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Narrativas de la expansion iberica en el pacifico: un analisis comparativo de dos versiones sobre la expedicion de Villalobos (1542).

NARRA TIVES ABOUT THE IBERIC EXPANSIONISM IN THE PACIFIC: A COMPARISON OF TWO VERSIONS ABOUT THE VILLALOBOS EXPEDITION (1542)

Introduccion

Desde fines del siglo XV, las Coronas de Portugal y Espana protagonizaron la expansion ultramarina europea, carrera que las enfrento por la explotacion y el dominio de las tierras a las que arribaban. Esta competencia, si bien extensamente estudiada, sera abordada en este trabajo a partir del analisis comparatista de dos documentos que brindan versiones disimiles sobre la llamada Expedicion Villalobos. Esta expedicion, de bandera hispana, partio desde la Nueva Espana bajo el mando de Ruy Lopez de Villalobos en 1542, con el objetivo de explorar los mares del Pacifico Sur en procura de la Especieria, un conjunto de islas ricas en especias anhelado por los europeos e identificado con el archipielago de las Molucas. Una serie de imprevistos que detallaremos mas abajo (enfrentamientos con los nativos, falta de alimentos, desconocimiento del camino de regreso hacia America por el Pacifico) llevaron a los navegantes a requerir del auxilio de los portugueses para poder regresar al Viejo Mundo.

En este articulo proponemos el estudio de dos documentos disimiles, que nos permitiran, por un lado, reconstruir los pormenores de la aventura militar de Villalobos, y, por otro, reflexionar acerca del establecimiento deliberado de narraciones oficiales sobre las experiencias de ultramar, que las dos Coronas ibericas auspiciaban y requerian para legitimar sus empresas expansionistas. El primero de los textos a analizar es el informe de uno de los viajeros espanoles, Garcia Descalante Alvarado, firmado en 1548 en Europa, impreso junto a otros documentos ineditos del Archivo de Indias en 1866. El segundo es una misiva redactada por el jesuita valenciano Cosme de Torres (1510-1570) en Goa, el 25 de enero de 1549, incluida, entre otros epistolarios, en la monumental coleccion de misivas ignacianas editada en la ciudad de Evora en 1598 (1). Desde una perspectiva que privilegia el analisis textual de las fuentes, sostenemos que el contrapunto entre ambas echara luz acerca de la construccion intencionada de narrativas oficiales, que perseguian determinados objetivos en el marco de la competencia luso-hispanica por los dominios de ultramar.

Antes de comenzar con la comparacion entre ambas versiones de la expedicion, y para poder comprender debidamente el contexto de las empresas ultramarinas europeas, recapitulamos sucintamente el estado de las expediciones ibericas en el Pacifico desde el siglo XIV.

Portugal y Espana en la contienda por el Pacifico

1. Consolidacion de la via lusa entre Europa y Asia

Las inquietudes colonialistas portuguesas se remontan a la primera mitad del siglo XV, cuando bajo el reinado de Joao I (1357-1433), Enrique "el Navegante" (1394-1460) inicio las campanas de exploracion de la costa africana. Tras la toma de Ceuta (1415) y ya como gobernador de Algarve, el infante Enrique convoco en su pequena corte de Sagres "no solo [a] navegantes, sino astronomos, constructores de barcos, cartografos, fabricantes de instrumentos" (2), para hacer del imperio portugues el precursor de la carrera europea de ultramar.

Entre los hitos del recorrido luso nacido bajo el auspicio de Enrique, cuentan: los intentos de conquista de las Canarias en 1424 y 1434; la colonizacion de Porto Santo en 1420 y la subsiguiente ocupacion de las Madeira; la primera navegacion al sur del cabo Bojador en 1434; la exploracion de siete de las islas Azores en 1439; el arribo al cabo Blanco en 1442; la construccion de la primera factoria portuguesa alem-mar en la isla de Arguim (hoy Mauritania) en 1448; el hallazgo y poblamiento del archipielago de Cabo Verde hacia 1460 (3). Tras la muerte del principe navegante, la empresa colonial prosiguio en ritmo lento hasta la coronacion de Joao II (1455-1495), en 1481.

La competencia luso-castellana data de esta primera etapa de exploraciones y conquistas. El enfrentamiento entre ambas Coronas por el dominio sobre las islas Canarias--fieramente defendidas por los nativos guanches--se mantuvo implicitamente hasta que en 1475 "la guerra corsaria entre las islas fue absorbida por la guerra de sucesion entre Espana y Portugal" (4) y, finalmente, el Tratado de Alcacovas cerro la disputa en 1479. Con la firma del documento, que sellaba la paz entre los reinos, "Portugal se aseguro todas las islas que antes habian estado deshabitadas, y Castilla solamente las islas Canarias" (5).

Bajo el reinado de Joao II y su sucesor, Manuel I (1469-1524), tuvo lugar una nueva serie de hazanas de navegacion lusas, que posibilitaron la triunfal llegada de Vasco da Gama a Calcuta en 1498: en 1486 Diego Cao arribo al cabo Cross; en 1487, Bartolomeu Dias logro por primera vez ir mas alla del cabo de Buena Esperanza y del cabo Agulhas, el mas meridional del continente africano. Asi, Dias contribuyo a la circunvalacion del Africa y a la consolidacion de la ruta a Asia, centro de los intereses comerciales y colonialistas del imperio portugues en las decadas siguientes. Ademas, las noticias del exitoso viaje de Colon iniciaron un nuevo capitulo en la rivalidad entre lusos y castellanos, mediada por Alejandro VI con el Tratado de Tordesillas (1494), que, al delimitar los campos de accion de ambas Coronas, "impulso las exploraciones portuguesas a lo largo de la ruta maritima oriental hacia la India" (6).

En su segundo viaje, en 1502, Vasco da Gama fundo la factoria de Cochin, alrededor de la cual se organizaria la presencia lusa en el Indico bajo el Virreinato de Don Francisco de Almeida. Su sucesor, con el titulo no de Virrey sino de Gobernador (7), Afonso de Albuquerque (1453-1515), fue el encargado desde 1509 de "transformar un comercio maritimo intruso basado en Lisboa en una cadena de establecimientos comerciales y navales permanentes que cubriera por completo el Medio Oriente" (8). Con la conquista de Goa en 1510, de Malaca en 1511 y de Ormuz en 1515, ademas de la llegada a las Molucas en 1512, el viaje del portugues Jorge Alvares a China en 1513 y el posterior establecimiento de una colonia en Macau, la via portuguesa del comercio de las especias se consolidaba definitivamente (9).

2. Castilla en la carrera por las Islas de las Especias

En el Diario del primer viaje, Colon (c. 1451-1506), tras haber avistado la costa americana, plasmo su certeza de haber arribado a las Indias Orientales por via atlantica. En la entrada del domingo 21 de octubre de 1492, senala: "partir[e] para otra isla grande mucho, que creo que debe ser Cipango, segun las senas que me dan estos indios que yo traigo" (10). Cipango es el nombre con el que Marco Polo (1254-1324) se refiere a Japon en Il milione, texto que Colon leyo, y que se mantenia vigente como material de consulta sobre la geografia del este asiatico, a pesar de que Polo mismo admitiera no haber pisado tierras niponas, sino que las describia basado en lo que habia oido desde el Catay (China) (11).

El equivoco colombino fue finalmente corregido por el florentino Americo Vespucio (1454-1512), quien interpreto que la gran masa terrestre cuyas costas recorrio en dos viajes comprobados no era Asia, sino un continente "nuevo". La carta en que Vespucio anuncia el "Mundus Novus" circulo ya en 1502 por Europa y fue reimpresa en 1507 por Martin Waldseemuller, junto con un mapamundi que asignaba el nombre de pila del navegante a ese continente (12). Con esta informacion, la empresa castellana en pos de la ruta hacia la Especieria requeria del hallazgo de "un estrecho a traves de una masa terrestre cuyas dimensiones de este a oeste eran desconocidas" (13). Las exploraciones de Solis y Magallanes nacieron con este proposito.

En 1519, el portugues Femando de Magallanes, quien habia estado en 1511 en la toma de Malaca encabezada por Albuquerque y por lo tanto conocia bien la topografia del Indico, puso su pericia al servicio de la corona castellana, y partio con rumbo sudoeste en busca del anhelado pasaje a las Indias Orientales. Tal como testimonia el escribiente de a bordo, Antonio Pigafetta, superviviente de la travesia, tras una conflictiva estadia en la costa patagonica, hallaron el estrecho que hoy lleva el nombre de Magallanes, y lograron atravesarlo el 28 de noviembre de 1520 (14). El resultado de la expedicion, sin embargo, no fue promisorio: de los doscientos sesenta y cinco tripulantes que partieron en cinco naves en 1519, solo arribaron dieciocho en la nao Victoria a Sevilla tres anos mas tarde, y el paso interoceanico que habian hallado era peligroso y de dificil acceso. Sin embargo, su travesia por las islas de las Especias o Molucas constituye un hito de la historia que aqui nos proponemos reconstruir, pues, por un lado, testimonia la temprana presencia portuguesa en la zona y, por otro, define las posteriores empresas castellanas al mando de Loaisa (1524), Alvaro de Saavedra (1527) y, la que aqui nos interesa en particular, Villalobos (1542).

Recapitulamos entonces que el viernes 8 de noviembre de 1521, bajo el mando de Sebastian Elcano por la muerte de Magallanes en abril de ese ano, la expedicion fondeo en la isla de Tidore, una de las Molucas, y fue bienvenida por su rey (15). En la noche del miercoles 13, arribo un portugues de nombre Pedro Alfonso, que informo a los navegantes que por mandato real, los portugueses debian impedirles que se establecieran en las islas. En palabras de Pigafetta: "nos dijo que hacia diez anos que el rey de Portugal obtenia gran utilidad de aquellas islas, por lo que siempre habia puesto gran cuidado en que no fueran conocidas de los espanoles" (16). De todos modos, lograron establecer buenas relaciones con el rey de Tidore, que en ese momento estaba enfrentado con los portugueses y con los habitantes nativos de Ternate, otra de las islas; incluso un grupo de cincuenta y siete europeos se quedo alli, para reparar la nao Trinidad y retornar por el Pacifico a Nueva Espana. El regreso de Elcano, aunque en una unica nave maltrecha y con escasos sobrevivientes, evidencio el "estado de guerra mas o menos abierta entre espanoles y portugueses en las islas" (17).

En 1524, partio una segunda expedicion espanola a Tidore pero "los barcos al mando de Jofre de Loaisa (...) no regresaron" (18). En 1527, otro intento fallido que partio desde Nueva Espana estuvo a cargo de Alvaro de Saavedra. A sabiendas de que "los portugueses dominaban la situacion en el Oriente" (19) y con ajustado presupuesto imperial, al ano siguiente Carlos V firmaba el Tratado de Zaragoza, segun el cual "cedia a Portugal por 350.000 ducados todos sus derechos a las Molucas" (20). Este cambio en la situacion politica de las islas de la Especieria implico que aquellos espanoles de la expedicion de Magallanes que habian quedado en Tidore debieran rendirse ante los portugueses. Sin embargo, algunos aun permanecian en el area cuando, en 1542, la flota de Villalobos debio entrar en territorio luso, como veremos a continuacion.

La expedicion de Villalobos

El competitivo entramado de viajes espanoles y portugueses que hemos reconstruido es el marco en el que nacio la expedicion de Ruy Lopez de Villalobos, en la que nos centraremos en el resto del trabajo. Como punto critico de la division territorial acordada mediante tratados, las islas del Pacifico fueron el escenario de una tension que amenazo la paz entre las Coronas ibericas.

Uno de los sobrevivientes de la expedicion de Loaisa, Andres de Urdaneta, en 1537 llevo noticias a la peninsula iberica sobre la riqueza en especias de las islas del Pacifico. La informacion llego a oidos de Pedro de Alvarado, quien se encontraba de paso por Madrid y, tras su regreso a Mexico, "celebro un acuerdo con el virrey Mendoza" (21) para llevar a cabo una expedicion desde Nueva Espana con rumbo oeste. Por la muerte de Alvarado, Villalobos fue elegido capitan de la expedicion, y esta partio el 1 de noviembre de 1542 del puerto de Joan Gallego (o Puerto de Navidad), "con orden expresa de no tocar las Molucas" (22) que, como hemos dicho, formaban parte de los dominios portugueses desde el Tratado de 1529.

A continuacion, analizaremos el informe oficial sobre la expedicion, firmado por Garcia Descalante Alvarado, desde Lisboa, en 1548. Luego, ahondaremos en el segundo documento, la epistola redactada por otro de los miembros de la expedicion, el religioso Cosme de Torres en 1549. Por ultimo, sistematizaremos las diferencias en las narrativas de ambos escritores para brindar finalmente las conclusiones del trabajo, en las que cobra especial relevancia la construccion discursiva de las fuentes documentales.

Hambre y tension iberica en la expedicion de Villalobos, segun Garcia Escalante Alvarado

El relato de Garcia Descalante Alvarado, escrito tras arribar a Europa por la via portuguesa, fue impreso en 1866 junto a otros documentos hasta entonces ineditos del Archivo de Indias. En esta version de los hechos, como veremos en detalle, el hambre y la enemistad con los portugueses constituyen los conflictos principales.

Tras la partida desde Nueva Espana, Alvarado narra el hallazgo de una serie de islas en el Pacifico y el arribo a Mindanao, a la que llamaron Cesarea Karoli, en la que intentaron sin exito asentarse. Debieron partir hacia el sur, a una isla mas pequena que lograron ocupar tras un violento enfrentamiento con los locales. Desde este punto, la necesidad de abastecerse se volvio el movil de las acciones de los viajeros. Segun el relato de Alvarado, la situacion legitimo el uso indiscriminado de violencia contra los nativos, a los que "se les dio combate, y en breve espacio se les gano el pueblo" (23). Una vez conquistada la tierra, la tripulacion intento cultivar pero, ante un primer fracaso, opto por volver a combatir y saquear:
   hizo el General que todos sembrasen maiz, lo cual se sembro dos
   veces e no nascio, de lo cual se escandalizaron todos, porque
   decian que no venian a sembrar, sino a conquistar, y que era mejor
   tomar los mantenimientos que alli se hallaron, y antes que se
   acabasen, buscar en otra parte; porque querian mas morir en la
   guerra peleando, que no en aquella isla de hambre (24)


El itinerario prosiguio hacia otras islas al sur de Mindanao, en las que la situacion fue similar:
   Habiendoles requerido [a los nativos] que nos vendiesen
   bastimentos, no lo queriendo hacer, no haciendo caso de la
   fortaleza del penol, le[s] combatimos, (...) y no queriendo
   rendirse, murieron todos, que no escaparon sino algunas mujeres y
   ninos, (...) el bastimento que (...) hallamos fue muy poco (25)


Los dias se sucedian y "el hambre era tanta, que la gente no la podia sufrir, y della murieron muchos espanoles e indios esclavos que de esa Nueva-Espana trajeron" (26). Finalmente, el derrotero desesperado los hizo llegar a terreno luso:
   la comida en la nao era tan poco, que (...) no habia mas de para
   diez dias, y aquella tierra era tal, que ningun remedio
   esperabamos, acordamos de partirnos en busca de la galera [que
   habia partido con rumbo norte a buscar comida]; y no la hallando a
   do pensabamos que estaba, se dexo al pie de un arbol una carta que
   decia que ibamos en demanda de una isla pequena, de que teniamos
   noticia, y si no la podiesemos tomar, a Zamafo [Moratai]. Y no
   podiendo tomar la isla, a causa de mucha serrazon y corrientes, las
   cuales nos llevaron sin viento en el golfo a Zamafo, y allegamos a
   un pueblo que se llama Zagala, que es del rey de Gilolo. Acaecio
   que, al tiempo que llegamos a esta provincia, que llaman costa de
   Moro, con la necesidad ya dicha, estaban en ella portugueses
   haciendo guerra a unos pueblos del rey de Gilolo (27)


Desplazando la voluntad del Capitan, los moviles de la accion en el fragmento citado son la busqueda de comida y algunos fenomenos naturales (cerrazon, corrientes maritimas, ausencia de vientos favorables). Asi, la narracion de Alvarado procura que el arribo a las Molucas (es decir, la intromision en terrenos que para los europeos se encontraban bajo la potestad de la corona portuguesa) no pudiera interpretarse como intencional.

Tras la "casual" llegada, los espanoles primero establecieron relaciones con el monarca de la isla de Gilolo (28), y luego con el de Tidore, en cuya tierra se establecieron durante tres anos (29). Desde el comienzo, la presencia de la flota espanola incomodo a los portugueses que aparecen en el relato sin voluntad de ayudar siquiera en el aprovisionamiento a sus vecinos ibericos: "[los lusos] inducieron (sic) a los naturales que no nos vendiesen ningun bastimento, amenazandolos si los vendiesen" (30). Si bien el escriba no declara que la hostilidad fuera explicita, si se encarga de manifestar sus sospechas:
   Las cosas ocultas no es licito afirmarlas, empero hay algunas que
   por congeturas (sic) se pueden conoscer, y esta, que a nosotros nos
   acaecio con los portugueses, casi es tan clara, que se puede decir
   que la tractaban abiertamente, tractando nuestro dano, ansi con los
   naturales como con algunos espanoles, de secreto (31)


Por otra parte, el enfrentamiento entre los dos bandos de europeos se volvio innegable cuando los espanoles se establecieron en Gilolo y trabaron buenas relaciones con su rey, que estaba en guerra con los portugueses. Y aun mas cuando abandonaron esa isla con rumbo a Tidore (32). Sin embargo, el relato es cauteloso a la hora de presentar a los espanoles como aliados de los nativos, primero, al reiterar que el pacto derivo del hambre de la tripulacion, y luego, al mencionar que fueron a Tidore "con condicion que no se habia de hacer guerra a los portugueses ni a cosa suya, ni se les habia de quitar su contratacion del clavo" (33). Es decir, si y solo si se respetaban la paz y los acuerdos comerciales lusos.

En 1545, ya sentada la base espanola en Tidore y mientras aguardaban el regreso de dos expediciones que habian partido a Nueva Espana en busca de ayuda, arribo un nuevo Capitan de Maluco, el portugues Jordao de Freitas (34), quien modifico el tablero de fuerzas e intereses que hasta entonces se mantenia en tenso equilibrio. A poco de llegar, Freitas envio a Villalobos a traves de un tripulante el mensaje de que "le rogaba que le ayudase con su gente para ir a hacer guerra al rey de Gilolo". La respuesta, segun Alvarado, se baso en el consenso del conjunto de los espanoles y fue negativa (35).

Pero, casi al unisono, otra oferta llego a Villalobos:
   el rey de Gilolo envio un principal suyo con recaudo para el
   General y para el rey de Tidore, en que les decia (...) que le
   parescia, pues el tiempo se acercaba en que los portugueses de la
   India habian de venir, que era de alli a dos meses, que se debian
   de apercibir porque no los tomasen desapercibidos; y que para esto
   era bien que se juntasen el General [Villalobos] y los dos reyes
   [el de Gilolo y el de Tidore] y se confederasen todos tres (36)


Entre dos flancos declaradamente enemigos entre si, los espanoles se vieron disputados como aliados estrategicos. Anoticiado Freitas sobre la propuesta de Gilolo a Villalobos, y sabiendo tambien que el espanol se encontraba reunido en Tidore con el "rey" para tomar una decision conjunta, se acerco al arrecife de esa isla y "estuvo platicando con el General, diciendole (...) que le rogaba que no ayudase a los moros, y que la amistad quel tenia puesta la guardaria, y que fuesemos buenos amigos, que ellos lo serian nuestros" (37). El portugues apelo al argumento religioso para que Villalobos pudiese identificarse con la causa lusa, pero en el bando espanol el problema del hambre seguia siendo el de mayor peso, y por ende, la proveeduria del rey de Tidore auspiciaba una alianza con los locales.

Para ejercer aun mas presion sobre Villalobos, el 22 de octubre de 1545 arribo a Ternate una armada portuguesa proveniente de India, encabezada por el capitan Fernao de Sousa (38), decidida a conquistar las islas de la Especieria. Mientras tanto, el navio espanol que habia partido con rumbo a Nueva Espana regreso a Tidore sin haber podido encontrar el rumbo del tornaviaje (39). Asi, sin la posibilidad de volver a territorio hispano por la via del Pacifico y a la espera de una improbable flota de ayuda, la supervivencia de lo que quedaba de la tripulacion de Villalobos requeria de una decision certera y veloz.

Y es en este punto del relato cuando Alvarado comienza a diferenciar la voluntad politica del General hispano del resto de la armada. Narra, primero, que Villalobos envio a Sousa una carta que "no la amostro a nadie ni supimos lo que escrebia" (40), y luego, que ambos se reunieron unicamente en presencia de un prior de Ternate--probablemente luso, dado que habia llegado con Sousa-- y que "estuvieron hablando en secreto" (41). Sobre lo acontecido algunos dias despues, narra lo siguiente:
   el General [Villalobos] me invio a llamar en el monasterio, y alli
   me dixo que lo quel campo (42) pedia, que Hernando de Sosa no
   queria hacer nada dello. Y que [el mismo, Villalobos] (...) habia
   dejado al Prior un papel, con ciertos capitulos que demandaba, que
   era que le levasen por la India y le diese[n] a el y a los suyos
   embarcacion para Espana, y que se lo habian concedido; y que el no
   podia hacer otra cosa (43)


La decision de Villalobos de pedir ayuda a Sousa para retornar al Viejo Mundo por la via del Indico es presentada en el texto como una capitulacion, como la aceptacion del fracaso de la expedicion y de la supeditacion de Espana ante Portugal. Al dia siguiente, Alvarado y otros dos tripulantes de la expedicion le sugirieron a su Capitan que "mirase cuan obedecido habia sido de los suyos, y no diese ocasion a que le desacatasen, porque el dia que le viesen entregado a portugueses, no le acatarian ni ternian en nada, ni harian mas cuenta del, que de un soldado" (44). En suma, le sugerian un posible levantamiento.

Ahora bien, ?que era lo que los del "campo" preferian? Antes del discreto concilio Villalobos-Sousa, el espanol habia consultado la opinion de sus coterraneos; sus demandas, explayadas por Alvarado, eran: (i) que se acordaran "paz y tregua"; (ii) o bien, que se solicitara "tregua por tiempo limitado" y "un navio en que todos pidiesemos salir e irnos" para "volver a la Nueva-Espana", con el compromiso de no volver a pisar terrenos lusos; (iii) que se perdonara al rey de Tidore, por ser vasallo declarado del rey de Espana. El pasaje mas sugerente, sin embargo, es el que sigue a estas peticiones:
   y como Hernando de Sosa no viniese en nada de lo arriba pedido, y
   nos quisiese hacer guerra, que en tal caso, se le debia requerir
   que no la hiciese (...) [pero] haciendonos la guerra, nos debiamos
   defender hasta mas no poder, para lo cual los mas se ofrecieron y
   dijeron que estaban aparejados para morir por la honra de la nacion
   espanola y de sus bienhechores (45)


El texto explicita la preferencia de la tripulacion a morir antes que verse "constrenidos ni forzados a nos entregar a otra ninguna nacion", es decir, a regresar a Europa en barcos de bandera lusa.

La rivalidad entre Espana y Portugal, fomentada por la guerra de 1475, encontro en la division territorial de las islas del Pacifico un nuevo capitulo, que se baso en la vaguedad del limite establecido por el Tratado de Tordesillas, y su omision de la determinacion de un antemeridiano (46). Con un acuerdo oficial impreciso y sin capacidad de ponerlo en practica sobre el terreno en disputa (?por donde pasaba exactamente el primer meridiano que limitaba los dominios de las dos Coronas?, ?que antemeridiano debia tomarse como segunda demarcacion?), no sorprende encontrar la indeterminacion del linde como unico argumento en los dos requerimientos que la tripulacion presento a Villalobos: "estas tierras no estan averiguadas ni sabidas que sean del serenisimo senor rey de Portugal, antes, por lo que hemos oido a vuestra merced que entiende de cosmografia y a otros muchos, son y pertenecen a S.M." (47).

Tras el racconto minucioso de los requerimientos y sus respectivas respuestas, Alvarado senala que los espanoles se vieron obligados a colaborar con los portugueses en un ataque a los sultanados de Gilolo y Tidore, y luego, por fin, se hicieron a la mar en naves lusas con rumbo al Viejo Mundo, el 18 de febrero de 1546 (48).

En toda la fuente, la unica mencion al padre Cosme de Torres -autor del segundo documento que analizaremos- es su nombre, enlistado en la "Memoria de los castellanos que son vivos, del armada de vuestra illustrisima senoria" que aparece al final del informe de Alvarado. Sin embargo, sabemos que el estuvo entre los tripulantes espanoles que abandonaron el periplo antes de poner la proa hacia Europa, y que su derrotero lo llevo a encontrarse en la isla de Ambon con el misionero navarro Francisco Xavier (1506-1552). A continuacion abordaremos el relato que hizo Torres sobre esta misma aventura transpacifica.

Fe y auspicio luso en elperiplo de Cosme de Torres segun las Cartas de Evora

Cosme de Torres (1510-1570), religioso valenciano que habia pasado ya casi cuatro anos en la Nueva Espana, formo parte de la expedicion de Villalobos. Segun sus propias palabras, a pesar de tener alli "todas las abundancias temporales que se podian imaginar", no se contentaba y "deseaba no se que" (49). Tras el derrotero de la armada en las Molucas, el valenciano permanecio en el sudeste asiatico, en donde conocio a Francisco Xavier y se incorporo a las filas de la Compania de Jesus. En 1549, ano en el que redacto la carta que constituye nuestra segunda fuente documental, Cosme de Torres se dirigio junto a Francisco y otro jesuita, Juan Fernandez, a Kagoshima, para dar inicio a la primera mision cristiana en territorio japones.

La carta que Torres firmo en Goa el 25 de enero de 1549 fue incluida en el primer volumen de las Cartas de Evora, epistolario publicado en 1598 con el patrocinio del arzobispo local, Teotonio de Braganca. La obra, que forma parte del corpus jesuita sobre las misiones de ultramar, se inaugura significativamente con una dedicatoria a Francisco Xavier y Simao Rodrigues (1510-1579). Ambos, participantes de la fundacion de la Compania de Jesus en 1534 (50), visitaron en 1540 al rey Joao III, quien "estaba ansioso de recibir jesuitas en su reino, apuntado a la cristianizacion de los gentiles en sus posesiones ultramarinas" (51), y sellaron asi el inicio de la evangelizacion en Asia.

La misiva que analizaremos, originalmente redactada en castellano pero publicada en portugues, narra los avatares que llevaron a Torres desde su Espana natal hasta la India, en donde aguardaba el embarque hacia Japon. Sin mencion alguna a la armada espanola al mando de Villalobos, el jesuita relata: "parti el primer dia de noviembre del ano de 1542 para estas partes e islas del Poniente, con una compania de seis naves" (52). El movil de su decision de abandonar Nueva Espana descansaba en una inquietud del valenciano, que -como ya hemos dicho- se sentia "buscando lo que no sabia", con su intencion de "servir a Dios" mezclada "con otros deseos" (53). Asi, fuera del marco politico de la competencia luso-castellana por el dominio del Pacifico, el animo turbado y una busqueda espiritual fundamentaron la partida de Torres, primero, de Sevilla al Nuevo Mundo, y luego, desde alli hacia las Molucas.

El autor-narrador apenas se detiene en lo que vio en Nueva Espana, por la gran circulacion en Europa de informacion al respecto (54). Por el contrario si dedica dos de las siete columnas que componen su carta a describir las costumbres de algunos pobladores de las islas del Pacifico, incluidas las de Maluco, a donde llegaron junto a sus companeros de viaje (es decir, la tripulacion de Villalobos) "forzados por la necesidad, contra la voluntad de todos". Mientras que en la relacion de Alvarado el problema del hambre es reiterada una y otra vez, asi como acentuada la involuntariedad del arribo a tierras lusas, en cambio, en la epistola de Torres, toda la experiencia en la Especieria se resuelve en dos oraciones:
   Y forzados por la necesidad, contra la voluntad de todos, partimos
   y llegamos a Maluco, donde estuvimos cerca de dos anos. Donde
   finalmente, por el parecer de algunos padres que alli estabamos y
   de algunos hidalgos, acordamos con el capitan de los portugueses
   que nos trajese para estas partes de la India, desconfiando de
   poder retornar a Nueva Espana: partiendo de aquella tierra, vinimos
   a la isla de Amboina [Ambon], en la cual encontre al padre Maestro
   Francisco (55).


Luego, el jesuita insiste en la inquietud espiritual que, una vez fuera de Maluco, lo siguio acompanando. Tras el primer encuentro con Francisco Xavier, Cosme decidio continuar viajando para presentarse ante el obispo de la India, objetivo que logro tras pasar por las islas de Java, la fortaleza portuguesa de Malaca y el archipielago de Maldivas. En Goa quedo al servicio de una iglesia por "cuatro o cinco meses", pero no logro "hallar descanso" en su espiritu. Su busqueda, entonces, prosiguio:
   Y viendome tan atribulado de pensamientos y grandes deseos, me vine
   a este Colegio de Santa Fe, y converse con el padre Nicolas
   Lanciloto, que entonces era rector, y preguntandole sobre el modo y
   la manera de religion que tenian en esta Compania (...) imprimio
   mucho en mi corazon esa nueva manera de vivir: alli determine de
   ahi a pocos dias hacer los ejercicios espirituales (...) Al cabo de
   dos dias senti tan grande quietud y reposo en mi alma, que de
   ninguna forma lo podia explicar (56)


El punto de quiebre de la carta, hacia el que se direccionaba toda la narracion anterior, es esta tranquilidad espiritual que Torres solo pudo alcanzar tras los ejercicios espirituales ideados por Ignacio de Loyola, cuyo hallazgo, puesta en practica y posterior ensenanza a algunos "naturales de la tierra" ocupan la mitad final del documento. Menciona alli su labor docente en el Colegio de Goa y hace alusion, recien en el final de la epistola, al proyecto de iniciar la mision en "una tierra por nombre Japon" (57) ese mismo ano, junto con Francisco Xavier. Finalmente, Cosme se despide de sus companeros de la Compania en Portugal rogandoles que oren por Francisco y el, que se encontraban a la espera de la temporada de vientos monzones para embarcarse hacia Kagoshima.

Con el relato de esta "iluminacion", la epistola contribuye a la construccion en tanto personaje del autor-narrador Torres, quien resulto ser una pieza fundamental en la fundacion de la mision jesuita en Japon, donde ocupo el cargo de superior desde la partida de Francisco Xavier de regreso a la India, en 1551, hasta su muerte en 1570. La narracion de la incansable busqueda y la posterior tranquilidad alcanzada gracias al encuentro con Francisco y los ejercicios espirituales puede leerse como una sutil forma de proselitismo, pues aporta a la nocion de transformacion individual a traves de una practica religiosa especificamente jesuita. Asi, este relato contribuia a la construccion de una imagen positiva de los misioneros jesuitas en general, y de la empresa nipona en particular.

En efecto, la escritura de misivas en el seno de la Compania de Jesus constituyo una herramienta comunicativa con multiples funciones. En principio, dada la diseminacion de los misioneros en espacios tan diversos como Brasil, Malaca, Peru o Japon, la comunicacion epistolar emergio como medio necesario para la organizacion administrativa de la institucion ya durante la segunda mitad del siglo XVI (58). Pero lejos de conformar el unico objetivo, las cartas tambien forjaron la identidad colectiva de los ignacianos, aportando a la "propaganda" del instituto (59). En palabras de M. Soledad Justo, "las cartas debian mostrar al centro romano, a los companeros y al mundo los avances y los sacrificios de los jesuitas misioneros" (60). Se trataba, entonces, de "una correspondencia pensada no solo para informar sino ademas para mostrar al mundo" (61) la labor de la Compania. Como explica Federico Palomo, se evidencia asi el "caracter 'construido'" de las cartas edificantes jesuitas, que apelaban a "estrategias narrativas determinadas" (62) con el fin de conformar una imagen positiva del instituto, en el marco de disputas con otras ordenes en pos de la evangelizacion de los enclaves europeos ultramarinos. En este sentido, Michel de Certeau explica que durante el generalato de Claudio Acquaviva (1581-1615) "constituir un lenguaje comun" (63) fue un objetivo primordial de la orden, que apuntaba a fortificar "un interior", esto es, una identidad jesuita que uniera a todos los ignacianos "repartidos" por las misiones de ultramar. Dentro de esa busqueda, la escritura (no solo de cartas, sino tambien de biografias e historias) ocupo un lugar central.

De modo que la epistola de Cosme de Torres debe interpretarse en ese marco especifico de escritura, lectura y circulacion de misivas que fue la Compania de Jesus (64). Torres, sin hacer mencion a la expedicion de Villalobos, y con escuetas descripciones de su experiencia en la Nueva Espana, hace hincapie, elocuentemente, en su busqueda espiritual de la mano de la Compania. Su narracion contribuye, entonces, a la necesidad jesuita de exhibir no solo "los avances" de las misiones, sino tambien la especificidad de la identidad ignaciana, que en el caso analizado se vincula directamente con los ejercicios espirituales ideados por Loyola (65).

Por otra parte, tambien es posible inscribir el relato de Torres en la relacion entre la corona portuguesa y la Compania. Esta institucion, ya desde 1540 contaba con el explicito apoyo del imperio luso para la evangelizacion en sus dominios asiaticos y americanos. De manera que la carta del misionero valenciano, editada en un epistolario portugues, formo parte de la narrativa oficial lusa que, a pesar de estar Portugal bajo el reinado de Felipe II desde 1580, procuraba asumir como propio el "descubrimiento" europeo de Japon. En efecto, el auspicio de Joao III a la Compania no solo posibilito la presencia jesuita en Asia, sino que posiciono al Portugal del siglo XVI como el centro de las comunicaciones con el extremo este asiatico en todo el Viejo Mundo (66).

El Pacifico, las especias, la fe

El oceano Pacifico, escenario de las aventuras de Villalobos y de Cosme de Torres que aqui hemos reconstruido, tempranamente constituyo un espacio de disputa, cuyo dominio resultaba estrategico para el comercio desde Europa tanto con la Especieria, como con el Asia continental y el Nuevo Mundo. Si el "descubrimiento" de esa gran masa oceanica a los ojos espanoles data de 1513, cuando Nunez de Balboa avizoro sus costas desde el istmo de Darien en Centroamerica, resulta elocuente la rapidez con la que se desenvolvio la carrera por su hegemonia. Como hemos visto, menos de treinta anos mas tarde, portugueses y espanoles se encontraron frente a frente, dispuestos los segundos a dar batalla aun en pauperrimas condiciones, en pos de prolongar la ocupacion hispana de ese territorio.

Los dos documentos que elegimos para abordar ese periplo al mando de Villalobos contrastan, al menos, en focalizacion, conflicto, circulacion y proposito. Sobre lo primero, mientras la cronica de Alvarado cuida la construccion colectiva de la tripulacion ("los del campo") desde cuya perspectiva relata, la epistola de Cosme de Torres compone un personaje de autor-narrador cuya busqueda espiritual guia toda la aventura.

Acerca de lo segundo, en el caso de Alvarado el gran factor de encono es en primer lugar el hambre; luego, la tension del relato se incrementa a partir del arribo de Jordao de Freitas y Hernando de Sousa, y el punto critico se situa en el momento en que Villalobos se entrevisto con Sousa a solas, sin tomar en cuenta los sucesivos requerimientos del resto de los espanoles. Por otro lado, en la carta de Torres el conflicto se desarrolla al interior del protagonista del periplo, que vivia atribulado por "imaginaciones" y "tentaciones" de puerto en puerto, hasta la resolucion final de sus contradicciones a traves de los ejercicios espirituales, en el seno de la Compania de Jesus.

En cuanto a la circulacion, la narracion de Alvarado forma parte de un volumen que saco a la luz documentos ineditos del Archivo de Indias recien en la segunda mitad del siglo XIX; por el contrario, la carta de Torres fue traducida y publicada menos de cincuenta anos despues de su escritura, en un epistolario jesuita que ha sido considerado "cupula de todas [las ediciones] anteriores" (67), las Cartas de Evora de 1598. En relacion con los propositos explicitados en las fuentes, mientras Alvarado pretendia informar su version de los hechos al rey de Espana, Cosme buscaba contar a sus cofrades jesuitas en Europa la historia de "un pobre siervo, que aqui en esta Compania hallo reposo" (68)--es decir, el mismo--no solo para que apoyaran el misionado en Japon desde el Viejo Mundo sino tambien para alentar sus vocaciones apostolicas en ultramar.

La suerte editorial de ambos documentos nos brinda una pista para dar sentido a este contrapunto. Entendemos que la relacion de Alvarado constituye el relato del fracaso de una expedicion, que en lugar de retornar a la Nueva Espana promisoria de descubrimientos y conquistas, debio negociar con los portugueses para poder sobrevivir. Nulo interes diplomatico habria de tener su publicacion, que solo se efectuo con fines historiograficos tres siglos despues de su escritura. Muy por el contrario, en el caso de Torres, la apropiacion lusa de las palabras del valenciano evidencia el interes que revistio la presencia de la Compania de Jesus a los fines no solo religiosos sino tambien politicos y comerciales de la Corona portuguesa en Japon. Creemos que la inclusion de la epistola en la coleccion de Cartas de Evora debe entenderse en vinculo con esos intereses.

En este sentido, los jesuitas, al menos en el periodo inicial de la mision entre 1549 y 1598, legitimaron y consolidaron las relaciones comerciales entre portugueses y japoneses, estableciendose como mediadores entre los daimyo (69) locales y los mercaderes lusos. Los primeros anhelaban las tecnologias europeas de las que Japon carecia (como la escopeta) (70); los segundos, la plata japonesa; los jesuitas, la proteccion de los daimyo para sobrevivir y predicar libremente en el hostil ambiente de la guerra civil que azotaba al archipielago nipon (71). De ahi que la edicion de textos fuera veloz, pues contribuia a situar a Portugal como motor de las relaciones entre el Viejo Continente y las remotas tierras del Cipango de Marco Polo, ahora revestidas de plata tangible y habitadas, en palabras de Francisco Xavier, por la "mejor [gentilidad] que hasta ahora se ha descubierto" (72). En suma, la alianza entre portugueses y jesuitas en Japon buscaba perpetuar la exclusividad comercial para los primeros, y en materia de fe para los segundos. Como veremos a continuacion, la contraparte espanola para esta alianza no tardo en arribar a las preciadas costas niponas, inaugurando un nuevo capitulo de los enfrentamientos luso-hispanicos aqui estudiados.

Consideraciones finales: mendicantes y jesuitas en Japon como antesala del cerramiento nipon

En 1564, una expedicion de bandera espanola, liderada por Miguel Lopez de Legazpi y Andres de Urdaneta, conquisto las islas Filipinas, asi llamadas en honor a Felipe II, y fundo la ciudad de Manila, enclave hispanico estrategico para las navegaciones del Pacifico. Con este logro espanol, el intento portugues por monopolizar el dominio europeo en el area encontro su final. Pues esa misma expedicion logro establecer el viaje de regreso desde Manila hasta Nueva Espana, lo cual posibilitaba la comunicacion directa entre Asia y la America espanola sin la intromision en los terrenos de dominio luso. Con el establecimiento del Galeon de Manila, que vinculaba esa ciudad con Acapulco todos los anos, los espanoles hicieron de la cuenca del Pacifico un espacio de "movilizacion en profundidad" (73) de personas, objetos, ideologias (74).

Asi comenzo una nueva etapa de la competencia iberica en el Pacifico, en la que los espanoles proyectaron arribar, desde Filipinas, a Japon y a China. Mientras la corona lusa auspiciaba el misionado de la Compania de Jesus, el imperio espanol se alio con las ordenes mendicantes para legitimar su presencia en el archipielago nipon y el Asia continental (75). En palabras de Charles Boxer, "el monopolio portugues del comercio ultramarino japones y el monopolio jesuita de la mision en Japon (...) fueron igualmente amenazados por la aparicion de comerciantes y hermanos misioneros espanoles venidos de Filipinas" (76). Ante la sociedad luso-jesuita, entonces, asomo el "partido" (77) hispano-mendicante, y ambas alianzas se enfrentaron mutuamente tambien en el campo discursivo.

En palabras de Ana Fernandes Pinto, sucesivas ediciones de uno y otro lado deben ser entendidas en el marco de una "lucha que los jesuitas sostuvieron por la defensa del exclusivo derecho de misionado en el archipielago" japones (78). En particular, la edicion del epistolario del que tomamos la misiva de Torres, las Cartas de Evora, se enmarco en esa contienda editorial que los jesuitas llevaron adelante a traves de la sistematica impresion de variados documentos redactados tanto desde las misiones como en Europa (no solo cartas, sino tambien historias, biografias, dialogos, etc.) (79). Auspiciado por el poderoso arzobispo de Evora, Teotonio de Braganca, quien ademas encabezo una renovacion administrativa y cultural en su diocesis, el epistolario buscaba evidenciar el exito de la mision japonesa, y la necesidad de que continuara unicamente bajo el mando de la Compania de Jesus (80).

En este marco, cuando arribaron a la ciudad japonesa de Hirado cuatro franciscanos y dominicos desde Manila en 1584 con el objetivo de dar inicio a la mision mendicante en Japon, el visitador de la Compania de Jesus, Alessandro Valignano, argumento abiertamente en pos de que Roma mantuviera la exclusividad jesuita en ese territorio (81). A pesar de la posicion jesuita, la presencia de predicadores mendicantes se mantuvo en el archipielago nipon hasta que, a principios del siglo XVII, todos los predicadores del cristianismo, fueran espanoles o portugueses, franciscanos o jesuitas, debieron abandonar el territorio bajo pena de muerte.

La instauracion en Japon de una estricta politica de expulsion a los misioneros y mercaderes ibericos respondio a la decision de los gobernantes nipones de cerrar sus fronteras (82). Ahora bien, las medidas apuntaban especificamente a los ibericos y su pretension de expansionismo religioso pues, en cambio, la Compania Holandesa de Indias continuo comerciando en el puerto de Nagasaki. De modo que el afan por "conquistar" las almas de los japoneses, que en la perspectiva europea estaba estrechamente vinculada con el dominio comercial en el area del Pacifico, fue vislumbrado por la nueva clase gobernante japonesa como una amenaza contra la propia autonomia. La alianza estrategica entre misioneros, comerciantes y reyes europeos, asi decodificada por el gobierno nipon, provoco la deliberada autoexclusion japonesa de la nueva configuracion mundial del siglo XVI.

Como hemos analizado en este trabajo, esa nueva configuracion--en la que Europa pretendia ocupar el centro estrategico, mientras Asia y America fueron territorios concebidos en funcion de la expansion de ese centro--se consolido no solo a traves de los viajes, las misiones, los enclaves coloniales, sino tambien gracias a las ediciones que nutrian el imaginario mundial en el Viejo Mundo. Por un lado, las divergencias entre las dos fuentes que analizamos aqui manifiestan los intereses encontrados de dos potencias imperialistas europeas; por otro lado, en ambas subyace una concepcion comun acerca de los territorios no-europeos, que son entendidos como espacios para la expansion (ya fuera espiritual o militar). En este sentido, ambos documentos delinean un mismo posicionamiento del espacio identitario propio (Espana o la Compania de Jesus) en tanto centro regulador y expansible hacia nuevas latitudes, entendidas como periferias. Las empresas editoriales, entonces, tanto como las expediciones militares, contribuyeron a forjar, consolidar y propagar ese imaginario sobre el orden del mundo, piedra basal de la temprana modernidad europea.

Recibido: diciembre 2015

Aceptado: enero 2017

Paula Hoyos Hattori *

* Licenciada y profesora en Letras por la Universidad de Buenos Aires, en donde se desempena como docente de literatura europea del Renacimiento. Becaria doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Cientificas y Tecnicas de Argentina (CONICET). La autora agradece al Dr. Mariano Bonialian, cuyo seminario de doctorado "Lo colonial en perspectiva mundial. America Latina y sus relaciones con China y Europa, siglos XVI-XVIII" disparo la investigacion volcada en este articulo. Contacto: paulahoyosh@gmail.com

(1) Cartas que os padres e irmaos da Companhia de Iesus escreuerao dos Reynos de Iapao & China aos da mesma Companhia da India, & Europa, des do anno de 1549 ate o de 1580. Utilizamos la siguiente edicion facsimilar: Cartas que os padres e irmaos da Companhia de Iesus escreuerao dos Reynos de Iapao & China aos da mesma Companhia da India & Europa, des do anno de 1549 ate o de 1580. Primeiro tomo (Edicao fac-similada da edicao de Evora, 1598), Maia, Castoliva, 1997. En lo sucesivo, citaremos esta fuente como: Cartas de Evora, Nofolio recto/verso. Incluimos en el cuerpo del texto nuestras traducciones al castellano y, en nota al pie, el original en portugues, respetando su ortografia y modismos.

(2) Parry, John H., Europa y la expansion del mundo (1415-1715), Mexico, Fondo de Cultura Economica, 1975 (1949), p. 37.

(3) Abulafia, David, El descubrimiento de la humanidad. Encuentros atlanticos en la era de Colon, Barcelona, Critica, 2009, pp. 120 y ss.

(4) Parry, 1975, op. cit., p. 61.

(5) Abulafia, 2009, op. cit., p. 133.

(6) Abulafia, ibidem, p. 265.

(7) Subrahmanyam senala que Manuel I, por temor a los detractores de Albuquerque en la corte lisboeta, decidio darle ese titulo y no el que antes detentaba Almeida. Vease: Subrahmanyam, Sanjay, The Portuguese empire in Asia: 1500-1700, Sussex, John Wiley & Sons, 2012, pp. 67 y ss.

(8) Parry, 1975, op. cit., p. 53.

(9) Flores, Jorge Manuel, "China e Macau". En Oliveira Marques (Dir.), Historia dos Portugueses no Extremo Oriente, 1o vol., Tomo II: De Macau a Periferia, Lisboa, Fundacao Oriente, 2000, p. 158.

(10) Colon, Cristobal, Diario, cartas y relaciones. Antologia esencial, Buenos Aires, Corregidor, 2012, p. 143.

(11) Vease: Abulafia, 2009, op. cit., p. 39 y pp. 189 y ss.

(12) Vease: Vespucio, Americo, El Nuevo Mundo. Cartas relativas a sus viajes y descubrimientos, Buenos Aires, Editorial Nova, 1951.

(13) Parry, 1975, op. cit., p. 73.

(14) Decidieron pasar el invierno de 1520 en el puerto patagonico que denominaron San Julian, y alli se desato "un complot para asesinar a Magallanes" que fue desarticulado por el capitan portugues, con el ajusticiamiento de quienes lo habian encabezado. Pigafetta, Antonio, Primer viaje alrededor del mundo, Buenos Aires, El elefante blanco, 2004, p. 46.

(15) Pigafetta, ibidem, p. 103.

(16) Ibidem, p. 110.

(17) Parry, 1975, op. cit., p. 79.

(18) Knauth, Lothar, Confrontacion transpacifica El Japon y el Nuevo Mundo Hispanico 1542-1639, Mexico, Universidad Autonoma de Mexico, 1972, p. 35.

(19) Parry, 1975, op. cit., p. 79.

(20) Ibidem, p. 80.

(21) Knauth, 1972, op. cit., p. 36.

(22) Santanaya, Agustin, La Isla de Mindanao: Su Historia y su Estado Presente, con Algunas Reflexiones Acerca de su Porvenir, Madrid, Alhambra y Compania, 1862, p. 11.

(23) Alvarado Garcia Descalante, "Relacion del viaje que hizo desde la Nueva-Espana a las Islas del Poniente Ruy Gomez de Villalobos, por orden del virey D. Antonio de Mendoza". En Torres de Mendoza, (Ed.), Coleccion de documentos ineditos relativos al descubrimiento, conquista y organizacion de las antiguas posesiones espanolas en America y Oceania, sacados de los Archivos del Reino y muy especialmente del de Indias, tomo Y, Madrid, Imprenta de Frias y compania, 1866, p. 121. Respetamos la ortografia tal como aparece en el documento.

(24) Ibidem, p. 123.

(25) Ibidem, pp. 126-7.

(26) Ibidem, p. 128.

(27) Ibidem, pp. 131-32, nuestro destacado.

(28) Hoy llamada Halmahera.

(29) Ibidem, p. 148.

(30) Ibidem, p. 132.

(31) Ibidem, p. 135.

(32) Dice Alvarado: "El rey de Tidore (...) nos vino en persona a rogar que nos fuesemos a su isla, y que nos daria de comer; y esto fue porque los portugueses, recelandose que este rey, por haber siempre sido amigo de castellanos, [por lo que] nos acogeria en su isla, le querian prender" (Ibidem, p. 136).

(33) Ibidem, p. 136.

(34) Mencionado en la fuente como Jordan de Fretes.

(35) "Resolvimos todos que no era bien dar la gente ni ayuda contra el rey de Gilolo" (Ibidem, p. 142).

(36) Ibidem, p. 150.

(37) Idem.

(38) Mencionado en la fuente como Hernando de Sosa.

(39) Andres de Urdaneta establecio el camino de regreso Filipinas-Nueva Espana recien en 1565.

(40) Alvarado, 1866, op. cit., p. 165.

(41) Ibidem, p. 168.

(42) El "campo" es la tripulacion.

(43) Ibidem, p. 169.

(44) Ibidem, p. 170.

(45) Ibidem, pp. 167-68.

(46) Vease: Drumond Braga, Isabel, "Molucas". En Oliveira Marques, (Dir.), Historia dos Portugueses no Extremo Oriente, 1o vol., Tomo II: De Macau a Periferia, Lisboa, Fundacao Oriente, p. 297.

(47) Alvarado, 1866, op. cit., p. 192.

(48) Antes de dar fin a su informe, Alvarado relata que estando en Ternate oyo el testimonio de un navegante de nombre Pero Diez acerca de "las islas de Japan", a cuya descripcion le dedica un extenso parrafo, auspicioso sobre su riqueza en plata. Dice que "son islas de mucha pesqueria, la riqueza que tienen es plata, la cual tienen en barretas pequenas (...) Dice [Pero Diez] que vendieron diez quintales de pimienta en seis mill ducados" (Alvarado, 1866, op. cit., p. 203). Segun Knauth, se trata de "la primera relacion de un occidental sobre el Japon" (Knauth, 1972, op. cit., p. 39). Sin embargo, no tiene la misma opinion Juan Ruiz-de-Medina, quien edita ese pasaje de la narracion de Alvarado, pero senala que la primera fuente occidental sobre el archipielago es un informe que el mercader luso Jorge Alvarez escribio a pedido de su amigo y confesor Francisco Xavier. Vease: Ruiz-de-Medina, Juan, Documentos del Japon 1548-1558, Roma, Instituto Historico de la Compania de Jesus, 1990.

(49) "Tendo todas as abundancias temporaes quanto se podia imaginar"; "nao contente com isto sempre desejava nao sey que" (Cartas de Evora, 4r).

(50) En ese ano los primeros jesuitas realizaron el voto conjunto que dio inicio a la orden. En 1540, esta fue reconocida oficialmente a traves de la bula Regimini militantis ecclesiae de Paulo III.

(51) Hosne, Ana, The Jesuit missions to China and Peru, 1570-1610. Expectations and appraisals of expansionism, London y New York, Routledge, 2012, p. 49.

(52) "me parti ao primeiro dia de Novembro, no anno de 1542, para estas partes e ilhas do Poente, com seys naos de companhia" (Cartas de Evora, 4r).

(53) "me parti de Sevilla, buscando o que nao sabia: & ainda que minha tencao era de servir a Deos, e foi sempre, todavia andei sempre mesturado com outros desejos".

(54) "Pasando por las islas Canarias, y las de Santo Domingo, y muchas otras, cuyas cualidades no dire por ser manifiestas a todos, vine a Tierra Firme, que se llama Nueva Espana" ("Passando polas ilhas das Canarias, e de S. Domingos, & outras muitas ilhas, as calidades das quaes, por serem manifestas a todos, nao direi, vim a Terra firme, que se chama a Nova Espanha", Cartas de Evora, 4r).

(55) "E forcados da necessidade, contra vontade de todos nos partimos, & chegamos a Maluco, onde estivemos perto de dous annos. Donde finalmente polo parecer dos padres que aly estavamos, & de alguns fidalgos, nos averiguamos com o capitao dos Portugueses, desconfiando de poder tornar a Nova Espanha, que nos trouxesse para estas partes da India: da qual terra partindo, viemos por huma ilha de Amboyna, em a qual achei o Padre M. Francisco" (Cartas de Evora, 4v).

(56) "E vendome tao atribulado de pensamentos, & desej os grandes, me vim a este Collegio de Santa fe, & pratiquei com o padre Nicolao Lanciloto, que entao era Reitor, & preguntandolhe o modo e maneira que tinhao de religiao em esta Companhia (...) imprimio muito em meu coracao a nova maneira de viver: donde determinei daly a poucos dias fazer os exercicios spirituaes (...) ao cabo de dous dias senti tao grande quietacao & repouso em minha alma, que em nenhua maneira o podia explicar" (Cartas de Evora, 4v).

(57) "Y contandome el padre M. Francisco de una tierra de nombre Japon (....) diciendome que deseaba llevarme alla consigo cuando regresase del cabo de Comorin, yo me ofreci a eso" ("E dando conta ao padre M. Franciusco de hua terra por nome Japao (...) dizendome que desejava de me levar la consigo quando tornasse do cabo de Comorim, eu me offreci a isso", Cartas de Evora, 5r, 1).

(58) Esta funcion administrativa de las misivas es sugerida por el propio fundador de la orden, Ignacio de Loyola, en la octava parte de las Constituciones de la Compania de Jesus, que versa sobre "lo que ayuda a unir los repartidos con su cabeza y entre si", es decir, la comunicacion entre los misioneros "repartidos" por las cuatro partes del mundo y sus respectivos superiores. Vease: Loyola, Ignacio de, "Constituciones de la Compania de Jesus". En Ignacio Iparraguirre, (Ed.), Obras, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1963, pp. 416-595.

(59) Acerca de la doble funcion administrativa y edificante de las misivas jesuitas, vease: Nelles, Paul, "Chancilleria en colegio: la produccion y circulacion de papeles jesuitas en el siglo XVI", Cuadernos de Historia Moderna, Anejo XIII, 2014, pp. 49-70.

(60) Justo, Maria de la Soledad, "Que no es para todos. El deber de escribir en la Compania de Jesus", Actas y comunicaciones del Instituto de Historia Antigua y Medieval, vol. 9, Facultad de Filosofia y Letras, Universidad de Buenos Aires, 2013, p. 7.

(61) Idem.

(62) Palomo, Federico, "Corregir letras para unir espiritus. Los jesuitas y las cartas edificantes en el Portugal del siglo XVI", Cuadernos de Historia Moderna, Anejos IV, 2005, p. 60.

(63) Certeau, Michel de, "Historia de los jesuitas". En El lugar del otro, Buenos Aires, Katz, 2007, p. 177.

(64) La circulacion de misivas jesuitas constituyo una verdadera "red de informacion", "cuyos flujos eran abundantes, seguian un ritmo regular y operaban a corta, media y larga distancia". Nelles, Paul, 2014. op. cit., p. 52.

(65) Acerca de la practica de los ejercicios espirituales y su significacion identitaria, vease: Certeau, Michel de, "El espacio del deseo o el "fundamento" de los Ejercicios espirituales". En El lugar del otro, Buenos Aires, Katz, 2007, pp. 257-267.

(66) Las informaciones sobre tierras por completo desconocidas en Europa, como el archipielago nipon, durante la segunda mitad del XVI fueron escritas en gran medida por plumas de misioneros jesuitas, observadores privilegiados y cuya formacion erudita era un requisito previo a la partida. Entre las tempranas ediciones de cartas jesuiticas escritas desde Asia, cuentan las impresas en Coimbra (1555, 1562, 1565, 1570); Lisboa (1593); ademas de la que aqui comentamos, editada en Evora en 1598. Para un listado exhaustivo de las ediciones en Portugal, vease: Garcia, Jose Manuel, "Apresentacao", Cartas que os padres e irmaos da Companhia de Iesus escreuerao dos Reynos de Iapao & China ... Primeiro tomo (Edicao fac-similada da edicao de Evora, 1598), Maia, Castoliva, 1997, pp. 17 y ss. Tambien hay que mencionar la labor de misioneros de otras ordenes, como el franciscano Martin Ignacio de Loyola, cuyo Itinerario fue publicado en un volumen sobre China a fines del siglo XVI (Historia de las cosas mas notables, ritos y costumbres del gran reyno de la China, sabidos assi por los libros delos mesmos chinas, como por relacion de Religiosos y otras personas que an estado en dicho Reyno, Roma, 1585; reeditado en Barcelona, 1586).

(67) Garcia, Jose Manuel, 1997, op. cit., p. 20.

(68) "determinei fazerlhes saber (padres e irmaos meus em IESU) de hum pobre servo, que aqui nesta Companhia achou o repouso" (Cartas de Evora, 4v, 1).

(69) "Los grandes senores daimyo (...) tenian dominios cuyo producto anual segun la estimacion oficial en terminos de arroz era de mas de 10.000 koku". Un koku equivale a ciento ochenta litros. Tanaka, Michiko, Historia minima de Japon, Mexico, Colegio de Mexico, 2010, p. 134.

(70) Para mas detalles sobre la exportacion de la escopeta a Japon, vease: Lidin, Olof, Tanegashima. The arrival of Europe in Japan, Copenhagen, Nordic Institute of Asian Studies, 2002.

(71) Sobre las guerras intestinas en Japon durante el sengoku jidai o "Epoca de los Estados en guerra", vease: Elisonas, Jurgis, "Chrstianity and the Daimyo". En John W. Hall, (Ed.), The Cambridge History of Japan, volume 4, Cambdrige University Press, 1991, pp. 301-424.

(72) "a gente que ategora temos conversado, he a melhor que atesora esta descubierta, & me parece que antre gente infiel nao se achara outra que ganhe aos Japoes" (Francisco Xavier en su epistola del 15 de noviembre de 1549 desde Kagoshima, Cartas de Evora, 9v).

(73) Gruzinski, Serge, Las cuatro partes del mundo. Historia de una mundializacion, Mexico, Fondo de Cultura Economica, 2010, p. 52.

(74) Sobre el Galeon de Manila y la relevancia del Pacifico en el comercio global durante los siglos XVII y XVIII, vease: Bonialian, Mariano, El Pacifico hispanoamericano. Politica y comercio asiatico en el Imperio Espanol (1680-1784), Mexico, El Colegio de Mexico, 2012.

(75) Vease: Gil, Juan, Hidalgos y samurais, Madrid, Alianza, 1991, pp. 24 y ss.

(76) Boxer, Charles, O imperio maritimo portugues. 1415-1825, San Pablo, Companhia das Letras, 2002, p. 79.

(77) Sola, Emilio, Historia de un desencuentro. Espana y Japon, 1580-1614, Archivo de la Frontera, 2012, p. 27.

(78) F ernandes Pinto, Ana, Uma imagem de Japao. A aristocracia guerreira nas cartas jesuitas de Evora (1598), Macau, Instituto Portugues de Oriente, 2004, p. 25.

(79) En este sentido, el recurso de la imprenta tambien aportaba a la consolidacion de una imagen deliberadamente positiva de la orden. Acerca de las sucesivas ediciones de la biografia de Ignacio antes de su canonizacion (1622), vease el ya citado: Certeau, Michel de, "Historia de los jesuitas", op. cit., pp. 179 y ss.

(80) Sobre Teotonio de Braganca, veanse: Palomo, Federico, Poder y disciplinamiento en la diocesis de Evora: el episcopado de D. Teotonio de Braganca (1578-1602), tesis doctoral, Madrid, Universidad Complutense de Madrid, 1994; Serrao, Vitor, Arte, religiao e imagens em Evora no tempo do Arcebispo D. Teotonio de Braganca, 1578-1602, Vila Vicosa, Fundacao Casa de Braganca, 2015.

(81) Senala Valignano en el Sumario de las cosas de Japon: "(...) una de las principales cosas que mueve a los japones a dejar sus sectas y a tomar nuestra ley es ver la diversidad que hay entre las sectas de los japones y entre los bonzos de unas mismas sectas, y por otra parte la conformidad en todo lo que nosotros decimos, no hallando entre nosotros alguna diferencia, por donde concluyen que las cosas de sus sectas son mentiras e invenciones de los hombres, y las nuestras son verdaderas y cosas de Dios, pues son tan ciertas. Y si ahora fuesen otras religiones [ordenes] con diversos habitos, diverso modo de proceder y diversas opiniones, aunque no sea en las cosas que son de fe, como los japones no sepan hacer tanta distincion, cualquiera contrariedad que entre otros religiosos y nosotros hubiese, sin duda creerian que somos de distintas sectas". Valignano, Alessandro, Sumario de las cosas de Japon, Tokyo, Sophia Daigaku, 1954, p. 144, nuestro destacado.

(82) La escalada de medidas del cerramiento o sakoku (literalmente, "pais encadenado") comenzo durante el gobierno de Tokugawa Ieyasu (1543-1616). El analisis detallado de esta coyuntura excede los objetivos de este trabajo. Remitimos a: Tanaka, Michiko, op. cit., pp. 123180; Coutinho, Valdemar, O fim da presenca portuguesa no Japao, Lisboa, Sociedade historica da independencia de Portugal, 1999; Knauth, 1972, op. cit., pp. 321-360; Elison, George, Deus Destroyed. The Image of Christianity in Early Modern Japan, Cambridge, Harvard University, 1973, pp. 109-254.
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Author:Hoyos Hattori, Paula
Publication:Cuadernos de Historia
Article Type:Ensayo
Date:Jun 1, 2017
Words:10743
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