Printer Friendly

Pinche nada.

Estaban decepcionadisimos, pero ya iban camino de resignarse, ni pedo, ?por que siempre nos pasa lo mismo justamente a nosotros?, se repetian, estamos salados, hay que hacernos una limpia, aunque por pura probabilidad un dia de estos nos toca, seguro, hay que seguirle. Se pusieron a repartir los pinches veinte mil pesos que habian encontrado. !Veinte mil pesos! Son mamadas. Ademas de malhumorados andaban bien mal peinados, uno porque se levanto en chinga para el operativo y no tuvo tiempo ni de pasar por el bano, se vistio el uniforme y salio de casa disparado como un rayo. Como un rayo codicioso, hay que decirlo, y, hablemos con precision: como un rayo obeso y mal planchado. El otro no tenia remedio, era la genetica la que le imponia el despeinado, con esos cabellos que apuntaban como cerdas de escoba para todos lados.

Andaban tan necesitados que aun con las prisas se habian traido una mochila para guardar lo que les tocaria, cada uno su mochilototota, la verdad: es que se habian imaginado una montana de dinero. No es que fueran fantasiosos nomas gratuitamente, tenian sus razones, la informacion que les filtraron era esa, que en la casa habia un chinguisimo de lana. !Diez mil pesos para cada uno! En billetes de veinte pesos no eran mas que un montoncito ridiculo, quinientos papelitos azules, de hecho. ?Cuanta lana se necesitara para formar una montana de dinero? En esos calculos estaban cuando llego el jefe con otros dos del departamento, un par de cabos ligerisimamente menos desarrapados.

-Puta... Dos mas tres, cinco, veinte entre cinco, cuatro. Valiendo madres. (Esto fue un pensamiento, pero queda muy bien con su guioncito.)

-?Donde esta el detenido?

-No habia nadie, Sargento.

-?Y que chingados estan haciendo?

-Inspeccionando, Sargento, teniamos informacion de una fuente, pero la casa esta limpia, no hay armas, ni drogas, no hay pinche nada.

-?No hay pinche nada o ya se lo chingaron?

-Negativo, Sargento, no hay pinche nada.

-?Y lana?

-Ah, nomas veinte mil pesos, estaban debajo del colchon. !Chin! (20/5=4)

-?Veinte mil pesos?, no mamen... ?Y por que andan tan despeinados y tan puercos? !Como pueden traer el uniforme tan sucio! Luego llegan los periodistas y sacan sus chingadas fotos donde siempre salimos como si fueramos unos pinches zarrapastrosos. !Vayan a asearse un poco! Y dejen aqui la lana.

Se metieron al bano los dos juntos, como si fueran comadres que quieren contarse sus chismes, tendrian que ser unos enredos muy bochornosos, porque hasta cerraron la puerta y pusieron el seguro. !Cuentame, comadre! Empezaron a echarse agua en el pelo, a atusarse, pero lo unico que conseguian era el mismo triste despeinado, aunque ahora mojado. Un wet look, pues. Aprovecharon para quitarse unas laganas gigantescas y para extirparse algun moco monstruoso, quien sabe como habian estado mirando y respirando hasta este momento con semejantes obstaculos. Laganas y mocos como estalactitas. Uno de ellos se empeno en sacarse una hebra de carne que se le habia quedado alojada entre dos incisivos superiores, la noche anterior habia cenado tamales de pobre, de esos que son pura masa y una hebrita de carne, !y justo una de esas hebritas se le habia quedado entre los dientes! Luego se alisaron el uniforme con las manos, esperando un efecto magico: como si sus manos fueran de hierro y estuvieran a noventa grados y emitieran vaporcito. O sea, los uniformes siguieron arrugadisimos. Tambien se humedecieron las manchas esparcidas por aqui y por alla, salsa, aceite, algun fluido inconfesable, y hasta rascaron un poquito, unas manchas salieron, otras no, pero ahora daban la impresion de haber estado chapoteando en la fuente de un parque.

[ILUSTRACION OMITIR]

Afuera comenzaron a escucharse unos golpes demoledores, la casa se cimbraba, !ay, guey!, parecia que iba a desplomarse, !correle!, ?para que pusiste el seguro?, salieron disparados del bano y lo que vieron fue: a los dos achichincles del Sargento pegando unos tremendos mazazos en la pared de la sala. Estaban abriendo un boquete y de la pared comenzaban a chorrear fajos de billetes, una cascada de !dolares! !Dolares! !No pinches pesos!

-! Es que estamos bien pendejos, de veras! -concluyeron al unisono silencioso.

-!A la puerta!, !cubran la entrada!, !orale, cabrones!, si ustedes se portan bien conmigo yo me porto bien con ustedes -les dijo el Sargento mientras iba golpeando con el puno derecho en el resto de las paredes de la casa, buscando el sonido hueco de la felicidad.

La cosa estaba bien cabrona, segun el analisis preliminar del Sargento habria ocho paredes rellenas de dinero. !Ocho! Era un chinguisimo de lana. Una montana de dinero. Y eso que la casa ni siquiera era tan grande: ademas de la sala nomas tenia dos habitaciones, el bano, la cocina, el recibidor y un patiecito trasero para colgar la ropa. Sesenta, maximo setenta metros cuadrados.

El Sargento les ordeno a sus achichincles abrir cada pana de las paredes, !en chinga!, un pequeno boquete, solo para confirmar el hallazgo. !Y si! Resulto que habia lana en cada una de las ocho paredes. A juzgar por la cantidad de billetes que habian salido de la primera, tanta buena suerte acabaria convirtiendose en un problema. El descubrimiento adquiria otro nivel, habia unos codigos y el Sargento sabia perfectamente que era imposible agarrar esa lana y largarse. Quiero decir, que era imposible agarrar esa lana y largarse sin avisar al jefe. Lo llamo por telefono.

-Jefe, tenemos un setenta y tres muy cabron, tiene que venir a verlo.

Le indico la direccion en la que se encontraban y aunque eran menos de las ocho de la manana, no tuvo que insistir, el jefe ya venia en camino. Tal prontitud madrugadora necesita explicarse: un setenta y tres de por si ya es algo muy cabron, asi que si un Sargento habla de un setenta y tres muy cabron es porque algo de veras muy gordo esta pasando. Desde la puerta se empezaron a escuchar insultos, forcejeos, los despeinados llamaban a gritos al Sargento.

Afuera estaba un grupito de cinco cabos que exigian entrar, a ellos tambien les habian pasado el chivatazo. Parecia un concurso de andrajosos. La verdad es que con todo y ser tan temprano nada justificaba tal dejadez, tal suciedad, tales despropositos capilares. Menos mal que dos venian con cachuchas, asi solo habia que soportar los despeinados del resto, tres -!seguian siendo muchos!

-?Que se les perdio, hijos de su rechingada madre? -les dijo el Sargento. !Es un cuarenta y ocho, pendejos!, alto nivel, vayanse a ver si ya puso la marrana. El jefe esta llegando, !orale, caminando y meando para no hacer charco!

Un cuarenta y ocho es una cosa muy grave, tanto tanto que los cinco de inmediato comenzaron su exodo despojados de sus ilegitimas aspiraciones, sin alegar nada ni pedir mas explicaciones. Los detuvo el mismo que los estaba mandando a la chingada.

-!Un momento!, oiganme cabrones, ?como puede ser que anden tan puercos?, !y no me vengan con que el salario no les alcanza!, la limpieza no tiene nada que ver con la pobreza, ?como va a confiar la gente en nosotros?, !los delincuentes van con ropa de marca y peinaditos!, !cuiden su chamba, chingado!

El Sargento volvio a la sala y descubrio que en el centro se estaba formando una montana de dinero. Habian retirado los muebles hacia una esquina y desde las paredes iban trayendo fajos de billetes a punos, en actitud contradictoria: primero los transportaban abrazaditos en el regazo, como si fueran ninos recien nacidos, y luego los dejaban caer al suelo sin miedo a que se rompieran la columna y se quedaran paraliticos. La vision de la montana producia un vertigo de angustia y sinsentido, !y apenas era la lana de dos paredes! Es que el dinero puede rebosar abultando las billeteras de los afortunados, o retacar en orden perfecto maletines de uso variado, o descansar perezoso en cajas fuertes escondidas detras de retratos insulsos de dudoso valor artistico, pero el dinero nunca debe despatarrarse por el suelo en acumulacion grotesca. Al dinero no le gusta el desorden.

El Sargento miraba la montana que se iba irguiendo y veia como ese dinero acabaria convirtiendose en un monstruo que se lo tragaria todo. Quiza la comparacion mas afortunada fuera la de un agujero negro, que ese chingamadral de dinero era como un agujero negro, pero al Sargento no le interesaba la astronomia, !lastima!, con lo bonita que habria quedado esa metafora.

Cuando llego el jefe habian terminado de vaciar tres paredes. La montana se levantaba hasta las rodillas de los mas espigados y tenia una circunferencia de dos metros. Aunque el mas alto de todos solo media uno setenta y cuatro, !la montana estaba bien pinche impresionante! Y el jefe reacciono en concordancia cuando lo plantaron delante de la lana:

-!Orale!, !no mames!, !hijo de su putisima madre! -con todos esos signos de exclamacion-, ?pues quien vivia aqui?, ?Rico Mac Pato?

-No sabemos, Sargento, no habia nadie en la casa, estamos investigando -le informo el Sargento.

Ante tal proliferacion de personajes innombrables -shhhh- tendremos que hacer una breve pausa para evitar confusiones y explicar cosas del escalafon de la policia. Es lo que pasa siempre por culpa del dinero: su acumulacion supone, paralelamente, el ascenso en una escala, cualquiera que esta sea, !siempre para arriba! Por alguna oscura razon al dinero le asquea quedarse abajo: el dinero contraviene la ley de la gravedad. Y para ejemplos, nuestro caso, los primeros en llegar fueron dos policias, luego un Sargento -jefe de los policias- con dos cabos -de mayor rango que los policias. El Sargento llamo a su jefe, otro Sargento, pero estamos hablando de Sargentos diferentes, el primero era un Sargento Segundo y el segundo un Sargento Primero. Es decir, que llegaron en orden contradictorio a su rango, que es lo logico de acuerdo con el escalafon. Nunca mejor dicho eso de que los ultimos seran los primeros.

-!Ya chingamos, Sargento! !Es un chingo de lana! Y todavia falta la de las otras cinco paredes -completo el Sargento Segundo.

El Sargento Primero se quedo mirando la montana, a el no le parecia un monstruo, ni tampoco un agujero negro -no abundan los astronomos en el departamento de policia: el sentia el asco de observar un monton inmenso de cagada. Y no nos equivoquemos, !cuidado!, al Sargento Primero, como a todo el mundo, le encantaba la lana. Sin embargo, esta imagen, tales cantidades, billetes a montones, era obsceno. !Eso! Ese es el adjetivo que le habria gustado utilizar si se lo hubiera propuesto: obsceno. Desvio la mirada hacia el techo porque no podia soportarlo, le venian arcadas, entiendanlo, habia interrumpido el desayuno:

-Sargento, ?ya vio el techo?, eso es plafon, !es un pinche doble techo! -descubrio el Sargento Primero, probando una vez mas que los traumas personales suelen ser muy productivos.

Hicieron venir a los despeinados de la puerta, quienes encontraron una escoba y un trapeador en el patiecito trasero, y les ordenaron golpear el techo. Efectivamente, habia un doble techo, estaba colocado de manera tan burda que fue facilisimo desmontarlo. ?Y adivinen? Llovia dinero del cielo. Fajos y fajos de dolares. La montana dejo de ser montana y ahora lo que sucedia es que estaban sumergidos en la lana, los billetes les cubrian como minimo media pantorrilla.

-Comprendera que tengo que llamar al jefe, Sargento, esto parece un ciento once -fue la conclusion del Sargento Primero mientras pateaba dinero para abrirse paso.

Eran todavia menos de las nueve de la manana, un horario deshonesto para los jefes, pero la ocasion lo imponia, porque no era un setenta y tres, cosa emocionantisima para policias, cabos y hasta Sargentos, ni siquiera un cuarenta y ocho, territorio exclusivo de los Sargentos: !se trataba de un ciento once! Las llamadas telefonicas se sucedieron en escalada vertiginosa, ?un ciento once?, ?seguro?, ?seguro?, hay que llamar al jefe, repetian todos, hay que llamar al jefe, con esporadicos desplazamientos horizontales entre jefes para activar novedosas escalas institucionales. Estamos hablando de gerentes, directores, subprocuradores, procuradores, secretarios, !al Mismisimo Presidente de la Republica lo acabaron despertando a las nueve treinta y siete! !En un martes! !Son chingaderas!

En menos de media hora llegaron a la escena del negocio decenas de personas, el chinguero de gente iba y venia por la casa, salian a la calle para hacer llamadas telefonicas histericas, !han de ser como mil millones de dolares!, chillaban al aparato, se movian siempre rodeando la sala, en donde despues de sacar los muebles un grupo de cabos habia comenzado a contar y organizar el dinero. Habian llegado algunos civiles trajeados, y mas policias, mas cabos, soldados, inspectores, comisarios y un par de militares de altisimo rango, entregados a la tarea de descubrir quien vivia en esa casa, ? !quien! ?, de quien chingados era la lana, !que me lo presenten!

Despues de tomar cafe y comerse unos chilaquiles con pollo bien picosos, el Mismisimo Presidente habia intervenido directamente, designando a un Director de la Operacion, decidio enviar al lugar de los hechos al Director de Imagen de la Presidencia de la Republica, un tipo especialista en fruncir el ceno de maneras insolitas. La orden que llego desde las alturas fue la de tomar una fotografia rotunda, una imagen aplastante de la montana de dinero, acompanada, claro esta, a pie de foto, por la escandalosa cifra que surgiera del recuento. Por lo visto, el Mismisimo Presidente era devoto ciego de aquella frase que afirmaba que una imagen vale mas que mil palabras, y tenia razon, sobre todo desde su punto de vista y en relacion consigo mismo, es decir, si las mil palabras habian sido pronunciadas por el Mismisimo Presidente en una de sus apologias rimbombantes. Como sea, el mundo ideal no existe, por mas que el Mismisimo Presidente lo quisiera, al dia siguiente seguro que los periodicos le ensuciarian el impacto de la fotografia con sus innecesarios textos horriblemente escritos, en los que explicarian la gloriosa victoria de las fuerzas del orden sobre el hampa.

!Pero no ignoremos la tragedia que se cierne sobre la clase proletaria!, es lo que pasa siempre que surge un ciento once, ya no era posible agarrar la lana, repartirla y largarse, guardando el secreto, aunque sean muchos burros y muchos olotes, no es que no alcanzara la lana para todos, era mas que suficiente para producir decenas de millonarios automaticamente, pero era un ciento once, ni siquiera propenso al robo hormiga, asuntos de estado, si senor, asuntos de estado, que nadie meta las manos, !valiendo madres!, a menos que de veras quiera volverse hormiga y padecer unos pisotones genocidicos.

Entro en escena el Director de Imagen y lo primero que quiso hacer, despues de asombrarse estrepitosamente con la vision de la lana, fue hablar con quienes hubieran realizado el descubrimiento, ponerles cara a los heroes de la historia. El Sargento Primero le planto delante a los dos policias, bien despeinados que seguian, no sin evitar las protestas de los cabos, del Sargento Segundo, etcetera: !fui yo!, !fui yo!, !estos pendejos no encontraron nada! -reclamaban. Fruncio el ceno el Director de Imagen, en gesto analitico, dedico una mirada furtiva a los dos policias, y corto de tajo la sublevacion de los aspirantes a heroe nacional con un ademan aristocratico, cosas de haber nacido donde se nacio y encima haber estudiado semiotica en la universidad:

-!Paren, paren! Ustedes no me sirven. Yo mando aqui y yo digo que ustedes pueden irse a chingar a su madre.

Sofocada la revuelta, el Director volvio a mirar a los dos policias, ahora despaciosamente, de arriba a abajo, los barrio con detalle, con deleite, frunciendo un ceno deconstructivo, y sonrio una sonrisa sardonica muy cabrona:

-Ah, chingado, ?esta lloviendo?

-No, senor, no llueve -respondio uno confundido.

-Ya se, ya se, era una broma -lo atajo el Director con ceno elegante e incredulo, fulminando con la mirada los lamparones esparcidos por ambos uniformes, ?de veras estan tan pendejos?

-Pero no llueve, hace un pinche solazo -dijo el otro.

-?Como estuvo el pedo?, ?a que hora llegaron?, ?quien les aviso? -quiso saber el Director.

-Como a las siete, senor, nos aviso una fuente, ya sabe, no podemos decirle, si no nos va a cargar la chingada -respondio el de peores cabellos.

-Pero ellos no encontraron nada, tenian nomas pinches veinte mil pesos, !fui yo quien descubrio lo de las paredes! -interrumpio el Sargento Segundo.

-Ya le dije que no se meta, Sargento, tengo ordenes del Presidente de encargarme de todo, ?entiende?, ?desde cuando tan devoto de la exactitud?, ?que no es policia? ?Y que les dijo la fuente? ?A quien pensaban agarrar o que?

-A nadie, senor, nomas nos dijeron que en la casa habia un chingo de lana -dijo el que habia cenado tamales de pobre.

-Ah, ?pero que no era un operativo?

-Si, pues, un operativo, asi hacemos.

-Se quedan por aqui -dijo el Director con seno dictatorial-, no se vayan, no se cambien, no se toquen un pelo, los vamos a necesitar para una foto. Ya chingaron, el Presidente de la Republica ha autorizado una recompensa de cinco mil pesos para cada uno. !Cinco mil pesos!

Elegido el elenco para la representacion, otra vez el relato epico de dos muertos de hambre que subliman su miseria, el Director se acerco a la sala para supervisar el conteo y la organizacion del dinero. Habia ocho personas en ello, seis contando y dos levantando la incipiente montana del dinero ya contado. Para poder trabajar, habian empujado los billetes amontonandolos en un rincon de la sala, si es valido llamar rincon a una superficie que cubria mas de la mitad de la totalidad del espacio. Un rinconzote, digamos. En alrededor de una hora habian contado apenas catorce millones cuatrocientos mil dolares, apenas eso, catorce millones cuatrocientos mil dolares, un chinguisimo de lana, pero una cantidad ridicula si se miraba el montoncito que formaba. Haciendo un calculo geometrico, primero, y aritmetico, despues, el Director concluyo que seria alrededor del cinco por ciento del total del dinero. Organizo de nuevo a la gente, asignando a algunos que se entretenian en ocupaciones trascendentales para la burocracia, tales como mirar, especular y asombrarse, hasta conseguir que fueran trece los que contaban y cinco los que iban levantando la montana. !A ver si asi avanzaban mas rapido!

Necesitaban la foto antes de las seis de la tarde, para que los noticieros nocturnos tuvieran tiempo de reorganizar sus ficciones en torno a esa imagen. Habria una declaracion oficial del Procurador. Y otra foto: una imagen del Procurador y el Mismisimo Presidente de la Republica estrechandose la mano en el despacho presidencial, muy dizque contentos, sonriendo sonrisas impostadas, felicitandose aliviados, como dos compadres que acaban de aclarar un malentendido y ya pueden seguir chupando, que no compadre, que nunca me he acostado con su vieja, se lo juro por mi jefecita que esta en el cielo, ah bueno, chocalas.

La montana crecia y el Director habia cambiado de idea respecto de los policias, la imagen de un par de zarrapastrosos al lado de una montana de dinero no seria inspiradora, como habia imaginado al principio, sobre los valores de la humildad y la pobreza, sino laconicamente melancolica -y sin trabalenguas. Que traigan uniformes nuevos, ordeno frunciendo un raro ceno apocaliptico que no venia al caso, uniformes de gala, y zapatos de charol relucientes, que se banen, traigan una peluquera para que les arreglen esos peinados tan lamentables, si puede.

Comenzo entonces a pasar el tiempo, que no paraba, ?en serio?, no cesaba, arrastrado por la accion, !ah!: unos iban formando la montana de dinero, otros intentaban adecentar a los protagonistas del fabuloso suceso y el resto investigaba la procedencia de tanta pinche lana. El objetivo final era desmontar lo abstracto de la situacion, vaciarla de misterio y llenarla de realidad, y todo esto se conseguia a traves de la forma, de la imagen que se estaba construyendo como estandarte de la victoria inequivoca del gobierno. El mejor ejemplo era el dinero, que estaba dejando de ser un monstruo o un hoyo negro o un monton de cagada: el bloque que se estaba levantando lo delimitaba, lo devolvia al orden del que nunca deberia haber salido. Por eso al final la montana no seria propiamente una montana, sino un inmenso bloque rectangular en el que la forma cumpliria el cometido de aniquilar el desasosiego. La montana de dinero seguiria siendo una montana, porque la bonita palabra montana era fundamental, pero solo como metafora, para expresar rotundamente que se trataba de un chinguisimo de lana, !un golpe a los criminales de proporciones himalayicas!

Iban a ser las cuatro de la tarde cuando un Teniente coronel con chinguero de medallas resplandecientes prendidas al uniforme, uno de los militares de alto rango presentes, convoco una reunion de emergencia. Para aquel entonces la montana estaria al setenta u ochenta por ciento, calculaban, un setenta y cinco por ciento, digamos, y el conteo indicaba doscientos diez millones de dolares. Doscientos diez millones de dolares. !Se la rajan! Pronto podrian tomar la fotografia, en la pared del fondo habian colocado unas lonas con los escudos de la Procuraduria, de la Policia, de las Fuerzas Armadas y el involuntariamente anti-artistico logotipo de la Presidencia de la Republica. La idea era que la foto inmortalizara a las instituciones o, como minimo, que la imagen institucionalizara la inmortalidad.

El Teniente, el Director de Imagen y el Sargento Primero se encerraron en una de las habitaciones carentes de sigilo, empenandose en parecer lo mas sospechosos que fuera posible, para enfatizar asi sus respectivos altos cargos.

-El dinero esta limpio -informo el Teniente.

Siguio un silencio breve, no hace falta decir que parecio eterno, porque es mentira, fue cortito, que sirvio nomas para que el Director de Imagen y el Sargento Primero verificaran su competencia linguistica, a saber: si hablaban el mismo idioma que el Teniente, manera de confirmar que estaban entendiendo lo que estaban entendiendo.

-La pregunta es, ?quien queria chingarnos? -continuo.

-?Como que esta limpio?, ?que quiere decir? -interrumpio el Director de Imagen, quien empezo a fruncir combinaciones de cenos bastante contradictorias.

[ILUSTRACION OMITIR]

-Que esta limpio quiere decir que esta limpio, se trata de un siete, ?necesito explicarselo?

-Oigame, a mi me mando aqui el Presidente...

-Tch, tch, ?a usted no le ensenaron cuando tiene que callarse el pinche hocico? ?Usted cree que yo voy a decir que el dinero esta limpio si no esta limpio? ?No sabe lo que es un siete? La verdad, Sargento, tuvimos que confirmarlo varias veces, no creiamos que pudieran estar tan pendejos.

-Fueron dos policias de a pie, Teniente, !como iban a imaginarse! -se defendio el Sargento Primero.

-?Y todos los demas? !Seran pendejos! ?Como pueden confundir un ciento once con un siete?

-Nosotros pensabamos que era un setenta y tres...

-!Pero es que no mames! !No mames! -se entrometio de nuevo el Director de Imagen. ?; !Como van a tener tanta chingada lana metida en una pinche casita!?

-Callese.

-?!Que no conocen Suiza!? ?!Andorra!? ? !Licchtenstein!? !No mames! !En Uruguay hablan espanol si ese es el problema!

-!Que se calle el puto hocico! Traigan a los pendejos esos, a los primeros que llegaron, ahorita vamos a averiguar todo.

-Teniente, con todo respeto, usted no tiene mando ni autoridad para hacerlo, yo hablare con ellos -protesto el Sargento.

-Oigame, Sargento, aqui se hace lo que yo digo y se hace por ordenes de quien usted ya sabe. ? Acaso no se ha enterado de como ha cambiado el pais? ?No se ha enterado de quien manda ahora? ?Quiere probar? ?Quiere probar?

El Sargento Primero salio casi corriendo a buscar a los policias, esto si que era mandar y no mamadas con cenos expresionistas, por si fuera poco cada vez que el Teniente gritaba lo acompanaba de tintineos de medallitas, tilin-tilin, ?tilin?, no, no era asi, esta cabron reproducir el energico cimbrar de una caja toracica marcial, pero la combinacion de gritos y tintineos era bien imponente. Enseguida ordeno que desalojaran la casa, en putiza, todos deberian largarse con la consigna muy clarita de que alli no habia pasado nada, aqui no ha pasado nada, comenzaron a repetir todos como merolicos, nada, pinche nada, !ay del que hablara!, le sobrevendrian espantosisimos tormentos dizque nunca vistos pero en realidad muy comunes, torturas chinas cruzadas con japonesas y extirpadas de todo residuo de piedad.

En el mismo instante en que al Director de Imagen se le esfumaba el ceno, el Sargento Primero volvio a la habitacion solo y con la cola entre las patas:

-Teniente, no pueden venir ahora, les estan cortando el pelo. -
COPYRIGHT 2011 Editorial Vuelta, S.A. de C.V.
No portion of this article can be reproduced without the express written permission from the copyright holder.
Copyright 2011 Gale, Cengage Learning. All rights reserved.

Article Details
Printer friendly Cite/link Email Feedback
Author:Villalobos, Juan Pablo
Publication:Letras Libres
Date:Aug 1, 2011
Words:4473
Previous Article:Imitacion de Verlaine.
Next Article:El lenguaje mas antiguo.
Topics:

Terms of use | Privacy policy | Copyright © 2019 Farlex, Inc. | Feedback | For webmasters