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Los espacios del trabajo femenino en la Castilla del siglo XV.

RESUMEN: El articulo parte del planteamiento de un marco general que atiende a los conceptos espacio publico y espacio domestico, y a algunos

indicadores que permiten acceder a como eran percibidos esos ambitos de actividad, y como quedaban asignados a ellos los distintos integrantes del conjunto social. A partir de ahi se estudia el trabajo femenino, que en parte se desarrolla en torno a la familia, pero que en muchas ocasiones se desliza hacia el espacio publico, tanto en lo que respecta al mercado como al taller artesano. Se constata entonces que las mujeres estan presentes en la gran mayoria de sectores y oficios, tanto dentro como fuera del hogar, dedicandose a las tareas de provision y mantenimiento del hogar, comercio, artesanado, tareas agricolas y servicios (<<hosteleria>>, obras publicas, banos, etc.). Con ello se constata con mas precision la contribucion de las mujeres a la construccion social y se observa la posibilidad que tienen de establecer redes de relacion entre ellas.

Palabras clave: Mujeres. Siglo xv. Castilla. Trabajo. Sociedad. Trabajo femenino.

ABSTRACT: The article first outlines a general framework setting out the concepts of public space and domestic space, and establishes certain indicators which provide an insight into how these areas were viewed and how they were allocated to the various sectors that made up society. A study is then carried out of female work, which in part is centred around the family, but which mores towards the public domain, in both the market and craft workshops. Women are thus seen as being very much in evidence in the vast majority of sectors and trades, both inside the home and out, devoting themselves to the task of providing for and maintaining the home, trade, handicrafts, agricultural work and services (<<hostelry>>, public works, baths, etc.). A more accurate picture is thereby given of the contribution of women to the construction of society, and the possibility of their setting up networks of relations amongst themselves.

Keywords: Women. 15th Century Castile. Work. Society. Female Work.

SUMARIO: 0 Introduccion. 1 Consideraciones previas. 2 El trabajo de las mujeres, entre lo publico y lo domestico. 3 Conclusiones.

Female Work Areas in 15th Century Castile

0 INTRODUCCION

En las fuentes referentes a la Edad Media es facil encontrar referencias a mujeres realizando todo tipo de actividades laborales. Sin embargo, tanto la documentacion como las cronicas y buena parte de la literatura parecen poner de manifiesto que el mundo es masculino, ya que la gran mayoria de las personas que desfilan ante el lector son varones; y cuando surgen las mujeres, estas suelen hacerlo relacionadas con alguno de aquellos de forma directa o indirecta. Es decir, en esas obras hay personajes femeninos, pero aparecen en menor numero de ocasiones, y en muchos casos lo hacen de forma subsidiaria, ubicadas en un lugar o un espacio secundario. Esto, y las tendencias dominantes en el pensamiento social, explica que la historiografia tradicional prestara escasa atencion a las aportaciones femeninas a la construccion de la sociedad. En nuestros dias, con los cambios que se estan produciendo en el globalizado mundo contemporaneo y las nuevas propuestas teorico-metodologicas en el campo historiografico, el panorama puede empezar a cambiar en lo que respecta al ambito cultural occidental. Pero aun se hace preciso insistir en algunos aspectos; por una parte, en la conveniencia de prestar atencion a todos los indicios que puedan poner de manifiesto la realidad sociocultural de las mujeres, ya que, como se ha demostrado en el caso de los <<subalternos>>, ese modo de proceder permite acceder a cuestiones que de otra forma quedarian fuera de nuestro alcance; por otra, en la necesidad de buscar respuestas a nuevas preguntas que puedan sacar a la luz aspectos del pasado que hasta el presente han permanecido en la sombra. Entre esos aspectos se cuenta, a mi entender, el trabajo de las mujeres. Es cierto que desde los anos 70 del siglo xx hasta la actualidad se han ido sucediendo investigaciones sobre el particular y se han realizado interesantes propuestas. Sin embargo, todavia constituye un amplio campo a trabajar, tarea que puede abordarse desde diferentes posiciones. El acercamiento al tema que propongo en esta ocasion parte de la consideracion de la existencia de dos espacios diferentes en los que se desarrolla la vida social: el publico y el domestico (que no privado) (1). Aunque enseguida me ocupare de uno y otro, considero conveniente indicar desde este momento que, en la Edad Media, el espacio domestico no puede entenderse solo como aquel en el que las mujeres adoptan esencialmente la actitud de dar respuesta a las necesidades del otro en lo afectivo y en lo material (2); ha de tenerse en cuenta que en el mundo feudal lo domestico afecta tambien a ciertas actividades laborales productivas, ademas de las reproductivas, situacion que se puede entender facilmente si se piensa, por ejemplo, en la vinculacion hogar-taller-tienda, o en la pequena unidad de produccion campesina.

1 CONSIDERACIONES PREVIAS

En la Baja Edad Media, se ha dicho en numerosas ocasiones que las mujeres desarrollan su vida en el espacio domestico, quedando el publico al arbitrio y dominio de los varones (3). Sin embargo, ya Cristina de Pizan, a comienzos del siglo xv, relata en sus escritos los logros alcanzados por las mujeres en todos los campos, incluido el de la politica; por otra parte, a lo largo de la obra de esta autora van desfilando personajes femeninos de gran sentido politico, y ella misma cuestiona la exclusion de las mujeres del mundo de la justicia y de los puestos de gobierno. Por otra parte, en su Livre des trois vertus (obra conocida tambien como el Tresor de la cite des dames) ademas de referirse a las grandes senoras y a las mujeres de sus cortes se ocupa de las trabajadoras, tanto de la ciudad como del campo, incluyendo a las prostitutas. Sus ideas tuvieron una gran difusion e influencia, a traves de las traducciones y tambien mediante las imagenes que contribuyeron a transmitir su pensamiento (4).

Mas adelante, ya en el siglo XVI, el autor de El carro de las donas, adaptador/ traductor de Lo libre de les dones de Eiximenis, recuerda a la mujer casada sus obligaciones, que segun J.-L. Martin pueden enumerarse
   con las palabras tema (a Dios), ame (al marido), pierda (la vida
   antes que ofender a Dios), obedezca (al marido), crie (a sus
   hijos), adoctrine (a criados y familiares), cure (a marido e hijos
   en sus enfermedades), pida (ayuda a Dios para realizar su mision),
   este (honesta y devotamente en la iglesia), gobierne (su casa con
   industria), traiga (limpio al marido y a los hijos), repose (en
   casa y no ande con vecinas y malas mujeres), sea (templada en el
   comer y el beber), de (limosna a los pobres) y persuada (a su
   marido para que sea devoto y vaya a la iglesia);


a esto, para el caso de las viudas, se anade la recomendacion de realizar alguna labor de sus manos, aunque sea gran senora, porque no debe estar ociosa (5). Es cierto que la obra solo va dirigida a las damas nobles, por lo que no puede generalizarse, pero no deja de ser sorprendente que a traves de sus paginas la vida de las mujeres parezca desarrollarse entre su casa y el templo: y que Dios y el marido (y los hijos y familiares) hayan de ser sus referentes y preocupaciones. Pero hay algo mas que debe ser tomado en consideracion: la casada no parece necesitar del <<trabajo>> para estar ocupada, debe bastarle con las tareas mencionadas, que sin duda debian absorber toda su energia; las viudas, en cambio, al no tener marido y estar exentas por tanto de su cuidado, necesitan hacer algo mas para <<no estar ociosas>>, y ese algo es <<hacer algo con sus manos>>, es decir, trabajar. Mas alla de la posibilidad de alejar de esta forma no solo las malas acciones sino tambien los malos pensamientos (lo que dada la fecha en la que se realiza la obra es algo que esta sin duda en la mente del escritor), en este supuesto si se habla de trabajo, aunque sea una actividad con la que no se vayan a obtener ingresos.

Lo anterior me lleva a dos reflexiones. Por una parte es evidente que el trabajo domestico no es considerado expresamente como tal, pero si hay conciencia de que supone una intensa actividad, dado que no deja estar ociosas a las mujeres; ese trabajo, segun hemos visto, se centra en atender la casa, al marido y los hijos, en la salud y en la enfermedad (6); y esto hace referencia a ese considerar lo domestico tal y como lo expresa Soledad Murillo en la obra citada en la nota 2. Pero junto a esto, parece entenderse que en el espacio domestico se puede hacer otro tipo de trabajo, ese laborar con las manos, que podria tener o no un fin lucrativo en funcion de la clase a la que perteneciera la mujer que lo practicara. Estamos, por tanto, ante dos realidades: la mujer que en el espacio domestico ha de intentar satisfacer las necesidades del grupo familiar, en especial del marido y los hijos/as; y la que en ese mismo espacio trabaja al servicio del nucleo familiar, aunque en muchos casos lo haga de forma gratuita o no reconocida, es decir, sin lograr ingresos especificos con su actividad. Esta ultima cuestion invita a matizar el analisis del trabajo femenino mediante la utilizacion de la categoria clase que, junto a la de genero (7), constituye una adecuada herramienta metodologica para el estudio de las mujeres en la sociedad medieval; si bien, para perfilar adecuadamente la situacion, es necesario tener en cuenta tambien la posicion que cada mujer ocupa en el seno de su propia familia (8). A mi entender, al estudiar la actividad femenina no puede olvidarse la clase a la que cada mujer pertenece; asi, sin abandonar el asunto que ahora nos ocupa, podremos constatar como ese <<hacer algo con las manos>>, que recomienda El carro de las donas, sera un entretenimiento en el caso de las mujeres de la clase dominante, pero una necesidad y un aporte fundamental para la subsistencia del grupo familiar, y la suya, en el caso de las pertenecientes a la clase trabajadora, cualquiera que sea su perfil, tanto en la ciudad como en el campo.

Teniendo eso en cuenta, y volviendo a la atribucion de espacios y a la asignacion del domestico a las mujeres, considero que, para avanzar en el conocimiento de la sociedad finimedieval, tal imagen debe ser matizada y bien delimitada. A traves de las fuentes, tanto escritas como iconograficas (9), sabemos que las cosas no se desarrollaron exactamente de esa forma, pues, aunque es cierto que el espacio femenino por excelencia era el domestico, tambien las encontramos con frecuencia en el publico, desarrollando actividades laborales (10). En las paginas siguientes mi intencion es aportar algunos datos y reflexiones sobre la actividad laboral femenina en la Castilla del final de la Edad Media en uno y otro espacio, pero previamente se hace necesario esbozar algunos indicadores referentes a como eran percibidos esos ambitos de actividad y como quedaban asignados a ellos los distintos integrantes del conjunto social.

El espacio publico, es el del poder y la direccion politica de la sociedad; esta reservado a varones salvo contadas excepciones, que encontramos en el escalon mas alto, el trono y la direccion de los senorios. Es de sobra conocido que a falta de varon, las mujeres pueden reinar en Castilla (11). A esto se suma que tambien pueden encontrarse mujeres al frente de un senorio, ocupando el lugar del varon cuando este falta por cualquier razon. Podemos recordar a Elvira de Quiros, quien en 1459 es amonestada por cobrar portazgo a los ovetenses en Torrebarrio; o bien a la condesa de Luna, Isabel Osorio, que en 1504 mantiene un pleito con el concejo de Ribadesil de Suso (12). Incluso es posible que existan mujeres ejerciendo funciones habitualmente masculinas. Unas veces de caracter militar como la viuda dona Maria Sarmiento a quien, en la guerra de sucesion al trono de Isabel la Catolica, se encomienda la defensa de la fortaleza de Toro, de la que quedo apoderada con ciertos escuderos suyos; ante la imposibilidad de resistir una vez que la ciudad fue tomada por los isabelinos, supo negociar su rendicion con la reina (13). Tambien se las puede encontrar ejerciendo la mediacion en aras de resolver un conflicto social, como sucede en Palencia, donde Ines Enriquez interviene, en 1448, en la resolucion del planteado por los pecheros de la ciudad, que protestaban contra lo que sentian como una excesiva carga fiscal (14). Otro ejemplo en esa linea lo tenemos en Olula del Rio, donde entre quienes firman un acuerdo sobre alcabalas con su senora, Maria Ortega, aparece una mujer, Maria Sanzo, que lo refrenda junto a los demas vecinos (15).

No sucede lo mismo, sin embargo, cuando se trata de organos de la administracion feudal, tanto regia como nobiliar (dejamos de lado lo eclesiastico donde solo los clerigos tienen posibilidad de intervencion, siendo estos siempre y solo varones). Cualquier escalon del organigrama administrativo esta reservado a los varones, de manera que una mujer no puede ser merina, adelantada, o regidora, por citar solo tres oficios de distinta naturaleza y grado, suficientemente expresivos del ejercicio del poder en aquella sociedad. No obstante, debido a la fuerte tendencia a la patrimonializacion de los cargos, puede encontrarse alguna excepcion representada por una mujer <<ejerciendo>> en el oficio de su difunto marido, como sucede en el caso de la viuda de Perafan de Ribera: en 1464 Enrique IV confirma a Maria de Mendoza, hija del marques de Santillana, la decision de Juan II de entregarle, a peticion del marques (y seguramente debido a que solo tiene hijas), la administracion de
   el adelantamiento del Andalusia con todos los oficios a el anexos e
   pertenescientes e los judgadores de las alcadas, e vista de esa
   cibdad de Sevylla e Cordova e vos fue dada facultad para
   administrar todo por vos o por otro quien vos quisiesedes e
   nombrasedes al dicho adelantamiento e jusgados, segund que lo tenya
   e podia faser el dicho adelantado vuestro marido e los otros
   adelantados que antes de el fueron, fasta tanto que la fija mayor
   del dicho adelantado e vuestra casase con tal persona que oviese la
   dicha casa del dicho adelantado e el dicho adelantamiento e
   judgados (16).


Pero son siempre casos excepcionales, en los que actuan en tanto no haya un varon que pueda hacerlo, por lo que no hacen sino confirmar la ausencia de mujeres en esas esferas del poder politico.

Tampoco las encontraremos ejerciendo en lo que podriamos definir como el <<mundo del derecho>>. No hay que olvidar que los estudios reglados, y con ello la Universidad, les esta vedado a las mujeres (17); ni tampoco que su palabra tiene menor valor que la de un varon (18). Asi, no hay mujeres entre quienes administran justicia o se mueven en ese entorno, ni entre los notarios/escribanos; todos ellos son exclusivamente varones. En resumen, nos encontramos con un ambito laboral vedado a las mujeres: el que se refiere a la administracion y la justicia, y por extension al del ejercicio del poder. Unicamente alli donde ese ejercicio sigue estando ligado de forma oficial y efectiva a un grupo de sangre, y en los puestos de poder que se transmiten legitimamente por via hereditaria (caso del reino o un senorio) podemos encontrar a una mujer, cuando no haya varon para desempenarlo; en aquellos casos en los que no se trata de una viuda, sino de una heredera, el ejercicio de ese poder puede quedar en manos del marido (19).

En el caso de los concejos, todos los cargos, sean urbanos o aldeanos, recaen necesariamente sobre varones. Sin embargo, tambien aqui tenemos alguna excepcion, o situacion en la que las mujeres pueden en ocasiones y excepcionalmente hacerse oir. Se trata de las reuniones de los concejos <<abiertos>>, es decir, aquellas en las que ademas de los regidores y demas oficiales pueden acudir vecinos de la localidad; en esos casos, cuando una mujer, por el hecho de ser viuda o estar sola, se encuentra al frente de la casa familiar, puede asistir a la reunion y, por tanto, participar en la vida politica (20). Incluso hay datos de mujeres que presentan a personas de sus linajes para ocupar algun cargo menor de los que tiene asignados ese grupo politico-familiar; asi, en 1490, Ines Fernandez, mujer de Francisco de Ucedo, presento por sayon del linaje de Sancho Ibanez (uno de los de Medina del Campo) a Sancho de Santiago, a quien, una vez realizado el pertinente juramento, el corregidor y los regidores le ovieron por presentado e le dieron poder (21).

En algun sentido, cuando se habla del <<espacio publico>> desde la perspectiva de la organizacion social, se esta haciendo referencia al ejercicio del poder, a ese espacio al que me he referido en los parrafos anteriores, en el que solo actuan los varones, salvo excepciones. Se trata de un ambito de primera importancia, pues es alli donde se toman las decisiones que afectan a todos los integrantes del conjunto social. Sobre todo, a ese espacio corresponden algunas acciones (en terminos civiles, la guerra, el ejercicio de la justicia y el establecimiento de normas) que marcan y dirigen la vida de todos, pero que solo son ejercidas por una minoria de la poblacion afectada, la que tiene en sus manos, y ejerce, el poder. Desde el punto de vista de clase, se trata de algo que solo ejerce el sector dominante de la sociedad. Desde la perspectiva de genero solo los varones (de la clase dominante) lo ejercen. Como ya he indicado, salvo en contadas ocasiones, ese ambito publico no es el de las mujeres (ni del comun de la poblacion), lo cual parece ser acorde con esa atribucion de espacios que relega a lo domestico a la mitad de los agentes sociales, las mujeres.

Pero habria que preguntarse si ese tipo de actividades relacionadas con el ejercicio del poder pueden incluirse bajo la generica denominacion de <<trabajo>>, y si el concepto <<publico>> se reduce a lo anteriormente indicado. La mentalidad de la epoca que nos ocupa vincula la actividad laboral con el desempeno de ciertas tareas consideradas, en principio, de rango inferior, o al menos secundario, en cuanto que son no-nobles. Quienes las desempenan representan el grueso de la poblacion (sean campesinos o habitantes de las ciudades); por otra parte, hablando en terminos generales (y en sentido feudal), sus protagonistas gozan de prestigio social solo cuando se trata del comercio a gran escala, salvo excepciones de caracter local. La clase dominante, los nobles, <<no trabajan>>; de esta forma quedan directamente excluidos del mundo laboral, no solo la guerra y la administracion, sino cuanto se refiere al ejercicio del poder, desde el trono al gobierno urbano. Por tanto, si nos quedaramos con esa percepcion de <<lo publico>> como lo que se relaciona con el poder, el trabajo estaria excluido de ese ambito.

En otro orden de cosas, el espacio <<publico>> no es solo el del ejercicio del poder (la guerra, el gobierno y la administracion). Los campos, la calle y el mercado tambien tienen esa connotacion, y no hay duda de que en tales lugares encontramos a las mujeres desarrollando diversos trabajos. Se trata en todos los casos de personas no-nobles (campesinas o urbanas), que desarrollan diferentes actividades laborales, no siempre ligadas directamente con el sustento del nucleo familiar. En muchas ocasiones son vendedoras, regateras (es decir, revendedoras al por menor) o mujeres que ponen a la venta los excedentes de su propia produccion (fruteras u hortelanas, por ejemplo). En otras se trata de personas que trabajan a cambio del sustento o de un salario, caso de las lavanderas y las mozas. Tambien hay algunos lugares de trabajo en los que las vemos junto a los varones, si bien estos cuentan con mejor posicion y consideracion; se trata sobre todo de lo que podemos entender como el sector de las <<obras publicas>> donde las vemos trabajando como jornaleras. Por lo tanto, las mujeres si estan, al menos en ciertos casos y lugares, en el espacio publico entendido en sentido amplio. La pregunta ahora es como.

Antes de responder es preciso dirigir la mirada al espacio domestico, que hace referencia a la <<domus>>, al conjunto del grupo familiar organizado y estructurado en torno a un lugar de habitacion propio, la casa. Se trata de un complejo organismo social (22) sobre el que no es el momento de detenernos, aunque si es preciso senalar, en relacion con el tema que nos ocupa, que hay que considerarle al menos a dos niveles: como organismo de poder, al frente del cual se encuentra habitualmente un varon que ejerce como cabeza de familia y asume la vecindad; y como centro de produccion y de reproduccion social. Es este segundo nivel el que ahora hay que resaltar, ya que en el mismo encontramos a varones y mujeres, aunque no en posiciones similares. Es obvio que la norma imperante coloca a las mujeres bajo la autoridad de los varones; en terminos generales se puede afirmar que las mujeres son consideradas <<menores de edad>>, por lo que permanecen vinculadas a un varon (sea el padre, marido, hijo, o pariente proximo), del que dependen, con cuya autorizacion deben contar para llevar a la practica aquellas decisiones que afecten al mundo publico-juridico. En ese contexto, las mujeres son propietarias de bienes muebles e inmuebles, pueden heredar, comprar, vender o enajenar de cualquier manera sus bienes, pero no por si mismas sin mas, sino con el consentimiento de su padre, marido o tutor (23). Solo de forma excepcional, particularmente en el caso de viudedad, las vemos actuar solas y por su propia iniciativa (24). Esto recomienda utilizar, junto a las de clase y genero, una tercera categoria (que ya he mencionado mas arriba), para el estudio de las mujeres y su papel social, el estado civil y la posicion que cada una ocupa en el seno del propio grupo familiar (25).

En ese espacio domestico la autoridad patriarcal ha reservado a las mujeres un cometido particular relacionado con la conservacion y reproduccion del grupo. Lo mas directo es vincular este papel con la procreacion y ampliado a los cuidados y a la manutencion cotidiana, pues es obvio que se trata de <<asuntos de mujeres>>. Pero si atendemos bien a lo que nos muestran las fuentes, veremos que no es esto lo unico que las mujeres tienen encomendado; y que casi todo lo relacionado con esas cuestiones hace referencia a una actividad laboral que en ocasiones se desborda fuera de los estrictos limites domesticos para afectar otros espacios <<publicos>>, desde el taller a la plaza. Es aqui donde es preciso observar para encontrar la actividad laboral de las mujeres.

A tenor de lo expuesto hasta ahora, podemos intentar delimitar los espacios del trabajo femenino en la Castilla del final de la Edad Media. Alejadas de los puestos de decision politica (en terminos generales, aunque en algunos casos puedan desempenarlos de forma excepcional), las mujeres desarrollan su actividad en torno a las labores domesticas, pero no solo en el hogar, entendido en sentido estricto. Esto nos da ya un primer espacio laboral, el de las tareas que se desarrollan en la casa, consideradas en un sentido amplio y medieval, incluyendo por lo tanto desde el nacimiento y crianza de los hijos hasta el cuidado de enfermos, pasando por satisfacer las necesidades de los diferentes miembros de la familia y alimentarles. Hay que pensar que tales tareas pueden desarrollarse en la propia casa o en una ajena (u otro espacio, como veremos); ademas, en relacion con la ultima actividad indicada, no puede pasarse por alto que el <<dar de comer>> va unido a buscar los alimentos necesarios para cumplir con tal mision, lo que a su vez nos lleva al mercado y al trabajo en el campo (en tierras de labor y sobre todo en el huerto (26)). La familia constituye entonces el eje en torno al cual se desarrolla parte del trabajo femenino (27), pero este se desliza en muchas ocasiones hacia el espacio publico, y no solo en lo que respecta al mercado.

En efecto, hay un aspecto importante a tener en cuenta. Si habitualmente el taller artesano estaba vinculado a la casa, y si las doncellas de familias artesanas llevaban en ocasiones como dote herramientas propias del oficio familiar (28), hay que pensar tambien en el trabajo artesano de las mujeres, a pesar de que no figuren en las nominas de trabajadores ni a la cabeza de los talleres. Por otro lado, entre sus responsabilidades se encuentra la provision de vestido o de ciertas prendas de vestir, de manera que en este sector de la produccion habria que considerar ese trabajo textil domestico y no remunerado, que en las clases altas sirve para entretener el ocio del grupo femenino del hogar, y que en la generalidad de los casos supone una notable contribucion a la economia del grupo familiar. En este sentido lo habitual de la representacion de mujeres hilando en el taller artesanal, familiar, o en su jardin o habitacion, sola o en compania de algunas amigas, es suficientemente explicito.

Por ultimo, hay que tener en cuenta otra circunstancia, para poder enmarcar el valor social del trabajo femenino y el sentido que tiene en la sociedad patriarcal feudal. Me refiero a la remuneracion de la actividad realizada. La tendencia dominante suele entender por trabajo aquella practica a cambio de la cual la persona que lo realiza recibe una compensacion valorable en terminos economicos, aunque esto no significa lo mismo en el mundo feudal que en el capitalista. En el primero, esa compensacion puede ser el uso y disfrute de una tierra de la que obtener, mediante su puesta en explotacion directa, los recursos necesarios para la subsistencia; la ganancia derivada de la venta de algun producto; o el salario recibido a cambio de la realizacion de una determinada actividad. Pero no hay que perder de vista que no todo trabajo recibe remuneracion y, sobre todo, que una gran parte del femenino es no-remunerado, en cuanto que se realiza en el propio ambito domestico, y, o bien se consume directamente en el mismo, con lo que no hay ganancia materializable en terminos contables; o bien sale al mercado a traves de la accion del cabeza de familia, y titular del taller o de la explotacion campesina, con lo que los ingresos devengados son atribuidos al varon. De esta forma, si consideraramos <<trabajo>> solo a lo senalado en primer lugar, la presencia de las mujeres en el ambito laboral seria mucho menor que si englobamos en ese concepto tambien las labores realizadas en el ambito domestico. Pero aun en este segundo caso, para evitar que quede oculta una buena parte de la actividad laboral femenina, es preciso prestar atencion, no solamente a aquellas actividades que reportan directa o indirectamente un ingreso a la familia, sino tambien a las que no se reflejan a ese nivel, pero son imprescindibles para el sostenimiento de la unidad familiar, como cuidar, cocinar o lavar.

Tenemos, por tanto, un amplio abanico de situaciones en las que podemos encontrar muestras de trabajo femenino, dentro y fuera del hogar, <<remunerado>> o <<gratuito>>, (29). No obstante hay dificultades para estudiar el trabajo femenino por falta de fuentes adecuadas, pero tambien debido a que no son transparentes al respecto: las mujeres ejercen oficios y trabajos, pero no son reconocidas socialmente en ellos, por lo que eso no se refleja bien en la documentacion; por otra parte, cuando se trata de trabajadoras domesticas, a diferencia de los mozos, sus labores suelen ser muy amplias y estar poco definidas (30). Ademas, tanto entonces como hasta epocas recientes (y en ciertos casos tambien e, la actualidad), no hay una clara separacion entre el trabajo productivo y el reproductivo realizado por las mujeres, ni en el aspecto conceptual ni en el espacial, lo que contribuye a desdibujar el trabajo femenino e incluso a hacerle invisible en algunos ambitos, ya que todo parece circunscribir a las mujeres y sus actividades en el grupo domestico sin tomar en consideracion su faceta social (31). De ahi la importancia de atender, cuando faltan otras referencias, a lo que sucede en el caso de las viudas, ya que aquello que sabemos que hacen despues de enviudar, probablemente venian haciendolo antes de producirse esa circunstancia, por lo que puede darnos muchas pistas sobre la actividad laboral femenina.

2 EL TRABAJO DE LAS MUJERES, ENTRE LO PUBLICO Y LO DOMESTICO

Teniendo en cuenta todo lo expuesto hasta aqui, voy a ocuparme brevemente del trabajo de las mujeres al final de la Edad Media en Castilla, tanto en el espacio domestico como en el publico, entendidos uno y otro tal y como lo he explicado en las paginas anteriores. Como ya he indicado, en la sociedad feudal castellana del siglo xv el trabajo de las mujeres se desarrolla tanto en uno como en otro espacio. Pero lo mas importante es que algunas de sus actividades laborales se relacionan con ambos, desde el momento en que, o bien se practican en el seno del hogar, pero tienen proyeccion hacia el exterior (caso del trabajo en el taller/tienda familiar), o bien se realiza en lo publico, pero con referencia a lo domestico (abastecimiento de agua o lavanderia, por ejemplo). Por esta razon voy a organizar mi exposicion en cuatro partes: el abastecimiento del hogar; el trabajo artesanal y campesino; el comercio; y los servicios y otros trabajos realizados por mujeres.

La provision y mantenimiento del hogar, aportando todo aquello que el nucleo familiar precisa para su sustento y supervivencia, supone la realizacion de muy diversas actividades laborales de las que se encargan las mujeres de la casa, asi como el personal de servicio, que en terminos generales, cuando se trata de mujeres, son denominadas mozas. Por una parte este trabajo tiene que ver con la limpieza y la higiene, destacando el lavado de ropa y de todo tipo de enseres. Debido a la falta de agua en el hogar esas actividades exigen la presencia femenina en espacios publicos (fuentes, rios o acequias) donde acuden a cumplir con su obligacion. Pueden hacerlo las mujeres de la familia o, en el caso de los grupos mas acomodados de las ciudades (ademas de las nobles), trabajadoras a su servicio a las que se encomienda tales tareas. Por lo tanto, encontramos aqui a las que hoy denominariamos <<amas de casa>> y a trabajadoras que perciben alguna remuneracion a cambio de su actividad, las cuales, aunque habitualmente debieron de ser jovenes, podian ser mujeres entradas en edad e incluso casadas (32).

Cuando se trata de traer agua, ese trabajo implica el acarreo de los cantaros (33) (tambien se puede recurrir al servicio de los aguadores, pero ese es un trabajo masculino). En el caso del lavado lo habitual es acudir con la colada a una fuente o corriente de agua, en un lugar de facil acceso a la misma, que cuente con un espacio abierto para proceder despues al tendido de la ropa al sol, para su secado y <<saneamiento>>. Es muy frecuente que las ordenanzas concejiles se ocupen de este tipo de actividad, estableciendo donde, como y cuando puede o no realizarse, lo que significa que, en este aspecto, como en otros, la autoridad urbana regula el trabajo femenino sin posibilidad de que ellas intervengan en la regulacion (34). Sin embargo, no siempre la decision concejil satisface a todos; los monjes del monasterio de El Parral, cerca de Segovia, se quejan, en 1503, por considerar que el lugar en el que lavan las segovianas no es adecuado, ya que atenta contra la honestidad de los religiosos de la dicha casa; los reyes atienden la demanda (35).

En la misma linea de la provision del hogar, las mujeres de la casa o sus sirvientas han de atender a la alimentacion del grupo domestico. De nuevo nos encontramos aqui con un trabajo, que se desarrolla en parte en la cocina, en el corral y a veces tambien en el huerto, lugares en los que se prepara la comida, se cultivan algunos productos alimenticios y se crian animales que pueden contribuir al sustento familiar.

Pero este trabajo <<culinario<< tipicamente femenino exige salir fuera del propio domicilio para proveerse de aquellos productos que se adquieren en el mercado, cosa que hacen tanto las <<personas honradas<< como las de <<baja suerte>> (36). De esta forma nos encontramos de nuevo con un tipo de trabajo que une el dentro y el fuera del hogar, en un doble sentido como luego veremos, ya que junto a la que va a comprar hay que considerar a la que esta al otro lado del mostrador. En este ultimo caso hay que incluir a aquellas que ponen a la venta alimentos cocinados y dulces; sabemos que habia queseras, conserveras e incluso turroneras <<profesionales>> (37). Por lo que se refiere a las compradoras, a todas les era imprescindible acudir al mercado para adquirir una buena parte de las provisiones con las que satisfacer la dieta familiar. De esta forma se hacen presentes en el espacio publico, al que a veces pueden acudir para requerir ayuda profesional, o al menos eso se desprende del hecho de que en Toledo puede darse el caso de que un particular, cavallero o escudero, duenna o donzella o qualquier otro vezino, puede llevar a matar una res a la carniceria, teniendo entonces los carniceros la obligacion de atenderlos cobrando por ello el salario establecido por la ciudad (38).

En lo referido a la adquisicion de alimentos, los intereses de quienes compran estan <<protegidos>> por los gobernantes, que son quienes establecen los lugares y las condiciones del intercambio (procurando que los productos esten en las mejores condiciones posibles y lleguen a todo el mundo), asi como los precios a que deben venderse las mercancias. En este sentido se dictan normas para asegurar el uso de buenos pesos y medidas, como se constata en Toledo, donde en 1476 se ordena a panaderas y treceneras (vendedoras de pan) que tengan colgados los pesos a la puerta de su establecimiento; obligacion que se recuerda a las vendedoras en 1495. Tambien se regula cuando y quien puede o no acceder a los productos que necesita. En este ultimo aspecto hay ocasiones en que las caseras (termino con el que la documentacion suele denominar a las amas de casa o a quienes van a hacer la compra para abastecer los hogares particulares) no pueden comprar en tanto las profesionales no se han provisto de lo necesario (este es el caso del cereal en Toledo en los anos en los que hay carestia); otras veces, y esto es mucho mas frecuente, se da un margen de tiempo para que los particulares puedan proveerse de lo que necesitan para su consumo antes de que lo hagan quienes luego comerciaran con esa mercancia al menudeo; nuevamente Toledo nos sirve de ejemplo, puesto que alli los regateros y regateras tienen vedado el acceso a la mercancia que entra en la ciudad hasta las campanas de tercia tannidas e acabadas de tanner, con el fin expreso de que el grueso de los vecinos tengan tiempo suficiente para comprar si ese era su deseo (39). Nos encontramos asi de nuevo con una actividad laboral ejercida por las mujeres pero reglamentada por los varones, sea el senor del lugar, sea el gobierno local.

En tercer lugar, en relacion con el mismo espacio domestico del que ahora nos estamos ocupando, las mujeres desarrollan otras actividades laborales, estas si, en el marco del hogar, se trata de las tareas relacionadas con el cuidado de los ninos y los enfermos o ancianos (40). Son tareas consideradas propiamente femeninas, que ocupan parte de su jornada y que suponen el conocimiento de ciertas practicas y tecnicas, asi como de los remedios precisos para las distintas dolencias, que se transmiten de madres a hijas (o sirvientas jovenes). No obstante, en este campo encontramos un oficio, el de nodriza, que a veces se desarrolla en el propio domicilio, tanto en el caso de que sean contratadas por las madres como por algun hospital; pero en ocasiones ese trabajo exige que la mujer se instale durante dos o tres anos (en funcion de si el menor es mujer o varon) en la casa de los padres de la criatura; en estas amas de cria se busca que tengan buena leche, pero a veces tambien que sean buenas cristianas (41).

Por ultimo estaria la provision de vestido a los integrantes del grupo familiar. Las labores de hilado, tejeduria y costura que constituyen una forma de entretenimiento del ocio para las mujeres de las clases dominantes, que elaboran piezas nunca estrictamente necesarias para el aprovisionamiento familiar, forman parte de las obligaciones domesticas de las mujeres de las clases inferiores, quienes ademas, cuando se trata de lino, suelen encargarse tambien de su cultivo en el huerto. Por otra parte en estas actividades nos encontramos de nuevo con un deslizamiento del ambito domestico al publico, puesto que, como luego veremos, con frecuencia se trata de un trabajo profesional. Asi lo indica el que entre las cofradas vivas de la cofradia de Santa Marina de Burgos, en epoca de los Reyes Catolicos, aparezca la costurera Elvira Dies (42). Encontramos otros ejemplos en la documentacion malaguena que muestran la existencia de sirvientas que son ensenadas por sus senores, como la del sedero Diego de Ayala, Leonor, que en 1506 entra a su servicio con la condicion de que le ensene a hilar seda y coser lienzo; o la viuda Isabel Jimenez que en 1502 se compromete a ensenar a su criada a coser y tejer (43).

Estas ultimas labores nos ponen en relacion con otro tipo de actividades femeninas, las artesanales orientadas a la produccion y venta, que se realizan en ese espacio domestico-publico al que he aludido mas arriba, el taller. Por lo tanto nos acercan al trabajo artesanal, sector en el que no hay duda de la presencia de mujeres, aunque estas no aparezcan como protagonistas, pues, salvo excepciones, no las encontramos como titulares del taller, ni como trabajadoras especializadas, aunque realmente lo fueran (44).

Son los varones quienes controlan el trabajo artesanal en todos sus sectores; y por regla general ellas no aparecen en la documentacion relacionada con los oficios, cuya reglamentacion se expresa en masculino, indicando el dominio de aquellos en este campo de actividad. Sin embargo, sabemos que son miembros de cofradias, como se constata en las ordenanzas de la de la Santisima Trinidad de Madrigal de las Altas Torres, fechadas en 1468, en las que varios articulos se refieren a ellas; y tambien en la de Nuestra Senora de Sonsoles de Avila de 1516 (45). Y sabemos tambien que trabajan en el ambito de la produccion artesanal, destacando en el sector textil, en el que debieron de ser numerosas en la tejeduria, como lo constata el ejemplo de las tejedoras palentinas. Lopez Beltran ha documentado en Malaga la existencia de una tejedora que, en 1537, es declarada habil para ejercer el oficio tras pasar el correspondiente examen, lo que permite considerar que estamos ante una maestra del oficio; anos antes, en 1516, en esa misma ciudad hay <<mozas>> a las que podemos considerar aprendizas en ese mismo oficio, como Catalina que sera abezada por el tejedor de lienzos Nicolas Garcia; es cierto que estamos en el siglo XVI, pero nada indica que se trate de situaciones novedosas, por lo que bien podemos pensar que tambien existian en la centuria anterior, sobre todo si tenemos en cuenta que ya en 1502 cuando Isabel Jimenez acoge como criada a una nina de ocho anos, se compromete a ensenarle el oficio de coser y tejer una tela de tiras y lienzo en telar bajo de mujer, a vista de mujeres que sean maestras del oficio de tejer, es decir, estamos ante una maestra y ante la existencia de maestras tejedoras en esa fecha; anos antes, en la decada de los 90 tambien se constata esa situacion en Cordoba. Ademas es sobradamente conocido su protagonismo en el proceso de hilado, en el que se habla de hilanderas, en femenino, a la vez que se tienen noticias de mujeres que poseen ruecas y tornos de hilar; y sabemos de su presencia en otros como el cardado y el tinte, sin olvidar a las curadoras (blanqueadoras) y lianderas (doblan y preparan las telas para venderlas), asi como a las que lavan lana y panos (46).

Este trabajo artesanal parecen realizarlo principalmente en el taller del padre o del marido. En el mismo sector del textil encontramos ejemplos, como el de algunas torcedoras y devanadoras de seda cordobesas que trabajan con sus maridos; pero tambien en otros oficios, como la curtiduria (47). Lo mismo puede decirse del caso del molino, lugar al que acuden muchas personas, que habitualmente esta a cargo de un molinero, y en el que trabajan otros miembros de la familia. En esos casos es facil comprender que las mujeres queden al frente del taller en caso de enviudar. Esto debia suceder incluso tratandose de un molino, donde encontramos molineras, acepcion que no siempre se refiere a la mujer del molinero; a veces es ella la que esta al frente de la empresa, tal y como se constata en el caso de las <<roderas>>, de Bilbao, en la villa de Durango y en Orduna (48). No obstante algunos oficios ponen trabas a las viudas, como sucede en Santiago de Compostela con las azabacheras, que pueden seguir en la cofradia (donde aparecen tambien como maestras de aprendices) y mantener tienda propia siempre que no se casen con alguien de otro oficio (49).

Ahora bien, el trabajo femenino no se realiza solo en la empresa familiar. Tambien debia ser frecuente su presencia en talleres ajenos, aunque las noticias al respecto en la Corona de Castilla sean, por el momento, escasas. Hay que pensar que algunas de las llamadas <<mozas>> no se dedican a las labores propias del hogar, sino que trabajan en el taller, como ya he senalado al referirme al textil. Y por otra parte quiza trabajaron como obreras especializadas aquellas que aprendian un oficio en un taller, una vez superada esa fase de aprendizaje. En este sentido cabe preguntarse que haria despues, si no fuera asi, la huerfana Leonor que en 1498 entra de aprendiza con Garcia Penuela y su mujer, de la que se dice que es tejedora de seda, para que esta le ensene a tejer algodon y seda (50); podria casarse con un tejedor, es cierto, pero quiza tambien trabajar como tejedora en taller ajeno, el de su maestra u otro distinto.

A esto hay que sumar que en algunos sectores las mujeres parecen ser titulares del taller por si mismas, no como viudas o hijas herederas de algun varon. Esa debia ser una situacion frecuente en los sectores feminizados de la produccion. Sin duda uno de esos oficios es el de la panaderia. En algunas villas, como Cuellar, se trata de un servicio que arrienda el concejo, y es importante senalar que a veces son ellas las que toman tal arriendo (51); otras veces son varones los que se hacen cargo de la panaderia. Pero en un caso y en otro, lo habitual es que luego sea servida por mujeres, las panaderas, que pueden trabajar por cuenta propia o ajena en este oficio (52).

Un ejemplo muy claro lo ofrece Toledo. En esta ciudad, cuando el hospital de San Pedro, a mediados del siglo XV, para dar de comer a los pobres con motivo de la fiesta de la Candelaria (2 de febrero) necesita proveerse de pan, se lo compran a la panadera. La referencia es exacta dado que, en esa ciudad, como en otras, el pan lo hacen mujeres. Incluso en este caso puede pensarse en cierta organizacion de las panaderas, y por tanto del oficio, a juzgar por lo que dicen las ordenanzas que regulan la venta de los cereales y el pan. Estas se refieren a ellas como las unicas personas que se ocupan de su elaboracion (solo en una ocasion se dice panadera o panadero, aludiendo de forma generica a como se han de proveer de cereal); cuando el concejo precisa establecer con conocimiento los precios del producto, encarga esa tarea a omes contadores sabidores, pero estos, para cumplir con su mision, necesitan conocer como se hacia el pan y como podia controlarse su peso y calidad, por lo que las mismas ordenanzas establecen que sean aconsejados por panaderas sabidoras (lo que hace pensar en maestras del oficio), y tambien por otras personas relacionadas con el proceso productivo, molineros, trezeneras e ayudaderas. Una vez fijado el precio de venta, las panaderas parecen tener capacidad organizativa y de contestacion, puesto que manifiestan su desacuerdo con lo decidido: e porque las panaderas dezian que perdian en esto, Toledo por les fazer merfed les permite obtener un mayor margen de ganancia; a partir de ahi seran los fieles los que controlen la venta del producto, lo mismo que el pan que lleven a vender a la ciudad las panaderas aldeanas del termino, quienes figuran al margen del grupo de las urbanas. A estas, para asegurarse la provision de alimento tan basico, la ciudad les garantiza el grano necesario, pero les impone condiciones, estableciendo quien y donde puede vender pan: en los anos en que el cereal escasea, porque esta cibdat se pudiese complir de pan cocho, hordenaron que en cada placa aya panaderas ciertas e pusieronlas por nombres (es decir, a personas concretas) e fizieron obligacion de abondar la cibdat de pan cocho dandoles pan en grano; precisamente para asegurar este abastecimiento, la ordenanza establece que en epocas de escasez no sean las panaderas las que directamente compren la materia prima, sino que lo haga un ome bueno nombrado por el concejo, que luego se encargara de repartirselo a ellas (53).

En otros lugares se observan tambien indicios de cierta organizacion del oficio de la panaderia, por ejemplo en Becerril de Campos cuyas ordenanzas establecen que las panaderas que quisieren entrar a servir a esta villa de pan cozido den fianzas, para a continuacion regular su actividad, prohibir su ejercicio a las que no hubieran dado fiadores y obligar a ejercerlo a las que si los dieron (54).

En relacion con la panaderia esta el horno, otro servicio que en ocasiones arrienda el concejo y en el que observamos igualmente una importante presencia de mujeres, aunque tambien haya horneros; en la ?poca se considera este un lugar de reunion de mujeres, lo mismo que la panaderia, lo que explica que, al menos en algunos nucleos, como Orduna, cuando un delito es cometido en un horno, no sea necesario el testimonio de un varon, siendo suficiente con el de tres mujeres (55) (como es sabido la palabra de la mujer tiene menor valor que la de un varon).

Otro sector de la produccion en el que encontramos gran numero de mujeres es el de la candeleria. Tambien es un servicio que el concejo arrienda, y es frecuente que sean los varones los que se lo adjudiquen, aunque hay casos en los que lo hace una mujer, como observamos en Castro Urdiales, donde en 1496 Juana, mujer de Juan Perez de Llano, se hace cargo de la renta de las candelas y el aceite junto a Diego de Pyerredonda (56). Despues, los talleres son servidos por mujeres, y es indiscutible que son ellas las protagonistas del oficio, pues encontramos numerosas noticias de candeleras que fabrican y venden su produccion, probablemente en el taller, y otras que lo hacen por las calles de la villa tras adquirir la mercancia en los centros de produccion. En Medina del Campo, por ejemplo, el oficio y la venta de las candelas esta sometido al control del concejo, que lo pone en arrendamiento como la carniceria o la pescaderia. En este caso el arrendador es un varon, pero esto no esta en contradiccion con la presencia femenina en la produccion y comercializacion, ya que en esta villa, como en otras, se hace referencia expresa a candeleras que venden al por menor, o a mujeres que revenden el producto de la candeleria oficial, a un precio un poquito mayor que esta, ademas, las candeleras no solo venden candelas, tambien ofrecen sebo en faja para las carretas, y quiza tambien para otros menesteres (57). Por otro lado, hay que dejar constancia de que en este caso, como en el de la pescaderia y panaderia, en algunos lugares hay indicios de organizacion de estas mujeres, las candeleras; asi se observa en Piedrahita, donde logran, en diciembre de 1462, que el concejo suba un poco el precio de las candelas atendiendo a su protesta, fundamentada en que en caso contrario se arruinarian (58).

Hay que recordar tambien a las cereras, oficio en el que la mano de obra femenina debia de ser abundante (59). E igualmente esta documentada la presencia de mujeres en otros oficios no mencionados hasta aqui, aunque en ellos aparezcan solo ocasionalmente. Tenemos asi, entre otras, pellejeras, jaboneras, alfayatas, vaineras, herradoras y, en Santiago de Compostela, concheras (60).

En el mundo rural nos encontramos con situaciones similares a las que acabamos de constatar en el sector artesanal. En efecto, las mujeres participan plenamente en las tareas agricolas, habitualmente junto al marido o los varones de su casa, pero en ocasiones tambien por ellas mismas, y esto las lleva a compaginar su presencia en ambos espacios, el domestico y el publico. Los trabajos de Mercedes Borrero sobre el caso sevillano ponen claramente de manifiesto que, cuando no hay un varon (por ausencia o muerte del marido, o por tratarse de solteras), son las mujeres quienes se encargan de la gestion directa de la explotacion, tanto cuando se trata de grandes dominios (que dirigen) como de pequenas explotaciones; en este segundo caso hay que resaltar que las mujeres se encargan del trabajo de cavar y vinar la vina debido a que esas tareas han de realizarse en la epoca en que los varones, para obtener unos ingresos complementarios que siempre son necesarios, se contratan como jornaleros para atender a la recoleccion de la aceituna; por lo tanto estamos ante una circunstancia que pone ademas de manifiesto la existencia de una buena organizacion del trabajo campesino, asi como la complementariedad de la actividad de unos y otras en la explotacion agricola familiar (61).

Por otro lado hay que indicar que colaboran habitualmente en la explotacion agricola familiar, de la que suelen hacerse cargo ambos conyuges cuando reciben la tierra. Asi se observa en los documentos que recogen ese tipo de actos, como el arrendamiento que en 1458 protagonizan el monasterio de Santa Catalina de Monte Corban y un matrimonio de la zona (moradores en Arce); el procurador del prior y frailes declara que arriendo e encienso a vos los dichas Juan, fijo de Pero Gomez d'Arce e a Mari Gutierrez, vuestra muger la mencionada heredad, mientras que los arrendatarios, Juan, fijo del dicho Pero Gomez, e Mari Gutierrez su muger, por nos e por nuestros herederos otorgamos e connoscemos [...] Que recibimos de VOS ...(62).

Tambien trabajan como jornaleras, y asi lo recogen las Cortes en la segunda mitad del siglo XlV, donde se establece su jornal, que en ocasiones, como sucede en las labores de la labranza, es inferior al del varon, mientras que en otras tareas, como la de sarmentar, cobran lo mismo unos que otras (63). Se cuenta con informacion sobre el trabajo femenino en el vinedo; asi en el monasterio de las Huelgas de Burgos, sabemos que en 1435 las mozuelas que ayudan llevando vino a los trabajadores/as cobran 2 maravedis, lo mismo que los mozos que realizan ese servicio; pero mientras los varones que enforquillan o atan las horquillas en un majuelo ganan entre 7 y 8 mrs., las mujeres solo perciben poco mas de 5 mrs. por coger las horquillas. En otro sentido hay que resaltar que no faltan ocasiones en que unos y otras salen de su entorno para acudir alli donde pueden obtener mayores ingresos. Eso es lo que debia suceder en la villa de Cuellar, cuyas ordenanzas dicen que debido a que las personas que han de segar los panes se van fuera de la tierra a segar. E otros moros e mocas que han de ganar soldadas las van a ganar asi mesmo fuera de la juredicion de esta dicha villa.... surgen inconvenientes, por lo que toman medidas para evitar que omes o mugeres salieren de la villa a ganar mesiegos (64).

A todo lo anterior hay que anadir que son ellas las que suelen hacerse cargo del trabajo del huerto, y pueden vender luego en el mercado los excedentes hortofrutfcolas, como lo pone de manifiesto la documentacion de numerosas villas y ciudades, en la que se hace referencia a hortelanas, fruteras, berceras o semilleras. Aunque tambien colaboran en la venta de cualquier excedente comercializable de la explotacion familiar, contribuyendo incluso a su transporte <<a cuestas>>, como se observa en la aldea de Irun (65). Esto ultimo nos lleva al comercio.

En el sector del comercio, encontramos tambien con frecuencia a mujeres, no solo las que venden su propia produccion artesanal (como las cereras) o rural (hortelanas), sino tambien vendedoras y comerciantes profesionales, a gran escala o en el intercambio local. Pueden participar en las grandes empresas mercantiles de su familia (66). En Sevilla encontramos en los primeros anos del siglo XVI a dos olleras (una de ellas viuda de un ollero) que, cada una por su lado, fletaron varios barcos para exportar loza con destino a Lisboa; ademas las hay formando parte de las sociedades comerciales, como la formada por la sevillana Estefania Fernandez y el portugues, vecino de Lagos, Vicente Diaz. En otros lugares, como Santander, sabemos que habia igualmente mujeres al frente de negocios mercantiles, en ocasiones ellas solas, como Isabel Gutierrez de la Puebla que exporta madera a Andalucia; y otras veces en compania de otras personas, como Clara Gutierrez de Barcenilla, que junto con su hermano y sus dos hijos aparece como propietaria de una nao que desde Santander navegaba hacia Venecia (67).

Si en el gran comercio encontramos mujeres, en especial viudas, las referencias son mucho mas abundantes cuando se trata de los intercambios diarios al por menor, tanto en tiendas como en la regatoneria. En este sentido es muy expresivo el libro de acuerdos de 1499 del concejo de Valladolid: al margen del que toman los regidores el dia 19 de abril sobre los precios a que deben venderse diversos productos, se hace referencia a regatones y regatonas, sin embargo el texto del acuerdo habla exclusivamente en femenino de regatonas y fruteras, lo que pone de manifiesto que son las mujeres las que predominan en ese mercado cotidiano (68).

Hay mujeres que tienen tiendas en las que ejercen la profesion de vendedoras especializadas en algunos productos, como Maria Ruiz y Leonor Diaz, dos malaguenas que son las unicas a las que el concejo autoriza en 1502 a vender agraz en sus tiendas de la plaza Mayor y la Puerta del Mar. Tambien hay corredoras, es decir, intermediarias en las transacciones mercantiles. Y algunas son titulares de tablas, como la vallisoletana Marina Alfonso, que en 1486 lo es de la tabla de la carniceria de la Chancilleria de Valladolid, que la tiene junto con sus hijos, en juro de heredad por su marido (69). Pero la figura mas conocida es la regatona, que encontramos citada en todas partes. Desarrollan siempre su actividad bajo el control concejil, que la regula a traves de las ordenanzas y el establecimiento de los precios y condiciones de venta. En el caso de Toledo, por ejemplo, se menciona expresamente la venta al por menor de regateras y regateros de productos alimenticios, entre los que figuran diversos pescados y frutas, aceite, miel, queso, aves, huevos, lechones, cabritos, ansarones, carneros, gallinas, xetas, cardos, telas diversas, hierro y acero (70).

El de la pescaderia es otro sector comercial relativamente feminizado, al menos en alguna parte de la actividad. En la venta de pescado hay que distinguir dos ambitos, el de la venta libre, y el que esta sometido al control concejil a traves de la red y el arrendamiento de las tablas (71). En el segundo caso, eso supone la existencia de arrendadores que se hacen cargo y se comprometen a atender las tablas, aunque el servicio directo sera confiado a otras personas, varones o mujeres, que son las que realizaran la venta directa de la mercancia.

En situaciones de viudedad, las mujeres podian tener las tablas a su cargo, pero donde predominan, en general, es en la venta del pescado. En la misma villa de Medina del Campo lo confirman noticias como el acuerdo tomado por el concejo en 1490, para que vendan a lo largo del ano en las mismas condiciones y lugares que en la epoca de ferias. En Potes las pescaderas anuncian a voces su mercancia. En Madrid una de las redes del pescado esta en manos de las mujeres de una familia que se transmiten de madres a hijas. Las ordenanzas de Toledo al regular la venta de pescado y de otros productos se refieren a regateros y regateras; en este caso, como es habitual en otros lugares, las comerciantes al por menor han de esperar a que se abastezcan las caseras para poder acceder a la compra de mercancia. Por otro lado, del pescado se separan con bastante frecuencia las sardinas, que suelen tener un tratamiento particular y diferenciado del resto (las ordenanzas de Becerril de Campos, por ejemplo, dicen que las sardinas pueden venderlas abaceras o regatones). De cualquier forma, estamos ante un sector en el que las mujeres predominan sin ninguna duda; y en algun caso podemos pensar que existia cierta organizacion entre ellas, como se desprende de que las bilbainas negociaran con el concejo las condiciones de su establecimiento (72).

Tambien la venta del vino puede ser ejercida por mujeres o varones, tal y como se constata en las ordenanzas de Becerril de Campos, donde se habla de vecinos y vecinas que meten o encuban vino para vender, o que atabernan vino con el mismo fin. La existencia de un lugar especifico para la venta del vino, la taberna, y su minuciosa regulacion por parte de los concejos, proporciona algunas noticias sobre el particular y permite vislumbrar la existencia de taberneras, cuya actividad es objeto de reglamentacion en algunos fueros, como el de Madrid, que se refiere a taberneras y vinateras, y tambien a regatonas y regatones, aunque la participacion de los vendedores (y vendedoras) al por menor provoco abundantes problemas que no llegaron a solucionarse hasta 1498; precisamente al hilo de esas diferencias se realizo un registro de taberneros en el que aparecen dos mujeres, Toribia y/a muger de Pomar, esta es la mas importante de todo el sector, ya que registra 102 arrobas, mientras que el siguiente solo alcanza las 15, ademas la suma de todos los demas solo llega a 73 arrobas. Tambien las encontramos en Cuenca; y en Malaga, donde en 1491 el concejo convoca a mesoneras y taberneras, ademas de a los mesoneros y taberneros; en esos anos se conoce la existencia de dos taberneras, La Trujilla (en cuyo establecimiento se podia comer y beber) y Mari Rodriguez. En el caso de Riaza sus ordenanzas se refieren tambien a taberneras, junto a los taberneros, cuando regulan la venta del vino de manera que no se venda salvo publicamente al precio que ge lo posieren los oficiales concejiles (73).

Y luego tenemos otros productos que se ofrecian habitualmente y que en ocasiones eran vendidos por mujeres, entre ellos se encuentra la fruta y las hortalizas (por ejemplo en Valladolid, Medina del Campo o Madrid). Hay especieras (entre otros lugares en Santiago de Compostela), joyeras (en Malaga, por ejemplo) y como tuve oportunidad de senalar en otra ocasion, las ordenanzas de Bilbao sacan a la luz la existencia de otras comerciantes especializadas, entre ellas las olleras, vendedoras de carbon, mercaderas (que parecen estar especializadas en la venta de productos textiles), revendedoras de hierba verde y seca para alimentar a las caballerias, aceiteras y cereras; en Cordoba esta documentado que participan en la venta de cal (74).

Para terminar hay que recordar que aun hay otros sectores de actividad en los que encontramos mujeres trabajadoras, al lado de los varones, realizando tareas similares a las de estos, o en otras ocupaciones, que realizan por cuenta propia o ajena. Encontramos posaderas y mesoneras, si bien en la mayor parte de los casos se trata de las mujeres de los titulares de la empresa, por lo que estamos de nuevo ante mujeres que, trabajando en el entorno domestico lo hacen en un espacio publico, el meson o la posada. Aunque tambien se menciona a mesoneras sin relacion con ningun varon de su familia, como Juana Rodriguez, que regentaba un meson en Duenas; fue acusada de robo por un cliente que desde Paredes de Nava se dirigia a Valladolid; segun conocemos por la ejecutoria de agosto de 1488, el alcalde de la localidad la encontro culpable, lo mismo que el tribunal de la Chancilleria al que la mujer habia apelado (75). En otros lugares hay tambien mujeres que regentan mesones o posadas, entre ellos en Cuenca, Cordoba y Sevilla.

Las encontramos igualmente trabajando en lo que hoy denominariamos sector de la construccion y obras publicas. Son las peonas, que en general parecen cobrar menos que los varones, asi lo establecen las Cortes ya en la segunda mitad del siglo XIV (76). En la villa de Castro Urdiales, siglo y medio despues, encontramos mujeres que descargan cereal en el puerto, ayudantes de canteros, y otras que trabajan en la obra de la fuente en 1513; en este ultimo caso se puede pensar que cobrarian la mitad que los varones, aunque no se puede afirmar, puesto que desconocemos que tareas realizaban unos y otras; no obstante, lo que es claro es que tres mocas que estudieron a las fuentes, mas otras tres, que son CII maravedis. Mas a tres hobrreros (sic) questudieron a las fuentes CII maravedis (77).

En el ambito de la salud ya me he referido al papel de las mujeres en el seno familiar, pero ademas pueden ejercer como profesionales en algunos campos, entre ellos los ya mencionados de nodrizas (78). Encontramos algunos casos destacados en el ejercicio de la medicina, como el de la malaguena Elvira Vazquez, que en 1492 consigue licencia concejil para concertar brazos e piernas e otros miembros que se desconciertan a las personas, tras haber aprendido con dos maestros, uno de ellos judio, y pasar por la correspondiente comision examinadora; o la tambien malaguena, casada como la anterior, que cuenta con autorizacion para ejercer como fisica y cirujana en esa ciudad (79). Hay tambien cuidadoras profesionalizadas, que desempenan su mision en hospitales, donde pueden figurar como enfermeras, siendo a veces designada una de ellas enfermera mayor y tambien madre de ios ninos cuando estan a cargo de estos (80); y parteras, especializadas en la ayuda al parto y a la recien parida, que logicamente acuden a ejercer a los domicilios de las parturientas (81). Estamos aqui ante un trabajo que se realiza en el ambito domestico, pero no en el propio domicilio, sino en casa ajena, lo que significa salir del propio entorno y establecer relaciones con personas ajenas al propio nucleo familiar.

Por fin habria que recordar a las encargadas de los banos, que en ocasiones, como sucede en Valladolid, no solamente son trabajadoras sino titulares de los mismos. En el caso de la villa vallisoletana hay constancia de que en 1333 Maria Dias, viuda de un tendero de panos, se los vendio al cabildo de la colegiata local. En adelante los clerigos explotan el negocio mediante arriendo, y aqui tambien encontramos mujeres, como Catalina Fernandez, quien en 1449, con la autorizacion de su marido, se hace cargo del arrendamiento (82).

3 CONCLUSIONES

En las paginas anteriores hemos podido constatar la presencia de mujeres en muy diversos sectores del mundo laboral, tanto en el espacio publico como en el domestico. El sentido de esta realidad apunta al menos a dos cuestiones: la contribucion femenina a la construccion social y la posibilidad del establecimiento de redes de relacion femeninas. Es indudable que las mujeres aportan su esfuerzo y saber a multiples campos, de manera que, aunque esten sometidas al poder y control de los varones, que son quienes monopolizan el poder publico y el domestico, realizan importantes contribuciones al interes colectivo, tanto familiar como de la comunidad. Ademas estrechan lazos entre ellas en los lugares de encuentro fuera del hogar (fuente, lavadero, mercado, habitacion del parto, etc.), ya que, inevitablemente, en ese ir y venir se relacionan entre si con lo que establecen amistades y enemistades.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que las condiciones en que realizan su trabajo vienen impuestas en muchos casos por los varones, debido al deslizamiento de la mayor parte de sus ocupaciones hacia el sector publico, regulado por los gobernantes. Quiza donde esto es mas claro es en el mercado. Aqui los grandes comerciantes son generalmente varones, mientras las mujeres parecen actuar a una escala menor, en el menudeo, tanto en la compra como en la venta (83). Un ejemplo claro al respecto es el de la pescaderia, donde ellos suelen ser los arrendadores de las tablas, pero ellas pueden ser vendedoras, y lo son en la mayor parte de los casos; a la vez que son tambien las clientas que acuden a esas tablas para satisfacer la demanda familiar.

Por otro lado, y en relacion con la cuestion planteada al comienzo de este articulo, creo que puede concluirse que solo una pequena parte del trabajo realizado por las mujeres puede ser calificado de domestico en sentido estricto, pues incluso aquellas actividades que son mas propiamente hogarenas exigen su salida al exterior, es decir, al espacio publico, donde interrelacionan con el resto de los habitantes de la localidad. Por lo tanto, el espacio publico no les esta vedado, aunque tengan vedado cierto tipo de actividad en ese espacio, y sobre todo el control de lo publico, es decir: la posibilidad de regir a la comunidad urbana, en el caso de las ciudades; la intervencion en el ejercicio de las tareas de la administracion y la justicia (salvo en el caso de las reinas y grandes nobles); y la participacion en combate militar. Como es sabido, no hay mujeres soldado, ni juezas, ni regidoras; pero si hay mujeres en las calles, plazas, campos y caminos desarrollando con normalidad su actividad. Lo que sucede es que dada la mentalidad dominante en la epoca, que entiende que las mujeres necesitan <<proteccion>>, el conjunto social hace suyo el patron patriarcal que recomienda que las mujeres no frecuenten ciertos espacios si no es estrictamente necesario, y que cuando lo hagan sigan las pautas impuestas por quienes gobiernan para evitar cualquier tipo de agresion que pueda amenazarles (84). En este sentido, todas las mujeres, independientemente de su clase, son tratadas como menores de edad, y como el sector dominado de la sociedad: solo toman decisiones <<politicas>>, los varones de la clase dominante, el resto de los integrantes de la sociedad, las mujeres de la clase dominante y los varones y mujeres del comun urbano y del campesinado, quedan sometidos a los dictados de esos pocos varones que pueden regir a los demas, los nobles y los de la oligarquia urbana. No obstante hay excepciones, pues ya hemos visto que tratandose de mujeres de la clase dominante, en ciertas circunstancias y condiciones, ejercen el poder en el espacio de dominio que le es propio a su linaje, el senorio o el reino, en el ambito administrativo encomendado al marido, e incluso en su linaje.

Por ultimo, hay que resaltar que las mujeres tienen capacidad de organizacion, aunque todavia haya que estudiar su participacion en las cofradias. Casos como el de las pescaderas de Bilbao que negocian con el concejo las condiciones para ejercer su trabajo, asi como el de las panaderas toledanas y las candeleras de Piedrahita, que parecen actuar tambien en esa linea, lo ponen claramente de manifiesto; y esto, indudablemente, solo es posible por la presencia femenina en el espacio publico, donde ejercen buena parte de sus actividades todas aquellas que para mantener a su familia han de salir a proveerse de productos o a obtener los ingresos necesarios fuera del ambito estrictamente domestico.

M.a Isabel del VAL VALDIVIESO

Depto. de Historia Antigua y Medieval. Facultad de Filosofia y Letras. Universidad de Valladolid. Plaza del Campus, s/n. E-47011 VALLADOLID. C. e.: delval@fyl.uva.es

Recibido: 2008-07-10

Aceptado: 2008-09-22

* El presente trabajo se ha realizado en el marco del proyecto de investigacion MEC HUM200400333/HIST

(1) La revista Journal of Women's History dedico al estudio de los conceptos <<publico>> y <<privado>> el volumen 15, numero 1 del ano 2003.

(2) MURILLO, Soledad. El mito de la vida privada. De la entrega al tiempo propio. Madrid: Siglo XXI, 1996, p. 9

(3) Voy a referirme unicamente al sector cristiano; sobre judias y mudejares se puede consultar amplia bibliografia, entre la que se encuentra, VILLANUEVA ZUBIZARRETA, Olatz. <<Las olvidadas de una minoria: las mujeres moriscas castellanas>>. En SANTO TOMAS, Magdalena (coord.), Vivir siendo mujer a traves de la Historia. Valladolid: Universidad de Valladolid, 2005, pp. 75-85. CANTERA MONTENEGRO, Enrique. <<Actividades socio-profesionales de la mujer judia en los reinos hispano-cristianos de la Baja Edad Media>>. En MUNOZ FERNANDEZ, Angela y SEGURA GRAINO, Cristina (eds.). El trabajo de las mujeres en la Edad Media hispana. Madrid: Asociacion Cultural Al-Mudayna, 1988, pp. 321-345. Sobre otros territorios peninsulares puede consultarse, MAZZOLI-GUINTAR, Christine. <<Espacios de convivencia en las ciudades de Al-Andalus>>. En ROLDAN CASTRO, Fatima (ed.). Espiritualidad y convivencia en Al-Andalus. Huelva: Universidad de Huelva, 2006, pp. 73-89. ANDRADE, Amelia Aguiar. Horizontes urbanos medievais. Lisboa: Livros Horizonte, 2003.

(4) CABRE PAIRET, Monserrat. Cristina de Pizan y La ciudad de las damas (1405-2005). Santander: Universidad de Cantabria, 2005, pp. 9-19. VARGAS MARTINEZ, Ana. <<Christine de Pizan y La Ciudad de las Damas (1405-2005). Una aproximacion en el seiscientos aniversario>>. En Mujeres y espacios urbanos. Homenaje a Christine de Pizan 1405-2005. Madrid: Asociacion Cultural Al-Mudayna, 2007, pp. 14-21. RIVERA GARRETAS, Milagros. <<Modelos de participacion de las mujeres en la vida economica bajomedieval: Le livre des trois vertus de Christine de Pizan (1364-1430)>>. En CAVACIOCCHI, Simonetta (dir.). La donna nell'economia, sec. XIII-XVIII. Atti della Ventunesima Settimana di Studio del Istituto Internazionale di Storia Economica <<E Datini>>. Firenze: Le Monnier, 1990, pp. 605-611.

(5) MARIN, Jose-Luis. Isabel la Catolica, sus hijas y las damas de su corte. Modelos de doncellas, casadas y viudas en El Carro de las Donas (1542). Avila: Institucion <<Gran Duque de Alba>>, 2001, pp. 76-77 y 131.

(6) En general, la ideologia dominante en Europa entre los siglos XIII y xv, tal y como se expresa en los manuales educativos, recomienda que la mujer este en casa; no obstante, la realidad y la voluntad femenina llevan a las mujeres al mundo laboral. SHAHAR, Shulamith. <<The Regulation and Presentation of Women in Economic Life (13th-18th Centuries)>>. En CAVACIOCCHI, La donna nell'economia, pp. 501-522.

(7) Sobre el concepto genero vease SCOTT, Joan. <<El genero, una categoria util para el analisis historico>>. En AMELANG, James S. y NASH, Mary (eds.). Historia y genero. Las mujeres en la Europa moderna y contemporanea. Valencia: Institucio Alfons el Magnamim, 1990, pp. 23-56. BORDERIAS, Cristina (ed.). Joan Scott y las politicas de la Historia. Barcelona: Icaria-AEIHM, 2006. RIVERA GARRETAS, Maria-Milagros. <<La Historia de las mujeres que nombre el mundo en femenino>>. Acta Historica et Archaeologica Mediaevalia, 2005, rol. 26, pp. 1.155-1.172.

(8) Vease DELPHY, Christine. Por un feminismo materialista. El enemigo principal y otros textos. Barcelona: Lasal, Edicions de les Dones, 1982.

(9) EPPERLEIN, Siegfried. <<Medieval pictorial evidence of working country-women in Europe from the 12th to the 15th century>>. En CAVACIOCCHI, La donna nell'economia, pp. 217-224.

(10) Herlihy sostiene que el trabajo femenino retrocede entre los siglos XIII y XV, tanto en el artesanado como en el sector comercial; tal circunstancia la relaciona con la institucionalizacion de los oficios que conduce al apartamiento de las mujeres del maestrado; no obstante, como veremos mas adelante, al menos en algunos lugares y oficios, encontramos mujeres maestras. HERLIHY, David. <<Women's Work in the Towns of Traditional Europe>>. En CAVACIOCCHI, La donna nell'economia, pp. 103-130.

(11) Si bien esto no desanima a los varones a la hora de intentar hacerse con los recursos de poder; en este sentido el caso de Juana I y su relacion tanto con su marido, Felipe de Borgona, como con su padre, Fernando II de Aragon, resulta un ejemplo muy expresivo. Sobre la reina Juana vease ARAM, Bethany. La reina Juana. Gobierno, piedady dinastia. Madrid: Marcial Pons, 2001. LORENZO ARRIBAS, Josemi. Juana I de Castilla y Aragon (1479-1555). Madrid: Ediciones del Orto, 2004.

(12) GARCIA CANON, Pablo. Concejos y senores. Historia de una lucha en la montana occidental leonesa afines de la Edad Media. Leon: Universidad de Leon, 2006, pp. 205 y 253-254.

(13) PULGAR, Fernando del. <<Cronica de los Reyes Catolicos>>. En Cronicas de los Reyes de Castilla. Editado por Cayetano Rosell. Madrid: BAE, 1953, cap. 63, pp. 316-317.

(14) FUENTE, Ma. Jesus. <<Municipal Finances in Medieval Castile: Palencia at the Middle of the Fifteenth Century>>. En COHN, Samuel K. y EPSTEIN, Steven (eds.). Portraits of Medieval and Renaissance Living. Essays in Memory of David Herlihy. Ann Arbor: University of Michigan Press, 1996, pp. 349-362. IDEM. <<Cruzando el umbral. Mujeres en el proceso de paso del espacio privado al publico>>. En Genero y espacio publico. Ocho ensayos. Madrid: Dykinson, 2008, en prensa (agradezco a la autora que me permitiera leer este trabajo antes de su publicacion).

(15) SEGURA GRAINO, Cristina. <<Mujeres y ciudades. Agua y mercado>>. En Mujeres y espacios urbanos, p. 100.

(16) SOLORZANO TELECHEA, Jesus A. Documentacion medieval de la Biblioteca municipal de Santander. Manuscritos originales (945-1519). Santander: Asociacion Cantabra de Estudios Medievales, 2007, pp. 193-197.

(17) VAL VALDIVIESO, Ma. Isabel del. <<Las mujeres en la Universidad. De la Edad Media al siglo xx>>. En ANGUITA MARTINEZ, Rocio (coord.). Las mujeres en la Universidad de Valladolid. Valladolid: Universidad de Valladolid, 2003, pp. 17-38.

(18) Las ordenanzas de Orduna, de entre 1499-1516, establecen que para condenar a alguien es preciso la palabra de dos varones, o de un varon y dos mujeres, aunque en fornos e vezindad entre caso de mugeres tres mugeres por testigos son suficientes, ENRIQUEZ FERNANDEZ, Javier y otros. Coleccion documental del archivo municipal de Orduna (1271-1510). Donostia: Eusko Ikaskuntza, 1994, p. 289.

(19) Acabamos de verlo en el caso del adelantamiento de Andalucia, y tambien podemos recordar el caso de Isabel I de Castilla, que tuvo que negociar con su marido y un sector de la nobleza castellana para conservar su poder y ejercerlo como reina efectiva.

(20) TENA GARCIA, Soledad. <<Es pobre viuda ... Algunas notas sobre las mujeres de la aldea de Irun a fines del siglo XV>>. En SER QUIJANO, G. del y MARTIN VISO, Inaki. Espacios de poder y formas sociales en la Edad Media. Estudios dedicadas a Angel Barrios. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 2007, pp. 312-313.

(21) Archivo Municipal de Medina del Campo, Libro de Acuerdos de 1490, fol. 25r.

(22) SEGURA GRAINO, Cristina. <<Las mujeres en la organizacion familiar>>. En IGLESIA DUARTE, Jose Ignacio de la (coord.). La familia en la Edad Media. Logrono: Instituto de Estudios Riojanos, 2001, pp. 209-219. BURGUIERE, Andre; KLAPISCH-ZUBER, Christiane; SEGALEN, Martine y ZONABEND, E Histoire de la famille. T. 2, Le choc des modernites. Paris: Armand Colin, 1986. TRILLO SAN JOSE, Carmen (coord.). Mujeres, familia y linaje en la Edad Media. Granada: Universidad de Granada, 2004.

(23) Son abundantes los documentos de enajenacion de bienes en los que, interviniendo una mujer, esta cuenta con la autorizacion del marido; sirva como ejemplo la donacion que en 1463 realizan, a favor del monasterio de Santo Toribio de Liebana, Juan de la Fuente y Maria Gonzalez, su mujer; ella dice que lo hace con licencia e abtoridad e poderio que el dicho Juan de la Fuente mi marido me da para lo yuso escripto, y el que cognosco e otorgo que do el dicho poderio a la dicha Maria Goncales mi muger; ALVAREZ LLOPIS, Elisa; BLANCO CAMPOS, Emma y GARCIA DE CORTAZAR, Jose A. Coleccion diplomatica de Santo Toribio de Liebana (1300-1515). Santander: Fundacion Marcelino Botin, 1994, doc. no. 183, pp. 258-260. El valor y la importancia de la mujer y de su voluntad y derecho queda clara en documentos como el que recoge la donacion que realizan Gutierrez Diaz de Ceballos y su mujer Maria Ochoa de Ceballos, en 1473, de ciertas heredades al monasterio de Santa Catalina de Monte Corban; el declara que lo hace por mi e en vos e en nombre de donna Maria [...] por la qual me obligo con todos mis bienes [...] que ella avera por firme comigo e yo con ella todo lo en esta carta de donacion contenido e sy ella non lo oviere por rato e firme e valedero para syenpre jamas e en todo tiempo del mundo que lo pague yo el dicho Gutierre; TORO MIRANDA, Rosa Ma. de. Coleccion diplomatica de Santa Catalina de Monte Corban (1299-1577). Santander: Fundacion Marcelino Botin, 2001, vol. II, doc. no. 256, pp. 14-19.

(24) Ese es el caso de las viudas Maria Martinez de Ceranga y su nuera Maria Ochoa de Esuneta que, por ellas y en nombre de su hija y nieta Maria, menor de edad, dan a media ganancia, segun fuero de Vizcaya, unas tierras, que se detallan, al matrimonio formado por Juan de Ceranga y Maria Perez; ENRIQUEZ FERNANDEZ, Javier y otros. Coleccion documental de los monasterios de Santo Domingo de Lequeitio (1289-1520) y Santa Ana de Elorrio (1480-1520). San Sebastian: Eusko Ikaskuntza, 1993, pp. 37-38.

(25) VAL VALDIVIESO, Ma. Isabel del. <<Las mujeres en el contexto de la familia bajomedieval. La Corona de Castilla>>. En TRILLO, Mujeres. familia y linaje en la Edad Media, pp. 105-136.

(26) El que en los contratos campesinos se recoja el compromiso de ambos conyuges de cumplir con lo acordado debe ser tenido en cuenta como prueba de la implicacion de la mujer en el trabajo campesino y en las responsabilidades de las familias campesinas con el senor o titular de las tierras que trabajan; sirva como ejemplo el documento citado en la nota 24, en el que marido y mujer toman unas tierras a media ganancia, especificandose las labores que han de realizar y los compromisos que adquieren, los cuales, tal y como se desprende de la redaccion del texto, habran de ser satisfechos por ambos.

(27) SEGURA GRAINO, Cristina. <<Mujeres, trabajo y familia en las sociedades preindustriales>>. En VAL VALDIVIESO, Ma. Isabel del; SANTO TOMAS, Magdalena; DUENAS, Ma. Jesus y Rosa CUBO, Cristina de la. La historia de las mujeres. Una revision historiografica. Valladolid: Universidad de Valladolid--AEIHM, 2004, pp. 229-258. ASENJO, Maria. <<Las mujeres y el trabajo en las ciudades de la Corona de Castilla (siglos XIII-XV). Integracion y marginacion>>. En CAVACIOCCHI, La danna nell'economia, pp. 553-562.

(28) CORDOBA DE LA LLAVE, Ricardo. <<El papel de la mujer en la actividad artesanal cordobesa a fines del siglo xv>>. En MUNOz FERNANDEZ y SEGURA GRAINO (eds.), El trabajo de las mujeres, pp. 237-238.

(29) Sobre estas cuestiones del trabajo femenino remunerado y no remunerado, vease SEGURA GRAINO, Cristina. <<Actividades remuneradas y no remuneradas de las mujeres en la Edad Media hispana>>. En Rentas, produccion y consumo en Espana en la Baja Edad Media. Zaragoza: Facultad de Filosofia y Letras, Departamento de Historia Medieval, 2001, pp. 109-120.

(30) Esto ha sido observado para el caso de Zaragoza por CAMPO GUTIERREZ, Ana del. <<Mozas y mozos sirvientes en la Zaragoza de la segunda mitad del siglo XIV>>. Aragon en la Edad Media, 2006, vol. XIX, pp. 99-100.

(31) FRAU LLINARES, Ma. Jose. Mujer y trabajo. Entre la produccion y la reproduccion. Alicante: Universidad de Alicante, 1999, pp. 16-25.

(32) LOPEZ BELTRAN, Ma. Teresa. <<La accesibilidad de la mujer al mundo laboral: el servicio domestico en Malaga a finales de la Edad Media>>. En LACARRA, Ma. Eugenia y otras. Estudios historicos y literarios sobre la mujer. Malaga: Diputacion Provincial de Malaga, 1990, pp. 121-142. LORA, Gloria. <<El servicio domestico en Cordoba a fines de la Edad Media>>. En VINALS, Jose (ed.). Actas del III Coloquio de Historia Medieval andaluza. La sociedad medieval andaluza: grupos no privilegiadas. Jaen: Instituto de Cultura, 1984, pp. 237-246.

(33) Esta actividad aparece en el Fuero Viejo de Castilla, cuando recoge que la anchura de un camino que vaya a la fuente debe ser la suficiente para que puedan cruzarse dos mujeres con sus cantaros. CONTRERAS JIMENEZ, Ma. Eugenia. <<La mujer trabajadora en los fueros castellano-leoneses>>. En MUNOZ FERNANDEZ y SEGURA GRAINO (eds.), El trabajo de las mujeres, p. 104.

(34) SEGURA GRAINO, Cristina. <<Los oficios del agua>>. En VAL VALDIVIESO, Ma. Isabel del. Vivir del agua en las ciudades medievales. Valladolid: Universidad de Valladolid, 2006, pp. 11-24.

(35) Archivo General de Simancas (A.G.S.). Registro General del Sello (R.G.S.), 1503, septiembre, 20. MAL VALDIVIESO, Ma. Isabel del. Agua y poder en la Castilla bajomedieval. El papel del agua en el ejercicio del poder conejil a fines de la Edad Media. Valladolid: Junta de Castilla y Leon, 2003, p. 141.

(36) Asi denominan a los vecinos de Toledo cuando se establecen las penas que se aplicaran a quienes vayan a comprar carne a la carniceria judia o mora, variando las penas mas graves en funcion de la condicion social de la persona infractora, que podia ser honrada o bien de vaxa suerte. IZQUIERDO BENITO, Ricardo. Abastecimiento y alimentacion en Toledo en el siglo xv. Cuenca: Universidad de Castilla-La Mancha, 2002, p. 203.

(37) LOPEZ BELTRAN, Ma. Teresa. <<El trabajo de las mujeres en el mundo urbano malagueno a finales de la Edad Media (1487-1540)>>. En CALERO SECALL, Ma. Isabel y FRANCIA SOMALO, Rosa (coords.). Saber y vivir: mujer, antiguedad y medievo. Malaga: Universidad de Malaga, 1996, pp. 166 y 172. SEGURA GRAINO, Cristina. <<Las mujeres andaluzas en la Baja Edad Media>>. En Las mujeres en las ciudades medievales. Madrid: Universidad Autonoma de Madrid, 1984, p. 150.

(38) IZQUIERDO BENITO, Abastecimiento y alimentacion en Toledo, p. 162.

(39) IZQUIERDO BENITO, Abastecimiento y alimentacion en Toledo, pp. 191-192, 194, 157 y 186.

(40) SANTO TOMAS, Magdalena. <<Las mujeres trabajadoras de la salud: de lo privado a lo publico>>. En SANTO TOMAS, Magdalena y otras. Vivir siendo mujer a traves de la Historia. Valladolid: Universidad de Valladolid, 2005, pp. 123-143. IDEM, <<Salud e identidad femenina en Castilla y Leon: las imagenes tambien hablan>>. En ROSA CUBO, Cristina de la (coord.). La voz del olvido. Las mujeres en la Historia. Valladolid: Universidad de Valladolid, 2003, pp. 61-91. En ocasiones los conocimientos femeninos sobre la salud y la enfermedad provocan recelos, lo que puede llevar a pensar que algunas mujeres practican actividades brujeriles o relacionadas con la brujeria; VAL VALDIVIESO, Ma. Isabel del. <<El mal, el demonio y la mujer (en la Castilla bajomedieval)>>. En SANTO TOMAS y otras, Vivir siendo mujer, pp. 13-40.

(41) ORTIZ, Alonso. Dialogo sobre la educacion del principe don Juan, hijo de los Reyes Catolicos. Editado por Giovanni Maria Bertini. Madrid: J. Porrua, 1983. A esta actividad femenina se refieren algunos cuadernos de Cortes. RABADE OBRADO, Ma. del Pilar. <<La mujer trabajadora en los ordenamientos de Cortes, 1258-1505>>. En MUNOZ FERNANDEZ y SEGURA GRAINO (eds.), El trabajo de las mujeres, pp. 121 y 132-133. GRANA CID, Ma. del Mar. <<Apuntes en torno al trabajo de las mujeres en el campo de la asistencia social durante la Baja Edad Media>>. En RAMOS PALOMO, Ma. Dolores y VERA BALANZA, Ma. Teresa. El trabajo de las mujeres. Pasado y presente. Malaga: Diputacion Provincial de Malaga, 1996, vol. III, pp. 223-236. ALVAREZ LLOPIS, Ma. Elisa. <<Espacio y tiempo del trabajo femenino en la Edad Media>>. En RAMOS y VERA, El trabajo de las mujeres, vol. IV, p. 232. A comienzos del siglo XVI se documenta en Bilbao la existencia de un ama de cria para atender a un nino exposito: ENRIQUEZ FERNANDEZ, Javier y otros. Libro de acuerdos y decretos municipales de la villa de Bilbao (1509-1515). San Sebastian: Eusko Ikaskuntza, 1995, pp. 64-65.

(42) SOLORZANO TELECHEA, Documentacion medieval, doc. no. 22, p. 95.

(43) LOPEZ BELTRAN, <<El trabajo de las mujeres>>, pp. 160-161.

(44) Sobre el mundo urbano vease, FUENTE, Ma. Jesus. <<Trabajo y genero, el trabajo de las mujeres en la produccion economica urbana bajomedievab,. En CASTILLA Santiago (coord.). El trabajo a traves de la Historia. Madrid: Asociacion de Historia Social, 1996, pp. 125-134. SEGURA GRAINO, Cristina. >>Mujeres en el mundo urbano. Sociedad, instituciones, trabajo>>. En MORANT, Isabel (dir.). Historia de las mujeres en Espana y America Latina. Madrid: Catedra, 2005, vol. I, pp. 517-545.

(45) Las ordenanzas de la cofradia de Madrigal se refieren a cofrades y cofradas; la no. 21 establece las condiciones que qualquier honbre o muger que quisiere ser nuestro ermano ha de tener, y la 31 esta dedicada a las mujeres que quieran ser cofradas. En las de Nuestra Senora de Sonsoles de Avila varios articulos se refieren tambien a cofrades y cofradas, aclarandose en el 29 que puede tratarse de duenas viudas o casadas. SOBRINO CHOMON, Tomas. Documentos de antiguos cabildos, cofradias y hermandades abulenses. Avila: Institucion <<Gran Duque de Alba>>, 1988, pp. 66-69 y 177-228.

(46) GONZALEZ MINGUEZ, Cesar. <<Los tejedores de Palencia durante la Edad Media>>. Publicaciones de la Institucion <<Tello Tellez de Meneses>>, 1992, vol. 63, pp. 93-124. LOPEZ BELTRAN, <<El trabajo de las mujeres>>, pp. 170, 161 y 160. CORDOBA DE LA LLAVE, <<El papel de la mujer>>, pp. 244-250. COLLANTES DE TERAN, Antonio. Sevilla en la Baja Edad Media: la ciudad y sus hombres. Sevilla: Publicaciones del Excmo. Ayuntamiento, 1977, p. 323. CABANAS, Ma. Dolores. <<La imagen de la mujer en la Baja Edad Media castellana a traves de las ordenanzas municipales de Cuenca>>. En Las mujeres en las ciudades medievales, p. 104.

(47) CORDOBA DE LA LLAVE, <<El papel de la mujer>>, pp. 238-239.

(48) ENRIQUEZ FERNANDEZ y otros, Libro de acuerdos y decretos municipales de la villa de Bilbao, p. 124. ENRIQUEZ FERNANDEZ, Javier y otros. Coleccion documental del archivo municipal de Orduna (1511-1520), do la junta de Ruzabal y de la aldea de Belandia. San Sebastian: Eusko Ikaskuntza, 1994, vol. II, p. 183.

(49) SANCHEZ VIGENTE, Pilar. <<El trabajo de las mujeres en el medievo hispanico: Fueros municipales de Santiago y su tierra>>. En MUNOZ FERNANDEZ y SEGURA GRAINO (eds.), El trabajo de las mujeres, p. 188. Aunque en algun momento pudo pensarse que ciertos trabajos los monopolizan los varones y que en ellos no hay mujeres (SEGURA GRAINO, Cristina. <<Actividades remuneradas de las mujeres andaluzas en la Baja Edad Media>>. En BIRRIEL SALCEDO, Margarita-Johanna (comp.). Estrategias laborales femeninas. Trabajo, hogares y educacion. Malaga: Diputacion Provincial de Malaga, 1998, p. 125), lo cierto es que a medida que avanza la investigacion se va constatando la presencia femenina en nuevos sectores laborales, como es el caso de la industria de la seda o el comercio de exportacion.

(50) CORDOBA DE LA LLAVE, <<El papel de la mujer>>, p. 245.

(51) OLMOS HERGUEDAS, Emilio. La comunidad de villa y tierra de Cuellar a partir de las ordenanzas de 1546. Apuntes para la hutoria local de Lastras de Cuellar. Segovia: Ayuntamiento de Cuellar, 1996, ordenanzas de 1546, ley 270, pp. 309-310.

(52) Sobre la panaderia, VAL VALDIVIESO, Ma. Isabel del. <<Participacion de las mujeres en el proceso de produccion del pan en la Castilla bajomedieval>>. En Oficios y saberes de mujeres. Valladolid: Universidad de Valladolid, 2002, pp. 83-110. En Santiago de Compostela, panaderia y candeleria aparecen como oficios femeninos y regulados ya en el siglo XII. SANCHEZ VICENTE, El trabajo de las mujeres, p. 183.

(53) IZQUIERDO BENITO, Abastecimiento y alimentacion en Toledo, pp. 146 y 156-157.

(54) OLIVA HERRER, Hipolito Rafael. Ordenanzas de Becerril de Campos (circa 1492). Transcripcion y estudio. Palencia: Institucion <<Tello Tellez de Meneses>>, 2003, pp. 112-113.

(55) ENRIQUEZ FERNANDEZ y otros, Coleccion documental del archivo municipal de Orduna, p. 288.

(56) En 1501 se repite esta situacion, si bien en este caso se dice, el 17 de febrero, que Juana es mujer de Ochoa de Arzentales; y el 5 de marzo del mismo ano se la llama Juana de Arzentales. BLANCO CAMVOS, Emma; ALVAREZ LLOPIS, Elisa y GARCIA DE CORTAZAR, Jose A. Libro del concejo (1494-1522) y documentos medievales del archivo municipal de Castro Urdiales. Santander: Fundacion Marcelino Botin, 1996, pp. 125, 223 y 231.

(57) OLIVA HERRER, Hipolito Rafael. Abastecimiento local y comercio cotidiano en Medina del Campo a fines ele la EdadMedia: las ordenanzas del peso. Valladolid: Fundacion Museo de las Ferias, 2005, p. 29.

(58) Luis LOPEZ, Carmelo. Catalogo del Archivo Municipal de Piedrahita (1372-1500). Avila: Institucion <<Gran Duque de Alba>>, 1989, no. 646, pp. 200-201.

(59) En este caso puede mencionarse a Leonor Lopez, vecina de Medina del Campo, cerera de la reina, que aparece en una ejecutoria de 1490. Archivo de la Real Chancilleria de Valladolid (ARChV), Registro de Ejecutorias (RE), Caja 33, no. 27 (resenado en VARONA GARCIA, Ma. Antonia. Cartas ejecutorias del archivo de la real Chancilleria de Valladolid (1395-1490). Valladolid: Universidad de Valladolid, 2002, no. 1467).

(60) CORDOBA DE LA LLAVE, <<El papel de la mujer>>, pp. 251-252. SANCHEZ VICENTE, El trabajo de las mujeres, p. 185. En otros territorios encontramos tambien a las mujeres trabajando en muy diferentes sectores y en algunos oficios en los que hasta no hace mucho tiempo no se consideraba la presencia femenina; para el caso de Cataluna, vease, VINVOLES, Teresa. Historia de les dones a la Catalunya medieval. Lleida: Eumo Editors y Pages Editors, 2005, en especial el capitulo 4. En Avila hay adoberas, segun se constata en MONSALVO ANTON, Jose Ma. Ordenanzas municipales de Avila y su tierra, Avila: Institucion <<Gran Duque de Alba>>, 1990, doc. no. 18, ordenanzas de 1487, p. 148.

(61) BORRERO FERNANDEZ, Mercedes. <<La mujer en la gestion de las explotaciones agricolas. Diferentes grados de actuacion en el ambito rural de la Baja Edad Media sevillana>>. En MUNOZ FERNANDEZ y SEGURA GRAINO (eds.), El trabajo de las mujeres, pp. 69-82. iDEM. <<El trabajo de la mujer en el mundo rural sevillano durante la Baja Edad Media>>. En Las mujeres medievales y su ambito juridico. Madrid: Universidad Autonoma de Madrid, 1983, pp. 191-200.

(62) TORO MIRANDA, Rosa Ma. de. Coleccion diplomatica de Santa Catalina de Monte Corban. 1299-1587. Santander: Fundacion Marcelino Botin, 2001, vol. I, doc. no. 207, pp. 418-422.

(63) RABADE OBRADO, La mujer trabajadora, pp. 136-137.

(64) FRANCO SILVA, Alfonso. En la baja Edad Media. Estudios sobre senorios y otros aspectos de la sociedad castellana entre los siglos XIV al XVI. Jaen: Universidad de Jaen, 2000, p. 99. OLMOS HERGUEDAS, Emilio. La comunidad de villa y tierra de Cuellar a fines de la Edad Media. Poder politico concjil, ordenanzas municipales y regulacion de la actividad economica. Valladolid: Universidad de Valladolid, 1998, ley 148, p. 373.

(65) TENA GARCIA, <<Es pobre viuda ... Algunas notas>>, pp. 310-311.

(66) Puede verse el ejemplo de Segovia, ASENJO, Maria. <<Participacion de las mujeres en las companias comerciales castellanas a fines de la Edad Media. Los mercaderes segovianos>>. En MUNOZ FERNANDEZ y SEGURA GRAINO (eds.), El trabajo de las mujeres, pp. 223-234.

(67) OTTE, Enrique. Sevilla y sus mercaderes a fines de la Edad Media. Sevilla: Vicerrectorado de Relaciones Institucionales, 1996, p. 123 y COLLANTES DE TERAN, Antonio. <<Las relaciones entre Sevilla y Portugal a fines de la Edad Media>>. En Actas das I Jornadas de Historia Medieval do Algarve e Andaluzia. Loule: Camara Municipal de Loule, 1987, p. 92 (los tres casos estan citados en la tesis doctoral inedita de MEDIANO, Violeta. Las relaciones comerciales entre Castilla y Portugal al final de la Edad Media, Universidad de Valladolid, 2008, pp. 501-502). En el caso portugues Freitas ha constatado la presencia de mujeres casadas y viudas en el comercio entre ambos reinos, transportando sus mercancias igual que los varones (VAZ DE FREITAS, Isabel. Mercadores entre Portugal e Castela na Idade Media. Gijon: Ediciones Trea, 2006, pp. 71-72). SOLORZANO TELECHEA, Jesus A. <<La villa de las duenas honradas: la condicion de las mujeres en el Santander medieval>>. Edades. Revista de Historia, 1999, vol. 5, p. 39.

(68) PINO REBOLLEDO, Fernando. Libro de actas del ayuntamiento de Valladolid. Ano 1499. Valladolid: Ayuntamiento de Valladolid, 1993, no. 198, pp. 89-91 (los productos a los que se refiere son miel, queso fresco, manteca de vaca y de cerdo, garbanzos, sal, manos de carnero y otra menudo y tripas, camuesas, peras de diversas clases y manzanas, tocino anejo de la tierra y galizano, huevos, leche y aceite).

(69) ARChV, RE, Caja 6, no. 1 (resenado en VARONA GARCIA, Cartas ejecutorias, no. 235, p. 110). CARRETERO RUBLO, Rafael Victor. <<La mujer en las ordenanzas del concejo de Malaga>>. En RAMOS PALOMO y VERA BALANZA, El trabajo de las mujeres, p. 253. En otros lugares, como Cordoba, se encuentran carniceras y cabriteras, SEGURA GRAINO, <<Las mujeres andaluzas>>, p. 150; ESCOBAR CAMACHO, Jose Manuel; NIETO CUMPLIDO, Manuel y PADILLA GONZALEZ, Jesus. <<La mujer cordobesa en el trabajo a fines del siglo XV>>. En Las mujeres en las ciudades medievales, p. 156.

(70) IZQUIERDO BENITO, Abastecimiento y alimentacion en Toledo, p. 187.

(71) Esto puede observase en lugares como Palencia (ESTEBAN RECIO, Asuncion. Palencia a fines de la Edad Media. Una ciudad de senorio episcopal Valladolid: Universidad de Valladolid, 1989, p. 83) o Medina del Campo (OLIVA HERRER, Abastecimiento localy comercio cotidiano, pp. 26-28).

(72) OLIVA HERRER, Abastecimiento localy comercio cotidiano, p. 34. Ordenanzas de Potes de 1468, cap. 14, p. 21, publicadas en El gobierno y la administracion de los pueblos de Cantabria, I, citado en ALVAREZ LLOPIS, <<Espacio y tiempo del trabajo femenino>>, p. 147. SEGURA GRAINO, <<Mujeres y ciudades>>, p. 110. IZQUIERDO BENITO, Abastecimiento y alimentacion en Toledo, pp. 167-168 y 186-188. OLIVA HERRER, Ordenanzas de Becerril de Campos, p. 219. VAL VALDIVIESO, Ma. Isabel del. <<El trabajo de las mujeres en el Bilbao tardomedieval>>. En Las mujeres vascas en la historia. Bilbao, IPES, 1999, pp. 74-76.

(73) OLIVA HERRER, Ordenanzas de Becerril de Campos, pp. 144 y 171. CONTRERAS JIMENEZ, La mujer trabajadora en los fueros, p. 106. SEGURA GRAINO, Cristina. Los espacios femeninos en el Madrid medieval Madrid: Horas y Horas, 1992. PUNAL FERNANDEZ, Fernando. El mercado de Madrid en la Baja Edad Media: estructura de abastecimiento de un conejo medieval castellano (siglo XV). Madrid: Caja Madrid, 1992, pp. 58-61. CABANAS, <<La imagen de la mujer en la Baja Edad Media castellana>>, p. 104. LOPEZ BELTRAN, El trabajo de las mujeres, p. 177. UBIETO ARTETA, Antonio. Coleccion diplomatica de Riaza (1258-1457). Segovia: Diputacion Provincial de Segovia, 1959, Ordenanzas de 1455, ley 22, pp. 152-153.

(74) En el libro de actas vallisoletano de 1498 se recoge la noticia del arrendamiento de las tiendas de las fruteras (PINO REBOLLEDO, Fernando. Libro de actas del ayuntamiento de Valladolid. Ano 1498. Valladolid: Ayuntamiento de Valladolid, 1992, no. 130, p. 51); al ano siguiente, el libro de actas recoge la ordenanza que establece que hortelanos y hortelanas no pueden vender su mercancia en un lugar concreto de la villa, La Rinconada (PINO REBOLLEDO, Libro de actas del ayuntamiento de Valladolid. Ano 1499, no. 442, p. 188). OLIVA HERRER, Abastecimiento local y comercio cotidiano, p. 34. PUNAL FERNANDEZ, El mercado en Madrid, p. 240 (fruteras). SANCHEZ VIGENTE, El trabajo de las mujeres, p. 185. LOPEZ BELTRAN, El trabajo de las mujeres, p. 173. VAL VALDIVIESO, <<El trabajo de las mujeres>>, pp. 65-92. CORDOBA DE LA LLAVE, <<El papel de la mujer>>, p. 252.

(75) ARChV, RE, Caja 16, no. 21 (resenado en VARONA GARCIA, Cartas ejecutorias, no. 701).

(76) RABADE OBRADO, La mujer trabajadora, pp. 134-135.

(77) BLANCO CAMPOS, ALVAREZ LLOPIS y GARCIA DE CORTAZAR, Libro del concejo, pp. 435, 440 y 442. Quizas en este tipo de trabajo no hay diferencia de salarios entre moras y cristianas, pues las de ambas comunidades percibian los mismos jornales trabajando en el alcazar y en los aljibes de Teruel al final del XIV (GARCIA HERRERO, Ma. del Carmen. <<Actividades laborales femeninas en la Baja Edad Media turolense>>. Aragon en la Edad Media, 2006, vol. XIX, pp. 181-200).

(78) Para el caso de Aragon, consultese GARCIA HERRERO, Ma. del Carmen. Del nacer y del vivir. Fragmentos para una historia de la vida en la Baja Edad Media. Zaragoza: Institucion <<Fernando el Catolico>>, 2005, pp. 21-46. Para una vision general, CABRE, Monserrat. <<Como una madre, como una hija. Las mujeres y los cuidados de salud en la Baja Edad Media>>. En MORANT, Historia de las mujeres, vol. I, pp. 637-657.

(79) LOPEZ BELTRAN, El trabajo de las mujeres, p. 168.

(80) SANTO TOMAS PEREZ, Magdalena. <<Les soins donnes aux malades dans la Castille du Bas Moyen Age. L'hopital royal de Burgos, prototype de l'hopital castillan>>. En DUFOUR, Jean y PLATELLE, Henri (dirs.). Fondations et oeuvres charitables au Moyen Age. Paris: Editions du CTHS, 1999, pp. 281-292. GONZALEZ DE FAUVE, Maria Estela (coord.). Medicina y sociedad: curar y sanar en la Espana de los siglos XIII al XVI. Buenos Aires: Instituto de Historia de Espana <<Claudio Sanchez-Albornoz>>, 1996.

(81) Sobre el particular puede verse, CABRE, Monserrat y ORTIZ, Teresa (eds.). Sanadoras, matronasy medicas en Europa. Siglos XII-XX. Barcelona: Icaria, 2001; GARCIA HERRERO, Ma. del Carmen. <<Administrar el parto y recibir la criatura. Aportacion al estudio de la obstetricia medieval>>. Aragon en la Edad Media, 1989, vol. VIII, pp. 283-292. Hay normas generales que prohiben a las mujeres musulmanas ejercer como comadronas y parteras para las cristianas, y el concejo de Burgos las condena a 100 azotes; tambien lo tienen prohibido en Madrid (LOPEZ DE LA PLAZA, Gloria. <<Presencia y tipologia del trabajo femenino de musulmanas y moriscas en la economia hispana medievab>> En RAMOS PALOMO y VERA BALANZA, El trabajo de las mujeres, p. 23).

(82) SANTO TOMAS PEREZ, Magdalena. Los banos publicos en Valladolid. Agua, higiene y salud en el Valladolid medieval. Valladolid: Ayuntamiento de Valladolid, 2002, pp. 76-80.

(83) si bien hay mujeres que tienen recursos significativos y prestigio, como parece desprenderse del hecho de que en Castro Urdiales una mujer, Maria de Borecedo, salga fiadora en 1500 de quien arrendo la merceria y la zapateria en cinco mil maravedis, Sancho de Cicero el joven (BLANCO CAMPOS, ALVAREZ LLOPIS y GARCIA DE CORTAZAR, Libro del concejo, p. 203). En Santander tenemos a la viuda Catalina Fernandez de Pamanes que, en 1472, arrendo la sisa de la saca de lana (SOLORZANO TELECHEA, <<La villa de las buenas duenas honradas>>, p. 39).

(84) Se temen especialmente los deslices en lo referente a las relaciones sexuales; por eso se toman medidas tendentes a evitar las <<ocasiones>>, como que los varones de mas de catorce anos vayan a la molienda a donde estan moliendo mujeres mimosas, o que de noche las mujeres se reunan a hilar en casa ajena, salvo que no asistan en ellos hombres, ALVAREZ LLOPIS, <<Espacio y tiempo del trabajo femenino>>, p. 152.
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Author:del Val Valdivieso, Ma. Isabel
Publication:Studia Historica. Historia Medieval
Date:Jan 1, 2008
Words:17737
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