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SIMONE WEIL: EL TRABAJO Y EL ESPIRITU DE LA VERDAD.

SIMON WEIL: THE WORK AND THE SPIRIT OF FREEDOM

Pero la verdad es, como se ha mostrado, la unidad de ambos: la luz, que no brilla en la tiniebla, sino esta compenetrada con ella como con la esencia, y precisamente por eso esta sustanciada, materializada. La luz no brilla en la tiniebla, no la ilumina, no esta refractada en ella, sino que es el concepto quebrado en si mismo.

G. W. F. Hegel (2)

Deseamos la verdad y solo encontramos en nosotros incertidumbre. Buscamos la felicidad y solo encontramos miseria y muerte.

Blaise Pascal (3)

I. Introduccion

Destaco Simone Weil en L'enracinement, considerado su testamento espiritual, que no todas las crueldades son fisicas, pues algunas llegan mas alla de la carne. Si bien existen ciertas crueldades facilmente reconocibles dada su violencia, como es el caso de aquellas ejercidas sobre el cuerpo mismo de las poblaciones sometidas, existen otras crueldades mas difusas, pero igualmente relevantes dentro de una sociedad: aquellas <<que atentan contra la vida del hombre sin atentar contra su cuerpo>> (4). Ellas suponen la privacion de alimentos necesarios para el alma del ser humano, alimentos que cohesionan colectividades, en tanto que son el sustento espiritual de los hombres que nacen en ellas, es decir, su vinculo con el pasado: el <<arraigo>> (<<l'enracinement>>) necesario para su alma. Igual que el cuerpo humano tiene necesidad de alimentos, de descanso y de calor, tiene el alma humana, para Simone Weil, necesidades que no debemos olvidar: honor, respeto, seguridad, etc.; puesto que, cuando estas no son satisfechas, provocan que el alma se encuentre <<en un estado analogo al estado de un cuerpo hambriento y mutilado>>5. Sin embargo, por encima de todas ellas existiria, para Weil, una sola: la necesidad de verdad (6).

Comprometida desde muy joven con la causa de los oprimidos, su obra y su existencia, caracterizadas por una inicial militancia sindicalista de tendencias anarquizantes (7), desembocaran en un sentimiento religioso muy personal, marcado por la espera y la gracia, pero critico con los dogmas catolicos, y con la propia institucion eclesiastica (8). Porque en la obra de Weil, mistica y revolucionaria al mismo tiempo, contradictoria y alucinada, pero siempre honesta, un solo espiritu anima su pensamiento; por encima de dogmas religiosos, por encima de ideologias politicas, late un profundo deseo, como escribio Rimbaud, de <<poseer la verdad en un alma y en un cuerpo>> (9). Este espiritu que atraviesa toda su obra es <<el espiritu de verdad>> (<<l'esprit de verite>>), la fuerza de la verdad concebida como <<energeia>>, en tanto que fuerza actuante inserta en el mundo mismo; es el deseo de realidad en su verdad esencial, cuya fuerza revierte necesariamente sobre la vida politica. En palabras de Simone Weil: <<el amor puro es esta fuerza actuante, el amor que no quiere bajo ningun concepto, en ningun caso, ni mentira ni error>> (10).

Verdad y politica se unen estrechamente en la obra de Weil, como ha destacado Carmen Revilla (11), articulandose como las dos perspectivas que orientaran, a lo largo de toda su vida, su actividad intelectual; una politica marcada por un lucido analisis de la situacion de su epoca y un compromiso con los mas desfavorecidos, una verdad considerada como la mas alta aspiracion de todo ser humano. Es la obra filosofica de Weil, como han destacado todos sus comentaristas, pensamiento indisolublemente ligado a su tiempo, profunda reflexion sustentada por su experiencia vital (12) y marcada por el sufrimiento. Porque su filosofia pretende ser pensamiento encarnado, entrelazado con la necesidad que domina el universo que nos rodea: <<pensamiento materialmente presente en nuestra carne>> (13), inmerso en el mundo donde habita nuestro cuerpo, pero caracterizado por la firme decision <<de vivir exclusivamente para la busqueda de la verdad>> (14), un pensamiento llamado pues a alcanzar todos los planos de la existencia, por encima del sufrimiento y las privaciones, hasta el borde mismo de la muerte. Porque Simone Weil <<nunca renuncio a combatir los poderes opresivos; siempre se comprometio en esta lucha protagonizando empenos peligrosos e insolitos. Siempre persiguio obstinadamente la verdad, en los terrenos mas diversos>> (15).

II. Desarraigo

Afirma Juan Ramon Capella (16), en su presentacion a la traduccion espanola de L'enracinement, (Echar raices), que enfrentarse a la lectura de dicha obra--podriamos extenderlo al conjunto de los escritos de Simone Weil--supone practicar un suerte de <<mineria>>, al proceder como un buscador de oro, que rastrea entre las palabras las proposiciones fundamentales de una de las reflexiones mas profundas del pasado siglo, una de las miradas mas puras y penetrantes del pensamiento europeo (17).

Nacida en una familia judia acomodada y habiendo recibido una esmerada educacion, desde muy joven siempre sintio Simone Weil que su sitio estaba con los desheredados, con los que sufren por siempre, desplazados en los bordes de las sociedades y la historia. En medio de una epoca atravesada por dos guerras mundiales y por el auge de los totalitarismos, su honestidad y su entrega extrema, rayando en ocasiones la sin razon (18), le llevaria en todo momento a exigirse siempre a si misma <<adoptar la mejor actitud posible respecto de los problemas de este mundo>> (19). Lucida testigo de algunos acontecimientos que sacudieron la primera mitad de siglo veinte, resulta sorprendente, tal y como ha remarcado Bertrand Saint-Sernin (20), que una joven profesora de filosofia de un lycee de provincias, en Le Puy, Auxerre o Roanne, haya tenido una intuicion tan clara de algunos de los hechos que marcaron su tiempo; anticipando incluso los rasgos de una epoca aun naciente: la nuestra.
      La sustitucion de la era industrial por la era financiera reside
   esencialmente en que el factor decisivo del crecimiento de la
   empresa ya no es la capitalizacion del beneficio, sino la
   dominacion de nuevos capitales--de ahi la desaparicion de todo lo
   que habia de favorable en una produccion bien organizada. (21)


Resulta inevitable no sorprenderse al leer estas lineas escritas por Weil, anticipadoras de un tiempo donde la financiarizacion economica ha terminado por consolidarse a escala supranacional. Es inevitable igualmente establecer ciertos paralelismos, a pesar de todas las diferencias, entre nuestra actual epoca de crisis, acaparadora de portadas y titulares en todos los periodicos, y la crisis vivida en Europa cuando fueron escritas esas frases, y cuyas funestas consecuencias son de sobra conocidas. Ya nos advirtio Weil, hace mas de medio siglo, que el dinero es un poderoso factor de desarraigo que atraviesa las sociedades dinamitandolas desde lo mas hondo. Reclamando en todo momento nuestra atencion completa y todas nuestras energias, <<el dinero destruye las raices por todas partes donde penetra, sustituyendo todas las motivaciones por el deseo de ganar>> (22). Si bien el dinero es comunmente aceptado por una sociedad como medio de intercambio, abogara Weil por hacer desaparecer su valor psicologico, desacreditandolo con vistas a eliminar el rol de <<juez y verdugo>> (23) que ha adquirido dentro de las sociedades contemporaneas (24). Para que aquellos que no lo posean no se vean abocados inevitablemente al sufrimiento por su ausencia, para que los que lo posean no se olviden de las obligaciones que atanen a todo ser humano. Porque dichas obligaciones son la expresion directa de las necesidades del hombre, las cuales no reposan sobre ninguna convencion social ni historica, puesto que, para Weil:
      Las necesidades del ser humano son sagradas. Su satisfaccion no
   puede estar subordinada ni a la razon de Estado, ni a ninguna
   consideracion, ya sea de dinero, de raza, de color, ni al valor
   moral u otro atribuido a la persona considerada, ni a ninguna
   condicion, cualquiera que sea. (25)


El dinero supone un factor de desarraigo porque desplaza todo el centro de nuestra vida hacia el, borra todas nuestras necesidades y se convierte en unico soberano de nuestra existencia. Convocando todas nuestras energias, teje un largo manto de sueno y de olvido en torno nuestro. Alli donde la posesion del dinero se convierte en cumbre social, el resto de nuestras necesidades queda en la noche. Ahora bien, si la obtencion del salario mensual reclama toda nuestra atencion, al mismo tiempo, trae consigo una economia del miedo, que asedia a los seres humanos durante los dias y las noches ante la posibilidad de su perdida.

Existira, no obstante, un segundo factor de desarraigo para Weil: la educacion institucional, producto <<de una cultura considerablemente orientada hacia la tecnica e influenciada por ella, muy tenida de pragmatismo, extremadamente fragmentada por la especializacion>> (26). La educacion, tal y como es entendida en la epoca contemporanea, pretende unicamente transmitir unos conocimientos al alumno para que juegue su rol en el futuro de forma competente. Pero por ello mismo, para Weil, le hace distanciarse de la region donde habita la verdad. La educacion actual discrimina individuos, considerando a unos mas inteligentes y a otros mas inutiles; contribuyendo asi a la degradante division entre trabajo manual y trabajo intelectual. La ciencia y el conocimiento se convierten entonces en monopolios de un determinado sector de la sociedad, <<no a causa de una mala organizacion de la instruccion publica, sino por su naturaleza misma>> (27), cuyo fundamento esencial es la especializacion del saber, en aras de la productividad. Si toda nuestra civilizacion reposa, en ultimo termino, sobre la especializacion, entonces la tendencia a la opresion parece inevitable, dado <<el sometimiento de aquellos que ejecutan a quienes coordinan>> (28). Es este desequilibrio el factor social que traza el limite de imposibilidad de todo reconocimiento en terminos de igualdad, la opresion que se expresa con conceptos de ciencia atravesada de exclusion, al negar a una parte de la sociedad el acceso al conocimiento: el acceso, en definitiva, a la verdad. Sin embargo, para Weil:
      Un idiota de pueblo, en el sentido literal de la palabra, que ama
   realmente la verdad, aun cuando tan solo emitiera balbuceos, es en
   cuanto al pensamiento infinitamente superior a Aristoteles. Esta
   infinitamente mas proximo a Platon de lo que Aristoteles ha estado
   nunca (...). Pero de todo eso no sabe nada. Nadie se lo ha dicho.
   Todo el mundo le dice lo contrario. Hay que decirselo. (29)


Porque si el ser humano tiene necesidad de arraigo entonces la exclusion es intolerable, y promoverla en cualquiera de sus formas debe ser considerado un crimen (30). Negarle su derecho al trabajo, negarle su dignidad al discriminarle por sus capacidades, excluirle en funcion de su poca capacidad en terminos academicos,... todo ello significa atentar contra las raices del ser humano. Porque solo puede haber arraigo alli donde el hombre vive en la verdad, donde reinan la justicia, la fraternidad, la libertad. Cuando se niegan esas aspiraciones los cimientos de una sociedad se tambalean, y entonces lo que tenemos es crisis, y sabemos bien que no todas las crisis son economicas, algunas golpean lo mas profundo del alma, como Weil no ceso en destacar en toda su obra. Escribio Maria Zambrano que <<vivir en crisis es vivir en inquietud>> (31), dado que, aunque se anhele con vehemencia el sosiego a lo largo de la vida, una infinita inquietud no cesa de golpearnos, amenazando con devorar nuestra existencia completamente. Segun Zambrano, <<la crisis muestra las entranas de la vida humana, el desamparo del hombre que se ha quedado sin asidero, sin punto de referencia; de una vida que no fluye hacia meta alguna y que no encuentra justificacion>> (32) : una vida, en definitiva, desarraigada, perdida. Sin embargo, la nocion de desarraigo en Simone Weil no nos remite exclusivamente a la angustia existencial, al estado de inquietud de la persona para quien la vida ha perdido todo horizonte; sino que nos remite igualmente a la condicion social de todo ser humano, en tanto que individuo inmerso en una serie de practicas sociales y definido por su relacion con el trabajo.

Jugara este ultimo un papel esencial a lo largo de toda la obra weiliana, en tanto que es la forma propiamente humana de relacionarse con el mundo, pero que, dada la situacion contemporanea, exige ser reformulada con urgencia. Porque el trabajo dejo hace mucho tiempo de ser sonado como espacio donde la verdad y la belleza del mundo se hacen patentes, para pasar a ser experimentado como lugar de opresion y de miseria. La consecuencia inevitable de tal situacion de deshumanizacion y de inseguridad siempre latente es la descomposicion de la vida social, la condena insalvable al desarraigo. Segun expone Weil en una de sus obras mas importantes, Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresion social:
      Podemos preguntarnos si existe un ambito de la vida publica o
   privada en que las fuentes mismas de la actividad y de la esperanza
   no esten envenenadas por las condiciones en las que vivimos. El
   trabajo ya no se realiza con la conciencia orgullosa de ser util,
   sino con el sentimiento humillante y angustioso de poseer un
   privilegio otorgado por un golpe de suerte pasajero, en pocas
   palabras, de poseer un puesto de trabajo, un privilegio del cual se
   excluye a muchos seres humanos por el hecho mismo de que uno goza
   de el. (33)


III. Trabajo

Aunque en una parte de las obras dedicadas a Simone Weil los elementos biograficos--especialmente en sus aspectos mas tragicos y sorprendentes--han primado por encima de la profundidad de sus escritos, no hemos de olvidar que, como ya senalo Miklos Veto, <<alguien que ignore las circunstancias de su vida no tiene ninguna oportunidad de comprender verdaderamente el pensamiento de Simone Weil>> (34). No han cesado de destacar todos los lectores de Weil la profunda conexion entre su vida y sus escritos, su firme conviccion de que no hubiese ninguna separacion <<entre lo que uno piensa y la vida que uno lleva>> (35). Es precisamente esa conviccion la que le hara solicitar una baja como profesora de filosofia, con el objetivo de trabajar en una fabrica, y conocer directamente los mecanismos de la opresion ejercida sobre los trabajadores; pasando asi a completar las reflexiones teoricas viviendolas en carne propia. Aunque la experiencia de la fabrica no resulto lo que ella esperaba, segun apunta Simone Petrement, la afecto tan profundamente que supuso un antes y un despues en su vida (36). Tal y como afirmara Simone Weil en una carta a Albertine Thevenon: <<hay una cierta ligereza de corazon que me sera, me parece, para siempre imposible>> (37).

Fueron los anos pasados en Le Puy, asi como en Auxerre o Roanne, una etapa no solo dedicada a la docencia academica sino tambien de intensa militancia politica y de compromiso social. Sera concretamente en Le Puy, donde entrara en contacto con los medios sindicalistas revolucionarios, colaborando en publicaciones como La Revolution Proletarienne, impartiendo cursos sobre marxismo en la Bourse du Travail de Saint-Etienne o participando en manifestaciones de parados y en diversos actos sindicales. Siempre conmovida ante las injusticias sociales y empujada por un firme deseo de integracion con la causa obrera, pero tambien contraria a todo autoritarismo intelectual, crecera progresivamente en Simone Weil, una profunda desconfianza respecto de los sindicatos--dada la creciente burocratizacion de estos--, al igual que respecto del dogmatismo ideologico que el sindicalismo revolucionario, a sus ojos, va adoptando de forma imparable. Todo ello le llevara a un progresivo distanciamiento del movimiento sindicalista, como expone en una carta enviada a uno de los lideres sindicales de Saint-Etienne: <<Me asfixio en este movimiento revolucionario de ojos vendados>>, (38) le escribira Weil.

Uno de los factores de dicho distanciamiento es el firme compromiso de rechazo a toda doctrina que separe la teoria de la realidad, la verdad de la vida. Una teoria solo puede ser valida, para Weil, en la medida en que esta intimamente ligada con la realidad y es capaz de desplazarse <<entre las verdades eternas inscritas en la naturaleza de las cosas>> (39). Hablar sobre la opresion y sobre los mecanismos con que ella se ejerce sobre la clase trabajadora implica entonces conocer dichos mecanismos directamente, vivir la teoria (40) mas alla de los medios academicos, experimentando los sufrimientos sobre la propia carne, hasta tener, como ella afirmara: <<el cuerpo vacio de toda energia vital, el espiritu vacio de pensamiento, el corazon inundado de asco, de rabia muda y, por encima de todo esto, de un sentimiento de impotencia y de sumision>> (41). Expone Weil, anos despues, sobre esa experiencia vivida como obrera, en una carta dirigida al Padre Perrin, que:
      Tenia el alma y el cuerpo hechos pedazos; el contacto con la
   desdicha [malheur] habia matado mi juventud. Hasta entonces, no
   habia tenido experiencia de la desdicha, salvo la mia, que, por ser
   mia, me parecia de escasa importancia y que no era, por otra parte,
   sino una desdicha a medias, puesto que era biologica y no social.
   Sabia muy bien que habia mucha desdicha en el mundo, estaba
   obsesionada con ella, pero nunca la habia constatado mediante un
   contacto prolongado. Estando en la fabrica, confundida a los ojos
   de todos, incluso a mis propios ojos, con la masa anonima, la
   desdicha de los otros entro en mi carne y en mi alma. Nada me
   separaba de ella, pues habia olvidado realmente mi pasado y no
   esperaba ningun futuro, pudiendo dificilmente imaginar la
   posibilidad de sobrevivir a aquellas fatigas. Lo que alli sufri me
   marco de tal forma que, todavia hoy, cuando un ser humano
   quienquiera que sea y en no importa que circunstancia, me habla sin
   brutalidad, no puedo evitar la impresion de que debe haber un error
   y que el error va desgraciadamente a disiparse. He recibido para
   siempre la marca de la esclavitud [...]. Desde entonces, me he
   considerado siempre una esclava. (42)


La experiencia en la fabrica supondra para Weil la toma de conciencia de la desgracia humana (le malheur), <<que es a la vez dolor fisico, angustia del alma y degradacion social>> (43): el desvelamiento de la esencia misma de la condicion obrera como experiencia desnuda de la esclavitud. Ahora bien, dos factores seran esenciales para hablar de esclavitud en el medio industrial: la velocidad en el ritmo de produccion y las ordenes recibidas. El primero impone una cadencia en el lugar de trabajo que no deja espacio para el pensamiento y la reflexion, unicamente para la repeticion mecanica de acciones desarrolladas con vistas a la productividad; el segundo, complementando al primero, impone una etica del silencio y de la obediencia ilimitada (44), alli donde no cabe una voz que hable de cambio. La vida en la fabrica le ensenara a Simone Weil que, para quien ha sido condenado a trabajar durante horas, hasta quebrar su cuerpo y su alma como si fuese un esclavo, unicamente le queda aceptar su destino con docilidad (45). Sin embargo, esta esclavitud en el medio industrial contemporaneo trae aparejada una opresion de nuevo cuno, de la que ya era consciente antes de incorporarse al mundo industrial, dados sus contactos con el mundo sindical en Le Puy. Frente a las sociedades tradicionales, donde la esclavitud se asocia al sometimiento mediante la fuerza de una parte de la sociedad, las sociedades capitalistas, como ya expuso Marx, trajeron consigo un sistema de opresion ejercido sobre aquellos que unicamente tienen su fuerza de trabajo para venderla a cambio de un salario. No obstante, la hipotesis propuesta por Weil, en el importante articulo de 1933: Perspectives. Allons-nous vers la revolution proletarienne? (46), es que un nuevo tipo de opresion comienza a consolidarse en las primeras decadas del siglo veinte, <<la opresion ejercida en nombre de la funcion>> (47): aquella que opone en la sociedad al personal cualificado y al no cualificado, a los trabajadores que se sirven de las maquinas en sus puestos de trabajo, frente a aquellos que son dominados por ellas. Esto es consecuencia inevitable de una sociedad que establece una division entre trabajo intelectual y trabajo manual, gracias, en primer lugar, a la formacion, como ya hemos senalado anteriormente, pero tambien debido a la mecanizacion de los medios de produccion. Entre ambos espacios, cualificado y no cualificado, <<la maquina misma constituye una barrera infranqueable>> (48), es el limite de la esclavitud en un mundo cada dia mas tecnificado. Pero, aunque Weil es igual de consciente que Marx de la existencia de unos mecanismos de represion que la clase dominante dirige sobre la clase dominada, para ella estos no son sino consecuencia inevitable de tal distincion, dado que:
      Toda nuestra civilizacion esta fundada sobre la especializacion,
   la cual implica el sometimiento de aquellos que ejecutan a quienes
   coordinan, y sobre tal base, unicamente se puede organizar y
   perfeccionar la opresion, pero no aligerarla. (49)


No obstante, si es indudable que existe la opresion <<en tanto que organo de una funcion social>> (50), es decir, como instrumento para el desarrollo de las fuerzas productivas, tambien es cierto que, para Weil, nada puede impedir que, en el fondo de nuestra alma, nos sintamos nacidos para la libertad (51). Pero entendiendo libertad no como supresion de las leyes de la necesidad, puesto que tal concepcion de la libertad no podria existir, ya que el hombre habita el mundo, y esta sometido necesariamente a las leyes del universo; sino libertad para pensar por uno mismo y actuar conforme al orden del mundo: <<un hombre sera completamente esclavo si todos sus gestos proceden de otra fuente que su pensamiento, a saber, o bien las reacciones irracionales del cuerpo, o bien el pensamiento de otro>> (52). Lejos de ser un espacio de sometimiento forzado, el trabajo debe ser un acto libre, mediante el cual el hombre actua metodicamente y recrea el mundo dado.

Si ocupa el trabajo, en la filosofia weiliana, un lugar central, es debido a que el es la forma en la que nos relacionamos con el mundo que nos rodea: el contacto real con la naturaleza, asi como el acto de obediencia y de respeto ante la realidad de este mundo que es la necesidad. Es el trabajo, para Weil, sereno equilibrio entre el orden y la libertad: lugar espiritual donde se hace presente la verdad, llamado a hacer posible la escucha del silencio del mundo. Por todo ello, tal y como expone en L'enracinament, el trabajo debe transformase hasta convertirse en <<centro espiritual>> (53) de la vida humana, recuperando el espacio que la mecanizacion y la especializacion le han negado. No es de extranar pues todos los esfuerzos de Weil--algunos un tanto ingenuos--destinados a desarrollar un equilibrio entre la produccion y los derechos de los trabajadores, proponiendo un nuevo regimen industrial implantado en el seno de cada empresa (54), que permitiese a la clase trabajadora fortalecer sus conquistas espirituales y asegurar el reconocimiento de su dignidad, e hiciese posible la toma de conciencia de su responsabilidad en el proceso productivo. Ello permitiria, supuestamente, despertar en los trabajadores un sentimiento de vinculacion con el fruto de su trabajo y con la produccion en general, mas alla de la preocupacion obsesiva por el salario (55), al permitirles, en todo momento, hacer uso de las facultades aprendidas, atendiendo a sus iniciativas sin degradarlos, ni menospreciarlos, sino todo lo contrario (56), respetando su trabajo y su persona.

No obstante afirma Weil, <<en cada hombre hay algo sagrado. Pero no es su persona. Tampoco es la persona humana. Es el, ese hombre, simplemente>> (57). Aunque el lenguaje se queda mudo a la hora de definir el respeto que merece toda persona humana, no podemos no tener en cuenta la legitima aspiracion de todo ser humano a que se le haga el bien, aspiracion que en ocasiones adopta la forma de un grito, bajo los golpes y la esclavitud. No es de extranar, igualmente, la firme propuesta de Weil de destruir toda separacion entre trabajadores cualificados y no cualificados, <<queremos hacer hombres completos al suprimir esta especializacion que nos mutila a todos>> (58). Para la filosofia weiliana solamente borrando precisamente la division entre trabajo intelectual y trabajo manual podriamos reconvertir un espacio de opresion en un espacio de libertad, alli donde se lleve a cabo la perfecta union de la libertad y la necesidad. Y ello pasa necesariamente por la formacion intelectual de la clase trabajadora, pero, ante todo, por el respeto a todo ser humano y a las obligaciones que nos atanen como tales, asi como por el reconocimiento de la dignidad que reside en el trabajo, sea cual sea su modalidad. Porque, para Weil:
      Exactamente en la misma medida que el arte y la ciencia, aunque
   de manera diferente, el trabajo fisico es un cierto contacto con la
   realidad, la verdad, la belleza de este universo, y con la
   sabiduria eterna de su disposicion. Por ello envilecer el trabajo
   es un sacrilegio. (59)


Como ya muestra en sus Cahiers, fue consciente Weil desde muy pronto, que la verdadera revolucion no sera tal mientras se limite a un mero cambio politico-economico (60). Su experiencia industrial le confirmara la idea de que la verdadera revolucion debe llegar mas hondo. No debe pasar unicamente por una apropiacion de los medios de produccion por parte de los trabajadores, sino por un autentico cambio en todos los ambitos de la vida, donde el hombre no se vea sometido a la maquina, sino que haga uso de ella para <<recrear lo que le es dado>> (61), donde se sienta libre para buscar la verdad en el mundo: aspiracion ultima de toda persona que no puede ser negada.

IV. Verdad

Escribio Paul Valery que existen dos generos de filosofos: los explicativos y los criticos, ambos marcados por dos defectos esenciales. El defecto de los primeros es hacer uso de mas de lo necesario, el de los segundos ocultarse bajo un aparente rigor linguistico. Existiria, no obstante, un tercer genero minoritario para Valery: el de aquel filosofo <<casi mistico>> (62), que, tendiendo a sustituir la explicacion por la identificacion, <<pretende sentir el mundo>> (63). Mucho se ha escrito sobre el complejo misticismo de Simone Weil, su profunda pero atormentada fe, asi como la tension existente entre ella y la ortodoxia cristiana. Si la obra de Weil en su ultima etapa no puede apartar la mirada de Dios, es la suya una creencia sin Iglesia ni dogmas, marcada por una honda creencia; pero incapaz de renunciar a la libertad de pensamiento, incapaz de aceptar, por ello, el dogmatismo intelectual catolico que se expresa al decir anathema sit. <<Permanezco junto a todas las cosas que no pueden entrar en la Iglesia, receptaculo universal, a causa de esas dos palabras>> (64) ; demasiados pensamientos quedarian excluidos tras ellas, demasiados saberes, demasiados seres humanos (65).

Su biografia nos muestra una persona sensible, profundamente identificada con los sufrimientos ajenos, hasta el punto de sentirlos como propios, movida siempre por el sincero deseo de compartir su suerte con todos los excluidos, de sentir todo el pesar del mundo. Pero tambien nos muestra una persona que no puede dejar de mirar con los ojos del alma y amar la belleza armonica del mundo, un armonia que se expresa en terminos de justicia, orden, belleza y, ante todo, verdad; dado que sentimos tras todo ello <<la presencia de algo analogo a la sabiduria que querriamos poseer para saciar nuestro deseo de bien>> (66).

Porque es la filosofia de Weil, en todo momento, serena aspiracion a la verdad enfrentada al tiempo tragico que le toco vivir, esfuerzo intelectual inclinado a desvelar todas las capas de la realidad, llevado hasta el limite de las fuerzas de un cuerpo, el cual terminaria por apagarse un dia de agosto de 1943. En una carta enviada al Padre Perrin escribe Weil:
      A los catorce anos cai en una de esas situaciones de desesperanza
   sin fondo de la adolescencia y pense seriamente en morir a causa de
   la mediocridad de mis facultades naturales. Las dotes
   extraordinarias de mi hermano, que tuvo una infancia y una juventud
   comparables a las de Pascal, me forzaron a tomar conciencia de
   ellas. No lamentaba los exitos externos, sino el no poder abrigar
   esperanzas de acceso a ese reino trascendente, reservado a los
   hombres autenticamente grandes, en el que habita la verdad.
   Preferia morir a vivir sin ella. Tras meses de tinieblas
   interiores, tuve de repente y para siempre la certeza que cualquier
   ser humano, aun cuando sus facultades naturales fuesen casi nulas,
   podia entrar en ese reino de verdad reservado al genio, a condicion
   tan solo de desear la verdad y hacer un continuo esfuerzo de
   atencion por alcanzarla. (67)


Es la verdad, para Weil, <<el esplendor de la realidad>> (<<l'eclat de la realite>>68), que se manifiesta ante los ojos del trabajador consciente y humilde en su jornada de trabajo, cuando este no se ve impelido a trabajar de forma forzada. Y desear la verdad no es sino desear la realidad, ella es por tanto amor del mundo en todos sus facetas (69), deseo de vida en la alegria y la desgracia (70). <<En lugar de hablar de amor a la verdad, es mejor hablar de un espiritu de la verdad en el amor>> (71) escribira Weil en L'enracinement. Pero para que dicho espiritu exista en preciso que se arraigue. Tiene necesidad de calor de vida y de realidad, pero tambien de serenidad. La verdad necesita pues del trabajo y del cuerpo, necesita de vida social, pero tambien momentos de silencio y soledad, destinados a escuchar con atencion, dado que <<el transito a lo impersonal solo se opera mediante una atencion de una cualidad rara y que solo es posible en soledad>> (72). Si el trabajo debe ser considerado segun Weil el centro espiritual de la vida humana es debido a que el es la vinculacion directa del hombre con su mundo y sus semejantes, es el espacio de enraizamiento del ser humano en el mundo y, al mismo tiempo, espacio de completo anonadamiento y humillacion del alma, donde se reconcilia el pensamiento y la accion, y se desarrolla la virtud de la atencion (73). Es por el trabajo hasta el agotamiento como se prepara el alma en la filosofia weiliana para recibir "el espiritu de verdad", como aceptacion humilde de la necesidad que tiende un puente en silencio hacia lo divino. Modelo de toda actividad humana, el trabajo permite al hombre entrar en contacto con el mundo y con todos los planos de la realidad, pero tambien gracias a el puede el hombre vaciar el alma, haciendo desaparecer todo lo subjetivo que hay en nosotros y abrirnos asi a lo impersonal. Es el trabajo sereno intento de lectura y de interpretacion del mundo, que exige silencio y atencion, pero tambien esfuerzo y dedicacion, dado que, para Weil:
      El mundo es un texto con diferentes significados, y se pasa de un
   significado a otro por un trabajo. Un trabajo en el que el cuerpo
   siempre toma parte, como cuando aprendemos el alfabeto de una
   lengua extranjera, este alfabeto debe entrar en la mano a fuerza de
   trazar las letras. (74)


Hemos destacado que para Simone Weil en toda persona hay algo sagrado. Ahora bien, <<lo que es sagrado, lejos de ser la persona, es lo que en un ser humano es impersonal>> (75), es precisamente esa exigencia de silencio lo sagrado que esta mas alla de nosotros, aquello que nos vincula con la verdad y la belleza, por medio del trabajo fisico. Alli donde nuestra individualidad ha quedado disuelta queda abierto el espacio de lo impersonal, <<la verdad y la belleza habitan ese dominio de las cosas impersonales y anonimas>> (76), su reino es soberano, y su apertura solo es posible para un alma que presta atencion. Cercana en este punto al Georges Bataille de La experiencia interior que ha afirmado: <<el yo no importa nada>> (77), el espiritu de verdad de la filosofia weiliana exige <<la destruccion del yo>> (78), la extrema renuncia de nuestra individualidad sacrificada en el vacio ante el altar de la gracia. La aniquilacion de nuestro yo es la mayor entrega que puede hacer un hombre, puesto que es la renuncia al mayor acto de libertad que poseemos: la afirmacion de nuestra propia subjetividad. Pero deja abierto al mismo tiempo el camino para la llegada de la gracia, y la redencion por el dolor que se desarrolla con la destruccion del alma.

Afirma Durkheim en su obra Las formas elementales de la vida religiosa que en la mente del hombre la nocion de lo sagrado esta completamente alejada de la nocion de lo profano, ambos representan dos espacios distantes separados por una <<especie de vacio logico>> (79), un limite que no puede ser franqueado por azar. Si algo han pretendido algunos de los escritos de la ultima etapa de Simone Weil es precisamente pensar ese vacio, su propia vida parece inclinarse hacia ese punto limite entre lo profano y lo sagrado, donde la desgracia amenaza con aniquilar el alma, y la vida misma se encuentra asediada por la posibilidad de su completa perdida: <<pensar eso con el alma entera es tener la experiencia de la nada>> (80), escribira Weil al final de su vida. Pero este sentimiento de completa humillacion del alma es condicion indispensable para el transito hacia la region donde habita la verdad, <<es una muerte del alma>> (81) atravesada por la desgracia, que se presenta en su pura desnudez, enmudeciendo nuestro espiritu. Como ya habia expuesto Hegel en Prefacio a la Fenomenologia del espiritu, este solo da con la verdad de si en su absoluto desgarramiento, cuando mira cara a cara a la muerte sin amedrentarse (82). Asimismo, para Weil, solo esperando atentamente la verdad en el vacio, con actitud humilde, y sin tratar de adivinar su contenido, es como ella llega a nosotros:
      Pero los seres que a pesar de la carne y la sangre han franqueado
   interiormente un limite equivalente a la muerte reciben mas alla
   otra vida, que no es en primer lugar vida, que es en primer lugar
   verdad. Verdad devenida viviente. Verdadera como la muerte y
   viviente como la vida. Un vida, como dicen los cuentos de Grimm,
   blanca como la nieve y roja como la sangre. Es ella el soplo de la
   verdad, el Espiritu divino. (83)


V. Conclusion

En una carta enviada a Maurice Schumann, apenas unas semanas antes de su muerte, escribe Weil: <<para mi personalmente la vida no tiene otro sentido, y en el fondo jamas ha tenido otro sentido, que la espera de la verdad>> (84). Porque el discurrir de la filosofia de Weil revela en sus ultimas etapas la certeza de que la verdad no se puede alcanzar, unicamente se la puede esperar, labrando el camino aguardando su llegada, y preparar asi el alma en silencio y soledad para recibirla. El camino hacia la verdad es el camino de la renuncia y la atencion, dominado por la desgracia (le malheur) que <<se aduena del alma y la marca, hasta el fondo, con una marca que solo a ella pertenece, la marca de la esclavitud>> (85). Sin embargo, es tambien punto de interseccion entre la gracia divina y el mundo. El trabajo agotador nos permite tomar conciencia de la desgracia y de la miseria, introduciendonos el universo en el cuerpo, en nuestro desfallecimiento sometido a la implacable necesidad del mundo. Porque en el pensamiento weiliano todo conocimiento de la verdad pasa necesariamente por el camino de la desgracia. Ahora bien, dicho camino de desgracia nos ensena de forma implacable que la verdad no puede ser, en ultimo termino, creacion nuestra. Alli donde el trabajo acaba con nuestras fuerzas y aniquila nuestro espiritu, nos hace inevitablemente tomar conciencia, afirmara Weil, de que <<el bien real no puede venir mas que de fuera, nunca de nuestro trabajo>> (86). Si este ultimo es lugar de agotamiento y muerte en la filosofia weiliana--siempre contradictoria, siempre en tension--es tambien lugar de salvacion por la gracia, elemento sobrenatural destinado a aparecer en ese mismo instante de desfallecimiento extremo cuando todo esta perdido: <<solo tras una larga y esteril tension que acaba en desesperacion, una vez que ya no hay nada que esperar, es cuando de fuera, oh maravillosa sorpresa, viene el don>> (87). Porque, como escribio el poeta espanol Claudio Rodriguez: <<Siempre la claridad viene del cielo; / es un don: no se halla entre las cosas / sino muy por encima, y las ocupa / haciendo de ello vida y labor propias>> (88).

Escribio Carlos Ortega que la filosofia de Simone Weil <<descubrio un nuevo alfabeto, cruzado de desgracia y de belleza, de nostalgia y de perfeccion, de dolor y de alegria, para leer y pensar el mundo>> (89), repensar el poder de las palabras es el reto que nos deja su obra. Pero es el suyo un alfabeto de tragico destino, cuya mas alta conquista es la revelacion de su propia impotencia, de su inevitable imperfeccion para dar cuenta de la realidad. Porque solo la gracia es portadora de verdad ultima. <<El espiritu de la verdad esta hoy casi ausente de la religion y de toda la ciencia>> (90), sostiene Weil, entonces la suprema exigencia de su obra, y de su vida misma, es una reforma radical de todos los ambitos pensamiento y de las condiciones de vida de todo ser humano: la lucha hasta la extenuacion por la reconciliacion de todos los saberes y de todas las dimensiones de la vida bajo la luz de la verdad, esa luz de amor puro que se manifiesta como el esplendor de la realidad. Porque el pensamiento de Simone Weil, como ha destacado Roberto Esposito--quien sin duda es uno de sus mas agudos lectores en la actualidad--, <<es un pensamiento guerrero incluso cuando combate por la paz>> (91).

Pero esta lucha solo tiene sentido si es una lucha por la vida, para recuperarla de las fuerzas que la avasallan, para devolverla a la senda de la verdad, de la belleza, de la justicia. Precisamente este posicionamiento, que la llevo por un camino de compromiso humano y de entrega fuera de lo comunes, tambien la alejo muy pronto de la Revolucion Sovietica y de toda forma de totalitarismo. Porque, como ella misma afirmo, en un breve texto de 1933, escrito a proposito de la obra La condition humaine de Andre Malraux y de una resena escrita por Bataille:
      No se puede ser un revolucionario si no se ama la vida [...]. La
   revolucion es una lucha contra todo aquello que constituye un
   obstaculo para la vida. Ella solo tiene sentido como medio; si el
   fin perseguido es vano, el medio pierde su valor. En general, nada
   tiene valor desde el momento en que la vida humana no lo tiene. (92)


doi: 10.12795/themata.2016.i54.02

Jaime Abad Montesinos (1)

Universite Paris--VIII / Lycee General et Technologique Talma, Brunoy (Francia)

Recibido: 15-1-2014

Aceptado: 15-3-2016

(1.) (jaime-abad@hotmail.com) Licenciado en Filosofia por la Universitat de Valencia. Master en Pensamiento Filosofico Contemporaneo. Amplio sus estudios con una beca de investigacion en la Universite Toulouse II--Le Mirail durante el ano 2011-2012.

(2.) Hegel, G. W. F.: Filosofia Real. Madrid: FCE, 2006, p. 71.

(3.) Pascal, B.: Pensees. Paris: Gallimard, 2004, p. 240.

(4.) Weil, S: L'enracinement. Paris: Gallimard, 1990, p. 14.

(5.) Weil, S: Escritos de Londres y ultimas cartas. Madrid: Trotta, 2000, p. 68

(6.) Asi nos lo dice en L'enracinament: <<La necesidad de verdad es mas sagrada que ninguna otra>> (Weil, S: L'enracinement, cit., p. 53).

(7.) Anota Weil en uno de sus cuadernos (Cahiers): <<Considerar siempre a los hombres en el poder como cosas peligrosas>> (Weil, S: OEuvres completes. Tome VI. Cahiers. Volume 1. (1933-Septembre 1941). Paris, Gallimard, 1994, p. 87), <<Estar frente a la naturaleza, no frente a los hombres; es la unica disciplina. Depender de una voluntad extrana es ser esclavo (...). No se puede depender de los seres humanos sin aspirar a tiranizarlos>> (Ibidem, p. 96). Sin embargo, su pensamiento, contradictorio y tragico, nunca sera capaz de volcarse completamente en el sueno de un paraiso terrestre que rompa con toda esclavitud.

(8.) En los escritos de su ultima etapa una profunda tension se deja ver entre su fe y el mensaje cristiano, tal y como este ha sido institucionalizado por la Iglesia catolica: <<se puede afirmar sin temor de exageracion que el espiritu de la verdad esta casi ausente de la vida religiosa>> (Weil, S: L'enracinement, cit. pp. 315-316).

(9.) Rimbaud, A.: Poesies. Une saison en enfer. Illuminations. Paris, Gallimard, 1993, p. 152.

(10.) Weil, S.: L'enracinement, cit., p. 320.

(11.) Revilla, C.: <<Simone Weil: entre el poder de la fuerza y el poder de las palabras>> en Archipielago 43, 2000, Sep-Oct, p. 72.

(12.) Cfr. Revilla, C.: <<Al final de la tregua: verdades radicales en la obra de Simone Weil>> en Anthropos 211, 2006, pp. 97-105.

(13.) Weil, S: L'enracinement, cit., p. 368.

(14.) Revilla, C: Simone Weil: entre el poder de la fuerza cit., p. 72.

(15.) Petrement, S: Vida de Simone Weil. Madrid: Trotta, 1997, p. 331.

(16.) Weil, S: Echar raices. Madrid: Trotta, 1996. Presentacion de Juan Ramon Capella. Traduccion de Juan Carlos Gonzalez Pont y Juan Ramon Capella, p. 9.

(17.) Cfr. Esposito, R: <<Simone Weil y Europa>> en Archipielago 43, 2000, Sep-Oct, pp. 37-44.

(18.) Conocida es la anecdota que afirma que el propio De Gaulle la tacho de "loca", cuando le comunicaron su proyecto de crear un cuerpo de enfermeras de primera linea que fuese lanzado en paracaidas en pleno campo de batalla (Cfr. Petrement, S: op. cit., p. 696).

(19.) Weil, S:A la espera de Dios. Madrid: Trotta, 1993, p. 38.

(20.) Saint-Sernin, B: <<Simone Weil, critique de la societe>> en Etvdes 366, Fev., 1987, p. 239

(21.) Weil, S.: O.C. Tome VI. cit., p. 128.

(22.) Weil, S.: L'enracinement, cit., p. 63.

(23.) Weil, S.: Escritos, cit., p. 137.

(24.) En una carta enviada, junto con un poco de dinero, a un anarquista espanol llamado Antonio, recluido en un campo de internamiento, escribira Weil: <<Cuando tengo dinero en mis manos, nunca tengo la impresion de que ese dinero sea de mi propiedad. Esta ahi, sencillamente (...). Simplemente pasa de mis manos a los de otra persona que lo necesita, como si yo no tuviera nada que ver en esto. Me gustaria que el dinero fuera como el agua y que corriera alli donde hace falta>> (Petrement, S.: op. cit., p. 587-588).

(25.) Weil, S.: Escritos, cit., p. 68.

(26.) Weil, S: L'enracinement, cit., p. 64.

(27.) Weil, S. <<Reflexions sur les causes de la liberte et de l'oppression sociale>> en Oppression et liberte Paris: Gallimard, 1967, p. 62.

(28.) Ibidem, p. 63.

(29.) Weil S: Escritos, cit., p. 137.

(30.) Cfr. Ibidem, p. 70.

(31.) Zambrano, M: Hacia un saber del alma. Madrid. Alianza Editorial, 2005, p. 100.

(32.) Ibidem, p. 101-102.

(33.) Weil, S. <<Reflexions>> cit., p. 57.

(34.) Veto, M.: La metaphysique religieuse de Simone Weil. Paris: J. Vrin, 1971, p. 10.

(35.) Petrement, S.: op. cit., p. 86.

(36.) <<La epoca de la fabrica fue el comienzo de un periodo menos feliz, mas sombrio y, al mismo tiempo, el periodo de una evolucion intelectual o espiritual. Parece que no encontro en esta experiencia lo que buscaba: el descubrimiento de los metodos que permitiran transformar realmente la condicion proletaria. Pero la experiencia tuvo sobre ella un efecto profundo y que no esperaba. Produjo una modificacion de sus sentimientos y poco a poco de sus pensamientos, una modificacion inesperada en efecto para ella>> (Petrement, S.: op. cit., p. 333).

(37.) Weil, S.: La condition ouvriere. Paris: Gallimard, 1951, p. 15.

(38.) Petrement, S.: op. cit., p. 239.

(39.) Weil, S.: L'enracinement, cit., p. 277.

(40.) Tal y como expone Albertine Thevenon en el Avant-propos a La condition ouvriere: <<Su extraordinaria inteligencia y su cultura filosofica le permitieron un conocimiento rapido y profundo de los grandes teoricos socialistas, en particular de Marx. Pero este conocimiento teorico de la explotacion capitalista y de la condicion obrera no le satisfacia. Consideraba util penetrar en la vida de todos los dias de los trabajadores>>. (Weil, S.: La condition, cit., p. 8)

(41.) Ibidem, p. 162.

(42.) Weil, S.: A la espera, cit. p. 40.

(43.) Ibidem, p. 85.

(44.) Cfr. Weil, S.: La condition, cit., p. 21.

(45.) En palabras de Weil: <<Una docilidad de bestia de carga resignada. Me parecia que habia nacido para esperar, para recibir, para ejecutar ordenes--que yo no habia hecho nunca mas que esto--que yo haria nunca mas que esto>> (Ibidem, p. 20-21)

(46.) Weil, S.: <<Perspectives. Allons-nous vers la revolution proletarienne?>> en Oppression et liberte. Paris: Gallimard, 1967, pp. 9-38.

(47.) Ibidem, p. 21.

(48.) Weil, S.: <<Perspectives>> cit., p. 23.

(49.) Weil, S.: <<Reflexions>> cit., p. 63.

(50.) Ibidem, p. 81.

(51.) Cfr. Ibidem, p. 113.

(52.) Ibidem, p. 116.

(53.) Weil, S: L'enracinement, cit., p. 380.

(54.) Cfr. Weil, S.: <<Principes d'un projet pour un regime interieur nouveau dans les entreprises industrielles>> en La condition ouvriere. Paris: Gallimard, 1951, pp. 207-213.

(55.) Cfr. Ibidem, pp. 208-209.

(56.) <<Es preciso darles el sentimiento de colaborar en una obra, darles la nocion de coordinacion de los trabajos [...]. Sera bueno igualmente dar cuenta a los obreros de todas las innovaciones, nuevas fabricaciones, cambios de metodo, perfeccionamientos tecnicos. Es preciso darles el sentimiento de que la empresa vive, y de que ellos participan en esta vida>> (Ibidem, p. 212).

(57.) Weil, S.: Escritos cit., p. 17.

(58.) Weil, S.: <<Perspectives>> cit., p. 32

(59.) Weil, S.: Escritos cit., p. 25.

(60.) <<La revolucion supone no simplemente una transformacion economica y politica, sino una transformacion tecnica y cultural>> (Weil, S.: O.C. Tome VI Vol. 1 cit., p. 134).

(61.) Ibidem, p. 116.

(62.) Valery, P.: Cahiers. Volume I. Paris: Gallimard, 1973, p. 553

(63.) Idem.

(64.) Weil, S.: A la espera cit., p. 46.

(65.) Como ella misma escribira: <<Tantas cosas estan fuera de el, tantas cosas que amo y que no quiero abandonar, tantas cosas que Dios ama, puesto que de lo contrario no tendrian existencia... Toda la inmensidad de los siglos pasados a excepcion de los veinte ultimos, todos los paises habitados por razas de color, toda la vida profana en los paises de raza blanca y, en su historia, todas las tradiciones acusadas de herejia, como la maniquea y la albigense, todas las cosas surgidas del Renacimiento, muy a menudo degradadas, pero en absoluto carentes de valor>> (Ibidem., p. 45).

(66.) Weil, S.: L'enracinement cit., p. 19

(67.) Weil, S.: A la espera cit., pp. 38-39

(68.) Weil, S.: L'enracinement cit., p. 319

(69.) <<Desear la verdad, es desear un contacto directo con la realidad. Desear un contacto con la realidad, es amarla. No deseamos la verdad sino para amar en la verdad. Deseamos conocer la verdad de lo que se amar>> (Idem).

(70.) <<Se sabe entonces que la alegria es la dulzura del contacto con el amor de Dios, que la desdicha es la herida de este mismo contacto cuando es doloroso y que lo unico importante es el contacto, no la modalidad>> (Weil, S.: A la espera cit., p. 56)

(71.) Weil, S.: L'enracinement cit., p. 319

(72.) Weil, S.: Escritos cit., p. 21-22.

(73.) <<Es por la atencion como se sale de la cascara de la autonomia, como nos alejamos de la perspectiva personal, [...]. Hacer el vacio en nosotros implica hacer el lleno en el mundo, pero esta salida de nosotros mismos solo es verdaderamente extatica si ella es permanente, es decir, cuando la atencion se transforma en espera>>. (Veto, M.: La metaphysique cit., p. 48).

(74.) Weil, S.: O.C. Tome VI. Vol. 1 cit., p. 295.

(75.) Weil, S.: Escritos cit., p. 20.

(76.) Ibidem, p. 21.

(77.) Bataille, G.: L'experience interieure. Paris: Gallimard, 2009, p. 64.

(78.) Weil, S.: La gravedad y la gracia. Madrid: Trotta, 1994, p. 75.

(79.) Durkheim, E.: Las formas elementales de la vida religiosa. Madrid: Alianza Editorial, 2003, p. 80.

(80.) Weil, S.: Escritos cit., p. 34.

(81.) Idem.

(82.) Cfr. Hegel, G. W. F.: Fenomenologia del espiritu. Valencia: Pre-textos, 2009, p. 136

(83.) Weil, S.: L'enracinement cit., p. 314.

(84.) Weil, S.: Escritos cit., p. 165.

(85.) Weil, S.: L'enracinament cit., p. 75.

(86.) Weil, S.: La gravedad cit., p. 92.

(87.) Idem.

(88.) Rodriguez, C.: <<Don de la ebriedad>> en Hacia el canto. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 1993, p. 43.

(89.) Ortega, C.: <<La hermosura del mundo en Simone Weil>> en Anthropos 211, 2006, p. 142.

(90.) Weil, S.: L'enracinement cit., p. 328.

(91.) Esposito, R.: <<Simone Weil y Europa>> en Archipielago 43, 2000, Sep-Oct, p. 39.

(92.) Weil, S.: <<A propos de La condition humaine de Malraux>> en &uvres completes. Tome II. Ecrits Historiques et Politiques. Volume 1. L'engagement syndical (1927--Juillet 1934). Paris: Gallimard, 1988, p. 318
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Author:Abad Montesinos, Jaime
Publication:Themata. Revista de Filosofia
Article Type:Ensayo critico
Date:Jul 1, 2016
Words:8596
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