquema anterior ha sido objeto de critica por parte de la arqueologia debido a que promueve una idea homogenea y la simplificacion del fenomeno andino (Albarracin-Jordan 1996; Uribe y Aguero 2001).

La mirada bioarqueologica renovadora

No obstante aquello, algunos estudios bioarqueologicos como los realizados para los conocidos cementerios de Solcor han postulado la existencia de una mayor variabilidad al interior de la poblacion local, al menos a nivel funerario (Bravo y Llagostera 1986; Knudson 2007; Nado et al. 2012). En la actualidad, esto ha permitido fortalecer la idea que los grupos autoctonos de San Pedro de Atacama manejaron los vinculos con Tiwanaku de diversas formas durante el periodo Medio. Estos estudios han distinguido grupos que exhiben cierta riqueza de ofrendas e incorporan de manera diferencial objetos de estilo Tiwanaku (Nado et al. 2012). Por ejemplo, los individuos enterrados en Solcor 3, a diferencia de aquellos de Solcor Plaza, muestran tumbas mucho mas ricas respecto del total de piezas presentes (p.ej., artefactos de metal y tabletas para alucinogenos). Solcor 3, ademas, expresa una gran apertura a los materiales Tiwanaku (p.ej., tejidos y tabletas). Sin embargo, la correlacion entre tumbas con gran concentracion de objetos y la presencia de bienes Tiwanaku es bastante debil; o sea, entierros ricos no contienen necesariamente piezas del estilo altiplanico. Por otra parte, la proporcion de individuos enterrados con objetos foraneos no-Tiwanaku no muestran diferencias significativas entre uno y otro sector de Solcor.

Una situacion analoga ocurriria con el cementerio de Larache, donde se han encontrado tumbas con ofrendas Tiwanaku, pero los individuos enterrados junto a ellas no presentan evidencias de ser foraneos ni del Titicaca. En tanto que los individuos no locales o foraneos de Larache no estarian asociados a piezas altiplanicas (Knudson y Torres-Rouff 2014). En general, por lo tanto, las tumbas con piezas Tiwanaku constituirian casos muy particulares y vinculados indistintamente a personas locales o no foraneas. De manera complementaria, los isotopos de estroncio han permitido determinar la presencia de cinco individuos con valores de 87/86Sr que sugieren origenes de al menos dos regiones distintas, unos del altiplano y otros foraneos a San Pedro y al altiplano mismo. En general, la variacion del Sr seria considerable respecto de los valores locales, sugiriendo diversidad de poblaciones y un radio mayor del territorio manejado por las comunidades atacamenas durante el periodo Medio.

Los estudios relativos a deformacion craneana, por su parte, senalan la popularidad de esta practica y la existencia de multiples estilos, destacando que las proporciones entre craneos deformados y no deformados no difieren mucho entre cementerios (Costa et al. 1995). Pero tambien se advierten ciertas diferencias dentro de los ejemplares deformados (circulares y tabulares), a partir de lo cual se han propuesto origenes locales y foraneos para los individuos que detentan una determinada deformacion (Torres-Rouff 2002). Por ejemplo, en Solcor Plaza serian mas comunes las formas circulares que se consideran caracteristicas del altiplano; en tanto, las tabulares tendrian un largo desarrollo local, destacando en Solcor 3. Integrando las evidencias, Torres-Rouff (2002), como tambien Nado et al. (2012), han concluido que la presencia de objetos foraneos y la alta variedad de deformacion estarian asociadas a individuos preferentemente locales, segun su senal isotopica del Sr. No obstante, aunque dominante a nivel local, la deformacion tabular tambien aparece entre sujetos foraneos, asi como la deformacion circular. De cualquier forma, casi ninguno de estos individuos foraneos fue enterrado con objetos Tiwanaku, al menos en Solcor (Llagostera et al. 1988).

Respecto de la dieta, los analisis de isotopos de carbono realizados en esmalte dental (Nado et al. 2012) son indicativos de que la poblacion de San Pedro mantuvo una dieta relativamente rica en maiz ([C.sub.4]) complementada con otras plantas cultivadas ([C.sub.3]). Sin embargo, tambien se han detectado diferencias significativas en el consumo de maiz, ya que en Solcor Plaza se registra una ingesta mayor que en Solcor 3. A pesar de esta situacion, los individuos foraneos de ambos cementerios (dos en Solcor 3 y tres en Solcor Plaza) no mostrarian mayor diferencia respecto de la dieta local. No obstante, evidencia como esta se uso para postular una dieta distinta a principios y fines del periodo, provocada por el contacto con Tiwanaku, lo cual se ha relacionado con un incremento del consumo de maiz y proteinas, como sugirieron Costa et al. (Cocilovo et al. 2014; Costa et al. 2004; Neves y Costa 1997).

De acuerdo con estos antecedentes, hoy las investigaciones proponen la existencia de una compleja negociacion de la presencia foranea en San Pedro de Atacama (Nado et al. 2012), aunque manteniendo la vision de una potente influencia Tiwanaku en algunos oasis (Llagostera et al. 1988). Se presume que la mayoria de los individuos enterrados tienen una identidad atacamena o sanpedrina, reflejada en el tratamiento mortuorio y el estilo funerario. Incluso se plantea que esta identidad fue desarrollada a nivel de subgrupos; de tal modo que las distinciones especificas habrian sido resueltas a traves del acceso y empleo de simbolos identitarios lejanos. Desde esta perspectiva, los personajes foraneos se habrian incorporado a la dinamica local, participando y desplegando elementos de identidad atacamena.

Bajo este supuesto, la concentracion de deformacion anular en Solcor Plaza es entendida como una senal corporal de expresar sus nexos con el Titicaca. Al contrario, la poblacion de Solcor 3 habria hecho lo mismo pero mediante la adquisicion de objetos Tiwanaku. Por lo tanto, se entiende que la falta de correlacion entre la deformacion anular y los bienes altiplanicos responderia a estrategias diferenciadas para establecer su identidad en relacion con simbolos foraneos y poderosos. Igualmente, los alimentos como el maiz y la mayor provision de proteinas obtenidas del ganado altiplanico pudieron actuar como simbolos para mostrar estas conexiones.

En este sentido, los resultados de los isotopos, y en particular los de Sr, son considerados la expresion de una migracion hacia San Pedro mas compleja que la planteada hasta ahora, apoyando la hipotesis de una diaspora Tiwanaku por distintas zonas del sur de los Andes (Goldstein y Owen 2001; Owen 2005). Lo anterior seria coherente con otros analisis bioarqueologicos que han afirmado una mayor diversidad genetica durante el mismo periodo (Varela y Cocilovo 2011). Por lo mismo, los contextos demostrarian cierta variabilidad en el comportamiento de los individuos foraneos, quienes asimilarian elementos de las tradiciones locales. Desde esta perspectiva, al menos en la muerte, estos no habrian sido tratados como extranjeros sino como parte de la comunidad sanpedrina. Habrian adquirido la cultura material local y con ello su identidad, en vez de mantener su caracter y el monopolio de los objetos relacionados con su lugar de origen (Nado et al. 2012). El uso de bienes Tiwanaku, entonces, no solo estaria ligado a la presencia de los inmigrantes del altiplano, sino a las dinamicas de la sociedad local y sus competencias internas, llevandolos finalmente a participar de la periferia altiplanica. Por lo tanto, mas que obedecer a una condicion impuesta hegemonicamente del centro a la periferia, los grupos de San Pedro habrian manejado la integracion de agentes foraneos y manipulado los indicadores materiales de sus contactos en favor de su propia reproduccion e identidad.

Finalmente, la variabilidad bioantropologica mencionada previamente ha sido correlacionada por Torres-Rouff y Hubbe (2013) con la ocupacion de los diferentes cementerios por medio de una evaluacion cronologica de los oasis o ayllus atacamenos. A partir de 53 fechados de radiocarbono 14, realizados en muestras de individuos de los ayllus de San Pedro y Toconao, los autores han confirmado una ocupacion continua de estos a traves del tiempo. Se destacan los casos de los ayllus de Quitor y Solcor con fechas que abarcan desde el Formativo Tardio hasta el Intermedio Tardio, contradiciendo la clasica asociacion entre fase cronologica y un ayllu en particular (Berenguer et al. 1986; Tarrago 1989), a partir de lo cual han propuesto que los cementerios fueron utilizados de manera contemporanea. Por lo tanto, se observa una variabilidad mucho mayor tanto a nivel intra como inter sitios en terminos sincronicos y diacronicos, lo que ha tendido a quedar oculto por adscribir cada ayllu a una fase particular. En suma, Torres-Rouff y Hubbe (2013) argumentan que las ocupaciones dentro y entre oasis serian independientes en el contexto espacio-temporal, sin responder a un patron unico "atacameno" que tiende a homogeneizar los cementerios de San Pedro. Todos estos aspectos se suman y complementan con la alta diversidad observada en la evidencia bioantropologica asociada a diferencias de organizacion social y estatus, asi como la relacion o ausencia de ella con individuos foraneos, tanto provenientes de Tiwanaku como de otras regiones.

Un Contrapunto Arqueologico

Los avances desarrollados por la bioarqueologia en esta problematica han sido sumamente atractivos, porque se entienden desde una antropologia del cuerpo y del individuo (Agarwal 2012; Stone 2012), la que aun ha sido poco desarrollada por la disciplina en el norte de Chile. Ahora bien, el manejo del cuerpo por la sociedad y la cultura tambien denota una situacion erratica, puesto que muchas veces implica caracteres impuestos a temprana edad y dificiles de manipular por la voluntad individual, impidiendo visualizar otras dimensiones del fenomeno social. A diferencia de lo anterior, la cultura material permite realizar una lectura complementaria del hecho biologico y social, ya que corresponde a una creacion individual dentro de ciertas pautas colectivas, cuyos productos se pueden repetir, usar y manipular segun distintos intereses, contextos y momentos. Por lo mismo, la participacion de objetos como la ceramica en las dinamicas humanas es muy significativa, ya que su presencia, consumo y descarte dependen esencialmente de motivaciones sociales (Gosselain 1998; Uribe 2011). Por tal razon, aunque es un elemento muy parcial de la realidad, nos parece apropiado el estudio de la ceramica ritual y funeraria de San Pedro de Atacama para actualizar la reflexion en torno a la sociedad del periodo Medio, comparando los datos ceramicos, ciertos indicadores bioarqueologicos y nuestras nociones de complejidad social (McGuire 1983; Uribe 2006). Esto ultimo sera entendido bajo un razonamiento que, desde la teoria social de la estructuracion y la practica (Bourdieu 1977; Giddens 1995), concibe los conceptos de colectivo e individuo asi como complejidad y desigualdad, estrechamente imbricados:

La evolucion, entonces, es la historia de la complejidad social que desde una perspectiva metodologica requiere establecer para su comprension, entre otros aspectos, la interaccion entre heterogeneidad y desigualdad, entendiendo que a mayor heterogeneidad la sociedad no necesariamente es mas desigual, sino al reves y que en cualquier caso es mas o menos compleja ... por lo que la sociedad compleja se constituye por esa gran diversidad social y siempre es desigual (Uribe 2006:95).

Algunas precisiones metodologicas

Este acercamiento a la problematica se ha encauzado a traves del examen de las colecciones y ceramica de los cementerios de Solcor 3 y Coyo Oriente, las cuales componen una muestra que suma mas de 400 vasijas. La metodologia comprendio el registro del material y su tipologia, elaboracion de bases de datos, seleccion de atributos o variables a estudiar por medio de estadistica descriptiva como porcentajes o frecuencias que fueron vertidos en graficos y tablas para proveer una clasificacion final. En primer lugar, esta clasificacion se baso en un reconocimiento visual macroscopico y bajo lupa de las piezas enteras o fragmentadas, realizando una descripcion estandarizada de las pastas, los tratamientos de superficie, la morfologia y decoracion de las vasijas (Uribe 2004; Varela et al. 1993). Se puso enfasis a la observacion equilibrada de los aspectos tanto tecnologicos como esteticos (p.ej., superficie y decoracion), evitando las distorsiones que generalmente promueven los atributos estilisticos por si solos. Para sistematizar estos registros, en una segunda etapa, se construyeron bases de datos donde se integro y ordeno cuantitativamente la informacion seleccionada, utilizando el numero de piezas o fragmentos indicativos de vasijas completas, respectivamente. Ademas se realizaron apreciaciones acerca del modo como se habria depositado la alfareria, considerando la forma de las vasijas, la abundancia o escasez del material, su condicion nueva o usada, su relacion con otras piezas presentes en las tumbas y cronologia, lo cual proporciono informacion significativa acerca de las actividades y los contextos que se desarrollaron sincronica o diacronicamente en cada sitio. En definitiva, las pastas, tratamiento y acabado de las superficies de la ceramica en conjunto con sus caracteristicas depositacionales constituyen los atributos relevantes que, vistos de manera simultanea, nos permiten definir la tradicion alfarera negra pulida de San Pedro de Atacama.

En paralelo y con el fin de complementar nuestros planteamientos con una variable independiente, hemos realizado analisis de isotopos estables de carbono y nitrogeno para muestras de costillas y falanges de Solcor 3 (n=30) y Coyo 3 (n=22), cuyo tratamiento fue realizado en laboratorios de la Universidad de Cornell. La eleccion de las muestras se realizo bajo los siguientes criterios: (a) seleccion exclusiva de individuos adultos, para evitar problemas de interpretacion isotopica en relacion con sujetos infantiles (debido a efectos del amamantamiento, destete y aspectos relacionados con su crecimiento); y (b) inclusion de individuos con fechados, ya sea directo o por termoluminiscencia. El sexo de los individuos fue estimado usando el metodo de Walrath y colaboradores (2004) para craneo y de Buikstra y Ubelaker (1994) para coxal. La edad de los mismos tambien fue estimada utilizando la metodologia propuesta por Buikstra y Ubelaker (1994), evaluando centros secundarios de osificacion, erupcion dental y sinfisis pubica. En el caso de Solcor 3, se descartaron seis muestras debido a la mala preservacion de su colageno (Ambrose 1990), lo que se aplica igualmente a otras cinco muestras de Coyo 3.

Ya que los datos obtenidos son independientes y todavia no contamos con la suficiente documentacion que los vincule, sobre todo por los complejos procesos de formacion de los contextos funerarios de San Pedro, la informacion resultante fue integrada cualitativamente en la discusion final, sin la pretension de comprobar nuestros supuestos, sino de plantear una interpretacion mas satisfactoria respecto de las sociedades del pasado.

Nuestra caracterizacion de la ceramica de San Pedro Negra Pulida (SNP)

Segun nuestro analisis, hemos confirmado la existencia de una tradicion ceramica local caracterizada por la manufactura de vasijas no restringidas y restringidas, y representada por el tipo San Pedro Negro Pulido o SNP como la industria predominante. Los atributos de sus pastas son mayoritariamente graniticos y volcanicos, facilmente reconocibles por sus abundantes inclusiones de cuarzo, ademas de otras; las que fueron preparadas de diversas maneras debido a distintos grados de homogeneidad y vitrificacion, lo compacto o no de ellas y la mayor o menor presencia de antiplastico blanco, negro y/o mica (Echenique 2011; Tarrago 1976). A esto se suma el empleo de tecnicas que, de acuerdo con la morfologia de las vasijas, privilegiaron el enrollamiento y el ahuecamiento, hasta el uso de placas y la union de cuerpos en los especimenes mas complejos. Paralelamente, cierta variacion en torno a estas caracteristicas nos permite suponer mas de una manera de hacer alfareria y mas de un grupo o unidades que reprodujeron un mismo estilo.

Dentro del tipo San Pedro Negro Pulido (Figura 3) hemos diferenciado dos conjuntos de formas presentes en los contextos funerarios (Tarrago 1989). Por un lado, cuencos con y sin asas (SNP-4, Figura 3d-f) asociados a botellas con o sin rostros modelados (SNP-6, Figura 3g-j); mientras que por otro lado, es comun que se agrupen escudillas con o sin asas (SNP-2, Figura 2b), vasos con asas (SNP-1, Figura 3a) y tazones (SNP-3, Figura 3c). La frecuencia de los cuencos varia entre 24,8 y 34% en los casos de Solcor y Coyo, respectivamente; las escudillas entre 21,8 y 28,6%, los vasos entre 6,8 y 13%, los tazones entre 3,4 y 6,8% y, finalmente, las botellas entre 0,6 y 12,6% en cada sitio. Por lo tanto, las vasijas mas frecuentes serian los cuencos, seguidos por las escudillas, despues por los vasos y, por ultimo, las botellas y tazones, quedando atras una serie mas variada y poco frecuente de cantaros, ollas y tazas (Figura 3k-l).

En general se trata de piezas de tamano mediano (altura promedio de 11 cm), salvo por las vasijas menos comunes como los cantaros que muchas veces son muy grandes (hasta 23 cm) y de paredes mas gruesas; mientras las ollas y tazas casi siempre corresponden a miniaturas (desde 4 cm). Por otra parte, es imposible discriminar de manera absoluta la existencia de piezas que tipologias previas han clasificado como ceramica "gruesa" (Tarrago 1989); pues si bien las vasijas presentan un espesor promedio de 5 mm, este puede variar bastante dentro de una misma forma en razon, seguramente, de la maestria del artesano, la funcion del objeto y las contingencias que afectaron su manufactura.

En todas ellas es normativo el acabado negro y pulido de las superficies (Munsell Soil Color Chart Gley 1 3/N, Gley 1 2.5/N, Gley 1 4/N, .5YR 3/1, 10YR 2/1), logrado por la aplicacion de algun revestimiento y/o coccion reductora, abarcando ambas caras de las vasijas irrestrictas y principalmente el exterior de las piezas restringidas. Tampoco es posible diferenciar en forma tajante la existencia de un tipo "gris casi pulido"; ya que se trata de las mismas vasijas negras pulidas, pero que por condiciones de coccion u otras variables de la manufactura no lograron el tratamiento deseado y quedaron grises, marrones, e incluso rojas, debido a la aplicacion de un revestimiento que incluyo oxidos de hierro como hematita (especularita) y quizas borax como aglutinante (Tarrago 1976). Asimismo, el pulido no siempre fue igualmente intenso, tampoco parejo segun las partes de las piezas, ni hecho con el mismo instrumento, por lo que mas bien existe una gradiente entre el brunido y lo casi pulido. En suma, dentro de una escala cromatica donde intencionadamente predomina el negro, tambien existe un continuo que incluye las tonalidades grises y rojas, mas o menos pulidas y que no constituyen tipos distintos (Tarrago 1989). Todo lo anterior tambien ha sido reconocido en los materiales domesticos y residenciales (Echenique 2011).

La decoracion modelada y pintada resultan ser un hecho bastante excepcional, casi siempre vinculadas a los tipos engobados e incisos, reafirmando su caracter especial. En el caso del San Pedro Negro Pulido, aparte de algunas asas de morfologia irregular a modo de "orejas" o figuras zoomorfas, esta decoracion se circunscribe principalmente a rostros modelados mas o menos naturalistas y en general abstractos (hechos a base de cuatro o cinco agujeros o puntos que insinuan ojos, nariz y boca), equivalentes a la decoracion B definida por Tarrago (1976, 1989). En su mayoria, estos modelados fueron aplicados en el cuello de las botellas (Figura 3g-j), aunque tambien se registran en unos pocos cuencos. En el caso de Solcor 3 representan el 21,4% de la coleccion, donde mas del 45% corresponde a rostros antropomorfos frontales, abstractos y dobles; a los que se suman casi 10% de rostros mas realistas o esquematicos y solo 2% propiamente naturalistas. El resto se trata de los incisos que comprenden achurados, cuadriculados, punteados, rombos y/o figuras curvas con aspecto de espirales, a veces combinados en el mismo diseno (Figura 4a). Este ultimo icono tradicionalmente se ha denominado "juego de cola" (Figura 4b), pues se vincula con representaciones zoomorfas, posiblemente camelidos, las que tambien aparecen en otras colecciones con un caracter mas naturalista e incluso asociado a imagenes antropomorfas (Le Paige 1964).

Dentro de estas expresiones decorativas del negro pulido, una acotada cantidad de casos incorpora: (a) decoracion incisa con un relleno blanco; (b) aplicacion de pintura roja; y/o (c) una policromia en negro y rojo. Lo anterior permite segregar un subtipo mixto mitad rojo-mitad negro o NRP (Figura 4a-b), otro Rojo y/o Negro Pulido Inciso con relleno blanco conocido como ceramica Coyo o COY (Figura 4c-d) y, de manera excepcional, un ejemplar Negro sobre Rojo con modelado o NRP Modelado (Munizaga 1963). En el caso de las vasijas negras o rojas pulidas incisas del tipo Coyo las frecuencias varian de 0,8 a 1,3% en Solcor y Coyo, respectivamente; de 1,2 a 2,5% las piezas mixtas negras-rojas (NRP) y alrededor de 0,8% los ejemplares mixtos e incisos en cada sitio. Su decoracion asi como su escasa presencia sugieren que se trata de piezas exclusivas en comparacion con las negras pulidas tradicionales.

Por ultimo, en un vaso con asa de Solcor 3 se reconoce el unico ejemplar propiamente pintado hasta ahora, el cual muestra un diseno con figuras geometricas en negro sobre rojo que recuerdan al estilo Tiwanaku, pero cuya manufactura es de indudable elaboracion local. Sin duda se trata de una pieza excepcional, ya que ademas integra un modelado naturalista sobre el asa con el aspecto de camelido mitad rojo-mitad negro. Quizas es la unica y mas exclusiva manifestacion de la alfareria sanpedrina que incorporaria elementos estilisticos propios del Horizonte Medio. Complementariamente, otras expresiones ceramicas diferentes por su estilo, tecnicas y escaso numero son claramente asignables a tradiciones foraneas, cuya presencia no representa mas alla del 0,8 al 1,8%, al menos en Solcor y Coyo. Por lo tanto, se concluye una minima presencia o influencia externa, no obstante, son recurrentes los ejemplares de los Valles Orientales, el Altiplano Meridional de Bolivia y Noroeste Argentino (Thomas et al. 1984), con lo cual se pudo producir la conexion con el Titicaca. En Solcor 3 fue posible identificar solo una pieza propiamente Tiwanaku (vaso-quero), la que apenas representa el 0,4% de la coleccion (Figura 5a); mientras que los ejemplares del Altiplano Meridional (Oruro y Potosi), especificamente Yura-Uruquilla y/o Chichas (Figura 5b-d), no superan el 1,8% como ocurre en Coyo Oriente. Estas ceramicas se caracterizan por una decoracion policroma, asi como por atributos distintivos de pasta, morfologia y tecnicas de manufactura en general. Respecto de los casos del Altiplano Meridional destaca el uso de pintura blanca o ante, negra y/o roja (Fernandez 1978; Tarrago 1989), con las cuales se realizaron finos disenos sobre tazones y jarros, donde predominan figuras geometricas de motivos triangulares, a veces complementados con modelados naturalistas de rostros antropomorfos en jarros o vasos. Esto es coincidente con lo registrado en otros cementerios; por ejemplo, la presencia de un jarro miniatura Omereque (Tchilimoya-4866[8051]), ademas de otras piezas Mojocoya y Tupuraya (Tarrago 1989), todos los cuales refieren a conexiones con Cochabamba, e indirectamente con Tiwanaku.

Alcances temporales y contextuales de la ceramica de Solcor y Coyo

Dentro de un marco temporal amplio, las ocupaciones de Solcor y Coyo asociadas a esta tradicion no se restringen al periodo Medio, sino que habrian comenzado en algun momento del Formativo, coincidente con la fase Sequitor, extendiendose hasta los inicios del Intermedio Tardio o fase Yaye-Solor (Berenguer et al. 1986; Llagostera et al. 1988; Tarrago 1989). Sin embargo, concordamos con las recientes propuestas cronologicas (TorresRouff y Hubbe 2013) que afirman que el climax ocupacional se desarrollo en el periodo Medio (400-1.000 d.C.) y, de acuerdo con las fechas por termoluminiscencia disponibles, durante los anos 510 y 920 d.C., involucrando las fases Quitor y Coyo del periodo en cuestion (Berenguer et al. 1986). Debido al predominio de la ceramica negra pulida clasica, en definitiva, se confirma que gran parte de la ocupacion de estos sitios se acoto a este momento, pero donde la ceramica Tiwanaku o altiplanica habria sido muy reducida, particular y/o selectiva (Figura 6a-b).

En consecuencia, en este lapso es posible confirmar el apogeo de una industria alfarera local con gran valor identitario (Stovel 2005). La alfareria negra pulida seguramente fue producida por mas de un grupo o taller, pero cumplio con normas muy rigidas de estilo como lo evidencia su moderada variabilidad interna, constituyendose en una manufactura bastante estandarizada y culturalmente unitaria. La mayoria de las piezas estuvo destinada a satisfacer un numero especifico de funciones para contener, presentar y servir, en el ambito ceremonial y cotidiano, debido a la presencia de huellas de uso en mas de la mitad de ellas. Por lo tanto, el tipo San Pedro Negro Pulido estaria vinculando estrecha y simbolicamente ambos mundos, el de los vivos y el de los muertos.

De acuerdo con nuestros registros, solo la ceramica negra pulida representaria mas del 90% de la muestra de cementerios de San Pedro de Atacama, alcanzando frecuencias no menores al 69,4% y hasta 89% en lugares como Coyo y Solcor (Figura 6a-b). Dentro de esta produccion masiva se habria dejado un segmento menor de vasijas mas infrecuentes y reducidas en su circulacion. Por lo tanto, la dinamica local y el manejo de su cultura material parecieran haber tenido un significado mas determinante que la mera existencia de distinciones cronologicas o de agentes externos, apoyandose en la marcada identidad estilistica de su ceramica sobria y oscura y un riguroso ritual funerario. Por su presencia, cantidad y variedad, entonces, es posible pensar que las diferencias de composicion en las sepulturas podrian tener consecuencias sociales, apoyando planteamientos mas recientes (Stovel 2001; Torres-Rouff y Hubbe 2013).

De este modo, tanto cuencos como escudillas negras pulidas (SNP-4 y SNP-2) se encontrarian en mas de la mitad de las tumbas, pues en su conjunto comprenden el 53,4 y 55,8% de las colecciones de Solcor y Coyo, constituyendo las piezas y asociaciones dominantes que dan cuenta de la intensidad ocupacional del periodo Medio. Por consiguiente, en general la poblacion fue enterrada con cuencos y escudillas, ademas de vasos (SNP-1), tazones (SNP-3) y/o botellas (SNP-6), solos o juntos, constituyendo los conjuntos ceramicos mas comunes durante la vigencia de cada cementerio (Figura 6a-b). Paralelamente se manifiesta un pequeno conjunto ceramico cuyos ejemplares marcarian diferencias temporales y sociales entre las tumbas y sus portadores, compuesto tanto por ceramica foranea como por ciertos ejemplares de la misma tradicion negra pulida que nos interesa destacar (Figura 6a-b). Relacionado con lo anterior y revisando la informacion contextual, se pudo determinar que de un promedio de casi tres vasijas por tumba, existirian sepulturas con poca (hasta tres piezas) y mucha ceramica (mas de cinco); configurandose como un grupo mayoritario aquellas tumbas con pocas piezas y otro mucho mas restringido pero abundante en ceramica, aparte de los casos sin ceramica que formarian una tercera categoria.

En terminos de asociaciones, por lo tanto, los individuos fueron ofrendados con cuencos y escudillas y/o con vasos y botellas por un lado; mientras que por otro, una proporcion menor pero recurrente lo hizo con cuencos, escudillas, botellas y otras piezas singulares. Es decir, en la menor cantidad de tumbas aparece una mayor diversidad de vasijas negras pulidas, al mismo tiempo que se integrarian los tipos mixtos, incisos y rojos y/o los ejemplares foraneos del periodo, incluso botellas tempranas del tipo Toconao o escudillas tardias del tipo Dupont (Figura 6a-b). Esto es evidente en las tumbas con mas de siete vasijas, del todo escasas, pero donde justamente se concentran aquellos tipos incisos, rojos y mixtos. No obstante, tambien algunos contextos menos abundantes destacan dentro del promedio (p.ej., con una sola pieza), porque solo poseen esta clase de piezas mas exclusivas. En suma, se trataria de los especimenes menos frecuentes como los modelados, incisos, rojos y mixtos antes descritos, siendo especialmente las tumbas con mayor cantidad y cierta calidad de ofrendas las que monopolizan estas piezas. Estas, ademas, estarian limitadas a un grupo menor de la poblacion sepultada en los cementerios, sugiriendo diferencias sociales al interior de cada comunidad. Por ejemplo, de 39 tumbas (33,33%) bien documentadas de Solcor 3 (n=117), seis incluyen este conjunto ceramico (15,38%), todas asociadas a elementos del complejo alucinogeno de estilo Tiwanaku o equivalente, posibles de asignar a siete hombres, la mayoria sin deformacion (apenas dos deformados), solo a dos mujeres (una con deformacion) y a un infante (Horta 2014; Llagostera et al. 1988).

En consecuencia, dentro de la identidad estilistica dominante, es evidente que el patron de ofrendas ceramicas fue mayormente heterogeneo y desigual. Dejando de lado las diferencias cronologicas, este pequeno grupo de tumbas se relacionaria con el conjunto de piezas de la tradicion negra pulida que marca la diferencia entre las sepulturas, aludiendo a casos especiales o exclusivos temporal, identitaria y/o socialmente hablando. La poblacion enterrada, entonces, podria dividirse en segmentos. Coincidiendo con interpretaciones anteriores, esta situacion aludiria a condiciones de acumulacion, a conexiones a larga distancia y vinculos con grupos lejanos por parte de algunos individuos de San Pedro. Este grupo, reiteramos, es muy probable que fuera el que se distinguio por sus contactos extranjeros (reales o ficticios) como pudo ser con Tiwanaku o, mejor dicho, con distintas entidades del Altiplano, la Circumpuna e incluso los Valles Orientales de Bolivia.

Mas alla del debate cronologico en cuestion (Torres-Rouff y Hubbe 2013), por lo tanto, proponemos que durante este periodo se habria desarrollado un paralelismo social en San Pedro, lapso durante el cual se mantuvo el apogeo de la produccion ceramica negra pulida. Dicho paralelismo se habria expresado en la existencia de los pequenos segmentos de la poblacion que, frente a la mayoria, se enterraron con una expresion mas variada y exclusiva de esta alfareria. Incluso, nos parece que, sobre todo en la denominada fase Coyo (750-1.000 d.C.), se radicalizaron las diferencias al interior de la sociedad local, lo cual tradicionalmente se ha adscrito a la intensificacion del contacto externo porque se concentrarian mas ejemplares Tiwanaku y foraneos en los oasis (Llagostera 1996; Llagostera et al. 1988; Nunez 1992). No obstante, a nuestro juicio, esta situacion no habria significado un quiebre en la aparente unidad atacamena provocado por los agentes externos de Tiwanaku como plantean aquellos autores. Al contrario, pareciera que las comunidades locales convergieron con mayor fuerza en torno a los oasis sanpedrinos como si todas asumieran, al menos en apariencia, un proyecto compartido pero ejecutado de manera autonoma en cada caso particular. Este, sin embargo, paradojicamente alcanzaria su apogeo para colapsar de manera abrupta y dar paso a una nueva situacion en el Intermedio Tardio.

Nuevos analisis de isotopos estables [[sigma].sup.13]C y [[sigma].sup.15]N para Solcor y Coyo

Sin todavia conocer bien que pasaba en el ambito cotidiano (Stovel 1997), los antecedentes y nuestro analisis de la ceramica funeraria que establece la existencia de un estilo homogeneizador pero con una distribucion diferenciada, sugieren que al interior de la poblacion local existian contradicciones internas y notorias tensiones, probablemente relacionadas con una considerable jerarquizacion y desigualdad social. Esta situacion la comparamos con otros datos bioarqueologicos que discutimos a continuacion. De este modo, proporcionamos nueva evidencia relativa a la dieta y movilidad de los cementerios Solcor 3 (154 tumbas) y Coyo 3 (51 tumbas), provista por nuestras actuales investigaciones.

Los valores de [[sigma].sup.13]C y [[sigma].sup.15]N obtenidos a partir de la fraccion organica del hueso (colageno) son presentados en la Tabla 1 y puede observarse que en ambos cementerios hubo un consumo de dieta preferentemente terrestre (Figuras 7 y 8), incluyendo tambien la ingesta de plantas [C.sub.4] (en este caso maiz) y [C.sub.4] (plantas silvestres y otros cultivos tales como porotos, zapallo, etc.). Sin embargo, tambien se aprecia con claridad que los valores de [[sigma].sup.15]N resultaron especialmente mas elevados en Coyo 3 que en Solcor 3 (t test, p=0,00001), lo que podria estar evidenciando un mayor consumo de proteinas terrestres en el caso de Coyo 3. Los estudios de poblaciones costeras del norte de Chile han demostrado que la dieta marina eleva los valores de [[sigma].sup.15]N sobre 14% (Roberts et al. 2013; Santana et al. 2012, 2014; Tieszen et al. 1992), pero es muy poco probable el consumo de recursos costeros en los oasis de San Pedro. Lo que se condice con la casi absoluta ausencia de evidencias marinas en el registro de la localidad. Por lo tanto, es necesario considerar la influencia de otros factores que pudieran estar elevando los valores de nitrogeno en Coyo 3 como, por ejemplo, el consumo de carne de alpaca. Esta, segun se ha demostrado, posee valores de [[sigma].sup.15]N mas altos que otros herbivoros, incluyendo las llamas, debido a su particular fisiologia intestinal (Sponheimer et al. 2003). Complementariamente, analisis de isotopos estables en llamas y guanacos de Tulan 54, al sur de San Pedro, han evidenciado que sus valores de nitrogeno pueden ascender hasta 13[por miles] (Lopez et al. 2013), posiblemente debido a su adaptacion a ambientes deserticos y al efecto de la aridez (Ambrose 1991). Asimismo, el uso de fertilizantes agricolas, como el guano de llama, tambien pudieron tener un efecto en los altos valores de nitrogeno de las plantas cultivadas (Finucane 2006; Szpak et al. 2012).

Paralelamente, al comparar de forma intergrupal los cementerios de Solcor 3 y Coyo 3 es posible observar mas diferencias significativas (Figuras 7 y 8), tanto en los valores de [[sigma].sup.13]C obtenidos del colageno como de la apatita del hueso ([delta][sup.13][C.sub.colageno], t test, p=0,0048; [delta][sup.13][C.sub.apatita], t test, p=0,023). Inn ambas colecciones se evidencio consumo de maiz; no obstante, Coyo 3 de nuevo destaca por una mayor ingesta de tales recursos en comparacion con Solcor 3. No obstante estas diferencias entre cementerios, al momento de comparar los valores de carbono a nivel intra poblacional se detecto una considerable variabilidad en el consumo de maiz tanto en Coyo como en Solcor. En efecto, es posible que: (a) parte de los individuos basara su dieta en un consumo mayor de plantas [C.sub.3] (p.ej., Solcor 3 presenta un individuo femenino con valores cercanos a -20[por miles] para el [[sigma].sup.13][C.sub.colageno]); (b) que otros tuvieran una dieta mas bien mixta de plantas [C.sub.3]-[C.sub.4]; y finalmente; (c) un grupo que consumia mayoritariamente maiz (p.ej., individuos de Coyo 3 que alcanzaron un maximo de 12[por miles] para el [[sigma].sup.13][C.sub.colageno]). No obstante, estas diferencias no llegan a ser estadisticamente significativas al ser evaluadas por sexo, aunque si se observan diferencias relevantes por sexo al comparar los valores de nitrogeno en cada cementerio por separado.

En ambos sitios, por consiguiente, existe una tendencia en la cual las mujeres poseen los valores mas enriquecidos en [sup.15]N en comparacion a los hombres (Solcor 3, t test, p=0,0037; Coyo 3, t test, p=0,0027). De este modo, las mujeres serian las que estarian consumiendo una mayor cantidad de proteinas en ambos casos. Cabe recordar que una importante variabilidad en los valores de carbono ya fue observada por Nado et al. (2012) al analizar muestras de apatita del esmalte dental de Solcor 3 y Solcor Plaza, lo que confirma una tendencia a la mayor diversidad dietetica en San Pedro de Atacama durante el periodo Medio. Esta variabilidad, ademas, no solo estaria ocurriendo durante la adultez de los individuos, sino tambien en su infancia de acuerdo a los anteriores registros isotopicos de esmalte (Nado et al. 2012). En este sentido, la variabilidad observada estaria bastante relacionada con un factor de genero y, en consecuencia, tambien social.

En relacion con los isotopos de oxigeno utilizados para inferir la movilidad de los individuos, por ingesta de agua durante los ultimos anos de vida, los resultados de Solcor 3 y Coyo 3 proporcionaron valores que se encuentran dentro del rango esperado para San Pedro, aunque a la par de una gran variabilidad otra vez (Figura 9). En cualquier caso, no fue posible identificar individuos provenientes del altiplano en estas muestras. Los valores de [delta][sup.18]O esperados para individuos foraneos y originarios del altiplano, especificamente del Titicaca, se encuentran en un rango entre -10 a -13[por miles] (Knudson 2009); en cambio, tanto para Solcor 3 como Coyo 3 los valores de isotopos de [delta][sup.18]O no caen dentro del rango mencionado (p.ej., -5,9 a 0,8[por miles]), lo que sugiere una ausencia de individuos altiplanicos. No se descarta la posibilidad que dentro de la variabilidad de valores para San Pedro existiesen indicadores de individuos originarios de regiones de menor altura, con similares senales de [delta][sup.18]O. No obstante, tal como Knudson (2009) y Nado et al. (2012) han destacado, se debe considerar que existe mucha variacion en los valores del oxigeno local. Por ejemplo, observamos algunos valores bastante enriquecidos en [sup.18]O, a veces alcanzando valores sobre 0[por miles], a pesar que los ayllus atacamenos se encuentran a unos 2.400 msm. Esto debido seguramente al complejo sistema de aguas que caracteriza al desierto, siendo en este caso que los dos principales rios de la localidad adquieren sus aguas tanto de las lluvias ocurridas en el verano y por los deshielos ademas de cursos subterraneos de diferentes fuentes cordilleranas (Aravena 1995; Magaritz et al. 1989; Ortiz et al. 2013). Por otra parte, la variacion de los isotopos de oxigeno tambien depende de las condiciones climaticas del momento, siendo muy afectados por cambios extremos de temperatura y humedad. En efecto, estudios recientes en los rios Vilama y San Pedro han proporcionado valores isotopicos muy diferentes al ser comparados en un mismo periodo del ano, cuyas diferencias pueden alcanzar una variacion de hasta 3 a 4[por miles] (Ramon Aravena comunicacion personal 2013).

En sintesis, los resultados de estos nuevos estudios isotopicos confirman un significativo y a la vez variado consumo de maiz y proteina animal terrestre por las poblaciones sanpedrinas de la epoca. Evidentemente, realizar una generalizacion sobre tendencias alimenticias y proponer una evolucion de la paleodieta local con estos resultados, resulta apresurado. Sin embargo, los datos si nos permiten cuestionar la hipotesis de una creciente influencia altiplanica en la dieta durante pleno apogeo del periodo. Nos parece importante destacar que los resultados obtenidos apuntan mejor a la existencia de un amplio repertorio alimentario que ya se encontraba presente en San Pedro. Lo anterior es especialmente relevante para el maiz, pues el aumento del consumo de este recurso ([C.sub.4]) implica la disminucion relativa de otras plantas ([C.sub.3]); por tanto, posibles cultigenos altiplanicos debieron haber mantenido alguna importancia en la dieta sanpedrina, aunque aparentemente muy desplazados.

Para Repensar el Periodo Medio en San Pedro de Atacama

Este panorama que nos ofrecen la ceramica y los datos bioarqueologicos resulta bastante coincidente con lo que otros colegas han planteado recientemente para los oasis de San Pedro. Estamos muy de acuerdo con Torres-Rouff y Hubbe respecto de que la excesiva atencion prestada a la definicion de fases culturales,

... serve to mask intra-ayllu diversity in issues such as interregional interaction and social standing that are only visible with a closer perspective ... A standardized vision has oversimplified the complex human processes ... processes that can be made visible through careful archaeological examinations (Torres-Rouff y Hubbe 2013:342).

Recapitulando, se ha sostenido que San Pedro de Atacama fue un punto importante dentro de la expansion altiplanica, sobre todo por sus condiciones historicas y estrategicas, las cuales habrian sido propicias para convertir a este lugar en el terminal caravanero y puesto de intercambio mas meridional de Tiwanaku (Berenguer 2000). De este modo, tal interpretacion supuso un proyecto comunitario conducido y protagonizado por una exitosa elite dirigente (Llagostera 1996, 2015; Nunez 1992). Esto, sin embargo, nos provoca una serie de cuestionamientos acerca de que realmente evocan los cementerios sanpedrinos sobre la complejidad y aparente enriquecimiento de la sociedad local del periodo Medio. Y, en particular, nos hace sospechar del imaginario social que ofrece, puesto que constituye una respuesta muy obvia de la epoca y los grupos en cuestion. La arqueologia, especialmente chilena, ha realizado una lectura inocente con una carga valorica homogeneizadora y hegemonica a la vez, cayendo en una especie de trampa del pasado; pues, a nuestro juicio, la materialidad en cuestion ocultaria otras intencionalidades y un orden social aun mas complejo.

Intentando avanzar en otra lectura a partir de los datos disponibles, hay que pensar que no hay nada material de San Pedro en Tiwanaku, aunque si manifestaciones de Tiwanaku en los oasis atacamenos. En razon de lo anterior, proponemos que el interes por participar de un vinculo con el centro mayor no estuvo en el Titicaca, sino que radico en la sociedad local y que el acceso a bienes exoticos responderia a sus propias dinamicas, concepciones de vida y ambiciones. Sin descartar la conexion Tiwanaku, a nuestro parecer esta no tuvo un caracter expansivo y quizas nunca estuvo dentro de un proyecto politico para avanzar tan al sur. Elocuente de lo anterior es, por una parte, la falta del despliegue de un sistema de asentamiento que concrete el control Tiwanaku fuera del nucleo de origen (Stanish 2002). Y, por otra, el caracter tan marcadamente emblematico de su cultura material que, como la alfareria y tambien la textileria, aluden a un desarrollo local que no fue drasticamente afectado por influencias foraneas (Aguero 2004; Aguero y Uribe 2014; Oakland 1992; Stovel 2001).

Por lo mismo, entonces, es necesario cuestionarse que esta pasando con esta sociedad que a la par de una fuerte identidad ceramica, tambien admite la integracion, acceso y acumulacion, al menos en la muerte, de una serie de elementos externos e internos que circundan sus territorios y remiten a lugares de origen. A primera vista, la ceramica homogeniza o unifica el paisaje social hasta que nos damos cuenta que hay tumbas sin vasijas y aquellas que las contienen exhiben una variabilidad sutilmente mayor que no puede reducirse a simples fases o temporalidades. A esto se suma el hecho que la diversidad se vuelve elocuente en los individuos enterrados dentro y entre los cementerios, ya sea por las caracteristicas que portan desde su ninez como la deformacion craneana, la dieta consumida a lo largo de su vida y los desplazamientos o cambios de residencia asociados, hasta abarcar el tratamiento funerario mismo recibido en la muerte. Por ejemplo, la deformacion craneana no puede reducirse solo a los casos tabulares y circulares, tratandolos exclusivamente como indicadores de origen local o foraneo, respectivamente; asi como la dieta tampoco puede tratarse de la misma manera, ya que hay una mayor diversidad que la distincion entre quienes consumen proteinas y carbohidratos o los que tienen mejor o peor salud oral segun caries, desgaste o perdida dental (Hubbe et al. 2012). En tanto que los isotopos para evaluar procedencia reconocen principalmente individuos locales, al mismo tiempo que a un acotado numero de sujetos foraneos de un radio mucho mas variado que el altiplano.

Reiteramos, entonces, que estas contradicciones entre diversidad e igualdad intentan ocultar o pretenden que la realidad social se entienda de una manera determinada. En efecto, el panorama arqueologico que ofrecen los cementerios sanpedrinos no permite afirmar que existen elites grandiosas ni exacerbada desigualdad, pero tampoco es capaz de contradecir que ello no estuviera ocurriendo. Cabe entonces preguntarse por que la heterogeneidad se presenta a nivel de dieta, pero no tanto en terminos de las ofrendas depositadas. Sin duda, muchos factores deben ser considerados, incluyendo las fechas de los entierros, ya que variables temporales y culturales podrian haber incidido en las diferencias dietarias entre e intra sitios, asi como una mayor intensificacion de contactos externos que no solo involucro a la cuenca del Titicaca (Hubbe et al. 2011; Knudson y Torres-Rouff 2014; Nado et al. 2012; Torres-Rouff y Hubbe 2013).

A nuestro juicio, todo lo anterior no reflejaria exclusivamente una relacion entre Tiwanaku y San Pedro de Atacama, sino que mas bien sugiere que al interior de este ultimo existio una gran diversidad individual y social que, ademas, en un momento de su desarrollo incluyo elementos tan lejanos como los del altiplano. En efecto, Torres-Rouff y Hubbe (2013) y Knudson y Torres-Rouff (2014) proponen una importante diversidad entre e intra ayllus tanto en terminos dietarios como de lugar de origen y temporales. A lo anterior, nosotros agregamos la existencia de una contradiccion entre homogeneidad y heterogeneidad que experimento la sociedad sanpedrina, lo que permite inferir la gestacion de una gran tension interna, competencia y menos armonia (Nunez y Dillehay 1995). La homogeneidad material, al menos de la ceramica funeraria, seguramente fue impuesta por el colectivo y las creencias chamanicas, representadas por la recurrencia del complejo alucinogeno en un ritual mortuorio compartido (Llagostera 2006). Esta practica encubriria distinciones individuales impulsadas por la actividad economica y el emprendimiento personal que requeria habitar un lugar tan apartado en pleno desierto de Atacama.

Las comunidades locales se encontraban en esta permanente y creciente tension a partir del periodo Formativo (Adan y Urbina 2007), pero seria en el periodo Medio cuando se manifiesta con mayor fuerza lo que se entendio, bajo una concepcion hegemonica, como el "enriquecimiento" atacameno (Llagostera 1996). Para esos momentos es posible suponer la existencia de un grupo que intenta imponer control de esta condicion individual, promoviendo una imagen unitaria y homogenea de la sociedad en el manejo de la cultura material; al igual que por medio del ferreo sistema de creencias que exalto lo sobrenatural y la muerte. Por lo tanto, en ese mundo lo individual no tendria mayor sentido e incluso pudo estar vetado; no obstante, esto no habria impedido la existencia de emprendimientos personales y familiares especificos que, de alguna manera, comenzaron a expresar diferencias con el orden impuesto. Esta condicion pareciera responder a exitos individuales, de familias y determinadas comunidades que a traves del intercambio, segun las ceramicas foraneas presentes, lograron nexos externos, acceso a recursos asi como tambien ganaron prestigio y acumulacion. Dicha situacion pareciera expresarse en la prosperidad de los contextos funerarios de los oasis, cuya masividad es notable en Solcor 3 (Llagostera et al. 1988); mientras que en la vida cotidiana y en los asentamientos esta expresion pudo provocar divisiones y conflictos entre o al interior de los grupos.

Conforme a ello, no seria extrano que la contradiccion entre el orden tradicional y las diferencias individuales redundara en mayor desigualdad y violencia interna. En este sentido, los acercamientos al rigor de la vida cotidiana analizados en traumas craneanos y post craneanos de adultos de San Pedro sugieren que existio un alto indice de violencia interpersonal a lo largo de toda la secuencia historica documentada, ya sea previo, durante o posterior a Tiwanaku (Cocilovo et al. 2014; Costa et al. 1998). Algunos de estos investigadores establecen un indice o tasa de traumas, de 15,03%, sobre todo en el craneo; lo cual es evaluado como significativamente alto al ser comparado con otras poblaciones y muy semejante a sociedades insulares afectadas por gran restriccion de recursos. En suma, hombres y mujeres se alimentaron y acumularon bienes en forma diferenciada, pudieron tener diversos origenes y se encontraban por igual insertos en dinamicas de violencia. Esto fortalece la posibilidad que los grupos atacamenos estuvieran envueltos en rencillas territoriales y en la defensa de recursos escasos o extremadamente focalizados (Costa et al. 1998). La conformacion diversa de contextos funerarios con cierta concentracion o diversidad ceramica, parafernalia alucinogena o de objetos foraneos, podrian estar remitiendo a esos poderes en conflicto, generalmente un poder dominado por los hombres si se toma en cuenta la estrecha relacion entre estos y los alucinogenos en sitios como Solcor 3, donde la asociacion entre ambos alcanza 72% y podria llegar al 88% de los hombres (Horta 2014; Llagostera et al. 1988). Se trataria del paralelismo social antes mencionado, en tanto dos expresiones del mismo poder masculino, de la contradiccion entre chamanes y caravaneros, los que se enfrentaron durante siglos para gestar los que conocemos arqueologicamente como cultura San Pedro.

Sin embargo, lo que nos interesa finalmente destacar de este modelo de sociedad y su expresion material es que ocultarian una realidad todavia mas heterogenea y desigual que anulo y subordino la participacion de otros actores. Los que incluso son poco o nada considerados por la disciplina como las personas sin ajuares ni ofrendas exoticas, las mujeres e incluso ciertos enfermos (p.ej., Costa y Llagostera 2014), todos aquellos que desaparecen por los calculos, promedios e indices de significacion estadistica. Abogamos, por lo tanto, por el pronto reconocimiento de todos esos actores, pues su participacion en la historia de San Pedro no solo permitira mejorar nuestra comprension de la sociedad local, sino que inclusive podrian ayudarnos a explicar el cambio ocurrido hacia el ano 1.000 d.C. que dio paso al periodo Intermedio Tardio, sin tener que acudir a explicaciones teleologicas como un cambio climatico, el colapso de Tiwanaku y el llamado "empobrecimiento" cultural de San Pedro (Bittmann et al. 1978; Costa 1988; Tarrago 1989). Como afirmamos en un trabajo anterior, las razones del cambio cultural y del Intermedio Tardio en la region, en San Pedro y el Loa, deben "... privilegiar una comprension de la historia cultural y la evolucion social desde la perspectiva de las sociedades locales y lo 'atacameno', de sus dinamicas y conflictos internos ..." (Uribe y Adan 2005:264).

Agradecimientos: FONDECYT Regular 1110461, dirigido por el Dr. Sergio Flores. Los registros ceramicos originales fueron obtenidos gracias a los proyectos 1970073 y 1010735, dirigidos por J. Berenguer y A. Llagostera. Asimismo, agradecemos al IIAM R.P. Gustavo Le Paige s.j. de San Pedro de Atacama que permanentemente nos han facilitado sus valiosas colecciones. Tambien a los evaluadores que con sus valiosos comentarios han hecho de este manuscrito un mejor articulo.

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(1) Departamento de Antropologia, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile, Santiago, Chile. mur@uchile.cl; anahi.mtfez@gmail.com; sfloresc@uchile.cl

(2) Research Laboratory for Archaeology and the History of Art, University of Oxford, Oxford, UK. francisca.santanasagredo@rlaha.ox.ac.uk

(3) Instituto de Investigaciones Arqueologicas y Museo R.P. Gustavo Le Paige S.J. (IIAM), Universidad Catolica del Norte, San Pedro de Atacama, Chile. maguero@ucn.cl

Recibido: abril 2015. Aceptado: febrero 2016.

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562016005000017. Publicado en linea: 27-abril-2016.

Leyenda: Figura 1. Mapa de los Andes Centro Sur y principales localidades del periodo Medio mencionadas en el texto (Fuente: Uribe y Aguero 2001).

Leyenda: Figura 2. Mapa de la localidad de San Pedro de Atacama y principales sitios del periodo Medio mencionados en el texto (Fuente: Costa y Llagostera 2014).

Leyenda: Figura 3. Tipos Ceramicos San Pedro Negro Pulido: (a-c) vasijas no-restringidas (vaso SNP-1, escudilla SPN-2 y tazon SNP-3); (d-f) vasijas restringidas simples (cuencos con y sin asas SNP-4); (g-l) vasijas restringidas independientes (botellas SNP-6 y cantaros SNP-7). (Fuente: Uribe 2004).

Leyenda: Figura 4. Tipos Ceramicos San Pedro Mixto e Inciso: a-b) vasijas no-restringidas mixtas mitad negro-mitad rojo o NRP (tazon); c-d) vasijas no-restringidas incisas con relleno blanco del tipo Coyo o COY (Fuente: Uribe 2004).

Leyenda: Figura 5. Tipos Ceramicos Foraneos del Altiplano Meridional: (a) vasijas no-restringidas policromas Tiwanaku (vaso-quero); (b-c) vasijas restringidas policromas Yura-Uruquilla (jarro y cuenco miniatura); (d) vasijas no-restringidas policromas Chichas (tazon). (Fuente: Uribe 2004).

Leyenda: Figura 7. Grafico de dispersion bivariado con los valores de [delta][sup.13][C.sub.colageno] y [[sigma].sup.15]N para individuos de Solcor 3 y Coyo 3 divididos por sexo.

Leyenda: Figura 8. Grafico de dispersion bivariado con los valores de [delta][sup.13][C.sub.apatita] y [[sigma].sup.15]N para individuos de Solcor 3 y Coyo 3 divididos por sexo. Bivariate plot showing [delta][sup.13][C.sub.apatite] and [delta][sup.15]N values for Solcor 3 and Coyo 3 individuals divided by sex.

Leyenda: Figura 9. Grafico de dispersion bivariado con los valores de [delta][sup.13][C.sub.apatita] y [delta][sup.18]O para individuos de Solcor 3 y Coyo 3 divididos por sexo. Bivariate plot showing [delta][sup.13][C.sub.apatite] and [delta][sup.18]O values for Solcor 3 and Coyo 3 individuals divided by sex.
Tabla 1. Valores isotopicos de [delta][sup.3][C.sub.colageno],
[delta][sup.13][C.sub.apatita], y [delta][sup.18]O para individuos
de los cementerios Solcor 3 y Coyo 3 por sexo y edad. Tambien se
presentan las razones de Carbono/Nitrogeno. Los valores de razon de
C/N que se encuentran fuera del rango aceptado para buena preservacion
de colageno se muestran en cursivas. Isotopic values of
[delta][sup.13][C.sub.collagen], and [delta][sup.18]O for the Solcor
3 and Coyo 3 individuals by sex and age.

Carbon/Nitrogen ratios are also shown in the table. Values that fall
outside the range expected

Sitio      Tumba   Cuerpo   Sexo

Coyo 3       1     13208     F
             2     13219     M
             3     13223     M
             5     13280     F
             7     13228     F
             8     13236     F
            15     13276     M
            16     13291     F
            17     13285     M
            17     13286     M
            19     13325     M
            21     13335     M
            22     13315     F
            26     13350     F
            27     13348     M
            41     13679     F
            44     13708     F
            44     13715     F
            45     13736     M
            47     13756     M
            48     13761     I
            49     13774     I

Solcor 3     1      955      M
             5      1049     F
             6      1079     M
             6      1080     M
             6      1078     F
            11      1203     F
            12      1236     F
            14      1286     M
            16     3062A     M
            16      3061     M
            16      3063     F
            20      1455     F
            20      1456     F
            21      1516     M
            24      1558     F
            26      1592     F
            27      1630     F
            30      1683     M
            31      1710     M
            38      1791     M
            47      1903     F
            52      2025     F
            55      2113     F
            57      2215     F
            58      2269     M
            59      2303     M
            62     2368A     M
            69      2475     M
            69      2476     F
            78      2697     F

Sitio      Tumba   Muestra

Coyo 3       1     11[grados] costilla izquierda
             2     12[grados] costilla derecha
             3     9-10 costilla izquierda
             5     12[grados] costilla izquierda
             7     12[grados] costilla derecha
             8     8[grados] costilla derecha
            15     Fragmento costilla derecha
            16     12[grados] costilla derecha
            17     12[grados] costilla izquierda
            17     6-9 costilla derecha
            19     11[grados] costilla izquierda
            21     11[grados] costilla izquierda
            22     12[grados] costilla izquierda
            26     12[grados] costilla derecha
            27     12[grados] costilla izquierda
            41     Falange proximal mano
            44     7[grados] costilla derecha
            44     8[grados] costilla izquierda
            45     8[grados]-10[grados] costilla derecha
            47     11[grados] costilla derecha
            48     6[grados] costilla izquierda
            49     8[grados] costilla izquierda

Solcor 3     1     7[grados] costilla izquierda
             5     12[grados] costilla izquierda
             6     12[grados] costilla derecha
             6     1[grados] falange proximal pie
             6     11[grados] costilla izquierda
            11     12[grados] costilla izquierda
            12     12[grados] costilla derecha
            14     12[grados] costilla derecha
            16     12[grados] costilla izquierda
            16     12[grados] costilla derecha
            16     12[grados] costilla derecha
            20     11[grados]costilla derecha
            20     12[grados] costilla derecha
            21     12[grados] costilla izquierda
            24     11[grados] costilla derecha
            26     11[grados] costilla izquierda
            27     12[grados] costilla izquierda
            30     12[grados] costilla derecha
            31     12[grados] costilla derecha
            38     12[grados] costilla derecha
            47     12[grados] costilla derecha
            52     Falange proximal mano
            55     12[grados] costilla izquierda
            57     12[grados] costilla izquierda
            58     Costilla derecha
            59     Falange proximal mano
            62     Falange proximal mano
            69     12[grados] costilla izquierda
            69     12[grados] costilla izquierda
            78     11[grados] costilla izquierda

Sitio      Tumba   [delta][sup.15]    [delta][sup.13]
                   [N.sub.air]        [Ccol.sub.VPDB]

Coyo 3       1                12,6              -15,1
             2                  --                 --
             3                12,8              -13,1
             5                12,8              -14,7
             7                12,4              -17,4
             8                  --                 --
            15                11,9              -14,0
            16                13,5              -13,6
            17                11,3              -17,5
            17                12,4              -13,3
            19                  --                 --
            21                11,3              -12,2
            22                13,9              -14,6
            26                12,0              -12,8
            27                11,7              -13,2
            41                11,3              -25,5
            44                  --                 --
            44                13,1              -14,4
            45                12,0              -14,2
            47                10,5              -15,4
            48                12,2              -14,4
            49                11,5              -14,1

Solcor 3     1                10,9              -15,7
             5                11,4              -15,9
             6                  --                 --
             6                  --                 --
             6                12,3              -14,8
            11                  --                 --
            12                11,3              -14,8
            14                   -                 NA
            16                10,2              -17,1
            16                11.6              -13,9
            16                11,0              -16,3
            20                11.6              -15,9
            20                11.8              -12,8
            21                10,9              -15,4
            24                11,6              -16,9
            26                11,3              -16,9
            27                11,4              -17,8
            30                10,4              -16,3
            31                10,6              -17,6
            38                10,6              -14,7
            47                11,4              -16,6
            52                  --                 --
            55                11,5              -15,2
            57                10,3              -20,0
            58               11,42              -13,2
            59               10,98             -14,15
            62                  NA                 NA
            69               10,41             -16,31
            69                11,3             -15,13
            78               11,32             -15,46

Sitio      Tumba   [delta][sup.13]    [delta][sup.18]     C/N
                   [Cap.sub.VPDB]     [O.sub.VPDB]

Coyo 3       1                -6,9               -0,4     3,5
             2                -8,5               -2,3     3,7
             3                -7,9               -3,7     3,2
             5                -7,2               -3,8     3,4
             7                -9,5               -3,4     3,6
             8                -8,2               -5,9     4,2
            15                -9,5               -4,3     3,3
            16                -6,7                1,4     3,4
            17                -9,3               -1,1     3,4
            17                -8,9               -4,0     3,2
            19                -7,7               -2,0     3,9
            21                -6,3               -3,6     3,2
            22                -7,1               -2,8     3,4
            26                -8,9               -5,0     3,2
            27                -7,3               -3,7     3,2
            41                -9,5                0,7     5,2
            44               -10,1               -5,6      --
            44                -9,9               -4,0     3,3
            45                -9,7               -4,1     3,4
            47               -10,7               -4,7     3,3
            48                -9,6               -4,3     3,2
            49                -8,4               -3,3     3,1

Solcor 3     1                -9,0               -1,0     3,3
             5                -8,1               -1,7     3,5
             6                -9,5               -2,8     2,6
             6                -9,4               -1,9     5,1
             6                -8,6               -2,7     3,2
            11               -10,7               -1,6     4,1
            12                -8,8               -2,2     3,3
            14                -9,4               -0,1     4,1
            16               -10,6               -2,2     3,5
            16                -7,3               -1,0     3,1
            16                -9,5               -2,8     3,5
            20                -9,8               -0,3     3,3
            20                -5,7               -3,0     3,3
            21               -10,0               -1,7     3,3
            24               -11,2               -1,0     3,2
            26               -10,7               -1,2     3,3
            27               -10,9               -2,6     3,4
            30                -9,9                0,3     3,3
            31               -10,6               -3,3     3,5
            38                -8,5               -1,7     3,2
            47               -10,4               -0,9     3,4
            52               -10,7                0,8     7,9
            55                -9,1               -2,6     3,2
            57               -12,1               -0,8     3,5
            58                -6,4                0,4     3,4
            59                -7,4               -2,5     3,3
            62               -12,0               -2,0    10,8
            69                -9,1                0,1     3,4
            69                -8,3               -1,9     3,3
            78                -9,9               -3,3     3,3

Figura 6. Graficos de frecuencias relativas de la ceramica
analizada (% cantidad de piezas completas): (a) frecuencia por
tipos ceramicos (TOC: periodo Formativo; NP1-NP8, INC [COY] y MIX:
periodo Medio; ALT: Altiplanica Tiwanaku y derivados; DUP: periodo
Intermedio Tardio; IND: Indeterminado; (b) frecuencia por
componentes o tradiciones ceramicas (periodo Formativo; SNP: San
Pedro Negro Pulida; INC: San Pedro Incisa o Coyo (COY); MIX: San
Pedro Mixta (Negra-Roja); ALT: Altiplanica Tiwanaku y derivados;
PITI: periodo Intermedio Tardio; IND: Indeterminada).

a

TOC   0,83
NP1   12,92
NP2   22,92
NP3   3,33
NP4   33,75
NP5   0,83
NP6   12,50
NP7   1,67
NP8   0,83
INC   2,92
MIX   2,92
ALT   1,25
DUP   2,92
IND   0,42

b

FORM   1%
SNP    89%
INC    3%
MIX    3%
ALT    1%
PITI   3%
IND    0%

Graphs of relative ceramic frequencies (percent of complete
vessels): (a) ceramic type frequencies (TOC: Formative Period;
NP1-NP8, INC [COY] y MIX: Middle Period; ALT: Tiwanaku and related
Altiplano ceramics; DUP: Late Intermediate Period; IND: Unknown;
(b) ceramic traditions frequencies (Form: Formative Period; SNP:
San Pedro Black Polished Ware; INC: San Pedro Incised Ware or Coyo
(COY); MIX: San Pedro Mix Ware (Black-Red); ALT: Tiwanaku and
related Altiplano ceramics; PITI: Late Intermediate Period; IND:
Unknown).

Nota: Tabla derivada de grafico de barra.
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Author:Uribe R., Mauricio; Santana-Sagredo, Francisca; Maturana F., Anahi; Flores C., Sergio; Aguero P., Ca
Publication:Revista Chungara. Revista de Antropologia Chilena
Date:Apr 1, 2016
Words:16150
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