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Polemos: una vision etico-politica del fenomeno belico en la antigua Grecia.

Polemos: an ethical-political vision of the war phenomenon in ancient Greece

La guerre du Peloponnese avait vraiment ete le suicide profond de la Grece J. de Romilly.

Introduccion

El presente articulo tiene un doble objetivo. En primer lugar, examinar la raiz belica de la etica griega, sus relaciones y transformaciones desde el periodo homerico hasta el siglo V a. C. Y, ademas, contrastar tales relaciones y transformaciones con la vision etico-politica de la guerra que se esboza en el teatro de Euripides. Para ello se analizaran, en primera instancia, los contenidos que configuran la raiz belica de la etica heroica, es decir, se buscara esclarecer el vinculo entre la aspiracion a la virtud y su objetivacion en el espacio belico. Tambien se examinaran los efectos etico-politicos que senalan el paso de la epoca heroica a la civica, mediante una indagacion sobre los rasgos que caracterizan la evolucion de la falange hoplitica y su vinculacion con las dinamicas socio-politicas de la Atenas democratica. Igualmente, se identificaran los puntos de contacto entre la vision homerica del heroe y el modo en que su escala de valores opera para fundamentar la tradicion moral del hoplita. Finalmente, se expondran los signos de ruptura que desarticulan la proyeccion de una etica ciudadana de base hoplitica y el modo en el que se desdibuja a partir de los acontecimientos historicos de la guerra del Peloponeso. Para ello, se introduce la siguiente delimitacion metodologica y conceptual.

En primer termino, los analisis sobre la raiz belica de la etica heroica posee una doble vinculacion conceptual, por una parte, la dilucidacion de los nexos entre la etica aristocratica y sus formas de objetivacion en el espacio belico orientan la reflexion hacia los puntos esenciales de la practica belica en la Grecia arcaica. Tambien ofrece una perspectiva antropologica de la tipologia de guerra en el periodo homerico y sus consideraciones eticas. El marco teorico que fundamenta los analisis presentados en este articulo es esencialmente socio-historico. De este modo, el punto de partida de la investigacion de la practica belica y su relacion con la tragedia atica se encuentra intimamente ligado con el regimen democratico ateniense. Es decir, democracia y teatro se analizan como fenomenos co-implicitos, relacionados en la formacion de la imagen etica de la polis atica. Asimismo, el vinculo entre la tragedia griega y la democracia se establece mas alla de sus connotaciones esteticas y transhistoricas, para postular, contrario a dicho punto de vista, que el teatro es un escenario civico y critico en el que, de manera simbolica, el pueblo ateniense establece una relacion con sus propios valores, creencias e instituciones. En este sentido, el teatro de Euripides es analizado como una forma de pensamiento etico en el contexto historico del regimen democratico y la guerra del Peloponeso. Por ultimo, los analisis que anudan los fenomenos belicos con los aspectos etico-politicos de la democracia ateniense buscan reflexionar sobre el proceso de construccion axiologica del regimen democratico en tanto que producto de las victorias de Maraton en el 490. a. C y Salamina en 480 a. C. En consecuencia, la democracia es un modo de comprender la vida y la politica modelado por la victoria, Nike, este aspecto constituye su Kratos (Loraux, 2004).

La colera del heroe: la raiz belica de la etica heroica

En la vision homerica de la condicion heroica las acciones eticas y belicas poseen una relacion de continuidad. Ambos planos de la accion humana son indiferenciables. El heroe homerico es la representacion de una unidad axiologica que articula tres dimensiones esenciales: etica ([TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII]), estetica ([TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII]) y sociologica ([TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII]). La interseccion de estos tres aspectos expresan su perfeccion moral en la categoria arete. La valia o excelencia del heroe es el resultado de la expresion de dichos valores en la guerra. En el escenario belico el hombre se eleva en vigor y coraje a la altura de los dioses (II. vi 206-211), este es el contexto en el que todo noble se esfuerza por alcanzar su maxima aspiracion (II. vi 444-446). En suma, el campo de batalla es el locus privilegiado de la realizacion etica.

El verdadero noble es aquel que encarna el valor de la arete constantemente, sin intermitencias o flaquezas, la vida del heroe consiste en consagrar sus acciones y pensamientos a los dioses, a los hombres y su estirpe, ascendiendo, de esta manera, al nivel de paradigma cultural y alcanzando la perpetuidad de sus hazanas en la memoria colectiva (II. xxii. 304-305). Kleos es el horizonte de sentido de la accion heroica; <<trascender>> es para el heroe epico vivir en el recuerdo, en la estima social y la memoria de los aedos. Conquistar con sus obras una porcion de aquello que solo esta vedado a los inmortales: superar la finitud en el relato (II. vi 81-91). De alli el sentido beligerante de la etica homerica, como senala Raaflaub (2001):

La primacia [en los valores eticos] pertenece claramente al combate. Desde el principio las "gestas de los hombres" fueron entendidas en terminos de guerra. Proezas heroicas en el campo de batalla, exito y victoria en la guerra: esos fueron los caminos mas seguros hacia la gloria en el canto y la historia escrita posterior (p. 322).

La guerra epica es tanto un espacio de constituicion etica como un conjunto de practicas significativas que sustentan un modo de vida (1). El ordenamiento belico de la cultura griega permea los ambitos del oikos, del culto, la identidad de las deidades y las artes (Garlam, 2000). Tambien establece un sistema de honor, un codigo no escrito--Agraphos nomos--, deudor de tradiciones inmemoriales que obedecen a la justicia divina. En todo campo de batalla, tacitamente, los guerreros reconocian al enemigo como un combatiente ejemplar, y a su vez, como miembro de una cultura elogiable; la guerra palaciega se caracterizo por su dignidad agonal. El conflicto se daba fundamentalmente en terminos de honor (2), solo la stasis (3) o combate faccioso entre miembros de una misma comunidad era reprochable por cuanto estos enfrentamientos desataban niveles de crueldad que lindaban con el salvajismo.

La guerra agonal debia ser acordada. Dioses y hombres exigian un <<derecho arcaico de guerra>>. Una serie de reglas minimas para la ejecucion del combate. Algunas de ellas eran el respeto a los santuarios, a los heraldos, el entierro de los muertos, entre otros. Ademas, no se comprometian en la lucha a quienes se rendian (con excepcion de juicio) ni a quienes no combatian. Asi como la conmiseracion con los suplicantes (Popowicz, 1995).

El combate heroico suponia una construccion ideologica del espacio belico. Con lo cual, la representacion del campo de batalla se configuraba como el escenario en el que todas las empresas de la aristocracia manifestaban su mayor grado de excelencia. Las formas del combate se reducian a la monomaquia del heroe epico. Bien sea Hector, Aquiles u Odiseo, la vision homerica de la guerra pone de relieve el protagonismo del heroe y eclipsa la participacion de las clases que carecen de prestigios de nobleza. En efecto, la subestimacion de los combatientes secundarios opera como formacion identitaria del heroe dentro del campo de batalla. Asi, la tipologia de guerra que propone la literatura homerica consiste en los siguientes aspectos: en primera medida, la lucha es producto de las circunstancias del valor heroico, de esta forma, el duelo surge como el acuerdo mutuo entre contrincantes que se equiparan en honor, fuerza y destreza (Detienne, 1968). En segundo lugar, ademas de la confrontacion fisica, la lucha entre heroes estaba circunscrita a un combate verbal. Los heroes se pavonean entre ellos no solo exhibiendo su vigor fisico, sino que se servian de invectivas y satiras contra el enemigo con el proposito de su minimizacion moral o la intimidacion. Como ocurre en el pasaje en el que Soco se enfrenta con Ulises:
   !Preclaro Ulises, insaciable de enganos y fatigas!
   Hoy o te jactaras con dos Hipasidas,
   si matas y quitas las armas a dos guerreros como nosotros,
   o perderas la vida, abatido bajo mi lanza (II. XI430-434).


El sistema de combate prioriza en la individualidad del heroe epico, las hazanas belicas privilegian la imagen sobrehumana del heroe, el cual aspira no solo a defender su patria sino a alcanzar el kydos, su honor. De alli que la narracion homerica priorice las acciones descollantes de los guerreros mas ejemplares. Esta representacion del agente belico se explica del siguiente modo:

A partir de un complejo sistema ideologico, una manera de pensar y vivir la guerra propia de la aristocracia de la epoca, que justifica los fundamentos de ese modelo de combate. La perspectiva tradicional considera al heroe homerico como un guerrero individualista, que se movia y actuaba por sus propios intereses y fines, y que representaba la puesta en accion de los valores propios de la aristocracia (Rey, 2008,p. 117).

En sintesis, el orden belico de la vida entre los griegos estaba conformado por la articulacion de dimensiones eticas y sociales anudadas en la axiologia de guerra. Heroe y comunidad son correlato de un mismo codigo de honor, de una practica militar amparada por ordenes religiosos, domesticos y politicos, los cuales configuran una conciencia moral entre combatientes y culturas. Entre tanto, la preeminencia de la estructura belica en la cultura ofrece un marco de integracion social, define elementos de identidad al instaurar valores morales mas alla de la dimension etica del combatiente. Con lo cual, la presencia de la guerra entre los griegos encuentra su sentido en la omnipresencia de la virtud dentro de los ideales de la vida, cristalizados en la muerte heroica como aspiracion superlativa en la cultura aristocratica del honor (4).

Del heroe al hoplita: la identidad de la polis

La figura del hoplita en la cultura griega marca un punto de inflexion trascendental en el marco de la cultura militar y politica en la antigua Grecia. El rol social del hoplita es radicalmente distinto al del heroe. Este ultimo, como se ha expuesto, es una figura monolitica que valorativamente eclipsa las empresas militares. El protagonismo del heroe en la tradicion homerica satura el campo representativo de las practicas belicas (5). Contrario a esto, el hoplita deviene como una imagen colectiva, como una comunidad civico-militar agrupada en la figura de la falange.

Por otra parte, su designacion en terminos filologicos implica por si misma el reconocimiento de una nueva realidad militar. Puesto que en la epoca arcaica el modo tradicional de nombrar al guerrero se denominaba [TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII] (aner) (II. III.49, IV.86-87, XI.738-739, XVII.740.) Dicha expresion connotaba una serie de acepciones relacionadas con la funcion militar, el agente belico y cierta identidad etnica dentro del contexto general de las actividades militares. Pero su uso extensivo en la literatura arcaica hace problematico la identificacion de aner en un campo semantico estrictamente militar. Por ello, como bien lo ha senalado Rey (2008, p. 160):
   En la epoca arcaica no existia un termino especifico para referirse
   al soldado de infanteria, sino una variedad de designaciones que
   respondian tal vez a la escasa profesionalizaron de la funcion
   militar. El termino mas proximo a esa nocion especifica podia ser
   [TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII] pero el modo mas comun de referirse
   al soldado es sin duda mediante el generico e indiferenciado
   [TEXTO IRREPRODUCIBLE EN ASCII] y por ello merece una mayor
   atencion.


De tal forma que la expresion general aplicada al guerrero en la epoca arcaica posee una vaguedad insoslayable y, por ello, la realidad militar a la que se refiere aun no imprimia los matices que la expresion hoplites si tiene en la epoca clasica. El hoplita aparece como un agente belico bien delimitado en la literatura del siglo V. a.C. No solo por la tradicional definicion a partir de la panoplia hoplitica, sino porque se muestra como una realidad militar claramente identifiable. En Esquilo, en su obra Los siete contra Tebas (A.Th. vv.715-717) ya aparece asociada la palabra guerrero con hoplita (6):
   Corifeo.--La deidad concede valor a cualquier victoria, incluso
   aquella que no se basa en la valentia.
   Eteocles.--No debe gustarle eso que has dicho a ningun guerrero
   hoplita.


Asi, el hoplita para el siglo V a. C se configuro como un elemento nuclear en el entramado social de la polis, de su realidad politica y belica. En parte porque el nexo identitario del guerrero hoplitico es simetrico al del campesino (Adrados, 1997) y de este modo, la relacion entre la figura del hoplita y el programa de la democracia ateniense iniciada por Clistenes en el 507 a. C encontraron un vinculo inexorable (7). De hecho, como lo senala Vernant:
   La constitucion Clistenica se propone precisamente superar la
   oposicion entre el campo y la ciudad, y edificar un estado que
   ignore de forma deliberada, en la organizacion de los tribunales,
   de las asambleas, de las magistraturas, toda distincion entre
   urbanos y rurales (1992, p. 226).


De tal manera que la funcion de falange hoplitica tambien hizo parte de ese mismo marco de superacion de los antiguos modelos de organizacion social. En efecto, la identidad del hoplita no solo coincide con la del campesino, sino que tambien con la del ciudadano democratico. La creacion de la polis y la reforma hoplitica conforman una unidad solidaria con la configuracion del proyecto democratico (Detienne, 1983). O bien, puesto en palabras de G. Glotz: <<el pueblo en armas sera por siempre la imagen de la ciudad clisteniana>> (Citado por Vidal-Naquet.1986, p. 123) En suma, ambas constituyen una transformacion de la vision homerica del mundo, tanto en su sentido social como en el militar. No obstante, desde el punto de vista militar, el hoplita en tanto que agente belico sigue operando con los rasgos ideales de la guerra arcaica, este ejecuta un combate estacionario, el cual tiene por objetivo la proteccion de la patria, la familia, las tumbas de los padres, la defensa de las fronteras y la expulsion del enemigo mas alla de los limites de la ciudad (Popowicz, 1995).

Por tal razon la axiologia guerrera del hoplita se sirvio de las significaciones heroicas pero aplicadas a la valoracion del honor del ciudadano. Al igual que el heroismo homerico el ciudadano guerrero hereda la genetica del honor pero en el marco de representaciones de la democracia. Desde el punto de vista historico, esta filiacion entre el valor del hoplita y su compromiso patriotico se expresa indudablemente en las guerras medicas, principalmente Maraton en 490 a.C. la cual se libro diecisiete anos despues de la reforma clistenica. Pierre Vidal-Naquet (1983) considero esta batalla como un modelo que expresa, desde la perspectiva ateniense, la expresion mas pura de una batalla hoplitica. Y en este sentido, la manifestacion de la axiologia de guerra del hoplita. Ya que los guerreros de Maraton son reconocidos por su coraje y valentia y son <<heroizados>> en nombre del valor sustantivo de la democracia ateniense: la libertad: "A pie y sobre veloces naves impidieron que la Grecia entera viera el dia de la servidumbre" (Citado por Vidal-Naquet.1986, p. 124).

Asi, la experiencia de guerra del hoplita es extensiva de la etica de la virtud homerica puesto que los rasgos de la batalla obedecen a las reglas de combate arcaico y clasico (Vidal-Naquet, 1983). Otra prueba de ello es la valoracion del guerrero expresada en los discursos funebres. Loraux (2004) ha mostrado este aspecto en sus analisis sobre las practicas politico-militares de la Atenas del siglo V a.C. Las oraciones funebres muestran una impronta del modelo de ciudad, ya que las estelas funerarias se organizan siguiendo el orden de las diez tribus y puntualizan en la igualdad radical de cada guerrero-ciudadano caido en combate (Loraux). Pero tras las honras se manifiesta el ritual que da sentido al honor guerrero del ciudadano, el cual es elevado como heroe inobjetable de las empresas democraticas; en los epitafios logos al ciudadano se le reconocia la perpetuidad de sus hazanas, su valor patriotico y entrega incondicional a la polis.

En la institucion de las honras funerarias la ciudad proyecta implicitamente una moral hoplitica, que quedo plasmada de manera irrecusable en la oracion funebre de Pericles (Th. II. 39-40):
   En el sistema de prepararnos para la guerra tambien nos
   distinguimos de nuestros adversarios en estos aspectos: nuestra
   ciudad esta abierta a todo el mundo, y en ningun caso recurrimos a
   las expulsiones de extranjeros para impedir que se llegue a una
   informacion u observacion de algo que, de no mantenerse en secreto,
   podria resultar util al enemigo que lo descubriera. Esto es asi
   porque no confiamos tanto en los preparativos y estratagemas como
   en el valor que sale de nosotros mismos en el momento de entrar en
   accion.


El hoplita, al igual que el heroe homerico, es impelido por la andreia, la valentia es constitutiva de la axiologia guerrera, lo que desestima cualquier forma de tecnhe belica. Lo cual apunta a un proceso de <<heroizacion>> del ciudadano-guerrero. Este se identifica de manera explicita con un modelo etico y de combate con caras resonancias homericas pero perfilado hacia las dinamicas democraticas.

La colera de la polis: la etica belica desde la perspectiva civica

El nacimiento de la polis democratica es el producto de la victoria militar, es el testimonio de la supervivencia heroica e ideologica del modo de vida ateniense: "No se llaman esclavos ni subditos de ningun hombre" (E.P.rs. vv. 240). Maraton y Salamina fueron las batallas que significaron la conquista historica del regimen democratico, pero a su vez, es su nexo simbolico, su fuerza vinculante con la proyeccion de una imagen homogenea de la polis. Los hijos de estas batallas poseen la estatura heroica de Aquiles u Odiseo; lanceros atenienses resistieron los embates de arqueros Persas, elevaron un muro inexpugnable y una estrategia tan astuta como la artimana del caballo de Troya (E.P.rs. vv.26; 85; 145).

Las victorias en el 490. a. C y 480 a. C no solo dieron continuidad a la experiencia democratica del poder, sino que se transfiguraron en mito, en principio de realidad de la cultura politica ateniense del siglo V a.C. Dichas guerras modelaron un ideal de isonomia (8), de igualdad ante la ley, nomos y senalaron el horizonte deseable de una vida en comunidad. Lo cual tiene como efecto el nacimiento de una reflexion sobre el contenido etico de ese determinado modo de vida llamado polis.

La polis es andres gar polis, cuerpo de ciudadanos, de hombres y, por antonomasia, de guerreros: hippies, hoplites y teetes, que participan, metokhei, de la vida publica. Son combatientes los que asisten a la boule, los que deliberan y participan del poder descentralizado. Este rasgo de indistincion entre la identidad militar y la politica implica la imbricacion de los valores heroicos en la vida civica. La democracia ateniense recupera el ideal aristocratico, su lenguaje etico, pero lo cuestiona y transforma radicalmente la arete homerica para dar sentido a la virtud civica. Por lo tanto, la polis reemplaza un regimen de poder y de accion social, sustituye antiguas formas misticas de detentar el poder y reemplaza las categorias y las significaciones que son solidarias con tales regimenes (Vernant & Vidal-Naquet, 1987). Tambien, orienta las caracteristicas de excelencia del ciudadano en el plano de los objetivos comunes, hestia koine.

La creacion de lo publico, del campo de representacion de los intereses colectivos, es el producto del desplazamiento axiologico del significado aristocratico de la etica que dio paso a una vision democratica del guerrero y la polis. En este transvase cualitativo reposa el nucleo de la instancia etico-politica (9) de la democracia ateniense, la cual introduce dos grandes rupturas respecto de la etica heroica. En primer termino, se distancia de la tradicion eugenesica o el innatismo de la virtud; la etica de la arete heredada y el caracter congenito de las cualidades heroicas contrasta con la teoria de la virtud obtenida por el aprendizaje (10) y la piedad a los dioses (11). La segunda de las rupturas eticas hace referencia a la doctrina de la sophrosyne en contraposicion a la preeminencia aristocratica de la time y el kleos focalizadas en la figura del heroe.

En la democracia ateniense, la polis, es el sujeto etico-politico, el cuerpo ciudadano de iguales, homoio. La ciudad entera, pasa polis, constituye el centro de los debates, tanto de las asambleas como en los escenarios dramaticos. Aristocratas y hoplitas se piensan como ciudadanos en el marco de la resignificacion democratica del conjunto de los ideales heroicos. En consecuencia, la democracia se identifica con los valores de la clase aristocratica (Goni, 2005), de la que usurpa su lenguaje (12). El fruto de esta hibridacion axiologica tiene su resonancia en el inmortal discurso funebre de Pericles (Th.ll. 36-41). Este elogio dedicado a los caidos en el primer ano de la guerra del Peloponeso contiene tanto el germen de la teoria politica de la demokratia (Musti, 2000) como la imagen funcional e ideal de la polis atica.

El epitafio logos es el reflejo de un modelo de ciudad, representa la aprehension de una identidad politica y filial e inaugura una paideia politica para la formacion democratica del ciudadano, ademas, es el testimonio del protagonismo heroico de los ciudadanos-guerreros. En suma, sintetiza el entramado simbolico de todas las empresas de la democracia: la Atenas paideusis, la ciudad educadora de Grecia (Castoriadis, 2012). O como lo ha puntualizado Loraux (2007), es la oscilacion entre la identidad del ciudadano y la <<grecidad>> paradigmatica. No obstante, la imagen ideal de la polis que se exterioriza en el discurso de Pericles obedece a los primeros anos de la guerra, y como tal, se evidencia un caracter optimista de las costumbres politicas y sociales de la democracia ateniense que en conjunto manifiestan la unidad de la oikein o modo de habitar del ciudadano. Pero esta persistencia hermetica en la <<perfeccion>> de la cultura ateniense se transformo violentamente a partir de los acontecimientos belicos de la guerra del Peloponeso y que significo no solo el prolongado crepusculo del modelo democratico sino que comprometio en un nivel mas profundo el sentido de la conciencia moral de toda Grecia.

El fantasma de Helena: la fragmentacion de la etica belica en la guerra del Peloponeso

Eric Popowicz (1995) asegura que uno de los rasgos caracteristicos de la guerra del Peloponeso (431-404 a. C.) era la identificacion de los valores ciudadanos con un modo de orden politico, politeiai, expresado en el discurso funebre de Pericles. Esto llevo a que se sustituyeran los antiguos lazos de honor familiar y herencia religiosa por la excelencia que emana del modelo democratico. De igual forma, el vinculo entre el ciudadano guerrero y la polis cambio sustancialmente, puesto que el papel del guerrero hoplita se desplazo por la presencia de otro tipo de combatiente mejor adaptado a la guerra de conquista.

Los thetes epibates (Th.VI. 43), o marineros, y los cambios de estrategia militar hacen que el hoplites pierda protagonismo en el campo de batalla. Tambien la presencia de metecos y esclavos en la linea de batalla hizo que la funcion militar y politica del hoplita quedara en entredicho (Vidal-Naquet, 1983). Tal diversificacion de los agentes belicos durante la guerra del Peloponeso cambio cualitativamente tanto la tecnhe belica como los principios morales que preordenaban su practica. La funcion guerrera del hoplita es reemplazada por la agilidad de los peltastas (13), los ingenieros poliocertas y la presencia de mercenarios. De tal modo que la evolucion de la practica militar en la cultura griega coincide con el desplazamiento de la figura del hoplita y su moral belica. Y en este sentido, la nueva tecnhe belica es incompatible con la identidad ciudadana del guerrero. En efecto, la guerra del Peloponeso senalo el fin del monopolio militar de los hoplitas, reemplazados por una nueva variedad de combatientes, los cuales se encontraban mejor adaptados al modus operandi de las modernas estrategias belicas. Esto puso en crisis uno de los eslabones de la organizacion civica de las poleis (Popowicz, 1995).

En un texto de Demostenes--si bien un tanto tardio para el periodo historico que se analiza en este articulo, no por ello es menos elocuente sobre la evolucion de los medios belicos en el siglo V a. C y IV a. C--se muestra el contraste brutal entre los antiguos modos de ejecutar la guerra, es decir, el conflicto agonal, estacional y de vecindad en fuerte contraposicion con la guerra permanente y diversificada que busca servirse de todos los medios para asegurar su exito:

En cambio, ahora sin duda veis que los traidores han causado la mayor parte de los desastres y ninguno de ellos se produce como resultado de batalla ordenada o de combate; y ois decir que Filipo se encamina a donde quiere, no por llevar tras de si una falange de hoplitas, sino porque le estan vinculados soldados armados a la ligera, jinetes, arqueros, mercenarios, en fin, tropas de esa especie (D. Filip. III. 49-50).

En conjunto, la guerra del Peloponeso significo, en terminos de la practica belica, un cambio sustantivo en el modo de ejecutar la guerra. Este conflicto entre griegos senalo el paso de una guerra agonal--tal como se concebia en el periodo heroico y en los albores de la democracia ateniense--a una guerra total (Popowicz, 1995). La tactica consistia no tanto en una forma de defender la polis como en un medio de conquista y asalto de las defensas enemigas; la guerra agonal se caracterizaba por su estrategia estacionaria, defensiva y todo el honor del combate tenia por principio contener los avances hostiles y defender la libertad de la ciudad:

Es esto ultimo lo que era la verdadera esencia de la batalla en campo abierto (como lo entendian los griegos desde la formacion de la falange), por su espiritu agonistico, y lo que se transforma con la entrada en juego de la guerra total. El objetivo ya no es empujar al enemigo hasta que este fuera de la llanura, sino obtener su total sumision y, por eso, abatirlo, destruirlo sin que sea necesario aniquilarlo <<fisicamente>> (Popowicz, 1995, p.235).

Con este cambio de perspectiva de la practica belica la etica del combate tambien sufre una trasmutacion axiologica. Los antiguos valores de la epoca homerica que la cultura democratica absorbe para legitimar sus objetivos politicos y militares se sustraen de su codigo de honor. El respeto a los heraldos, a los santuarios y suplicantes se difumina en el campo de batalla. Del mismo modo ocurre con el fervor patriotico y la exaltacion de los valores civicos. Y, en suma, todo aquello que constituia una forma de <<derecho de guerra arcaico>> pierde su vigencia en la guerra del Peloponeso.

Tucidides (Th. III. 82-83) muestra este cuadro de la descomposicion moral entre griegos. Para el, la guerra, lejos de su pasado ilustre, se convierte en el escenario de una fauna humana capaz de toda clase de bajezas, estratagemas e innumerables injusticias:

Asi fue como la perversidad en todas sus formas se instalo en el mundo griego a raiz de las luchas civiles, y la ingenuidad, con la que tanto tiene que ver la nobleza de espiritu, desaparecio victima del escarnio, mientras que el enfrentarse los unos contra los otros con espiritu de desconfianza paso a primer plano (Th. III. 83-84).

Desde el punto de vista moral, la guerra del Peloponeso es un dilatado proceso de volatilizacion de los contenidos morales de la virtud. Todos aquellos valores que en otrora sustentaron el modo de vida democratico sufren una fractura axiologica encubierta por el lenguaje de la guerra, como lo afirma Tucidides:

Cambiaron incluso el significado normal de las palabras en relacion con los hechos, para adecuarlas a su interpretacion de los mismos. La audacia irreflexiva paso a ser considerada valor fundado en la lealtad al partido, la vacilacion prudente se considero cobardia disfrazada, la moderacion, mascara para encubrir la falta de hombria (Th. III. 82).

La guerra del Peloponeso introdujo su propia retorica, moldeo su escala valorativa a razon de las necesidades belicas y las circunstancias del combate, pero fundamentalmente comprometio todo el sistema representativo de los valores culturales que sustentaban la proyeccion monolitica del modo de vida democratico. La guerra rompe el espejo de la unidad de la polis y la confronta ante el vacio de su propia ruptura. En consecuencia, la fragmentacion de la imagen unitaria de la ciudad tiene por efecto la descomposicion del orden humano de la democracia (14).

Este proceso anomico de la etica belica tiene su correlato en el teatro de Euripides. La fractura de la conciencia moral de los griegos en la guerra del Peloponeso es el sub-texto que perfila sus figuras humanas y situaciones dramaticas. Sus obras fueron modeladas por el contexto belico e intelectual de la epoca. De alli, los rasgos equivocos de su teatro, el caracter anti-heroico de sus personajes y la arbitrariedad de sus dioses: "Los personajes de Euripides obedecen, pues, a los distintos impulsos de su sensibilidad: no actuan en funcion de un ideal claramente definido, sino en funcion de miedos y de deseos" (Romilly, 2011, p. 131). En este sentido, la antropologia del heroe euripideo proyecta las formas de sensibilidad y racionalidad (15) del periodo de guerra entre griegos. Pero esencialmente, radicaliza el caracter disonante que la experiencia de la guerra introduce en el campo de la vida, y en un sentido extenso, de la etica.

En el marco del teatro euripideo el contenido de la arete basada en la etica belica es insostenible. La gloria y el honor de antano son los agravantes de los males presentes (16). La noble emulacion de las hazanas heroicas son la causalidad y la justificacion de las injusticias humanas. El recuerdo de la guerra entre aqueos y frigios no es motivo de orgullo, sino de rechazo categorico. La Atenas de finales del siglo V a.C. se reflejo en el espejo roto de la gloria de Troya.

En la obra Andromaca se precisan varios pasajes que ofrecen una vision negativa del conflicto belico desde el punto de vista de las perdidas humanas. En ellos la guerra, lejos de ennoblecer a las casas aristocraticas, se muestra como principio de destruccion y contradiccion de sus propios postulados eticos basados en la honra belica. El combate no constituye un espacio de realizacion humana, por el contrario, se transfigura en el escenario de la infravaloracion del hombre. Asi se observa en el agon entre Peleo y Menelao: "destruiste muchas vidas dignas, dejaste ancianas privadas de sus hijos y quitaste nobles hijos a padres canosos" (E.Andr.vv.610-6115). Sin embargo, la critica sobre los efectos devastadores de la guerra no solo supone el punto de vista de la victima. Tambien, en otro de los versos de la misma obra aparece esbozada la imagen inversa de la representacion ideologica del espacio belico en el plano de la guerra heroica. En este, la gloria del heroe o general al mando se explica no por su valor, andreia, en el campo de batalla, sino que esta es producto de un acto de usurpacion que la clase dominante realiza a los esfuerzos colectivos de los guerreros:

Cuando un ejercito erige trofeos sobre los enemigos, no se considera esta hazana propia de los que se esfuerzan, sino que quien consigue el renombre es el general, el cual blande su lanza como uno mas entre muchisimos y, a pesar de no hacer nada mas que ninguno, obtiene la mayor fama (E.Andr.vv.695-700).

La tradicional fama o kleos de la epoca heroica es reducida a un falso empoderamiento de meritos que corresponden a todos los guerreros en el campo de batalla. De este modo, se desmitifica el valor heroico y se lo sustituye por una perspectiva menos jerarquizada de la practica belica. Asi, la cultura del honor se transforma en una falacia inmoral sostenida por la cobardia disfrazada de virtud. En esto consisten los lamentos de Andromaca:

!Oh fama, fama! Para innumerables mortales que nada son has hinchado tu una vida de vanagloria. A quienes tienen buena fama de verdad, los considero felices, pero los que las tienen por mentiras, no considerare apropiado que la mantengan, solo porque por un azar parezcan inteligentes (E. Andr. vv. 320-325).

Al igual que en la obra Hecuba, Euripides pone en boca del coro un canto lirico (E.Hec. vv. 905-950) que muestra el testimonio de una mujer que experimenta los excesos del conflicto entre aqueos y frigios como una invasion de la vida privada. La guerra irrumpe en el espacio domestico que desfundamenta el modo de vida de la mujer, le arrebata el sosiego del hogar y la compania del conyuge. Este relato realista de las consecuencias de la guerra en el orden humano muestra que no existe nada provechoso ni honorable en los campos de batalla, de hecho, como se afirma en la tragedia Las Suplicantes: la guerra consigue que la polis pierda sus mejores hombres (E. Supp. vv. 115-120). Sin embargo, si bien los conflictos belicos solo tienen por resultado catastrofes y males para la ciudad, Euripides muestra que los hombres eligen la guerra a pesar de conocer sus consecuencias desastrosas y degradantes. En otro pasaje de Las Suplicantes (vv480-490) el Heraldo afirma que a pesar de saber que es mas provechosa la paz que la guerra, los hombres eligen esta ultima, debido a que este es un ser indigno que desprecia los bienes de la concordia y prefiere ser un esclavo de la violencia.

En su obra Las Troyanas, pieza que recuerda el genocidio perpetrado por los atenienses en la isla de Melos, no solo actualiza esta macula insobornable que recae sobre la memoria de la justa y gloriosa Atenas, sino que problematiza el vinculo entre el honor guerrero y la virtud. Euripides deja ver una Troya que ha sido saqueada, sus varones masacrados, sus templos violados por la impiedad de los griegos y las mujeres troyanas yacen inermes y elevan sus trenos hacia dioses indiferentes. No obstante, a pesar de estos avatares propios del saldo belico, los males no cesan de caer sobre Troya. En las ruinas de esta ciudad sitiada, la virtud se confunde con la crueldad. Los nobles griegos hacen gala de un honor impostado, vaciado de su contenido moral. Pero por mucho que dicha obra profundice en las consecuencias pateticas de la guerra, esta introduce una critica mas alla del campo de batalla, de sus victimas y victimarios. Por efecto de distanciamiento, los rasgos eticos de la heroicidad homerica son recuperados para acentuar su ausencia. El espacio privilegiado para la objetivacion de la virtud se torna opaco ante los excesos de la conquista griega. La victoria, Nike, se convierte en un escenario de postguerra desdibujado de sus significaciones heroicas,--paralela a la inversion de los valores que senala Tucidides--, la cual desoculta ante la polis el anverso inmoral de su escala de valores o, dicho de otro modo, la refutacion mimetica del epitafio logos de Pericles. La obra termina con el absoluto desarraigo de Hecuba en unos versos de un alcance patetico estremecedor:

!Oh! Troya que en otro tiempo respirabas altanera entre los barbaros, tu ilustre nombre va a borrarse en seguida. Te estan quemando y a nosotras nos sacan de esta tierra como esclavas (...) Ea, voy a saltar a la hoguera, pues sera lo mas hermoso para mi morir ardiendo junto a mi patria (E.Tr vv.1275-1280; 1282-1285).

Pero aquello se entreve tras el saldo belico que anuncia la dislocacion del espacio privilegiado de la realizacion etica de la cultura griega, su disolucion como medio de objetivacion de los ideales democraticos; en definitiva, el reflejo turbio de lo heroico muestra el vacio inoperante de una etica sobre su trasfondo belico.

En el drama Helena, Euripides enrostra a la polis atica la imagen mas elocuente de su desproporcion belica y moral. Helena, causalidad harto conocida de la guerra de Troya, se explica como fantasmagoria. Los dioses enviaron a la ciudad de Priamo el simulacro de la discordia, el espectro de la mujer mas bella de la Helade trasluce la bajeza y la ruindad de los griegos. No obstante, la figura fantasmagorica de Helena no solo suprime las connotaciones heroicas de la guerra, tambien pone en la superficie el exceso y la hostilidad helenica que delata el espejismo de la tradicion belica griega: "Otros designios anadio Zeus a estos males, pues llevo la guerra al pais de los helenos y a los desventurados frigios, para aliviar a la madre tierra de una multitud de hombres (...)" (E.Hel.vv.40). Este argumento extramoral desafia el campo de las significaciones eticas de la practica belica. Lejos de sustentar la reparacion de un codigo de honor, Euripides puso en boca de Helena el epitafio de las empresas heroicas: "No presidia yo el esfuerzo de los frigios; no era yo, sino mi nombre, la unica recompensa para la lanza de los helenos" (E.Hel.vv.40-41).

Helena traduce robo, arrebato (E.Hel.vv.1645). A traves del espectro de la reina espartana se revela el verdadero leitmotiv del conflicto: la ambicion y el usufructo. Cipris es la diosa que inocula a los hombres con la pasion desmesurada que moviliza la guerra (E.Hel.vv.365-385). La mirada de la hija de Tindareo es la que acecha los pueblos, saquea las ciudades y cobra vidas indiscriminadamente (E.Tr.vv.890). La ruindad del hombre es la etiologia que explica la fatalidad del conflicto belico, no la reparacion de un codigo de honor o la defensa de la patria. La nobleza de las hazanas heroicas sufre una escision axiologica que queda plasmada en el oximoron "lo noble es innoble" (E.Or. vv.820). De este modo, Euripides penetra en el sistema de justificaciones tipicas de la guerra para delatar la profunda obscenidad e irracionalidad del espiritu humano (E.Andr.vv.320-360). Lo cual, en definitiva, reduce la tipologia de la guerra a su causalidad inmoral, y asi, disocia el plano etico del belico y prepara la busqueda del contenido de la virtud--de la vida deseable--lejos de la actividad civica y el campo de batalla.

Conclusiones

A partir de los analisis expuestos en este articulo se puede afirmar de manera concluyente que:

* Existe un vinculo insoslayable entre la configuracion axiologica de la practica belica y la constitucion de una vision etica del mundo en el periodo arcaico. De tal forma que el nivel de integracion social, politica y moral de la cultura griega se encuentra modelado por la preeminencia del valor belico en todos los planos del orden cultural. En suma, la figura del heroe es un paradigma cultural objetivado por las hazanas en el campo de batalla y su capacidad para representar un nivel de excelencia superlativo respecto de otras culturas.

* La constitucion del modo de vida democratico en la cultura griega es producto de una sintesis axiologica que combina tanto los contenidos de la etica heroica como los discursos emergentes que singularizan la democracia ateniense. En este sentido, la etica democratica surge como proyeccion de los valores del mundo arcaico perfilados desde el nuevo clima intelectual y orden politico de la polis. De esta manera, la ciudad democratica se refracta en el pasado heroico para configurar su propia imagen ideal, la cual, en terminos de la practica belica, se encuentra representada en la figura del hoplita, en tanto este instaura no solo una nueva realidad militar sino un sistema de valores orientado a la proteccion de los intereses de la ciudad.

* La guerra del Peloponeso representa un punto de inflexion en el sistema representativo de la etica y la politica de la polis ateniense. Puesto que cuestiona tanto el caracter paradigmatico del regimen democratico, esto es, su compromiso historico con el espiritu panhelenico, asi como deja en entredicho las categorias morales que justificaban axiologicamente la cultura intelectual y politica de la democracia manifestadas en el epitafio logos de Pericles. Y desde la perspectiva de la practica belica, dicho conflicto entre atenienses y espartanos transformo cualitativamente tanto la axiologia de guerra como su tipologia y desplazo la figura del hoplita, y en este sentido, el marco de representaciones morales de esta clase guerrera, por un espectro mas diversificado del agente belico, el cual aparece sustancialmente desvinculado de su compromiso etico-politico con los intereses de la ciudad.

* A partir de un analisis de las obra de Tucidides y Euripides es posible identificar tanto el clima intelectual y moral de Atenas en el periodo de la guerra del Peloponeso, asi como los signos de ruptura que se experimentan en el seno de la cultura etico-politica de la democracia ateniense. Y desde este punto de vista, dichos autores ofrecen un testimonio sobre el nivel de desarticulacion social y politico de la tradicion griega en el siglo V a.C, asi como un examen critico al nucleo de sistema de valores que fundamenta el modo de vida democratico.

Recibido: 31 de octubre de 2014 / aprobado: 3 de diciembre de 2014

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(1) El valor de la cultura belica en la Grecia antigua supera el marco de las relaciones puramente militares. labores como la agricultura y la caza son consideradas como actividades proto-belicas, se estiman mas provechosas para el desarrollo de las facultades del combatiente, esto habla del poderoso vinculo de la practica belica en la vida social. Ver Jenofonte, Economico, V. Tambien existen analogias proto-belicas en los concursos intelectuales, como en el agon discursivo propio de sofistas y filosofos.

(2) No sin desestimar que la guerra es considerada una practica economica efectiva, debido al empoderamiento por la fuerza de tierras, dotes y saqueos (Rey, 2008) (Garlam, 2000); en los poemas homericos las expediciones y los saqueos, las guerras privadas por motivos relacionados con el honor, o conflictos de venganzas, aparecen por todas partes (van Wees, 1992)

(3) La stasis en sentido griego, implica una enfermedad, nosos, pretende desligarse de lo politico-consensual (Loraux, 2004). La naturaleza de este conflicto es un tema recurrente en la literatura griega. Principalmente en Solon, Hesiodo, Esquilo y Tucidides.

(4) No obstante, es preciso matizar la vision belica de la etica heroica, puesto que no siempre en la cultura aristocratica la time o el kydos significaron la maxima aspiracion etica. El ideal aristocratico no es irreductible a la concepcion agonal, andreia. Por el contrario, la vision etica del combate sufre un desplazamiento allende a los avatares belicos. Puesto que no se deben desestimar los ideales de la eusebia, piedad, o la aspiracion a la sophrosyne o bien la euphrosyne. Todas estas virtudes son paradigmas que se yuxtaponen a la etica de corte belico. Sin embargo, poseen la misma estructura de validacion social. Son valores que en definitiva apuntan a ser objetivos dentro de la aristocracia, y que requieren de un reconocimiento colectivo y religioso. Y fundamentalmente, aspiran a un ideal de la medida, metron, con el fin de que el hombre pueda resistir a los envites de la fortuna o las fuerzas sobrenaturales que lo exceden. Pero en suma, tales ideales condensan una proyeccion etica del orden humano que desestima el campo de batalla como escenario de objetivacion de los valores culturales en la Grecia antigua.

(5) En este sentido, cabe subrayar las teorias mas realistas sobre los combates en la epoca arcaica, puesto que de la mano de la literatura homerica el espacio belico es preformado por la vision ideologica de la aristocracia, la proyeccion del campo de batalla carece de elementos realistas. Una version verosimil de la guerra puntualiza en que el combate en su forma arcaica consistia en un conflicto caotico, disperso, y mixtificado en el que actuaban tanto heroes como guerreros sin categorias de nobleza, los cuales jugaban un rol tan importante como el del mismo heroe (Rey, 2008).

(6) Esto tambien puede ser constatado en la literatura del siglo V a. C: en la Istmica I de Pindaro (I.vv.23), asi como en Herodoto: (III.120.14, VI.160.13, V.111.2) entre otros.

(7) Si bien es cierto que la constitucion de una fuerza naval fue vital para la evolucion de la liga de Delos y el sostenimiento del imperialismo ateniense, la figura del guerrero hoplita posee una importancia paralela. El despliegue militar en las batallas de Maraton, Salamina y Platea muestra que participaron cerca de 8.000 hoplitas en tales conflictos, y que el exito de dichas empresas se debio esencialmente a la participacion de esta clase guerrera (Vidal-Naquet, 1983).

(8) No obstante, cabe resaltar que dicho ideal de isonomia tambien posee un trasfondo belico en el marco de la moral heroica, y este es un antecedente de la idea de isegoria. Tambien opera como rasgo pre-filosofico y prejuridico entre los griegos. Puesto que en las asambleas militares la participacion del grupo militar esta anudado al valor de la palabra, y se desarrolla ademas, el estatuto de la palabra juridica o de la palabra filosofica, de la palabra que se hace publica y que obtiene su fuerza en el asentamiento del grupo social (Detienne, 1983).

(9) Se entiende por categoria etico-politica el aspecto indisociable de los valores individuales y colectivos en el marco del regimen democratico. Moral y politica: esta distincion no la estableceran ni Socrates ni Platon. Este principio etico y politico permite comprender los rasgos caracteristicos del fenomeno democratico en Atenas. Lo mismo aplica para Esquilo, Protagoras, Aristides y Pericles. No cabe duda de que los intereses de cada ateniense coincidian con los de Atenas (Adrados, 1965).

(10) Se hace alusion aqui a la doctrina etica de Protagoras en: Platon, Protag. 322 d.

(11) La vision de una democracia religiosa se encuentra bien perfilada en el teatro de Esquilo. Fundamentalmente en la trilogia la Orestiada.

(12) De alli que pueda afirmarse que la democracia no llego a tener un lenguaje propio (Loraux, 1981).

(13) Para ser mas precisos, el hoplita no actua solo en la linea de batalla durante los enfrentamientos, lo cual reduce su importancia en el desarrollo de los acontecimientos belicos. Esta nueva disposicion contrasta con el protagonismo del hoplita durante la batalla de Maraton, en la que su participacion fue casi que exclusiva (Garlam, 2000).

(14) Ademas de estos signos de fractura cabe agregar que no solamente la transformacion de la practica belica incidio en la desarticulacion del sistema moral de Atenas, tambien es significativa la importancia de la sofistica en tanto que critica a la ontologia de la virtud de la tradicion griega (Romilly, 2004).

(15) La obra de Euripides tiene sus raices en la sofistica, esto tiene como efecto una transvaloracion de la tradicion, una ruptura, que se filtra en el genero tragico y que acentua la independencia del sentir y pensar humanos en el espiritu antropocentrico de la epoca (Lesky, 2001). No obstante esto no quiere decir que Euripides fuera un sofista, por el contrario, los brotes sofisticos que aparecen en su obra ponen de relieve el modo en que los movimientos intelectuales configuran una vision del mundo que es expresada en la tragedia, lo cual delata la profunda vinculacion del genero tragico con su contexto historico, y en este sentido, el teatro de Euripides deviene mostracion de un tipo particular de realidad politica y cultural perfilada por los movimientos

sofistas.

(16) Desde el punto de vista analitico, es preciso matizar que el lenguaje tragico recupera las significaciones epicas y las refracta en el contexto de la democracia. Este efecto diacronico del teatro integra y desarticula la polis, lo cual constituye el espacio civico en un escenario constante de interrogacion, es decir, el lugar del proceso inacabado del cuestionamiento de la institucion de la sociedad y, a su vez, de la formacion del sentido etico de la vida en comunidad. El genero tragico reproduce el ideario de la ciudad porque lo refracta en la diacronia del tiempo civico y el mitico. De este modo, hace suyo los acontecimientos del pasado para reflejarlos sobre la actualidad del tiempo publico. Y en esta medida, la polis deviene Otra, pero, a su vez, es Si misma. Es este el aspecto esencial tanto de la tragedia como de la democracia. Ambas son producto de la mixtura axiologica del sistema representativo de la vida aristocratica y la emergencia de los valores civicos. Y asi, de la misma manera que la democracia debio reflejar las gestas de su Nike en el lenguaje heroico, igualmente, la tragedia enseno a la ciudad por medio del mito la ficcion de su unidad y los riesgos de su escision. Con estos lineamientos, la imagen de Troya como tema belico se repite en el teatro euripideo como actualizacion de los acontecimientos de la guerra del Peloponeso.

Milton Andres Ortiz Escobar, Filosofo de la Fundacion Universitaria Luis Amigo. Docente del Colegio Gimnasio Cantabria, La Estrella, Colombia. Correo electronico: maoehot00@hotmail.com
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Author:Ortiz Escobar, Milton Andres
Publication:Perseitas
Date:Jan 1, 2015
Words:9313
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