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MOYA, C., El libre albedrio. Un estudio filosofico. Madrid, Catedra, 2017, 286 pp.

La existencia del libre albedrio parece ser una presuposicion fundamental de nuestras vidas, la base sobre la cual construimos nuestras relaciones con los otros y la condicion inexorable para atribuir responsabilidad moral. Podria pensarse incluso que la idea de tener las riendas de nuestro destino es en ultima instancia lo que justifica que una vida sea digna de ser vivida. No obstante, la posibilidad misma de que haya tal cosa como el libre albedrio ha sido puesta en duda de manera sistematica a lo largo de la historia, siendo una de las cuestiones mas discutidas de la filosofia desde sus origenes.

El primero de los objetivos que plantea Moya pasa por guiarnos a lo largo de esta prolongada y cada vez mas compleja disputa sobre el libre albedrio. Asi, Moya realiza una aproximacion al debate segun tres tipos de problemas que cabe plantear al libre albedrio: conceptuales, empirico-cientificos y globales. Es una virtud del libro que en cada tema encontramos una detallada exposicion de los principales argumentos que emplean las distintas posiciones, por lo que constituye una util introduccion al neofito.

Pero Moya no se mantiene neutral en esta discusion, porque sus dos siguientes objetivos consisten en tomar partido en la polemica: primero, defender la existencia del libre albedrio y, segundo, argumentar la incompatibilidad de este con el determinismo. La union de estas dos tesis constituye el libertarismo, posicion abrazada por el autor, que se enfrenta tanto a aquellas que niegan el libre albedrio como a aquellas que lo consideran compatible con el determinismo.

El capitulo inicial marca un supuesto central del libro, que es la idea de que el libre albedrio es una capacidad mas, como lo son hablar o razonar. Esta identificacion sutil nos lleva a la interesante consecuencia de que el libre albedrio no viene dado, sino que se adquiere mediante un aprendizaje y presupone otras capacidades mas basicas. A su vez, sostiene Moya que el libre albedrio se ejerce gracias a cuatro tipos de control, segun una distincion que sera recurrente a lo largo de todo el debate.

Debido a la centralidad de estos conceptos, conviene incluir aqui una breve definicion de cada uno. El control plural implica que el agente debe tener acceso a posibilidades alternativas de su accion. El control racional descarta como acciones libres aquellas que no respondan a ningun tipo de razon. Por control volitivo entendemos que la accion sea consecuencia de un acto de nuestra voluntad, y no sea un acto inconsciente. Finalmente, que el agente mismo sea el autor de su eleccion es lo que garantiza el control de origen.

Pertrechado con estas distinciones, el autor pasa a adentrarse en el debate a partir del segundo capitulo. Comienza por la principal contribucion del libre albedrio a la dignidad de la persona, que estriba en su papel como fundamento de la responsabilidad moral. Para revisar el supuesto segun el cual la libertad es condicion necesaria para la responsabilidad moral, Moya establece dos concepciones distintas de esta responsabilidad. Una persona puede hacer algo bueno, sin haberlo hecho de forma voluntaria o consciente, por lo que se introducen dos ejes para valorar las acciones. En el eje de la atribuibilidad estan las valoraciones bueno/malo acerca del acto, donde no se considera el control del agente. En el de la imputabilidad se encuentran las descripciones del agente como loable/culpable, y es aqui donde se tiene en cuenta la libertad del agente. De ahi que los controles plural, racional y de origen, en opinion de Moya, solo sean estrictamente necesarios para el segundo tipo de responsabilidad moral.

En el capitulo 3, el autor aborda el primer desafio de tipo conceptual: el determinismo causal, segun el cual todo lo que sucede, sucede necesariamente, dado el estado anterior del universo. Aqui presenta las posiciones incompatibilista y compatibilista, que veremos mas veces a lo largo del libro. La primera sostiene que el determinismo impide el control plural, o el control de origen, o ambos. En esta disyuncion algunos incompatibilistas defienden el determinismo, mientras que otros, entre los que encontramos a Moya, se decantan por la libertad. Por la otra parte, la corriente compatibilista, propone que el determinismo puede coexistir con la libertad, poniendo el peso de la misma sobre los controles racional y volitivo, mas faciles de compatibilizar con el determinismo. Para completar el capitulo, Moya trae a colacion los argumentos de la manipulacion y del zigoto, que vendrian a demostrar que el control de origen es imposible en un marco determinista, dado que en el las causas de la decision del agente se generarian mucho antes de que este existiera. Por ello, Moya concluye que los argumentos compatibilistas resultan insatisfactorios.

En relacion con el determinismo, Moya se detiene en el capitulo 4 en la discusion de los famosos 'casos Frankfurt', que ponen en tela de juicio que las posibilidades alternativas sean una condicion necesaria para el libre albedrio. Tales casos consisten en situaciones en las que un agente no tiene una posibilidad alternativa y aun asi mantiene la responsabilidad moral por lo que hace. La potencia de estos casos se basa en generar una fuerte intuicion en favor de la responsabilidad del sujeto. Pero como muestra Moya, esta intuicion se va diluyendo conforme aumentan la complejidad y el tecnicismo de cada reformulacion que se hace de los casos Frankfurt con objeto de superar las criticas, tanto que podemos observar que la discusion sobre estos casos en la actualidad se ha tornado un tanto bizantina. Por tanto, los casos Frankfurt no logran cumplir los objetivos que se planteaban.

A continuacion, Moya dedica el capitulo 5 a los problemas que plantea el indeterminismo, que el considera el mayor desafio conceptual para el libre albedrio. Para empezar, senala que la mera existencia del indeterminismo es una condicion necesaria para la libertad, pero por si mismo no garantiza los controles que esta requiere. De hecho, los compatibilistas traen a colacion el argumento del azar, que defiende que si el indeterminismo fuera verdadero y los sucesos no se produjeran como consecuencia necesaria del pasado, la decision de un agente de realizar una accion se reduciria a una mera cuestion de probabilidad. Por tanto, el control racional sobre sus actos quedaria en entredicho. Moya sostiene que la indeterminacion de una decision puede deberse al conflicto entre dos buenas razones distintas, por lo que no es solo una cuestion de azar. Asi, aunque ninguna de ellas sea del todo determinante, cualquiera de las dos posibles decisiones respondera a razones que salvaguardan el control racional, de lo que se sigue que el indeterminismo no supone un problema para la existencia de la libertad.

Concluido el analisis de las criticas conceptuales al libre albedrio, en el capitulo 6 pasamos a estudiar los tres grupos de desafios empirico- cientificos. El primer tipo de experimentos trata de probar que las razones con las que explicamos nuestras decisiones suponen un proceso de racionalizacion posterior a la decision, de forma que las verdaderas razones que nos mueven nos son desconocidas, dejando en duda los controles racional y de origen. Segun los experimentos del segundo tipo, el contexto en el que actuamos determinaria de forma decisiva nuestra conducta, por lo que nosotros mismos perderiamos el control racional y de origen sobre nuestras decisiones. Para terminar, los experimentos neurocientificos pretenden demostrar que las decisiones son solo epifenomenos de sucesos cerebrales anteriores, lo que anularia todos los tipos de control del agente sobre su decision. Moya achaca a todos estos experimentos que parten de definiciones imprecisas del libre albedrio, o bien que extraen conclusiones precipitadas de sus resultados, dado que estan acotados a situaciones con condiciones manipuladas por los experimentadores.

El capitulo 7 nos situa ante la ultima objecion al libre albedrio, que consiste en senalar que este es en si mismo contradictorio, debido a que una interpretacion estricta del control de origen requeriria que un agente sea el autor verdadero de sus decisiones. Pero cada decision, segun sigue la objecion, se toma como consecuencia de otras decisiones anteriores, de las que el agente deberia ir siendo el responsable de forma sucesiva, hasta llegar a una decision inicial que no puede estar realmente en manos del agente. La respuesta de Moya a este problema consiste en rechazar esta definicion de libre albedrio, al no ser mas que un hombre de paja: una interpretacion tan estricta del libre albedrio que impone exigencias que no puede cumplir ningun ser humano. Para terminar, Moya anade que el hecho de que no podamos elegir algunos criterios de nuestra actuacion no resta valor a nuestras decisiones. Por ejemplo, un ajedrecista no merece menos reconocimiento por sus jugadas solo porque no ha establecido el las reglas de juego que funcionan como criterio para guiar sus movimientos.

En el capitulo final del libro encontramos la propuesta libertarista de Moya. Esta comienza planteando la existencia de un indeterminismo de base, que se da en niveles muy fundamentales del mundo al estar ocasionado por los fenomenos de la fisica cuantica. A partir de el surge el indeterminismo de cima, que aparece con la participacion de los seres humanos en los sistemas normativos, especialmente, el lenguaje. Como las normas de estos sistemas establecen la distincion entre actuaciones correctas e incorrectas, las personas adquieren aqui la conciencia de las posibilidades alternativas, y, por tanto, el control plural. Ademas, esta obediencia a las normas genera un control racional sobre la accion, y la capacidad critica que se adquiere en estos sistemas genera un control de origen. Moya identifica un ultimo tipo de control, al que denomina cognitivo y pasivo, consistente en mantener una actitud de apertura a la verdad y el bien. Para completar esta propuesta, Moya aclara que no entiende el ser humano como un compuesto de rasgos biologicos separados de los mentales, sino que hay una mutua interaccion de unos sobre otros.

A nuestro juicio, Moya cumple con creces las promesas que habia hecho al inicio del libro. Ponemos en gran valor la claridad y detalle con los que expone los numerosos debates que conciernen hoy al libre albedrio. Asimismo, cabe elogiar la honestidad intelectual con la que presenta argumentos que no comparte, de la misma manera que reconoce los puntos debiles de la posicion libertarista que el mismo defiende. Gracias a esta transparencia en la exposicion, obtenemos un trabajo muy util como punto de partida para una reflexion propia.

A lo largo de todo el libro, Moya establece una solida defensa de su tesis libertarista, que culmina con una propuesta positiva en el ultimo capitulo. Analiza en todo momento los argumentos afines en busca de posibles fallas para reforzarlos con nuevas aportaciones, logrando una contundente refutacion de las posturas a las que se enfrenta. En este sentido, valoramos especialmente su afinada discusion de los casos Frankfurt y, por extension, de los problemas que presenta el compatibilismo. De la misma manera, resultan muy poderosas sus distintas refutaciones de los desafios empirico-cientificos.

Por otro lado, quizas el aspecto mas complicado de cubrir a la hora de defender el libre albedrio sea el control de origen, que aparece muy cuestionado a lo largo del debate. A pesar de los poderosos argumentos con los que Moya acota las exigencias sobre el control de origen, puede quedar una sombra de duda sobre nuestra capacidad de mantener un grado de autonomia suficiente para considerarnos autores genuinos de nuestras decisiones.

Bien consciente de este problema, Moya reconoce en distintas partes del libro que el control de origen supone un requisito exigente. Al mismo tiempo, comenta algunos de los distintos requisitos del control de origen que se han desarrollado desde el compatibilismo. Aqui matiza con prudencia que un incompatibilista puede llegar a aceptar las exigencias que plantean los compatibilistas como condiciones necesarias para el control de origen, a las que se debe anadir la verdad del indeterminismo.

De hecho, Moya establece las condiciones positivas del control de origen basandose en la perspectiva de compatibilistas como Fischer y Ravizza, que concede una gran importancia al proceso por el cual se forma el marco conceptual que guia la decision. En el caso de Moya, este proceso sera la participacion del agente en un sistema normativo, en el seno del cual adquiere las herramientas adecuadas para mantener una capacidad critica que le permita ser el autor genuino de su decision. La primera consecuencia de este planteamiento es que, igual que el libre albedrio en general, el control de origen en particular tiene un caracter gradual, al ser posible tener distintos niveles de desarrollo en la capacidad critica. Moya ya adelanto esta consecuencia en la respuesta a los experimentos situacionistas del capitulo 6, sosteniendo que las personas con mayor conocimiento sobre los factores que les influyen son menos susceptibles de ser manipuladas. Una segunda consecuencia de esta concepcion del control de origen reside en que, en un giro interesante del problema, la vida en sociedad no seria una fuente de condicionantes que limitan nuestra autoria sobre la decision, sino que mas bien es en esta existencia compartida donde desarrollamos la autoria.

No obstante, si recuperamos la distincion entre capacidad y ejercicio que introduce el propio Moya a proposito del libre albedrio, podemos afirmar que esta propuesta explica con claridad la capacidad de un agente de poseer un control de origen, pero nos quedan dudas de que este criterio sea realmente valido para dar cuenta del ejercicio de dicho control. Un agente podria haber adquirido esta capacidad, pero no tenemos los medios para saber si una decision concreta ha sido fruto del empleo de aquella, porque el agente podria haber caido de forma mas o menos puntual en la manipulacion. Seria planteable, incluso, la existencia de un sistema normativo perverso, que al mismo tiempo que permitiese poseer un control de origen, se asegurara de impedir que se dieran las condiciones en las que este pudiera ser ejercido.

El genero de las distopias nos nutre de distintos ejemplos para reflexionar sobre esta posibilidad. Pensemos en la sociedad planteada por Aldous Huxley en Un mundo feliz. Al ser un sistema normativo bastante complejo, cumpliria el requisito que establece Moya para que una persona adquiera la capacidad del control de origen, dado que a traves del lenguaje y otros elementos dotaria al agente de herramientas con las que empezar a desarrollar su sentido critico. Sin embargo, si parece que en Un mundo feliz se establece un marco que previene el ejercicio del control de origen. Ademas, para realizar esta prevencion no se introduce de forma artificial una idea en la deliberacion de una persona, ni se hace uso de una coaccion violenta. En su lugar, se sume al individuo en un oceano de complacencia inmediata y distracciones, por lo que, aun manteniendo intacta la capacidad del agente de ejercitar su control de origen, se evita que de hecho llegue a ponerla en practica. Aunque Un mundo feliz no deja de ser solo una situacion conceptualmente posible, es plausible que las nuevas tecnologias de la informacion y la cada vez mayor exposicion a los medios de comunicacion masivos supongan un arma de doble filo, dado que pueden estar jugando en la actualidad exactamente este papel de distracciones inhibidoras, al mismo tiempo que paradojicamente multiplican los recursos para construir una perspectiva critica.

Por supuesto, se podria responder que en una situacion asi el agente simplemente tomo la decision libre de tener un papel pasivo respecto a su vida, y que habria sido el mismo quien renuncio al espiritu critico en beneficio de satisfacciones mas inmediatas. Pero nos parece que esta respuesta partiria del prejuicio de que el sujeto naceria con la libertad de renunciar a su capacidad critica, lo que estaria en contradiccion con la idea de Moya que hemos seguido. Como argumentamos, el orden es el inverso: la libertad para tomar una decision tan importante se adquiere a traves de un proceso, que pasa por establecer una serie de controles adecuados sobre la decision, entre los que se encuentra el control de origen. Sin llegar a un desarrollo apropiado de la capacidad y el ejercicio de este control, no podriamos hablar de una libertad real para renunciar al mismo, si es que existe siquiera la posibilidad de dicha renuncia.

Como sucede en otras cuestiones de la filosofia, podemos pensar en una gradacion del problema. Encontramos un grupo de casos claros en los que el control de origen esta anulado, como los casos que menciona Moya de lavado de cerebro. En el otro extremo tendriamos el paradigma de personas educadas en un sistema normativo que se entregue de forma libre al desarrollo del espiritu critico. Y entre estos dos polos, encontramos una serie de casos intermedios, que involucran a personas expuestas a intentos mas o menos agresivos de embaucacion, efectuados, por ejemplo, a traves de la publicidad y la propaganda, o personas que tienen una clara capacidad critica, pero no siempre logran ejercerla. Ademas, es verosimil que este grupo problematico se agrande mas y mas a causa de la creciente exposicion a los medios de comunicacion masivos y la funcion represora que algunos autores han atribuido a la misma educacion que puede desarrollar nuestra capacidad critica.

Tal y como la hemos entendido, la propuesta de Moya explica con gran claridad el surgimiento de la capacidad del control de origen, pero no hemos encontrado en ella un criterio claro que nos permita discriminar que elecciones concretas ponen en practica de hecho el control de origen. Como hemos visto, podemos tener la capacidad del control de origen y aun asi no llegar nunca a hacer uso de ella, por lo que si no disponemos de este criterio para saber en que casos estamos ejerciendo la capacidad, podria suceder que algunas o la totalidad de todas nuestras decisiones escaparan a nuestro control de origen, convirtiendose en decisiones no libres. Por consiguiente, juzgamos que la propuesta de Moya mantiene un cierto grado de incertidumbre sobre el libre albedrio.

Daniel Barbarrusa

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Author:Barbarrusa, Daniel
Publication:Themata. Revista de Filosofia
Article Type:Resena de libro
Date:Jul 1, 2017
Words:3218
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