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Monarquia y clero regular: los dominicos de Castilla durante el reinado de Enrique III y la minoria de Juan II.

RESUMEN

A principios del siglo XV, durante el reinado de Enrique III de Castilla y especialmente durante la minoria de Juan II, se acrecento enormemente la presencia en la corte real de los frailes de la Orden de Predicadores y, junto a ella, su influencia social en el reino iberico. Esto supuso, para la monarquia, la colaboracion de un grupo de destacados intelectuales en la elaboracion de un programa de reforzamiento de la autoridad regia, entre cuyos objetivos principales destacaba la cristianizacion de las comunidades judias de las principales ciudades y villas castellanas. A su vez, esa relacion tambien beneficio a la Orden Dominica, puesto que desde el ano 1402 se verifico un nuevo y acelerado proceso de fundaciones conventuales, asi como la obtencion de numerosos privilegios jurisdiccionales concedidos por los monarcas, los nobles y otros poderosos de ese reino. A partir de la documentacion conservada en el Archivo Historico Nacional, en las cronicas de la Orden y en las del reino de Castilla, asi como de los resultados de recientes investigaciones realizadas en torno al gobierno y la corte de Enrique III, Catalina de Lancaster y Juan II, pretendemos reconstruir las alternativas principales de una relacion que marco profundamente las estructuras y la identidad de la Orden Dominica, asi como de la misma monarquia castellana.

PALABRAS CLAVE monarquia--Orden Dominica--fundaciones conventuales--siglo XV

ABSTRACT

In the early fifteenth century, during the reigns of Henry III of Castile and especially during the minority of John II, the presente of the friars of the Order of Preachers in the royal court increased greatly, and also his social influence on the Iberian kingdom. For the monarchy, this fact meant the collaboration of a group of prominent intellectuals in developing a program of strengthening the royal authority. Among its main objectives, there was the Christianization of the Jewish communities in the major cities and towns of Castile. In turn, this relationship also benefited the Dominican order, and from 1402 on, a rapid process of new monastic foundations started. In addition to this, the Order was granted many jurisdictional privileges by kings, nobles and other powerful persons. From the documentation preserved in the Archivo Historico Nacional, of the chronicles of the Order and the kingdom of Castile, as well as the results of recent research about the government and the court of Henry III, Catherine of Lancaster and John II, we intend to reconstruct the main aspects of a relationship that profoundly influenced the structures and the identity of the Dominican Order and the Spanish monarchy itself.

KEYWORDS monarchy--Dominican order--monastic foundations--fifteenth century

Introduccion

Piedad y politica, religiosidad y poder, devocion y propaganda, son conceptos sustantivos que marcaron las acciones fundacionales y las empresas conventuales de la familia real a lo largo de la Edad Media. Fundaciones que dieron cauce a la piedad, a la devocion personal, a las necesidades funerarias particulares o dinasticas; pero tambien a obras que permitieron desarrollar a los monarcas su papel de supremos promotores de la religion y protectores de su Iglesia.

Fenomeno dificil de deslindar, en principio la dimension politica de las fundaciones conventuales estuvo relacionada, a partir del siglo XIII, con la necesidad de hacer imperceptible en las ciudades del reino la continua ausencia del monarca. De hecho, los conventos fundados por los reyes castellanos se encargaron de hacer visible la autoridad real en su faz vicarial, en su caracter bienhechor y, sobre todo, en su talante piadoso.

En este sentido es indudable que la promocion de las empresas conventuales fue un arma al servicio de los intereses politicos y propagandisticos de la realeza, pero, a su vez, los frailes supieron aprovechar esa relacion privilegiada (la privanza) para despertar en los monarcas el interes por el engrandecimiento de la propia orden religiosa.

Conviene mencionar que, en terminos generales, dicho patronato real sobre las fundaciones del clero regular en los siglos finales de la Edad Media no solo se construyo sobre la base de las fundaciones que los monarcas promovieron y dotaron, sino tambien sobre la apropiacion del patronato sobre otros conventos que habian sido fundados por otros individuos y agentes.

Respecto a los dominicos, entre los anos 1218 y 1509 en el centro y en el norte del reino de Castilla se fundaron 49 conventos masculinos de la Orden de los Frailes Predicadores (1). Una mirada general al ritmo fundacional de los conventos masculinos permite contabilizar 16 fundaciones en el siglo XIII, 11 en el siglo XIV y 22 en la centuria siguiente (2). Un notable hueco en el proceso fundacional se observa entre 1345 y 1370, anos en los que no se registra fundacion alguna (3).

Multiples fueron los patronos de los primeros conventos dominicos, entre los que destacaron la reina Berenguela, el rey Fernando III y sobre todo su hijo, Alfonso X, quienes promovieron en forma directa el establecimiento de los frailes en su reino y tambien se valieron de los servicios de alguno de ellos en la corte.

Sin embargo, fue con Sancho IV y con su mujer, Maria de Molina, con quienes el patrocinio regio cobro un rol sumamente activo en orden a la fundacion de nuevas comunidades dominicas y a la consolidacion de las ya existentes. Dicha actitud era la consecuencia directa, por una parte, de la gran devocion que esos monarcas profesaban hacia la Orden y, por otra, de los servicios prestados por los dominicos a los reyes ante la Santa Sede (4). A ello hay que agregar la creciente vinculacion de los frailes con el sector social de los caballeros villanos, a quienes los reyes recurrieron para poder enfrentar a una nobleza levantisca (5). Los frailes predicadores, quienes apoyaron enormemente a Sancho IV y a Maria de Molina, que decidio morir en habito dominico y ordenar el entierro de varios de sus hijos en las iglesias conventuales de San Pablo de Valladolid y San Ildefonso de Toro, llegaron a ser promovidos durante su reinado a la dignidad episcopal, siendo distinguidos con la mitra de Sevilla, de Santiago, de Salamanca y de Palencia.

Sin embargo, entre 1345 y 1370 no hubo nuevas fundaciones masculinas en el reino de Castilla, situacion vinculada a la crisis demografica de la epoca, pero sobre todo al evidente desinteres por parte de la Corona durante el reinado de Pedro I, cuyas cancillerias emitieron muy pocos documentos favorables a los dominicos. La reticencia de Pedro I a ocuparse de la Orden de Predicadores, tal como lo habian hecho sus antecesores, resulta dificil de explicar. Aunque se debe reconocer que el clero castellano en general recelaba de la aparente judeofilia del malogrado monarca (6). Quizas la respuesta se encuentre en el mismo programa de gobierno del "rey cruel", que de cara al Estado eclesiastico estaba mucho mas preocupado por reducir el poder de las ordenes de caballeria de Calatrava, Santiago y Alcantara, asi como por ejercer un mayor control sobre las rentas y la colacion de los beneficios eclesiasticos mayores del reino. Politica mas rentable que el patrocinio sobre un punado de conventos mendicantes, para nada provechosos a los ojos de una Corona necesitada de dineros (7).

Tras la atonia del reinado de Pedro I, con la llegada de los Trastamara al trono de Castilla, el patrocinio regio sobre los conventos dominicos se vio nuevamente impulsado. La presencia de religiosos procedentes de esa orden en el confesionario regio se hizo mas frecuente e incluso fueron muchos los que sirvieron a los monarcas castellanos en embajadas, en concilios y en diversos asuntos de Estado (8). El mismo Enrique II, como acto legitimador, afirmaba en su testamento que "los reyes de Castilla siempre ovieron confesor de esta Orden. E como quier que quando yo era conde avia confesor de la Orden de Sant Francisco, empero despues que Dios me fizo merced efui Rey, siempre ove confesor de los Predicadores" (9).

Desde 1379, con la llegada al trono de Juan I, la politica eclesiastica de la monarquia cambio radicalmente (10). Se trataba de un hombre profundamente piadoso, decidido a impulsar la reforma del clero. La actividad desplegada por este Rey a favor de la reforma del clero permitio a la monarquia capitalizar una experiencia y acunar una ideologia que Juan I expreso del siguiente modo:
   Una de las cosas que a los reyes es dado es de hacer bien y merced
   en aquellos lugares donde ellos son deudores y a todos aquellos que
   bien lealmente le sirven, pues como quiera que canse mengue el
   curso de la vida de este mundo, el bien que hace es lo que queda en
   recuerdo de el al mundo, y este bien es guiador de las almas ante
   Dios. A los reyes pertenece hacer limosnas y mercedes por servicio
   de Dios especialmente a las iglesias y monasterios donde se canta
   el oficio divino porque los que en ellas vivieren hayan con que se
   mantener y mejor servir a Dios (11).


Juan I no solo se preocupo por apoyar la reforma disciplinar del clero de su reino, sino que aspiraba a crear nuevas formas de vida espiritual. Su reforma se apoyo en comunidades que se apartaban rigurosamente del mundo y que producian agrupaciones religiosas que actuaban a su vez como modelos de piedad colectiva y como paradigmas de conductas individuales. Esos cenobios se debian convertir en influyentes semilleros de santidad individual, destinados a irradiar ejemplos contagiosos de una conducta virtuosa (12). En consecuencia, el programa promovido por el Rey estimulo constantemente las iniciativas de jeronimos, benedictinos y cartujos ya que completaban, con sus diferencias de rigor, un conjunto de vida contemplativa. Quizas es justamente por ello que a Juan I no le preocupo mayormente el desarrollo de la Orden de Predicadores, situacion que, en cambio, ocuparia buena parte de la agenda de sus sucesores.

El reinado de Enrique III y la minoria de Juan II

A partir dei reinado de Enrique III el interes de los monarcas se centraria principalmente en las ordenes mendicantes, que encajaban perfectamente con los gustos espirituales de los miembros de la familia real (13). Ademas, los frailes eran en las ciudades castellanas referentes intelectuales susceptibles de ser utilizados para reforzar la autoridad regia desde una catedra universitaria, desde el pulpito o desde el confesionario (14).

De ese modo, los dominicos, clerigos intelectuales por excelencia, se integraron con mayor frecuencia en el servicio permanente de la corte regia, sobre todo en el cargo de confesor: a pesar dei declarado franciscanismo de Enrique III, los dominicos Alonso de Cusanza (15) y Garcia de Castronuno fueron sus confesores; el padre Juan Morales y fray Alvaro de Cordoba fueron, a su vez, confesores de la reina Catalina de Lancaster, mientras que fray Luis de Valladolid lo fue del Rey Juan II durante su minoria (16). Por su parte, fray Juan de Villalon fue confesor de Maria de Aragon, esposa de Juan II, y tambien del mismo Rey, mientras que fray Lope de Barrientos lo seria del Principe de Asturias, don Enrique, a partir de 1429 (17).

Los dominicos se destacaron tambien como embajadores de estos monarcas. Asi lo hizo fray Alonso Paez de Santamaria, embajador de Enrique III ante Tamerlan en el ano 1403 (18), y luego tambien lo hizo fray Fernando Garcia, prior del convento de San Andres de Medina del Campo, quien fue enviado por Fernando de Antequera y Catalina de Lancaster para comunicar a Benedicto XIII su conformidad para que su sobrino, Pedro de Luna, se convirtiese en arzobispo de Toledo (19). Asimismo, fray Luis de Valladolid actuo como embajador de Juan II en Perpinan y en Constanza, mientras que fray Lope de Galdo lo haria en Basilea (20).

La permanencia en la corte regia y el gozo de la privanza real permitio a algunos frailes promover hacia cargos superiores dentro de la misma orden religiosa o en los cuadros de la Iglesia castellana. Por ejemplo, Alonso de Cusanza fue prior provincial y despues obispo de Salamanca y de Leon. Por su parte, Luis de Valladolid fue tambien provincial de Espana, mientras que Lope Barrientos llego a ser obispo de Cuenca.

La estrecha relacion entre dominicos y Corona durante las primeras decadas del siglo XV se manifesto de modo particular en el lazo familiar que unia a las dominicas del Monasterio de Santo Domingo el Real de Toledo con la familia real. En efecto, un fuerte vinculo unio sobre todo a la esposa de Enrique III, la reina Catalina de Lancaster, con las dominicas de Toledo, puesto que alli vivian sus "primas".

Si bien es cierto que durante el reinado de Pedro no se habian verificado fundaciones de conventos de frailes dominicos, tal como ya se ha dicho, es merito de este Rey el haber concedido la autorizacion para que se fundase en Toledo, en 1364, un monasterio de "duenas" bajo la advocacion de Santo Domingo, donde se cobijaron varias mujeres vinculadas a la familia real castellana (21). Alli profeso dona Teresa de Ayala, quien habia sido amante del monarca, y tambien la hija que habia nacido de esa relacion, Maria de Castilla. Fueron esas monjas, en acuerdo con otros descendientes de Pedro el Cruel, quienes se encargaron de transformar el monasterio dominico en espacio de la memoria del malogrado Rey y de su linaje (22). La misma Catalina de Lancaster, nieta de Pedro I, promovio esta situacion al ordenar en 1410 que el cuerpo del infante don Sancho de Castilla, su tio, fuese enterrado en dicho monasterio. La correspondencia que a raiz de este asunto mantuvo con la priora Teresa de Ayala manifiesta con claridad el grado de intimidad que unia a la soberana con las monjas y tambien con los frailes predicadores:
   E muy cara e muy amada madre, a lo que dezides en razon de la
   persona que ha de traer el cuerpo de don Sancho mi tio. Pareceme
   que es bien que me embiedes un frayre dessos vostros capellanes que
   sea bien discreto, e de buen tiento, e lo sepa bien fazer, el qual
   se venga luego derechamente para mi. E despues que aca viniere,
   requiereme, e yo darle he las cartas e lo que menester uviere para
   traer el cuerpo. E el yra por el, e secretamente levarlo ha alla, e
   ponganlo en la Yglesia de san Lazaro de ay de Toledo. E ay lo fazed
   en su atayud e en sus andas, e desde alli de san Lazaro lo saquen
   publicamente como pertenesce a su estado, e dende en adelante le
   fazed fazer su recebimeinto e su cumplimeinto lo mas honradamente
   que ser podiere, e assi me parece que es bien que se faga. Otrosi a
   lo que me embiastes decir en razon del enterramiento, a mi me plaze
   que se faga segun que por vuestra carta me embiastes decir. Pero
   que la tumba de don Sancho se ponga mas baxa que la de la Espina, e
   esto por lo que vos sabedes e porque es razon de guardar la honra
   de los muertos e de los vivos segun que por la otra mi carta vos lo
   embie decir, & (23).


Otro reflejo de ese estrecho vinculo entre los monarcas y la Orden de Predicadores durante las primeras decadas del siglo XV fue el uso frecuente por parte de los soberanos de numerosos conventos dominicos como residencias palaciegas, reanudandose, en cierto modo, una vieja costumbre introducida por Sancho IV, quien ya a finales del siglo XIII habia ordenado la construccion de un palacio real en las dependencias del convento de San Pablo de Palencia (24).

Muy frecuentado fue el palacio real construido en los predios del convento de San Pablo de Valladolid. De hecho, alli se instalo la corte durante la minoria del rey Juan II, quien, por otro lado, habia nacido en el convento de San Ildefonso de Toro (1405). Alli tambien recibieron Catalina de Lancaster y su hijo a los embajadores que envio en 1409 el rey Nazari de Granada (25). Canas Galvez senala que posiblemente a causa del mal estado y tambien por el frecuente uso que se hacia de ese edificio es que la reina Catalina ordeno la construccion de un nuevo palacio en la huerta del convento, que su hijo visitaria habitualmente durante su reinado y convertiria en escenario de fiestas cortesanas y enlaces reales, como el del principe Enrique con Blanca de Navarra en 1440 (26). Finalmente, la misma Catalina de Lancaster eligio al convento de San Pablo de Valladolid como morada ultraterrena, donde descansarian luego los restos del Rey Juan II, quien pidio ser amortajado con el habito dominico, y tambien de algunos infantes muertos prematuramente (27). Por ultimo, alli fue bautizado y jurado posteriormente como Principe de Asturias el futuro Enrique IV.

Patrocinio regio

Durante la ultima decada del siglo XIV y la primera decada del siglo XV es creciente el interes de distintos miembros de la familia real castellana por patrocinar las fundaciones conventuales dominicas. Efectivamente, la predileccion de Catalina de Lancaster por los dominicos la llevo a fundar en 1394 el monasterio femenino de San Pedro Martir de Mayorga y en 1399 el celebre convento masculino de la Pena de Francia, en honor a la Virgen Maria (28). Asimismo, en Tordesillas, Juan II, a instancias de fray Luis de Valladolid, su confesor, patrocino en 1433 la fundacion del convento masculino de Santo Tomas (29). El convento fue dotado con tierras y campos de cultivo, vinedos y pastos, mas una fuente cercana a la iglesia. El edificio fue levantado a costa de fray Luis de Valladolid, quien predico la misa solemne de inauguracion. En el acto se hallaron presentes dominicos de San Pablo de Valladolid y de San Andres de Medina del Campo (30).

El Convento de la Santa Cruz de Segovia tambien fue favorecido por los monarcas Trastamara. Fundado en 1218, habia recibido una serie de privilegios de la Corona de Castilla desde finales del siglo XIII, entre ellos, la concesion de cien maravedies anuales sobre el servicio que debia entregar Segovia al Rey, a los que se agregaba la exencion general a toda la Orden, concedida por Sancho IV en 1326, del pago de portazgos, de los derechos de cancilleria para los documentos emitidos por los dominicos y la facultad de poder heredar de sus padres y madres (31). Derechos que fueron confirmados sucesivamente por los monarcas castellanos durante el siglo XIV y ampliados por Enrique II en 1374 con la concesion de cuatrocientos maravedis sobre la martiniega de Segovia, concesion confirmada por Enrique III en 1392 (32). Ademas, el patrimonio del convento fue aumentado por la reina Catalina en el ano 1398 cuando les hizo donacion de la huerta llamada "de la Coraja", que se la habia comprado a la catedral de Segovia por el valor de mil maravedis (33).

No obstante, el protagonismo en este campo corresponde a Fernando de Antequera, hermano de Enrique III. Este principe actuo como cabeza de la nobleza durante el reinado de su hermano y como regente de Castilla tras la muerte del monarca (34). Con el fin de posicionarse como el senor mas poderoso del reino, ademas de contar con un numero notable de bienes legados por su padre (35) o incorporados tras su matrimonio con Leonor de Albuquerque (36), habia utilizado todos los medios a su alcance para acrecentar ese poder y el de sus hijos, gracias a matrimonios convenientes y a costa del poderoso clero castellano, puesto que el testamento de su hermano le impedia enajenar los bienes de la corona. Para ello conto con el apoyo del Papa Benedicto XIII. De hecho, nada mas acceder a la regencia de Castilla, el infante comunico al pontifice que su sobrino, Pedro de Luna, quien no habia podido obtener la mitra toledana por la oposicion del Rey Enrique III, podia finalmente tomar posesion de ese arzobispado. De este modo, se llegaba a un acuerdo sumamente beneficioso tanto para el pontifice avinones, quien necesitaba del apoyo de un fuerte partido benedictista en Castilla, como para el infante Fernando, que iba a obtener las dispensas pontificias suficientes para que los maestrazgos de Alcantara y Santiago pasaran a manos de dos de sus hijos menores, Sancho y Enrique, respectivamente. Situacion que convirtio al infante en el hombre mas rico e influyente del reino, muy por delante del mismo Juan II (37). La conquista de Antequera, realizada en diciembre de 1410, durante la guerra contra Granada que el mismo promovio, asi como el apoyo del celebre fraile dominico Vicente Ferrer y del Papa Benedicto XIII, permitieron que el infante Femando pudiese ocupar el trono vacante de Aragon en 1212 (38).

A los ojos de Vicente Ferrer y de los dominicos en general, Fernando de Antequera proyectaba la imagen del principe ideal, hombre valiente y piadoso, que, como tal, habia demostrado un celo extraordinario por la Cruzada y habia promovido enormemente los emprendimientos conventuales de la Orden de Predicadores en Castilla, asunto que no tiene que haber sido indiferente para el fraile valenciano (39). De hecho, entre 1402 y 1406, anos en que el infante se lanzaba al engrandecimiento de su casa y a la creacion de un partido propio en el reino (40), patrocino la fundacion de dos conventos dominicos en las ciudades mas importantes de sus Estados. El primero fue el convento de Villalon, en las dependencias de su alcazar, al que doto convenientemente. Dicha fundacion tenia el objetivo prioritario de combatir la nociva influencia que los judios ejercian sobre la poblacion cristiana:
   Era Villalon en aquel tiempo Lugar muy populoso, y que por razon de
   los comercios, y contratos, habitaban muchos Judios, sus Reales
   duenos, no solo atendian los interesses temporales de aquellos
   vassallos, procurando mantenerlos en paz, y justicia, sino que como
   piadosos, ponian mucho cuidado en lo tocaba a la utilidad
   espiritual. Miraban con gran dolor la perdida de tantas almas, que
   siendo muy habiles para todas las ganancias, que eran mundo, y
   bienes enganosos, estaban muy torpes para los intereses santos, y
   preciosissimos, que no malogra el tiempo, y pasan mas alla de la
   vida. Los copiosos frutos, que la ensenanza, y predicacion de los
   Frayles Predicadores avian producido en otras partes, inspiraron a
   estos nobilissimos Principes el intento de fundar en Villalon una
   Casa de esta Orden, creyendo se lograrian alli los mismos buenos
   efectos, que se experimentaban en otras Ciudades y Villas. A este
   fin despacharon su privilegio, en que concedian su Alcazar de
   Villalon al Provincial de Espana, de la Orden de Santo Domingo,
   para que fundasse Convento (41).


Para el sostenimiento economico de la comunidad dominica Fernando y su mujer, Leonor de Albuquerque,
   hicieron donacion perpetua irrevocable de las heredades, que llaman
   de el Senor, y los diezmos de los arrendatarios de ellas. El
   estanco, que es un derecho, que el Senor tenia, para que nadie,
   sino eL o con su licencia, pudiesse vender vino: las rentas de los
   fueros de la Villa, que son muchos, uno de ellos, el pie de
   Yubenca, quiere decir, que el que no tuviesse yegua, o cavallo,
   pechasse al Senor cinco celemines de trigo, cinco de cevada: la
   martiniega, tributo, o pecho, que se pagaba por San Martin: el
   ayantar, ciertas comidas, que en algunos dias senalados daban al
   Senor: la cabeza del pecho de los Judios, que aseguraron los
   Infantes con tal firmeza, por qualquiera via que faltasse, se
   huviesse de pagar de las rentas de la Villa, que ellos tenian: tres
   carros de lena cada semana, en los montes de su Villa de Villalva
   del Alcor, de que dieron privilegio en Segovia (42).


Mas adelante, en 1406, el mismo principe promovio la refundacion del convento de dominicos que ya existia en Medina del Campo desde 1390, pero esta vez bajo la advocacion de San Andres. Ante el infante Fernando los dominicos asumian el compromiso "de rogar a Dios por las animas del rey, mio padre y mi senor, e de la reina, mi madre e mi senora, que Dios perdone" (43). Para ello don Fernando les otorgaba dos mil maravedies de juro de heredad en la martiniega de la villa de Medina del Campo. De ese modo, el de Antequera y su mujer,
   introduxeron en ella a los Frailes Predicadores, para que
   cumpliendo las obligaciones de su Instituto, ensenassen a los
   Fieles las importantes verdades de nuestra Christiana Religion,
   desterrassen con su exemplo, y sus Sermones, los muchos vicios que
   dominaban aquel lugar, cuya frecuencia de comercios, le hacia muy
   rico en los vienes del mundo [...] Tambien deseaban los
   Serenissimos Infantes la conversion de los muchos Judios, que
   vivian en aquel Pueblo, atraidos de la oportunidad para establecer
   sus contratos, usuras y ganancias [...] A todos estos santos deseos
   de los senores infantes, satisficieron plenamente los Frayles
   Predicadores, con tanto gusto de aquellos Principes, que no
   acababan de dar gracias a Dios (44).


Medina del Campo y Ayllon eran los nucleos centrales de las posesiones de don Fernando en Castilla. Sus hijos, los celebres Infantes de Aragon, las heredaron cuando el regente de Castilla se convirtio en Rey de Aragon y de ellas se intento que fuesen el centro politico de sus Estados (45). Una manifestacion de esas intenciones, en el orden liturgico, fue el deseo de convertir al convento dominico de Medina, elevado a la categoria de fundacion real desde 1412, en cripta familiar. De hecho, en marzo de 1416, o sea, un mes antes de morir Fernando I de Aragon, se daba el primer paso en ese sentido, puesto que tras el fallecimiento del infante don Sancho, recordado como el Maestre nino de la Orden de Alcantara, su cuerpo fue sepultado en el altar mayor de la iglesia conventual de san Andres (46).

Don Fernando, como duque de Penafiel, se habia encargado, ademas, de confirmar en 1398 las rentas y demas bienes que su bisabuelo, el infante don Juan Manuel, y su abuela, la reina Juana Manuel, habian concedido a los dominicos del Convento de San Juan y San Pablo de esa villa. Se trataba de 9.000 mrs. de martiniega, 1.500 mrs. de portazgo, 1.000 mrs. en la cabeza de pecho de los judios, 500 mrs. en las entregas de los judios, 300 mrs. de la guarda de los pueblos y 206 mrs. de la prestameria. Junto a ello los frailes se aseguraban la posesion no solo del convento y de su iglesia, sino tambien de unas casas junto al alcazar, de los huertos de Noria y San Pelayo, de una parte del rio Duraton, de un canal sobre el Duero que les servia de pesqueria, de unas acenas y de un pinar cerca de Penafiel. Fernando de Antequera les donaba, ademas, las vinas de la Esperilla y la huerta del Rey (47). De este modo, los dominicos, en la practica, terminaron por compartir con los duques el ejercicio del senorio sobre Penafiel y su alfoz (48).

Finalmente, en 1418, dona Leonor, reina de Aragon y condesa de Alburquerque, completaba el plan fundacional de su difunto marido al patrocinar la instalacion de un monasterio femenino de la Orden de Predicadores en Medina del Campo, bajo la advocacion de Santa Maria la Real. En ese cenobio moriria la reina en 1435, tras haber profesado como monja dominica. Se trataba de un monasterio de monjas premostratenses que paso a la Orden de Predicadores por voluntad de la fundadora, quien doto al nuevo monasterio con un juro de heredad 1.279 doblas y con otro mas por el valor de 150 doblas en las rentas reales de Toro y 534 doblas y 2/4 de dobla en las de Salamanca, donacion ratificada por el Rey Juan II y confirmada posteriormente por su hijo Enrique IV. Por su parte, la reina Maria de Aragon, esposa de Juan II e hija de Leonor de Albuquerque, lego en su testamento a las dominicas de Medina del Campo 2.000 mrs. de juro de heredad situados en la alcabala del vino de Salamanca. Asimismo, Juan II realizo una donacion perpetua de 11.000 mrs. y 23 cargas de trigo al monasterio como limosna en el obispado de Avila y otorgo al monasterio el privilegio de cortar dos carretadas de lena semanales para su provision en el monte de Valdemuelles, en el termino de Medina (49).

Esos son algunos ejemplos, entre otros muchos, del patrocinio de los Trastamara hacia la Orden de Predicadores. Ahora bien, ?como se explica esta prodigalidad por parte de la familia real castellana?

Los dominicos y el antijudaismo

En buena medida la promocion de los emprendimientos dominicos estaba intimamente relacionada con el programa regeneracionista con el que habia llegado al trono la nueva dinastia. Programa que, desde un punto de vista religioso, contenia un ingrediente fundamentalista.

Desde finales del siglo XIV se habia desatado en Castilla una fuerte campana contra las minorias religiosas de judios y mudejares, que en buena medida se vio azuzada por la actitud de la Corona y por la presencia de agentes externos. En sus origenes destaca la accion de Enrique de Trastamara, que para legitimar el coup d'Etat contra su hermano habia promovido la xenofobia de los grupos dirigentes, endilgando los males del reino a la presencia de judios en el gobierno y a que el mismo Rey Pedro era hijo de uno de ellos (50). De hecho, numerosas comunidades judias fueron castigadas por el primer Trastamara entre 1460 y 1466 con el pillaje, la muerte de varios de sus miembros y con el pago de una fuerte tributacion por haber servido al "rey cruel" (51).

Llegado al trono, Enrique II se vio obligado a abandonar el discurso politico antijudio. Sin embargo, tal como senala Emilio Mitre Fernandez, "algunos de los primeros argumentos esgrimidos por el bando vencedor, mostraran su vigencia de forma virulenta en los anos siguientes" (52), hasta estallar en 1391 en una ola violenta de conversiones masivas, pillaje y asesinatos de judios (53).

Previamente, una serie de agentes foraneos azuzaron el antisemitismo castellano. Entre ellos figura el cardenal legado por la sede avinonesa Pedro de Luna, futuro Benedicto XIII, quien habia reunido un concilio reformista en Palencia, en el ano 1388, en el mismo momento y lugar donde se celebraba la boda de Enrique III con Catalina de Lancaster. En dicha asamblea se habian promulgado medidas reformistas orientadas a corregir una serie de desviaciones morales del clero castellano, como la cohabitacion con mujeres, pero sobre todo destaca esa reunion porque alli se expreso una idea que seria recurrente a partir de entonces: que la comunicacion entre judios y cristianos es danina "a los cuerpos y peligro a las almas de los fieles"; por lo tanto "ni a los judios ni a los sarracenos se permita bajo ningun concepto tener entre cristianos ni viceversa, casas, hospicios o albergues para habitar" (54).

En fin, a la violencia desatada en 1391 seguira la predicacion con objeto de ganar adeptos a la fe de Cristo y de asegurar que los conversos practiquen su religion. En este sentido, un rol importante jugaron los dominicos, encabezados por el celebre fraile valenciano Vicente Ferrer, quien acompano al cardenal Luna en el ano 1390 en su viaje de regreso a Avinon. Tras ser elegido Papa en 1394 como Benedicto XIII, este nombro a fray Vicente como su confesor y, posteriormente, lo convirtio en Maestro del Sacro Palacio, cargo que ocupo entre 1396 y 1398 (55). A partir de ese ultimo ano se dedicara a la predicacion itinerante por numerosas regiones del occidente europeo. En 1408 regreso definitivamente a Espana y en 1411, llamado por los dominicos de Murcia, dio inicio a una campana misional en Castilla de gran trascendencia para las relaciones entre la Corona y la Orden de Predicadores (56). De hecho, predico en el reino Murcia y luego en la provincia de

Toledo, hasta que el 10 de septiembre se entrevisto en la villa de Ayllon con la familia real (57). A continuacion, la reina Catalina se reunio nuevamente en Valladolid con el predicador valenciano (58) y decidio publicar el 2 de enero de 1412 un ordenamiento por el cual se endurecian enormemente las condiciones de vida de los judios y de los musulmanes en las provincias gobernadas por ella (59).

La catequesis militante llevada a cabo por los dominicos con el apoyo de la Corona entre 1412 y 1414 agravo en modo considerable el problema social que ya se habia hecho presente en el ano 1391, durante la minoria de Enrique III, a raiz de las conversiones masivas de los judios al cristianismo (60). Sin embargo, la inusitada proximidad de esos frailes al poder real beneficio enormemente a sus emprendimientos conventuales, transformando la relacion que los frailes habian tenido hasta entonces con las sociedades urbanas castellanas. De hecho, el patrocinio regio comporto la promocion de sus cenobios como grandes propietarios urbanos y dio inicio a una nueva etapa que los perfilaba tambien como grandes propietarios rurales. Sirva como ultimo ejemplo el caso del Convento de San Pablo de Toledo.

Tanto el convento masculino de San Pablo de Toledo, como el de monjas de Santo Domingo, habian experimentado a finales del siglo XIV un aumento notable de su patrimonio en virtud de varios renglones. En primer lugar, por las dotes y herencias de los religiosos y religiosas que alli profesaban y, junto a ello, por un considerable numero de legados testamentarios realizados por miembros del patriciado urbano toledano que elegia a sus iglesias como mausoleo y a los frailes como testaferros de sus bienes espirituales y materiales. A esto se deben agregar las exenciones al pago de derechos y portazgos concedidos por Enrique III, junto con una serie de ingresos correspondiente a los censos pagados por los renteros de dichos cenobios (61).

No obstante, el fenomeno mas destacable durante este periodo es el sustancial beneficio economico que obtuvieron los frailes de San Pablo al gestionar los bienes espirituales y materiales de sus hermanas en religion, "las monjas y duenas" del monasterio de Santo Domingo el Real. Gracias al canon que los frailes recibian de las monjas por desempenar los cargos de confesores, de capellanes y, sobre todo, el de procurador--que en 1398 ascendia a los 20.000 maravedies--y tambien por administrar sus bienes, pudieron ampliar sus propias transacciones y negocios inmobiliarios, al amparo de los que realizaban para las dominicas, mujeres estrechamente vinculadas a las familias de la aristocracia local y a la misma realeza castellana (62).

La procuracion del convento de las monjas se transformo practicamente en un derecho adquirido por los frailes desde la segunda decada del siglo XV, cuando los provinciales, que en muchos casos habian sido priores conventuales en Toledo, legalizaron esa situacion. La clara contrapartida a esa alianza fue el apoyo continuo a dona Teresa de Ayala (y a los Ayala en general) para que esta o su hija Maria siguiesen dirigiendo como prioras el monasterio de Santo Domingo. De hecho, cuando esto no sucedio mas, en el ano 1420, los frailes se encargaron de que las autoridades dominicas provinciales nombrasen al prior del convento masculino como superior de las monjas.

El convento de San Pablo se encontraba extramuros de la ciudad, cerca del rio Tajo. Sin embargo, gracias al capital adquirido por las transacciones inmobiliarias realizadas junto a las monjas (63), pero sobre todo por el apoyo del infante Fernando, los frailes pudieron trasladarse al interior de la ciudad el 11 de mayo de 1407, a pesar de la ferrea resistencia de una parte de la ciudadania, que hacia causa comun con otras comunicadas religiosas afectadas por dicha novedad (64).

Don Fernando, que se encontraba en Toledo organizando la campana contra los granadinos, protegio a los dominicos y les aporto tambien los dineros que faltaban para que pudiesen pagar en efectivo las casas que habian comprado a Dona Guiomar de Meneses, mujer de Alonso Tenorio de Silva, donde instalaron el convento. Transaccion que se efectivizo con la condicion, por parte de los Silva, de tener capilla funeraria propia en el nuevo convento. Contando con el amparo real, los frailes tuvieron la posibilidad de apropiarse de otros bienes, incluso publicos, como fue el caso de una calle con la unica contrapartida de dejar paso a traves del primer claustro al vecindario (65).

Finalmente, por orden de Juan II y a pedido del Infante, el convento de San Pablo fue elevado a la categoria de "Real" y cambio su nombre por uno mas acorde con las exigencias religiosas y los intereses politicos del momento, pasando a denominarse a partir de entonces Convento de Santo Pedro martir el Real, en honor al inquisidor verones.

De este modo, en el marco de un amplio programa politico, la accion patrocinadora de la familia real castellana convirtio a muchos conventos dominicos en trait d'union entre la realeza y las aristocracias urbanas en ascenso a principios del siglo XV.

GUILLERMO NIEVA OCAMPO

CONICET / Universidad Nacional de Salta

(1) Se ha efectuado el computo a partir de los datos proporcionados por Hoyos, M. M. DE LOS, Registro documental. Material Historico dominicano espanol T. I, Madrid, Selecciones graficas, 1961, p. 67. No se consideran para este estudio las fundaciones masculinas ni femeninas realizadas en Andalucia, Extremadura y Murcia. Sobre ello, vease MIURA ANDRADES, J. M., Frailes, monjas y conventos. Las Ordenes Mendicantes y la sociedad sevillana bajomedieval. Sevilla, Diputacion de Sevilla, 1998; AYLLON GUTIERREZ, C., La Orden de Predicadores en el Sureste de Castilla. Albacete, Instituto de Estudios Albacetenses Don Juan Manuel, 2002, pp. 98-109.

(2) En el caso de los monasterios femeninos castellanos, solamente tres fueron fundados en el siglo XIII (Santo Domingo el Real de Madrid, Santo Domingo de Careluega y Santa Maria de las Duenas de Zamora), mientras que en el siglo XIV se fundaron 12 y otros 6 en el siglo XV. Hoyos, M. M. DE LOS, Registro documental ..., T. I, pp. 45, 47, 49 y 82; t. II, p. 361.

(3) Los dominicos fueron siempre muy selectivos en cuanto a las ciudades donde emplazaron sus conventos masculinos: Palencia y Salamanca eran centros de estudio, Benavente y Valladolid eran residencias de la corte, Toledo era la sede del primado de Espana, en Zamora existian ferias y una poblacion judia a la que convertir, etc.. Vease, GARCIA SERRANO, F., Preachers of the city, the expansion of the Dominican order in Castile, 1217-1348, Nueva Orleans, University Press of the South, 1997, pp. 23-46.

(4) Justamente, fueron los dominicos quienes obtuvieron las dispensas papales para el matrimonio canonico de los monarcas y para la legitimacion de los hijos habidos en dicho matrimonio. Vease, MORETA VELAYOS, S., "Notas sobre el franciscanismo y el dominicanismo de Sancho IV y Maria de Molina", VI Semana de Estudios medievales, Najera, 1995, pp. 171-184.

(5) GARCIA SERRANO, F., Preachers of the city ..., pp. 75-94.

(6) El episcopado castellano, que al principio del reinado se manifesto unido a Pedro I, se fue distanciando de el a partir del ano 1353-1355 tras el divorcio y confinamiento de Blanca de Borbon, situacion que se agravo en 1362 tras el asesinato de la reina y que concluyo con el casi completo distanciamiento de los obispos del Monarca entre 1366 y 1367. Vease, Jose Sanchez Herrero, "Los obispos castellanos y su participacion en el gobierno de Castilla, 1350-1406", en RUCQUOI, A., (coord.), Realidad e imagenes delpoder. Espana a fines de la Edad Media. Valladolid, Ambito, 1988, pp. 85-113 [en especial 97-101].

(7) Vease, Estow, C., Pedro the Cruel of Castile, 1350-1369, Leiden, E.J. Brill, 1995, pp. 58-65.

(8) De hecho, a lo largo de los siglos XIII y XIV la mayoria de los confesores reales fueron frailes predicadores. Vease, GETINO, A., "Dominicos espanoles confesores de reyes", La ciencia tomista, 14, 1916, Salamanca, pp. 437-451. Si bien la epoca Trastamara fue un periodo crucial en las relaciones entre los dominicos y los reyes castellanos, es la que menos atencion ha recibido en este sentido por parte de los historiadores, excepcion hecha de las biogralqas realizadas por Angel Martinez Casado sobre Lope Barrientos y de Thomas Izbicki y Karl Binder sobre Juan de Torquemada. Vease, MARTINEZ CASADO, A., Lope de Barrientos. Un intelectual en la corte de Juan H, Salamanca, 1994; IZBICKI, T. M., Protector of the faith: Cardinal Johannes de Turrecremata and the defense of the institutional Church, Washington, 1981 ; BINDER, K., "El cardenal Juan de Torquemada y el movimiento de reforma eclesiastica en el siglo XV", Revista de Teologia, 3, 1953, pp. 42-66.

(9) LOPEZ DE AYALA, P., Cronica del rey don Enrique Segundo de Castilla, Madrid, BAE, 1877, p. 38.

(10) Vease, SUAREZ FERNANDEZ, L., "Reflexiones en torno a la fundacion de San Benito de Valladolid", en Homenaje a fray Justo Perez de Urbel, vol. 1, Abadia de Silos, 1976, pp. 433-443. Vease ademas L. SUAREZ FERNANDEZ, Juan I de Tratamara 1379-1390, Palencia, Editorial la Olmeda, 1994, pp. 271-284.

(11) Archivo Historico Nacional (AHN), Clero, carpeta 1497, fol. 7.

(12) Las fundaciones contemporaneas de Guadalupe, El Paular y San Benito de Valladolid respondian a una idea preconcebida. San Benito, fundado en el interior de la ciudad de Valladolid y dotado de huertas, pesquerias sobre el Pisuerga y donativos perpetuos de trigo, vino y dinero, debia albergar una comunidad de monjes "encerrados a la manera y forma dei encerramiento de las monjas de los monasterios de Santa Clara". SUAREZ FERNANDEZ, L., "Reflexiones en torno a la fundacion de San Benito de Valladolid", en Homenaje a fray Justo Perez de Urbel, vol. 1, Abadia de Silos, 1976, pp. 442-443.

(13) Tal como lo demuestra el hecho de que eligiesen a sus confesores entre los franciscanos y los dominicos y, en menor medida, entre los jeronimos y los cartujos. Vease, NOGALES RINCON, D., La representacion religiosa de la monarquia castellano-leonesa: la Capilla Real (1252-1504), Madrid, UCM, 2010 [tesis doctoral inedita], p. 215.

(14) Vease, NIETO SORIA, J. M., "Les clercs du roi et les origines de l'etat moderne en Castille: propa gande et Iegitimation (XIIIeme--XVeme siecles)", Journal of Medieval History, 18, 1992, pp. 297-318. En relacion a la formacion universitaria y el servicio ai Rey, vease NIETO SORIA, J. M., "Cultura y poder real a fines del Medioevo: la politica como representacion", en Seminario de Historia Medieval, Aragon en la Edad Media, Zaragoza, Universidad de Zaragoza, 2000, pp. 7-31. Sobre la diferencia de criterios entre dominicos y franciscanos en su relacion con el estudio y los grados academicos vease RAMIREZ GONZALEZ, C. I., "Las ordenes religiosas en la Edad Moderna. EI contexto", en L. Rodriguez-San Pedro Bezares (coord.), Historia de la Universidad de Salamanca, vol. I, Salamanca, Universidad de Salamanca, 2006, pp.563-588.

(15) "Despues de aver empleado muchos afios en la ensenanca de la Sagrada Theologia, le ocupo la obediencia en varios Prioratos: confianca, que el desempeno muy cabalmente, pues en todos desterro las contagiosas reliquias, que permanecian aun de el desorden de la Claustra. Tenia tal discrecion, que sin usar de castigos, ni rigores, establecia el respeto de las leyes, y los subditos seguian con gustosa inclinacion los exemplos de su prelado, porque sus acciones, y palabras eran un eficaz magisterio, que no dexaba lugar a la resistencia. La fama deste gran Varon llego hasta el Trono de nuestro Rey D. Enrique III, quien le hizo venir desde el Priorato de Rivadabia, para que dirigiesse su real conciencia. Experimento el Rey, que los talentos dei Maestro fray Alonso, eran superiores a las noticias, y le trato eon la mas intima confianca, aun en las materias politicas y de estado. Su madre la Reyna dona Cathalina le eligio tambien por confessor, sin que los ayres dei Palacio, tan peligrosos a la virtud, hiziessen en el Maestro la mas pequena mutacion. Vivia el con una especie de violencia, que templaba la lealtad, y con el deseo de servir a sus Reyes; pero que le Ilamaba con oculto imperio a los dulces retiros dei Claustro: pero dios avia determinado esta luz a mucha altura, y assi, a pesar de sus instancias y de su modestia, fue electo Obispo de Salamanca, y de Leon, cuyas dignidades ennoblecio con sus virtudes". MEDRANO, M. J. DE, Historia de la Provincia de Espana de la Orden de Predicadores. Tercera parte, lib. I, Madrid, Imprenta de Alfonso de Mora, 1734, pp. 27-28.

(16) "Debiole Valladolid, su patria, el precioso beneficio de averla ilustrado con las primeras Cathedras de Theologia, que se leyeron en aquella celebre Universidad. Fue amantissimo del Estado religioso, sin que las instancia de los Reyes, que con razon tiene tanto imperio en los subditos, pudiessen nunca vencer su humilde y santa inclinacion al Claustro. Hallose (como veremos) en el Concilio de Constancia con el singularissimo honor de ser, y llamarse Theologo de tres Reyes en aquel sapientissimo Congressso; pues A un tiempo le eligio para este assumpto la Reyna dona Cathalina, el Rey de Castilla don Juan el II y su hermano (sic) don Fernando, que ya lo era de Aragon, tal concepto merecieron la virtud, y sabiduria de este gran Maestro a estos Principes". MEDRANO, M. J. DE, op, cit., p. 28.

(17) Desde Fernando III hasta Enrique IV, uno de cada tres confesores de los reyes de Castilla pertenecia a la Orden de Santo Domingo. Fueron en total veinticuatro dominicos, diez franciscanos, un cartujo, un jeronimo y dos religiosos de los que se desconoce con seguridad su filiacion. MARTINEZ PENAS, L., El confesor del rey en Antiguo Regimen, Madnd, ed. Complutense, pp. 34-35.

(18) Vease, GONZALEZ DE CLAVIJO, R., Embajada a Tamorlan, ed. E Lopez Estrada, p. 31 de la introduccion.

(19) Vease, ECHEVARIA, A., Catalina de Lancaster, Hondarribia, Nerea, 2002, p. 183.

(20) Vease, NIETO SORIA, J. M., Iglesia y genesis del Estado moderno en Castilla (1369-1480), Madrid, ed. Complutense, 1994, pp. 300-302 (n. 271), 403.

(21) Acerca del origen, fundacion e ilustres damas que lo habitaron en sus inicios, vease, CASTILLO, H.

DEL, Segunda Parte de la Historia General de Santo Domingo y de su Orden de Predicadores, Valladolid, Imprenta de San Pablo, 1592, pp. 99-102.

(22) Vease, GONZALEZ DE FAUVE, M. E., LAS HERAS, I., FORTEZA, P. DE, "Espacios de poder femenino en la Castilla bajomedieval: el caso del linaje de los Castilla", Cuadernos de historia de Espana, 82, F.F.y L. U.B.A., 2008, pp. 99-122.

(23) CANAS GALVEZ, F. DE P. (ed.), Coleccion diplomatica de Santo Domingo el Real de Toledo. Documentos reales I, 1294-1473, Madrid, Silex, 2010, pp. 148-149.

(24) Vease, CANAS GALVEZ, F. DE P., El itinerario de la corte de Juan H de Castilla (1418-1454), Madrid, Silex, 2007, pp. 147-154.

(25) FULGOSlO, F., Cronica de la provincia de Valladolid, Madrid, ed. Rubio, Grilo y Vituri, 1869, p. 36.

(26) Vease, CANAS GALVEZ, E DE P., Idem, pp. 149-150.

(27) Antes que ellos, Enrique II ya habia solicitado el habito dominico a la hora de su muerte y tambien lo hizo la reina Beatriz de Portugal, viuda de Juan 1 de Castilla, quien se retiro en 1411 a un monasterio dominico, el de Sancti Spiritus de Toro, en donde murio hacia 1420 y en cuya iglesia recibio sepultura. En el sarcofago que guarda sus restos, realizado hacia 1430, Beatriz fue retratada como reina y como monja dominica: "La yacente principal representa a Beatriz ataviada con ricas vestiduras propias de una reina; sostiene un libro abierto sobre el pecho y tiene los ojos cerrados, como si meditara sobre el contenido de la lectura. Su cabeza aparece coronada por dos angeles [...] En uno de los costados laterales aparece la segunda yacente de Beatriz en habito de monja dominica: esa imagen responde probablemente a la etapa final de su vida y debio de ser un fiel testimonio del modo en que fue inhumada. Tambien aqui aparece la corona, aunque sin angeles. En el lateral opuesto, se representan seis figuras de frailes dominicos, de las cuales Margarita Ruiz identifica por lo menos a San Pedro de Verona, Santo Tomas de Aquino y Santa Catalina de Siena". OLIVERA SERRANO, C., Beatriz de Portugal." la pugna dinastica Avis-Tratamara, Santiago de Compostela, CSIC-Xunta de Galicia, 2005, pp. 393-394.

(28) La relacion historica de cada una de esas fundaciones se halla en el Archivo General de la Orden de Predicadores, XIV, liber I. Este elenco contradice las afirmaciones dadas, por ejemplo, por Enrique Martinez Ruiz, quien considera a los siglos XIV y XV como siglos esteriles para las ordenes religiosas, manifestado sobre todo por la perdida del espiritu ascetico y la ausencia de fundaciones. MARTINEZ RUIZ, E., El peso de la Iglesia. Cuatro siglos de ordenes religiosas en Espana. Madrid, Actas, 2006, p. 113.

(29) Colaboro en dicha fundacion el obispo de Palencia don Gutierre de Toledo, hermano del Senor de Valdecorneja, quien habia fundado el convento de Santo Domingo de Piedrahita en 1470.

(30) HOYOS, M. M. DE LOS, Registro historial de la Provincia ..., pp. 85-87.

(31) AHN. Clero, pergaminos, carpeta 1962, no. 11, 14, 16, y carpeta 1963, no. 1; AHN. Clero, legajo 5916.

(32) AHN. Clero, pergaminos, carpeta 1963, no. 12 y 16.

(33) AHN. Clero, pergaminos, carpeta 1963, no. 18.

(34) Durante la regencia, que tuvo que compartir con Catalina de Lancaster, "Fernando se desvivira por controlar todos los resortes del poder en Castilla y colocara a sus hijos y sus colaboradores en puestos clave para conseguir una resonante victoria militar, convenientemente amplificada por la propaganda oficial, y, finalmente, para desplazar a su sobrino Juan II--al que no se atrevio a despojar del trono de Castilla--en el acceso a la Corona de Aragon". PORRAS ARBOLEDAS, P. A., Juan H rey de Castilla y Leon (1406-1454). Madrid, Trea, 2009, p. 69.

(35) En 1390, durante las cortes de Guadalajara, Juan I le habia cedido el ducado de Penafiel, el condado de Mayorga y el senorio de Lata, titulo que representaba la cabeza de la nobleza. A ello agrego los lugares de Castrogeriz, Cuellar, San Esteban de Gormaz y otros, y unas rentas anuales de 400.000 maravedies anuales. Asimismo, recibio lugares de valor mercantil y estrategico de primer orden como Medina del Campo, Olmedo, Villalon y Uruena. En las mismas cortes se concerto su boda con la rica heredera Leonor Urraca de AIbuquerque. Vease, TORRES FONTES, J., "Don Fernando de Antequera y la romantica caballeresca", Miscelanea Medieval Murciana, V, 1980, pp. 83-121 [en especial pp. 91-92].

(36) Dona Leonor, ademas de ser condesa de Albuquerque, tenia el senorio de Haro, Briones, Cerezo, Belorado, Ledesma, Codosera, Alzagala, Alconchel, Medellin, Alconetar, Villalon, Uruena y otras villas menores.

(37) La administracion de los maestrazgos quedo en manos del infante Fernando mientras duro la minoridad de sus hijos Sancho y Enrique. Por su parte, Alfonso, el mayor de sus hijos, se habia casado con Maria, marquesa de Villena, hija de Enrique III. Cuando Fernando se convirtio en Rey de Aragon en 1412, el estar casada con el heredero de otro reino impidio a Maria que llevara su marquesado como dote, que fue sustituido por la entrega de dos mil doblas mayores de oro. Por ultimo, despues de las vistas de Mallen de 1414, Juan, el segundogenito de Fernando de Antequera, quedo como heredero de sus bienes patrimoniales en Castilla, se desposo con Blanca de Navarra, heredera del Rey Carlos el Noble, y se convirtio en duque de Gerona, ya que su hermano Alfonso no tenia hijos todavia. Entonces, Enrique paso a poseer, ademas del maestrazgo de Santiago, los bienes de su madre, dona Leonor de AIbuquerque. Se tejian, de ese modo, las bases del poder de los Infantes de Aragon. Vease, TORRES FONTES, J., "La regencia de don Fernando de Antequera", Anuario de Estudios Medievales, l, 1964, p. 386-387.

(38) Vicente Ferrer era uno de los ocho compromisarios encargados de decidir en Caspe la suerte de la corona de Aragon. Si bien su voto era uno mas, la influencia que ejercio en aquella asamblea para que se votara a favor de Fernando de Antequera era notable y no solo porque entre los compromisarios se encontraba tambien su hermano, el cartujo Bonifacio Ferrer. "En un sermon predicado poco despues ante el nuevo rey adujo los designios de la Providencia como ultima causa de su entronizacion. Ademas, posiblemente el ultimo y mas convincente argumento para inclinarse por Fernando de Antequera fue el deseo de paz, despues de un parentesis peligrosamente desestabilizador. Pero tampoco hay que olvidar que dicho pretendiente abogaba por un desenlace del Cisma de Occidente en aquellos momentos favorable a Benedicto XIII, como pudo constatar el predicador en sus actividades por Castilla en el verano de 1411, momentos en que ni Fernando ni el mismo Maestro predicador tenian idea de que este ultimo seria nombrado compromisarios en Caspe el 14 de marzo del ano siguiente". ESPONERA CERDAN, A., El oficio de predicar, los postulados teologicos de los sermones de San Vicente Ferrer, Salamanca, San Esteban, 2007, p. 29. Por su parte, Benedicto XIII, buscando un principe que fuese favorable a sus intereses, en orden a la solucion del Cisma, ejercio una influencia notable a traves de las vinculaciones personales que lo unian con todos los compromisarios para que fuese elegido Fernando. Vease PERARDAU I ESPELT, J., "El Cisma d'Occident i el Compromis de Casp", en Jornades sobre el Cisma d 'Occident a Catalunya, les llles i el Pais Valencia 1921 d'abril de 1979: ponencies i comunicacions. Primera part, Barcelona, Institut d'Estudis Catalans, 1986. pp. 55-69.

(39) Rodriguez de Toledo se encargo de inmortalizar la relacion entre el principe castellano y los dominicos en el celebre Retablo de Sancho de Rojas, que actualmente se expone en el Museo del Prado, que en su tabla central representa la consagracion del arzobispo Sancho por parte de la Virgen y la coronacion de Fernando de Antequera por parte del mismo Jesucristo. Ambos personajes estan flanqueados por sus santos protectores. San Benito en el caso del obispo y Santo Domingo en el caso del Rey de Aragon. Vease, GUTIERREZ BANOS, F., "La pintura gotica en la corona de Castilla en la primera mitad del siglo XV: la recepcion de las corrientes internacionales", en LACARRA DUCAY, M. DEL C., La pintura gotica durante el siglo XV en tierras de Aragon y en otros territorios peninsulares, Zaragoza, Institucion Fernando el Catolico, 2007, pp. 87-138 [en especial 91-98].

(40) Entre sus mas cercanos colaboradores estarian Carlos de Arellano, senor de Cameros, el mariscal Garci Gonzalez de Herrera, Juan de Herrera, mariscal del infante, Diego Lopez de Stuniga, el almirante, Diego Hurtado de Mendoza y la familia Velasco. Vease, MITRE FERNANDEZ, E., Evolucion de la nobleza en Castilla bajo Enrique III (1396-1406), Valladolid, Universidad de Valladolid, 1968, pp. 200-210.

(41) MEDRANO, M. J. DE, Historia de la Provincia ... Tercera parte, libro I, pp. 29-30.

(42) Ibidem, p. 31.

(43) HOYOS, M. M. DE LOS, Registro historial ..., t. 1, pp. 71-72.

(44) MEDRANO, M. J. DE, Historia de la Provincia ..., p. 63.

(45) Vease, SUAREZ FERNANDEZ, L., Nobleza y Monarquia. Entendimiento y rivalidad. El proceso de la construccion de la Corona espanola. Madrid, La esfera de los libros, 2003, pp. 162-165.

(46) "Murio [don Sancho] en Medina del Campo ano de mil quatrocientos y diez y seis; esta enterrado su cuerpo alli en la Iglesia de San Andres, Monasterio de la Orden de Santo Domingo, en una caxa pequena, en un aposento que llaman el Deposito; y la causa es, por averse reedificado la Iglesia, y entonces le mudaron, que estaba en ella junto al Altar mayor: Tuvo el Maestrazgo siete anos". Origen y principio de la Orden y Cavalleria de Alcantara. con relacion de los Maestres que hubo en ella; sacada de los ,4rchivos del sacro y real convento de .Alcantara y otras partes. Madrid, Imprenta de Diego Diaz de la Carrera, 1663, pp. 49-50.

(47) Vease, GARCIA GARCIA, E., San Juan y San Pablo de Penafiel. Economia y sociedad de un convento dominico castellano (1318-1512). Salamanca, Junta de Castilla y Leon, 1986.

(48) Los duques conservaron el cobro de las alcabalas, el derecho de escribania, una parte de la cabeza de pecho de los judios y la cabeza del pedido ordinario. En el margen del documento que registra las rentas que don Juan, hijo de Fernando de Antequera, tenia en Castilla hacia 1444, se lee "non levava de la dicha villa [Penafiel] otros derechos porque son de los monesterios Sant Paulo e Sant Francisco". SUAREZ FERNANDEZ, L., "Las rentas castellanas del infante don Juan, rey de Navarra y de Aragon", Hispania, LXXV, 1959, pp. 192-204 [en especial p. 200].

(49) Vease, SAENZ FUENTES, J., "Documentos del Monasterio de Santa Maria la Real de Medina del Campo en la biblioteca universitaria de Oviedo", Historia, instituciones, documentos, 18, 1991, pp. 445-466. "Tambien tiene el Convento privilegio para apacentar mil cabezas de ganado, mayor y menor, en los todos y dehessas de la Villa de Medina, su fecha 15 de Septiembre de 1439". MEDRANO, M. J. DE, Historia de la Provincia ..., p. 66.

(50) El gobierno de Pedro I estaba afectado por una amplia falta de consenso que era ya patente a comienzos de los anos sesenta, pero eso no era suficiente para impugnar la legitimidad del Monarca. Justamente, fue decisivo en ese sentido el apoyo que los tratamaristas obtuvieron del alto clero castellano, que acompano el discurso religioso contra el Rey, calificado como "mal cristiano". Sobre este tema vease, VALDEON, J., Los judios de Castilla y la revolucion Trastamara. Valladolid, Universidad de Valladolid, 1968, p. 41; ESTEPA DIEZ, C., "Rebelion y rey legitimo en las luchas entre Pedro I y Enrique II", en ALFONSO ANTON, I., ESCALONA, J., MARTIN, G., Lucha politica: condena y legitimacion en la Espana medieval, Lyon, ENS, 2004, pp. 43-61; NIETO SORIA, J. M., "Iglesia y crisis dinastica en la Castilla Bajomedieval", NIETO SORIA, J. M., LOPEZ-CORDON, V. (eds.), Gobernar en tiempos de crisis: las quiebras dinasticas en el ambito hispanico (1250-1808). Madrid, Silex, 2008, pp. 221-234 [en especial 227-230].

(51) CANTERA BURGOS, F., Alvar Garcia de Santa Maria cronista de Juan II de Castilla, Madrid, Real Academia de la Historia, 1951, pp. 11-12.

(52) MITRE FERNANDEZ, E., "Las quiebras dinasticas y sus derivaciones sociales. El mundo iberico a fines del siglo XIV", en NIETO SORIA, J. M., LOPEZ-CORDON, V. (eds.), Gobernar en tiempos de crisis ..., pp. 369-385 [p. 378].

(53) Vease, MITRE FERNANDEZ, E., Los judios de Castilla en tiempo de Enrique III. El pogrom de 1391, Valladolid, Universidad de Valladolid, 1994.

(54) TEJADA Y RAMIRO, J. (ed.), Coleccion de canones y de todos los concilios de la lglesia de Espana y de America (en latin y castellano), tomo III, Madrid, Imprenta de Pedro Montero, 1861, p. 617.

(55) A pesar de su decepcion en el ano 1408, a raiz de la intransigencia del Papa avinones para llegar a una solucion del cisma, la adhesion de Vicente Ferrer a Benedicto XIII se mantuvo hasta el ano 1415. BIDAL MICO, F., Historia de la portentosa vida y milagros del valenciano apostol San Vicente Ferrer con su doctrina reflexionada, Valencia, Imprenta de Joseph Estevan Dolz, 1735, pp. 469 y 475.

(56) La campana misional de Vicente Ferrer fue apoyada por numerosos conversos interesados en la cristianizacion de sus antiguos correligionarios y por los dominicos. De hecho, la mision en el reino de Castilla se inicio cuando el prior del Convento de Santo Domingo de Murcia se presento ante el Concejo de la ciudad y expuso que seria conveniente "enviarle a soplicar que quiera venir a esta cibdat a predicar las palabras de nuestro Salvador". La estancia de fray Vicente en Murcia produjo muchas conversiones de vida y de religion, y por su intermedio se aprobaron unas ordenanzas, que preceden a las de Ayllon, relativas a moros y judios que no se habian convertido. TORRES FONTES, J., "Moros, judios y conversos en la regencia de Don Fernando de Antequera", Cuadernos de Historia de Espana, XXXI-XXXII, 1960, pp. 60-97 [en especial pp. 83-87].

(57) "Estando el Rey, e la Reyna y el Infante en Aillon, vino un fraile en Castilla de muy sancta vida natural de Valencia del Cid [...] Y entre muchas notables cosas que este Santo Frayle amonesto en sus predicaciones, suplico al Rey, e a la Reyna, e al Infante que en todas las cibdades e villas de sus Reynos mandasen apartar los Judios e los Moros, porque de su continua conversacion con los Chistianos se seguian grandes danos, especialmente aquellos que nuevamente eran convertidos a nuestra Santa Fe", PEREZ DE GUZMAN, E, Cronica del rey Juan II ... Corregida y aumentada por el dotor Lorenzo Galindez de Carvajal, Valencia, Imprenta de Benito de Montfort, 1779, p. 109.

(58) Ferrer se encontro en la corte de catalina con un ambiente receptivo a sus propuestas. Es-indudable que la reina desconfiaba abiertamente de los judios y en ello tuvieron una gran responsabilidad los dominicos. De hecho, tras la muerte de Enrique fil los dominicos de Segovia habrian acusado a don Mayr Alguadex, el fisico judio de la corte, de haberla provocado. La confesion del medico fue arrancada por la aplicacion de tormento, cuando el Rey habia muerto en realidad de tuberculosis. Sobre la enfermedad del Rey y su muerte, vease, AMASUNO SARRAGA, M. V., Alfonso Chirino, un medico de los monarcas castellanos, Salamanca, Juan de Castilla y Leon, 1993, pp. 78-79 y nota 145.

(59) A la separacion en barrios exclusivos y cerrados, se agrega el fin de "la autonomia judicial de la que disfrutaban las aljamas. Se senala una lista de oficios cuyo ejercicio queda prohibido a los judios; ya no podran ser medicos, ni boticarios, ni arrendadores de tributos, ni herradores, ni carpinteros, ni sastres, ni tundidores, ni carniceros, ni peleteros, ni zapateros ... Se les prohibe usar el titulo de don y se les obliga a usar barba y pelo largo para que se les pueda distinguir facilmente de los cristianos; ademas tendran que llevar cosida a sus ropas--que debera ser modesta, sin ninguna clase de lujo--una rodela bermeja". PEREZ, J., Los judios en Espana, Madrid, Marcial Pons, 2005, pp. 134-135. En las provincias gobernadas por Fernando de Antequera la medida no se observo. Es probable que la politica mas benevola hacia los judios por parte del infante se debiese a los auxilios economicos que habia recibido de ellos durante su campana contra Granada. Vease, PEREZ OE GUZMAN, F., Cronica del rey Juan II ... p. 92.

(60) Vease, M. DEL P. RABADE OBRADO, "Judeoconversos y monarquia" un problema de opinion publica", en J. M. NIETO SORIA, La monarquia como conflicto en la Corona castellano-leonesa (c. 1230-1504), Madrid, Dickynson, 2006, pp. 258-299.

(61) Vease, LORENTE TOLEDO, L., San Pedro martir el Real conventual y universitario, Toledo, UCLM, 2002, pp. 22-24.

(62) Mas alla de la administracion del sustancioso patrimonio de las monjas, los frailes pudieron, a traves de ellas, hacerse con los bienes de ricas herederas vinculadas al monasterio femenino. Es el caso, en 141 I, de dona Elvira de Ayala, viuda del senor de Oropesa, a quien se le concedio dispensa para profesar in articulo mortis en manos de fray Alonso de San Lucas "segun la regla del monasterio de Santo Domingo el Real renunciando a todos los derechos de los que se poseia aprovechamiento en beneficio de la Orden". Obviamente que la administracion del sustancioso caudal se hizo desde San Pedo Martir. LORENTE TOLEDO, L., San Pedro martir el Real ..., pp. 38-39.

(63) De hecho, frente a sus enemigos, los dominicos recibieron una Real Provision de Juan II, con carta de amparo y seguro.

(64) Vease, CASTILLO, H. DEL, Historia de la Orden ..., libro primero, primera parte, p. 117.

(65) LORENTE TOLEDO, L., San Pedro martir el Real ..., pp. 33-35.
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Author:Nieva Ocampo, Guillermo
Publication:Cuadernos de Historia de Espana
Date:Jan 1, 2011
Words:11324
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