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Roberto Bolano: melancolia y delirio en tres novelas breves.

Creo que fue Roger Caillois quien escribio que los relatos de Kafka, con su extraneza soterrada, dificil de localizar pero omnipresente, empapandolo todo, estaba mas cerca de la atmosfera real de un sueno de cualquiera que nosotros que los relatos tan deliberadamente delirantes del surrealismo. Lo mismo sucede en alguna medida con estas tres novelas breves de Bolano, que se mueven en el ambito de una melancolia en sordina y una irrealidad sutil, que no llega al delirio pero insinua su proximidad, coquetea con el, se le acerca y retrocede antes de entregarsele.

Tal vez la mas delirante de las tres novelas sea Nocturno de Chile, el monologo en su lecho de muerte de un sacerdote del Opus Dei y critico literario que cualquier chileno reconoceria como un doble imaginario de Ignacio Valente. Mientras recuerda escenas clave de su vida, Sebastian Urrutia Lacroix (alias H. Ibacache) pasa constantemente de lo plausible a lo extrano y de lo extrano a lo siniestro, como en esa sucesion de sacerdotes dedicados a la cetreria para eliminar a las palomas cuyos excrementos danan las iglesias de las que estan a cargo, en la visita de Urrutia a Europa. Tambien estan tenidas de onirismo las escenas de conversacion con Farewell, un critico algo mayor, homosexual, que esconde apenas la identidad de Alone, o mejor dicho la desplaza (en las novelas "en clave", siempre es peligroso apresurarse a reemplazar los nombres que el novelista le ha puesto a sus personajes por los nombres "reales": si no se estableciera esa relacion inequivoca pero distante, la permutacion de nombres, que es como un pasaporte para pasar las fronteras del pais de la ficcion, no tendria sentido). Tal vez lo mas inquietante de la novela (aparte de los avances e insinuaciones de Farewell, que tientan y repugnan a la vez a Urrutia) sea su reconstruccion de algunas escenas de la dictadura militar: Urrutia le da clases de marxismo a los miembros de la junta militar, interesados en aprender para "saber hasta donde podria llegar su enemigo" (es algo que el personaje real que inspira este relato efectivamente hizo, pero la ficcion le confiere un aura que lo vuelve un gesto fascinante ademas de repulsivo: ya Aristoteles decia que algunas cosas horrendas nos repugnan en la realidad pero nos gustan si las vemos representadas como parte de una obra mimetica, con esa distancia y perfeccion que el arte les confiere). Tambien las soirees de intelectuales en la casa de una escritora casada con un norteamericano agente de la CIA, en la cual se interroga y tortura a presos politicos (en un episodio que, segun me cuenta una amiga que vivio de cerca los "hechos reales", esta muy distorsionado respecto a su modelo) capturan admirablemente el ambiente inquietante de la dictadura en Chile, presente solo en detalles que cobran fuerza y sentido (o mas bien: se hace patente el absurdo del que testimonian) al ser recordados mas intensamente y puestos en contexto para quienes fuimos ninos o adolescentes durante esos anos, personajes de una pelicula cuyo inicio no habiamos visto y cuyas escenas mas cruentas no se nos mostraban, no se nos mostrarian sino anos mas tarde. Cuando escribo inquietante, pienso en lo unheimliche de Freud, algo disenado para permanecer oculto que sale a la luz, nuestros terrores mas intimos a plena luz del dia, o mejor, la plena luz del dia como mas aterradora que la oscuridad mas negra en que podamos adentrarnos.

Tambien en las otras dos novelas se asoma la sombra del fascismo: unos jovenes gritando "Fascismo o barbarie" en la Roma de Una novelita lumpen, la guerra civil espanola y la amenaza Nazi en Monsieur Pain. Tal vez es por eso que esta ultima recuerda por momentos a Sostiene Pereira de Antonio Tabucchi: un protagonista inofensivo, un hombre temeroso y debil, enfrentado a fuerzas oscuras, potencias mas vastas entrevistas apenas. Pero Bolano es menos romantico y optimista que Tabucchi, al menos en este relato: su protagonista no se eleva nunca al estatus de heroe novelesco, se mantiene hasta el fin del relato en su rol anodino, apagado, mediocre. La presencia de Cesar Vallejo muriendose en Paris como telon de fondo hace pensar tambien en la novela de Jose Saramago El dia de la muerte de Ricardo Reis, pero esta ultima es mucho mas densa y extensa, poblada de niebla y fantasmas, situada en una Lisboa irreal pero muy viva en sus detalles. Las ciudades de Bolano son, en cambio indiferentes en cierta medida. Los espacios de Paris en que se mueve Monsieur Pain no son en absoluto hitos reconocibles por turistas de esos que los novelistas siembran para halagar a algunos lectores enterados (o generar complicidad con ellos): Paris para Pain es un departamento pequeno y muy desordenado, un hospital laberintico que hace pensar en ciertos espacios borgeanos, un cine casi vacio, una especie de club nocturno y un enorme hangar de noche.

La Roma de Una novelita lumpen es aun mas tenue: vemos de ella sobre todo dos hogares, el departamento de la protagonista y su hermano y la enorme casa del ex mister universo ahora ciego al que Bianca, la protagonista, visita con la esperanza de encontrar la caja fuerte y robarle su dinero, lo que nunca sucede. En su aparente impasibilidad, Bianca recuerda un poco a Meursault, de Albert Camus, pero mas aun me hace pensar en E stato cosi, de Natalia Ginzburg, y en El amigo americano de Patricia Highsmith por el modo en que su indiferencia nos hace evidente hasta que punto es banal la maldad, mas chata que sublime. Tal vez sea esa la causa mayor de la melancolia que impregna estas novelas, ya sea esa "tristeza muy breve, una tristeza casi portatil de no mas de cinco minutos" que la protagonista "por suerte podia disimular sin mayores problemas" (99) en Una novelita lumpen o el morbus melancholicus de que hablan Salvador Reyes y Farewell en Nocturno de Chile, ese mal descrito por Robert Burton en su Anatomia, y al que segun Aristoteles son especialmente afectos los genios. O bien ese rechazo de la sociedad que conduce a Pierre Pain a empobrecerse "sistematicamente, de manera rigurosa, en ocasiones acaso con elegancia" (85), para finalmente dedicarse al mesmerismo y terminar leyendo manos, "manos manchadas de sangre, manos de verdugos y de putas siniestras, de vividores y de traficantes del mercado negro" (170). Al leer a Bolano, un poco como Pain lee esas manos, se le contagia a uno algo de esa melancolia, o mas bien se recae en otra, esa de los lectores, cisnes mas tenebrosos aun, si ello, cabe, que quien imagina esas ficciones en las que uno se adentra, esa casa de espejos que multiplica nuestra imagen, deformandola en variaciones sin que sin embargo se vuelva por ello del todo irreconocible. Tal vez eso es su catarsis.

NY, 2004
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Author:Perez Villalon, Fernando
Publication:Cyber Humanitatis
Date:Jun 22, 2007
Words:1240
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