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Los emigrados franceses y la evolucion del afrancesamiento en Espana.

The French Emigrants and the Evolution of Frenchification in Spain

Cada vez disponemos de mejores estudios sobre el fenomeno del afrancesamiento durante la Guerra de la Independencia, acerca de los espanoles que, por razones esencialmente politicas (1), se declararon partidarios de Jose I y contribuyeron con decision a edificar una efimera monarquia regeneracionista, a construir un Estado de papel mojado. Igualmente, existen trabajos de calidad academica que analizan la enorme influencia que en Espana tuvieron la Ilustracion y las formas culturales de origen frances. Sin embargo, no abundan los estudios que centren su atencion en como el afrancesamiento cultural dieciochesco de las elites urbanas fue contrarrestado en muy poco tiempo por franceses exiliados: los emigrados --laicos y eclesiasticos--que abandonaron su turbulento pais entre 1789 y 1795, y como este odio se extendio como una mancha de aceite por el pais, tensionando las relaciones entre franceses residentes y espanoles por cuestiones ideologicas y socioeconomicas. Los clerigos emigrados, por medio de sus relatos experienciales, inculcaran en gran parte del clero hispano y en el pueblo llano una profunda animadversion hacia los revolucionarios, y esta inquina de tintes xenofobos y religiosos reverdecera durante 1808. Asi, en el tracto final de la monarquia de Carlos IV, se demostrara que el afrancesamiento cultural no fue semillero de afrancesados, puesto que estos abrazaron la causa de Jose I por razones ideologicas.

Este articulo pretende dar una vision general de la evolucion del concepto de afrancesamiento desde el s. XVIII hasta la invasion napoleonica, de los choques sociales entre espanoles y franceses que vivian en nuestro pais a partir de 1789 y como estos conflictos no estuvieron centrados en la corte, sino que se vivieron en todos los rincones de la nacion.

1. EL AFRANCESAMIENTO CULTURAL DE RAIGAMBRE DIECIOCHESCA

Durante la segunda mitad del s. XVIII, la influencia politica, social y cultural francesa en toda Europa tendra su refrendo en las elites hispanas urbanas, que asumiran que para favorecer en gran medida el progreso social y politico sera imprescindible aprender frances. Este proceso de drenaje cultural frances en Espana sera ademas impulsado por la dinastia borbonica iniciada con Felipe V (2). El Siglo de las Luces sera genuinamente frances, lo que fomentara la galomania entre la nobleza y la burguesia, un afrancesamiento de estirpe ideologica que se explicitara en la literatura (3), el arte, el teatro, la vestimenta (4), el mobiliario (5), la gastronomia (6), el urbanismo (7), el arte de la guerra (8), etc. Ahora bien, esta asuncion de lo frances por parte de las elites abonara el resentimiento social--con ingredientes xenofobos-del pueblo llano, defensor a ultranza de unos modos de vida y costumbres tradicionales frente a los aristocratas y burgueses que usaban pelucas empolvadas, lujosas vestimentas, exhibian gustos refinados y empleaban un lenguaje trufado de galicismos, signos externos de una decadente frivolidad que se identificara con las peligrosas ideas subversivas francesas, porque <<?puede haber algo mas excentrico y provocativo que empolvarse la cabeza con la harina que el pueblo necesita para su propia subsistencia?>> (9).

Los escasos viajeros espanoles allende nuestras fronteras consignaran por escrito sus impresiones sobre Francia, sobremanera de Paris, ciudad que les deslumbrara por su modernidad (10). Por el contrario, los viajeros europeos no incluiran Espana como obligada etapa del Grand Tour y no solo por la insegura y atrasada red viaria, sino por la mala imagen del pais y de sus habitantes forjada en la literatura de viajes, y que tanto contribuyo a fijar el imaginario colectivo europeo sobre los espanoles (11). Sin embargo, promediado el s. XVIII, recorreran Espana linternistas--muchos de ellos extranjeros--con una panoplia de artefactos opticos que permitian visionar placas pintadas que mostraban panoramicas de ciudades europeas, entre las que descollaba Paris. Los duenos de estos mundonuevos o titilimundis montaban sus espectaculos visuales en las plazas, en barracas e incluso en teatros y en salones de la aristocracia y de la alta burguesia, lo que constituyo el primer uso de las imagenes como medio de transmision cultural y forma de <<entretener y educar>>, tal y como defendian los pensadores ilustrados dieciochistas (12). El formidable exito popular del visionado de la realidad por medio de artilugios opticos como la linterna magica, le concedera una gran credibilidad social a las imagenes como forma vicaria de conocimiento del mundo (13). Francia tambien entrara por los ojos.

En 1770 el termino afrancesado estara consignado en el Diccionario de la Real Academia para referirse a la persona que <<imitaba con afectacion las costumbres francesas>>. Incluso tras la Paz de Basilea (1795), durante la privanza de Godoy, el afrancesamiento cultural tendra gran predicamento entre los estratos sociales mas cultivados del pais (14), y no solo en Madrid y la corte, pues este fenomeno se extendera por las capitales y principales ciudades (15). Pero no solo la burguesia, sino que la aristocracia dieciochesca espanola, tan conservadora y tradicionalista en sus usos y costumbres, tambien caera bajo el influjo cultural francofilo, al menos hasta el estallido revolucionario de 178916. El interes por la lengua francesa y por las corrientes de pensamiento nacidas en el pais transpirenaico no haran sino ganar prestigio a comienzos del s. XIX (17). Aprender ese idioma era algo de buen tono, lo que explica la profusion de manuales y gramaticas para el estudio de la lengua y tambien el enorme interes por leer determinadas obras sin necesidad de ser traducidas (18). No era de extranar que, al principio del reinado de Carlos IV, la nobleza cortesana adoptase <<un tono exclusivamente frances>>, y que en sus casas se hablase ese idioma de manera habitual (19).

El interes por los filosofos franceses sera una caracteristica comun entre las elites provinciales mucho antes de la explosion revolucionaria de 1789. Muchos de sus escritos sortearon el control inquisitorial por distintos cauces, y asi, en los valles pirenaicos navarros, se adquirian libros editados en Francia que redundaron en el espiritu ilustrado y modernizador del antiguo reino (20). Ademas, en la segunda mitad del s. XVIII se desarrolla un nuevo fenomeno en Europa: la notoriedad de los intelectuales y artistas--muchos de ellos franceses--trasciende las fronteras nacionales, lo que llevara a las elites ilustradas a desarrollar una creciente sensibilidad por conocer las vidas de esas personas cimeras (21).

Una eficaz manera de canalizacion del afrancesamiento cultural lo constituian los cafes (a mitad de camino entre los salones aristocraticos y las tabernas) y las tertulias mantenidas en ellos (22), donde los burgueses se ponian al dia de las novedades intelectuales europeas a traves de conversaciones, periodicos leidos y debatidos y opiniones de extranjeros afincados en ciudades espanolas por motivos profesionales o, tambien, de compatriotas que habian viajado a Francia y traian noticias de primera mano. Frente a los canales ilustrados institucionalizados como las universidades y las Sociedades Economicas de Amigos del Pais, los cafes seran un vehiculo mas liberrimo para la difusion de las ideas procedentes de Francia, pues a ellos acuden todos los estratos de la burguesia (para tomar bebidas que no fuesen vino, circunscrito a las tabernas, frecuentadas por la plebe), donde formaban corrillos y se convertian en tertulianos donde el intercambio de opiniones no estaba sometido a ninguna norma protocolaria, como sucedia en los salones de la aristocracia.

Sin embargo, esta impregnacion ideologica y cultural de lo frances no sera el germen del subsiguiente afrancesamiento politico de 1808, es decir, de quienes apoyaron la monarquia bonapartista en la persona de Jose I. Y ello porque en el bando patriota, sobre todo en la faccion liberal, hubo numerosos hombres--y mujeres-que se habian nutrido anos atras de la pujante y prestigiosa cultura francesa junto--no hay que olvidarlo--con la inglesa (23).

El contrapunto del afrancesamiento cultural en la nobleza fue el relativo exito del majismo: la adopcion por un sector de la aristocracia en el reinado de Carlos IV de unos usos sociales (linguisticos, vestimenta, exaltacion de festejos populares) tenidos como la quintaesencia de los valores tradicionales hispanicos. Esta plebeyizacion aristocratica supondra un intrinseco rechazo de lo foraneo, que se traducira por un visceral repudio del afrancesamiento cultural, lo que en ultima instancia suponia una actitud refractaria a todos los valores que los ilustrados trataban de inculcar a los espanoles: laboriosidad, honestidad, pureza de costumbres y patriotismo critico (24). El majismo vera el afrancesamiento como algo nocivo, inoculador de un afeminamiento en el habla, la moda y las costumbres, y se creara una palabra despectiva para referirse al afrancesado en modas y costumbres: petimetre. Las capas populares se identificaron con el fenomeno del majismo, del casticismo aristocratico. Y Antonio de Capmany, escandalizado durante la etapa gubernativa de Godoy con la influencia de las ideas francesas, trono contra ellas en sendos alegatos (Teatro historico-critico de la elocuencia y Centinela contra franceses) a favor de las viejas tradiciones populares como humus del caracter nacional, pues solo asi la esencia espanola se libraria de las afeminadas elites corrompidas por la modernidad y el cosmopolitismo.

No es de extranar que los misioneros, predicadores y moralistas enalteciesen las costumbres autoctonas y vilipendiasen las francesas, por considerar que eran el portillo por donde se colaban las malas costumbres y la vida disoluta. Asi, en sus sermones y escritos tronaran contra los pronunciados escotes, el lujo, los tacones, los cosmeticos, los trajes poco honestos, las modas indecentes y provocativas de las que hacian gala las madamas, las mujeres que vestian a la francesa (25).

Otra variante del frontal rechazo al afrancesamiento cultural provendra de los sermones escritos por el sector ultraconservador del clero para movilizar a los espanoles en la Guerra de la Convencion. En los sermonarios, se denostara la relajacion de costumbres, las modas, los bailes, el teatro, el lujo, los saraos y todo lo que entraba dentro del <<espiritu de libertinaje>>, es decir, lo proveniente de Francia, el enciclopedismo (26). Tengamos en cuenta que la faccion ultramontana del clero tenia ya en su punto de mira las ideas ilustradas de sesgo enciclopedista durante el reinado de Carlos III, como se evidencio tras la reforma universitaria disenada por Pablo de Olavide, lo que le costo su caida en desgracia politica, su enjuiciamiento inquisitorial y su fuga a Paris, meca de todo ilustrado (27), segunda patria para quienes eran perseguidos en la de nacimiento por sus ideas avanzadas.

Pero habra un elemento de enorme influencia en las mentalidades de las capas populares que tambien ayudara a explicar la explosiva reaccion antifrancesa en 1808: la religiosidad popular. Esta estructurante forma de vivenciar la religion --desde una perspectiva antropologica y cultural--estara tan anclada en Espana (sobre todo en la zona meridional) (28), que habria que valorar cierta capacidad causal a la hora de explicar la rapidez con la que, en 1808, prendio el sentimiento antifrances en las masas populares. A comienzos del s. XIX, las formas religiosas contrarreformistas seguian plenamente vigentes en Espana a traves de las cofradias laicales o de realengo. Eran miles las hermandades que en Cuaresma y Semana Santa, fiestas patronales o festividades del calendario liturgico organizaban fiestas religiosas y procesiones en todos los pueblos y ciudades, lo que mantenia incolume una piedad barroca basada en los ritos colectivos externos y, tambien, posibilitaba anudar unas estrechas relaciones personales a traves de populosas comidas de hermandad (29). El clero regular tenia gran presencia en la direccion espiritual de las cofradias, en la predicacion de sus cultos, en las rogativas publicas y procesiones, por lo que los sermones de los frailes dirigidos a los cofrades estaban imbuidos de ideas contrarrevolucionarias a raiz de la Revolucion francesa. Ademas, la desamortizacion promovida por Carlos III contra los bienes raices de las cofradias de realengo y la timida desamortizacion eclesiastica efectuada posteriormente por Godoy vacunaran al clero contra la politica regalista ilustrada, y no digamos contra las ideas reformistas que pretendera ejecutar la administracion bonapartista personificada en Jose I o el constitucionalismo gaditano. Estas desamortizaciones privaran a multitud de cofradias de los ingresos obtenidos por la via de los arrendamientos rusticos, lo que acarreara la extincion de muchas y producira heridas de muerte a gran numero, debiendo cerrar bastantes hospitales y hospitalicos de su propiedad, dejando sin asistencia medica y social a millares de pobres, prefigurando los efectos de la desamortizacion de Mendizabal en el ambito de la red de beneficencia.

Por todo lo anteriormente dicho, las masas populares, en 1808, consideraran una afrenta imperdonable las actitudes de las tropas napoleonicas contra el patrimonio religioso: quema de iglesias y conventos, expolio artistico, darle a los edificios eclesiasticos variopintos usos civiles, pero, sobre todo, la destruccion de las imagenes de sus cofradias en hogueras, el fusilamiento de imagenes de Dolorosas y Cristos y la parodia de procesiones pasionistas revestidos los soldados con ropajes liturgicos y ultrajando calices y copones. Consideramos, por consiguiente, que la firmemente extendida religiosidad popular asento a lo largo del s. XVIII y principios del XIX en el pueblo llano unas formas culturales (30) y un ideario tradicional enfrentados a la Ilustracion de cuno galo, lo que ayuda a comprender el furor antifrances encarrilado por el bajo clero a partir del Dos de mayo (31).

Volviendo al ambito de las elites, la fascinacion ideologica por Francia rebasara las esferas estrictamente culturales y entrara de lleno en el ambito politico al menos entre 1804 y 1808, y ello a traves de la prensa espanola: la Gazeta de Madrid, organo periodistico oficial de la monarquia de Carlos IV, contribuira (de una manera involuntaria en el mejor de los casos) al descredito de la Corona borbonica y de sus gobernantes al contraponerlos al regimen napoleonico.

La Gazeta de Madrid salia dos dias a la semana (martes y viernes) y sus noticias versaban sobre las cortes europeas y una variopinta informacion nacional. Su respetable tirada era de 10.0000 ejemplares, superando con creces a los demas periodicos espanoles (32). Dicho periodico ensalzara a partir de 1804 la Francia imperial fabricando los gacetistas una imagen casi idilica de Francia debida a una suma de factores: el genio militar de Napoleon, su politica regeneracionista (capaz de limar los excesos revolucionarios y de restaurar el orden), el ideario de promocion personal de los mas capaces, la abolicion de los residuos feudales, la defensa de las nociones de libertad e igualdad y el entusiasmo popular que suscitaban los viajes del emperador. Y todo esto en contraposicion a una monarquia hispanica esclerotizada, debilitada por factores internos (33). Como se decia entonces, habia que asumir y legitimar <<el nuevo estado de cosas>> para evitar caer en la anarquia--identificada entonces con el jacobinismo--, entendida como levantamiento popular y ataques a personas e instituciones.

Otro periodico, la Gazeta de Barcelona, repetira en 1805 los elogios al sistema napoleonico, afirmando que han terminado los delitos revolucionarios del pasado, que el pueblo frances rinde culto a su emperador por su capacidad para procurar su felicidad y que incluso el Papa celebra la defensa de la Iglesia realizada por Bonaparte (34).

Ahora bien, los logros ilustrados fueron muy diferentes en ambos paises si tomamos como referencia el inicio del reinado de Carlos IV. Mientras en Francia casi el 75% de la poblacion estaba alfabetizada, en Espana la proporcion era del 15%. El pueblo llano continuo apegado ferreamente a las nociones de defensa del rey, del altar y de sus modos de vida inveterados.

Como hemos visto, el afrancesamiento cultural enraizo en la corte, aunque tambien cosecho frutos en todas las ciudades, si bien exclusivamente en los sectores mas ilustrados. Sin embargo, no actuo como fermento en el afrancesamiento (politico) de 1808.

2. ESPANA COMO TIERRA DE OPORTUNIDADES

En el s. XVII existia un nada despreciable flujo migratorio frances hacia Espana motivado por las oportunidades economicas que se les brindaban tanto en las ciudades como en el campo debido, en gran medida, a la percepcion francesa de la natural indolencia y pereza hispanas (35). Los franceses trabajaron en el campo (jornaleros) y en la ciudad (artesania y servicio domestico), y se centraron en oficios como: carboneo, venta ambulante de vinagre y aceite--jarreros--, hospederos, aguadores, chocolateros ..., oficios comunmente despreciados por los espanoles. Las ganancias las invertian comprando en su pais natal perfumes y diversas mercaderias que revendian en Espana, obteniendo beneficios que les permitian prosperar. Los artesanos y comerciantes espanoles empezaron a quejarse de la competencia desleal de los franceses y los arbitristas recogieron ese descontento (36), lo que contribuyo a construir una mala imagen social de esos trabajadores foraneos que perdurara en el s. XVIII (37), centuria en la que las criticas se dirigiran hacia las pujantes companias comerciales francesas, acusadas de colocar en Espana manufacturas de su pais y de exportar materias primas espanolas (lana sobre todo).

La red de intereses franceses abarcaba desde los buhoneros que vendian sus productos de poca importancia por toda la geografia nacional hasta los banqueros instalados en Madrid que manejaban buena parte de los beneficios economicos del comercio colonial americano, y que hasta 1808 alentaron el flujo de metales preciosos fuera de Espana (38).

En el XVIII, ademas de existir una influyente burguesia mercantil y financiera gala, los franceses se dedicaran a multiples oficios: libreros, joyeros, pintores, escultores, maestros de esgrima o danza, musicos, sederos, sombrereros, zapateros, tejedores., pero tambien desempenaran trabajos de poca cualificacion: caldereros, posaderos o jornaleros.

Durante los reinados de Carlos III y Carlos IV los burgueses franceses dinamizan el comercio y las finanzas de buena parte de las ciudades, llegando a controlar los resortes de determinados sectores mercantiles por su caracter emprendedor y su facilidad para establecer redes de contactos (39). Estos poderosos comerciantes se reuniran en asamblea en las ciudades donde tenian una nutrida representacion (Cadiz, Sevilla, La Coruna, Vigo, Santander y Valencia), extenderan sus redes por todos los puertos de mar y, para canalizar los intereses de tan poderoso grupo de presion, estaran representados en la corte por un agente real frances que velara por el escrupuloso cumplimiento de los tratados comerciales entre ambas potencias. Asi por, ejemplo, en el Madrid de 1761 habia censados 51 mercaderes franceses, lo que constituia el 57,3% del total. La mayoria eran calificados como mercaderes de grueso (mayoristas) y solo unos pocos como comerciantes de giro o de cambio, o sea, personas dedicadas a actividades bancarias de cambio, giro y credito. Algunos de ellos habian sido admitidos en el exclusivo gremio de joyeros, dedicado tambien a la venta de perfumes, juguetes, bolsos y todo tipo de objetos de lujo. Otros franceses no censados (abundaban los buhoneros) adquirian sus mercancias a los mayoristas y se dedicaban a la venta ambulante en Madrid, sus alrededores o en otras poblaciones castellanas (40).

En Cadiz, la populosa e influyente colonia mercantil francesa tuvo un promedio de 50 a 70 companias a lo largo del s. XVIII, predominando aquellas que tenian entre dos y siete miembros, siendo la mayoria de caracter familiar (41), y en 1771 existian en la ciudad 154 casas comerciales francesas: grandes casas de comercio y banqueros (72), detallistas (32) y otros pequenos mercaderes (50) (42). En 1791, el consulado frances de Cadiz contabilizo un total de 8.885 extranjeros residentes en la ciudad, de los que 2.500 eran franceses (43). La liberalizacion del comercio americano y el duopolio que mantuvo la capital gaditana con la sevillana durante anos sentaron las bases para que los mercaderes y financieros franceses amasasen grandes fortunas en una ciudad que, a finales del s. XVIII, se habia convertido en la mas cosmopolita y abierta de miras de Espana.

En Malaga existia a la altura de 1765 una nutrida colonia francesa dedicada casi en exclusiva a la mercaduria de ropas (44). En Jaen, la burguesia mercantil francesa superaba a la espanola a finales del s. XVIII, creando una sociedad mercantil, <<Don Juan Paille y Compania>>, que tras disolverse sera sustituida por otra dirigida por Juan Camps (45); pero tambien se instalaran en la capital jiennense franceses dedicados al comercio de aceite de oliva y a la industria del pan (a finales del s. XVIII seran propietarios de la mitad de los hornos (46) y obradores de confiteria).

3. LOS EMIGRADOS FRANCESES DURANTE LA GUERRA DE CONVENCION

La Revolucion francesa supone un punto de inflexion en la corriente migratoria, pues a los trabajadores habituales venidos a Espana habra que sumar los exiliados --emigrados--por razones politico-religiosas. Los enclaves portuarios seran la plataforma predilecta para que agentes subversivos franceses propalen las bondades revolucionarias mediante relatos orales, y sortearan de manera ingeniosa las medidas de control profilactico decretadas por el Gobierno y los tribunales inquisitoriales introduciendo prensa, opusculos y panfletos revolucionarios (47). Tengamos en cuenta ademas que en el ultimo tercio del s. XVIII se difunden imparablemente por los cafes y tertulias todo tipo de chismes, rumores, anecdotas picantes, relatos maliciosos y calumnias (48) que hacen las delicias de la burguesia. En Cadiz, las autoridades cerraran un club frecuentado por franceses que mostraban simpatias revolucionarias en sus reuniones. Las autoridades espanolas estaran atentas a las posibles contaminaciones ideologicas a las que estaban expuestas las capas populares que entablaban contacto con los franceses. Lerida, en 1791, era zona de paso de miles de franceses que se desplazaban para trabajar en las almazaras del sur de Cataluna, Aragon y Valencia. Los franceses se jactaban ante los espanoles de la mejora en la vida cotidiana debido a la sustancial rebaja de los gravamenes, el clima de libertad e igualdad y la exencion de multiples impuestos religiosos (49).

Los emigrados seran firmes defensores de la monarquia absoluta, y durante la etapa de gobierno del conde de Aranda (antiguo embajador en Paris e incombustible francofilo), se organizaran en Madrid como grupo de presion (liderados por el duque de Havre y el conde de Vauguyon) para que Carlos IV declare la guerra a la Convencion, incrementando sus presiones politicas en el ultimo trimestre de 179250. Aranda, descolocado por los acontecimientos, sera acusado de inaccion por los sectores mas conservadores, y, a mediados de noviembre de 1792, caera y sera sustituido por Manuel Godoy. El valido extremeno sera el responsable de organizar las acciones belicas.

En 1793, la Guerra de la Convencion o Guerra Gran, como se la conocio entonces, supuso la entrada en Espana de un contingente numeroso de refugiados franceses en busca de asilo para escapar del radicalismo jacobino. Con anterioridad al conflicto belico, habia censados en tierras hispanas alrededor de 80.000 franceses, que o bien estaban asentados desde hacia anos o bien llegaron a partir de 1791, cuando se acelera la deriva revolucionaria gala. La alianza espanola con las monarquias absolutistas europeas, y el consiguiente envio de tropas para combatir a los revolucionarios en su propio pais, motivo que se publicara un informe sobre la situacion de los residentes franceses en Espana, dividiendolos en cuatro grupos principales: banqueros, comerciantes, artesanos y <<artistas>>. Y segun la duracion de su estancia, se establecian tres categorias: franceses naturalizados espanoles (poco numerosos) (51), transeuntes (los que acreditaban una estancia corta, caso de los temporeros) y avecindados, termino reservado para los que estaban domiciliados y habian prestado juramento de sumision a Carlos IV para disfrutar del permiso de ejercer con libertad su oficio (52).

La Real Cedula de 20-VII-1791 tenia como objetivo controlar la colonia francesa y expulsar a los transeuntes, y mandaba hacer un censo o matricula de extranjeros, obligados a jurar fidelidad al rey y a la Iglesia catolica y a renunciar al fuero de extranjeria, con lo que perdian su situacion juridica de privilegio comercial reconocida en los tratados, lo que motivo una progresiva desbandada de mercaderes franceses, sobre todo de Madrid y Cadiz, aunque no pocos aceptaron quedarse a traves de la domiciliacion y la naturalizacion. Los banqueros y financieros galos asentados en Madrid y Cadiz tambien se resintieron (la mayoria abandono el pais), pues, al ser tenidos por sospechosos de propagar las ideas revolucionarias, fueron objeto de una campana que mezclaba elementos de xenofobia, contrarrevolucion y nacionalismo espanol, motivando que a varias companias francesas se les retirasen sus privilegios comerciales en beneficio de otras hispanas, y, tambien, proporcionando excusas a los espanoles para no satisfacer las deudas contraidas con los banqueros y comerciantes galos. Ademas, se deprecio la deuda francesa, algo que perjudico sobremanera al Banco Nacional de San Carlos, que habia invertido fuertes sumas en ella.

Los acontecimientos acaecidos en el trienio 1789-1792 motivarian a finales de febrero de ese ultimo ano la caida del conde de Floridablanca, principal valedor otrora de los financieros franceses, decididos sustentadores de su anterior politica reformista merced al capital aportado. Floridablanca, que desde el principio de su mandato se vio a si mismo como un ministro confidente (del rey), mantuvo una postura de rechazo frontal a la Revolucion francesa que le condujo a adoptar drasticas medidas para evitar que las miasmas revolucionarias infeccionasen a Espana, lo cual genero una espiral: se echo en brazos de los sectores reaccionarios, persiguio con ahinco a los franceses residentes sospechosos de simpatias revolucionarias, concedio todo tipo de facilidades para que se aposentasen en territorio espanol nobles y clerigos emigrados, tensiono hasta el extremo las relaciones diplomaticas con Francia y termino perdiendo el favor del rey.

En lineas generales, las capas populares espanolas mostraron actitudes de respeto y comprension hacia los franceses instalados en las distintas poblaciones que no abandonaron Espana, pues estos, mayoritariamente, repudiaban a los revolucionarios y no se arredraban en manifestarlo.

No obstante, hubo eventuales roces con los refugiados y protestas del pueblo llano por una mezcolanza de motivos: la competencia en los oficios, el recelo que despertaban los mas empobrecidos (vivian de la caridad) y las consecuencias gravosas en la economia de las ciudades que los acogian al elevar los precios de los alimentos de primera necesidad (pan y vino) (53) y otros abastos; incluso el clero secular protesto por la subida de la harina para elaborar sagradas formas y del vino de consagrar (54).

La red de espias galos, los consules franceses y los comerciantes de dicho pais que simpatizaban con la Convencion difundian el ideario revolucionario y se enfrentaban con sus compatriotas emigrados realistas exhibiendo escarapelas tricolores y otros simbolos, lo que exacerbaba los respectivos odios, que estallaban en episodios de violencia, como sucedio varias veces en Barcelona.

Pero, de manera paradojica, los clerigos exiliados terminaron provocando hastio, pues su incombustible celo anturevolucionario se entreveraba con criticas de los usos cotidianos de los espanoles, de su incultura, su ausencia de vida social y la carencia de diversiones sanas. Estos dardos escocieron tanto al pueblo llano que revertio su inicial comprension hacia los religiosos y los considero una pesada carga economica debido a su improductividad laboral (55). Se habian convertido en un fardo.

Los conatos de violencia antifrancesa, los asaltos a propiedades o los atentados personales fueron escasos, fruto siempre de altercados que buscaban un chivo expiatorio y que estuvieron ocasionados por la virulenta propaganda (difundida sobre todo desde los pulpitos), o bien, se dirigieron contra franceses que no se recataron de exhibir simpatias revolucionarias. Los principales conflictos de este tipo acontecieron en Barcelona, Pais Vasco y Valencia (en la ciudad levantina se saquearon las casas de los franceses, se recluyo a 394 en la Ciudadela para evitar su apaleamiento y 326 fueron expulsados) (56), mientras que en otros lugares los problemas de convivencia surgieron por la desfachatez de algun frances por declararse adicto a la Revolucion, ver con buenos ojos la ejecucion en la guillotina de Luis XVI, confraternizar con los soldados franceses prisioneros repartidos por diferentes ciudades, dar gritos a favor de la libertad o atacar algun aspecto de la Iglesia. Asi, ocasionales disturbios--de baja intensidad--hubo en Madrid, Lorca, Alcala de Henares, Merida, La Coruna, Ferrol, Cadiz y Malaga (57).

Tambien se dieron casos de emigrados enrolados en el Ejercito, caso del Regimiento de Borbon acuartelado en la ciudad de Palma, donde habian sentado plaza 605 franceses a finales del s. XVIII58.

Dentro de los emigrados destacaran, como ya hemos visto, los clerigos, por su abundancia (unos 6.000) y por su extrema repulsa del ideario revolucionario (59). Los exiliados religiosos tendran que cumplir--en teoria--unas medidas legislativas tendentes a controlar su situacion en Espana: prohibicion de residir en Madrid y en las capitales de provincia, no poder establecerse a menos de veinte leguas de la frontera pirenaica, no predicar, no dar clases en colegios ni alojarse en casas privadas. Estos refugiados, por motivos ideologicos y humanitarios, levantaran en un primer momento simpatias entre los espanoles (no eran competidores de ninguna profesion civil), y recibiran ayuda de los obispados y el clero hispano para establecerse por muchas diocesis, aunque se produciran alborotos como el de Granada en mayo de 1793, cuando unos agitadores lancen a las masas (jovenes y mujeres, sobre todo) contra sacerdotes emigrados que, a pesar de vivir en la miseria, eran vistos como detestables franceses a los que habia que linchar, pidiendo incluso la horca para ellos.

Como la Francia jacobina se vaciaba de clerigos que entraban en oleadas en Espana, para evitar problemas de acogida y disturbios, en diciembre de 1793 los capitanes generales recibieron ordenes de impedir la entrada de mas religiosos franceses y exhortaron a los diferentes obispados a retener a los exiliados que tenian y que les negasen permiso para trasladarse a otra diocesis.

A partir de 1790 las diocesis de Calahorra y Pamplona reciben un incesante flujo de religiosos emigrados refractarios (contrarios a aceptar el juramento civico de los principios revolucionarios), casi todos procedentes del oeste y suroeste de Francia, puntos geograficos donde se registraran importantes levantamientos contrarrevolucionarios. La diocesis de Calahorra acogera a 1.477 clerigos, la de Valencia a 618 y el arzobispado zaragozano a 11560. El 80% de los clerigos rechazaron el juramento (bajo instrucciones del papa) y opto por el exilio. La mayoria llegaba en condiciones tan precarias que las autoridades civiles y eclesiasticas se quejaban de los gastos de manutencion que ocasionaban, y, ademas, hubo que recogerlos en conventos para evitar la propagacion de relatos de lo que sucedia en su pais (61), en Paris y en la Vendee, donde las matanzas de campesinos y religiosos alcanzaron una proporcion descomunal (62). Sin embargo, los frailes espanoles, al limosnear y predicar extramuros conventuales, se encargaran en los anos sucesivos de propagar y amplificar los relatos que escucharon de boca de sus hermanos emigrados, por lo que las clases populares de todos los pueblos desarrollaron a partes iguales recelo y odio contra la Francia revolucionaria, lo que coadyuvara a explicar el estallido antifrances de 1808 y el papel protagonista del clero regular para municionar mentes y almas patriotas.

La diocesis de Bayona se vacio de religiosos, los cuales eligieron las tierras vascas y navarras como lugar de exilio por razones idiomaticas (muchos hablaban vascuence) y por los lazos de parentesco con las familias que vivian mas alla de los Pirineos. Las posiciones contrarrevolucionarias de estos clerigos refractarios influiran en el robustecimiento de un discurso politico y de unos usos sociales antimodernos en el territorio vasco (63) en particular y en el resto de Espana en general (64). La primera oleada de emigrados tuvo una acogida favorable por todos los estamentos espanoles, comenzando por el propio rey, algo que Godoy trato de frenar por el temor a que entre tantos religiosos refugiados se infiltrasen revolucionarios que instilasen su peligroso ideario en Espana.

El obispo de Orense, Pedro de Quevedo, dispenso una calida acogida a mas de 300 religiosos refractarios, los cuales, por su animosidad contrarrevolucionaria, seran vigilados por agentes franceses de la Convencion enviados a Galicia. Asi, el consul D'Hermand informa que en octubre de 1792 llegan a La Coruna 210 clerigos galos que se dedicaran a criticar acerbamente a los revolucionarios. Dichos religiosos franceses celebraran en febrero de 1793, en todas las poblaciones donde esten instalados, exequias por el alma de Luis XVI, e incluso el 25 de noviembre de 1793, oficiaran un oficio funebre en la catedral compostelana en recuerdo de Maria Antonieta (65).

Jaen tambien fue tierra de promision para muchos emigrados civiles y religiosos. Los primeros se integraron sin mayores problemas con la poblacion autoctona y los segundos fueron bien tratados por el obispo Agustin Rubin de Ceballos: de los 82 clerigos acogidos, el 35% se quedo en la capital y el resto fue repartido por el cabildo catedralicio por conventos de la diocesis. Todos estos expatriados llegaron en una extrema situacion de pobreza. A partir de 1795 casi todos los refugiados religiosos regresaron a su pais. En 1793 fueron expulsados de la ciudad 53 franceses civiles (eran o transeuntes o solteros o viudos sin cargas familiares) y se quedaron los que estaban casados con francesas o espanolas (66).

Tras la Paz de Basilea (1795) y el Tratado de San Ildefonso (1796) se normalizan las relaciones entre ambos paises, se restaura la hegemonia francesa en el continente, la Corona espanola vuelve a supeditarse a los intereses politicos y economicos de Francia y retornan a Espana bastantes mercaderes y financieros franceses, devolviendoles la Real Hacienda los bienes embargados. Seran, sobre todo, comerciantes de rango intermedio y bajo los que se hallen a finales del s. XVIII y comienzos del s. XIX. Hacia Castilla se encaminaron franceses de la region de Auvernia para reorganizar sus sociedades mercantiles, mientras que los naturales de la region de Bearn prefirieron instalarse en Aragon (67). A partir de entonces, sera una practica usual castellanizar los nombres franceses para buscar una rapida asimilacion e integracion social, asi como los matrimonios mixtos (68), aunque estos enlaces no eran infrecuentes desde mediada la centuria.

4. LOS ANTIGUOS EMIGRADOS: ?UNA QUINTA COLUMNA AFRANCESADA EN 1808?

Al iniciarse la Guerra de la Independencia, ?que hicieron estos franceses afincados en Espana, muchos de ellos casados? Los antiguos emigrados y sus hijos compartian por lo comun un ideario contrarrevolucionario (fruto de su amarga experiencia personal) retroalimentado por la evocacion de recuerdos y el temor a las hipoteticas represalias que pudiesen adoptar contra ellos los invasores imperiales en 1808. La aceleracion del tiempo historico experimentada desde 1789 supuso un brusco cambio en todos los ordenes, una dramatica ruptura con el pasado, y los exiliados carecian de otras referencias politicas en su marco vital, lo que les genero un gran miedo al porvenir que se mantuvo hibernado y desperto en 1808.

Lo cierto es que los exiliados no actuaron como quintacolumnistas que favorecieran la caida de ciudades sitiadas mediante transmision de informacion a las tropas imperiales, ni tampoco cooperaron activamente con la administracion bonapartista en las prefecturas y municipalidades ocupando cargos de responsabilidad o enriqueciendose comercial o financieramente. Es mas, hay ejemplos de emigrados que combatieron codo con codo con soldados y voluntarios patriotas enfrentados a los regimientos napoleonicos, como sucedio en Jaen (69), Badajoz (70) y Alicante, donde el comandante imperial encarcelo a dos hermanos franceses, Juan Antonio y Manuel Lattur, por antinapoleonicos. Y aunque hubo casos de antiguos exiliados que cooperaron con los ocupantes, podemos hacer el siguiente juego de palabras: hubo pocos franceses afrancesados y bastantes franceses patriotas.

La anterior aseveracion puede aplicarse a 1814, en el marco de las depuraciones contra los sospechosos de haber colaborado con el gobierno intruso. Asi, en Santander, fueron varios los franceses (casi todos casados con espanolas) sometidos a este tipo de juicios politicos, y solo consta que uno saliera malparado: Juan, el tejedor frances, que marcho con los imperiales al exilio. En dichos procesos depurativos santanderinos tambien se censuro a comerciantes franceses como Diego Redonet, cuya tienda servia para celebrar tertulias afrancesadas e incluso pretendia que en la pescaderia se colocase una lapida en honor de Jose I (71). En Jaen, el joven literato Manuel Bergeira, hijo de un antiguo emigrado casado con una espanola, tendra que huir a Francia con las tropas imperiales y exiliarse alli por miedo a las represalias de sus convecinos, que lo convertiran en un chivo expiatorio mientras su padre, el comerciante Juan Pedro Bergeira, se quedara en la capital jiennense interviniendo a favor de su hijo en el proceso judicial de depuracion politica (72).

Y la sociedad espanola, ?que actitud mostro hacia los viejos exiliados y sus descendientes? Las situaciones fueron diversas, y bascularon entre la inicial desconfianza y la violencia fisica, los saqueos de sus propiedades o el embargo de sus bienes. Hubo ciudades donde los cabildos municipales o la autoridad militar recluyeron en mayo de 1808 a la colonia francesa con una ambivalente finalidad: controlarla politicamente y resguardarla de ataques de exaltados. Pasados los dos primeros meses del levantamiento popular, por lo general, se abandonaran los recelos y no se considerara a los emigrados como el enemigo en casa, aunque habra excepciones y la niebla de recelo y sospecha hacia ellos no se disipara. Aunque la situacion cambiara a comienzos de 1809 ...

Una vez difundidas por toda la nacion las noticias de los sucesos de Madrid el 2 de mayo, se produjo un efecto domino y los levantamientos locales durante los meses de mayo y junio respondieron a diversas causas--yuxtapuestas en muchas ocasiones--, pero que podemos clasificar en dos tipos: alzamientos populares y espontaneos (la mayoria, nada mas tener noticia de los sucesos madrilenos) y los organizados (a finales de mayo), que reactivaron la vieja y larvada pugna entre godoyistas y fernandinos: hubo ciudades donde la movilizacion popular aparejo la deposicion de las autoridades colocadas por Godoy. Los patriotas (73) interpretaron la invasion francesa como un atentado contra la Monarquia, la Religion y sus inveteradas formas de vida. El levantamiento armado fue de abajo arriba: el pueblo llano forzo a las autoridades civiles y militares a declarar la guerra y a movilizar tropas, y cuando creyo detectar tibieza o inactividad en las elites gubernativas se desataron episodios de inusitada violencia que acabaron con la vida de corregidores, nobles o militares (74). Las movilizaciones populares desbordaron los organos de poder del Antiguo Regimen al forzar a sus integrantes a organizarse militarmente en juntas, a dar una respuesta politica contundente y a coordinar el esfuerzo belico, creando una situacion revolucionaria en la que las elites civiles, militares y eclesiasticas fueron a remolque de la acelerada sucesion de acontecimientos.

Al socaire de los levantamientos antedichos, los odios de las clases populares y el revanchismo social estallaron contra algunos franceses domiciliados en bastantes urbes a partir del Dos de Mayo: fueron los cabezas de turco. En ocasiones, como en Zaragoza (donde habia casi un millar a comienzos del primer sitio), las autoridades locales pensaron que podian ser una quinta columna, y para desactivar una hipotetica ayuda a los soldados napoleonicos, los recluyeron en la Aljaferia (la carcel de la Inquisicion). En Mallorca el odio soterrado se canalizo asaltando las casas comerciales de origen frances (Canut y Mugnarot) y presionando a la recien constituida Junta Suprema para que expulsase a algunos miembros acusados de francofilia (75). En la provincia de Alicante se exhorto en mayo a los franceses a no exhibir la escarapela tricolor y a moderar sus opiniones politicas. La Junta de Represalias constituida en Jijona ordeno encarcelar a un frances y embargar sus bienes por apoyar a Napoleon. En Elche, el 6 de junio se detuvo a cuatro franceses y se embargaron sus posesiones, y en Denia, a los comerciantes franceses se les exigieron contribuciones de guerra (76).

En la capital alicantina se envio al consul frances a las mazmorras del castillo de Santa Barbara y la colonia gala (96 hombres) fue recluida en diferentes recintos con el pretexto de salvaguardar sus vidas, y sus bienes fueron confiscados como medida preventiva. Los centros habilitados para recluirlos fueron: la Casa de la Misericordia, la Casa Asegurada y la Real Carcel. Se creo una Junta de Tranquilidad Publica para mantener el orden, y los alborotos cesaron hasta que el 26 de agosto los encarcelados fueron liberados, pero, debido a los tumultos, los franceses volvieron a ser encerrados y se apaciguaron los animos prometiendo su inminente destierro. Asi, el 4 de septiembre se ordeno el extranamiento de los franceses transeuntes (eran el grueso de la colonia, y escasos sus recursos economicos) por considerarlos <<adictos al pabellon de su nacion>>, y fueron obligados a embarcar en un buque que los condujo a Francia y a Gibraltar (77). Solo quedo en Alicante un punado de franceses domiciliados, casados con espanolas y con hijos.

En Ciudad Rodrigo, el 10 de junio de 1808 una enardecida muchedumbre da muerte, entre otras personas, al comerciante frances Juan Bayle, siendo su cadaver arrastrado por las calles.

La isla de Mallorca fue un caso especial, pues a la relativamente importante colonia de emigrados hay que sumar el paulatino envio de prisioneros franceses desde la Peninsula a lo largo de 1808. Los mallorquines expresan sus sentimientos antifranceses mediante manifestaciones, pasquines y articulos de prensa que piden el encarcelamiento de todos los exiliados, a excepcion de los oficiales del Regimiento de Borbon. Las casas comerciales francesas son sometidas a una estrecha vigilancia y se revisa su correspondencia, y en enero de 1809, son recluidos los emigrados islenos militares y civiles (alrededor de 70). En abril unos cuantos serian liberados, pero ya no se los trato con hospitalidad, pues las sospechas les ocasionarian continuas molestias, vejaciones y persecuciones (78).

Los sucesos mas luctuosos ocurrieron en Castellon y Valencia (79) entre mayo y junio, cuando las encendidas masas, acaudilladas por dos religiosos (primero el franciscano de Monovar Juan Rico Vidal, y luego el canonigo de San Isidro de Madrid, Baltasar Calvo), asesinaron a unos cuatrocientos franceses, muriendo la mitad la noche del 5 de junio, hasta que las autoridades valencianas impusieron el orden.

En Malaga, a mediados de mayo unos incontrolados sacaron del castillo de Gibralfaro al viceconsul frances en la ciudad D'Argaud y a un compatriota, Juan Crohare (recluidos dias atras para evitar su linchamiento), y se ensanaron con ellos hasta darles muerte (80).

En Almeria, donde existia un grupo de franceses, siguiendo ordenes de la Junta de Sevilla, en enero de 1809 se decreta su encarcelamiento en el Cuartel de la Misericordia aunque no se les embargan los bienes. Permaneceran presos hasta junio, cuando sean puestos en libertad, si bien seran vigilados (81).

En Jaen, en los ataques de las tropas napoleonicas durante los tres primeros dias de julio de 1808, colaboraron con los atacantes varios franceses residentes: unos cuantos huyeron con los batallones de casacas azules cuando se replegaron, y otros fueron encarcelados (82). El 10 de enero de 1809 son encerrados en presidio los 70 franceses que residian en la ciudad (muchos eran panaderos y otros comerciantes textiles), dilatandose su cautiverio durante semanas.

En el pueblo jiennense de Linares el eco del Dos de mayo origino un episodio de picaresca: el pregonero, Antonio Abadia, intento estafar a Barbara la francesa exigiendole veinte duros para comprar armas para luchar contra los franceses (83). Como la mujer no se avino al chantaje y ademas fue defendida por un vecino, el picaro pregonero linarense se subio a un balcon de la casa capitular y trato de soliviantar a la gente invocando la guerra santa. El corregidor lo metio en la carcel.

5. LOS AFRANCESADOS DE 1808: CARACTERISTICAS Y PRECISIONES SEMANTICAS

Ante todo hay que resaltar que el afrancesamiento al que nos referimos se trata de un fenomeno sobrevenido, pues con anterioridad a la invasion napoleonica de Espana en 1808 no existia ningun grupusculo politico afrancesado, es decir, un sector mas o menos cohesionado que reclamase un volantazo a la monarquia borbonica en el sentido de asemejarse al regimen bonapartista del pais vecino. Las abdicaciones de Bayona y la consiguiente entrega de Napoleon de la Corona espanola a su hermano mayor Jose (84) seran los acontecimientos fundacionales del afrancesamiento politico: el conjunto de personas que, por conviccion, se identificaron con la monarquia bonapartista al creer que modernizaria las anquilosadas instituciones y estructuras politicas borbonicas. El cambio dinastico y de regimen auguraba un futuro esplendente.

Aunque no hay que desdenar sus simpatias ideologicas con el regimen de Bonaparte en Francia, ante todo eran pragmaticos que, dada la acelerada sucesion de acontecimientos en la primavera de 1808, y ante el panico al desorden social provocado por un vacio de poder, optaron por su adhesion a una forma de monarquia en la persona de Jose I, rey cuyo programa renovador se inspiraba en el reformismo ilustrado mas las aportaciones de cuno napoleonico salvaguardadas de la Revolucion francesa.

El afrancesamiento no fue un movimiento homogeneo, pero el cemento ideologico que los aglomeraba estaba compuesto por varios ingredientes: la conviccion de que era inutil resistirse al invencible ejercito frances y al genio militar del emperador, la apuesta por la monarquia como forma de gobierno (no eran republicanos), la defensa de la ley y el orden y la imperiosa necesidad de introducir reformas politicas de calado en Espana. Hijos del despotismo ilustrado, eran atemperados ideologicamente y denostaban al populacho por su irracionalidad, sus creencias atavicas y sus nulas condiciones para participar en la toma de decisiones politicas (85). Todos ellos eran conscientes de que, una vez finiquitada la dinastia borbonica, urgia modernizar un Estado inoperante (86). <<Regeneracion>> era la palabra clave para ellos, entendida como la realizacion de reformas profundas sin deslizarse por el plano inclinado que conducia a la revolucion (87).

Sin embargo, seria conveniente matizar que la inclinacion de los afrancesados por la monarquia bonapartista no se debio solo a un sincero patriotismo y un altruista deseo de cambio de regimen. Con agudeza, el profesor Emilio de Diego sostendra que los afrancesados <<se han convertido en la encarnacion de todas las bondades por un sector de nuestra historiografia>> (88) y que los topicos sobre ellos siguen aun vigentes, pues fue un colectivo heterogeneo. Las biografias aportan las claves para entender su posicionamiento ideologico, como es el caso de la del coronel Francisco Amoros, en la que queda patente que este militar y profesor de educacion fisica de ideas avanzadas encontro en la nueva monarquia josefina el sistema optimo para continuar trabajando al servicio de la administracion y materializar sus afanes pedagogicos (89). E, igualmente, Gerard Dufour, al estudiar al religioso Juan Antonio Llorente, explica como hallo en el regimen de Jose I la manera de encumbrarse (sufria de insuficiencia mitral, es decir, estaba dolido por no haber sido obispo), de enriquecerse y de aplicar su ideario reformista eclesial (90).

En efecto, los ministros, consejeros de Estado, altos funcionarios, militares y clerigos afrancesados tomaron postura por una concomitancia de factores dificilmente separables: patriotismo (fueron la otra Espana) (91), interes personal (para seguir disfrutando de sus privilegios, controlar las palancas del poder de un Estado centralizado o escalar puestos), inercia funcionarial, miedo ante los desmanes de la chusma (la canalla, llamo Murat a los madrilenos alzados el Dos de mayo) revestido de prudencia conciliadora, resignacion ante el poderio militar imperial, evitacion de mas derramamiento de sangre de compatriotas, ilusion por la ereccion de un nuevo regimen politico sustituto de uno anterior considerado fracasado, defensa de la integridad nacional y deslumbramiento ante la figura aulica de Napoleon y el nuevo sistema politico construido por el en media Europa. Casi todos esos motivos, durante su posterior exilio (92), fueron alegados en sus escritos para justificar su adhesion al partido de Jose I.

A todo esto podria anadirse un elemento ilusionante: la posibilidad de hacer carrera profesional en el nuevo regimen mediante la meritocracia. La monarquia de Carlos IV freno la fuerte movilidad social que caracterizo el reinado de Carlos III. Esta sensacion de imposibilidad de ascenso profesional por parte de hombres preparados era una realidad sociologica, de modo que las categorias sociales procedentes del comercio o del Derecho ya no podian incorporarse a las elites del reino, lo que provocaria en 1808 una enquistada frustracion social (93). Los aires nuevos de la monarquia bonapartista eran una oportunidad para quienes ansiaban destacar merced al merito y la capacidad, consagrados en el Estatuto de Bayona.

Pero, ademas, hay que tener presente que los afrancesados vivieron, diriamos hoy, una realidad virtual y en una constante hemiplejia: debido a la situacion belica, trabajaban en la construccion de un Estado que en muchos aspectos existio solo sobre el papel, y como la administracion josefina estaba en la practica supeditada al omnimodo poder de los mariscales y generales franceses (en el plano politico, militar y economico), que se comportaban como verdaderos virreyes al servicio directo del emperador, los afrancesados actuaban como si las autoridades francesas y sus tropas no sometiesen a gravosas exacciones fiscales a sus compatriotas espanoles, ni los ajusticiasen, ni los represaliasen ni matasen en el campo de batalla o en acciones punitivas antiguerrilleras (94). O en todo caso, los afrancesados, conscientes de que coexistian dos realidades paralelas (la administracion josefina y la militar francesa) que se manifestaban en un poder asimetrico, asumian que en primer lugar era necesario ganar la guerra contra el bando fernandino para despues recoger los frutos de la benefica monarquia bonapartista. La Espana bonapartista sera la historia de una bicefalia imperfecta: por un lado, la eterea administracion josefina, por otro, los territorios controlados por los generales franceses, prevaleciendo en ultima instancia el poder de estos.

En un primer momento, el alto clero se avino a reconocer al nuevo soberano por considerar legitima la formula de traspaso de la Corona y por el miedo a las alteraciones sociales, de manera que afrancesados de primera y ultima hora fueron los religiosos mejor formados, concentrados en los cabildos catedralicios y en los sillones episcopales (95). La burguesia, el sector mas dinamico socialmente, tampoco mostro una prematura oposicion al monarca, mas bien lo contrario. Y el estamento castrense, acostumbrado a cumplir ordenes de sus superiores, se excuso en la obediencia debida y no hubo ruido de sables en los acuartelamientos contra el nuevo monarca ... hasta que estallaron los alzamientos populares. Los afrancesados, por consiguiente, fueron, sobre todo: militares, intelectuales, juristas, funcionarios de rango medio o elevado y el alto clero mas cultivado (96).

Planteemos ahora una cuestion no baladi: la semantica. ?Como llamarlos? Durante la guerra e inmediata posguerra, se les denomino de varias maneras, albergando todos los vocablos una carga despectiva: afrancesados, infidentes, napoleonistas, traidores, juramentados, josefinos, josefistas, cooperantes, renegados. ?Todas esas palabras son validas para los historiadores? ?Acaso no esconden matices?

Miguel Artola acuno en 1953 la division bipartita entre afrancesados y juramentados (o colaboracionistas) que ha arraigado en la historiografia y que damos por valida (97). Los afrancesados se adhirieron a la nueva monarquia de manera libre y espontanea, convencidos de que era la mejor solucion para la tesitura espanola, y prestaron un total apoyo politico a la politica reformista de Jose I. Hay consenso en aceptar la cifra de unos 12.000 afrancesados, pues aproximadamente esos fueron los que, con sus familias, se exiliaron a Francia a partir del otono de 1812, con la progresiva retirada del ejercito napoleonico de Espana culminada en 1813. En esencia, el afrancesamiento tuvo su epicentro en Madrid, en la corte, donde se controlaban los resortes del poder.

Los juramentados o colaboracionistas (afrancesados pasivos) fueron los hombres que, por necesidad, para no perder sus puestos de trabajo o sus rentas y ante el temor a ser represaliados, juraron fidelidad al rey y continuaron trabajando en la administracion y en la posesion de sus tierras. Fueron decenas de miles, y sostuvieron el aparato burocratico en los pueblos y ciudades. Segun Artola, <<son los mas y menos interesantes desde el punto de vista politico por cuanto no tienen ninguna representacion>> (98). No le falta razon. Es cierto que todos ellos sufrieron presiones, se vieron coaccionados a jurar fidelidad al Rey Intruso, pero se hace preciso investigar las razones de su adscripcion y hasta que punto su labor fue importante en el sostenimiento del regimen.

En un interesante articulo Claude Morange ha propuesto emplear el vocablo josefinos en vez de afrancesados (99), al considerar que el termino esta despojado de carga semantica negativa y es una aseptica definicion. Pero nosotros utilizaremos ambas voces como sinonimas, pues pensamos que lo que movio a los afrancesados a apoyar a Jose I (por lo menos en el comienzo de su reinado) no fueron sus aptitudes como gobernante filosofo (100), sino las de su hermano Napoleon. Es un hecho que el primogenito de los Bonaparte tenia buenas condiciones personales (habia estudiado Leyes, era instruido, dialogante, pragmatico, hacia gala de bonhomia) (101), aptitudes resaltadas por la literatura propagandistica (siempre, eso si, proclive al ditirambo) y por sus dos anos de reinado napolitano (102), pero a los afrancesados lo que les deslumbraba era el bonapartismo: un regimen moderno capaz de conciliar con eficiencia orden y progreso, promotor de la valia personal con independencia del origen familiar, valedor de las libertades civiles, defensor de la propiedad y debelador de los derechos feudales. El Sistema Continental--con la forzada satelizacion de paises en torno al astro frances--que el genio militar de Napoleon construia en Europa merced a las bayonetas era, desde la optica afrancesada, una oportunidad de oro para que Espana se incorporase a ese sistema imperial en situacion ventajosa. Por eso, no es descabellado imaginar que, si otros hermanos del emperador no hubiesen rechazado la Corona, los afrancesados espanoles--al menos al principio--hubiesen tributado a ese hermano la misma adhesion que a Jose, ya que en puridad, ante todo, eran bonapartistas. O mutaron en tales con celeridad, tras las vergonzosas abdicaciones de Bayona y el hecho consumado de estar el ejercito frances disperso por amplias zonas del pais. Sin embargo, si podemos distinguir entre colaboracionistas renuentes (la mayoria) y colaboracionistas interesados.

Publicamente, los juramentados o colaboracionistas renuentes se cuidaban de expresar sus verdaderas opiniones politicas o sus sentimientos hacia la causa patriotica. Se limitaban a aceptar con resignacion el estado de cosas. Negarse a prestar juramento de fidelidad a Jose I implicaba la perdida automatica del empleo y malquistarse con los ocupantes. ?Y que otra opcion tenian? Solo una, y dramatica: renunciar a su trabajo y posesiones, abandonar su hogar, buscar refugio en zona patriota (al final, solo Cadiz), vivir precariamente y cargar con la familia teniendo un horizonte vital lleno de incertidumbre. Eso explica que muy pocos optaran por esta via. Una de las excepciones que merece comentarse fue la del portero de la casa consistorial de Linares (Jaen), que no quiso jurar, perdio su modesto puesto laboral y para no ser represaliado, se escondio en su propio pueblo. Terminada la guerra, los juramentados coincidiran en alegar que sus motivaciones fueron, ante el vacio de poder sobrevenido, evitar dejar desprotegidos a sus convecinos, algo que hubiese sucedido si la administracion se hubiese colapsado (103).

Tambien hubo juramentadas: las viudas de empleados publicos que recibian una paga. Incluso hubo puntuales casos de mujeres que se enrocaron en una resistencia pasiva al negarse categoricamente a prestar el juramento de lealtad al rey, como fue el caso de la Junta de Damas de la Economica de Amigos del Pais matritense, arguyendo triquinuelas juridicas, hasta que en el verano de 1809, ante el incremento de las presiones de la administracion, las viudas se vieron obligadas a prestarlo para no caer en la indigencia.

Los patriotas denigraron a las esposas de los afrancesados exiliados y las atacaron con sana en sus escritos tachandolas de <<viboras emponzonadoras>>, de <<traidoras>> y de haber gozado de <<banquetes opiparos>> y <<orgias crapulosas>> (104). La bateria de insultos misoginos contra las madamas fue una constante entre los escritores patriotas, a las que califican de <<malas hembras>>, dadas a <<comilonas y borracheras>> con los francmasones, que <<cantan con insultos contra la patria>>, <<sanguijuelas que chuparon abundantemente la sangre del buen espanol>> (105).

Hubo mujeres colaboracionistas por razones sentimentales, pues en un contexto de guerra, viudas, con sus maridos o novios presos, muertos o combatiendo fuera de sus casas enrolados en el ejercito o la guerrilla, se relacionaron con soldados franceses de diversas maneras: al alojarlos en sus hogares, tratarlos en tertulias y cafes, trabajar para ellos como sirvientas, ejercer de enfermeras en hospitales, trabajando como vendedoras ambulantes y suministrando mercancia a las tropas invasoras, e incluso como espias o prostitutas que obtuvieron informacion para los franceses.

Tambien habra casos de mujeres que mantengan relaciones consentidas con soldados de la Grande Armee, en un ejemplo de lo que en la Segunda Guerra Mundial se denominara eufemisticamente colaboracion horizontal. Podemos citar el caso de Malaga, pues en febrero de 1810 se instalo en la ciudad una division polaca integrada en el ejercito de Sebastiani. Los oficiales polacos, rubios y de ojos claros, se fijaron en las mujeres, de las que les agrado su belleza, su gracia y su falta de timidez, por lo que estos militares de graduacion causaron furor entre las malaguenas, las cuales serian amonestadas y castigadas con posterioridad (106). Pero los castigos ejemplarizantes tambien seran administrados por colaboracionistas contra mujeres patriotas, como fue el caso de la ciudad de Ronda, en la que varios policias, al registrar a Maria la Tinajera para buscar cartas y papeles destinados a patriotas, la sometieron a ultrajes, la desnudaron, la encarcelaron en union de otras quince mujeres acusadas de espionaje, la sacaron de la celda, la raparon con una escoda de soldado e incluso quisieron emplumarla como a una prostituta o una adultera. A continuacion, los policias la pasearon por la ciudad acompanados por varios afrancesados (destaco Jose Llanes de Vargas) que incitaban a sus conciudadanos a insultar <<a la rapada>> (107). Por ultimo, bajo el sonido de cajas destempladas (tambores destensados), la expulsaron de la ciudad entre insultos conminandola a no volver so pena de ser fusilada.

Un grupo profesional en el que deslindar las fronteras del afrancesamiento y colaboracionismo resulta muy complicado es el de los cientificos o, como propone Jose Ramon Bertomeu, cultivadores de la ciencia, pues la edad, el cargo ocupado y el lugar de residencia motivaron su adscripcion a un bando u otro (108). Todos ellos, al estudiar y desarrollar su actividad cientifica (algunos fueron pensionados para estudiar en el extranjero o viajaron al formar parte de comisiones cientificas) estuvieron en la orbita de la Ilustracion, por lo que el racionalismo era su sistema de pensamiento. Pero en el momento crucial de 1808, la toma de decisiones (donde el sistema de valores y las emociones tienen un peso analogo a la estructura mental racional) hizo que la mayoria--si nos cenimos al grupo de cientificos mas destacados en ese momento--optase por el bando patriota (147 hombres de ciencia), frente a una minoria que lo hizo por el partido josefino (79 personas). Los de mas edad se inclinaron por los Bonaparte, pues el 77% de quienes se afrancesaron vivian en Madrid (foco del poder) o en ciudades importantes, y al ocupar puestos en universidades e instituciones temian perder sus cargos y honorarios; mientras que los mas jovenes aun no habian consolidado su carrera academica (o se hallaban en las aulas universitarias), no fueron obligados a prestar juramento de fidelidad al rey y por consiguiente tuvieron mas libertad para enrolarse en los ejercitos patriotas en calidad de ayudantes medicos, cirujanos, farmaceuticos, veterinarios, militares con formacion matematica, nautica o de ingenieria. Estos cientificos jovenes estaban dispersos por el pais y fueron huyendo de las tropas francesas hasta terminar recalando en Cadiz.

Sin embargo, aunque constituyeron una infima minoria, tambien habra fervorosos afrancesados en el ambito provincial y local, distinguiendose de los meros colaboradores.

En Santander tenemos ejemplos de familias afrancesadas, como los Peredo, cuyos miembros se adhirieron con entusiasmo al partido josefino, destacando Antonio Peredo Boo, nombrado secretario del comisario regio Francisco Amoros. Las familias cantabras Aldamar y Cebelio se identificarian tambien con los bonapartistas, y algunos de sus miembros recibirian importantes cargos en la administracion. Los lazos familiares anudaban ventajosos negocios, aseguraban importantes puestos de trabajo y propagaban en la ciudad noticias favorables al regimen. Antonio de Ojesto fue administrador general de rentas y comandante en jefe del batallon de la Guardia Nacional santanderina, el cuerpo militar josefino en el que se alistaron varios cientos de colaboracionistas (109).

Tambien habra un colaboracionismo interesado motivado por motivos economicos, personales o politicos. Eran arribistas, oportunistas. Se arrimaron a los ocupantes (y virtuales vencedores en la contienda) buscando el medro, el ascenso profesional. Este tipo de colaboracionistas, tan recurrente en todas las guerras y bruscos cambios de regimen, sera dificil de detectar en el cribado historico, aunque podemos identificarlos por ser quienes se exiliaron a Francia y generaron entre sus convecinos el convencimiento de haber amasado un capital mediante el expolio o la coaccion, o bien desempenaron tareas policiales, represivas.

Un palmario ejemplo de colaboracionismo interesado es el de las brigadas de Guardacostas Nacionales que en mayo de 1809 reforzaban el nudo estrategico guipuzcoano de Guetaria. Sus setecientos hombres habian salido de las carceles: eran convictos juramentados, presos excarcelados tras haber prestado juramento de lealtad a Jose I (110). Los altos funcionarios josefinos eran conscientes de la catadura de esos hombres y de su maleabilidad politica, pero pensaban que merecia la pena correr el riesgo, pues lo importante era sumar esfuerzos para combatir a los patriotas y asentar la Corona bonapartista. Aunque se tratase de delincuentes.

Otras ciudades tambien contaron con conocidos malhechores reconvertidos en agentes del orden josefinos, caso de la localidad sevillana de Lebrija, donde el conocido como Pantalones se incorporo en el cuerpo de policia bonapartista para ganarse la confianza de patriotas y luego detenerlos con pruebas (111). En Linares, un minero, Fernando Pajares, y su familia huyeron a Francia con las tropas imperiales y el no regreso. Algo que si hicieron en 1813 sus dos hijas, que, en una delicada situacion economica, abrieron un colegio en la calle de los Alamos, pero como sus convecinos las estigmatizaron socialmente, la escuela fracaso y se vieron obligadas a exiliarse de nuevo.

El comisario de policia de Cordoba, Esteban Diaz Guijarro, acumulo tal animadversion que acompano a los imperiales en la retirada del verano de 1812 y se exilio en la ciudad de Lectoure. En una inusitada torsion ideologica, este antiguo colaboracionista se hizo carlista (no se atrevio a regresar a Cordoba), participo en la expedicion del general Gomez y murio en los pinares de Soria (112).

El arquetipo de colaboracionista interesado fue el abogado barcelones Ramon Casanova. En 1808 trabajaba como agente de negocios, tenia gran cantidad de deudas (por su tren de vida) y manifestaba continuos deseos de ascenso social. No se le conocia afrancesamiento cultural, tan solo un fuerte sentimiento anticlerical. Al ocupar Barcelona el ejercito frances se ofrecio como colaborador, y el 30 de julio de 1808 fue nombrado comisario general de Policia de Barcelona. Casanova eligio a sus subordinados (casi cuarenta hombres), actuo bajo la direccion de los militares franceses y su celo permitio desarticular dos conspiraciones. Aprovecho su cargo para extorsionar a bastantes barceloneses detenidos por conducta politica sospechosa, prometiendoles acelerar los tramites de su puesta en libertad; autorizaba el registro de viviendas de familias pudientes para confiscarles joyas; aceptaba sobornos de comerciantes para sacar de la ciudad mercancias prohibidas y extorsionaba a grupos de negociantes navieros (113). Su arbitrariedad en el denominado caso Canton (que supuso el fusilamiento de Jose Canton, un rico usurero de origen milanes) motivo que en 1810 los franceses lo destituyeran al frente de la policia, lo paseasen maniatado por las calles barcelonesas y condujesen a Paris para encarcelarlo, terminando alli sus dias <<uno de los individuos mas repugnantes que militaron en el partido afrancesado>> (114).

Asimismo hubo pequenas corruptelas que beneficiaron a colaboracionistas, repartiendo entre ellos algunos bienes procedentes de monasterios suprimidos. Es el caso de Pamplona, donde Pio Jaen recibio una alfombra procedente del convento de la Merced; Andres Carrascon una efigie del Cristo de los Milagros y otra de la beata Maria Ana de Jesus, pertenecientes al mismo cenobio que la talla del Cristo (115).

En conclusion, el colaboracionismo renuente fue el denominador comun en la administracion provincial y local, mientras que el afrancesamiento fue un fenomeno casi exclusivamente cortesano. En el parentesis del regimen constitucional (verano de 1812-1814) y en los inicios del Sexenio Absolutista, los juramentados se las arreglaran para salir basicamente indemnes de los numerosos procesos de depuracion politica incoados a nivel local (116), y conforme los afrancesados vuelvan del exilio a lo largo del reinado de Fernando VII, ocuparan los puestos intermedios de la administracion, y, reconvertidos en tecnocratas (117), pondran en marcha lo que podriamos denominar una transicion silenciosa que, aun de proyeccion politica modesta, ayudara a cambiar la fontaneria del Antiguo Regimen para cuando llegue la hora de los liberales en 1833. Sera la postrera victoria de los antiguos afrancesados, que se integraran sin chirridos en el liberalismo moderado.

DOI: http://dx.doi.org/10.14201/cuadieci201617243273

Emilio Luis LARA LOPEZ

IES El Valle. Jaen

emijaen@yahoo.es

Fecha de recepcion: 13/01/2015

Fecha de aceptacion: 26/04/2016

(1.) FERNANDEZ SARASOLA, Ignacio. <<Los afrancesados. Revision de un concepto>>. En RAMOS SANTANA, Alberto y ROMERO FERRER, Alberto (coords.). Liberty, liberte, libertad: el mundo hispanico en la era de las revoluciones. 1. Revolucion francesa vs. Revolucion afrancesada. Cadiz: Universidad de Cadiz, 2010, pp. 23-52. MOLINER PRADA, Antonio. <<La Espana josefina: los afrancesados>>. Revista de Historia Militar, 2008, num. extraordinario, pp. 27-64.

(2.) Valga como ejemplo que Feijoo, uno de los maximos representantes de la Ilustracion en Espana, fue un defensor a ultranza del pensamiento ilustrado frances, tal y como puede testimoniarse en su obra. Ver ELIZALDE, Ignacio. <<Feijoo y la influencia de los libertinos eruditos franceses>>. En Actas del VII Congreso de la Asociacion Internacional de Hispanistas. Roma: Bulzoni Editore, 1982, pp. 407-418.

(3.) LAFARGA MADUELL, Francisco. <<Sobre recepcion de la literatura francesa en Espana>>. Theleme: Revista Complutense de Estudios Franceses, 1995, 8, pp. 31-47.

(4.) MOLINA MARTIN, Alvaro. Vestir la identidad, construir la apariencia. La cuestion del traje en la Espana del siglo XVIII. Madrid: Ayuntamiento de Madrid, 2004.

(5.) VV. AA. Carlos IV. Mecenas y coleccionista. Madrid: Patrimonio Nacional, Ministerio de Cultura, Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, 2009, p. 243.

(6.) La cocina francesa se implantara en Espana a lo largo del s. XVIII, pero no solo por irradiacion de los habitos de los reyes de la nueva dinastia borbonica, sino tambien a traves de los recetarios de los conventos, hasta llegar a los figones, mesones y viviendas particulares. Ver RUIZ TORRES, Manuel J. <<La larga transicion: cocina y alimentacion en el Cadiz sitiado>>. En RAMOS SANTANA, Alberto (coord.). Ocio y vida domestica en el Cadiz de las Cortes. Cadiz: Diputacion de Cadiz, 2012, pp. 57-72.

(7.) El <<prurito civilizador>> miraba a Francia, cuyas ciudades fueron el modelo constructivo, sobre todo para dotar a las ciudades espanolas de unos paseos senoriales anchos y largos que las embellecieran, ademas de aplicar en edificios, plazas y calles criterios de racionalidad. La propuesta francesa de trasladar los cementerios extramuros en 1774 por motivos higienistas sera recogida por los ilustrados espanoles, que en el reinado de Carlos IV encontraran multiples obstaculos eclesiales para construir camposantos allende el perimetro urbano, siendo una de las medidas abordadas durante la monarquia josefina. Vease CALATRAVA, Juan Antonio. <<El debate sobre la ubicacion de los cementerios en la Espana de las Luces: la contribucion de Benito Bails>>. Espacio, Tiempo y Forma, Serie VII, Historia del Arte, 1991, 4, pp. 249-366.

(8.) GARCIA HURTADO, Manuel-Reyes. <<La tinta y la sangre: las traducciones de tratados militares franceses en la Espana del siglo XVIII (1700-1808)>>. Obradoiro de Historia Moderna, 1997, 6, pp. 47-78.

(9.) FUENTES, Juan Francisco. <<Moda y lenguaje en la crisis social del Antiguo Regimen>>. En AYMES, Jean-Rene (ed.). L'image de la France en Espagne pendant la seconde moitie du XVIIIe siecle. Paris: Instituto de Cultura Juan Gil-Albert-Presses de la Sorbonne Nouvelle, 1996, p. 99.

(10.) Sirvan como ejemplo Luzan y sus Memorias de Paris (1751) y el duque de Almodovar y su Decada Epistolar (1781). En este sentido, AGUILAR PINAL, Francisco. <<Conocimiento de Alemania en la Espana ilustrada>>. Chronica Nova, 1991, 19, pp. 19-30, en concreto la p. 21.

(11.) VEGA GONZALEZ, Jesusa. <<Viajar a Espana en la primera mitad del s. XIX: una aventura lejos de la civilizacion>>. Revista de Dialectologia y Tradiciones Populares, 2004, 59, cuaderno 2, pp. 93-125. Asimismo, para el ambito femenino, TAMARIT VALLES, Inmaculada. Representaciones de la mujer espanola en el imaginario frances del siglo XVIII. Tesis doctoral. Valencia: Universidad de Valencia, 2003.

(12.) Para completar informacion sobre estas experiencias iconicas que tan exitosas fueron entre todos los estamentos sociales, ver BRUNETTA, Jean Piero. <<El dorado de los pobres: los viajes del icononauta >>. En RIEGO AMEZAGA, Bernardo (coord.). Memorias de la mirada. Las imagenes como fenomeno cultural en la Espana contemporanea. Santander: Fundacion Marcelino Botin, 2001, pp. 27-44. VEGA GONZALEZ, Jesusa. Ciencia, Arte e Ilusion en la Espana Ilustrada. Madrid: CSIC-Ediciones Polifemo, 2010. VEGA GONZALEZ, Jesusa. <<Monumentalizar la ciudad y registrarla, una contribucion moderna al conocimiento>>. Revista de Dialectologia y Tradiciones Populares, 2011, 66, cuaderno 1, pp. 229-240.

(13.) FRUTOS ESTEBAN, Francisco Javier. <<La linterna magica: de la invencion a la decadencia (siglos XVII-XX)>>. Historia Contemporanea, 2008, 36, cuaderno 1, pp. 9-32.

(14.) FERNANDEZ SEBASTIAN, Javier y FUENTES, Juan Francisco (dirs.). Diccionario politico y social del siglo XIX espanol. Madrid: Alianza Editorial, 2002, p. 74.

(15.) Libros y folletos franceses--incluso de propaganda republicana--seran introducidos via portuaria en Espana durante la Guerra de la Convencion, teniendo acceso a dichas publicaciones los sectores ilustrados de diversas ciudades. A este respecto, vease ESPEJO CALA, Carmen. <<El dialogo con las ideas republicanas en la prensa popular sevillana de 1793>>. Cuadernos de Ilustracion y Romanticismo, 2010, 16, pp. 1-11.

(16.) DIZ, Alejandro. <<Nueva axiologia de la Espana del siglo XVIII en el contexto europeo>>. Cuadernos Dieciochistas, 2000, 1, pp. 349-380.

(17.) CALVO MATURANA, Antonio. Cuando manden los que obedecen. La clase politica e intelectual de la Espana preliberal (1780-1808). Madrid: Marcial Pons, 2013.

(18.) GARCIA BASCUNANA, Juan F. <<?Con que libros se aprendia frances en Espana en 1808?>>. Anales de Filologia Francesa, 2008, 16, pp. 73-85. El Real Colegio Seminario de San Telmo, fundado en Sevilla en 1681, era una Escuela Nautica donde estudiaban ninos huerfanos o de escasos recursos que, a partir de las ordenanzas de Carlos III de 1786, incorporo profesores de lenguas modernas para impartir frances. PONS RODRIGUEZ, Lola y SAEZ RIVERA, Daniel M. <<La ensenanza escolar de la Lengua espanola en Andalucia en los umbrales del XIX: introduccion al Dialogo Ortografico de A. Balbina Lozano>>. Cuadernos Dieciochistas, 2012, 13, pp. 111-146.

(19.) GIRON, Pedro Agustin, Marques de las Amarillas. Recuerdos (1778-1837). Pamplona: Eunsa, 1978, p. 89.

(20.) FERNANDEZ SEBASTIAN, Javier. <<Opinion publica, prensa e ideas politicas en los origenes de la Navarra contemporanea, 1762-1823>>. Principe de Viana, 1989, 188, pp. 579-640.

(21.) LILTI, Antoine. Figures publiques. L'invention de la celebrite (1750-1850). Paris: Fayard, 2014.

(22.) FERNANDEZ SEBASTIAN, Javier. <<Los primeros cafes en Espana (1758-1808): nueva sociabilidad urbana y lugares publicos de afrancesamiento>>. En AYMES, Jean-Rene (ed.). L'image de la France ..., op. cit., pp. 65-82.

(23.) Podemos citar politicos de la importancia de Quintana, Arguelles, Florez Estrada o Martinez de la Rosa. A este respecto, MORENO ALONSO, M. La forja del liberalismo en Espana. Los amigos espanoles de Lord Holland 1793-1840. Madrid: Congreso de los Diputados, 1997.

(24.) MORALES MOYA, Antonio. <<Espana y Europa en tiempos de Carlos IV. Sociedad y Cultura>>. En MORALES MOYA, Antonio (coord.). 1802. Espana entre dos siglos. Sociedad y Cultura. Madrid: Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, 2003, pp. 42-43.

(25.) GARCIA FERNANDEZ, Maximo. <<Entre cotidianidades: vestidas para trabajar, de visita, para rezar o de paseo festivo>>. Cuadernos de Historia Moderna, Anejos, 2009, 8, pp. 119-150.

(26.) MORALES MOYA, Antonio. <<Los conflictos ideologicos en el siglo XVIII espanol>>. Revista de Estudios Politicos, 1993, 80, p. 17.

(27.) Los detalles de los dos anos de prision incomunicada de Olavide, del autillo celebrado por Santo Oficio y de su posterior huida a Francia pueden verse en GOMEZ URDANEZ, Jose Luis y TELLEZ ALARCIA, Diego. <<Pablo de Olavide y Jauregui, un catolico ilustrado>>. BROCAR, 2004, 28, pp. 7-30.

(28.) ARIAS DE SAAVEDRA, Inmaculada y LOPEZ-GUADALUPE MUNOZ, Miguel Luis. <<Cofradias y ciudad en la Espana del siglo XVIII>>. Studia Historica. Historia Moderna, 1998, 19, pp. 197-228.

(29.) Campomanes acusara a las cofradias de dedicar buena parte de sus recursos economicos a banquetes. El Consejo de Castilla censara en casi 30.000 el numero de cofradias peninsulares y estimara que sus rentas eran cuatro veces superiores al presupuesto anual de la Corona. En la exposicion de motivos de la disposicion real de 9 de mayo de 1778 que suprima muchas de estas asociaciones religiosas, se citaran expresamente <<las comilonas y gastos superfluos que hacen en estas cofradias, especialmente cuando llegan a ser oficiales de ellas, en que suele salir la vanidad mas que la devocion>>.

(30.) Seria interesante iniciar una investigacion en este campo dentro de los parametros de la novedosa tendencia historiografica Historia cultural de los sentimientos, segun desarrolla BURKE, P. <<Is There a Cultural History of the Emotions?>>. En GOUK, Penelope y HILLS, Helen (eds.). Representing Emotions: New Connections in the Histories of Art, Music and Medicine. Aldershot: Ashgate, 2005, pp. 35-48.

(31.) Los afrancesados, conocedores de la frenetica actividad politica antifrancesa de los frailes exclaustrados, denunciaran detalladamente a las autoridades josefinas a los religiosos regulares adictos al bando patriota, como fue el caso del sureste peninsular. Vease SILVA RAMIREZ, Enrique. <<Datos para un estudio de la Guerra de la Independencia en Almeria>>. Boletin del Instituto de Estudios Almerienses, 1987, 7, pp. 183-194.

(32.) DUFOUR, Gerard. <<La Gazeta afrancesada de Madrid (1808-1813)>>. Cuadernos de Ilustracion y Romanticismo, 2010, 16, pp. 1-41.

(33.) LARRIBA, Elisabel. <<La contribucion de la Gaceta de Madrid al desprestigio de Carlos IV y del Antiguo Regimen por la exaltacion de Napoleon (1804-1808)>>. Cuadernos de Historia Moderna. Anejos, 2008, VII, pp. 239-276.

(34.) AYMES, Jean Rene. <<La imagen de Francia y de los franceses en Espana en 1808>>. En La Guerra de la Independencia (1808-1814). Perspectivas desde Europa. Actas de las terceras Jornadas sobre la batalla de Bailen y la Espana Contemporanea. Jaen: Universidad de Jaen, 2002, p. 99.

(35.) SALAS AUSENS, Jose Antonio. En busca de El Dorado. Inmigracion francesa en la Espana de la Edad Moderna. Bilbao: Universidad del Pais Vasco, 2009.

(36.) Denostaran la calidad de los extranjeros venidos a Espana en terminos como: <<Toda la inmundicia de Europa, sin que haya quedado en Francia, Alemania, Italia y Flandes, y aun en las islas rebeldes, cojo, manco, tullido, ni ciego que no se haya venido ... >>. FERNANDEZ NAVARRETE, P. Conservacion de Monarquias. Madrid, 1625, discurso IX. Puede consultarse tambien en GORDON, Michael D. Moralidad y Politica en la Espana del siglo XVII. Estudio Preliminar a Fernandez Navarrete. Madrid: Instituto de Estudios Fiscales, 1982.

(37.) SALAS AUSENS, Jose Antonio. <<Buscando vivir en la ciudad: trayectorias de inmigrantes franceses en los siglos XVII y XVIII>>. Revista de Demografia Historica, 2003, XXI, 1, pp. 145-146.

(38.) FONTANA, Josep. La quiebra de la monarquia absoluta. 1814-1820. La crisis del Antiguo Regimen en Espana. Barcelona: Critica, 2002, p. 26.

(39.) CRUZ VALENCIANO, Jesus. Gentlemen, bourgeois and revolutionaires: Political change and cultural persistence among the Spanish dominant groups, 1750-1850. Cambridge: Cambridge University Press, 1996. ZYLBERBERG, Michel. Une si douce domination: les milieux d'affaires francais et l'Espagne vers 1780-1808. Paris: IGPDE, 1993.

(40.) PEREZ SARRION, Guillermo. <<Intereses financieros y nacionalismo. La pugna entre mercaderes banqueros espanoles y franceses en Madrid, 1766-1796>>. Cuadernos de Historia Moderna. Anejo VII, 2008, pp. 31-72.

(41.) VILLAR GARCIA, Maria Begona. <<La burguesia de origen extranjero en la Espana del siglo XVIII>>. Baetica. Estudios de Arte, Geografia e Historia, 1996, 18, p. 442.

(42.) RECIO MORALES, Oscar. <<Las reformas carolinas y los comerciantes extranjeros en Espana: actitudes y respuestas de las "naciones" a la ofensiva regalista, 1759-1793>>. Hispania, 2012, vol. LXXII, num. 240, pp. 67-94.

(43.) RECIO MORALES, Oscar. <<Las reformas carolinas ...>>, op. cit., p. 91.

(44.) Destaco como mercader Juan Bautista Maury; en 1765, de entre 41 franceses dedicados al ramo del comercio textil, 18 declararon ejercer como mercaderes y 23 como cajeros de aquellos, es decir, eran aprendices del oficio de comerciante y se formaban en las practicas comerciales actuando como intermediarios en los negocios hasta poder establecerse de forma independiente. VILLAR GARCIA, Maria Begona y GARCIA MONTORO, Cristobal. <<El capital mercantil en las crisis de principios del siglo XIX. Tres ejemplos malaguenos>>. Baetica. Estudios de Arte, Geografia e Historia, 1989, 12, p. 267.

(45.) CORONAS TEJADA, Luis. <<La burguesia ...>>, op. cit., p. 176.

(46.) Uno de los oficios viles era el de hornero, lo que explica que, a finales del s. XVII, la mayoria de los oficiales panaderos de Jaen fuesen franceses. En la capital, la colonia francesa establecida en la segunda mitad del XVII sera por regla general una minoria marginada por los trabajos desempenados. CORONAS TEJADA, Luis. Jaen, siglo XVII. Jaen: Instituto de Estudios Giennenses, 1994, pp. 204-206.

(47.) La profilaxis tambien tendra como objetivo a los profesores, pues el Santo Oficio retiro a la Universidad de Granada la bula papal que permitia a sus docentes tener y leer libros prohibidos. CALVO MATURANA, A. J. <<Narciso de Heredia: una carrera academica en la Universidad de Granada en tiempos de Carlos IV>>. Chronica Nova, 2003, 30, p. 51.

(48.) DARNTON, Robert. The Devil in the Holy Water, of the Art of Slander from Louis XIV to Napoleon. Penssilvania: University of Penssilvania-Press Penn, 2011.

(49.) FRASER, Ronald. La maldita guerra de Espana: historia social de la Guerra de la Independencia. 1808-1814. Barcelona: Critica, 2006, pp. 18-19.

(50.) LA PARRA LOPEZ, Emilio. <<La inestabilidad de la monarquia de Carlos IV>>. Studia Historica. Historia Moderna, 1994, XII, p. 27. LORENZO ALVAREZ, Elena de (coord.). La epoca de Carlos IV, (1788-1808): Actas del IV Congreso Internacional de la Sociedad Espanola de Estudios del Siglo XVIII. Gijon: Trea, 2009.

(51.) La adquisicion de la nacionalidad espanola era un proceso complicado en el que debia acreditarse ante los informantes de la administracion una buena conducta, unas practicas religiosas intachables (sera frecuente apuntarse en cofradias para demostrar este punto), una correcta integracion social e incluso disponer de unas rentas suficientes. BARTOLOMEI, Arnaud. <<La naturalizacion de los mercaderes franceses de Cadiz a finales del siglo XVIII y principios del XIX>>. Cuadernos de Historia Moderna, 2011, X, pp. 123-144.

(52.) AYMES, Jean Rene. La Guerra de Espana contra la Revolucion francesa (1793-1795). Alicante: Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, 1991, p. 241.

(53.) Asi ocurrio en las zonas fronterizas con Francia, BENITO AGUADO, Teresa. <<Proyecto politico y constitucion social en Alava. Comunidad politica y territorio ante la Guerra de la Independencia>>. Sancho el Sabio, 2012, 35, p. 233.

(54.) BENITO AGUADO, Teresa. La sociedad vitoriana en el siglo XVIII: el clero, espectador y protagonista. Bilbao: Universidad del Pais Vasco, 2001, pp. 370-389.

(55.) LA PARRA LOPEZ, E. Manuel Godoy. La aventura del poder. Barcelona: Tusquets, 2002, p. 162.

(56.) El arzobispo de Valencia, Francisco Fabian y Fuero, acogio a varios cientos de religiosos huidos, destacando cuatro monjas ursulinas que fueron alojadas en la Casa de Ensenanza, donde se dedicaron a dar clase a las alumnas que habia. El capitan general ordeno en la Navidad de 1793 la expulsion de todos los franceses residentes en el reino valenciano, a excepcion de las francesas casadas con espanoles. El anciano arzobispo alego inmunidad en la jurisdiccion eclesiastica para no deportar a las ursulinas francesas, lo que provoco enfrentamientos con los militares y la renuncia del arzobispo tras su novelesca huida de Valencia en enero de 1794 para no ser detenido por los soldados. Pero previamente, en marzo de 1793, hubo episodios de gran violencia contra los franceses establecidos profesionalmente en la ciudad del Turia. Vease ALBEROLA ROMA, Armando y GIMENEZ LOPEZ, Enrique. <<Los alborotos antifranceses de Valencia y la huida del arzobispo Fabian y Fuero>>. Studia Historica, 1994, 12, pp. 91-113.

(57.) AYMES, Jean Rene. La Guerra de Espana ..., op. cit., pp. 242-250.

(58.) FERRER FLOREZ, Miguel. <<Represion de franceses en Mallorca (1808-1809)>>. Bolleti de la Societat Arqueologica Lul-liana: revista d'estudis historics, 1997, 53, p. 192.

(59.) SIERRA, Luis. <<La inmigracion del clero frances en Espana>>. Hispania, 1968, 109, pp. 393-421.

(60.) LEBOURLEUX, Andre. <<Les petres du diocese de Bayonne emigres dans la diocese de Calahorra pendant la Revolution Francaise>>. Kalakorikos, 15, 2010, pp. 223-274.

(61.) ARTOLA RENEDO, Andoni. <<La antimodernidad en el Pais Vasco: practicas sociales y discursos (1765-1833)>>. Cuadernos Dieciochistas, 2009, 10, p. 132.

(62.) Un estudio de la influencia de la guerra vendeana en el centon decimononico en nuestro pais puede verse en CASPISTEGUI, F. J. <<La Vendee en las culturas politicas de la Espana decimononica>>. Memoria y civilizacion, 2012, 15, pp. 319-336. Un interesante analisis de las matanzas vendeanas y de otras formas de aniquilacion colectivas perpetradas por los jacobinos es el de BURLEIGH, M. Poder terrenal. Religion y politica en Europa. Madrid: Taurus, 2006, pp. 119-130.

(63.) ARTOLA RENEDO, Andoni. <<La antimodernidad ...>>, op. cit., pp. 121-147.

(64.) RAMON SOLANS, Francisco Javier. <<Conjugando los tiempos presentes. Figuras temporales de la contrarrevolucion espanola (1789-1814)>>. Historia y Politica, 2012, 28, pp. 215-243.

(65.) JUANA, Jesus de. <<Reaccion en Galicia ante la Revolucion y la ocupacion francesa>>. En DE DIEGO, Emilio (coord.). Repercusiones de la Revolucion francesa en Espana. Actas del Congreso Internacional. Madrid: Universidad Complutense, 1989, pp. 393-402.

(66.) CORONAS TEJADA, Luis. <<Aspectos socioeconomicos de la inmigracion francesa en Jaen (1750-1834)>>. En VILLAR GARCIA y PEZZI CRISTOBAL (eds.). Los extranjeros ..., op. cit., pp. 279-287.

(67.) SALAS AUSENS, Jose Antonio. <<Leyes de inmigracion y flujos migratorios en la Espana Moderna>>. En VILLAR GARCIA, M. B. y PEZZI CRISTOBAL, P. (eds.). Los extranjeros en la Espana Moderna. I Coloquio Internacional. Malaga, 2003, p. 645.

(68.) En Jaen, en 1796, constaban los casamientos mixtos de Juan Francisco Camps con Ramona Lopez (procedentes de Cuenca), Blas Ferro con la sevillana Eusebia de Leon, Juan Esponera con la jiennense Joaquina Delgado, Pedro Pasquau con Catalina Delgado (Jaen) y Juan Pedro Forcada con la jiennense Salvadora Ruiz. CORONAS TEJADA, Luis. <<La burguesia mercantil de Jaen en el primer tercio del siglo XIX>>. Boletin del Instituto de Estudios Giennenses, 1993, 150, pp. 175-190.

(69.) Fue el caso de Jaen. Juan Bautista Fromajet de Bandeville, un emigrado frances cuyo padre, mayordomo de Luis XVI, fue ejecutado por los jacobinos. Durante los dias 1, 2 y 3 de julio de 1808, un pequeno contingente napoleonico emprendio una accion punitiva contra Jaen y hubo combates contra las milicias urbanas y los soldados regulares que se saldaron con la retirada de los imperiales tras el infructuoso intento de saquear la capital. Juan Bautista Fromajet combatio en diversos puntos de la ciudad, lidero a varios soldados en los tiroteos y fue herido de un balazo en un brazo. Diario de Jaen, martes 26 de julio de 1808, p. 40. La familia de Gracian Berges tambien luchara contra sus antiguos compatriotas, segun LOPEZ PEREZ, Manuel y LARA MARTIN-PORTUGUES, Isidoro. Entre la guerra y la paz. Jaen (1808-1814). Granada: Universidad de Granada, 1990, pp. 105-120.

(70.) En el asalto a la ciudad perecio el coronel Bassecourt, que junto a dos hermanos se integro en 1796 en la Guardia Valona. VALDES FERNANDEZ, Fernando. La Guerra de la Independencia en Badajoz. Fuentes francesas. Memorias. Badajoz: Diputacion de Badajoz, 2003, p. 158.

(71.) GUERRERO ELECALDE, Rafael. <<Colaborar con el invasor. Los afrancesados cantabros durante la Guerra de la Independencia>>. Monte Buciero, 2008, 13, pp. 201-203.

(72.) Archivo Municipal de Jaen: Libro de Actas Capitulares, sesion de 5 de noviembre de 1818.

(73.) Azanza dira en su Memoria Justificativa de 1814 que los adversarios patriotas eran el <<bando nacional>>, <<los nacionales>>.

(74.) Entre mayo y junio de 1808 resultaron asesinados los corregidores de Jaen, Huesca, Manresa y Villena. En Valladolid fue ahogado en las aguas del Esgueva el director de la Escuela de Artilleria de Segovia, en La Coruna y Badajoz mataron a los respectivos gobernadores militares, y fueron apaleados hasta la muerte generales en Cartagena y Cadiz.

(75.) FERRE FLOREZ, Miguel. <<Transformacion ideologica en Mallorca>>. Memories de la Reial Academia Mallorquina d'Estudis Genealogics, Heraldics i Historics, 2008, 18, p. 81.

(76.) MUNOZ LORENTE, Gerardo. La Guerra de la Independencia en la provincia de Alicante (1808-1814). Alicante: Editorial Club Universitario, 2009. ALVAREZ Y CANAS, Maria Luisa (coord.). La Guerra de la Independencia. Alicante (1808-1814). Alicante: Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, 2010.

(77.) ALVAREZ CANAS, Maria Luisa. La Guerra de la Independencia en Alicante. Alicante: Patronato Municipal del 5.* Centenario de la Ciudad de Alicante, 1990, pp. 62-81.

(78.) FERRER FLOREZ, Miguel. <<Represion ...>>, op. cit., pp. 204-212.

(79.) HERNANDO SERRA, Maria Pilar. El ayuntamiento de Valencia y la invasion napoleonica. Valencia: Universidad de Valencia, 2004, pp. 85-100.

(80.) REDER GABOW, Marion y PEREZ FRIAS, Pedro L. <<La Guerra de la Independencia en Velez-Malaga y en la Axarquia: guerrillas y contraguerrillas>>. Baetica. Estudios de Arte, Geografia e Historia, 2009, 31, p. 413.

(81.) Se trataba del panadero Josef Borduin, el bodeguero Juan Castanier, el carnicero Juan Polvorell y los caldereros Juan de Fox, Luis Casana y Luis Labro. CASTILLO CANO, Jose. Almeria en la crisis del Antiguo Regimen: la Guerra de la Independencia en la ciudad (1797-1814). Almeria: Diputacion Provincial de Almeria, 1987, pp. 115-116.

(82.) Se trato de Juan Pablo Casanova, Juan Pedro Bergeira, Juan Esponera (y su mujer) y Manuel Bergeira. LOPEZ PEREZ y LARA MARTIN-PORTUGUES. Entre la guerra ..., op. cit., p. 237. Juan Esponera y sus tres sobrinos serian juzgados el 30 de julio de 1809 por la antedicha cooperacion.

(83.) Barbara Ocofoux, de 47 anos, regentaba una especieria desde 1807. Casada con un espanol, enviudo en 1809 y en 1811 caso en segundas nupcias con Diego Sarao. Nunca mas sera molestada por el vecindario. LOPEZ GALLEGO, Felix. <<Un manuscrito inedito: Apologia de las guerrillas o idea del Vergantismo. Participacion de la villa de Linares durante la Guerra de la Independencia>>. Elucidario, 2008, 6, p. 242.

(84.) Respecto a los litigios paternofiliales tras el motin de Aranjuez y el intento de sustanciarlos ante Napoleon en calidad de mediador que acabaron con la cesion de la Corona a este, <<lo acordado el 6 de mayo de 1808 no pasaba de un simulacro de legalidad, simple cobertura de una imposicion externa>>, segun MORAN ORTI, Manuel. <<La formacion de las Cortes (1808-1810)>>. En ARTOLA, Miguel (ed.). Las Cortes de Cadiz. Madrid: Marcial Pons, 2003, pp. 13-14.

(85.) DUFOUR, Gerard. <<Los afrancesados o una cuestion politica: los limites del despotismo ilustrado >>. Cuadernos de Historia Moderna, Anejos, 2007, VI, pp. 269-277.

(86.) LOPEZ TABAR, Juan. <<Incubando la infidencia. Afrancesados entre las elites politicas del Carlos IV>>. En MORALES MOYA, Antonio (coord.). 1802, Espana entre dos siglos. Volumen 2 (Monarquia, Estado, Nacion). Madrid: Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, 2003, pp. 127-154.

(87.) LOPEZ TABAR, Juan. <<El fracaso de la tercera via. Jose I y los afrancesados (1808-1813)>>. En PEREZ GARZON, Juan Sisinio (ed.). Espana, 1808-1814. De subditos a ciudadanos. Volumen II (Tomo I, segunda parte). Toledo: Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, 2008, pp. 29-48.

(88.) DIEGO, Emilio de. <<La Guerra de la Independencia. Un balance en su Bicentenario>>. Cuadernos de Historia Moderna. Anejos, 2010, IX, p. 241.

(89.) FERNANDEZ SIRVENT, Rafael. Francisco Amoros y los inicios de la Educacion Fisica moderna. Biografia de un funcionario al servicio de Espana y Francia. Alicante: Universidad de Alicante, 2005.

(90.) DUFOUR, Gerard. Juan Antonio Llorente. El factotum del Rey Intruso. Zaragoza: Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2014.

(91.) LOPEZ TABAR, Juan. <<Jose I y los afrancesados. Otra Espana posible>>. En SALVADOR BENITEZ, Antonia (dir.). De Aranjuez a Cadiz: por la libertad y la Constitucion. Aranjuez: Maranon-Ayuntamiento de Aranjuez, 2010, pp. 147-188.

(92.) BARBASTRO GIL, Luis. Los afrancesados. Primera emigracion politica del siglo XIX espanol (1813-1820). Alicante: Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, 1993.

(93.) LUIS, Jean-Philippe. <<Cuestiones sobre el origen de la modernidad politica en Espana (finales del siglo XVIII-1868)>>. Jeronimo Zurita, 2009, 84, p. 260.

(94.) No obstante, hubo disensiones entre los afrancesados que ocupaban altos cargos y el generalato frances, como puede verse en SCOTTI, Vittorio. <<La justicia y la Gracia: desavenencias y rinas entre militares franceses y autoridades josefinas>>. En BUTRON PRIDA, Gonzalo y RAMOS SANTANA, Alberto (eds.). Intervencion extranjera y crisis del Antiguo Regimen en Espana. Huelva: Universidad de Huelva, 2000, pp. 131-147.

(95.) Un profundo estudio es el de MORENO ALONSO, Manuel. El clero afrancesado en Espana. Los obispos, curas y frailes de Jose Bonaparte. Madrid: Biblioteca Nueva, 2014.

(96.) Una obra no solo esencial para entender el afrancesamiento, sino prodiga a la hora de proponer lineas de investigacion, es la de LOPEZ TABAR, Juan. Los famosos traidores. Los afrancesados durante la crisis del Antiguo Regimen (1808-1833). Madrid: Biblioteca Nueva, 2001.

(97.) Los afrancesados ha sido reeditado en varias ocasiones. La ultima fue por Alianza Editorial en 2008.

(98.) ARTOLA, Miguel. La Espana de Fernando VII. Madrid: Espasa, 1999, pp. 236-237.

(99.) MORANGE, Claude. <<?Afrancesados o josefinos?>>. Spagna contemporanea, 2005, 87, pp. 27-54.

(100.) Jose I se tenia a si mismo como un rey filosofo, como desarrolla DUFOUR, G. <<Le Roi philosophe>>. Melanges de la Casa de Velazquez, 2008, 38 (1), pp. 53-70. Asimismo, DIEGO GARCIA, Emilio de. <<El reinado imposible del rey filosofo>>. Cuadernos de Investigacion Historica, 26, 2009, pp. 141-157.

(101.) Para los aspectos biograficos, es fundamental la obra de MORENO ALONSO, M. Jose Bonaparte. Un rey republicano en el trono de Espana. Madrid: La Esfera de los Libros, 2008. Tambien, para entender como era visto Jose Bonaparte en las dos Espanas enfrentadas, vease PIQUERES, A. <<Jose I, malefico o divino>>. En LA PARRA LOPEZ, E. (coord.). La imagen del poder. Reyes y regentes en la Espana del siglo XIX. Madrid: Sintesis, 2011, pp. 77-132.

(102.) Estas buenas condiciones de gobernante sobresalen aun mas si las comparamos con las de su rival Fernando VII, que a pesar de algun intento revisionista historiografico de ponderar sus dotes gubernativas y su inteligencia, fue diseccionado por la pluma de Napoleon durante su aislamiento y estadia francesa en jaula de oro en estos terminos: <<No muestra interes por nada, es sumamente materialista, come cuatro veces al dia y no tiene juicio formado sobre ninguna cosa>>, segun extracto de la correspondencia del emperador recogida por CHANDLER, David. Las campanas de Napoleon. Madrid: La Esfera de los Libros, 2005, p. 648.

(103.) Un agudo analisis es el de MORENO ALONSO, Manuel. Los espanoles durante la ocupacion napoleonica. La vida cotidiana en la voragine. Malaga: Algazara, 1997, pp. 71-90.

(104.) Asi escribio sobre las mujeres de los afrancesados el fraile Manuel Martinez en el periodico El Conciso, 9 de septiembre de 1813, num. 9, p. 7.

(105.) La Atalaya de la Mancha, 15 de marzo de 1814. Un buen estudio de las mujeres que simpatizaron por diferentes razones con la causa bonapartista, es el de MARTIN-VALDEPENAS YAGUE, Elisa. <<Mis senoras traidoras: las afrancesadas, una historia olvidada>>. Revista HMiC, 2010, 8, pp. 79-108.

(106.) REDER GADOW, Marion. <<Vida cotidiana en Ronda durante la Guerra de la Independencia>>. Baetica. Estudios de Arte, Geografia e Historia, 2007, 29, p. 388.

(107.) REDER GADOW, Marion. <<La vida ...>>, op. cit., pp. 404-405.

(108.) BERTOMEU SANCHEZ, Jose Ramon. <<La colaboracion de los cultivadores de la ciencia espanoles en el gobierno de Jose (1808-1813)>>. En GIL NOVALES, Alberto (ed.). Ciencia e independencia politica. Madrid: Ediciones del Orto, 1996, pp. 175-213. Asimismo, del mismo autor, La actividad cientifica en Espana bajo el reinado de Jose I (1808-1813). Un estudio de las instituciones. Valencia: Universidad de Valencia, 1995.

(109.) GUERRERO ELECALDE, Rafael. <<Colaborar con ... >>, op. cit., pp. 167-219.

(110.) FERNANDEZ SIRVENT, Rafael. <<Un comisario regio de Jose I: Francisco Amoros>>. Historia Constitucional (revista electronica), 2008, 9, pp. 95-96, http://hc.rediris.es/09/index.html.

(111.) ALVAREZ-BENAVIDES, Alfonso. Curiosidades sevillanas (edicion facsimil). Sevilla: Universidad de Sevilla, 2005, p. 291.

(112.) VENTURA ROJAS, Jose Manuel. La provincia de Cordoba de la Guerra de la Independencia al reinado de Isabel II (1808-1833). Tesis doctoral. Cordoba: Universidad de Cordoba, 2007, p. 672.

(113.) RIERA FORTIANA, Enric. <<Algunos casos de afrancesamiento entre los hombres de toga barceloneses durante la Guerra de la Independencia>>. Pedralbes: revista d'historia moderna, 1984, 4, pp. 273-324.

(114.) MERCADER RIBA, Juan. Barcelona durante la ocupacion francesa. 1809-1814. Madrid: CSIC, 1942, p. 102.

(115.) ANDUEZA UNANUA, Pilar. <<Una aproximacion al impacto de la Guerra de la Independencia, la desamortizacion josefina y la legislacion de las Cortes de Cadiz sobre el patrimonio cultural de Navarra>>. Principe de Viana, 2012, 256, p. 727.

(116.) LARA LOPEZ, Emilio Luis. <<La represion de los afrancesados: condenas sociales, juridicas y politicas. El caso de Jaen (1812-1820)>>. Hispania Nova, 3, 2003, http://hispanianova.rediris.es/articulos/03_001.htm.

(117.) LOPEZ TABAR, Juan. Los famosos ..., op. cit., pp. 271-354. MORAL RONCAL, Antonio Manuel. !El enemigo en Palacio! Afrancesados, liberales y carlistas en la Real Casa y Patrimonio (1814-1843). Alcala de Henares: Universidad de Alcala, 2005.
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Author:Lara Lopez, Emilio Luis
Publication:Cuadernos dieciochistas
Date:Jan 1, 2016
Words:16939
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