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Retorica y humildad. Reflexiones sobre el ethos del orador.

Con motivo del trigesimo aniversario del Seminario de Retorica General de la Universidad de Tubinga, el critico literario Marcel Reich-Ranicki hizo mencion en su conferencia magistral al conocido prejuicio sobre la problematica relacion entre Retorica y verdad (1). Como en la oratoria se trata de convencer a los oyentes y de moverlos a actuar de un modo determinado, el orador no solo suele activar el conocimiento, sino tambien los afectos del publico, buscando estimular estos ultimos. Asi pues, se plantea, con palabras de Reich-Ranicki, la cuestion de los limites entre influencia y manipulacion. El critico aleman aconsejaba andarse con cautela respecto a la Retorica y afirmaba contundentemente: "El orador de masas con exito es impensable sin una aleacion notable de demagogia". A diferencia de lo que Roman Herzog habia defendido poco antes, ReichRanicki no consideraba como presupuestos de la Retorica las apelaciones a la credibilidad del orador como su valor mas importante, sino en todo caso como su resultado. Para Reich-Ranicki la sintesis de Retorica y moral es "un noble sueno y nada mas". En esta postura sigue vigente el rechazo de la Retorica por parte de Platon, quien en su enfrentamiento con la sofistica veia el lenguaje convertido en un instrumento de poder. Los sofistas decian cada vez menos pero perseguian fines cada vez mas utilitaristas, robandole asi a la lengua su caracter de mensaje, ya que la privaban de su relacion con la realidad (2).

Frente a estas posturas escepticas cabe replantearse la relacion entre emocion y argumentacion: un discurso brillante, que arrastra, ?tiene que ser de por si sospechoso? ?No hay mas bien una complementacion entre el logos, el ethos y el pathos aristotelicos? Un camino viable para responder a estas preguntas es dirigir nuestra mirada al orador mismo y, mas concretamente, a su ethos, una perspectiva que se esta reforzando ultimamente en la Retorica cientifica (3). Efectivamente, el orador dispone de un instrumental muy eficaz para ensenar o para estafar, para edificar o para destruir. En el presente trabajo se pretende recordar algunas afirmaciones esenciales sobre el orador de las que jalonan el camino que conduce desde la antiguedad greco-romana, pasando por el cristianismo, hasta hoy. Al final del recorrido sera posible encontrar la virtud que no solo impida que la Retorica se convierta en un instrumento de manipulacion, sino que eleve la pala bra a aquel arte "enormemente apreciado e imprescindible" que se cuenta entre "las mayores necesidades de la humanidad", como dijo Goethe ya en sus anos de madurez (1815) (4).

I. Importancia del orador en la Retorica clasica

En su estudio sobre el instrumental retorico en Aristoteles y Ciceron, Schweinfurth-Walla (5) muestra que Aristoteles no consideraba que la diferencia entre la Retorica y la dialectica estuviera en la tecnica de estas artes, sino en su objeto. Tecnicamente se puede discutir en ambas disciplinas tanto a favor como en contra de un hecho, pero mientras que la dialectica busca en principio la apariencia de verdad, la Retorica intenta comprender y comunicar lo que es en si realmente verdadero. El utilizar correctamente, es decir, con recta intencion, un instrumento tan poderoso implica una gran responsabilidad para el orador. Pero como Aristoteles estaba convencido de que el hombre, por su propia naturaleza, es capaz de conocer la verdad, y de que igualmente, por su propia naturaleza, lo verdadero y lo justo tienen mayor fuerza en el que sus contrarios, transmitio en su Retorica una imagen positiva del arte de hablar bien (6).

Para comprender mejor la concepcion aristotelica del papel que juega el orador es preciso recordar que, para el filosofo griego, tanto el ethos del emisor como las emociones que intenta activar en el receptor (pathos) y el contenido racionalmente convincente (logos), pertenecen a las pruebas que han de presentarse por medio del discurso (7).

En el segundo libro de la Retorica (8) Aristoteles senala tres virtudes que garantizan la calidad del ethos: ponderacion, autenticidad, solidaridad. Lo importante es que estas cualidades aparezcan en el discurso, pero eso no implica--como bien apunta Eggs (9)--que el orador como persona no necesite poseer esas virtudes, sino que ha de actualizarlas en el discurso.

Como es bien conocido, Aristoteles distingue tres generos de discursos, para los que la argumentacion presenta matices diferentes. Asi, en el genero judicial las pruebas concretas constituyen la parte esencial del discurso, mientras que en el deliberativo (en la asamblea) los ejemplos son los instrumentos argumentativos mas valiosos, ya que esas experiencias se pueden proyectar hacia el futuro. Finalmente, en el genero demostrativo, es decir, en el discurso epideictico, se parte de hechos concretos y se trata de presentarlos como utiles y bellos (10). Naturalmente, en este caso no son las pruebas y los ejemplos los instrumentos mas convincentes, sino la credibilidad del orador (11). Concretamente Aristoteles dice que la autoridad del orador es mas importante que la irrefutabilidad de los argumentos (12). En consecuencia, en el contexto del discurso ceremonioso, el Estagirita se concentra en las virtudes morales, a las que no considera simplemente como bienes del espiritu, sino como potencias cuya actualizacion conduce en gran medida a la realizacion del bien en todos los sentidos (13). Por eso las virtudes mas importantes son las que mas sirven a los otros, como la justicia, la fortaleza y la generosidad. De ello se puede deducir que la credibilidad del orador y su orientacion hacia el receptor representan los elementos esenciales del discurso.

Esta atencion a la cualidad etica del orador configura tambien el concepto de Ciceron y Quintiliano sobre el perfectus orator. Para Ciceron, en principio este es el que--en sentido aristotelico--puede defender el pro y el contra de cualquier cuestion (14). Sin embargo, cuanto mayor sea el efecto que el orador quiera alcanzar con sus palabras, mas necesarias seran su probidad y su prudencia (15). La razon es que la garantia del exito de un discurso depende de que los oyentes sean favorables al orador. Y como la mayoria de las personas toman decisiones mas a traves del corazon que de la inteligencia, las emociones del publico juegan en los discursos un papel preponderante (16). Este concillare ad benevolentiam lo consigue el orador, segun Ciceron (17), no tanto con la palabra como mediante su integridad etica, actualizada en el discurso por su comportamiento extraverbal, una dimension que se pone de relieve especialmente en contextos juridicos: los corazones de los jueces se pueden ganar sobre todo con la dignidad, los hechos y la fama del orador y su cliente (dignitate hominis, rebus gestis, existimatione vitae). Por supuesto, esas cualidades son mas eficaces--asi lo resalta Ciceron--, si el orador realmente las posee; son dificilmente imitables si el orador carece de ellas (18). Asi, el orador no ha de preocuparse por posibles efectos manipuladores al transmitir sus emociones si estas son autenticas. En este caso su fuerza convincente es tan grande que una voz tenue y la contencion en la mimica y en las palabras (lenitas vocis, vultus pudoris significatio, verborum comitas) representan el instrumental mas adecuado, mientras que sus contrarios aparecen mas bien como sospechosos. Consecuentemente son, segun Ciceron (19), mas convincentes la modestia, la sencillez y la generosidad que la euforia, la combatividad y la dureza.

Quintiliano lleva mucho mas adelante estas ideas de Ciceron sobre la integridad moral del orador, lo que no sorprende conociendo sus esfuerzos por reinstaurar las antiguas virtudes romanas. Para ello toma como punto de partida del orador-modelo la definicion de Caton el Mayor: el orator es un hombre bueno, que sabe hablar bien (vir bonus dicendi peritus), partiendo de la base de que bonus es el elemento mas importante de la definicion (20). Para ser un hombre bueno se necesita una excelente formacion, pues si bien la virtud se pone en movimiento por las fuerzas naturales, llega a su culminacion por medio del saber (21). En sus exigencias, Quintiliano es maximalista: al perfectus orator no le basta con dominar la tecnica de la Retorica, sino que ademas ha de poseer todas las virtudes (22). Un ideal tan elevado es comprensible en Quintiliano si se tiene en cuenta que para el el orador es tambien un profesor de oratoria, al que se confian muchachos jovenes. Por eso no titubea al hablar de la sanctitas docentis (23). En el libro XII Quintiliano profundiza en esa integridad moral, partiendo de la base de que aunque el orador es un hombre de mundo (vir civilis), involucrado en la vida practica de la sociedad (24), y no un filosofo desasido de los negocios de los demas; su arte de hablar bien esta intimamente unido con la filosofia. La tarea del orador es para Quintiliano la de establecer una relacion entre el saber teorico y la practica, entre reflexion y accion. Por eso concierne a la Retorica que en el terreno de la logica el orador supere las ambiguedades, que construya argumentos logicos, etc (25). Desde el punto de vista etico, el orador hablara convincentemente sobre justicia, fortaleza, templanza, piedad, etc., si no solo conoce teoricamente esas virtudes, sino que tambien las pone en practica en su vida privada (26). En el contexto de la filosofia de la naturaleza Quintiliano subraya la necesidad de hablar con profundidad: solo la reflexion sobre los bienes mas elevados posibilita hablar bien (optima). Como ejemplo de esta dimension especulativa pone a Ciceron, cuya formacion lleva mas la impronta de la Academia que del Foro (27).

Por lo que respecta a las virtudes del orador, Quintiliano hace referencia al canon tradicional romano: fortaleza, justicia, fidelidad, continencia, frugalidad, desprecio del dolor y de la muerte (fortitudo, iustitia, fides, continentia, frugalitas, contemptus doloris ac mortis) (28). Sin embargo, el autor de las Institutionis oratoriae es consciente de que el ejercicio de tales virtudes y sus exigencias de formacion no es una tarea facil. Como motivacion escoge un argumento apoyado en la voluntad (29), cuya fuerza motora es una clara referencia al ego: la propia fama. Asi pues, el deseo de ser mejor que los mejores es motivador. Quintiliano cierra su obra con la apelacion a esforzarse por conseguir la excelencia del discurso, para llegar a la cumbre o, por lo menos tan alto que supere a la mayoria (30).

Ante ideales de formacion de esta categoria asombra comprobar lo pragmatico, es mas, lo consecuencialista que es Quintiliano respecto a la verdad. En el contexto de la cuestion sobre el nivel cientifico de la Retorica hace referencia a la critica mas corriente hacia esta disciplina: no decir la verdad y mover las pasiones (31), a lo que responde que no es ninguna verguenza si hay una buena razon para ello (32). Una "buena razon" es, para Quintiliano, que de otra manera el juez no podria cambiar de opinion o el inexperto jurado no llegaria a salir de su error. Se justifica diciendo que hay que luchar con artificio cuando el caracter voluble del auditorio asi lo exija. Ademas, continua, quien ha perdido el camino seguro solo podra volver a el por atajos y vericuetos (33). A estas alturas cabe preguntarse como es posible tal contradiccion entre esa moral maximalista y una postura etica tan claramente consecuencialista. La respuesta se encuentra en el objetivo mismo de la formacion retorica que imparte Quintiliano (34): si el orador debe someterse a una fuerte disciplina para aumentar su propia fama, la motivacion de su actividad no es fundamentalmente un servicio comunicativo, sino mas bien una afirmacion de si mismo (35). En este sentido se puede entender el objetivo de la oratoria: "oratori bene dixisse finis est". Evidentemente, no se trata del exito a cualquier precio, como pretendian los sofistas, sino de la actividad como tal (in actu posita [sc. ars], non in effectu). Esta fuerte concentracion en el exito personal lleva consigo el peligro de romper el equilibrio del trinomio aristotelico (emisor-contenido-receptor) a favor del primero. De ahi surge la cuestion de si entre las virtudes exigidas al orador no se ha olvidado una que pueda recomponer la armonia de esta triparticion. Como evidentemente tiene que tratarse de una virtud tomada del campo de la negacion de uno mismo, parece oportuno buscarla en la recepcion cristiana de la Retorica clasica, sobre todo en la teoria de la predicacion de los siglos XVI y XVII, en los que estas cuestiones fueron objeto de intensos debates.

II. El orador en la teoria de la predicacion del Renacimiento y el Barroco

A finales del siglo XVI (1575) aparecio en Lisboa la Retorica para Predicadores del dominico espanol Fray Luis de Granada (36). Este original latino, Ecclesiasticae Rhetoricae, sive de ratione concionandi libri sex, se tradujo y fue editado muchas veces, por lo que influyo notablemente en la Retorica europea (37) durante mucho tiempo. El tratado refleja la Retorica de Quintiliano, si bien Fray Luis adapta esas normas a las necesidades del pulpito (38). El dominico espanol subraya innumerables veces en su tratado el doble objetivo de la predicacion: "el fin es la gloria de Dios y la salvacion de las almas" (39). Para ello se distancia de Quintiliano y de Caton el Mayor con un argumento a fortiori: si el orador de temas terrenos debe ser vir bonus dicendiperitus, ?cuanto mas ha de esforzarse el que quiere mover a los oyentes a odiar el vicio y amar la virtud? (40).

A diferencia de Quintiliano, para el el camino que conduce a esta meta lleva, no por el terreno de la propia fama, sino por el de la propia negacion. Su fundamentacion teologica (41) se puede resumir de la siguiente manera: el efecto de la predicacion religiosa debe sobrepasar los limites humanos, pues lleva a provocar el arrepentimiento. Estos efectos sobrenaturales no pueden ser obra de los hombres, sino exclusivamente consecuencia de la gracia. El predicador es, asi pues, solamente un instrumento de Dios y su tarea consiste en rectificar su intencion para no perseguir la admiracion de los oyentes, sino, por medio de su persona, hacerles a Dios transparente (42). Si la consecuencia de la humildad es la eficacia pastoral, el efecto negativo de la vanidad es el miedo al fracaso: el gran temor de la ignominia (43), que puede llegar incluso a paralizar al orador.

Antonio Vieira, quiza el mas famoso predicador portugues, en su Sermao de Sexagesima pronunciado en 165544, anade a este concepto de humildad una importante dimension directamente relacionada con nuestra cuestion sobre el arte de decir la verdad: la falsificacion de la palabra de Dios por los predicadores vanidosos. El sermao de Vieira se dirigia a los predicadores que se habian reunido aquel dia en la Capela Real de Lisboa (45). Muchos de ellos habian cedido a las tendencias barrocas de ponerse a si mismos y a su florido lenguaje en primer plano, en lugar de proclamar el evangelio centrandose--segun la conviccion catolica--en el texto y en la tradicion. Pero Vieira tambien les echa en cara que ni siquiera en su propia lengua apuntan a la verdad en el uso de las palabras (46). El problema subyacente es la clasica cuestion hermeneutica de introducir en el texto las propias ideas, proscribiendo la funcion linguistica de la representacion y abusando del significado de las palabras, que ya no se utilizan como signos de un contenido, sino como afirmacion de uno mismo. En definitiva, Vieira muestra que la vanidad ciega al orador, impidiendole conocer la realidad. De ahi que el predicador que busca el aplauso del publico no es un traductor de la palabra de Dios, sino un comediante. Asi le llama Vieira en un doble sentido, porque falsifica la verdad y porque convierte el pulpito en un teatro (47).

Por lo que respecta a los afectos, Fray Luis de Granada saca de la humildad otra consecuencia: solo despues de liberarse de la egolatria puede el predicador dedicarse apasionadamente a su oficio, la gloria de Dios y la salvacion de las almas. Fray Luis (48) pone como ejemplo a Santo Domingo, cuya motivacion (en realidad un gran amor a Dios y a las almas) era tan fuerte que llego a fundar una orden de predicadores. De este amor surgen los afectos del discurso, con los que se impacta a los oyentes. Granada y Vieira coinciden con Ciceron y Quintiliano en que precisamente para el pueblo inculto la vibracion afectiva es retoricamente mas efectiva que las conclusiones logicas (49). Vieira pone incluso a Jesucristo como muestra de las expresiones pateticas: en relacion con el pasaje de San Lucas 8, 8, afirma que en esa ocasion Cristo confio mas en el volumen de su voz que en sus argumentos racionales (50). Sin embargo, en ninguno de los dos tratados sobre la predicacion se dice nada respecto a una posible falta de verdad, tampoco en caso de necesidad, como en el libro de Quintiliano. Se encuentran, por el contrario, ideas y consejos para dirigir los afectos a un buen fin, evitando todo efecto manipulador. Fray Luis lo concreta de la siguiente manera: la verdadera pasion que el llama afecto de caridad--se enciende en la reflexion, es decir, en la recepcion de la fuerza divina por medio de la oracion y de la contemplacion. Sin este don, la Retorica es postiza y ridicula (51).

En resumen, con la recepcion cristiana de la Retorica clasica se pone de relieve el valor central de la humildad, que ya jugaba un papel importante en Aristoteles y Ciceron. La liberacion de un ego demasiado poderoso deja al orador el camino libre para conocer y exponer la realidad. El resultado de este cambio de optica es la apertura hacia la grandeza y belleza del objeto (en el contexto religioso, la revelacion). El entusiasmo resultante nace y crece del objeto mismo y no del capricho o de las motivaciones vanidosas del orador. Nos queda finalmente averiguar como se manifiesta esta humildad, cuya eficacia en la predicacion han puesto de relieve convincentemente Granada y Vieira, en el discurso fuera del pulpito. Dicho de otra manera, cuales son las caracteristicas de la modestia en los procesos comunicativos mas practicos.

III. Pertinencia de la humildad en conceptos modernos de comunicacion y Retorica

Respondiendo a una pregunta sobre su opinion personal respecto a la situacion politica del momento, el conocido retorico aleman Walter Jens se centraba en determinados aspectos de la cultura retorica en Alemania (52). Afirmaba que se puede ser optimista respecto al futuro del discurso publico si "vuelven a estar en vigor ciertas virtudes imprescindibles como son la cortesia, la modestia--es decir, el reconocimiento de los propios limites--, asi como la sabiduria y la humildad". Esto, sostuvo, sirve tambien para la cultura del discurso publico, pues cuando se recapacita sobre los argumentos del otro, si uno se deja convencer y es capaz de aceptarlo publicamente, entonces vuelve a estar en vigor una humanidad que habia pasado de moda. Literalmente: "esto es para mi humanidad: decir que me he equivocado". El retorico aleman mantiene que la formula mas convincente es mostrarse como uno realmente es y no camuflarse. Lo contrario significa dejarse dominar por la vanidad: "un burgues que, de repente, se da al arte de quedar bien, esta perdido". La importancia que concede Jens a la modestia tiene un fundamento psicocomunicativo, como pone de relieve Schulz von Thun (53) al hablar de la "revelacion de si mismo" en su conocido modelo "Las cuatro caras del mensaje". Esta imagen quiere poner de relieve que las noticias no solo constan de un contenido concreto, sino que proporcionan tambien informacion a traves del caracter y el comportamiento del emisor. "Revelacion" contiene una parte aceptada ("mostrarse libremente") y otra obligada ("desenmascararse")(54). Esta ultima esta frecuentemente unida a un "miedo a la revelacion", porque se teme no dar la imagen deseada (55). Por eso muchas veces se anaden, como ingredientes de la comunicacion, tecnicas que pretenden dar la apariencia de una cierta superioridad. Contra esa artificialidad, Schulz von Thun aconseja, con una frase tomada de la psicologia clinica: "intenta ser tu mismo", que se concreta en la coordinacion de tres aspectos de la personalidad: vivencia interior, conciencia de si mismo y comunicacion (56). Pues bien, a continuacion veremos cuales son las dimensiones retoricas de ese esfuerzo de autenticidad por parte del orador. En primer lugar, la modestia y la humildad.

Ya hemos visto que Walter Jens define la modestia como el reconocimiento de los propios limites. Unida a la humildad actua la "virtud mas importante", la "empatia", que es, segun Jens, la capacidad de ponerse en la situacion del otro (57). Digamos de paso que Jens utiliza la humildad (originariamente empleada en un contexto religioso) y la modestia (una virtud moral) como sinonimos, lo que es legitimo en el contexto de la Retorica. En las lineas siguientes se mantendra esta sinonimia. Primero se tratara de responder a la pregunta de como esta ligado el hecho de reconocer los propios limites a la capacidad de ponerse en la situacion del otro. Conocer los propios limites es parte integrante del conocimiento de uno mismo y es la base para poder actuar (58). Efectivamente, quien quiera ser alguien distinto de lo que realmente es, esta condenado a la pasividad y a la frustracion, pues nadie podra conseguir una meta de este tipo. Sin embargo, el reconocimiento de sus limitaciones no es algo estatico; puede incluso ser muy dinamico, ya que, como bien se sabe, nadie ha llegado a las fronteras de su madurez. Pero saber donde estan implica la posibilidad de llegar a ellas, y de ahi surgen innumerables perspectivas de desarrollo personal.

Una consecuencia importante de aceptarse tal y como se es--en lugar de cultivar fantasias--es el reconocimiento de los limites de los otros, especialmente de los interlocutores. Estas fronteras marcan el territorio reservado a la gestacion y desarrollo de la propia vida y de sus decisiones, y tiene derecho a ser respetado por todos. Guardini situa este fenomeno en el contexto de la virtud del respeto: "con el respeto el hombre renuncia a lo que tanto le gusta: poseer y utilizar cosas y personas para la consecucion de sus propios intereses. En lugar de hacer eso, con el respeto, el hombre da un paso atras, guarda las distancias, con lo que surge un espacio en el que puede aparecer y brillar todo aquello que merece nuestra veneracion" (59). Esta postura puede calificarse de empatia en el verdadero sentido de la palabra. La anticipacion a la reaccion del otro o la vibracion con sus mismas emociones no se envenena utilizandola como un instrumento de poder, sino que se lleva a cabo con respeto. Como es natural, la empatia crece con el aumento de la relacion con el otro, una postura que surge de la modestia y de la superacion del egoismo.

Con respecto a la relacion entre humildad y verdad se puede afirmar que prescindir conscientemente del propio lucimiento hace que la verdad brille aun mas, ya que el orador se concentra en el contenido y en los interlocutores. Asi es mas facil conocer lo esencial de algo y hacerlo patente. La consecuencia retorica practica de esta virtud consiste en poder prescindir de algunas ideas cuando la necesidad de hacer comprensible el discurso lo exige. Se omite todo aquello que unicamente pueda dar la impresion de erudicion pero que no pertenece esencialmente al mensaje. Se trata a veces de dolorosos recortes de contenido que se llevan a cabo en favor del objeto mismo y de su mejor comprension por parte de los interlocutores.

Finalmente, para comprender mejor la relacion entre la humildad y las emociones es util volver la mirada al emisor. Gracias a la humildad pueden superarse mejor los propios fracasos, con la consecuencia de que asi uno se libera mas facilmente de tensiones retoricas, como por ejemplo, el miedo al fracaso. El que se concentra en su tarea puede relacionar mas facilmente la critica recibida con aspectos concretos de su discurso, y no con su persona. Guardini resume esta realidad con el concepto de "enigmatica dialectica de la persona" y anade: "cuanto mas se busca el hombre a si mismo, tanto mas se escapa de si; cuanto mas intenta hincharse, mas raquitico se queda. El vanidoso, que solo vive para si, cree realizarse cada vez mas, pero, en realidad, se va autodestruyendo en su interior, porque no llega a surgir en el ese espacio vital que solo proporciona el olvido de si mismo. En el salir del yo hacia el tu o hacia la tarea encomendada se despierta y crece la propia personalidad" (60).

La dimension emocional del discurso ocupa muchas veces el centro de la investigacion retorica: Danes (61) subraya precisamente la omnipresencia de los factores emocionales del discurso asi como su estrecha concatenacion con los elementos cognitivos. Las emociones ejercen incluso una funcion catalizadora tanto para fomentar como para retraer el proceso discursivo. Frente a posiciones contrarias al estudio de las emociones en el analisis del discurso, Danes (62) postula que no se omitan los sentimientos, sino que se tienda a una armonica union entre emocion y cognicion. En la psicologia de la comunicacion se encuentra un apoyo a esta tesis en la cuarta cara del mensaje, la "relacion", en la que se estudia la dimension emocional de la comunicacion. En la interaccion siempre esta presente la conciencia de lo que siente el emisor por el receptor y viceversa (63). Aqui interesa la relacion positiva, llamada "valoracion" y caracterizada por el respeto y el reconocimiento de la igualdad del interlocutor, incluso cuando hay conflictos y se precisan duras negociaciones. Es evidente que, precisamente en estos casos, la virtud de la humildad proporciona la alteridad suficiente, que impide que el emisor intente conseguir la victoria por todos los medios y ponga en primer plano la consecucion de sus propios intereses. Gracias a ello puede desarrollarse en el discurso una cultura de las emociones, que surgen del contenido y se mantienen al servicio del contenido, careciendo de todo peligro manipulador. Este discurso emocional no se halla necesariamente en contradiccion con la verdad: si se parte de la base de que la Retorica esta al servicio de la conviccion, la tarea del orador consistira--a diferencia de la del puro analitico--en proporcionar acceso a la realidad y en encontrar posibilidades de desarrollo en cualquier situacion, independientemente de lo desastrosa que parezca. La movilizacion de los oyentes se consigue desde el objeto mismo por medio del conocimiento y de las emociones (64). Esta emocionalidad fundada en la verdad no es un pathos sentimental, sino fruto de la reflexion, y nace de un profundo conocimiento del tema a tratar. Su expresion retorica es el intercambio que ve Guardini entre el silencio y la palabra. Ambos estan en una relacion parecida a la inspiracion y la espiracion. Explica esta compenetracion de la siguiente manera: "el silencio es la fuente de la palabra. Se nota enseguida si esta proviene del silencio o no. Lo que viene del silencio es profundo y lleno de contenido. Solo quien sabe callar, sabe hablar bien. La palabra solo sera completa y clara si procede de la reflexion" (65). La reduccion de la actividad discursiva, que representa otra expresion mas de la humildad, se convierte en la garantia numero uno de la eficacia retorica.

IV. Conclusiones

Podemos afirmar que, tanto en la Retorica antigua como en la Retorica religiosa del Barroco, se plantean al orador y a su capacidad de reflexion serias exigencias de integridad--dentro y fuera del discurso--. La relacion entre Retorica y moral, que calificaba ReichRanicki de "noble sueno", se hace realidad en la persona del orador cuando su intencion no es el propio lucimiento, sino el servicio al mensaje y a los interlocutores. Del predicador se exige que sea un acueducto de los mensajes divinos a los hombres, y no un charco de vanidad que impida la corriente (66). Lo mismo puede decirse de la Retorica en general: el arte de decir la verdad es una cuestion de humildad. El orador centrado solo en si mismo atrae la atencion del receptor hacia el emisor, interceptando el conocimiento del mensaje. Goethe lo formulaba asi en un famoso distico: "?Que es lo mas dificil de todo? Lo que mas facil te parece/ Ver con tus propios ojos lo que tienes ante tus ojos" (67).

La compostura del propio yo, por el contrario, posibilita concentrarse en el contenido y reflexionar sobre el. El entusiasmo que resulta del conocimiento de la realidad despierta las emociones propias y ajenas, que pueden poner en movimiento al receptor. Aqui confluyen el ethos, el logos y el pathos. En ese sentido, el discurso emocional no tiene por que ser sospechoso, sino, con las citadas palabras de Goethe, algo "enormemente apreciado e imprescindible", que ha de contarse entre "las mayores necesidades de la humanidad".

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(1) Reich-Ranicki, M. (1997).

(2) Vease en este sentido el sugerente analisis de Pieper, J. (1980).

(3) Un buen ejemplo de ello es el volumen publicado por Amossy, R. (1999).

(4) La cita esta tomada de Curtius, R. (1955)], p. 92 y ss.

(5) Schweinfurth-Walla, S. (1986), pp. 80-83.

(6) A este respecto vease sobre todo Retorica 1355 a 14-17.

(7) Retorica, 1356 a 3-6.

(8) Retorica, 1378 a 5-6.

(9) Eggs, E. (1999), p. 43.

(10) Precisamente en la evolucion de la Retorica este tipo de discurso--como bien apunta Curtius, R. (1955), p. 99--ha ido ganando en importancia desde el helenismo. Por ello estara en el centro de las siguientes reflexiones.

(11) Retorica, 1418 a 1-4.

(12) Retorica, 1418 a 12.

(13) Retorica, 1366 a 37.

(14) "Qui Aristotelio more de omnibus rebus in utramque partem possit dicere", De Oratore, III, 80.

(15) De Oratore, III, 55.

(16) De Oratore, II, 178.

(17) De Oratore, II, 182 y ss.

(18) "Quae facilius ornari possunt, si modo sunt, quam fingi, si nulla sunt", De Oratore, II, 182 y ss.

(19) De Oratore, II, 183.

(20) Institutionis oratoriae, XII 1, 1.

(21) "Virtus, etiam si quosdam impetus ex natura sumit, tamen perficienda doctrina est", Institutionis oratoriae, XII 2, 1.

(22) "Oratorem autem instituimus illum perfectum, qui esse nisi vir bonus non potest, ideoque non dicendi modo eximiam in eo facultatem, sed omnis animi virtutes exigimus", Institutionis oratoriae, I, Prooemium 9.

(23) Institutionis oratoriae II 2, 3. Los conceptos de sanctitas y sanctus han sido reanalizados: del significado de un lugar delimitado para los dioses han pasado a denotar cualidades de los dioses, hombres y heroes, poniendo de relieve un alto grado de ejemplaridad. En este sentido se adaptaron estas palabras en el cristianismo, donde finalmente llegaron a significar la transformacion de la naturaleza por la gracia. Pauly, A. y Wissowa, G. (1920), pp. 2247-2252.

(24) Institutionis oratoriae, XII, 7.

(25) Institutionis oratoriae, XII, 10.

(26) Institutionis oratoriae, XII, 17.

(27) Institutionis oratoriae, XII, 20 y ss.

(28) Institutionis oratoriae, XII, 30.

(29) "Discere meliora volentibus promptum est", Institutionis oratoriae, XII, 11-12.

(30) "Ipsam igitur orandi maiestatem [...] toto animo petamos nitamurque semper ad optima, quod facientes aut evademus in summum aut certe multos infra nos videbimus", Institutionis oratoriae, XII 11, 27 y 30.

(31) "Et falsum dicat et adfectus moveat", Institutionis oratoriae, II, 17, 26.

(32) "Quorum neutrum est turpe, cum ex bona ratione proficiscitur", Institutionis oratoriae, II, 17, 27.

(33) "Arte pugnandum est" y "neque enim qui recta via depulsus est, reduci ad eam nisi alio flexu potest", Institutionis oratoriae, II, 17, 29.

(34) Institutionis oratoriae, XII, 11, 30.

(35) Institutionis oratoriae, II, 17, 25.

(36) La primera traduccion espanola no aparecio hasta el ultimo tercio del siglo XVIII.

(37) Switzer, R. (1927), pp. 150 y ss.

(38) Gil, A. (1989).

(39) Retorica Eclesiastica, 497 B.

(40) Retorica Eclesiastica, 501 B.

(41) Retorica Eclesiastica, 503 B.

(42) Literalmente dice Fray Luis de Granada: "A esta humildad pertenece que el hombre sacuda de si toda la propia confianza para practicar este empleo, y que no piense que con su erudicion o elocuencia, o con lo sonoro de la voz y lo elegante de su pronunciacion, o con la opinion y fama popular, o con la mucha practica y destreza de predicar puede conseguir cosa alguna; si por otra parte no le socorre el cielo y no se reviste de la virtud que desciende de lo alto".

(43) Retorica Eclesiastica, 499 B.

(44) La Editio Princeps (t. I) fue publicada en Lisboa en 1679.

(45) Para la importancia de esta homilia como tratado de la predicacion (predica y metapredica), asi como su recepcion de Quintiliano y de Fray Luis de Granada vease Gil, A. (1988).

(46) "E esse o sentido da mesma gramatica das palavras?", Vieira, A. (1976), p. 49.

(47) "Sao fingimento, porque sao subtilezas e pensamentos aereos sem fundamento de verdade; sao comedia, porque os ouvintes vem a pregacao como a comedia; e ha pregadores que vem o pulpito como comediantes", Vieira, A. (1976), p. 51.

(48) Retorica Eclesiastica, 502 B.

(49) "Porque la ruda y necia muchedumbre [..] importa aterrarla y conmoverla, no solamente con silogismos, sino tambien con afectos y con un gran golpe de elocuencia, la cual pide, no un razonamiento breve y angosto, sino acre, vehemente y copioso", Retorica Eclesiastica, 507 B.

(50) "Bradou o Senhor, e nao arrazoou sobre a parabola, porque era tal o auditorio, que flou mais dos brados que da razao", Vieira, A. (1976), p. 45.

(51) "Mas sobre todo, para conseguir este afecto de caridad, ayuda maravillosamente el estudio de la santa oracion y contemplacion [...]. Asi sucedera que venga a encenderse en amor de ellas, y a nutrir y fomentar todos los piadosos afectos [...]. Los que sin esta interior mocion del espiritu divino quieren conseguir la fuerza y acrimonia en el decir [...], son muchas veces ridiculos, y de muchas maneras se enganan a si mismos", Retorica Eclesiastica, 504 B.

(52) Jens, W. (2001).

(53) Schulz von Thun, F. (1989). El modelo viene a decir que un mensaje que manda un emisor a un receptor tiene los siguientes cuatro aspectos: revelacion de si mismo por parte del emisor, el contenido mismo de la noticia, la apelacion al receptor y la relacion que se establece entre emisor y receptor. Estas cuatro dimensiones comunicativas estan presentes en toda interaccion y cualquier atentado contra de una de ellas afecta decididamente al proceso comunicativo.

(54) Schulz von Thun, F.(1989), p. 18.

(55) Schulz von Thun, F. (1989), p. 38.

(56) Schulz von Thun, F. (1989), p. 43.

(57) Jens, W. (2001).

(58) Es mas: el conocimiento de si mismo es un rasgo inconfundible de la sabiduria, como se ejemplifica en la famosa frase del templo de Apolo: "Conocete a ti mismo".

(59) Guardini, R. (2002), p. 181. Es el espacio que se sobrepasa en la manipulacion. El orador lleva a cabo este allanamiento de la morada de la reflexion y decision de los otros cuando no tiene nada valioso que oponer, temiendo asi no poder convencer solo con los argumentos. Para el tema de la manipulacion constituye una buena introduccion la obra de Lopez Quintas, A. (1984).

(60) Guardini, R. (2002), p. 301.

(61) Danes, F. (1999), pp. 6-9.

(62) Danes, F. (1999), p. 8: "'Emotions should not be hidden, but cultivated'.

(63) Schulz von Thun, F. (1989), pp. 47 y ss.

(64) Vease la importancia del movere en el contexto del delectare y docere en Quintiliano (Institutionis oratoriae, XII 10, 59).

(65) Guardini, R. (2000), p. 134.

(66) Retorica Eclesiastica, 501 B.

(67) Xenie 169. Schmidt, E. y Suphan, B. (1893), p. 19.

Alberto Gil *

* Alberto Gil es catedratico de Teoria de la Traduccion en Lenguas Romanicas y Director de los Cursos de Retorica en la Universidad del Sarre (Alemania).
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Author:Gil, Alberto
Publication:Revista Empresa y Humanismo
Date:Jun 1, 2006
Words:6905
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