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No se mueve la hoja.

Not even a leaf moves ...

El Siglo de Oro

En el capitulo III de la segunda parte de El Ingenioso Caballero Don Quijote de la Mancha, publicada en 1615, Cervantes nos participa "Del ridiculo razonamiento que paso entre don Quijote, Sancho Panza y el bachiller Sanson Carrasco". Alli el caballero de la triste figura, dirigiendose a su escudero, intercala un refran que ha hecho carrera desde entonces (o, como se vera, desde mucho antes): "Encomendadlo a Dios, Sancho [...], que todo se hara bien, y quiza mejor de lo que vos pensais, que no se mueve la hoja en el arbol sin la voluntad de Dios" (1).

Dos anos antes de la publicacion de la segunda parte de El Quijote y sin nombrar el arbol, Cervantes ya habia mencionado el mismo refran en Rinconete y Cortadillo, una de sus Novelas Ejemplares: "que no se mueve la hoja sin la voluntad de Dios" (2).

El empleo de este refran en Castellano se extendio de manera incesante desde entonces y, quizas por su referencia explicita a la divinidad o por otros motivos que no me detendre a escudrinar, muchos usuarios de la lengua de Cervantes, incluso eruditos cervantistas, han llegado a creer y a afirmar que el refran proviene directamente de las Sagradas Escrituras.

En la edicion de El Quijote del Instituto Cervantes, dirigida por Francisco Rico, se afirma que el refran en cuestion es una cita de Mateo 6: 25 (3), pero en el versiculo citado no hay referencia alguna ni a hojas de arboles ni a la voluntad divina; alli el evangelista pone en boca de Jesus de Nazaret que no deberiamos preocuparnos por nuestra vida, ni preocuparnos por que comeremos o vestiremos puesto que "?No vale mas la vida que el alimento, y el cuerpo mas que el vestido?" (4).

En la edicion critica mas difundida de las Novelas Ejemplares, el editor, Jorge Garcia Lopez, al comentar el refran sin el arbol, asegura tambien que se trata de un "refran y precepto biblico", supuestamente una cita de "Mateo 10, 29" (5); pero tampoco en dicho versiculo encontramos mencion ni de hojas ni de arboles, aunque esta vez la cita, de caracter claramente determinista, si se refiere a la voluntad divina: "?No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caera en tierra sin el consentimiento de vuestro Padre" (6).

Al lado de su referencia a la Biblia, Garcia Lopez menciona el Vocabulario de Refranes y Frases Proverbiales y otras Formulas Comunes de la Lengua Castellana de Gonzalo Correas, buscando refrendar con el aval de semejante autoridad en refranes su erronea afirmacion sobre el origen biblico del refran de marras. Publicado en 1627, doce anos despues de la segunda parte de El Quijote, el Vocabulario de Correas contiene, en efecto, con arbol y todo, la frase "No se menea la hoja en el arbol sin la voluntad de Dios" (7), pero no hay alli ninguna referencia a los evangelios o a que se trate de un enunciado biblico.

En la Enciclopedia del Quijote (8) Cesar Vidal menciona que el refran, muy posiblemente, es una "resonancia" de Mateo 10: 20-30, pero en esos once versiculos lo que se lee es, en los primeros nueve, una serie de premoniciones con respecto a las persecuciones a las que se veran sometidos en el futuro no muy lejano los seguidores de Jesus junto con la recomendacion de que, a pesar de ello, no hay por que tener temor a hablar (9); en el penultimo nos reencontramos con el ya citado versiculo de los pajaritos que valen un as y en el ultimo el asunto "resuena", como afirma Vidal, con el refran, pero solo en la medida en que se aproxima al tema de la omnipotencia y de la omnisciencia divinas: "En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza estan todos contados" (10).

En la ya clasica Edicion Critica Anotada de Francisco Rodriguez Marin (11), ni siquiera se comenta el conocido refran. Igual ocurre en la edicion de Editorial Critica (12), en la edicion de Editorial Santillana (13) y en la Edicion del Cuarto Centenario (14), todas a cargo del cervantista Francisco Rico.

Florencio Sevilla es el unico de los editores y comentadores de El Quijote que al referirse al refran no afirma que este tenga origen biblico ... pero tampoco menciona la fuente del mismo. En su edicion de El Quijote (15), Sevilla menciona que esta frase era un lugar comun en la literatura de la epoca; y nos refiere a dos libros como ejemplos de que el refran en cuestion era ya un "topico de siempre" en tiempos de Cervantes. El primero de los libros que trae a ejemplo es el ya referido Vocabulario de Correas, con la ya citada frase "no se menea la hoja en el arbol sin la voluntad de Dios", pero el ejemplo no es del todo valido para afirmar que el refran fuese un lugar comun en tiempos de Cervantes, puesto que, como ya habia dicho, el Vocabulario se publico en 1627, catorce anos despues de la publicacion de las Novelas Ejemplares, doce anos despues de la publicacion de la segunda parte de El Quijote y once anos despues de la muerte de Cervantes, dejando abierta la posibilidad de que Correas hubiera tomado el refran de alguna de las obras del autor de El Quijote. El segundo ejemplo propuesto por Sevilla es el Jardin de Flores Curiosas de Antonio de Torquemada, este si anterior a las menciones del refran en la obra de Cervantes, pues fue publicado en 1570, 42 anos antes de Rinconete y Cortadillo y 45 anos antes de la segunda parte de El Quijote.

No se debe confundir a Antonio, cuya vida completa transcurrio en el siglo XVI, con otro Torquemada, Tomas, de infame memoria, cuyas empresas llenaron de pasmo a las buenas gentes del siglo XV: confesor de los Reyes Catolicos, Inquisidor General de Castilla y Aragon, autor de un manual de inquisidores [Copilacion de las Instruciones del Offico de la Sancta Inquisicion (16)], instigador (y redactor) del Edicto de la Alhambra mediante el que los Reyes Catolicos expulsaron de Espana a 100.000 Judios y quien hizo morir en las llamas en "las trece Inquisiciones de Sevilla, Cordova, Jaen, Toledo, Cadiz, Valladolid, Calahorra, Murcia, Cuenca, Zaragoza, Valencia, Barcelona y Mallorca [...] diez mil doscientas y veinte personas [...]" (17).

Cervantes conocia muy bien la obra de Antonio de Torquemada. En la primera parte de El Quijote, en el capitulo sexto, mientras Don Alonso Quijano duerme recuperandose de las heridas recibidas en el transcurso de su primera salida como Don Quijote de la Mancha, el cura y el barbero, sus amigos, discuten cuales de los libros de la biblioteca de Don Alonso van a conservar y cuales otros (aquellos que segun su criterio hayan sido los causantes de su desvario mental), terminaran en la hoguera que estan preparando en el corral. Entre los volumenes condenados al fuego se encuentra Don Olivante de Laura, un libro de caballerias de Don Antonio de Torquemada: "El autor de ese libro -dice el cura- fue el mesmo que compuso a Jardin de Flores; y en verdad que no sepa determinar cual de los dos libros es mas verdadero, o, por decir mejor, menos mentiroso; solo se decir que este ira al corral por disparatado y arrogante" (18). En Persiles y Segismunda Cervantes demuestra, sin citarlo, que conocia muy bien la obra de Torquemada, en especial el Jardin de Flores (19).

La mencion del refran en el Jardin de Flores Curiosas, tiene lugar en el Tratado Primero: "En el cual se contienen muchas cosas dignas de admiracion que la naturaleza ha hecho y hace en los hombres fuera de la orden comun y natural con que suele obrar en ellos, con otras curiosidades gustosas y apacibles". En dicho tratado, puesto a la tarea de definir que es la naturaleza, Torquemada termina por equipararla con la voluntad divina: 'Y, segun esto, este nombre o vocablo naturaleza de que comunmente usamos no sirve de mas de representarnos la voluntad y mente de Dios, por la cual se hace todo lo criado y se deshace y resuelve a sus tiempos, y por esto se suele decir comunmente que no se puede menear la hoja en el arbol sin la voluntad y consentimiento divino, de quien, como de fundamento y principio, emanan y dependen todas las criaturas racionales y irracionales, sin salir desto la mas minima dellas" (20). Sin embargo, aunque esta mencion del refran es quiza la primera mencion escrita en castellano, al igual que en el Vocabulario de Correas, en las Flores de Torquemada no se dice nada acerca de su origen.

Despues de pasar 5 anos secuestrado en Argel, Cervantes conocia la cultura de la Berberia mucho mejor que la mayoria de sus coterraneos y contemporaneos (21), a tal grado que en 1581 el rey Felipe II le encomendo una mision de espionaje en Oran (22). Al interior de la ficcion de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, Cervantes hace un homenaje velado a dicha cultura declarando como autor de su obra a un "historiador arabigo" de quien solo confirma su nombre: Cide Hamete Benengeli (23). Es factible que Cervantes hubiera entresacado el refran sobre las hojas del arbol y la voluntad divina de las Flores de Torquemada, obra que, como sabemos, conocia bien, pero otros eruditos en el tema consideran la posibilidad de que Cervantes lo haya tomado directa o indirectamente de El Coran (24). En efecto, en el Sura VI, llamado Al Anam (Los Rebanos), la aleya 59 reza: "Tiene las llaves de las cosas ocultas; El solo las conoce. El sabe lo que hay en la tierra y en el fondo de los mares. No cae una hoja sin que El tenga conocimiento de ello. No hay un solo grano en las tinieblas de la tierra, ni una brizna verde o seca, que no esten escritos en el Libro Evidente" (25). El Libro Evidente (Al Luh Al Mahfudh), llamado tambien Tabla Conservada, es "el libro de las sentencias eternas, en donde se haya consignado todo lo que ha sido, lo que es y lo que sera". El Libro Evidente, es el libro en el que, desde el comienzo de los tiempos, esta escrito todo cuanto ha de ocurrir en la creacion hasta el fin de los tiempos. En un Hadiz transmitido por Abu Daud y por Al-Tirmidi el profeta Mahoma dice: "Verdaderamente la primera cosa que Ala creo fue el calamo. El [Ala] le dijo: 'Escribe'. Pregunto [el calamo]: '?Que he de escribir?'. Respondio: 'Escribe lo que ha de pasar hasta el Dia de la Resurreccion'. Lo que ha alcanzado al ser humano no podia haberlo evitado y lo que no le ha sucedido no podia haberle ocurrido" (26). Este Hadiz es confirmado palabra por palabra en la aleya 22 del Sura LVII El Hierro: "No os sucede ninguna desgracia en la tierra ni a vosotros mismos sin que este registrada en un libro antes de que la hayamos causado. Ello es facil para Ala" (27).

Podemos imaginar a Cervantes tomando el refran de El Coran o aprendiendolo de algun lector del mismo durante su cautiverio en la Berberia. Pero, si recordamos que segun Francisco Sevilla el refran ya figuraba en el refranero (o, al menos, en las Flores de Torquemada), lo mas probable es que para la epoca de Cervantes la frase ya hubiese hecho carrera en el habla cotidiana y que el autor de El Quijote la tomara, como tantos otros refranes de su obra admirable, del lenguaje que se hablaba en las calles de Alcala de Henares, Madrid, Valladolid y Sevilla. A su vez, los coterraneos de Cervantes la podrian haber incluido en su refranero tomandola de El Coran desde la epoca en que en la peninsula iberica hispanos, moros, mozarabes, mudejares, muladies, moriscos, sefardies y conversos se mezclaban en las ciudades y campos de lo que ahora es Espana (28).

Sin embargo, entre 1726 y 1739, mas de un siglo despues de la publicacion de Rinconete y Cortadillo y de la segunda parte de El Quijote, la Real Academia de la Lengua publico su primer diccionario: Diccionario de la lengua castellana, en que se explica el verdadero sentido de las voces, su naturaleza y calidad, con las phrases o modos de hablar, los proverbios o refranes, y otras cosas convenientes al uso de la lengua. Llamado Diccionario de Autoridades porque cada voz incluida va acompanada de un ejemplo de su uso entresacado de la obra de un autor (autoridad) de renombre (29), alli, la entrada de hoja asegura que el refran en cuestion, que el Diccionario de Autoridades cita como "No se mueve la hoja sin voluntad del Senor", ha sido "tomado del proverbio de la Sagrada Escritura, para dar a entender, que nada se hace sin la voluntad de Dios; pero se ha apropriado a lo humano, para explicar que ordinariamente no se hacen las cosas sin fin particular". Lo que no dice el Diccionario de Autoridades es en cual Sagrada Escritura o en que parte de la misma. Es necesario suponer que la Sagrada Escritura a la que se refiere el Diccionario de Autoridades no es otra que la Biblia, puesto que en dicho Diccionario, en la entrada Escritura, es claro que el termino Sagrada Escritura hace referencia solamente al contenido de la Biblia [alli se lee: "Escritura: (...) Por Antonomasia se entiende la Escritura Sagrada, que por otro nombre se dice Biblia" (30)].

Al igual que tantas otras obras que pretenden que el origen del refran se encuentra en la Biblia, el Diccionario de Autoridades, sin mencionar en cual de sus libros, va incluso mas alla y cita una frase en latin que, supuestamente, corresponde a la mencion original del refran en la Biblia: Quilibet in cunctis cautus sibi consulit actis, Quae folia inde cadunt numine flante cadunt (31). Es necesario enfatizar que al mencionar y explicar el proverbio en el que las hojas de los arboles no se mueven sin la voluntad divina el Diccionario de Autoridades no toma como autoridad a Cervantes (ni tampoco a Gonzalo Correas ni a Antonio Torquemada), sino que aduce como autoridad a un supuesto autor de la Sagrada Escritura al que no nombra y del que cita una frase en latin. Debo a la diligencia de Alberto Yagos, profesor de Lenguas Clasicas en el IES Bertran de Barcelona, la desconcertante noticia de que la frase citada por el Diccionario de Autoridades no se encuentra en La Vulgata (32), la Biblia Latina por antonomasia, y debo, ademas, a su dominio del Latin una traduccion de la frase en cuestion que, manteniendose fiel al original Latino, fluye de manera natural en nuestro idioma: "El hombre actua con prudencia siempre, porque no hay hoja que caiga que no lo haga movida por un espiritu divino".

Los Padres

La similitud semantica entre las dos frases que cita el Diccionario de Autoridades, la castellana y la latina, es evidente, pero la frase latina no esta en la Biblia y tampoco hay en la Biblia, ni en Latin ni en Espanol, frase alguna que combine los conceptos de hoja y voluntad y divinidad en el sentido en que Torquemada, Cervantes y Correas hicieran celebre en castellano o en el sentido en que, como dice Florencio Sevilla, era un lugar comun en epoca de estos tres autores. De todas maneras, la mencion de la frase latina en el Diccionario de Autoridades muestra que existe una frase en latin que relaciona la caida de las hojas de los arboles con la accion de una divinidad y deja abierta la posibilidad de que en latin fuese anterior a estos autores y que, a pesar de la definicion de Sagrada Escritura en el Diccionario de Autoridades, no se encuentre en la Biblia sino en otra "Sagrada Escritura", a saber alguno de los padres de la iglesia.

Siguiendo esta direccion la busqueda es mas fructifera: mucho antes del Diccionario de Autoridades y del Vocabulario de Correas y de Rinconete y Cortadillo y de El Quijote y de las Flores de Torquemada, incluso antes de la muerte del Profeta Mahoma en el 632 (fecha a partir de la cual sus seguidores comenzaron a reunir sus revelaciones en lo que pronto seria El Coran), Agustin de Hipona (354-430), Jeronimo de Estridon (340-420) y Tertuliano (ca. 160-ca. 220), traen en Latin la consabida frase que mencionan Correas, Cervantes y Torquemada (aunque no traen la cita latina del Diccionario de Autoridades, cuyo origen no he podido encontrar).

Agustin de Hipona alcanzo tal magisterio desde los siglos iniciales de la Iglesia Catolica que ha recibido el titulo de Doctor Gratiae (el Doctor de la Gracia, es decir, el que ensena la gracia) (33). Escribio ensayos autobiograficos [tan minuciosos que "de pocos personajes de la antiguedad tenemos informacion comparable a la contenida en sus Confesiones que relatan la conmovedora historia de su alma, o en sus Retractaciones que refieren la historia de su mente" (34)], ensayos de filosofia neoplatonica, controversias con hereticos, exegesis de las sagradas escrituras y apologos como La Ciudad de Dios. Como si no fuese suficiente, escribio un tratado Sobre la Musica, a medio camino entre la exposicion tecnica, el ensayo filosofico y el comentario moral. En los primeros cinco libros de su tratado Agustin demuestra ser un "perito en cuestiones centrales del arte musical, como el ritmo, los sonidos, el movimiento, el pie, el metro, el verso, la proporcion, el silencio, etc., de las cuales hace alarde de un profundo conocimiento"; pero en el sexto y ultimo libro de Sobre la Musica, deja a un lado el sentido habitual en el que entendemos la musica y se lanza con osadia sobre su "sentido metafisico y, por supuesto, religioso, teologico y mistico, netamente cristiano, pero de inconfundible herencia y resonancias pitagorico-platonicas y neoplatonicas", en una elucubracion que, bajo su pluma, "culmina en Dios, origen y sede de los numeros, las armonias eternas y las virtudes cardinales" (35). Es precisamente en este sexto libro en el que, refiriendose a "la ley misma de Dios" (legem ipsam Dei), afirma que sin su mediacion "no cae la hoja del arbol" y por su mediacion "estan contados nuestros cabellos" (sine qua folium de arbore non cadit, et cui nostri capilli numerati sunt) (36).

Por la misma epoca que Agustin, Jeronimo de Estridon, otro prolifico escritor de ensayos historicos, exegesis biblicas, controversias teologicas y traducciones (entre otras tareas llevo a cabo la traduccion de la Biblia directamente del Hebreo y del Arameo al Latin, la misma que conocemos hoy como La Vulgata), hizo, entre otras tantas, la semblanza hagiografica (mas mitologica que historica) de Pablo de Tebas, el primero de los santos eremitas (37). La narracion de Jeronimo vale la pena: Antonio Abad "nonagenario (como el decia con gusto), viviendo en otro desierto, concibio en su mente la idea de que era el unico monje perfectamente solitario que habitaba en el yermo. Pero una noche, mientras estaba descansando, le fue revelado que mas adentro en el desierto, habia otro, mucho mas perfecto, al cual debia ir a visitar". En su viaje por el desierto fue guiado sucesivamente por un hipocentauro, por un fauno y por una loba (la vida de Antonio Abad habria de estar en adelante asociada siempre a animales fantasticos; baste recordar su denodada lucha contra todo tipo de tentaciones, representadas una otra vez en la iconografia occidental, desde El Bosco hasta Dali, por animales sobrenaturales).

Finalmente, Antonio encontro a Pablo de Tebas, a la sazon de 113 anos, quien llevaba viviendo solitario en el desierto casi un siglo (habia llegado alli a los 16 anos huyendo de las persecuciones de Decio y Valeriano). Departieron un par de dias mientras un cuervo los alimentaba trayendoles pan. Finalmente Pablo dijo que, puesto que estaba proximo a morir, queria ser sepultado con la capa que Atanasio de Alejandria le habia regalado a Antonio. Este deshizo y rehizo el dificil viaje por el desierto y, al regresar con la capa, encontro a Pablo muerto. Aparecieron entonces dos leones del desierto que con sus garras cavaron la tumba para Pablo y luego, como pidiendo la merecida recompensa por su labor, se acercaron a Antonio quien, comprendiendo al instante lo que querian, les dio su bendicion diciendo: "Senor, sin cuyo consentimiento no cae ni una hoja de un arbol ni un pichon a tierra: !da a estos animales lo que veas que les conviene!" (38) [Domine, sine cuius nutu nec folium arboris defluit, nec unus passerum ad terram cadit, da illis sicut tu scis (39)].

Pero no son estas las referencias latinas mas antiguas al consabido refran. Antes que Agustin de Hipona y que Jeronimo de Estridon, otro de los padres de la Iglesia cita la misma frase no en una sino en dos ocasiones. Se trata de Tertuliano de Cartago, uno de los pocos Padres de la Iglesia que no se encuentra en el santoral debido a que en la penultima etapa de su vida adhirio a la secta de los Montanistas, fundada por el profeta Montano y por las profetisas Maximila y Priscila (40), a quienes despues abandono para fundar su propia secta, los Tertulianistas, cuyos ultimos miembros serian readmitidos siglo y medio mas tarde al seno de la Iglesia Catolica por Agustin de Hipona (41). En Ad Uxorem (A la Esposa), escrito entre 200 y 206 EC (de la era comun), le aconseja a su mujer que, en caso de enviudar, no se vuelva a casar; y en De exhortatione castitatis (Exhortacion a la castidad), escrito entre 208 y 211 EC, dedicada a un amigo que recien habia enviudado, lo insta a que no se case de nuevo (42). En ambas obras utiliza la consabida frase; en la primera para referirse a que nadie es sacado de este mundo si no es por la voluntad divina pues ni siquiera una hoja cae del arbol sin la voluntad de Dios (43) [neminem non ex Dei voluntate de saeculo duci, si ne folium quidem ex arbore sine Dei voluntate dilabitur (44)]; y en la segunda para afirmar que no volver a casarse despues de la disolucion del matrimonio por la muerte es la maxima expresion de la virtud de la moderacion, porque la moderacion es no lamentarse de algo que ha sido arrebatado y, en este caso, arrebatado por el Senor Dios, sin cuya voluntad ni una hoja cae de un arbol, ni un gorrion de un centavo cae a tierra (42) [Modestia est enim ablatum non desiderare, et ablatum a domino deo, sine cuius voluntate nec folium de arbore delabitur nec passer assis unius ad terram cadit (45)].

En sintesis, el refran sobre la hoja inmovil en el arbol a menos que la moviese la voluntad de un ser supremo, no solo era un lugar comun en Castellano en la Espana de Cervantes, como afirma Florencio Sevilla, era tambien un lugar comun en Latin para los Padres de la Iglesia. A lo mejor tambien era un lugar comun entre los griegos. Tertuliano, el mas antiguo entre los mencionados Padres, conocia el griego tan bien como el latin y escribio muchas de sus obras en griego, aunque ninguna de estas ultimas ha llegado hasta nosotros (40). Es posible que haya tomado el refran de alguna fuente griega o, a lo mejor, lo haya inventado el mismo, con base en fuentes griegas, a lo largo de su proceso educativo.

El arbol sagrado

El caso es que en Dodona ([frase omitir]: Dodone), junto al monte Tomaros, en donde nace el rio Aqueronte, una de los cinco rios del inframundo, el mismo que cruzaremos en nuestro camino final al Hades si Caronte nos admite en su barca previo pago de una moneda (46), los griegos veneraron un roble cuyas hojas expresaban mediante su susurro la voluntad de Zeus. La primera referencia a Dodona en la literatura se encuentra en La Iliada (47): antes de permitir a Patroclo que entre en combate disfrazado con sus armas para que los Troyanos crean que ha vuelto al campo de batalla el rey de los Mirmidones, Aquiles eleva una oracion al padre de los dioses en la que lo invoca llamandolo Zeus Dodoneo (48). En La Odisea el propio Ulises, ya de regreso en Itaca pero aun a escondidas, relata en dos ocasiones como fue a Dodona para "aprender del gran roble la voluntad de Zeus" (49) y saber como deberia regresar a su patria, si abiertamente o si secretamente, como finalmente llego, disfrazado de mendigo. La expresion [frase omitir] (boule), con diversas desinencias, se refiere siempre a la voluntad, a la determinacion, especialmente de los dioses (50). [frase omitir] (dios boulen: la voluntad de Zeus) es la expresion exacta que utiliza Homero (o quien quiera que haya sido quien recopilo y sento por escrito La Odisea) para referirse a lo que queria conocer Odiseo a partir del murmullo que las hojas del roble sagrado de Dodona producian al moverse, pero movidas "no por el viento, sino por el propio Zeus, que estaba inmanente en el tronco del roble" (51). Aunque el salto es abrupto (al menos de 8 siglos) existe una conexion directa entre la expresion en griego en la que un dios expresa su voluntad moviendo las hojas de un arbol sagrado y la expresion latina de Tertuliano en la que solo mediante la voluntad de Dios cae una hoja del arbol. Queda por tarea recorrer los meandros a partir de los cuales la segunda frase se deriva de la primera.

El culto a Zeus en Dodona se remonta por lo menos 2000 anos antes de la era comun y era el mas antiguo oraculo de Grecia, incluso mas antiguo que el oraculo de Delfos (en donde Apolo, el dios con el don de la profecia, hablaba por boca de la Pitia); no habia alli magos ni profetas, habia augures, hombres y mujeres, que interpretaban la voluntad del padre de los dioses a partir del susurro de la hojas del arbol sagrado, aunque tambien podia suceder que lo hicieran a partir del crujido de sus ramas, del arrullo de las palomas que tenian en el su nido, del murmullo de la fuente que brotaba al pie de su raices (47) o del sonido generado por el consultante al golpear ligeramente con los dedos alguno de los calderos de bronce que rodeaban el santuario, dispuestos de tal manera que la resonancia del caldero tocado inicialmente hacia vibrar los calderos vecinos con un sonido que se replicaba en reverberaciones sucesivas que, segun la leyenda, duraban todo un dia (52).

Por lo general, el consultante inscribia en una pequena lamina de plomo su pregunta para el dios y, luego, la persona a cargo de los augurios, hombre o mujer segun la epoca, leia la pregunta y consultaba al dios quien expresaba la respuesta en el susurro producido por el movimiento de las hojas del roble (53). En ocasiones la respuesta era directa, un si o un no rotundos, pero, como ocurre con frecuencia con el lenguaje oracular, por lo general la respuesta era ambigua, con multiples sentidos susceptibles de recibir interpretaciones diversas; aunque para quien habia formulado la pregunta la respuesta podia ser tan iluminadora como lo fue para Odiseo, quien acepto regresar a su tierra patria bajo un disfraz, tal como lo habia ordenado el dios (el habia acudido al oraculo para saber la voluntad de Zeus), o como lo habia querido Odiseo quien, pensando con el deseo, interpreto en la respuesta del augur la solucion al dilema que mejor se acomodaba a sus intenciones mas profundas.

Solo 32 de las 4216 laminillas de plomo encontradas hasta el momento por los arqueologos en Dodona tienen que ver con asuntos publicos ("los habitantes de Dodona le preguntan a Zeus si es por causa de la impureza de algun hombre que el dios esta causando la tormenta", por ejemplo); pero la mayoria corresponde a inquietudes diversas sobre la vida privada ("?debo casarme con ...?", "?tendre exito en mi viaje a ...?", "?me conviene hacer el negocio con.?") (54). Solo unas cuantas de estas ultimas contienen preguntas sobre la salud del consultante o de la de alguno de sus seres queridos y, en todo caso, el enfoque de la pregunta es siempre mas religioso que medico: no se pide consejo sobre el tratamiento especifico de un quebranto de salud sino sobre el tipo de sacrificio o de invocacion o de ritual mas favorable para garantizar la salud o el favor de un dios que podria afectarla. "Euklis ha venido a consultar al oraculo con respecto a la salud y bienestar suyos y de su familia y propiedades ?a que dios deberia hacerle sacrificios y oraciones para que le fuese mejor?", es un buen ejemplo de lo antedicho (54).

El Asclepeion

Pero, aunque se podian hacer preguntas, como la anterior, sobre la salud del consultante, no se acudia al oraculo de Dodona (ni tampoco al de Delfos o a cualquiera otro de las decenas de oraculos diseminados en la geografia griega), a recibir instrucciones sobre como recuperar la salud; las instituciones de la Grecia clasica encargadas de ello eran otras, distintas a los oraculos. Para recuperar la salud o buscar su recuperacion existian en la Grecia clasica al menos cuatro posibilidades (55): en primer lugar el enfermo podia acudir a cualquier templo dedicado al culto oficial de cualquier dios al que considerara el causante de su enfermedad a rogar el favor del dios, tratando de aplacar su ira sobrenatural con ruegos, oraciones, ofrendas, libaciones, purificaciones y sacrificios, siempre mediante la ayuda de un sacerdote a cambio de una ofrenda para el templo o unos honorarios; tambien podia acudir a un mago, quien mediante conjuros, encantamientos y amuletos (y algunos ritos derivados del culto oficial), buscaria invocar supuestas fuerzas ultraterrenas ajenas al numeroso panteon de divinidades griegas y casi siempre daimonicas con capacidad para contrarrestar los efectos de la enfermedad a cambio de ciertos honorarios previamente pactados; podia igualmente acudir a un curandero o sanador empirico, quien con su experiencia de anos en el tratamiento de heridas, esguinces, luxaciones y traumatismos menores, mezclando algo de magia y algo de ruegos a los dioses, ayudaba a la recuperacion de la salud mediante un pago menor; y, finalmente, podia acudir a un medico [[frase omitir]: iatros (56)], un profesional educado en el arte de curar y preservar la salud, perteneciente, por lo general, a una familia de medicos que habia conservado a lo largo de siglos la tradicion de que los hijos heredasen la profesion de sus padres y fuesen educados de manera sistematica por estos, dando origen a verdaderas "escuelas" medicas como la de Cnido o la de Crotona.

Estas cuatro maneras de buscar alivio en la enfermedad aunque, en apariencia, tenian diferencias muy claras entre si, no dejaban de tener algunas semejanzas. En las tres primeras maneras de buscar alivio en la enfermedad, al buscar la ayuda del sacerdote, del mago o del curandero, se aceptaba que el origen de la enfermedad era sobrenatural, aunque en el caso del curandero, dependiendo de la enfermedad, se aceptaba a veces como causa el efecto de un proceso natural, originario de este mundo. En la primera, se aceptaba al elegir la ayuda del sacerdote que la enfermedad habia sido desencadenada por la furia de un dios vindicativo, pero se aceptaba ademas que dicha furia tenia como causa una accion u omision por parte del propio enfermo, de orden religioso o moral, que tenia que ser limpiada mediante el rito antes de conseguir la curacion. En la cuarta, al buscar la ayuda del medico, se aceptaba que el origen de la afeccion era, casi siempre, terrenal y que el tratamiento, tambien y por lo general, era un tratamiento de este mundo; aunque a veces, con ocasion de procesos patologicos cronicos o incurables o, por decir lo menos, asombrosos, se aceptaba el origen sobrenatural del proceso y se solicitaba el concurso de los dioses para su curacion. Sin embargo, es necesario resaltar que no existio nunca en la antiguedad incompatibilidad alguna entre los medicos profesionales y los sacerdotes de cultos religiosos dedicados a la busqueda de la salud. De hecho, en numerosas ciudades de la epoca existe evidencia arqueologica y documental de que no se trataba solamente de una simple coexistencia pacifica sino de una interaccion, por lo general, bastante positiva (57). Esto no quiere decir que en los templos se practicara una forma de medicina empirico-naturalista, pero debe insistirse en que, como consecuencia de la relacion entre medicos y sacerdotes, los medicos respetaban a Asclepio entre las deidades sanadoras y muchas de las practicas de salud al interior del templo eran eco de las practicas de los profesionales medicos (58).

A partir del siglo VI antes de la era comun y en los siglos siguientes, alcanzado su maximo desarrollo tres siglos mas tarde, es evidente en todo el ambito de la Grecia clasica una mayor interaccion entre el proceso curativo realizado por medicos profesionales y el proceso curativo llevado a cabo mediante el culto religioso: el culto de Asclepio (59).

Hijo de Apolo, educado por el propio Apolo y por el centauro Quiron en las artes de restablecer la salud, Asclepio, el mismo Esculapio de los latinos, era un dios menor poseedor de algunas gotas de la sangre de la Medusa obtenidas del lado izquierdo de su cuerpo, capaces incluso de volver a la vida un cuerpo muerto y de oponerse a los efectos de la sangre de la Medusa obtenida del lado derecho de su cuerpo celosamente guardadas por Atenea para usarlas cuando deseaba destruir la vida o causar una guerra (60). Su culto tenia lugar en el Asclepeion ([frase omitir]: Asklepieion), una suerte de templo de la salud en el que oficiaba un sacerdote de Asclepio en ocasiones con formacion medica profesional. En toda la Grecia clasica hubo santuarios dedicados a Asclepio y el culto del dios de la salud llego a ser parte del culto oficial (61).

La visita al templo de Asclepio, como todo ritual religioso, incluia un proceso inicial de purificacion o catarsis mediante metodos diversos (dieta, banos, masajes, purgaciones, lectura de libros especiales, asistencia a obras de teatro, certamenes poeticos, carreras de atletismo y paseos) (62). Luego de la purificacion el consultante debia realizar el rito de [frase omitir]: [egcoimesis: dormir en el templo (63)] que consistia en pasar una noche en una seccion del templo habitualmente vedada a los fieles excepto durante este rito, el abaton [[frase omitir]: abaton -el lugar que no puede ser pisado, inaccesible (64)-]. Durante la egcoimesis el propio Asclepio visitaba al paciente en un sueno y, al dia siguiente, el paciente debia relatar el sueno al medico-sacerdote, quien lo interpretaba y daba las recomendaciones que para la recuperacion de la salud, fisica y emocional, Asclepio habia transmitido mediante el lenguaje y la imagineria oniricos (60). En Latin tardio la egcoimesis recibiria el nombre de incubatio para referirse a la practica medieval de pernoctar en un templo cristiano con el fin de recibir en un sueno la ayuda de un santo (65). El mas famoso y visitado de todos los Asclepeiones fue, sin lugar a dudas, el de Epidauro, pero hubo tambien famosos Asclepeiones en Gortina, Alifeira, Feneos, Mesene, Corinto, Atenas, Paros, Delos, Orcomeno ... (66) y, como no, en la isla de Cos. En ella se encontraba no solo un celebre Asclepeion, regentado por la familia de los Asclepiades [que regentaba tambien el famoso Asclepeion de Cnido y se decia descendiente directa de los hijos de Asclepio, Macaon y Podalirio, quienes participaron en la guerra de Troya (67)], tambien se encontraba en Cos una no menos famosa escuela de medicina, pero la datacion de los vestigios arqueologicos descubiertos hasta el dia de hoy no permite demostrar la simultaneidad entre el Asclepeion y la escuela (68).

A pesar de la aparente similitud entre la curacion mediante el culto religioso y la curacion en el Asclepeion, se daban varias diferencias fundamentales entre uno y otro procesos: en primer lugar, Asclepio no era considerado por los griegos un dios causante de enfermedades, se le consideraba un sanador divino, un dios bondadoso que aconsejaba tratamientos a aquellos sufrientes que le solicitaban ayuda, asi que no se iba al templo de Asclepio a aplacar su ira sino a solicitarle auxilio (60). En segundo lugar, el enfermo que acudia al templo de Asclepio, iba en busca de una respuesta, pero, a diferencia de las cripticas respuestas obtenidas en santuarios oraculares, la respuesta en el Asclepeion era bastante concreta e incluia una serie de instrucciones (prescripcion de una dieta, prescripcion de un regimen de ejercicio, recomendacion de un cambio de ambiente) y con frecuencia una serie de practicas [masajes, cauterizaciones, incisiones, drenajes, sangrias, tratamientos con farmacos -[frase omitir]: farmacon: "medio para producir algo" y, en consecuencia, a la vez remedio o veneno- (69)]. En tercer lugar el culto curativo en el templo religioso estaba dirigido por sacerdotes sin entrenamiento medico alguno, mientras que en el Asclepeion con frecuencia estaba dirigido por sacerdotes de Asclepio formados como medicos en la escuela de una familia con abolengo medico que se extendia hasta el mas remoto pasado.

Por otra parte, hacia la misma epoca en la que comenzaron a florecer los Asclepeiones, los profesionales medicos, formados sobre todo en las escuelas medicas de Jonia y de la Magna Grecia, comenzaron a tener una posicion cada vez mas prominente en la sociedad, reflejada en el surgimiento, como institucion, de la medicina publica y de los medicos itinerantes (60). Estos ultimos, llamados [frase omitir] [periodeutes: viajero (70)] circulaban por toda Grecia, bien fuera con motivo de estudio o de su practica, ofreciendo los servicios profesionales a quienes pudieran pagarlos, al tiempo que en diversas ciudades se establecieron concursos periodicos para ocupar el cargo de medico publico, cuyo sueldo basico estaba destinado a que, abandonando el nomadismo, los medicos se establecieran y ejercieran la profesion en la ciudad, mientras se les permitia el cobro de honorarios acordados al iniciar el tratamiento (71).

No es posible establecer de manera precisa como se desarrollaron los eventos, pero el caso es que en las ultimas decadas del siglo V antes de la era comun se da un cambio crucial en la manera de ejercer la profesion medica en la Grecia clasica. Un grupo cada vez mayor de medicos que se habian formado en la Escuela de la isla de Cos y se describian a si mismos como descendientes (al menos como discipulos, cuando no familiares) de Hipocrates de Cos, hicieron explicito el abandono completo de la magia y del culto religioso como metodos terapeuticos. Ademas, su practica profesional estaba dirigida por un codigo profesional preciso cuyas clausulas eran de obligatorio cumplimiento (72). A este grupo se adhirieron pronto otros medicos de otras escuelas y se crearon nuevas escuelas cuya educacion y practica medica se basaba en los mismos principios: la religion debe estar en manos de los sacerdotes, las practicas magicas son pura charlataneria y el armamentarium del medico no puede estar basado en suposiciones sobrenaturales.

De la existencia historica de Hipocrates no es posible dudar, contemporaneos suyos, incluido el joven Platon, se refieren a su labor y a su pensamiento. Tampoco existe duda alguna sobre que no escribio todos los tratados que figuran como obra suya en el Corpus Hippocraticum; diferencias linguisticas y de estilo e incluso contradicciones flagrantes de pensamiento asi lo atestiguan (73). Lo que debe ser subrayado es que Hipocrates, o quien quiera que fuese quien escribio De Morbo Sacro ([frase omitir]: Peri hieres nousou: sobre la enfermedad sagrada) establecio una frontera muy precisa entre las explicaciones causales que acudian a lo sobrenatural y las que abogaban por el conocimiento empirico y, al mismo tiempo, entre los enfoques terapeuticos que acudian a lo sobrenatural y los que abogaban por el conocimiento empirico-naturalista: "Acerca de la enfermedad que llaman sagrada sucede lo siguiente. En nada me parece que sea algo mas divino ni mas sagrado que las otras, sino que tiene su naturaleza propia, como las demas enfermedades, y de ahi se origina. Pero su fundamento y causa natural lo consideraron los hombres como una cosa divina por su inexperiencia y su asombro, ya que en nada se asemeja a las demas". Esa inexperiencia y ese asombro ante las manifestaciones de la epilepsia, dice el autor, permitieron que "magos, purificadores, charlatanes y embaucadores" sacralizaron la enfermedad "para que no quedara en evidencia que no sabian nada" y lo hicieron de tal manera que, puesto que no le daban al paciente ningun tratamiento real ("no les dieron ningun medicamento para comer o beber ni los trataron con banos") no asumian ninguna responsabilidad "de modo que, si el enfermo llegara a curarse, de ellos sea la gloria y la destreza, y si se muere, quedara salvo su disculpa, conservando la excusa de que de nada son ellos responsables, sino solo los dioses" (74).

El humanismo implicito en De Morbo Sacro, dice Benjamin Farrington, no es menos importante que su espiritu cientifico: "esta es la epoca que nos ha legado la imagen del medico Hipocratico empenado tanto en la paciente investigacion de la naturaleza como en el paciente servicio a la humanidad; el sanador de la mente y el cuerpo, con su evangelio de esperanza de que las enfermedades de los seres humanos no son castigos sobrenaturales, sino aflicciones naturales cuyo conocimiento oportuno es posible aliviar" (75).

Sin dejar de lado las creencias personales y respetando profundamente las creencias religiosas de los pacientes, la medicina contemporanea mantiene de una u otra manera continuidad historica con ese legado Hipocratico: si bien es legitimo creer en la voluntad del dios expresada en el movimiento de las hojas de un arbol sagrado, es nuestro deber humanitario continuar indagando en la naturaleza en busca de la causa y el alivio al sufrimiento.

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EUGENIO MATIJASEVIC * BOGOTA, D.C. (COLOMBIA)

Dr. Eugenio Matijasevic: Editor General Acta Medica Colombiana. Bogota, D.C. (Colombia).

E-mail: eugenio.matijasevic@gmail.com

Recibido: 04/05/2018 Aceptado: 07/05/2018
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Title Annotation:Editorial
Author:Matijasevic, Eugenio
Publication:Acta Medica Colombiana
Date:Jan 1, 2018
Words:9522
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