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Politicas de la memoria y politicas del olvido en Europa central y oriental despues del fin de los sistemas politicos comunistas.

Memory politics and oblivion politics in Central and Eastern Europe after the end of communist political systems

Memorias divididas

Las reflexiones aqui propuestas parten de la constatacion de que existe una division profunda, en el campo de la memoria, entre la Europa occidental y la Oriental. En la primera, la memoria devenida emblematica y que sirve como punto de referencia y de comparacion para las otras memorias, es la de la Shoah, (1) mientras que en la Europa centro-oriental la memoria dominante es la del comunismo; respecto a esta, la memoria de la Shoah se ubica en una segunda posicion, y ademas es, a menudo, considerada como una competidora desagradable. Cualquiera que sea la manera en la cual se la defina--fractura, asimetria, desfasaje, no correspondencia-, la diferencia entre las dos culturas memoriales dominantes en Europa es a menudo fuente de malentendidos y de incomprensiones. La Europa occidental pretende, de hecho, que tambien los paises ex comunistas acepten su jerarquizacion memorial, al apice de la cual se situa la memoria de la Shoah, y sostiene que esta ultima no es debidamente considerada por ellos. Por el contrario, en el Este hay una opinion difundida de que la Europa occidental, con su insistencia exclusiva en la Shoah, no toma suficientemente en cuenta los sufrimientos soportados por culpa del comunismo. El ingreso a la Union Europea de la gran mayoria de los paises ex comunistas no ha borrado estas diferencias, que reflejan las historias profundamente diversas que vivieron las dos partes de Europa despues de 1945 (Zhurzhenko, 2007).

Entre las repercusiones que el fin de los sistemas politicos comunistas produjo en el campo de la memoria nos interesan aqui, principalmente, las relacionadas con las politicas de memoria (y de olvido) implementadas por los gobiernos post-comunistas, y mas en general, los usos politicos del pasado en las sociedades post- comunistas: interesa, por tanto, ver como estas sociedades se confrontan con su pasado, como lo reinterpretan y lo narran en los manuales de historia, en los museos, en las conmemoraciones, a traves de monumentos, etc. En este sentido, entendemos por "politicas de la memoria" el conjunto de decisiones tomadas y las iniciativas implementadas por los poderes publicos, en especial por los gobiernos, para construir, transmitir y aceptar una cierta vision del pasado, con el objetivo de influir en la formacion de la identidad colectiva y, en particular, en la identidad nacional. Estas politicas son por definicion selectivas, en tanto eligen y valorizan determinados aspectos del pasado, que consideran como particularmente significativos y dignos de ser recordados, y dejan, por el contrario, en la sombra, voluntaria o involuntariamente, otros aspectos, que se consideran menos relevantes o negativos. En este sentido, son tambien, al mismo tiempo, politicas del olvido, ya que la seleccion hecha por estos excluye inevitablemente del territorio de la memoria publica una parte del pasado. A traves de las politicas de la memoria, el pasado, que como tal no puede ser modificado, es reinterpretado y resignificado en funcion de los problemas y de las preocupaciones del presente: desde este punto de vista, este se presenta como una materia maleable, al cual las politicas de la memoria le dan la forma deseada. En cada sociedad existe una multiplicidad de memorias, a menudo en conflicto entre ellas, puesto que la memoria nunca es un terreno neutro. Como escribe Remo Bodei,
   La memoria y el olvido no representan [...] terrenos neutrales,
   sino verdaderos campos de batalla, en los cuales se decide, se
   modela y se legitima la identidad, especialmente la colectiva. A
   traves de una serie ininterrumpida de luchas, los contendientes se
   apropian de su propia cuota de herencia simbolica del pasado,
   obliteran o enfatizan algunos aspectos a expensas de otros,
   componiendo un claroscuro relativamente adecuado a las exigencias
   mas sentidas del momento. (1995: 38)


En este campo de batalla se oponen, tambien, interpretaciones divergentes u opuestas del pasado, cada una de las cuales aspira a ser reconocida y a transformarse en la memoria dominante en el espacio publico. Las luchas por la memoria son, por tanto, de naturaleza esencialmente politica. Las politicas de la memoria responden a preocupaciones, demandas y objetivos del presente, y por tal motivo no informan mas sobre el presente de una sociedad que sobre de su pasado. Los olvidos, los silencios, las paginas en blanco o las remociones, son tan importantes y significativos como lo que oficialmente se recuerda. El olvido al cual nos referimos aqui es esencialmente el voluntario. Sin embargo, Bodei nos recuerda que

El olvido no representa solo una forma de damnatio memoriae etde amnesia- amnistia del pasado. No consiste en una "rasura" efectiva o simbolica de los nombres, de las fechas o de las circunstancias, tal como se hacia en los epigrafes romanos, o en una privacion pura y simple de los recuerdos. Depende tambien, de manera positiva, de la disminucion de las energias que (activamente) plasman y (pasivamente) sostienen y conservan la memoria historica y el sentido de pertenencia a una comunidad. [...] El olvido es producido por la caida y por la retraccion de las fuerzas que mantienen en vida, legitimando y difundiendo las memorias y las creencias compartidas. (Bodei, 1995: 33-ss)

La transicion politica en Europa central y oriental fue, a menudo precedida, acompanada y seguida por una fuerte movilizacion de la memoria. Anteriormente, la memoria habia representado en estos paises un importante terreno de resistencia y de lucha contra la dictadura comunista. Se trataba, a menudo, de memorias latentes, aparentemente desaparecidas pero listas para resurgir en la primera ocasion, y con ello permitirle a una nacion o a un grupo "recobrar la identidad propia, incluso despues de un largo parentesis de opresion y de los intentos de los adversarios por borrarla, manipularla, falsearla o apropiarsela" (Bodei; 1995: 40). En este sentido, es particularmente significativo el ejemplo de Polonia, donde en 1980-1981 el movimiento Solidarnosc logro movilizar eficazmente la memoria de las revueltas obreras de 1956, 1970, 1976 y de sus sangrientas represiones (Baczko, 1984; Wajda, 1977 y 1981). En un interesante articulo sobre este tema, Bronislaw Baczko, sostiene que una de las principales reivindicaciones de los huelguistas atrincherados en los astilleros de Gdansk tenia que ver con la construccion de un monumento a las victimas de la represion de 1970 en el litoral del Baltico. Junto a las reivindicaciones materiales, la lucha se situaba tambien en el terreno simbolico: establecia un vinculo directo con las luchas de hace diez anos, rompia el silencio impuesto y reivindicaba las victimas de entonces.

Los monumentos--escribe Baczko (1984)--ciertamente conmemoran a las victimas y a los martires, pero el hecho mismo de que estos monumentos existan, que, finalmente, se erijan, es vivido como una victoria sobre las derrotas del pasado, como una garantia de que estas no podran nuevamente producirse. Los fracasos y las derrotas pasadas se transforman, asimismo, en simbolos que anuncian la victoria final, consolidando la esperanza en el futuro (p.227). (2)

En los paises balticos (Estonia, Letonia y Lituania), que al final de 1991 todavia hacian parte de la Union Sovietica, la lucha por la reconquista de la independencia nacional fue dirigida, en el contexto favorable creado por la perestroika de Gorbachov, en gran parte en el terreno de la memoria y esta fue fuertemente estimulada por el ejemplo de los otros paises este-europeos, donde, en 1989, las tropas sovieticas no habian intervenido para salvar los regimenes comunistas locales. En Hungria, la memoria de la revolucion de 1956 desempeno un papel importante en el proceso de transicion a la democracia: en junio de 1989 los solemnes funerales de Imre Nagy, figura principal de la revolucion hungara, signaron simbolicamente el reconocimiento oficial de aquella memoria, hasta entonces calumniada y reprimida.

En todos estos casos, la lucha por la memoria permitio establecer un contacto directo entre diferentes generaciones y trasmitir, a las mas jovenes, experiencias y recuerdos de las generaciones anteriores. En todas partes la memoria fue utilizada por los movimientos disidentes y de oposicion para acelerar el fin de los sistemas comunistas. Con la desaparicion de estos ultimos, tambien la memoria oficial comunista, que habia monopolizado, hasta entonces, el espacio publico, conocio un rapido eclipse, mientras que las instituciones que se encargaban de elaborarla y de trasmitirla comenzaron a desaparecer, empezando por los Institutos de Marxismo-Leninismo. En el caso de Hungria, los principales fundamentos de la memoria oficial fueron desmantelados cuando, por el lado comunista, se reconocio oficialmente que la insurreccion de 1956 habia sido una revuelta popular y no una contrarrevolucion, y que la invasion a Checoslovaquia, por parte de las tropas del pacto de Varsovia en agosto de 1968, habia sido un grave error. De esta manera fue destruida la legitimidad de los regimenes instaurados por los tanques sovieticos: la historia tenia que ser completamente reescrita.

Finalizado el monopolio comunista, otras memorias, hasta ahora marginadas o reducidas al silencio, han resurgido con fuerza y han ocupado el espacio publico, en el marco de una redistribucion general del capital simbolico, con la desvalorizacion de todo lo comunista, o asociado con el comunismo, y la valorizacion de todo lo anticomunista. Los simbolos del regimen pasado fueron eliminados y sustituidos por otros que evocan a las victimas del regimen, a las persecuciones sufridas y a la resistencia a la dictadura, o bien acontecimientos o personalidades del pasado nacional precomunista, hasta entonces excluidos de la memoria oficial. La toponimia fue profundamente modificada: los nombres de las calles, de las plazas, de los edificios publicos, que hacian referencia al comunismo fueron sustituidos por otros, mas en sintonia con los nuevos valores y con las nuevas interpretaciones del pasado. En ciertos casos, ciudades enteras cambiaron sus nombres, abandonando aquellos que habian sido atribuido en la epoca comunista y reencontrando los que tenian anteriormente, como Chemnitz, en Alemania oriental, que habia sido transformada en Karl-Marx- Stadt en 1953, y que retomo, en 1990, su nombre original. (3) Tambien el vocabulario politico cambio: los adjetivos "socialista" y "popular", por ejemplo, desaparecieron de los nombres oficiales de varias republicas, convertidas, ahora, en republicas tout court, sin otra cualidad que la geografica. Las expresiones propias del lenguaje comunista tambien cayeron en desuso.

Los cambios fueron particularmente visibles en el caso de los monumentos. Aquellos que celebraban figuras o episodios del pasado comunista fueron, generalmente, demolidos o removidos, como sucedio, por ejemplo, con la gigantesca estatua de Lenin, del escultor sovietico Nikolai Tomski, que sobresalia en una gran plaza en Berlin del Este, esta tambien rebautizada (de Plaza Lenin a Plaza de las Naciones Unidas) (Robin, 2001). En algunos casos, numerosos ejemplares de la estatuaria sovietico- comunista, despues de haber sido removidos, fueron reagrupados y situados en parques, transformados en un nuevo tipo de atracciones turisticas (Losonczy, 1999 y 2006). Cabe recordar, que tambien en la epoca comunista ya se habia asistido a la remocion o a la destruccion de monumentos dedicados a personalidades comunistas caidas en desgracia. Despues del XX congreso del Partido comunista sovietico, durante el cual, el secretario del partido Nikita Krushcev denuncio en una sesion secreta los crimenes de Stalin, fueron eliminados muchos monumentos del difunto dictador, tanto en la Union Sovietica como en los otros paises del bloque sovietico. En Praga, por ejemplo, el gigantesco monumento a Stalin inaugurado en 1955, sobre la colina que domina la capital checa, fue demolido en 1962 y solo quedo de este su pedestal. En Budapest, la estatua de Stalin, tambien enorme, inaugurada en 1951 fue abatida en octubre de 1956 por los insurrectos hungaros, quienes dejaron intactas solo las botas de la estatua sobre el pedestal, ahora, vacio (Sinko, 1992; Gamboni, 1997; Michalski, 1998). (4) Despues del final del comunismo, los nuevos monumentos, que sustituyeron a los removidos, evocan episodios o figuras de una historia del todo distinta a la que era narrada y celebrada anteriormente: ahora se narran las persecuciones de la epoca comunista, las revueltas, las deportaciones o las luchas por la independencia nacional. Los monumentos de la epoca comunista no fueron las unicas victimas de los cambios politicos acaecidos a partir de 1989; tambien fueron demolidos edificios enteros, dotados de un enorme valor simbolico, como por ejemplo el Palacio de la Republica en Berlin del Este (Holfelder, 2008; Ladd, 1997). (5)

Las politicas de la memoria de los gobiernos postcomunistas proponen interpretaciones del pasado radicalmente distintas a las que predominaban antes de 1989. En todas partes, nuevas narrativas historicas han sustituido a las de la epoca comunista, ahora desacreditadas (Anthoi, Trencsenyi & Apor, 2007). La principal novedad es que, en el nuevo contexto politico, ya no existe mas una memoria unica, con capacidad de monopolizar el espacio publico y de excluir a todas las otras memorias, ni un modelo narrativo unico de referencia, como era el sovietico para los paises del bloque homonimo. Ahora, cada pais narra y pone en escena su propia historia sin necesidad de plegarse a esquemas impuestos desde el exterior. Existen, sin embargo, algunas analogias entre las distintas narrativas, tambien porque todas estas se refieren a una experiencia comun que fue la del comunismo. Cambios importantes tambien se han dado en el campo de la historiografia propiamente dicha (Kopecek, 2008), pero exceden el marco del presente articulo. No obstante, hay que subrayar que una de las principales novedades del postcomunismo fue la apertura de archivos hasta entonces inaccesibles. La practica estalinista del secreto, inaugurada en la Union Sovietica de los anos treinta y luego extendida por todo el mundo comunista, tuvo como consecuencia directa la inaccesibilidad de numerosos archivos, comenzando por los del partido comunista y, con ello, la imposibilidad, para los historiadores, de consultar fuentes indispensables para su propio trabajo. Sometida a un estricto control ideologico, la escritura de la historia estaba destinada, esencialmente, a legitimar el poder comunista. El final de este control y la apertura de los archivos despues de 1989 (o despues de 1991, en el caso de Rusia) crearon las condiciones para que pudiera desarrollarse una investigacion historica independiente y basada realmente en las fuentes. Esta verdadera "revolucion archivistica" fue particularmente importante para la historiografia del comunismo.

Una de las iniciativas mas significativas en el marco de las politicas de la memoria postcomunistas fue la creacion de nuevos museos de historia contemporanea, dedicados especificamente al periodo comunista y que llamaremos, para simplificar, museos del comunismo, aunque las denominaciones oficiales son diversas de un pais a otro (Apor & Sarsikova, 2008). Ademas, han surgido nuevas instituciones publicas, encargadas de salvaguardar y transmitir la memoria del pasado reciente, generalmente entendido como el periodo comprendido entre el inicio de las Segunda Guerra Mundial y el fin de los regimenes comunistas. Un ejemplo significativo es el del Instituto de la Memoria Nacional, creado por el Parlamento polaco en diciembre de 1998 (Tonini, 2008 y 2013) y que sirvio de modelo para otros paises ex comunistas. Como lo demuestra la multiplicacion de este tipo de museos e instituciones, el comunismo es visto ahora como un fenomeno del pasado, pero cuyas consecuencias continuan sintiendose en el presente. La gran mayoria de la poblacion que lo experimento lo recuerda como una experiencia profundamente negativa y traumatica (aunque hay algunos que anoran algunos aspectos, como por ejemplo el pleno empleo). A esto se refieren las nuevas politicas de la memoria, que no son un elemento marginal o anecdotico, sino un aspecto importante, e incluso central, de la politica de estos paises. No obstante, al pasado comunista le quedan vinculados numerosos problemas que estas sociedades han debido enfrentar, entre ellos las reparaciones de las injusticias cometidas por los regimenes, el resarcimiento a las victimas, la restitucion de los bienes confiscados a sus legitimos propietarios, la depuracion de la funcion publica, la restructuracion de los servicios de seguridad, entre otros. La referencia al pasado fue, a menudo, instrumentalizada para desacreditar adversarios politicos con la acusacion de haber sido complices del regimen o de haber colaborado con la policia politica. Los archivos de los servicios de seguridad comunista son comunmente utilizados con este fin. Por lo tanto, en torno al pasado comunista se cruzan conflictos politicos, instrumentalizaciones de las partes, luchas por la memoria, pedidos de reparacion, olvidos selectivos y tentativas de reposicion de las identidades colectivas. A esta confrontacion con el pasado, generalmente dolorosa y dificil, es practicamente imposible sustraerse.

Analogias con la Segunda Guerra Mundial

Las politicas de la memoria (y del olvido) de la transicion postcomunista presentan varias analogias con las de muchos paises europeos despues de la Segunda Guerra Mundial. En ambos casos, se trataba de enfrentarse a un pasado traumatico y de construir un nuevo sistema politico y social redefiniendo las identidades colectivas: en tal proceso, la construccion de una memoria publica y de narrativas que conjugaban, en proporciones variables, verdades, mitos, remociones y olvidos, desempeno un papel fundamental. Por lo tanto, puede ser util detenerse en la experiencia posterior a 1945, puesto que esta permite comprender mejor las dinamicas memoriales ocurridas despues de 1989. Es necesario, ademas, evocar las practicas de los regimenes comunistas con respecto a la memoria y el olvido, porque las narrativas historicas elaboradas despues de 1989 se presentan, a menudo, como una imagen cambiada de las que anteriormente estaban en vigor.

En 1945, terminada la guerra, casi todos los paises europeos aspiraban a olvidar, y a hacer olvidar, ciertos aspecto de su pasado inmediato (Judt, 1992). (6) Durante la guerra, la mayor parte del continente europeo fue ocupado por los ejercitos alemanes, quienes implementaron politicas particularmente brutales, directamente o a traves de regimenes locales instalados por la Alemania nazista y controlados por ella. La poblacion de los paises ocupados reacciono a tal situacion de distintas maneras: una parte eligio el camino de la colaboracion con el ocupante, otras el de la resistencia, y otras mas, casi en su gran mayoria, trato de adaptarse y de encontrar un modus vivendi que les permitiese sobrevivir en espera de tiempos mejores. Las elites politicas tambien se dividieron entre colaboracionistas y resistentes, o bien, intentaron ganar tiempo. En muchos casos, estas divisiones desembocaron en sanguinarias guerras civiles, como tambien en sangrientas rendiciones de cuentas despues de la Liberacion. Tambien hay que agregar que el exterminio judio durante la guerra se llevo a cabo esencialmente en Europa oriental, y que en algunos paises ocupados una parte de la poblacion habia participado en ello, inclusive tomando ella la iniciativa--como en el caso de la masacre de los judios de Jedwabne, en Polonia, caso estudiado por Jan Gross (2001). Por lo tanto, casi todos los paises europeos tenian numerosas razones para optar por el olvido al final de la guerra. La reconstruccion de Europa despues de 1945 se efectuo, por tanto, sobre una doble base: por un lado, la remocion de los aspectos "incomodos" del pasado inmediato; y por el otro, la celebracion de los movimientos de resistencia en el marco de narrativas epico-patrioticas.

En este panorama general, Alemania representaba un caso sui generis, en la medida en que ella no habia conocido un movimiento de resistencia armada ni un levantamiento popular contra el regimen. Al final de la guerra los paises que habian sido sus aliados se encontraban, igual que Alemania, en el campo de los vencidos. En 1945 la responsabilidad de la guerra y de las destrucciones materiales y humanas por ella provocadas fueron unanimemente atribuidas a los alemanes, mientras que cada pais buscaba posicionarse al lado de los vencedores. Los ex aliados de Alemania hicieron todo lo posible para disociar su destino del de los alemanes, atribuyendo, a esta ultima tambien, la responsabilidad de crimenes que no habia cometido. Un caso emblematico fue el de Austria, quien consiguio presentarse como "la primera victima del nazismo" y hacer olvidar su participacion dentro de los crimenes nazis, a pesar de que gran parte de la poblacion austriaca acogio con entusiasmo la anexion a Alemania (y con ello, la perdida de la independencia nacional) en 1938 y que sus soldados combatieron con uniforme aleman durante la guerra (Uhl, 2001; Utgaard 2003; Pick, 2000). Consiguio tambien hacer olvidar que muchos austriacos habian sido miembros del partido nazi y que muchos criminales nazis eran austriacos. Otro caso interesante es el de Italia, quien participo en la guerra al lado de Alemania desde 1940 hasta 1943. Despues de la Liberacion, los gobiernos italianos, integrados por las fuerzas politicas que habian participado en la Resistencia, se esforzaron por olvidar este primer periodo de la guerra y de separar el destino del pais del de los fascistas, poniendo el acento sobre la importancia de la Resistencia y en el hecho de que los italianos contribuyeron, de manera notable, en su propia liberacion. En Francia, se busco olvidar el trauma de la derrota de 1940, el voto de los plenos poderes al Mariscal Petain, la Colaboracion, el antisemitismo autoctono de Vichy y el papel de la administracion francesa en la deportacion de los judios hacia los campos de la muerte.

Alemania se encontraba entonces en una posicion particularmente dificil, puesto que era objeto de una condena universal a causa de los crimenes del nazismo y porque no podia ni negarlos ni atribuirles la responsabilidad a otros paises. Esta vez la responsabilidad de la guerra pertenecia claramente a Alemania, y la derrota no podia ser atribuida a una "punalada en la espalda" como hicieron los nacionalistas alemanes inmediatamente despues de la Primera Guerra Mundial. Respecto a esta ultima, una gran diferencia era que esta vez los crimenes reprochados a Alemania no eran comparables a los cometidos por los otros beligerantes: de hecho, solo Alemania habia cometido un cierto tipo de crimenes, para los cuales fue, incluso, necesario crear terminos y conceptos--"crimenes de lesa humanidad", "genocidio"--que antes no existian. No obstante, la mayor parte de la poblacion prefirio considerase victima antes que responsable o complice: victima de la guerra, de los bombardeos aereos, de las expulsiones, de la violencia de los ejercitos sovieticos, etcetera (Schmitz, 2007; Moeller, 2005; Niven, 2006). En lugar de cuestionar las raices profundas del nazismo y el consenso del que este gozo en la sociedad alemana, se prefirio reducir el nazismo a un hitlerismo, como si la sociedad hubiese sido hechizada por la personalidad malefica de un dictador. Muchos se refugiaron en la idea de la imposibilidad practica de resistir a un regimen de terror que ejercia un control total sobre la sociedad. De esta manera, la mayoria de los alemanes evito, despues de la guerra, cuestionar sus propias responsabilidades por haber llevado a Hitler al poder y, posteriormente, por haber apoyado al regimen nazi.

Mientras esto sucedia en Alemania, en los otros paises se procedia rapidamente a la construccion de nuevos mitos fundadores (von Flacke, 1998). El principal fue el de la resistencia, presentada por las nuevas narrativas dominantes como un movimiento que habia involucrado al conjunto de la poblacion, mientras que eran ocultados otros aspectos, como la importancia de los fenomenos de colaboracionismo, no conformes con esta vision epico-heroica de la resistencia (Deak, Gross & Judt, 2000).

Despues de 1989

Una situacion, en algunos aspectos, analoga se verifico en la Europa central y oriental despues de la caida de los regimenes comunistas. Tambien en este caso el pasado, tanto reciente como lejano, fue reinterpretado a la luz de los nuevos valores dominantes, y fueron elaborados, siempre como respuesta a las preocupaciones del presente, nuevas narrativas, en las cuales el paradigma antifascista fue sustituido por el paradigma anticomunista. Para comprender cabalmente la nueva situacion, es necesario recordar que aquel paradigma preexistente estaba caracterizado por el monopolio de la memoria oficial comunista y por la exclusion de todas las otras memorias en el espacio publico. En los sistemas politicos comunistas, la memoria y la historia constituian un instrumento esencial de legitimacion del poder del partido, y por esta razon estaban sometidas a un estricto control. Posteriormente, la influencia dominante sovietica hizo que las narrativas nacionales, con relacion a la Segunda Guerra Mundial, se asemejaran todas, en cuanto a variaciones y adaptaciones locales en un unico modelo. La guerra fue presentada como una guerra antifascista, en la cual los diferentes pueblos habian resistido bajo la conduccion de los respectivos partidos comunistas y, con la ayuda decisiva de la Union Sovietica, habian conseguido triunfar sobre el nazismo y sus aliados. El antifascismo, en una version estrictamente comunista que excluia cualquier referencia a otras corrientes de este movimiento politicamente pluralista, fue el principal referente ideologico utilizado para la "construccion del socialismo" en la parte oriental de Europa, como tambien fue el fundamento de la legitimidad de los sistemas comunistas, que no disponian de la normal legitimidad democratica derivada de la obtencion de una mayoria en elecciones libres. (7)

En la Republica democratica alemana (RDA), en particular, el antifascismo se transformo en una suerte de religion civil y en el principal elemento constitutivo de la nueva identidad nacional que el regimen intentaba forjar, en oposicion a la de la Republica Federal. No es necesario, aqui, insistir sobre el caracter en gran medida mitico de las narrativas oficiales. Nos interesa, mas bien, detenernos en las practicas de olvido propias de los sistemas politicos comunistas. Estas no se limitaban a excluir del espacio publico o a condenar al silencio y al olvido las memorias no comunistas, sino que tambien practicaban la damnatio memoriae en contra de los comunistas disidentes, herejes o simplemente caidos en desgracia, cuyos nombres eran borrados de la historia y de la memoria oficial del partido. Fueron, tambien, condenados al silencio o presentados en modo completamente distorsionado episodios del pasado reciente, como el pacto germano-sovietico de agosto de 1939 y sus protocolos secretos, o la masacre de mas de 20.000 oficiales polacos en el bosque de Katin por parte de la policia politica sovietica. Se trataba, en ambos casos, de ocultar las responsabilidades sovieticas. En cuanto a la Shoah, en la cual los comunistas no tuvieron ninguna responsabilidad, las victimas fueron recordadas en la Europa comunista solo en tanto ciudadanos de este o aquel pais, y no como judios, exterminados por el simple hecho de ser judios (Salomoni, 2007). Esto se debia a la imposibilidad de explicar de manera convincente la Shoah en el marco de la interpretacion oficial comunista del nazismo y de la guerra: si, de hecho, el nazismo habia sido unicamente el instrumento del gran capital aleman, ?que interes podia tener este ultimo en el exterminio de los judios europeos? A esta dificultad de fondo se le sumaban dos factores complementarios, que contribuyeron a relegar en segundo plano la memoria de la Shoah en los paises comunistas. El primero fue la propension de los gobiernos comunistas, empezando por el sovietico, de utilizar tambien el antisemitismo, aunque no de manera abierta, con el pretexto de la lucha en contra del sionismo y del "cosmopolitismo" (Snyder, 2010). Las campanas antisemitas de la Union Sovietica durante los ultimos anos del reino de Stalin (8) sirvieron de inspiracion a otros paises del bloque sovietico, por ejemplo en varios "procesos espectaculo", al inicio de los anos cincuenta, en contra de dirigentes comunistas caidos en desgracia, y de quienes se remarcaba, con insistencia, su origen judio. Mas tarde, en 1968, el poder comunista en Polonia no vacilo en aprovechar el antisemitismo para reprimir los movimientos disidentes que, por entonces, se manifestaban.

El segundo factor era que en varios paises este-europeos una parte de la poblacion local habia participado, de manera mas o menos activa, en la persecucion y en el exterminio de los judios. Evocar publicamente tal evento significaba, por tanto, reabrir una pagina del pasado que muchos preferian, por el contrario, olvidar y que contradecia la version comunista oficial de una participacion popular casi unanime en la lucha antifascista: ni los partidos comunistas en el poder, ni algunos sectores de la poblacion, ya sea por razones distintas, tenian interes en hacerlo.

Despues del fin de los sistemas politicos comunistas el pasado fue releido en un modo completamente diferente. Las nuevas interpretaciones, que inspiraron las politicas de la memoria post-comunista, se caracterizaron por la importancia central atribuida al tema de la nacion como victima y con una orientacion mas o menos nacionalista. Se pone hincapie en los sufrimientos y en las persecuciones sufridas por las naciones por parte del regimen comunista o a causa de la ocupacion nazi y en los episodios heroicos de resistencia y de coraje de la nacion misma. Todo lo que contradice esta imagen de la nacion es ocultado o apenas mencionado. Aspectos como la colaboracion con el ocupante nazi durante la guerra, la participacion de sectores de la poblacion en el genocidio judio o el consenso de una parte de la sociedad hacia el regimen comunista, son raramente evocados. En esta manera de reescribir el pasado se encuentran olvidos, remociones y silencios analogos a los que caracterizaban las narrativas predominantes elaboradas despues de la Segunda Guerra Mundial.

Como todas las politicas de la memoria, tambien las post-comunistas responden a imperativos y a preocupaciones de naturaleza politica y hacen un uso politico del pasado. Desde este punto de vista se pueden comparar, al menos en parte, a las de la epoca comunista, con la condicion de no olvidar una diferencia esencial, y es que ya no existe mas un monopolio de la memoria y de la interpretacion del pasado y que las voces contrastantes pueden, generalmente, expresarse en el espacio publico. La construccion de una memoria del pasado comunista y de la Segunda Guerra Mundial ha revelado un ejercicio dificil. Lo demuestran, por ejemplo, las intensas polemicas suscitadas en Polonia por la publicacion en 2001 de un libro del historiado americano-polaco Jan Gross (2001) sobre una masacre ocurrida en julio de 1941 en Jedwabne, un pueblo de Polonia oriental, donde los habitantes judios fueron barbaramente asesinados por sus vecinos polacos (Polonsky & Michlic, 2004; Stola, 2003). Titulado, simplemente Neighbors (Vecinos), el libro de Gross mostraba que se podia ser, al mismo tiempo, victima, heroe y verdugo, y con ello puso en crisis la imagen tradicional de Polonia como nacion-victima, "Cristo entre las naciones", cuya figura se remonta al siglo XIX pero que permanece en el centro de las politicas de la memoria post-comunistas. (9) Este episodio ilustra las ambiguedades y las contradicciones de la memoria polaca, pero permite tambien medir las diferencias con relacion a la epoca comunista. Un debate como este, que agito a la sociedad polaca despues de la publicacion del libro de Gross, era impensable bajo el regimen comunista. Por el contrario, en el nuevo contexto politico las voces mas diversas pudieron expresarse en el espacio publico. Despues de la polemica a proposito de Jedwabne, una comision de historiadores fue encargada de verificar la exactitud de las afirmaciones de Gross: las investigaciones efectuadas demostraron no solo que los hechos descritos por Gross habian realmente sucedido, sino que la masacre de Jedwabne no habia sido la unica de este tipo.

Mas alla del caso especifico de Polonia, cabe recordar que la cuestion del antisemitismo y de la participacion de sectores de la poblacion local en el exterminio de los judios durante la Segunda Guerra Mundial tambien incluyo a otros paises este-europeos. Reprimida durante la epoca comunista, esta fue, a menudo, evitada tambien ulteriormente: la memoria del comunismo, constantemente evocada, sirvio, en este caso, de pantalla y tendio a ocultar este otro pasado dificil.

Las politicas de la memoria, a la par de la memoria misma como construccion social, tienen tambien una historia y se modifican con el curso de los anos y segun los cambiantes contextos politicos nacionales. En Polonia, por ejemplo, el primer gobierno no comunista, dirigido por Tadeusz Mazowiezki, eligio pasar la pagina del pasado para concentrarse en el presente y en el futuro. Mas tarde, el gobierno conservador y nacionalista dirigido por Jaroslaw Kaczyn#ski (2006-2007) hizo un intenso uso politico del pasado comunista, con el objetivo de poner en aprietos a sus adversarios y a sus competidores politicos (Tonini, 2013). En Hungria, el primer gobierno conservador (1990-1994) de la epoca post- comunista no desarrollo una politica sistematica de la memoria, como hizo, por el contrario, mas tarde el segundo gobierno conservador (1999-2003). En fin, cada pais siguio su propio camino en cuanto al uso politico del pasado, y para cada uno es posible distinguir una serie de etapas, de desarrollos y periodos. Un analisis en profundidad para cada pais, en particular, trasciende los limites del presente estudio, que, no obstante, se propone arrojar algunas luces sobre las caracteristicas generales de las politicas de la memoria post-comunista.

LOS MUSEOS DEL COMUNISMO

Como ya se observo, una de las formas mas importantes y significativas de las politicas de la memoria en las sociedades post comunistas fue la creacion de museos de historia contemporanea dedicados especificamente al periodo comunista (Knigge & Mahlert, 2005; Unfried & Kheraskoff, 1992; Hwang, 2009; Garcia Morales, 2012). Algunos de estos, como por ejemplo el Museo del comunismo en Praga (Connolly, 06.03.2002), (10) son fruto de iniciativas enteramente privadas. Sin embargo, en la mayoria de casos se trata de iniciativas publicas, dirigidas o apoyadas por los poderes publicos y financiadas con fondos estatales. La creacion de un museo implica generalmente un conjunto de decisiones politicas y administrativas, un debate publico (en el parlamento y en los medios de comunicacion), disposiciones legislativas que definen la mision del museo como el presupuesto para el financiamiento requerido, la eleccion de un edificio apropiado, el reclutamiento de personal calificado, la nomina de una comision cientifica, entre otros. Nada puede ser improvisado: exige tiempo, un cierto consenso y una voluntad politica claramente definida. Por todas estas razones, se puede considerar que un museo refleja las pautas prevalecientes en un momento determinado a nivel gubernamental y, mas generalmente, en la memoria publica. En algunos casos, nuevos museos han sustituido a otros, construidos en la epoca comunista y que expresaban, por el contrario, una vision comunista del pasado.

Entre los principales "museos del comunismo" figuran la Casa del Terror (Terror Haza) en Budapest (Horvath, 2008; Apor, 2010; Ratz, 2006), el Museo de las Victimas del Genocidio (1992) en Vilna (Lituania) (Mark, 2008; Budryte, 2005), el Museo de la Ocupacion de Letonia (1993) en Riga (Blume, 2007), (11) el Museo de las Ocupaciones (2003) en Tallin, Estonia (12) el Museo de la Ocupacion Sovietica en Kiev (Ucrania), (13) o el Museo del Comunismo en Sighetu Marmatiei (Rumania). Un caso aparte es el de Polonia, en la medida en que uno o mas museos del comunismo han sido proyectados pero, todavia, ninguno ha sido realizado (Main, 2008; Tonini, 2013).

Los nombres de estos museos son de por si significativos, puesto que expresan, de manera sintetica, la interpretacion del periodo comunista por ellos propuesta. En el caso de los paises balticos, por ejemplo, y de otras republicas ex sovieticas, (14) prevalece la tematica de la ocupacion: el periodo comunista es caracterizado como una ocupacion extranjera. En Estonia el nombre del museo hace referencia a la doble ocupacion, nazi y sovietica. El museo de Vilna, en Lituania, va mas alla porque habla de genocidio, no refiriendose a la Shoah, sino a la politica sovietica en contra de la poblacion lituana: la ocupacion sovietica habria tomado, segun esta interpretacion, la forma de un verdadero genocidio. (15) En Hungria, la denominacion del museo privilegia la imagen del terror. En general, el pasado comunista aparece, en los nombres de los museos que le son consagrados, como una epoca de violencia, de sufrimiento y de opresion, con dos protagonistas principales: por un lado, una nacion-victima; y por el otro, una potencia extranjera, la Union Sovietica, presentada como unica responsable de la opresion y de la violencia. Desde el punto de vista cronologico, los museos abarcan, generalmente, el periodo que va desde la Segunda Guerra Mundial hasta el fin de los regimenes comunistas. Las narraciones del pasado varian, naturalmente, de un museo a otro, pero presentan algunas caracteristicas comunes. La mas evidente consiste en el juicio total y exclusivamente negativo de la experiencia del comunismo. Representado como un mal absoluto, el comunismo es condenado en bloque, sin ningun atenuante, y es constantemente comparado con el nazismo: ya que este ultimo se ha convertido en el simbolo del mal, cualquier representacion del comunismo como fenomeno exclusivamente negativo implica, casi inevitablemente, su asimilacion al nazismo en tanto variantes de un mismo proceso o modelo totalitario. No se trata simplemente de comparar dos sistemas politicos, sino, sobre todo, de ponerlos sobre el mismo plano, para demostrar que entre los dos no existen diferencias sustanciales y que el comunismo merece la misma condena categorica generalmente formulada en contra del nazismo.

Vale la pena destacar el caso de la Casa del Terror (Terror Haza) (16) de Budapest, creada por iniciativa del segundo gobierno conservador (1999-2003) e inaugurada solemnemente en febrero de 2002, en pleno periodo preelectoral. (17) El terror que esta pretende documentar es, por un lado, el del fascismo hungaro de las Flechas Cruzadas (1944-1945) y, por el otro, el del regimen comunista. Mientras el episodio fascista es evocado solo brevemente, en las primeras dos salas, el resto de la exposicion esta consagrado enteramente al periodo comunista. El comunismo alli es representado como un regimen de terror, impuesto desde el exterior y sostenido en el poder por medio de la violencia. La sociedad hungara figura como victima inocente y como protagonista de una heroica resistencia. A partir de elementos reales, cuidadosamente seleccionados, la Casa del Terror construye una imagen mitica del pasado, eliminando todos los elementos y los aspectos que podrian contradecirla. El comunismo deviene, entonces, en una suerte de catastrofe, provocada por fuerzas impersonales e incontrolables. Para dirigir y administrar la Casa del Terror fue creada, con fondos publicos, una fundacion, dotada de recursos economicos importantes. Ambas iniciativas--el museo y la fundacion--son el resultado de una politica gubernamental de la memoria particularmente activa, implementada a traves del nuevo Ministerio de Patrimonio Cultural Nacional, encargado de desarrollar una politica identitaria basada sobre una vision nacionalista del pasado y sobre una historia imaginaria de la nacion hungara (Apor, 2010). Entre las principales iniciativas destinadas a resaltar la continuidad ideal de la nacion hungara se debe mencionar, sobre todo, la celebracion, en el 2000, del milenio de la coronacion de San Esteban como rey de Hungria en la Navidad del ano 1000, evento presentado como la fundacion simbolica del estado hungaro; en el mismo orden de ideas, se llevo a cabo el traslado de la corona de San Esteban--la Sacra Corona--del Museo Nacional, donde estaba custodiada, hacia el Parlamento.

Tambien en otros museos del comunismo encontramos las principales ideas del museo de Budapest: el comunismo como regimen exclusivamente de violencia y de terror, impuesto desde afuera; la sociedad como victima inocente; la nacion como esencia inmutable; la resistencia heroica contra el comunismo.

Conclusiones

En los paises del ex bloque sovietico la memoria dominante continua siendo la del pasado comunista, mientras que la memoria del nazismo y de la Shoah, aunque presentes, ocupan un lugar menos importante. La diferencia es notable en comparacion con Europa occidental, donde la memoria emblematica es, por el contrario, la de la Shoah, y en consecuencia la del nazismo, en tanto que la memoria del comunismo permanece en segundo plano. Paradojicamente, la memoria de la Shoah es mas debil, justamente, en los paises de Europa oriental donde tuvo lugar el exterminio de los judios, y mas fuerte en los paises de Europa occidental que fueron el teatro de las deportaciones, pero no del exterminio propiamente dicho. Esta asimetria de las memorias refleja las historias profundamente diferentes vividas por las dos partes de Europa despues de la Segunda Guerra Mundial.

El fin de los sistemas politicos comunista fue acompanado y seguido, como vimos, por profundos cambios en lo atinente a la memoria. Memorias colectivas, hasta entonces perseguidas y relegadas al silencio, emergieron con fuerza en el espacio publico, mientras que la memoria comunista oficial, antes dominante y ahora privada de sus soportes institucionales, sufrio un rapido declive. El pasado, desde el mas reciente hasta el mas lejano, fue, en todas partes, releido y reinterpretado segun los nuevos criterios y las nuevas exigencias politicas e identitarias. La historia del sufrimiento infligido a las naciones por la dictadura comunista constituye ahora la trama del nuevo esquema interpretativo dominante. Este aspecto parece prevalecer con respecto a la construccion de nuevos mitos de la resistencia y a la celebracion de figuras heroicas que lucharon contra el comunismo. (18) Es una diferencia importante con relacion a las narrativas construidas en muchos paises europeos despues de 1945, quienes ponian, por el contrario, el acento en el aspecto epico- heroico de la Resistencia, interpretada como una epopeya patriotica y popular, mas que sobre las victimas. En cambio, ahora la historia es escrita desde la perspectiva de las victimas y no desde la de los vencedores, y los monumentos de los heroes ceden su lugar a aquellos que conmemoran a las victimas (Giesen, 2004).

En sintesis, el paradigma antifascista, que se encontraba en el centro de la memoria y de la historia comunista oficial, fue sustituido por el paradigma anticomunista: el comunismo es presentado, casi exclusivamente, como un regimen de violencia y de terror comparable al nazismo, impuesto desde el exterior --por la Union Sovietica--y sostenido en el poder por medio de la fuerza y la violencia. (19) "Externalizado", es decir, atribuido a causas y a circunstancias externas, sobre las cuales las sociedades que lo sufrieron no tuvieron responsabilidad alguna, el comunismo aparece como un fenomeno carente de raices en la historia nacional, o como una catastrofe natural que destruyo a las naciones. En las versiones mas simplistas, es presentado como el simbolo y la encarnacion del Mal, el cual solo pudo venir de afuera, del exterior de la sociedad. Las reinterpretaciones del pasado que estan en la base de las politicas de la memoria postcomunista tienen en comun el hecho de considerar a sus respectivas sociedades como victimas, no responsables de ese pasado. Son generalmente caracterizadas por una vision nacionalista de la historia y desde una lectura muy selectiva del pasado, que oculta los aspectos no coincidentes con la nueva vision dominante. A veces, no dudan el rehabilitar, en nombre de la lucha contra el comunismo, personalidades y aspectos del pasado precomunista que nada tienen que ver con los valores democraticos, como por ejemplo el dictador rumano Ion Antonescu, el eslovaco Josef Tiso, el lider ustacha croata Ante Pavelic, quienes gobernaron regimenes colaboracionistas durante la Segunda Guerra Mundial. En el caso de Eslovaquia y de Croacia, se evalua positivamente la experiencia del estado independiente--de hecho, completamente controlados en ambos casos, por la Alemania nazi--durante el conflicto mundial, vista como una anticipacion de la independencia, finalmente conseguida con el fin del comunismo. En Estonia, siempre en nombre de la lucha en contra del comunismo y de la Union Sovietica, los voluntarios estonios de las SS son ahora celebrados oficialmente como combatientes de la libertad. Los ejemplos de este tipo son numerosos, aunque debe enfatizarse que estos episodios y personajes siguen siendo controvertidos. La perspectiva de adhesion a la Union Europea llevo a los paises de Europa oriental a moderar sus tendencias rehabilitadoras de tradiciones autoritarias, si no abiertamente fascistas del periodo precomunista (Zhurzhenko, 2007: 17) y a confrontarse con algunos aspectos desagradables de su pasado que preferian ignorar, como por ejemplo, su corresponsabilidad en el exterminio judio. Interesante, desde este punto de vista, es el ejemplo de Rumania quien, a raiz de las presiones de la Union Europea, finalmente acepto reconocer una parte de responsabilidad, que habia sistematicamente negado anteriormente, en este genocidio. La Comision Internacional sobre el Holocausto en Rumania, creada en 2003 por el presidente Iliescu y presidida por el premio Nobel Elie Wiesel, (20) admitio la responsabilidad de las autoridades civiles y militares rumanas, y en particular del mariscal Antonescu, por el asesinato de cientos de miles--entre 280.000 y 380.000--de judios rumanos o residentes en territorio ocupado por el ejercito rumano durante la guerra. (21) Las autoridades rumanas tambien reconocieron las conclusiones de la Comision Wiesel en 2004, una decision indudablemente influenciada por la perspectiva de la admision en la Union Europea y por las presiones de esta ultima. En el mismo ano 2004 el parlamento rumano instituyo una jornada conmemorativa del Holocausto (BBC News, 12.10.2004). De manera mas general, se puede afirmar que el reconocimiento del Holocausto se ha convertido en la condicion necesaria, aunque no impuesta estatutariamente, para el ingreso de un pais en la Union Europea (Judt, 2007: 990).

El ejemplo rumano nos muestra como la dinamica de las politicas de memoria de un pais pueden ser fuertemente influenciadas por factores externos, en particular si se trata de la memoria de la Shoah. En los paises ex comunistas de Europa central y oriental las actitudes de los poderes publicos con relacion a este tema son un indicador importante del modo en el cual estos enfrentan el pasado. Persisten, todavia, tenaces resistencias a reconocer que la responsabilidad del exterminio judio no fue unicamente de la Alemania nazi, sino que tambien pertenece, en parte, a los actores locales que colaboraron con ello de diversas maneras. Como se observo a proposito de la masacre de Jedwabne, la verdad historica es a menudo dificil de admitir, porque se enfrenta con el mito de la nacion victima e inocente. Sin embargo, las reticencias frente a pasados incomodos no son una exclusividad de estos paises. Tambien en Europa occidental los ejemplos de este tipo son numerosos. Basta pensar cuanto tiempo le llevo a la sociedad francesa afrontar el tema de Vichy, de la colaboracion y de la responsabilidad de la administracion francesa en las deportaciones de los judios, o el caso de Austria, quien solo a partir de los anos ochenta empezo a reconocer su propia corresponsabilidad por los crimenes nazis, mientras que, hasta ese momento, se habia presentado exclusivamente como victima de Hitler. En el curso de los ultimos anos se han realizado, en muchos paises ex comunistas, tambien gracias a la presion de la Union Europea, significativos avances con relacion al reconocimiento de las responsabilidades locales en el genocidio de los judios; sin embargo, todavia queda mucho camino por recorrer.

Las politicas de la memoria, como se analizo, responden esencialmente a preocupaciones politicas e identitarias del presente. El pasado comunista ha sido releido, a la luz del presente, de una manera extremadamente selectiva. Falta todavia un enfoque critico, el cual deberia esforzarse por examinar todos los aspectos del pasado comunista, y no solo algunos, previamente seleccionados para corroborar una interpretacion del comunismo centrada, casi exclusivamente, en la violencia y el terror. Seria necesario, por ejemplo, interrogarse sobre la cuestion del consenso de quienes se beneficiaron de los regimenes comunistas en sectores mas o menos amplios de la sociedad. De hecho, la experiencia historica demuestra que ninguna dictadura puede durar mucho tiempo basandose exclusivamente en la violencia y el terror, y que todas tratan de construir en torno a si un cierto consenso. Esta problematica fue explorada, por ejemplo, por Robert Gellately (2001) para el caso del nazismo, por Renzo De Felice (1974) para el fascismo italiano o por Sheila Fitzpatrick (1999) y Jochen Hellbeck (2006) para el estalinismo sovietico. En lo que se refiere a los regimenes comunistas, seria necesario, ademas, tener en cuenta la existencia, en su interior, de corrientes reformadoras que aspiraban a un comunismo democratico y que, en algunas ocasiones, lograron tambien prevalecer, como en Checoslovaquia durante la "Primavera de Praga". Asimismo, un enfoque critico exigiria una mayor atencion para complejizar el denominado "socialismo real"; sin embargo, esta no fue claramente la preocupacion principal de las politicas de la memoria implementadas despues del fin del comunismo. Mas bien se ha privilegiado la construccion de nuevos mitos fundadores, como el de la sociedad victima inocente o el de la sociedad unanimemente resistente. Bajo este perfil, la situacion comunista este-europea recuerda, en algunos aspectos, a la de Europa despues de la Segunda Guerra Mundial, cuando muchos paises construyeron el mito de la resistencia como elemento movilizador de todos los pueblos en contra de la ocupacion nazi. Solo algunas decadas mas tarde la historiografia comenzo a poner en discusion estos mitos y a proponer interpretaciones mas conformes con la realidad historica. Se puede suponer que una evolucion analoga tendra lugar en los paises ex comunistas, cuando las visiones en blanco y negro, hoy predominantes, hayan acabado su tiempo. Una vision critica del pasado puede surgir unicamente de una investigacion historica que no se sustente en los imperativos politicos y que utilice la memoria como una fuente indispensable pero sin convertirse en la portavoz de ninguna memoria particular, ya sea esta, incluso, la memoria nacional. En estos paises, los historiadores independientes tienen mucho trabajo por hacer.

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Notas

(1) Este fenomeno, que concierne mas en general en el mundo occidental, es relativamente reciente. Inmediatamente despues de la Segunda Guerra Mundial y por todos los anos cincuenta, la memoria del genocidio judio era todavia una memoria debil, y solo progresivamente, a partir de los anos sesenta, se convirtio en una memoria fuerte. "A partir de la decada de 1960", escribe Emmanuel Droit (2007), "La Europa occidental paso globalmente del paradigma nacional 'resistencialista' al paradigma transnacional 'universalista' de la Shoah"(p.103). Por lo que se refiera a los Estados Unidos vease: (Novick, 1999) y mas en general (Levy y Sznaider, 2006).

(2) Baczko (1984) propone una distincion entre periodos "frios" y periodos "calientes" de la memoria colectiva: durante los periodos "frios" esta parece estar adormecida, mientras que en los periodos "calientes" "se despierta, sube a la superficie de la vida social, encontrando formas de expresion ricas y diversas" (p. 192).

(3) Este fenomeno fue importante especialmente en Rusia, donde en la epoca sovietica muchas ciudades habian sido rebautizadas con nombres de dirigentes comunistas. El caso mas significativo es el de Leningrado, que volvio a llamarse San Petersburgo.

(4) Sobre el sitio del ex monumento a Stalin sobresale, actualmente, un monumento que conmemora la revolucion hungara de 1956, inaugurado en 2006 en ocasion del 50 aniversario de tal evento.

(5) El Palacio de la Republica, sede del parlamento (Volkskammer) de la RDA, fue construido entre 1973 y 1976 en el lugar del ex castillo imperial de los Hohenzollern, danado por los bombardeos durante la guerra y luego demolido por decision del gobierno de Alemania Oriental. Fue demolido progresivamente entre 2006 y 2008. La plaza sobre la que se encontraba, originalmente llamada Plaza del Castillo (Schlossplatz) y mas tarde rebautizada plaza Marx-Engels en 1951, volvio a ser llamada plaza del Castillo en 1994.

(6) A proposito, Tony Judt (2007), escribe: "La Europa de la inmediata posguerra fue construida y fundada sobre una deliberada distorsion de la memoria, sobre el olvido como estilo de vida. Despues de 1989, fue, por el contrario, reedificada sobre un exceso compensativo de memoria: una rememoracion publica institucionalizada como pilastra fundamental de la identidad colectiva" (p.1021).

(7) Las elecciones tambien existian en los sistemas comunistas, pero, en ausencia de un pluralismo politico real, se reducian a una simple formalidad, destinada a dar una apariencia de legalidad al monopolio del comunismo en el poder. Las primeras elecciones legislativas (parcialmente) libres en todo el bloque sovietico fueron las polacas del 4 de junio de 1989, en las cuales Solidarnos#c# obtuvo una abrumadora victoria.

(8) Piensese, por ejemplo, en el supuesto "complot de las camisas blancas", en el cual varios medicos sovieticos, casi todos judios, fueron acusados de haber asesinado a algunos dirigentes politicos y de haber planeado el asesinato de otros. (Marie, 1993; Brent & Naumov, 2006).

(9) Cuando, con ocasion del 60 aniversario de la masacre, el presidente polaco Alexander Kwasnewski se traslado a Jedwabne para pedir publicamente perdon al pueblo judio en nombre de Polonia, la poblacion local rechazo asistir a la ceremonia.

(10) El museo cubre todo el periodo que va desde la fundacion del Partido comunista checoslovaco hasta el final del regimen.

(11) Inaugurado en 1993, el museo abarca el periodo 1940-1991.

(12) La muestra permanente, abierta en 2003, cubre el periodo 1940-1991.

(13) Creado a partir de una muestra permanente organizada en 2001, tomo el nombre actual en 2007.

(14) Tambien Georgia, por ejemplo, tiene su Museo de la Ocupacion Sovietica.

(15) Es interesante destacar, en este aspecto, que el concepto de genocidio es utilizado a menudo en los paises ex sovieticos en relacion con las politicas sovieticas de la epoca de Stalin. En la Ucrania postcomunista, por ejemplo, el "Holodomor", es decir la gran hambruna de 1932-1933 que causo millones de muertos, es interpretado como el resultado de un proyecto estalinista de extermino del pueblo ucraniano.

(16) Vease el sitio web del museo http://www.terrorhaza.hu/hu.

(17) La fecha de la inauguracion coincidia con la "Jornada por las victimas de la dictadura comunista", instituida por el Parlamento hungaro en junio del 2000.

(18) "Los constructores de naciones en el espacio postsovietico tambien parecen priorizar a las victimas sobre los heroes. Con la excepcion de Rusia, la construccion de la nacion post-sovietica se basa en narrativas postcoloniales de victimizacion colectiva que permiten la externalizacion del comunismo como un regimen de ocupacion y presentan a la nacion como una victima tanto de Stalin como de Hitler" (Zhurzhenho, 2012). Ademas, esta autora observa que, "el aumento de las narrativas de victimizacion en el espacio postsovietico tiene, tambien, otra dimension. Estas narrativas estan inspiradas y alimentadas por una nueva cultura moral global y una politica de los derechos humanos, ellos mismos conectados con la universalizacion de la memoria del Holocausto" (Zhurzhenho, 2012).

(19) En este sentido se puede hablar tambien de un paradigma antitotalitario, puesto que tanto el comunismo como el nazismo son acomunados en una misma condena.

(20) La comision fue creada como resultado de las protestas suscitadas en muchos paises por las declaraciones del Presidente Iliescu y del Ministro de Cultura rumanos en julio de 2003, segun las cuales en Rumania no hubo ningun exterminio judio.

(21) Final Report of the International Commission on the Holocaust in Romania. Vease: http://miris.eurac.edu/mugs2/do/blob.pdf?type=pdf&serial=1117716572750

Bruno Groppo

Centre d'Histoire Sociale du xxe Siecle (Universite de Paris i Pantheon Sorbonne) y profesor en la Universidad de Padua, Francia

brunogroppo@yahoo.fr

Recibido: 10 de octubre de 2018 | Aceptado: 29 de octubre de 2018 | Publicado: 4 de enero de 2019

https://doi.org/10.24215/23468971e077
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Author:Groppo, Bruno
Publication:Trabajos y Comunicaciones
Date:Jan 1, 2019
Words:11275
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