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Myriam Jimeno, Angela Castillo y Daniel Varela. 2015 Despues de la masacre: emociones y politica en el Cauca indio.

Myriam Jimeno, Angela Castillo y Daniel Varela. 2015 Despues de la masacre: emociones y politica en el Cauca indio. Bogota: ICANH y el Centro de Estudios Sociales (CES) de la Universidad Nacional de Colombia.

En primer lugar, quiero agradecer la oportunidad de conocer y comentar este texto. Pero, en segundo lugar, me gustaria aclarar que mi perspectiva parte de la historia y sociologia politicas, pues no soy antropologo, ni mucho menos experto en problemas indigenas. Por esto, mi interes en este texto obedece a mis preocupaciones previas sobre las bases antropologicas y culturales de la vida politica, que he venido compartiendo desde hace varios anos con amigas antropologas como Myriam Jimeno, Gloria Isabel Ocampo y Maria Victoria Uribe. Ese interes se ha centrado, en especial, en las discusiones sobre temas como la identidad nacional, sus relaciones con las adscripciones politicas del bipartidismo, las guerras civiles y las relaciones con la Iglesia catolica. En los ultimos anos, estas discusiones se han relacionado con la Violencia, tanto la de los anos cincuenta como la actual, que me han ido conduciendo a preocuparme, mas recientemente, por los problemas de la representacion politica de una sociedad cada vez mas plural y multiforme.

En este sentido, empezaria por subrayar la importancia de este libro, Despues de la masacre: emociones y politica en el Cauca indio, escrito por Myriam Jimeno y su grupo, como contribucion a la comprension de la manera como se configuran, desconfiguran y reconfiguran las identidades colectivas de comunidades locales en los actuales contextos de Violencia y desplazamiento--en el corto plazo--, pero teniendo siempre en cuenta los contextos culturales y politicos del mediano plazo, como el reconocimiento de la pluralidad cultural, etnica, religiosa y regional consagrada en la Constitucion de 1991. Y resaltando que el nuevo texto constitucional es el resultado de un movimiento social, cultural, politico y economico, de mas larga duracion, que va rompiendo gradualmente la concepcion homogenea e indiferenciada de la nacionalidad colombiana, basada en la adscripcion al bipartidismo, el monopolio del campo religioso en manos de la Iglesia catolica y el mestizaje racial consagrados en la Constitucion de 1886, el Concordato de 1887 y los pactos de misiones que les siguieron, como producto de una historia que se remonta a los tiempos de la Colonia espanola.

Estos monopolios--cultural, politico, religioso--del bipartidismo y de la Iglesia catolica se fueron desdibujando, gradual y paulatinamente, desde los inicios del siglo XX, con la aparicion de importantes movilizaciones sociales y politicas al margen de los partidos tradicionales. Entre ellas, se destaco la movilizacion indigena de Quintin Lame en Cauca y Huila y la agitacion social y politica del Partido Socialista Revolucionario (PSR) en el mundo obrero y campesino, y tambien el surgimiento de un incipiente movimiento indigenista, muy ligado al nacimiento de las Ciencias Sociales en Colombia, del cual recuerdo los nombres de Juan Friede, Antonio Garcia y Blanca Ochoa, con el riesgo de omitir nombres, que empezaron a crear conciencia sobre el problema indigena en el medio academico.

Sin embargo, la mayoria de estos desarrollos se vieron interrumpidos, opacados y subsumidos por los problemas de la llamada Violencia de los anos cincuenta, y solo comenzaron a resurgir bajo el Frente Nacional, vinculados especialmente al reformismo agrario de Lleras Restrepo y a la organizacion y el auge de la Asociacion Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC). En ese momento se hace evidente la importancia de funcionarios reformistas de corte tecnocratico, algunos de ellos cercanos a grupos de izquierda independientes. En este contexto se mueven algunos de los trabajos anteriores de Myriam Jimeno y otros similares, pero a ellos no se les ha hecho suficiente justicia en las ciencias sociales ni en los estudios sobre los movimientos sociales.

Esta linea de analisis aparece ahora continuada en este libro, Despues de la masacre: emociones y politica en el Cauca indio, escrito en colaboracion entre Angela Castillo, Daniel Varela y Myriam Jimeno, que proyectan sus anteriores preocupaciones al contexto de la violencia reciente para mostrar como una de las masacres de esa violencia reconfigura la identidad de un grupo indio, pero ya en un nuevo contexto nacional y mundial, marcado por la difusion internacional del discurso de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario y el respeto por los derechos de las minorias de toda indole, especialmente de las culturales y etnicas. Este discurso, que muestra un aspecto positivo de la globalizacion creciente, ha ido permeando la conciencia de la mayoria de la poblacion colombiana, no india ni afro, como se manifesto en la Constitucion de 1991 y el apoyo electoral de poblaciones urbanas, blancas y mestizas a listas de las minorias etnicas.

En ese sentido, este libro destaca los recursos culturales y subjetivos puestos en juego por una comunidad Kitek Kiwe desplazada de manera violenta de la zona del rio Naya, para recomponerse socialmente y crear una nueva comunidad, de sobrevivientes, basandose en el recurso a las politicas culturales y practicas organizativas de la etnicidad india en Colombia, que recogen cuatro decadas de luchas, en especial en el Cauca, y se entroncan en practicas que se remontan a los tiempos coloniales. Estas politicas y practicas son analizadas en detalle en el capitulo segundo del libro, seguidas--en los capitulos tercero, cuarto y quinto--por el estudio de las practicas organizativas de cabildos y asambleas, que sirven de base para realizar, en el momento actual, nuevas demandas de justicia. Esas demandas se apoyan en las fuerzas simbolicas acumuladas durante la segunda mitad del siglo XX, pero tienen relacion con la historia anterior, tanto del siglo XIX como de los tiempos de la dominacion espanola. Estos acumulados permiten construir hoy una narrativa de memoria enmarcada en la adscripcion a una ciudadania etnica, a partir de la puesta en escena de conmemoraciones que se encaminan a crear comunidades emocionales de sentido y pertenencia. Esas comunidades emocionales parten de una nueva categoria: la de victima, que permite a la nueva comunidad confluir en el movimiento nacional de victimas, que goza del apoyo internacional. Esto hace posible negociar con las instituciones del Estado, pues la insercion en un movimiento nacional mas amplio, con vinculaciones internacionales, permite la incorporacion de esta comunidad en la sensibilidad creciente en Colombia sobre estos problemas. Y aprovechar que esta sensibilidad mayor haya sido sancionada legalmente por la ley de victimas de 2005, que expresa juridicamente esta creciente toma de conciencia del problema por el conjunto de la sociedad colombiana.

Los vinculos afectivos de estas comunidades emocionales permiten tender puentes entre el sufrimiento subjetivo del dolor, individual o colectivo, y el dolor como sentimiento politico compartido publicamente; se supera asi el caracter individual o comunitario del sufrimiento para situarlo en el campo de la Politica. Esto le proporciona proyeccion politica, lo que permite a las comunidades negociar con la institucionalidad estatal al sintonizar sus problemas con el movimiento nacional e internacional de victimas. En este sentido, la figura del testigo actua como bisagra entre lo subjetivo particular y el campo compartidos de la escena publica: no se trata ya del caso particular de una comunidad en las montanas que rodean al Naya--refugio tradicional de ilegales--sino de un hecho que hace manifiesto un problema social inscrito en el contexto general de la violencia colombiana. Y se hace evidente que las victimas no son entidades naturales sino construcciones historico-culturales que surgen en el conflictivo proceso de construccion de la Nacion colombiana.

Pero, como senalan los autores, esta proyeccion a la escena publica nacional se venia dando desde decadas atras, desde la aparicion del movimiento cultural del indigenismo latinoamericano y colombiano, que ha venido construyendo un discurso identitario del cual participan academicos e intelectuales, con activistas y politicos--indios y no indios--, y penetrando en la opinion publica del continente y del pais, para favorecer la politica cultural de las organizaciones indias.

Para esa proyeccion en la escena publica, el reconocimiento del derecho a la diferencia va mas alla de una concepcion esencialista y autarquica de la cultura, para asumir un lenguaje intercultural que permite interactuar con el conjunto de la sociedad colombiana para apoyar los reclamos de las comunidades indias frente al Estado. Esos procesos de interaccion se enmarcan en el desarrollo de la construccion del Estado, que se concreta en la integracion de los territorios, grupos sociales y etnicos, la construccion de identidades simbolicas y su integracion en una nacion heterogenea, basada en la interaccion continua de regiones, subregiones, localidades y sublocalidades con el Estado central. Estos procesos de integracion han sido de caracter violento en multiples ocasiones, y muchas veces utilizados para legitimar el recurso a la violencia como instrumento politico. En este sentido, es importante destacar, como hacen los autores del libro, el caracter pionero de los indigenas del Cauca frente a la injerencia de los actores armados en sus territorios.

Esto subrayaria, para los autores, la necesidad de superar el supuesto cultural, aceptado por muchos, de que somos un pueblo natural o esencialmente violento. Esta distancia frente a una supuesta "cultura de la violencia" resalta que esta creencia hace practicamente imposible el progreso civico de Colombia. Por eso, para superar el arraigo de esta creencia, la referencia a la apropiacion de la categoria victimas que reclaman sus derechos, tanto por parte de la poblacion colombiana en general como de la indigena en particular, permite convocar una comunidad emocional que concreta la invocacion abstracta al derecho internacional y nacional. Y, por otra parte, permite tambien recomponer al sujeto mediante la expresion compartida de su vivencia y su dolor, que se comunica ahora como critica social para convertirse en instrumento politico que refuerce la debil institucionalidad existente.

Finalmente, este recorrido por el libro de Myriam Jimeno y su equipo destaca la capacidad de la categoria victimas para vincular los reclamos al respeto de la diferencia de las minorias etnicas con el campo de la politica nacional e internacional, expresada en los discursos de los derechos humanos y del respeto a la diversidad etnica, aprovechando la naturaleza flexible y relacional de la adscripcion etnica, lo mismo que la construccion cultural del indigenismo, que vincula a indios y no indios en la construccion de una nacion heterogenea basada en la interaccion continua entre culturas y regiones.

DOI: http://dx.doi.org/10.7440/antipoda24.2016.09

* Bogota, 4 de mayo de 2015, comentario pronunciado con motivo del lanzamiento, en el marco de la Feria del Libro 2015.

Fernan E. Gonzalez G., PhD en Historia, Universidad de California en Berkeley, Estados Unidos. Entre sus ultimas publicaciones esta: Poder y violencia en Colombia. Bogota: Odecofi-Cinep-Colciencias, 2014. [correo] fernangonzalez39@gmail.com
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Author:Gonzalez G., Fernan E.
Publication:Revista Antipoda
Date:Jan 1, 2016
Words:1902
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