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Por la Republica. La sombra del franquismo en la historiografia <>.

For the Republic. 'Progressive' Historiography and its Francoist Shadow

A Jorge Martinez Reverte

En el no. 32 de Studia Historica, el profesor Ricardo Robledo publico un articulo con el que globalmente estoy en desacuerdo, tanto por su intencion como por la forma de orientar la mayor parte de sus contenidos. Ese articulo se vio precedido por otro y continuado por otros dos, en lo que no son sino diferentes versiones y/o prolongaciones del mismo discurso. En el se levanta acta de recusacion contra una serie de historiadores en virtud de sus obras relativas a la Espana de los anos treinta del siglo xx: <<autores que, en cierto modo, es como si estuvieran escribiendo el libro negro de la Republica>> (2). Dada mi abierta disconformidad con sus planteamientos y muchas de sus consideraciones, he pedido contestarle.

Los comentarios de Robledo se insertan en un conjunto disperso de iniciativas, palpables de un tiempo a esta parte, que se hallan mas proximas a la diatriba politica que al debate intelectual. Las mismas responden a los impulsos de un pequeno grupo de historiadores que, en aras del <<combate por la Historia>>, actuan, escriben y se pronuncian como si tuvieran el monopolio sobre el pasado espanol reciente; mas en concreto, para lo que interesa aqui, el pasado republicano entre 1931 y 1936, cuando curiosamente la mayoria de ellos--con excepciones--no pueden considerarse especialistas en la historia politica de ese periodo. Dicha limitacion no obsta para que, en tales ambitos y desde tales voces, se asegure debatir con <<distanciamiento>>, <<rigor>> y <<honestidad>> <<la eruptiva [sic] irrupcion de los llamados 'revisionismos nefastos' [sic]>>. Todos esos historiadores se integran en la misma red y sus mentores, expresos o en la sombra, siempre son los mismos (3).

Estas paginas se han escrito para invocar algo tan elemental como el libre ejercicio de la profesion por encima de los usos politicos de la disciplina a los que se aferran otros (4). Pienso, en particular, en los historiadores que vienen detras, para que no se dejen amedrentar en la elaboracion de sus investigaciones por aquellos que ponen limites a lo que se puede o no decir al estudiar el ayer (5). Los historiadores noveles han de entender que no todo vale en historia, que hay que ejercer el oficio con el maximo rigor y honestidad en el tratamiento de las fuentes, las teorias y los conceptos, pero tambien con libertad, sana ambicion y valentia para contribuir al avance del conocimiento.

Por las limitaciones de espacio, mi replica a las tesis de Robledo y a otros comentaristas colaterales se cenira solo a unos cuantos aspectos generales. No dispongo de suficientes paginas para una respuesta mas pormenorizada, que seria necesaria. Terminare brindando un diagnostico personal para entender este tipo de reacciones contra los que no comulgamos con el segmento historiografico identificado de forma un tanto acritica, por sentimiento o por pasion, con la experiencia republicana. Reacciones, lo reitero, mas politicas que academicas, como tratare de demostrar. Mientras no se indique lo contrario, todas las citas literales pertenecen a los textos del profesor Robledo, cuyas referencias me excuso de detallar. Condensare mis comentarios en tres apartados:

1. El cuestionamiento de la existencia de una corriente <<neo-revisionista>> responsable de haber <<debilitado>> <<el consenso que existia en la historiografia academica de la Segunda Republica espanola>>.

2. La critica al metodo aplicado para caracterizar a los estigmatizados como integrantes de la citada corriente.

3. Los peajes pagados al franquismo por la historiografia que se reivindica como <<progresista>> y <<antifranquista>>.

1. UN FANTASMA RECORRE ESPANA: EL FANTASMA DEL REVISIONISMO

Cuando alguien hace una critica historiografica que se pretende academica y comienza etiquetando de manera peyorativa como <<revisionistas>> a los afectados, automaticamente incurre en una descalificacion politica que no solo hace muy dificil el dialogo, sino que lastra toda la argumentacion posterior. En los cuatro trabajos publicados, Robledo se deja arrastrar por la propension a etiquetar a sus resenados con el mencionado concepto, cuya carga profundamente destructiva resulta evidente. Porque en este pais como en otros--no en el caso de algunas historiografias anglosajonas--ser tachado con el termino <<revisionismo>> conlleva un expreso descredito, no ya intelectual, que por supuesto, sino tambien politico y moral. En Espana, al aplicar el termino a algunos estudiosos de los anos treinta o del franquismo, se les equipara automaticamente con visiones <<neofranquistas>>, <<negacionistas>> y similares, o cuando menos se les difama como proximos a los postulados que en su dia, e incluso hoy, se esgrimieron en defensa del golpe del 18 de julio de 1936, la guerra civil y la dictadura que vino despues (6).

Otros criticos, mas habiles en la asignacion de sus etiquetas, prefieren hablar de <<revisionismo academico>> <<perfectamente respetable>>, marcando distancias con las atribuciones de neofranquismo: <<revisionismo academico, en tanto que cuestiona algunos (pero no todos) de los rasgos caracteristicos de la historiografia tildada de 'progresista' sobre el periodo [...] pero no implica una exculpacion del franquismo>>. Sin embargo, con una injustificada superioridad moral y de forma un tanto maliciosa, aquellos terminan ubicando a los aludidos en la <<derecha historiografica>>. Lo curioso del caso es que despues de propinarles mandobles desbocados de todo tipo--imposibles de refutar aqui--, por sus desacuerdos en el analisis de los anos treinta o por la forma de enfocar el estudio de la violencia (donde los criticos <<progresistas>> aceptan muy mal la competencia), tales voces terminan por concluir, de forma harto contradictoria, lo mismo que otros venimos predicando desde hace tiempo: <<No creo que la Segunda Republica deba ser vindicada ni reivindicada, sino evaluada y comprendida en el conjunto de aciertos y errores de su proyecto reformista. Tenemos que mantener la serenidad y la ecuanimidad de su analisis y proceder por revisiones que amplien nuestro conocimiento y ofrezcan una version mas plausible del pasado historico, no que lo tergiverse o lo oculte>> (7).

Si la descalificacion politica que comporta en Espana el termino <<revisionista>> resulta gravisima y explica por ello mismo que, como es natural, los receptores de la misma no se dediquen a aplaudirla (8), tanto mas si cabe es la desautorizacion profesional que en paralelo se establece. Al respecto apunta Robledo: <<En menos de una decada se ha debilitado el consenso que existia en la historiografia academica de la Segunda Republica espanola. Obviamente no habia unanimidades, pero el oficio del historiador se atenia a las normas que configuran la profesion: exploracion y critica de fuentes, hipotesis de partida, contrastacion, etc.>> ?Que quiere decir Robledo con esta valoracion, que los historiadores que el tilda de <<revisionistas>> no se ajustan al codigo deontologico que define este gremio? ?Como puede establecer el profesor salmantino que los criticados no nos atengamos a <<las normas que configuran la profesion>>? Esta es una acusacion, ademas de inconcebible, que se sostiene sobre el vacio.

No es necesario ponderar aqui el enorme capital historiografico de todos los autores aludidos criticamente por Robledo y demas comentaristas: Edward Malefakis (9), Stanley G. Payne, Gabriele Ranzato, Jose Manuel Macarro, Juan Pablo Fusi, Carlos Seco Serrano (cuyo padre, por cierto, fue asesinado por los franquistas en su condicion de militar fiel a la Republica), Juan Aviles Farre, Luis Arranz, Michael Seidman, Julius Ruiz, Gerald Blaney, Pedro Carlos Gonzalez Cuevas o, por lo que a los mas jovenes se refiere, Manuel Alvarez Tardio o Roberto Villa, entre otros. Ninguno de estos autores precisa defensa alguna. Sus brillantes curriculos preservan por si solos su integridad intelectual. Se podra compartir o no su vision de la historia de la Republica, de la guerra civil o del franquismo. Se podra estar mas o menos de acuerdo con su metodo de aproximacion al pasado y su andamiaje teorico-intelectual. Se podran o no marcar distancias con tal o cual aspecto de sus interpretaciones, pero sugerir que algunos o la mayoria de estos historiadores no se atienen a las normas de la profesion sencillamente constituye un exceso (10).

A mi juicio, el profesor Robledo se equivoca en la misma definicion y construccion del sujeto--<<los neo-revisionistas>>--, puesto que, cogiendo citas de aqui y de alla y todo tipo de datos descontextualizados, crea un ente abstracto, completamente artificial y por lo tanto inexistente. Valga el simil culinario: es como si con 50 grs. de Carlos Seco, 100 grs. de Payne, otros 100 grs. de Malefakis, 300 grs. de Ranzato, 700 grs. de Julius Ruiz, 800 grs. de Macarro, 700 grs. de Alvarez Tardio y otros tantos mios, mas cantidades menores de otros autores, se forjara un muneco sobre el que practicar vudu. No tiene sentido ir cogiendo tal frase de aqui, tal otra de alla, tal pecado del uno, tal pecado del otro, para luego proyectar la sombra del <<revisionista>> perfecto (fruto de la ensonacion y creatividad de Robledo) sobre todos ellos. Y no tiene sentido porque es un juego distorsionador que solo consigue generar perplejidad en los aludidos, a los que se atribuyen arbitrariamente muchas cosas que nunca han dicho y que naturalmente no se sienten identificados con la mayoria de las maculas que nuestro particular fiscal enumera.

Ello no niega que acierte en la atribucion de varias cuestiones que, significativamente, los aludidos no consideran negativas, sino todo lo contrario, para la comprension de la historia de la Republica (que nadie ha tachado de <<desastre>>). A saber: la necesidad de desacralizar aquel periodo, el rechazo de la historia de combate (la escrita al servicio de una causa, la que sea), la virtualidad de la historia comparada, el peso de las culturas de exclusion, las cautelas--que no rechazo--ante la <<historia estructural y de clase>>, la responsabilidad de las izquierdas --nunca se ha dicho que unica y tampoco nadie ha hablado de <<culpabilidad>>--(11) en la generacion de la violencia, el sustrato revolucionario de buena parte de la izquierda obrera del momento, el caracter no fascista pero si muy conservador, antiliberal y corporativo de la CEDA o el cuestionamiento del mito del bienio negro... Para llegar a esas conclusiones, los autores aludidos han avalado siempre sus afirmaciones con un volumen ingente de fuentes y muchos anos de trabajo, cosa que no se puede decir de todos sus osados impugnadores, cuyas investigaciones sobre fuentes primarias referidas al periodo o brillan por su ausencia o no son de gran relieve todavia.

Pongamos un ejemplo de hasta donde lleva la equivoca y nada inocente conceptualizacion del critico: ?que tienen que ver los estigmatizados y su obra con Pio Moa y demas polemistas de oficio ajenos a la historia academica? Seamos serios: absolutamente nada, como acaba reconociendo el propio Robledo en una nota apresurada interpuesta en su ultimo texto al referirse al <<lider>> de los revisionistas, despues de haber establecido un nexo oblicuo de conjunto entre todos ellos y el citado personaje. Nada tienen que ver con el los historiadores mencionados, sus tesis y sus libros (no hay <<sintonia>> que valga), salvo S. G. Payne en lo que hace al trato personal con el susodicho. Pero las amistades peligrosas del profesor Payne --cuya condicion de ser uno de los mejores fascistologos del mundo nadie puede negar--son un problema suyo que no se puede proyectar a la ligera sobre los demas, como tampoco su retrato blando del franquismo. Entre otras razones porque algunos tambien hemos criticado duramente la dictadura cuando se ha terciado, o a Moa en algun momento como lo que es, un polemista profesional que ha ganado mucho dinero vendiendo al gran publico todo tipo de simplificaciones y patranas. Por lo demas, el profesor Payne no ha proporcionado ninguna <<solera oportuna>> al <<grupo>> forjado por la mente imaginativa del profesor Robledo. La circunstancial coincidencia en un congreso no implica liderazgo alguno. Al igual que este, se podrian poner otros ejemplos sobre las bases endebles y sinuosas del metodo aplicado por el critico al construir artificiosamente el sujeto de su estudio (12).

Una cosa debiera estar clara a estas alturas: nunca ha existido consenso en la historiografia academica sobre la Republica. Eso no es verdad. Y no me refiero como punto de disenso a los Ricardo de la Cierva y demas autores, de ayer y de hoy, proclives al franquismo. Tampoco a los polemistas referidos. Desde los anos 60, en la historiografia siempre han coexistido interpretaciones y discursos encontrados, no pocas veces radicalmente encontrados. La cosa no ha comenzado hace 10 anos como afirma Robledo. ?Que tenian que ver los postulados de Tunon de Lara con los de Juan Jose Linz, Carlos Seco o Raymond Carr? ?Pueden asimilarse las obras seminales de Hugh Thomas y Gabriel Jackson? ?Que fondo comun compartieron, sino un abierto desencuentro, las tesis de Robinson o Tusell sobre la CEDA con las de Montero o Preston? ?No se ha percatado Robledo del abismo existente entre las tesis de mi amiga Marta Bizcarrondo y las de Andres de Blas, Santiago Varela o el propio Malefakis sobre los socialistas? Asi podriamos seguir hasta la extenuacion.

Siempre ha existido una literatura mas sentimentalmente republicana y otra que, sin incurrir en filofranquismo alguno, ha intentado escribir la historia de la Republica desde otros parametros, si queremos decirlo asi, menos emocionales o no tan implicados politicamente. Pero tambien--aunque muy criticos--sin ninguna antipatia, tratando de marcar distancias con los protagonistas de distinto signo, eso si. Asumiendo que todos somos hijos de nuestros valores, prejuicios, ideas politicas, circunstancias presentes o pasadas y todos los condicionantes que queramos anadir, la desacralizacion de la Republica y de sus actores politicos--las izquierdas incluidas--no comenzo hace apenas una decada. ?O es que hay que recordar libros como La izquierda del PSOE de Santos Julia, publicado en 1977, o el monografico dirigido en Ayer por este mismo autor en 1995? ?Y su Madrid 1931-1934 (1984), que para nada respondia, aunque marxista, al marxismo dominante? ?Y que decir de La Catalunya populista (1982) de Enric Ucelay Da Cal y del no menos estupendo De la calle al frente (1997) de Julian Casanova sobre el anarcosindicalismo? ?No se acuerda Robledo de La patronal (1983) de Mercedes Cabrera? ?Y La nueva Covadonga insurgente (1997) de Javier Ugarte? ?Y los Queridos camaradas (1999) de Elorza y Bizcarrondo?

Todos estos libros, por citar obras de gran relevancia, supusieron en su dia un punto de inflexion epistemologico y en la forma de abordar la Segunda Republica, varios de ellos ademas a partir de un sustrato revisionista digno de encomio (en el sentido mas academico y noble del termino: innovacion que replantea el conocimiento previamente establecido sobre alguna tematica). Y eso es lo mas interesante de este oficio, que siempre cabe la posibilidad de seguir aportando algo, que la historia no es un coto cerrado por un corse ferreo como algunos pretenden. ?O acaso el texto seminal de Jose Alvarez Junco y Manuel Perez Ledesma sobre el movimiento obrero no supuso un magnifico revulsivo para nuestra historiografia (13)? Pero miremos tambien al inmediato presente: ?Quemamos a Paul Preston en la pira de los <<revisionistas>> por haber escrito una demoledora biografia (2013) de Santiago Carrillo donde se retrata sin concesiones al totalitario que fue durante gran parte de su vida? ?Y por que no tirar tambien por la borda El Evangelio fascista (2014) de Ferran Gallego y su titanico esfuerzo por haber puesto patas arriba el consenso mas o menos establecido en los ultimos anos sobre el fascismo espanol?

Si nos situamos en el ambito concreto de la violencia politica, es necesario recordar a nuestros criticos quienes fueron los primeros en aquilatar su importancia para la comprension de la Espana de los anos treinta y en hablar de insurreccionalismo y paramilitarizacion. El profesor Robledo y otros no deberian obviar que los <<neo-revisionistas>> no han sido los pioneros en zambullirse en ese universo tan molesto para los que idealizan con candor la historia republicana: fueron Julio Arostegui y sus pupilos, alguno de los cuales se autoubica hoy en la vanguardia del <<progresismo historiografico>>. Valgan algunas citas significativas: <<La paulatina perdida de legitimidad de la Dictadura y del regimen monarquico en su conjunto abrio un autentico ciclo subversivo que se extendio hasta 1931, pero cuyas repercusiones y corolarios resultaron evidentes durante todo el periodo republicano>>. <<El inesperado fin de la Monarquia por un plebiscito que desmorono la voluntad de defensa de los medios de coercion del regimen no hace sino enmascarar como un acto civico un proceso de cambio revolucionario que, en las etapas inmediatamente anteriores, habia alcanzado altas cotas de subversion y de violencia. 1931 fue sin duda una cesura definida de nuestra historia, pero no clausuro ni mucho menos el recurso a la violencia con designios de orden politico>>. Nada muy distinto de lo sostenido tambien por autores como Enric Ucelay Da Cal y Susana Tavera Garcia (14), abriendo un camino que un poco despues otros hemos seguido explorando. Adivinese de quien es esta cita que podria haber escrito alguno de nuestros <<revisionistas>> de los ultimos anos: <<En lineas generales, la violencia politica de entreguerras fue siempre patrimonio de doctrinarios, visionarios, de gentes y de masas de enemigos, por unas u otras razones, de la democracia liberal>>. En esta cita subyace mas el factor de la ideologia que el condicionante estructural (que no son necesariamente excluyentes) (15).

Todos los estudios mencionados y otros muchos nos han ido brindando un panorama de los primeros anos treinta cada vez mas complejo y critico, mejor documentado, mas realista y pegado a los hechos, donde no se deja titere con cabeza y se evidencian las contradicciones y limitaciones de aquella vida politica y sus actores, sin que eso implique negar los avances objetivos en terminos de progreso ciudadano, social y cultural que supuso la Republica (sufragio femenino, derechos sociales, legislacion laboral, racionalizacion de los efectivos militares, impulsos culturales y un largo etcetera). Por tanto, el <<giro ideologico>> que cree atisbar Robledo en la historiografia desde hace aproximadamente una decada responde a una percepcion que considero erronea. Lo que en verdad se ha producido, desde los anos sesenta hasta la actualidad, ha sido una continua acumulacion de conocimiento critico, plural y heterogeneo, desacralizador pero en nada condenatorio en terminos politicos de la historia de la Republica. De esa tradicion, desde luego, nos sentimos herederos los historiadores renovadores de hoy.

En la historiografia academica no se han producido rupturas revisionistas que valgan ni involucion hacia las tesis que justificaron durante la dictadura la rebelion contra la legalidad republicana. Para el debate que nos ocupa, resulta aleccionador leer veinte anos despues el trabajo <<Buscando el levantamiento plebiscitario: insurreccionalismo y elecciones>>, uno de los textos seminales mas brillantes de Enric Ucelay Da Cal, publicado en el no. 20 de la revista Ayer (1995). Todas las claves y codigos utilizados por este historiador se proyectan con claridad sobre los autores que hoy pretenden lapidar intelectualmente Robledo y sus amigos. Ucelay no es su unica influencia, pero si constituye uno de sus nortes habituales. Quizas alguien pueda considerar hoy a este magnifico historiador, igual que Lenin a Kautsky en 1918, un renegado, pero ello no mermaria un apice su brillo y su honestidad intelectual (16).

2. MAS QUE REFUTAR LA INVESTIGACION, SE INVENTAN OBJETIVOS ESPURIOS

A los llamados <<revisionistas>> les atribuye Robledo la intencion de resucitar el mito <<franquista>> del Delenda est Republica, <<de que la etapa republicana fue un desastre que abrio las puertas a la confrontacion que devino en Guerra Civil>>, al tiempo que muestran una abierta <<hostilidad hacia la memoria historica>> y se idealiza <<la Transicion como proceso democratico ex novo>> (17). Para ello, se esgrimen citas de dispar procedencia mezcladas sin ton ni son y, lo que es mas llamativo, se utilizan argumentos ad hominem extraidos de las biografias de los aludidos para intentar demostrar a toda costa sus querencias conservadoras y el lastre ideologico radical que subyaceria a sus trabajos. Como minimo, tales querencias se presentan oblicuamente cercanas, en el fondo, a los contenidos de la vulgata franquista o, por lo menos, coincidentes en su demolicion de la imagen de la democracia republicana --que no seria tal--(18) o de la memoria historica que la reivindica. Pero a veces se roza lo inverosimil, como cuando Robledo atribuye a Alvarez Tardio la afirmacion de que <<el franquismo ayudo a la democracia>>, tergiversando, o sin entender, una cita suya en la que no se enuncia asi la cuestion. Dice Tardio: <<Aunque el franquismo no puso conscientemente las bases de la democracia, su evolucion interna, sus politicas e incluso su legislacion, amen del desarrollo economico del pais propiciaron cambios que resultarian decisivos durante la transicion>>. Toda la literatura especializada sobre transiciones a la democracia, referida a Espana y otros paises, que Tardio como buen politologo conoce muy bien y cuyo dominio seria excesivo pedirnos a Robledo y a mi, gira en torno a los factores mencionados o que estan implicitos en la cita. No hay espacio aqui para explicar esto detenidamente (19).

Al igual que algunos han considerado a Ernst Nolte poco menos que un filonazi, a Francois Furet un <<simplista>> apostata del marxismo, a Renzo De Felice un hagiografo de Mussolini y a Richard Pipes un agente de la IA, con los <<revisionistas>> patrios se aplica una tecnica muy similar para desautorizarlos, es decir, la introspeccion en el entorno politico y vital externo a su obra (20). En este sentido, Alejandro Quiroga, en particular, refleja un nivel de conceptualizacion que sorprende por su grado de confusion (21). La mayor o menor solidez argumentativa, las fuentes desplegadas, los razonamientos y la fundamentacion general de los trabajos de los autores <<conservadores>> no es lo prioritario para evaluarlos. Para saber sus secretas intenciones y la camuflada orientacion ideologica que les guia, lo verdaderamente decisivo y clarificador es bucear en sus biografias, reconstruir el marco y la red de sus relaciones personales o palpar los ambitos institucionales en que se mueven. El problema de un metodo de estas caracteristicas, aparte del enfoque cuasi policial o detectivesco que comporta, es que por definicion resulta sesgado y muy poco cientifico, por selectivo, arbitrario y claramente parcial.

En contraste con tal perspectiva, pienso que hay que evaluar la obra antes que al autor, y a partir de ahi extraer conclusiones. ?Escribiremos los implicados en este debate alguna vez un libro la mitad siquiera de relevante, denso y sugerente como El pasado de una ilusion de Furet, ese liberal <<simplista>>? Creo que no. ?Y Richard Pipes? ?Acaso no fue el profesor de Harvard una autoridad mundialmente reconocida en el ambito de la sovietologia con independencia de sus inclinaciones conservadoras? Las multiples citas de autoridad que reciben sus libros en el ambito internacional (R. Service, H. Carrere D'Encausse, S. Fitzpatrick, T Snyder y un largo etcetera), aunque se discrepe de el, asi lo atestiguan (22). Tras la apertura de los archivos sovieticos, los mejores especialistas le han dado la razon, siquiera parcialmente, sobre lo que fue el infierno bolchevique ya en tiempos de Lenin. ?Estaba, igualmente, tan equivocado Robert Conquest, historiador de la guerra fria, sobre el diagnostico que hizo de las purgas estalinistas en El Gran Terror nada menos que en 1968? Dificilmente puede negarse que acerto.

Si partimos de que nuestros condicionantes sociales determinan tanto como se sugiere <<la representacion del preterito>>, que la creatividad del historiador como individuo esta inevitablemente mediatizada y que la <<verdad>> es una <<entelequia inalcanzable>> (segun Quiroga, que simplifica una cita de Jose Luis Ledesma), ?para que nos dedicamos a este oficio? No hace falta invocar el principio de incertidumbre de Heisenberg para constatar que la verdad y la objetividad absolutas son inaprensibles--ya lo dijo el filosofo mirando a un pozo--. Pero ello no niega que haya aproximaciones al pasado mas acertadas, convincentes y mejor construidas que otras. No todo vale en este oficio, ni todo es relativo, ni todos los relatos son equiparables por mas que algunos quieran acorazarse sobre la ultima moda culturalista o posmoderna. Nadie afirma que la Historia sea una ciencia dura, pero tampoco la podemos equiparar a la literatura (por desgracia) so pretexto de que es imposible conocer lo que pensaban, dijeron e hicieron nuestros abuelos, o bajo la consideracion de que resulta imposible fijar los hechos con alguna objetividad (23).

Si el trabajo de los historiadores no sirve para nada, ?con que fin masoquista emplean tanto tiempo en desempolvar viejos papeles, hipotecando los mejores anos de sus vidas, tantos y tantos profesionales? Una cosa es advertir, como sabemos de sobra y aceptamos, las limitaciones del conocimiento historico, y otra muy distinta cerrar el quiosco y dedicarse eternamente a la reflexion metodologica desde un comodo sillon, que sin duda es mucho mas gratificante, comporta menos esfuerzo y no le expone a uno a la condena de los sabios historiografos de la disciplina, tan felices ellos en sus poltronas teoricas y en el disfrute del poder corporativo. Pero a estos cabria decirles que se den de vez en cuando una vuelta por los archivos y las hemerotecas, o que hagan trabajo de campo a traves de la historia oral, que son ejercicios--aunque fatigosos--altamente gratificantes. Como el movimiento, en toda disciplina intelectual los progresos del conocimiento se demuestran andando.

En cualquier caso da igual, aqui seguimos erre que erre. Cuarenta anos despues de la muerte del dictador, se dice pronto, nos encontramos aplicando el viejo metodo de siempre, inherente a la polemica politica mas que al debate historiografico: dar mas importancia al entorno vital e institucional del autor (editoriales y revistas donde publica, contactos, amistades peligrosas ...) que a su propia obra y reflexiones. Siguiendo--confiesa--el consejo de Edward Hallet Carr de estudiar al historiador antes de ponerse a estudiar los hechos (24), Robledo afirma: <<Probablemente mas de uno piense que estoy haciendo juicios politicos para descalificar el discurso academico del adversario [sic]. Simplemente informo de una labor de propaganda [sic], situada, a veces, a la derecha de la derecha [sic], que no puede por menos de condicionar [sic] la orientacion del estudio de la Segunda Republica por mas 'cientifica' que se proclame la nueva historia revisionista>>. Vale, si aceptamos ese principio como algo rigido y general, tambien se le podria aplicar al mismo Robledo: como el mantiene estrechos vinculos con Josep Fontana, un reconocido historiador con un sentido muy instrumental de la Historia (25) y situado a la izquierda del comunismo catalan (que hace poco, para sorpresa de propios y extranos, se ha confesado nacionalista), se entenderian muchas cosas de las que defiende Robledo. Este, siguiendo el razonamiento, ha sido ademas portavoz de la <<Asociacion Salamanca Memoria y Justicia>> y colaborador de otras similares, y no se que mas, porque no pienso investigarlo.

?Hemos de concluir que tales circunstancias, magisterio y querencias no podrian <<por menos de condicionar la orientacion>> de los estudios del critico y, en consecuencia, hay que ningunearlo? ?Asumimos, igualmente, la necesidad de silenciar el clasico de Pierre Vilar Catalunya en la Espana moderna por su anoranza de la Union Sovietica y por haber prologado a alguno de sus padres fundadores (26)? ?Nos cargamos a Tunon de Lara y su decisiva contribucion a la renovacion de la historiografia espanola (27) por su militancia en un partido que durante decadas se mantuvo dentro de la obediencia estalinista? En mi opinion hay que responder negativamente a todos esos interrogantes, o al menos con grandes reservas, como tambien en los casos de Pipes, Furet, Nolte, De Felice y cualquier otro historiador que, por encima de sus circunstancias personales, convicciones y vinculos politicos, haya demostrado solvencia intelectual. Sin duda, tambien se le puede aplicar esta reflexion a Robledo cuando aparca su papel de polemista y ejerce de investigador riguroso en el plano especifico de sus estudios agrarios, donde es obligado remarcar su autoridad (28).

Dicho esto, cabe advertir que ninguno de los <<revisionistas>> resenados por el critico han llegado tan lejos en sus amores politicos como en su dia las celebridades mencionadas, y no se si el mismo Robledo. Hasta donde yo conozco--pero puedo estar equivocado--nadie de esa <<derecha historiografica>> ha defendido la Union Sovietica, desde luego, pero tampoco otras dictaduras de indole opuesta de ayer y de hoy. Porque colaborar en La Ilustracion Liberal, en la Revista Hispano-Cubana o en la FAES no los catapulta automaticamente a la extrema derecha. En principio, ni siquiera publicar en Razon Espanola (revista en la que tambien ha escrito el politologo Ramon Cotarelo, padre intelectual de varios de los dirigentes actuales de Podemos) (29). A estas alturas, deberiamos saber distinguir a un liberal-conservador, un democrata-liberal o un social-democrata de un reaccionario tradicionalista, un radical de derechas, un neocon o un fascista. El primer bloque se halla a anos luz del segundo. Pero para los criticos, en virtud de la presencia de algun que otro <<revisionista>> en tal o cual editorial o entidad cultural, el pecado parece hacerse explicito: <<participa muy activamente en la labor editorial de un partido que no ha considerado delito la apologia de la dictadura franquista, que esta en contra de la 'ley de memoria historica' y, sobre todo, que tiene empeno especial en descalificar la experiencia de la Segunda Republica>>.

No se si la FAES ha condenado el golpe de Estado de 1936 ni si se empena en descalificar la historia de la Republica, no he pisado ni mis trabajos se inspiran en esa casa, pero lo que si se es que es una institucion politico-cultural vinculada a un partido democratico, que acepta la Constitucion de 1978 y al que votan millones de espanoles, que merecen todo mi respeto aunque el citado no sea mi partido. Una entidad con la que ademas han colaborado, en sus cursos o en sus publicaciones, un sinfin de intelectuales respetables de muy dispar procedencia y convicciones (historiadores, politologos, sociologos, economistas, filosofos ...), donde tampoco faltan conocidos y brillantes izquierdistas. La lista de colaboradores que se podria reproducir sin duda seria larga, pero no es el caso. ?Les convierte su dispar contacto con la FAES en radicales <<neo-conservadores>>? En una sociedad abierta como la nuestra nadie debiera esgrimir tales vinculos como un delito academico, porque si no tendriamos que aplicar el mismo criterio a todos aquellos autores que, pongamos por caso, han transitado a menudo por la Fundacion Pablo Iglesias (adscrita al PSOE) o la Fundacion de Investigaciones Marxistas (ligada al PCE), entre otras. Por otra parte, si efectuaramos la indagacion correspondiente nos sorprenderiamos de los muchos intelectuales que han pululado a lo largo de los anos por unas u otras fundaciones con toda normalidad, lo cual es un ejercicio que, prejuicios aparte, ha de considerarse positivo en un ambito afortunadamente democratico y pluralista como el nuestro.

Creo, por tanto, que no debieramos exagerar. Otros no hemos frecuentado la FAES. Otros publicamos en su dia algun articulo en la revista Temas, perteneciente a la Fundacion Sistema del PSOE, o pisamos asiduamente la Fundacion Pablo Iglesias, presentando algun libro y asistiendo a aquellos anorados seminarios dirigidos por Fernando Claudin, Andres de Blas y Santos Julia, donde tanto aprendimos y disfrutamos con tan extraordinario magisterio. He de confesar que nunca se me ocurrio pensar, ni entonces ni despues, por que los socialistas actuales no habian pedido perdon por la implicacion de sus ancestros en la insurreccion de Octubre de 1934 o por las matanzas en la retaguardia republicana durante la guerra civil, que contra lo que alguno sigue afirmando todavia no cabe atribuirlas solo o prioritariamente <<a los anarquistas>>. Y lo mismo vale para la Esquerra Republicana de Cataluna, la Confederacion Nacional del Trabajo o el Partido Comunista de Espana, formaciones todas que ya existian y tuvieron sus responsabilidades en la violencia de retaguardia durante la guerra civil. Nunca hasta ahora, antes de leer al critico, habia caido en esa cuenta. A fuer de sinceros, no parece muy acertado que con entidades vinculadas a organizaciones y partidos democraticos, a cuarenta anos vista de la muerte del dictador y a ochenta del inicio de la guerra civil, con una democracia asentada--por mas problemas, corrupciones y populismos que nos acosen en los ultimos anos--, puedan hacerse ese tipo de reflexiones. Pero cada uno es muy libre, por supuesto.

Es que han publicado al lado de Pio Moa en la Editorial Encuentro, una entidad catolica, apunta el critico refiriendose a dos de los <<neo-revisionistas>>. Frente a ello cabe replicar: ?que tiene eso que ver a priori con la calidad de sus investigaciones? Cada vez es mas dificil publicar y, mejor o peor, se hace donde se puede, eso no los criminaliza ni tampoco a la editorial. Para entender donde coloca uno sus trabajos es obligado conocer la intrahistoria del asunto, en un momento en el que el sistema de evaluacion universitaria nos exige cada vez mas en busca del ansiado sexenio, cuya no obtencion implica automaticamente la condena a los 32 creditos de docencia establecidos por el Decreto Wert. No siempre es facil para los autores publicar en las editoriales de mas prestigio, especialmente si no se tienen los vinculos personales adecuados, seamos claros. Pero esta reflexion vale tambien para historiadores mas consagrados. ?Acaso porque Julio Arostegui publico en la revista Aportes, dirigida por Alfonso Bullon de Mendoza (biografo de Jose Calvo-Sotelo), eso le condena para los restos? Recordemos, ademas, que uno de sus libros fue premiado y editado por Actas, nada menos que una editorial carlista. ?Cabria deducir de aqui que el catedratico de la Complutense, ya fallecido, alimento secretamente afinidades tradicionalistas? (30).

Los criticos y sus companeros de viaje deberian meditar de forma pausada sobre muchos de sus juicios y su propension a crear frentes historiograficos para desautorizar al projimo. No se trata de convencer a nadie. Pero pienso que no deberiamos perder de vista que Espana es un pais democratico y que la coexistencia de los historiadores de distintas adscripciones ideologicas o intelectuales en los mismos ambitos es--y asi deberia continuar--algo asumido por la mayoria de los profesionales desde hace tiempo. Aceptar el pluralismo es intelectual y humanamente enriquecedor. En dos de las empresas colectivas que he encabezado segui ese principio. Nunca me he arrepentido. Tanto en Palabras como punos (una investigacion en equipo) como en El laberinto republicano (volumen salido de un congreso que pretendio recoger las conclusiones de investigaciones recientes) aplicamos la formula. La misma tambien subyace al Seminario de Historia Contemporanea que, bajo la direccion de Jose Alvarez Junco y Santos Julia, constituimos hace la friolera de 25 anos, arropados por la Fundacion Ortega de Madrid sin exigir tutela alguna. Por el han pasado para discutir sus ponencias dos centenares largos de historiadores y cientificos sociales de toda Espana y del extranjero. A nadie se le ha cerrado la puerta. Creo que ese es el camino a emular y no impulsar <<combates>> en pos de la conquista del pasado (31), cuya gestion siempre habra de ser polifonica en una sociedad democratica que se precie de tal.

Quiero recalcar que no se puede presentar como critica historiografica lo que en puridad son textos de otra naturaleza. A la busqueda del supuesto <<giro ideologico>>, los criticos no hacen sino lecturas muy ideologicas. Una autentica evaluacion historiografica deberia comportar la valoracion en pie de igualdad de los aspectos intelectualmente criticables y las aportaciones positivas de los trabajos resenados, aparcando la politica en un cajon. Pero no es el caso. De entrada existe una barrera fisica: en tan poco espacio es imposible sopesar tantas obras y autores como los que se enumeran y establecer un diagnostico creible, fijando lo que dicen unos y lo que sostienen otros sin cometer arbitrariedades. Pero es mas imposible aun si conscientemente se realiza--como asi se confiesa--una lectura desequilibrada: <<A lo largo de estas paginas se ha ido examinando la consistencia de buena parte de la literatura [sic] revisionista. No me he detenido en analizar sus aciertos>>.

Con un sesgo tan marcado, el metodo queda invalidado, pero tambien porque al mezclar lo que dicen unos y otros autores se incurre en la atribucion indiscriminada de afirmaciones que nunca se han dicho. De nuevo Quiroga es particularmente descuidado en este aspecto. Por ejemplo, ?donde he acusado yo <<al Gobierno del Frente Popular de antidemocratico>> [sic] y donde he definido la II Republica como <<revolucionaria>> [sic]? (Esto ultimo, dicho sea de paso, lo expresaron en tales terminos sus mismos fundadores). ?Con este rigor escribe nuestro investigador sus libros de historia? (32). Una pregunta resulta obligada al respecto. Mas alla de un conocimiento de manual mal digerido, ?cuales son las grandes aportaciones de Quiroga sobre la historia de la Republica que le inducen a escribir con tanta displicencia? Lo dire: ninguna.

Conviene recordar lo que apunto Julio Arostegui sobre estas cuestiones, que guarda ciertas similitudes, aunque no sea del todo homologable, con las reflexiones de Alvarez Tardio que tanto se le reprochan: <<El advenimiento de la Republica se entiende, en realidad, como un hecho revolucionario y, en sus precedentes, al menos, tambien insurreccional>>. Porque la llegada de ese regimen <<es indudablemente una de nuestras grandes rupturas contemporaneas>>. <<Aquella primera democracia 'se conquisto' realmente, fue el producto de una voluntad revolucionaria, aunque no lo fuera de una verdadera revolucion>> (33). El caso de Arostegui, cuya obra nadie puede considerar contraria a la Republica, resulta singular, pues varias de sus tesis sobre ese regimen, la guerra civil y el primer franquismo se alejan de la ortodoxia antifranquista al uso, incluyendo algunos de sus alumnos mas directos (34).

Algun otro autor, tampoco sospechoso de <<conservador>> o <<revisionista>>, apunto hace decadas en una direccion parecida, subrayando las limitaciones democraticas de las fuerzas politicas de entonces, logicamente mas acusadas en unos casos que en otros: <<entre 1931 y 1936, todas las corrientes politicas mostraron un desprecio por los resultados electorales cuando estos no les dieron una victoria clara>>. En parte como consecuencia de las practicas de la Restauracion, en parte tras la generalizacion de los discursos de la violencia en respuesta a la Dictadura primorriverista, <<el sentido de la alternancia fue rechazado como una falsedad. Por tanto, ganar implicaba el triunfo de una vez por todas, de verdad y para siempre. Todo junto constituia una prueba de la falta mas absoluta y enraizada de la practica de costumbres democraticas>>. El insurrecionalismo y el antielectoralismo no habrian sido privativos de los libertarios, sino un legado recogido por buena parte de las fuerzas representativas, en las derechas y en las izquierdas, tras 1931. Durante los anos treinta en Espana, <<casi no habia opciones politicas que no viesen la fuerza como una alternativa aceptable a las urnas. Tal situacion era, ademas, perfectamente logica en el contexto europeo>> (35). ?No se parece mucho esto a lo que venimos sosteniendo otros sobre los discursos de intransigencia y las logicas de exclusion imperantes en la vida politica republicana, sin que ello implique juzgar a todo el mundo por igual ni demoler el regimen como tal?

Otro autor para nada afin a los <<neo-conservadores>>, critico incluso con la vision de alguno de ellos sobre la transicion a la democracia, reconoce la misma idea sin rasgarse las vestiduras:
      No les falta razon a quienes recuerdan que, frente al tenaz
   esfuerzo por insistir en lo contrario hasta convertirlo en un
   topico, muchos de los partidarios de la Republica no eran
   defensores genuinos de la democracia ni resistieron a los
   sublevados por tal motivo. Lucharon, se decantaron o simplemente
   estuvieron en ese lado de la trinchera pero no defendiendo la
   democracia representativa ni doctrinal ni operativamente (36).


Mas alla del desconocimiento u ocultacion--no lo se--de estos paralelismos, tambien resulta endeble el metodo empleado por los debeladores del <<revisionismo>> para apuntalar con datos su critica, vertida con una suficiencia que en modo alguno se ve respaldada por investigaciones equiparables a las de sus resenados en el campo concreto que ellos han roturado. Por ejemplo cuando, a partir de un caso muy concreto (los sucesos de Hornachos de abril de 1933), investigado de forma defectuosa segun Robledo (y de modo solido de acuerdo con Roberto Villa), se esgrime tal deficiencia para descalificar el conjunto--que se admite copioso, por mas que insolvente--de la obra de los <<revisionistas>>. Segun y como, se utilizan argumentos cambiantes o se despachan con gran premura y desden trabajos que han exigido un enorme esfuerzo, cuando no se obvian unas extensas tablas estadisticas documentadas de forma rigurosa--no con <<uno o dos titulares de El Socialista>>--, porque los resultados son adversos a los actores con los que mas se identifica el critico, sea en lo que se refiere a la violencia electoral de noviembre de 1933 o a la violencia anticlerical de la primavera de 1936. Eso no impide que, al comentar otros trabajos donde la tediosa estadistica no aparece, se les eche en cara el <<discurrir principalmente por un territorio analitico que no necesita por lo general de largas, costosas y, en general, duras investigaciones de fuentes primarias, sobre todo de archivo>>. ?En que quedamos? Da la impresion que al desplegar estas sentencias se aplica la conocida cita humoristica de Groucho Marx sobre <<los principios>>.

Dado que no les satisfacen las investigaciones de los <<revisionistas>>, que seran cualquier cosa menos superficiales o atropelladas, los criticos deberian montar equipos que indaguen en los papeles y las enmienden--en su caso--, pero no practicar la iconoclastia intelectual. El recurso retorico de presentarlas perdidas en un <<universo vacio>> ajeno a las <<connotaciones de clase>> es un tanto endeble, expuesto a menudo para exonerar a los protagonistas de los hechos violentos que se analizan. Si tan importantes resultan dichas <<connotaciones>>, ?donde queda en esa construccion la responsabilidad de la accion humana--individual o de grupo--en el uso de la fuerza en las luchas politicas, por muy mediatizada que se halle por condiciones objetivas? ?Y donde queda la ideologia y la cultura politica? ?Aplicamos la misma comprension exculpatoria para evaluar el pistolerismo falangista y sus crimenes? ?Les proporcionamos la coartada de la legitima defensa o el <<derecho a la rebeldia>> a los golpistas del 18 de julio?

No es verdad, por otra parte, o cuando menos hay que demostrarlo, que en la primavera de 1936 <<la mayoria de los sucesos [anticlericales] atribuidos a socialistas en realidad fueron de los anarquistas>>. En La Mancha y en grandes extensiones de Levante, Extremadura o Andalucia, por ejemplo, no habia apenas anarquistas y, sin embargo, proliferaron las acciones anticlericales. Por anadidura, establecer como principio que <<en mas de un suceso la accion anticlerical no era un ataque premeditado, sino la respuesta a la provocacion>>, supone convertir en regla lo que son hechos excepcionales. Con cientos de edificios religiosos incendiados o atacados en aquella primavera, con varios cientos tambien de sacerdotes obligados a dejar sus parroquias en los pueblos, no parece creible que fueran los familiares de los curas los que les prendieran fuego a los templos o les forzaran a marcharse (37). Ello va contra toda logica y evidencia empirica (con perdon), salvo que impugnemos la documentacion emitida por el Ministerio de la Gobernacion durante los gobiernos de Azana y Casares Quiroga--de hecho se deja caer: <<muestra parcial>>--; o salvo que demostremos que la mayoria de los curas fueron unos mentirosos patologicos que vertian trolas tremendas en la correspondencia privada con sus superiores, los obispos (38).

?Realmente los criticos saben siempre de lo que estan hablando? ?Podrian enumerar la documentacion que ellos han barajado capaz de contrarrestar las afirmaciones vertidas en las investigaciones que pretenden--y no consiguen--impugnar? Si no gustan los datos referidos a la campana de reforma de la Constitucion promovida por Accion Popular en 1931-32, pongamos por caso, demuestrese que es falso lo que se cuenta respecto al ambiente de coacciones en que se desarrollo. Si el Partido Radical (que hasta Azana califico de <<centro>>) era un mero titere de la CEDA, por que Townson evidencia lo contrario con una informacion apabullante. ?Por que no se dice que tambien se han contado las logicas de exclusion y la intransigencia promovidas por las derechas, en particular a partir de septiembre de 1933? ?Donde, sin embargo, se demuestra la tentacion golpista de la CEDA en el otono de 1934 si los papeles de Sanjurjo, golpista entre los golpistas, sugieren lo contrario? Y asi sucesivamente.

Por fortuna, siempre habra historiadores esforzados que, incluso remando contra corriente, lucharan por preservar la verdad de los hechos amparados en la sola solvencia de sus investigaciones ... O eso cabe esperar (39). Pero que nadie se llame a engano, porque tambien surgira el metodologo de turno encargado de recordarles que <<la objetividad pretendida por los historiadores academicos o profesionales en los siglos xix y xx no solo responde a unas politicas de identidad disciplinaria, tambien a una ideologia de distinto caracter>> (40). Asi pues, de acuerdo con estos teoricos de la historiografia, el corse de la identidad corporativa y de las convicciones ideologicas hace imposible el consenso sobre el conocimiento historico. De este modo, las victimas de la violencia politica, de cualquier violencia de ayer y de hoy (no solo los curas de 1936 o las victimas del franquismo, sino todas las victimas de todas las barbaries), deben tomar buena nota. El futuro puede absolver a sus verdugos porque la verdad es <<inalcanzable>> para los historiadores, maniatados como se encuentran por su <<identidad disciplinaria>> y por los limites que les impone su <<ideologia>>. ?Proyectamos esa formulacion tambien en el diagnostico sobre Hitler y Stalin?

3. LA SOMBRA DEL FRANQUISMO ES ALARGADA

A mi juicio, toda la reaccion referida proyecta un discurso moral ante los historiadores que tratan de contar los anos treinta en aras del realismo critico y en defensa del conocimiento por el conocimiento, no para desacreditar aquella democracia en construccion ni mucho menos. Del moralismo nadie esta libre, pero en este caso creo que se pone de manifiesto el tremendo lastre que nos dejo la vulgata franquista, de la que algunos aun no se han desprendido. Tratare de explicarme.

Expuesto de forma muy esquematica, para justificar el golpe de Estado del 18 de julio--una solucion de emergencia para sus mentores--y la guerra y la dictadura que vinieron despues, el franquismo identifico la Republica con el <<caos y la anarquia>> (?quien ha escrito en tales terminos?), establecio la ilegalidad, la ilegitimidad y el caracter no democratico del regimen, situo los precedentes de la guerra civil en la insurreccion de octubre de 1934 y senalo la primavera de 1936 como el momento en el que cuajaba la revolucion comunista en ciernes. El elemento nuclear de esa construccion era la violencia y los problemas del orden publico, como si de forma expresa eso ya justificara <<el derecho a la rebeldia>> frente a un regimen que se dibujaba supuestamente tiranico.

A mi juicio, la obsesion--logica en su momento--de neutralizar tal discurso a menudo ha llevado a defender tesis insostenibles. En la medida que el franquismo establecia un nexo directo entre el alto grado de conflicto y la defensa del golpe para legitimarse, parecia que los historiadores democratas teniamos que negar o atenuar el fenomeno de la violencia, la luchas sociales y las logicas de exclusion palpables entre 1931 y 1936, con tal de pintar una democracia normalizada donde, en realidad, los derechos fundamentales, las libertades, las tensiones politicas, las elecciones, las huelgas, etc., se desarrollaron siempre en un marco de estabilidad y concierto notables.

Algunos hemos llegado a la conclusion de que la permanencia de esa formula evidencia que las trampas del franquismo siguen haciendo estragos. ?Acaso no hemos quedado aprisionados por un esquema que conduce a desvirtuar el analisis de los hechos? ?Por que y de que forma la violencia y el desorden publico, por grandes que fueran, habrian de justificar algo tan injustificable como un golpe de Estado contra un gobierno--irregularidades aparte--legitimado en las urnas? ?Por que la violencia, el desorden y las logicas de exclusion, especialmente intensos en la primavera de 1936, habrian de disculpar las tramas golpistas? ?Por que algunos historiadores, obsesionados con el franquismo y en una clara proyeccion retrospectiva de la guerra civil, se empecinan todavia en rebajar las aristas conflictivas de ese periodo cuando las fuentes dicen lo contrario? (41).

Frente a estos interrogantes, otros consideramos que la historia de la Republica puede contarse de otra manera, mas veraz y mas ajustada a los hechos y a las fuentes, sin plegarse por ello a las tesis franquistas, pero tambien sin pagarles peaje alguno desvirtuando los clamorosos mensajes de la documentacion. Tal actitud nada tiene que ver con la pretension de demoler la imagen de aquella democracia en construccion. Abandonemos de una vez tan insulsa y pacata beateria. En otro sitio hemos apuntado que la historia de ese periodo extraordinariamente rico del pasado espanol no debe limitarse al estudio de la violencia y la intransigencia politica, porque ambas variables no aportan todas las claves, ni siquiera las principales, para su cabal comprension. Pero los criticos han permanecido sordos a tal advertencia. Es claro que la Republica tuvo muchas otras dimensiones que tambien hay que explorar para su conocimiento ponderado. Con toda seguridad, si abordaramos por ejemplo el estudio de las misiones pedagogicas el balance seria de un color mas amable (42).

Ahora, cuando en las monografias correspondientes se estudia la vida politica y sus logicas desde el prisma de los enfrentamientos en una democracia en construccion, dentro de un contexto europeo profundamente complicado y presidido por el retroceso de la democracia, hay que hacerlo asumiendo de antemano que nos vamos a encontrar con una panorama muy problematico. La clave reside, a mi juicio, en abordar esos anos haciendo el esfuerzo intelectual--sin duda dificil--de abstraerse de su desenlace, la guerra civil (43). Debe quedar claro que, desde la percepcion de un historiador imbuido de valores democraticos, palpables ya en el periodo de entreguerras (por mas que zarandeados por sus enemigos), el golpe de Estado fue una brutal accion antidemocratica que no puede justificarse por los <<precedentes violentos>>, como el critico atribuye erroneamente al conjunto ficticio de <<los revisionistas>>. Una accion que, por ende, lejos de apaciguar y mejorar la vida de los espanoles, para lo unico que sirvio fue para provocar un bano de sangre y abrir las puertas de par en par a una ominosa e interminable dictadura. ?Quien discute esto a estas alturas?

Los hechos son tozudos: la primera mitad de los anos treinta, en Espana como en otras partes de Europa, se vio presidida por una gran conflictividad, una acusada inestabilidad institucional y un marcado radicalismo en los actores en presencia. A menudo, todo ello dio pie a derivaciones violentas graves alentadas desde flancos diversos, no solo las izquierdas, que tambien e incluso en mayor grado (podemos debatir en otra ocasion sobre las causas de ello). Pero esto ha de entenderse como algo inherente al proceso democratizador, a las expectativas y resistencias provocadas por las politicas reformistas, y tambien en virtud del predominio de una cultura politica--por razones complejas--lastrada por la debil asuncion de los valores democraticos y el rechazo del principio de alternancia en el poder. Ocurrio asi en un pais de profunda raigambre catolica, con graves problemas estructurales irresueltos, desequilibrios lacerantes en la distribucion de la renta a efectos territoriales y sociales, y una tradicion constitucional antigua pero que no habia calado con fuerza en la sociedad por motivos diversos (peso del clientelismo politico, culturas corporativas varias, tradiciones insurreccionales, poderosas fuerzas reaccionarias, atraso economico, analfabetismo acentuado, una sociedad civil fragil...). Constatar tales debilidades no convierte la Republica, como tal regimen, en un sistema no democratico (otra cosa son tales o cuales actores). Podemos discutir sobre si estuvo mejor o peor disenado el marco constitucional, si fue muy incluyente o muy poco, pero nadie niega que la Republica fuese una democracia pluripartidista, donde se celebraron elecciones y se constituyeron parlamentos y gobiernos dotados de legitimidad, y donde, con restricciones circunstanciales (o mas permanentes de lo debido, segun los casos), se garantizaron las libertades basicas y se asistio a un progreso mas que notable en los derechos de la ciudadania politica y social, en el desarrollo cultural, etc.

Dicho lo cual, es innegable que esa democracia tuvo enfrente fuerzas poderosas que no se identificaron con sus valores y con sus instituciones; en la extrema izquierda y en la extrema derecha, por supuesto. Pero el problema tambien vino de que otras fuerzas mucho mas poderosas y menos radicales tampoco le proporcionaron al regimen un cheque en blanco, como apuntara J. J. Linz (al que los criticos deberian leer siquiera un poco, maxime cuando sus voluminosas obras escogidas ya estan traducidas) (44). Tal fue el caso del socialismo y del catolicismo politico, fuerzas que juntas sumaron en torno al 37-39% de la representacion parlamentaria en 1933-1936. Sin ellas era dificil que ese regimen se asentara con fluidez. En un contexto asi es donde cabe analizar, sin aspavientos, el fenomeno de la conflictividad y de la violencia politica (la cara mas oscura de la historia republicana). Tal analisis y la valoracion del fenomeno no implican hacerle el juego a las tesis franquistas. Porque lo que hay que negar es que esa conflictividad diera legitimidad alguna al golpe, que tuvo su logica autonoma, y que probablemente comenzo a labrarse ya en 1931 (45). Los golpistas, en efecto, trataron de capitalizar en su provecho los conflictos de la Republica, pero su legitimidad fue cero y, a la postre, ellos resultaron los artifices determinantes de una guerra civil que siempre pudo evitarse. Cuestion aparte es que entre sus adversarios hubiera fuerzas que, sin buscarlo, les hicieran el juego, tambien carentes, de forma permanente o circunstancial, de valores democraticos demostrables.

Lo que nunca puede hacer un historiador es negar los hechos que revelan las fuentes. A veces, ello ha llevado a diluir la importancia de los desencuentros y quiebras inherentes a la vida politica republicana. Yendo incluso mas lejos, alguno ha incurrido en el disparate de trazar, en terminos de movilizacion, violencia y conflicto, una comparacion increible entre la primavera de 1936 y la de 2011. Desde tal posicion se afirma que las tensiones de aquellos meses no sobrepasaron las de cualquier otro periodo previo de la historia republicana, lo cual sencillamente no es verdad, salvo el otono de 1934, que no dejo de ser una situacion excepcional (46).

Ni de lejos se busca presentar el periodo mencionado como el portico de la guerra civil, tal y como apuntara la propaganda franquista posterior y por mas que los variopintos discursos revolucionarios resonaran con fuerza a lo largo de esos meses. Pero habra que explicar por que se produjeron un minimo de 957 actos de violencia anticlerical (contra edificios y monumentos religiosos y en mucha menor medida contra el personal homonimo, sin causar muertes) solo en 121 dias (17-II a 17-VI-1936) (47). Como tambien es obligado analizar despacio el minimo de 388 muertos por violencia politica recogidos desde el 1 de enero hasta el inicio de la Guerra (48) (que algun autor eleva a 454 prescindiendo del primer mes y medio, con lo cual nos iriamos a 491) (49): tales numeros, aportados recientemente por los historiadores, resultan mas abultados--reparese en el detalle--que los denunciados en su dia por los portavoces derechistas en las Cortes. Esto sin contar el numero de heridos graves, dificil de estimar (aunque no del todo imposible), pero con seguridad muy superior al de victimas mortales. Y tampoco cabe obviar la escalada huelguistica, la detencion de miles de derechistas por motivos dudosamente legales, el despido masivo de empleados y funcionarios de la administracion local acusados de deslealtad al regimen (obviando los procedimientos exigibles en el caso de los segundos), la expulsion de un numero ingente de concejales conservadores o republicanos moderados de los consistorios, etc. Todas ellas, entre otras, son variables potencialmente mensurables, como se ha demostrado en estudios de caso. No resulta posible ahora entrar en las causas y en el reparto de responsabilidades (50).

La negacion de estos apabullantes indicadores--en virtud del cuestionamiento del imaginario conservador de entonces--solo refleja, en mi opinion, las servidumbres pagadas todavia por algunos historiadores a la vulgata franquista, obsesionados con no hacerle el juego. Es mas, los profesionales que se han atrevido a dibujar un panorama distinto, que no por casualidad son los que se han sumergido mas y con menos prejuicios en los archivos, han sido y siguen siendo castigados por los guardianes de las visiones mas ortodoxas. Pero admitir las evidencias no deberia suponer un drama. Ni esa realidad hizo diferente a la Espana de entonces (la mayor parte de Europa era un volcan), ni reconocerla confiere legitimidad al golpe del 18 de julio. El historiador que expone y prueba sus datos no debiera ser acusado de <<catastrofista>> ni de cargar <<las tintas sobre la violencia del regimen [sic] republicano>>. A poco que se haga el esfuerzo de mirar los papeles, estos confirman el balance de una intensa conflictividad. Cualquiera que haya estudiado aquel periodo sin anteojeras y con fuentes directas lo sabe. El reiterado argumento de que aireando tales datos se reproduce el <<canon>> franquista o se le sigue la corriente resulta tramposo. Sin concesiones al mismo, de nuevo Arostegui ofrecio un analisis que se comparte aqui. Baste esta cita clarificadora:
      La visibilidad de la violencia fue en la primavera de 1936 un
   hecho sobre el que no cabe duda y que tuvo una notable influencia en
   percepciones de los ciudadanos y en comportamientos politicos [...]
   El gobierno del Frente Popular hubo de enfrentarse a un aumento de
   los conflictos laborales, huelgas, ocupaciones de tierras y muchos
   tipos de acciones incontroladas de gentes y grupos para los que el
   triunfo electoral significaba poco menos que el comienzo de la
   revolucion. El aumento de la violencia por causas politicas, que
   derivo en victimas mortales de todas las significaciones, asi como
   de las fuerzas del orden, alimentada por acciones de la izquierda y
   la derecha, fue espectacular (51).


Todo esto podria probarse por extenso con cifras y documentacion referidas a amplias zonas de Espana (aunque tambien hubiera territorios que se mantuvieron tranquilos). Nadie ha extrapolado nada ni se han proyectado las conclusiones de un caso local sobre el conjunto del pais. Porque solo en la provincia manchega que uno estudia o aledanos, aparte de La Solana, bastantes otras agrovillas se equipararon en terminos de conflictividad, logicas de exclusion y tensiones a ese pueblo donde se escribio La Rosa del Azafran, famosa zarzuela de los anos treinta. Se tienen pruebas y material para confirmarlo sobre otros muchos casos: Villarrobledo, Alcazar de San Juan, Campo de Criptana, Argamasilla de Alba, Herencia, Pedro Munoz, Valdepenas, Castellar de Santiago, Santa Cruz de Mudela, Daimiel, Villarrubia de los Ojos, Malagon, Manzanares, Moral de Calatrava, Puertollano, Abenojar, Villahermosa, Albaladejo, etc. Y es seguro que la provincia de Ciudad Real no fue el espacio mas representativo de Espana a los efectos apuntados.

Pero no hay lugar para mas. Solo quiero subrayar un apunte final. No se es mas antifranquista ni mas <<progresista>> por seguir aireando un fantasma que los espanoles derrotamos de manera abrumadora en las urnas en 1978, dotandonos con una Constitucion democratica avanzada que voto la inmensa mayoria de la ciudadania. Seguir pensando los anos treinta con los codigos del antifranquismo militante, amen de ser una actitud profundamente inmovilista desde un punto de vista metodologico, solo conduce a hacer un inmenso favor a la propaganda que urdio aquel regimen para legitimarse y a perpetuar las trampas que a la postre tendio a los historiadores. El miedo a pensar con libertad, el rechazo a plantearse preguntas incomodas y la ignorancia u ocultacion de fuentes que no cuadran con el <<canon>> establecido de antemano no son signo de progresismo, sino de todo lo contrario.

Fernando DEL REY (1)

Universidad Complutense de Madrid

freyregu@cps.ucm.es

Fecha recepcion: 02/07/2015; Revision: 10/10/2015; Aceptacion: 20/11/2015

(1.) Quiero expresar mi agradecimiento al profesor Juan Andres Blanco, director de la revista, por la oportunidad que me ha brindado de expresar libremente mi opinion.

(2.) Cf. R. Robledo: <<Historia cientifica vs. Historia de combate en la antesala de la Guerra Civil>>, Studia Historica. Historia Contemporanea, no. 32, 2014, pp. 75-94; <<Entorn del revisionisme sobre la Segona Republica>>, L'Avenc, no. 399, marc. 2014, pp. 5-6; <<De leyenda rosa e historia cientifica: notas sobre el ultimo revisionismo de la Segunda Republica>>, Cahiers de civilisation espagnole contemporaine, no. 1, 2015, publicacion on line, y <<El giro ideologico en la historia contemporanea espanola: 'Tanto o mas culpables fueron las izquierdas'>>, en Forcadell, C. et al. (eds.), El pasado en construccion. Revisionismos historicos en la historiografia contemporanea, Zaragoza, 2015, pp. 303-338. La cita entrecomilladas, en Cabiers ...

(3.) Me refiero, entre otras iniciativas citadas mas abajo, al encuentro Batallas por la Historia: los caminos de los revisionismos, Jaca 5 y 6 de julio de 2012, dirigido por los historiografos Carlos Forcadell e Ignacio Peiro, embrion del El pasado en construccion... (comillas en p. 10). En la presentacion del monografico donde se inserta el articulo de Robledo, Angel Vinas nos atribuye a los aludidos la busqueda <<de reconocimiento ideologico y crematistico, ya que el academico parece un tanto magro por mucho que se autoproclame como vision cientifica>>. (Studia Historica. Historia Contemporanea, no. 32, pp. 48-49). Tales palabras se califican por si solas. El profesor Vinas, experto en la Republica en guerra, no acredita ninguna investigacion de calado sobre la historia politica de la Republica en paz.

(4.) Esta posicion la he defendido antes en otros dos textos: Cf del Rey Reguillo, Fernando: <<Revisionismos y anatemas. A vueltas con la II Republica>>: Historia Social, no. 72, 2012, pp. 155-172 y <<Mistificaciones y tabues o el dificil arte de la renovacion historiografica>>, Historia del Presente, no. 21, 2013, pp. 145-159.

(5.) La obsesion por asentar la verdad incontestable frente al <<canon franquista>>, supuestamente resucitado, en Vinas, A.: <<The endurance of Francoist myths in democratic Spain>>, International Journal of Iberians Studies, vol. 25 (3), 2012, pp. 201-214; Vinas, A. et al.: <<Puntualizaciones sobre Paracuellos>>, El Pais, 21-IX-2012 y el epilogo recogido en Vinas, A. (ed.): En el combate por la Historia. Barcelona, 2012, pp. 903-941, escrito por el propio editor y por Alberto Reig Tapia.

(6.) Asimilacion de <<revisionismo>> y franquismo, en Espinosa Maestre, F.: El fenomeno revisionista o los fantasmas de la derecha espanola. Badajoz, 2005. Su aplicacion a la ligera, implicita o explicita, a los mismos autores que critica Robledo, en una resena de Ealham, Ch. en el Journal of Contemporary History, 2013 y otra de Quiroga, A. en European History Quarterly, 2013. Ambos solo reflejan su sorprendente desconocimiento de las tesis franquistas, o, en su defecto, la manipulacion de los estigmatizados, que nada tienen que ver con neofranquismo alguno.

(7.) Todas las comillas, en Gonzalez Calleja, E.: <<La historiografia sobre la violencia politica en la Segunda Republica espanola: una reconsideracion>>, Hispania Nova, 2013. El subrayado es mio. Es la misma tesis que se aprecia en mi Paisanos en lucha, 2008 y en los textos que publique en Historia Social e Historia del Presente. Cabe apuntar que Gonzalez Calleja, previa invitacion, tambien participo en Palabras como punos. La intransigencia politica en la Segunda Republica Espanola. Madrid, 2011, volumen colectivo que pasa por ser una de las obras seminales del supuesto <<giro ideologico>> <<neorevisionista>>. Calleja desarrollo a la perfeccion los presupuestos metodologicos que nos dimos todos.

Palabras recibio los parabienes de muchos historiadores prestigiosos. Cf. de Blas, A. en Babelia. El Pais, 16 de abril de 2011, p. 10; Julia, S.: <<La diseccion interminable de la Guerra Civil>>, Babelia. El Pais, 23-VII-2011, p. 10; Malefakis, E.: <<Alguna bibliografia reciente sobre la Guerra Civil espanola>>, Revista de Occidente, no. 382, marzo 2013, pp. 102-104; Moradiellos, E.: <<La Segunda Republica: entre la fiesta popular y la ruptura belica>>, Revista de Libros, no. 180, diciembre 2011; Darde, C. en La Aventura de la Historia, no. 158, octubre 2011, pp. 90-91; Sanchez Jimenez, J. resena en Sociedad y Utopia. Revista de Ciencias Sociales, no. 38, diciembre 2011, pp. 295-308; Canal, J. en El Imparcial, 19-IX-2011 y en Ricerche di Storia Politica, Anno XIV, no. 3, diciembre 2011, pp. 376-377, etc. Juan Pablo Fusi manifesto en publico que este libro <<deberia ser de lectura obligatoria>> para todos aquellos que quieran entender lo que fue la Republica (en el Circulo de Bellas Artes de Madrid el 25 de mayo de 2011). Se podrian reproducir otros muchos comentarios elogiosos, pero no es el caso.

(8.) En una carta al editor del European History Quarterly, de noviembre de 2013, el profesor Alvarez Tardio y yo pedimos que Alejandro Quiroga se retractara publicamente por habernos acusado de sostener tesis proximas a la historiografia franquista. Como le advertimos, en otro pais tal tergiversacion podria haber comportado ir a los tribunales. Pero esa retractacion nunca llego. En Espana parece que calumniar sale gratis. Ninguno de los dos hemos defendido nunca el golpe de Estado de 1936 ni la dictadura de Franco. Otra cosa es que hayamos analizado las aristas conflictivas de la primera mitad de los anos treinta y las logicas de exclusion que las nutrieron. Todo ello dejando bien claro que el factor decisivo que produjo el estallido de la guerra fue el golpe citado. Nada tiene que ver esta interpretacion con la vulgata franquista. Como historiador, Quiroga deberia saber distinguir algo tan elemental.

(9.) Sorprende <<el giro>> experimentado por Robledo en su valoracion del hispanista Edward Malefakis, practicamente un icono intocable para el hasta ayer como quien dice, tras una resena del norteamericano en Revista de Occidente, no. 382 (2013). En 2011, Robledo dio un respaldo entusiasta a Malefakis tras una tribuna sobre <<revisionismo>>, en la que el objetivo principal era contrarrestar una opinion critica de su amigo S. G. Payne sobre la Republica (El Pais, 12.VI.2011). Al respecto escribio Robledo: <<Es todo un acierto ver en El Pais a Malefakis, E. autor de la Reforma agraria y revolucion campesina que sigue inspirando a los historiadores y de la que se cumplen ahora 40 anos. Es oportuna su consideracion del neorrevisionismo que gana en Espana cada vez mas adeptos [...] Esta version supuestamente remozada de la historia quiere distinguirse de la corriente que Malefakis denomina 'franco-moaismo', pero tambien de la historia militante [...]>> (ElPais, 16.11.2011). En la resena de Revista de Occidente Malefakis se mostraba indulgente con Moa (algo ciertamente incomprensible). Pero, quizas, lo que mas desconcerto a Robledo fue constatar las alabanzas que el historiador norteamericano dedico a Palabras como punos. De un plumazo, una voz tan autorizada descabalo toda su escalada contra los <<revisionistas>>.

(10.) Mi curriculum esta accesible en http://www.ucm.es/data/cont/media/www/pag-293287/frr. pdf.

(11.) Literalmente he escrito que a <<las izquierdas>> <<les cupo un mayor grado de responsabilidad>> en la violencia y la exclusion entre 1931-1934 y en la primera mitad de 1936. No es lo mismo que senalar <<culpables>>, como distorsiona (!y entrecomilla!) Robledo para luego acusarme de <<judicializar la historia>>. Ver Historia Agraria, no. 54, 2011, pp. 242-243.

(12.) Aunque no ha sido el unico de los tildados de <<revisionistas>> en hacerlo, el autor que, junto con Enrique Moradiellos, mejor ha evaluado desde un punto de vista academico la obra de Pio Moa ha sido Pedro Carlos Gonzalez Cuevas, otro de los historiadores salpicado por los polemistas, bien es verdad que el no se ha privado de atizar el fuego. Cfr. sus articulos en El Catoblepas.

(13.) Alvarez Junco, J. y Perez Ledesma, M.: <<Historia del movimiento obrero ?una segunda ruptura?>>, Revista de Occidente, no. 12, 1982, pp. 19-42.

(14.) El subrayado es mio. Arostegui, J., Gonzalez Calleja, E. y Souto, S.: <<La violencia politica en la Espana del siglo xx>>, Cuadernos de Historia Contemporanea, no. 22, 2000, pp. 69 y 71. Ver tambien Arostegui, J.: <<Conflicto social e ideologias de la violencia, 1917-1936>>. En: Garcia Delgado, J. L. (ed.): Espana, 1898-1936. Estructuras y cambio, Madrid, 1984, pp. 309-343 e Id.: <<El insurreccionalismo en la crisis de la Restauracion>>. En: Garcia Delgado, J. L. (ed.): La crisis de la Restauracion. Madrid, 1986, pp. 75-100; Ucelay-Da Cal, E. y Tavera Garcia, S.: <<Una revolucion dentro de otra: la logica insurreccional en la politica espanola, 1924-1934>>. En: Arostegui, J. (ed.): Violencia y politica en Espana. Ayer, no. 13, 1994, pp. 115-146.

(15.) Arostegui, J.: <<Introduccion>>. En: La militarizacion de la politica durante la II Republica, dossier de la revista Historia Contemporanea, no. 11, 1994, p. 18.

(16.) Cf. el infame libelo anonimo que circulo en 1993 a impulsos, en este caso, de la historia militante catalanista: Henry Ucelay Da Cal i Borja de Riquer, historiadors al servei del nacionalisme espanyol.

(17.) De la memoria historica no tengo hueco para opinar aqui. Remito al autor con el que me identifico plenamente, JuliA, S.: Elogio de historia en tiempo de memoria. Madrid, 2011.

(18.) Si algo demuestra el impecable estudio de Roberto Villa sobre las elecciones de 1933 es que, bajo un gobierno de concentracion republicana, fueron las mas limpias y democraticas de la historia de Espana hasta ese momento (y mas tambien que las de febrero de 1936): La Republica en las urnas. El despertar de la democracia en Espana, Madrid, 2011.

(19.) Como excelente introduccion, vease el estado de la cuestion de Radcliff, P.: <<La transicion democratica desde una perspectiva comparada>>. En: Townson, N. (dir.): ?Es Espana diferente? Una mirada comparativa (siglos xixy xx). Madrid, 2010, pp. 214-279.

(20.) Cf Forcadell, C. y Peiro, I.: El pasado en construccion..., pp. 11-15, ejemplo de censura antologica amparada en un lenguaje impropio de historiadores que se tildan de academicos y democratas.

(21.) Por ejemplo, cuando define <<el regimen surgido de la Constitucion de 1978>> como <<una democracia controlada por elites neoliberales>> (op. cit., p. 362). Ya se sabe: Adolfo Suarez, Felipe Gonzalez, Alfonso Guerra, Santiago Carrillo, Manuel Fraga... grandes <<neoliberales>> todos ellos. Lo mismo ocurre cuando encuadra de forma reduccionista al espanol Juan Jose Linz y su impresionante y poliedrico legado entre <<los funcionalistas conservadores norteamericanos>> [sic] y al historiador Michael Seidman como <<neoliberal>>, cuyas <<teorias>> [sic] califica de <<un tanto estrafalarias y tremendamente presentistas>>, dirigidas a mostrar <<una cara mas amable del franquismo>> (pp. 354, 359-360). Este galimatias conceptual ya se advirtio en su tendencia a forzar la osmosis entre las dictaduras militares <<cristianas>> [sic] de entreguerras y el fascismo: <<Miedo de clase y dolor de patria. Las dictaduras contrarrevolucionarias en la Guerra Civil Europea (1917-1945)>>. En: Navajas Zubeldia, C. e Iturriaga Barco, D. (eds.): Novisima. Actas del II Congreso Internacional de Historia de Nuestro Tiempo. Logrono, 2010, pp. 19-38.

(22.) J. P. Fusi escribio que la obra de Pipes, R.: The Russian Revolution, 1899-1919. Londres, 1990, era <<el mejor libro sobre el tema>> (Fusi, J. P.: Manual de Historia Universal. 8. Edad Contemporanea 1898-1939. Madrid: Historia 16, 1997). Pero ya se sabe, como nos advierte el critico, Fusi reivindica a Ranke...

(23.) La logomaquia deconstructivista patria, en Izquierdo Martin, J. y Sanchez Leon, P.: La guerra que nos han contado. 1936y nosotros. Madrid, 2006, autores que, hasta donde yo se, no han investigado nada sobre la Espana del periodo de entreguerras buceando en fuentes primarias. ?Para que molestarse en investigar si todo relato se elabora a partir de valores propios del presente y nuestros ancestros son <<personas extranas, ajenas a nuestros marcos de referencia actuales>>?

(24.) No deja de resultar ironico que el historiador britanico afirmara, en el contexto de los anos treinta, que el bando republicano en la guerra civil espanola no encarnaba el ideal democratico-liberal, algo que califico de <<falacia>>. En cambio, se mostro partidario del apaciguamiento con Hitler y favorable a la expansion de Alemania por la Europa del sudeste, como compensacion al dano infligido a ese pais en el Tratado de Versalles: Haslam, J.: E. H. Carr. Los riesgos de la integridad. Valencia, 2008, pp. 96, 102-103 y 116-118.

(25.) Cf. Fontana, J.: Historia: analisis del pasado y proyecto social. Barcelona, 1982, y Canal, J.: La historia es un arbol de historias. Zaragoza, 2014, pp. 47-52.

(26.) Vilar, P.: Sobre 1936y otros escritos. Madrid, 1987, que recoge su prologo a las obras completas de Stalin (pp. 55-60) y su introduccion a los Escritos de Elena Odena, dirigente del PCE (m-l) (pp. 61-63).

(27.) de la Granja, J. L. et al.: Tunon de Lara y la historiografia espanola. Madrid, 1999. Un pequeno homenaje personal a la generacion de los congresos de Pau, en del Rey, F.: <<De un Madrid republicano y conflictivo>>. En: Alvarez Junco, J. y Cabrera, M. (eds.): La mirada del historiador. Un viaje por la obra de Santos Julia. Madrid, 2011, pp. 78-79.

(28.) Lo cual, mas alla de las discrepancias y aciertos en su critica a J. M. Macarro, no le resta valor global al magnifico libro de este: Socialismo, Republica y revolucion en Andalucia (1931-1936). Sevilla, 2000.

(29.) Cotarelo, R.: <<?Son necesarios los partidos politicos en la democracia>>, Razon Espanola, no. 53, 1992, pp. 299-313.

(30.) Cf. Arostegui, J.: Los combatientes carlistas en la Guerra Civil espanola (1936-1939). Madrid, 1991. Articulos, en Aportes, no. 8 (junio 1988); y no. 11 (Octubre 1989).

(31.) El critico no opina igual al mirar a la Republica: <<Queramoslo o no, estamos empenados en la batalla de la historia que ha de quedar>>. Seguramente se inspira en Espinosa Maestre, F.: <<La represion franquista: un combate por la historia y por la memoria>>. En: Id. (ed.): Violencia roja y azul. Espana, 1936-1950. Barcelona, 2010, pp. 17-78 y <<La guerra en torno a la historia que ha de quedar>>, Hispania Nova, no. 10, 2012.

(32.) Quiroga, op. cit., p. 351. De Revolucion elegante habla R. Cruz en su ultimo libro (Madrid, 2014) para referirse a lo de 1931. Personalmente, no me atrae el termino, aunque lo utilizaran los contemporaneos. Creo que es mas adecuado definir ese momento historico como <<ruptura>>, no como <<revolucion>>.

(33.) Arostegui, J.: <<De la Monarquia a la Republica: una segunda fase en la crisis espanola de entreguerras>>. En: Morales Moya, A. y Esteban, M. (eds.): La Historia Contemporanea en Espana. Salamanca, 1996, pp. 155-158. Esta posicion la mantuvo el profesor granadino hasta el final de sus dias. Vease Arostegui, J.: <<Una izquierda en busca de la revolucion [El fracaso de la segunda revolucion]>>. En: Sanchez Perez, F. et al.: Los mitos del 18 de Julio, Barcelona, 2013, pp. 189 y ss. Cf igualmente Alvarez Tardio, M.: El camino a la democracia en Espana, 1931-1978. Madrid, 2005.

(34.) Ver tambien Arostegui, J.: Por que el 18 de julio ... y despues. Barcelona, 2006.

(35.) Ucelay-Da Cal, E.: <<Buscando el ...>>, art. cit., pp. 49-80.

(36.) Gil Vico, P.: <<Violencia en la guerra civil y equidistancia: argumentos para no sucumbir al embrujo irresistible del punto medio>>, Hispania Nova, no. 10, pp. 522 y ss. El subrayado es mio.

(37.) Hasta el momento presente, se ha documentado con el maximo rigor y exhaustividad posibles que entre el 17 de febrero y el 16 de junio de 1936 fueron incendiados, total o parcialmente, al menos 325 edificios religiosos; otros 416 resultaron asaltados y/o saqueados, contabilizandose otros 129 atentados y conatos de incendio y asalto tambien contra ese tipo de edificios; por ende, fueron derribados y/o destruidos 56 monumentos religiosos; ademas se registraron 31 agresiones contra el personal (tambien religioso) que los custodiaba. Cf. el modelico estudio (y su impresionante aparato estadistico) de Alvarez Tardio, M. y Villa, R.: <<El impacto de la violencia anticlerical en la primavera de 1936 y la respuesta de las autoridades>>, Hispania Sacra, LXV, no. 132, 2013, pp. 683-764. Mas dificil resulta a partir de las fuentes cuantificar con precision los fieles catolicos de a pie objeto de agresiones en aquellos meses, que sin duda fueron muchos mas.

(38.) Cf. Ibid. Tambien del Rey, F.: Paisanos en lucha. Exclusion politica y violencia en la Segunda Republica. Madrid, 2008, pp. 511-520 y passim. Villa, R.: <<Violencia en democracia: las elecciones republicanas en perspectiva comparada>>, Historia y Politica, no. 29, 2013, pp. 247-267; Dionisio Vivas, M. A.: <<El estallido de la violencia anticlerical en la primavera de 1936>>, Toletana: cuestiones de teologia e historia, no. 28, 2013, pp. 297-353. Tambien, el estimable libro de Gonzalez Gullon, J. L.: El clero en la Segunda Republica. Madrid, 1931-1936. Burgos, 2011, autor del que desconfia Robledo (no se si lo ha leido) por su mera pertenencia al Opus Dei.

(39.) Salvando las muy distintas circunstancias, vease el esplendido trabajo de Lopez Romo, R. (con asesoramiento de L. Castells, J. A. Perez y A. Rivera): Informe Foronda. Los contextos historicos del terrorismo en el Pais Vasco y la consideracion social de sus victimas, 1968-2010. Vitoria, 2014 (editado en libro en 2015 por La Catarata), un modelo de como los historiadores pueden hacer muy bien su trabajo en el estudio de la violencia politica sin hipotecarse en situaciones politicas adversas.

(40.) Ruiz Torres, P.: <<La controversia de los historiadores sobre la memoria historica en Espana>>, El pasado en construccion ..., p. 90 y passim.

(41.) En su brillante balance sobre la Republica en guerra dirigido a un publico no especializado, Carlos Gil Andres es de los historiadores que mejor perfila y sintetiza la dimension de la violencia politica en la primavera de 1936, aunque en mi opinion se equivoca, cuantitativa y cualitativamente, al afirmar que la conflictividad social <<no se diferenciaba demasiado de la producida en el periodo 1931-1933>>. Vease Gil Andres, C.: Espanoles en guerra. La guerra civil en 39 episodios. Barcelona, 2014, pp. 4-9.

(42.) del Rey, F. (dir.): Palabras como ..., pp. 36-37 y 41.

(43.) Celebro que, tras la reciente publicacion de un manual sobre la Republica, sus autores hagan suyo--como si fuera novedoso--algo que otros venimos practicando hace tiempo, y que en realidad es muy antiguo: <<destacan el hecho de que por primera vez [sic] se aborda en si misma, emancipada de su dramatico desenlace>> (El Pais, 4.06.2015): Gonzalez Calleja, E. et al.: La Segunda Republica. Barcelona, 2015. Tal reivindicacion la planteo y la siguio S. Julia hace 35 anos, siendo continuado por otros: <<Segunda Republica: por otro objeto de investigacion>>. En: Tunon de Lara, M. y otros: Historiografia espanola contemporanea. Madrid, 1980, pp. 295-296 y ss.

(44.) Linz, J. J.: Obras escogidas. 7 vols., Madrid, 2008-2013.

(45.) Aqui nadie ha ignorado a Sanjurjo y sus conspiraciones, como apunta el critico, sino que se ha buceado en sus propios papeles, cosa no muy habitual. V. del Rey, F.: <<Percepciones contrarrevolucionarias. Octubre de 1934 en el epistolario del General Sanjurjo>>, Revista de Estudios Politicos, no. 159, 2013, pp. 77-105.

(46.) Vease Sanchez Perez, Francisco: <<Las reformas de la primavera del 36 (en la Gaceta y en la calle)>>, en Id. (ed.): Los mitos del 18 de Julio ... op. cit., pp. 291 ss.

(47.) Alvarez Tardio, M. y Villa, R.: <<El impacto de la violencia anticlerical...>>, art. cit.

(48.) Cf. las cifras de Gonzalez Calleja, E.: <<La necro-logica de la violencia sociopolitica en la primavera de 1936>>, Melanges de la Casa de Velazquez, no. 41, 2011, pp. 37-60, y Alvarez Tardio, M.: <<The Impact of Political Violence in the Spanish General Elections of 1936>>, Journal of Contemporary History, no 48 (3), 2013, pp. 446-462.

(49.) Blazquez Miguel, J.: Espana turbulenta. Alteraciones, violencia y sangre durante la II Republica. Madrid, 2009. Sumo las cifras de este autor con las de Alvarez Tardio.

(50.) Cf. tambien Macarro, J. M., op. cit.; Cruz, R.: En el nombre del pueblo. Madrid, 2006; Riesco, S.: La reforma agraria y los origenes de la Guerra Civil (1931-1940). Madrid, 2006 y Ranzato, G.: El gran miedo de 1936. Madrid, 2014. Como estudio local-provincial tipo: del Rey, F.: Paisanos en lucha ..., op. cit. Sanchez Perez, F., op. cit., pp. 293-294, con una lectura sui generis de los datos de G. Calleja, indica de forma equivoca que casi 2/3 de las victimas (de las que se tienen datos sobre la autoria de su muerte) fueron asesinadas por derechistas <<y>> fuerzas de orden publico, hilando ambos actores como si fueran lo mismo.

(51.) Arostegui, J.: Por que el 18 de julio..., pp. 230-246 (cit. en 241-242). La cursiva es mia.
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Author:Del Rey, Fernando
Publication:Studia Historica. Historia Contempranea
Article Type:Report
Date:Jan 1, 2015
Words:14510
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