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Pais huachicolero.

Se le atribuye a Charles Chaplin la frase: "Vista de cerca, la vida es una tragedia. Pero, de lejos, parece una comedia". Se referia, supongo, a la forma en que creaba las tramas de sus peliculas, por ejemplo, Tiempos modernos: un obrero pierde la razon, es encarcelado sin saber que participa en una protesta comunista, sale de la carcel involuntariamente y reinicia su camino al lado de una huerfana. Creo que la frase deberia ser al reves porque todas nuestras pequenas tormentas, pasajeros disgustos y dichas, parecen nada ante la muerte y sus disoluciones. Lo cercano me parece mas comico en la perspectiva de lo lejano porque la muerte vuelve a toda tentativa algo risible. Pero vuelvo a la frase de Chaplin por la idea de que una vida puede ser "vista". ?Quien la mira y desde donde? Hay, a la mano, dos formas: la pelicula completa, que puede partirse, acercarse, detallarse, y la que se hace desde las alturas, captando solo la generalidad, el resultado a golpe de vista. La primera es una trama, una narracion. La segunda, un vislumbre, casi una intuicion.

Cuando evaluamos una vida como trama, tendemos siempre a poner el enfasis en alguno de los protagonistas de una novela policiaca: el detective, el criminal o la victima. Es decir, el que desentrana, a partir de vestigios oscuros, una verdad; el que ha actuado en la oscuridad de los enganos para cubrir su delito; y el que sufre las consecuencias de ambos y que, dependiendo del ingenio de quien cuenta, puede colaborar con el detective o el criminal o, quizas, manipular a ambos.

Traigo a colacion estas ideas que me surgen de Chaplin por una forma de contar las tragedias nacionales en los medios de la cultura de masas --television y grandes periodicos portales--y en las redes de comentarios, motor de la cultura anti-cultura de masas: tomar un detalle de la vida de una victima para convertirla en criminal. Me refiero, por ejemplo, a las mujeres asesinadas que son culpadas de sus propios homicidios "porque" bebian, eran infieles o estaban de fiesta. Pero tambien al caso de los miles de ejecutados por el ejercito y la policia en estos anos "porque" eran delincuentes. El caso mas reciente es el de los "huachicoleros"--cuya raiz nahuatl significa "secar"--, los que extraen ilegalmente combustibles de los duetos de gasolina. Si uno pone el enfasis en el detective, contara la historia desde el punto de vista de la autoridad que los "descubrio". Si coloca el acento en el criminal, dira algo sobre la organizacion de la extraccion, pero tambien sobre lo que orillo a pueblos enteros a encontrar sustento en ello. Las victimas estan a disposicion del narrador: el presidente considera al ejercito como agredido; otros creemos que son todos los que no tienen la responsabilidad del Estado de guardar la prudencia--y las armas--en un enfrentamiento. El detalle para juzgar esas vidas es esencial: si los "huachicoleros" estaban organizados o, ya en la histeria, esclavizados por un cartel, merecian morir. Si, mirada de lejos, la vida del "huachicolero" es de un campesino sin tierra que se defiende robando de una estafa mayor--la reforma energetica--, entonces es resultado de la desesperacion. El detalle a enfatizar define si el desenlace violento de una existencia es o no justo. La narracion completa atenua las faltas y, con su lejania, extrae nuestra empatia.

?Que vemos para evaluar una vida? Quizas la respuesta nos la da Tolstoi en Guerra y paz. De cerca, la vida de Andrei no es comica: pierde a su esposa en el parto, es herido en la guerra y, cuando cree encontrar al amor de su vida, Natasha, esta lo engana con Anatol, un cazafortunas. Entonces, Andrei se dedica a tratar de vengarse de los dos que, a su parecer, lo han enganado. La fortuna lo lleva a convalecer de sus heridas de bala en la cama de junto a la de su adversario, el fraudulento Anatol. Es ahi que puede, haciendo un esfuerzo y aprovechando que su rival esta herido, matarlo. En cambio, Tolstoi elige un desenlace que no satisface nuestros deseos de venganza: en el dolor, Andrei toma de la mano a Anatol y se la estruja. Es un signo doble: hay rivalidad en sus vidas, pero hay afinidad en el dolor. Al menos eso es lo que leo en Tolstoi. Lo digo porque, al igual que los sucesos de la vida nacional--esa sensacion de que existimos juntos porque leemos lo mismo como propio--, el texto jamas decide la forma en que puede ser leido. El sentido es, al final, una de las experiencias del ultimo lector. Gracias a ello, no existe tal cosa como una "mala lectura".

A Ricardo Piglia le obsesionaba una idea que tiene que ver con la forma en que nos relacionamos con el descifrar tanto los textos como los enigmas sociales. Es el riesgo de perder el sentido. Lo usaba en su doble significado: no seguir una trama narrativa y perderse en ella o, de plano, extraviar la cordura. Ese miedo esta en El Quijote y, por ejemplo, en Madame Bovary: demasiadas lecturas sobre caballeria o novelas rosas provocaran, en una de esas, que saltemos a la realidad pensando que podemos juzgarla como una narracion. La posibilidad siempre existe, dice Piglia: "El que va a la vida publica con los modos de descifrar los signos y los indicios, es una forma de lector, y su lectura jamas sera una practica neutral, ni para su razon ni para la de los demas". Lo dice porque la distancia entre el acontecimiento y su lectura siempre pone en tension la narracion con el aprendizaje por experiencia. Cita, entonces, a John Berger, el autor de Modos de ver y amigo epistolar del subcomandante Marcos: "Cuanto mas ha aprendido uno por la practica, mas credulo es". Segun Berger, la vida no hace arisca a la burra, al contrario, la hizo sociable.

La experiencia nos hace dociles. Es la lectura la que contiene un germen de sospecha que no nos abandona. Leemos, textos o sucesos pensando en que los personajes, sus reacciones o situaciones pueden no ser verosimiles. La calamidad sufrida en carne viva puede borrar la posibilidad de narrarla, de hablarla, de escribir y leerla. Perder el lenguaje es la peor tragedia: la inmovilidad, el entumecimiento de nuestras ficciones, las que nos ayudan a entender y a seguir viviendo. Como escribe Terry Eagleton: "No es cierto que el lenguaje pueda reparar nuestra condicion por el solo hecho de nombrarla, pero si lo es que, sin hacerlo, no haya reparacion posible". Entonces nombremos la tragedia y enfrentemos sus rasgos mas abominables. Pero, ?desde donde la miramos?

Recordemos el origen del genero tragico: los griegos reiteraron el enfrentamiento entre la ley y la justicia. Por ejemplo, Antigona queriendo enterrar a Polinices, su hermano, quien, para el rey Creonte, es un traidor a la ciudad. Los medios de masas dirian en Mexico: Polinices se merece quedar insepulto, al garete de los cuervos y las ratas, por haber pedido la intervencion de otra ciudad, Argos, en su lucha por restablecer su trono. Bien por Creonte, el representante de la ley. Y esa Antigona pertenece al mismo cartel, o es "agente cubana" o, por ilegal, que se le condene a que la entierren viva. Habra quienes nos pongamos del lado de Antigona, es decir, una victima. Y nos tacharan de utilizar su dolor para promover la ilegalidad. Pero hay recordar que, en las tragedias griegas o shakespeareanas, el sentido ultimo de la trama es invisible para quienes creen saber descifrar el destino: al reconocer que ha matado a su padre y hecho a su madre su amante, Edipo se saca los ojos; al descubrir que un bosque si puede moverse, Macbeth muere, perplejo, ante la impensable profecia. Como diria el propio Shakespeare en El rey Lear, casi siguiendo la frase de Chaplin: "Lo peor retorna a la risa". No lo digo por experiencia, sino solo por una lectura.
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Author:Mejia Madrid, Fabrizio
Publication:Proceso
Date:May 14, 2017
Words:1419
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