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Pasiones barrocas, razones ilustradas y emociones romanticas en la tragedia Solaya o los circasianos, de Jose Cadalso.

Solaya o los circasianos o la busqueda de libertad de expresion

Aunque se ha querido ver en la trayectoria historica de Rusia y Espana algunas coincidencias (Zea 111-44), las relaciones entre ambos paises desde los tiempos de Basilio III y Carlos V, han estado sometidas a numerosos vaivenes, con esporadicas interrupciones y reanudaciones que se prolongaron hasta el ultimo cuarto del siglo XX (Sanchez Diana; Kovacs; Volosiuk "Politica exterior"; Fernandez Izquierdo; Camara), llegando incluso a competir en el siglo XVIII cuando sus intereses chocaron en Nutka y la costa norte del Pacifico (Volosiuk "Colonizacion").

En medio de estos cambios en las relaciones oficiales no faltan episodios de colaboracion particulares, como los protagonizados por el napolitano de ascendencia espanola Jose de Ribas, al servicio de Catalina II (Merry del Val; Diaz de Otazu), fundador de Odessa, o por el canario Agustin de Betancourt, autor de numerosas obras publicas por toda Rusia, que llego a ocupar importantes cargos durante el reinado del zar Alejandro I y fue reconocido con la Cruz de Caballero de la Orden de Alexander Nevski (Gouzevitch). Tambien los artistas y literatos de ambos paises han mostrado un aprecio mutuo por los logros respectivos del otro, con influencias relevantes de Cervantes y Calderon a Garcia Lorca o Alberti y de Pushkin y Turguenev a Tolstoi o Dostoievski, sin que hayan faltado diplomaticos, viajeros, curiosos e incluso politicos que han dejado sus testimonios sobre cada pais (Lopatnikov; Badenas y Del Pino).

A pesar de estos interesantes episodios, la situacion politica no ha propiciado un conocimiento amplio e intercambios regulares entre ambos pueblos hasta epocas muy recientes (Lopez-Cordon). Por eso, llama la atencion que un autor como el ilustrado Jose Cadalso, uno de los pensadores y literatos mas importantes de la Espana de la segunda mitad del siglo XVIII, situara una de sus tragedias, Solaya o los circasianos, en la zona del Caucaso delimitada por los mares Negro y Caspio, territorio que por esta epoca Rusia estaba disputando al Imperio turco (Taracha), tal y como recordo el mismo Cadalso en Los eruditos a la violeta (19) y en el Suplemento al papel intitulado Los eruditos a la violeta (66).

Como senalo Pedro Alvarez de Miranda (312), poco o nada se conocia de Circasia en la Espana del siglo XVIII. Prueba de ello es el doble matiz con el que aparecia la region o lo relacionado con ella en dos textos de la epoca. Por una parte, recordaba Alvarez de Miranda (312), el P. Feijoo la mencionaba como ejemplo de barbarie en sus Cartas eruditas: "Pero si lo que V. mrd. dice, que aun hay en Espana profesores que tratan de quimera el peso del aire, llegase a noticia de italianos, ingleses y franceses, ?que dirian sino que los espanoles somos cimbrios, lombardos y godos, y aun escitas, siberios y circasios?". Feijoo seguia con ello una tradicion que en castellano aparece al menos en el embajador a Persia Garcia de Silva y Figueroa que, en los Comentarios de la embajada que de parte del rey de Espana Don Felipe III hiyo al Rey Xa Abas de Persia se referia tambien a los circasianos ("circassos") como una poblacion que
   auiendolos la naturaleza doctado de una rrara belleza y gentil
   dispusicion, con ser sinplicissima gente y sumamente barbara, esta
   perpetuamente expuesta a los latrocinios y rrepentinos asaltos de
   los piratas turcos, cosacos, tartaros y lazos, siendo despues los
   tales esclauos tenidos adonde quiera en mas precio y estima que
   otros algunos. (II, 233)


A esta imagen poco favorable se contrapone la que proporcionaba el propio Cadalso en otra de sus obras, los Anales de cinco dias, tambien reproducida por Alvarez de Miranda (313), donde aparece como muestra de elegancia francesa, sin duda presuntuosa, una mencion a la circasiana, el traje que lleva uno de los petimetres cuya indumentaria describe el autor gaditano con ironia: "El uno vestia una casaca o sobretodo, sortu o cabriole, de color obscuro, forro amarillo y guarnicion de plata. A esta cubierta, funda o vestido, llamaban peques; y el otro, otra encarnada y oro, que nombraron circasiana, con pasamanos de cadenillas y borlitas, por quid pro quo de ojales y botones" (69).

Si la misma region podia presentarse, incluso por la misma epoca, en los extremos de civilizacion, como cuna de ignorancia y a la vez como origen de la denominacion de una prenda de vestir sofisticada, quiere decirse que no habia, en la Espana del siglo XVIII, una informacion clara de su cultura y costumbres. Mas, en realidad, no se puede decir que esta fuera una situacion excepcional, porque tampoco en un pais que andaba a la cabeza de las novedades intelectuales durante el Siglo de las Luces, como era Francia, abundaba la informacion no ya sobre Circasia, sino sobre la misma Rusia (Adamovsky). Asimismo, un ilustrado celebre como David Hume, en su ensayo "Sobre los caracteres nacionales" aunque otorgaba a los tartaros contemporaneos una cierta superioridad sobre los negros, tampoco tenia de ellos la buena opinion que les asigna Cadalso en su tragedia:

Tiendo a sospechar que los negros son naturalmente inferiores a los blancos. Casi nunca hubo una nacion civilizada de este aspecto, ni siquiera algun individuo eminente en la accion o en la especulacion. Tampoco ningun artesano ingenioso entre ellos, ni artes, ni ciencias. Por otra parte, los mas rudos y barbaros de los blancos, como los antiguos GERMANOS o los TARTAROS actuales, tienen algo eminente, en su valor, forma de gobierno o algun otro aspecto particular ((208 nota; traduccion mia).

Cabe recordar, ademas, que Cadalso reconocio en la introduccion a sus Cartas marruecas que "Seria increible el titulo de Cartas persianas, turcas o chinescas, escritas de este lado de los Pirineos" (144), subrayando asi no solo los antecedentes literarios de su libro sino la escasa verosimilitud que tendria una obra espanola protagonizada por personajes de paises practicamente desconocidos.

En esas circunstancias, ?que llevo a Cadalso a situar su obra en unas tierras tan lejanas de Espana? Es dificil acertar con una respuesta concluyente, pero es muy probable que el gaditano buscara disponer de un tratamiento mas libre para los contenidos de su tragedia, sin tener que someterse al compromiso que imponen unos acontecimientos historicos conocidos. Mediante la distancia geografica y sin necesidad de mantener fidelidad alguna a los hechos, se esta, como senala Lafarga (174), en optimas condiciones para demostrar la tesis elegida o para ejercer la critica social y filosofica que se desee. El resultado no gana tanto en objetividad, como indica Hafter (444), como en la creatividad que se desprende de poder usar la imaginacion sin limites.

No hay que olvidar que toda la trama de la tragedia gira en torno a un drama de honor que podria perfectamente tener cabida en la historia de Espana, como seria el caso de otra de las tragedias, Don Sancho Garcia, conde de Castilla, que Cadalso escribio a la vez que Solaya durante 1770 (aunque Aguilar sostiene "que su fecha de redaccion puede estar mas cerca de 1765 que de 1770" ["Solaya" 17]). Dicho de otra manera, mediante el alejamiento temporal y espacial, Cadalso buscaria librarse o atenuar en la medida de lo posible los problemas con la censura oficial y los derivados del reproche ideologico del publico.

En lo que respecta a la primera, constituia un problema fundamental para los autores de su tiempo, y Cadalso, que tambien ejercio de censor (Deacon), lo habria de sufrir durante su corta vida de manera reiterada (Glendinning, Vida 11-16). De hecho, como consecuencia de la censura oficial o de la sobrevenida por precaucion o temor (Domergue 11), algunas de sus obras se han perdido: nada sabemos de las Observaciones de un Oficial holandes en el nuevamente descubierto Reino de Felizta, a la que alude en su "Memoria de los acontecimientos mas particulares de mi vida" (13); tampoco se ha descubierto La numantina ni ninguno de los numerosos titulos citados en las Cartas marruecas, si es que efectivamente llego a escribirlos. Ademas, sabemos que hubo de publicar el Calendario manual y guia de forasteros en Chipre para el Carnaval de 1768 y otros, que se le atribuye, de manera anonima; Los eruditos a la violeta, Suplemento al papel intitulado Los eruditos a la violeta y Ocios de mi juventud con su segundo apellido (Vazquez) o con seudonimo, como en el caso de Don Sancho Garcia, conde de Castilla, firmado por Juan del Valle. Por ultimo, sus mas celebres obras, las Cartas marruecas y las Noches lugubres, solo se editaron tras su muerte.

Si esta hipotesis de pretender eludir la censura o atenuar los problemas con ella fuera cierta, hay que reconocer que la estrategia fue un fracaso: Solaya fue prohibida y el 15 de diciembre de 1770 "habiendo comparecido ante el Vicario [censor] su Author qe es un oficial de Borbon, instruido de la censura qe la dieron los referidos, ha quedado en correjirla y presentarla de nuevo" (Glendinning, Vida 173); no debio, sin embargo, hacer nada con el texto. Tal vez porque, por las misma fechas (7 de diciembre y 8 de enero), los censores (Francisco de la Fuente e Ignacio Lopez de Ayala, respectivamente) aprobaban otra de sus tragedias, la citada Don Sancho Garcia, conde de Castilla, que se representaba casi inmediatamente, el 21 de enero de 1771, aunque sin excesivo exito (Andioc 393). Solaya o los circasianos se perdio sin dejar rastro de su contenido hasta que un manuscrito de la misma fue encontrado por Francisco Aguilar Pinal, que lo publico en el mismo ano en que se cumplia el bicentenario de la muerte de su autor (Aguilar, "Introduccion" 34).

El argumento de la obra, que parece transcurrir en el siglo XIV, cuando la region estaba bajo el dominio de Tamerlan, muestra un drama familiar protagonizado por miembros de la alta nobleza circasiana y el principe Selin, hijo del Kan de Tartaria. Este es enviado por su padre para cobrar el tributo de doncellas del pais, que son seleccionadas por sorteo. Aunque Solaya es afortunada al no salir elegida, Selin y ella se han enamorado mientras transcurria el acto. Todo esto es conocido desde el principio de la tragedia por el dialogo que mantienen su padre, el senador Hadrio, y sus hermanos, Heraclio y Casiro, opuestos de inicio a aceptar esa union entre Solaya y el principe tartaro, por entender que ofende su honor y el de Circasia.

Se introduce asi en la obra, una clara identidad entre los deberes y obligaciones familiares y los que corresponden a la patria, tipica de la tragedia espanola del siglo XVIII. No en vano, Hadrio recalca a su hijo Heraclio que debe tener en cuenta esta circunstancia cuando se acerque a su hermana: "Acuerdate que es hija, y que es hermana; / acuerdala que es noble y circasiana" (1). Esta alusion se repite varias veces en la obra (63, v. 189; 65, vv. 238 y 247; 70, v. 362; etc.), poniendo de relieve el vinculo patriotico que liga a Solaya con los circasianos y que adquiere en la tragedia una importancia igual o mayor a la que desempena la relacion familiar.

A pesar del rechazo que la familia de Solaya siente hacia su union con Selin, su padre y su amante se ponen de acuerdo en que Solaya debe elegir libremente entre su familia y su patria y el amor por el principe. Todo parece, pues, encauzado de la manera mas civilizada posible, conforme requieren los principios ilustrados. Sin embargo, cuando, tras superar sus dudas, Solaya se incline por marchar con Selin, se desencadena la tragedia, pues los circasianos se rebelan, incendian el palacio donde se aloja el principe y matan o hacen huir a los tartaros que lo acompanan. Tras convertirse en prisioneros de sus hermanos, Solaya ve morir a su amado a manos de Heraclio, para inmediatamente despues recibir ella la muerte de Casiro. La tragedia se cierra con la llegada de Hadrio, que solo puede lamentar que se hayan desobedecido sus ordenes, actuando contra la naturaleza y contra lo que considera sagrado:
   Te dije yo que, en tus venganzas fieras,
   contra ella el brazo tuyo no extendieras;
   que en ella venerases mi retrato,
   y tu, monstruo feroz, hermano ingrato,
   faltaste a mi, y a la naturaleza.
   De aqui llevad a esa infeliz belleza.
   Falto Selin, cual joven insensato,
   al hospedaje mio, y al contrato.
   Mas no por eso es justo le faltemos
   a la veneracion que le debemos.
   Es un Principe al fin, y del respeto
   debe mirarse como sacro objeto. (129, vv. 1711-22)


La accion, por tanto, muestra desde los primeros versos el conflicto entre el honor familiar, que representa tambien al de la patria, y el amor de Solaya que, en cualquier caso, trasciende su interes particular para convertirse en reivindicacion de la libertad y la pasion, superando cualquier lastre que pudiera atribuirsele por ser mujer.

Del drama barroco a la tragedia neoclasica

Al impregnar el conflicto pasional de relevancia politica, la tragedia neoclasica se distanciaba del drama barroco, que abordaba estos asuntos exclusivamente como un problema de honor individual y familiar, solo reparable en ultima instancia con el sacrificio de la mujer. Muy significativo es, a este respecto, que Casiro, el personaje de la tragedia mas representativo de la pasion barroca, no conciba para el dilema de su hermana entre el amor y el honor sino un destino desdichado: "Ella siempre sera la desgraciada, / al rapto o a la muerte destinada" (81, vv. 575-16).

Las tragedias neoclasicas, aunque en esta epoca estan siendo auspiciadas desde el poder por el presidente del Consejo de Castilla, conde de Aranda, no eran las favoritas del publico mas popular, que entregaba su entusiasmo a las pasiones desmedidas del teatro barroco, deplorado por los ilustrados (Andioc 27-121). Tal vez sea aqui donde haya que buscar una explicacion anadida para que Cadalso situara la accion de Solaya en Circasia, eludiendo con ello, al menos en parte, los previsibles problemas derivados del rechazo ideologico de unos espectadores que, incluso formando parte de la minoria predispuesta a aceptar la filosofia de su tiempo, podian experimentar dificultades para aplaudir una traicion a la patria, aunque se realice por amor. Como ya indicara Maravall ("Funcion educadora"), las ansias censoras, al servicio de una finalidad reformadora, no faltaban entre los ilustrados, por lo que Cadalso quiso adelantarse a lo que podia resultar excesivo incluso para sus afines.

La diferencia ideologica entre el viejo estilo barroco y el neoclasico se hace notar en la obra de Cadalso, mas alla, incluso, de lo que senalo Aguilar Pinal, al aludir a "una tragedia que, aun respetando las normas neoclasicas, [se] escribe en un contexto barroco todavia. No solo por tratar el tema del honor, sino tambien por basar su argumento en la leyenda medieval del tributo de las doncellas, ya tratado por Lope en Las famosas asturianas y por Zamora en Quitar de Espana con honra elfeudo de cien doncellas" ("Solaya" 18-9). En realidad, desde los primeros versos de la tragedia, su autor nos ofrece dos maneras distintas de enfocar el conflicto dentro de la distinguida familia en el que se personaliza: Hadrio y el mayor de sus hijos, Heraclio, se inclinan de inicio por una solucion pacifica del problema, confiando en que la persuasion sea capaz de hacer regresar a Solaya a su casa. Por el contrario, el hijo menor, Casiro, solo cree en el poder reparador de las armas, proponiendo matar a los dos amantes. De momento, su propuesta es rechazada pero, al final de la obra, se impone: Heraclio pone fin a la vida de Selin mientras Casiro acaba con la de su hermana. Hadrio, por su parte, se muestra escandalizado, como acabamos de ver, de que se hayan sobrepasado las barreras que imponen la pertenencia a la familia en el caso de Solaya y la condicion de principe de Selin. Sin embargo, su actitud no ha sido la misma en todo momento y, tal y como ha senalado Francisco Aguilar ("Solaya" 128), mas parece "un cambio un tanto forzado de las ideas anteriormente expuestas", que la expresion de un sentimiento permanente. No han faltado de su parte amenazas claras hacia los enamorados: "Los dos han de morir, si yo no muero; / dejadme solo, que vengarme quiero" (111, vv. 1319-20). Aunque, con esta excepcion y alguna momentanea vacilacion, como la que sigue, siempre ha exigido que se respetara la vida de su hija, no ha sido asi con la del principe, sobre quien ha llegado a dar ordenes rotundas:
   Apenas puedo sostener su vista.
   La prision de Selin es la conquista
   a mi pecho mas grande. Al punto muera.
   Con Solaya no sea tan severa
   la ciega indignacion. Es hija mia;
   algun tiempo mi alivio y mi alegria...
   Pero ?que digo? Muera, sin la excusa
   de ser hija. Mucho mas la acusa
   mi misma sangre, a cuyo honor injuria.
   Duro es amor, si se convierte en furia.
   Ella al honor falto. Merece aleve
   que yo falte al carino que me mueve
   a perdonar su yerro. No por eso
   deja de ser mi hija... Mas su exceso
   de amor, que borra de su pecho amante
   honor y parentesco... Si. No obstante
   es hija, aunque no digna. Ya me quedan
   muy pocos anos, que mis ojos puedan
   llorar mi deshonor, y arrepentida
   puede ella mi decoro, con mi vida,
   sostener algun tiempo. !Ay, hijos mios,
   no cebeis en Solaya vuestros brios!
   !Ay! No mezcleis su sangre con mi llanto:
   pague Selin su culpa y mi quebranto. (117, vv. 1441-64)


Esta tajante disposicion final resultara crucial para que la tragedia alcance su fatal desenlace. Viene, ademas, a limitar en grado decisivo, si no a anular, el ideal de respeto y dialogo y el rechazo de la violencia como metodo de resolucion de conflictos que Sala (299-300) y Alvarez de Miranda (320) le han atribuido a Hadrio y Heraclio. Desde el principio de la tragedia, Hadrio sabe que el enfrentamiento es inevitable: "Contempla que tu sangre y sangre mia / ha de correr en este mismo dia" (58, vv. 83-4); de hecho, si no ha actuado por su cuenta es porque "vi la flaqueza / de mi avanzada edad y sangre helada / dejar mi debil mano desairada", pero su intencion era resolver la situacion no mediante el ilustrado razonamiento, sino con el barroco envite: "vine resuelto, a que mi mano / lavase con la sangre del tirano / la mancha que borro nuestra nobleza" (61, vv. 137-142). Como en el caso de Casiro, aunque con algo mas de prudencia tactica, sus apelaciones a la solucion por la fuerza de lo que considera un conflicto generado por su hija son permanentes: "Tu, Heraclio, cuando llegues / a ver que no te bastan persuasiones, / avisame, que entonces mis razones / pasaran de los labios a las manos. / Solaya tiene padre" (62, vv. 164-8).

Esta actitud tambien echa por tierra su condena del asesinato de Selin: lo que reprueba con energia en la accion de su hijo Casiro es la muerte de su hija: "!Fanatico de honor! No, no conmigo / pretendas excusar tu tirania" (128, vv. 1706-7); sus palabras no pueden constituir un reproche a Casiro por la muerte de Selin, pues no solo sabe que no es obra suya, sino que ha dejado poco antes bien sentado su destino: "Oid. Traedme al ofensor y a mi hija; / el muerto y ella viva. Que la aflija / del cadaver la vista, y se arrepienta" (115, vv. 1409-11). Hadrio no da, por tanto, "un postrer ejemplo de la tolerancia, la prudencia y la razon ilustradas" (Sala, 297). Por el contrario, es un modelo de como la pasion, precisamente por presentarse envuelta en el ropaje del honor familiar e impedir la autonomia de la persona, excluye cualquier posibilidad de triunfo de la razon. A ello alude Hadrio cuando, antes de que llegue su hija, presiente que debe marcharse para no perder la compostura: "Si mis ojos presencian su venida, / mi alma, con Selin enfurecida, / o tierna con Solaya, no es posible / subsista tan serena y apacible / como deben las almas superiores. / Es prudencia evitar lances mayores / que nuestras fuerzas. Voyme" (117, vv. 1465-71).

Pero, ademas, Hadrio tiene una vision negativa del amor femenino, que no se corresponde con la ilustrada porque no respeta la autonomia de su amor. En esencia, esta restringida valoracion del ambito de decision de la mujer no es distinta de la de su hijo Casiro, y consiste en ver al personaje femenino como un ser cuya pasion la incapacita para dirigirse a si misma: "?Te parece, Selin, que es muy distante / de robo, aquel falaz acento amante / que a las mujeres sirve de violencia, / y en sus pechos inspira tal demencia, / que ni pueden ni saben defenderse?" (82, vv. 585-9).

El honor, por tanto, que, en su triple vertiente individual, familiar y colectiva, se ofrece como guia y detonante de las acciones mas importantes de los personajes de la tragedia, les inspira comportamientos muy desiguales. Al honor apelan los dos hermanos de Solaya, prudente de primeras Heraclio; "arrojado", "intrepido", temerario siempre, en suma, Casiro. Podria hablarse en buena parte de la tragedia de un concepto de honor ilustrado en el primero y barroco en el segundo. Sin embargo, ya se ha dicho que a lo largo de los cinco actos de la obra se va produciendo una transformacion de la actitud del hermano mayor, que paulatinamente adopta conductas mas propias de su hermano menor que las que se esperan de el. De hecho, no deja de ser un sintoma de la evolucion que experimenta a lo largo de la tragedia un personaje razonable como Heraclio, que al principio de la misma se escandalice ante la propuesta de su hermana para que finja aceptar a Selin ("?Me aconsejas tu que mienta?", 69, v. 337), mientras que, en el ultimo acto, justifica ante su padre el haber dado muerte al principe mediante esa mentira que ahora ya no parece perturbarle: murio, senala, "Tan fiero / que injuriaba la mano que le heria" (127, vv. 1684-5), cuando de la boca del tartaro solo surgen en sus momentos finales palabras de amor para Solaya y peticiones de disculpa por su pasion:
   Si, matame... Casiro,
   no sabes el contento con que espiro (sil)
   a vista de Solaya. Solamente
   os pido, circasianos, que, indulgente,
   a vuestra triste hermana. vuestro brio
   no toque. Caiga sobre el pecho mio
   todo vuestro rencor. Mi sangre altiva
   sacie vuestro rigor. pero ella viva. (123, vv. 1589-96)


No hace Cadalso un retrato muy favorable de Casiro, al que ya se ha dicho que alude como "joven arrojado" (60, v. 99), "intrepido" e "imprudente" (60, v. 110), incrementando sucesivamente los calificativos hasta convertirlo de arrogante y colerico (66, vv. 265-9) en "fanatico" y tirano (128, vv. 1706-7). Por eso, la adopcion por parte de Heraclio de una conducta violenta, mas propia de su hermano guerrero, no puede verse como algo favorable. No obstante, a pesar de su accion, su naturaleza prudente le impide identificarse del todo con ese concepto trasnochado de honor que reivindica Casiro; de hecho, aunque acaba matando a Selin, no puede evitar mostrarle su admiracion: "!Que majestad! Su voz y su firmeza / detienen mi rencor" (121, vv. 1561-2). Despues de asesinarlo, la mentira al padre demuestra que no se siente inocente y que, conocedor de su exceso, no es capaz de asumir su responsabilidad. A la mentira recurre tambien Casiro, pero en su caso no se trata de un hecho excepcional sino reiterado. Es lo que demuestra al decirle a su hermana que su padre, que ha frenado su ira confiando a Heraclio la tarea de hablarle, le ha mandado matarla:
   Mi Padre, cuando supo tus errores,
   mudando sus carinos en furores,
   harto tiempo, me dijo, te contuve,
   y el brazo que extendias yo detuve;
   pero ya te lo mando: marcha, hiere,
   atropella las guardias, mata o muere.
   Anciano y debil soy, mas ya te sigo.
   De su muerte, y mi honor, sere testigo,
   ya que no puedo ser el instrumento.
   Nueva culpa sera cada momento.
   Esto dijo; y su voz anadio brio,
   para romper tu pecho, al brazo mio. (80, vv. 547-58)


Y, de nuevo, utiliza la mentira para disculpar ante su padre su crueldad, que, finalmente, ha acabado con su hermana: "Tu honor, el suyo, el de mi Casa entera, / me dictaron venganza tan severa, / con fuerza irresistible a su castigo" (128, vv. 1703-5).

Tambien carga Cadalso sobre Casiro el peso de la sospecha infundada, verdadera tergiversacion de los hechos, que tan tragicas consecuencias esta destinada a tener en la obra; la introduce para acusar a Selin de haber incumplido el pacto que dejaba a Solaya la decision sobre su vuelta a la casa paterna o su marcha con el principe tartaro: "el tartaro ha faltado a lo pactado, / pues la ocasion ha aprovechado / para rendirla con amantes voces" (110, vv. 1305-7). Aunque nada puede reprocharsele a Selin, los circasianos encuentran en esta excusa el detonante para lanzarse sobre los tartaros y capturar a los dos enamorados.

Asi, pues, el concepto de honor de Casiro nunca se justifica mas alla de su deseo de arreglarlo todo con las armas, la violencia y la fuerza. No es un concepto que se corresponda con la Ilustracion, ni siquiera en la forma de denuncia por su excesivo fanatismo (Alvarez, 320), sino que aparece claramente desfasado para la etapa ilustrada, mas vinculada a la razon que al derramamiento de sangre. Por eso no sorprende tanto que recurra a cualquier medio para justificar sus excesos.

En definitiva, los hijos de Hadrio, desde el comienzo de la tragedia el menor y poco a poco y envuelto en la duda el mayor, se dejan llevar por una concepcion excesiva del honor, que tiende a poner la propia valia por encima del interes general. Esta concepcion esta vinculada al uso de las armas, instrumento preferente para la resolucion de las diferencias de honor desde la perspectiva preilustrada. A Hadrio, que sabe de los danos que la guerra provoca, le atribuye Selin haberla aceptado unicamente en los casos extremos en que la patria la hace inexcusable (73, vv. 411-33). Pero, cuando ve a su hija entregada al invasor, no es capaz de frenar su colera. A pesar de lo que podria considerarse la adhesion inicial de Hadrio y Heraclio al paradigma ilustrado (paz, dialogo, razonamiento, comprension del otro), frente a la clara identificacion de Casiro con la violencia, incluso desencadenadora de la muerte, que seria un modelo de conducta superado por el de sus mayores, el final de la tragedia presenta a los dos hermanos con las manos manchadas por la sangre de Selin y de Solaya, y a Hadrio, que les reprocha esas acciones, contaminado por su adhesion a las mismas en varios momentos del desarrollo de la tragedia. Por eso adquiere mas sentido que nunca la acusacion de Selin, segun la cual: "Nadar en sangre, Heraclio, y en horrores, / y matar o morir entre furores, / hazanas son, si bien las consideras, / comunes a los hombres y a las fieras" (121, vv. 1547-50).

Frente a las pasiones barrocas de los parientes de Solaya, Selin muestra en la tragedia una constante actitud civilizada: respeta en todo momento a sus rivales, elogia a Hadrio por saber defender a su patria (72, v. 400), e incluso en el momento de su muerte, evidencia su nobleza de caracter permaneciendo fiel al dialogo, la tolerancia y la comprension del otro. Frente a la ira barroca de sus rivales reivindica la razon ilustrada: "La razon temple vuestro enojo ciego" (108, v. 1269). Poseido de esta misma razon, afronta el dilema entre su compromiso con la funcion que le ha sido encomendada y con el deber que es propio a una persona de su linaje, y el amor. Su eleccion inicial pone a este ultimo en un segundo plano, ante la indignacion de Solaya:
   Los pechos elevados,
   por su cuna o empleos ensalzados,
   deidades son que avergonzarse deben
   de los afectos que a los hombres mueven.
   Para descanso de mayor fatiga,
   el amor muchas veces nos obliga;
   pero si llega amor a ser empleo,
   lo miro como indigno a mi deseo. (p. 106, vv. 1207-14)


A diferencia de la familia de Solaya, cuyos miembros masculinos no son capaces de comprender el amor que siente por Selin, este corrige sus decisiones menos comprensivas para con su amada, y asume la validez de los argumentos con los que aquella defiende no solo su amor, sino su capacidad para transformar, humanizandolos, a los que de verdad lo experimentan: "?Huyes de una mujer, cuya terneza / domestico tu barbara fiereza? / Si tal haces, si dejas a esta triste, / de la sangre real tu no naciste, / ni humana fue tu cuna" (104, vv. 1135-9; vease 106, vv. 1215-22).

La actitud de Selin es, mas que la de ningun otro de los personajes de la tragedia, la de un hombre del Siglo de las Luces que, conforme a la ideologia ilustrada, solo recurre a las armas cuando no queda otro recurso (Castilla, "Guerra y patriotismo"). Asi pues, lo mas llamativo y, a la vez, lo que da valor actual a la tragedia al elevarla por encima de los condicionantes etnicos de sus personajes, es que quien mantiene en todo momento una conducta mas apegada a los valores ilustrados sea el principe tartaro, mientras los circasianos, que se supone que representan la forma de vida europea, se apartan de aquellos para recurrir a procedimientos que repugnaban a la epoca. Cadalso, al atribuir a Selin la tolerancia hacia lo diferente de la que hacia gala su epoca, salta por encima del contraste que pudiera haber entre la religion mahometana de los tartaros y la cristiana de los naturales de Circasia, para mostrar una ideologia que se justifica para toda la humanidad.

Mas, en realidad, la atribucion de creencias religiosas solo puede suponerse, porque no hay en Solaya o los circasianos alusiones a la religion. Solo en una ocasion alude Solaya a su amado Selin como "barbaro infiel" (104, v. 1155), pero el contexto invita mas a relacionar esa infidelidad con su marcha de Circasia sin Solaya que con la fe, como demuestra la respuesta del principe: "Si merezco, Solaya, tales quejas, / por dejarte, las mismas, pues me dejas, / mereces y mayores, porque has dado / motivo a la tibieza que he mostrado" (104-5, vv. 1157-60, y vease 106, v. 1198).

Esta indefinicion con respecto a la religion de los circasianos coincide, por otra parte, con la que figuraba en las fuentes que pudo manejar Cadalso. El articulo correspondiente a Circasia de la Enciclopedia (anonimo, de enero de 1752), informaba, despues de localizarla geograficamente, que sus habitantes tenian una religion "mitad cristiana y mitad mahometana", tras lo cual anadia que su comercio principal son las pieles, los abrigos y las mujeres, "que tienen reputacion de ser mas bellas que en ningun pais de Asia" y que venden a turcos y persas. A este topico de la belleza de las circasianas se pliega Montesquieu en las Cartas persas (LXXIX, 251-2) cuando el Gran eunuco informa a Usbek que ha comprado una joven esclava de esa region que alegrara su regreso de Francia. Voltaire, que es "el verdadero vulgarizador de los nuevos descubrimientos sobre las regiones y los pueblos del Norte" (CXIX, 141) y la fuente casi unica a la que recurria De Jaucourt, el redactor mas frecuente de los articulos sobre esas cuestiones de la Encyclopedie (Duchet, 51-2), se refiere a los rusos del periodo de la tragedia, dependientes de los tartaros, como "salvajes semicristianos". De manera que de esa oposicion entre cristianismo de los circasianos e islamismo de los tartaros no se deberian sacar excesivas consecuencias. Sobre todo, porque, tal vez por lo indicado o quiza por el interes del propio autor, tampoco aparece en la tragedia referencia alguna a Dios ni presencia de providencialismo. Se alude repetidas veces y por distintos personajes al cielo, pero sin vincularlo con Dios y, en ocasiones, con menciones claramente mitologicas: "!Cielos tiranos! Que en mi pecho tierno / poneis todas las furias del infierno, / ?por que me dais un corazon sensible, / si tan inmenso mal es insufrible?" (99, vv. 975-78). En esta linea, aparecen otras referencias: Solaya diviniza el amor ("Quien me obliga es Amor"; 65, v. 251), verdadera deidad "que suplica y manda a un mismo instante"; v. 253). Mas adelante, atribuye a los astros su amor por Selin y confia en ellos para superar los problemas que le ocasiona: "Los astros, que me dieron / resolucion para emprender el lance, / me sacaran de tan terrible trance" (69, vv. 352-4). Tambien mira temerosa al influjo del hado: "?Sera justo que un pecho generoso / se humille al hado poco venturoso?" (99, vv. 979-80); esta misma apelacion es realizada por Selin, al admitir que ha adquirido la mano de Solaya "por suave influjo de los hados" (68, v. 316).

Valores ilustrados y anticipos romanticos: genero y libertad

La ausencia de referencias a Dios y a la religion no puede ser casual. Cadalso parece haber optado por mostrar la vida civil desde sus propios presupuestos, situando el conflicto en las personas, en la familia y en lo politico, en cuyo caso habria que pensar de nuevo en la eleccion de un lugar lejano y de unos protagonistas exoticos para poder imaginar una sociedad secularizada sin temor a ser visto con desconfianza.

La tragedia pretende cumplir en todo momento con las exigencias neoclasicas: se respeta la unidad de tiempo, pues, a pesar de los antecedentes que se proporcionan, la accion empieza por la manana y termina en plena noche, transcurriendo en menos de 24 horas; se cumple tambien con la unidad de lugar, pues toda la tragedia se localiza entre el palacio de Hadrio y el Palacio Real, donde se hospeda Selin, aunque no falten referencias ocasionales a otros espacios; y se observa, asimismo, la unidad de accion, dado que la obra gira en torno al amor de dos jovenes, pretendiendo proporcionar alguna ensenanza moral; a esta finalidad instructiva debe anadirse que esta protagonizada por personas de alto rango, como un principe y miembros de una gran familia de "Circasia, region de la Rusia meridional, en las vertientes septentrionales del Caucaso", aunque con la presencia subordinada de ayudantes, confidentes, soldados y guardias (Glendinning "Cadalso").

A la calidad y dignidad de los personajes principales y a la distancia del lugar donde transcurre la accion, se anade su alejamiento temporal, al situarse los hechos en el siglo XIV. Solaya o los circasianos representa, en este sentido, una profundizacion en un procedimiento por el que Cadalso, de manera acorde con su epoca, siempre se sintio atraido: lo mismo que en las Cartas marruecas aparecen personajes situados en su tiempo pero originarios del norte de Africa, como Gazel y Ben-Beley, o en Don Sancho Garcia los musulmanes y cristianos protagonistas viven en la peninsula pero en un momento historico lejano, en Solaya el tiempo y lugar donde transcurre la tragedia se distancian del que corresponde a su autor. Se facilita asi la presentacion de las ideas, tan del gusto neoclasico, sin tener que preocuparse en exceso por la fidelidad historica o de costumbres.

Ademas, al igual que Cadalso presentaba a esos personajes exoticos como Gazel y Ben-Beley o al fiel consejero Alek, de Don Sancho Garcia, con simpatia, a pesar de su religion, tambien Selin y su confidente Kaulin, son un ejemplo de sensatez y comprension que sirven al autor para mostrar el triunfo de la tolerancia y el cosmopolitismo cultural, con los que sin duda se identificaba (Castilla "Jose Cadalso").

Este efecto anticipador de Solaya respecto a producciones posteriores o coetaneas de Cadalso, y que aparece mas pronunciado en la tragedia que en las otras obras del gaditano, da mas valor si cabe a su exotismo, que es el de la Ilustracion, y que deberia haber actuado como instrumento de atraccion ante el publico si se hubiese representado. A pesar de este exotismo, las ideas que se desarrollan en la obra distan de ser ajenas a los problemas que preocupan a la Espana de su tiempo. Al eterno conflicto entre amantes que ven obstaculizada o impedida su union, se unen valoraciones dispares sobre las obligaciones con la familia, las exigencias de la patria, la presencia de un conquistador extranjero, el papel que le corresponde jugar a la mujer, la respuesta ante las pasiones, la funcion de la nobleza y la diferencia cultural.

Hay, por consiguiente, en Solaya un uso de la lejania espaciotemporal que no es obstaculo para tratar los mas cercanos asuntos que preocupan al entorno de su autor. En este sentido, el exotismo que, visto desde Espana, rodea a sus personajes no esta exento de cierto anacronismo; incluso su localizacion no dejaria de ser un dato secundario, por cuanto los problemas planteados y los sentimientos que aparecen no se corresponden con los que serian propios de la tardia Edad Media y de un territorio cuya estructura politica distaba de parecerse a esa republica de patricios romanos que Ma. Dolores Albiac cree ver en el texto de Cadalso:
   Circasia supone el espiritu romano frente al despotismo asiatico de
   Tartaria, pero lo mas moderno es que no tiene rey y el "poder" lo
   significan los senadores y magistrados, es decir, una elite hecha
   de nobles y togados ?quiza golillas?-, de modo que la lealtad
   debida al monarca Cadalso puede trasponerla a la patria, lo que
   supone un avance hacia la institucionalizacion del concepto
   "nacion" y hacia el concepto moderno de "estado". (33-4)


Desde este punto de vista, la localizacion historica y geografica de Solaya carece de consecuencias; es, simplemente, un marco para ocuparse de los asuntos y conflictos que interesan a su autor.

En efecto, el ideal del servicio a la patria aparece como sustituto de la fidelidad al rey o la monarquia, y los nobles circasianos, de los que Hadrio, aunque "Senador mas respetado de Circasia" (p. 56, vv. 30-1) y "el mas noble y sabio magistrado" (p. 72, v. 402), seria un mero representante, son capaces de adoptar las decisiones que llevan a la defensa de la nacion. En la tragedia de Cadalso asistimos a la forja de un sentimiento de pertenencia e identidad que no precisa de la persona del monarca para manifestarse. El patriotismo, por tanto, se proyecta sobre la nacion, lo que se convertira en caracteristica del pensamiento de Cadalso, como nos recordara Maravall ("De la Ilustracion" 38): "Cadalso no refiere nunca al patriotismo al servicio del rey, de la Corona, ni a nada parecido. Proyecta el patriotismo sobre la nacion y es solo a esta a la que tiene presente". Desde esta perspectiva, la ideologia de Solaya resultaba dificilmente asumible por los censores. Creo que incluso mas que desde la del tiranicidio, en realidad un magnicidio, que siempre se ha alegado como razon de su prohibicion; al fin y al cabo, el principe es un enviado de su padre: a el alude Hadrio como "Embajador" (p. 60, v. 99), y Selin se define a si mismo mas como militar encargado de una mision en la que comanda a sus hombres que como mandatario, que es la funcion de su padre: "!Principe! Asi me llaman mis soldados, / vasallos de mi Padre" (75, vv. 461-2). A pesar de que la familia de Solaya se refiere a el en varias ocasiones como "tirano", lo que niega Solaya (65, v. 229), en ningun momento actua como tal. El comportamiento tiranico esta mas presente en los hijos de Hadrio que en Selin, como revela la reiterada acusacion del primero en los versos finales de la tragedia: "?Y que? ?Matasteis a la hija mia? / ?No os dije, ah tiranos, que era justo / guardar su vida? ?Por que tal disgusto / disteis a vuestro Padre?" (127, vv. 1686-9, y vease 128, v. 1707). Desde luego resulta excesivo decir que hay en Solaya una defensa de la licitud del tiranicidio o su justificacion, como ha senalado reiteradamente Sala (121, 213 y 465-6). La muerte de Selin, mas debida al amor por Solaya que a razones politicas, tendria que haber despertado en mayor medida la compasion del espectador que el sentimiento de justicia, si hubiera sido representada.

Mas alla del honor barroco que caracteriza al padre y los hermanos de Solaya, la tragedia se desarrolla bajo el manto de una ideologia que exhibe buena parte de los asuntos que preocupaban a los ilustrados. No extrana que aparezcan el amor a la patria como razon suprema a la que deben plegarse las conductas de los personajes, el cosmopolitismo, el aprecio del dialogo, el rechazo de la violencia, el ensalzamiento de la virtud, la indiferencia religiosa mas incluso que la tolerancia, la apelacion al deber, etc. Pero, junto a estos valores propios del neoclasicismo, se produce la reivindicacion del amor, el culto a la libertad de conciencia, la exaltacion de la sensibilidad, la disposicion a la muerte por los propios ideales, etc., que si no pertenecen al romanticismo, anuncian claramente su llegada y representan, por tanto, el triunfo de unos ideales posteriores a los de la Ilustracion.

Estos ultimos son los que muestra en mayor medida Solaya, a pesar de que no escapa al conflicto permanente entre el amor y el honor familiar y politico de los circasianos. Nadie como ella retrata la situacion en la que se encuentra al tener que soportar las presiones de cada uno de los que la rodean: "Los varios sobresaltos que os agitan, / cada uno separado, se ejercitan / unidos contra mi, pues juntos miro / las rabias y furores de Casiro, / de Selin el amor y de Hadrio el llanto, / con la razon de Heraclio y su quebranto" (86, vv. 697-702).

Siempre resulta dificil elegir entre dos opciones, pero en el caso de Solaya la eleccion entre la piedad filial y el honor frente al amor se presenta, ademas, llena de confusion y dolor, como delata la frecuente adopcion de terminos de sufrimiento para describir su estado y animo: "sacrificio" (65, v. 255), "terrible trance" (69, v. 354), "tormento" (70, v. 377), "penas" (71, v. 384), etc. Lo que hace de Solaya una mujer cuya respuesta a su dilema puede trasladarse a nuestros dias, es la defensa de su libertad, que sobrepasa con mucho lo que era habitual en su tiempo para erigirse en signo de coherencia con sus sentimientos. Asi lo reconoce su propio padre cuando Selin le ofrece dejar que "ella resuelva lo que mas le cuadre" y admite que su idea es "Virtud grande", "pues dejas en el alma suya / libertad porque busque o porque huya, / o del mal, o del bien que se presente" (84-5, vv. 654, 666 y 671-3). Y si Casiro, en su vision conflictiva de la realidad social, considero desde un principio esta apelacion a la libertad de su hermana una prueba de "Cobardia" por parte de Selin, pues, a sus ojos, como verdadero amante, deberia mostrarse "atrevido" y anular su juicio (85, vv. 666-8), su hermano Heraclio muestra de nuevo su paulatino deslizamiento hacia los prejuicios antiilustrados cuando considera primero un ejemplo de "Prudencia" aceptar esa posibilidad de eleccion (85, v. 666), y despues un error haber confiado en la libre voluntad de Solaya: "Dejamos su destino a su albedrio. / !Quien creyera jamas tal desvario!" (110, vv. 1299-300).

Hasta cuando, previamente a la decision de marchar con Selin, expresa sus dudas entre inclinarse hacia su amado u optar por su familia y su patria, Solaya se presenta como una mujer duena de sus actos, obligada a elegir entre bienes y deseos que se muestran incompatibles, pero que su corazon no admite que deban excluirse mutuamente. Resulta, a este respecto, sintomatico el uso de los terminos "virtud" y "sensible" (con sus derivados). El primero solo es usado por el padre, los hermanos de Solaya y su sirvienta (la mencion final de Solaya: "!Firmeza!... !Honor!... !Virtud!... Ya considero... / ?Pero, que digo?... Con mi amante muero" (127, vv. 1679-80), es mera repeticion dramatica que sigue a lo dicho por Heraclio: "La virtud, el honor y la firmeza"). Heraclio se siente portador de la virtud frente al vicio que encarna su hermana: "?Te turbas al mirarme? Bien sabia / que a la virtud el vicio no podia / mirar serenamente. !Desdichada!" (64, vv. 205-7; vease 64, v. 218 y 65, v. 235). Equipara virtud y honor y de esa identidad usa para reprochar a su hermana su amor (126, v. 1678); incluso a Selin le reprocha, apelando al poder "de la virtud, que es invencible" (83, v. 607), que use el amor para seducir a Solaya. Tambien Casiro niega que el comportamiento de su hermana sea acorde con los principios que se le han inculcado: "?Y quien esta en los brazos de Casiro? / Por cierto, no sera la hermana mia; / otras ideas de virtud tenia" (79, vv. 528-30, y 80, v. 546). Tampoco extrana que valore torcidamente la propuesta de Selin para que Solaya pueda elegir entre quedarse con los suyos o marchar con Selin, convirtiendo lo que a su propio padre le parece "Virtud grande" en miedo. Hadrio, por su parte, tambien ve en la virtud una fuerza que ha de servir para la permanencia de Solaya en Circasia (90, v. 785). Y Casalia, su criada, asume la ideologia de sus senores para conceder que Solaya "solo por su honor y su nobleza / prefiere la virtud a la terneza" (91, vv. 805-6).

En todos los usos que registra la tragedia, la virtud aparece siempre ligada "al cumplimiento estricto de las leyes del honor", pero, precisamente por tratarse de un honor barroco, no tiene, como resalta Aguilar "el mismo sentido que le da Voltaire en su articulo de la Enciclopedia ("La virtud consiste en hacer el bien a nuestro projimo"; "Introduccion" 79), ni puede ser el que ha querido transmitir Cadalso, con toda seguridad mas afin al significado que le otorga Montesquieu al principio del celebre Del espiritu de las leyes: "lo que llamo virtud en la republica es el amor a la patria, es decir, el amor a la igualdad. No se trata de una virtud moral ni tampoco de una virtud cristiana, sino de la virtud politicd' (49).

Si Solaya se subordinase a esta concepcion de la virtud que le reclama su familia, deberia renunciar a su amor por Selin. Pero Solaya no rehuye el conflicto que esta virtud plantea, sino que lo afronta con sus propias armas. Frente a una virtud que expresa el principio de autoridad y que, como tal, es el arma a la que se aferran las fuerzas mas tradicionales de la tragedia, opone la protagonista su autonomia. Autonomia que no se ofrece en abstracto sino como nucleo de los sentimientos, que van imponiendo su dominio en el siglo XVIII (Gies), y que acaba expresandose a traves de la sensibilidad. Con esa autonomia puede Solaya decidir por si misma, mediante una sensibilidad a la que alude repetidas veces (98, vv. 977-78; 126, v. 1676), que considera una carencia grave en el hombre (104, v. 1154; 106, v. 1221), y que ningun otro personaje de la tragedia maneja como rasgo propio y en su presencia en los demas. Aunque, atendiendo a estos usos, no cabe dudar del caracter de virtud social de la sensibilidad y de su presencia preferente en la mujer, conforme fue senalado por Maravall ("Estimacion" 282-3), hay que reconocer que Solaya entiende por sensibilidad de forma primaria la experiencia asociada a los obstaculos a su amor que origina un sentimiento de angustia que, como senala Aguilar Pinal ("Introduccion" 40), es mas propio "de un personaje romantico". Por eso, la libertad de Solaya no guarda relacion con la libertad politica caracteristica de la tragedia neoclasica, sino con el sentimiento de libertad, lo que anade a la subjetividad general, que es propia de cada sujeto y, por tanto, compartida por todos, la que define de manera particular a Solaya dotandola de una fuerte personalidad, que ningun otro personaje de la tragedia parece poseer en mayor medida.

Aunque Cadalso identifica la opcion por la familia y la patria con la "conveniencia", la rebeldia de Solaya no es tanto el fruto de una iniciativa personal, sino una reaccion, dirigida por el amor, ante unas circunstancias frente a las que se resiste a rendirse:
   Esos vinculos mismos poderosos
   de mi Padre y hermanos amorosos,
   de Patria, casa, sangre y conveniencia,
   el heroe rompe en su marcial violencia,
   y el que cruza los mares avariento
   con leno debil y mudable viento.
   Quien me obliga es Amor. ?Y quien no sabe
   el atractivo poderoso y suave
   con que suplica y manda a un mismo instante? (65, vv. 245-53)


Solaya no se muestra razonable sino sensible y por ello buena. Sus dudas son sinonimo de una reflexion que no por estar dirigida por la pasion deja de expresar sensatez y de dar muestras de fidelidad a la palabra dada: "ya que a Selin jure firmeza, / fuera crimen mayor mi ligereza" (110, vv. 1293-4). De ahi que se resuelvan dando rienda al amor y llevandolo hasta sus ultimas consecuencias, pues incluso estaba dispuesta a suicidarse: "En vano, osada, / por medio de las tropas, fue, arrojada, / a tomar el acero de su amante, / y matarse con el. Llegue al instante, / y le quite el punal" (116, vv. 1435-9).

Solaya sabe que su amor es, por una parte, fuente de conflicto, a pesar de lo cual siente que debe ser experimentado: "no merece ser amante amado / quien de su amor no esta tan dominado / que su pasion prefiera a todo el orbe, / sin que la misma muerte se lo estorbe" (97, vv. 959-62). Por otra parte, su amor ya no anuncia, como en otras heroinas del pasado, una nueva subordinacion al ser querido sino que es expresion de autonomia porque se basa en la satisfaccion de las propias pasiones. Es lo que, con otras palabras, ha senalado Philip Stewart que pasa a ser caracteristico del siglo XVIII: "La valoracion del sentimiento va a la par no solo con el desarrollo de la conciencia individual sino con la privatizacion del yo en la vida cotidiana" (11; traduccion mia). Amor problematico y autonomia de un yo cada vez mas dueno de si son los rasgos que dotan a Solaya de una audacia muy por encima de la que era aceptable para la mujer en su epoca.

Su entrega a un amor que se desarrolla fuera del matrimonio y su autonomia, que no reconoce otro fuero que el de la conciencia, no solo la enfrentan a su familia sino que delatan un comportamiento inadecuado desde el punto de vista religioso. Acaso en ello resida la razon de la negacion de la licencia a la tragedia "con latae sententiae", causante de excomunion, y "en que se incurre en el momento de cometer la falta previamente condenada por la Iglesia" (Domergue 11). Tampoco desde este punto de vista, el magnicidio que consuma la tragedia parece ser lo mas grave. Si no era bastante una obra cuyos personajes nunca se acuerdan de Dios, la censura tuvo que desatarse por la libertad moral que muestra su principal personaje femenino. Nadie puede estar mas equivocado con respecto a Solaya que su hermano Casiro, que considera que en las mujeres nobles, "habla el honor, y las pasiones callan" (94, v. 874), y que le atribuye una "femenil flaqueza" (110, v. 1308), que no cuadra para nada con sus actos. En Solaya lo que muestra en todo momento su protagonista es libertad de pensamiento y de conducta, de acuerdo con un paradigma cuya ideologia es opuesta a la logica barroca, presente en sus familiares, pero que sobrepasa tambien el patron ilustrado, que parece cuadrarle mas a Selin que a ningun otro personaje.

La presencia de estas ideologias que se enfrentan entre si es suficiente para negar una identidad cerrada a su autor: no se trata tanto de vincularlo a un estoicismo neoclasicista, como hizo en su dia Nigel Glendinning, o a un romanticismo anticipado, segun preferia Russell P. Sebold. Menos todavia se puede hablar de barroquismo, pues ya se ha visto que los que pueden ser interpretados bajo esa guia presentan el suficiente dinamismo como para ofrecer tambien, en algun caso y en evolucion, elementos neoclasicos o ilustrados. En Solaya o los circasianos no hay un unico rasgo caracterizador de las ideas de sus personajes, sino una constelacion ideologica en permanente ebullicion que enfrenta modos de pensamiento diferentes.

Algunos de estos pensamientos, permiten entender que la tragedia fuera prohibida en su tiempo: no es solo lo que pudiera haber de mal ejemplo en el magnicidio de Selin lo que pudo provocar el rechazo de los censores, sino la exaltacion de un amor que, en la edad de la razon, tuvo que contemplarse como un triunfo de la locura. Asi viene a subrayarlo Aguilar Pinal ("Introduccion" 43): su "actitud ante la vida podra ser calificada de 'prerromantica', pero de lo que no cabe dudar es de su incompatibilidad con la doctrina politica de la Ilustracion (que justamente la prohibio) o con la doctrina literaria del Neoclasicismo, sometida a la razon y por tanto a las leyes de equilibrio y moderacion, ejemplaridad y control de las pasiones". Cadalso sacrifica asi la entrega a la patria por la inmolacion amorosa, y su tragedia, que podria haber movido a ensalzar el sentimiento nacional, acaba despertando la compasion por encima de cualquier otra emocion. A cambio, la posteridad se beneficia de un drama cuyos personajes tienen mas vida y ofrecen en sus acciones mas interes que la mayor parte de los que aparecian en otras obras de ese genero de su epoca.

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FRANCISCO CASTILLA URBANO

Universidad de Alcala

(1) J. Cadalso, Solaya o los circasianos, p. 61, vv. 127-8. En lo sucesivo citare pagina y numero de verso, por este orden, en el texto
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Author:Castilla Urbano, Francisco
Publication:Dieciocho: Hispanic Enlightenment
Article Type:Ensayo critico
Date:Mar 22, 2017
Words:10929
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