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Ordinariatos y prelaturas personales. Aspectos de un dialogo doctrinal.

Resumen: La Constitucion Apostolica Anglicanorum coetibus sobre los ordinariatos personales para antiguos anglicanos ha sido acogida con interes no solo por las implicaciones ecumenicas que comporta, sino tambien por los aspectos canonicos que presenta. Este articulo estudia especialmente la cuestion sistematica de la relacion entre las figuras del ordinariato personal y la prelatura personal. El autor subraya algunos elementos basicos de esta cuestion, aporta algunos elementos nuevos y hace propuestas para el dialogo doctrinal posterior al CIC de 1983.

Palabras clave: Circunscripcion; Comunion anglicana; Iglesia particular; Opus Dei Ordinariato personal; Potestad cumulativa; Prelatura personal.

Abstract: The Apostolic Constitution Anglicanorum coetibus concerning personal ordinariates for former Anglicans has prompted interest not only because of its implications for ecumenism, but also because of the canonical issues it involves. The purpose of this paper is to offer a systematic exploration of the relationship between the structures of personal ordinariate and personal prelature. A number of key aspects ate highlighted in this regard, some new developments are cited, and proposals for further doctrinal dialogue based on the 1983 Code of Canon Law ate advanced.

Keywords: Circumscription, Anglican communion, particular Church, Opus Del, personal ordinariate, cumulative power, personal prelature.

Personal Ordinariates and Personal Prelatures: Notes on a Doctrinal Dialogue.

1. LA RECEPCION DE LAS NUEVAS NORMAS SOBRE LOS CATOLICOS PROCEDENTES DEL ANGLICANISMO

En el ano 2009 fue publicada y promulgada oficialmente la constitucion apostolica Anglicanorum coetibus de Benedicto XVI, acompanada de unas Normas complementarias publicadas por la Congregacion para la Doctrina de la Fe (1). Estas disposiciones preven el establecimiento de ordinariatos personales para organizar en diversos paises la recepcion en la Iglesia catolica de comunidades de pastores y fieles procedentes de la Comunion anglicana. De momento se han erigido tres ordinariatos: uno para Inglaterra y Gales, otro para los Estados Unidos de America y un tercero en Australia (2).

Naturalmente estos importantes acontecimientos han suscitado mucho interes en la opinion publica internacional y tambien entre los canonistas (3). De una manera general puede decirse que el documento pontificio ha sido recibido no solo con interes sino tambien con alegria, a la vista de que no pocos fieles tienen la posibilidad de ver satisfechos despues de bastantes anos sus deseos de plena comunion con la Sede apostolica romana.

Sin embargo, se ha expresado alguna insatisfaccion por considerar que Anglicanorum coetibus no supondria un verdadero avance en el ecumenismo, juicio que parece excesivo si se tienen en cuenta las positivas reacciones en el ambito del anglicanismo (4). Tambien suena excesiva la critica de algun autor que contempla Anglicanorum coetibus y sus Normas complementarias como un paso mas en la consolidacion de las jurisdicciones personales en la Iglesia (ordinariatos personales, prelaturas personales, administraciones apostolicas personales, ahora ordinariatos personales para antiguos anglicanos) en detrimento de la jurisdiccion territorial de los obispos (5), ya que esa afirmacion exige comprobar si la potestad del obispo local queda realmente desprotegida o limitada con las circunscripciones personales. De todas formas, la debida relacion entre jurisdiccion territorial y personal es ciertamente una cuestion de la mayor importancia y merecera alguna referencia por nuestra parte.

Con todo, es mas frecuente leer apreciaciones y comentarios que han lamentado no tanto la solucion que se ha encontrado, sino mas bien aspectos que se juzgan menos claros en la nueva normativa. La misma publicacion de Normas camplementarias de la Anglicanorum coetibus ha planteado interrogantes desde el punto de vista formal. En efecto, la promulgacion oficial de los documentos fue acompanada de actuaciones que benevolamente podrian ser calificadas de informales y que han confundido a no pocos comentaristas en algo tan importante como es la exacta determinacion del texto de las normas, mas alla de las distintas versiones que se difundieron desde el primer momento en diferentes lenguas (6).

Ademas, las Normas complementarias desarrollan importantes aspectos de Anglicanorum coetibus, pero fueron publicadas por la Congregacion para la Doctrina de la Fe con una simple aprobacion del Papa en forma comun, aunque su alcance y contenido habrian aconsejado mas bien la forma legal, a traves, por ejemplo, de la delegacion pontificia segun el c. 30 del CIC o incluso una aprobacion pontificia en forma especifica. La naturaleza juridica de esta normativa complementaria permanece oscura, aunque podria ser considerada bajo la forma de un decreto general dictado por quien tiene potestad ejecutiva que desarrolla la legislacion pontificia (cfr. cc. 31-33 del CIC). Pienso que esta es la conclusion menos inadecuada, ya que una Congregacion de la curia romana no puede publicar leyes ni decretos generales legislativos a no ser por delegacion pontificia o con aprobacion pontificia en forma especifica, requisitos que no se han cumplido en el caso de las Normas complementarias (7).

En esta linea, Georg Bier lamenta la indefinicion de las Nornas complementarias y afirma con razon que habria sido mejor publicar un solo texto refundido que recogiera toda la normativa, ya que algunas disposiciones de las Normas complementarias tienen gran importancia y no se sabe bien por que no han sido incluidas en la constitucion apostolica de Benedicto XVI (8). El resultado final, en efecto, expresa una extrana distribucion de materias entre Anglicanorum coetibus y sus Normas complementarias.

Ademas de estas cuestiones, mas bien de orden formal, los canonistas no han dejado de presentar sus observaciones en torno a aspectos sustanciales de la nueva normativa. Algunos de esos aspectos afectan a cuestiones un tanto inciertas, como pueden ser el alcance de la potestad del ordinario que, con potestad vicaria del Papa, gobierna el ordinariato, o cual sea el significado de la autonomia de esta figura en relacion con las diocesis catolicas o el sentido de la organizacion estructural de la nueva figura, mas bien precaria en algunos aspectos.

Desde luego, una cuestion verdaderamente importante es la naturaleza del ordinariato personal. Si esta cuestion no resulta clara, contamina, por asi decirlo, la percepcion de otras cuestiones derivadas y conexas. La afirmacion de que el ordinariato para nuevos catolicos procedentes del anglicanismo es una circunscripcion personal equiparable con las diocesis (cfr. AC, art. I [seccion] 3) es manifiesta en la literatura canonica, pero exige al mismo tiempo tener claro que significa esa calificacion no solo respecto al ordinariato como tal, sino tambien en el contexto sistematico de la organizacion pastoral de la Iglesia. ?Expresa la figura del ordinariato para antiguos anglicanos la realidad de la Iglesia particular, concretamente una Iglesia sui iuris al estilo de las Iglesias orientales catolicas? ?Que alcance tiene aqui el hecho de que la tradicion anglicana, que la nueva normativa quiere respetar en sus aspectos liturgicos, espirituales y pastorales, haya de considerarse a su vez dentro de la tradicion latina? Y, por acudir ya a la terminologia propiamente canonica, ?que se puede decir respecto de la comparacion entre los ordinariatos para antiguos anglicanos y otras circunscripciones eclesiasticas sin territorio propio, como los ordinariatos militares o las prelaturas personales?

Precisamente con ocasion de los comentarios publicados sobre la normativa de los nuevos ordinariatos personales se han expresado algunas opiniones acerca de la naturaleza de esas figuras en comparacion con las prelaturas personales. Me propongo en estas paginas comentar esas opiniones porque pienso sinceramente que profundizar en ellas, sin polemicas esteriles, puede servir de ayuda para entender mejor algunos aspectos del sistema de estructuras pastorales de la Iglesia contemporanea.

2. OPINIONES OBITER DICTAE SOBRE ORDINARIATOS Y PRELATURAS

Las referidas opiniones sobre las prelaturas personales en el contexto de los nuevos ordinariatos se han expresado incidentalmente y de manera breve, salvo en un caso al que aludire mas abajo. Ademas, no son propiamente opiniones con argumentos nuevos sino que mas bien repiten opiniones ya publicadas hace muchos anos.

Algo que llama la atencion es el proceso de recepcion y trasmision de los argumentos. Es conocida la tesis de que la prelatura personal seria una institucion de naturaleza clerical por su composicion y finalidad. A veces esta tesis ha llegado a afirmar tambien que la prelatura personal como tal perteneceria al genero de las realidades asociativas en la Iglesia, aunque es mas frecuente sostener que se trataria de una realidad institucional de caracter administrativo. Dentro de la tesis clerical poco mas se podria decir, ya que sus defensores no se han preocupado mucho de argumentar que seria positivamente una prelatura personal y que caracteristicas habria de tener en la comunion eclesial; mas bien esta tesis asociativo-clerical ha dedicado mas tiempo y espacio a negar que la prelatura personal sea una circunscripcion eclesiastica compuesta de clerigos y laicos, bajo el gobierno de un prelado como ordinario propio.

La afirmacion de que la prelatura personal es una institucion compuesta exclusivamente de clerigos, no perteneciente al sistema de las comunidades con clero y pueblo de la organizacion jerarquica de la Iglesia, se encuentra en manuales, diccionarios y sobre todo en breves comentarios a los cc. 294-297 del CIC de 1983. Sucede a veces que, desde tales instrumentos, aquella afirmacion se trasmite de manera acritica, a traves de un proceso de vulgarizacion y difusion de opiniones. De este modo la cuestion de la naturaleza de la prelatura personal se despacha de manera drastica y expeditiva con pocas palabras, en contextos doctrinales que exigirian mas detenimiento.

Podemos poner algunos ejemplos de este modo de proceder. La publicacion de los documentos que facilitan la insercion corporativa de antiguos anglicanos en la plena communio ha sido posible despues de bastantes anos de acercamientos y conversaciones con la Santa Sede. En diversas ocasiones se planteo la posibilidad de que el instrumento canonico para facilitar aquella finalidad fuese la prelatura personal. Esa posibilidad no siempre encontro adhesiones; incluso presento objeciones algun destacado canonista que afirma la naturaleza comunitaria de la prelatura personal, es decir, su posible composicion de clerigos y laicos (9). Pero, mas alla de esas opiniones, lo que resulta criticable es que la posibilidad de una prelatura para antiguos miembros de la Comunion anglicana sea negada por el prejuicio de considerarla una institucion clerical o asociativo-clerical.

Asi, Anthony Jeremy escribe que la posibilidad de aplicar el modelo de la prelatura personal como <<asociacion eclesial de fieles>> a los antiguos miembros de la Comunion anglicana, tenia el inconveniente de que los laicos solo pueden colaborar con esas prelaturas pero sin formar su pueblo propio (10). El autor no explica tal afirmacion fuera de una vaga referencia a los cc. 295 y 296 del CIC, que de ninguna manera justifican que una prelatura personal (ninguna prelatura en realidad) pueda ser una asociacion de fieles. Por argumentar solamente desde los canones del CIC de 1983, las prelaturas personales no estan reguladas entre las asociaciones de fieles ni tampoco con las normas sobre la vida consagrada asociada; una asociacion de fieles no es erigida tras haber consultado a la conferencia episcopal interesada, ni depende de la Congregacion para los Obispos, ni tiene al frente un ordinario propio con potestad de regimen y capacidad ordinaria de incardinar clero, como ocurre en cambio con cualquier prelatura personal (11).

Otra referencia incidental a la naturaleza de las prelaturas personales en el contexto de las nuevas normas para antiguos anglicanos se contiene en un escrito de Christopher Hill que las considera "esencialmente>> como <<instituciones clericales o sociedades>> (12). Tampoco aqui se dan mayores explicaciones, como si se tratara de una conclusion incontestable. Desde luego, con un planteamiento de este estilo seria imposible que una prelatura personal pudiera servir para dar acogida corporativa a los antiguos anglicanos, que tanta importancia dan a la participacion de los laicos en la vida eclesial y en sus instituciones.

Resulta disculpable esa actitud doctrinal cuando es causada por una informacion que no se ha podido contrastar suficientemente. En cambio, es dificil de comprender que ese estilo se encuentre en el interesante, extenso y documentado estudio sobre Anglicanorum coetibus, en el que Georg Bier se ocupa de la comparacion entre los ordinariatos y las prelaturas personales. Esa comparacion es completamente logica, pues como minimo se trata de dos instituciones eclesiasticas con jurisdiccion personal, no territorial. Pero Bier reserva a la cuestion tan solo una nota al pie de pagina. En ella, ademas de afirmar que las prelaturas personales son agrupaciones clericales que no se diferenciarian radicalmente de los institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostolica y que ni siquiera serian estructuras de la Iglesia (sic), aunque si en la Iglesia, sostiene que acercar y comparar ordinariatos y prelaturas personales es una cuestion de politica eclesiastica, con la pretension de revalorizar la prelatura personal como si fuese una Iglesia particular. Por si fuera poco, Bier personaliza esa actitud politica aludiendo a la biografia del obispo Juan Ignacio Arrieta (13). Pero de ese modo, ademas de distanciarse comodamente de la cuestion doctrinal que deberia haber tratado, el canonista aleman comete el grave error de contaminar el medio ambiente de la sana discusion con el humo negro del reproche ad hominem. Cualquiera que haya estudiado a fondo en estos anos la literatura especializada sabe que hay autores que sostienen con respetables argumentos la posible equiparacion juridica de la prelatura personal con la diocesis, dentro de ciertos limites y siempre en funcion de lo que dispongan los estatutos de cada prelatura; pero sabra tambien que no se conoce canonista ni teologo que haya defendido que la prelatura personal sea o pueda ser considerada una Iglesia particular. Seria cuestion de analizar esos respetables argumentos y no de atacar, como Don Quijote, molinos de viento.

Mas importancia ha dedicado a la relacion entre ordinariatos y prelaturas un estudio de Vittorio Parlato, publicado poco despues de Anglicanorum coetibus (14). Aunque de manera breve, su estudio plantea en general la cuestion de la complementariedad con las Iglesias particulares y alude a un discurso de Juan Pablo II leido en 2001. De ambas cuestiones nos ocuparemos mas adelante en estas paginas.

Pero seguramente quien ha dedicado mayor espacio al argumento que aqui nos ocupa ha sido Gianfranco Ghirlanda, en un estudio que fue publicado poco despues de los documentos pontificios sobre los anglicanos recibidos en la comunion catolica. Las paginas que el influyente profesor de la Universidad Gregoriana de Roma dedica a la relacion entre ordinariatos y prelaturas contienen pocas novedades respecto a lo que el habia escrito anteriormente (15). No solo eso: el autor insiste de una manera categorica y mas bien polemica en sus conocidas opiniones sobre la naturaleza de la prelatura personal. Escribo que lo hace polemicamente no porque abra un dialogo con las opiniones diferentes a la suya, ya que sencillamente no las cita, sino en el sentido de que su argumentacion es negativa. El Padre Ghirlanda insiste en lo que no es la prelatura personal. Escribe que no es una circunscripcion eclesiastica equiparable con las diocesis y que no pueden incorporarse a ella fieles laicos para cooperar organicamente con los sacerdotes, pues de lo contrario estariamos ante una estructura jerarquica con clero y pueblo, que fue un modelo rechazado durante los trabajos preparatorios del CIC. Se basa, para esa argumentacion en negativo, en una lectura peculiar de los trabajos preparatorios del CIC de 1983 y, como novedad, se apoya tambien en algunos apuntes sobre el derecho particular aplicable a la unica prelatura personal hasta ahora existente, esto es, el Opus Dei.

Estas paginas no tienen por objeto repetir argumentos bien conocidos sobre la naturaleza de las prelaturas personales. Pero hay algunas cuestiones en las que me gustaria profundizar de nuevo, mas que nada por la importancia que presentan en si mismas. Quizas con empenos doctrinales semejantes pueda alentarse un mayor desarrollo de la figura de la prelatura personal en beneficio de la Iglesia, que mejore la escasa aplicacion de esta figura canonica y pastora (16).

3 REVISITA DEL CONCILIO VATICANO II A PROPOSITO DE LOS LAICOS EN LAS PRELATURAS PERSONALES

3.1. El texto instituyente y su interpretacion

La figura de la prelatura personal es mencionada en tres lugares del Concilio Vaticano II: el decreto Presbyterorum ordinis n. 10 y el decreto Ad gentes nn. 20 y 27. En realidad es el primero de los lugares citados el que mas interesa, pues Ad gentes ya se remite al decreto sobre los presbiteros (17).

Ante todo, podemos recordar literalmente el texto de Presbyterorum ordinis n. 10 que instituyo las prelaturas personales: <<Revisense, ademas, las normas sobre la incardinacion y excardinacion de manera que, permaneciendo firme esa antiquisima institucion, responda mejor a las actuales necesidades pastorales. Y donde lo exija una razon de apostolado, haganse mas factibles, no solo la conveniente distribucion de los presbiteros, sino tambien las obras pastorales peculiares para diversos grupos sociales que hay que llevar a cabo en alguna region o nacion, o en cualquier parte de la tierra. Para ello, pueden establecerse algunos seminarios internacionales, diocesis especiales o prelaturas personales y otras instituciones por el estilo, a las que puedan agregarse o incardinarse los presbiteros para el bien comun de toda la Iglesia, segun normas que hay que determinar para cada caso, quedando siempre a salvo los derechos de los ordinarios del lugar>> (18).

Naturalmente, este texto ha sido muchas veces estudiado y comentado por la doctrina sobre las prelaturas personales. A simple vista se limita a presentar la nueva figura de la prelatura personal, en el contexto de una deseada renovacion de las normas sobre incardinacion y excardinacion. Dispone el texto la finalidad de las nuevas instituciones previstas, no limitada exclusivamente a la distribucion geografica del clero, el ambito en el que pueden actuar, su capacidad de incardinar clero y el necesario respeto de los derechos de los ordinarios locales cuando se establezcan las normas aplicables a cada prelatura personal. En el decreto conciliar sobre los presbiteros se mencionan tambien otras entidades bien conocidas por el derecho canonico, como las diocesis y los seminarios, mencion que es acompanada de sendos calificativos que expresan la novedad: seminarios internacionales, prelaturas personales, diocesis especiales.

Al estudiar los trabajos preparatorios de Presbyterorum ordinis n. 10, se comprueba la preocupacion de los obispos por facilitar una mejor distribucion y movilidad del clero, el deseo de facilitar tambien obras pastorales en favor de grupos sociales concretos, la disponibilidad hacia estructuras jerarquicas no territoriales que fuesen respetuosas con la potestad de los obispos en sus diocesis. Lo mismo sucedio durante la preparacion de otros documentos del Concilio, como por ejemplo el decreto Christus Dominus sobre la funcion pastoral de los obispos, cuyo n. 18 se refiere a la necesaria atencion espiritual que deben recibir los grupos de fieles que por sus circunstancias de movilidad social no pueden recibir suficientemente la atencion pastoral ordinaria (sobre todo, los emigrantes y asimilados). Esas preocupaciones pastorales, unidas a la tendencia y a la realidad practica de una flexibilizacion de las antiguas prelaturas nullius dioecesis, llevo a la prevision expresa de las prelaturas personales en el decreto sobre los presbiteros por primera vez en la historia del derecho canonico.

Es decir, en la prevision de las prelaturas personales confluyen dos elementos: por un lado, las nuevas circunstancias sociales que un concilio prevalentemente pastoral, como lo fue el Vaticano II, no podia dejar de valorar como oportunidad y reclamo de unas estructuras eclesiasticas renovadas; por otro, la reforma o ampliacion de entidades ya existentes, como las diocesis y las prelaturas, de modo que, sin dejar de ser verdaderas diocesis y prelaturas, pudieran resultar mas adecuadas a los retos de la evangelizacion moderna.

Es logico que en la interpretacion del texto citado de Presbyterorum ordinis n. 10 los autores se hayan detenido en el significado del genero propio que es mencionado expresamente. Estos estudios han permitido profundizar ampliamente en el significado de las prelaturas en el derecho canonico. El Concilio quiso que la nueva figura perteneciera a una categoria ya conocida por el derecho de la Iglesia, de modo que su delimitacion personal no excluyera su categoria prelaticia. No hay datos en el texto citado que permitan hablar de una asociacion de fieles o de sacerdotes, y el propio contexto del texto citado impide tambien semejante interpretacion. Presbyterorum ordinis n. 10 no permite concluir tampoco que la composicion de la prelatura personal sea exclusivamente clerical: el hecho de que el texto este encuadrado en un documento dedicado a los presbiteros no significa que solo ellos puedan pertenecer a las nuevas prelaturas; ademas, en el texto se mencionan diocesis especiales, que por definicion, en cuanto diocesis, cuentan con fieles laicos. Por acudir a un contexto mas amplio dentro del Vaticano II, cuando el decr. Christus Dominus trata en su n. 43 de los antiguos vicariatos castrenses no menciona a los laicos como posibles miembros del vicariato, sino solamente al vicario y a los capellanes militares; pero al tratarse de una figura bien conocida, a nadie se le ocurrio negar que los laicos pudieran pertenecer a tales circunscripciones (19).

Por estos y otros motivos que podrian alegarse, no puede ser aceptada la afirmacion de Ghirlanda cuando sostiene, sin ninguna referencia que lo pruebe, que <<el Concilio no toma en consideracion la posibilidad de una colaboracion de los laicos con las obras de una prelatura personal y mucho menos de su incorporacion a ella. Por tanto, el Concilio no preve que las prelaturas personales sean instituidas para la cura pastoral ordinaria de fieles que pertenezcan a la prelatura>> (20). Aunque se trate de una afirmacion escrita en una nota al pie del texto principal, lo que aqui se dice es demasiado importante como para ser pasado por alto, ya que si se oscurece la base conciliar de las prelaturas personales es inevitable que las conclusiones posteriores resulten contaminadas por el desacierto original.

Como ya se ha dicho, el Concilio Vaticano II no se ocupo directamente de como habria de articularse la incorporacion de fieles laicos a las nuevas prelaturas, ya que esta y otras cuestiones se dejaron para la normativa de desarrollo. Esto fue completamente razonable, ya que el Concilio Vaticano II no era la instancia adecuada para una legislacion detallada (21). Ahora bien, deducir de ese silencio natural la imposibilidad de una participacion laical es ir demasiado lejos, supondria exigir al texto instituyente una reglamentacion que no tenia en aquel momento la mision de dar.

Un buen estudio sobre las prelaturas personales en el Concilio Vaticano II fue publicado por Javier Martinez Torron ya en 1986. Una de las conclusiones del autor a proposito de la base comunitaria de las nuevas prelaturas previstas es que <<la mente del Concilio Vaticano II era partidaria de la intervencion activa de los seglares en esas iniciativas apostolicas (...), segun el papel especifico que les corresponde en la vida de la Iglesia>> (22). En efecto, a partir de noviembre de 1963, con el Schema decreti de sacerdotibus, ninguno de los proyectos de Presbyterorum ordinis se referira a las prelaturas personales como entidades formadas exclusivamente por sacerdotes, porque desde entonces el modelo de la Mision de Francia dejo de ser la referencia exclusiva para la inspiracion de las prelaturas personales (23). Mas adelante afirmara con buena base Martinez Torron que la colaboracion de los laicos en las prelaturas personales, prevista ya explicitamente por el m.p. Ecclesiae Sanctae, I, 4 no fue una <<radical innovacion>> respecto a lo que ya el Concilio habia aprobado (24). Esta ley de Pablo VI fue publicada el 6.VIII. 1966, apenas ocho meses despues de la votacion definitiva del decreto Presbyterorum ordinis (25).

Notable es tambien la conclusion que extrae Ciro Tammaro tras haber estudiado la tramitacion del decr. Presbyterorum ordinis: <<Del examen de los proyectos del Decr. Presbyterorum ordinis resulta claro, por tanto, que en las intenciones de los Padres conciliares no existia el objetivo de excluir a los laicos de tales estructuras [de las prelaturas personales], sino de promover la participacion, de modo que la legislacion posconciliar no habria hecho otra cosa que desarrollar y dar una forma juridica adecuada a tal objetivo>> (26).

Por mi parte, estudie hace anos la evolucion de las diocesis personales (o <<especiales>>) en los trabajos preparatorios del decr. Christus Dominus y de Presbyterorum ordinis, n. 10. Me parece elocuente recordar que en esos trabajos preparatorios del decreto sobre los presbiteros se dio una evolucion ad maiorem. Hasta el Schema propositionum de sacerdotibus, de abril de 1964, solamente se habia hecho alusion a lo que mas adelante serian las prelaturas personales y a los seminarios internacionales; pero desde aquel proyecto y en el texto definitivo se mencionaron tambien las diocesis personales junto con las otras dos instituciones citadas. Se daba a entender asi que Presbyterorum ordinis, n. 10 no se limita a mencionar instituciones clericales (27).

En resumen, el Concilio Vaticano II no rompio la unidad de la nocion de prelatura, sino que, sobre la base de la que ya existia (la antigua prelatura nullius dioecesis), regulo por motivos pastorales una nueva forma de prelatura sin territorio propio. Esa es la principal conclusion, elemental si se quiere, pero de gran importancia, que se extrae de los textos del Concilio (28).

3.2. Presuncion <<iuris tantum>> a favor de la participacion de los laicos en las comunidades de la Iglesia

Pero no son solamente los textos del Vaticano II sobre las prelaturas personales los que conviene visitar de nuevo. Tambien es conveniente, mas aun necesario, tener muy presente la doctrina del Vaticano II sobre la vocacion de los laicos en la Iglesia cuando se trata de las prelaturas personales, igual que cuando se trata de cualquier otra institucion eclesial. Los textos de la Lumen gentium, del decreto Apostolicam actuositatem y otros lugares del Concilio contienen una doctrina que ha contribuido a revalorizar la llamada de todos los fieles a la santidad y al apostolado. El apostolado y el servicio a la Iglesia no estan reservados a la jerarquia, sino que constituyen tareas de todos, porque se apoyan en los sacramentos del bautismo y de la confirmacion. Como el Concilio enseno, <<existe una autentica igualdad entre todos en cuanto a la dignidad y a la accion comun a todos los fieles para la edificacion del Cuerpo de Cristo>> (29).

La corresponsabilidad y participacion de los laicos en la vida de la Iglesia es un principio, un criterio de fondo, que hoy es pacificamente aceptado como consecuencia de la doctrina conciliar y tambien del impulso que le han dado los papas desde Pablo VI a Benedicto XVI, con una especial referencia al compromiso del beato Juan Pablo II, manifestado en diversas ocasiones y de una manera muy relevante en la exh. ap. Christifideles laici, de 30.XII.1988. Este documento fue fruto del Sinodo de los obispos celebrado en 1987 y dedicado precisamente a la vocacion y mision de los laicos en la Iglesia y en el mundo.

Todo este redescubrimiento en la Iglesia, asistida por el Espiritu Santo, de la importancia de la participacion de los laicos seria ineficaz si no llevara consigo un compromiso personal y comunitario de ellos no solo en el mundo, sino tambien e inseparablemente en la vida de la Iglesia y en sus instituciones. Ciertamente este es un aspecto que exige discernimiento para evitar, por una parte, la clericalizacion de los laicos, es decir, el peligro de reducir la vocacion laical a su promocion en tareas propias o tradicionales del clero; por otra parte, sera necesario evitar el peligro de un falso igualitarismo que desdibuje las diversas funciones y la distincion real entre el sacerdocio comun y el sacerdocio ministerial. Sin embargo, esos peligros no deben menoscabar la cuestion fundamental: los laicos tienen deberes pero tambien derechos, y estan llamados a participar activamente en la vida de la Iglesia.

Uno puede preguntarse que tiene que ver esto con la naturaleza de las prelaturas personales. Bastaria responder con el recuerdo de lo que disponia el Papa Pablo VI en el m.p. Ecclesiae Sanctae, antes citado: <<nada impide>> que los laicos participen en las prelaturas personales (30). No hay obstaculo para que ellos puedan participar o incluso dirigir apostolados de esas prelaturas y colaborar eventualmente en su gobierno. Nada impide que sean tomados en serio y que su papel no se reduzca a ser auxiliares de los sacerdotes, sino cooperadores organicos con ellos. Los laicos pueden ser miembros de las prelaturas personales y participar en ellas activamente. Como recordaremos, este aspecto fue recordado con gran claridad por el Papa Juan Pablo II.

Es tal la fuerza de la teologia del laicado a raiz del Concilio Vaticano II que, para negar que los laicos puedan ser miembros de las instituciones de la Iglesia, o en concreto de una prelatura personal, sera necesario probar y justificar la exclusion. Es evidente, por ejemplo, que los laicos no pueden participar en un Consejo presbiteral, que es una institucion prevista por el Vaticano II, pero no se trata de una discriminacion para ellos, porque ese organismo es, por su naturaleza especifica, representativo del presbiterio de la diocesis (31). Eso no es lo que ocurre con la prelatura personal, que se instituye no solo para la distribucion del clero, sino tambien e inseparablemente para realizar <<las obras pastorales peculiares para diversos grupos sociales que hay que llevar a cabo en alguna region o nacion, o en cualquier parte de la tierra>>.

En suma, me parece suficientemente justificado que con caracter general puede establecerse una presuncion de posible participacion de los laicos en las instituciones de la Iglesia, a menos que resulte probado (presuncion iuris tantum) que la naturaleza de las cosas o alguna norma especifica excluya esa participacion. La doctrina que excluye a los laicos como miembros de las prelaturas personales invierte la carga de la prueba sin justificacion alguna. De poco vale reconocer la mayoria de edad del laicado, promovida en la Iglesia contemporanea, si en la practica se limita, desconoce o rechaza esa participacion sin motivos justificados.

4. LA INTERPRETACION DE LOS TRABAJOS PREPARATORIOS DEL CIC DE 1983 SOBRE LAS PRELATURAS PERSONALES

4.1. Dificultades para unas conclusiones definitivas

La cuestion de como fue prevista la regulacion de las prelaturas personales durante los trabajos preparatorios del CIC ha sido muy estudiada, aunque las conclusiones que se extraen de los datos conocidos varian segun los autores.

No es cuestion ahora de cansar al lector con la descripcion detallada de todo el proceso de elaboracion de los proyectos hasta la promulgacion del texto definitivo. Por resumir lo mas destacado de aquellos trabajos, podemos recordar que en el Schema de Populo Dei de 1977 y tambien en el Schema Codicis de 1980 las prelaturas personales eran reguladas de manera breve entre los canones dedicados a las circunscripciones eclesiasticas. En el proyecto de 1977 la prelatura personal se equiparaba in iure, es decir, en algunos aspectos de la regulacion juridica, a las Iglesias particulares, nocion dentro de la que se incluian a su vez las diocesis, las prelaturas territoriales y otras figuras. Se mencionaban alli tambien <<las prelaturas castrenses>>, que hasta entonces se llamaban vicariatos y que venian consideradas como ejemplos del modelo de la prelatura personal (32). Por su parte el Schema Codicis de 1980 matizaba aun mas la equiparacion de las prelaturas personales con las diocesis, al disponer que tuviera lugar a tenor de los estatutos de cada prelatura y siempre que la naturaleza de las cosas o el derecho no la impidieran (33). Este proyecto seguia manteniendo la referencia a las prelaturas castrenses como un tipo de prelaturas personales.

El proyecto cambio en el Schema Codicis de 1982, que renuncio a regular las prelaturas personales por equiparacion. Este proyecto de 1982 aprovecho la normativa del m.p. Ecclesiae Sanctae y la incluyo sustancialmente en los nuevos cc. 573-576, dentro del libro del CIC dedicado a la constitucion jerarquica de la Iglesia. El proyecto de 1982 paso sustancialmente al texto definitivo del CIC de 1983, pero con dos cambios: en primer lugar, los canones sobre las prelaturas personales fueron trasladados al lugar que hoy les corresponde dentro del libro II del CIC y en segundo lugar, la norma que preveia la incorporacion de los laicos a las prelaturas personales fue sustituida por otro texto que amplio las posibilidades de participacion del laicado en las prelaturas, sin limitarlas siempre y en todo caso a una incorporacion; de este modo el c. 296 definitivo habla de la cooperacion organica entre clerigos y laicos frente a la modalidad mas estricta de la incorporacion a la prelatura que preveia el proyecto de 1982 (34).

Naturalmente los cambios en el texto de los proyectos fueron acompanados de opiniones de los consultores que participaban en la Comision de reforma del CIC. Pero el momento mas interesante de la discusion tuvo lugar durante la sesion plenaria que la Comision pontificia para la preparacion del CIC celebro, por mandato del Papa, del 20 al 28 de octubre de 1981 en Roma (35). Como consecuencia de los debates en aquella reunion plenaria, las prelaturas personales fueron reguladas en el proyecto de 1982 de forma diferente a las previsiones anteriores. Se temia que la equiparacion juridica de las prelaturas personales con las diocesis pudiera entenderse como una consideracion teologica de aquellas prelaturas como Iglesias particulares, aunque mas bien algunas opiniones alli expuestas confundian la equiparacion juridica con una asimilacion teologica, que en realidad no se desprendia de los textos del schema Codicis examinado. Como consecuencia de aquellos debates, las prelaturas personales dejaron de regularse junto con las diocesis y demas circunscripciones eclesiasticas, aunque se mantuvieron en el proyecto de 1982 dentro de los canones de la organizacion jerarquica de la Iglesia.

Pero los argumentos expuestos en la Plenaria de 1981 no fueron solamente de orden teologico o canonico, sino que tambien se expresaron consideraciones de orden pastoral. Habia sucedido algo que influyo de alguna manera en aquellos debates.

En efecto, al tiempo que se desarrollaban los trabajos preparatorios del CIC, la Santa Sede venia estudiando tambien en aquellos anos la posible configuracion juridica del Opus Del como prelatura personal. La preparacion simultanea de las normas sobre las prelaturas personales en el CIC y de los documentos de la primera prelatura personal de suyo no tenia que plantear mayores problemas, sobre todo porque ya existian los criterios del Concilio Vaticano II y las normas del m.p. Ecclesiae Sanctae, vigente desde 1966, que servian de referencia. De hecho los trabajos fueron desarrollandose sin especiales dificultades ni discusiones.

Pero en octubre de 1979 tuvo lugar un intento ilegitimo de dificultar que se realizara la ereccion del Opus Dei como prelatura personal. Mediante una campana de prensa y el envio a bastantes obispos de un expediente incompleto y presentado de manera insidiosa, algunas personas quisieron dar la impresion de que el Opus Del buscaba en realidad la exencion o separacion de la potestad de los obispos. La idea de quienes habian promovido aquella campana era despertar el recelo y la desconfianza de los obispos y de medios de opinion publica hacia las verdaderas intenciones del Opus Dei cuando solicitaba la transformacion de su status de instituto secular en prelatura personal. Estos hechos volvieron a repetirse en agosto de 1981 (36).

Aquellos intentos no impidieron el desarrollo del procedimiento de constitucion del Opus Dei en prelatura personal. Es mas, sirvieron para que todo el expediente fuera tramitado con mayor rigor y exigencia, hasta que el 28.XI.1982 la institucion fundada por san Josemaria Escriva de Balaguer fue erigida como la primera prelatura personal en la Iglesia. Sin embargo, los hechos de 1979 y 1981 provocaron algun desconcierto en el seno de la Comision preparatoria del CIC, como se advierte con la lectura de las actas de la sesion plenaria de octubre 1981, a la que antes hemos aludido. Junto a interrogantes y aspectos que debian ser aclarados, se expresaron opiniones que de hecho traslucian desconfianza y recelo frente a la posibilidad de <<Iglesias paralelas>> o independientes de los obispos; en otros casos los sentimientos eran mas bien de desconcierto ante una situacion que no acababa de entenderse bien, y tambien se manifestaron firmes respuestas ante lo que habia sido una campana o manipulacion insidiosa (37).

Por los motivos referidos es problematico pretender conclusiones definitivas de las opiniones sostenidas en la Plenaria de 1981, al menos sin que quepa la posibilidad de revisarlas y criticarlas. Su resultado no fue un dictamen formal sobre la naturaleza de la prelatura personal, sino una serie de respetables opiniones sobre un proyecto legislativo; y ademas, en algunos casos, esas opiniones estaban condicionadas psicologicamente por la situacion que antes hemos mencionado.

4.2. Nuevos elementos de interpretacion

Asi las cosas, me parece muy oportuna una observacion de Juan Ignacio Arrieta cuando en su estudio sobre Anglicanorum coetibus hace una breve referencia a los trabajos preparatorios del CIC sobre las prelaturas personales y los vicariatos castrenses. Escribe alli mons. Arrieta que el sistema de circunscripciones eclesiasticas territoriales y personales, tal como lo conocemos hoy, no era suficientemente claro en el momento de la promulgacion del CIC de 1983. En aquel entonces <<no se alcanzo a entender--por obra de un lenguaje no del todo adecuado, como se comprueba en los escritos de la epoca--de que modo la idea de Iglesia particular, en torno a la cual se habia formulado la eclesiologia del Vaticano II, habia de aplicarse o no a estas circunscripciones personales; no se entendia que tenian en comun estas categorias y en que se distinguian (...). Sin embargo, desde entonces el cuadro doctrinal ha cambiado mucho y se ha profundizado de varias maneras en el magisterio conciliar correspondiente. Ahora parece claro que no todas las estructuras jerarquicas que sirven para reagrupar a los fieles en torno a los pastores propios son iguales; y que la agregacion de los fieles no tiene lugar del mismo modo en todas las estructuras ni tampoco por las mismas razones, y que no todas responden a la idea teologica de la Iglesia particular>> (38).

La observacion es justa, porque acerca del sistema de estructuras pastorales de la Iglesia sabemos hoy mas cosas que hace treinta anos, como consecuencia de las novedades normativas, del mayor desarrollo de las jurisdicciones personales, de la profundizacion doctrinal del magisterio eclesiastico con documentos como la carta Communionis notio de 1992 (que mas abajo comentaremos), del asentamiento pastoral y canonico de la primera prelatura personal erigida.

Una informacion nueva, que ha sido publicada recientemente, es la contenida en la carta enviada por el Prefecto de la Congregacion para los Obispos al primer Prelado del Opus Dei, mons. Alvaro del Portillo, fechada el 17.I.1983. En aquella fecha, ocho dias antes de la promulgacion del CIC, el cardenal Baggio daba a conocer la mente del Romano Pontifice sobre la regulacion definitiva de las prelaturas personales en el CIC, que le habia sido comunicada por el Papa en una audiencia oficial. Concretamente, escribia el cardenal Baggio que Juan Pablo II le habia confirmado que <<la colocacion en la pars I del liber II no altera el contenido de los canones que se refieren a las prelaturas personales, las cuales, por lo tanto, aunque no sean Iglesias particulares, siguen siendo estructuras jurisdiccionales, de caracter secular y jerarquico, erigidas por la Santa Sede para la realizacion de actividades pastorales peculiares, tal como fue sancionado por el Concilio Vaticano II>>. Anadia Baggio que los documentos de la Santa Sede constitutivos del Opus Dei como prelatura personal serian <<plenamente validos, a todos los efectos>>, una vez promulgado el CIC de 19833 (39).

Aparte de la informacion sobre el derecho aplicable al Opus Dei que contiene esta carta, en ella se confirma algo que ya habia sido anotado por la doctrina canonica tras la promulgacion del CIC. Es decir, el lugar que ocupan las prelaturas personales en la sistematica definitiva del CIC de 1983 no determina por si solo la naturaleza de estas entidades, pues una institucion juridica solo relativamente a otros criterios puede interpretarse por el lugar que ocupa en un cuerpo legal. La sistematica del CIC expresa solamente que las prelaturas personales no son asociaciones ni institutos de vida consagrada ni Iglesias particulares, pero no da informacion para afirmar en positivo cual es el significado de una prelatura personal. Algunos han interpretado el ultimo cambio respecto al proyecto de 1982 como equivalente a la voluntad del legislador, respecto a la no pertenencia de las prelaturas personales a la organizacion jerarquica de la Iglesia, pero esa conclusion no se corresponde con el criterio del propio legislador, como se comprueba por la carta citada y como veremos tambien mas abajo.

En resumen, no se deberian interpretar los trabajos preparatorios del CIC como si hubiesen resuelto definitivamente el problema de la naturaleza de las prelaturas personales y no hubiera habido avances doctrinales desde 1983. A mi modesto juicio, no es posible canonicamente atribuir esa fuerza a las opiniones vertidas sobre un proyecto legislativo sin alterar la dinamica interpretativa dispuesta por el c. 17 del CIC.

5. LA IMPORTANCIA DEL DISCURSO DE JUAN PABLO II DEL 17.III.2001

Es llamativa la poca importancia que algunos autores conceden a un hecho relevante para el estudio de la naturaleza de las prelaturas personales. Me refiero a un discurso leido por el beato Juan Pablo II el 17.III.2001, dirigido a los participantes en un encuentro promovido por la Prelatura del Opus Dei sobre la carta apostolica Novo millennio ineunte (40).

El silencio de esos autores, quizas signifique que consideran ese discurso pontificio mas bien de caracter protocolario e informal. Pero eso exigiria demostrar que existen formas canonicas univocas para las interpretaciones pontificias. En realidad, no se puede decir que una afirmacion del Papa es protocolaria si sustancialmente no lo es, ya que ninguna norma escrita ni costumbre conocida exige que el Papa haga sus declaraciones con formas y cauces de expresion determinados (41).

El discurso de 2001 tenia un contenido bien preciso, como se desprende de las claras palabras empleadas por Juan Pablo II en aquella ocasion. Podemos recordarlas en parte ahora. Casi al comienzo de su discurso, despues de los habituales saludos, Juan Pablo II leyo este texto: <<Estais aqui en representacion de los componentes con los cuales la Prelatura esta organicamente estructurada, es decir, sacerdotes y fieles laicos, hombres y mujeres, con el prelado propio a la cabeza. Esta naturaleza jerarquica del Opus Del, establecida por la constitucion apostolica con la que he erigido la Prelatura (cfr. const, ap. Ut sit, 28.XI.1982), ofrece el punto de partida para consideraciones pastorales ricas en aplicaciones practicas. Ante todo deseo subrayar que la pertenencia de los fieles laicos tanto a la propia Iglesia particular como a la Prelatura, a la que estan incorporados, hace que la mision peculiar de la Prelatura confluya al empeno evangelizador de cada Iglesia particular, como previo el Concilio Vaticano II al desear la figura de las prelaturas personales>> (42).

Las palabras del Papa Juan Pablo II son desde luego relevantes para el Opus Dei, pero tambien para las prelaturas en general. Para el Opus Dei son importantes como muestra de aprecio por parte del padre comun, del sucesor de San Pedro, y como confirmacion de un camino espiritual y apostolico en la Iglesia. Pero ademas, aquellas palabras del beato Juan Pablo II expresaron publicamente cual era la mente del legislador que habia promulgado simultaneamente el CIC de 1983 y las normas de la primera prelatura personal. Una prelatura personal compuesta de sacerdotes y tambien de laicos incorporados a ella, estructurada jerarquicamente pero sin formar una Iglesia particular y todo ello de acuerdo con la mente del Concilio sobre las prelaturas personales. Aqui se ve una clara conunuidad entre la mente del Papa Juan Pablo II, tal como se manifesto en la carta del cardenal Baggio de 17.I.1983, antes citada, y el discurso pontificio de 17.III.2001.

Como se sabe, algunos canonistas afirmaron hace anos una discordancia entre las normas del CIC sobre las prelaturas personales y las que se aplican al Opus Del como primera prelatura personal. Segun estos autores, el CIC regularia una institucion de composicion clerical orientada a la incardinacion y distribucion del clero, mientras que las normas aplicables al Opus Dei configuran esta prelatura compuesta de sacerdotes y laicos bajo la jurisdiccion de un prelado, por lo que se distanciaria de las normas del CIC y se acercaria al modelo de las circunscripciones personales con pueblo propio (43).

La base para afirmar esta discordancia seria el criterio formal cronologico: la Prelatura del Opus Del seguiria el modelo de las circunscripciones personales porque fue erigida el 28.XI. 1982, antes de que el CIC de 1983 rectificara la idea de prelatura personal que se expresaba en los proyectos de 1977 y 1980. Sin embargo, esa interpretacion no tiene suficiente fundamento canonico, porque esta prelatura no fue erigida segun los proyectos del CIC, sino a traves de un proceso administrativo y legislativo sobre la base del Concilio Vaticano II y del m.p. Ecclesiae Sanctae; proceso que culmino cuando las normas de la primera prelatura personal fueron promulgadas canonicamente despues de la promulgacion oficial del CIC (44).

Pero mas alla de la cuestion formal y cronologica a proposito de la promulgacion y entrada en vigor de los textos, hay un presupuesto metodologico seriamente equivocado en quien pretenda separar la prelatura personal del CIC de la Prelatura del Opus Dei. El error ya fue agudamente identificado por el profesor Gaetano Lo Castro hace bastantes anos y no es otro que acusar al legislador de ser contradictorio consigo mismo (45). En efecto, si el mismo legislador promulga en el CIC de 1983 los canones sobre prelaturas personales y practicamente al mismo tiempo sanciona personalmente unas normas sobre la primera prelatura personal que contradicen aquellos canones, la conclusion no puede ser otra que la irracionalidad de la contradiccion. Para llegar a esa conclusion habria que probar una voluntad rectificadora del legislador, cosa que no ha podido hacerse porque esa doble voluntad contradictoria nunca existio.

Precisamente el discurso pontificio de 2001 prueba lo contrario: es decir, el legislador del CIC y de la primera prelatura personal expreso abiertamente en aquella ocasion, como acabamos de recordar, la correspondencia entre el Concilio, el CIC y el derecho particular de la Prelatura del Opus Del, sin contradiccion alguna, lo que no significa que no haya cuestiones que deban explicarse o interpretarse coherentemente en el conjunto del ordenamiento canonico. Pero la necesaria interpretacion y armonizacion normativa no tiene nada que ver con el presupuesto metodologico de una supuesta esquizofrenia legislativa, que derivaria de dar a la vez y sobre la misma materia normas que resulten inconciliables entre si.

Volviendo al discurso pontificio que aqui comentamos, las afirmaciones que se contienen en el tienen tambien como consecuencia que el estudio y la interpretacion del derecho particular del Opus Dei es relevante para el mejor conocimiento de la naturaleza y de las caracteristicas de las prelaturas personales (46).

6. INSTRUMENTOS PARA LA VINCULACION DE LOS FIELES CON LAS CIRCUNSCRIPCIONES PERSONALES

6.1. La distincion entre adscripcion <<ipso iure>> y adscripcion voluntaria

El discurso de Juan Pablo II del 2001, que acabamos de comentar, clarifico tambien indirectamente una cuestion que ha cobrado cierta importancia en los estudios sobre las estructuras jerarquicas de la Iglesia. Me refiero al problema de la adscripcion o vinculacion canonica de los fieles laicos, y tambien, en su caso, de los miembros de institutos de vida consagrada, con las circunscripciones personales. Este problema ha dado lugar a ciertas discusiones entre los canonistas, aunque la cuestion se ha ido aclarando paralelamente al desarrollo del sistema canonico de circunscripciones personales despues del CIC de 1983, con los ordinariatos militares, la figura de la administracion apostolica personal y los ordinariatos personales para antiguos miembros de la Comunion anglicana.

En aquel discurso Juan Pablo II explicaba que tanto los laicos como los sacerdotes son componentes esenciales del Opus Dei. El Papa hablaba de <<la convergencia organica>> de los sacerdotes y los laicos en el fin de la prelatura. Desde esa consideracion explicaba de modo sencillo las funciones propias de unos y otros en el Opus Dei (47).

El discurso pontificio citado es importante por lo que supone de aclaracion publica, pero en realidad no contiene novedad alguna sobre la composicion personal que caracteriza al Opus Dei desde hace muchos anos. El reconocimiento pontificio se corresponde con los textos del derecho particular de la Prelatura: tanto la const, ap. Ut sit como los Estauntos del Opus Dei sancionados con ella (48). Y por lo que se refiere al derecho comun, la posibilidad de que los laicos puedan incorporarse a una prelatura personal es admisible a tenor del c. 296 del CIC, ya que la cooperacion organica entre clerigos y laicos, a la que alude esta norma, es un aspecto general que habra de desarrollarse concretamente en los estauntos de cada prelatura personal.

Precisamente el c. 296 del CIC intenta resolver el problema del modo de adscripcion o relacion del fiel con una prelatura personal. Ese problema no se plantea con la misma intensidad en las circunscripciones territoriales que en las personales. En las primeras la cuestion es facilmente resuelta mediante la institucion canonica del domicilio: todos los fieles pertenecen a la parroquia y a la diocesis donde tienen su domicilio canonico; es decir, alli donde residen con la intencion de permanecer perpetuamente o si de hecho han vivido en el lugar durante cinco anos completos. Por el domicilio corresponde a cada persona su propio parroco y ordinario (cc. 102 y 107 del CIC). En cambio, en las circunscripciones personales, por carecer estas entidades de territorio propio, el domicilio no sirve para ser considerado criterio basico de pertenencia.

Teoricamente son posibles dos sistemas de adscripcion a una prelatura personal, aunque el c. 296 solo contemple uno de ellos. En primer lugar, es posible que la adscripcion a la prelatura sea dispuesta por el mismo derecho (ipso iure), a la vista del cumplimiento de las condiciones previstas por la ley. Por acudir al ejemplo de los ordinariatos militares, que son instituciones semejantes a las prelaturas personales, el criterio predominante (aunque no exclusivo) de adscripcion al ordinariato es la profesion militar. La ley pontificia que regula los ordinariatos dispone que perteneceran al ordinariato militar, ante todo, aquellos catolicos que sean militares de profesion (49). En tal caso no hace falta ninguna declaracion o iniciativa especial del fiel para incorporarse a la estructura eclesiastica prevista para los militares y pasar a depender del propio capellan y del ordinario castrense.

En segundo lugar esta el sistema de adscripcion previsto por el c. 296 citado y que presenta especial interes, porque cuenta con la participacion voluntaria del fiel, que libremente manifiesta su decision de colaborar o incluso incorporarse a la prelatura (50).

6.2. Ejemplos y alcance de la adscripcion voluntaria

Este segundo sistema de adscripcion no se localiza solo en la prevision del c. 296 del CIC y en el derecho particular de la primera prelatura personal, sino que es semejante tambien al que fue aplicado en el ano 2002 a la figura de la administracion apostolica personal. En efecto, en el ano 2002 fue establecida la Administracion Apostolica Personal San Juan Maria Vianney en Campos, Brasil. El decreto de ereccion de esta administracion fue publicado el 18.I.2002 por la Congregacion para los Obispos, que habia recibido delegacion especial del Papa Juan Pablo II para hacerlo (51).

El establecimiento de una administracion apostolica personal es una accion de gobierno cuya relevancia para el derecho constitucional canonico no debe pasar inadvertida. Hay ya administraciones apostolicas territoriales y personales, y se ha ampliado el sistema de circunscripciones previstas por el derecho de la Iglesia, por mas que actualmente solo este erigida una administracion apostolica personal y ademas quede circunscrita en un reducido ambito local.

Ademas de otros aspectos, como la confirmacion de la potestad cumulativa con la Iglesia local, una interesante consecuencia de la regulacion de la primera administracion apostolica personal ha sido precisamente el modo de adscripcion de los fieles. En el art. IX del decreto del 2002 se establecen tres modos de incorporacion de los laicos a la Administracion Personal San Juan Maria Vianney. Primero, los que ya pertenecian a la institucion quedan adscritos ipso iure a ella; segundo, los que sean bautizados y registrados en ella; tercero, los fieles laicos que se identifiquen o reconozcan en las peculiaridades de la nueva administracion apostolica podrian pertenecer a ella al manifestar por escrito su voluntad de incorporarse, de tal manera que esta constara en un registro especial (52).

Por lo tanto, es interesante que las normas sobre la administracion apostolica personal hayan previsto la incorporacion de los laicos a esta comunidad.

Este reconocimiento de la voluntariedad del fiel consta tambien en las normas de los ordinariatos para antiguos anglicanos. En efecto, segun la const, ap. Anglicanorum coetibus y sus Normas complementarias, los fieles laicos del ordinariato personal pueden ser antiguos miembros de la Comunion anglicana que sean recibidos en la plena communio catolica, o bien puede tratarse de fieles que reciban los sacramentos de la iniciacion cristiana bajo la jurisdiccion del mismo ordinariato. Tambien cabe la posibilidad excepcional de que pertenezcan al ordinariato fieles que hayan sido bautizados como catolicos y que posteriormente se incorporen al ordinariato, si son miembros de una familia que pertenezca a el. Para el primero de los tres supuestos citados, es decir, laicos que provengan del anglicanismo y sean recibidos en la Iglesia catolica, se requiere expresamente que manifiesten por escrito la voluntad de incorporarse al ordinariato tras hacer la profesion de fe, voluntad que queda registrada en el ordinariato si no hay inconveniente que lo impida (53).

Por consiguiente, tanto en el regimen juridico de las prelaturas personales, como tambien de las administraciones apostolicas personales y de los ordinariatos personales esta prevista la adscripcion voluntaria de fieles laicos. Este tipo de acuerdos basados en la libre declaracion de la voluntad del fiel podra tener distintos efectos y alcance segun los casos. Pero es evidente que no originan la circunscripcion correspondiente, ya que una circunscripcion eclesiastica es una comunidad jerarquicamente estructurada que no tiene su origen en la voluntad de los miembros, como sucede en cambio con las asociaciones de fieles, en las que la fuerza original del pacto asociativo es de suyo creadora de la asociacion (54). Mediante la declaracion del fiel y de la aceptacion por la autoridad correspondiente, queda confirmada canonicamente la vinculacion de los fieles con una entidad que ya esta previamente instituida por la Sede apostolica (los clerigos siguen, por su parte, los sistemas de la incardinacion o de la agregacion que les correspondan, de acuerdo con el derecho comun y las normas de cada circunscripcion).

El acuerdo que el fiel establece con la prelatura personal, o con la administracion apostolica personal o con el ordinariato personal, no es, por consiguiente, un mero contrato laboral, ni una simple cooperacion externa con las tareas apostolicas o pastorales de la comunidad sin pertenecer a ella ni estar bajo la jurisdiccion del ordinario correspondiente. Cualquier circunscripcion personal puede admitir en su interior asociaciones de cooperadores que permitan esa cooperacion externa. Pero los acuerdos regulados por las normas de aquellas entidades suponen algo mas, porque admiten asi una dedicacion del fiel al apostolado promovido en la circunscripcion personal y una cooperacion con los sacerdotes a esa finalidad. Es una dedicacion religiosa y apostolica, que puede ser incluso consecuencia de un carisma o vocacion especial que el fiel se sienta movido a cumplir en la Iglesia precisamente con su incorporacion y trabajo en la circunscripcion personal. En este caso el contrato o acuerdo entre el laico y la prelatura u ordinariato es la forma juridica de un carisma espiritual, que puede comportar un serio compromiso de santidad y apostolado en el fiel como consecuencia de la llamada divina55.

7. CUESTIONES SISTEMATICAS SOBRE ORDINARIATOS Y PRELATURAS

7.1. Ampliacion del sistema de estructuras pastorales

Segun hemos recordado en estas paginas, en anos posteriores al CIC de 1983 se ha consolidado una ampliacion del sistema de comunidades jerarquicas de la Iglesia mediante la regulacion de nuevas circunscripciones personales. En 1986 fueron regulados los ordinariatos militares, en el ano 2002 fue establecida por primera vez la figura de la administracion apostolica personal y en 2009 Benedicto XVI regulo la figura de los ordinariatos personales para antiguos anglicanos que sean recibidos en la Iglesia catolica.

Un marco eclesiologico adecuado a estas figuras canonicas puede ser el expresado en 1992 por la carta Commnionis notio, de la Congregacion para la Doctrina de la Fe (56). En efecto, aquel documento magisterial planteo un fundamento para las instituciones jerarquicas interdiocesanas distintas de las Iglesias particulares pero a su servicio. En particular, el n. 16 de Communionis notio, en el contexto de la ensenanza sobre la unidad y la diversidad en la comunion eclesial, expresa lo siguiente: <<Para una vision mas completa de este aspecto de la comunion eclesial--unidad en la diversidad--, es necesario considerar que existen instituciones y comunidades establecidas por la autoridad apostolica para peculiares tareas pastorales. Estas, en cuanto tales, pertenecen a la Iglesia universal, aunque sus miembros son tambien miembros de las Iglesias particulares donde viven y trabajan. Tal pertenencia a las Iglesias particulares, con la flexibilidad que le es propia, tiene diversas expresiones juridicas. Esto no solo no lesiona la unidad de la Iglesia particular fundada en el obispo, sino que por el contrario contribuye a dar a esta unidad la interior diversificacion propia de la comunion>> (57).

Ya antes de que fuera publicada Communionis notio, pero con mayor razon a partir de su planteamiento doctrinal y del citado n. 16, pudo desarrollarse la distincion entre Iglesias particulares e instituciones complementarias. La nocion de Iglesia particular, expresada en el Concilio Vaticano II y desarrollada por la eclesiologia contemporanea, se enriquecio asi con la apertura doctrinal a comunidades jerarquicamente estructuradas que no son Iglesias particulares sino que estan al servicio de estas; estas comunidades jerarquicas complementarias asumen unas tareas pastorales que, por su especialidad, amplias dimensiones y exigencias de organizacion, no pueden de hecho ser asumidas establemente desde las diocesis. Un ordinariato militar, por ejemplo, sirve mediante sus tareas pastorales a las Iglesias particulares del pais donde es erigido; complementa el trabajo diocesano en la area especifica de la atencion religiosa a los militares catolicos y allegados. El ordinariato es, por lo tanto, una institucion de la Iglesia universal al servicio de las Iglesias particulares; otro tanto cabe decir de las tareas especiales que una prelatura personal desarrolla al servicio de las diocesis (58).

Para expresar con terminologia canonica esta comunion e interrelacion entre Iglesias particulares y comunidades jerarquicas complementarias, ha sido de gran utilidad el asentamiento en el lenguaje del derecho constitucional de la Iglesia del termino circunscripcion, relativamente tradicional. De este modo se aclara, o mas bien se completa, la terminologia del CIC, que con resultados no plenamente satisfactorios quiso hacer depender la clasificacion de las estructuras jerarquicas del uso de la nocion de Iglesia particular. Pero la nocion de Iglesia particular es claramente insuficiente en la organizacion pastoral de la Iglesia si se usa de modo exclusivo, porque, como viene a decir Communionis notio, hay comunidades jerarquicas personales que no son Iglesias particulares (las prelaturas personales, los ordinariatos) (59).

La const, ap. Spirituali militum curae dio en 1986 una buena solucion a este dilema cuando dispuso en su art. I [seccion] 1 que los ordinariatos militares son circunscripciones especiales canonicamente equiparadas con las diocesis. Desde aquel momento quedo mas claro que una estructura jerarquica no territorial, como el ordinariato militar, podia ser calificada como circunscripcion, de manera que este termino vio limitada su carga territorialista tradicional y fue doctrinalmente considerado apto para incluir las Iglesias particulares junto con otras instituciones que no responden estrictamente a la categoria teologica de la Iglesia particular.

7. 2. La importancia de la potestad cumulativa

Otra expresion canonica tipica de aquella distincion entre las Iglesias particulares y las circunscripciones que las complementan es la potestad cumulativa. La institucion canonica de la potestad cumulativa quiere decir que al servicio de los fieles de un ordinariato o de una prelatura personal pueden actuar tanto la jurisdiccion diocesana como la jurisdiccion de la circunscripcion personal. Esto se concreta en determinadas reglas, en las que suele senalarse que en los lugares propios de la circunscripcion personal (por ejemplo, su sede propia, su curia, sus principales establecimientos) actuan primariamente el ordinario personal y los capellanes de esa jurisdiccion; secundariamente, pero por derecho propio, es decir, sin necesidad de recibir delegacion alguna, podran actuar el obispo y los parrocos de la Iglesia local.

Esta figura de la potestad cumulativa tiene un fuerte sentido eclesiologico comunitario y no es un mero instrumento canonico para organizar las relaciones entre la jurisdiccion diocesana y la jurisdiccion personal. En efecto, la potestad cumulativa supone reconocer la doble pertenencia de los fieles a la circunscripcion personal de la que forman parte y tambien, inseparablemente, a la Iglesia local y a la parroquia territorial donde viven. A traves de esta interesante y fructuosa institucion canonica se consigue expresar que un fiel no esta obligado a elegir entre la territorialidad y la personalidad, porque su incorporacion a la circunscripcion personal no le separa de la Iglesia particular. Se comprende asi la coherencia de esta figura canonica con la eclesiologia de comunion ampliamente desarrollada en la Iglesia contemporanea.

Historicamente, ademas, el asentamiento de la potestad cumulativa fue un progreso en el regimen juridico de los antiguos vicariatos castrenses, ya que sustituyo al sistema de la exencion, es decir, de la separacion entre la jurisdiccion diocesana y la jurisdiccion del vicariato, de modo que los militares pertenecian exclusivamente a el, pero no a la diocesis local. Este sistema de la exencion o de separacion de jurisdicciones provoco no pocos problemas practicos en la historia de la jurisdiccion eclesiastica castrense, sobre todo por las nulidades de matrimonios y otros actos juridicos cuando intervenia la jurisdiccion parroquial o diocesana; por eso fue superado ya por la instruccion Sollemne sempo;, que reconocio en el ano 1951, con caracter general, la potestad cumulativa para la cura castrense, un reconocimiento confirmado tambien por la const, ap. Spirituali militum curae para los ordinariatos militares y por las normas de la primera administracion apostolica personal (60).

Por todos estos motivos es una lastima que esta tradicion reciente de la potestad cumulativa se haya interrumpido con ocasion de los ordinariatos para antiguos anglicanos. En efecto, segun la nueva normativa no parece que la potestad del ordinario sea cumulativa con la de los obispos diocesanos, a pesar de alguna expresion incierta. (61) En esta regulacion no consta que los antiguos miembros de la Comunion anglicana sean fieles de las diocesis una vez que son recibidos en la Iglesia catolica. Mas bien parece que el vicario pontificio que gobierna el ordinariato lo hace con potestad exclusiva sobre esos fieles.

Ademas, en los tres ordinariatos ya erigidos, el de Our Lady of Walsingham (Inglaterra-Gales), el de Chair of Saint Peter (USA), y el de Our Lady of the Southern Cross (Australia), hay dos normas que se distancian de la potestad cumulativa: por una parte, para que un clerigo no incardinado en el ordinariato pueda asistir al matrimonio de un fiel que pertenezca al mismo, debera ser delegado por el ordinario o el cuasiparroco del ordinariato, lo que no tendria sentido si la potestad fuese cumulativa (62); por otra parte, si un fiel quisiera abandonar el ordinariato, se establece que pasaria a ser miembro de la diocesis donde resida, lo que confirmaria la hipotesis de que mientras pertenezca al ordinariato no seria miembro de la diocesis (63).

Todo este planteamiento ha dado lugar a dudas y serios interrogantes sobre la naturaleza de los ordinariatos. Algunos autores ya han llegado a afirmar que los ordinariatos para antiguos anglicanos son Iglesias particulares, lo que contradice el proposito expresado de que no fueran regulados en la linea de las Iglesias rituales sui iuris (64). Otros autores, con mejor criterio a nuestro juicio, niegan que el ordinariato responda a las caracteristicas de la Iglesia particular, aunque bajo algunos aspectos se equipare canonicamente con las diocesis (65). En efecto, es muy dificil calificar como Iglesia particular una organizacion tan dependiente de la Sede apostolica y tan precaria canonicamente como el ordinariato: ?una Iglesia particular gobernada por un vicario nombrado ad nutum Sanctae Sedis, dependiente de la Congregacion para la Doctrina de la Fe, sin la condicion episcopal en muchos casos, y con potestad de alcance limitado, hasta el punto de que algunos autores han llegado hasta discutir su potestad legislativa? (66). ?No sera mas adecuado considerar los nuevos ordinariatos que sean erigidos en el marco de las instituciones previstas por el n. 16 de Communionis notio antes citado?

Uno de los serios problemas de fondo presentes en la nueva normativa sobre estos ordinariatos personales es que en lugar de la potestad cumulativa se ha querido organizar las relaciones con las diocesis practicamente segun el viejo modelo de la exencion (67). Es paradojico y hasta contradictorio que, por una parte, la normativa sobre los antiguos miembros de la Comunion anglicana se haya querido inspirar en la regulacion de los ordinariatos militares (68), pero sin aprovechar, por otra parte, las reglas de la potestad cumulativa, que es precisamente la caracteristica juridica mas importante de estas circunscripciones. Se plantean asi problemas sistematicos que quizas podrian haberse resuelto mejor.

De todos modos, la nueva regulacion de los ordinariatos personales para antiguos anglicanos ha ayudado a resolver el complejo problema canonico que supone la insercion corporativa de esas personas en la plena comunion con la Iglesia. Es una prueba mas de que la estructura eclesiastica de gobierno y pastoral puede integrar soluciones comunitarias compatibles con el sistema territorial ordinario. De este modo se ha ido desarrollando en los ultimos treinta anos un sistema de estructuras pastorales, territoriales y personales, que tiene ya un alcance mayor que el disenado por el CIC de 1983. Ademas de la mencionada clasificacion de circunscripciones originarias (las Iglesias particulares) y complementarias, se ha difundido ampliamente en este tiempo la distincion entre circunscripciones de regimen ordinario y circunscripciones de mision, ademas de las circunscripciones territoriales y personales. Es todo un panorama sistematico el que se ha ido abriendo camino, mas alla de las importantes pero insuficientes normas del CIC de 1983 sobre la materia (69).

Si se me permite una clasificacion actual, habria que reconocer ademas de las diocesis, dos tipos de prelaturas, las territoriales y las personales; dos tipos de administraciones apostolicas, las territoriales y las personales; las tres circunscripciones de mision previstas por el derecho misional (misiones sui iuris, prefecturas apostolicas y vicariatos apostolicos), la figura residual de las abadias territoriales y, last but not least, los tres tipos de ordinariatos personales que hoy reconoce la Iglesia latina: ordinariatos militares, ordinariatos personales para antiguos anglicanos y ordinariatos para fieles orientales en territorios de rito latino (70).

Para concluir, el CIC de 1983 no debe considerarse como una llave doble que impida abrir la puerta con la llave sencilla, sino mas bien como una <<lave de paso>>, que regule adecuadamente el flujo del agua, porque lo importante es que el agua tuya y no se estanque. Con esta sencilla imagen quiero decir que el derecho constitucional canonico debe estar abierto a nuevos desarrollos que integren adecuadamente la territorialidad y la personalidad, en el respeto de la organizacion propia de las Iglesias particulares.

RECIBIDO: 8 DE AGOSTO DE 2012 / ACEPTADO: 11 DE OCTUBRE DE 2012

Bibliografia

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Antonio Viana

Profesor Ordinario de Organizacion eclesiastica

Facultad de Derecho Canonico. Universidad de Navarra

aviana@unav.es

(1) Cfr. BENEDICTO XVI, const, ap. Anglicanorum coetibus, 4.XI.2009, AAS 101 (2009) 985-990 (donde se publica en latin el texto pontificio) y CONGREGACION PARA LA DOCRINA DE LA FE, Notorias complementarias, 4.XI.2009, Ibidem, 991-996 (con el texto ingles de las Nomnas). Sobre posibles problemas de localizacion del texto oficial de estas Normas, vid. infra, nota 6.

(2) Vid. las referencias infra, nota 6.

(3) Cfr. E. BAURA, Las circunscripciones ecleasticas personales. El caso de los ordinariatos personales para fieles provenientes del anglicanimm, Ius canonicum 50 (2010) 165-200; IDEM, Los ordinariatos personales para antiguos anglicanos. Aspectos canonicos de la respuesta a los grupos de anglicanos que quieren incolporarse a la Iglesia catolica, en C. PENA GARCIA (ed.), Retos del derecho cronico oz la sociedad actual, Actas de las XXXI Jornadas de la Asociacion Espanola de Canonistas, Madrid 2012, 239-267 (version italiana en Ius Ecclesiae 24 [2012] 13-50); J. M. DIAZ MORENO, Constitucion apostolica Anglicanorum coetibus sobre la institucion de ordinariatos personales para los anglicanos que ingresan en plena comunion con la Iglesia. Texto castelhmo y comentario, Revista espanola de derecho canonico 67 (2010) 415-436; V. PARLATO, Note sulla costituzione apostolica Anglicanorum coetibus, Stato, Chiese e pluralismo confessionale. Rivista telematica (www.statochiese.it), gennaio 2010, pp. 16; J. M. HUELS, Anglicanorum coetibus. Text and commentary, Studia canonica 43 (2009) 389-415; M. PULTE, Von Summorum pontificum bis Anglicanorum coetibus. Gesetzgebungstendenzen im Pontifikat Benedikts XVI, Archiv fur katholisches Kirchenrecht 179 (2010) 3-19; G. GHIRLANDA, La costitzione apostolica Anglicanorum coetibus, Periodica 99 (2010) 373-430; J. I. ARRIETA, Gli ordinariati personali, Ius Ecclesiae 22 (2010) 151-172; IDEM, Ordinariato personal para fieles anglicanos recibidos en la Iglesia catolica, en J. OTADUY, A. VIANA y J. SEDANO (eds.), Diccionario general de derecho canonico, vol. 5, Pamplona 2012, pro manuscripto; J. I. RUBIO, Tradicion anglicana oz la Iglesia de Roma. Ordinariatos personales para antiguos fieles anglicanos, www.iustel.com. Revista general de derecho canonico y derecho eclesiastico del Estado 26 (2011) pp. 29; N. DOE, La constitucion apostolica Anglicanorum coetibus. Un analisis juridico desde la perspectiva anglicana, Ibidem, pp. 24; J. A. RENKEN, The personal ordinariate of the Chair of Saint Peter: canonical reflections, Studia canonica 46 (2012) 5-50; L. C. M. GALLES, Anglicanorum coetibus. Some canonical investigations on the recent apostolic constitution, The jurist 71 (2011) 201-233; L. MUSSELLI, La costituzione apostolica Anglicanorum coetibus, en M. FERRARESI y C. E. VARLDA (eds.), Benedetto XVI legislatore, Siena 2011, 25-41; C. E. VARALDA, Nuove forme di esercizio del ministero ordinato: un confronto fra la constitutio apostolica Anglicanorum coetibus e la constitutio apostolica Spirituali militum curae, Ibidem, 121-139, D. PELLETIER, La plene communion, le genre et la generosite. Un regard d'historien sur la constitution apostolique Anglicanorum coetibus, Cristianesimo nella storia 32 (2011) 363-381; H. LEGRAND, Episcopat, episcope, Eglise locale et comrnunion des Eglises dans la constitution apostolique Anglicanorum coetibus, Ibidem, 405-423; A. JEREMY, Apostolic Constitution Anglicanorum coetibus and the personal ordinariate of Our Lady of Walsingham, Ibidem, 425-442; G. BIER, Die apostolische Konstitution Anglicanorum coetibus und die Ergdnzenden Normen der Kongregation fur die Glaubenslehre. Eine kanonistische Analyse, Ibidem, 443-478; M. VAN PARYS, La constitution apostolique Anglicanorum coetibus: revaluation d'un oecumeniste catholique, Ibidem, 479-487; Ch. HIEL, An evaluation of the apostolic constitution Anglicanorum coetibus in the current ecumenical situation, Ibidem, 489-500.

(4) Cfr. M. VAN PARYS, La constitution apostolique (nota 3), 479-487.

(5) Cfr. H. LEGRAND, Episcopat, episcope (nota 3), 419-421, y tambien M. VAN PARYS, La constitution apostolique (nota 3), 483.

(6) Como advierte BAURA, <<en la promulgacion de estas normas [la Anglicanorum coetibus y sus Normas complementarias] se produjo una anomalia: fue publicado y distribuido el numero correspondiente de Acta con el texto de la constitucion apostolica, pero sin el de las normas complementarias. Posteriormente, de modo informal, se pidio que se sustituyese ese fasciculo por otro en el que aparecian las normas complementarias. Desde el punto de vista formal, ese procedimiento contradice los principios de la promulgacion y abrogacion de las leyes>>: E. BAURA, Los ordinariatos personales (nota 3), 243, nota 17. De acuerdo con esta situacion atipica, es posible que las normas complementarias no se encuentren en todas las versiones de las Acta Apostolicae Sedis, como sucede hasta hoy (5.VI.2012) en la disponible en www.vatican.va. Incluso se ha dado la situacion muy sorprendente de que las propias normas de la Santa Sede que han erigido los tres primeros ordinariatos citan las Normas complementarias de Anglicanorum coetibus no segun AAS, sino tal como se encuentran en L'Osservatore ramano (cff. los decretos de la CONGREGACIoN PARA LA DOCTRINA DE LA FE erigiendo los ordinariatos personales de Our Lady of Walsingham, 15.I.2011, para Inglaterra y Gales (AAS 103 [2011] 129-132, nota 2), The personal ordinariate of the Chair of Saint Peter, erigido el 1.I.2012 para los U.S.A. (L'Osservatore romano, 4.I.2012 y el sitio de la Congregacion en www.vatican.va, nota 2 del decreto) y por ultimo The Personal Ordinariate of Our Lady of the Southern Cross (nota 2 del texto que utilizo en este trabajo, a la espera del texto oficial de este ultimo ordinariato). Este escaso respeto de los aspectos formales de la nueva nonnativa merece ser criticado, porque el texto de la ley debe quedar fijado con su promulgacion oficial en un solo lugar y ademas la promulgacion no debe confundirse con la mera divulgacion de la ley. La cuestion no es solamente que las distintas versiones textuales naturalmente deban coincidir, sino la necesidad de saber cual es el lugar en el que consta exactamente el texto legal que se manda cumplir.

(7) Cfr. JUAN PABLO II, const, ap. Pastor Bonus, 28.VI.1988, enAAS 80 (1988) 841-912, art. 18. En el mismo sentido J. M. HUELS, Anglicanorum coetibus (nota 3); BIER, Die apostolische Konstitution (nota 3), 452, se inclina mas por la figura de la instruccion administrativa, pero no parece que exista fundamento para ello, ya que el contenido de las instrucciones es teoricamente mas modesto todavia que el de los decretos generales administrativos, al menos si se tiene en cuenta el contenido del c. 34 del CIC en comparacion con los c. 31-33.

(8) Cfr. G. BIER, Die apostolische Konstitution (nota 3), 452.

(9) Cfr. G. LO CASTRO, Verso un riconoscimento della Chiesa anglicana come prelatura personale? Commento ad una proposta di Graham Leonard, Quaderni di diritto e politica ecclesiastica 1 (1993) 219-227.

(10) <<Apart from creating a sui iuris particular Church, which may not have met the aspirations of Anglicans petitioning to enter into Communion with the Catholic Church, the ecclesial association of the faithful which might have fitted the requirements both of the petitioners and of the Catholic Church is that of a Personal Prelature (...). The problem, however, is in the composition of the prelature in that lay persons can only share in its apostolic work and are not therefore "proper people" of the prelature>>: A. JEREMY, Apostolic Constitution (nota 3), 427.

(11) Cfr. cc. 294-297 del CIC de 1983 y const. Pastor Bonus, art. 80. Sobre la distincion entre prelaturas y asociaciones remito al claro estudio de A. STANKIEWICZ, Le prelature pesonali e i fenomeni associativi, en S. GHERRO (ed.), Le prelature personali nella normativa e nella vira della Chiesa, Padova 2002, 139-163.

(12) <<Though the terna "personal" also occurs in the Code of Canon Law in relation to Personal Prelatures (canons 294-297), these are essentially clerical institutions or societies and this model was not followed, though there are indications that it was considered>>: Ch. HILL, An evaluation (nota 3), 491.

(13) <<Von Teilkirchen im Allgemeinen und Personalordinariaten im Besonderen zu unterscheiden sind Personalpralaturen. Eine Personalpralatur gemass can. 294 ist ein aus Priestern und Diakonen bestehender klerikaler Zweckverband, also nicht eine Struktur oder Organisationsform der Kirche, sondern eine verbandliche Struktur in der Kirche und als solche kanonischen Lebensverbanden (Ordensinstitute, Sakularinstitute, Gesellschaften des Apostolischen Lebens) nicht unahnlich. Bestrebungen, die Personalordinariate in die Nahe ron Personalpalaturen zu rucken (...) sind kirchenpolitisch motiviert und entbehren einer kirchenrechtlichen Grundlage. Dahinter steht das Bemuhen, die Personalpralatur rechtlich zu einer Teilkirche aufzuwerten. In der Tendenz ahnlich Arrieta (...). Bischof Arrieta wurde fur die Personalpralatur Opus Del zum Priester geweiht, war Professor der Papstlichen Universitat Santa Croce in Roto und ist derzeit Sekretar des Papstlichen Rates fur die Gesetzestexte>>: G. BIER, Die apostolische Konstitution (nota 3), 455, nota 53.

(14) Cfr. V. PARLATO, Note sulla costituzione (nota 3), 5 y 6, especialmente.

(15) Cfr. especialmente las pp. 389-413 del estudio de G. G. GHIRLANDA, La costituzione apostolica (nota 3).

(16) Es significativo lo que dice L. C. M. GALLES, Anglicanorum coetibus (nota 3), 207, cuando comenta que en la prevision de los ordinariatos personales para antiguos anglicanos esta figura fue preferida a la prelatura personal para evitar las discusiones que surgieron sobre esta ultima figura en los trabajos preparatorios del CIC (que estudiaremos mas abajo). El argumento no parece convincente, ya que la constitucion de una prelatura depende de la valoracion que hagan la conferencia episcopal interesada y la Santa Sede acerca de las necesidades pastorales que puedan o deban resolverse a traves de ella, y no de las opiniones doctrinales de los canonistas; pero se comprende, al mismo tiempo, que la Sede apostolica reclame la suficiente claridad que permita armonizar la forma canonica con la realidad pastoral a la que se aplica.

(17) Cfr. las notas 4 y 28 a los nn. 20 y 27, respectivamente, del decr. Adgentes.

(18) La traduccion del texto es mia, asi como todas las demas traducciones de los textos originales que presento en estas paginas. En este caso el texto original latino habla de peculiares dioeceses, que se ha traducido por diocesis especiales. En efecto, el significado del adjetivo latino peculiaris expresa en este contexto una calificacion de especialidad. En lengua espanola, peculiar significa lo que es propio o privativo de una persona o cosa; mientras que especial se refiere a lo que es singular o particular, es decir, aquello que se diferencia de lo que es comun o general. En este sentido las diocesis especiales presentan singularidades que las distinguen de las comunes diocesis territoriales.

(19) Dice, en efecto, Christus Dominus n. 43: <<Ya que el cuidado espiritual de los militares, por sus peculiares condiciones de vida, exige una atencion especial, erijase en cada nacion, si resulta posible, un vicariato castrense. Tanto el vicario como los capellanes han de consagrarse enteramente a este dificil ministerio, en cooperacion concorde con los obispos diocesanos. Por lo tanto, concedan los obispos diocesanos al vicario castrense en numero suficiente sacerdotes aptos para esta grave tarea y, al mismo tiempo, favorezcan iniciativas que contribuyan al bien espiritual de los militares>>.

(20) <<Il Concilio non prende in considerazione la possibilita di una collaborazione dei laici con le opere di una prelatura personale e tanto meno di una loro incorporazione in essa. Quindi, il Concilio non prevede che le prelature personali siano istituite per la cura pastorale ordinaria di fedeli che appartengano alla prelatura>>: G. GHIRLANDA, La costituzione apostolica (nota 3), 400, nota 45.

(21) Cfr. en tal sentido, C. TAMMARO, La posizione giuridica dei fedeli laici nelle prelamre personali, Roma 2004, 67 y ss.

(22) J. MARTINEZ-TORRON, La configuracion juridica de las prelaturas personales en el Concilio Vaticano II, Pamplona 1986, 277.

(23) Cfr. Ibidem, 277, nota 387 y 230. Sobre los laicos en las prelaturas personales segun los trabajos preparatorios de Presbyterorum ordinis n. 10, cfr. Ibidem, 118 y 119, en la fase antepreparatoria del Concilio, y tambien 304 y 305, por lo que se refiere a los proyectos De distributione cleri y De cura animarum. Sobre la cuestion de la Mision de Francia como modelo inicial de la prelatura personal hasta el Schema de clericis de 1963, vid. el excelente estudio de P. LOMBARDIA-J. HERVADA, Sobre prelaturas personales, Ius Canonicum 27 (1987) 11-76, especialmente 20-38.

(24) Cfr. J. MARTINEZ-TORRON, La configuracion (nota 3), 305.

(25) El texto del m. p. Ecclesiae Sanctae se encuentra en AAS 58 (1966) 757-787.

(26) C. TAMMARO, La posizione giuridica (nota 21), 80.

(27) Cfr. A. VIANA, Derecho canonico territorial. Historia y doctrina del territorio diocesano, Pamplona 2002, 171 y ss. El texto puede consultarse ahora tambien en http://dspace.si.unav.es/dspace/ bitstream/10171/5586/1/DerechoCanonicoTerritorial.pdf

(28) La nueva forma de prelatura, es decir, la prelatura personal, tenia algunos precedentes historicos en los que la forma de prelatura nullius dioecesis habia sido aplicada a supuestos de jurisdiccion eclesiastica mas personal que territorial: cfr. A. VIANA, Introduccion al estudio de las prelaturas, Pamplona 2006, 36-42.

(29) Const. Lumen Gentium, n. 32. Cfr. tambien Ibidem, n. 30 y decr. Apostolicam Actuositatem, nn. 2 y 3.

(30) <<Nihil impedit quominus laici, sive caelibes sive matrimonio iuncfi, conventionibus cum praelanlra initis, huius operum et inceptorum servitio, sua peritia professionali, sese dedicent>>: m. p. Ecclesiae Sanctae, I, 4.

(31) Cfr. decr. Presbyterorum ordinis n. 7; CIC, c. 495 y ss.

(32) Para todo lo que sigue, cfr. Schema canonum Libri II, de Populo Dei, Typis Polyglottis Vaticanis, 1977, cc. 217 [seccion] 2,219 [seccion] 2,221 [seccion] 2; Schema Codicisluris Canonici, Typis Polyglottis Vaticanis, 1980, cc. 335 [seccion] 2, 337 [seccion] 2, 339 [seccion] 2; Codex Iuris Canonici, Schema novissimum, Typis Polyglottis Vaticanis, 1982, cc. 573-576. El texto latino de esos proyectos puede encontrarse en los apendices del libro de P. RODRI Iglesias particulares y prelaturas personales, Pamplona (2) 1986.

(33) Decia, en efecto, el c. 335 [seccion] 2 del proyecto de 1980: <<Ecclesiae particulari in iure aequiparatur, nisi ex rei natura aut iuris praescripto aliud appareat, et iuxta statuta a Sede apostolica condita, praelatura personalis>>. Los tres limites que se establecian en el texto (la naturaleza del asunto, las determinaciones del derecho y lo dispuesto en los estatutos) se olvidan a veces en la descripcion de los trabajos preparatorios del CIC, cuando se dice, por ejemplo, que las prelaturas. personales venian consideradas equivalentes a las Iglesias particulares, lo cual no es exacto, pues dos instituciones que se equiparan no son identicas sino que son diferentes, aunque por analogia determinados aspectos del regimen juridico sean comunes.

(34) En efecto, explica el Cardenal Herranz que el sentido del cambio en el c. 296 definitivo no fue excluir la incorporacion de los laicos a las prelaturas personales, sino que aquel cambio se hizo para dar al c. 296 una formulacion mas abierta a diversas posibilidades de vinculacion con la prelatura por parte de laicos. En cualquier caso es llamativa su afirmacion de que el cambio del que hablamos <<fue decidido,, en el ultimo momento, es decir, cuando el texto del CIC estaba ya en la imprenta: J. HERRANZ, I lavori preparatori della costituzione apostolica Ut sit, en IDEM, Giustizia e pastoralita nella missione della Chiesa, Milano 2011, 384.

(35) Cfr. especialmente, PONTIFICIUM CONSILIUM DE LEGUM TEXTIBUS INTERPRETANDIS, Acta et Documenta Pontificiae Commissionis Codici Iuris Canonici Recognoscendo: Congregatio Plenaria diebus 20-29 octobris 1981 habita, Typis Polyglottis Vaticanis 1991, 376-417.

(36) Sobre aquellos sucesos no se ha publicado todavia un relato completo, pero puede encontrarse alguna informacion en A. DE FUENMAYOR, V. GOMEZ-IGLESIAS, J. L. ILLANES, El itinerario juridico del Opus Dei. Historia y defensa de un carisma, Pamplona (4) 1990, 431-432. Tambien en J. HERRANZ, En las afueras de Jerico. Recuerdos de los anos con san Josemaria y Juan Pablo II, trad. esp., Madrid 2007, 289-291,299-301. Algunos medios de comunicacion de la epoca reflejaron ampliamente los hechos.

(37) Cfr. en Acta et Documenta (nota 34), las opiniones de mons. Castillo Lata, 387-388, y de los cardenales Felici, 391, Siri, 409, y Konig, 415, entre otras.

(38) J. I. ARRIETA, Gli ordinariati personali (nota 3), 159.

(39) <<La collocazione nella pars I del liber II non altera il contenuto dei canoni che riguardano le prelature personali, le cuali pertanto, pur non essendo Chiese particolari, rimangono sempre strutture giurisdizionali, a carattere secolare e gerarchico, erette dalla Santa Sede per la realizzazione di peculiari attivita pastorali, come sancito dal Concilio Vaticano II (...). Rimangono, infine, plenamente validi, a tutti gli effetti, i documenti della Santa Sede che hanno costituito l'Opus Del in prelatura personale>>. El texto completo de la carta se ha publicado en la revista Studia et Documenta 5 (2011) 379-380.

(40) Vid. el texto del discurso y un comentario de J. MIRAS en Ius Canonicum 42 (2002) 361-362 (texto del discurso, que puede encontrarse tambien en L'Osservatore romano, 18.III.2001, 6 y en www.vatican.va, en la seccion de los discursos del Papa Juan Pablo II) y 363-388 (comentario).

(41) La cuestion que aqui se plantea ha sido estudiada tambien a proposito del alcance que deban tener los discursos pontificios al Tribunal de la Rota Romana. El Papa Benedicto XVI ha senalado que esos discursos pontificios <<sono una guida inmediata per l'operato di tutti i tribunali della Chiesa in quanto insegnano con autorita cib che e essenziale circa la realta del matrimonio>> (Discurso al Tribunal de la Rota romana, 26.I.2008, en AAS 100 [2008] 87). Al margen de la solucion que quiera darse a esta cuestion especifica, estas palabras de Benedicto XWI confirman que un discurso pontificio puede ser ocasion e instrumento de una ensenanza autorizada o de manifestar la voluntad del legislador.

(42) <<Voi siete qui, in rappresentanza delle componenti in cui la Prelamra e organicamente strutturata, cioe dei sacerdoti e dei fedeli laici, uomini e donne, con a capo ii proprio prelato. Questa natura gerarchica dell'Opus Dei, stabilita nella costituzione apostolica con la quale ho eretto la Prelatura (cfr cost. ap. Ut sit, 28-XI-82), offre lo spunto per considerazioni pastorali ricche di applicazioni pratiche. Innanzitutto desidero sottolineare che l'appartenenza dei fedeli laici sia alla propria Chiesa particolare sia alla Prelatura, alla quale sono incorporati, fa si che la missione peculiare della Prelatura confluisca nell'impegno evangelizzatore di ogni Chiesa particolare, come previde il Concilio Vaticano II nell'auspicare la figura delle prelature personali>>.

(43) Uno de los primeros autores que defendieron la discordancia entre el CIC y las normas del Opus Dei ha sido W. AYMANS, Das konsoziative Element in der Kirche, en W. AYMANS, K., T. GERINGER y H. SCHMITZ, Das konsoziative Element in der Kirche. Akten des VI. internationalen Kongresses fur kanonisches Recht, Munchen 1989, 1032, nota 3.

(44) Estos aspectos fueron extensamente explicados por G. Lo CASTRO hace anos en su libro Las prelaturas personales. Perfile juridicos, trad. esp., Pamplona 1991, 87-137. En efecto, la const. ap. Ut sit, que erigio el Opus Dei en prelatura personal, ha sido caracterizada por este autor como una ley-acto, en el sentido de que asume y da solemnidad legislativa a un proceso administrativo anterior consistente en la ereccion de la Prelatura del Opus Dei y el nombramiento del primer prelado. Por eso lleva la fecha del acto o proceso administrativo que formaliza (28.XI. 1982). Sin embargo, la Ut sit fue promulgada en forma oral el 19.III. 1983, mediante la lectura de su contenido y del decreto de ejecucion dictado en virtud de delegacion pontificia por el Nuncio apostolico en Italia, tal como preveia el propio texto de la Ut sit, in fine. Mas adelante, el 2.V. 1983, los textos fueron publicarlos en las Acta Apostolicae Sedis. Todo este proceso culmino, por tanto, despues de que el CIC hubiera sido promulgado el 25.I. 1983. Resulta tambien de mucho interes la informacion que ofrece J. HERRANZ, I lavori (nota 34), 373-387.

(45) Cfr. Las prelaturas personales (nota 34), 136-137.

(46) En su estudio sobre la Anglicanorum coetibus G. GHIRLANDA hace algunas referencias al derecho particular del Opus Dei. Ante todo es muy llamativo que ni siquiera cite en ese contexto el discurso de Juan Pablo II de 17.III.2001. Pero ademas afirma que <<no se dice en ninguna parte>> que los laicos estan incorporados a la Prelatura del Opus Del (La costituzione apostolica [nota 3], 396). Si esa afirmacion se refiere a todo el derecho particular del Opus Dei, no es verdadera (cfr. el texto de los Estatutos del Opus Dei, publicados, entre otros lugares, en la obra colectiva cit. supra, en la nota 36: nn. 1 [seccion] 1, 2 [seccion] 1, 3 [seccion] 1, 14 [seccion] 2, caput III, nn. 17 y ss.: <<De fidelium admissione et incorporatione in Praelamram>>, passim); pero tampoco es sostenible esa afirmacion aunque se refiera a la const, ap. Ut sit, ya que el proemium de esta ley pontificia dispone que la Prelatura del Opus Dei consta de sacerdotes y laicos y en el art. III habla de jurisdiccion sobre clerigos y laicos.

(47) <<I laici, in quanto cristiani, sono impegnati a svolgere un apostolato missionario (...). Essi, dunque, vanno stimolati a porre fattivamente le proprie conoscenze al servizio delle "nuove frontiere", che si annunciano come altrettante sfide per la presenza salvifica della Chiesa nel mondo. Sara la loro testimonianza diretta in tutti questi campi a mostrare come solo in Cristo i valori umani piu alti raggiungono la propria pienezza. Ed il loro zelo apostolico, l'amicizia fraterna, la carita solidale faranno si che essi sappiano volgere i rapporti sociali quotidiani in occasioni per destare nei propri simili quella sete di verita che e la prima condizione per Fincontro salvifico con Cristo. I sacerdoti, dal canto loro, esercitano una funzione primaria insostituibile: quella di aiutare le anime, una ad una, nei sacramenti, nella predicazione, nella direzione spirituale, ad aprirsi al dono della grazia. Una spiritualita di comunione valorizzera al meglio i ruoli di ciascuna componente ecclesiale>>.

(48) El Opus Dei es, como precisa el preambulo de la const, ap. Ut sit y subrayan tambien los Estatutos, un <<organismo apostolico>> [quasi apostolica compages] de sacerdotes y laicos, organico e indiviso [quae sacerdotibus et laicis sive viro sive mulieribus constabat eratque simul organica et indivisa]. Vid. asimismo los nn. de los Estatutos de la Prelatura, citados supra, nota 46.

(49) La ley pontificia que regula los ordinariatos militares, ademas de la profesion militar, admite como titulos de adscripcion al ordinariato la residencia en lugares militares, el servicio o el trabajo en las instituciones militares y el ejercicio de alguna funcion eclesial o civil en el ordinariato: cfr. const, ap. Spirituali militum curae, art. X.

(50) Este esquema de explicacion de la participacion de los laicos que distingue entre adscripcion ipso iure y adscripcion voluntaria es preferible, a mi juicio, al planteamiento de algunos autores que distinguen entre los asi llamados "criterios objetivos y subjetivos" de pertenencia. Objetivos serian los criterios que nosotros denominamos ipso iure y que no dependerian de la libertad del fiel, de modo que a veces se denominan con el termino (mas bien desafortunado, por la ausencia de libertad que evoca) de criterios "automaticos" de pertenencia: por ejemplo, ser militar o pertenecer a un determinado rito; mientras que los criterios subjetivos serian los libremente elegidos. Pero esta distincion resulta en realidad muy confusa porque los criterios objetivos comportan tambien un elemento de voluntariedad, como se ve en la configuracion canonica del domicilio, criterio objetivo por excelencia, que sin embargo preve la intencion, el animus, de permanecer en el lugar: cfr. c. 102 del CIC. Ademas, esta opinion ha quedado superada por la prevision de la adscripcion voluntaria no solo en el caso de la Prelatura del Opus Dei sino tambien, como recordamos en el texto de nuestro estudio, en el regimen juridico de la administracion apostolica personal y de los ordinariatos personales para antiguos anglicanos. Para una critica de la distincion entre criterios objetivos-subjetivos, cfr. J. MIRAS, Objetividad de los criterios canonicos de delimitacion de circunscripciones eclesiasticas, en P. ERDO y P. SZABO (eds.), Territorialita e personalita nel diritto canonico ed ecclesiastico, Atti dell'XI Congresso internazionale di diritto canonico e del XV Congresso internazionale della Societa per il diritto delle Chiese orientali, Budapest 2002, 477-488.

(51) Vid. el decreto en AAS 94 (2002) 305-308.

(52) Dispone textualmente el art. IX: <<[seccion] 1. Los laicos que en el momento presente pertenecen a la Union "S. Juan Maria Vianney", son hechos participes de la nueva circunscripcion eclesiastica (participes fiunt novae circumscriptionis ecclesiasticae). Los que se reconozcan vinculados con las peculiaridades de la Administracion Apostolica personal (Qui, agnoscentes se cobaerere cum peculiaritatibus Administrationis Apostolicae personalis), han de pedir pertenecer a ella y deben manifestar su voluntad por escrito, dejando constancia en un registro, que debe guardarse en la sede de la Administracion Apostolica. [seccion] 2. En ese registro se inscriben tambien los laicos que al presente pertenecen a la Administracion apostolica, y los que son bautizados en ella>>.

(53) Para todas estas cuestiones, cfr. AC, art. I [seccion] 4 y IX; NC, art. 5 [seccion] 1. Lo mismo cabe decir de los miembros de institutos de vida consagrada que provengan del anglicanismo: cfr. AC, arts. VII y IX.

(54) En mi libro Introduccion al estudio de las prelaturas (nota 28), 66-70, intento explicar el significado de la terminologia sobre la estructura jerarquica de la Iglesia.

(55) Una cuestion relacionada, pero diferente de las anteriores, es la que se han planteado algunos canonistas acerca de si son posibles concretamente prelaturas personales compuestas exclusivamente de clerigos, ademas de aquellas prelaturas que admitan simultaneamente clerigos y laicos. Es decir, si toda prelatura personal debe estar necesariamente compuesta de clerigos y fieles laicos. Segun las expresiones empleadas por los cc. 294 y 296 del CIC parece que la respuesta ha de ser negativa, ya que el c. 294 establece como caracteristica necesaria de toda prelatura que conste de presbiteros y diaconos del clero secular, sin mencionar expresamente a los fieles laicos; mientras que el c. 296 preve la posible cooperacion organica de los laicos con las obras apostolicas de la prelatura. Con todo, la respuesta mas compartida es que debe hacerse una distincion entre prelaturas personales establecidas para la cura pastoral ordinaria de grupos especiales de fieles (por ejemplo, emigrantes a un determinado pais) y prelaturas personales erigidas para la realizacion de obras pastorales especiales, como es el caso de la Prelatura del Opus Dei. En ambos casos la participacion de los laicos resulta necesaria. En efecto, incluso en el supuesto de prelaturas en las que los laicos sean vistos mas bien como destinatarios de la cura pastoral ordinaria de los sacerdotes de la prelatura, su posicion en ella no sera meramente pasiva: desde la celebracion del Concilio Vaticano II y la profundizacion eclesiologica y canonica en el papel de los laicos en la Iglesia, estos ya no pueden ser contemplados exclusivamente como destinatarios de la pastoral del clero (aunque obviamente esa posicion sea cierta y necesaria), sino tambien como fieles corresponsables y participes de la mision de la Iglesia y de la prelatura personal. Con mayor motivo, si se trata de prelaturas personales para la realizacion de obras apostolicas especiales, sera completamente necesaria la cooperacion de todos sus miembros, laicos y sacerdotes, al fin de la prelatura.

(56) La carta fue publicada el 28.V.1992: AAS 85 (1993) 838-850.

(57) Los subrayados estan en el original latino.

(58) Sobre las estructuras complementarias de las Iglesias particulares, cfr., entre otros, la doctrina de J. HERVADA, Elementos de derecho constitucional canonico, Pamplona 22001, 283-303 y A. CATTANEO, La Chiesa locale. I fondamenti ecclesiologici e la sua missione nella teologia postconciliare, Citta del Vaticano 2003, 236-260.

(59) Paralelamente se podria anadir, en mi opinion, que hay tambien estructuras comunitarias territoriales cuya consideracion de Iglesia particular es al menos dudosa, por mas que el CIC las califique asi indirectamente en el c. 368, como ocurre con algunas administraciones apostolicas estables en las que se da una fuerte incidencia estructural de la Santa Sede que gobierna esas comunidades a traves de un vicario, o tambien en el caso de la abadia territorial, que constituye una figura historica, pero tan extrana a la eclesiologia de la Iglesia particular que la Santa Sede manifesto ya hace anos la voluntad de no erigir mas en el futuro. En efecto, la abadia territorial es una figura residual, no porque sea de poca importancia pastoral en cada caso, sino porque las abadias territoriales se justifican solamente por motivos historicos: Cfr. en este sentido el estudio de P. SZABO, L'abbazia nullius dioecesised il monastero stauropegiaco. Comparazione storico-giuridica, Kanon 31 (2010) 267-286. El motu proprio de Pablo VI Catholica Ecclesia, 23.X.1976 (AAS 68 [1976] 694-696), manifesto en su n. 1 la voluntad de la Santa Sede de no erigir en adelante nuevas abadias nullius dioecesis (hoy territoriales), a no ser que circunstancias muy especiales lo aconsejen y, de hecho, la ultima fue erigida en 1968.

(60) Cfr. CONGREGACION CONSISTORIAL, instr. Sollemne Semper, 23.IV.1951, AAS 43 (1951) 562-565, n. II. Sobre los problemas historicos de la exencion aplicada a la cura castrense, cfr. A. VIANA, Territorialidad y personalidad en la organizacion eclesiastica. El caso de los ordinariatos militares, Pamplona 1992, 43-50 (ahora tambien disponible en: http://dspace.unav.es/ dspace/handle/10171/23079). Sobre la potestad cumulativa en la organizacion eclesiastica militar actual, cfr. Spirituali miliruta curae, arts. IV.30, V, VII. Respecto a la potestad cumulativa en el caso de la primera administracion apostolica personal erigida, cfr. el decreto de la Congregacion para los Obispos, de 18.I.2002, cit. supra, (nota 51), arts. V y VIII [seccion] 2. Respecto a la prelatura personal, no hay norma que sancione explicitamente la potestad cumulativa del prelado y clero de la prelatura con el obispo diocesano y los parrocos locales, ya que segun el derecho comun esto dependera de los estatutos de cada prelatura. Sin embargo, la sustancia de la institucion esta presente en las normas que rigen la Prelatura del Opus Dei, sobre todo porque los fieles de esta prelatura son tambien miembros de la Iglesia particular donde tienen su domicilio. Asi, disponen los Estatutos del Opus Dei que los fieles de la prelatura dependen de los ordinarios locales de la misma manera que los demas catolicos de la diocesis donde vivan (cfr. nn. 172 [seccion] 2 y 176 de esos Estatutos, publicados en la obra colecuva cit. supra, nota 36). En la declaracion de la Congregacion para los Obispos Praelaturae personales, de 23.VIII.1982 (AAS 75 [1983] 464-468), se expresa tambien que los laicos incorporados a la prelatura siguen siendo miembros de las diocesis en las que viven: cfr. su n. IV, c).

(61) Cfr. Anglicanorum coetibus, art. V in fine: <<Ordinarii] Potestas una cum ordinario loci coniunctim exercetur; in casibus a normis complementaribus praevisis>>. Ademas, en el art. VIII [seccion] 2 de AC se establece que <<Los parrocos del ordinariato gozan de todos los derechos y estan sujetos a todas las obligaciones previstas en el Codigo de Derecho Canonico, que, en los casos establecidos en las "normas complementarias", son ejercidos en mutua ayuda pastoral con los parrocos de la diocesis (quae [...] mutuo auxilio pastorali cum parochis dioecesis exercentur), en cuyo territorio se encuentra la parroquia personal del ordinariato>>. Asimismo, en el art. VI [seccion] 4 de AC se dispone que <<Los presbiteros incardinados en un ordinariato, que constituyen su presbiterio, deben cultivar tambien un vinculo de unidad con el presbiterio de la diocesis en cuyo territorio desarrollan su ministerio; deberan favorecer iniciativas y actividades pastorales y caritativas conjuntas, que podran ser objeto de acuerdos estipulados entre el ordinario y el obispo diocesano local>>. Pero estas expresiones no responden propiamente a la nocion canonica de potestad cumulativa. Por su parte, las Normas complementarias de AC disponen en el art. 5 [seccion] 2 que <<Los fieles laicos y los miembros de institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostolica, cuando colaboran en actividades pastorales o caritativas, sean diocesanas o parroquiales, estan sometidos al obispo diocesano o al parroco del lugar; por lo que en este caso, la potestad de estos ultimos es ejercida en modo conjunto (is exercised jointly, dice la version inglesa de AAS) con la del ordinario y la del parroco del ordinariato>>. Tampoco aqui se aclara demasiado, ya que esos fieles, en cuanto trabajan para la diocesis, dependeran mas bien de la jurisdiccion diocesana. Cfr. tambien el art. 9 de las NC. Sobre la interpretacion de estas normas hay alguna discusion. Algunos autores opinan que expresarian sustancialmente la potestad cumulativa entre la jurisdiccion del ordinario y la del obispo diocesano (asi, J. M. DIAZ MORENO, Constitucion apostolica (nota 3), 426; L. C. M. GALLES, Anglicanorum coetitrus (nota 3), 222 y 223); otros autores pensamos que no la justifican claramente: cfr. E. BAURA, Los ordinariatos personales (nota 3), 250-254; G. GHIRLANDA, La costituzione apostolica (nota 3), 410; J. A. RENACEN, The personal ordinariate (nota 3), 29.

(62) Cfr. los decretos de ereccion de los ordinariatos de Our Lady of Walsingham, n. 5, Chair of Saint Peter; n. 5, Our Lady of the Southern Cross, n. 5; los tres con la misma formulacion: <<For a cleric not incardinated in the personal ordinariate of Our Lady of Walsingham [of the Chair of Saint Peter, of Our Lady of the Southern Cross] to assist at a marriage of the faithful belonging to the ordinariate, he must receive the faculty from the ordinary or the pastor of the personal parish to which the faithful belong>>.

(63) Cfr. los decretos de ereccion de los ordinariatos de Our Lady of Walsingham, n. 10, Chair of Saint Peter n. 10, Our Lady of the Southern Cross, n. 10, con identica formulacion: <If a member of the faithful moves permanently into a place where another personal ordinariate has been erected, be is able, on his own request, to be received into it. The new ordinary is bound to inform the original personal ordinariate of the reception. If a member of the faithful wishes to leave the ordinariate, he must make such a decision known to his own ordinary. He automatically becomes a member of the diocese where he resides. In this case, the ordinary will ensure that the diocesan bishop is informed>>.

(64) Cfr. G. BIER, Die apostolische Konstitution (nota 3), 452-456. Este autor, a mi modesto juicio, no distingue adecuadamente entre la calificacion teologica de Iglesia particular y la equiparacion juridica de un ordinariato con la diocesis. El ordinariato se equipara canonicamente con la diocesis, pero eso no significa que sea una Iglesia particular, ya que la equiparacion supone propiamente la aplicacion de un regimen juridico especial (en este caso, el de la diocesis), a menos que la naturaleza del asunto o una norma juridica excluya algun aspecto. Por lo tanto se trata de una analogia limitada, no de una identificacion o igualdad entre dos instituciones. Otro tanto se puede decir a proposito de las opiniones de J. A. RENKEN, The personal ordinariate (nota 3), 14-17. Sobre la voluntad de que Anglicanorum coetibus no estableciera una Iglesia sui iuris, cfr. G. GHIRLANDA, La costituzione apostolica (nota 3), 394 y las reflexiones al respecto de E. BAURA, Los ordinariatos personales (nota 3), 254-258.

(65) J. I. ARRIETA, Gli ordinariati personali (nota 3), 156-161; J. M. HUELS, Anglicanorum coetibus (nota 3), 391; H. LEGRAND, Episcopat, episcope (nota 3), 412 y ss.

(66) En efecto, el art. 4 [seccion]] 1 de las NC dice que se aplican al ordinario de cada ordinariato los canones 383-388, 392-394, y 396-398 del CIC. A la vista de importantes canones que no son mencionados, senaladamente el c. 391, que trata de la potestad legislativa del obispo diocesano, algunos autores, como J. M. HUELS, Anglicanorum coetibus (nota 3), 401, han negado la potestad legislativa del ordinario. A nuestro juicio no debe dudarse de esa capacidad, ya que el poder legislativo del ordinario es necesario para la vida del ordinariato y es compatible con el caracter vicario de su potestad. Sobre todo, el ordinariato esta expresamente equiparado canonicamente con la diocesis (AC, I [seccion] 3), por lo que se presume la potestad legislativa del ordinario analogamente a la que corresponde al obispo diocesano.

(67) Cfr. G. BIER, Die apostolische Konstitution (nota 3), 465.

(68) Cfr. G. GHIRLANDA, La costituzione apostolica (nota 3), 391.

(69) Cfr. tambien las sugerencias sistematicas y terminologicas de Schouppe, con propuestas especiales para el area de lengua francesa: J. P. SCHOUPPE, Les circunscriptions ecclesiastiques ou communautes hiearchiques de l'Eglise catholique, Ephemerides Theologicae Lovanienses 81/4 (2005) 435-467.

(70) Expongo con mas detalles esta clasificacion en mi libro Organizacion del gobierno en la Iglesia, Pamplona 32010, 129-146; 207-239.
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Author:Viana, Antonio
Publication:Ius Canonicum
Date:Dec 1, 2012
Words:19632
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