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Reformulacion del rol politico de la diosa Venus en el De rerum natura de Tito Lucrecio Caro (siglo I a.C.).

El poema De rerum natura, famoso por su impersonalidad (1), alberga en su proemio una declaracion de Lucrecio que atane al proceso creativo del poeta: "Es dificil, no se me oculta, ilustrar en versos latinos los oscuros descubrimientos de los griegos" (2). En los versos del poema, existen evocaciones de la filosofia presocratica. El titulo De rerum natura da cuenta del argumento de la obra de Lucrecio (3), pero, asimismo, es la traduccion al latin del [phrase omitted] que, desde el siglo VI a. C., era el titulo asignado a los textos sobre cosmologia griega. Varias de las construcciones semanticas de las primeras lineas construyen el sentido griego de Naturaleza como genesis y crecimiento (4).

Ahora bien, hay un hecho que evidencia y determina el dialogo que establece Lucrecio con la filosofia anterior a Platon: la lectura que emprende de las cosmologias de Heraclito, Empedocles y Anaxagoras. Estas ofrecen el descubrimiento de un nuevo modo de reflexion acerca de la naturaleza por el cual, en palabras de Jean Pierre Vernant, "el origen y el orden del mundo adoptan la forma de un problema explicitamente planteado al que hay que dar una respuesta sin misterio" (5). Sin embargo, los versos en los que Lucrecio habla acerca de las visiones de aquellos precursores del pensamiento que admira, no consisten sino en una reprobacion ironica y punzante de las conclusiones que el romano les atribuye.

Para James Warren, el problema en torno a la discusion y la refutacion de las doctrinas de los tres presocraticos puede iluminarse cuando nos preguntamos por el rol que juegan dentro de los propositos retoricos y persuasivos de Lucrecio (6). Asi, al explicar las fallas del monismo de Heraclito y el pluralismo de Empedocles y Anaxagoras, Lucrecio arremeteria contra cualquier tentativa de proponer como sustancia ultima del mundo algo que no sean los atomos y el vacio epicureos (7). Para nosotros, la discusion de dichos autores permite descubrir en el poema un aspecto importante dentro del cual se desarrolla la concepcion lucreciana de la naturaleza y la generacion de las cosas, a saber, la diferencia entre la transformacion (mutatum (8), mutare (9), convertier (10)) y la mezcla heterogenea (in coetu variantis acerui (11)) de los primeros elementos, por un lado, y la combinacion (mutato ordine (12)) de los mismos, por el otro.

Lucrecio atribuye a Heraclito la explicacion del origen y la composicion del mundo a partir de la condensacion o el enrarecimiento del fuego, y es sobre la base de esta interpretacion (13) que lo refuta: "?como podrian las cosas ser tan variadas, si es cierto que todas se han creado de fuego puro y solo de fuego?" (14). En la critica y rechazo del universo de los presocraticos, advertimos el enfasis de Lucrecio en el problema de los limites de la generacion y la destruccion de las cosas. Ni el fuego ni toda la dinastia de los elementos naturales propia de las doctrinas hilozoistas, afirma, estan sujetos a leyes que impongan dichos limites. Segun la interpretacion de Lucrecio, el fuego ha de sufrir una total transformacion de su sustancia para explicar el nacimiento del resto de cuerpos, pero dicha transformacion radical supondria la inmediata aniquilacion del fuego "pues toda mutacion que hace surgir un cuerpo de sus limites naturales, supone al instante la muerte del ser anterior" (15). Si no hubiese un limite de division inscrito en la propia materia de cada cuerpo (reddita finis corporibus), tendriamos que apelar a otros elementos que han permanecido incolumes en el mundo para explicar la generacion de las cosas, pero esto es insostenible (16). Postular el fuego, los cuatro elementos o las homeomerias supone permitir que la materia se destruya sin limites, pues para originar las cosas esta tendria que transformarse y la consecuencia de la muerte del elemento originario del mundo sera la necesaria creacion de este ex nihilo, principio inadmisible para Lucrecio: "Pues si las cosas salieran de la nada, cualquiera podria nacer de cualquiera, nada necesitaria semilla" (17). Del mar, la tierra y el cielo, podrian nacer indistintamente aves, bestias u hombres: "En efecto, no habiendo cuerpos genitales propios de cada cosa, ?como podria ninguna tener madre cierta?" (18).

Las imagenes de los versos I, 159-173 ilustran la violencia de una concepcion extrema del mundo surgido al azar en donde, al no importar las estaciones favorables para el crecimiento y el desarrollo de un cuerpo, la experiencia creativa es despojada de su cualidad temporal. De no cumplirse el axioma nada procede de la nada (nullam rem e nilo gigni) (19), el nacimiento de las cosas sera gobernado por lo incierto (incerto partu) (20). Por lo demas, las cosas no serian mas ellas mismas al verse dramaticamente afectados sus caracteres definidos por el impetu de una improvisada sucesion de nacimientos y muertes. Asi, como bien senala Fiol, "los caracteres y limites de un efecto vienen determinados por la causa que los produce; si algo se produjera sin causa, nada podria imponerle ni caracteres ni limites" (21).

Los cuerpos genitales propios de cada cosa (genitalia corpora) (22) constituyen precisamente la mater certa (23) portadora de las especies, en las que imprimira limites fijos para su vida y la culminacion de su vida (24), determinaciones, identidades (25), formas definidas, "de donde puedes deducir que cada cosa medra y se nutre de la materia que le es propia" (26). Es necesario, pues, que los atomos subsistan incolumes: "no vayan a aniquilarsete todas las cosas y tengan que renacer y cobrar vigor a partir de la nada" (27), afirma el poeta. En cambio, el fuego de Heraclito, segun Lucrecio, perece para engendrar. Su muerte solo tendria como consecuencia la indeterminacion aberrante del nacimiento de las cosas.

Los cuatro elementos de Empedocles seran refutados desde la misma perspectiva. El fuego, el aire, la tierra y el agua comportan propiedades sensibles que turbaran las cualidades propias del cuerpo por ellos compuesto. Pero en la generacion de los seres conviene que los elementos aporten cualidades secretas e imperceptibles, para que nada sobresalga en ellos que repugne al conjunto e impida que toda cosa creada posea su propio caracter (28). Ademas de la eternidad de los genitalia corpora, Lucrecio destaca su insensibilidad, pues afirma en ellos un limite a la percepcion. Es necesario que los atomos esten despojados de cualidades sensibles; de lo contrario, estas contaminaran las caracteristicas distintivas de las cosas generadas. Por otro lado, dicha ausencia de sensibilidad de los atomos es la que produce las cualidades perceptibles de las cosas, no por herencia, sino por combinacion, es decir, "por sustraccion y adicion de pequenas particulas y por cambios de orden y de movimientos" (29). En efecto, existen ciertos corpusculos de materia (los atomos) "cuyos concursos (concursus), movimientos (motus), posiciones (positura) y figuras (figurae) producen el fuego (efficiunt ignis) y al cambiar de orden mudan su naturaleza (mutatoque ordine mutant naturam)" (30).

Asi, el universo no es el resultado de una transformacion de los primeros elementos, sino de su combinacion, por cuya partida o llegada, salida o aproximacion (abitu aut aditu) o cambio de orden (mutatoque ordine) las cosas cambian de naturaleza (mutant naturam res) (31).

La transformacion de los elementos de las doctrinas hilozoistas es insuficiente, segun Lucrecio, para explicar y permitir el caracter propio de las cosas y la determinacion de su nacimiento, "por lo cual, puesto que las mencionadas sustancias se truecan (32), necesario es que se compongan de otras que no puedan transformarse jamas" (33). La nocion de transformacion sera, asi, reemplazada por la de combinacion o reunion (coetu, concilium) de los atomos. No hay tal cosa como una creacion ex nihilo. Tampoco el nacimiento debe ser entendido como una transformacion "o por efecto de una especie de parto que lo hace salir fuera" (34). El nacimiento de las cosas se concreta a partir del conciliatu de los atomos (35), sin la determinacion de una inteligencia o una voluntad, "pues, ciertamente, los atomos no se colocaron de proposito (nam certe neque consilio primordia rerum) y con sagaz inteligencia en el orden en que esta cada uno" (36). La naturaleza, entonces, asienta su orden y composicion en la union o pacto de los germenes (concilio, conciliatu) (37), pero sin que medie en dicho proceso una deliberacion racional, un consilio (38).

Por ultimo, Lucrecio descarta la posibilidad de que las homeomerias ([phrase omitted]) de Anaxagoras constituyan los elementos primeros de las cosas, pues, sobre la base de su peculiar interpretacion (39), si todas las cosas estan contenidas y ocultas en todas (40), se hace necesaria y apremiante la destruccion de aquello que ha sido generado (41). La posibilidad de la generacion no procede del hecho de que las cosas esten revueltas unas con otras (in rebus res ita mixtas), afirma Lucrecio, sino de que "dentro de ellas se ocultan germenes comunes a muchos seres, en mil suertes de mezclas" (semina multimodis... in rebus communia debent) (42). La fertilidad de los cuerpos primeros reside en la posibilidad de sus infinitas combinaciones. Una cosa es que la misma materia primigenia (o atomos) conforme el cielo, el mar, las tierras y el sol, y otra que el cielo este hecho de particulas de agua, de tierra y de fuego. Esta lectura establece la diferencia entre la preservacion de la identidad de las especies a partir de las diversas disposiciones de una unica materia y la caotica indiferenciacion entre la parte y el todo, entre lo inmenso y lo infimo. Cuando Lucrecio expone, en el libro V, el origen de las plantas y los animales, destaca la imposibilidad de una mezcla arbitraria en el proceso de su origen: "cada cosa procede a su manera y todas conservan sus caracteres distintos segun una ley inmutable" (43).

Vemos como Lucrecio no solo desmiente la intervencion de una inteligencia superior en la generacion de las cosas, sino tambien la postulacion de una sustancia sensible, que para Lucrecio supone un nacimiento arbitrario y sin limites. Asi, a la desmitificacion del mundo se anade un tipo de ordenamiento que, pasaremos a ver, es muy romano. En este sentido, Lucrecio reconoce en el imaginario atomico la figura de una mater certa, pero no para que el nacimiento de las cosas sea entendido como un parto, sino para determinar la configuracion de las especies a partir de la union de muchas madres particulas.

El objetivo explicito de Lucrecio al despojar al mundo del influjo de los dioses es repetido en varias ocasiones: despojar, a su vez, el terror de los corazones humanos. ?Que efectos supone, en relacion con dicho objetivo, la preconizacion de la doctrina de los atomos? Lucrecio suscribe la ausencia de un plan divino en el origen y la composicion del universo, pero reprueba, como acabamos de analizar, la ausencia de limites y determinaciones en la naturaleza de las cosas. Solo en la doctrina atomica del mecanismo generativo y destructivo del mundo encontrara las bases para una vision del mundo ajeno a lo divino, pero no a las leyes por las que sabemos lo que puede o no puede nacer (44).

Fascinado por la expulsion de los dioses de los asuntos humanos, Lucrecio constata en la renovacion del mundo "limites profundamente hincados" (alte terminus haerens) (45) por los que las generaciones reproducen, segun su especie, costumbres, vida y movimientos de sus padres (46). Si dichas determinaciones no fueron encontradas en las teorias de los filosofos jonios, fue porque, ademas del aspecto antiteologico de la empresa de Lucrecio, emerge la alternativa de racionalizar el mundo en terminos ya no divinos, sino politicos.

1. Los pactos de Venus

Fue Dionisio de Alejandria el primero en reconocer una tendencia democratica en el mecanismo atomico del universo. Para el, si los atomos -como hemos anotado ya- no son comandados por nadie sino que por si mismos se juntan unos con otros y establecen creativas combinaciones (concilio, conciliatu), "then the democracy of the atoms must have been truly amazing, friends shaking hands and embracing, hurrying to set up home together" (47). Esta lectura nos recuerda que una caracteristica de los esquemas cosmologicos de los primeros filosofos jonios fue la persistencia de un vocabulario politico para expresarlos, pues como bien analizo el gran helenista frances Jean Pierre Vernant: "para construir las cosmologias nuevas han utilizado las nociones que el pensamiento moral y politico habian elaborado" (48).

Con respecto al poema de Lucrecio, Gail Cabisius ha sabido reconocer el uso de metaforas sacadas de la experiencia politica, trasladadas a los procesos fisicos del universo epicureo (49). El termino foedera, generalmente traducido por leyes, pero ligado mas legitimamente al significado romano de pactos, treaties (50), compacts (51), sera el nucleo conceptual alrededor del cual girara la vision cosmologica del De rerum natura. En el poema, el uso de foedera naturae se atribuye a la constitucion de un modelo del universo, por el que cada cosa nace con poderes determinados. A dicha determinacion corresponde una imposicion de limites inviolables, expresados en la formula alte terminus haerens.

Sin embargo, a diferencia de Cabisius, Asmis y Fowler, a nosotros nos interesa rastrear la concepcion lucreciana de los pactos en relacion con una figura poco esclarecida dentro del poema, a saber, la de la diosa Venus (52). En el libro V (53), dichos pactos son las primeras tentativas para regular la convivencia colectiva, para no danar ni ser danado por el otro, pero tambien para cimentar el ordenamiento de una sociedad en sus origenes. Sabemos que, en la historia de Roma, la principal preocupacion que atania a dichos pactos tenia que ver con la fijacion de limites con respecto a otros territorios. Previamente a las guerras punicas, por ejemplo, cuenta Polibio que Roma y Cartago establecieron limites a sus dominios a traves de tratados: "Bajo las siguientes condiciones haya paz entre Roma y los aliados romanos y Cartago y los aliados cartagineses: no naveguen los romanos ni los aliados romanos mas alla de Cabo Hermoso" (54).

Alli donde se expone el origen de la vida social sin la participacion de ningun agente o designio sobrenatural, Lucrecio hace de Venus la causa explicativa de la posibilidad de los foedera (et Venus inminuit viris (55)), en tanto que las leyes no se definen por una intuicion metafisica de lo justo, sino por los beneficios a partir del reconocimiento y la negociacion con el otro. Es, entonces, a traves de la sexualidad humana que se expresa el constitutivo moral y afectivo mas complejo del hombre, aquel por el que se reconoce capaz de establecer pactos duraderos y fijos. Lucrecio no recurre al mito de Eneas para explicar la fundacion sobrenatural de Roma. La Venus de Lucrecio no es la diosa actuante que recurre a Jupiter para suplicarle que no olvide el imperio prometido a su hijo, ese imperium sine fine (56). Venus posibilita el natural surgimiento de las leyes y las ciudades sin extraccion divina, en la medida en que personifica no la dimension metafisica que Ciceron atribuia a la superestructura ideologica y politica del estado romano (57), sino la dimension empirica de la concrecion de los foedera. Ahi donde Venus se civiliza y civiliza a los hombres, consideramos, emergen los foedera, pues ahi donde la raza humana empieza a suavizar sus costumbres y las caricias infantiles doblegan la altivez de los mayores, ahi, naturalmente, se tendra aliados gracias a tratados y pactos (58).

Estos pactos, que se encuentran en el origen de la civilizacion, seran proyectados por Lucrecio al imaginario del universo. A lo largo de los seis libros que componen el De rerum natura, los foedera naturae constituyen el proceso generativo de las cosas, en tanto determinan la estabilidad y el orden del mundo, no por imprimir una uniformidad en la naturaleza, sino por imponer limites en el crecimiento, vida, y poderes de las cosas. Sera precisamente por los limites que imponen los foedera naturae que el orden natural se volcara sobre sus propios dominios, sin que el poder divino pueda resistirse contra dichos tratados de la naturaleza (59). Solo asi pueden aparecersenos las sedes tranquilas de los dioses (60), en tanto confinados por limites que no podran transgredir. Por otro lado, los limites que imponen los foedera naturae son tambien temporales y sesgan la culminacion del crecimiento: "Lo que acostumbro engendrarse, nacera en las mismas condiciones, vivira, crecera y valdra por su fuerza segun la parte asignada a cada uno por la ley natural" (61). Es por los foedera naturae que ningun ser compuesto sobrevive a la disolucion de la concilia de los atomos, pues, en tanto hay limites fijados a la potestad de cada cosa (finita potestas) (62), la muerte sera el pacto de la naturaleza por excelencia (63). Por lo tanto, los pactos de Venus que originan la sociedad corresponden a los pactos cosmicos y atomicos proyectados al universo. Con la presencia de Venus, la providencia es desarmada y reemplazada por la legalidad de la materia. Asi, Venus no solo personifica la ausencia distanciada y epicurea de los dioses, no solo es la personificacion de la natura creatix, sino tambien la legalidad inmanente a la naturaleza que se extiende al orden social.

Como podemos apreciar, comprender el origen de la vida social es comprender el origen del universo, pues son los foedera los que determinan el nacimiento del orden social y el orden natural. Los primeros hombres de la historia de la vida social narrada por Lucrecio en el libro V reconocieron en los pactos la instancia germinal de un estadio humano mas complejo sin el cual no podrian sobrevivir. Del mismo modo, los pactos de la naturaleza posibilitan la concrecion de las multiples reuniones de atomos y sellan las combinaciones sin las cuales nada podria existir y florecer.

2. La racionalizacion politica de Venus

Para especialistas como Bonnie Catto, Diskin Clay y Jeffrey Duban, existe en el De rerum natura una subordinacion de Venus respecto a los procesos atomicos de la naturaleza, de tal manera que los atomos asumen finalmente el gobierno de Venus en tanto creadores de la totalidad de lo existente: "quod ex illis sunt omnia primis" (64). Asi, el proceso generacional espontaneo del universo es reemplazado por el mecanismo ciego e incoloro de los atomos: "the masssive sensuous earth of Venus' domain becomes a crystalline abstract, a transparency of atoms and void, dots and spaces" (65). Sin embargo, pensamos que una tesis asi es insuficiente para comprender la cosmologia lucreciana. Corresponde a este apartado final demostrar que la concepcion lucreciana del universo se desarrolla en funcion del principio de la naturaleza representado por Venus.

En efecto, la ratio de natura obedece a un mecanismo atomico determinado, pero dicho mecanismo ofrece un aspecto distintivo y es la vitalidad y la espontaneidad de la generacion de las cosas, comparado por Lucrecio al hechizo (leporem) del lenguaje para unir y crear palabras y versos (66). Una prueba de ello es la presencia de Venus hacia el final del libro IV, pasaje que no ha sido analizado por Sedley y Asmis. Observamos, en la critica de Lucrecio a la pasion amorosa, no un ataque a la sexualidad inmanente a la naturaleza, sino a la corrupcion, a partir de creencias socialmente elaboradas e impuestas del goce sexual. Por lo tanto, Venus representa la afirmacion de la reciprocidad del placer, la communi voluptas (67), la mutua gaudia (68). A partir de entonces, Venus anuncia la fuerza explicativa de la descendencia dentro del orden social (69). Se anade: "Y no son los dioses los que niegan al hombre el poder fecundante" (70). Tampoco son, por tanto, los que otorgan dicho poder.

Nuevamente, ahi donde los dioses son expulsados del dominio de la naturaleza, contamos con la presencia de Venus. Hacia el final del libro IV, una vez condenadas mordazmente las creencias falsas de los enamorados, Lucrecio expone los mecanismos de la fecundacion en el hombre y la mujer. Nos dice que, cuando se mezclan las dos simientes (semine), depende del esfuerzo mayor de la mujer sobre el hombre y del de este sobre aquella que los hijos se parezcan al padre o a la madre. Tambien nos cuenta como los hijos pueden parecerse a ambos, "cuando los germenes excitados en los organos por los estimulos de Venus corren el uno contra el otro, arrastrados por un ardor concorde, y no hay entre ellos ni vencedor ni vencido" (71). La fecundacion se explica por procesos estrictamente naturales a traves de los efectos de los estimulos de Venus (cum Veneris stimulis) (72) sobre la semina de los progenitores. Estos ocultan en sus cuerpos multa primordia mixta, que seran trasmitidos de un padre a otro padre (73) a traves de mezclas y fuerzas variadas: "De ahi Venus saca a la luz figuras de suertes diversas y reproduce los rasgos de los antepasados, su voz y sus cabellos; pues todo ello viene de germenes determinados, no menos que la cara, el cuerpo y los miembros" (74). A veces, el nino se parecera a la madre, a veces al padre, incluso algunas veces a los abuelos. No hay nada predeterminado en la fuerza generativa de Venus. Lo que puede nacer esta determinado por las mezclas o combinaciones (commiscendo) (75) de los primeros cuerpos. Asi, la fuerza creativa de Venus no se subordina a la de los atomos, sino que se identifica con la de ellos. En el libro V, Lucrecio describe la "aglomeracion de materia que llego a fundar la tierra, el cielo, los abismos del ponto y las orbitas del sol y la luna" como un ensayo (motus experiundo): "Diseminados durante tiempo indefinido, despues de probar todos los enlaces y movimientos, aciertan por fin a unirse aquellos cuyo enlace da origen a grandes cosas, la tierra, el mar, el cielo y las especies vivientes" (76). La esterilidad y la fecundidad son explicadas en los mismos terminos: habra atomos cuyos enlaces acertaran mas que los de otros, como hay hombres que son mas fecundos con algunas mujeres, "y otras que reciben mas facilmente de un determinado hombre la carga que les pondra gravidas" (77). La generacion de las cosas se iguala a la fecundacion de una nueva vida en tanto una y otra no dependen de la mediacion de alguna inteligencia o alguna deliberacion intrinseca a los atomos (sagaci mente) (78), sino de las formas de sus movimientos, de sus acoplamientos (multum harmonia Veneris) (79) y de sus ensayos, pues hay un margen de libertad que permite la variedad, considerando, como bien ha observado Phillip De Lacy, que sus consecuencias no deben violentar los limites fijados a los procesos naturales, sino permitir la variedad dentro de aquellos (80).

Venus no podria procrear un ser con rasgos absolutamente distintos a los de sus padres, de la misma manera que por cada criatura que nace se renuevan con constancia inquebrantable las manchas distintivas de su especie (81). En el libro V, Lucrecio expone como algunas especies desaparecieron por ser monstruosas, es decir, por no cenirse a los foedera permitidos de crecimiento y florecimiento de la vida (82).

De esta manera, Lucrecio, en consonancia con el ambiente espiritual de su epoca (83), hace de la potencia sexual de Venus un acontecimiento cosmico en tanto la fecundidad de nuestra diosa se hace extensible a todo el universo. Decimos que esto ultimo ocurre porque la concilia de los atomos no puede entenderse sin la reunion de particulas que ardorosamente ensayan mundos estables y que concretan especies variadisimas y definidas despues de haberse unido de mil maneras en encuentros casuales vanos y esteriles hasta acertar por fin algunos a agregarse de modo que dieran para siempre origen a los cuerpos.

Asi, identificamos en la concilia de los atomos no solo la ausencia de la intromision regulativa de un dios, sino la presencia de la espontaneidad de la fuerza fecundante por la que la materia ensaya innumerables combinaciones a traves de los foedera naturae. Hemos creido ver en dicha fuerza creativa y combinatoria de los atomos la misma fuerza creativa de la Venus del proemio del De rerum natura, como si Lucrecio atribuyera a los procesos atomicos la espontaneidad de nuestra diosa o, mejor aun, como si por el gobierno de nuestra diosa los procesos atomicos se recrearan y renovaran espontaneamente.

Pierre Grimal, en El amor en la Roma antigua, expone la trayectoria de la relacion ambigua que mantuvieron los romanos con el amor desde los origenes de la ciudad hasta el fin de la dinastia Julio-Claudia. Se habla de una misoginia y una evidente repugnancia sentida por los romanos con respecto a la pasion amorosa en la Roma arcaica. Sin embargo, hacia el siglo II a. C., a medida que las mujeres conquistaban su dignidad, "la amante tiende a convertirse en domina" (84), como lo demuestra la influencia politica ejercida por las mujeres hacia el final de la Republica y los primeros anos del Imperio. En este contexto, afirma Grimal, la religiosidad de nuestra diosa aspira, de modo mas o menos confeso, a la maternidad, repugnandole las uniones infecundas (85).

Ahi donde los comentaristas de la obra de Lucrecio observan una anomalia en la invocacion a una diosa en un poema ateo, Pierre Grimal reconoce la conciencia que tiene Lucrecio del lenguaje de sus compatriotas: "El nombre de la diosa, por si mismo, bastaba para que se adivinara la grandeza y la veracidad de una filosofia que exaltaba y transformaba en principio cosmico cierto sentimiento indescriptible que cada uno presentia en su propio interior" (86). Sin embargo, esta humanizacion y este ablandamiento de los valores tradicionales expresados en la adoracion nacional a Venus de la que Grimal nos habla, son asaltados por grandes y profundas conmociones politicas. Se sabe que el periodo comprendido entre el ano 100 y 45 a.C. constituye una de las epocas mas oscuras de la historia romana. A la desaparicion de la libertad republicana se suman un periodo de guerra civil y una crisis moral ligada a las desazones del Imperio (87).

En ese sentido, el gobierno de Venus en el De rerum natura no puede expresar solamente la intuicion cosmica del amor, de ese goce reciproco aceptado y conquistado por un pueblo reacio en sus inicios a la sexualidad femenina. El gobierno de Venus tiene que ser tambien la determinacion inviolable de los foedera naturae, el poder absoluto e impersonal de esas leyes y pactos del que por fin debe emerger un orden cierto y regular, tanto en el universo como en el cosmos social, y regido por combinaciones azarosas.

No obstante, conviene advertir que la legalidad del modelo del universo -natural y social- representado por Venus es perfectamente compatible con la espontaneidad y la fuerza fecundante asociada al poder religioso de la diosa, pues gracias a que el universo se rige bajo su dominio los pactos de la naturaleza no actuan bajo leyes que se imponen unilateralmente, sino que, en estricta conexion etimologica con fides (88), los foedera cumplen espontaneamente y por comun acuerdo la reunion de los atomos dentro de limites determinados

En el libro II, Lucrecio niega que el numero de atomos sea limitado y, por tanto, como resultado de su reunion, que lo creado no tenga pareja en el mundo: "?de donde, en que punto, como y gracias a que fuerza se encontraran para unirse en el inmenso pielago de materia?" (89). En este punto utiliza los terminos pacto y congressa, terminos asociados, una vez mas, a la actividad propia de las asambleas humanas, las transacciones y las estipulaciones (90). No hay planes en la naturaleza: hay pactos. Pero dichos pactos son creativos, no restrictivos. Con el gobierno de Venus asistimos al impetu creativo de la materia insita en el universo, por el que no solo hay un mundo sino innumerables mundos: "Por lo cual, una vez mas, fuerza es reconocer que hay en otras partes otras combinaciones de materia semejantes a este mundo que el eter cine con avido abrazo" (91). Pero por estos pactos que propician la union de los atomos, el nacimiento de los seres y su gozosa madurez, estos ultimos estan sometidos tambien a la muerte. De esta manera, a la legalidad de la materia se le suma el despliegue y el florecimiento de cada cosa dentro de limites fijos. Es gracias a los foedera que las cosas se desarrollan en gozoso incremento (hilaro grandescere) (92), hasta ascender a los peldanos de la edad adulta (93). Asi se explica la vida retozante de los seres del proemio: ad extremum crescendi perfica finem (94).

El gobierno de Venus garantiza que las cosas lleguen a la flor de su edad. La primavera del proemio no es sino la culminacion de los designios y limites que imprimen los atomos en la materia. La primavera de Venus, pues, esta indefectiblemente asociada a ese ordine cum possint tam certo multa creari (95).

Es significativo, por todo lo anteriormente expuesto, advertir en la historia de Roma que el surgimiento del Imperio y el acontecimiento de su pacificacion obedecio en gran parte a la determinacion de Augusto de poner fin al ambicioso proyecto de dominar toda la Tierra. Edward Gibbon cuenta como, por primera vez en siete siglos de conquista, el emperador Augusto suscribio el confinamiento del Imperio dentro de limites que la naturaleza misma parecia haber fijado como permanentes. Por el oeste, el oceano Atlantico; por el norte, el Rin y el Danubio; por el este, el Eufrates; y finalmente, por el sur, los desiertos de Arabia y Africa (96). Mientras Ovidio afirmaba que el territorio romano, a diferencia del de otras naciones, era identico a la proporcion del mundo (Romanae spatium est Urbis et orbis idem) (97), y Virgilio componia el evangelio de una nacion sin limites, Lucrecio entrevio en el despliegue y la creatividad de la naturaleza unos limites incontestables a los que se debia integrar el esquema de su propia nacion. De ahi su invocacion a la diosa Venus para que apacigue el furor de Marte; el poeta invoca un ordenamiento particular e irrevocable del universo. De ahi que Venus sea a la vez madre de los Eneadas y madre de la naturaleza de las cosas; el poeta encuentra en esta diosa la formula de una reintegracion del orden social al orden natural.

Recibido: 12/04/2017

Aceptado: 01/06/2018

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Mayra Salas

Pontificia Universidad Catolica del Peru

(1) Tanto Ettore Bignone (Historia de la literatura latina, Buenos Aires: Losada, 1952) como George Santayana (Tres poetas filosofos, Buenos Aires: Losada, 1943) afirman la anulacion del poeta en su poesia. Para este ultimo, dicha anulacion permite y expresa la abrumadora evidencia con que las cosas se imponen en la naturaleza (Tres poetas filosofos, p. 19).

(2) Lucrecio, De rerum natura, Fiol, V. (trad.), Barcelona: Acantilado, 2012, I, 136-137. Mas adelante y en reiteradas ocasiones (cada uno de los proemios de los seis libros que componen el poema), Lucrecio celebra, invoca y pasa a exponer la ratio del unico griego divinizado por el: Epicuro. En adelante se citara en pie de pagina con las siglas DRN con la numeracion del libro en romanos y de los versos en arabicos.

(3) El titulo con el que designamos el poema nunca fue concebido como tal, pero la expresion de rerum natura es la descripcion que el poeta hace de su propio argumento cuando afirma que es sobre la naturaleza de las cosas que se dispone a escribir (quos ego de rerum natura pangere conor).

(4) Fue Diskin Clay el primero en advertir en los terminos exortum y exoritur las formulas equivalentes a los griegos [phrase omitted] ("De Rerum Natura: Greek Physis and Epicurean Physiologia (Lucretius 1. 1-148)", en: Transactions and Proceedings of the American Philological Association, v. C (1969), p. 32). Dicho sentido fundacional se puede rastrear tambien en las formulas Aeneadum genetrix y genitabilis aura favoni.

(5) Vernant, J., Los origenes del pensamiento griego, Barcelona: Paidos, 1998, p. 120. Afirma Lucrecio acerca de estos pensadores de la physis: "Y desde el sagrario de su corazon pronunciaron respuestas mucho mas santas y mucho mas verdaderas que las que da la Pitia desde el tripode y bajo el laurel de Febo" (DRN I, 736-739).

(6) Warren, J., "Lucretius and Greek Philosophy", en: Gillespie, S. (ed.), The Cambridge Companion to Lucretius, Nueva York: Cambridge University Press, 2010, p. 27.

(7) Ibid., p. 27.

(8) DRN, I, 792.

(9) Ibid., I, 666.

(10) Ibid., I, 796.

(11) Ibid., I, 775.

(12) Ibid., I, 686.

(13) En una nota a pie de pagina, Valentin Fiol argumenta en contra de la lectura lucreciana de Heraclito: "La explicacion de los procesos creadores de la naturaleza mediante la condensacion o el enrarecimiento del fuego no es de Heraclito, sino de sus interpretes posteriores. La argumentacion de Lucrecio seria eficaz contra el hilozoismo de un Tales, pero no hace mella en la profunda concepcion heraclitea, cuya grandeza paso desapercibida a Lucrecio" (Lucrecio, De rerum natura, p. 122, nota 46).

(14) Ibid., I, 645, 646.

(15) Ibid., I, 670-971.

(16) Ibid., I 577-580.

(17) Ibid., I, 159-173.

(18) Ibid., I, 159-173.

(19) Ibid., I, 150.

(20) Ibid., I, 164.

(21) En: Lucrecio, De rerum natura, pp. 88-89, nota 18.

(22) DRN, I, 167.

(23) Ibid., I, 168.

(24) "?Por que la naturaleza no pudo crear gigantes tales que pudieran vadear a pie los mares, arrancar grandes montes con las manos y sobrevivir a muchas generaciones de vivientes, si no es porque a la generacion de cada cosa le ha sido asignada una materia precisa, y esta determinado lo que de ella puede surgir?" (ibid., I, 200-204).

(25) "Todos los seres van creciendo poco a poco, como es natural, por la agregacion de atomos determinados, y crecen fieles a su especie" (ibid., I, 188-190).

(26) Ibid., I, 190-191.

(27) Ibid., I, 673-674.

(28) Ibid., I, 778-778.

(29) Ibid., I, 800-801.

(30) Ibid., I, 685-687.

(31) Ibid., I, 677-678. Esta vez, hemos preferido nuestra traduccion de este pequeno pasaje, por expresar mas precisamente el mecanismo de los atomos en movimiento. Valenti Fiol traduce abitu aut aditu por presencia o ausencia; nosotros, por partida o llegada, salida o aproximacion. Hemos consultado para ello el reconocido diccionario Perseus (Crane, G. (ed.), Perseus Digital Dictionary, Massachusetts: Tufts University. Consulta: 10 de octubre de 2016. Diposnible en: http://www.perseus.tufts.edu).

(32) Es decir, los cuatro elementos de Empedocles.

(33) DRN, I, 794-796

(34) Ibid., II, 931-936.

(35) Seanos permitido destacar las resonancias politicas de dicho termino, que implica, segun el reconocido diccionario Perseus, desde to bring together y unite, hasta reconcile, make friendly, win over, conciliate. Mas tarde veremos como a este termino se agregan varios otros con resonancias analogas.

(36) DRN, I, 1021-1022.

(37) Cabisius traduce concilio por "assemblies" (Citado en: Fowler, D., "Lucretius and Politics", en: Oxford Readings in Classical Studies: Lucretius, 2007, p. 458).

(38) Nuevamente, en la palabra consilio se manifiestan significados asociados a la experiencia politica: to take counsel, consult (Crane, G. (ed.), Perseus Digital Library) aunque tambien significados asociados a un plan o proyecto con propositos determinados, por lo que Lucrecio rechaza la concepcion del mecanismo atomico como consilio.

(39) Afirma Valenti Fiol: "Lucrecio adopta aqui una interpretacion popular de la doctrina de Anaxagoras, que no parece correcta" (en: Lucrecio, De rerum natura, p. 137, nota 57).

(40) Ibid., I, 876-877.

(41) Lucrecio ilustra con un caso: "Que si dentro de los arboles latieran llamas ya hechas, el fuego no podria estar oculto un solo instante, destruiria los bosques por doquier; abrasaria los arboles" (ibid., I, 904-906).

(42) Ibid., I, 895-896.

(43) Ibid., V, 920-924.

(44) Ibid., I, 594.

(45) Ibid., I, 596.

(46) Ibid., I, 597-598.

(47) Citado en: Fowler, D., "Lucretius and Politics", p. 427.

(48) Vernant, J-P., Los origenes del pensamiento griego, pp. 120-121.

(49) Cabisius, G., "Social Metaphor and the Atomic Cycle in Lucretius", en: The Classical Journal, v. LXXX, 2 (1985), pp. 109-120.

(50) Asmis, E., "Lucretius' New World Order: Making a Pact with Nature", en: The Classical Quarterly, v. LVIII, 1 (2008), pp. 141-157.

(51) Fowler, D., "Lucretius and Politics", en: Oxford Readings in Classical Studies: Lucretius, Nueva York: Oxford University Press, 2007.

(52) Por mas de veinte siglos, la presencia de Venus en la obra de Lucrecio ha suscitado el estudio y la conjetura. El motivo es que sus apariciones y manifestaciones a traves de las partes centrales del poema parecen exigir perspectivas y significados distintos, incluso contradictorios, que han puesto en duda no solo la unidad de la obra, sino la sensatez de su autor. Al respecto, los siguientes titulos ilustran esta tendencia, muy marcada a mediados del siglo pasado: L'Anxiete chez Lucrece (1946), de Loegre; "Crainte anxieuse des enfers chez Lucrece" (1954), de Lortie; "Cupidite, ambition, et crainte de la mort chez Lucrece" (1958), de Desmouliez; The melancholy of Lucretius (1964), de Kinsey; y, finalmente, "Pessimiso lucreziano" (1965), de Morgante.

(53) DRN, V, 1011-1027.

(54) Polibio, Historia de Roma, Madrid: Alianza Editorial, 2008, p. 257; III, 22.

(55) DRN, V, 1017.

(56) Virgilio, Obras completas, Madrid: Catedra, 2010, p. 352; I, 279.

(57) Schiesaro, A., "Lucretius and Roman politics and history", en: The Cambridge Companion To Lucretius, p. 54.

(58) DRN, V, 1443.

(59) Ibid., V, 309-3010.

(60) Ibid, III, 18.

(61) Ibid., II, 300-302. En esta ocasion hemos preferido la traduccion del peruano Julio Picasso (Lucrecio, La naturaleza, Picasso, J. (trad.), Lima: Universidad Catolica Sedes Sapientiae, 2013). El subrayado es nuestro.

(62) Ibid., VI, 65.

(63) Boyance, P., "Lucrece et l'epicurisme", en: Bulletin de l'Association Guillaume Bude, v. III (1963), p. 87.

(64) Catto, B., "Venus and Natura in Lucretius: De Rerum Natura 1.1-23 and 2.167-74", en: The Classical Journal, v. LXXXIV, 2 (1988), pp. 97-104; Clay, D., "De Rerum Natura: Greek Physis and Epicurean Physiologia (Lucretius 1. 1-148)", en: Transactions and Proceedings of the American Philological Association, v. C (1969), pp. 31-47; Duban, J., "Venus, Epicurus and Naturae Species Ratioque", en: The American Journal of Philology, v. CIII, 2 (1982), pp. 165-177.

(65) Duban, J., "Venus, Epicurus and Naturae Species Ratioque", p. 171.

(66) DRN, II, 1013.

(67) Ibid., IV, 1207.

(68) Ibid., IV, 1205.

(69) Ibid., IV, 1223-1226.

(70) Ibid., IV, 1233.

(71) Ibid., IV, 1208-1218.

(72) Ibid., IV, 1215.

(73) Ibid., IV, 1222.

(74) Ibid., IV, 1223-1226.

(75) Ibid., IV, 1208.

(76) Ibid., V, 416-431.

(77) Ibid., IV, 1249-1250.

(78) Ibid., V, 420.

(79) Ibid., IV, 1248.

(80) De Lacy, P., "Distant Views: The Imagery of Lucretius", pp. 108-109.

(81) DRN, I, 590.

(82) Ibid., V, 845-848.

(83) Pierre Grimal advirtio en los trances del nacimiento del Imperio, la consolidacion del poder de Venus. Segun el celebre latinista, dicha divinidad sera reconocida como "potencia material y politica", en la medida en que encarna nuevos valores morales sobre los antiguos puritanos, los sentimientos individuales sobre las obligaciones colectivas (El amor en la Roma antigua, p. 69)

(84) Ibid., p. 340.

(85) Ibid., p. 399.

(86) Ibid., p. 68.

(87) Parain, B. (ed.). Historia de la Filosofia. Del mundo romano al Islam medieval, Madrid: Siglo XXI Editores, 1972, p. 6.

(88) Schiesaro, A., "Lucretius and Roman politics and history", en: The Cambridge Companion To Lucretius, p. 48.

(89) DRN, II, 549-551.

(90) Segun el diccionario Perseus, pacto se traduce por to agree together, bargain, contract; y congressa, congredior, por to come together, meet, have an interview.

(91) DRN, II, 1064-1066.

(92) Ibid., II, 1122.

(93) Ibid., II, 1223.

(94) Ibid., II, 1116-7.

(95) Ibid., V, 736.

(96) Gibbon, E., The Decline And Fall Of The Roman Empire, Londres: Encyclopaedia Britannica, 1952, p. 1.

(97) Ovidio, P., "Fasti", en: Biblioteca Augustana, 2.683-684. Disponibles en: http://www.hs-augsburg.de/~harsch/Chronologia/Lsante01/Ovidius/ovi_fa02.html

https://doi.org/10.18800/arete.201901.008

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Author:Salas, Mayra
Publication:Arete
Date:Jan 1, 2019
Words:7453
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