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Offence and legality in the 18th century courtship: the abduction of women on the bishopric of Zaragoza/Transgresion y legalidad en el cortejo del siglo XVIII: el secuestro de mujeres en la diocesis de Zaragoza.

1. INTRODUCCION: EL MATRIMONIO DE BUENA LEY

El proceso regalista del siglo XVIII tuvo como objetivo el afianzamiento de una unica autoridad real frente a la multiplicidad de poderes caracteristicos del Antiguo Regimen. Esta concepcion politica no se trataba ni mucho menos de una novedad, lo que si constituyo una innovacion en el Reino de Espana fue el intento de implantar esta ideologia a la vez que se utilizaba la mas primigenia estructura de poder, la familia, como representacion e incluso justificacion del poder absoluto. La aplicacion de una serie de Pragmaticas y reales cedulas iniciadas en 1776 intento impulsar la autoridad de padres y tutores en el seno familiar. Fue el incremento de la nocion de libertad individual lo que hizo imperativo consolidar la autoridad paterna. De entre los problemas familiares directamente relacionados con la estabilidad social, la libertad matrimonial de los descendientes frente a sus padres cobro una extraordinaria relevancia para la Espana de la Ilustracion (1).

Frente a la iniciativa borbonica de 1776 para incrementar la autoridad paterna, el principio legal al que los matrimonios catolicos debian adherirse era el derecho canonico. En el Concilio de Trento se consagro la necesidad de acceder al matrimonio libremente y la imposibilidad de vetarlo sin razon justificada. Frente a la tendencia observada en el despotismo ilustrado, los tribunales eclesiasticos fueron a lo largo de los siglos XVII y XVIII los principales valedores de este principio de libertad de matrimonio (2).

Es importante senalar, en primer lugar, que la tension entre matrimonio libre y matrimonio tutelado por la familia no desembocaba en un conflicto permanente. En la mayoria de las ocasiones se trataba de un juego de estrategias en el que cada parte planteaba sus prioridades y jugaba sus bazas para obtener el mejor resultado posible. A este respecto, las estrategias familiares reflejadas en los pleitos por esponsales, estupro o los casos de secuestro y manifestacion que nos ocupan deben entenderse como solo una porcion de los conflictos en el camino al matrimonio, por regla general resueltos mediante pactos infrajudiciales (3).

En cuanto a la resolucion de conflictos en el camino al matrimonio, la historiografia italiana de las dos ultimas decadas ha realizado importantes aportaciones al estudio de los aspectos conflictivos de la vida familiar <<interpretandolos no como desviaciones, sino como parte integrante de la experiencia vital>> (4). Los estudios realizados por esta escuela se han centrado en la abundante documentacion procesal eclesiastica de las diocesis italianas como fuente principal. En dichos procesos quedaron reflejadas estas tensiones familiares de las que la iglesia ejercia como arbitro preferente (5).

[FIGURE 1 OMITTED] (6)

A lo largo de este articulo, se profundiza en los procesos legales de secuestro y manifestacion. Dos recursos mediante los cuales una pareja podia imponer su proyecto matrimonial por encima de la opcion de sus familias en la diocesis de Zaragoza. El secuestro eclesiastico se trataba de un proceso vinculado a los tribunales diocesanos, mientras que la manifestacion era un procedimiento propio de los fueros de Aragon. Sus raices eran distintas, pero a la altura del siglo XVIII ambos eran utilizados con intensidad para dirimir conflictos sobre las estrategias matrimoniales. El fundamento justificativo de ambos estaba en ejercicio de la autoridad: se trataban de dos procedimientos mediante los cuales se podia extraer a un individuo de la tutela a la que estaba asignado y reubicarlo bajo la autoridad temporal de un poder mediador que determinase si se habia ejercido un abuso. En ambos casos, los tribunales actuaban ante la sospecha de presiones o compromisos forzosos. La principal diferencia estribaba en los limites que cada autoridad juzgaba oportunos para la autoridad paterna sobre los hijos.

2. LOS PROCESOS JUDICIALES DE SECUESTRO Y MANIFESTACION

Como principal adalid del libre albedrio, el tribunal diocesano de Zaragoza utilizo con intensidad el recurso de secuestro para extraer a mujeres solteras de sus casas a peticion de sus novios o de ellas mismas. El tribunal diocesano de Zaragoza cuenta con un total de 454 procesos por secuestro desarrollados a lo largo del siglo XVIII, la mayoria de los mismos dirigidos exclusivamente a apartar doncellas de sus hogares e interrogarlas sobre cual era su deseo. Los ligamenes en los que se organizaban estos secuestros no estan completos, por lo que es probable que hubiese mas casos de secuestros. Dado que no contamos con un registro completo, no hay forma de saber con exactitud los numeros totales, pero si podemos certificar la importancia reconocida a los mismos tanto por la cantidad de procesos conservados como por la falta de reclamaciones tras su ejecucion (7).

Originalmente, el acto de <<sequestro>> se trataba de un <<deposito judicial que se hace en un tercero de alguna alhaja litigiosa, hasta que se decida a quien pertenece>> (9). Se trataba por lo tanto de una mediacion en la que se retiraba al elemento de disputa, en estos casos la mujer y se disponia un tribunal que decidiese bajo que autoridad debia ser ubicado. La unica referencia especifica al respecto en el derecho canonico se encuentra en una interseccion entre el Decreto de Graciano sobre la promesa de esponsales y el Matrimonium initiatum (10) y de la acepcion <<De las acciones y excepciones>> que especificaba lo siguiente:
   Aquel que hace ver al menos con argumentos probables que tiene
   derecho sobre una cosa que esta en poder de otro, y que puede
   ocasionarsele un dano si no se pone bajo custodia, tiene derecho a
   obtener del juez el secuestro de la misma cosa (11).


Es importante distinguir el proceso de secuestro del rapto. El rapto de doncellas estaba penado dentro y fuera de Aragon. Las ordinaciones y cartas pueblas hacian referencia a las raptadas como extraidas contra su voluntad, esto podia ser o no cierto pero se basaba en que el acto era ilegal (12). Los padres que reclamaban la manifestacion de sus hijas solian declarar que habian sido raptadas o al menos enganadas. Salvo en estos casos, el argumento predominante era que existia compromiso entre la pareja y, por tanto, lo legal era ratificar su matrimonio (13).

El proceso de secuestro era senalado en el Diccionario de Autoridades como un recurso <<poco utilizado>>. Los datos recogidos en la diocesis de Zaragoza indican no obstante que fue un recurso habitual a finales del Antiguo Regimen. Estas extracciones se realizaban a peticion de las muchachas o en casos especiales de sus prometidos. En 1800, Las Instituciones del derecho publico general de Espana con noticia particular de Cataluna hacian especial referencia al <<secuestro o deposito de las doncellas>>. Las Reales Cedulas del 17 de junio de 1784 y del 1 de febrero de 1785 establecian que los jueces eclesiasticos no podian consentir las extracciones, y depositos de las hijas de familia, sin noticia y consentimiento de sus padres, y tutores. Por otra parte, las reales cedulas del 23 de octubre de 1785 y del 18 de septiembre de 1788 especificaban que <<los depositos de las hijas de familias, que se hacen por opresion, y para explorar la libertad, se expidan por el juez>> (14). La regulacion de estos procesos estaba directamente vinculada a los tribunales diocesanos independientes del poder real. Existen muy pocos estudios sobre la presencia de procesos de secuestro en los tribunales diocesanos, muchos de ellos en un contexto mas amplio de analisis de la actividad legal de los mismos (15).

La frecuencia y el relativamente bajo coste del procedimiento convirtio el proceso de secuestro en una potente herramienta de libertad para los jovenes comprometidos. En el lado opuesto, el proceso de manifestacion se originaba en el codigo foral aragones, que en el siglo XVIII era administrado desde los corregimientos y la Audiencia. La vision del matrimonio como un proceso mucho mas vinculado a la autoridad familiar que a la libertad condujo a que las manifestaciones, con un planteamiento legal similar a los secuestros, funcionasen mejor como instrumentos para hacer prevalecer las estrategias familiares sobre la voluntad de los hijos. De los 136 casos de manifestacion analizados, la gran mayoria eran de disputas entre padres e hijos y muchos se saldaban con la devolucion de los manifestados a la casa de sus padres.

Los unicos procesos de manifestacion en los que las doncellas eran extraidas de la autoridad de sus padres por haberles impedido su matrimonio son los definidos como <<Manifestacion de la propia persona contra su familia>>. En comparacion con el proceso de secuestro, se trataba de un recurso mucho menos utilizado por los hijos. La manifestacion dependia de la Audiencia, es decir que no se basaba en el concepto de libre albedrio para determinar la formacion de matrimonios. Los distintos principios juridicos con los que cada autoridad interpretaba el concepto de familia y de sociedad podian cambiar radicalmente el resultado de las acciones judiciales (17).

El proceso de manifestacion por su parte era llevado desde los Decretos de Nueva Planta por la Audiencia de Zaragoza, podia funcionar de una forma similar al secuestro y obtener los mismos resultados (18). El papel mas importante y conocido del proceso de manifestacion aragones habia sido el de proteger a reos aragoneses de detenciones arbitrarias o juicios que no respetasen las garantias forales (19). Tras 1707, la potestad de ejercer la manifestacion paso a las instituciones reales y logicamente su funcionamiento se reoriento a actuar contra las autoridades exentas del poder real. El respeto a las libertades forales seguia siendo importante en Aragon, pues Felipe V habia mantenido intacto el codigo civil. En virtud a este privilegio, los regnicolas podian reclamar manifestacion ante la sospecha de que se estaban violando sus derechos enunciandolo de la siguiente forma:
   Que mi parte se encuentra en poder de personas privadas que la
   oprimen y hacen violencia en su persona y en todas sus acciones y a
   fin de estar en la libertad que por fuero del presente reino le es
   debida. Por tanto a Vuestra Merced pido y suplico proveanla el
   presente apellido de manifestacion y en su virtud se sirva mandar
   que, por los ministros a quien toca, se haga de manifiesto la
   persona de mi parte y manifestada en poder y manos de vuestra
   merced se mande en todo lo prevenido por fuero (20).


En lo que respecta a su evolucion. Los procesos de secuestro y manifestacion siguieron a grandes rasgos la misma evolucion que el resto de pleitos familiares dirimidos en el mismo espacio geografico o en regiones similares: la conflictividad familiar experimento un ascenso a lo largo del siglo.

La creciente conflictividad social provocada por cuestiones matrimoniales quedo reflejada en los procesos judiciales; pero tambien en otras fuentes como el teatro neoclasico, la prensa de la epoca y muy especialmente las quejas de los moralistas que hablaban de la relajacion de las costumbres que regian la formacion de matrimonios y el comportamiento de las mujeres (22). Como los alarmados autores advertian, el siglo XVIII presencio un incremento de estos procesos de secuestro y manifestacion en los que se enfrentaban padres contra hijos o se reclamaba matrimonio a quien los habia prometido para despues desaparecer (23). Del mismo modo, el siglo XVIII tambien se caracterizo por un incremento de las nociones de individualismo que condujeron a que las parejas se rebelasen con mayor frecuencia a las estrategias matrimoniales impuestas.

La cantidad de pleitos por manifestacion que acogio la Audiencia de Zaragoza sobre conflictos entre padres e hijos fue notablemente inferior a los que fueron recogidos por motivos similares en el tribunal de la Archidiocesis de Zaragoza. Hay que hacer al respecto dos apreciaciones sobre la importancia de la manifestacion. En primer lugar, era un proceso que podia iniciarse en cada localidad aragonesa bajo la autoridad del alcalde o del corregidor, por lo que a dia de hoy resulta imposible conocer la importancia real de este recurso. En segundo lugar, abundante o no, este proceso habia dejado una profunda huella en la cultura aragonesa, pues la mayoria de los casos de secuestro de doncella o extraccion de una esposa de su hogar eran denominados por testigos y litigantes <<manifestacion>>, independientemente de la autoridad de la que dependiesen.

3. SECUESTRO Y MANIFESTACION EN EL CONTEXTO DE LA CONFLICTIVIDAD FAMILIAR

Frente a la vision tradicional de la sociedad del Antiguo Regimen como un mundo estatico, la conflictividad que podia generar en la comunidad algo tan cotidiano como un matrimonio refleja una situacion no de ruptura pero si de tension entre intereses en las que cada parte tendria que ceder posiciones (24). El secuestro y la manifestacion constituian elementos de poder para reclamar la autoridad sobre un familiar o sobre uno mismo, pero siempre de acuerdo a unos principios socialmente aceptables. Posiciones en principio muy fiables como la autoridad paterna para con los hijos quedaban atenuadas ante las acciones de secuestro que se justificaban con la arraigada accion de <<raptar de la novia>> (25). El secuestro amparaba este tipo de actuaciones siempre que fuesen conducidas por los representantes de la diocesis. De hecho, es probable que este proceso se estableciese como una forma de regularizar los raptos tradicionales. Para valorar la importancia de esta justificacion moral, veamos en primer lugar que ocurria cuando en lugar de recurrir a un secuestro oficial, la pareja optaba por soluciones algo menos ortodoxas.

En la primavera de 1773, los habitantes de la poblacion aragonesa de Cutanda presenciaron una crisis familiar que no por conocida resulto menos escandalosa. Un joven y bien posicionado labrador llamado Pedro Lazaro habia estado cortejando a una muchacha perteneciente a un honrado linaje del lugar. Esta familia, los Valero de Liria, eran una de las mas antiguas casas de Cutanda y ostentaban el titulo de hidalguia. Por su parte, la familia de Pedro Lazaro era reconocida como <<de labradores honrados>>, es decir: vecinos respetables pero no hijosdalgo. Debido a estas circunstancias, Don Jose Valero de Liria habia prohibido expresamente a su hija Josefa aceptar el <<trato y comunicacion>> que Pedro Lazaro la ofrecia (26). La diferencia de estatus social era considerada en principio un impedimento dirimente para contraer matrimonio, lo que daria la razon al padre. Esta situacion podria no haber ido mas alla de no ser porque, aquella manana en cuestion, Don Jose descubrio que su hija habia desaparecido de su cuarto y con ella casi la totalidad de sus muebles y ropas que debian formar parte del ajuar de la misma. No era dificil imaginar que habia ocurrido y quienes estaban implicados. Por desgracia para el hidalgo, el no seria el unico cutandino que conjeturaria al respecto (27). La discrecion con la que se habia llevado a cabo la salida de la muchacha sugeria que esta habia huido voluntariamente. No obstante, Jose Valero no dudo en denunciar que su hija habia sido sacada contra su voluntad por el varon que la habia estado rondando.

Aunque Valero de Liria movilizo al obispado y el corregimiento, no fueron sus hombres quienes trajeron noticias de su hija a la familia, sino el propio parroco de Cutanda que se confeso complice del secuestro. De acuerdo con su propia declaracion, este sacerdote y reconocido casamentero habia ejercido como mediador entre la pareja y sabia que habia sido de los jovenes. Utilizando al sacerdote como intermediario, el novio y raptor Pedro Lazaro hizo saber al tribunal la ubicacion de la muchacha y sus razones para raptarla:
   Que teniendo firme palabra de matrimonio dada con la dicha Josepha
   Valero que se hallaba impedida en casa de sus padres (...) y pasada
   la media noche, poco mas o menos. Para su extraccion solo se hallo
   el contrayente; que estuvo en el corral de la casa hasta que ella
   abrio el ventano y saco algun tanto de mueble; y despues cargaron
   ambos lo movible y se fueron solos mano a mano hasta un rio que hay
   fuera de este lugar en donde se reunieron con un hermano del
   contrayente (...) Y luego caminaron para el lugar de Collados,
   solos los tres (...) y habiendose llegado a dicho pueblo la
   llevaron a casa del Alcalde sin preceder testigos ni persona alguna
   de autoridad que solemnizase el acto (28).


Aquella misma noche, Josefa Valero quedo bajo la vigilancia de la esposa del alcalde de Collados. La doncella tambien se apresuro a declarar en un intento de apaciguar a sus padres que <<su animo ha sido y es con intencion de contraer matrimonio con Pedro Lazaro, que no hubo violencia ni engano sino nacido todo de su plena y espontanea voluntad>> (29). Posteriores declaraciones de Josefa Valero ratificaban que ella habia aceptado el rapto e incluso que lo habia promovido. La doncella habia rechazado los planes que su padre habia preparado para ella y en vista de su insistencia, Josefa se aseguro de ser secuestrada. Como mujer, no podia secuestrarse a si misma, pero fue su intervencion lo que permitio el exito del proyecto (30).

La espontanea voluntad de la pareja no era suficiente como para justificar una fuga del hogar. Ambos defendian que no habian hecho nada inmoral: eran jovenes adultos, en edad adecuada para el matrimonio, tenian el beneplacito de su parroco y la obstruccion puesta por el padre de ella era, segun su punto de vista, injustificada. Es cierto que en estas circunstancias, el secuestro de la doncella era una opcion valida; el error fue realizarlo sin la debida autorizacion del tribunal y aun peor: con nocturnidad y alevosia.

El caso expuesto se trataba de un hecho cotidiano y a la vez excepcional. La reclamacion que hacian los jovenes de Cutanda, por mas que ilegal, era moralmente aceptable: Josefa Valero denunciaba que su padre ejercia sobre ella una autoridad que habia desaparecido en el momento en el que ella se habia prometido a su futuro marido. La moral popular daba por sentado que un padre no solo podia, sino que debia controlar los planes matrimoniales de sus hijos; pero negar un matrimonio aceptable a una doncella con la edad adecuada y un pretendiente aceptable resultaba lo bastante transgresor como para que el tribunal eclesiastico o la Audiencia decidiera actuar. Ante una demanda, la autoridad en cuestion procedia a retirar a la muchacha de la autoridad familiar para determinar en primer lugar si era libre de ejercer su voluntad; y en caso de serlo, que declarase sin presiones y en lugar seguro cual era dicha voluntad.

Para comprender este concepto aplicado a la libertad de matrimonio, pongamos por ejemplo una guia moral sobre como actuar en estos casos. El manual para confesores publicado en 1706 por Fray Francisco Larraga exponia firmemente la importancia de obedecer a los padres y tutores por el bien del alma y de la comunidad: <<Si queriendose casar, no se casa con quien quiere el padre que con mas maduro consejo y experiencia conoce las cosas>>31. Sin embargo, el propio sacerdote matiza esta regla cuando las ordenes paternas fuesen contra la moralidad de la iglesia, especialmente en cuestiones de matrimonio. Segun estas nociones morales:
   (...) se ha de considerar si hay o no justa causa para dejar de
   obedecer al padre, porque si la mujer que quiere dar el padre al
   hijo aunque sea rica es de familia desigual o inferior o es
   enferma, fea, fatua o vieja no peca el hijo no obedeciendo al padre
   (32).


En cuestion a las reglas expuestas por el Padre Larraga: no sabemos si Josefa Valero era fea o una beldad. Lo que es seguro, es que no mediaba parentesco entre ella y su pretendiente, la edad de ambos era similar y nadie les habia obligado a prometerse. Por otra parte, mediaba una cierta desigualdad en su posicion social tal y como tuvo que reconocer el mismo parroco que les animo a realizar el secuestro de forma ilegal:
   En cuanto a lo expuesto en el memorial de la disparidad, debo decir
   a usted que sin quietar nada en su linea, al honor de facultativos
   del contrayente y su padre, es cierto e innegable no llegar al
   realce y lauro de los Valeros de Liria, por hallarse en su dia
   emparentados y enlazados con las mas distinguidas familias de las
   comunidades de Teruel y Daroca, cuyos antecesores han obtenido los
   honorificos puestos y empleos, de recetores y diputados con los que
   han gobernado ambas comunidades y siempre han conservado aquel
   lustre que les compete por su sangre (33).


Aunque en el pleito no se llego a especificar, la desigualdad podria ser la razon por la que Pedro Lazaro opto por el secuestro ilegal en lugar de recurrir a los tribunales eclesiasticos o a la Audiencia de Zaragoza. En este caso, el honrado don Valero de Liria tenia autoridad para reclamar la devolucion de su hija.

En contraste con este extrano caso, la mayoria de los procesos recogidos en la Audiencia de Zaragoza y los tribunales eclesiasticos sugieren que cuando habia pruebas evidentes de fuerza, los procesos legales de secuestro e incluso el de manifestacion funcionaban con efectividad como resortes legales para extraer a una mujer del lugar donde su libertad personal estuviese siendo coartada. Habia muchas razones por las que el descarriado secuestro que ejecuto Pedro Lazaro merecia como minimo la reprobacion de la comunidad; pero sin duda la principal era que, en lugar de recurrir a un notario cualificado, el habia tomado parte activa en la extraccion de la doncella.

4. SECUESTRO BUENO, SECUESTRO MALO: UNA CUESTION DE RECATO

El caso de Josefa Valero constituye una excepcionalidad en los procesos por secuestro, se parece mas a los casos en los que los padres recurrian a la manifestacion para hacer que sus hijos volviesen a casa. Los procesos de secuestros o manifestacion tenian que ser enunciados como un acto de agresion contra la libertad del individuo a secuestrar, ya fuese contra su libre albedrio o sus derechos forales. La retencion forzosa era un acto muy subjetivo. El libro del padre Larraga era un manual para confesores, los libros dirigidos a educar a la moral popular eran mucho mas estrictos en cuanto a la autoridad paterna, dando por hecho que obedecer a los padres era lo virtuoso a priori. Un principio que se aplicaba tanto en los manuales didacticos como en el teatro e incluso la escritura satirica (34).

Una razon de peso para inmiscuirse en la autoridad paterna era imprescindible para este tipo de actos se considerasen justificables. No se trataba solamente de una cuestion legal. Por supuesto, las autoridades judiciales no actuarian sin la sospecha de un acto contra su ley de referencia, pero tambien era necesario que la transgresion fuese evidente a ojos de la comunidad. La intervencion de funcionarios eclesiasticos o del reino era una forma de demostrar que la salida del hogar familiar se debia a una razon legitima, pero en ocasiones esto no bastaba para satisfacer los rumores de la comunidad (35). Los testimonios favorables de parte de una autoridad local como el parroco eran una forma de asegurar la justificacion del secuestro. Incluso en casos como el de Cutanda en el que la extraccion de la novia se habia llevado a cabo sin la mediacion de las autoridades. Finalmente, en situaciones muy graves en las que los escandalos familiares habian trascendido de la esfera privada, los papeles se invertian y tanto vecinos como autoridades apoyaban la extraccion legal de las hijas o las mujeres antes de que las actitudes violentas de sus familias terminasen en una desgracia. Esta situacion era muy frecuente en los casos en los que una mujer casada solicitaba ser extraida de su hogar por riesgo a que las acciones de su marido terminasen por costarle la vida. Toda la comunidad solia estar al tanto del riesgo que suponia un matrimonio conflictivo, por lo que no era dificil encontrar testigos que apoyasen su version como en el siguiente caso ocurrido en Zaragoza:
   Hara cinco meses poco mas o menos que la dicha Manuela Vubia
   contrajo su segundo matrimonio con el dicho Jose Casanova y han
   sido marido y mujer (...). Debe saber sin embargo que el dicho Jose
   Casanova llevado de su mal genio, despues de haber contraido dicho
   matrimonio ha maltratado e injuriado a la dicha de obras y palabras
   tratandola con palabras indecentes que expresan los testigos en
   desdecoro de su estimacion y reputacion y aun cogiendo espada
   contra la susodicha y echandole amenazas de manera que ha estado y
   esta muy a riesgo de la vida de Manuela (36).


En otras ocasiones, eran los padres y no los maridos los que actuaban con violencia. Los resultados eran practicamente los mismos: si el escandalo llegaba a manos del tribunal, era facil que aprobasen un secuestro preventivo hasta determinar si se trataba realmente de un acto de fuerza. El caso mas extremo fue el de Joaquina Genzor, una doncella noble de Celsa que se habia comprometido con Matias Salvatierra, boticario de Zaragoza. Dada la diferencia estamental entre la pareja, el padre de Joaquina reacciono con violencia al saber que la pareja se habia comprometido. Matias se habia desplazado a Zaragoza para solicitar el secuestro donde, a modo de prueba, presento al tribunal una carta enviada por su padre relatando los ultimos acontecimientos de Celsa:
   Hijo mio, (...) !Que terremotos en casa de Valentin con que sobre
   haberle encontrado a Joaquina el paquete que tendia enfardetado!
   !Que castigos tan inhumanos que ponerle al pecho de punta una
   espada y una pistola y levantadas las grenas para matarla! !Que
   voces la pobrecita daba pidiendo favor al cielo y a su madrastra y
   el con voces descompasadas! (...) A toque de misa mayor oimos tu
   madre y yo como lloraba y que pudo Felix Almozin (el alcalde de
   Celsa) quitarle la accion, pues fue avisado para eso (...) y aun la
   pobrecita a todo esto se mantuvo firme, sin querer declararle nada
   a su padre teniendola encerrada en una alcobita que tiene en la
   sala (37).


La veracidad de los hechos relatados en la carta por Jose Salvatierra fue certificada posteriormente por el parroco y el alcalde de la localidad. El tribunal diocesano no espero a obtener la confirmacion y ordeno el secuestro preventivo de Joaquina Genzor. El caso expuesto por Matias Salvatierra corresponde a grandes rasgos a las situaciones descritas en la mayoria de los procesos de secuestro. Las protagonistas eran en todos los casos mujeres solteras comprometidas con un varon al que sus familias no aprobaban. No se daban casos de varones extraidos de sus hogares mediante una autoridad ajena si no era para encausarlos por un delito.

Existen algunos casos minoritarios de manifestacion en los que se extraia a varones solteros de sus casas para obligarles a cumplir sus promesas de matrimonio o evitar que las cumpliesen. Lo normal de todos modos era que fuesen las mujeres las que lo solicitasen. No existe una razon legal especifica para esta discriminacion. Probablemente se deba a que se consideraba a los varones mucho mas independientes que las mujeres para elegir a la esposa adecuada. La literatura moral dieciochesca seguia considerando a las mujeres menos capacitadas que los hombres para escoger a un marido adecuado (38). En realidad, esta acepcion no era totalmente cierta a juzgar por los casos en los que constan muy efectivas presiones de los padres sobre sus hijos para que aceptasen contraer matrimonio de acuerdo a sus estrategias familiares (39). Es tambien probable que fuese considerado una verguenza por parte de los hombres tener que recurrir a una autoridad ajena para enfrentarse con sus padres.

El siglo XVIII comenzo a dar senales de un ascenso del individualismo en detrimento de la organizacion familiar. La organizacion tradicional de las familias estaba lejos de desaparecer, sin embargo varios autores han ratificado que los deseos personales o el sentimiento amoroso comenzaron a crecer como razon legitima para contraer matrimonio, asi como la apreciacion de las mujeres como sujeto publico (40). La Ilustracion presencio la siembra del cambio social que se manifesto plenamente decadas o incluso siglos mas tarde; en lo que al XVIII se refiere, la formacion de matrimonios siguio siendo un asunto estrictamente familiar en el que las familias solo cedian la autoridad sobre sus hijas tras evaluar al pretendiente. El acto en el que se iniciaba de forma efectiva esta cesion de la autoridad del padre al futuro marido era el acto de esponsales, un proceso que no preveia en ningun momento la emancipacion de la hija, pues esta pasaba de una autoridad a otra. El rapto de la novia o peor aun su fuga del hogar familiar suponia una transgresion al permitir que esta actuase sin supervision.

El secuestro y la manifestacion se trataban de una solucion intermedia. Asumiendo la necesidad de una remocion, los tribunales buscaban garantizar las libertades de los regnicolas minimizando los danos contra la jerarquia social establecida. Perder la autoridad sobre una hija o una esposa no era gratificante, pero si se hacia en favor de una autoridad superior el dano a la honra familiar era mucho menor. Las escasas denuncias por raptos ilegales o fugas del hogar como la de Josefa Valero sugiere que el secuestro regularizado por el tribunal eclesiastico se trataba de un proceso habitual y conocido por la comunidad. Existen algunos registros menores sobre procesos de secuestro y manifestacion de mujeres solteras en los siglos XVI y XVII, no obstante su volumen es mucho menor. Es probable que los registros de siglos anteriores esten incompletos, no obstante se puede observar un importante incremento de este recurso desde finales del siglo XVII para alcanzar su zenit a mediados del siglo XVIII, cuando la autoridad real comenzo a reaccionar en favor de la autoridad paterna.

La opinion popular era favorable al ejercicio de la Patria Potestas. A cambio, se daba por sentado que los padres se esforzarian en casar adecuadamente a sus hijos. Sin embargo los padres, como bien sabian los expertos, no siempre buscaban el bien de sus hijos. En ocasiones, las familias establecian matrimonios pensando mas en las alianzas y las ventajas economicas frente al deseo de sus descendientes. Como se reconocio en la Real Pragmatica de 1776, los familiares podian forzar un matrimonio inadecuado pensando solo en sus intereses particulares: <<Y asi contra el irracional disenso de los padres, abuelos, parientes, tutores o curadores, en los casos (...) debe haber y admitirse libremente recurso sumario a la Justicia Real Ordinaria>> (41).

Para evitar que los padres cometiesen una injusticia y partiendo de que este acto siempre resultaria escandaloso, el proceso legal de secuestro buscaba realizar una mediacion de la forma menos transgresora posible. No se trataba simplemente de una remocion para poner en libertad a alguien, sino de una custodia temporal hasta que el tribunal decidia bajo que autoridad debia ubicarse el secuestrado. El objetivo final era que el secuestro llevado a cabo por el tribunal eclesiastico tuviese el mismo efecto que el ritual socialmente aceptable de <<rapto de la novia>>.

Los pleitos de secuestro y manifestacion tenian que empezar necesariamente con una denuncia. La mayor parte de los procesos de remocion de mujer soltera para contraer matrimonio eran las propias mujeres las que reclamaban ser extraidas de su hogar. Su reclamacion hacia constar que se encontraban <<oprimidas y sin poder ejercer su natural libertad>>. Que las denunciantes pudiesen personare ante el tribunal o incluso que pudiesen contar con la presencia de un abogado causidico indica que su opresion era mas simbolica que efectiva. La autoridad paterna era un principio a respetar pasase lo que pasase. En la mayoria de los casos, bastaba la prohibicion verbal de un matrimonio para que una mujer necesitase la intervencion de la autoridad judicial. Aunque no la tuviesen fisicamente retenida, cualquier otra alternativa como huir de la casa seria arriesgar su reputacion y la de su familia.

El formato de la denuncia presentada para obtener la remocion del hogar familiar variaba segun el caso. El comun denominador de secuestros y manifestaciones de mujeres solteras era expresar la existencia de dos elementos: un abuso de autoridad sobre las mujeres realizado por sus familias y la existencia de una promesa matrimonial que inhabilitaba la autoridad del padre como en el siguiente ejemplo.
   Que tengo dada palabra y promesa a Yldefonso Bagues del lugar de
   Lecinena, (...), pero mi padre y parientes torciendo mi voluntad lo
   han de embarazar y estorbar por cuantos caminos y modos les sea
   posible y quieren que no contraiga matrimonio (...) ratifico
   mediante este instrumento de poder y dandole fuerza de esponsales
   (que) quiero ser mujer y esposa legitima de dicho Yldefonso Bagues
   de modo que de mi buen grado y cierta ciencia, no seducida ni
   enganada, es de mi espontanea voluntad les constituyo y nombro en
   procuradores mios legitimos a todos juntos. (...) Y que pidan (al
   arzobispado) con la calidad sobredicha (que) me secuestre y
   secuestrada y se me lleve a la parte y puesto donde yo pueda
   libremente explicar mi voluntad y efectuar dicho matrimonio (42).


Como puede observarse, no era necesario alegar peligro de muerte o encierro fisico. Hacer constar que la mujer estaba comprometida y que sus familiares estaban obstruyendo el enlace era suficiente. Lo expuesto arriba es un caso ejemplar de como lograr el beneplacito de la autoridad eclesiastica. La clave para comprender este resorte esta en la concepcion del genero femenino. Era impensable extraer a una mujer del hogar sin que contase con un plan de futuro en firme que justificase su salida o dicho de otro modo: no se podia dejar de ser hija si no era para empezar a ser esposa. Al reconocer su compromiso de esponsales, la denunciante Joaquina Sieso hacia constar que en el momento que dio su palabra de matrimonio habia pasado a estar bajo la autoridad de su marido y que su padre no tenia derecho a retenerla en el hogar sin una razon de peso.

La unica razon de peso factible era que el matrimonio proyectado por la pareja no fuese valido de alguna forma y por lo tanto la doncella siguiese bajo la autoridad de su padre. La mayor parte de los secuestros no recogen una oposicion clara por parte de los padres. Solo en los casos en los que el secuestro se habia llevado a cabo de forma irregular estos presentaban una reclamacion. Los pleitos por manifestacion resultan mucho mas ilustrativos; por una parte, los jueces de la audiencia solian facilitar a los cabezas de familia la presentacion de alegaciones y por otra parte, muchos procesos eran iniciados por los propios padres para reclamar la vuelta al hogar de sus hijos.

En la misma linea que llevaba a los padres a recluir a sus hijas, tambien podian alegar tras los secuestros que sus hijas habian sido enganadas para comprometerse y salir del hogar familiar. El siguiente ejemplo constituye el enunciado mas habitual en las solicitudes de manifestacion de una hija profuga:
   Teniendola en su casa y compania algunas personas injustamente
   algunas personas la han arrebatado de ella y llevandola consigo con
   ignorancia y aun contra su voluntad y la tienen oprimida y sin
   libertad que enteramente la embarazan en usar por su derecho, razon
   por la cual pide que mediante manifestacion se la restituya en su
   hogar (43).


Referirse a la ignorancia de las hijas era la mejor baza para conseguir que el tribunal de la Audiencia aprobase realizar una manifestacion sin tener que decir que se habia fugado de casa. Alegar que una mujer habia quedado fuera de la autoridad que le correspondia justificaba una intervencion que incluso podia anular otra manifestacion realizada por una autoridad menor, por ejemplo bajo la de un corregidor.

Para evitar dudas sobre la legitimidad de secuestros y manifestaciones, los funcionarios debian ser muy escrupulosos en cuanto al ritual de extraccion y en el lugar donde se depositaba a la doncella. El ritual de extraccion pretendia asegurar que la contrayente no era coartada en su casa, pero si era trasladada por su novio, o este se aproximaba siquiera a ella, habria dudas razonables sobre su neutralidad. La posibilidad de que una mujer tuviese la entereza suficiente como para resistir presiones de su padre o su pareja ni se planteaba. La indefension asimilada del sexo femenino era una baza importante para garantizar la efectiva libertad de matrimonio de una mujer, pues las autoridades pondrian todos los medios necesarios para mantenerla lejos de cualquier influencia hasta emitir sentencia. Las acciones de las secuestradas nos llevan a considerar que la indefension de la mujer no era tanto la actitud real de estas secuestradas como la proyeccion que las autoridades realizaban sobre ellas para evitar que cundiera el ejemplo (44).

Una vez aceptado el alegato de la parte reclamante, el proceso de remocion era llevado a cabo por el funcionario del tribunal competente. Para los casos de manifestacion, la Audiencia de Zaragoza enviaba al portero de la Audiencia junto a un notario que diese fe del acto. Si la manifestacion se realizaba desde los corregimientos, era el propio corregidor o el alcalde quien la llevaba a cabo. Los procesos de secuestro eran realizados por un nuncio enviado por el tribunal eclesiastico. El comun denominador de estos enviados era que la presencia de un notario se hacia siempre imprescindible. Ademas, la extraccion tenia que ser presenciada por dos testigos normalmente elegidos por el tribunal. El objetivo de todo el ritual era la publicidad del caso para evitar dudas sobre su validez, la comunidad debia enterarse de que la mujer habia abandonado legalmente su casa y la tutela de su padre, por lo tanto no habia razon alguna para ser discretos.

La actitud de los padres o la condicion de las mujeres podia conducir en ocasiones a que la remocion no fuese precisamente discreta. La amenaza de problemas podia llevar al notario a solicitar al alcalde la compania de las fuerzas del orden. En otros casos, alguna muchacha enferma o con una posicion social relevante exigia ser extraida en un carruaje para su mayor recato. Este fue por ejemplo el caso de la manifestacion de dona Vicenta de la Cerda, doncella noble de la ciudad de Zaragoza, quien decia haber enfermado porque <<le impiden el uso de la libertad natural en cosas licitas y honestas en grave dano suyo y aun con peligro instante y proximo de la vida>> (45). A juicio del medico que asistia a Vicenta de la Cerda, la presion familiar habia provocado efectivamente algun tipo de trastorno. En consecuencia, el tribunal acepto que se llevase a cabo el secuestro bajo ciertas condiciones especiales:
   Mando a un criado suyo condujese a su cuarto a dicho alguacil
   acompanado por mi el notario infrascripto y llegando a uno de los
   interiores de dichas casas hallamos a la mencionada dona Vicenta
   echada sobre la cama, vestida y preguntandole a presencia de don
   Antonio Aguirre, medico que la asistia si con efecto como lo tenia
   pedido queria que se la manifestara respondio inmediatamente que si
   y levantandose de la cama la condujo el alguacil a presencia del
   nominado su padre Don Vicente la Cerda y volviendole a preguntar
   ante el si queria ser manifestada respondio que si (...) y expuso
   que bien podia el alguacil comisionado desde luego usar de sus
   facultados y llevarse a su hija manifestada (...) Acto continui, el
   referido alguacil, en un coche que habia prevenido para ello
   acompanado de mi, el infrascripto y de los testigos abajo nombrados
   y aun de Don Antonio Aguirre medico que asistia a la dicha Dona
   Vicenta que expreso (...) que estaba en disposicion de poderla
   remover y llevarla a donde quisiese (46).


El desfile de funcionarios, testigos y medicos que entraron en tan noble casa y salieron con la muchacha fue soportado con entereza por el padre de esta. Lo que no pudo tolerar Don Vicente fue que el representante del tribunal volviese a entrar en su casa a buscar una serie de vestidos y muebles de los que dama de tan alta alcurnia no podia prescindir. En efecto, a los pocos dias se envio a otro escribano del tribunal acompanado de una criada para recoger estos enseres que solicito a la madre:
   Dijo esta senora que iba a consultarlo con su marido que esperase
   un poco (...) tras lo cual salio el dicho padre con unos criados y
   empezo a insultarme diciendo que era un salvaje el dicho escribano
   y que su casa no era la de ningun zapatero y dijo que habia de
   plantarme en un castillo (presidio) (47).


La reaccion de Don Vicente de la Cerda nos permite ilustrar el problema: su furia no se debia tanto a que la accion del tribunal fuese ilegal, sino al hecho de que la forma de hacerlo menoscababa la honra de su familia; efectivamente, como si fuera un zapatero. Por lo demas, el caballero no mostro mayores problemas y acato la remocion de su hija que habia sido llevada a cabo siguiendo el mejor procedimiento y guardando el debido recato.

El rito de cortejo constaba de una serie de pasos muy bien definidos para resguardar el honor de los contrayentes y hacia publico el proyecto ante la muy cacareada inconstancia masculina (48). El secuestro tambien debia seguir unos pasos muy rigurosos, ya que el riesgo al deshonor era mas alto. El procedimiento de remocion incluia la entrada efectiva de los funcionarios en el hogar para sacar a la mujer solicitante, la interrogacion de la misma en presencia de sus padres para que no hubiese dudas y la toma de su mano derecha para guiarla fuera de la casa. La entrada en el hogar, asi como el papel totalmente pasivo del padre en este proceso sugiere que no era un plato de buen gusto, aunque no tanto como que una hija huyese por la ventana en mitad de la noche.

Los intentos de resistencia por parte de los padres de familia eran poco frecuentes en las manifestaciones y practicamente inexistentes en los secuestros. Las familias podian presentar un alegato ante el tribunal donde hacian constar su desacuerdo con el proceso iniciado, pero eran pocos los que se enfrentaban directamente con la autoridad. La razon era que en los casos en los que los padres daban voces contra los jueces o los notarios no lograban detener el proceso, pero si asegurarse de que toda la comunidad se enteraba de su posicion intransigente (49).

5. <<BIEN NECESARIO ES, EL GUARDAR A UNA MUJER>>

Si la extraccion era un asunto delicado, una vez la mujer habia salido de casa se planteaba un nuevo dilema para determinar donde ubicarla. El recato de una doncella exigia que se la situase en un lugar seguro donde no pudiera ser deshonrada por ningun hombre en general ni por su prometido en particular (50). Esta ubicacion segura y voluntaria debia estar ratificada tanto por el tribunal como por la mujer depositada. El proceso de remocion especificaba que el notario debia preguntar <<si era de su gusto el salir secuestrada>>, a lo cual la interpelada debia responder afirmativamente. Pasado un dia de su encomienda, los funcionarios volvian para interrogarla sobre <<si en la casa donde esta secuestrada tiene bastante libertad para explicar su animo y voluntad sin que haya persona que le persuada ni violente>>, a lo que la secuestrada debia responder en caso afirmativo: <<que esta en bastante libertad y que no quiere ni desea tener mas>> (51).

Una vez completada la remocion de la persona secuestrada o manifestada, las autoridades procedian a reubicarla temporalmente en un lugar neutral. Las mujeres secuestradas eran encomendadas a un tercero que tendria la mision de custodiar tanto a la persona como la honra de dicha mujer (52). En la mayoria de los casos, el traslado no implicaba un alejamiento de sus familias. Muy a menudo la casa de la encomienda estaba en su misma localidad o aun en su mismo barrio si se trataba de la ciudad de Zaragoza. El caso mas extremo fue el del secuestro Joaquina Echenique, doncella secuestrada por peticion propia, extraida de la casa de sus padres y depositada en una casa sita en la misma calle en la que vivia. Segun el registro del proceso, el nuncio eclesiastico Pedro Montero se dirigio la casa en cuestion, <<sita en esta ciudad y Calle nueva del Mercado donde habita dona Joaquina Echenique>> (53) y una vez realizado el ritual, <<en cumplimiento de lo sobredicho accedio esta y fue personalmente a las casas de la propia habitacion de Jose Arrieta y Feliciana del Buey, conyuges sitas en esta dicha ciudad y misma calle>>.

Por muy cerca que estuviesen las casas de los padres de Joaquina Echenique y de Jose Arrieta y su esposa, no consta que hubiese intromision en el proceso que termino en el matrimonio de Echenique con el hombre que ella misma habia elegido. El acto de deposito no tenia por lo tanto el objetivo de poner tierra de por medio, sino el de crear una barrera psicologica que impidiese a la familia ejercer su autoridad. El esfuerzo por obtener este efecto explica en parte el despliegue de poder que ejercian los notarios ejecutores convocando guardias, carruajes o traslados de bienes que enviaba un mensaje claro sobre su autoridad a la familia y sus vecinos.

Era importante que el estatus del lugar de acogida estuviese en consonancia con el de la persona secuestrada. Volviendo al caso de la manifestacion de Vicenta de la Cerda, la noble doncella no fue llevada como su padre parecia temer a la casa de un zapatero. En su lugar, el tribunal la ubico en la casa de un regidor de Zaragoza. Lo esencial no era lo alejada que quedase la mujer de su familia, sino lo honrado que fuese el lugar de acogida. Los registros raramente dejan noticia de la ubicacion exacta del lugar de deposito, en lugar de ello dan el nombre del amo de la casa y de la persona a la que se encomienda el cuidado de la mujer.

En los casos de mujeres maltratadas, era frecuente que el tribunal las devolviese al hogar familiar o a casa de un hermano que pudiera acogerlas. Si se confirmaba la separacion del matrimonio, era posible que la mujer se asentase permanentemente en la casa de su familia. En contraste, las doncellas comprometidas eran acogidas en casas de terceros solo durante unos pocos dias y muy raramente en casa de un familiar. Los casos analizados indican que lo mas frecuente era ubicar a las muchachas en casa de un vecino del lugar. Familias de confianza contra las que el padre de la secuestrada no pudiese presentar ninguna queja.

Como puede observarse en el diagrama, el objetivo era conducir a estas mujeres a hogares donde pudieran asegurar que estaria guardada por una familia, como minimo, tan honrada como la suya. Los raros casos en los que se permitia a una doncella permanecer en casa de un familiar cercano eran debidos a situaciones especiales. Se trataban de casos en los que, igual que habia ocurrido con dona Vicenta de la Cerda, los hermanos ya emancipados habian colaborado con sus hermanas para ayudarlas a salir del hogar familiar donde la vida se les hacia imposible (55).

Por norma general, el lugar ideal para ubicar a estas mujeres solteras era una casa honrada que contase con un padre de familia y una esposa o por lo menos una mujer honrada. La razon era que cada uno de ellos tenia un papel que cumplir como se puede observar analizando un acto de encomienda:
   Y despues de lo referido, actuo cuasi continuo dentro las casas de
   la habitacion de Juan Clemente Molinos y Maria Carbonell, conyuges
   sitos en la parroquia de la Magdalena y Plazuela de la Trinidad
   habiendo llegado a ellas el dicho Don Juan Noble, nuncio apostolico
   del tribunal (...) con la dicha Gracia Cebollero y en presencia del
   dicho Molinos, notario y en presencia de los testigos nombrados
   (...) dicho vicario encomendaba y encomendo a la dicha Maria
   Carbonell a la persona Gracia Cebollero para que la tenga en su
   poder, custodiada y cuidarla con obligacion de entregarla siempre
   que la audiencia lo requiriese (56).


La joven Gracia Cebollero fue trasladada desde su hogar, situado la calle del Barrio Curto en la Parroquia de San Pablo de Zaragoza, hasta la casa de Clemente Molinos, notario del tribunal de la Archidiocesis de Zaragoza y por lo tanto hombre de confianza del nuncio. Es llamativo que no sea al cabeza de familia al que se le confiase la custodia,

si no a su esposa. Como mujer honrada de una casa con buena fama, Maria Carbonell se podia hacer cargo de la muchacha sin que nadie sospechara o lanzara acusaciones contra su recato. Esta convencion permitia resguardar doncellas en otros lugares sin presencia masculina como conventos u hogares de viudas honradas.

El tandem que formaban esposas y maridos en estas encomiendas se trataba de hecho de un efectivo resorte de seguridad. Encomendar a estas secuestradas solamente a un varon facilitaba las cosas a cualquiera que quisiese sembrar sospechas sobre su honradez, no era dificil sugerir la pregunta: <<?Que hacia una muchacha soltera viviendo con un viudo o un solteron?>> (57). Otro tanto podria decirse de la situacion contraria. Refugiarse en casa de una viuda honrada era una opcion aceptable, pero bastante menos frecuente. La vision popular consideraba que, aunque la mujer fuese mejor custodio de la virginidad de un solteron, la presencia de un varon resultaba de gran ayuda para que la casa no pudiera ser violada por ninguno de los litigantes (58).

La preocupacion de que la casa de deposicion fuese honrada no era para menos, un secuestro mal realizado podia cancelar todo el proceso. Por otra parte, la pareja no era la unica interesada en que el acto fuese lo mas limpio posible. Una vez ejecutado y en una politica de hechos consumados, los padres tendian a aceptar esta jugada y, dentro de lo malo, debian asegurarse de que al menos el comportamiento de su hija no escandalizase mas de lo que ya lo habia hecho. Algo asi debio pensar Feliciana del Buey. Esta viuda de Zaragoza vio como el tribunal secuestraba a su hija y la depositaba en casa de un medico colegial de Zaragoza. Dicha viuda presento una queja al tribunal por la falta de recato. Segun su declaracion, los encomenderos de su hija habian cometido la mayor de las faltas:
   dijo y alego que por cuanto con orden y provision de dicho
   ilustrisimo se ha secuestrado a su hija (...) y por cuanto tiene
   noticias de que en dicha casa es vejada dicha su hija, imbuida y
   molestada por parte de Lamberto Campos, mancebo a cuya instancia ha
   sido secuestrada para que contraiga matrimonio y que este la veja a
   sabiendas de Francisco Larraz y Francisca Perez. Por ello suplica
   (...) que se haga remocion de su persona y se la deposite en la
   casa y compania que el vicario prefiera (59).


Ademas de apartar a la interesada de las presiones de sus padres, la encomienda debia evitar que la pareja se tomase la justicia por su mano. Los padres esperaban que los encomenderos asegurasen la reputacion de la muchacha. Muy raramente encontramos denuncias por parte de familiares que rechazasen el proceso en conjunto, lo mas habitual es que protestasen por alguna irregularidad particular.

Como era de esperar, Feliciana del Buey, madre de la secuestrada Josepha Xironza, aporto unos testigos que aseguraron haber visto a su prometido introducirse en la casa de este medico zaragozano, y a otros que anadieron ademas que el prometido tenia una estrecha relacion de amistad con los encomenderos. Las acusaciones de esta madre no se basaban tanto en que, segun ella, estuviesen forzando a su hija a contraer matrimonio como en <<lo publico y notorio que el hecho resulta y el escandalo que produce en el lugar estas entradas>> (60). Visitas aparte, la doncella ya habia declarado ante su madre que queria ser secuestrada cuando fueron a removerla y posteriormente habia repetido esta declaracion una vez protegida en casa del propio escribano para evitar dudas. Estas circunstancias pudieron facilmente llevar a Feliciana a asimilar cual seria el resultado mas probable del secuestro, por lo que en su alegacion se preocupo menos de recuperar la autoridad sobre su hija secuestrada y mas de que el secuestro se realizase con el recato adecuado.

En terminos generales, la remocion de la doncella a una casa honrada solia funcionar sin incidentes dignos de mencion. Una vez ejecutado el secuestro de las doncellas, el pleito tendia a resolverse en pocos dias. Segun el protocolo, nuncio y notario debian volver a la casa en dos ocasiones, dos dias distintos para hacer la misma pregunta a la muchacha sobre sus deseos: si contaba con suficiente libertad y cual era su voluntad ahora que nadie ejercia presion sobre ella. Si la respuesta era que queria contraer matrimonio, el tribunal pasaba a estudiar el estatus de cada uno de los futuros contrayentes para determinar si existia algun tipo de razon para impedir el matrimonio: consanguinidad, ausencia o, sobre todo desde 1776, una fuerte desigualdad de honra (61).

Esta pesquisa no solia alargar mucho el proceso si ambos contrayentes habitaban en la misma ciudad o localidades cercanas, como ocurria en la mayoria de los casos analizados. Tras la interrogacion, el proceso consistia en solicitar un certificado a sus respectivas parroquias sobre su nacimiento y su libertad para contraer matrimonio y en comprobar que no existia entre ambos un parentesco lo bastante cercano como para impedir el matrimonio. La consanguinidad no solia ser un problema, ya que la solicitud de dispensas se trataba de un proceso cotidiano. No obstante, contamos con varios secuestros que certificaban la necesidad de una dispensa. En la mayoria de los casos, la pareja ya habia solicitado o incluso recibido la dispensa en el momento de solicitar el secuestro por lo que las diocesis daban el visto bueno a la mayoria de estos matrimonios entre parientes (62).

El proceso de manifestacion seguia unos terminos similares en cuestion de remocion de doncellas y encomienda. No obstante, su interpretacion del matrimonio estaba mucho mas ligada al reconocimiento de la autoridad del cabeza de familia y en consecuencia era muy frecuente que el proceso fuese una herramienta en manos de los padres para detener el matrimonio de sus hijos. No hay que confundir la manifestacion con una extension de la Patria Potestas, en ningun momento solicitaban que su hija fuese detenida por desobediencia. En lugar de ello, se solicitaba que fuese rescatada de aquellos que la habian enganado, <<por su naturaleza debil y poco entendimiento>>. Esta peculiar interpretacion de la proteccion femenina llevaba a que en muchos casos las mujeres a extraer no estuvieran de acuerdo con la necesidad de ser protegidas. Este fue el caso de la manifestacion de Joaquina Santa Romana, doncella de Zaragoza. Como en otros casos, el portero de la Audiencia se dirigio a la casa en la que supuestamente estaba retenida para ponerla bajo custodia, o al menos intentarlo:
   Agustin San Juan, portero de la Real Audiencia paso con el notario
   Juan Laborda a manifestar a esta (...) y dijo que en su
   cumplimiento la manifestaba (...) para depositarla a orden del
   tribunal. A lo que esta respondio una y muchas veces (que) no
   queria salir de la casa y compania en que se hallaba, porque en
   ella estaba sin opresion y con entera libertad y que primero la
   habrian de llevar arrastrando desde donde estaba sentada o romperle
   las piernas que salir de alli y que si la tocaban se echaria por el
   balcon antes de moverse del cuarto (63).


Enfrentados a esta situacion de fuerza mayor, notario y portero optaron por replegarse y volver a la manana siguiente con los necesarios refuerzos para llevarse a la adolescente. Esta explosion de furia para evitar que la sacaran de casa de su prometido no era lo mas comun. Sin embargo, no hay duda de que Joaquina Santa Romana habia dejado su hogar sin engano alguno y estaba firmemente dispuesta a llevar a termino su propio proyecto vital.

El caso de Joaquina resulta excepcional dentro de las manifestaciones ordenadas por los padres. En la mayor parte de los casos los jovenes requeridos por la Audiencia tendian a aceptar la reclamacion de su padre, independientemente del sexo del manifestado. Se puede llegar a apreciar la importancia de la manifestacion al comprobar como en algunos casos llego a servir para extraer a un joven de la prision episcopal donde esperaba para ser procesado por abandonar a su prometida tras dejarla embarazada. La manifestacion de Francisco Antonio Torrijos realizada en 1789 fue la respuesta a una orden de secuestro expedida por el tribunal diocesano de Zaragoza. Si atendemos a la Figura 3, veremos como el secuestro de Torrijos se trata de uno de los 46 secuestros ordenados contra varones por incumplir una promesa matrimonial. En el caso de Torrijos, su prometida Manuela Jarreta habia solicitado su traslado a la prision episcopal con el siguiente argumento:
   Que bajo palabra de casamiento se conocieron carnalmente y tuvo
   como resultado quedar embarazada. (...) Ante gentes fidedignas
   dicho Torrijos resolvio el ratificar que se iba a casar con ella
   que es mujer honesta y recatada (...) Pero dicho Antonio se ha
   excusado y excusa a cumplir con dicha palabra dejando con poco
   temor de Dios expuesto y abandonado el honor de la suplicante (64).


Este caso expone un conflicto por estupro, tambien conocido como burla a raiz de las famosas hazanas de Don Juan Tenorio. Los pleitos por incumplimiento de esponsales son otro de los casos mas frecuentes recogidos en el tribunal diocesano de Zaragoza (65). Manuela Jarreta logro que el obispado ordenase el arresto del infractor. No obstante, la familia del mismo contraataco invocando una manifestacion alegando opresion y enfermedad:
   Se hallaba mi parte en dichas carceles de corte gravisimamente
   enfermo por las presiones que ha sufrido en las del citado tribunal
   eclesiastico y necesitando hacer constar su gravedad ante este por
   tanto le sirva mandar medicos colegiados para atender
   inmediatamente su estado (66).


La confrontacion del proceso de secuestro y manifestacion quedo, en este caso, en tablas. Antonio Torrijos acepto la manifestacion que le libero de la carcel, pero poco despues se presento ante la misma autoridad que lo habia secuestrado para pactar plegarse a las exigencias de Jarreta:
   Juro e igualmente se ratifica en ello Manuela Jarreta, actora de la
   demanda matrimonial y presente, que sea de este acto a fin de
   poderse verificar el matrimonio que ambos desean y usando de dichos
   poderes especiales me separo a nombre de mi parte de esta
   manifestacion consintiendo a la peticion de aquella (67).


Antonio Torrijos no realizo ninguna accion extravagante. Habia salido de la prision episcopal, pero su prometida tenia suficientes testimonios como para que el tribunal diocesano sentenciase su matrimonio. El acusado opto por adelantarse y acordar una declaracion conjunta con Manuela Jarreta en la que ponian fin al pleito y a los procesos de secuestro y manifestacion. En los pleitos por incumplimiento de esponsales era muy frecuente que las partes llegasen a un acuerdo que ahorraba tiempo, dinero y evitaba que su futuro fuese decidido por una autoridad ajena.

La manifestacion era, en ciertos casos, un recurso eficaz contra el secuestro; si se lograba convencer al tribunal de que este se habia llevado a cabo de forma irregular. No existian provisiones sobre que ocurria cuando estas dos autoridades chocaban. En los pocos casos que ocurria, el exito solia ser depender de lo energica que fuese la resolucion de los comprometidos para mantener su proyecto. Por otra parte, los pleitos por secuestro eran bastante mas regulares en su ejecucion y en su numero, por lo que probablemente se trataban del recurso habitual mientras que la manifestacion se usaba en circunstancias muy concretas. Entre ellas estarian los casos de padres apelando contra secuestros mal realizados o escandalosos y algunas situaciones en las que los declarantes reconocian temer por la parcialidad del tribunal eclesiastico: <<Que sus parientes severamente la castigan y le impiden contraer dicho matrimonio y aun intentan valerse de la autoridad del vicario general del obispado de Huesca para continuar sus opresiones>> (68).

Las sentencias de estos secuestros terminaban en su mayoria de forma positiva para las parejas comprometidas. El tribunal diocesano primaba el libre albedrio sobre cuestiones como las diferencias estamentales o la oposicion familiar. La mayoria de los secuestros se despachaban rapidamente siguiendo el mismo proceso: comprobacion del origen de los contrayentes, ratificacion de que no existia consanguinidad ni impedimento alguno y orden a la parroquia, frecuentemente la del novio, que pronunciase misa nupcial. Esta sentencia venia acompanada normalmente de una carta del presbitero ratificando la ejecucion de la orden y especificando el numero de moniciones que debian darse (69).

Como puede observarse en las figuras 6 y 7, hay una diferencia importante en el criterio que seguian los jueces eclesiasticos y reales a la hora de resolver conflictos similares. A diferencia de otros pleitos que tendian a solucionarse mediante un acuerdo entre las partes, la mayoria de manifestaciones y secuestros terminaban con una sentencia en firme. Se trataban de litigios rapidos que se resolvian de media en pocos dias y donde actos mas costosos como careos, interrogacion de testigos o alegaciones de un procurador no eran necesarios: denuncia, remocion, encomienda, interrogatorios y sentencia solian ser los unicos pasos. Por otra parte, las parejas que solicitaban este proceso solian tener preparados todos los requisitos que pedia el tribunal: promesas de matrimonio bien conocidas y a menudo por escrito, un minimo de dos testigos que ratificasen su relacion y, cuando eran necesarias, las dispensas o probanzas de libertad.

Las sentencias de secuestros y manifestaciones no declaraban libre a una mujer extraida de su hogar, declaraban si era legitimo o no su matrimonio. En caso de serlo, la sentencia consistia en ordenar a la pareja que solemnizase ante el altar su union. En caso contrario, ordenaban el regreso de la joven a su hogar y anulaban cualquier contrato de esponsales que hubiese justificado el secuestro. El tribunal eclesiastico tenia la peculiaridad anadida de sentenciar el matrimonio y especificar como y cuando deberia llevarse a cabo. Para este tribunal, el secuestro y el matrimonio de la mujer secuestrada no constituian procesos distintos, la mayor parte de los secuestros terminaban con una sentencia similar a la siguiente:
   Que recibida en el tribunal la ratificacion de las parroquias de
   las partidas bautismales de ambos, el infrascripto ordena al
   parroco de San Felipe que sin preceder amonestacion alguna de las
   tres canonicas dispuestas por el Santo Concilio de Trento se
   despose por palabras legitimas y de presente a estos dos y que asi
   conste en sus quinque libri (71).


El tribunal diocesano no dejaba nada al azar, la sentencia no solo ordenaba a la pareja contraer matrimonio, tambien hacia llegar la orden al parroco que debia realizar la ceremonia y se aseguraban de que constaria en todos los registros legales a fin de hacer la union inapelable. Era tambien prerrogativa del tribunal diocesano decidir si dispensaban a las parejas de las tres amonestaciones, normalmente obligatorias. La autoridad eclesiastica utilizaba las amonestaciones para asegurar que se trataba de un matrimonio publico y que no habia ningun impedimento que obstruyese el enlace. Si las parejas superaban un proceso de secuestro especialmente complejo, los jueces diocesanos daban por demostrada la compatibilidad de los contrayentes y preferian agilizar la celebracion del matrimonio para evitar nuevos impedimentos. A falta de mas estudios sobre este proceso, el trabajo de otros autores y en otras diocesis sugiere que el funcionamiento del secuestro era similar en otros territorios espanoles y que constituia un recurso eficiente para aquellas situaciones en las que la negativa de un padre impedia una union que, segun la costumbre del comun, entraba dentro de lo razonable (72).

Los tribunales de la Audiencia de Zaragoza se mostraban mucho mas reacios a permitir el matrimonio de los manifestados. Es dificil asegurar cual era la razon de esta diferencia, posiblemente se debiese a que el tribunal diocesano, mas vinculado al derecho canonico, diese mas importancia a la libertad de matrimonio por encima de la patria potestas. Fuera como fuese, un numero mucho mayor de remociones llevadas a cabo en forma de manifestacion terminaron por conducir a la anulacion del compromiso matrimonial. El resultado favorable a los cabezas de familia podia darse de dos formas posibles, bien con una sentencia que desautorizaba el compromiso de la pareja o simplemente con la aceptacion de los hijos del designio paterno. No obstante, a diferencia de los secuestros, las manifestaciones son ordenes personales. Una manifestacion invocada por los padres, podia hacer que los hijos volviesen a casa, pero no imposibilitaba el uso de otras estrategias para mejorar su situacion.

6. CONCLUSIONES: MATRIMONIO CONSENSUADO

Aun teniendo en cuenta los casos de manifestaciones en los que primaba la voluntad paterna, el resultado general de las remociones solia ser de un rotundo exito para las parejas que utilizaban el secuestro y la manifestacion para lograr emanciparse del control familiar. Un matrimonio podia realizarse con la oposicion de la familia, sin embargo era muy dificil obligar a dos individuos que se odiaban a contraer matrimonio, pues mas tarde o mas temprano tendrian que declarar su voluntad ante el sacerdote. Los matrimonios totalmente forzados tendian a fracasar, como atestiguan los secuestros destinados a esposas maltratadas. Se daba por hecho que la direccion de los padres era beneficiosa, pero si esta conducia a un matrimonio de riesgo, el derecho a la resistencia de los hijos solia ser considerado legitimo. Los secuestros y manifestaciones constituian un recurso razonablemente rapido para desbloquear proyectos matrimoniales. El precio era que estos enlaces debian encajar dentro de las estructuras basicas de emparejamiento que garantizaba una continuidad del orden social.

La mayoria de las sentencias legitiman la voluntad de los hijos, pero los registros notariales no dicen nada mas sobre como encajaron las familias estos resultados. Probablemente, tras conocer la sentencia, dejarian de intentar impedir el matrimonio, pero no por ello estaban obligados a ponerselo mas facil. El elevado numero de secuestros de doncellas y aun mas el elevado numero de sentencias positivas para la pareja no significa que imperase el matrimonio libre. Uno de los aspectos mas polemicos de esta autoridad era precisamente que aun con una orden matrimonial, las familias contaban con muchas alternativas para hacerles el boicot, especialmente en cuanto a la dotacion y el reparto de la herencia.

El tribunal eclesiastico podia en efecto legitimar un matrimonio contra la voluntad paterna, pero fundar una familia sin recursos era una cuestion igual o mas transgresora para la comunidad que hacerlo contra la voluntad de los padres. No es posible determinar con seguridad cuantos matrimonios podian realizarse sin dote o en cuantos de estos casos los padres permitian que sus hijos se casasen empobrecidos. El problema no era desde luego ajeno a las autoridades que dirimian este tipo de conflictos. Las sentencias de muchos pleitos por estupro o por libertad de matrimonio no terminaban solamente con la orden de ejecutar el enlace, sino que solian acompanarse de la orden de que <<se la dote adecuadamente y segun las posibilidades de su casa>> (73).

La preocupacion por evitar uniones inaceptables para el tejido social era en esencia la que defendia el derecho de los padres a intervenir en los matrimonios de sus hijos. En ocasiones, los pleitos y especialmente las viscerales declaraciones de cada parte pueden arrojar la vision de una sociedad dividida en bandos irreconciliables; en realidad, una comunidad en conflicto continuo tan virulento como el que parece extraerse de los pleitos seria una sociedad ingobernable. Los padres competian con sus hijos por el control de sus vidas, las familias competian entre si por cargos y posicion social y las autoridades lo hacian por el control de la comunidad. Pero competencia no es sinonimo de conflicto. Tras analizar las estructuras de las comunidades del obispado de Turin, Giovanni Levi concluia que no podia plantearse una explicacion simplista del conflicto con facciones y mentalidades claras, sino que la solidaridad y el conflicto se mezclaban en la realidad, haciendo dificil la construccion de un modelo (74). El camino al matrimonio muestra una composicion igual de compleja que estas relaciones: existian principios morales enfrentados que cada individuo enunciaba segun sirviesen a su interes; ni siquiera podemos hablar de principios seguidos a rajatabla por los tribunales que los defendian y, sobre todo, hay que tener en cuenta que estas adscripciones morales no eran mas que el campo en el que se desplegaban variables como el afecto, los recursos economicos, la posicion social, los contactos personales o la prevision de futuro de cada una de las partes.

El secuestro y la manifestacion eran herramientas para hacerlas valer cuando las negociaciones quedaban bloqueadas, pero resultaria reduccionista pensar que esta era la forma de actuacion habitual. Los tribunales ejecutaban estos procesos buscando ante todo la discrecion y no poner en duda la honra de los protegidos y sus familias. El escandalo ante un secuestro era inevitable, pero bien realizado abortaba el riesgo de que el conflicto terminase con alternativas mas peligrosas como un matrimonio oculto, una fuga de los hijos o violencia domestica. Dentro de lo transgresor, los recursos legales de manifestacion y secuestro garantizaban que el conflicto terminaria con el menor de los males. Por otra parte, la sentencia del tribunal iba dirigida a reestablecer el orden preestablecido: los hijos se casarian dentro de los estandares que mandaba la iglesia, los padres deberian apoyar el matrimonio aunque solo fuese en lo minimo y la evolucion de hija a esposa se realizaria bajo una supervision, como minimo, tan estricta como la de un padre.

Si los vinculos familiares componian el tejido social mas basico del Antiguo Regimen, es logico pensar que se vieron afectadas por las reglas enunciadas por Thompson y Levi y que antes de hablar de matrimonio libre y matrimonio forzado, probablemente la norma que deberiamos tener presente sea la de matrimonio consensuado. Un consenso que llegaria despues de que cada parte plantease sus exigencias para conseguir lo que, desde su propio punto de vista, era mas adecuado para su familia, ya fuese la que tenian o la que pensaban fundar. Las reglas del juego no escritas permitian atemperar conflictos y garantizar la viabilidad de la union, asi como permitir que la comunidad tuviese la autoridad de juzgar un proceso acerca del cual vecinos y familiares se consideraban plenamente autorizados a actuar.

DOI: http://dx.doi.org/10.14201/shhmo2016381155192

Daniel BALDELLOU

Universidad de Zaragoza

Correo-e: dsbaldellou@hotmail.com

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* Este trabajo se ha realizado en el marco del Proyecto de Investigacion financiado por el Ministerio de Economia, Ciencia e Innovacion con la siguiente referencia HAR2012-34576.

(1.) CHACON JIMENEZ, F. y MENDEZ VAZQUEZ, J.: <<Miradas sobre el matrimonio en la Espana del ultimo tercio del siglo xviii>>, Cuadernos de Historia Moderna, 32, 2007, pp. 61-85.

(2.) La importancia de los tribunales eclesiasticos en materia de libertad matrimonial ha quedado evidenciada por las investigaciones de Seidel Menchi, S.: <<La Svolta di Trento. Ricerche Italiane sui processi matrimoniali>>, Popolazione e storia, 2004, 2, pp. 21-32. GAUDEMET, J.: El matrimonio en occidente. Madrid, 1993, pp. 30-45 y 240-261 y Lorenzo Pinar, F. J.: <<Conflictividad social en torno a la formacion del matrimonio (Zamora y Toro en el siglo XVI>>, Studia Historica. Historia Moderna, 13, 1995, pp. 131-154.

(3.) Sobre el concepto de <<infrajudicialidad>> y la resolucion de conflictos sin permitir que llegasen ante los tribunales vease MANTECON TOMAS, A.: <<El peso de la infrajudicialidad en el control del crimen durante la Edad Moderna>>, Estudis: Revista de Historia Moderna, 28, 2002, pp. 43-76.

(4.) LOMBARDI, D.: <<Privilegios juridicos y relaciones de vecindad en la formacion de la pareja en la Italia Moderna>>, Obradoiro de Historia Moderna, 21, 2012, pp. 9-27. FERRANTE, L.: <<L'onore ritrovato. Donne nella Casa de Socorso di San Paolo de Bologna (sec. XVI-XVII)>>, Quaderni Storici, 53, 1983, pp. 500-523.

(5.) Destacamos especialmente de esta historiografia los trabajos de Ferraro, J. M.: Marriage Wars in Late Renaissance Venice. Oxford, 2001. Lombardi, D.: Matrimoni di antico regime. Bologna, Il Mulino, 2001; LANZINGER, M. Y SARTI, R.: Nubili e Celibi tra scelta e costrizione (Secoli XVI-XX). Udine: 2006. En una linea similar de esta escuela italiana hay que destacar tambien los trabajos de INGRAM, M.: Church Courts, Sex and Marriage in England, 1570-1640. Cambridge. 1987; CANDAU CHACON, M.a L.: <<Entre lo permitido y lo ilicito: la vida afectiva en los Tiempos Modernos>>, Tiempos Modernos, 18, 2009, pp. 11-17; USUNARIZ GARAYOA, J. M.a: <<La violencia domestica en la Espana de los siglos XVI y xvii: el ejemplo del reino de Navarra>>, en ESCUDERO, J. M. y RONCERO, V. (coord.): La violencia en el mundo hispanico en el Siglo de Oro. Madrid, 2010, pp. 375-394.

(6.) Espacio demarcado como diocesis de Zaragoza a la altura del siglo XVIII. Mapa de elaboracion propia.

(7.) No se pretende bajo ningun concepto establecer un estudio sobre el numero de casos, los pleitos presentados en el tribunal son aquellos que se llevaban ante una autoridad juridica y es importante no confundirlos con la conflictividad total. Iglesias Estepa, R.: <<Las quiebras del orden cotidiano: comportamientos criminales en la sociedad gallega de fines del Antiguo Regimen>>, Obradoiro de Historia Moderna, 13, 2004, pp. 277-302.

(8.) Las fuentes eclesiasticas en las que se basa esta investigacion se tratan de los pleitos por Secuestro recogidos en el Archivo Diocesano de Zaragoza [en adelante ADZ] que cuenta con un importante fondo de alrededor de 454 pleitos de secuestro de bienes, esposas y doncellas. Los pleitos por esponsales y estupro llevados en este tribunal, asi como en los Diocesanos de Huesca, Barbastro y Teruel indican tambien la utilizacion de este recurso, aunque no siempre contemos con el registro notarial. De forma complementaria, la presente investigacion hace tambien referencia a pleitos por jactancia o estupro ubicados tambien en el Archivo Diocesano de Zaragoza.

(9.) Diccionario de Autoridades, Tomo VI, 1739.

(10.) Corpus Iuris Canonici. Decretum Gratiani, Concordia discordantum canonum, Corpus Iuris Canonici, post c, 34, 1140-1142.

(11.) Ibidem. Libro VII, II, 1496, [section] 1.

(12.) LALIENA CORBERA, C.: <<Honor, verguenza y estatus en las familias serviles del Pirineo Central en la Edad Media>>, en IGLESIA DUARTE, J. I. de la (coord.): La familia en la edad media: XI Semana de Estudios Medievales, Najera, del 31 de julio al 4 de agosto de 2000. Instituto de Estudios Riojanos, 2001, pp. 179-208.

(13.) Aunque los esponsales solo eran legalmente validos ante un tribunal eclesiastico, ningun tribunal podia aceptar un matrimonio totalmente forzado. TORREMOCHA HERNANDEZ, M.: <<El matrimonio y la relacion de los conyuges en la Castilla postridentina (en la literatura de la epoca)>>, en BESTARD, J. Y PEREZ, M.: Familia, valores y representaciones. Murcia, 2010, pp. 155-178.

(14.) DOU Y DE BASSOLS, R. L. de: Instituciones del derecho publico general de Espana con noticia particular de Cataluna, y de las principales reglas de gobierno en qualquier estado. Madrid, 18001803, pp. 238-239. Indicado en Costa, M.: <<La problematica de las promesas de matrimonio en Barcelona 1776-1833>>, Pedralbes, 28, 2008, pp. 553-584.

(15.) Entre los mas destacables es preciso mencionar a COSTA, M.: Conflictos matrimoniales y divorcio en Cataluna: 1775-1833. Tesis doctoral presentada en la Universitat Pompeu i Fabra. Barcelona, 2007, pp. 54-85. CANDAU CHACON, M. L.: Los delitos y las penas en el mundo eclesiastico sevillano delXVIII. Sevilla, Diputacion Provincial de Sevilla, 1993, pp. 165-180. Mas especificamente sobre la retencion femenina por parte de las instituciones vease GHIRARDI, M.: <<El encierro femenino como practica. Notas para el ejemplo de Cordoba, Argentina, en el contexto de Iberoamerica de los siglos XVIII y XIX>>, Revista de Historia Social y de las Mentalidades, 14:2, 2010, pp. 73-101.

(16.) El fondo documental de manifestaciones analizado consta con 136 pleitos de manifestacion para el siglo XVIII conservados en el Archivo Provincial de Zaragoza [en adelante APZ] donde se ubican los registros de los procesos llevados por la Audiencia de Zaragoza No obstante, solo 99 manifestaciones se dirigieron a dirimir la custodia de personas.

(17.) Se puede observar la importante diferencia entre los procesos llevados por distintos tribunales en los estudios realizados por JUNCAL CAMPO GUINEA, M.: <<La actividad procesal de los tribunales de justicia en Navarra en el estudio de cambios y permanencias (siglos XVI-XIX)>>, Cuadernos de investigacion historica, 18, 2001, pp. 87-100 y en <<Los procesos por causa matrimonial ante el tribunal eclesiastico de Pamplona en los siglos XVI y XVII>>, Principe de Viana, 202, 1994, pp. 377-390.

(18.) Sobre la restauracion del proceso foral vease LARRIPA, J. F.: Ilustracion a los cuatro procesos forales de Aragon. Edicion de BONET NAVARRO, A. Y REDONDO VEINTEMILLAS, G., Zaragoza, Cortes de Aragon, 1985.

(19.) Morales Arrizabalaga, J.: <<El justicia de Aragon en el siglo XVIII: la transicion de una institucion jurisdiccional a un simbolo politico>>, en Actas del Octavo encuentro de estudios sobre el Justicia de Aragon. Zaragoza, 2008, pp. 45-78.

(20.) Archivo Historico Provincial de Zaragoza, Archivo de la Audiencia, Manifestacion, 1749, 12319-9.

(21.) ADZ, Secuestros (1700-1800), indexacion realizada por el autor. APZ, manifestaciones (1720-1810), indexacion y analisis realizado por el autor. Elaboracion propia.

(22.) Martin Gatte, C.: Usos amorosos del XVIII en Espana. Barcelona, 1988, pp. 150-154. Bolufer Peruga, M.: <<Mujeres y hombres en el espacio del reformismo ilustrado: debates y estrategias>>, en Jornada Mujer i ciudadania: del Antiguo Regimen a la Revolucion liberal. Departament Historia Moderna i Contemporania, Instituto de la Mujer, 2003 en https://www.academia.edu/5525810/ Mujeres_y_hombres_en_los_espacios_del_reformismo_ilustrado (ultima consulta: 27/01/2015).

(23.) Analisis desarrollado mediante los Procesos de Manifestacion desarrollados en la Audiencia de Zaragoza (1726-1820), ubicados actualmente en el Archivo Provincial de Zaragoza.

(24.) BONFIELD, Ll.: <<Avances en la legislacion familiar europea>>, en KERTZER, D. Y BARBAGLI, M. (Comp.): La vida familiar a principios de la era moderna (1500-1789), Historia de la familia europea. Volumen I. Barcelona, 2002, pp. 153-204.

(25.) Las investigaciones sobre las practicas de cortejo en Europa han senalado numerosos ritos equiparables al rapto ritual de las mujeres como una forma en la que los varones reclamaban su autoridad sobre sus futuras esposas: Shorter, E.: The Making of Modern Family. Londres, 1977, pp. 120-135.

(26.) La expresion <<trato y comunicacion>> es la expresion comun que hacia referencia al cortejo formal que se esperaba que una pareja siguiese con el objetivo de darse a conocer entre ellos y a sus respectivas familias.

(27.) El cotilleo constituia en las sociedades del Antiguo Regimen una importante herramienta de construccion del tejido de la comunidad con una doble funcion: marcar los limites de los subgrupos y activar la competencia para defender la comunidad propia. IMIZCOZ BENZA, J. M.: <<Familia y redes sociales en la Espana Moderna>>, en Lorenzo Pinar, F. J. (ed.): La familia en la Historia. Salamanca, 2008, pp. 135-186.

(28.) Secuestros, ADZ, 1773, Caja sin catalogar, no 1.

(29.) Ibidem.

(30.) Las investigaciones sobre las mujeres del Antiguo Regimen ha demostrado que su papel real en la vida cotidiana era mucho mas relevante de lo que la literatura institucional reconocia. Vease: Rey Castelao, O.: <<Mujeres en la economia campesina>>, en Morant, I. (coord.): Historia de las mujeres en Espana y America Latina, vol. 2. Barcelona, 2005, pp. 263-286. Pascua Sanchez, M. J. de la: <<Una aproximacion a la historia de la familia como espacio de afectos y desafectos en el mundo hispanico del setecientos>>, Chronica nova: Revista de historia moderna de la Universidad de Granada, 27, 2000, pp. 131-166.

(31.) MORGADO GARCIA, A.: <<Los manuales de confesores en la Espana del siglo XVIII>>, Cuadernos Dieciochistas, 5, 2004, pp. 123-145.

(32.) Ibidem.

(33.) Secuestros, ADZ, 1773, Caja sin catalogar, 1.

(34.) GARCIA MARTINEZ, M. I.: ALVAREZ FAEDO, M. J. Y SIMON-SCHUHMACHER, L.: La educacion de la mujer en el siglo XVIII en Espana e Inglaterra. Lewiston, 2005, pp. 93-98 y pp. 120-129.

(35.) Las redes de comunicacion populares o sencillamente el cotilleo eran una forma eficaz de controlar las acciones contrarias al orden de la comunidad. Convencer a los vecinos de que las extracciones del hogar se debian a razones de peso era esencial para ser aceptados posteriormente. O'HARA, D.: Courtship and Constraint. Rethinking the Making of Marriage in Tudor England. Manchester, 2002, pp. 41-48.

(36.) ADZ, Secuestros, 1743, B-H LIG 2 3.

(37.) ADZ, Secuestros, 1771, Lig. 1, J y otros.

(38.) Sobre las apreciaciones ilustradas sobre la incapacidad de las mujeres para desenvolverse por si mismas vease MORANT DEUSA, I. Y BOLUFER PERUGA, M.: <<Sobre la razon, la educacion y el amor de las mujeres: mujeres y hombres en la Espana y en la Francia de las luces>>, Studia Historica. Historia Moderna, 15, 1996, pp. 179-208.

(39.) BALDELLOU MONCLUS, D.: <<El honor de los padres y la libertad de los hijos: la aplicacion del veto paterno a los matrimonios transgresores en la Espana preliberal>>, en ALFARO PEREZ, F. (coord.): Familias rotas. Conflictividad familiar a finales del Antiguo Regimen. Zaragoza, 2014, pp. 55-104.

(40.) BOLUFER PERUGA, M.: <<Lo intimo, lo domestico y lo publico: representaciones sociales y estilos de vida en la Espana Ilustrada>>, Studia Historica. Historia Moderna, 19, 1998, pp. 85-116.

(41.) Real Pragmatica Sancion de 1776, Novisima Recopilacion, Titulo II, Ley IX.

(42.) ADZ, 1759, Secuestros, J Lig. 2.

(43.) Manifestacion de Joaquina Santa Romana solicitada por su padre. AHPZ, Manifestaciones, 1773, J-103325-2.

(44.) Rivera, O.: La mujer y el cuerpo femenino en La perfecta Casada de Fray Luis de Leon. Delaware, 2006, pp. 12-23.

(45.) APZ, Manifestacion, 1801, 12327-1.

(46.) Ibidem.

(47.) Ibidem.

(48.) FLANDRIN, J. L.: La moral sexual en Occidente. Barcelona, 1984; Evans, T.: <<Unfortunate objects>> Lone mothers in Eighteenth-Century-London. Hampshire, 2005, p. 53.

(49.) Sobre el peligro del cotilleo contra las familias vease: CAPP, B.: When Gossips Meet. Women, Family, and Neighbourhood in Early Modern England. Oxford, 2003, pp. 49-55.

(50.) La honra de una muchacha era la salvaguarda de su virtud, evitar el contacto carnal a todo precio era lo unico que la permitia quejarse de cualquier abuso con legitimidad: MADRID CRUZ, M. D.: <<El arte de la seduccion enganosa: Algunas consideraciones sobre los delitos de estupro y violacion en el Tribunal del Bureo. Siglo XVIII>>, Cuadernos de Historia del Derecho, 9, 2002, pp. 121-159.

(51.) ADZ, 1759, Secuestros, J Lig. 2.

(52.) El termino legal <<encomendar>> es definido en el Diccionario de Autoridades, Tomo III de 1732 como <<Encargar a otro alguna cosa, para que la haga o cuide de ella>>. El tribunal nombraba a un encomendero ajeno al pleito para que se hiciera cargo del cuidado de la mujer hasta la resolucion del conflicto.

(53.) ADZ, Secuestros, 1761, Lig. 1, J y otros.

(54.) Analisis desarrollado mediante los procesos de secuestro (ADZ) y los procesos de manifestacion (APZ) exclusivamente de mujeres solteras realizados entre 1700 y 1810. Los procesos suman un total de 263 casos.

(55.) Este caso resulta extraordinario, tanto la protagonista como su hermano hablan del <<irrespirable>> ambiente de su hogar familiar, lo cual parece ser cierto pues ambos se esforzaron e incluso se apoyaron para buscarse una vida fuera del hogar en lugar de competir para quedarse con el hogar familiar y con la sustanciosa herencia que sus padres sin duda dejarian al que permaneciese con ellos.

(56.) ADZ, 1726, Secuestros, B hasta H LIG 2 1.

(57.) GOWING, L.: Common Bodies. Women, Touch and Power in Seventeenth-Century England. Yale, 2003, pp. 90-91; Perez Teijon, J.: Literatura popular y burlesca del siglo XVIII. Salamanca, 1990, p. 120.

(58.) LISON ARCAL, J.: <<La Casa Oscense, Coloquio Hispano-Frances>>, en Los Pirineos, estudios de Antropologia Social e Historia. Madrid, 1986, pp. 11-95.

(59.) ADZ, 1752, Secuestros, J Lig. 2.

(60.) Ibidem.

(61.) CHACON JIMENEZ, F. y MENDEZ VAZQUEZ, J.: <<Miradas sobre el matrimonio en la Espana del ultimo tercio del siglo XVIII>>, Cuadernos de Historia Moderna, 32, 2007, pp. 61-85.

(62.) ALFARO PEREZ, F. J. y SALAS AUSENS, J. A.: <<Dispensas de consanguinidad en la diocesis de Zaragoza (1700-1833)>>, en Contreras, J. y Sanchez Ibanez, R.: Familias, poderes, instituciones y conflictos. Murcia, 2011, pp. 493-510.

(63.) Ibidem.

(64.) APZ, Manifestaciones, 1789, 12494-11.

(65.) En la misma linea de investigacion en la que se enmarca este articulo se han analizado un total de 249 pleitos por incumplimiento de esponsales. Respecto al desarrollo de dichos pleitos vease: BALDELLOU MONCLUS, D.: <<Los conflictos matrimoniales en las familias y estructuras de poder del alto Aragon en el siglo XVIII>>, Tiempos modernos: Revista Electronica de Historia Moderna, 8:29, 2014, en: http://www.tiemposmodernos.org/tm3/index.php/tm/article/view/404/431.

(66.) APZ, Manifestaciones, 1789, 12494-11.

(67.) Ibidem.

(68.) APZ, Manifestacion, 1728, 13403-22.

(69.) IGLESIAS ESTEPA, R.: <<Violencia fisica y verbal en la Galicia de finales del Antiguo Regimen>>, Ciencias Sociais e Humanidades, 19, 2007, pp. 135-157.

(70.) Analisis desarrollado mediante los procesos de secuestro (ADZ) y los procesos de manifestacion (APZ) entre 1700 y 1810.

(71.) ADZ, Secuestros, 1774, secuestro de Dona Maria Joaquina Marin, M-Lig 2 (caja 2).

(72.) Estudios sobre este proceso en Cataluna pueden localizarse en Costa, M.: Conflictos matrimoniales y divorcio en Cataluna: 1775-1833. Tesis doctoral presentada no publicada, Institut Universitari d'Historia Jaume Vicens Vives, 2007.

(73.) ALMARCEGUI, A.: <<Pequena nobleza rural, sistema de herencia y estructura de la propiedad de la tierra en Plasencia del Monte (Huesca). 1600-1855>>, en CHACON JIMENEZ, F. y HERNANDEZ FRANCO, J. (eds.): Poder, familia y consanguinidad en la Espana del Antiguo Regimen. Barcelona, 1992, pp. 71-106.

(74.) Levi, G.: La herencia inmaterial: la historia de un exorcistapiamontes del siglo XVII. Madrid, 1990, pp. 8-13.
FIGURA 2: tipologia de los procesos de secuestro
segun su objetivo (8).

Secuestros segun el objetivo    Casos

Mujer comprometida               233
Mujer casada                     100
Bienes muebles o beneficios      75
  eclesiasticos
Causa criminal                   46

FIGURA 3: tipologia de los procesos de manifestacion
segun su objetivo (16).

Manifestaciones segun sus objetivos         Casos

Manifestacion (reclamacion) de esposa         5
Manifestacion (reclamacion) de marido         1
Manifestacion (reclamacion) de prometido      9
Manifestacion (reclamacion) de un hijo       36
  o tutelado
Manifestacion de la propia persona           30
  contra su familia
Manifestacion de la propia persona           18
  contra la autoridad legal
Manifestacion de bienes muebles o            37
  propiedades requisadas

FIGURA 4: evolucion de los pleitos por secuestro en el
tribunal diocesano de Zaragoza en el siglo XVIII (21).

Evolucion de los sasos de secuestro

1700-1709   6
1710-1719   20
1720-1729   73
1730-1739   67
1740-1749   69
1750-1759   76
1760-1769   55
1770-1779   53
1780-1789   22
1790-1799   13

Evolucion de los cosos de manidestacion

1720'S      10
1730'S      10
1740'S      12
1750'S      14
1760'S      9
1770'S      24
1780'S      15
1790'S      18
1800'S      22

Note: Table made from line graph.

FIGURA 5: Encomienda de mujeres secuestradas o
manifestadas por palabra de matrimonio (1700-1810) (54).

Institucion religiosa        5%
Autoridades locales          26%
Casa de "Viudas honradas"    5%
Familiaries propios          3%
Casa de "familia honradas"   61%

Note: Table made from pie chart.

FIGURA 6: Resolucion de los secuestros de mujer
comprometida (233 casos).

Arreglo infrajudicial       2%
Regresso forzoso al hogar   3%
Matrimonio de la doncella   95%
  secuestrada

Note: Table made from pie chart.

Figura 7: Resolucion de las manifestaciones de mujer
comprometida (60 casos) (70).

Aceptacion de la decision paterna    4%

Arreglo infrajudicial               22%
Regresso forzoso al hogar           35%
Matrimonio de la doncella           39%
  secuestrada

Note: Table made from pie chart.
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Author:Baldellou, Daniel
Publication:Studia Historica. Historia Moderna
Date:Jan 1, 2016
Words:15767
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