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Narracion e identidad.

RESUMEN

Considerando la crisis de los relatos tratada desde distintos planteamientos teoricos, el presente articulo discute las posibilidades de los discursos narrativos para definir y dar forma al concepto de "identidad"; especificamente, "identidad latinoamericana". El autor presenta seis dificultades para acercarse al tema y concluye con una propuesta orientada a enfrentar los discursos identitarios.

Palabras claves: Identidad, lenguaje, escritura, oralidad, cultura de masas, discurso.

ABSTRACT

Considering the crisis of the stories put forward from diverse theoretical approaches, this article addresses the possibilities of narrative discourses to define and outline the concept of identity, particularly Latin-American identity. The writer presents six difficulties to approach the topic and arrives at a proposal oriented towards facing identifying discourses.

Keywords: Identity, language, writing, oral language, culture of masses, discourse.

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Narration and Identity

"El presente articulo es el resultado de una ponencia presentada con el mismo titulo en el Corredor de las Ideas, Capitulo de Paraguay, Universidad Catolica de Asuncion, Asuncion, en julio de 2008.

Sin duda, la crisis de la Modernidad arrastro consigo un cumulo de crisis secundarias. Una de ellas tiene que ver con las posibilidades ciertas que tenemos para narrar desde la escritura el contenido de nuestra(s) indentidad(es). Por cierto, el optimismo positivista del siglo XIX y de la primera parte del siglo XX dio lugar a un relativismo hoy en dia fuera de discusion, a pesar de los intentos neomodernistas por reflotar el discurso de la realidad latinoamericana. Por lo menos, nos queda la sospecha como una herida, como una arruga en el planchado dificil de obviar, como una glosa a la que siempre habra que recurrir cada vez que hablemos de lo "nuestro" para evitar suspicacias de ingenuidad o totalitarismo, como un "sin embargo" que ya no nos es posible omitir si queremos estar al dia con los diversos pliegues del discurso contemporaneo, con sus criticas, con su quehacer metadiscursivo, con su puesta en discusion de la objetividad moderna y con su presuncion de que "lo real" no es accesible a la palabra.

En efecto, segun Roger Chartier, "'Temps d'incertitude', 'epistemological crisis', 'tournant critique', tales son los diagnosticos, en general sombrios, postulados en estos anos respecto a la disciplina historica" (Chartier, 2006: 7). Siendo la Historia la principal afectada por la evolucion epistemologica operada, sin duda, es tambien el topico de la identidad el que queda medularmente atravesado por dicho cuestionamiento, cuestion que no es menor, pues podria subsumir el discurso relacionado con la materia en una inmovilizacion esterilizante que no seria util para nadie, excepto para el servicio de las ideologias globalizadoras que buena pesca pueden obtener de este "rio revuelto". Por este motivo, el interes de esta ponencia consiste en revaluar las posibilidades de un discurso identitario y alentar la sensibilidad en funcion de recuperar esas voces no suficientemente valoradas y que buena contribucion pueden hacer a la hora de definir que somos, que queremos ser y cual es el contenido de nuestros suenos e idearios.

En primer lugar, deseo formular y describir --sin duda superficialmente-- seis dificultades que he alcanzado a elencar, con el deseo de recibir aportes ulteriores que puedan ampliar o discutir la validez de este listado. A saber:

La primera dificultad esta dada por la distancia entre el narratario y lo narrado, entendiendo como narratarios a todos los agentes discursivos que, desde la llegada de Cristobal Colon, se han propuesto la tarea de definir en que consiste la identidad latinoamericana (lo narrado). Dicho acometimiento se emprendio sin ningun escrupulo desde el primer dia del descubrimiento, puesto que una ingente seguidilla de cronistas, relatores, intelectuales y escritores, se entretuvo aparentemente sin obstaculos en la descripcion de la naturaleza, los animales y los pueblos descubiertos y conquistados tras la empresa colonizadora. La sospecha sobre dichos relatos es reciente y comenzo en el momento en que se logro establecer que el ejercicio escritural siempre viene dado como una vision que viene desde "el otro". Ciertamente es asi, en la epoca colonial, cuando el distanciamiento entre el mundo europeo y el mundo "americano" es abismante y resulta incomprensible entender como desde una optica cultural resueltamente diversa es posible acercarse certeramente a un universo de significacion eminentemente enigmatico. La distancia se hace mas radical cuando, mas alla de la cuestion linguistica, cultural y religiosa, se imponen las actitudes elusivas del mundo aborigen, el cual --despues de su primera ingenuidad con respecto a los conquistadores-- comprende que debe desarrollar estrategias evasivas para lograr sobrevivir en una realidad que se le ha hecho definitivamente hostil. Esta evasividad, sinuosidad y repliegue del mundo indigena quita valor a la "vision de los vencedores", pues --con la imposicion de la cruz y la espada-- los conquistadores y colonizadores lograron dominar los territorios y posesiones del nuevo mundo, pero no alcanzar su corazon ni el nucleo de sus misterios, permaneciendo este "otro" en un lugar inaccesible al discurso. Por otro lado, las narrativas posteriores --provenientes de escritores mestizos-- aunque pueden acercarnos mejor a la cuestion identitaria, no superan el hecho de estar ya sometidas al influjo del adoctrinamiento cultural que supone la asimilacion de una lengua que no es la propia. De este modo, la llamada "vision de los vencidos" estaria, en su origen, inoculada por el virus de lo europeo que, ingresado por medio de la lengua, incorpora sus categorias epistemologicas propias. Mayor sospecha merecen los trabajos de los pensadores del siglo XIX, los cuales derechamente piensan America desde Europa, y ya no desde la Europa espanola, sino desde la que acaban de descubrir ellos mismos en sus viajes, sus contactos familiares y sus lecturas, es decir, la Europa ilustrada. Evidentemente, la lectura de America de Alberdi, Sarmiento, Bello, e incluso de algunos mas recientes, como Alcides Arguedas y Octavio Paz, es una vision externa del fenomeno americano, por cuanto comporta, ademas, una intencionalidad proyectual explicita en la linea de edificar las naciones republicanas con un patron culturalista explicitamente eurocentrista.

La segunda dificultad que advierto tiene que ver con la naturaleza de la escritura como fenomeno advenidizo a las tierras americanas. En efecto, la escritura llega a nuestro continente constituyendose hegemonicamente en el unico artefacto descriptivo, bajo el titulo de un poder indiscutible, una especie de supercheria cultural que hace de ella un fetiche ante la cual toda otra discusion resulta irrelevante (Lienhard, 1992). Por otro lado, la empresa escrituraria colonizadora consiste en reducir un mundo "no escrito" a la escritura, tarea que --vista desde nuestros tiempos-- resulta evidentemente reductiva. ?Es posible dar este salto sin violencia, sin perdida? La pregunta viene de mas al fondo: ?Es posible reducir toda realidad al lenguaje? En este sentido hemos sido recipientes y herederos de una tradicion cultural europea que asigno a la escritura el valor de un espejo, como si fuera posible vaciar "el mundo en un libro". Los europeos que llegaron continuaron con esta practica ya secular para ellos y nosotros la adoptamos no sin ingenuidad, olvidando los repliegues inasibles de la realidad, su complejidad y sus grietas. Desde Borges en adelante, caimos en la cuenta de que tal pretension era ilusa y que todo relato no puede sino dar cuenta de una ficcion. Asi, por ejemplo, tenemos los relatos de Juan Carlos Onetti, quien --con su saga de Santa Maria-- una y otra vez nos invita a cuestionar la figura del escritor frente a sus objetos narrativos, poniendo en evidencia la distancia que los separa. El escritor esta aqui y el mundo de "alla" no se resuelve en el transito a lo escrito sino como un proceso de filtracion y de transformacion que fuerza todos los sentidos que la realidad pudiera tener.

Un tercer nivel de dificultad esta dado por el hecho de que toda escritura comporta, en su raiz, una matriz ideologica gracias a la cual pervive y gracias a la cual puede emitir un veredicto. Escribir es enjuiciar. La alternativa seria el silencio del mistico, la revelacion del vidente, una experiencia similar a la contemplacion del "Aleph" borgeano, que no nos es posible narrar a menos que poseyeramos la lengua de los dioses, pero, como dice Barthes en su famosa leccion inaugural, al no poseer tal lengua privilegidada nos contentamos con esa "enganifla" que llamamos literatura (Barthes, 1982).

Ahora bien, aceptado el supuesto de que en el momento mismo de escribir estamos aceptando una matriz ideologica determinada, toda escritura no puede ser sino "fascista", monologica y totalitaria, por cuanto supone cribar unos criterios y rechazar otros. Ante esta evidencia, la pluralidad de lo real permanece como una incognita y la dinamica excluyente de la narracion identitaria permanece como una voz amputada ex ante de la ambicionada objetividad del observador. Esta limitacion se hace mas radical aun cuando se trata del trabajo intelectual individual, practica que nos hace recordar a muchos culturalistas latinoamericanos que, encerrados en su biblioteca, en medio de sus libros y en el silencio sobrecogedor de su "cuarto propio", se dedicaron a pensar, leer y describir el mundo americano. Tambien nos hace pensar en los ilustrados escritores citadinos que, para informarse de la realidad que querian abordar, visitaban, libreta y lapiz en mano, los reductos constitutivos de su preocupacion (el campo, las minas, los cites, las carceles, los manicomios, los prostibulos, las poblaciones indigenas, los mercados, etc.). De esta literatura, que dio en llamarse realista, costumbrista o naturalista, vivio el mundo americano gran parte del siglo XIX y las primeras decadas del siglo XX y, lo peor de todo, a ella asigno el titulo y el valor de una narrativa que bien hablaba de nuestra identidad, desconociendo que no era mas que una vision siempre externa y superficial de la misma.

En cuarto lugar, mas radical aun nos resulta comprender este aspecto desde que asumimos, con Lacan, la distincion entre lo Real, lo Imaginario y lo Simbolico, momento en que comenzamos a sospechar de la capacidad significativa del "significante". Con Lacan descubrimos que nos movemos en medio del lenguaje, que el sujeto es obra del lenguaje, que nuestro discurso no es mas que un encadenamiento metonimico de significantes en cuya red no se nos revela el sentido sino a traves de un ejercicio de omision del mismo, es decir, intentando captar aquello que de "lo real" puede encaminarse hacia nosotros por la via de lo que el discurso omite, censura u oprime. Descubrimos tambien que lo simbolico solo nos conduce a un "saber" sobre el Sujeto y no al "ser" del mismo. Desde esta perspectiva, ?no sera que los relatos identitarios autenticos, ajenos al lenguaje, solo pueden ser alcanzados a traves de otras expresiones? ?O, simplemente, que nos esta vedado saber lo que somos? ?O que hay que aceptar que, en medio de la escritura, la identidad se nos revela apenas por las brechas o cunas del "ser" que, por via pulsional, se introducen en las grietas del lenguaje? ?Y, quien puede acceder a dicha sabiduria: el gramatico, el historiador, el psicosociologo o el profeta?

En quinto lugar, suponiendo que todos estos cuestionamientos no tengan validez y que si podemos confiarnos en el poder descriptivo de la escritura, nos queda por delimitar cuales son los contenidos propios de lo que llamamos identidad. Durante un tiempo, se penso que escribir sobre America era poner el acento en sus hombres, sus costumbres, sus tradiciones folcloricas, sus vestimentas, sus giros linguisticos particulares. Fue asi que la literatura abundo en huasos, ponchos, boleadores, compadritos y gauchos. Y asi surgio la distincion entre "color local" y "universalismo". Los criollistas criticaban a los escritores que abundaban en temas europeos. Borges, en su ensayo "El escritor argentino y la tradicion" (1932) salio al encuentro de esta discusion para plantear con una serie de ejemplos que tal dilema era falso. En efecto, planteo que nadie piensa que Racine deja de ser frances por haber escrito tragedias ambientadas en la epoca antigua, con topicos clasicos y personajes griegos. Y nadie considero que Shakespeare fuera menos ingles por haber ambientado sus mejores dramas en Italia, Irlanda o Escocia. Asimismo, alude al Coran, argumentando que nadie duda de su condicion "arabe" a pesar de no aparecer en ellos la mencion de al menos un camello. Como contraparte, deconstruye uno de los relatos mas preclaros de la "argentinidad" como es Don Segundo Sombra, postulando que una de las tradiciones que mas concurren en su elaboracion es la del simbolismo frances. Asi tambien, plantea que lo que hace que un relato sea revelador de una identidad determinada no es la presencia de topicos regionales o "nacionales" (como mucho gustaban los criollistas), sino la vigencia de un tono particular que revela la situacion desde la cual se habla, la localizacion del relator, el angulo del hablante. De este modo, Borges juzga que sus relatos seran siempre argentinos, aunque en ellos hable de laberintos, minotauros e infinitos.

En este sentido, he pensado que en la literatura chilena, un relato considerado "tipicamente nuestro", como es Sub terra (1904) de Baldomero Lillo, en el cual se narra la azarosa y desventurada vida de los mineros del carbon de Lota, a fines del siglo XIX e inicios del XX, recoge las influencias del naturalismo de Emile Zola en Germinal y las lecturas de Bret Harte, relatos que escucho Baldomero Lillo siendo nino cuando su padre --quien habia participado de las busquedas mineras en la fiebre del oro en California-- leia a sus hijos al calor del hogar familiar, en las lluviosas tardes del sur. Ahora bien, siguiendo las observaciones de Borges, dicho relato no por acoger tales influencias deja de ser "chileno".

Mas ejemplos. El cancionero popular chileno (asi como el resto de America Latina) cuenta con dos tradiciones: una que contiene una mirada de los asuntos folcloricos desde la ciudad (Los Quincheros, Los Huasos de Algarrobal) que abunda en huasos, chamantos, cantaros de greda, rodeos, etc., y de giros considerados campesinos ("mecon", "aguaita", "guendar"). Esta industria folclorica ha considerado que esos son los topicos constitutivos del nacionalisimo concepto de "chilenidad" y con ellos han deleitado y cansado a generaciones completas. Cualquier extranjero que los siga, entenderia que el tipico chileno anda siempre con poncho y ojotas, y que los pueblos tienen muchos cantaros de greda y tejados coloniales; gran sorpresa reciben los turistas cuando ven que lo que si hay en todas partes son sucursales del BancoEstado y Mac Donald's distribuidos por doquier.

Al contrario, la verdadera poesia y el canto popular, el que nace en los campos o en los barrios, adolece casi por completo de esos abusos criollistas. Sus temas son universales (el amor, el odio, el luto, la muerte, la religiosidad) y su lengua es la de todos los hispanohablantes. Hasta en sus estructuras metricas la poesia popular es universalista, pues usa privilegiadamente el romance, la redondilla y la decima. ?En donde esta, entonces, la raigambre identitaria? Pues bien, lo esta en la tonalidad, en el giro dramatico o ludico que no se observa en los contenidos sino en el tratamiento que a ellos se les da, en la vision de la vida y de la muerte, en el providencialismo vigente, en la presencia secular de los angeles y los demonios, en los fantasmas tutelares, en la parentela que se asoma completa en los relatos. Distinguir que es lo identitario en dichos relatos exige una labor mas precisa y un ojo mas atento, pues la identidad no se revela como un bloque definido y perentorio que se establezca como "diferencia" con respecto a las demas narrativas o liricas populares de la region, sino como una marea que conjunta las esperanzas, dolores, razones y sinrazones de toda la humanidad, de tal manera que "lo chileno" pueda reconocerse como propio en medio de tematicas que son comunes a otros pueblos. Un primer ejemplo, quiero ofrecer al recordar un concurso estudiantil de "monologos clasicos" al que tuve la oportunidad de asistir en la ciudad de Talca durante el ano 2007. Uno de dichos monologos consistia en un fragmento del Lazarillo de Tormes, recitado por un estudiante campesino. El texto es el mismo que conocemos, ninguna variacion en las palabras o temas. Sin embargo, viendolo (y solo oyendolo) resultaba evidente de que quien lo hacia era un joven campesino chileno, cuya identidad se revelaba en la recitacion de un texto ciertamente universal. Era la apostura de su voz, las inflexiones en la recitacion, la intencionalidad de su elocucion, la picardia propia (distinta de la espanola) lo que daba color al recitado. Un segundo ejemplo, quiero poner en una de las canciones de nuestra conocida folclorista Violeta Parra, uno de los fragmentos de "Volver a los 17". A saber:
   El amor es torbellino
   de pureza original.
   Hasta el feroz animal
   susurra su dulce trino,
   detiene a los peregrinos,
   libera a los prisioneros,
   el amor con sus esmeros
   al viejo lo vuelve nino
   y al malo solo el carino
   lo vuelve puro y sincero (1985 [1964-1965]).


?Que palabra tipicamente chilena se advierte en esta estrofa? Ninguna. ?Algun topico criollista recurrido? Ninguno. Sin embargo, la secular apropiacion de la decima con sus versos octosilabos da cuenta de un rasgo caracteristico de nuestra identidad folclorica cultural. La decima es para el cantor popular chileno tan propia como es el sexteto para el seguidor argentino de Martin Fierro. Por otra parte, no hay tampoco novedad en el tema, que --como se puede advertir-- es simplemente universal: el amor con su fuerza arrebatadora y transformadora que es capaz de hacer cantar a los animales, liberar a los prisioneros, rejuvenecer a los viejos, convertir a los malos y proporcionar solaz a los peregrinos. Tema que conecta este canto popular con las mas diversas poeticas antiguas y modernas, de aqui y aculla; cristiano y judio, oriental y occidental, antiguo y viejo, nada menos novedoso que el amor. Sin embargo, cantado en la voz de Violeta Parra, con su voz particular y con su guitarreo de fondo, nos hace irremediablemente escuchar la voz de las cantoras del campo y de nuestras abuelas en las tertulias familiares. La misma cancion, cantada por Violeta Parra es chilena y cantada por Mercedes Sosa, se hace argentina. Lo que comunica acento e identidad no es la escritura sino la voz. Lo que hace propio un canto no es la abundancia de los temas locales sino la apropiacion de los que son universales.

En esta misma linea, un tercer ejemplo que quiero ofrecer tiene que ver con el canto "a lo humano y a lo divino", genero tan particularmente querido por los cantantes populares.
   El muy noble emperador
   Carlomagno y sus vasallos
   cayeron como unos rayos
   destruyendo al gran senor.
   Alli reinaba el error
   la estupidez, la ignorancia;
   triste fue la circunstancia
   al verse en aquella tierra,
   sufriendo una cruda guerra
   LOS DOCE PARES DE FRANCIA ... (anonimo, citado por Astorga,
   2000).


Se aplican a este fragmento las mismas consideraciones planteadas mas arriba, con la salvedad de que aqui nos encontramos con un tema que ya no es ni siquiera universal, sino simplemente frances. ?Que hace un topico frances en la lirica popular chilena o latinoamericana? Pues, simplemente nos encontramos de nuevo con la validacion que proporciona el concepto de apropiacion.

Un ultimo ejemplo nos ofrece la variante que incluye algunas inflexiones linguisticas propias:
   El que nace pa' cantor
   y quiere ser afamao
   necesita buen cuidao,
   estudiar mas y mejor.
   Encomendarse al Senor
   y saber muy bien vivir,
   nunca tratar de afligir
   a otro humilde cristiano;
   con el guitarron en mano
   cantando me hei de morir (anonimo, citado por Astorga, 2000).


Queda por agregar que la lirica popular, la de los guitarrones y fogatas, a menudo, pertenece a la tradicion oral, sujeta a variaciones de pueblo en pueblo formando un corpus de relatos que, en su gran parte, jamas llegan a transformarse en escritura y que, en las mas afamadas competencias, luce la destreza de la improvisacion.

Por ultimo, cabe destacar la arremetida abismante y por cierto inmensurable de la ingente cantidad de productos textuales que surgen dia a dia a traves de los nuevos recursos tecnologicos, gracias a los cuales toda voz que quiera puede ser pronunciada. Blogs, foros, chats y otras variedades parecen indicar que ya no bastan las voces oficiales y que el emergimiento de la cultura de masas -iniciado hace mas de un siglo con la aparicion de diarios, revistas y cine y continuado con la radiodifusion y la television-- termina hallando un acabamiento sugerente con esta eclosion de la red. Sin embargo, no solo se trata de una continuidad en el proceso, sino un verdadero cambio de paradigma, pues, como nunca antes, se hace posible escuchar voces dispares, fragmentarias, yuxtapuestas, contradictorias muchas veces, desjerarquizadas y desvinculadas de los poderes comunicacionales, los cuales --a su vez-- estan vinculados a diversos poderes o contrapoderes. Esta nueva cultura no hace sino problematizar mas la cuestion de la identidad, al tiempo que parece atomizar los discursos, sometiendolos al arbitrio de un azar en el que todo es posible. La proliferacion de textos es tal que la tentacion natural es sucumbir ante ellos y es dificil establecer una linea de conexion entre todos ellos, a menos que sea aquella que da cuenta de la casi absoluta libertad y la conexion de los discursos locales con los universales. De hecho, la Red ha permitido desvincularnos del secular imaginario que nos concibe como un pueblo aislado, al mismo tiempo que nos facilita generar una serie de conexiones totalmente paralelas e independientes; el rizoma informatico, al mismo tiempo que nos acerca a nuestros intereses, nos permite "pasar" de todo lo que esta lejos de nuestro animo cultural, afectivo, politico, social, etc. Como nunca, tambien, el ser humano se ve menos sometido a discursos hegemonicos y la fuerza de los mismos parece no tener otro marco que el de la llamada "globalizacion" ordenada segun los parametros ordenadores del neoliberalismo.

La Red ha facilitado, como contraparte, que las nuevas referencias no esten tan centradas en el concepto de "nacion" o de "ciudad", sino el de comunidad. Sin embargo, los nexos de dichas instancias de encuentro parecen ser mas debiles que cualquier otro nexo previo. Las comunidades nacen y desaparecen tan rapido como las adscripciones particulares a ellas. La apoteosis de la libertad individual consagra ese derecho de sumarse y de quitarse en el momento menos pensado. Y, asi como los apegos vuelan, tambien lo hacen las palabras que quedan divagando en los meandros infinitos de la Red, desalinadas y sueltas, inconexas y variadas, casi como los rumores bullangueros de una feria, donde solo de vez en cuando alcanza a distinguirse una voz de la otra.

Hecho este rapido balance, no queda mas que concluir que hoy nos resulta extremadamente dificil hablar de identidad y que se ha desmoronado la fuerza de los textos que parecian habernosla definido. Parece ser que la crisis de los relatos llega a instalar una pregunta abiertamente desnudadora y critica sobre el sentido de nuestro ser. Estamos solos en el mundo, temerosos de quienes nos rodean e ignorantes de nosotros mismos. Ya no tenemos a los dioses y tampoco parecemos estar cerca de alguna revelacion proxima que nos saque de la "intrascendencia". Los mas desprovistos, con tal de no estar solos, intentan acogerse a cualquier ideologia totalizante aunque ella contenta la sospecha de que, al absolutizar lo relativo, estamos relativizando lo absoluto, llegandose a darse el caso, por ejemplo, de que importe mas una pobre identidad arrancada del color de la piel o de la pandilla a la que se pertenece que la conciencia occidental largamente trabajada con respecto al valor de la vida humana.

CONCLUSIONES Y PROPUESTA

Queda sin embargo, la pregunta sobre como trabajar o acercarse a una nocion de identidad, dado el diagnostico presentado. Mi intuicion quiere proponer algunos puntos a tener en cuenta:

En primer lugar, es de Perogrullo decir que ya no podemos aproximarnos al discurso de la identidad con la nocion de verdad occidental por delante. Menos aun, intentar soslayar el hecho de que el contenido de la verdad debe actuar mas como resultado de un proceso que como un axioma o antecedente ideologico que somete a todos con el baremo de la adhesion o del rechazo.

Es necesario, tambien, quitar a la escritura su estatuto de poder, su jerarquia de fetiche, su indolente seguridad y su desparpajo para dictaminar verdades y falsedades. La idolatria del discurso escrito desconoce el valor de la oralidad y a los agentes que la transmiten de generacion en generacion. La palabra escrita, centrada en la sobrevaloracion del contenido ilustrado olvida las voces marginadas que no han tenido acceso a la escritura sino a traves de aquellos que han escrito en su nombre: campesinos, indigenas, obreros, amas de casa, pandillas populares, lenguas locales, etc.

En tercer lugar, hay que comprender que la identidad, al estar vinculada al ambito del ser, no puede ser alcanzada por la palabra, la cual solo nos comunica con un saber que siempre es contenedor de un filtro ideologico.

En cuarto lugar, hay que comprender que el dinamismo narrativo sobre cualquier tema latinoamericano (o universal) no puede ser ya, desde el fin de la epoca moderna en la literatura y el pensamiento, mas que un relato multivocal. Los nuevos discursos se arman, desde hace varias decadas, a varias voces, que son el resultado --a su vez-- de varias miradas. Ante este panorama, los grandes intelectuales, las voces unicas y mayores ya no tienen las mismas posibilidades de existir que hace un siglo.

En quinto lugar, la identidad no es un valor que se pueda poseer, sino una dimension a la cual solo podemos acercarnos ... y acercarnos recordando que lo que podemos alcanzar de ella no es mas que, a veces, una palida intuicion.

Es necesario percibir que toda narrativa identitaria es siempre elusiva; cuando se cree tenerla "asida", en ese momento se nos escapa. Por eso mismo, a la identidad se la debe mirar de reojo, pues ella no quiere ser sorprendida. Asi como el movimiento de los electrones para Heisenberg, el discurso sobre la identidad no es un objeto indiferente a su observador, pues ella esta inscrita necesariamente en el marco de la subjetividad.

Para configurar un discurso mas integral sobre la identidad es necesario asumir una mirada holistica, recuperar el decir de lo popular, de la danza, del canto, de lo religioso, de la musica, etc., es una tarea urgente en este sentido.

No son los "temas" lo que define la identidad de un pueblo o comunidad, sino las tonalidades que se resuelven en la viva manifestacion de su ser. El punto no esta en mirar lo que se escribe, sino desde donde se lo hace ... y como ese "donde" configura acentos e inflexiones particulares.

Finalmente, y tambien de Perogrullo, recordar siempre que no existe identidad "pura", ya que somos el resultado de mixturas, hibridaciones, transposiciones; incluso los pueblos precolombinos lo eran. Quizas esta ultima consideracion nos libre de nacionalismos y localismos absurdos que de vez en cuando afloran en nuestros paises.

REFERENCIAS

Astorga Arredondo, Francisco. 2000." El canto alo poeta", en RevistaMusical Chilena 54. (En linea). Disponible en: http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0716- 27902000019400007&lng=es&nrm=iso. Consulta: 09/11/2009.

Barthes, Roland. 1982. El placer del texto: seguido por "leccion inaugural de la catedra de Semiologia linguistica del College de France". Trad. por N. Rosa y O. Teran. Mexico: Siglo XXI.

Borges, Jorge Luis. 1932. "El escritor argentino y la tradicion" en Discusion, Buenos Aires: Editorial Manuel Gleizer.

Chartier, Roger. 2006. La historia entre relato y conocimiento. Santiago: Ediciones UCSH, Cuadernos de Ideas 9.

Lienhard, Martin. 1992. La voz y su huella: escritura y conflicto etnico-cultural en America Latina 1492-1988. 3a edicion aumentada. Peru: Editorial Horizonte.

Lillo, Baldomero. 1904. Sub terra. Cuadros mineros. Santiago: Imprenta Moderna.

Parra, Violeta. 1995. Volver a los 17. Seleccion de Juan Andres Pina. Santiago: Los Andes.

Recibido: 25-03-2009.

Aceptado: 20-05-2009.

JAIME ALBERTO GALGANI

Universidad Catolica Raul Silva Henriquez. Santiago, Chile.

jgalganim@ucsh.cl
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Author:Galgani, Jaime Alberto
Publication:Acta Literaria
Date:Jul 1, 2009
Words:4977
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