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Prisioneros de la memoria.

LONDRES. -- "Recuerdo vividamente la primera vez que vi a un soldado argentino. Se encontraba exhausto, con frio, mojado y en shock por la batalla que habia comenzado 14 horas antes".

Steven Cocks, cabo ingles del Segundo Batallon de los Scots Guards, comienza a contar su experiencia en la batalla de Tumbledown, la cual fue decisiva para que las tropas britanicas obtuvieran la victoria en la guerra de las Malvinas de 1982.

Cocks tenia 18 anos de edad. Abordo el buque Canberra y llego primero a las islas Georgias del Sur y luego a las Malvinas. Fue en los primeros dias de junio de ese ano y la guerra contra Argentina entraba en su etapa final. El exoficial recuerda el olor a combustible que impregnaba el ambiente, los helicopteros que sobrevolaban todo el tiempo y los buques de la Marina Real que "trepaban montanas de agua". Tenia miedo. No sabia a que se enfrentaria.

Tres dias despues, su batallon fue trasladado en el buque Fearless a una zona llamada Bluff Cove. De ahi, una embarcacion mas pequena lo traslado a tierra firme, en Puerto Stanley. Las tropas inglesas se preparaban para el asalto final.

Helicopteros ingleses recogieron a los soldados del batallon Welsh Guards y minutos despues este fue trasladado a una zona llamada Goat Ridge. Cocks recuerda que las tropas argentinas habian escuchado los movimientos de las tropas inglesas, pero no sabian con exactitud sus posiciones. Varias colinas los protegian. Durante todo ese dia fueron objeto de disparos que, al parecer, eran lanzados casi a ciegas. Una bala dio en el trasero de un sargento. Fue el primer herido. Lo tomaron con humor ingles: rieron a carcajadas.

Cocks cargaba su bolsa de dormir, un rifle y mil balas. "Poco despues de la noche de ese 13 de junio, en medio de una tormenta de nieve, nos trasladamos a la zona de Tumbledown. Fue un avance silencioso (...) Nuestro primer objetivo era controlar el terreno sin luchar".

Sin embargo, "cuando llegamos al lugar, el Quinto Batallon argentino se percato de nuestra presencia. Nos lanzaron proyectiles" de artilleria.

La batalla comenzo. Cooks recuerda sobre todo los olores de esas horas: a la pasta del camuflaje, a sangre sobre el pasto mojado, a excrementos humanos. Y tambien los sonidos: la explosion de los morteros, los silbidos de las bombas aereas, el impacto de las balas sobre las rocas y los gritos de sus companeros y de los oficiales mientras corrian para ganar posiciones.

"La guerra tiene sonidos y olores muy particulares que siguen conmigo hasta el dia de hoy", comenta.

Fueron horas de mucha confusion. Cocks se repegaba a la tierra y trataba de hacerse lo mas pequeno posible para reducir la posibilidad de que lo alcanzara una bala o las esquirlas de una bomba.

Poco despues escucho que lo llamaban para que recogiera a los heridos. Pero en la oscuridad nunca los encontro. Ademas, los movimientos de los soldados ingleses atrajeron la atencion de varios francotiradores argentinos, los cuales les empezaron a disparar. "Las balas silbaban alrededor nuestro. Podia sentir el aire que los proyectiles provocaban al pasar. Me di cuenta que estaba siendo atacado. Entonces me quede quieto y abrace la tierra haciendome el muerto, con la esperanza de que el francotirador perdiera interes en mi (...) Algo que ocurrio unos minutos despues. Cesaron las balas, pero la artilleria argentina empezo a bombardear nuestras posiciones", narra.

Los bombardeos duraron horas. Era ya de madrugada y los soldados del batallon ingles no habian alcanzado su objetivo: tomar las posiciones que mantenian las tropas argentinas, dice Cocks. Tenian que atacar y hacerlo rapido, ya que la luz del dia los dejaria expuestos. Los oficiales ordenaron tomar posiciones para el asalto. Alistaron las bayonetas. Justo en ese momento, una bomba hizo explosion a tres metros donde Cocks y varios de sus companeros se encontraban. Hubo un breve silencio. Luego escucharon los gritos desesperados de uno de los soldados. La bomba le habia desprendido una pierna y la buscaba arrastrandose en medio de la oscuridad.

"!Mi pierna! !Mi pierna! !No puedo encontrar mi pierna!", gritaba.

Un oficial ordeno: "!Por amor de Dios, haganlo callar antes que nos haga cagar de miedo a todos!".

Le inyectaron morfina. Cocks se ofrecio como voluntario para trasladar al herido a la retaguardia. Pensaba que asi podia ayudar en algo, pero tambien considero que seria una forma de salir de ese infierno. Sin embargo, el oficial a cargo del batallon rechazo su ayuda. Cocks penso que el destino le estaba jugado una mala pasada ... En realidad, salvo la vida: una bomba mato a los voluntarios y al herido cuando se retiraban de la zona.

Al amanecer los soldados del batallon Scots Guards lanzaron el ataque. El estrepito de las bombas los ensordecio. Cooks recuerda los gritos enloquecedores que le ordenaban avanzar y como se arrastraba por el barro con su rifle.

En horas los ingleses tomaron las posiciones que tenian los argentinos. Por esa accion los soldados del batallon Scots Guards recibieron despues medallas "por valentia".

Una noche despues de aquella batalla, los soldados del Welsh Guards fueron enviados a una zona montanosa con el proposito de proseguir con el avance final de los britanicos.

Por la manana del 14 de junio --justo el dia de la victoria britanica--, Cocks observo a un grupo de soldados de su pais que guiaba a unos prisioneros argentinos. Dos de estos fueron dejados en el area donde el y sus companeros se encontraban. Los cautivos parecian tener mucho miedo y se quejaban de heridas en las piernas, cubiertas apenas por vendas. "Daban lastima", cuenta Cocks.

Los soldados ingleses miraron largo rato a los argentinos. De repente, sin que se pusieran de acuerdo, varios de ellos se acercaron a los prisioneros. Primero les preguntaron si se encontraban bien. Luego les ofrecieron te caliente y cigarrillos, les pusieron cascos para protegerlos y los acomodaron en bolsas de dormir.

"Nunca me voy a terminar de sorprender ante los misterios de la naturaleza humana --dice Cocks--; apenas horas antes estabamos matando soldados argentinos y ahora nos preocupabamos por el bienestar de dos de ellos".

Cocks se dice orgulloso de haber luchado por su pais y su reina. Siente que peleo por una causa justa. "A pesar de todos estos anos, no pasa un dia que no piense en las Malvinas", comenta.

Y es que, agrega, "todos los que luchamos en esa guerra, argentinos y britanicos, seremos prisioneros, pues no podremos escapar a nuestra memoria".
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Author:Boix, Leonardo
Publication:Proceso
Date:Mar 25, 2007
Words:1166
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