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Monsenor Bernardo Augusto Thiel Hoffman (1).

Monsenor Bernardo Augusto Thiel Hoffman, "aleman de clara y potente mentalidad" (2) y uno de "los mas esclarecidos varones que hicieron de su vida un sendero luminoso al servicio de Dios y de la Patria", (3) nacio el 1 de abril de 1850 en Elberfeld, hoy parte de la gran ciudad industrial de Wuppertal, en el Estado aleman de Renania del Norte-Westfalia. Vino al mundo en el seno de una familia de profunda tradicion catolica. Sus padres, Jose Thiel y Elena Hoffman, eran descendientes de labradores y estuvieron vinculados, por razones laborales, con la suerte de los obreros fabriles. Por eso, Monsenor Thiel recibio en herencia, a muy temprana edad, el conocimiento vivencialmente asumido de lo que son las necesidades materiales y espirituales de los obreros y campesinos; y por lo mismo, fue siempre un valiente abanderado de la defensa y promocion de las clases trabajadoras. Tambien recibio de sus progenitores todo el garbo de su destacada personalidad, pues, como bien ha escrito su mas autorizado biografo,
   de su padre heredo, en lo fisico, su complexion
   robusta que acusa mas de un rasgo de su ascendencia
   campesina, y en lo moral, la energia de caracter,
   la tenacidad ejemplar, la resistencia verdaderamente
   pasmosa para el trabajo y el espiritu eminentemente
   practico que tan peculiares le fueron,
   mientras que la delicadeza y belleza varonil tan
   justamente alabadas de no pocas de sus facciones,
   la dulzura y suavidad en el trato y su gran capacidad
   para absorber los golpes de la adversa fortuna,
   le fueron comunicados por la sangre materna. (4)


Iniciados sus estudios en su ciudad natal, el joven Bernardo Augusto los concluyo en Neuss con los Padres Paulinos en 1869. Los anos que estuvo junto a estos religiosos fue un tiempo precioso para continuar con la formacion de su personalidad y decidir su vocacion al ministerio sacerdotal y a la vida religiosa. En efecto, en el mismo ano de 1869 solicito ser admitido en la Congregacion de la Mision, en la que fue aceptado por sus dotes humanas y cristianas. Ese mismo ano comenzo su preparacion para la vida religiosa en la ciudad de Colonia. Dos anos despues, concluido su noviciado, lo enviaron a Francia y en Paris termino sus estudios filosoficos y teologicos con singular brillo. Alli recibio la ordenacion sacerdotal el 7 de junio de 1874. (5)

Por entonces, su Alemania natal se hallaba inmersa en la gran persecucion contra la Iglesia Catolica conocida con el nombre de Kulturkampf. Muchas congregaciones religiosas tuvieron que tomar el camino del exilio, entre ellas la de los Padres Paulinos. Por eso, el recien ordenado Padre Thiel fue enviado a Ecuador para servir en el Seminario Mayor, que por entonces estaba en manos de su Congregacion gracias a las gestiones de Monsenor Jose Ignacio Checa, Arzobispo de Quito en aquel tiempo. Asi, en octubre de 1874 el joven Padre Thiel llego a Ecuador y comenzo su servicio apostolico como profesor en el Seminario Mayor de Quito. En este pais vivio, entre otras, dos experiencias del todo singulares y que no habria de olvidar jamas. A menos de un ano de haber llegado fue casi testigo de la muerte del Presidente de Ecuador Gabriel Garcia Moreno, asesinado el 6 de agosto de 1875 por sectarios del liberalismo y de la masoneria. Esta dramatica experiencia se complemento con otra no menos dolorosa y tragica. El 30 de marzo de 1877, mientras asistia como Maestro de Ceremonias al Arzobispo de Quito en los oficios religiosos de ese aciago dia, presencio la agonia y la muerte de Monsenor Jose Ignacio Checa, que fue envenenado por tambien pandilleros del liberalismo y de la masoneria. Ambos sucesos marcaron su vida con huella indeleble y profunda porque conocio tangiblemente lo que podian y significaban el liberalismo y la masoneria del siglo XIX cuando hallaban campo apropiado para llevar a cabo sus consignas. (6) Con el asesinato de Monsenor Checa sobrevinieron tiempos muy dificiles para la Iglesia ecuatoriana y las comunidades religiosas sufrieron el destierro. El Padre Thiel fue destinado a Costa Rica. Llego junto con otros dos Padres Paulinos para atender el Seminario Mayor de San Jose. Desembarco en Puntarenas el 2 de enero de 1878. (7)

A su llegada, la sede episcopal de la Diocesis de Costa Rica se hallaba vacante desde la muerte de su I Obispo, Monsenor Anselmo Llorente y Lafuente, ocurrida siete anos atras. (8) En tanto tiempo no se habia podido nombrar al nuevo Obispo en virtud de los espinosos conflictos ideologicos, politicos y aun personales surgidos entre el Gobierno civil, que pretendia imponer sus criterios, y la Iglesia, que en el pleno ejercicio de sus derechos defendia sus facultades en lo que al renglon de nombramientos episcopales se refiere. La llegada del Padre Thiel a Costa Rica resolvio la situacion, que se ha llamado la I Vacante de la Diocesis de San Jose. (9) Efectivamente, a dos anos de su llegada y apenas cumplidos los veintinueve de edad, el Padre Thiel fue escogido para ocupar la prolongada vacante por comun acuerdo entre el Gobierno y la Iglesia. Conforme con lo estipulado en el Concordato entonces vigente, (10) su nombre fue formalmente presentado a la Santa Sede y esta lo aprobo el 27 de febrero de 1880 emitiendo la Bula respectiva. El 5 de setiembre de ese ano, despues de nacionalizarse ciudadano costarricense el dia anterior, fue solemnemente consagrado en la Catedral de San Jose como II Obispo de la Diocesis de Costa Rica. Era la primera vez que se realizaba en el pais la imponente ceremonia de una consagracion episcopal. Al dia siguiente, despues de prestar el juramento legal ante las autoridades civiles prescrito en el Concordato, tomo formal posesion de su cargo y comenzo, como ha escrito Monsenor Sanabria, "un periodo de intensisimo apostolado, de cruces y de sudores, y un periodo de brillantisima gloria y de extraordinario progreso espiritual para la Diocesis de San Jose de Costa Rica". (11)

El periodo historico en que Monsenor Thiel goberno la Iglesia costarricense, que comenzo aquel memorable 6 de setiembre de 1880 y finalizo con su prematura muerte el 9 de setiembre de 1901, es, en verdad, uno de los mas dificiles, complejos e intensos de la historia patria.

En efecto, el Estado costarricense, nacido hacia pocos anos a la vida independiente y republicana, buscaba afianzar su propia identidad a partir de las ideas propugnadas por el Liberalismo que, originado en el seno de la Europa de los siglos XVII y XVIII, llego a las costas americanas en los albores del siglo XIX y se rego como polvora en los nacientes Estados que se asomaban a la vida independiente. (12)

Este Liberalismo convirtio a la persona en individuo y de aqui paso al individualismo mas radical. Por eso, desde el principio, tropezo con violencia contra la Iglesia Catolica y su concepcion del ser humano como persona hecha a la imagen y semejanza de Dios y lo que ello significa en los campos de la politica, de la sociedad y de la economia. Por ello, en los paises de tradicion catolica el Liberalismo genero un conflicto entre los Estados y la Iglesia, ya que
   ... en nombre del liberalismo ... el Estado le disputa
   a la Iglesia el derecho a ensenar, el derecho a unir
   en matrimonio y a romper ese vinculo, el derecho
   a llevar registros similares a los de bautismo para
   efectos oficiales, y el derecho a la formacion de
   cementerios laicos. Para lograrlo reclama una disminucion
   tajante de la influencia de la Iglesia. Por
   eso, los liberales del siglo XIX y de los comienzos
   del siglo XX luchaban porque el Estado se fortaleciera
   y pudiera representar un elemento capaz de
   enfrentarsele a la Iglesia Catolica, a la que deseaban
   debilitar, pues constituia su verdadero enemigo. (13)


Por eso, el conflicto entre la Iglesia y el Estado fue inevitable. Y en Costa Rica se presento, justamente, en los anos en que ejercio su episcopado Monsenor Thiel, quien tuvo que vivir, enfrentar y resolver los agudos problemas que ineludiblemente brotaron.

Esta situacion se vio agravada en Costa Rica por la impositiva accion del Gobierno de Guatemala en los demas Estados centroamericanos. En efecto, con el General Justo Rufino Barrios a la cabeza, el Gobierno guatemalteco se empeno en extender a la region aquel liberalismo eminentemente antirreligioso. De alli vino "... el liberalismo pasional, anticonservatista, antirreligioso y antitodo", como muy bien lo ha descrito Jose Abdulio Cordero Solano. (14) Y llego a Costa Rica "... en parte mediante la accion politica o diplomatica y en parte mediante la accion de las logias masonicas". (15)

Ya en nuestro pais, desato las tormentas que eran previsibles y el Estado Liberal se impuso. En efecto, en el mes de julio de 1884, a cuatro anos de haber comenzado su episcopado Monsenor Thiel y apoyada en un conjunto de insulsos pretextos --que otra cosa no fueron, como lo ha demostrado categoricamente la historia--, se desato una campana abiertamente en contra de la Iglesia y de algunos de los derechos fundamentales que en el renglon de la libertad tenian los costarricenses. Esta campana se desencadeno bajo la consigna del anticlericalismo y del laicismo y se prolongo por varios anos. Tomo cuerpo juridico en un conjunto de leyes y decretos que se ha conocido con el nombre de las leyes liberales.

Por su orden cronologico, estas medidas fueron las siguientes: el 16 de julio de 1884 el Congreso de la Republica suspende el orden Constitucional para legitimar todas la medidas que inmediatamente se tomarian. Dos dias despues, el Poder Ejecutivo decreta la expulsion de Monsenor Thiel, Obispo Diocesano, y de los Padres Jesuitas que regian el Colegio San Luis Gonzaga de Cartago, con lo que se despejaba el terreno para emitir las siguientes disposiciones liberales. El 19 del mismo mes el Poder Ejecutivo decreta la secularizacion de los cementerios, hasta entonces legitima propiedad de la Iglesia. El 22 el Congreso Constitucional prohibe la presencia de cualquier comunidad religiosa en el pais, desconoce los votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia, expulsa a los religiosos presentes en el pais y seculariza la ensenanza, que desde entonces se proclamo exclusivamente laica. El 28 el Congreso Constitucional deroga unilateralmente el Concordato firmado entre la Santa Sede y el Gobierno de la Republica, entonces legitimamente vigente. El 30 el Poder Ejecutivo prohibe la recoleccion de limosnas para el culto catolico, salvo que antes se hubiera solicitado un permiso especial al Gobierno. El 18 de agosto, el Poder Ejecutivo prohibe a los sacerdotes catolicos recibir estipendios por la celebracion de los funerales. El 10 del mes siguiente el Poder Ejecutivo prohibe las procesiones religiosas fuera de los templos, con excepcion de las de Semana Santa, Corpus Christi y la del Santo Patrono del lugar. Tres anos despues, el 28 de setiembre de 1887, el Congreso Constitucional promulga el Codigo Civil, estableciendo el matrimonio civil y el divorcio. Y el 5 de junio de 1894, el Congreso Constitucional legisla ratificando y confirmando las leyes liberales emitidas en el ano de 1884. (16)

Todo este conjunto de medidas sacudio fuertemente al pais y marco su historia. Son muchos los juicios que se han emitido sobre ello. Algunos autores no han querido enfrentar directamente tales sucesos, minimizando su trascendencia o soslayandolos por completo con sutileza. (17) Otros, recientemente, han querido justificar todas aquellas acciones en nombre del Estado y se han eximido de la grave obligacion de un concienzudo analisis de fondo. (18) Pero quienes han abordado la cuestion de frente, como lo mostraremos inmediatamente, han coincidido en algo sustancial: que en Costa Rica no hubo razones de peso que justificaran semejantes procederes. Mas bien, todo aquello fue el resultado del esnobismo ideologico de la epoca y de presiones externas, que no se pudieron encarar con la debida firmeza.

En efecto, el reconocido historiador costarricense Hernan Peralta, a quien nadie puede acusar de parcialidad clerical, al valorar rigurosamente aquellos acontecimientos escribio:
   La persecucion del 84 no fue un movimiento sociologico,
   sino un coto contra los sentimientos religiosos
   del pueblo costarricense, de suyo ecuanime
   y sereno y alejado de ruidos y de discusiones sobre
   asuntos religiosos o meramente espirituales ... La
   persecucion del 84 no tuvo razon de ser porque
   Costa Rica no tenia un pasado conservatista a base
   de catolicismo que hubiese provocado con su intolerancia
   una reaccion antirreligiosa como la que
   entonces se produjo ... La persecucion del 84 fue
   injusta porque ya hemos visto que en Costa Rica
   no habia antecedentes que justificasen una reaccion
   liberal como la de Guatemala en 1871. La persecucion
   del 84 no tuvo mas origen que el deseo de
   imitar a Barrios o la sumision incondicional de los
   hombres del gobierno costarricense a las indicaciones
   del dictador de Guatemala.... (19)


Es mas, senala este mismo autor despues de investigar minuciosamente los documentos y pormenores del periodo, que no hubo justificacion alguna para una sola de las acusaciones de que fue objeto la Iglesia. Escribe que
   llovian acusaciones en el Congreso contra la Iglesia
   y contra el Obispo Thiel, acusaciones que no
   hemos visto comprobadas y que de aparecer nos
   obligarian a rectificar nuestro juicio no sin antes
   pedir publicamente que caiga de su pedestal la
   estatua del Prelado a quien un Congreso de Costa
   Rica declaro Benemerito de la Patria. (20)


Monsenor Sanabria, el mas conspicuo y riguroso de los historiadores de ese periodo, tambien coincide con los juicios historicos de Hernan Peralta. (21) Pero sus criterios han sido frecuentemente desechados al desgaire porque con una torpe ingenuidad se le ha acusado de parcialidad historica habida cuenta de su condicion de eclesiastico. No obstante, si se sopesan desapasionadamente los atestados que ofrece al evaluar tales acontecimientos solo un exaltado seria capaz de sostener semejante acusacion.

Por su parte, el historiador Ricardo Blanco Segura, ajeno a todo proselitismo clerical, tambien ha abordado de frente el tema y ha coincidido con los juicios historicos expuestos en su extensa y bien fundamentada obra 1884: la Iglesia, el Estado y la Reformas Liberales. (22)

Como resultado inmediato y personal de todo ello, Monsenor Thiel tuvo que enfrentar dolorosa e injustamente el destierro. Fue expulsado del pais aquel 18 de julio de 1884 sin presentarsele cargo alguno o abrirsele un juicio en los Tribunales, siquiera hubiera sido en apariencia y pura formalidad, como lo ha senalado el mismo historiador Peralta ya citado. (23) El Prelado, con sobria y admirable dignidad, supo hacer frente a tan ignominiosos hechos. Estuvo en el exilio por diez meses. Hizo una corta visita a la Santa Sede para presentar su defensa contra lo actuado por el Gobierno de Costa Rica y se establecio en Panama a fin de estar mas cerca y "... atender desde alli los negocios de la administracion de su Diocesis". (24) Finalmente, se le permitio regresar al pais el 23 de mayo de 1886. (25)

Ante semejantes acontecimientos la reaccion del pueblo catolico no se hizo esperar y brindo un apoyo extraordinario al Prelado y a la causa de la fe catolica, fe en la que los costarricenses habian sentado, como en uno de sus pilares, su ser nacional. Como parte de su respuesta, los catolicos tambien se organizaron politicamente para enfrentar aquellos sucesos y nacio asi el Partido Union Catolica, que puso en vilo por algunos anos el contexto politico del pais y que llevo a los liberales de la epoca al borde de una crisis de poder, de la que solo pudieron salir imponiendose violentamente y contra el marco juridico entonces existente. (26)

Si tal fue el panorama politico en que ejercio su episcopado Monsenor Thiel, no menos delicado fue el contexto socioeconomico. En efecto, asi como el liberalismo antirreligioso del siglo pasado penetro en el poder politico, asi tambien lo hizo en el mundo social y economico.

En el campo social la principal batalla la libro el Estado contra la Iglesia en el terreno educativo. Los portavoces del liberalismo, en virtud de las estructuras politicas ya dominadas, trabajaron por lograr tambien la hegemonia excluyente en el orden del pensamiento costarricense. No es extrano, entonces, el tono acre que caracterizo el enfrentamiento. La Iglesia tenia antiguos y muy bien ganados derechos en el ambito educativo. Desde los siglos de la colonia ella habia orientado, que no absorbido, el proceso educativo costarricense. Fue pionera en la fundacion de escuelas de primeras letras, creo y dirigio colegios de segunda ensenanza y estuvo siempre presente en los procesos que dieron lugar a la constitucion de entidades educativas superiores, incluida la primera Universidad que hubo: la Universidad de Santo Tomas, que en su tiempo fue elevada al rango de "Pontificia". (27)

Los conflictos vividos en el ambito educativo fueron, entonces, de grueso calibre. El 22 de julio de 1884, como hemos dicho antes, el Congreso Constitucional seculariza formalmente la educacion costarricense, prohibiendo la injerencia de la Iglesia en el proceso educativo. El 26 de febrero de 1886 se promulga oficialmente la Ley de Educacion Comun, que crea el monopolio educativo y secular en favor del Estado y que lleva, durante 1887 y 1888, a la creacion de instituciones educativas estatales eminentemente seculares y ajenas a los valores religiosos. El 20 de agosto de 1888 se clausura la Benemerita y Pontificia Universidad de Santo Tomas, mas por razones de orden antirreligioso que de otra naturaleza, y se dejan, en su lugar, las Escuelas Superiores Profesionales de Derecho, Ingenieria y Medicina, de las que solo funciono con propiedad la primera. Por supuesto, se garantizo que su funcionamiento estuviera en manos exclusivas y excluyentes del liberalismo de la epoca. Sin embargo, el 13 de junio de 1890, ante las presiones de distintos grupos sociales costarricenses, que reclamaban con firmeza el derecho a la educacion confesional de sus hijos, el Poder Ejecutivo tuvo que autorizar, aunque lo hizo sin responsabilidad del Estado, la ensenanza religiosa en las escuelas primarias del pais. Y dos anos despues, por identicos motivos, a los que se sumaron los conflictos politicos del momento, el Poder Ejecutivo tuvo que restablecer, a su pesar con responsabilidad del Estado, la ensenanza religiosa en las escuelas primarias del pais. (28)

Como puede observarse, en lo que a educacion se refiere tanto la Iglesia como el Estado tuvieron sus exitos y sus fracasos. Pero para ambos fue como una prueba de fuego, que senalo el rumbo de muchas de las grandes preocupaciones historicas y eclesiasticas de aquella epoca.

En el campo de la economia el liberalismo no tuvo mayores tropiezos. Con gran facilidad pudo imponer sus doctrinas en este renglon porque, ciertamente, la centenaria herencia de una pobreza generalizada y la hasta entonces decisiva presencia del modelo agro exportador que vinculo nuestra economia con la mundial, asi como la consolidacion de la oligarquia cafetalera como grupo social dominante, llevaron al pais al fortalecimiento y expansion de las tesis del liberalismo en lo que a organizacion economica se refiere. Asimismo, el desarrollo de los medios de comunicacion, que se origino para satisfacer las necesidades infraestructurales del modelo economico vigente, condujo al pais a la deuda externa y a la dependencia economica y tecnica para la produccion nacional. Si a todo ello sumamos otros factores de indole mas bien local y propios de aquel momento historico, asi como la cuestion de la administracion publica, que desde entonces ha sido ineficiente y poco clara, el resultado es que el pais estuvo inmerso en una situacion economica bien poco halaguena. (29)

En efecto, como ha senalado el historiador Carlos Luis Fallas Monge, al finalizar el siglo pasado
   ...una profunda crisis economica y fiscal nos azoto
   sin misericordia, y llevo al pais a graves extremos.
   Tan lamentable situacion se torno aun mas grave
   durante la segunda administracion del Sr. Yglesias
   Castro, y afecto de manera especial y dolorosa a las
   clases populares, cuyos limitados recursos las hacian
   particularmente vulnerables a este tipo de fenomenos,
   cuyas principales caracteristicas fueron
   en lo economico y fiscal: bajos salarios, desocupacion,
   hambre, carestia de articulos de consumo basico,
   miseria, disminucion en las rentas publicas,
   rebajas en los salarios y total incapacidad del Estado
   por mitigar en forma alguna la desesperada
   situacion a que llego la clase trabajadora del pais. (30)


Este desolador cuadro se vio agravado aun mas porque los obreros y campesinos del siglo XIX
   ... carecian en nuestro pais de proteccion contra los
   accidentes de trabajo; en caso de enfermedad, invalidez
   o muerte, la familia del afectado quedaba
   expuesta a sufrir toda clase de privaciones. Cuando
   el obrero se quedaba sin trabajo, el hambre y la
   miseria rondaban su hogar y para conseguir algun
   dinero, vendia sus pocas pertenencias, por lo general
   herramientas con las cuales se ganaba el pan.
   La situacion se tornaba tragica y mas tarde no
   encontraba ocupacion al carecer de los instrumentos
   necesarios. Ademas, no existia legislacion sobre
   salarios, jornadas de trabajo, descanso semanal,
   vacaciones ni nada que garantizara la estabilidad
   laboral. (31)


No es de extranar, entonces, que aquellos anos fuesen la temprana aurora en que comenzaron a despuntar en el pais las primeras ideas de corte socialista y los primeros movimientos en favor de los obreros y campesinos. Los mismos trabajadores habian buscado una solucion valiendose de sus propios y limitados medios y formando sociedades mutualistas, las cuales, sin embargo, no llegaron a ser una solucion apropiada. Es mas, con sus bajos salarios, insuficientes de por si para la mediana manutencion del hogar, los trabajadores no podian sostener tales asociaciones, que dependian totalmente de sus exiguos ahorros. El Estado liberal, a quien por conviccion doctrinal poco podia interesar el problema, fue absolutamente incompetente ante esta situacion: asumio en plenitud el papel que le asigna en este campo el clasico liberalismo, el de Estado policia. Y por eso mismo la Iglesia, como voz de los que no tienen voz, no pudo guardar culpable silencio. La intervencion episcopal era no solo una necesidad, sino tambien un deber intimo de Monsenor Thiel, porque el, como escribimos mas arriba, fue un abanderado de la legitima defensa y promocion de las clases trabajadoras, pues habia recibido como primicia de su herencia familiar el conocimiento, vivencialmente asumido, de lo que son las necesidades materiales y espirituales de los obreros y campesinos.

Nuevamente se produjo un fuerte y desabrido enfrentamiento entre la Iglesia y el Estado, esta vez en el terreno socioeconomico. El Obispo denuncio, con una claridad que asombra, la injusta situacion de los trabajadores. Y el Gobierno se le vino encima. En efecto, el 5 de setiembre de 1893 Monsenor Thiel, aplicando a la realidad historica de Costa Rica las ensenanzas sociales de Leon XIII en la Enciclica Rerum Novarum, publico su XXX Carta Pastoral, en la que enfrento, con valentia y lucidez, la grave situacion de las clases trabajadoras. El domingo siguiente fue leida en todas los Templos y Oratorios de la Diocesis y se publico en El Eco Catolico del 9 de ese mismo mes. En ella Monsenor Thiel abordo y analizo con un rigor poco comun las causas de la grave situacion de los obreros y campesinos y propuso algunas medidas correctivas, que en mucho podrian haber aliviado las congojas de quienes, a su pesar, soportaban las consecuencias de un modelo economico deshumanizado. (32) Pero el Gobierno, encastillado en las discutidas tesis del liberalismo economico, no pudo menos que reaccionar violentamente y ataco al Obispo de manera grotesta y publica. El Prelado se defendio brillantemente. Defendio su derecho a intervenir en esta materia asi como sus tesis fundamentales. Y lo hizo a tenor de los mismos derechos que se consagraban en la Constitucion Politica del pais. (33) Sin embargo, una vez mas el Gobierno se impuso por la fuerza. La posicion antirreligiosa y violenta del liberalismo de la epoca impidio la realizacion de unos ideales de mayor justicia para todos. Pero fue la Iglesia la que inauguro los movimientos que por entonces comenzaron a brotar en favor de la justicia social. Monsenor Thiel no tuvo temores ni reparos para colocarse en la vanguardia de la defensa de los derechos de los obreros y campesinos. No se ha equivocado el historiador Fallas Monge al decir que
   en medio de la acongojante situacion socioeconomica
   originada por la crisis, solo se escucho como
   unico rayo de esperanza, la voz de la Iglesia Catolica
   costarricense. (34)


A pesar de las tantas adversidades, Monsenor Thiel ejercicio su ministerio episcopal con un brillo del todo singular.

En efecto, al comienzo de su episcopado Monsenor Thiel convoco y presidio el Primer Sinodo Diocesano que, celebrado entre el 24 y el 26 de agosto de 1881, establecio las directrices fundamentales que orientaron por largo tiempo toda la actividad pastoral de la Diocesis. (35) Asimismo, comprendio desde el primer momento que el principal soporte de la Iglesia radica en la adecuada y recta preparacion del clero. Por eso, este Prelado le dedico buena parte de sus esfuerzos a la obra del Seminario y, de manera singular, a la revitalizacion del clero ya existente y en servicio. Para ello, fundo en 1882 las asi llamadas Conferencias del Clero, que fueron un foro de renovacion espiritual y teologica para todos los sacerdotes que servian en la Diocesis. Tambien mejoro la planta fisica del Seminario y lo puso en 1893 en manos de los Padres Paulinos alemanes, sus hermanos de Congregacion. Pero, ante todo, fue un autentico padre no solo para los jovenes seminaristas, sino tambien para todos y cada uno de los sacerdotes de su Diocesis: en el encontraron siempre el consuelo oportuno en las acongojantes situaciones de la vida. (36)

Desde el principio Monsenor Thiel erigio las parroquias que estimo oportunas, de acuerdo con las necesidades pastorales de la Diocesis. Asimismo, motivo, apoyo y estimulo la construccion de los nuevos templos que exigian las circunstancias y, con gran empeno, impulso la reconstruccion de los que estaban en mal estado, que por cierto no eran pocos, pues por causa de la incontenible accion del tiempo, de la mala calidad de los materiales empleados en las construcciones y, muy especialmente, de los varios terremotos que asolaron al pais durante el siglo XIX, buena parte de ellos hubo que hacerlos practicamente nuevos. (37)

Este Prelado trabajo tambien, como ya lo hemos destacado, por lograr mejorar la situacion de los mas pobres y desposeidos de bienes de fortuna. Muchos de sus trabajos pastorales y de sus escritos los dedico, con un gran carino, a los problemas sociales, economicos y culturales de la epoca. De igual manera, favorecio activamente las obras de caridad y de beneficencia. En este orden de cosas, cabe mencionar la creacion del Hospicio de Huerfanos, la fundacion de las Sociedades de San Vicente de Paul para el socorro de los mas necesitados, en sus dos ramas masculina y femenina, y el establecimiento del Hospicio de Incurables y Ancianos. Dicto tambien excelentes normas para el ejercicio de la accion catolica y misionera. De su epoca provienen el Apostolado de la Oracion, la obra de la Propagacion de la Fe y la Santa Infancia, la Asociacion de las Hijas de Maria, la de las Madres Catolicas y la de San Luis Gonzaga para los ninos. De modo semejante, propicio y apoyo, a veces con grandes fatigas, las primeras asociaciones de obreros, como la sociedad de Artesanos de San Jose. En una palabra, Monsenor Thiel favorecio siempre cuantas obras contribuyeran a mejorar el desarrollo integral de la Diocesis encomendada a su diligente cuidado. (38)

Es admirable de igual manera toda su solicita preocupacion por los grupos indigenas del pais. De Monsenor Thiel podemos decir, con el historiador Blanco Segura, que fue "el Obispo misionero por excelencia". (39) Visito cuatro veces el territorio de la Diocesis, que abarcaba en ese tiempo toda la Republica: de mar a mar y de frontera a frontera. Entre 1881 y 1892 realizo cinco viajes a Talamanca. Efectuo dos viajes a Chirripo, uno en 1881 y otro en 1890. Cuatro fueron sus viajes a Terraba y Boruca entre 1884 y 1892. Y realizo tambien cinco viajes a Guatuso entre 1882 y 1896. (40) Los relatos de sus giras misioneras nada tienen que envidiar a las mas famosas y novelescas aventuras de los misioneros que en los remotos tiempos de la conquista y la colonia llegaron a America. Ni de los que llegaron a la India o al Africa en los albores del cristianismo en esas tierras. Efectivamente, como autentico misionero Paulino y sin la facilidad de los medios de transporte actuales, Monsenor Thiel viajaba unas veces a pie, otras a caballo y algunas en una simple mula, vadeaba los rios, dormia las noches a la intemperie y comia lo que la Providencia le deparara por el camino. En fin, como ha escrito Luis Ferrero, tuvo que vencer mil obstaculos:
   ... agotadoras y lentas marchas a pie, incomodas
   cabalgatas, penurias, picaduras de insectos, provisiones
   que se perdian por humedad excesiva, el
   baqueano o las mulas que faltaban a la cita, los rios
   desbordados que lo detenian por varios dias. (41)


Al lado de semejante empeno misionero, Monsenor Thiel asumio con gran responsabilidad la obra de gobierno de la Diocesis. Fundo la Biblioteca Episcopal; enriquecio de una manera esplendida la del Seminario Mayor, que ya en su tiempo llego a tener mas de diez mil ejemplares; (42) ordeno y enriquecio el Archivo Historico de la Curia; creo el Museo del Obispado y protegio el arte y la cultura en todas sus manifestaciones. En su tiempo se reconstruyo la Iglesia Catedral: se levantaron sus torres, se importaron el organo y las campanas y se hizo la mayor parte de los trabajos de ornamentacion interior y exterior del edificio. Igualmente, ordeno la construccion del Palacio Episcopal --hoy Curia Metropolitana-- y de las oficinas dio cesanas. El, personalmente, trabajo en las obras, pues bien fundado era su conocimiento de la fisica y de la matematica. Reorganizo en gran parte la administracion eclesiastica. Implanto nuevos y practicos sistemas en el manejo de los libros y registros eclesiasticos en un afan de perfeccionamiento de lo que, hasta la fecha, era la costumbre en el uso de los documentos. Fue, ademas, un acucioso vigilante de los fondos de la Diocesis. (43)

A pesar de todo el tiempo que evidentemente consumio en esa fecunda labor, Monsenor Thiel le dedico a la vida intelectual mucho pensamiento y un exceso de horas, incluso las del merecido descanso. No desaprovecho ni un minuto en escribir y publicar todo cuanto estimo oportuno para el bien de la Diocesis. Por algo hay algunos documentos suyos firmados en los mas distintos lugares del pais, probablemente elaborados durante sus largas y penosas giras misioneras. Y el resultado de todo ello fue una impresionante obra, de gran extension y grueso calibre. En todo caso, tan vasta preocupacion intelectual lo convirtio en un verdadero protector de las letras y de la prensa catolica. En 1882 fundo la revista El Mensajero del Clero, organo oficial de la Iglesia y un medio de enriquecimiento teologico, espiritual y pastoral sobre todo para el clero. Es mas, fue un verdadero arsenal en las ciencias sagradas, que nada tuvo que envidiar a publicaciones homologas hechas en la Europa de aquellos anos. El periodico El Eco Catolico, todavia hoy existente, es parte de la herencia de ese ilustre Prelado. Aparecio por primera vez en el ano 1883 y se publico de manera especial para ilustracion del laicado costarricense.

Monsenor Thiel fue presidente de la Sociedad de Estudios Americanistas de Costa Rica. Mantuvo estrechas relaciones con grandes y destacados intelectuales y cientificos de su epoca, nacionales y extranjeros. Entre ellos vale la pena recordar los nombres de Leon Fernandez, Manuel Maria de Peralta, Anastasio Alfaro, Cleto Gonzalez Viquez, Ricardo Fernandez Guardia, Pedro Perez Zeledon, Juan Fernandez Ferraz, el profesor Eduardo Seler, de Berlin, el profesor Polakowsky, Henri Pittier, Carlos Bovallius y Alfonso Pinart (44). Tambien participo varias veces en exposiciones internacionales de arqueologia y ciencias naturales. En mas de una oportunidad esa participacion fue galardonada con medalla de oro por la excelencia de sus presentaciones. (45)

Despues del destierro Monsenor Thiel solo salio dos veces del pais. La primera fue con ocasion de la visita ad Limina a la Santa Sede, que realizo en 1893. En esa oportunidad salio de San Jose rumbo a Europa el 17 de enero y el 5 de marzo fue recibido en audiencia privada por Leon XIII. Regreso el 13 de junio despues de recorrer con fines pastorales algunos lugares del viejo continente. (46) La segunda vez que salio del pais fue acercandose el prematuro ocaso de su vida, ocurrido el 9 de setiembre de 1901. Lo hizo para participar en el Concilio Plenario de la America Latina.

Pensamientos finales

Desde todo punto de vista, la figura del Benemerito II Obispo de la Diocesis de Costa Rica, Monsenor Bernardo Augusto Thiel, es una de aquellas que solo muy de tarde en tarde aparecen en la historia de los pueblos, segun dijera alguna vez el historiador Ricardo Blanco Segura refiriendose a Monsenor Sanabria.

Cuando repasamos, al cabo de casi un siglo de su muerte, el veredicto de la historia expresado en los juicios que, amigos y enemigos, han emitido sobre este eximio Prelado, gloria indiscutible de la Iglesia Costarricense, lo que encontramos es que todos, sin reparos, reconocen su grandeza, su rectitud y su dignidad, asi como su gran aporte a la cultura nacional.

En efecto, el Poder Legislativo costarricense califico a este ilustre Prelado como "eminente sabio" y hombre de "altas dotes de virtud y ciencia"; (47) asi como lo considero "uno de los principales factores de nuestra civilizacion". (48) Don Rafael Yglesias Castro, por entonces en el ejercicio de la Presidencia de la Republica, reconocio en Monsenor Thiel un hombre de "esclarecidas dotes y altisimas virtudes", a la vez que en otros documentos oficiales del Poder Ejecutivo se le ha reconocido "su condicion de sabio". (49)

El historiador costarricense Luis Felipe Gonzalez Flores dice de el que fue "uno de los mas asiduos colaboradores, con su investigacion entusiasta, del desenvolvimiento cientifico costarricense". (50) En el mismo sentido se ha expresado otro egregio historiador, Octavio Castro Saborio, al decir que Monsenor Thiel fue un hombre de "mentalidad superior, poderosa y fuerte", en quien "habia capacidad para todas las manifestaciones del pensamiento, del estudio y de la honda meditacion". Y por eso en otro momento lo llama "verdadero hombre de ciencia". (51)

Otros estudiosos, en cambio, han destacado particularmente alguna de las multiples y ricas facetas academicas de este Prelado. El escritor Guillermo Solera Rodriguez, en su reconocida obra Benemeritos de la Patria y Ciudadanos de Honor Costarricenses, senala que fue "un constante investigador de la historia patria y de la historia eclesiastica costarricense". Dice que sus Cartas Pastorales "estan llenas de gran uncion y sabiduria", al mismo tiempo que conceptua su labor como "inagotable". (52) Constantino Lascaris, poco afecto a los calificativos, lo reconoce sin embargo como "historiador y, sobre todo, como linguista". (53) Monsenor Sanabria afirma que le "corresponde con toda verdad el titulo insigne de padre de la historia eclesiastica costarricense". (54) Parecidos criterios emitio Luis Barahona Jimenez, quien lo describio como una persona "con solidos conocimientos de Filosofia, Teologia y Derecho Canonico pero, sobre todo, de linguistica". (55)

Por otra parte, Eugenio Rodriguez Vega, en su conocida Biografia de Costa Rica, lo califica de "hombre verdaderamente ilustre". (56) Chester Zelaya, al valorar la cuestion politica de la epoca en que este Obispo dirigio los destinos de la Iglesia costarricense, escribe que fue un "hombre de gran preparacion y capacidad para afrontar situaciones dificiles". (57) Carlos Luis Fallas Monge destaca "la brillante defensa de los desheredados de fortuna" que hizo Monsenor Thiel, a la vez que patentiza su "interes por el desarrollo cultural del pais". (58) Todos estos juicios se complementan muy bien con la afirmacion del historiador Ricardo Blanco Segura, quien sostiene que este Prelado "poseia una inteligencia brillante y una cultura extraordinaria". (59)

Una personalidad asi no podia pasar desapercibida aun fuera de las fronteras patrias. Efectivamente, fue su hermano en religion y en el episcopado, Monsenor Guillermo Rojas y Arrieta, quien tuvo el honor de ser el primer Arzobispo de Panama, el que resumiendo practicamente todos los juicios que hemos recogido, dijo que Monsenor Thiel fue "uno de los Prelados mas eminentes del episcopado latinoamericano". (60)

Todos estos criterios, en el fondo, patentizan algo: muestran a Monsenor Thiel como un hombre extraordinario, de solvente compromiso con su vocacion, con su ministerio y con su Iglesia. Con toda razon se puede afirmar, pues, que el gobierno eclesiastico de Monsenor Thiel constituye "...una verdadera edad de oro para nuestra Iglesia en todos los aspectos", como muy bien lo ha puntualizado Ricardo Blanco Segura. (61)

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(1) El presente articulo ha sido tomado de la Primera Parte de la Primera Ponencia presentada por el autor al Simposio Historico "Los Ultimos Cien Anos de la Evangelizacion en America Latina", celebrado en Ciudad Vaticano, Roma, entre los dias 21 y 25 de junio de 1999 con ocasion del Centenario del Concilio Plenario de la America Latina.

(2) Hernan Peralta, Don Rafael Yglesias (San Jose: ECR, 1968), p. 109.

(3) Octavio Castro Saborio, Bernardo Augusto Thiel en la Historia (San Jose: Imprenta Nacional, 1959), p.161.

(4) Victor Sanabria Martinez, Barritado Augusto Thiel (San Jose: ECR, 1982), p. 19. Esta monumental obra es la mejor exposicion que se ha hecho sobre el episcopado de Monsenor Thiel y la situacion historica en que se desarrollo su vida. Sus analisis, hasta el presente, han marcado la recta interpretacion de aquel importante y trascendental periodo de nuestra historia.

(5) Ibid, p. 28.

(6) Estas dos experiencias desmienten, sin ambages, la erronea afirmacion de que Monsenor Thiel fue mason. De hecho, palpo muy de cerca sus nefastas obras y el mismo, como veremos mas adelante, tuvo que sufrirlas en carne propia.

(7) Gustavo Adolfo Soto-Valverde, Los 500 anos de la Iglesia Catolica de Costa Rica (San Jose: CECOR, 1992), p. 51.

(8) Sobre la ereccion de la Diocesis de Costa Rica y el episcopado de Monsenor Anselmo Llorente y Lafuente, vease la obra de Monsenor Sanabria titulada Anselmo Llorente y Lafuente (San Jose: Universal, 1933).

(9) Cf. Victor Sanabria Martinez, La primera vacante de la Diocesis de San Jose (San Jose: Lehmann, 1935). En esta obra su autor hace un estudio riguroso y pormenorizado de este periodo de la historia eclesiastica costarricense.

(10) Este documento fue firmado en Roma por el Cardenal Antonelli y por el Marques de Lorenzana el 7 de octubre de 1852. El Congreso de Costa Rica lo aprobo el 10 de diciembre de ese ano y cinco dias despues lo ratifico el Presidente de la Republica. El 15 de mayo de 1853 la Santa Sede lo confirmo definitivamente mediante la Bula Totius Dominici Gregis. Cf. Coleccion de Tratados Internacionales celebrados por la Republica de Costa Rica (San Jose: Tipografia Nacional, 1892), tomo I, p. 79 s.

(11) Bernardo Augusto Thiel, p. 54. Cf. al respecto, Ricardo Blanco Segura, Obispos, Arzobispos y Representantes de la Santa Sede en Costa Rica (San Jose: EUNED, 1984), p. 63.

(12) Sobre este movimiento en las postrimerias del siglo XIX, cf. Johannes Messner, La cuestion social (Espana: Rialp, 1960); Francisco Ayala, El Problema del Liberalismo (Puerto Rico: EUPR, 1963); Luis Sanchez Agesta, Principios de teoria politica (Espana: Editora Nacional, 1979); Francisco Antonio Pacheco, Introduccion a la teoria del Estado (San Jose: EUNED, 1980); y Walter Montenegro, Introduccion a las doctrinas politico-economicas (Mexico: FCE, 1986).

(13) Francisco Antonio Pacheco, ob.cit., p. 142.

(14) El ser de la nacionalidad costarricense (Espana: Tridente, 1964), p. 148.

(15) Abelardo Bonilla, Historia de la literatura costarricense (San Jose: UACA, 1981), p. 81.

(16) Coleccion de Leyes y Decretos de Costa Rica: 1884, 1887, 1888 y 1894.

(17) Entre estos autores pueden verse: Carlos Monge Alfaro, Historia de Costa Rica (San Jose: Trejos, 1978); Carlos Calvo Gamboa, Rafael Yglesias Castro (San Jose: MCJD, 1980); Rafael Obregon Loria, Hechos militares y politicos (San Jose: Imprenta Nacional, 1981); y otros mas.

(18) Entre estos autores pueden verse: Miguel Picado, La Iglesia costarricense entre Dios y el Cesar (San Jose: DEI, 1988); Astrid Fischel, Consenso y represion (San Jose: ECR, 1990); Claudio Antonio Vargas, El Liberalismo, la Iglesia y el Estado en Costa Rica (San Jose: Guayacan, 1991); y otros mas.

(19) Ob. cit., p. 162-163.

(20) Ibid, p. 112.

(21) Bernardo Augusto Thiel, p. 143-144.

(22) (San Jose: ECR, 1984), p. 273 ss.

(23) Ob. cit., p. 123.

(24) Monsenor Sanabria, Bernardo Augusto Thiel, p. 194.

(25) Ibid, p. 269.

(26) En su obra Bernardo Augusto Thiel, Monsenor Sanabria hace un excelente estudio sobre este partido politico y toda la situacion que se produjo en torno suyo. Cf. p. 387-470. Cf. Gustavo Adolfo Soto-Valverde, Tres Partidos Politicos y un Ideario: genesis de los partidos politicos de inspiracion cristiana en Costa Rica (En: "Revista Acta Academica", San Jose: UACA, n. 20, mayo de 1997, pp. 34-47).

(27) Gustavo Adolfo Soto, La Iglesia costarricense y la cuestion social (San Jose: EUNED, 1985), p. 53.

(28) Coleccion de Leyes y Decretos de Costa Rica: 1884, 1886, 1887, 1888, 1890 y 1892.

(29) Sobre la situacion socioeconomica del periodo cf. Rodrigo Facio, Estudios sobre economia costarricense (San Jose: ECR, 1978); Carlos Araya-Pochet, Historia economica de Costa Rica (San Jose: EFA, 1982); Carolyn Hall, El cafe y el desarrollo historico geografico de Costa Rica (San Jose: ECR, 1982); Paulino Gonzalez y otros, Desarrollo institucional de Costa Rica (San Jose: SECASA, 1983); y otros mas.

(30) El movimiento obrero en Costa Rica:1830-1902 (San Jose: EUNED , 1983), p. 412.

(31) Ibid, p. 196.

(32) XXX Carta Pastoral. Gustavo Adolfo Soto-Valverde, Archivo Privado. Coleccion de documentos de Historia de la Iglesia en Costa Rica.

(33) Los documentos de este enfrentamiento en: Archivo de la Curia Metropolitana. Episcopado de Monsenor Thiel. Caja n. 39, folios 93-96. Correspondencia con el Poder Ejecutivo.

(34) Ob. cit., p. 413.

(35) Sobre la realizacion y conclusiones de este Primer Sinodo Diocesano cf. Bernardo Augusto Thiel, p. 71-78. Sus decretos en: Primer Sinodo Diocesano. Actas y Estatutos (San Jose: Correo Espanol, 1881).

(36) Cf. Pbro. Rosendo Valenciano, Breve resena de la Jerarquia Eclesiastica de Costa Rica. En: Costa Rica en el siglo XIX (San Jose: Tipografia Nacional, 1902), p. 353 s.

(37) Cf. Monsenor Bernardo Augusto Thiel, La Iglesia Catolica en Costa Rica durante el siglo XIX. En: Costa Rica en el siglo XIX, pp. 322, 324, 326, 328, 331, 335, 337 y 338. Cf. tambien su CLVI Carta Pastoral.

(38) Cf. Ricardo Blanco Segura, Obispos, Arzobispos y Representantes de la Santa Sede en Costa Rica, p. 62-65.

(39) Ibid, p. 64.

(40) Cf. Bernardo Augusto Thiel, p. 579-586.

(41) Monsenor Thiel y las comunidades indigenas. En: La Nacion, Suplemento Ancora, 7 de setiembre de 1980, p. 7.

(42) Ricardo Blanco Segura, El humanista Bernardo Augusto Thiel. En: La Nacion, Suplemento Ancora, 7 de setiembre de 1980, p. 4.

(43) Cf. Bernardo Augusto Thiel, p. 485 s.

(44) Ricardo Blanco Segura, ibid, p. 5.

(45) Cf. Bernardo Augusto Thiel, p. 558.

(46) Cf. Ibid, p. 471.

(47) La Gaceta, 11 y 12 de setiembre de 1901.

(48) La Gaceta, 26 de mayo de 1921.

(49) La Gaceta, 10 de setiembre de 1901.

(50) Historia de la influencia extranjera en el desenvolvimiento educacional y cientifico de Costa Rica (San Jose: ECR, 1976), p. 94.

(51) Ob. cit., p. 6, 62 y 63.

(52) (San Jose: Lehmann, 1964), p. 84-86.

(53) Desarrollo de las ideas filosoficas en Costa Rica (San Jose: Studium, 1983), p. 126.

(54) Bernardo Augusto Thiel, p. 554.

(55) Las ideas politicas en Costa Rica (San Jose. MEP, 1977), p. 87.

(56) (San Jose: ECR, 1991), p. 101.

(57) Thiel y la politica costarricense de su tiempo. En: La Nacion, 7 de setiembre de 1980. Suplemento Ancora.

(58) Ob. cit., p. 390-391.

(59) Obispos, Arzobispos y Representantes de la Santa Sede en Costa Rica, p. 63.

(60) Recogido en: Bernardo Augusto Thiel, p. 16.

(61) Obispos, Arzobispos y Representantes de la Santa Sede en Costa Rica, p. 64.

Gustavo Adolfo Soto-Valverde, Doctor en Filosofia por la U.A.C.A. Bachiller en Ciencias Religiosas. Profesor de Teologia. Investigador de la Historia. Maestro Catedratico de la U.A.C.A. y Catedratico y Profesor de la Universidad de Costa Rica. Autor de varios libros y numerosos articulos de revista.
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Title Annotation:Acta Historica
Author:Adolfo Soto-Valverde, Gustavo
Publication:Acta Academica
Article Type:Biografia
Date:Nov 1, 1999
Words:8891
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