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Palabras Hexagonales.

Palabras Hexagonales, poemario de Veronica Jimenez

VERONICA JIMENEZ nacio en Santiago en 1964. Es Licenciada en Humanidades con Mencion en Lengua y Literatura Hispanica y Licenciada en Comunicacion Social y Periodista por la Universidad de Chile, donde cursa actualmente el Magister en Literatura. Ha editado los poemarios Islas flotantes (Santiago, Stratis, 1999) y Palabras hexagonales (Santiago, Quimantu, 2002), al que pertenecen los poemas que presentamos a continuacion.

Ver Antologia Los Naufragos
PALABRAS HEXAGONALES

   "... buscaba palabras hexagonales
   en el limite de alambre del silencio".
   Gellu Naum

   I

   Y era el llanto de las procesiones de la infancia
   lo que le daba sentido a las rodillas.
   Eran las manos buscandose debajo de las sabanas
   la bolsa para cazar mariposas lo que les daba sentido.
   El viento en la ventana anunciaba la presencia del mundo
   la oscuridad de los pasillos nos rompia los ojos cuando ninos
   el diablo tal vez escurriendose por debajo de las puertas
   su fetidez alcanzaba a los perros en el patio y los enloquecia.
   El puno se persignaba entonces sobre la boca. Todo asi era sentido.
   Dedos y labios al encuentro, mano de la mano
   carne de la carne que creceria una y mil veces desvestida
   dentro de la fina corteza intacta de los cuerpos infantiles.

   II

   Despierto sonando con el fruto maduro del almendro.
   Las cascaras estallan cuando se hincha la semilla
   y en reguero se esparcen sobre el suelo humedo del patio.
   Los ninos miran todo desde el otro lado de la reja
   sus ojos son ratas inquietas, las veo asombrarse, correr
   hacia el fondo oscuro de los lunares de mi blusa
   hacia el ruedo de la falda que gira y se convierte en un plato.
   Despierto sonando con el fruto maduro del almendro.
   Todo me alcanza, el vestido es esta piel y mis manos
   buscan a tientas brazos o piernas en la oscuridad.
   Mi hermana duerme
   dice cosas sin sentido y se abraza a mi.

   IV

   No me devuelvas cuando me lleves contigo
   y entre flores de naranjos caminemos hacia el rio bautismal.
   No me entretengas en la risa de los muchachos
   en sus pechos lisos que no saben amamantar
   en sus dedos que nunca aprendieron a ensortijar cabellos
   de criaturas cuyas cabezas se rinden al agua entre sollozos.

   Pero no.

   Dejame estar entre las maldiciones
   tejiendo desde ahora un traje inacabable
   para el que vendra al hueco compasivo de mis manos.
   No permitas que prediga el futuro
   en los hilos que se encadenan y crecen
   hasta formar mantas tenidas de tierra seca.
   Una pequena piedra arrojada contra el viento soy.
   Dejame caer. Hazme liviana.

CUERPOS CONTRARIOS

Uno se extravia, busca en alma en el cuerpo y el cuerpo en las
cenizas. Hasta que llega el punto en que los espejismos se hacen
patentes: un trozo de espiritu brilla sobre la piel, pero la imagen
procede de los ojos. Uno llega a saberlo y se rehusa a enfrentarlo.
Asi nace la cobardia.

No temo a la muerte, disgregadora impura.
En su luz he visto morir la luz.

   La luz es sedentaria, la oscuridad
   nos empuja en cuatro direcciones
   con la velocidad de la risa o del panico.

   Atrevete a cruzar cuerpos contrarios
   aunque descubras que los pies
   son el contrasentido de los pies
   buscando veredas transitorias
   en la noche. Ve y entra
   en esos cuerpos
   y si alguien pide que te detengas
   en el momento en que tus manos
   enumeran manos y cuanto has tocado
   es ocupado por un viento vertical
   no lo escuches, atrevete
   a poblar surcos contrarios, como
   el noctambulo hace emigrar
   cuanto ha tocado
   hacia una luz que se derrumba
   al apagar la lampara.

   La casa vacia como el cuerpo
   provisto simplemente de fria oquedad:
   manos amadas te confunden con la piedra
   y en piedra esculpen un rostro: hielo, halito y cal.

   Cuerpo del que oimos hablar en la habitacion:
   lengua suspendida en una fraccion
   de tiempo y eternidad.

   Estrellas en movimiento
   constelaciones fijas.

   El cuerpo intenta entrar en lo que queda
   cuando cesa el apareamiento de los astros.

   Con luz de astros fabrica una linterna
   para buscar bajo las cenizas
   estatuas fijas o cadaveres en movimiento:

   Este es un brazo y yace colgado de la lampara
   estos son los ojos acostumbrados a mirar hacia adentro.

   La boca arroja piedras al precipicio
   y el cuerpo
   se vacia de todos los nombres.

   El cuerpo intenta entrar en lo que queda
   cuando cesa el apareamiento de los astros.

   Para que tanta luz
   para que si el cuerpo no cabe en el cuerpo
   y en el desborde trabajan tempranamente
   los metales de la oxidacion.

   La carne establece sus propias rutas para el extravio:
   intentamos entrar en otro cuerpo
   pero no cabemos en una misma mano
   y no cabemos exactamente en un mismo pie.

   Hacia el cuerpo retornamos y tropezamos.
   El exceso rompe las alas de la desnudez.

   Quien eres tu realmente
   quien soy yo, si no se decir
   en que cuerpo he buscado
   las cartas ilegibles con que agrede la luz
   hasta dejarnos ciegos de palabras.

   Tu boca que decia leer adonde ira
   despues de retirarse de mi mano
   mi mano escrita en que vacio habra de diluirse
   si no posee la virtud del agua.

   Quien eres tu realmente
   si entre ambos medias tu, pero distinto
   y las cartas que descifras se oscurecen
   y desprecian la forma de los cuerpos.

   Entonces, quien soy yo
   en que me he convertido
   en la sombra que ensaya su presencia ante la luz
   no en la luz.

   Nada tiene que ver el amor con el amor
   nada tiene que ver la sed con el agua que arrebata
   ni la primavera con la flor que se desprende del tallo.
   Son solo ejemplos.

   El amor tiene que ver con la costumbre de mirarse a los ojos
   repetidas veces
   el amor tiene que ver con la costumbre
   de buscar en los ojos contrarios el eco de un relampago
   o palabras amables tras las mascaras estrictas del silencio.

   No tienen que ver con el amor las prolongaciones del estio
   ni las hojas que se desprenden exhaustas de los arboles
   ni las hojas que se aferran como gusanos de los arboles.
   Es un ejemplo.

   El amor tiene que ver con una casa aplastada por la lluvia
   con habitaciones a oscuras y con charcos
   con las tristes camisas aferradas al vacio del aire
   con los chalecos sin destino empujados al fuego
   con un par de ojos sofocados en su espejo.

   El amor tiene que ver con la costumbre de mirarse a los ojos
   repetidas veces
   y atizar las llamas de los charcos repetidas veces
   y alojar la lluvia en habitaciones oscuras repetidas veces.

   El amor tiene que ver con huir de nuestras habitaciones
   con fundar en el barro una nueva ciudad para guarecernos
   con vestirnos en nombre del amor con una nueva guirnalda de granizos
   con detestar en nombre del amor los frutos y los arboles.

   Nada tiene que ver el amor con el amor.
   Nada tiene que ver el amor con las palabras que engendra.

MARINA LLEGA CON LA LLUVIA

   Estremecida junto ti como en un sueno
   no olvido ni recuerdo.
   Canta el invierno y yo aparto de las otras
   palabras recien nacidas:
   las que dejamos bajo el arco del dolor
   por donde las dos pasamos temblando
   las que teji en tus alas
   para que ordenases con tu vuelo
   el barro circundante
   la soledad caotica que desampara.

   La noche es una lampara y vierte
   en un soplo el aceite de los adioses.
   En mi sueno pluvial gritan las sombras.
   Los hitos implacables del porvenir
   vienen y van como comparsas
   como tibias tempestades en un mar sin sal
   piramides del llanto.
   No recuerdo ni olvido.
   Enhebro la aguja convulsa
   que me descose de tu cuerpo
   para que te recoja la tersa
   trashumancia del dia.

   Esperanos en tu orilla
   Lluvia que esta en la lluvia
   Sintesis del agua
   Miranos como estamos
   Ve como caemos en esto
   Una permanente presa del tiempo
   Esto que es la vida.

   Tu avanzas entre algodones, crees ver el sol
   Y de pronto te sorprende una paletada de aire
   Y este vacio
   amoblado con instrumentos de tortura.
   Tu fina sangre se desprende de un circulo
   para entrar en otro
   como en un abismo intenso y palpitante.
   Tu avanzas mientras el tiempo retrocede
   Y la genesis del candor se retira de la estria.

   Pajaro de fuego, liberanos
   De tus raices freneticas.

   Tus manos se aferran a una esquina de la sabana
   A una punta del destino.
   La lluvia franquea el remanso de mi sueno
   arrastra la corriente de otros dias y canta
   blanqueando el pozo negro de la tarde.

   Yo sueno con una nina enredada en el aire.

   La lluvia canta en el corazon de la semilla
   escarba la tierra y arranca raices: palabras
   recien venidas.
   Como en una danza cosmica
   viene luego el sol pariendo soles diminutos
   los tuyos son hijos de los mios
   y ambas jugamos con esos pequenos
   que luego van a alumbrarte
   Amiga de las nubes
   Hija de la lluvia.

   Hija de la lluvia,
   collar de bellas miradas, detente
   dentro de mis ojos, examina el fuego
   tus visiones como llamas
   colman mi sueno, un sol
   de raices doradas
   sube por tu espalda,
   mi mano se vacia sobre tu cuerpo
   quiere llenarte
   nina que vienes de lo pleno
   a lo que te falta.

   Antes de ti, vino mi madre a tenderse en mi costado
   su cuerpo encendio en mi sangre
   una hoguera de premoniciones
   mi madre se alojaba en mi
   yo era su isla

   Anochece
   el cielo ahora esta cambiando de color
   y a poca distancia de la playa
   aureolas de aceite dejadas en la superficie por las lanchas
   enganan la vista de novatos cazadores de lobos.

   Llingua, loma negra y silenciosa, atestada de perros vagabundos.
   Arenas asperas crujen bajo los pies del visitante
   que va dejando tras de si dos huellas de nocturna soledad.

   La lena verde humea y la columna asciende hasta chocar con la
   bandada de aves marinas que realizan gimiendo su ultima ronda.

   Es hora de rezar por los enfermos, los hambrientos y los
   encarcelados y tambien por los pescadores que fuman junto a
   fragiles lamparas en altamar.
   Al amanecer remontara las olas en direccion a otras islas
   como el afligido que va juntado los trozos de un salmo ya
   olvidado.

   Los ninos se meten al agua para sacar pelillo
   el mar esta quieto, la marea baja.
   Un perro se sacude junto a la cosecha
   y un viejo lo espanta a gritos y a pedradas.

   El visitante cierra los ojos y deja al sol golpear contra sus
   parpados.
   "Oh, Senor, sobre mi han pasado tus iras".
   Un cosquilleo recorre sus pies descalzos sobre la arena.

   Cuando sube la marea los ninos salen del agua
   y se alejan arrastrando su sacos repletos de algas.

   Para el oceano mil anos son como ayer y otros mil seran manana.
   Las cenizas del dia las aplasta el visitante con sus pisadas.

   Mas alla de os despojos de un lobo muerto
   un camino pedregoso se abre en bajamar.
   Las dos islas se tocan y entre ellas
   la codicia inocente de las mujeres mariscadoras.

   Hasta aca suben millares de recuerdos
   tironeados por estas manos marinas incansables.
   hasta mi llegaba un mar adormecido
   pero mis pies ardian
   yo estaba colmada de mi madre
   duplicaba sus caminos
   me arrastraba como una sombra
   por su orillas.
   Ella extendia sus ojos hacia mi
   y en una vision de fuegos fugaces
   te recostabas tu tambien, reunida
   savia de nuestras miradas.
   Yo ardia sobre el rostro de mi madre
   me sonaba nina que teje naufragios
   trazaba caminos sobre el agua
   para llegar a ti, raiz anticipada
   hondo viaje simultaneo
   en mi cuerpo deshabitado.
   Ahora mi madre se vierte nuevamente en mi
   yo soy su fragua
   abrazo lentas pupilas que se reunen
   en un sueno que arde.

   Yo sueno con una nina enredada en el aire.

   Esto
   no es un poema. Tu avanzas en un sueno
   de aguas revueltas
   la lampara se voltea nuevamente
   y el fuego se derrama
   tus ojos tan aptos para mirar dentro de mi
   encienden fogatas lejanas.

   El fuego define contornos de agua
   gotas se desgranan en un fondo
   de columnas que se abren como brazos
   en un cielo ornamental, vacio.

   Yo busco palabras hexagonales
   un prisma se abre sobre la pagina, falta
   quien escriba los pasos restantes.

   Tus manos adormecidas sobre mi pecho
   abren y cierran mis libros.
   El centinela de nuestro sueno es un dormido.

MARES

   Tu, ausente, que puedes hacer en este momento decisivo
   sino contemplar el moho en las grietas de los muelles.

   Una boca desdentada rie a punto de expirar
   y un sol naranja es atraido por las insinuaciones
   de un mar sospechosamente calmo, dicen los avezados.

   Pero el viento se revuelve y hace girar las aguas
   alejando los malos presagios. Pese a esto
   un pescador se deleita con su platica de agorero.

   La sal en los pilares
   y la oscuridad hundiendose
   sobre el manto purpura del agua.
   No hay nada que esperar.

   Anos de borrasca en un minuto
   y yo no puedo explicarlo, pobres tierras de San Juan.

   Bajamos a la orilla y no nos reconocemos
   bajamos a la orilla y estamos solos.

   El muelle al anochecer
   es semejante a un mastil despues del naufragio
   o a maderos flotando en medio de la corriente.
   Y asi pasan las horas, pez lento.
   Hombre, no hay nada que esperar.


Prendarse los hombres que guian pequenas embarcaciones para transportar viveres a la isla es algo dificil de evitar. Uno de ellos, particularmente habil para sortear vientos contrarios, suele hacer todo tipo de bromas en el momento de embarcar, azotando el bote contra el muelle, con el objetivo de que alguna "senorita" caiga sobre el. Luego, se hace a la mar y, dandose aires de conductor de trenes, enciende el motor, se cala una boina y prende el centesimo cigarrillo de la manana. Con el mismo buen humor, escupe a los salmones que logra avistar en el agua y cuenta como esas pequenas bestias han sembrado de cangrejos el fondo marino. Al arribar a la isla, suele invitar a las "senoritas" a sacarse las faldas, para que no se les mojen al descender del bote. Su esposa celebra la ocurrencia con abundantes carcajadas, tras lo cual el se entretiene contando historias, mientras espera que baje la marea.

Las senoritas son: Amelia, hija de toninas y de jaibas
   Maria, amasadora de tortillas
   Juana, tenidora de lanas y tejedora de frazadas
   Carmen, pura inspiracion marina ancestral
   concebida en la noche de los brujos voladores.


No se aman los paisajes por la vanidad de ser sus testigos, sino por la forma en que se meten en el cuerpo inundando las venas con su transparencia. Este mar, por ejemplo, desde siempre ha estado destinado a insuflarnos el sentido de la eternidad: una mirada es un instante, solo a condicion de que el pasado y el futuro pierdan el sentido que solemos atribuirles. Los pescadores, por su parte, hace tiempo que aprendieron a descifran las aparentemente caprichosas ondanadas de las corrientes marinas eternas. Son sus amantes.

Llore en la quinta de manzanos que queda junto al cementerio. Unas gallinas salvajes picoteaban mis zapatos y mis pantalones. Las ahuyente con frutos pasmados y con ramas. En el horizonte, la cruz de la iglesia ofrecia instantaneas con fondo de cielo crepuscular. Tome fotografias. Recorte el paisaje. Envidie a los pescadores que fumaban y tomaban vino junto a los botes en construccion. Sone por un momento que mi destino era este mar, que los hombres de la bahia eran mis amigos, que mi rostro extranjero brillaba como un pez, entre las redes que tejian sus conversaciones.

Las palabras que comienzan con ec o con ac pertenecen a una lengua hace mucho extinta. Quenac, Chaulinec. Solo dos palabras, cuantas mas. Y no sabemos que significan.

En Quenac, dos ninas juegan a fabricar guirnaldas con ramas y flores silvestres. La chicha se vierte desde un balde a una jarrita y el cielo se pierde en la oscuridad del bosque.

En Chaulinec, los animales celestiales estallan en un canto que alimenta el fuego, sobre el que se asan las papas de finas raices de plata.

Quenac, Chaulinec. Pronuncio esos sonidos dentro de la cascara hueca de estos dias. Como si alguien fuera a oirme.

Tus pasos se pierden, botero de antano, en los horizontes traducidos por la lejania.

La mas delgada voz rodea el territorio. Palabras Hexagonales de Veronica Jimenez. Por Javier Bello

Un aliento, al mismo tiempo la mano o el rostro de una figura humana, poco despues un lazo de niebla, parecen rozar con levedad el peso imaginario de costas desconocidas que, sin embargo, alguna vez hemos pisado, canales que aparecen y desaparecen, bosques que se acercan a hablarnos de nuestra propia extincion. Escasa pero resuelta, la palabra de Veronica Jimenez, su palabra en archipielago, islas en una geografia desfondada, gotas de una llovizna verbal, nos humedece: los poemas de Islas flotantes, su primer titulo, hacen suyo el mito de nuestro Sur, un territorio que se desmiembra y cuyos fragmentos gotean del mismo modo que lo hacen sus versos, los habitantes de estos y la conciencia que los contempla, los ilumina y los oscurece.

Si Islas flotantes despliega y recoge su tesitura en esa delgadez, Palabras hexagonales, tanto por una admisibilidad mayor de variaciones y formas como por su vocacion y precision unicas en lo que respecta al ejercicio de la voz poetica, representa un mundo que desprendida, liberrimamente, encuentra el horizonte de ese Sur al final de la mirada, pero, mas alla, bordes y esquinas de estas figuras de seis caras resplandecen no solo con la humedad de los bosques y los canales congelados, sino tambien con otras luces, estrellas que, menos definidas en lo que respecta a su pertenencia espacial y mitica, despliegan otros cielos para la contemplacion y la escritura poetica.

En la primera zona del libro la prole es victima del miedo a la oscuridad, a los elementos, al diablo que se cuela bajo la puerta, los que encubren efectivamente el terror atavico a la extincion de la especie. Procrear es el acto logico -una posibilidad de socorro- ante el panico que anida en cada uno. Pero engendrar, en estos poemas de Veronica Jimenez, es engendrar sospecha. La vida, creada desde el miedo, produce miedo. No el "rayo fosil", el terror mas grande de todos el de no haber nacido, segun escribio Severo Sarduy, sino una representacion del colectivo, donde la vida misma es la persistencia de la muerte, su lectura invariable que impulsa a la hablante a aferrarse a aquella "carne", hija a su vez de este parto.

Veronica Jimenez no declara como impetu individual el temer por la propia inexistencia, sino que desenmascara nuestro vinculo con esa pulsion compartida. La "mano de la mano", la mano de la hermana que aprieta la de la otra hermana, "carne de la carne", metonimia del cuerpo individual y del cuerpo colectivo de la prole de las castas, el cuerpo infantil como corteza donde una y mil veces, por dentro, se procreara el destino de la pobreza, el abandono a la intemperie de los "desvestidos" de la tierra. Los poemas que abren Palabras hexagonales laten como un nervio conflictivo en el centro de la mala conciencia de nuestras sociedades y nuestra cultura: si la unidad en el miedo y el abandono otorga sentido a nuestra identidad y a sus lenguajes, estos poemas dolorosamente fundacionales entonan el canto de esa resistencia: "El puno se persignaba entonces sobre la boca. Todo asi era sentido./ Dedos y labios al encuentro, mano de la mano/ carne de la carne que creceria una y mil veces desvestida/ dentro de la fina corteza intacta de los cuerpos infantiles."

La lengua con la que habla la poesia de Veronica Jimenez procede de esta voragine de muerte y nacimiento, los alfabetos del sueno donde se mezclan miedo y amor, pulsion y desvario: "Mi hermana duerme/ dice cosas sin sentido y se abraza a mi." El poema estalla en la boca de la dormida, que despierta sonando "con el fruto maduro del almendro". Su adentro y su afuera conforman dos espacios abarcados por los ambitos mayores de la realidad y el sueno, del poema y su circunstancia. Los ninos, las perennes victimas, "miran desde el otro lado de la reja", dentro del sueno o fuera de el, al interior o en los alrededores del poema, son semillas del fruto que estalla, que se abre para multiplicarse; lo que teme morir termina por desaparecer en el intento de no hacerlo.

A lo largo del libro, rodeados de esta y otras modulaciones, la hablante y los habitantes de los poemas se desvanecen -ya sea en estado liquido, volatil o semejando un espejismo- en los elementos del paisaje, un paisaje vivo que los reclama, y ante el que se redimen del dolor de la existencia, al mismo tiempo que perecen y son olvidados. En el tercer poema, el sueno de libertad que representa el rostro del muchacho que contempla en el fuego su cara de hombre, se desintegra alli donde yacen las "brasas originales del silencio", unica herencia que el "padre" entrega a sus hijos: ellos -nosotros-, los ninos sobre la tierra, no heredaran el lenguaje sino la mudez.

Los procesos complementarios de reproduccion y desintegracion parecen oponerse en el cuarto poema, donde la hablante es conducida por una fuerza mayor hacia el "rio bautismal". El encuentro con el amor y el deseo es capaz de llevarla mas alla de su propia catastrofe: "No me entretengas en la risa de los muchachos/ en sus pechos lisos que no saben amamantar/ en sus dedos que nunca aprendieron a ensortijar cabellos/ de criaturas cuyas cabezas se rinden al agua entre sollozos." Sin embargo, la hablante prefiere entregarse, quedarse entre las maldiciones tejiendo su traje, abandonando las profecias que salen de su boca -profecias tambien infertiles-, y finalmente sucumbir ante el mundo, desaparecer en el aire: "Una pequena piedra arrojada contra el viento soy./ Dejame caer. Hazme liviana."

El deseo es la pulsion que rige la unidad de "Cuerpos contrarios", la segunda del libro y la mas distante de la poetica que predomina en Islas flotantes. Estos poemas se sostienen tras la tension de los polos amorosos que nunca se resuelven ni pueden complementarse. La pequena prosa del inicio es altamente significativa para el conjunto, del mismo modo que sucede con el texto que sirve de prologo al libro de Luis Cernuda, Donde habite el olvido, cuyas similitudes con las lineas de Jimenez resultan ineludibles. Cito un fragmento del texto de Cernuda:

Como los erizos, ya sabeis, los hombres un dia sintieron su frio. Y quisieron compartirlo. Entonces inventaron el amor. El resultado fue, ya sabeis, como en los erizos.

Cito el poema de Jimenez:

Uno se extravia, busca el alma en el cuerpo y el cuerpo en las cenizas. Hasta que llega el punto en que los espejismos se hacen patentes: un trozo de espiritu brilla sobre la piel, pero la imagen procede de los ojos. Uno llega a saberlo y se rehusa a enfrentarlo. Asi nace la cobardia.

En este texto preliminar, la realidad es una suma de espejismos que proyecta la conciencia del sujeto; aun peor: el espiritu, metonimia aqui de la propia existencia, es fragmentario como espejismo y finalmente inexistente. La busqueda de conocimiento, que se reconoce inutil, es abandonada para evadir el dolor, el enfrentamiento con lo oculto; esa perdida es llamada cobardia.

El deseo de Jimenez es mas primario que el de Cernuda: Cernuda desea olvidar para trasportarse a un espacio donde no exista el dolor; Jimenez quiere encontrar el cuerpo del deseo y en su lugar halla el dolor y la inexistencia, y en este sentido su acercamiento a la materia es en apariencia directa. Los poemas de Jimenez no solo enuncian, como en Cernuda, el dolor de la reciprocidad amorosa, sino tambien su final impedimento, tras una busqueda que significa perdicion y destruccion.

Es justamente contra su propia "cobardia" que la hablante enuncia el primer poema de la segunda seccion del libro, pero algo en ella, al mismo tiempo y en el mismo punto de hablada, la dirige hacia donde no quiere ir, hacia un movimiento detenido y absurdo: "Atrevete a cruzar cuerpos contrarios/ aunque descubras que los pies/ son el contrasentido de los pies". Los intentos para provocar el encuentro son inutiles: "el noctambulo hace emigrar/ cuanto ha tocado/ hacia una luz que se derrumba/ al apagar la lampara." La llamada al amor de la hablante se ve suspendida apenas se apaga la lampara que representa aqui la vigilancia falica sobre su aventura y su discurso. La atraccion que guia esta busqueda se desconoce a si misma, se "derrumba" apenas la luz desaparece, quiza porque el sustrato que queda en evidencia en la oscuridad es el posible resultado de la reproduccion, es decir -bajo el prisma de los poemas con que el libro comienza- el avance de la muerte.

El espacio al que ingresamos expone el caracter inalcanzable de lo deseado, la realidad como un muro donde choca el deseo: "el crecimiento tenaz de las unas/ sin mas proposito/ que rasgunos imaginarios en la madera." La habitacion, la casa del deseo, es un ataud del que la hablante trata de escapar en la oscuridad que implica la ausencia de la "lampara". El cuerpo, la piel como traje y el traje como piel, un motivo constante en la primera seccion de Palabras hexagonales, intensifica en este poema lo observado: el traje que la hablante no quiere dejar de tejer es la propia construccion imaginaria, el ejercicio que la mantiene atrapada desde el momento en que el desplazamiento hacia la otredad es imposible o solo acarrea disolucion, en tanto el amor cobra el signo de la muerte a traves de la posibilidad del engendramiento o la figura del otro inalcanzable: "los ritos funerarios del amor/ abren las hojas.// Quien te amo te riega con sus mieles/ y yace en un tiempo distinto/ humedo de ti."

La produccion del miedo se aloja en un cuerpo hueco, cuyo sonido recuerda a la muerte: "La casa vacia como el cuerpo/ provisto simplemente de fria oquedad". Los "otros" se hallan tambien en el impedimento de encontrarse con la hablante y la confunden lentamente en su extranarse, esculpen su rostro hasta provocar en ella la distancia del autodesconocimiento, cubrirla con la dureza petrea y la cal de una tumba, pero una tumba que respira: "manos amadas te confunden con la piedra/ y en piedra esculpen un rostro: hielo, halito y cal." Cuando la luz se apaga, el "cuerpo del que oimos hablar en la habitacion" es narrado por un otro u otros que no conocemos; referido, no visto ni tocado, invisible a oscuras. Cuando la lampara se enciende, sin embargo, la hablante no contempla su union con el objeto de su deseo, sino la vida detenida y la muerte en movimiento: "Con luz de astros fabrica una interna/ para buscar bajo las cenizas/ estatuas fijas o cadaveres en movimiento". La cualidad falica de la luz relaciona este ambito descubierto con el caracter portador de muerte de la reproduccion. Los astros, encarnaciones de poderes superiores y del orden cambiante del universo, constituyen esa linterna de carga falica. Cuando cesa la luz -el poder de las esferas, musica y copula- el cuerpo puede ejercer dominio solamente sobre sus restos, que son el amor humano: "El cuerpo intenta entrar en lo que queda/ cuando cesa el apareamiento de los astros."

Los procesos de disolucion de la hablante y de las figuras que la acompanan se aceleran en los poemas posteriores. Las manos se unen liquidas al muro de la realidad con que choca el deseo: "Agua momentanea la de estas manos/ afluentes al muro". Otra de las versiones de este deshacimiento lo coonstituye la incongruencia de cuerpo mismo con su imagen -representacion, traje- o con el cuerpo del otro: la distancia que media entre un calco y su doble es el espacio donde trabaja, tempranamente, la muerte. De esta manera, el amor es una ruta para el extravio; acelera el arribo a las puertas del propio final. Los poemas de Palabras hexagonales parecen repetir que se muere antes si se ama:
   Para que tanta luz
   para que si el cuerpo no cabe en el cuerpo
   y en el desborde trabajan incansablemente
   los metales de la oxidacion.

   La carne establece sus propias rutas para el extravio:
   intentamos entrar en otro cuerpo
   pero no cabemos en una misma mano
   y no cabemos exactamente en un mismo pie.

   Hacia el cuerpo retornamos y tropezamos.
   El exceso rompe las alas de la desnudez.


El camino hacia el cuerpo se encuentra lleno de tropiezos. El cuerpo, la nave de la existencia, no encaja consigo mismo ni con el ajeno. El amor trata de hacer coincidir no solo uno con otro, sino la propia imagen de la hablante con su realidad. Ejemplos de los primero son los versos siguientes: "Un cuerpo desmembrado es/ un mosaico de piezas que tratan de hacer calzar/ los amantes." Pero las imagenes terminan por no coincidir y los diferentes sustratos no encuentran redencion en la palabra: "Es tan evidente que aqui/ no calzan las abstracciones." La posible union amorosa se desmorona, pero tambien la imagen que la hablante tiene de si misma. El cuerpo ajeno puede ser contemplado como un espejo del propio y su desconcierto leerse detras de la mirada.

En el extenso y hermoso poema que cierra la segunda parte de Palabras hexagonales, la hablante busca en el amor el consuelo y el refugio, pero esta busqueda segrega hacia el final del texto una serie de elementos agresivos con los que la hablante se autoinfiere: "vestirnos en nombre del amor con una nueva guirnalda de granizos". Si la pregunta por la identidad de la hablante y su otro, en un poema anterior, cuestionaba su propio acto de habla y abandonaba a la pareja humana ciega despues de la "lectura" ("Quien eres tu realmente/ Quien soy yo, si no se decir/ en que cuerpo he buscado/ las cartas ilegibles con que agrede la luz/ hasta dejarnos ciegos de palabras"), aqui el lenguaje no puede dar cuenta de la experiencia del amor. La totalidad del recorrido que significan estos poemas es puesta en cuestion no solo como experiencia, sino tambien como imagen transferida y compartida en el lenguaje: "Nada tiene que ver el amor con las palabras que engendra"

"Marina llega con la lluvia", la tercera seccion del libro, es un largo poema con fragmentos diferenciados no solo por la distribucion espacial y estrofica, sino tambien por el uso de un estribillo de un solo verso. La geografia y los elementos se concentran al interior de la figura de Marina, la nina que encierra en su propio cuerpo las tensiones del paisaje: nina y lluvia, sometidas a la furia o a la caricia de los vientos, son una misma cosa. Al igual que sus pares, los ninos de la primera seccion del libro, Marina es el fruto de la continuidad de la especie; su imagen, representacion del canto que rige estos poemas, "canta en el corazon de la semilla".

El momento de mayor significacion y mas alta intensidad lirica del poema lo representa, a mi entender, su penultima pieza, debido a su enraizamiento y penetracion en imagenes que se han fortalecido en el ultimo medio siglo de poesia chilena. En esos versos, como en la obra de Gabriela Mistral y posteriormente, por ejemplo, en la poesia de Soledad Farina, las figuras de madre e hija, continuadas aqui en la nieta, que son a la vez fantasmas, cuerpos y encarnaciones de los poderes de la naturaleza y las formas de la geografia, se complementan en un juego de uniones, superposiciones y dominios, donde las tres se enlazan como si se tratara de un conjunto de veneros interconectados que portan, de un polo a otro, los materiales de la vida: sangre, savia, agua y fuego a nivel textual, representaciones de sangre y leche maternas, pero tambien de vinculos mas profundos: premoniciones, alojamientos, miradas -tambien pupilas, ojos: organos de la identidad- donde el parentesco se revela no de manera estatica, sino fluyente e influyente, yendo y devolviendose a traves de un largo sueno pleno de movimientos y continuidades, un engarce de tres. Vale la pena citar estos versos:
  "Antes de ti, vino mi madre a tenderse en mi costado
   su cuerpo encendio en mi sangre
   una hoguera de premoniciones
   mi madre se alojaba en mi
   yo era su isla
   hasta mi llegaba un mar adormecido
   pero mis pies ardian
   yo estaba colmada de mi sangre
   duplicaba sus caminos
   me arrastraba como una sombra
   por sus orillas.
   Ella extendia sus ojos hacia mi
   y en una vision de fuegos fugaces
   te recostabas tu tambien, reunida
   savia de nuestras miradas.
   Yo ardia sobre el rostro de mi madre
   me sonaba hija que teje naufragios
   trazaba caminos sobre el agua
   para llegar a ti, raiz anticipada
   hondo viaje simultaneo
   en mi cuerpo deshabitado.
   Ahora mi madre se vierte nuevamente en mi
   yo soy su fragua
   abro lentas pupilas que se reunen
   en un sueno que arde.

   Yo sueno con una nina enredada en el aire."


En el siguiente fragmento "aguas revueltas" y "fuego" que "se derrama" se reunen a partir del volcamiento de la "lampara" en el mismo sueno: "el fuego define contornos de agua", donde ambos materiales mantienen sus fuerzas iguales en un constante enfrentamiento, produciendo la tension y conformando los bordes del elemento opuesto. Esos limites parecen producir aqui la condensacion de la imagen y de la escritura que revela en el poema la forma primordial que da titulo al libro y que ayuda en el ejercicio de descifrar algunos de sus multiples sentidos: "Yo busco palabras hexagonales/ un prisma se abre sobre la pagina, falta/ quien escriba los pasos restantes." La cristalizacion sobre la pagina configura un prisma que abre los caminos para transitar, con los pasos que faltan, desde el poema hacia sus sentidos. He aqui no solo un instante de acertada autorreflexion y de develamiento de la propia poetica, sino una busqueda del poema y una investigacion en el. Sin embargo, la conciencia lirica de Veronica Jimenez, en pleno ejercicio del conocimiento y al mismo tiempo en constante fuga de la forma hacia su fondo salvaje, sabe que el poema es inalcanzable, "una cosa que sera", como escribio Vicente Huidobro, o, como bien afirma ella misma: "Este no es un poema"; y sabe tambien que la boca irracional del discurso amenaza a cada instante las precisiones y los puntos fijos, y se pone a hablar sola, como una hermana, una madre o una hija dormidas. La lectura del poema es la visita a un sueno cuya victima es sonada a su vez por un sujeto que desconocemos: "El centinela de nuestro sueno es un dormido."

La ultima parte de Palabras hexagonales es, paradojicamente, si se considera su posicion en el libro, la mas cercana a la poetica de Islas flotantes, de tal manera que parece una continuacion e incluso un ahondamiento, no solo desde el punto de vista de la similitud entre las imagenes, sino tambien desde los modos de uso del verso, de la prosa poetica, la narracion y las figuras, las que se habian diferenciado de su antecedente en las tres primeras secciones del poemario.

Los poemas de esta seccion se adentran, con la lentitud proverbial de las barcazas, en una zona desconocida, y permiten abrir nuevos espacios entre los pliegues y recovecos del mito de un Sur que se ha conformado a lo largo del siglo XX como un imaginario primordial en la poesia chilena contemporanea; un Sur que conocemos a partir de las obras de Pablo Neruda, Juvencio Valle, Jorge Teillier, Rolando Cardenas, Omar Lara, Rosabetty Munoz, Jaime Huenun y Antonia Torres, entre otras.

Algunos toponimos a los que varios poemas refieren, ayudan a fijar el lar que Veronica Jimenez construye, cerca de ciertos sitios reales que parecen rodearlo: Llingua, San Juan, Quenac, Chaulinec -los ultimos dos, como declaran unos versos, pertenecientes a una lengua extinguida. El mundo misteriosamente desplegado obedece, sin embargo, a algunas caracteristicas de un paisaje reconocible en nuestra construccion mitica y real del Sur: cementerios cubiertos por el agua, cruces que aparecen cuando la marea baja, caminos que reflotan entre una isla y otra, y vuelven a desintegrarse, se encuentran ligados a la imagineria de la zona de Valdivia y Corral, sumergida en parte por el maremoto de 1960, y tambien al mundo nomada de los boteros chonos al sur de Chiloe, que desde tiempos remotos navegaron entre el archipielago y la region de los canales. Pese a todas estas referencias ineludibles, nunca deja de producirse, tanto a traves de la descripcion como de la narracion, un escenario ambiguo que no logra definir precisamente los contornos del espacio, y que permite que los referentes no agoten los sentidos del poema, sino que los intensifiquen.

En este lar, las formas geograficas, ambiguas y cambiantes, conviven con sus pobladores en una constante tension: ninos recolectores de pelillo, hambrientos, enfermos, afligidos, boteros, mariscadoras, pescadores, todos sujetos sometidos a la miseria, la precariedad y envueltos en una tristeza abrumadora. El ser humano resulta insignificante ante la inmensidad del espacio natural, ante la eternidad del mar: "Para el oceano mil anos son como ayer y otros mil seran manana", y es en esa desolacion, en ese mundo vacio, donde este se enfrenta a su soledad existencial.

Los poemas despliegan una religiosidad primaria -rezos, salmos, oraciones; el cura visita el pueblo una vez al ano- y la relacion de los habitantes con criaturas mitologicas, provenientes de la cultura popular chilota, las que en la narracion distanciada que ofrecen los textos, son elementos integrados naturalmente en la voz de la hablante y la conciencia de los pobladores. Estas criaturas son portadoras de formas animales y de procesos inacabados del paisaje que terminan por encarnar, para consolidarse, en los moradores de esas tierras, incluso otorgandoles sus rasgos. Un pez, referido insistentemente, se constituye como nexo imaginario entre la hablante y las figuras sobrehumanas, mezclas de mujeres y animales: "Las senoritas son: Amelia, hija de toninas y de jaibas/ Maria, amasadora de tortillas/ Juana, tenidora de lanas y tejedora de frazadas/ Carmen, pura inspiracion marina ancestral/ concebida en la noche de los brujos voladores."

El paisaje y esas figuras misteriosas generan en la conciencia humana el miedo de ser absorbida, de modo fisico o imaginario, por un medio cambiante e indiferente: "El visitante cierra los ojos y deja al sol golpear contra sus parpados./ "Oh, Senor, sobre mi han pasado tus iras", "Tus aguas me han cercado continuamente/ y al amigo y al companero de mi has alejado." Es perceptible un acecho constante alrededor de la hablante y de quienes mudamente la acompanan, que se oculta detras de la calma y supuesta indiferencia del exterior.

El dominio del paisaje sobre la vida humana, somete tambien a la memoria, que desaparece o reflota segun la altitud de las aguas y la presencia o ausencia de la luz: "Cruces semihundidas, lapidas enterradas./ Poco a poco la oscuridad va borrando el nombre de los muertos", "Hasta aca suben millares de recuerdos/ tironeados por estas manos marinas incansables."

La latencia invariable del peligro, se ve representada por la persistente referencia y narracion de un naufragio, que termina por proyectarse, mas alla de la leyenda, como un naufragio de la geografia y sus habitantes, de la identidad personal y colectiva: "Bajamos a la orilla y no nos reconocemos/ Bajamos a la orilla y estamos solos// (...) Hombre, no hay nada que esperar".

Pero tambien el naufragio es la pequena narracion que trae a los forasteros a estas tierras: "Tendidos en la arena nos olvidamos del naufragio." Este naufragio permite que se produzca la tension que define estos poemas: la relacion que establecen los forasteros con un paisaje al que no pertenecen: "No somos de aqui, nadie nos conoce. Ningun pescador sale a recibirnos", "Soy el visitante y quiero fundirme con este horizonte de neblina que aplaca las distancias entre el cielo y el mar."

El encuentro de la conciencia recien llegada con este mundo salvaje, mitico y desconocido, genera en ella un proceso espiritual. Poco a poco el ojo empieza a vaciarse en el entorno: "Yo soy el visitante, y mis pequenas ambiciones ondean como harapos contra el cielo negro."

Una de las lineas finales de "Mares" resulta significativa de esta relacion de distanciamiento y acercamiento que establece la hablante con el entorno que no le pertenece "Tus pasos se pierden, botero de antano, en los horizontes traducidos por la lejania." El paisaje es una lengua desaparecida que, como los lenguajes originarios, es necesario traducir para habitar.

La visitante, ajena, intenta traducir el paisaje, enmarcandolo en su mirada para aprehenderlo: "En el horizonte, la cruz de la iglesia ofrecia instantaneas con fondo de cielo crepuscular. Tome fotografias. Recorte el paisaje." Pero el verbo "ofrecer" instala desde un principio el poder del paisaje por sobre la voluntad de la hablante.

Gabriela Mistral afirmo que "America es un hecho de paisaje". La voz delgada de Veronica Jimenez afirma la supremacia del paisaje en nuestro Sur, en nuestro continente, sobre la conciencia poetica, paradojicamente, capaz de darle vida. Hay una coincidencia profunda, a lo largo de las obras mas relevantes de nuestra tradicion lirica, entre aquello oculto que late bajo la superficie de territorios, corrientes y mares, y la pulsion de las escrituras que intentan develarlo.

Esta conciencia, en Palabras hexagonales, es conformada por el paisaje. Son los habitantes perennes de los lares, hijos de la tierra, atados a ella, los que establecen una relacion verdadera con los elementos que los rodean. Los antiguos pobladores, ahora fantasmas de un cuerpo colectivo cruelmente exterminado, desaparecido, son el anverso moral e imaginario en una larga concatenacion de poetas chilenos. Veronica Jimenez pertenece a esta busqueda y nos ensena:

"No se aman los paisajes por la vanidad de ser sus testigos, sino por la forma en que se meten en el cuerpo inundando las venas con su trasparencia. Este mar, por ejemplo, desde siempre ha estado destinado a insuflarnos el sentido de la eternidad: una mirada es un instante, solo la condicion de que el pasado y el futuro pierdan el sentido que solemos atribuirles. Los pescadores, por su parte, hace tiempo que aprendieron a descifrar las aparentemente caprichosas ondanadas de las corrientes marinas eternas. Son sus amantes."

Santiago de Chile, 11 de diciembre, 2002.
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Title Annotation:incluye poemas
Author:Jimenez, Veronica
Publication:Cyber Humanitatis
Date:Mar 22, 2003
Words:7553
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