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Presentacion del dossier "El patronato de la Iglesia americana: de la Monarquia a los Estados nacionales".

Sin duda, la era republicana en Hispanoamerica abrio para la Iglesia catolica toda una etapa de reajustes y discusiones. Aunque los nacientes gobiernos republicanos pensaron inicialmente en la transformacion del patronato real en nacional, esta ecuacion no era admitida sin mas por el clero hispanoamericano, por ciertos grupos politicos y por la Santa Sede. El patronato heredado de los reyes implico un ejercicio de todas las regalias que le eran inherentes (pase regio, recursos de fuerza) y de las otras donaciones que los papas habian hecho a la Monarquia (diezmos). Tanto en los nombramientos eclesiasticos como en la disciplina del clero o el destino de los bienes y las rentas eclesiasticas, por ejemplo, los nuevos gobiernos pretendieron arrogarse el derecho de decidir como antano lo habian hecho los monarcas espanoles. Pero todo ello fue pronto cuestionado en Roma y en varias de las nacientes republicas, a la vez que comenzaron a discutirse ampliamente la naturaleza y la conveniencia del patronato para el futuro de los Estados nacionales y de la Iglesia.

Por tanto, el valor del presente dossier consiste en mostrar las diferentes situaciones politicas y eclesiasticas que se conjugaron en el ejercicio del patronato en el siglo XIX mexicano, uruguayo, chileno, colombiano, ecuatoriano y argentino. Muestra tambien que la discusion sobre la concepcion del patronato se prolongo a lo largo del tiempo y que estuvo en intima relacion con las circunstancias politicas y eclesiasticas de cada republica. Dicho proceso se debio sin duda a la necesidad de compatibilizar la idea del patronato como atributo soberano y las relaciones con la Santa Sede. Igualmente, estudia la relacion entre los dos principales actores relacionados a traves del patronato o del concordato: el Estado y la Santa Sede. Mas alla de lo meramente conceptual y juridico, o del analisis de discursos, estos articulos analizan documentacion que muestra como se vincularon los actores nombrados en el siglo XIX por medio de esta relacion patronal, aunque haya sido esta supuesta por el Estado y solo considerada como tal por ese actor.

Si bien los trabajos que aqui se publican pueden tener muchas lecturas, a continuacion se expone, brevemente, el contenido de los articulos siguiendo la perspectiva arriba expuesta. Jose David Cortes Guerrero, en "Las discusiones sobre el patronato en Colombia en el siglo XIX", bosqueja en su articulo tres epocas sobre el proceso del patronato en Colombia. La primera, a partir de 1824, cuando la Republica decidio heredarlo argumentando un derecho inherente a su soberania. El patronato republicano delineo entonces las relaciones entre el Estado y la Iglesia con respecto a los nombramientos eclesiasticos, la vida de las comunidades religiosas, el diezmo o el fuero eclesiastico. El Presidente debia nombrar los obispos y cuidar las iglesias; sin embargo, el asunto fue ampliamente debatido no solo por los legisladores sino tambien en la prensa de la epoca. El clero de Bogota tambien rechazo el patronato republicano. La segunda etapa se caracterizo por las dificultades para la aplicacion del mismo, por ejemplo, cuando el arzobispo Mosquera se nego a convocar a concurso para llenar los curatos vacantes en Bogota. Por este acto, el Congreso decidio enjuiciar al arzobispo y expulsarlo del pais.

Por entonces los liberales iniciaron la discusion sobre la separacion Estado-Iglesia, considerando que era mas importante la libertad de cultos que la continuidad del mismo patronato. Para el presidente Obando, por ejemplo, la independencia de la Iglesia era indispensable, pues la religion no era materia de gobierno sino que obedecia a un derecho individual. En 1853 el patronato republicano desaparecio. En la tercera etapa, una vez finalizada la guerra civil de 1859-1862, se formo una Comision de Negocios Eclesiasticos, en donde se volvio a discutir el regreso del patronato, concluyendose, sin embargo, que ello conduciria a un concordato con Roma, algo que rechazaron los liberales. Mas teniendo en cuenta que el patronato se entendia como una alianza del Estado con el clero que afectaba la soberania popular. En tal sentido, la Constitucion de 1863 ratifico la separacion Estado-Iglesia y no retomo el patronato, dejando pendiente el concordato, el cual fue aprobado en 1887.

Lucrecia Enriquez, en "?Reserva pontificia o atributo soberano? La concepcion del patronato en disputa. Chile y la Santa Sede (1810-1841)", estudia las diferentes concepciones sobre el patronato que se sostuvieron en Chile a partir de su autonomia de la Monarquia, en 1810. La discusion de fondo que se dio dentro de los gobiernos a partir de la paulatina separacion de la Monarquia giro en torno a si era una concesion papal o un atributo soberano. Despues de la Independencia, en 1818, el Director Supremo, Bernardo O'Higgins, sostuvo las dos concepciones, segun se fortaleciera su autoridad en relacion con la Iglesia local. Si bien al principio asumio el patronato como herencia real, decidio pedir a la Santa Sede la concesion del patronato tal como habia sido otorgado a los reyes de Espana. La negativa papal a concederlo, en el contexto de la mision Muzi, propicio que en los ensayos constitucionales de la decada de 1820, y en la definitiva Constitucion de 1833, la Republica chilena asumiera el patronato como atributo soberano. Pero ya en 1828 comenzaron las preconizaciones papales, sin consulta y sin presentacion del Gobierno. Las bulas episcopales enviadas a Chile decian expresamente que dichos nombramientos eran una reserva pontificia, excluyendo nuevamente el patronato republicano.

Esta afirmacion entraba en contradiccion con las leyes de la Republica, lo que planteo el problema de la defensa de la soberania nacional. Pero tambien el Cabildo Eclesiastico de Santiago comprendio que los nombramientos papales exclusivos lo desplazaban del gobierno de la Diocesis, por lo que no reconocio la autoridad del vicario apostolico nombrado por el Papa en 1828, aduciendo que habia un obispo exiliado y que correspondia a la Diocesis ser gobernada por un vicario capitular. La controversia duro varios anos, llegandose incluso a la situacion de que al morir el obispo en el exilio, en 1832, el Cabildo se dispuso a elegir un vicario capitular, lo que fue frenado por el Gobierno, por las consecuencias que tendria en el contexto de las relaciones con la Santa Sede. Finalmente, se encontraron subterfugios legales para afirmar que el Papa procedia con el acuerdo del Gobierno o se retuvieron clausulas de las bulas episcopales. Roma habia recuperado el control del episcopado cedido a los reyes de Espana mas de trescientos anos antes, siendo esto una "llave maestra que abria la puerta a la romanizacion de la Iglesia".

Ignacio Martinez, en "Circulacion de noticias e ideas ultramontanas en el Rio de la Plata tras la instalacion de la primera nunciatura en la America iberica (1830-1842)", propone estudiar los actores y las circunstancias que construyeron en la Confederacion argentina una Iglesia catolica en torno a la imagen y la autoridad del Papa en la decada de 1830 y principios de la de 1840. El tema se analiza con base en el intercambio epistolar de los presbiteros Mariano Jose de Escalada y Pedro Ignacio de Castro Barros, y el encargado de negocios de la Santa Sede para las republicas espanolas, con sede en Rio de Janeiro, Domenico Scipione Fabbrini. La Confederacion argentina, encabezada por el gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, nunca reivindico el patronato, sosteniendo ademas que no era inherente a la soberania, pero lo ejercio de hecho. Sin embargo, un decreto establecio el control de la correspondencia con Roma en 1837, ocasionando que Rosas retuviera las bulas de institucion de varios obispos, no pudiendo tomar posesion de sus diocesis.

La comunicacion del obispo Escalada con el nuncio en Brasil fue fuertemente controlada y, por eso, el contacto directo se hizo a traves del presbitero Castro Barros, exiliado en Montevideo, lo que devino en un contacto dinamico entre los partidarios de la autoridad papal, formandose una verdadera red. Ademas de materias netamente eclesiasticas, tambien se intercambiaba informacion de corte politico-institucional destinada a orientar las decisiones romanas, y se evidencia la intencion de difundir entre la poblacion las ideas ultramontanas. Desde esta perspectiva, el autor aporta elementos al concepto de "romanizacion de la Iglesia", analizado tradicionalmente como una iniciativa romana, pero que actualmente se visualiza como una reforma de la Iglesia apoyada en grupos laicos y eclesiasticos que confluyeron con los intereses romanos. Su articulo confirma esta ultima perspectiva al mostrar que la red eclesiastica-civil que estudia busco en Roma una legitimidad que no encontraba en las autoridades politicas, y, a la vez, actuo estrategicamente segun sus propias aspiraciones en el contexto politico especifico del Rio de la Plata.

Sebastian Hernandez Mendez, en la seccion de espacio estudiantil, en "El patronato en la ereccion de la diocesis de Montevideo: el caso del Cabildo Eclesiastico y el Seminario Conciliar", estudia la peculiar relacion entre el Gobierno uruguayo y la Santa Sede, que se desarrollo a partir de la ereccion de la diocesis de Montevideo en 1878. La Republica uruguaya habia incluido en su Constitucion que el patronato era un atributo soberano del poder ejecutivo, al mismo tiempo que se habian establecido las instancias de apelaciones a los tribunales civiles de las sentencias eclesiasticas. Pero el patronato no habia sido ejercido por la falta de obispos e instituciones eclesiasticas que requirieran presentaciones a la Santa Sede. El modelo agroexportador del ultimo cuarto del siglo XIX creo las circunstancias que permitian financiar un obispado, solicitado a la Santa Sede. La bula de ereccion establecia tribunales eclesiasticos, sin apelacion a los civiles, por lo que contradecia las leyes uruguayas al respecto. El Papa afirmaba que la ereccion de la diocesis era una iniciativa romana y que, por tanto, no habia intermediarios en la relacion con su clero.

No obstante, tanto el gobierno de Latorre como los posteriores gobiernos dificultaron el establecimiento del Cabildo Eclesiastico y del Seminario Conciliar, debido a que la crisis economica de 1879 postergo la adjudicacion del presupuesto estatal para esos fines. La situacion no cambio con los anos; es mas, se complico porque el Gobierno exigia el ejercicio del patronato para designar a los canonigos, y el obispo se resistia a estos nombramientos para evitar que, a traves del Cabildo, se abriera la posibilidad de que el Gobierno interviniera en la disciplina eclesiastica. Las dificultades cambiaron de tono a raiz del anticlericalismo de los gobiernos uruguayos, que derivaron en 1917 en la separacion de la Iglesia y el Estado. Por lo que recien en 1922 se instalo el Cabildo Eclesiastico. En contraste, el seminario fue creado rapidamente, con el objetivo de ser dirigido por los jesuitas. Como el Estado no contribuyo con los fondos prometidos, los seminaristas fueron muy escasos. Pero el autor advierte que la situacion del seminario no solo puede explicarse por el incumplimiento estatal, sino que seria una medida preventiva de la Iglesia uruguaya contra el patronato, con el fin de impedir la intervencion del Estado en su direccion.

Los dos articulos que cierran este dossier abordan el uso politico coyuntural de la figura del patronato. Rosalina Rios, por ejemplo, en "El ejercicio del patronato y la problematica eclesiastica en Zacatecas durante la Primera Republica Federal (1824-1834)", analiza las iniciativas que durante la Primera Republica Federal impulsaron las autoridades del naciente Estado Federativo de Zacatecas (en el norte de Mexico), con el fin de solucionar los problemas sobre el ejercicio del patronato en el ambito regional. Asuntos como el nombramiento de los cargos eclesiasticos, la recaudacion del diezmo, la creacion de un banco a partir de la desamortizacion de obras pias o la participacion del clero en politica y educacion ocuparon la atencion de los sectores politicos y eclesiasticos zacatecanos. Lo interesante es advertir, como muestra la autora, que los problemas derivados del ejercicio del patronato se articularon por completo en el proyecto politico de construir y ejercer una soberania estatal.

Asi, pues, la apuesta de los liberales en el poder durante esa decada fue lograr el patronato eclesiastico regional, en tanto el gobierno de la Republica lograba el reconocimiento de Roma y nuevos terminos para el patronato nacional. Igualmente, debe destacarse la intencion de los politicos zacatecanos de impulsar un nuevo obispado que coincidiera con los limites estatales de Zacatecas. Todas estas propuestas sirvieron para la defensa e impulso del federalismo, para fortalecer el territorio zacatecano y para delinear una sociedad secular y liberal. No obstante, se provoco tambien una fuerte division politica en la region, que termino sumandose a los obstaculos nacionales para la consolidacion del primer federalismo.

Por su parte, Ana Maria Goetschel y Eduardo Kingman, en "El presidente Gabriel Garcia Moreno, el Concordato y la administracion de poblaciones en el Ecuador de la segunda mitad del siglo XIX", abordan la transicion del patronato al concordato a traves del estudio del proyecto de asistencia social del presidente Gabriel Garcia Moreno y el papel de las instituciones eclesiasticas entre 1860 y 1875. Garcia Moreno busco una renovacion del Estado aprovechando la autoridad y los recursos de la Iglesia, los cuales fueron dirigidos a la asistencia de la poblacion, pero tambien a su disciplinamiento moral y social. El "garcianismo", como se denomina por los autores, pretendio terminar la anarquia y el desorden que, segun el Presidente, predominaron en la primera era republicana. El Gobierno intento normalizar las relaciones entre la Iglesia y el Estado mediante el Concordato firmado en 1866, que sustituyo al patronato buscando consolidar su proyecto de nacion catolica. Igualmente, se dieron prerrogativas especiales a las autoridades eclesiasticas para juzgar a las personas y al clero por causas morales. La accion pastoral de la Iglesia debia apoyar el cumplimiento de la ley, y las instituciones eclesiasticas debian estar al servicio del proyecto presidencial, mientras que Garcia Moreno promovio el arribo de ordenes catolicas europeas para tareas educativas y asistencialistas.

En tal sentido, la accion de la Policia debia ser complementaba con la de la Iglesia, dandose una estrecha vinculacion con ciertas corporaciones caritativas catolicas como la del Buen Pastor, el Camarote de Santa Marta, las casas de temperancia o los lazaretos. El Estado tambien controlo los diezmos y los redistribuyo entre la Iglesia, las casas asistenciales y los centros de ensenanza catolicos. El garcianismo puede ser entonces caracterizado como una corriente de renovacion conservadora apoyada por el clero. Para el garcianismo, el avance del liberalismo en el mundo estaba rompiendo las bases del engranaje social--la familia, la educacion y la religion--, y, por eso, no era posible pensar en el progreso sin desarrollar sus fundamentos morales, es decir, la familia y la educacion de la mujer como personificacion del cuidado, guardiana del hogar y fundamento de la civilizacion cristiana. Sin embargo, para los liberales ecuatorianos el Concordato atentaba contra la soberania del pueblo y la libertad de conciencia y permitia la intervencion de una potencia extranjera en la nacion.

Ahora bien, los trabajos de Sebastian Hernandez Mendez, Ignacio Martinez y Lucrecia Enriquez, aunque analizan diferentes paises y diferentes momentos del siglo XIX, tienen en comun el analisis de las consecuencias de la no concesion del patronato por parte de la Santa Sede en la politica gubernamental. Sea cual fuere la concepcion del mismo--no reivindicado por Rosas como atributo soberano, pedido como concesion a la Santa Sede en Chile y luego considerado inherente a la soberania, o concebido como atributo soberano en la Constitucion uruguaya, sin poder ejercerlo porque no habia obispos propietarios ni instituciones eclesiasticas en gran parte del siglo XIX--, el patronato reconfigure las relaciones entre los tres actores involucrados desde su concesion por el Papa a la Monarquia: la Santa Sede, la Iglesia local y los gobiernos, ahora republicanos. Roma pudo entrar en una relacion directa con multiples paises independientes y participar, tambien en forma directa, en la ereccion, los nombramientos episcopales y desarrollo de iglesias nacionales. Los grandes desplazados de esta nueva situacion parecen haber sido los cabildos eclesiasticos, o por no estar establecidos, como en Uruguay, o porque comprendieron que perdian autoridad frente al Papa en el gobierno de la Iglesia local, como en Chile, en 1830.

Las republicas no tuvieron como hacer sentir su peso en la seleccion de los obispos, simplemente porque el Papa considero los nombramientos como exclusiva reserva pontificia. Ignorando reclamos y afirmaciones soberanas, Roma nombro los obispos y creo nuevos canales de comunicacion directa con las iglesias americanas, tal como lo descubre y analiza Ignacio Martinez. Inevitablemente se formo un grupo defensor y representante de la autoridad papal en cada pais. Por su parte, los articulos de Rosalina Rios y de Ana Maria Goetschel y Eduardo Kingman muestran muy bien como los asuntos eclesiasticos y del patronato podian articularse con los proyectos politicos del siglo XIX. En consecuencia, las discusiones y decisiones en torno al mismo estuvieron en funcion no solo del espinoso asunto de la relacion Estado-Iglesia catolica, sino tambien de su utilidad o no para la consolidacion de los nuevos gobiernos republicanos, tanto de corte conservador (el de Garcia Moreno en Ecuador) como de corte liberal federalista (el de Zacatecas).

La clave para estudiar el patronato hispanoamericano en el siglo XIX, segun demuestran los articulos antes resenados, no esta solo en su concepcion sino tambien en su ejercicio por las nuevas autoridades republicanas. Asi, pues, Rosas no lo reivindico en la Confederacion argentina, pero lo ejercio. La Republica chilena lo considero como atributo soberano, pero fue ignorado por la Santa Sede cada vez que se intento aplicarlo. En Colombia el patronato desaparecio con la separacion de la Iglesia y el Estado, pero fue posteriormente reivindicado por el Concordato con Roma. Los liberales zacatecanos lo consideraron central para aumentar la autonomia de su estado federal. En el Ecuador de Garcia Moreno, la relacion con la Santa Sede se establecio tambien a traves de un concordato, que se entendio como una de las bases para fundar un Estado catolico. En fin, los coordinadores y autores de este dossier confian en haber estimulado nuevos interrogantes y lineas de investigacion a proposito del patronato en las nacientes republicas hispanoamericanas.

DOI: dx.doi.org/10.7440/histcrit52.2014.01

Bibliografia recomendada

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Leturia, Pedro. Relaciones entre la Santa Sede e Hispanoamerica 1493-1835, tomo 1. Caracas: Sociedad Bolivariana de Venezuela, 1959.

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Lucrecia Raquel Enriquez

Profesora asociada de la Pontificia Universidad Catolica de Chile y doctora en Historia Moderna y Contemporanea por la Universite Michel de Montaigne Bordeaux 3 (Francia) y por la Pontificia Universidad Catolica de Chile. Fue coordinadora, en compania de Francisco Cervantes Bello y Rodolfo Aguirre, del libro Tradicion y reforma en la Iglesia Hispanoamericana (Puebla: Benemerita Universidad Autonoma de Puebla/NSUE-UNAM/Ediciones Bicentenario, 2011), y autora del articulo "La republica chilena ante la cuestion indigena (1810-1830)", Hispania Sacra 62: 128 (2011): 627-652. lenriqua@uc.cl

Rodolfo Aguirre

Investigador titular del USUE (Mexico) y profesor en el posgrado de Historia de la Universidad Nacional Autonoma de Mexico. Doctor en Historia por la misma universidad. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel m), y responsable del proyecto de investigacion "La Iglesia y la conformacion sociopolitica de Nueva Espana: redes parroquiales, jerarquias eclesiasticas y actores sociales". Entre sus ultimas publicaciones se encuentran: Un clero en transicion. Poblacion clerical, cambio parroquial y politica eclesiastica en el arzobispado de Mexico, 1700-1749 (Madrid/Mexico: USUE-UNAM/Bonilla Artigas Editores/ Iberoamericana/Vervuet, 2012), y, como coordinador, Espacios de saber, espacios de poder. Iglesia, universidades y colegios en Hispanoamerica, siglos XVI-XIX (Madrid/ Mexico: USUE-UNAM/Bonilla Artigas Editores/Iberoamericana/Vervuet, 2013). aguirre_rodolfo@hotmail.com
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Author:Enriquez, Lucrecia Raquel; Aguirre, Rodolfo
Publication:Revista Historia Critica
Date:Jan 1, 2014
Words:3741
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