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Macarena Ponce de Leon, Gobernar la pobreza. Practicas de caridad y beneficencia en la ciudad de Santiago, 1830-1890.

Macarena Ponce de Leon, Gobernar la pobreza. Practicas de caridad y beneficencia en la ciudad de Santiago, 1830-1890.

Santiago de Chile, Dibam, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 2011, 377 paginas

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La publicacion que resenamos se enmarca en un ambito de investigacion que tradicionalmente habia sido objeto de estudio de los trabajadores sociales y de los cientistas politicos. Nos referimos a las politicas sociales. Si la formacion disciplinaria del Trabajo Social exigia estar atento a las acciones publicas y privadas que configuraron los ambitos de su desarrollo profesional, para las Ciencias Politicas el estudio de las politicas sociales era la marca distintiva en la consolidacion de su perfil tecnico y de asesoria directa al poder del Estado. Para la historiografia de los ultimos anos son un signo modernizador de la sociedad y una entrada para estudiar de manera problematizadora la constitucion de actores, la construccion de saberes, la gestion de los problemas sociales y el desarrollo de instituciones de intervencion (1).

La investigacion de Macarena Ponce de Leon es un avance con respecto a los distintos estudios que habian situado el origen de las politicas sociales en la decada de 19202. La autora se propone explorar la labor desarrollada por sectores de la elite en pro del mejoramiento de las condiciones de los pobres y las modalidades asociativas que se dieron para cumplir con ese mandato. Ofreciendo un estudio del andamiaje institucional sobre el cual se construyo la beneficencia privada y publica, aborda la evolucion de lazaretos, dispensarios, hospicios y hospitales en el marco de la racionalizacion de la atencion medica, como resultado del reconocimiento social de los medicos y los avances del higienismo. Toda esta especializacion de la atencion medical supuso un doble proceso de diferenciacion de los pobres. Primero, separando la enfermedad de la pobreza, con lo cual se focalizo la atencion en aquellos sujetos factibles de ser rehabilitados: mendigos que podian aprender un oficio, mujeres abandonadas y ninos huerfanos. En una logica que mezclaba la prevencion y el interes regenerativo a traves del trabajo, se buscaba romper con el circulo de la pobreza. Segundo, diferenciando los pobres desvalidos de aquellos que en situacion de pobreza estaban en condicion de proveerse su propio sustento, es decir eran validos para el trabajo. Las distintas reglamentaciones persiguieron la vagancia y mendicidad o fueron sometidas a un estricto control, ofreciendo un sistema de rehabilitacion a traves de la carcel y el trabajo forzado.

Concordamos con Ponce de Leon en tomar distancia de aquellas perspectivas que han destacado el caracter paternalista de las instituciones de caridad y beneficencia, porque, segun ella, esa categoria no describiria adecuadamente la relacion entre ricos y pobres, sino mas bien "la capacidad de esa proteccion para propiciar ciertas formas de desarrollo individual entre los mismos dominados" (3). Sin embargo, esto no evita que nos preguntemos sobre el rol que si tuvieron las asociaciones caritativas de la elite en el reforzamiento de las relaciones clientelares con el pueblo, aspecto que no se aborda en la investigacion, ni como hipotesis de trabajo, ni campo de investigacion (4). En todo caso estamos de acuerdo en senalar, como muchos miembros de la elite lo manifestaron, los efectos positivos que tuvieron las practicas de caridad-beneficencia en el siglo XIX, en particular en atacar la pobreza extrema y enfrentar los eventos de calamidad publica que azotaban cada cierto tiempo a la ciudad, principalmente epidemias. Pero lo importante es analizar en que aspectos fueron positivas o no esas acciones en la construccion de una sociedad de derechos.

Como senala la teoria neo-institucional, las instituciones cumplen la funcion de reducir las incertidumbres, permitiendo ofrecer garantias de seguridad en el accionar de los actores de acuerdo a un contexto normado segun ciertos valores compartidos por la gran mayoria (5). En este sentido las instituciones de caridad habrian ayudado a enfrentar una serie de fracturas sociales cuando no operaban otras instancias. Pero esto no agota la discusion.

De la lectura del libro de Ponce de Leon nos queda claro que las practicas de caridad-beneficencia fueron eficientes en dos aspectos que resultan al menos paradojales. Primero, frente a la insuficiente accion de la asistencia publica, las instituciones benefactoras ayudaron a suplir la indiferencia a la cual se veian enfrentados pobres y menesterosos durante el siglo XIX. Asi, cuando el Estado no ayudo, fue mas que razonable la existencia de estas instituciones. Solo en perspectiva historica, y en comparacion un tanto injusta con las modalidades de intervencion gubernamental del siglo XX, se nos revelan los deficits y carencias de esas practicas caritativas en la construccion de una sociedad de derechos. Segundo, estas practicas fueron funcionales a las posiciones defensivas que asumieron los notables del siglo XIX frente a la posible expansion del Estado. Asi, muchas de estas instituciones y practicas protectoras ayudaron a limitar por decadas el crecimiento de la burocracia y el aumento del gasto publico en lo social, aunque me temo que en la epoca esa area no estaba del todo configurada (salud, trabajo y educacion). Al respecto, la literatura en torno al asociacionismo del siglo XIX es clara en senalar que los principios que articularon su desarrollo fue la construccion de un orden social sin Estado, constituyendose para ello el altruismo filantropico en un medio fundamental de exito (6). Este analisis se hace tambien extensivo a otras modalidades de asociacion, como las sociedades de socorros mutuos, que manifestaron un fuerte rechazo a la intervencion de las autoridades publicas en sus actividades, aunque en este caso en la logica de que la emancipacion del pueblo debia ser la obra del mismo pueblo.

Una pregunta central que rodea el libro de Ponce de Leon es por que las instituciones y practicas de caridad-beneficencia lograron permanecer por todo el siglo XIX como modalidades protagonicas de la accion social, incluso proyectarse mas alla de ese siglo y permear al resto de las modalidades asociativas laicas.

En una sociedad tradicional, como la chilena del siglo XIX, las pestes simbolizaban momentos de crisis que afectaban el entramado de las ciudades, donde todavia convivian muy de cerca grupos de distinto estrato social, aunque las epidemias tendian a golpear a los mas pobres. Las epidemias de viruela son un buen ejemplo de como las autoridades decidieron resolver los problemas sociales, al poner en el debate la cuestion de la prevencion: la desinfeccion de barrios, el aseo de la ciudad y la implementacion de planes de vacunacion.

Entre 1864, 1872 y 1886 se sucedieron epidemias de viruela, mezcladas en algunos casos con el colera. Las respuestas iniciales apuntaron a promover la vacunacion masiva y la ampliacion de lazaretos para las personas infectadas. Si en 1864 las autoridades se vieron un tanto sorprendidas por los alcances de la epidemia de viruela, en 1872 el Estado respondio creando el Consejo de Higiene Publica, que junto a la accion del Intendente de Santiago, promovio el retiro de basura, regulo el traslado de cadaveres al cementerio y reordeno los factores de asentamiento urbano, en este ultimo aspecto con Vicuna Mackenna a la cabeza. A ello habria que agregar el aumento de la red hospitalaria. Sin embargo, cuando ocurrio la epidemia de viruela en 1886 el diputado Dr. Ramon Allende propuso la vacunacion obligatoria de toda la poblacion, propuesta que fue rechazada, lo que a los ojos de los expertos condenaria a muchas personas a la muerte (7). Ahora, si habia un consenso en torno a la eficacia de la vacuna ?por que no se aprobo la medida propuesta por el Dr. Allende? Al parecer, los diputados estuvieron mas preocupados de defender la libertad de los ciudadanos que de su salud. Es decir, la cuestion ideologica habria primado sobre los aspectos tecnicos.

Un aspecto interesante de las epidemias es que su naturaleza ciclica ayudo a hacer mas eficiente las instituciones de caridad-beneficencia, pero solo hasta un cierto umbral. El modelo neo-institucional y su concepto de "cambio incremental", o la percepcion de "que es posible y conveniente alterar en cierto margen el marco institucional existente" (8), ayudan a entender este aspecto del problema. El caracter ciclico de las epidemias ayudo a pensar el cambio gradual de las modalidades de intervencion sin que fuese necesario modificar o cuestionar el conjunto del modelo benefactor. Bastaba con hacer estas mejoras de eficiencia interna para ofrecer, incrementalmente, mejores res puestas al problema social. Claramente estas modalidades de intervencion dejaron de ser eficientes al enfrentar problemas de otra naturaleza o futuros ciclos de epidemias (9). Ademas, hacia fines del siglo XIX enfrentaron la competencia de otros modelos asociativos, como las sociedades de socorros mutuos, que podian compartir el rechazo al Estado interventor pero que tambien se oponian al accionar de la elite. Me parece que en esta busqueda de nuevas formas de intervencion se inserta la modalidad de la visita domiciliaria que promueve la Sociedad San Vicente de Paul, aspecto central en la investigacion de Ponce de Leon. El paso de la asistencia "intramuros" a la "extramuros" supuso un dispositivo de intervencion en el mismo espacio residencial de los pobres--el socorro a domicilio--lo que implicaba un proceso de seleccion de los beneficiarios y su vinculacion con el voluntariado catolico a traves del sistema de "recomendacion de pobres", especie de validacion por parte de un notable de sus verdaderas necesidades. Todo bajo la posterior supervision de una "Comision calificadora de pobres" que asignaba dinero en efectivo o bonos en alimentacion y ropa.

Con el crecimiento de la ciudad la practica de la visitacion debio incorporar nuevos sectores de la urbe, lo que reforzo el sistema de seleccion y control periodico de los asistidos. Pero lo mas importante para Ponce de Leon es que la visita domiciliaria supuso el acercamiento de los ricos a la experiencia de la miseria y, con ello, la transformacion de su propia experiencia de vida: "La importancia social de la visita no estuvo en cuantos pobres se ayudaron ni en la limosna material entregada [...]. Su relevancia estuvo en transformarse en una herramienta de conocimiento empirico y sociologico de la nueva familia popular urbana.. De esta forma, si la caridad juega una funcion constructora de identidad mas para quienes la ejercen que para quienes la reciben, la caridad se transforma en una practica de intervencion constructora de nuevas desigualdades, limitando su accion transformadora.

Los estudios de antropologia economica nos ofrecen interesantes perspectivas para analizar la caridad del siglo XIX. La donacion es una forma de distribucion que ayuda a construir un orden social que no responde a la logica economicista, en el entendido de que existen relaciones sociales que operan al margen de todo principio de mercado o de busqueda del maximo interes. Desde los estudios pioneros de Marcel Mauss, Karl Polanyi y Claude Levi-Strauss se ha abordado la funcion social y cultural de la donacion (11). Los autores clasicos concuerdan que la donacion se inserta en las determinantes sociales de las sociedades tradicionales, donde lo magico-religioso opera, siendo el intercambio la materializacion de esas relaciones. Detras de un sistema de prestaciones aparentemente generoso existe un conjunto de obligaciones que refuerzan los vinculos sociales. Los grupos privilegiados manifiestan su superioridad a traves de la donacion, lo que genera una deuda y dependencia en los donatarios, la que solo podra ser saldada a traves de la contra donacion. De esta forma, la donacion, ya sea inserta en un sistema de intercambio desprovisto de toda connotacion religiosa o en un regimen de solidaridad y redistribucion que sustituye la confrontacion violenta (12), es lo que permite la reproduccion y sobrevivencia de la comunidad.

Maurice Godelier (13) abordo la nocion de donacion, estudiando aquello que se sustrae a la donacion o prestando atencion a los fundamentos economicos que la posibilita, aspectos descuidados en los escritos de Mauss y Levi-Strauss. De acuerdo a Godelier las sociedades han garantizado su existencia a traves de la practica del intercambio y la transmision (herencia), para lo cual la donacion ayuda en lo primero y la acumulacion en lo segundo. Donando o redistribuyendo, se les permite a los grupos privilegiados conservar aquello que les es precioso. De esta forma, la caridad se instala como elemento constitutivo de una economia politica para el siglo XIX chileno.

En sintesis, las sociedades tradicionales han reconocido un rol importante a la donacion como elemento de redistribucion economica y creacion de vinculos sociales, ya sea se ponga enfasis en las variables productivas o culturales. Sin embargo, a diferencia de lo que podria suponerse, no estamos en presencia de una caridad desprovista de todo calculo, en la medida que se inserta en una dimension valorica de caracter sistemico--cristianismo--y que genera o exige prestaciones de reciprocidad. Podriamos argumentar que la caridad pos ilustrada del Estado liberal se inserta bien en los mandamientos del sistema valorico de Adam Smith, en el entendido de que el pensador ingles creia firmemente en que la busqueda del interes personal, ajeno a toda preocupacion por la colectividad, traia como consecuencia inesperada el bienestar del mayor numero de personas. El altruismo, como sentimiento de ayuda a los mas necesitados, en la medida que se dirigia a los individuos merecedores del socorro, provocaba cambios transformadores en el conjunto de la sociedad. Entonces, resulta claro que si la caridad cristiana del siglo XIX se inserta plenamente en un orden liberal es porque no pretende romper con ese orden. La caridad estaba destinada a aquellos que por medio de su trabajo podian salir adelante, dejando de ser una carga para otros, aspecto que se estaba cuestionando desde la esfera del marxismo, a proposito de si el trabajo comprendia o no una justa retribucion. Asi, en principio, las practicas de la caridad suponian todo un proceso de seleccion de los pobres, en funcion de tradiciones, razones economicas o eficiencia administrativa. Lo que los tecnicos del discurso y aparato comunicacional llaman hoy focalizacion no es mas ni menos que la seleccion que todo proceso de asistencia comporta.

La visita social, promovida por la Sociedad San Vicente de Paul a fines del siglo XIX, no solo es el elemento fundante de lo que a los ojos de Ponce de Leon es la construccion de una sociologia de la pobreza, sino tambien una modalidad que hizo de la seleccion e intervencion directa sobre los pobres su razon de ser. Lo lamentable es que esta mirada sociologica sobre los pobres no genero ningun corpus de conocimiento que fuera factible de ser archivado o que generara algun registro para ser estudiado por futuras generaciones. Faltaban algunos anos para que la monografia obrera transitara de las catedras de la Economia Social de fines del siglo XIX a la investigacion en terreno de comienzos del siglo XX (14).

Un aspecto no analizado por Ponce de Leon es que la caridad del siglo XIX no incorporo como variable de su accionar la cuestion del mercado de trabajo. Los notables chilenos nunca reflexionaron con seriedad sobre las dificultades que ofrecia el mercado laboral en la insercion de los sujetos al proceso productivo y de paso en la satisfaccion de sus necesidades. Es cierto, no tenian necesariamente las herramientas teoricas para hacerlo. De este modo, asumieron como realidad las apreciaciones de los filosofos moralistas que senalaban que las causas de la pobreza era la disposicion de los sujetos a vivir de la ayuda de otros y su poca predisposicion al trabajo. De ahi el edificio asistencial construido para identificar, reparar y reintroducir a mendigos y enfermos en el circuito productivo. De ahi tambien el interes inicial por controlar la mano de obra en el proceso productivo--a traves de los reglamentos de industria--y el desinteres por regular el mercado de trabajo (15).

La construccion del Estado social supuso un proceso de lenta maduracion historica, que no estuvo del todo resuelto cuando aparecieron las primeras criticas o deficiencias del modelo asistencial propuesto por la beneficencia del siglo XIX. Si los vinculos de los que habla Ponce de Leon, y que ayudaron a unir a ricos y pobres en una red asistencial, fueron indiscutiblemente materiales, el mandato que motivaba a los ricos a socorrer a los pobres era solamente moral, despojado, por una parte, de todo reconocimiento de derechos y ajeno, por otra, a toda constitucion de obligaciones legales como queda claro del estudio de Oscar Mac-Clure ya citado. La evolucion ideologica de un personaje tan importante como Juan Enrique Concha nos muestra como ciertos intelectuales conservadores y catolicos practicantes se dieron cuenta de que la gestion de los problemas sociales no podia dejarse al arbitrio de la caridad y del mercado (16).

A prueba de ensayo y error, y con arreglos politicos e institucionales que respondian a la historia de cada pais se fue construyendo lentamente el entramado social que comprendio nuevos actores, nuevas demandas y nuevas respuestas, en un marco de creciente democratizacion de las sociedades. Los intelectuales y los profesionales de la salud y de la seguridad social jugaron el rol de hacer visibles los problemas sociales, legitimarlos discursivamente, paso clave para su discusion politica e institucionalizacion posterior en la agenda publica. En ello jugo un papel clave la tecnica del seguro y la socializacion de los riesgos, que dejo de ver los problemas en la logica de la falta o responsabilidad individual, para situarlos, por el contrario, como parte del hecho de vivir en sociedad y que debian ser enfrentados colectivamente. Un buen ejemplo de la nueva sociedad de derechos que se estaba articulando es la invencion, hacia fines del siglo XIX, de la nocion de cesantia y de cesante, construccion estadistica que se explica por la comprension de las reglas del mercado de trabajo--oferta y demanda, ciclos productivos, incentivos al trabajo, etc.--y como esfuerzo iluminador que busca diferenciar al pobre merecedor de ayuda porque no encuentra trabajo, de aquel que no tiene empleo porque prefiere vivir de la caridad de los demas. A partir del seguro de cesantia se reconocera al cesante como el trabajador que esta sin empleo por causas ajenas a su voluntad y que busca un trabajo para su sustento, todo ello prueba de ser parte del esfuerzo de reproduccion de la sociedad y merecedor del seguro (17).

Creemos que el estudio de Macarena Ponce de Leon debiera motivar a aquellos investigadores que quieran profundizar en las respuestas populares a la accion caritativa de los ricos, en el entramado ideologico que justifico el sistema asistencial del siglo XIX y en las redes clientelares que la elite construyo a proposito de las instituciones de beneficencia, las que se hacian visibles en las elecciones.

(1) Otro estudio que aborda la genesis de las politicas sociales es aquel de Oscar Mac-Clure, En los origenes de !as politicas sociales en Chile, 1850-1879 (Santiago de Chile: Ediciones Universidad Alberto Hurtado, 2012), el cual es objeto de otro comentario que proximamente sera publicado.

(2) Jose Pablo Arellano, Politicassocialesy desarrollo. Chile: 1924-1984(Santiago de Chile: Cieplan, 1986); Mideplan, Evolucion de las politicas sociales en Chile. 1920-1991 (Santiago de Chile: Mideplan, 1991); Dagmar Raczynski, "Les politiques sociales. Trajectoires et defis actuels", en Problemes dAmerique Latine, Special Chili (Paris: La Documentation Franchise, no. 11, 1993.

(3) Macarena Ponce de Leon, op. cit., p.30.

(4) Esto es un aspecto importante a develar considerando que en la segunda mitad del siglo XIX se avanzo en el reconocimiento de derechos politicos a un numero mayor de ciudadanos, a traves de sucesivas reformas politicas. La investigacion de Maria Dolores Lorenzo sobre la beneficencia en Mexico aborda el rol de la naciente burocracia y las redes clientelares en el fortalecimiento de un sistema asistencial, en el contexto del regimen del porfiriato y de un Estado en expansion, El Estado como benefactor. Los pobres y la asistencia publica en la ciudad de Mexico, 1877-1905, Mexico, Colmex, El Colegio Mexiquense, 2011). Especialmente el capitulo 3 "Intereses y usos de la beneficencia. El andamiaje politico".

(5) Sobre la teoria neo-institucional en economia ver, por ejemplo, Oliver Williamson, Las instituciones economicas del capitalismo (Mexico: FCE, 2009.

(6) Es lo que algunos autores llaman la accion para-politica de la accion filantropica. Al respecto ver Janet Horne, Le Musee social. Aux origines de l'Etatprovidence (Paris: Belin, 2004).

(7) Al respecto, ver Oscar Mac-Clure, op. cit.

(8) Douglass North, Instituciones, cambio institucional y desempeno economico (Mexico: FCE, 2006).

(9) Este analisis tambien es pertinente para el problema de la infancia desvalida, tal como lo estudio David Home. Si la atencion de los huerfanos fue durante el siglo XIX una responsabilidad fundamentalmente privada y eclesiastica, con la Guerra del Pacifico el Estado se vio obligado a intervenir con sus propios recursos y burocracia, en consideracion de que los padres de esos ninos y ninas habian muerto por la patria. David Home, Los huerfanos de la Guerra del Pacifico. El 'Asilo de la Patria', 1879-1885 (Santiago de Chile: Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 2006), 18.

(10) Macarena Ponce de Leon, op. cit., pp. 259-260.

(11) Marcel Mauss, Ensayo sobre el don. Forma y funcion del intercambio en las sociedades arcaicas (Madrid: Katz Editores, 2009); Karl Polanyi, La gran transformacion. Los origenes politicos y economicos de nuestro tiempo (Mexico: FCE, 2003); Claude Levi-Strauss, "Introduccion a la obra de M. Mauss" en Sociologia y antropologia (Madrid: Tecnos, 1971).

(12) Marshall Sahlins, "L'Esprit du don", en M. Sahlins, Age de pierre, age d'abondance. Leconomie des societes primitives (Paris: Gallimard, 1978).

(13) Maurice Godelier, LEnigme du don (Paris: Fayard, 1996).

(14) La primera monografia obrera en Chile parece ser aquella publicada en 1903, fruto de un concurso promovido por la catedra de Economia Social de Juan Enrique Concha en la Universidad Catolica. Guillermo Eyzaguirre y Jorge Errazuriz, Monografia de una familia obrera de Santiago (Santiago de Chile: Imprenta Barcelona, 1903).

(15) Al respecto ver Juan Carlos Yanez, "La industria cervecera y la organizacion del trabajo: El caso de los reglamentos de industria", en Yanez, Juan Carlos (coord.), Alcohol y trabajo. El alcohol y la formacion de las identidades laborales en Chile. Siglo XIXy XX (Osorno: Editorial Universidad de Los Lagos, 2008), 145-173.

(16) Sobre la evolucion ideologica de Juan Enrique Concha, ver James Morris, Las elites, los intelectuales y el consenso (Santiago de Chile: Editorial del Pacifico, 1967).

(17) Christian Topalov, Naissance du chomeur. 1880-1910 (Paris: Albin Michel, 1994).

Juan Carlos Yanez Andrade, Doctor [C] en Historia, EHESS. Profesor de la Carrera de Pedagogia en Historia y Ciencias Sociales, Universidad Vina del Mar. E-mail: yanezandrade@gmail.com
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Author:Yanez Andrade, Juan Carlos
Publication:Tiempo historico
Date:Dec 1, 2013
Words:4107
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