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Mata al rey y vete a Murcia. La corrupcion de la justicia en la Espana de la restauracion.

Kill the King and go to Murcia. The Justice's Corruption in the Restoration of Spain

La Restauracion borbonica, iniciada en diciembre de 1874 con un golpe militar en Sagunto, quiso acabar con la precedente inestabilidad politica, propiciada justamente por el Ejercito. La solucion paso por el establecimiento de un turno pacifico entre dos partidos monarquicos creados ex profeso--Conservador y Liberal--y la marginacion de los grupos antidinasticos. Ello fue posible por el falseamiento sistematico de las elecciones, especialmente a partir del establecimiento en 1890 del sufragio universal masculino. Las elites de poder pudieron controlar la situacion a traves de una red de caciques provinciales, enlazada por medio de los gobernadores civiles y completada a nivel local con toda una cohorte de adlateres. El sistema funciono por medio del encasillado, es decir, el reparto previo de escanos entre el Gobierno y la oposicion. Para asegurar su cumplimiento se dieron los amanos previsibles: alteracion de censos, firma de actas en blanco o desdobladas, detencion de interventores y notarios, amenazas o concesiones a los electores y votaciones a colegio cerrado (1).

La Administracion de justicia se revelo indispensable para allanar obstaculos --suspendiendo ayuntamientos y procesando concejales de la oposicion--, servir a los amigos politicos y favorecer a individuos del lumpen, necesarios en los empenos violentos. Si el sufragio universal obligo a multiplicar los arbitrios para asegurar el fin apetecido, la institucion del jurado--restablecido en 1888--permitio condicionar los veredictos en el sentido deseado. Nada escapo a las intrigas, desde mediar en la eleccion de sus miembros a proveer en su corrupcion, sin olvidar la recusacion de jueces discolos, el manejo de tiempos procesales, el soborno de testigos o la compra del perdon.

Murcia, distante de ser una excepcion, se convirtio en uno de sus modelos consumados. A ello contribuyo de forma decisiva Juan de la Cierva, que puso en pie uno de los feudos electorales mas solidos del momento, con la paralela intervencion de la justicia. Los desencuentros que se dieron nos alertan sobre el continuo desbordamiento de la legalidad. La maxima de Mata al rey y vete a Murcia se empleo para definir aquella inmanencia. La prensa se encargo de aflorar aquella realidad, que provoco--mas pronto que tarde--el estigma del jurado. Para unos, intromision espuria de las clases populares; para otros, ambito de corruptelas. Con continuos proyectos de reforma, se mantuvo hasta 1923, en que fue abolido por la dictadura de Primo de Rivera. Restituido durante la II Republica, volvera a ser suprimido por el regimen franquista. Para su pleno restablecimiento habra que esperar a 1995.

1. MURCIA: COTO CONSERVADOR BAJO LA EGIDA DE JUAN DE LA CIERVA

En este tiempo Murcia paso de 451.611 habitantes en 1877 a 577.987 en 1900, en tanto la capital--con todas sus pedanias--lo hizo de 91.805 a 111.539. Una sociedad marcada por el atraso. En 1880 el numero de residentes por escuela publica era de 1.668--cuando la media nacional apenas superaba los 700--, con un deficit estimado de 193 centros (2). En 1910 la provincia albergaba el mayor numero de analfabetos de toda Espana. Los gastos educativos por individuo y ano rondaban entonces las dos pesetas, cuando el promedio general se aproximaba a las cuatro. En esta variable se emplazaba en el penultimo lugar, reservandose Cadiz el triste privilegio de cerrar la lista (3). En 1867 existian, en cambio, 478 tabernas, 85 en la capital (4).

La extendida desmovilizacion--potenciada por el analfabetismo--fue el sustento de un orden sin replica, definido con claridad por la prensa mas critica:
      En este vergonzoso regimen de dependencia ilimitada a que se
   somete con pasividad vergonzosa la sociedad, sobresale por modo
   indigno la sumision al cacique, al reyezuelo, al senor de vidas y
   haciendas, que amparando las espaldas con asquerosa hueste de
   tahures, y de matones de oficio, cierra contra todo lo que le
   produce estorbo, y desprovisto de las cualidades del caballero,
   utiliza el poder o la benevolencia de gobernadores, alcaldes,
   magistrados, jueces, de todos los que son algo o pueden ser algo,
   para despejar su camino de impedimentos y subir como la espuma. El
   cacique, indigno, cobarde, ruin, es fiel imagen del alma de la
   moderna sociedad, ruin, cobarde, indigna ... (5).


El gran artifice de aquel complejo fue Juan de la Cierva (1864-1938) (6). Propietario agricola con negocios diversificados en minas e industrias de conserva y miembro destacado de la elite local (7). Comenzo a ejercer la abogacia en 1885 y al ano siguiente se inicio en politica en las filas del Partido Conservador. Su cursus honorum es bien conocido: diputado provincial (1890), presidente de la Diputacion (1891-1892), alcalde (1895), diputado a Cortes (1896-1923) y representante por derecho propio en la Asamblea Nacional Consultiva de Primo de Rivera (1927). Desde 1902 ocupa la jefatura del partido en la provincia, comenzando a partir de 1904 su carrera ministerial: Instruccion Publica y Bellas Artes (1904-1905), Gobernacion (1907-1909), Guerra (1917-1918 y 1921-1922), Hacienda (1919), Fomento (1921 y 1931) (8)

Si a juicio de Francos Rodriguez cada provincia es un hombre, Murcia fue el feudo de Cierva (9). Al frente de una extensa red de pequenos caciques--<<la gallofa electorera y criminal>> (10)--controlaba hasta el ultimo lugar. Aquellos individuos eran piezas del tablero politico que el nombraba y amparaba contra viento y marea. Lo senalaba el parroco de Mula, el distrito electoral por donde Cierva obtenia su acta de diputado de forma invariable:
      Se presento un dia a D. Juan una comision de pueblo a quejarse de
   los atropellos que venia cometiendo el caciquillo, hombre rudo y
   analfabeto, pero que valiendose de la situacion de jefe politico
   local, hacia y deshacia cuanto se le antojaba, aunque fuera
   atropellando la razon y la justicia. Don Juan los recibio muy bien;
   les dijo que le pidieran o insinuaran cosas convenientes para el
   pueblo, pero que no podia tocar al cacique porque este disponia del
   censo. En su ofuscacion no veia Don Juan que aquel hombrecillo,
   como los restantes caciques, disponian de los votos porque
   disponian de las varas administrativa y judicial y estas despendian
   de su voluntad en el 99 por ciento de los casos>> (11). No tenia
   empacho en reconocerlo, haciendose eco de la <<... proteccion
   exclusiva y sin limites [de que gozaban] los politicos locales
   (12).


Ejercio un dominio absoluto, con un afan que no paso desapercibido. Ortega podia escribir: <<Del modo que los rios van a dar en el mar, todas las politicas murcianas van a dar en el senor La Cierva>>13. Indalecio Prieto lo sentenciaba como <<cacicon murciano>> (14). Tunon de Lara lo perfila del todo: <<... cacique todopoderoso de Murcia y su provincia, donde era fama que no se nombrara tan siquiera un peon caminero sin que hubiera dado su visto bueno [...] Maura, que legislaba con la preocupacion teorica de la pureza del sufragio, dejaba la practica electoral en manos de quien mas despreciaba esa pureza ...>> (15).

Las componendas puestas en pie, sin descartar el artero empleo de la justicia, se tradujeron en el seguimiento exacto de la alternancia politica, con un Partido Liberal a su dictado, aunque contando con Joaquin Lopez Puigcerver, su lider --diputado por Murcia y ministro en varias ocasiones--, cuyo peso se dejaba sentir en el nombramiento de gobernadores civiles de aquella tendencia.

2. LA CORRUPCION DE LA JUSTICIA

La justicia formo parte del entramado de favores y coerciones vinculado al caciquismo, el paradigma distintivo de la Restauracion (16). La impostura alcanzo su desarrollo mas acabado a partir de la ley de 20 de abril de 1888, que establecio el juicio por jurados (17). La conquista democratica de 1869, restablecida por el Partido Liberal, fue desvirtuada hasta el punto de convertirse en instrumento de poder de los nuevos senores. Les fue util para atender a los grupos clientelares, descabalgar a los contrarios y poner a salvo a sus matones a sueldo. Los miembros del jurado fueron facil presa de sus influencias y presiones. En ultimo extremo podian ser recusados o sustituidos por otros afines a los intereses en juego. A la postre todo el sistema quedo bajo el ascendiente del caciquismo, desde los testigos a los magistrados. Murcia se erigio en una de las provincias con mayor indice de criminalidad de Espana, la octava en 190018. La expresion Mata al rey y vete a Murcia encontro justificacion. El jurado aparecio como la gran fabrica de criminales. Su perverso funcionamiento se convirtio en referente nacional.

La Ley Adicional a la Organica del Poder Judicial de 14 de octubre de 1882 establecio tres audiencias criminales en la provincia, las de Cartagena, Lorca y Murcia (19). Estuvieron en vigor hasta 1892, cuando la Ley de Presupuestos suprimio las dos primeras por razones economicas (20). La de Murcia, asumio un caracter provincial (21).

El primer juicio con jurado se vio en la capital el 1 de julio de 1889. Se revistio de la solemnidad requerida: <<Los jurados fueron dos a dos prestando juramento, de rodillas, ante un Crucifijo y con la mano derecha puesta sobre el libro abierto de los Santos Evangelios>> (22). En Lorca tuvo lugar el 26 de octubre, en tanto que en Cartagena se demoro al 17 de noviembre.

No tardo en detectarse una sospechosa decantacion absolutoria. Los indicios afloraron a mediados de julio de 1891: <<Ha llamado la atencion y es objeto de distintos comentarios el numero de veredictos de inculpabilidad que ha dado, en poco tiempo, el jurado constituido en esta Audiencia [de Murcia], para entender en causas por homicidio>> (23). A las alturas de 1893 era un clamor: <<Cuando fue publicada la ley del jurado, el pueblo liberal y democratico que venia pidiendo en todos los tonos, desde el de la suplica hasta el de amenaza, diose el parabien al pensar que habia llegado el dia en que la justicia se humanizaba. Pero, seguramente, no creyo nunca que el jurado se humanizase tanto que abriese con sus veredictos las puertas de las carceles a los homicidas, a los asesinos y a los parricidas>> (24). La clemencia acabo por hacerse proverbial: <<Casi se puede asegurar que en un periodo no muy largo, desde que hay jurado, se han enterrado doscientas personas, muertas violentamente, sin que resulten, por diversas causas, castigados los autores de los doscientos delitos>> (25).

Se evidencio la correlacion de aquellas sentencias con la accion politica, con un protocolo que se hizo rutinario:
      Todos sabemos que a la comision de un crimen sucede como tramite
   obligado la visita del criminal al cacique, a o b, para recibir
   instrucciones y obrar en un sentido u otro, segun convenga al
   futuro procesado. Dandose el caso vergonzoso de que algunos
   caciques llevan su amor al delincuente hasta prepararle la fuga. Lo
   que pasa despues tambien es del dominio publico: la instruccion del
   sumario, dejandose sentir la mano del caciquismo; la vista de la
   causa, como ultimo tramite, y el soborno o coaccion de jurados como
   ultimo paso de los caciques (26).


La adulteracion comenzaba con la eleccion del jurado: <<...la forma en que se llevan a cabo los sorteos de jurados; o en que no se llevan a cabo, mejor dicho, como parece indicar la repeticion de los mismos nombres en las listas de todos los cuatrimestres, creandose de este modo el jurado de oficio, que resulta una verdadera calamidad>> (27). La practica no era un misterio: <<Procurase que solo queden en el cachirulo (esta es la frase corriente) los jurados notoriamente benignos>> (28). Hay quien hace de aquella designacion--con sus dietas y prebendas--modo de vida.

El procedimiento era objetivado y extendido al conjunto nacional por el fiscal del Tribunal Supremo. Asi aparecia en la memoria leida en septiembre de 1894 con ocasion de la apertura de los Tribunales. El alto funcionario explicaba el metodo utilizado: <<... las primeras listas las forman los jefes de la politica local, pues en ellos recaen siempre los nombramientos de alcaldes, jueces y fiscales municipales. Con estos elementos sobra para que se desnaturalice el jurado, pues esas primeras listas, que son la base de todo, estan entregadas a la politica local>> (29). Redundaban en ello las memorias remitidas al Ministerio de Gracia y Justicia por los presidentes y fiscales de las Audiencias (30).

En el medio rural, donde el poder del cacique no tenia contrapeso posible, termino siendo un ejercicio ordinario, registrandose actuaciones seneras: <<... se dio el caso de que el jurado del distrito judicial de Caravaca entendio en un cuatrimestre de nueve causas por homicidio y algunas por asesinato, y en las nueve dicto igual numero de veredictos de irresponsabilidad. Dicese, que a ello vino comprometido a esta Audiencia>> (31). Se anotaba su mercantilizacion: <<...vienen amanados y comprometidos los jurados de los pueblos, en su mayoria infelices que, sin darse cuenta del mal que producen, pagan con absoluciones, favores recibidos ...>> (32).

La acusacion era concluyente: <<La prostitucion del jurado es obra unica y exclusivamente del caciquismo inmoral; y la prostitucion del jurado es un efecto del caciquismo y causa principalisima, a la vez, de la criminalidad de Murcia>> (33). La implicacion de Cierva se hizo transparente, hasta saltar a la prensa nacional: <<Lo mas censurable en tan interesante asunto es, al decir los que se creen bien enterados, que el cacique que ha producido la perturbacion tan honda en la recta administracion de la justicia, desacreditando la popular institucion del jurado y convirtiendo a los jueces, sobre todo a los municipales, en instrumentos dociles de sus concupiscencias, ha sido un celeberrimo diputado a Cortes>> (34). Mas alla iba El Pais: <<Este celebre jurisperito--aunque hablemos mucho de el, no crea que acabaremos llamandole jurisconsulto--se daba tal arte en la Audiencia de Murcia para libertar picaros, que de esas sus manas y de la influencia de indignos caciques proviene el refran, trasladado de Malaga a la huerta murciana: Mata al rey y vete a Murcia>> (35). En la misma linea se decantaba El Luchador, diario republicano de Alicante, es: <<... uno de los politicos que puede tomarse como prototipo del mas funesto cacique, del que mas ha contribuido a la propagacion de la hiperbolica frase, Mata al rey y vete a Murcia>> (36).

La prensa enumeraba las intimidaciones y los valimientos manejados con oportunidad: <<... repetidas coacciones que tienen lugar en la Audiencia de Murcia sobre los jurados que intervienen en determinadas causas [...] y hasta la venta inmoral que quiza se realiza en algunos casos en el mercado donde son moneda las recomendaciones y retribuciones honorificas [...] para favorecer a este o aquel delincuente que contaba con la graciosa proteccion de los caciques>> (37). Los mismos fiscales secundaban la imputacion: <<Murcia entera esta escandalizada con esos veredictos tan frecuentes de inculpabilidad, que son un poderoso estimulo para la delincuencia [...] Es imposible que hombres honrados, ciudadanos de conciencia recta, arranquen a los criminales a la accion de la ley, otorgando veredictos de inculpabilidad a cambio de favores recibidos en el orden privado ...>> (38).

En el caso de tropezar con jurados insobornables, quedaba su recusacion (39). El ultimo arbitrio era la demora de la vista, al objeto de sortear a los jurados reputados de este modo (40). La estrategia se convirtio en norma: <<Si publicamos la relacion de los homicidios absueltos, de los juicios suspendidos, cuya suspension se ha interpretado como un aplazamiento necesario al amano; si publicaramos los datos que puedan obtenerse en los ultimos anos de la Administracion de justicia en Murcia, habria que horrorizarse>> (41).

El propio Cierva reconocia el empleo del expediente: <<Yo he suspendido voluntariamente dos veces esta causa porque queria conseguir que la serenidad de animo sustituyera a aquel estado en que la leyenda pintaba a mi defendido como un monstruo repugnante; y por que deseaba igualmente, que juzgara esta causa un jurado compuesto de hombres de honor. Y esto ultimo tengo la satisfaccion de haberlo conseguido ...>> (42). La treta debio ser tan usual que aparecia en una novela ambientada en la Murcia de aquellos anos (43).

La postergacion del juicio se conseguia invocando los pretextos convenientes. A la remocion de los jurados se anadian las componendas de los abogados: <<... que enferman el mismo dia en que ha de verse la causa y casi siempre en ocasion en que el jurado se le estima incorruptible ...>>. Se traia a colacion el nombre de Cierva, proclive a indisponerse de modo repentino y con sospechosa pertinencia: <<Afortunadamente los temores que nos inspiro la enfermedad del Sr. La Cierva (a quien vimos por la manana en que el juzgado donde asistio a oir la declaracion de nuestro director), se disiparon anoche, pues tuvimos el gusto de verle en la calle, sin duda restablecido completamente>> (44).

De la confabulacion formaban parte los testigos: <<Los de cargo se trabajan por diversos medios, para que en la Audiencia declaren lo contrario de lo que dijeron ante el juez [.] En cuanto a los testigos de descargo, la comedia es singularisima ...>> (45). Lo contrario era, cuando menos, anecdotico: <<En este sumario se ha dado el caso rarisimo de que los testigos hayan dicho la verdad ...>> (46). Llegada la ocasion, se compraba el perdon de las victimas, facilitado por la nula confianza que ofrecia la equidad de los jurados.

A los letrados correspondia un elevado tanto de culpa. En el centro del proceso, eran la llave de las absoluciones, que rentabilizaban al maximo: <<... que los homicidas mismos, no buscan ya a los abogados de justa fama, sino a los llamados ganchos que contratan las absoluciones, segun de publico se dice, todo ello con desprestigio de la toga y desdoro de una profesion dignisima>> (47). De nada sirvieron las recriminaciones: <<... que quienes necesiten una reputacion la consigan laboriosamente, defendiendo lo justo y castigando lo injusto, no como se ha venido haciendo hasta ahora, pues de publico se senalan los ardides puestos en juego, desde el aleccionamiento de testigos falsos a la corrupcion, a la compra de jurados que se venden por dinero o por favores, lo mas frecuente en todos los casos>> (48). Se cargaba contra un sector concreto de la abogacia, al relacionado con el caciquismo, Cierva en primer termino: <<Revisando los veredictos absolutorios que se dan en la Audiencia, veremos que todos o casi todos los han conquistado (?) abogados de nota, por lo general abogados de influencia politica ...>> (49).

Trascendieron los rasgos inmanentes al clientelismo: <<Claro es que estas protecciones serian de todo punto ineficaces, si las autoridades no dependieran de la politica a la que deben sus puestos y pudieran obrar con absoluta independencia y si el jurado estuviera siempre constituido con hombres igualmente independientes y con nocion de la mision sagrada que la sociedad les confiere, y dispuestos a no oir otras recomendaciones que las de la justicia ni otros dictados que los del deber>> (50). La desmovilizacion social era la coadyuvante necesaria: <<La inmensa mayoria de los ciudadanos se cree desligada de todos los deberes sociales y muy singularmente de ayudar a la Administracion de justicia y de protestar contra los vicios que la envilecen>> (51).

El descredito acabo arraigando en la opinion publica: <<... conviene extinguir del sentimiento popular la terrible creencia de que con influencia y con dinero se dobla la vara de la justicia>> (52). Para el conjunto de la poblacion el derecho estaba en almoneda: <<... si la prensa calla, se dice que ha vendido su silencio, y si protesta es porque no le han dado dinero; se dice que el magistrado subordina su conciencia al ascenso otorgado o a la esperanza de conseguirlo; que hay jurados rendidos a medios ilicitos, o aplastados por el numero en la sala donde delibera y falla el tribunal popular; se dice que hay testigos contratados para la burla farsa de la coartada, o vencidos por el dinero y la influencia para que nieguen en el plenario la verdad declarada en el sumario ...>>. Se filtro el caracter de clase de aquel comportamiento: <<... la terrible creencia en el pueblo sencillo, de que compran absoluciones aquellos homicidas que tienen dinero, mientras que algun desvalido va a presidio por lesiones>> (53). Una dualidad reiterada hasta el hastio: <<Es necesario que el jurado, obrando segun los estimulos de su conciencia, castigue con todo el rigor de las leyes a los asesinos y homicidas y no siga ofreciendo el triste espectaculo harto deplorable de absolverlos en tanto que envia a presidido al infeliz que impulsado por el hambre roba lo que necesita para saciar esta>> (54).

Se cometieron tantos excesos que el propio gobernador civil se sintio en la obligacion de posicionarse, tratando de dejar a cubierto la Administracion publica: <<Ha lamentado la prodigalidad de los autos de libertad provisional, dictados por los jueces a favor de verdaderos criminales; los veredictos de inculpabilidad de los jurados [...] las recomendaciones de los influyentes a favor de los pillos; hechos todos que contribuyen indudablemente al fomento de la criminalidad y a la impunidad escandalosa que acompana la realizacion de sus hazanas>> (55). No hubo otros efectos.

3. AL SERVICIO DE LA TRAMA ELECTORAL

El reparto consensuado de escanos entre el Gobierno y la oposicion--la base del turno pacifico--implicaba su cumplimiento en los distritos electorales de cada provincia. Esa tarea correspondia a los caciques de los dos partidos involucrados en aquel sistema: Conservador y Liberal. Lo que en Madrid era pacto y guino, en las pequenas localidades se transformaba en rivalidad personal y violencia politica, y a ella se veian arrastrados con frecuencia los jefes provinciales.

A raiz de la ley electoral de 1871--modificada por el articulo 2. de la de 28 de diciembre de 1878--la provincia de Murcia quedo organizada en seis distritos electorales: Murcia, Cartagena, Lorca, Cieza, Mula y Yecla (56). El de Mula se correspondia con su partido judicial, integrado por los municipios de Albudeite, Alguazas, Archena, Bullas, Campos del Rio, Ceuti, Cotillas, Molina, Mula y Pliego. Un total de 36.007 habitantes (57). Se convirtio en feudo tradicional del Partido Conservador bajo los auspicios del marques de Corvera y los Zabalburu, destacados miembros de la oligarquia agraria. A partir de 1896, y sin interrupcion hasta 1923, rendiria vasallaje a Juan de la Cierva, bien relacionado con aquellas familias. Desde el paternalismo agradecera la sumision: <<Les he dado tambien prosperidad, haciendoles carreteras y caminos vecinales para el enlace de todos los pueblos; ferrocarril, un pantano, cosas ambas que eran el ideal de aquel distrito. He fomentado su cultura con la creacion de escuelas. He procurado, en fin, corresponder a su fidelidad>> (58).

En Alguazas--una localidad de 2.276 habitantes en 1887--la opcion liberal contaba con Juan Antonio Jover Sanchez, hacendado del lugar y dueno de minas. Controlaba con su suegro--Pedro Laborda Fenor, otro potentado de la poblacion--, una considerable esfera de dominio, alternandose en la alcaldia con cierta regularidad. Lo definia a su gusto Juan de la Cierva: <<Dicho senor ha gozado en Alguazas de tanta y tanta influencia, que ha llegado a ocupar los primeros puestos: ha sido alcalde, ha logrado con su influjo empleos a varias personas; es, en una palabra, lo que todos hemos convenido en llamar un cacique ...>> (59).

Jover, como otros tantos servidores, perpetrara todo tipo de abusos y desmanes, con causas pendientes por estafa, lesiones, falsedad, atribucion de cargo publico y robo. Tenia por oponente a Jose Lopez Oliva, labrador de los Zabalburu y por este medio alcalde y juez municipal en los momentos de ascendiente conservador. Con el, Jose Verdu Lopez, al servicio de los mismos terratenientes. No iban a la zaga en la comision de transgresiones. Esta acreditada la aversion que los separa y los motivos: <<Don Jose Lopez Oliva es enemigo politico del Jover. Division profunda, enconada lucha existia entre ellos, nacida de diferencias de partidos>> (60). Ambos disponian del respaldo de sus engranajes politicos respectivos, desde el gobernador civil al ministro de la Gobernacion, que cubrian sus tropelias y buscaban la anulacion del contrario, especialmente en visperas de elecciones. En esas empresas se veian sometidos a continuos procesamientos, para lo que nunca faltaban motivos: desde la corrupcion electoral a la malversacion de caudales publicos.

La contienda politica, inseparable de una rivalidad personal que se extendia en circulos concentricos, acabo fraccionando la comunidad vecinal: <<... el pueblo de Alguazas se halla dividido en dos grandes familias o partidos, entre los cuales es la lucha constante y tenaz [.] dos banderias opuestas de que germinan todos los enconos y todas las enemistades personales en aquel vecindario ...>> (61).

La hostilidad se cobro la vida del hijastro de Jover, Juan Diego Duarte--un joven de 22 anos--, muerto a manos de los sicarios de Oliva. Los hechos, con los peores agravantes, tuvieron lugar en la tarde del 11 de enero de 1888. Sujetado por la espalda le asestaron tres punaladas y, ya abatido, lo remataron en el suelo. Alcanzo a hacer dos disparos que alcanzaron a uno de sus agresores (62).

El 9 de abril de 1889 comenzo la vista de la causa. El fiscal solicito cadena perpetua para los imputados y la acusacion privada la pena de muerte. La parte contraria, encomendada a Juan de la Cierva, alego legitima defensa y falta de pruebas, reclamando la libre absolucion (63). Se pusieron en practica los recursos habituales, empezando por acomodar testimonios en la propia sala de justicia. Una estratagema observada con alguna frecuencia, pero que excedio lo anotado hasta entonces: <<Testigos que ante el juez de instruccion declaran no haber presenciado nada y despues dicen haberlo visto todo, y vice-versa, se ha visto alguna vez en la Audiencia; pero nunca como en este juicio se ha hablado tanto de influencias y coacciones ejercidas sobre los testigos>> (64).

El cinismo de Cierva no encontro techo:
      !Bendito sea el juicio oral! [...] !Bendito aquel que sustituyo
   la oscuridad del juicio escrito con la publicidad del juicio oral,
   este nuevo procedimiento en que interviene tanto el publico como el
   tribunal y las partes! [...] ?Que hubiera sido de estos tres
   procesados sin el nuevo procedimiento? Si esos testigos perjuros
   que en el sumario declararon imputandoles un delito horrible [...]
   no hubiesen tenido necesidad de hacer otra cosa que ratificarse en
   sus infames declaraciones; si no hubiesen venido ante vosotros, que
   habeis sabido desenmascararlos, ?como se hubiese podido hacer luz
   en el proceso? ?Como hubiese resplandecido la inocencia de los
   acusados? (65).


Su mano debio moverse en la sombra. Sin razones aparentes, el fiscal cambio de criterio: <<Este digno funcionario, que tres dias antes consideraba a los reos condignos de morir en un presidio, solicito de la sala la libre absolucion, por no hallar probada la delincuencia de los acusados ...>>. Otro tanto hizo el abogado de la familia del fallecido:
      ... El joven letrado D. Santos Ladron de Guevara, representante
   de la acusacion privada, que pedia la pena de muerte para los
   procesados, considerandolos como autores de asesinato, vario ayer
   sus conclusiones primitivas y pidio para cada uno de ellos la pena
   de 14 anos de prision mayor. Califico el hecho de homicidio, con la
   concurrencia de la circunstancia atenuante de arrebato y obcecacion
   y la agravante de abuso de superioridad, por ir tres contra uno
   [...] que hubo lucha entre los tres procesados y la victima.


Cierva, ademas de mantenerse en sus tesis, trato de escarmentar al incomodo testaferro de la oposicion, pidiendo el tanto de culpa para los testigos de la parte contraria y el pago de las costas procesales.

La persecucion de Jover continuo mas alla del proceso. Menudearon las causas instruidas desde el juzgado de Mula por detencion ilegal y usurpacion, respondidas por su abogado con la demora de las vistas. La prensa afin al ciervismo difundio sus peores hazanas, como haberse apropiado de cierto fondo establecido para dotar doncellas pobres del lugar (66). No fue defenestrado, el control electoral de la localidad--sin medir su coste--debia interesar a sus protectores. Siguio ocupando concejalias a la sombra de su suegro, tan violento como el en su modo de actuar (67). La percepcion de sus enemigos--la de Cierva en particular--debio variar a partir de 1927, cuando una hija de aquel, Concepcion Jover Laborda, contrajo matrimonio con Federico Salmon, futuro dirigente y ministro de la CEDA en la II Republica.

4. MATONISMO POLITICO

La clase politica encontro en el bastardeo de la justicia la posibilidad de disponer de mercenarios al servicio de sus designios mas turbios. Fue el signo de los tiempos. El criminologo Rafael Salillas enumero dentro de la categoria de matones a los de tipo politico, vinculandolos al caciquismo (68).

El sistema favorecio la formacion de una cohorte de chulos y guapos, con pronta ocupacion en la politica:
      El tribunal del jurado ha parido mas matones que las bellacas,
   gitanas y ladronas. Con sus veredictos de inculpabilidad, el jurado
   da patente para el ejercicio de la tablajeria humana. El individuo
   que sale absuelto de la Audiencia, habiendo matado a alguien,
   conquista una credencial, un medio segurisimo de holgada vida.
   Inmediatamente encuentra colocacion, bien en la casa del cacique o
   en la asquerosa chirlata, al cacique le acompana a todas partes
   sirviendole de salvaguarda y le hace las elecciones con tal
   bizarria, que con su presencia se firman actas en blanco y su
   voluntad es la ley del colegio [...]. Los caciques de Murcia viven
   protegidos por la institucion de los valientes, hasta tal punto
   que, hijos del vicio y de la prostitucion, se ponen en juego todas
   las influencias para que se tolere la timba, y el gobernador que no
   respeta estos precedentes es expulsado ignominiosamente ... (69).


El ciervismo se valio de ellos, como evidencio Alejandro Lerroux en el Congreso de los Diputados: <<... la mayoria de los agentes electorales y delegados son ex presidiarios ...>> (70).

Uno de los casos mas escabrosos salio a la luz en la causa abierta a Enrique Granados Vivancos, acaudalado minero de Mazarron, en cuyas explotaciones los trabajadores se veian forzados a cobrar en especie y acudir a los comercios de su propiedad en condiciones desventajosas (71). Tal forma de acumulacion define al personaje. Se ha erigido en senor de vasallos de una localidad que en 1900 cuenta con 11.580 habitantes. Ocupa la alcaldia de forma interina, correspondiendo a su padre--Donato Granados--la titularidad. En el ambito politico, las actas notariales levantadas daban fe de dimisiones forzosas, cesantias impuestas, amenazas, agresiones y detenciones ilegales. Las asechanzas del cacique iban especialmente dirigidas contra Nicolas Delgado, fundador de un Circulo de Union Republicana --con 800 socios--y de un periodico titulado La Verdad, que aireaba las ilegalidades observadas. Asi lo hizo con el reiterado robo de minerales, lo que conllevo el procesamiento de Enrique Granados y Andres Acosta, otro minero de fortuna. Los atropellos cometidos llegaron al Congreso de los Diputados con las intervenciones de Jose Melgarejo Escario, parlamentario republicano por Murcia. En la sesion del 4 de junio de 1892 delato la actuacion de los guardias municipales, licenciados de presidio, <<... mas inspirados en la arbitrariedad que en la ley>> (72). No obtuvo respuesta alguna.

El 16 de octubre de 1892 fue asesinado--en el puente de Totana--Miguel Garcia Rodriguez, vecino de Mazarron, de 31 anos de edad, sobrino de Nicolas Delgado. Los causantes pertenecian al entorno de Granados. Uno de ellos--Francisco Cayuela Garcia (a) Quico--habia sido cabo de la Guardia municipal bajo sus ordenes, distinguiendose por sus continuos desafueros, por lo que fue suspendido de empleo y sueldo, quedando colocado en la empresa minera de su valedor. El otro--Sebastian Garcia Cayuela (a) Civil--era empleado de consumos. Como colaborador necesario aparecia Pedro Fernandez Rodriguez (a) Lafuente, ex jefe de la policia local.

Del sumario--instruido por el juez de Totana--se derivaban cargos contra Francisco Cayuela y Sebastian Garcia como responsables de las trece heridas que habian provocado la muerte de Miguel Garcia. Como inductores constaban Gines Granados Vivancos, Pedro Fernandez Navarro y Andres Acosta Acosta. No habia dudas sobre la implicacion del regidor municipal: <<... la confesion de los autores materiales del crimen, que fueron cogidos a los pocos momentos de realizado aquel, comprometen al Sr. Granados, y de aqui la detencion ordenada por el juzgado>> (73). El 21 de octubre se dicto auto de prision provisional sin fianza contra todos ellos, que fue ratificado el 27 del mismo mes. Los hechos tuvieron una enorme repercusion en la prensa regional y en la nacional de mayor tirada: El Imparcial, La Justicia y El Pais. Unos y otros llamaron la atencion sobre la activacion de las relaciones politicas: <<Los amigos del Sr. Granados, por cierto conservadores, no descansan un momento; tienen comisiones en Madrid, Albacete, Totana y Murcia: quieren defender a su patrocinado>> (74).

Granados, que se entrego en Murcia, fue puesto a salvo del juez instructor --Jose Lopez Cardona--, nada amigo de compadrazgos: <<... al interesar el juez de Totana su traslacion a la carcel de dicha localidad, el medico de la de Murcia certifico que se hallaba enfermo, y con tal motivo lo trasladaron al hospital, donde continuamente ha estado acompanado de significadas personalidades del Partido Conservador ...>> (75). Obviandose que la carcel de Murcia tenia enfermeria, fue alojado con toda comodidad en las habitaciones del director del centro medico. De la misma ventaja disfruto Pedro Fernandez. Los motivos eran innegables: <<... ha hecho que bajo una fingida enfermedad, que curaron con buenas recetas de la fonda, hayan estado en comunicacion algunos dias, todo lo cual puede contribuir a inutilizar la accion de la justicia>> (76). El juez de Totana fue finalmente recusado y mas tarde trasladado en aplicacion del articulo 237 de la Ley provisional sobre organizacion del poder judicial, que hacia mencion a disidencias graves con los demas magistrados y <<... cuando circunstancias de otra clase o consideracion de orden publico muy calificadas exigieran la traslacion>> (77). Su integridad le paso factura.

El caso paso a un juez especial, magistrado de la Audiencia de Murcia, Juan Campoy Marquez, que luego seria gobernador civil de la provincia por el Partido Conservador. Se hizo evidente que el poder politico preparaba la exoneracion de los reos, ahondandose la sospecha sobre el credito de la institucion (78). El recelo fue general: <<La opinion publica esta indignada, no solo por el hecho infame del delito, sino tambien ante el temor de que las influencias del caciquismo politico intentaran trocar la accion libre y desembarazada de la justicia en este ruidoso proceso>> (79).

Los apremios surtieron efecto. El 23 de noviembre el edil fue puesto en libertad provisional bajo fianza de 25.000 pesetas. En el auto se podia leer: <<Que si bien existen indicios contra el repetido D. Gines Granados no tienen por hoy la misma gravedad que los referentes a los demas procesados y dados sus buenos antecedentes no es creible que pueda sustraerse a la accion de la justicia>> (80). Los datos sobre su conducta habian sido solicitados al padre del procesado--alcalde titular de Mazarron--y recabados entre los mayores contribuyentes de la localidad, intimos de la familia. El abogado de la acusacion particular, Jesualdo Canada Banos (81), subrayo con toda crudeza las fidelidades pulsadas: <<... tenemos que aceptar los hechos tal y como son y contribuir desde el sitio que ocupamos a que la ley sea igual para todos, sin privilegios de ninguna clase [...] La sangre del infortunado Miguel Garcia debe manchar la conciencia de altas personalidades que han venido dispensando protecciones injustificadas>>. A su entender sobraban motivos para mantenerlo internado (82). Nada consiguio. El juez especial cumplio su funcion hasta el final, atendiendo los encargos recibidos: <<La opinion separa ya su vista del senor Granados y la dirige mucho mas alta, al comprender que facilmente pudiera haber triunfado la actividad politica, la amistad personal y las grandes recomendaciones>> (83).

El 25 de octubre de 1893 comenzo el juicio oral. Salio a relucir la parcialidad del jurado (84). Solo tres de sus miembros eran de Murcia, los nueve restantes procedian de Mazarron. La Cierva asumio las defensas de Granados, Acosta y Fernandez. Las de los restantes correspondio a Ezequiel Diez y Sanz de Revenga, otro prohombre del Partido Conservador, transfuga del Liberal.

Los hechos que el fiscal adujo como ciertos y probados indicaban con claridad que fue un asesinato premeditado, con la intervencion de todos los procesados, unos--los que defendia Cierva--como inductores y los otros como autores materiales (85). Nada de eso trascendio. Se evito la comparecencia de los testigos de la acusacion particular. El fiscal modifico sus conclusiones, exonerando a Granados y Acosta (86). El fallo, no por esperado dejo de sorprender. Los verdaderos criminales --los que impulsaron el asesinato--fueron puestos en libertad; Pedro Fernandez quedo absuelto; Francisco Cayuela fue condenado a 8 anos de prision mayor y 1.500 pesetas de indemnizacion, y Sebastian Garcia a 2 anos, 11 meses y 11 dias de prision correccional y a seis meses de arresto mayor y 500 pesetas de multa (87). Se interpuso recurso de casacion ante el Tribunal Supremo. Su defensa correspondio al despacho de Manuel Pedregal, diputado por la minoria republicana, encargandose de contestarlo Juan de la Cierva. La reclamacion fue desestimada (88).

5. UNA JUSTICIA DE CLASE

El orden social marcado por la preeminencia de los poderosos se tradujo en la ambivalencia de la justicia, con numerosos ejemplos. El 7 de julio de 1895 se desarrollo en la pedania de Guadalupe--termino municipal de Murcia, con 1.948 habitantes en 1900--, un episodio violento, propio de una vendetta rural. A las nueve y media de la noche el vecino Jose Lorente Alegria de 20 anos fue muerto en mitad de la calle Mayor, previsiblemente por Andres Ruiz Rabadan. El crimen puede interpretarse como trasunto de un enfrentamiento entre familias, pero lleva el sello del odio de clases. De un lado los Lorentes, ricos labradores del lugar, cuyo patriarca es el alcalde pedaneo. De otro, los Ruiz, propietarios muy pobres y jornaleros. El origen del altercado es baladi, lo que apunta a viejas inquinas: <<... los Lorentes estaban en la calle Mayor, en la puerta del Domingo Lorente, palmoteando y en broma, pues aquella tarde habian estado de merienda. El Blas Martinez [Rabadan] que [...] acompanaba al Andres Ruiz [Rabadan, su primo] dio el grito que en lenguaje de la huerta se llama un relincho, a lo que contestaron los Lorentes de un modo vivo, por creer que habia sido dado en un tono de mofa. De uno de los grupos se oyo decir: fuera, empezando de este modo la cuestion ...>> (89). En el desafio Jose Lorente perdio la vida a consecuencia de un tiro de escopeta cargada con postas, senalandose como responsable a Andres Ruiz.

Los parientes del difunto se aprestaron a tomar venganza. Del abuelo al padre, pasando por los tios y primos del interfecto, un total de ocho personas organizaron la persecucion: <<...armandose de hachas, pistolas, cuchillos y otras armas, precipitandose como enloquecidos a la calle en busca del agresor de su deudo>>. Una autentica caza del hombre, que dejo tras de si un reguero de sangre y desolacion. Llegaron primeramente al domicilio del considerado como autor de los disparos: <<Como no les abrieran la puerta comenzaron a dar hachazos sobre la misma, abriendo un gran boquete, saltando la cerraja y penetrando dentro de la casa>>. En su interior se encontraba la mujer--Carmen Botia Martinez--, embarazada de seis meses, una hija de ocho anos, un hijo de dos y una vecina. La escena fue pavorosa: <<... puede presumirse que los Lorentes preguntaron a la infortunada Carmen por su esposo; pero lo averiguado hasta la fecha, es que la Carmen cayo en tierra con un horroroso hachazo en la cabeza interesando la frente y quedando al descubierto la masa encefalica>> (90). La autopsia revelo la crueldad de los asaltantes: <<...se le han apreciado ademas de la herida profunda de la frente [.] otra en la cabeza detras de la oreja derecha, al parecer de arma de fuego, y varias de perdigones en la cara ...>>. Los testigos reconstruyeron lo que alcanzaron a escuchar dentro de la vivienda, <<... que oyo decir a esta: Domingo no me mates, oyendo tambien los disparos que se hicieron ...>>. Lo confirmo la declaracion de la hija: <<... refiere con lagrimas en los ojos las voces que daba su madre impetrando piedad de los Lorentes ...>> (91). La vecina huyo con la nina, saltando las tapias del patio. El nino quedo en la cuna, muy cerca del cadaver ensangrentado de la madre.

Los Lorentes siguieron la batida, presentandose en la vivienda contigua. Segun su duena: <<.rompieron la puerta a hachazos y penetraron en la casa; que con las armas en la mano le preguntaron quien habia muerto al Jose Lorente, amenazandola de muerte ...>>. Siguieron calle adelante y llegaron a la morada de Sebastian Ruiz Rabadan, hermano de Andres: <<Comenzaron a dar hachazos en la puerta, que es bastante fuerte, y antes de que pudieran romperla, el Domingo Lorente les hizo desistir de que penetraran en la casa del Sebastian, cuya mujer se encuentra enferma a consecuencia de un dificil alumbramiento>>. Marcharon despues a la de Blas Martinez Rabadan, primo del presunto ejecutor: <<Penetraron en dicha casa y no encontrando a nadie--pues la familia habia huido--arrancaron una tinaja y la voltearon, asi como tambien una cuna y otros enseres>> (92). La correria se prolongo hasta el amanecer, poniendo fin a una autentica batalla campal: <<Todos los vecinos de dicho pueblo convienen en que la noche del crimen fueron muchisimos los disparos de arma de fuego que se hicieron tanto contra las casas cuyas puertas fueron rotas a hachazos, como contra otras. Los Lorentes, dicen, daban terribles gritos, mezcla de indignacion y de dolor, estando toda la noche recorriendo el pueblo en un estado de grande excitacion y casi llorando por la muerte del desgraciado joven Jose Lorente Alegria>> (93). La impresion debio ser fuerte. A consecuencia de lo sucedido varios vecinos enfermaron, sobre todo mujeres, como la esposa de Sebastian Ruiz Rabadan.

A las tres y media de la madrugada se persono el comandante del puesto de la Guardia Civil de Alcantarilla--localidad inmediata--, acompanado de un cabo y cinco agentes. Pudieron percibir el panico por los momentos vividos: <<Al llegar la benemerita a dicho pueblo observo que estaban cerradas todas las casas, teniendo luz encendida dentro de las mismas y reinando una desusada quietud, que era evidente senal del profundo terror del vecindario [...] los vecinos en cuanto vieron tricornios, dicen que salieron a la calle>> (94). Todavia a las siete y media de la manana tuvo lugar otro incidente, ahora en las afueras del pueblo. Los Lorentes agredieron a tres jornaleros: Antonio Vicente, su hermano Francisco (a) El Pollo y Pedro Cano Garcia (a) Batanero, primo de Andres Ruiz.

El Juzgado de instruccion se constituyo a las ocho y media, iniciando las primeras diligencias y ordenando la detencion de los Lorentes y de Andres Ruiz, hallado por la Guardia Civil. Ingresaron en la carcel de Murcia con Patricio Hernandez Martinez--el sereno del lugar--y los braceros Antonio Palazon Martinez y Blas Martinez Rabadan, presentes en los primeros sucesos. Todos quedaron incomunicados, no sin dificultad, dada la insuficiencia de calabozos. Se noto quien poseia medios: <<A los Lorentes les llevaron anoche a la carcel algunas mantas y almohadas de sus casas>> (95).

Los Lorentes designaron como abogado defensor a Juan de la Cierva. La familia Ruiz opto por Ezequiel Diez y Sanz de Revenga. La vista se fijo para el 23 de noviembre de 1896. El fiscal solicito para los primeros la pena de 20 anos de reclusion temporal por el homicidio de Carmen Botia y dos anos, cuatro meses y un dia por allanamiento de morada. Para Andres Ruiz Rabadan, como autor del homicidio de Jose Lorente, ocho anos y un dia de prision. Los letrados respectivos demandaron la libre absolucion. La Cierva requirio para Ruiz 14 anos, 11 meses y 21 dias (96).

Los periodicos afectos a aquel regimen minado trataron de despenalizar lo ocurrido: <<... se trata de una inmensa desgracia, entre familias honradas, cuyas enemistades han encendido un apasionamiento avivado por los vinculos de sangre. Se ha podido observar que no hay en los hechos, sobre los que versa el juicio oral, detalles de perversidad ni punibles instintos de delincuencia, sino desdicha inmensa, nacida de odios implacables y de los impetus de la ceguedad ...>> (97). De la maquinacion se hizo eco el Ministerio publico (98).

Se levanto un muro de silencio. Los diarios optaron por omitir el contenido de las sesiones. La informacion ofrecida no paso de la breve resena, sin entrar en los interrogatorios de los testigos ni en las intervenciones de las partes, rompiendo con el formato de la acostumbraba cronica de tribunales. Concluyeron senalando que el jurado, despues de deliberar, dicto veredicto de exculpacion para todos los procesados. La acusacion publica pidio la revision de la causa ante un nuevo jurado, pero fue denegada por el tribunal de derecho. Declarada firme la sentencia, los reos fueron puestos en libertad. La justificacion ofrecida dejo al descubierto el modo de obrar de aquel orden: <<Con este motivo se ha censurado nuevamente al jurado, si bien en esta ocasion ha sido con cierta prudencia, atendiendo a lo que algunos jurados decian en su defensa:--Si nuestro fallo hubiese sido injusto, el tribunal de derecho, imparcial y competente, no hubiera negado la revision, que pudo acordar, habiendola pedido el Ministerio Fiscal>> (99).

El doble crimen y su solucion quebraron la convivencia vecinal de Guadalupe. El 27 de diciembre de aquel mismo ano--1896--, como desenlace de una discusion sobre el fallo dictado, resulto muerto Mariano Orenes Ruiz. No fue una cuestion aislada, pidiendose una mayor vigilancia, solicitandose el establecimiento de un puesto de la Guardia Civil (100).

6. LA RESPUESTA SOCIAL

Los escandalos judiciales sobrepasaron lo imaginable con el llamado crimen de La Arboleja, una pedania perteneciente al municipio de Murcia. El 11 de octubre de 1896 Miguel Illan Pardo aparecio muerto en el fondo de una acequia, estrangulado con su propia faja y con las manos atadas. Dejaba mujer y seis hijos, uno de pecho y el mayor con 11 anos. Todas las pruebas apuntaban--por un asunto de deudas--a dos acaudalados de la villa, Manuel Funes Lopez y su padre, Domingo Funes Diaz, duenos de un molino para molturar pimenton en pleno auge de aquella actividad (101).

El fiscal y la acusacion particular calificaron el hecho de homicidio. El letrado de la defensa, Juan de la Cierva, pidio la absolucion tipificandolo--contra toda evidencia--de muerte accidental. Como se barruntaba desde el comienzo del proceso, los imputados fueron absueltos. De nada sirvieron los recursos de casacion interpuestos ante el Tribunal Supremo, fundados en el quebrantamiento de forma.

La conviccion de que aquella sentencia era fruto del arreglo, concito la orquestacion de una campana de prensa contra los jurados. La iniciativa correspondio a Las Provincias de Levante, que en esos momentos todavia podia alardear de independencia politica:
      La opinion publica de Murcia, con una unanimidad pocas veces
   vista, pide a voz en grito que se suspendan en esta los juicios por
   jurados y que no queden ni aun los tinteros en la Audiencia
   provincial [...] La Administracion de justicia esta deshonrada en
   Murcia y hay que dignificarla; el templo augusto de la ley, que el
   ciudadano debe saludar con respeto, es considerado por las gentes
   como centro asqueroso de vil contratacion; se cree que alli se
   vende la justicia y se despluma a los procesados; y el pueblo
   murciano pide una saludable labor de desinfeccion y saneamiento ...


El aparato judicial fue cuestionado en su totalidad: <<... hemos advertido muchas veces que hay jurados de oficio y de beneficio; testigos que declaran sin responsabilidad en el plenario lo contrario de lo declarado en el sumario; ganchos que contratan la afrentosa mojiganga de los juicios; miserias de diversa indole que agravan el negrisimo comercio del homicidio ...>>. Nadie quedo a cubierto: <<... Todos aparecemos ya como vendidos al dinero del homicida; los magistrados, los jurados, los testigos, la prensa, cuantos elementos deben cooperar a la buena administracion de la justicia ...>> (102). Aquella editorial supuso el procesamiento del director--Gabriel Baleriola--, incriminado por injurias al poder judicial y a sus funcionarios (103). La causa fue finalmente sobreseida en virtud del Real decreto de 6 de enero de 1899, que indultaba a los sentenciados por delitos de imprenta (104).

El mismo periodico publico una carta abierta al ministro de Gracia y Justicia, Alejandro Groizard -del Partido Liberal-, insistiendo en la acusacion formulada, haciendole participe del clima general de desconfianza que se habia generado y solicitandole la suspension temporal del jurado hasta tanto se formasen nuevas listas, exentas de vicios en su constitucion. Los efectos sociales que invocaban eran demoledores: <<.infunde en las masas populares las ideas mas disolventes y temibles; enciende el odio de los pobres contra los ricos; subvierte el orden social; hace aborrecibles nuestros tribunales, que deben ser amados; y amontonan negrisimas nubes en el oscuro horizonte de nuestra amada patria; nubes de indignacion y de protesta ...>> (105).

La redaccion abrio una suscripcion para alivio de los deudos de Miguel Illan, la victima del crimen. En ella participaron donantes de todo el espectro social y de casi toda la geografia regional, con alguna localidad limitrofe. Comparecieron militares, abogados, periodistas, funcionarios, cesantes, curas y sacristanes; cientos de mujeres, senoras de alcurnia, amas de casas, nodrizas, criadas y operarias; obreros de todos los gremios, labradores y jornaleros, comerciantes, empleados y estudiantes; gentes con alias: Pacorro el Botero, el Torero, la Esperanza, el Chusco, el Tonto, la Girija, el Barbian, Juanico el del Rento o el Mosca. Hasta el cocinero del palacio episcopal y el portero de la Misericordia. Todos dejaron constancia de su indignacion. Se recogieron 1.135,75 pesetas, fruto de pequenas sumas, en consonancia con el caracter popular de la mayoria de los cotizantes. La cifra se equiparo con la colacion que puso de una vez Alfonso Chico de Guzman--destacado terrateniente murciano con titulo nobiliario--para erigir un monumento en Murcia a la memoria de Canovas del Castillo, muerto poco antes a manos del anarquista Angiolillo.

A cada aportacion precedia un breve texto que expresaba, en tono diverso, las frustraciones que provocaba una justicia claramente desnivelada por el peso economico o la influencia politica. La campana se les fue de las manos y la direccion del diario tuvo que establecer una serie de criterios para publicar aquellas notas:
      Desde que abrimos en este periodico la suscripcion a favor de la
   pobre viuda de Miguel Illan Pardo, venimos rechazando algunos
   donativos, que se nos entregaban a condicion de publicar con ellos
   frases mortificantes para determinadas personalidades. Otros
   donativos con rotulo los hemos modificado para evitar algunas
   molestias, y en varios hemos sido tolerantes, creyendo que algun
   desahogo debia permitirse en estos momentos de una justa
   indignacion [...]. Todo ello nos ha producido disgustos: los
   donativos suprimidos, por ser ultrajes anonimos a diez centimos,
   los modificados para evitar mortificaciones que no nos proponemos
   ni debemos causar a nadie, y los publicados, por tolerancia
   excusable en los momentos de un justificado calor (106).


Los conceptos vertidos revelan la oposicion despertada (107). Una ventana abierta por donde se filtra el imaginario colectivo aflorado por la perversion aventada, empezando por una critica general: <<Un amante de la justicia>> / <<!Honra a la Administracion de Justicia!>> / <<Justicia contra los de manga ancha>> / <<Hagase justicia>> / <<Uno que protesta>> / <<Otro que pide justicia>> / <<Otro que piensa lo que no puede decirse>>. Los hay que puntualizan sobre el ordenamiento vigente: <<Un enemigo de la moderna justicia>>. Menudean las censuras al jurado: <<Partidario de la reforma del jurado en el sentido de que no pueda prestarse a amanos>> / <<Uno que no lo hubieran comulgado con ruedas de molino>> / <<Otro que no se vende>> / <<Uno que se hubiera cortado la mano derecha antes de firmar ciertas cosas>> / <<Un sujeto que tiene verguenza, pundonor y lo que hay que tener>> / <<Por los jurados de trastienda>> / <<Un comico que no representa ciertos papeles>> / <<Un vendedor de caretas>> / <<Un jurado que dice que si y no y que se yo>> / <<Otro a quien al votar se le desarrolla siempre la compasion>> / <<Otro que se lava las manos>> / <<Varios que votan sujetandose a los mandatos de su estomago>>. Se culpa a los testigos: <<Un testigo ocular perpetuo>> / <<Otro testigo perpetuo de descargo>> / <<Otro testigo que pierde la memoria a voluntad de su dueno>> / <<Otro testigo de buena ley, como los duros sevillanos>> / <<Otro testigo que le corta, riza y toma el pelo a la diosa Themis>> / <<Otro testigo que quiere decir lo que no podemos publicar>> / <<Otro testigo que se alquila por horas, como los coches de punto>>. No falta quien muestra el desprecio por aquel simulacro: <<Que les aproveche a los causantes>>.

Algunas apostillas se centran en la Administracion provincial: <<!Supresion de los juicios por jurados en Murcia! Devuelvase la tranquilidad a las gentes honradas>> / <<Uno que se averguenza de vivir en Murcia>> / <<Uno que tiene conciencia y no pasa por la Audiencia>> / <<Uno que recuerda el dicho vulgar, Mata al rey y vete a Murcia>>. Otras reflejan el temor a las consecuencias y la pusilanimidad de sus autores: <<Un ciudadano que se averguenza, se aterra y horroriza de lo que sucede>> / <<Uno que no se atreve a salir de casa hasta que esto no varie>> / <<Uno que abandona Murcia>> / <<Un ciudadano tranquilo, que tiene el alma en un hilo>> / <<Un Sancho en su insula>> / <<Uno que piensa que habra quien levante el antifaz>> / <<Otro convicto y confeso del delito de canguelo>> / <<Uno que no desearia ser jurado>>.

Firman los que exigen mayor resolucion, recordando al ultimo verdugo que paso por la ciudad: <<Cuatro amigos que notan la falta en Murcia de Pascual Ten>> (108). Tercian los que optan por la defensa propia: <<Uno que se comprara un buen Schmit por si acaso>> / <<Uno que esta dispuesto a tomarse la justicia por la mano>> / <<Un partidario de aquello de ojo por ojo, diente por diente>> / <<Uno que barreria todo lo que hay que barrer, !y eso que barre...!>> / <<Para la escoba>> / <<Uno que hacia cordeta, pero no para hacer bardiza>>. Se consignan los anonimos recibidos que, evidentemente, no se publicaron. Se distinguen imploraciones piadosas: <<Padre nuestro que estas en los cielos>> / <<Liberanos, Domine>> / <<Uno que se encomienda en la Virgen de los Peligros cuando viene a Murcia>> / <<En nombre de Ntra. Sra. del Sagrado Corazon de Jesus, abogada de causas dificiles y desesperadas>>. Hay quien glosa la memoria de sus difuntos.

Media la lectura politica desde las posiciones ideologicas del momento, incluidas las antidinasticas: <<Un protestante de las llamadas conquistas democraticas>> / <<Un republicano>> / <<Un republicano de verdad>> / <<Un republicano amante de la justicia>> / <<Un obrero socialista>> / <<Un socialista de Fuente Alamo>> / <<Un federal de La Alberca>> / <<Un democrata>> / <<Un carlista>> / <<Un espanol que desea que venga pronto D. Carlos para ver si hay justicia>> / <<Un carlista callosino>>. Se hacen presentes las mujeres, algunas con nombres y apellidos, en tanto otras dejan constancia de su ideario: <<Una hija de un liberal, que protesta contra la injusticia y su hijo de 14 anos que piensa como su madre>> / <<Una senora enemiga del jurado y del sufragio>>. No pocas indican procedencia y oficio: <<Una criada de Cotillas asustada por estas cosas>> / <<Una modista que pide justicia>> / <<Una cocinera que odia los desaguisados>>.

Entre la satira y el humor negro: <<Porque se supriman las fajas que conducen a la muerte>> / <<Uno que cree en las brujas de La Arboleja>> / <<El que vendio la faja con que aparecio muerto el Illan>> / <<Uno que se pone bien la faja para que no se le suba a la traquea>> / <<D. Vicente Aguir, del barrio de La Merced, que se no se bana mas en la acequia por si se le rompe la traquea>> / <<Un murciano que en Valencia se consagra a la curacion de la traquea>> / <<Un pianista de la calle de La Gloria, que cantaba tambien y se ha quedado sin voz desde que sabe lo de la faja>> / <<Y el perro Paco ?se mato?>> / <<Un cocinero que no gasta pimiento molido por molerse en los molinos>> / <<Uno que antes no sabia lo que era la traquea>> / <<De las absoluciones que? Pues de las absoluciones na>>. Aparecen pareados: <<Para dictar sentencias a conciencia, la primera seccion de nuestra Audiencia>> y rimas no reproducibles: <<Uno que nos remite una cuarteta de fajas y cinturones que no podemos publicar>>. Una imaginacion desbordante: <<Un ingles mojado en chocolate>> / <<Uno que no le gustan las pavas>>.

Asoman funcionarios que se quejan del atraso en el cobro de sus haberes: <<Uno que no da mas porque no le pagan>> / <<Un empleado del Hospital que le adeudan nueve meses y un mes del ano 90>>. Estan los que mencionan sus cortos ingresos, subrayando el sacrificio que les supone los centimos entregados: <<Unas que no pueden dar mas>> / <<Un regante que viene tomando cafe veinte anos y se priva de tomarlo hoy>> / <<El nino Amadeo Moya, que da su capital>>.

La iniciativa desplegada tuvo resonancia en diarios de ambito nacional, como El Liberal y El Imparcial: <<La prensa de Murcia viene ocupandose de las constantes absoluciones de los procesos que son sometidos al jurado de aquella Audiencia. Parece que alli, segun la frase de un colega murciano, hay jurados de oficio y de beneficio. Otro aclara aun mas los conceptos, y dice que se vende la absolucion como una partida de naranjas>> (109).

La frustracion corono el esfuerzo realizado. El desaliento y la impotencia fueron su balance: <<Hemos hecho cuanto hemos podido para que se corrijan los abusos de que tanto se duele la sociedad murciana; pero declaramos que la campana ha sido ineficaz. Aunque se ha dicho que el ministro de Gracia y Justicia y el fiscal del Tribunal Supremo estan dispuestos a evitar que se repitan las absoluciones, hasta la fecha nadie ha visto el menor resultado>>. Se remitio una nueva comunicacion al titular del ramo, subiendo el tomo de la reclamacion (110).

No hubo contestacion. Acabo aceptandose que el cambio era imposible. Con este registro se escribia en junio de 1898, afectados de lleno por la independencia de las ultimas colonias y en un contexto de descredito internacional: <<No ha mucho se denunciaron en esta las cosas del jurado; toda la prensa de Espana se ocupo de un asunto tan grave; el gobierno ofrecio remediar el mal; y en efecto, el jurado en Murcia continua peor que antes, hasta el extremo que ya resulta patriotico no sacar a la verguenza publica sus desmanes, porque se evita un escandalo mas y no hay esperanza de que se enmienden>> (111). Las diatribas se fueron apagando, desplazadas por las noticias de la guerra en Cuba, y aunque se retomaron en momentos puntuales, nada se logro.

7. LOS LIMITES DEL SISTEMA

La justicia, plegada por la arbitrariedad, se utilizo como se ha visto para deshacerse de los enemigos, imponer la voluntad de un cacique sobre el adversario o dirimir sus conflictos. Todas las batallas parecian vitales--al margen de la categoria electoral del sitio--y en ellas mediaba el gobernador civil de turno. En Abaran--una localidad de 1.815 habitantes en 1897--fue derribado el alcalde Jose Templado, de adscripcion liberal, por no avenirse a ser relevado por su oponente, como implicitamente se derivaba del turno pacifico. A nivel local la politica se transmutaba--como se ha dicho--en rivalidad personal, al margen de los pactos nacionales: <<... vista la dificultad de que el alcalde acceda a las exigencias para que presente la dimision, el juez de instruccion de Cieza trata de inutilizarlo por medio de un proceso, por no sabemos que imaginarios delitos. Por muy curados de espanto que nos hallemos, no acertamos a dar credito a todo eso que se dice ni a creer que un juez se halle dispuesto a arrastrar su toga, poniendola al servicio de intereses bastardos ...>> (112).

El alcalde fue procesado y, a consecuencia de ello, el gobernador civil pudo cesarlo, permitiendo la recuperacion del control municipal al conservador Domingo Gomez, cabeza visible de un clan que llevaba mas de 28 anos al frente de aquellos destinos, lo que explica sus solidas conexiones sociales, necesarias en los momentos de lucha politica. La interaccion entre justicia y delegacion del Gobierno funciono a la perfeccion: <<... La iniquidad se halla pues consumada: el magin del gobernador y la toga del juez aparecen puestos al servicio de la causa odiosa de un cacique impopular, y contra la noble aspiracion emancipadora de un pueblo honrado, laborioso y culto>> (113).

Se senalo la interposicion de Cierva y la existencia de un pulso con el Partido Liberal, representado por el senador Juan Lopez Parra, que venia plantando cara a las anomalias detectadas en la provincia (114). De nada sirvio. Los denostados personajes formaron corporacion interina y aunque fueron derrotados en las siguientes elecciones municipales--anuladas de modo improcedente--se mantuvieron en el poder. Querellados por prolongacion de funciones, se pusieron en marcha las argucias previstas para estos casos, recusando al juez de instruccion y nombrando en su lugar a otro propicio, que no tardo en revocar el auto de procesamiento (115). Se interpuso recurso de apelacion y aunque fue fallado favorablemente por la Audiencia nada cambio (116). De todo ello dio cuenta Lopez Parra, primero por medio de una pregunta y luego por una interpelacion al ministro de la Gobernacion, Eduardo Dato. No obtuvo ninguna resolucion concluyente (117). Tuvo que cambiar el gobernador civil para que los concejales legitimos fueran repuestos (118).

La figura del gobernador civil devenia cardinal. Imbricado en la estructura caciquil su participacion resultaba imprescindible para refrendar las irregularidades cometidas. En caso de disconformidad su sustitucion estaba asegurada. Ocurrio con Jose Diaz de la Pedraja:
      [...] que hizo una administracion excelente, contra la voluntad
   manifiesta de los caciques a quienes recogio las licencias,
   dejandolos relegados a la para ellos triste categoria de simples
   mortales>> (119). Apenas se mantuvo unos meses: <<... pretendio
   implantar en este Mediodia, presa del audaz caciquismo violador de
   las leyes y burlador de la justicia, el imperio de la justicia y de
   las leyes: y si bien este intento generoso y nobilisimo, ya casi
   merecedor de marmoles y bronces, atrajo sobre el las simpatias
   populares, atrajo tambien la animadversion de cuantos, encaramados
   en el pinaculo de la influencia, no admiten otra ley que su
   voluntad ni otra justicia que su conveniencia [...] La politica se
   interpuso en su camino e impidio su obra: pero nadie puede
   regatearle la gloria de haberlo intentado (120).


Llegado el caso se contemplaba la compra del perdon. No importaba la trascendencia del delito ni su carga emocional, con situaciones verdaderamente execrables:
      [...] su hija de diez anos y medio fue acometida brutalmente en su
   honestidad, con abuso de confianza y de fuerza, resultando
   contagiada de las afecciones propias del libertinaje. Nos refirio
   el padre de la victima que horas antes de verificarse el juicio, le
   ofrecieron doscientas pesetas para que perdonara, pues de todos
   modos absolveria el jurado. El infortunado padre de la nina se nego
   indignado a perdonar por dinero tan grande agravio a su honra, a la
   paz de su familia y a la desdichada victima. A las pocas horas el
   jurado, la institucion democratica compuesta de padres de familia,
   dictaba veredicto de irresponsabilidad, despues de haber jurado
   solemnemente obrar en conciencia (121).


Mas escandaloso resulto el caso de la ahogada de Pacheco, tal y como lo titulo la prensa. El 28 de febrero de 1897 desaparecio de su hogar la joven de 18 anos Josefa Benzal Marin. Habitaba en el caserio de Los Dolores--230 habitantes--del termino de Pacheco, en el Campo de Cartagena. El padre--un jornalero--, sospechando que habia escapado con el novio, Francisco Gimenez Zapata, comunico la desaparicion a la Guardia Civil y formalizo el cargo ante el juzgado municipal de Pacheco. El 4 de marzo se dio conocimiento al de instruccion de la capital (distrito de la Catedral) y al fiscal de la Audiencia de Murcia, que dispusieron la busqueda y captura de Francisco Gimenez y de su padre, Tiburcio. Los Gimenez--duenos de la tierra--, se habian ausentado del pueblo. Primero marcharon a Portman, lo que revela su parentesco con el influyente minero Miguel Zapata Saez, emparentado con la familia Maestre y vinculado por negocios con los Cierva (122).

Los fugitivos, bien aconsejados, pasaron a Murcia, donde consultaron con su abogado, Juan de la Cierva, que dejo constancia de sus habilidades procesales o del poder de la influencia. Ingresados en prision, el juez de instruccion manifesto que los referidos individuos se le habian presentado antes de recibir la comunicacion del juez municipal de Pacheco y, en consecuencia, asumia todo el procedimiento. De este modo cerraba la investigacion y dejaba sin efecto el mandato de detencion que pesaba sobre ellos. El argumento era claramente irregular: <<... en atencion a la clase de delito que se trataba>>, en esos momentos el rapto, castigado con prision correccional (123).

El padre de la desaparecida--temiendo su asesinato--presiono al pedaneo de Los Dolores para que buscase con varios vecinos el cuerpo, con preferencia en los aljibes y norias de la diputacion. El 6 de marzo se descubrio el cadaver semidesnudo en el fondo de un pozo, el mas proximo a la casa del novio. La autopsia revelo que habia muerto por asfixia, despues de haber sido violada.

Habia interes en que no fueran hallados los autores: <<La Guardia Civil, que tanto coopera al descubrimiento de los delitos, parece que no ha recibido encargo de practicar averiguaciones que pudieran ser de suma utilidad en el sumario [...] Creemos que la Guardia Civil puede averiguar mucho para esclarecer el negro y misterioso suceso de Pacheco>> (124). El dia 13 fueron puestos en libertad los indiciados, que habian vuelto a prision a raiz del descubrimiento de los restos. Se denego a la acusacion privada, que representaba al padre de la joven, la realizacion de una segunda autopsia y que verificase un nuevo reconocimiento del pozo donde habia sido encontrado el cuerpo (125). Se apelo a la instancia provincial, donde se encontro con la oposicion del fiscal (126). Unicamente se acepto que los medicos de aquella parte pudieran examinar los informes periciales de la autopsia. Es decir, nada.

El cargo se disipo. El 4 de septiembre la Audiencia decidio--en contra del auto del juzgado--procesar a Francisco Gimenez como presunto autor de un delito de rapto. La vista se demoro al 25 de mayo de 1899, cuando ya nadie se acordaba de los hechos. Aun asi se suspendio por incomparecencia de las partes, seguramente buscando un jurado bien dispuesto. Se celebro el 2 de octubre. La familia de la victima desistio de la acusacion. Tampoco la formulo el representante del Ministerio publico y el tribunal de derecho dicto libre sobreseimiento a favor del procesado. La prensa no pudo por menos de interrogarse sobre tan extrano final: <<Se nos asegura que al firmar el padre de Josefa Benzal el escrito renunciando a seguir mostrandose parte de la causa, lo hizo con lagrimas en el rostro. ?Que causas tan poderosas habran podido influir sobre el animo de ese padre para abandonar un derecho tan sagrado?>> (127).

No se paro en mientes. El traslado de jueces incomodos se contemplo cuando su integridad resulto infranqueable. Asi lo sufrio--como se ha visto--Jose Lopez Cardona, magistrado de Totana. Mas tortuoso fue el intento de exoneracion de Miguel de la Vallina Subirana, juez municipal del distrito de San Juan de Murcia. Tomo posesion el 2 de agosto de 1901, tropezando enseguida con los manejos descritos. Su oposicion a tales influjos provoco una dura campana por parte de la prensa sostenedora de aquel regimen.

El juez se vio obligado a defenderse, censurando el acoso referido y escribiendo una carta al director del Heraldo de Murcia: <<Aqui se desea la independencia judicial, pero siempre que los funcionarios se presten a ser maniquis del caciquismo ...>>. El origen de la diatriba era la irritacion de Cierva a tenor de las resoluciones que venia dictando: <<Obro con arreglo a mi conciencia, desatiendo ofrecimientos y recomendaciones, y este es precisamente el motivo y fundamento de los ataques que se me hacen impulsados por la pasion o contrariedad ...>> (128).

Se emplearon los argumentos precisos para descalificarlo, empezando por senalar que la Liga de Propietarios le habia subvencionado para tramitar los desahucios contra inquilinos y colonos: 25 pesetas en fincas urbanas y 40 en rurales. Sera acusado de prevaricador, <<... afirmando que vende la justicia, aprovechando la mediacion de ganchos para contratar los negocios>>. Se manejo con soltura la insinuacion malevola : <<Se dice que para el fallo de determinados asuntos dicho juez ha exigido de mujeres concesiones deshonrosas, y que el despacho del juzgado es teatro de escenas de repugnante realismo que no se atreveria a reproducir la pluma de Zola>> (129).

El hostigamiento se fue incrementando de forma gradual. Fue recusado en varias diligencias pendientes de sentencia y determinados procuradores acordaron no tramitar ningun particular en aquel juzgado. Tercio el Colegio de Abogados, que solicito del ministro su inmediata separacion, <<...por considerarlo peligroso para la buena administracion de la justicia ...>>. La peticion conto con el respaldo de los letrados con acta de diputado, tanto del Partido Liberal--Jesualdo Canada-- como del Conservador, Ezequiel Diez y Sanz de Revenga y Juan de la Cierva. Se exhorto a que los colegiados se abstuvieran de intervenir en los tramites en los que mediase y ejercitar la accion popular en los procesos en que se viera incurso. No debio haber unanimidad ni mucha transparencia cuando dimitio el decano del Colegio, Vicente Perez Calleja.

Los periodicos de inspiracion ciervista dieron pabulo a todo tipo de injurias, suposiciones y rumores, recogiendo las declaraciones de su mentor,
      [...] el cual parece que ha hablado de que en ciertos asuntos
   judiciales le pidio La Vallina 20 o 25 duros para entender en
   ellos, y solo renuncio a tal exigencia cuando el testigo anuncio
   que se hallaba dispuesto a denunciar el hecho al fiscal de la
   Audiencia, exponiendo tambien que en cierto pleito, fallado por La
   Vallina en uno de los dias ultimos, la providencia citando a las
   partes para sentenciar y la sentencia misma fueron escritas por
   puno y letra del juez, quien antes habia pedido a D. Mateo Seiquer
   4.000 pesetas si queria que la sentencia fuese distinta ... (130).


La marea fue creciendo, sumandose al cerco el Colegio de Procuradores que, como el de Abogados, tambien se dirigio al ministro, acordando expedientar al procurador de la Liga de Propietarios Jose Arroniz, supuesto gancho del juez. El siguiente paso fue el juicio paralelo, echando mano de las peores insidias: <<La Vallina esta ya juzgado por la opinion publica, y se dice que tambien se ha convencido de la exactitud de las acusaciones el fiscal de esta Audiencia, que ha formulado querella contra aquel, solicitando a la vez su prision. Solo a titulo de rumor damos esta noticia, pues no nos consta su certeza. Sin embargo, nos parece tan verosimil, que no tememos enganarnos>> (131). La persecucion se abrio tambien contra la Liga de Propietarios, en el punto de mira de oscuros empenos. La finalidad de la iniciativa era doblegar una entidad con la que chocaban los intereses de senalados rentistas de la vega murciana (132). La palanca que se utilizo fue Benito Closa, miembro de aquella corporacion y declarado ciervista, que aireo papeles e impresos de la contabilidad interna.

El proceso fue sobreseido y Vallina se pudo reintegrar a su puesto al frente del juzgado de San Juan (133). Un juez especial habia tramitado el sumario, practicando las diligencias de investigacion que estimo procedentes, sin que apareciese la demostracion ni racionales indicios de la existencia de los hechos que motivaron la denuncia (134).

8. CAMPO DE BATALLA ENTRE LIBERALES Y CONSERVADORES

La labor de la prensa devino esencial en el asedio al jurado, coincidiendo en ello las ideologias en presencia. En la de obediencia conservadora las acciones emprendidas contribuyeron a demoler lo que consideraban un ingenio liberal, equiparado al sufragio universal, es decir a la intervencion de las masas en la politica nacional. En el otro extremo, el rechazo vino por su desvirtuacion manifiesta, aunque letrados de esta tendencia tambien se prestaron a la compostura.

Los partidarios de la reaccion se mostraron irreductibles a todo avance democratico: <<Se ha visto ya que con el sufragio, el jurado y otras zarandajas no se ha resuelto nada>> (135). Destacaron Las Provincias de Levante, tildado de periodico de la Inquisicion, aprovechando su emplazamiento en la que fue sede del Tribunal del Santo Oficio (136). Sus actuaciones impulsaron la aversion al jurado por tratarse de una institucion popular: <<... una intrusion intolerable de la indocta plebe>> (137). Demando la vuelta al pasado, a un sistema con mayor rigor y--buscando el respaldo de la clase media--mas economico (138). Un posicionamiento claramente ultramontano: <<Hay actualmente dos enemigos para la paz social: el jurado y el sufragio universal. El jurado porque deja indefensa la sociedad, el sufragio universal porque esterilmente trae las mas enconadas luchas sociales. Y decimos esterilmente, porque hoy es un organismo inutil la representacion nacional ...>> (139).

Juan de la Cierva se perfilo contra el sufragio universal desde su primera intervencion parlamentaria--20 de mayo de 1896--, a pesar de haber sido designado asesor tecnico para su aplicacion (140). Se integraba en su bagaje ideologico, rechazando tambien al jurado. Ironizaba en el Congreso con sendas propuestas en una confrontacion con el conde de Romanones:
      Si alguna vez desde aqui, desde estos bancos, hemos hablado de
   esas pomposas conquistas democraticas que S. S., para defenderlas,
   decia que es necesario que se reunan todos los que por sus venas
   llevan sangre liberal; si alguna vez desde aqui hemos hablado del
   jurado y del sufragio universal, de esas maravillosas instituciones
   que nos habeis dado para felicidad de la nacion espanola, habreis
   oido, en efecto, quejas muy amargas, pero no habreis escuchado
   amenazas graves contra esas instituciones (141).


Tuvo su reprobacion inmediata: <<Esas ironias pintan al Sr. La Cierva de cuerpo entero. Acostumbrado a manejar el jurado a su capricho, y acostumbrado a manosear en el Gobierno Civil dos dias despues de las elecciones las actas en blanco, maldito el respeto que pueden inspirarle el sufragio y el jurado al que ha llegado a ser lo que es, por haberlos atropellado>> (142).

La dependencia politica de la prensa se dejo notar en los perceptibles cambios de su linea editorial. Ocurrio de forma significativa con Las Provincias de Levante, cuya contienda contra la intervencion de la justicia se silencio a partir de noviembre de 1899, al quedar bajo el control del ciervismo (143). La sumision fue aflorada de forma resuelta: <<!Con que facilidad cambian los tiempos! Los periodicos que ayer eran vocingleros hoy se vuelven mudos. Los que ayer voceaban la moralidad ante la desgracia hoy enmudecen ante el crimen. Los que ayer predicaban la virtud hoy tapan el vicio>> (144). Su credibilidad quedo en entredicho: <<... un periodico sin prestigio porque vive a expensas de un partido, al cual favorece con elogios necios, en todas ocasiones, aunque con ello falte a la verdad y vaya contra los intereses del pueblo; un periodico que recibe inspiraciones de cuatro caciques acefalos y a modo de perrillo faldero suyo ...>> (145).

Su contrario, el Heraldo de Murcia, representaba la alternativa liberal de Canalejas: <<... fustigador de todas las trapacerias y desverguenzas del caciquismo local>> (146). La determinacion anticiervista le costo continuas acusaciones, seguidas de procesamientos, saldados con multas y destierros (147). La hostilidad desemboco en la violacion de los derechos mas elementales, sin descartar la agresion fisica. En tales extralimitaciones medio la autoridad provincial, usual apelacion de Cierva en la resolucion de los conflictos locales. Uno de aquellos excesos llego hasta el Senado en una de las interpelaciones de Lopez Parra:
      [...] Una persona que no era el propietario del periodico, que no
   era el que lo pagaba, queriendo congraciarse con determinados
   elementos de ese partido [Conservador] entro violentamente en la
   redaccion del periodico, empastelo las formas y dio algunos golpes
   a los cristales [...] que cuando el director de ese periodico se
   preparaba para rechazar tan brutal agresion fue preso por la
   policia, sin llevarle al despacho del gobernador, sino a la carcel;
   metido alli en un calabozo, incomunicado y tratado como no se
   trataba en los peores tiempos de la famosa Inquisicion>> (148).


En pleno regeneracionismo, el organo de Cierva se decanto por el pretorianismo:
      Cabalmente en estos dias se habla y se escribe mucho del
   militarismo, suponiendo algunos que vamos a perder la libertad bajo
   la espada de un Cesar, que ojala surgiera para engrandecimiento de
   la patria. El pais no se ha alarmado ni entristecido ante el
   imaginario temor de que perdamos el sufragio, el jurado y la
   libertad de imprenta; porque el sufragio es mentira, el jurado un
   peligro y la libertad de imprenta sirve con frecuencia para que
   insulten y ultrajen, por medio de un testaferro, aquellos que no
   tienen el valor de hacerlo personalmente (149).


Toda una premonicion de la dictadura de Primo de Rivera, que el 13 de septiembre de 1923 acababa con las conquistas senaladas.

Desde la opcion liberal aquellos logros fueron igualmente denostados, aunque en este caso por su interesada manipulacion:
      [...] tiene el ciudadano espanol consignados sus derechos en la
   Constitucion del Estado y a cada triquitraque se declaran esos
   derechos en suspension indefinida. Tambien poseemos los espanoles
   la facultad de reunion, de asociacion, de manifestacion, solo que
   sometidas al arbitrio de cualquier autoridad subalterna. Tambien
   poseemos jurado, mas instituido de suerte que no pueda funcionar
   sin desprestigiarse a si mismo. Tambien la prensa es libre,
   teniendo en la carcel a sus redactores. Tambien gozamos del
   sufragio universal, cuyos resultados a la vista estan ... (150).


A su sentir, los caciques habian falseado el jurado, <<... la mas hermosa de las conquistas democraticas>> (151).

En esa linea de pensamiento se insistia en su necesario reajuste y en la especificidad de su corrupcion en Murcia (152). Planteaba su suspension temporal, como estaba previsto en el articulo 122 de su norma reguladora. La pretension quedaba remarcada con contundencia: <<Hora es ya de que el jurado en Murcia deje de ser instrumento de caciques y munidores electorales para asegurar la impunidad de sus agentes o servidores [...] Hora es ya de que el nombre de Murcia repercuta en toda Espana como un pais civilizado, borrando de la historia el denigrante aforismo de mata al rey y vente a Murcia>> (153).

La perversion fue igualmente evidenciada en los medios progresistas y obreros: <<Se promulgo la ley del jurado y el jurado no es hoy, por regla general, la funcion augusta de rectos ciudadanos que administran justicia; suele ser manantial de repugnantes favores, y aun a veces mercado donde una gavilla de truhanes ofrece por dinero la impunidad>> (154). En el cabo opuesto sobraba hipocresia: <<... dentro del regimen democratico, con sufragio universal y con jurado, y con periodicos y reunion publica, la masa obrera tiene medios poderosisimos para conseguir dentro de la legalidad inmensas ventajas, sin los peligros de la violencia>> (155).

El 17 de mayo de 1902 un menor de edad--Alfonso XIII--ocupaba el trono. Era un paso mas en aquel entramado tan artificiosamente construido: <<El Codigo penal considera la edad de dieciseis anos como una atenuante muy calificada. A los dieciseis anos a nadie es licito administrar su propia hacienda. Un nino de dieciseis anos no puede ser sacerdote, juez, jurado, profesor, diputado, concejal, gobernador, abogado, ingeniero, comerciante ... Unicamente puede ser rey>> (156).

CONCLUSIONES

La justicia es un reflejo de la sociedad de su tiempo. En el caso que nos ocupa, su tergiversacion fue trasunto del regimen politico de la Restauracion, revelandose como primordial dispositivo para consolidar el poder de una oligarquia de base agraria asentada sobre el caciquismo. Murcia fue un ejemplo meridiano. Una sociedad atrasada, que permitio el extendido arraigo de tal extravio. En ello desempeno un papel esencial Juan de la Cierva, al frente de una extensa red clientelar capaz de asegurar el control electoral de la provincia. En ese ambito, el sistema judicial le permitio allanar obstaculos politicos, dilucidar cuestiones de hegemonia, pagar favores, defender a iguales y hacerse con una cohorte de matones dispuestos a forzar voluntades.

La labor se vio facilitada con la instauracion del juicio por jurados, cuyos miembros se mostraron permeables a las presiones ejercidas, bien en forma de amenazas o de prebendas. La intervencion abarco todo el procedimiento, empezando por su eleccion, con la remocion como alternativa. Los magistrados no quedaron a salvo. Los que se negaron a colaborar fueron recusados, trasladados y vilipendiados. Los gobernadores civiles se mostraron decisivos en aquel proceso, secundando en sus tareas a los jueces que se ajustaban a los manejos descritos. Tambien algunos fiscales se prestaron a los apanos convenientes. La corrupcion beneficio a los letrados--al margen de su militancia--que se senalaron por su capacidad en conseguir sentencias exculpatorias. Las absoluciones se multiplicaron, justificando la validez del adagio Mata al rey y vete a Murcia.

El matonismo politico alcanzo un enorme desarrollo. Individuos del lumpen --sin ideologia--, que menudeaban entre los criminales absueltos por las manas anotadas, fueron alistados en las huestes del cacique. Facilitaban las tareas electorales, agredian a los adversarios politicos y, en ultima instancia, acababan con su vida. En esos extremos tampoco eran condenados los inductores. Las relaciones de dominio lo impedian.

Una justicia de clase. Los potentados, habituados como estaban a la impunidad por su preeminencia social, solventaban por su cuenta la conflictividad que se les planteaba, particularmente en el mundo rural, con acciones aterradoras que definian a sus protagonistas como seres de escasa mesura, la incivilidad propia del primitivismo. El respeto que imponian los ricos--su peso politico--movia influencias para lograr veredictos de inculpabilidad. Magistrados, fiscales, abogados, jurados, testigos y la misma prensa--tan combativa en otros terrenos--se doblaron a sus exigencias. Perdidos todos los recursos podian comprar el perdon de las victimas: la humillacion de la honrada modestia.

El jurado--dada su trayectoria absolutoria y las maquinaciones de que fue objeto--se convirtio en blanco de las criticas. La prensa alento las empresas oportunas. Pudo llamar a la colaboracion ciudadana, habilmente concitada con la difusion de los casos de flagrante iniquidad. Emergio el imaginario colectivo con respecto a la institucion y a la justicia en general. De derecha a izquierda y de arriba abajo las manifestaciones fueron de rechazo. Aparentemente nada se consiguio, pero se ahondo en su desdoro, tal vez la razon ultima de una iniciativa que defendia la vuelta al rancio pasado, expulsando a las clases populares de cualquier ambito de decision. Los periodicos de adscripcion liberal tuvieron que asumir aquella impopularidad, cargando las tintas sobre su adulteracion por el ciervismo, pero nada mas.

Pedro Ma. EGEA BRUNO

Universidad de Murcia

pmegea@um.es

Fecha recepcion: 21/04/2015; Revision: 15/10/2015; Aceptacion: 20/11/2015

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(5.) Heraldo de Murcia, 10 de mayo de 1902.

(6.) Vid. Egea Bruno, P. MU La politica y los politicos en la Cartagena de Alfonso XIII (1902-1923). Cartagena: Ayuntamiento de Cartagena, 1990, pp. 118-130. Ruiz Abellan, Eduardo: Modernizacion politica y elecciones generales en Murcia durante el reinado de Alfonso XIII (1903-1923). Murcia: Academia Alfonso X el Sabio, 1990, pp. 59 ss. Varela Ortega, J.: El poder de la influencia: geografia del caciquismo en Espana: (1875-1923). Madrid: Marcial Pons, 2001, pp. 421, 425 y 429. Salmeron Gimenez, Francisco Javier: Caciques murcianos: la construccion de una legalidad arbitraria (1891-1910). Murcia: Universidad de Murcia, 2001, pp. 111-119.

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(9.) El Heraldo de Madrid, 14 de enero de 1902.

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(23.) El Diario de Murcia, 14 de julio de 1891.

(24.) El Eco de Cartagena, 21 de octubre de 1893.

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(26.) Heraldo de Murcia, 19 de enero de 1901.

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(28.) Las Provincias de Levante (Murcia), 16 de diciembre de 1897.

(29.) La Paz de Murcia, 18 de septiembre de 1894.

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(31.) Las Provincias de Levante (Murcia), 2 de noviembre de 1897.

(32.) Las Provincias de Levante (Murcia), 10 de noviembre de 1897.

(33.) Heraldo de Murcia, 19 de enero de 1901.

(34.) La Correspondencia de Espana (Madrid), 16 de septiembre de 1901.

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(37.) Heraldo de Murcia, 2 de febrero de 1901.

(38.) Las Provincias de Levante (Murcia), 22 de octubre de 1897.

(39.) Duran y Bas, M.: El jurado ... op. cit, p. 31.

(40.) Heraldo de Murcia, 25 de febrero de 1901.

(41.) Las Provincias de Levante (Murcia), 24 de octubre de 1897.

(42.) Heraldo de Murcia, 15 de octubre de 1901.

(43.) Blanco y Garcia, Andres: !Infortunio...!. Murcia: Imp. de El Diario, 1891, pp. 219-220.

(44.) Heraldo de Murcia, 5 de octubre de 1901.

(45.) Las Provincias de Levante (Murcia), 26 de octubre de 1897.

(46.) Las Provincias de Levante (Murcia), 22 de octubre de 1897.

(47.) Las Provincias de Levante (Murcia), 2 de noviembre de 1897.

(48.) Heraldo de Murcia, 13 de septiembre de 1901.

(49.) El Correo de Levante (Murcia), 23 de mayo de 1903.

(50.) Heraldo de Murcia, 15 de febrero de 1900.

(51.) Las Provincias de Levante (Murcia), 10 de noviembre de 1897.

(52.) Las Provincias de Levante (Murcia), 24 de octubre de 1897.

(53.) Las Provincias de Levante (Murcia), 2 de noviembre de 1897.

(54.) Heraldo de Murcia, 22 de noviembre de 1900.

(55.) El Correo de Levante (Murcia), 12 de mayo de 1902.

(56.) Gaceta de Madrid, 30 de diciembre de 1878, pp. 885-890.

(57.) Constitucion y leyes organico-administrativas de Espana, con la division de las provincias en distritos electorales. Madrid, 1871: Imp. Nacional, pp. 506-509.

(58.) De la Cierva y Penafiel, J.: Notas... op. cit, pp. 40-41.

(59.) El Diario de Murcia, 16 de abril de 1889.

(60.) Ibidem.

(61.) El Diario de Murcia, 12 y 16 de abril de 1889.

(62.) El Diario de Murcia, 10 de abril de 1889.

(63.) El Diario de Murcia, 16 de abril de 1889.

(64.) El Diario de Murcia, 11 de abril de 1889.

(65.) El Diario de Murcia, 16 de abril de de 1889.

(66.) La Paz de Murcia, 25 de febrero de 1894.

(67.) El 10 de mayo de 1907 participo con sus hijos en una refriega contra Pedro Fernandez Lusson y Francisco Fernandez Valiente. Se hicieron de 10 a 12 disparos con armas de fuego y el ultimo resulto con cuatro heridas producidas por arma punzante. Vid. El Liberal de Murcia, 11 de mayo de 1907.

(68.) Salillas, Rafael: El delincuente espanol. Madrid: Libreria de V. Suarez, 1898, p. 503.

(69.) Heraldo de Murcia, 18 de julio de 1901.

(70.) El Heraldo de Madrid, 24 de julio de 1919.

(71.) La Paz de Murcia, 8 de noviembre de 1892.

(72.) La Paz de Murcia, 9 de junio de 1892.

(73.) La Correspondencia de Espana (Madrid), 23 de octubre de 1892.

(74.) El Pais (Madrid), 1 de noviembre de 1892.

(75.) El Heraldo de Madrid, 26 de octubre de 1892.

(76.) El Pais (Madrid), 30 de octubre de 1892.

(77.) Gaceta de Madrid, 16 de septiembre de 1870, p. 6. El traslado fue decretado el 13 de abril de 1893. Vid. Gaceta de Madrid, 14 de abril de 1893, p. 171.

(78.) La Paz de Murcia, 24 de octubre de 1892.

(79.) El Heraldo de Madrid, 26 de octubre de 1892.

(80.) La Paz de Murcia, 24 de noviembre de 1892.

(81.) Dirigente del partido liberal de la provincia y diputado por Murcia en 1901.

(82.) El Pais (Madrid), 1 de diciembre de 1892.

(83.) El Pais (Madrid), 29 de noviembre de 1892.

(84.) La Correspondencia de Espana (Madrid), 24 de octubre de 1893.

(85.) El Diario de Murcia, 25 de octubre de 1893.

(86.) El Diario de Murcia, 29 de octubre de 1893.

(87.) El Eco de Cartagena, 31 de octubre de 1893.

(88.) La Paz de Murcia, 3 de julio de 1894.

(89.) Las Provincias de Levante (Murcia), 9 de julio de 1895.

(90.) Las Provincias de Levante (Murcia), 8 de julio de 1895.

(91.) Las Provincias de Levante (Murcia), 9 de julio de 1895.

(92.) Las Provincias de Levante (Murcia), 8 de julio de 1895.

(93.) Las Provincias de Levante (Murcia), 10 de julio de 1895.

(94.) Las Provincias de Levante (Murcia), 8 de julio de 1895.

(95.) Las Provincias de Levante (Murcia), 9 de julio de 1895.

(96.) El Diario de Murcia, 24 de noviembre de 1896.

(97.) Las Provincias de Levante (Murcia), 24 de noviembre de 1896.

(98.) El Diario de Murcia, 27 de noviembre de 1896.

(99.) El Diario de Murcia, 29 de noviembre de 1896.

(100.) Las Provincias de Levante (Murcia), 28 de diciembre de 1896.

(101.) Vid. Egea Bruno, P. Ma.: <<La ciudad de Murcia en la segunda mitad del siglo xix>>. En: Egea Bruno, P. M.a y Garcia Hourcade, J. J. (coords.): Javier Fuentes y Ponte (1830-1903). Murcia: Fundacion Centro de Estudios Historicos e Investigaciones Locales Region de Murcia, 2004, pp. 21-22. Del mismo autor: <<El reinado de Alfonso XIII (1902-1923)>>. En: Historias de nuestra historia. 100 anos de la Region de Murcia, 1903-2003. Murcia: La Verdad, 2003, pp. 22-26.

(102.) Las Provincias de Levante (Murcia), 24 de octubre de 1897.

(103.) Las Provincias de Levante (Murcia), 5 de noviembre de 1897.

(104.) Gaceta de Madrid, 6 de enero de 1899, p. 51.

(105.) Las Provincias de Levante (Murcia), 25 de octubre de 1897.

(106.) Las Provincias de Levante (Murcia), 30 de octubre de 1897.

(107.) Vid. Las Provincias de Levante (Murcia), 25, 26, 27, 28, 29, 30 y 31 de octubre, 1, 2, 3 y 4 de noviembre de 1897.

(108.) Vid. Garcia Jimenez, Salvador: La Perla y el verdugo. Murcia: Real Academia Alfonso X el Sabio, 2008.

(109.) El Imparcial (Madrid), 29 de octubre de 1897.

(110.) Las Provincias de Levante (Murcia), 9 de noviembre de 1897.

(111.) Las Provincias de Levante (Murcia), 7 de junio de 1898.

(112.) Heraldo de Murcia, 4 de mayo de 1899. Un desafuero extendido al conjunto nacional que en ocasiones desorganizaba la cabala caciquil. La respuesta fue la circular de 30 de mayo de 1898 que permitia a los concejales volver al ejercicio de sus cargos si en las causas formadas habia recaido auto de sobreseimiento, que fue lo habitual. Vid. Gaceta de Madrid, 1 de junio de 1898, p. 816.

(113.) Heraldo de Murcia, 11 de mayo de 1899.

(114.) Heraldo de Murcia, 25 de septiembre de 1899.

(115.) El Heraldo de Madrid, 4 de octubre de 1899.

(116.) Heraldo de Murcia, 28 de febrero de 1900.

(117.) Diario de Sesiones de Cortes. Senado. Sesiones de 26 de junio de 1899, pp. 311-313 y 8 de enero de 1900, pp. 1.833-1.836.

(118.) Heraldo de Murcia, 11 de abril de 1901.

(119.) Heraldo de Murcia, 7 de febrero de 1901.

(120.) Bautista Monserrat, Francisco: Murcia en 1896. (Ligera cronica del ano. Murcia: Tip. de Antonio de Echenique, 1897, p. 44.

(121.) Las Provincias de Levante (Murcia), 24 de noviembre de 1897.

(122.) Vid. Vilar, J. b. y Egea Bruno, P. Ma. (con la colaboracion de Diego Victoria Moreno): La mineria murciana contemporanea (1840-1930). Murcia: Universidad de Murcia, 1990.

(123.) Las Provincias de Levante (Murcia), 10 de marzo de 1897.

(124.) Las Provincias de Levante (Murcia), 15 de marzo de 1897.

(125.) El Diario de Murcia, 24 de marzo de 1897.

(126.) El Diario de Murcia, 30 de abril de 1897.

(127.) Heraldo de Murcia, 2 de octubre de 1899.

(128.) Heraldo de Murcia, 30 de diciembre de 1901.

(129.) Las Provincias de Levante (Murcia), 2 de enero de 1902.

(130.) Las Provincias de Levante (Murcia), 3 de enero de 1902.

(131.) Las Provincias de Levante (Murcia), 6 de enero de 1902.

(132.) Heraldo de Murcia, 5 de mayo de 1902.

(133.) El Correo de Levante (Murcia), 16 de mayo de 1902.

(134.) Heraldo de Murcia, 16 de mayo de 1902.

(135.) Las Provincias de Levante (Murcia), 8 de mayo de 1891.

(136.) IbAnez, Jose Ma.: Serie cronologica de la prensa periodica en Murcia. Murcia: Tip. San Francisco, 1931, p. 203. De los Reyes, Antonio: <<La prensa murciana en el siglo xix: una aproximacion>>, Anales de Historia Contemporanea, 12, Murcia, 1996, p. 356.

(137.) Heraldo de Murcia, 27 de abril de 1899.

(138.) Las Provincias de Levante (Murcia), 10 de noviembre de 1897.

(139.) Las Provincias de Levante (Murcia), 16 de diciembre de 1897.

(140.) De la Cierva y Penafiel, J.: Notas...Op. cit., pp. 24-25. Sobre su rechazo a la ley electoral Sanchez Maurandi, A.: Don Juan ... Op. cit., pp. 29-32.

(141.) Las Provincias de Levante (Murcia), 8 de abril de 1901.

(142.) Heraldo de Murcia, 9 de enero de 1900.

(143.) Cfr. Ibanez, Jose Ma. Serie ... Op. cit., p. 203.

(144.) Heraldo de Murcia, 6 de febrero de 1901.

(145.) Heraldo de Murcia, 10 de junio de 1902.

(146.) Crespo, Antonio: Historia de la prensa periodica en la ciudad de Murcia. Murcia: Real Academia Alfonso X el Sabio, 2000, pp. 179. Ibanez, J. M.: op. cit., pp.266-267.

(147.) Alonso Navarro, Serafin: Prensa murciana del siglo XIX. Murcia: Asociacion de la Prensa de Murcia-Caja de Ahorros de Alicante y Murcia, 1987, pp. 108-114. Crespo, A.: Historia ... Op. cit. p. 216.

(148.) Diario de las Sesiones de Cortes. Senado, sesion de 10 de diciembre de 1900, p. 194.

(149.) Las Provincias de Levante (Murcia), 29 de octubre de 1900.

(150.) Heraldo de Murcia, 22 de febrero de 1900.

(151.) Heraldo de Murcia, 7 de octubre de 1901.

(152.) Heraldo de Murcia, 15 de marzo de 1900.

(153.) Heraldo de Murcia, 31 de enero de 1901.

(154.) El Obrero (Lorca), 14 de noviembre de 1901.

(155.) Las Provincias de Levante (Murcia), 2 de enero de 1902.

(156.) Heraldo de Murcia, 17 de mayo de 1902.
DIPUTADOS a Cortes por la provincia de Murcia (1891-1903)

ANOS    LIBERALES   CONSERVADORES   TOTALES

1891       --             7           10
1893        6             3           11
1896        2             8           10
1898        7             2           10
1899        2             7           10
1901        7             2           10
1903        3             8           11

Fuente: Elaboracion propia a partir de MARTINEZ CUADRADO,
Miguel: Elecciones y partidos politicos de Espana (1868-1931).
Madrid: Taurus, 1969.

Salas y Audiencias de lo criminal en la provincia de Murcia (1882)

AUDIENCIAS        NUMERO DE
DE LO CRIMINAL    HABITANTES          JUZGADOS

Cartagena         101.931      Cartagena y La Union

Lorca             133.614      Caravaca, Lorca y Totana

Murcia            212.066      Cieza, Mula, Murcia (2 distritos:
                               Catedral y San Juan) y Yecla

Fuente: Resena geografica y estadistica de Espana.
Madrid: Direccion General del Instituto
Geografico y Estadistico, 1888.
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Author:Egea Bruno, Pedro Ma.
Publication:Studia Historica. Historia Contempranea
Date:Jan 1, 2015
Words:17386
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