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Pedro Martinez Garcia, El cara a cara con el otro: la vision de lo ajeno a fines de la Edad Media y comienzos de la Edad Moderna a traves del viaje.

Pedro Martinez Garcia, El cara a cara con el otro: la vision de lo ajeno a fines de la Edad Media y comienzos de la Edad Moderna a traves del viaje. Frankfurt am Main/Berlin/Bern/Bruxelles/New York/Oxford/Wien: Peter Lang Edition, 2015.

La construccion de las identidades individuales y colectivas ha tendido a convertirse en estas ultimas decadas en uno de los temas de mayor interes en el quehacer de los cientificos de las ciencias sociales. Desde las reflexiones de Erickson, Tajfen y Habermas o Bordieu y Tap en los anos setenta y ochenta del siglo XX, la preocupacion de sociologos, politologos, antropologos y sociologos se ha conducido cada vez mas desde los anos noventa hacia el cuestionamiento del caracter universal de los referentes identitarios y la busqueda de los procesos de elaboracion de tales marcadores de identidad como parte de elaboracion y reelaboracion cultural en diferentes ambitos espaciales y a lo largo del tiempo. La cuestion de como los individuos se representan a si mismos y al mundo que los rodea a partir de un imaginario colectivo del que se nutre la conceptualizacion de objetos y practicas y se construyen relatos--considerando algunas ideas de Morin, Hall y Du Gay--no ha escapado tampoco a los historiadores ni, entre ellos, a los especialistas en el estudio de la Edad Media. El libro de Pedro Martinez que tengo la ocasion de presentar se situa en este cruce de caminos historiograficos y, como veremos, el viaje hacia lo ajeno y lo propio, lo conocido y lo desconocido, que nos propone nos conduce a traspasar no pocas fronteras territoriales, cronologicas, disciplinares e intelectuales

El trabajo de Pedro Martinez, fruto de la que fue su tesis doctoral, discurre justamente entre los limites del mundo medieval y del mundo de la temprana modernidad, pero no solo esto. Tambien se mueve entre los limites que separaban el Viejo Mundo conocido de la Ecumene medieval y los confines en expansion que para las sociedades occidentales se abriran entre los siglos XV y XVI, en los cuales se alumbrara la identificacion e integracion a la cosmovision de la civilizacion europea de la Quarta pars mundi, el Nuevo Mundo americano. En este sentido, la experiencia del viaje y su trasposicion en forma de narracion se convierte en el objeto de estudio para afrontar la problematica de la alteridad y su representacion en ese contexto habitualmente pensado por los historiadores a partir de categorias estancas y claramente separadas. Asi, dos preguntas cenitales enmarcan todo el ensayo del autor. Por una parte, ?como describe el viajero al otro totalmente desconocido en comparacion al extrano ya conocido o del que al menos tiene referencias? Por la otra, ?hay verdaderamente otro desconocido para el viajero en el llamado "Nuevo Mundo"? Esto es, si es posible apreciar, a partir del estudio de relatos que tengan los viajes hacia tierras distantes y el contacto con las gentes extranas que las pueblan como eje comun, por un lado, la conformacion de un autentico marco epistemico comun entre el viajero (o el redactor del texto) y el receptor de este mensaje escrito a la hora de elaborar la descripcion de lugares, personas y rasgos de cultura ajenos. Por otro lado, si esto ocurre y puede detectarse en relatos de viajes del final de la Edad Media, ?cuales serian las continuidades y las rupturas respecto de los testimonios de las primeras exploraciones en el Atlantico y hacia el desconocido mundo americano? En fin, si habria que pensar muy seriamente en la fortaleza de unas raices de tradicion medieval en ese proceso de "invencion de America", tan bien ilustrado por O'Gorman, que afectaron al contacto de los occidentales con tales tierras ignotas y con los pueblos que las habitaban y organizaban y a la propia representacion de los para ellos nuevos espacios, gentes, cuerpos, comunidades y costumbres.

Para tan ambiciosos objetivos, el autor procede a una seleccion de fuentes en la que prevalecen, obviamente, dichos textos narrativos, si bien Pedro Martinez no ha desdenado servirse de otros documentos que permitieran apoyar su analisis, fundamentalmente ciertas fuentes cartograficas y de tipo iconografico. Este elenco textual y grafico se mueve, grosso modo, entre los inicios del siglo XV y las primeras decadas del siglo XVI, tratando de ser abordado con cierto sistematismo a la hora de discernir como el "otro", a ojos del viajero/narrador, es confrontado por primera vez, pudiendo dar lugar esto a la localizacion de concomitancias, modelos o posibles puntos de ruptura. De este modo, para cada uno de los textos tratado de forma monografica, el autor procede al estudio critico del autor y de la obra, su contextualizacion espacio-temporal y la valoracion de la tradicion documental de los manuscritos conservados a traves de los que se nos ha transmitido cada uno de los relatos. A partir de ese punto es cuando ya se entra a considerar esa percepcion del otro y esa elaboracion de identidades surgida a partir de la "epifania del rostro", experimentada por el viajero, nocion recurrida a partir de Levinas por nuestro autor, una de las muchas referencias del muy solido armazon teorico del libro.

Con ese fin, la exposicion se ordena en dos partes. En la primera, se trazan las referencias para la consideracion del viaje en la sociedad europea occidental tardomedieval y de la primera Edad Moderna y ese ejercicio de la vision del otro en el ambito de Europa y el mundo mediterraneo hasta el final del siglo XV. En la segunda, el enfoque se dirige hacia el horizonte atlantico desde practicamente sus primeras fases de exploracion poco mas alla de las Columnas de Hercules entre los siglos XIV y XV hasta el abordaje de la experiencia americana y la toma de conciencia de encontrarse ante un mundo nuevo ..., o no tan nuevo, a la luz de lo expuesto por narraciones como las de Colon, Pigafetta, Cabeza de Vaca o Lopez de Gomara, entre otros, segun nos propone Pedro Martinez.

Como podra apreciarse, el enlace entre el conjunto de los textos elegidos por nuestro autor es el de una perspectiva hispanica y muy particularmente castellana. Asi sera bien por la naturaleza de los viajeros protagonistas o de los redactores de sus andanzas, bien por la vinculacion del contexto historico o de los espacios visitados con Castilla y el ambito hispanico y su proyeccion en el Occidente y el Atlantico en la Baja Edad Media y la Alta Edad Moderna. Ello no es obice para que se recurra tambien a un buen ramillete de textos producidos por viajeros y tratadistas de otras regiones europeas, britanicos o italianos pero fundamentalmente de las regiones germanicas del Sacro Imperio y su area de influencia. Esto permitira, ya puedo adelantarlo, a la obra del merito de dimensionar justamente el papel de la circulacion de conocimientos literarios y cientificos, cartograficos y etnograficos, operada entre el area iberica y los territorios centroeuropeos entre los siglos XV y XVI, los cuales tuvieron una certera relevancia en la configuracion para los europeos de la epoca de esa "frontera atlantica" en continua ampliacion.

De este modo, la primera parte del libro nos coloca ante los principales condicionantes que el emprendimiento del viaje tenia para la cosmovision occidental bajomedieval. Desde los relatos de Ruy Gonzalez de Clavijo en su periplo a Samarcanda hasta las peregrinaciones a Tierra Santa de Felix Fabri o Bernhard von Breydenbach, las motivaciones del viaje son desgranadas --la mision diplomatica, la peregrinacion a lugares sagrados, el interes por los negocios comerciales, la aventura caballeresca--, del mismo modo que barcos, posadas, caminos y el propio viaje nos son dibujados como espacios especificos de sociabilidad en los que opera una logica propia transmitida al relato. Elementos de descripcion de gentes y tierras y lugares comunes en la apreciacion de personas, espacios y ciudades, actividades, practicas sociales, etcetera, nos son presentados a partir de aquellas logicas motivacionales arriba expresadas, siempre con un ameno estilo narrativo por parte de Pedro Martinez, que no abandonara en todo su discurso, aunque a partir de una pincelada un tanto expresionista que acaso hubiera podido ser objeto de mayor profundizacion a la hora de observar diferentes logicas sociales y, por tanto, perspectivas sociales respecto del hecho del viaje y el contacto con el "otro".

Tras esta presentacion, los dos capitulos centrales de dicha primera parte proponen una especie de "viaje de ida y vuelta" desde Castilla hacia el Mediterraneo y la Europa Central y su retorno desde el Imperio hasta la peninsula iberica. El primero de ellos se concentra en el analisis de las Andancas y viajes por el mundo avidos, del castellano Pero Tafur, ocurridas entre 1435 y 1439. El segundo trata en bloque los textos de sus viajes a la Espana medieval y sus confines del caballero suabo Georg von Ehingen, el baron bohemio Leo von Rozmital, escritas en dos versiones, una en checo por Vaklav Sasek y otra en aleman por Gabriel Tetzel, y el famoso Itinerarium, en latin, de Hieronymus Munzer, patricio de la ciudad de Nuremberg, desarrollados entre 1456 y 1495. El estudio de estos textos no solo permite al autor profundizar en la propia construccion de la identidad del viajero--o multiples identidades y, por tanto, alteridades, como ocurre con Tafur que es plasmada en los resultados de la redaccion de sus peripecias, sus condicionamientos en torno a dimensiones de identidad caballeresca, busqueda de la fama y la fortuna, el objetivo diplomatico de alguno de estos desplazamientos--caso del de Rozmital--o el acceso a las primeras experiencias de la exploracion y expansion portuguesa hacia el Atlantico africano, al tratar de Ehingen o Munzer.

Sin embargo, este no es su solo alcance. El conjunto de estas fuentes narrativas permite a Pedro Martinez reconocer el peso del modelo retorico del Laudibus urbium, para la descripcion del lugar desconocido y sus habitantes, comunmente adoptado por los redactores de estos relatos para la presentacion de lo desconocido observado como nuevo y su elogio o critica en relacion con su comparacion con la tierra y sociedad de origen del viajero. La continuidad de dicho referente en la elaboracion narrativa quedara constatada igualmente en buena parte de los textos analizados en la segunda parte del libro, a la hora de aproximarse a los ambitos desconocidos en el Atlantico y America. No obstante, aqui interesa como se subraya la fijacion de esa matriz epistemica para la racionalizacion de la otredad, a partir de la cual tanto el castellano como los germanos proceden a observar a los otros, musulmanes, griegos, italianos, alemanes, por una parte, y catalanoaragoneses, castellanos, vizcainos, gallegos y portugueses, por la otra. La apreciacion de diferentes identidades en el seno de la cristiandad occidental a partir del contraste de dos de ellos situadas en dos de sus polos mas dinamicos, permite igualmente comprender como el mismo "otro cristiano"--y no solo musulmanes, griegos ortodoxos y otras gentes de ambitos de civilizacion diferentes--contribuyen a la construccion de la identidad del yo, a menudo desde una posicion de superioridad cultural y moral. El exotismo de aspecto fisico o vestimentas, la falta de honor caballeresco, de franqueza, el desorden de los comportamientos religiosos o sexuales o la carencia de honra y virtud por parte de las mujeres son facilmente trazados por los viajeros o sus narradores en las descripciones de sus interlocutores en el camino.

A lo largo de ese capitulo dedicado a los textos de origen germanico, podremos encontrar las primeras referencias a la contemplacion de gentes procedentes de las empresas lusocastellanas de exploracion, conquista y colonizacion en el Atlantico. Infieles calificados como barbaros de origen africano son considerados a partir no solo de su fe o de la lectura animalistica de sus cuerpos. Los referentes a textos anteriores, incluso de raiz clasica, como los de Plinio el Viejo, rezuman en las letras de estos narradores del Imperio en su paso por Ceuta, Sevilla, o la dinamica y transcultural Lisboa de finales del Cuatrocientos. En estas ciudades ibericas sera donde Munzer tambien tenga su primer contacto con los aborigenes de Canarias, aspecto que permite enlazar asi el final de esta primera parte del libro con la siguiente, ya centrada en la cuestion de la vision del otro en ese horizonte atlantico de colonizacion, tal y como lo entiende el autor.

Cuatro capitulos componen esta segunda parte, siendo el primero el dirigido a fijar los referentes textuales que la construccion del viaje a los confines del mundo heredaran los viajeros y autores en el Atlantico de los siglos XV y XVI. Desde Herodoto y el citado Plinio hasta Mandeville y el Libro del conoscimiento, ya en el siglo XIV, se nos dibuja todo un panorama mental abierto a la aceptacion de lugares y seres que encajan en el concepto de la Mirabilia, lo extraordinario y maravilloso, a veces monstruoso y diabolico, a veces hermoso y edenico. Expresion del plan de la Creacion y de sus simbolismos, las referencias de lo antes situado en el exotico mundo oriental bien pasaran a formar parte del universo a reconocer en las regiones del poniente holladas al surcar el Mar Oceano.

El segundo capitulo de esta parte segunda afronta el texto de Le Canarien, en que se narra la primera empresa conquistadora en el Atlantico, desarrollada en las islas Canarias bajo el mando de los capitanes franceses Jean de Bethencourt y Gadifer de La Salle entre 1402 y 1407-1412. En ella, mas alla de digresiones interpretativas a la hora de calibrar la experiencia de Bethencourt y De La Salle en el desconocido espacio insular desde una perspectiva caballeresca exoticamente sostenida sobre supuestos de materia literaria cortes, grialistica y wagneriana, el autor muestra con habilidad como el modelo del Laudibus urbium vuelve a ponerse en juego. En esta ocasion, predomina la descripcion paradisiaca de las islas y de sus habitantes, en tanto lugares salutiferos y fertiles y sus pobladores como una suerte de bondadosos gentiles de cuerpos hermosos y piel clara, costumbres inocentes pese a su paganismo, susceptibles de ser bien convertidos a la verdad del cristianismo. Es relevante incidir en como este thopos en la vision del otro tendra un gran exito a la hora de ser traspuesto a nuevas experiencias en el contacto con poblaciones indigenas a la llegada a America de los europeos hispanos. Otra de las lecturas de estos pueblos, al fin, conectara con el universo de lo maravilloso medieval, en la reactualizacion de la figura del "hombre salvaje" en la cultura europea del siglo XV, de gran profusion iconografica en miniatura, pintura y escultura.

Ya en un tercer capitulo, al hilo de esa continuidad cultural medieval reconocida en Canarias, Pedro Martinez nos ofrece un sugestivo ejercicio de analisis microhistorico para afrontar el reconocimiento de muchas de esas imagenes de lo extraordinario--y a menudo monstruoso--, propias del acervo cultural del Viejo Mundo en la exploracion del Nuevo Mundo. Asi, la presencia de gigantes y canibales, ejemplos de la monstruosidad que habia de poblar los confines del mundo y del dominio de lo diabolico en ellas sera verificada a traves de distintos testimonios en las exploraciones americanas. De este modo son cruzadas, fundamentalmente, la narracion de Antonio de Pigafetta, publicada en 1536, a cuenta del viaje de circunnavegacion de Fernando de Magallanes, y la carta del continente americano, America, Americae sive quartae orbis partis nova et exactissima descriptio del cartografo Diego Gutierrez de 1562, de cara a reflejar en ellos la constatacion de como en el espacio "descubierto" se procedia a reconocer aquello que era previsible hallar, relacionado con los caribes o con los tupies en el caso de los canibales o con los patagones en el de los gigantes. Estos se nos aparecen elaborados para los europeos a partir de distintas fuentes que van mas alla de la experiencia con esos pueblos originarios de America, como los textos clasicos, los libros de caballerias o las representaciones iconograficas de tradicion centroeuropea.

Llegamos al fin al ultimo capitulo, donde el texto nuclear a analizar es el Diario de a bordo del primer viaje colombino, elaborado por fray Bartolome de las Casas a lo largo de la primera mitad del siglo XVI, que servira para confrontar, justamente, la cuestion sobre las continuidades y las novedades en la construccion de identidades ante esa nueva experiencia americana. A partir de un punto de vista atento a debates de tipo post y decoloniales, trata de enmarcarse en el texto esa encrucijada de la construccion de la identidad americana a partir de los primeros encuentros entre "descubridores" y "descubiertos"--o reconocidos, como venimos viendo--, la cual tambien habria influido en todo el proceso posterior de definicion de la identidad americana desde una matriz de modernidad colonial, a juicio de Pedro Martinez.

No es el unico texto al que se recurre para este ejercicio de los primeros encuentros entre castellanos e indigenas americanos. De nuevo, a pinceladas someras aunque con habilidad y buen gusto literario, nuestro autor aprovechara otras experiencias de primera interaccion de exploradores, navegantes, combatientes y religiosos hispanos en el Caribe, Florida o el territorio mexicano con sus pobladores para reforzar su argumentacion en torno a ese contacto iniciado con el viaje de Colon de 1492. De nuevo los referentes medievales surgen, como la descripcion basada en el Laudibus urbium o el reconocimiento de las islas de las Antillas como Cipango y Catay o la proximidad logica en tierra firme del imperio del Gran Khan supuesta por el almirante de la Mar Oceana. No puede tampoco dejar de llamarnos la atencion que en la secuencia de descripcion de los nativos tainos, desde la primera lectura del cuerpo de los mismos a la interpretacion de sus costumbres, hallemos referencias al modelo generado a partir de los aborigenes de Canarias que Martinez ha presentado a partir de Le Canarien: de piel clara, rostro hermoso, gentiles y de buen trato, habitantes de nuevo de fertiles y saludables islas.

Lo paradisiaco, en cualquier caso, parece ser una sola de las caras de una moneda que tambien muestra evidencias del dominio del Mal entre los aborigenes de las Indias. Esto acaso exigiria mayor profundizacion a partir de un estudio mas exhaustivo de esos textos apenas evocados de los ya citados Cabeza de Vaca, Lopez de Gomara, el padre Las Casas o tambien de Cortes o de Bernal Diaz del Castillo. Sea como fuere, en la interpretacion de Pedro Martinez se evidencia, efectivamente, no solo la prevalencia de modelos narrativos--tambien de representacion iconografica--occidentales de raigambre medieval o basados en la experiencia oriental asiatica traspuesta a las Indias americanas. Tambien, la persistencia desde una raiz medieval de un procedimiento en la percepcion del otro y la construccion de su identidad, propio de los occidentales en que la diferencia racial basada en la primera lectura de caracteristicas fisicas, a la que se sucedera la consideracion de aspectos de fe religiosa, orden social, vestimenta, costumbres y otros aspectos materiales, sociales y morales. Tal elaboracion de la alteridad, ya aplicada en el reconocimiento de los pueblos de la Ecumene asiaticos, africanos pero tambien europeos e incluso cristianos occidentales, que al fin sirve para la fijacion de la propia identidad de quienes participan de ese mismo caldo cultural y epistemologico en que fluyen los relatos de viaje, si no permanecio sin modificacion en los contextos del siglo XVI para el ambito americano, cuando menos no dejo contribuir al progresivo proceso de construccion de identidades diferenciales americanas.

El texto entregado por Pedro Martinez ofrece un sugerente campo para la reflexion y el dialogo entre especialistas en campos historiograficos y de las ciencias sociales diferentes en America y Europa. Aunque en muchas ocasiones las impresiones del autor bien merecieran mayor soporte argumentativo, documental o bibliografico, el mismo deja todo un campo abierto para continuar su propia investigacion. Concluyendo, segun se amplio la frontera espacial e ideologica de ese Nuevo Mundo occidental mas alla del Atlantico, asi fue caminando en ese avance una forma de percibir al otro que tenia extensas y antiguas ramificaciones del otro lado del oceano. De algun modo, concluye Pedro Martinez que no existe, pese a la riqueza de elementos descritos para la caracterizacion del otro y su entorno, nada radicalmente desconocido para esa mentalidad occidental tardomedieval y altomoderna: todo lo "descubierto" es integrado dentro del catalogo de lo ontologicamente conocido, dentro de ese acervo cultural. A partir de ahi, en todo caso, el inicio de sistemas simbolicos y visiones hibridas, surgidos del mestizaje en la America hispana colonial, segun Martinez, siempre partiria de una posicion de dominante colonialismo epistemico occidental a la que es preciso acceder cientificamente. Invitar a reconocer entre sus conformantes esa raiz medieval de la construccion de la identidad y la alteridad, de multiples caras segun la perspectiva de observador y destinatario del mensaje, es otro de los meritos de este libro.

DOI: http://dx.doi.org/10.22201/iih.24486922e.2018.59.63117

VICTOR MUNOZ GOMEZ

Universidad de la Laguna

Instituto Universitario de Estudios Medievales y Renacentistas

San Cristobal de La Laguna, Santa Cruz de Tenerife, Espana
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Author:Munoz Gomez, Victor
Publication:Estudios de Historia Novohispana
Date:Jul 1, 2018
Words:3835
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