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Los juristas y la verdad: triunfos y derrotas de una investigacion permanente.

SUMARIO: 1. El concepto de verdad entre dudas y certezas. 2. Antigona, el Hades y el derecho a la sepultura. 3. Aristoteles, el silogismo apodictico y la ciencia: entre Dominicos catafaticos y Franciscanos apofaticos. 4. Grocio, la razon humana y el derecho natural. 5. La verdad y el derecho: una relacion problematica pero inevitable.

Jurists and the truth: Successes and failures of a continuous research

1. La presente reflexion podria partir de una afirmacion sin duda enfatica pero no por eso carente de fundamento objetivo, esto es, que en el campo del derecho no existe ninguna verdad a proposito de la verdad. Con esta asercion, hiperbolica pero eficaz, se pretende de entrada llamar la atencion sobre el hecho de que a pesar de que desde tiempos inmemoriales se hayan dedicado amplios y profundos estudios a la relacion entre verdad y derecho, nunca se ha llegado, en el mundo de la ciencia juridica, a una definicion univoca y absoluta del concepto de verdad. Por el contrario, en cada civilizacion, la evolucion epistemologica de la experiencia juridica ha visto una sucesion de posturas diversas, a veces incluso antiteticas e irreconciliables, para intentar aferrar, definir y expresar la idea de verdad, cuando no para contrastar o rebatir las pretendidas verdades que se han ido individualizando (1).

Por lo demas, esta dificultad no se refiere solo a la ciencia juridica, sino que es una caracteristica que distingue todos los ambitos de la cultura y del pensamiento humano, y que depende--mas en general--de la imposibilidad de establecer y describir cuales certezas incontrastables esten en capacidad de asumir el papel de metas insuperables del conocimiento. En otras palabras, en su investigacion, el investigador a menudo tiene la conviccion de haber llegado delante de la verdad y a veces, sin mas, llega a persuadirse de que la comprension definitiva de aquello que es verdad esta al alcance de la mano, pero cuando la ciencia intenta luego hacer explicita esa intuicion de verdad por medio de definiciones y paradigmas solidos e indiscutibles, destinados a resistir de manera inquebrantable a todas las criticas y a todas las verificaciones posteriores, se ve constrenido a admitir que cualquier aparente certeza vacila inevitablemente, tarde o temprano, para deshacerse a la postre en ruinas (2). En sustancia, aun las verdades aparentemente mas estables y evidentes con el tiempo muestran una debilidad estructural tal que no logran ser encuadradas y representadas en proposiciones incontrovertibles, permanentes y compartidas de manera general (3).

Si no fuera asi, no tendria siquiera sentido el presente razonamiento sobre la verdad: en efecto, si la ciencia juridica ya hubiera llegado a la meta de la certidumbre sobre alguna verdad, segura e indiscutible, estas consideraciones, evidentemente, no tendrian ningun significado o utilidad, toda vez que aqui yo podria solo corroborar un contenido de dogmas adquiridos como patrimonio comun e indiscutible de toda la humanidad. Esto depende del hecho en virtud del cual, si existiera una verdad juridica definitivamente comprobada y sin mas, completamente consolidada, mis palabras podrian solo confirmarla de manera servil, sin poder modificar ni poner en discusion su contenido, de lo que se derivaria entonces muy poca utilidad para el lector que ya desde hace tiempo habria alcanzado el conocimiento seguro de aquella verdad.

De otra parte, tampoco se puede poner en duda el hecho de que cada disciplina cientifica--y entre ellas tambien la ciencia del derecho--persigue necesariamente y sin fatiga el objetivo y la ilusion de descubrir la verdad: en efecto, ni siquiera seria concebible una investigacion cientifica que no tuviera como finalidad ultima la de alcanzar la verdad, entendida como la descripcion fiel y veridica de la realidad fenomenica o trascendente.

Pero es este justamente el punto crucial de la cuestion, o sea la definicion del concepto de realidad. Si, en efecto, la ciencia se propone como una investigacion de la verdad, y si la verdad consiste, a su vez, en una descripcion exacta de la realidad, resulta claro que toda certeza cientifica depende directa y estrechamente del valor de verdad que puede ser reconocido al intento de conocer la realidad. Bajo este punto de vista, en verdad, existe desde siempre una radical e incurable contraposicion conceptual entre quienes consideran que existe una realidad objetiva, es decir, una realidad que no depende de la capacidad de percepcion individual de los seres humanos individualmente considerados, y quienes, por el contrario, consideran que toda realidad es, a su turno, meramente subjetiva, o sea que depende de las capacidades perceptivas, personales e individuales de cada uno de los sujetos conscientes (4).

Resulta evidente que de este contraste se sigue una bifurcacion profunda acerca del concepto de verdad: si se acepta la idea de que la realidad tiene una consistencia propia, independientemente de quien experimenta en concreto ese conocimiento, se llega a la conclusion de la existencia de verdades absolutas, autonomas e independientes del intelecto de quien las piensa, que se apartan pues de cualquier variacion historica o geografica por ser necesariamente comunes a todos los seres humanos, sin excepcion alguna. Se trata de verdades que se asientan en certezas incontrovertibles y trascendentes, es decir, en certezas consideradas indiscutibles y que vienen, a veces, extraidas de revelaciones de caracter religioso o mistico, a las que se adhiere, entonces, por motivos de fe (5). En el caso de las verdades de fe es evidente que esta forma de verdad se impone como dogma indemostrable; no por casualidad, sobre estas verdades no se ofrece una explicacion racional, sino que son senaladas, por lo general, como misterio de fe (6).

Por el contrario, si se adhiere a la idea de que la realidad tiene un valor exclusivamente relativo, se debe concluir que no existe ninguna verdad que pueda revelarse ajena y desvinculada de la experiencia personal subjetiva de conocimiento realizada por cada uno de los hombres, individualmente considerado, con la consecuencia de que cualquier realidad tendra un valor puramente individual, contingente y particular, y por lo mismo, no susceptible de ser compartido de manera generalizada por todos los hombres. Segun este enfoque conceptual, solamente pueden existir verdades de caracter estipulativo, esto es, carentes de un valor ontologico real y propio, y por eso puramente convencionales; en otras palabras, el escepticismo frente a la posibilidad de identificar de modo seguro las verdades universales (en caso de que estas debieran existir efectivamente) comporta un enfoque escuetamente pragmatico, segun el cual existen tantas realidades diferentes cuantos hombres hay que las conocen, o sea tantas verdades diversas cuantos son los sujetos conscientes (7).

Para no alejarnos del mundo del derecho, esta es la situacion que se presenta cuando se hace una cualquiera verificacion judicial con el instrumento procesal. El juez, en efecto, no busca alcanzar, mediante la instruccion probatoria, la verdad empirica sobre los hechos controvertidos, esto es, la verdad absoluta acerca de las vicisitudes deducidas en juicio (verdad "material" o "sustancial"): este resultado (aun cuando teoricamente fuera posible) comportaria la investigacion sobre una masa infinita de comprobaciones documentales y testimoniales para permitir al juez aproximarse a la realidad historica efectiva, con inmensas fatiga y dificultad (8).

Por el contrario, el juez tiene el objetivo mas modesto de buscar una simple verdad procesal (9), o sea, verificar y declarar la verdad de los hechos tal como emerge del numero necesariamente limitado de pruebas recogidas en el curso del proceso (verdad "formal" o "judicial"): este resultado no podra mas que ser una verdad relativa, sujeta eventualmente a revision y modificacion alli donde surgieran nuevos elementos de prueba que se revelaran determinantes para subvertir la conviccion judicial a la que se habia llegado (10).

Mis competencias personales, que se limitan al campo de la historia de la ciencia juridica, no me permiten afrontar aqui toda la compleja cuestion teorica que se refiere a la existencia y a la comunicabilidad de la verdad, que ve desde hace tiempo a los filosofos, los teologos y los cientificos comprometidos en un acalorado debate cultural y academico, por lo demas, carente aun de vencedores y vencidos, lo que es bastante significativo.

Por lo demas, las exigencias limitadas de la presente reflexion sobre la relacion entre derecho y verdad no hacen necesario recorrer las cuestiones complejas y alternas de la confrontacion entre los partidarios de la verdad objetiva y los seguidores de la verdad subjetiva, sino que permiten partir directamente de la consciencia de que existe esta eterna diatriba, para tratar de demostrar que en todo el curso de la historia se ha propuesto, una y otra vez, un enfrentamiento doctrinal entre las concepciones del derecho como expresion de verdades absolutas y objetivas, y la concepcion opuesta del derecho como instrumento para la afirmacion de verdades contingentes y relativas.

En efecto, se vera como en el curso de los siglos, a pesar de que con el paso del tiempo hayan cambiado radicalmente la vision del mundo, la terminologia cientifica, los valores sociales, esto es, y dicho en otras palabras, todo el contexto politico, economico y cultural, la contraposicion en el ambito de la ciencia juridica entre los partidarios de la existencia de un fundamento objetivo del derecho y los sostenedores de la naturaleza del derecho como instrumento de afirmacion de valores relativos y cambiantes, siempre ha permanecido inalterada y sin resolucion, como si se tratara de un conflicto ininterrumpido entre adversarios que en el decurso de la historia cambian simplemente las armas, pero no el encarnizamiento belico.

Damos inicio, pues, a nuestro viaje en el campo de las relaciones entre verdad y derecho, proyectandonos en la Grecia del siglo v a.C.

2. Nos encontramos en el ano 442 a.C. y estamos sentados en las gradas del teatro de Atenas con ocasion de la festividad solemne de las Grandes Dionisias. La tradicion establece que en las celebraciones liturgicas dedicadas al dios Dionisio haya una competencia entre los mas celebres tragediografos, que someten al juicio del publico ateniense sus obras. Justamente hoy tenemos la fortuna de asistir a la primera representacion, en absoluto, de la tragedia de SOFOCLES titulada Antigona (11).

Se trata de la triste historia del asedio de la ciudad de Tebas que se origina en el exilio que Eteocles, el hijo mas joven de Edipo, impone al hermano mayor Polinices. Este ultimo, deseoso de venganza, ataca Tebas: el enfrentamiento, sin embargo, se revela fatal para ambos hermanos pues los dos mueren en batalla. En este punto Creonte, nuevo rey de Tebas, dispone que Eteocles reciba los honores funebres, al tiempo que ordena que Polinices, declarado traidor de la ciudad, quede sin sepultura: esta orden por parte de Creonte esta destinada a impedir a Polinices el transito al mas alla, pues la sepultura representa para los griegos una condicion indispensable para superar las puertas del Ades. Antigona, Hermana de Polinices, no obstante el consejo contrario de la otra hermana mas joven, Ismene, se decide a dar sepultura al cuerpo del hermano, a fin de que su espiritu pueda descansar en paz; se dirige, pues, al campo de batalla delante de Tebas, esparce un manto de arena sobre el cuerpo de Polinices y cumple los ritos de la inhumacion. Un guardia descubre a Antigona mientras transgrede la prohibicion de sepultura y la conduce delante de Creonte, que la condena a vivir el resto de sus dias prisionera en una gruta. Las profecias del adivino Tiresias y las suplicas del coro inducen, sin embargo, a Creonte a cambiar el veredicto y decide entonces liberar a Antigona, pero todo esto sucede demasiado tarde, pues Antigona, en el entretanto, se ha quitado la vida. La muerte de Antigona llevara al suicidio al hijo de Creonte, Hemon, el prometido de Antigona, y la muerte de Hemon provocara, a su vez, el suicidio de Euridice, madre de Hemon y esposa de Creonte. Al final de la tragedia el rey Creonte queda solo, lamentandose de sus acciones desconsideradas y arrepentido por su estupidez.

Para nuestros fines, el punto central de toda esta lugubre y catartica historia consiste, de cualquier modo, en el discurso que se desarrolla entre Antigona y Creonte, cuando el rey pregunta a Antigona si ella conocia la prohibicion de la sepultura. Antigona a tal pregunta responde que ella conocia bien la prohibicion, pues era conocido y claro a todos. Alli, entonces, Creonte, incredulo frente a la imprudencia de esa respuesta, pregunta de manera expresa a Antigona si admite su culpa, es decir, si efectivamente confiesa haber osado transgredir las leyes establecidas por el rey. La replica de Antigona representa el nudo vital de toda la tragedia de SOFOCLES, y en la traduccion al espanol suena asi:
   No fue Zeus el que las ha mandado publicar, ni la Justicia que vive
   con los dioses de abajo la que fijo tales leyes para los hombres.
   No pensaba que tus proclamas tuvieran tanto poder como para que un
   mortal pudiera transgredir las leyes no escritas e inquebrantables
   de los hombres. Estas no son de hoy ni de ayer, sino de siempre, y
   nadie sabe de donde surgieron. No iba yo a obtener castigo por
   ellas de parte de los dioses por miedo a la intencion de hombre
   alguno (12).


He ahi hecho explicito de manera clara el conflicto: de una parte esta la ley humana emanada por Creonte, que representa la expresion de una escogencia politica contingente y efimera, mientras de otra parte esta la ley divina, eterna e imperecedera, de tal forma clara y evidente que no exige siquiera una redaccion escrita para ser reconocida como valida e imperativa (13).

Existe en Antigona, entonces, un conflicto entre una verdad relativa y transeunte (la ley de Creonte que prohibe la sepultura) y una verdad absoluta e inmutable (la ley divina que impone una sepultura para los propios y queridos muertos). Frente a este conflicto, Antigona no tiene dudas, y no podria tenerlas, ni alternativas: debe prevalecer la ley divina, o sea, la verdad absoluta, incontestable y permanente, que no es susceptible de ninguna abrogacion o modificacion por parte de los humanos (14).

Nosotros, como espectadores, asistimos a las desventuras de Antigona, nos metemos dentro de su problema y participamos emotivamente, en fin, de su eleccion, aun a sabiendas de las posibles consecuencias dramaticas. Pero Sofocles, de esta forma, nos muestra tambien algo mas, esto es, la debilidad y la fragilidad de las leyes basadas en verdades puramente relativas, inspiradas en razones y valores que podrian vacilar facilmente o inclusive sucumbir a la luz de verdades consideradas, por el contrario, autenticas, absolutas y arraigadas, desde siempre, en la consciencia de los hombres.

La verdad relativa, protegida por las leyes terrenales, produce, en efecto, una obediencia puramente formal, fundada unicamente en el miedo a la sancion (es el caso del guardia que arresta a Antigona y que se alegra de haber escapado a la pena que le hubiere tocado de no haber sido capaz de impedir la sepultura de Polinices), mientras que la verdad absoluta genera, por el contrario, una adhesion espontanea y necesaria que supera incluso el temor de la sancion y que conduce al final a Antigona a la rebelion contra las leyes humanas injustas, hasta el punto de inducirla a escoger la muerte, sin mas, con tal de no violar el imperativo divino. La verdad absoluta, y por ende el derecho divino, vence, en sustancia, el conflicto interior de Antigona, mientras que la verdad relativa, esto es, la ley de los hombres, vence el encuentro terrenal al llevar a la obediencia al guardia que determina la prision para Antigona.

Asi pues, encontramos en este drama griego ya alineados en el campo a los dos contendientes que dominaran el conflicto en todas las epocas que se siguen, esto es, de un lado, el derecho fundado en verdades dogmaticas infalibles e inmutables, y de otro y por el contrario, el derecho basado en decisiones politicas de pura oportunidad, destinadas como tales a un continuo cambio. Esta contraposicion es senalada por Sofocles en Antigona, pero ciertamente no es resuelta: las epocas posteriores heredaran el contraste entre un derecho de valor absoluto y un derecho de valor relativo, derechos en eterna competencia. Y para obtener confirmacion de la intensidad permanente de este choque, podemos ahora ubicarnos en la Francia del siglo xiii, donde el mismo conflicto se presenta bajo una nueva apariencia.

3. Nos encontramos pues, en Paris, en donde la actividad de ensenanza y de investigacion es ferviente y se especializa en el estudio de la filosofia y de la teologia,- es el ano 1230, aproximadamente, es decir, un momento historico en el que comienza a ser planteado un problema de importancia fundamental en el campo de la logica, a raiz, luego de una compleja actividad de traduccion, de la nueva adquisicion cultural de la mas dificil entre las obras aristotelicas del Organon, los Segundos Analiticos (15).

La dificultad del estudio de esa obra residia en su poder desestabilizador y detonante. En efecto, si ya desde hace dos siglos era conocido y se practicaba el razonamiento silogistico descrito por Aristoteles en las tres obras del Organon sobre la logica, cuyo uso habia permitido la edificacion de toda la ciencia medieval y la prodigiosa evolucion de la Escolastica, en los Segundos Analiticos, hasta ese momento inexplorados por ser pues considerados demasiado complejos, se proponia una doctrina nueva y revolucionaria segun la cual el recurso al silogismo no era siempre y de cualquier forma capaz de generar un conocimiento nuevo, util para el progreso cientifico, sino solo en el caso en que la disciplinas cientificas, individualmente consideradas, utilizaran como premisas de cada razonamiento silogistico las propias y particulares verdades fundamentales, tipicas y caracteristicas de cada ciencia (indicadas en latin como principia propria, es decir, como "postulados" o "axiomas"). Si se quiere poner un ejemplo banal, un teorema geometrico (como el de Pitagoras), esta compuesto, en efecto, de una serie concatenada de silogismos demostrativos, pero su solidez depende de manera directa e inmediata no solo de lo correcto del razonamiento, sino tambien de las premisas axiomaticas que se asumen como postulados basilares y autoevidentes de los que se debe partir para construir la demostracion.

La doctrina del conocimiento contenida en los Segundos Analiticos ponia pues en crisis toda la construccion epistemologica que se consideraba confiable hasta ese momento, que no respetaba, porque no la conocia, la nueva regla aristotelica segun la cual las premisas del silogismo demostrativo debian estar necesariamente conformadas, como puntos de partida ineludibles, por los principia evidentes, incontrovertibles, universales, verdaderos, primeros y ciertos de cada disciplina cientifica (16). En otras palabras, no obstante la uniformidad y la identidad del esquema operativo del silogismo en todas las formas del razonamiento de inferencia (premisa mayor, premisa menor, conclusion), el sistema aristotelico distinguia en realidad el valor y la eficacia de cada una de las estructuras silogisticas segun la naturaleza de las premisas empleadas. Eso comportaba que los razonamientos verdaderamente cientificos pudieran asumir como su fundamento solo los axiomas o principia de cada ciencia, mientras que el recurso a premisas puramente probables habria conducido, inevitablemente, a conclusiones igualmente probables y discutibles, y por tanto no cientificas.

En este punto resulta evidente que la autoridad indiscutible de la logica aristotelica imponia a todas las ciencias la exigencia de uniformarse a las modificaciones sustanciales introducidas de esa manera en los criterios de certeza cientifica, para no incurrir en errores gnoseologicos irreparables: todas las disciplinas cientificas se vieron constrenidas a comprometerse en encontrar los axiomas esenciales que representaban el fundamento y el quid proprium (esto es, el caracter especifico) de cada ciencia (17). De cualquier forma, es necesario subrayar que obviamente el origen de estos principios se remitia al proyecto divino del cosmos, no pudiendose de ninguna manera, en el siglo XIII, concebir una realidad que no fuera expresion y manifestacion del querer divino: de otra parte, no se trataba ya del Dios al que se referia Antigona en la tragedia de Sofocles, es decir Zeus, sino del Dios de la tradicion cristiana, que a estas alturas habia reemplazado, ya muchos siglos atras, las antiguas divinidades paganas (18).

No por casualidad los primeros que se confrontaron con esta nueva exigencia de rigor epistemologico fueron justamente los cultores de la teologia, es decir, de la mas importante disciplina cientifica que se estudiaba en Paris. Ya el dominico GUILLERMO DE AUXERRE comenzo a teorizar una ciencia teologica conforme con los criterios aristotelicos de la cientificidad, o sea como un sistema racional de demostraciones teologicas progresivas infalibles, basadas en la sola individualizacion de algunos articulos de fe, fundamentales, concebidos como principia propria teologicos. Siguiendo la huella de GUILLERMO DE AUXERRE se movieron tambien otros dominicos como ALBERTO MAGNO, TOMAS DE AQUINO, que abrazaron plenamente la teoria segun la cual solo aquello que puede ser demostrado con los criterios silogisticos apropiados (rationaliter) a partir de premisas ciertas, universales, necesarias y autoevidentes (per se notae), cabe dentro del concepto de ciencia, mientras que todo el resto pertenece invariablemente al campo de la mera opinion. En particular, segun TOMAS DE AQUINO, la teologia, que para todos los efectos tiene el caracter de ciencia, se desarrolla mediante demostraciones silogisticas de tipo deductivo que proceden infaliblemente de principios sabidos de por si (articulos de fe) para llegar a conclusiones todavia por conocer (19).

Por supuesto, esta novedad arrasadora no quedo confinada al campo de la teologia, sino que contagio muy pronto los demas ambitos cientificos: desde la mitad del siglo XIII la nueva epistemologia comenzo a condicionar la fisica, la medicina, la musica, la astronomia y todas las disciplinas pertenecientes al mundo fenomenico, como lo atestiguan las obras de GIOVANNI BURIDANO, para llegar al final a imponer sus reglas tambien en la ciencia politica, como lo documentan los escritos de DANTE ALIGHIERI y de MARSILIO DE PADUA (20).

A toda esta transformacion cultural progresiva no podia permanecer ajena la ciencia juridica: algunos exponentes de la doctrina francesa lograron, en efecto, hacer mella en el enfoque cientifico italiano ya consolidado, en especial el bolones, e imponer la nueva vision cientifica de los Segundos Analiticos tambien en el mundo del derecho, dando paso, asi, al movimiento intelectual que a comienzos del siglo xiv llevaria al transito de la escuela de los glosadores a la escuela de los comentadores. En lo que se refiere a esta evolucion, es necesario llamar la atencion sobre el hecho de que para los juristas de la escuela de los comentadores el principium proprium de la ciencia juridica se identificaba con la intima ratio de la norma, es decir, con la razon de ser de cada precepto legislativo que se debia utilizar como premisa de cualquier otro silogismo juridico demostrativo que viniera luego. La ratio era entonces el punto fundamental sobre el cual construir como indiscutible premisa silogistica cualquier deduccion cientifica referida a la materia juridica (21).

Pero para hacer todo esto, es evidente que se debia asignar al principium cientifico, y tambien, como es obvio y por lo que concierne a la ciencia juridica, a la ratio normativa, el valor de verdad absoluta e incontrovertible, no susceptible de ningun modo de interpretaciones o de variantes individuales. Esta concepcion epistemologica imponia pues aceptar la idea de la existencia de una realidad objetiva y absolutamente inmutable, que podia ser objeto de conocimiento cierto por parte del hombre y podia conducir por medio del silogismo a construir un sistema cientifico perfecto y definitivo, ya no susceptible de cambios en el curso futuro de la historia.

Sin embargo, este tipo de enfoque cientifico no encontraba un consenso unanime entre los intelectuales: habia surgido, por el contrario, y ya desde el siglo xii, una competencia feroz y encendida, que habia tomado el nombre de Disputa sobre los universales, y que se referia justamente a la posibilidad o no de reconocer en los conceptos universales una realidad objetiva y ontologica: en esta disputa filosofica los realistas, es decir aquellos propensos a reconocer la realidad objetiva de los universales, se contraponian a los filosofos nominalistas, que sostenian el valor solo convencional y estipulativo de los mismos universales (22).

Entre los mas convencidos sostenedores de las posiciones realistas figuran, como se dijo arriba, los teologos dominicos, que buscaban construir una ciencia teologica exacta sobre la base del proclamado caracter concreto de los universales, y que con su magnifico exito academico habian inducido a todas las demas disciplinas cientificas a seguir el ejemplo.

En 1277, es decir apenas tres anos despues de la muerte del mas celebre y aclamado teologo dominico de Paris, Tomas de Aquino, la doctrina de los realistas sufrio un golpe fatal, representado por la condena oficial hecha por el Obispo de Paris de diferentes posiciones filosoficas, entre las cuales justamente la pretension de construir ciencias exactas sobre la base de principios autoevidentes, como si se tratara de una suerte de moderna herejia pelagiana. Tras la huella de esta condena se desarrollo en Oxford, a comienzos del siglo xiv, una corriente antitetica a aquella aristotelica fundada no en el valor de la deduccion exacta, sino en una aproximacion empirista, segun la cual el conocimiento puede ser alcanzado solo por medio de la percepcion intuitiva de los datos de la experiencia individualmente considerados (23).

Resulta ser de gran importancia la constatacion de que los exponentes mas significativos de esta doctrina, es decir JUAN DUNS ESCOTO y GUILLERMO DE OCKHAM, pertenecen a la orden de los franciscanos. En efecto, la vocacion mistica (apofatica) de los franciscanos los llevaba espontaneamente a contrastar la fe (catafatica) puesta por los dominicos en el valor cientifico absoluto del mecanismo de conexion causal: la conviccion de que el hombre con sus instrumentos racionales pudiera identificar y perseguir con seguridad cientifica el bien y el mal contrastaba de manera ruidosa, en fin de cuentas, con el postulado religioso de la omnipotencia divina que impedia cualquier pretension humana de sondear y de conocer con exactitud la voluntad de Dios (24). En otras palabras, los teologos franciscanos de Oxford repudiaban una concepcion como la tomistica que llegaba a considerar que Dios--como expresion de la maxima perfeccion--estuviera vinculado, por coherencia, a respetar las inferencias silogisticas perfectas fundadas sobre los axiomas autoevidentes producidos por el mismo, negando asi, de hecho, su omnipotencia, y de ahi, la facultad de obrar por fuera e incluso contra el rigor incontrovertible de los silogismos de la Escolastica (25).

Este disentimiento fundado por parte de los franciscanos puso de nuevo en discusion todas las certezas cientificas que habian sido construidas hasta entonces por muchas generaciones de intelectuales sobre la base de la logica aristotelica,de esta critica no se salvo ni siquiera el mundo del derecho: pronto las certezas de los comentaristas basadas sobre la ratio normativa como punto de apoyo del edificio juridico se esfumaron estruendosamente, con la consecuencia de hacer caer de nuevo la ciencia del derecho en el campo de certezas puramente relativas que de seguro no habrian permitido creer, con firme conviccion, en la existencia de una jurisprudencia caracterizada por el valor absoluto, eterno y universal de sus razonamientos. Aparecia de nuevo la desconfianza en la posibilidad de individualizar verdades absolutas, y el eterno enemigo de la verdad, el relativismo, volvia a triunfar y arrastraba consigo las ferreas certezas de la ciencia juridica medieval (26).

El enfrentamiento entre los dos antagonistas tradicionales no habia concluido: se presentaria una vez mas de alli a poco, y mas precisamente en el siglo xvii. 4. En efecto, es en los primeros decenios del siglo xvii que se ubica la aparicion de un movimiento cultural que tomara el nombre de iusnaturalismo, y que ve en Hugo Grocio a su fundador (27).

Estamos en los albores de la edad moderna y el contexto cultural aparece caracterizado por el progresivo declive de la fe que todos los siglos de la edad medieval habian puesto en el derecho romano y en el derecho canonico como componentes necesarios de un ius commune universal (28). En efecto, la fe medieval en la verdad absoluta del derecho comun dependia de la conviccion arraigada de la proveniencia trascendente de todo el orden juridico (como acabamos de ver al hablar de la ratio normativa de inspiracion divina), mientras que en el siglo xvii la escena se presenta radicalmente diferente: la solida cohesion de la Europa medieval cristiana habia fracasado de manera dramatica a causa de la decadencia de los puntos de referencia estables de toda la cultura medieval: de un parte el Sacro Imperio Romano como unica y legitima expresion de la soberania politica, y de otra, la Iglesia cristiana catolica como unica y autentica interprete del mensaje divino. Sucedio que en el paso del Medioevo a la edad moderna algunos eventos historicos, traumaticos, hubieron de llevar al exito a los Estados Nacionales, guiados por monarquias que se proclamaban soberanas y que rompian pues la unidad politica imperial precedente (29), y de otro lado surgieron movimientos de reforma religiosa (podemos citar como ejemplo a luteranos, calvinistas y hugonotes), que disgregaron de manera brutal e irreversible la unidad religiosa cristiana de los siglos medievales (30).

En esta nueva y diferente dimension eclesiastica y politica, quien hubiera querido buscar las verdades absolutas sobre las que fundar la ciencia juridica, evidentemente no habria podido hacer un llamado a verdades de naturaleza religiosa, pues en este punto las fracturas impuestas por la diversidad de interpretaciones irreconciliables impuestas por el Cristianismo habrian impedido que una verdad reconocida como tal por una determinada confesion pudiera ser considerada aceptable, como verdad, por otra confesion antagonista. En fin de cuentas, habia llegado para los juristas, definitivamente, el ocaso de la posibilidad de construir una ciencia juridica general que se apoyara sobre verdades comunes de origen divino y que en cuanto tales fueran aceptadas como dogma incontrovertible por parte de todos los hombres. Para los juristas que quisieran intentar individualizar los fundamentos ciertos y universales como base constitutiva de la ciencia juridica, se imponia pues la necesidad de buscar la verdad en otra parte.

Es esta la dificultad que debe tener en cuenta Hugo Grocio, quien se propone identificar los fundamentos de verdad capaces de legitimar la existencia de un derecho universal, sin que ellos se puedan deducir de una revelacion divina. En realidad, Grocio no afrontaba el problema de saber si Dios existia o no, y sobre todo de si eran o no reconducibles a El las verdades de fondo del sistema juridico, sino que se limitaba a buscar esas verdades juridicas esenciales como si no tuvieran ninguna conexion con la religion. Para usar las palabras de Grocio en los Prolegomena a su obra De iure belli ac pacis: "Et haec quidem, quae iam diximus, locum aliquem haberent, etiamsi daremus, quod sine summo scelere dari nequit, non esse Deum aut non curari ab eo negotia humana (n. 11) (31). En otras palabras, Grocio afirmaba que sus propuestas cientificas habrian seguido siendo validas aun cuando se hubiera hipotizado o bien que Dios no existia o bien que no se ocupaba de las cosas humanas: pero agregaba, con cautela significativa, que todo ello, de otra parte, no se habria podido afirmar sin incurrir en grave sacrilegio (32).

El proposito de Grocio era, en fin, el de encontrar nuevas verdades compartidas pacificamente--esta vez, sin embargo, no basadas en la fe--que pudieran justificar y sostener una ciencia juridica universal y eterna en capacidad de escapar del riesgo del desmoronamiento geografico al que la fragmentacion politica y de fe empujaba inexorablemente a los hombres europeos de su tiempo. Y GROCIO encuentra estas verdades en la unica certeza de la que puede disponer un intelectual hijo del humanismo y perteneciente al contexto cultural del incipiente movimiento iluminista, o sea en la naturaleza racional del hombre. En efecto, las concepciones humanisticas ya habian comprometido irremediablemente la solida fe religiosa medieval y puesto en el centro de la atencion cientifica, por el contrario, al hombre como eje de una nueva vision laica del mundo. Ahora las doctrinas iluministas tendian pues a poner de relieve aquello que era considerado el aspecto mas caracteristico, significativo y tipico del ser humano de toda epoca y en cualquier contexto geografico, o sea su capacidad racional (33).

Sobre la base de esta confianza absoluta en la naturaleza racional del hombre, necesaria y universal, que comenzaba, gradual pero invariablemente, a condicionar todas las disciplinas cientificas, GROCIO se dedico a encontrar el fundamento de la nueva ciencia juridica que fuera capaz de afirmarse para ser compartida de manera pacifica por todos los juristas, dada su estrecha adherencia a la racionalidad humana general. Se trata del iusnaturalismo, es decir de la doctrina cientifica que busca obtener de la observacion de la naturaleza humana los axiomas universales, entendidos como las verdades fundamentales de razon que todos los hombres, en cuanto seres racionales, aceptan y respetan pues se las reconoce indiscutiblemente arraigadas en la unica y homogenea razon que distingue a toda la especie humana, con independencia de cualquier diferencia y peculiaridad que pueda derivar del contexto social. El hallazgo de estas verdades axiomaticas estaria pues en capacidad de ofrecer al jurista las bases conceptuales para proyectar de manera cierta e infalible una ciencia juridica universal y eterna, por estar fundada en la razon humana, que segun los iluministas no podia conocer ninguna variacion geografica o cronologica (34).

Esta investigacion entusiasta de las verdades axiomaticas surgidas de la razon humana no tuvo sin embargo el exito esperado pues a menudo no fue facil, y a veces fue incluso imposible, individualizar cuales verdades eran efectivamente compartidas de manera homogenea por todos los hombres. De ahi que, junto al iusnaturalismo, y como su antitesis, se afirmo la doctrina del iuspositivismo que propugnaba una concepcion radicalmente opuesta segun la cual no existia, o por lo menos no era posible rastrear, ninguna verdad universal y eterna basada en la razon, y por lo tanto el derecho debia ser necesariamente creado de manera arbitraria por cada autoridad politica individual revestida de poder legislativo. Por supuesto, el derecho generado por el poder legislativo habria sido diverso segun el contexto social y politico, haciendo asi imposible la existencia de una ciencia juridica universal unica. Este era el resultado inevitable de la incapacidad de los iusnaturalistas para rastrear verdades generales y absolutas capaces de fundar y legitimar un derecho natural unico para todos los hombres (35).

5. De esta manera el choque entre iusnaturalismo e iuspositivismo que se dio entre los siglos XVII y XVIII sacaba a la luz, una vez mas, el enfrentamiento constante entre aquellos que se presentaban como sostenedores convencidos de la existencia necesaria de una verdad cierta de la que hacer descender, como consecuencia logica, principios de derecho universal y eternos, y aquellos que, negando por el contrario cualquier verdad absoluta, afirmaban la necesidad imprescindible de leyes humanas que fueran siempre diversas y cambiantes. Este encuentro favorecio, provisionalmente, en el siglo xix al iuspositivismo, al menos por lo que hace a la redaccion de las codificaciones modernas, pero es necesario precisar que el enfrentamiento no se resolvio ni se apaciguo de manera definitiva con la promulgacion de los codigos: solo para poner un ejemplo, de entre los tantos posibles, el conflicto se vuelve a plantear en el curso del siglo XX entre la doctrina del formalismo juridico o conceptualismo y la jurisprudencia de intereses (36), y se vuelve a presentar hoy en nuestro siglo xxi con la contraposicion entre el enfoque conocido como law and economics y la doctrina que se conoce con el nombre de law and literature (37).

De cualquier forma, lo que emerge de este examen de varios milenios de historia juridica, aunque sea un examen como es obvio bastante lagunoso y sumario, es que los juristas no han cesado de buscar jamas un fundamento de verdad sobre el cual plantar en modo cierto la base juridica, y en este esfuerzo han explorado todas las realidades de vez en vez disponibles: los ejemplos que se ilustraron atras muestran como en la cultura griega clasica la verdad se busco en los mandatos divinos de Zeus, en el derecho medieval la verdad fue vista en el conocimiento de la voluntad del Dios cristiano, mientras que en el iusnaturalismo la verdad se vio en la naturaleza racional del hombre (38). A pesar de todos estos esfuerzos, numerosos y diversificados, la postura conceptual opuesta, es decir la doctrina esceptica frente a la existencia de una verdad efectivamente individualizable y describible como soporte incontrastable del derecho, nunca se opaco, y se propuso siempre como una alternativa eficaz y concreta (39). Asi, en toda la historia del derecho se ha desentranado una infatigable y ardua lucha entre las dos posturas que podemos identificar, por comodidad de sintesis, como iusnaturalismo e iuspositivismo, segun la conviccion que se tenga o no, respecto de la ciencia juridica, de poder basar todo conjunto normativo sobre verdades absolutas y eternas.

Mas bien se podria afirmar que justamente en esta dialectica perpetua entre derecho como ius naturale o como ius positivum esta el motor mismo de la evolucion juridica, al punto que la tension constante entre estos dos polos antiteticos ha consentido el desarrollo fecundo de la ciencia del derecho. El deseo de dar solidez, estabilidad y caracter definitivo al derecho lleva siempre al jurista, en efecto, a buscar y experimentar nuevos caminos para rastrear y destilar la verdad, al menos hasta cuando el fracaso evidente de esta busqueda imponga la individualizacion de nuevas sistematizaciones del derecho, provisionales y contingentes, destinadas, sin embargo, a ser de nuevo puestas en discusion no bien una diversa y mas convincente forma de verdad parezca ser alcanzada y conquistada. Se trata, en fin, de una dialectica ininterrumpida e inagotable, que alimenta y sostiene todavia hoy la evolucion de la ciencia juridica en una provechosa pulsacion que se alterna entre derecho natural y derecho positivo (40).

Quizas, alguien podria considerar que en nuestros tiempos, despues de tantos intentos fallidos por individualizar y describir con certeza y precision el contenido de la verdad, y de alli rastrear un fundamento de verdad, unanimemente compartido en la base del derecho natural, haya triunfado un profundo escepticismo y relativismo juridico y por eso se haya acogido definitivamente la idea de la inevitabilidad del derecho positivo.

Pero no es asi. Lo demuestra con plena y palmaria evidencia el hecho de que el 18 de diciembre de 2007, la Asamblea General de la Organizacion de las Naciones Unidas haya ratificado con 104 votos a favor, 54 en contra y 29 abstenciones, la adhesion a la campana para realizar una moratoria universal de la pena de muerte. Esta iniciativa tiende a suspender temporalmente la aplicacion de la pena de muerte en todos los paises que pertenecen a la onu, lo que quiere decir que a pesar de que las leyes de derecho positivo de algunos Estados permitan (e impongan) aplicar la pena de muerte, la onu invita a aquellos Estados a no aplicar el propio derecho y a privilegiar instrumentos alternativos de represion penal. Eso significa que la onu reconoce, evidentemente, la existencia de un derecho diverso, mas importante y con mas autoridad que la que tiene el derecho positivo, cuyo contenido consiste en un principio de derecho natural que se puede sintetizar con las fatidicas palabras "no matar".

Lo que todavia no es claro y que condiciona el futuro destino de la propuesta de moratoria es la identificacion del fundamento de verdad que esta en la base de esta norma de derecho natural. En efecto, como siempre ha sucedido en la historia, el exito de una norma depende estricta y directamente de que se reconozca la autoridad y se comparta la verdad que se pone como su fundamento: en otras palabras, se plantea una vez mas la vieja cuestion de la individualizacion del origen de autoridad del principio axiomatico de derecho natural "no matar", busqueda de cuyo resultado depende claramente su misma aceptacion como verdad universal capaz de inducir la transformacion de todos los derechos positivos concurrentes. En ultimas, el choque entre derecho natural y derecho positivo no solo no da muestras de terminar, sino que representa como siempre el nervio mismo de toda la evolucion de la ciencia juridica: las transformaciones normativas se revelan desde siempre no solo conectadas de manera ineluctable al diverso grado de confianza que se pone, de vez en vez, en las verdades ultimas que se colocan como fundamento del sistema juridico, sino tambien estrechamente ligadas a la modificacion historica y progresiva del contenido de aquellas verdades.

Andrea Errera **

* Se publica aqui, sin modificaciones, el texto de la ponencia leida con ocasion del Ciclo de conferencias interdisciplinarias "La verita orizzonte dei saperi" organizada por el Centro studi "Verbum" de Catanzaro, Italia, en el ano academico 2012-2013, acompanada de un aparato bibliografico esencial y voluntariamente sintetico que responde a la naturaleza puramente divulgativa de la ponencia. Trad. del italiano, Edgar CORTES. Fecha de recepcion: 15 de junio de 2013. Fecha de aceptacion: 16 de septiembre de 2013. Para citar el articulo: ERRERA, A., "Los juristas y la verdad: Exitos y fracasos de una investigacion permanente", Revista de Derecho Privado, universidad Externado de colombia, vol. 25, julio-diciembre de 2013, pp. 11-28.

** Profesor ordinario de Historia del Derecho Medieval y Moderno de la Universidad 'Magna Graecia' de Catanzaro. Contacto: [errera@unicz.it].

(1) La compleja y dificil cuestion de la relacion entre derecho y verdad en la reflexion actual de la filosofia del derecho ha sido enfrentada, entre otros, por D. PATTERSON, Diritto e verita, trad. M. MANZIN, Milano 2010; en el mismo volumen se lee tambien un prefacio muy util de M. MANZIN con el titulo "La verita retorica del diritto" (pp. IX-XLIX), en donde se examina este problema a la luz de la historia de la filosofia.

(2) Cfr. T.S. KUHN, La struttura delle rivoluzioni scientifiche, trad. A. CARUGO, Torino, 2007; ID., Le rivoluzioni scientifiche, Bologna, 2008.

(3) Por supuesto, el tema es controvertido y la bibliografia es inabarcable; solamente de manera indicativa me limito a senalar, entre los trabajos mas recientes, P. PARRINI, Conoscenza e realta: saggio di filosofia positiva, Roma-Bari, 1995; A. PAGNINI, Teoria della conoscenza, Milano 1997; N. VASSALLO, Teoria della conoscenza, roma-bari, 2003; Conoscenza e verita, al cuidado de M.C. AMORETTI y M. MARSONET, Milano, 2007.

(4) La afirmacion contenida en el texto es intencionalmente elemental porque esta en funcion de las consideraciones de historia juridica aqui delineadas, de manera simple. En realidad existen multiples teorias sobre el conocimiento, que preven diferencias teoricas considerables, como se puede deducir de la lectura de los ensayos contenidos en The Nature of Truth. Classics and Contemporary Perspectives, al cuidado de M.P. LYNCH, cambridge (Mass.), 2001; cfr. tambien H. PUTNAM, Mente, corpo, mondo, Bologna, 2003.

(5) No es posible aqui profundizar sobre la distincion fundamental que existe entre "correspondientistas" y "coherentistas", o sea, entre aquellos que sostienen la posibilidad de conocer la verdad como descripcion perfectamente adherente al mundo material (verdad como correspondencia a la realidad), y aquellos que sostienen, por el contrario, la posibilidad de conocer la verdad entendida unicamente como edificio conceptual producido por la logica formal, o sea como expresion de uniformidad necesaria a las reglas del pensamiento (verdad como coherencia dentro de un sistema de afirmaciones, es decir, verdad como correccion de las inferencias); sobre todo esto cfr. R.L. KIRKHAM, Theories of Truth: a Critical Introduction, cambridge (Mass.), 1992.

(6) Sobre la logica aletica en relacion con la fe religiosa cfr. A. LIVI, Verita del pensiero: fondamenti di logica aletica, Citta del Vaticano, 2002.

(7) Sobre las doctrinas clasicas del pirronismo, del escepticismo y del neoescepticismo cfr. M. DAL PRA, Lo scetticismo greco, Bari 1989.

(8) Sobre este tema cfr. F. DI DONATO, La costruzionegiudiziaria del fatto: il ruolo della narrazione nel processo, Milano, 2008; sobre algunos aspectos particulares de esta materia resultan interesantes tambien los ensayos contenidos en La costruzione della verita giudiziaria, al cuidado de M. MARMO y L. MUSELLA, Napoli, 2003.

(9) Para usar las palabras de Carnelutti, el proceso no sirve "para conocer los hechos, es decir para establecer su verdad, sino unicamente para obtener una fijacion formal de ellos", ya que "la verdad formal es ciertamente una no verdad, ya que verdad no puede haber sino una sola; aunque no debe olvidarse que la verdad formal es la verdad material en la mitad de los casos" (F. CARNELUTTI, La prova civile. Il concetto giuridico della prova, Milano, 1992, pp. 53-54, cursivas del autor). Ya Capograssi indicaba el ligamen necesario entre "verdad legal" y "verdad humana, es decir la verdad que los hombres encuentran cuando proceden humanamente a la investigacion, con las posibilidades, los metodos y los modos que son propios de la condicion humana": G. CAPOGRASSI, Giudizio processo scienza verita, en Opere, v, Milano, 1959, p. 66. La cuestion, obviamente, es bastante compleja y debatida, y aqui no puede ser examinada en detalle: para una sintesis eficaz sobre el tema cfr. M. TARUFFO, "Cultura e processo", en Rivistra trimestrale di diritto e procedura civile, LxiII (2009), pp. 63-92.

(10) Es necesario, sin embargo, senalar que existe una diferencia significativa entre la comprobacion procesal que tiene lugar en el ambito del ordenamiento canonico y la que tiene

lugar en los otros ordenamientos juridicos: en efecto, mientras que el proceso de los ordenamientos laicos se propone la solucion de los conflictos sociales y el restablecimiento del equilibrio juridico alterado, en el ordenamiento canonico el proceso cumple el papel central de perseguir el fin escatologico de la salus animarum, imponiendo entonces una busqueda de la verdad (favor veritatis) que prevalece sobre el simple hecho de alcanzar la certeza del derecho: sobre el tema cfr. los ensayos contenidos en Verita e definitivita della sentenza canonica, Citta del Vaticano, 1997; P. GROSSI, "Diritto canonico e cultura giuridica", en Quaderni fiorentini per la storia del pensiero giuridico moderno, XXXII (2003), pp. 377-382; P. GHERRI, "Logica e Diritto: tra argomentazione e scoperta", en Apollinaris, LXXXIII (2010), pp. 547-549; E. DI BERNARDO, "Il ruolo della Logica nel contesto probatorio dell'accertamento dei fatti nel Processo canonico", en Logica e Diritto: tra argomentazione e scoperta, al cuidado de G. BASTI e P. GHERRI, Citta del Vaticano, 2011, pp. 298-300.

(11) Cfr. U. ALBINI, Nel nome di Dioniso: vita teatrale nell'Atene classica, Milano, 2002.

(12) SOFOCLES, Antigona, trad. A. Alamillo, Biblioteca Basica Gredos, 2000, p. 93.

(13) Sobre el castigo divino de las injusticias en la cultura griega cfr. C. BEARZOT, La giustizia nella Grecia antica, Roma, 2008, pp. 16-18.

(14) Sobre el papel del heroe tragico en la dramaturgia de SOFOCLES cfr. B.M. KNOX, "L'eroe sofocleo", en La tragedia greca. Guida storica e critica, al cuidado de C.R. BEYE, Roma-Bari, 1984, pp. 71-94.

(15) Sobre el tema remito, por brevedad, a las noticias que recopile en A. ERRERA, Lineamenti di epistemologia giuridica medievale. Storia di una rivoluzione scientifica, Torino, 2006, pp. 67-72.

(16) ARISTOTELE, Analytica posteriora, 1, 2, 71b 17-25 (la traduccion italiana es de G. COLLI y se encuentra en ARISTOTELE, Opere, 1, al cuidado de G. GIANNANTONI, Roma-Bari, 1973, pp. 261-263). Sobre este pasaje aristotelico cfr. M. MIGNUCCI, Largomentazione dimostrativa in Aristotele. Commento agli Analitici Secondi, 1, Padova, 1975, pp. 21-23; V. CELLUPRICA, La logica antica, Torino, 1978, pp. 157-158.

(17) Cfr. ERRERA, Lineamenti, cit., pp. 80-93.

(18) Valga por todos la remision fundamental a P. GROSSI, Lordine giuridico medievale, Roma-Bari, 1997, pp. 127-222.

(19) Cfr. M.D. CHENU, La teologia come scienza nel XIII secolo, trad. M. SPRANZI, M. VIGEVANI, Milano, 19953, pp. 93-97.

(20) Cfr. A. ERRERA, Il concetto di scientia iuris dal XII al XIV secolo. Il ruolo della logica platonica e aristotelica nelle scuole giuridiche medievali, Milano, 2003, pp. 113-121.

(21) Cfr. A. ERRERA, "Tra 'analogia legis' e 'analogia iuris': Bologna contro Orleans", en Studi di storia del diritto medioevale e moderno, ii, Bologna, 2007, pp. 139-189, tambien en Il ragionamento analogico. Profili storico-giuridici, al cuidado de C. STORTI, Napoli, 2010, pp. 133-181.

(22) Cfr. A. DE LIBERA, Il problema degli universali: da Platone alla fine del Medioevo, trad. R. CHIARADONNA, Scandicci, 1999.

(23) Cfr. A. ERRERA, "Aristotele, i 'Topica' e la scienza giuridica medievale", en Angelicum, 85 (2008), pp. 341-362, tambien en Les lieux de argumentation. Histoire du syllogisme topique d'Aristote a Leibniz, ed. J. BIARD e F. MARIANI ZINI, Turnhout, 2009, pp. 271-292.

(24) Sobre la contraposicion entre doctrina catafatica y apofatica en el pensamiento medieval cfr. A. PADOVANI, Perche chiedi il mio nome? Dio, natura e diritto nel secolo XII, Torino, 1997.

(25) Cfr. ERRERA, Lineamenti, cit., pp. 118-125.

(26) Cfr. D. MAFFEI, Gli inizi dell'Umanesimo giuridico, Milano, 1956 (reimpr. 1972).

(27) Para una presentacion basica y general del fenomeno del iusnaturalismo cfr. G. FASSO, voz "Giusnaturalismo", en Novissimo Digesto Italiano, VII, Torino, 1961, pp. 1 106-1 108; S. COTTA, voz "Giusnaturalismo", en Enciclopedia del Diritto, xix, Milano, 1970, pp. 510-524.

(28) Cfr. I. BIROCCHI, Alla ricerca dell'ordine. Fonti e cultura giuridica nell'eta moderna, Torino, 2002, pp. 1-49.

(29) Cfr. D. QUAGLIONI, La sovranita, Roma-Bari, 2004, pp. 17-44.

(30) Sobre el origen y desarrollo de las herejias en Europa en los primeros anos del siglo XVI cfr. A. ROTONDO, Studi e ricerche di storia ereticale italiana del Cinquecento, Torino, 1974, pp. 5-56; D. CANTIMORI, Umanesimo e religione nel Rinascimento, Torino, 1975; S. SEIDEL MENCHI, Erasmo in Italia. 1520-1580, Torino, 1987, D. CANTIMORI, Eretici italiani del Cinquecento e altri scritti, al cuidado de A. PROSPERI, Torino, 1992; M. CRAVERI, Leresia. Dagli gnostici a Lefebvre, il lato oscuro del cristianesimo, Milano, 1996, pp. 207-237; R. DE MATTEI, A sinistra di Lutero. Sette e movimenti religiosi nell'Europa del '500, Roma, 1999.

(31) HUGO GROTIUS, De iure belli ac pacis libri tres, al cuidado de B.J.A. DE KANTER-VAN HETTINGA TROMP, Leiden, 1939 = (con nuevas anotaciones de R. FEENSTRA e C.E. PERSENAIRE) Aalen, 1993, p. 10.

(32) Cfr. BIROCCHI, Alla ricerca dell'ordine, cit., pp. 170-171.

(33) Nos limitamos a citar entre los innumerables textos sobre el tema, E. CASSIRER, La filosofia dell'Illuminismo, trad. E. POCAR, Firenze, 1974; P. CASINI, Introduzione all'Illuminismo. Da Newton a Rousseau, Roma-Bari, 1980.

(34) Cfr. N. BOBBIO, Il giusnaturalismo moderno, Torino, 2009.

(35) Sobre el positivismo juridico cfr. N. BOBBIO, Giusnaturalismo e positivismo giuridico, Roma-Bari, 2011; M.A. CATTANEO, voz "Positivismo giuridico", en Novissimo Digesto Italiano, xiII, Torino, 1966, pp. 315-322; F. MODUGNO, voz "Positivismo giuridico", en Enciclopedia del Diritto, XXXIV, Milano, 1985, pp. 448-452.

(36) Cfr. J.M. KELLY, Storia del pensiero giuridico occidentale, Bologna, 1996, pp. 431-563; A.M. HESPANHA, Introduzione alla storia del diritto europeo, Bologna, 2003, pp. 250-265; G. FASSO, Storia della filosofia del diritto. III: Ottocento e Novecento, Roma-Bari, 20116, pp. 176-212.

(37) Cfr. L. CAVALAGLIO, "Literature vs. Economics, ovvero Richard Posner e l'analisi giusletteraria", en Vita notarile, 1998, pp. 492-518.

(38) Sobre la evolucion del concepto de derecho natural en la historia plurimilenaria cfr. H. WELZEL, Diritto naturale e giustizia materiale, al cuidado de G. DE STEFANO, Milano, 1965.

(39) Cfr. V. VILLA, Il positivismo giuridico: metodi, teorie e giudizi di valore. Lezioni di filosofia del diritto, Torino, 2004.

(40) Cfr. FASSO, Storia della filosofia del diritto, III, cit., pp. 318-350.
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Author:Errera, Andrea
Publication:Revista de Derecho Privado (1998)
Date:Jul 1, 2013
Words:9119
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