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Lepra, tragedia, nacion y diferencia radical en la segunda mitad del siglo diecinueve hispanoamericano.

AUN cuando ya se ven revisiones de importancia, es cosa aceptada casi sin pestanear que buena parte de la literatura decimononica hispanoamericana tiene como eje fundamental la formulacion de discursos sobre la nacion. Un corolario de la anterior afirmacion es que aunque estos discursos se enmarquen en el pasado, anhelan tiempos mejores para las entonces incipientes republicas. Admitimos por obligacion que esta literatura proyectiva y prospectiva se apega al deseo de encontrar elementos comunes en sociedades eminentemente marcadas por la diferencia entre sus elementos constituyentes. Esta verdad patente se manifiesta en el lenguaje critico de los que estudian la literatura de este periodo; terminos como "ficciones fundacionales", "construccion de la nacion", "madre nacional" o "romance nacional" son algunos de los terminos que manejamos como herramienta de primera mano en nuestras discusiones, ensayos, clases, y defensas doctorales. (1)

Otra topica, ya no en el plano de la interpretacion de la literatura del siglo diecinueve en Hispanoamerica, tiene que ver con la aproximacion critica a la produccion dramatica. Tendemos a ver--y a ensenar como verdad meridiana--que un texto dramatico encuentra su razon de ser en su representacion. Vemos esto como cosa apreciable y normal especialmente en la produccion teatral contemporanea, que la representacion de un texto dramatico es un volver a escribir, una reflexion que se despega de lo escrito para producir un discurso nuevo y cambiante. Pero no vemos con similar aprobacion un texto dramatico que se queda en forma escrita sin representacion.

Estas dos percepciones que acabo de esbozar producen un grupo de interrogantes que sirven de base para el meollo de la cuestion que me interesa abordar aqui: como algunas de estas obras representan un tipo de diferencia no sancionada en las sociedades hispanoamericanas durante la segunda mitad del siglo diecinueve.

Las narrativas proyectivas y prospectivas sobre la nacion encarnan el deseo de encontrar elementos comunes y uberrimos para ella. Entonces, surge la pregunta de que pasa cuando la realidad decimononica--o la representacion de esa realidad--no se apega a las normas aceptadas. Si, como es evidente, existio y existe diferencia, aun dentro de una muy debatible homogeneidad, como fue expresada literariamente en el diecinueve? O debemos zanjar la discusion y pretender que, como no hay obras canonizadas que tienen como objetivo principal representar la diferencia o el deseo de ser heterogeneo, es porque la heterogeneidad no existio o que no fue relevante en el proceso de construccion nacional? Si supuestamente un texto dramatico solo se finaliza cuando es puesto en escena, que pasa cuando, ya por deseo expreso del autor, ya por particularidades circunstanciales, la obra no es representada o no es representable?

A fin de avanzar, aceptemos provisionalmente que la produccion cultural de la primera mitad del siglo diecinueve en Hispanoamerica se dedicara a la creacion de simbolismos que produjeran la solidificacion y cohesion de la jurisdiccion del Estado. Solidificacion y cohesion entonces, serian las caracteristicas propias del impetu de fundacion producido tras la independencia. Mientras que esa primera mitad del diecinueve se vio marcada por una dinamica de concordia y unidad, es evidente que la tarea fundamental durante la segunda mitad del siglo fue encontrar maneras de proteger el futuro de esa nacion que se consideraba en peligro. La enfermedad ejemplifica uno de los tantos miedos que espantaron a aquellos que sentian la necesidad inminente de proteger ese futuro. Juan Montalvo Fiallos (1832-1889) y Jose Mafia Vargas Vila (1860-1930), los autores que me interesan aqui, vivieron inmersos en ese ambito de tension entre la gloria de la emancipacion pasada y el dudoso exito del proyecto republicano, democratico y liberal.

En lo que sigue, quiero presentar dos textos decimononicos de estos autores que encarnan la diferencia radical en Hispanoamerica como terrible enfermedad que marca, separa y condena al individuo a morar por fuera del ente comunal, y como piezas dramaticas no representadas o representables, y lo que esto puede significar para una discusion sobre la validez de la hipotesis de que la mayor parte de los discursos fundacionales tiene un sentido proyectivo y fecundo. Como explico mas adelante, existen mecanismos que incorporan ideas divergentes en el debate comun que entendemos generalmente como una dinamica de consenso y disenso. Sin embargo, ese proceso dialogico deja de lado las visiones divergentes que no se conforman al marco legal establecido como norma para la discusion. A esas visiones divergentes no sancionadas yo las llamo con el nombre de diferencia radical o ectosenso. La discusion sobre los proyectos para una nacion fructifera cobra mayor vigencia aun si se tienen presentes las celebraciones de los doscientos anos de independencia de Espana que ya se hacen sentir desde Mexico hasta las regiones mas australes del continente. Este resurgir de estudios sobre los procesos de emancipacion hace pensar en la muy comentada idea hegeliana de que la historia se repite. Sin embargo, la vision de Hegel fue reformulada por Marx en el primer capitulo de su The Eighteenth Brurnaire ofLouis Bonaparte (1852) de una manera que revela con toda claridad las consecuencias ominosas de la repeticion historica que nos atane: "Hegel says somewhere that all great historic facts and personages recur twice. He forgot to add: 'Once as tragedy, and again as farce'" (5). Es interesante que Marx hubiera hecho uso de una terminologia eminentemente teatral para describir el caracter ciclico de la historia. Precisamente quiero estudiar esa relacion entre historia y drama, entre historia y farsa, en los dos textos tragicos de Montalvo y Vargas Vila producidos en la segunda mitad del siglo diecinueve, esto es, en el momento mismo en que se consolidaban los rasgos republicanos tras la independencia, pero que, contrariamente a las ficciones fundacionales proyectivas, muestran a aquellos expulsados del proyecto nacional representados a traves de la enfermedad.

Ya Susan Sontag ha explicado en Illness as Metaphor que la enfermedad sirve como medio para expresar la influencia negativa que puede tener una persona o una idea sobre la sociedad: "But talk of siege and war to describe disease now has, with cancer, a striking literalness and authority. Not only is the clinical course of the disease and its medical treatment thus described, but the disease itself is conceived as the enemy on which society wages war" (66). En ocasiones esta metafora es puesta de cabeza, y la sociedad o la nacion--y no la idea o persona discordantes--son vistas como enfermedad. Un ejemplo de esta ultima interpretacion se encuentra en la obra del colombiano (recientemente naturalizado mexicano) Fernando Vallejo para quien la nacion es una enfermedad irremediable, especialmente en su dolorosa y nostalgica descripcion del proceso de alejamiento del centro de origen. En uno de sus primeros libros, Anos de indulgencia de 1989, Vallejo ya formulaba embrionariamente la imposibilidad de curarse del mal ingenito de la nacion:

Pero yo ya no era yo, ya no era un nino, era un hombre camino a la derrota. Y hoy un viejo lejos de la vieja Antioquia, navegante sin aguja de marear, al garete en el mar del Tiempo. [...] Ay Colombia! Cuanto se tarda un cristiano en curarse de vos? Veinte anos? Treinta? Mas de cincuenta pero menos de cien porque no hay mal que dure cien anos. (Anos de indulgencia 476)

La nacion, poblada por una "raza hijueputa" (El fuego secreto 313), marca a cada individuo con una enfermedad de anoranza y descorazonamiento, que al mismo tiempo se mejora y se empeora con cada memoria. La patria es una enfermedad incurable (Anos de indulgencia 476), un virus cronico caracterizado por el peor de todos los sintomas: el que se contagia de ella no puede morir, solo recuerda la causa y consecuencia de su enfermedad: la nacion. La nacion es una enfermedad que se lleva lejos del lugar en que se adquirio, un castigo que no se puede expiar simbolicamente. La nacion para el exiliado no es un espacio geografico tangible, ni algo que pueda ubicarse ya en el presente, porque siempre habra de conjugarse en tiempo pasado.

Esto en cuanto a una perspectiva contemporanea, pero interesa hablar de los antecedentes literarios que ya antes habian senalado a la nacion como enfermedad ineludible e incurable en la segunda mitad del siglo diecinueve. El primero de los textos que interesa explorar a este respecto es La leprosa, una pieza del gran prosista ecuatoriano Juan Montalvo escrita en 1872, pero solo publicada en 1935 como parte de la pentagonia dramatica que el titulo El libro de las pasiones. (2) El titulo es apropiado, pues la pluma de Montalvo era apasionada, virulenta, y no dudo en utilizarla para defender los principios liberales radicales, o para atacar a los que el veia como gobiernos opresores. Sus opiniones lo llevaron al destierro prolongado. En Ipiales, un pequeno pueblo en el sur de Colombia, vivio varios anos de su proscripcion dedicado a la escritura. Fue alli donde escribio La leprosa. Luego murio enfermo y solo en Paris. De la furia de sus embates no queda duda despues de leer libros como Las catilinarias, Siete tratados, o "La dictadura perpetua", el panfleto contra el entonces presidente del Ecuador Gabriel Garcia Moreno, en donde dice cosas de este porte:
 Veis alli un cuerpo exangue tirado sobre el fango [Ecuador]: Garcia
 Moreno, sus esbirros y sus jesuitas, sus italianos y sus espanoles,
 sus monjas y sus hermanas en muchedumbre infinita andan por dentro
 y por fuera comiendole desesperados: la guerra de los gusanos
 contra el cadaver. Feliz estado que los hombres filantropicos y
 libres llaman paz! (93)


Sin embargo, La leprosa no comparte el lenguaje corrosivo o el ataque directo a la nacion de estos escritos. La agudeza de su ataque radica en el escoger la imagen de la lepra y en su manera de presentar la reaccion a la enfermedad de los diferentes estamentos de la alta sociedad quitena. Arturina, mujer acomodada, devota, y entregada a su familia y a los pobres, adquiere la enfermedad de Koch por su contacto con los enfermos del hospicio de leprosos. Despues de un tiempo los sintomas fisicos de su condicion no se pueden ocultar, un vecino se queja de Arturina ante las autoridades y en consecuencia--a pesar de su posicion social--sera desterrada a una isla lejana en donde el gobierno esta aislando a los enfermos. Los medicos legistas comprueban la enfermedad y cuando esta es confirmada la posibilidad de la convivencia se cierra. Arturina tendra que separarse de sus hijos, de su madre y de su esposo. La reaccion de la familia es encontrar medios que evadan la ley del destierro y discuten la posibilidad de que los esposos se retiren a una hacienda alejada sin que nadie lo sepa. Alli podrian vivir en tranquilidad, entre pajaros y riachuelos, arboles frutales y reconfortantes atardeceres. El tio de Arturina, que es nada menos que el Arzobispo, intenta usar su influencia para evitar que su sobrina sea expulsada de la sociedad y alejada de los suyos, o en su defecto para apoyar el escape de los esposos al lugar remoto que han escogido. Todo parece favorecer el idilico plan de evasion, pero el poder eclesiastico no puede hacer nada ante las reglas civiles ni ante la condena de la sociedad: los gendarmes enviados por la alcaldia llegan y sin retardo hacen cumplir la ley.

Jose Maria Vargas Vila, autor del segundo texto que nos interesa, nacio en el seno de una familia de liberales radicales en Bogota, Colombia. Ya desde temprano dejo de escribir poemas en celebracion de las primeras comuniones de los ninos de la clase dirigente para escribir un articulo contra un sacerdote a quien al parecer le gustaban demasiado los ninos de las clases dirigentes. Vargas Vila escapo de la justicia que ahora lo acusaba de calumnia contra el buen padre y al poco tiempo se enrolo en los ejercitos liberales. Temeroso de la persecucion regeneradora de Rafael Nunez huyo a Venezuela y en adelante vivio --y murio--en el exilio. En El huerto del silencio (1917) Vargas Vila compara agudamente la diferencia dentro de la nacion con la enfermedad, y mas especificamente con la lepra. La obra es la historia de Octavio Heredia, un joven acaudalado e ilustrado que vive en el ambito provincial de un pequeno pueblo ubicado en algun pais hispanoamericano. Octavio pide la mano de Alicia Ellis --muchacha inglesa de familia venida a menos--pero cuando ella y su madre descubren que el padre de Octavio habia muerto de lepra, que habia vivido alejado de todo el mundo, y que ademas se habia suicidado, es rechazado de plano, y la posibilidad de que Octavio pueda casarse, tener hijos y gozar de un futuro uberrimo se ve destruida. Hacia 1917, cuando Vargas Vila publico esta novela, aun se pensaba que la lepra era hereditaria--lo mismo para Montalvo cuando escribio La leprosa--, de ahi que supuestamente la descendencia de Octavio estaria condenada a sufrir el mismo mal. Don Hilario--un cura que personifica lo que para Vargas Vila es la mala influencia de la iglesia catolica, con su moral retrograda, y su perpetuacion de las relaciones desiguales en la sociedad--convence a Octavio de que se haga sacerdote. El joven se convierte en un famoso e influyente representante de Dios en la tierra, admirado por sus discursos y escritos, lo mismo que por su inteligencia. Pero en cuanto los sintomas de la enfermedad afloran en su piel, la iglesia tambien lo rechaza. Octavio se ve obligado a regresar a la hacienda paterna a reproducir el ciclo de aislamiento y expulsion que ya habia vivido su padre. Todo cambia cuando Clara, una prima lejana, huerfana y caida en desgracia, viene a vivir con ellos. La joven resume las cualidades positivas de un angel del hogar y se hace cargo de Octavio. Entre vendajes, curetajes y tacitas de te o de caldo, el amor surge. El cura enfermo de lepra se enamora de su prima. Y ella de el. Clara resulta embarazada. Al saber que una nueva vida se gesta, y que en esa vida se va a continuar el mismo tipo de rechazo que el ha experimentado, Octavio pierde la razon, cumple su promesa de no permitir que otros sufran el mal que le aqueja y mata a Clara y al nino que aun no ha nacido.

La lepra tiene una proyeccion doctrinal muy anterior a la novela que informa la manera en que esta enfermedad se describe. Las implicaciones biblicas de la lepra son de vital importancia para entender el modo en que funciona como metafora. (3) La lepra ya esta codificada en libros tan antiguos como el Levitico, en donde se establecen las reglas de convivencia social bajo parametros religiosos: "Y el sacerdote mirara la llaga en la piel del cuerpo; si el pelo en la llaga se ha vuelto blanco, y pareciere la llaga mas profunda que la piel de la carne, llaga de lepra es; y el sacerdote le reconocera, y le declarara inmundo." (Lev. 13, 3). Esto significa que desde la conformacion de la sociedad civil, o en otras palabras, desde el momento mismo del establecimiento de la ley, el leproso es senalado como impuro, como individuo fuera de la proteccion del codigo legal. Las consecuencias no pueden ser mas ominosas, aquel marcado por la lepra es expulsado de la sociedad civil: "leproso es, es inmundo, y el sacerdote lo declarara luego inmundo; en su cabeza tiene la llaga. Y el leproso en quien hubiere llaga llevara vestidos rasgados y su cabeza descubierta, y embozado pregonara: Inmundo! Inmundo! Todo el tiempo que la llaga estuviere en el, sera inmundo; estara impuro, y habitara solo; fuera del campamento sera su morada." (Lev. 13, 44-46). No basta pues con que deba permanecer por fuera del campamento, de la sociedad, sino que ademas debe cubrir su identidad, debe esconder su cara y gritar que es inmundo, que nadie debe acercarsele. Las ropas rasgadas y la cabeza desgrenada, no por deseo propio sino por la ley que le impone miseria, senalan la deshumanizacion del que tiene la enfermedad y alejamiento del ente social. El Pentateuco prescribe que el leproso no debe volver a su casa en tanto conserve los sintomas de la enfermedad. Solo cuando las senales de su lacra dejen de ser visibles puede ser purificado por el sacerdote y reingresar en la sociedad. Si los sintomas fisicos de la lepra no se han borrado, el leproso permanecera proscrito (Lev. 14, 1-32).

La exegesis de estos pasajes biblicos del Levitico se ha inclinado tradicionalmente hacia la identificacion de la lepra con el pecado, el cual, al igual que la enfermedad, requiere un alejamiento de la ley. La proscripcion del pecado no se restringio entonces a los puntos basicos resumidos en los mandamientos, sino que se amplio para incluir todo precepto defendido por la institucion religiosa y mas precisamente aquellos custodiados por el regimen eclesiastico. La lepra y el leproso, el pecado y el pecador, terminaron por ser completamente desmembrados del ente social, y en consecuencia--contradictoriamente--liberados del pacto comunitario. La marca, el grito de inmundicia propia, la expulsion, la obligacion de cubrir el rostro, y la privacion del contacto social que produce una extrana forma de libertad, son elementos fundamentales que hacen de la lepra una enfermedad atractiva para los escritores, quienes la utilizan como imagen especular de la expulsion motivada por la defensa del estatus quo. De este modo, la ley deja de promover el orden social para convertirse en una fuente de represion de aquellos que encarnan la diferencia. Mientras que el individuo continue defendiendo o creyendo en ideas no sancionadas por la ley esta sujeto a la proscripcion. Pero, como el leproso que no puede quitarse su enfermedad, el hombre rebelde no puede arrancar sus ideas de su piel, y su proscripcion se vuelve indefinida, o eterna. No es extrano entonces que Montalvo o Vargas Vila, dos defensores de controvertidas ideas liberales, utilicen la imagen de la lepra para mostrar veladamente la condicion de aquellos que, como ellos mismos, se encuentran marcados por una diferencia radical.

Pero el uso de la lepra como imagen especular de la proscripcion no seria tan fructifero si simplemente aludiera a la imposicion coerciva de la ley sobre el leproso o sobre el pecador. La utilidad alusiva de la lepra es moderada y enaltecida a la vez por otra referencia biblica. Me refiero al libro de Job que, contrariamente al Levitico, ya no tiene que ver con el establecimiento de la ley comunitaria, sino con una aproximacion poetica a la sabiduria. Job es un hombre prospero y piadoso que da gracias a Jehova por todo lo que le beneficia (ganados, tierras, productos, riquezas, hijos). Satanas le dice a Jehova que Job es piadoso y temeroso de la ira divina solo porque posee grandes riquezas. Para saldar la diferencia de opiniones, Jehova autoriza a Satanas para que despoje a Job de sus bienes materiales y le haga perder a sus hijos. Pero el sufrido inocente no reniega de su creador. Satanas alega que Job conserva su piedad porque la desgracia no ha llegado a tocarle en su propio cuerpo. Entonces, Jehova permite que Satanas haga de Job un leproso para comprobar su apego a la divinidad: "Entonces salio Satanas de la presencia de Jehova, e hirio a Job con una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza. Y tomaba Job un tiesto para rascarse con el, y estaba sentado en medio de ceniza. Entonces le dijo su mujer: Aun retienes tu integridad? Maldice a Dios, y muerete." (Job 2, 7-9). A pesar de vivir en la inmundicia y soledad, a pesar de que para aliviar el dolor de las pustulas se rasque con un trozo de tiesto, aunque sus amigos vengan a decirle que algo malo habra hecho para ser marcado por la lepra, Job no reniega. Jehova se compadece de su siervo y le restituye salud, riquezas multiplicadas, nuevos hijos, y largos anos para disfrutarlo todo junto. La historia de Job representa un desvio de la interpretacion de la lepra, pues es Jehova mismo quien permite, de hecho quien hace, que la lepra toque a su siervo. La lepra es entonces vista como una enfermedad divina que el inocente acepta con templanza pues sabe que ha obrado probamente. Los cuestionamientos de su mujer, o peor aun, los de sus amigos que le acusan injustamente, representan la voz de la ley social que no entiende que tener la lepra, que ser diferente, que pecar, puede ser parte de la mision divina que busca comprobar ante la maldad, ante Satanas, que el ser virtuoso esta muchas veces opuesto al orden aceptado. Encuadrados en esta perspectiva, los liberales Vargas Vila y Montalvo elevan la enfermedad para que adquiera un nuevo matiz: La lepra es un apostolado civico o sacrificio estoico en beneficio de una sociedad que ciegamente ataca todo aquello que signifique progreso, autonomia o igualdad.

Otros dos factores, esta vez no relacionados con la exegesis, pudieron haber estimulado la utilizacion de la imagen de la lepra en estas obras. El primero es la gran popularidad alcanzada por la historia del sacerdote belga Damien de Veuster (1840-1889), misionero de la Congregacion de los Sagrados Corazones de Jesus y Maria, quien se establecio en la colonia de leprosos en Kalawao, Hawai, hacia 1873 y murio como consecuencia de la lepra adquirida en su constante contacto con los enfermos. El que De Veuster se hubiera contagiado como resultado del trabajo misionero hizo que su historia fuera reproducida en periodicos de todo el mundo--muy posiblemente recibida de este modo por Montalvo y Vargas Vila en su momento--a la vez que produjo una mayor definicion de la lepra como enfermedad de parias. En 1995 De Veuster fue uno de los muchos personajes catolicos beatificados por el papa Juan Pablo II, y 2009 es el ano de su canonizacion por Benedicto XVI. (4) El segundo factor que pudo haber impulsado el uso de la imagen de la lepra por estos dos autores es la creencia, hoy completamente refutada, de que la lepra es altamente contagiosa--aun cuando el caso de De Veuster es una de las excepciones. Como resultado del gran temor al contagio, aumentado entonces por la falta de un tratamiento confiable y efectivo, los gobiernos de muchos paises implementaron programas de reclusion de leprosos en comunidades organizadas en lugares remotos con el objetivo de proteger al resto de la sociedad. Por ejemplo, en Colombia, en donde Montalvo vivio exiliado y de donde Vargas Vila era oriundo, el gobierno inicio en 1870 el leprosario de Agua de Dios como programa piloto de control de la enfermedad. Es posible que el elemento tragico en La leprosa, cuando Arturina es finalmente recluida en una colonia de aislamiento--esta vez ficcionalmente situada en una de las islas ecuatorianas, muy probablemente en el archipielago de las Galapagos--, tenga que ver con este cambio en el manejo de la enfermedad por parte del ente gubernamental.

Aunque los dos autores cometieran los mismos errores--el supuesto alto nivel de contagio, o la creencia de que la lepra era hereditaria--dieron a la enfermedad un renovado poder simbolico con corte politico. Tanto Vargas Vila como Montalvo escribieron en un momento en el que la mayoria de los paises hispanoamericanos habian supuestamente alcanzado la consolidacion del Estado y sus ideas democraticas y republicanas ya estaban en accion: la division de iglesia y estado, la creacion de espacios para el debate de ideas, la promocion de partidos politicos opuestos, la organizacion bicameral para la discusion de las decisiones mas importantes que atanian al progreso de los paises, o el refinamiento de los canales de comunicacion entre el pueblo y sus legisladores. La implementacion de estas estrategias de consolidacion es un sistema de oposicion que hipoteticamente da cabida a la diferencia. En terminos de filosofia politica llamariamos a esta posibilidad de oposicion disenso y el debate que promueve resulta en el avance del bien comun. A ese objetivo de concordia, o por lo menos del deseo de concordia, lo denominariamos como consenso. (5) La dinamica entre consenso y disenso hace pensar en la posibilidad, supuestamente democratica, de la divergencia. En otras palabras, la categoria de "consenso" permite automaticamente la incorporacion de la voz de los que no estan de acuerdo en el debate. Sin embargo, en terminos concretos, esta supuesta armonia dialogica es una falacia, una farsa (en la misma vena del uso de lenguaje teatral por parte de Marx que senale anteriormente), porque los que disienten son aquellos que tienen voz, aquellos que son reconocidos como actores que tienen voz. Pero entonces surge la pregunta sobre cual es el papel de aquellos que no tienen parlamento en la puesta en escena de la nacion, aquellos para los que no hay siquiera una acotacion que diga "estos personajes han de permanecer en silencio". El problema de la relacion entre consenso y disenso es que en la practica no tiene en cuenta aquellos que desde siempre, aun desde antes del siglo XIX, no han sido incorporados en el proyecto nacional. Para estos que se encuentran literalmente fuera de la escena nacional (y global, pero a eso no me dedico en este ensayo), para aquellos que estan por fuera de la posibilidad de acuerdo, habria que crear una inaprensible categoria que podriamos llamar "exosenso" o "ectosenso", dependiendo del gusto que uno tenga por los prefijos griegos.

Si se tienen en cuenta las caracteristicas biblicas que senale anteriormente, es claro que los textos de Montalvo y Vargas Vila exploran el proceso de dialogo, y acaban diciendo que para algunos individuos la unica respuesta del Estado y de la sociedad es la expulsion o el aislamiento: el exosenso. Habria que agregar, sin embargo, que el exosenso no es solo el resultado de la expulsion que la sociedad hace de la diferencia radical; tambien incluye aquello que no puede ser aceptado por razones diferentes a las del consenso, o aquellos que no quieren ser parte del proceso dialogico aun cuando se les haya invitado a participar en el.

En lo que sigue quiero revisar como estos dos autores, muy significativamente desde el exilio, critican la manera en que, en su busqueda del telos fundacional, las sociedades hispanoamericanas no dieron cupo o pasaron por alto la diferencia radical, y como esa diferencia ha mantenido una presencia espectral --y violenta en mas de una ocasion--en los margenes de la nacion.

Para que se produzca el consenso, las partes que participan en el debate aceptan regirse por ciertas normas que permitan la discusion y el acuerdo. Esto quiere decir que el proceso reposa sobre un conjunto de leyes que se obedecen sin reticencia. En La leprosa, una obra que todavia gravita en tomo a la idea de que la estructura dialogica consenso-disenso es viable, la norma social es aceptada casi sin reserva. De este modo, la diferencia radical encarnada por la lepra todavia considera que puede encontrar canales para ser incorporada en el proyecto nacional, siempre y cuando se someta a la ley y la costumbre. Este acatamiento es evidente en multiples niveles en el drama: los ninos escuchan y hacen caso a las observaciones que les hace su tio el Arzobispo y su abuela; Dona Librada, hermana del prelado, se dirige a el como "su Ilustrisima" (49); Arturina asiente ante los comentarios de su esposo, el senor de Curten; y todos, aunque entristecidos, aceptan la decision impuesta por los jueces de recluir a la enferma en una alejada isla. Esto ultimo, que todos acepten sin chistar la ley que les condena a la separacion como familia, indica que el silencio es el precio pagado para vivir en comunidad, aun si eso significa renunciar a la felicidad individual. La tragedia radicaria aqui en la imposibilidad de ejercer una actitud contestataria que contrarrestara la homogeneizacion impuesta por el ente social. Como se ve, la consecuencia del consenso, la meta de lograr el consenso, es la obliteracion de la diferencia radical. La felicidad uberrima de la sociedad homogeneizada es resultado del acallamiento de lo heterogeneo.

La obra teatral de Montalvo llega a aceptar que el sacrificio de la diferencia radical es auspicioso para el futuro de la nacion. Este hecho se ve confirmado por el gran enfasis que el dramaturgo hace en la funcion prescriptiva y didactica de los largos parlamentos del Arzobispo, quien llama siempre a la obediencia y a la aceptacion de los males como la voluntad de Dios: "los golpes de la fortuna han de hallar resistencia en nosotros; las desgracias, resignacion. Si eso estaba de Dios, nuestro deber es conformamos con su voluntad." (66). Por supuesto que la conformidad defendida en la obra no puede tomarse como debilidad; es una resignacion que espera unos resultados auspiciosos del sacrificio. El fruto de la obliteracion de Arturina es que sus hijos puedan continuar siendo parte de la corriente social, siempre y cuando las marcas de la enfermedad--los trazos de la diferencia radical--no reaparezcan en sus rostros.

Los hijos se "salvarian", si, pero falta saber en que termina la fortuna de la diferencia radical encarnada por la elefanciaca en la escena propuesta por el pensador ecuatoriano. Sabemos que Arturina es finalmente aprehendida por los gendarmes para ser llevada al lazareto, y luego a la isla acondicionada por el gobierno para contener a los enfermos. Hasta ahi llega su historia, resumida en el colofon de que la ley debe ser aceptada por encima de todo. La consecuencia de semejante fin tragico es que, para permitir que el proyecto nacional continue su camino de progreso, aquello que supuestamente lo impide debe ser aislado. Las palabras del Arzobispo confirman la creencia de que la expulsion de la diferencia, aunque dolorosa, es una alternativa auspiciosa: "Pues yo te afirmo que, sabiendo que se me tiene horror, preferiria la soledad absoluta a la amarga satisfaccion de ver al vuelo a uno a quien deseo abrazar con ahinco, sin poder tocarle" (57). En otras palabras, la diferencia radical es reubicada en un gueto, y visto que no tiene alternativa, debe sentirse satisfecha de ser proscrita, pero en paz. Desde esta perspectiva, la obliteracion de la diferencia radical no significa necesariamente destruccion sino mas bien su alejamiento a un espacio que evita que esa diferencia contamine al resto de la sociedad: juntos pero no revueltos. Curiosamente, esta propuesta de circunscripcion de la diferencia es mostrada con toda claridad por Jose Marti en Lucia Jerez, la obra en la que el intelectual (Juan Jerez) defiende que a los indigenas se les entreguen sus tierras, con el objetivo subyacente de que la contencion en sus territorios garantice el progreso del resto de los entes constitutivos de la nacion. (6) El confinamiento de Arturina en el drama de Montalvo, o la limitacion de los indigenas en Marti, son ideas que en el siglo XIX corren paralelas con el proceso de reservacionalizacion y relocalizacion de los indigenas llevado a cabo por el gobierno de los Estados Unidos en su expansion territorial hacia el oeste, o con las posturas segregacionistas en diferentes paises latinoamericanos frente a la poblacion indigena o de descendencia africana. Al revisar las caracteristicas de La leprosa tal y como las he presentado, salta a la vista que esta obra es una reformulacion de la ficcion fundacional en la que el deseo de concordia y de busqueda de caminos de homogeneizacion funcionan como columna vertebral, y en la que el sacrificio del objeto deseado (en este caso que Arturina pueda permanecer con su familia) actua como combustible que energiza el bien comun. La diferencia de esta obra frente a otras de corte fundacional es, sin embargo, que la escision de la diferencia es entendida como una tragedia, como una injusticia puesta en accion por la ley misma.

Por su parte, la diferencia radical en la obra de Vargas Vila parte de la premisa de que la nacion no es un proyecto digno de su sacrificio. El huerto del silencio (1917), escrita a cien anos de la independencia, no hace promesas ensonadoras para el futuro de la patria. Aun cuando todo en torno suyo suene a celebraciones memoriosas, Vargas Vila no duda al representar la ominosa tension entre la gloria pasada de la emancipacion y el dudoso exito del proyecto republicano, democratico y liberal. Es precisamente esta vision esceptica de la nacion la que le hace decir que su obra no es escrita para ser puesta sobre las tablas. (7) La representacion significaria, en el menos optimista de los casos, una mimesis catartica de la que el publico podria salir convencido de que lo representado no le concierne, que es una tragedia a la que por fortuna no se ha de encontrar una vez abandone el teatro. En el mas optimista de los casos, uno que no agrada a Vargas Vila, el espectador estableceria un lazo de afinidad, una mimesis perturbadora, que le incitaria al cambio. Pero para Vargas Vila la nacion es un proyecto que ni siquiera merece el cambio o la esperanza. En esta extrana e irrepresentable obra de teatro, Vargas Vila senala que la nacion esta enferma por dentro, y que esa enfermedad puede llevar a una cura temporal y fatua, pero que el futuro esta condenado a la hecatombe. Vargas Vila el heterodoxo presenta a la patria como espacio que restringe la libertad como una carcel. Un ejemplo claro se encuentra en otra polemica obra suya, Lirio negro (1904), en la que un artista se ve obligado a regresar a su pais tras muchos anos de exito y reconocimiento en Europa. Frente a la idea y angustia del regreso al retrogrado lugar de su nacimiento, en donde ha de morir, la unica salida es escaparse mediante el uso de opio:
 me hago una piqure;
 y, entro en el Divino Paraiso;
 de el no saldre sino para entrar en la mas cruel de todas las
 prisiones: la PATRIA. (94)


Para Vargas Vila, entonces, la patria no es un espacio de solaz, como de suenos, ni tampoco es un lugar de libertad y exultacion sobre un proyecto futuro. La nacion es espacio infertil que produce un dolor que ni la morfina puede aliviar.

Desde la perspectiva de este autor la falta de entendimiento es evidente en la manera en que la sociedad y los estamentos normativos pretenden ejercer poder sobre la diferencia radical, aun despues de que la han expulsado sin remedio de la corriente social y sus beneficios. Un ejemplo de este doble estandar es la normativizacion que el poder eclesiastico, personificado por el sacerdote Don Hilario, desea imponer sobre la relacion amorosa que ha surgido entre Octavio y su prima Clara. El lazo entre los dos es consecuencia del confinamiento al que se han visto obligados a causa de la diferencia radical (lepra) de Octavio, y la decision de Clara de renunciar a volver al grupo social homogeneo. Don Hilario viene a pedir que la joven salga de la casa porque la gente de la aldea murmura de la relacion inaudita entre el sacerdote y su prima. Debido a que el pais en que ellos viven ya ha separado a la iglesia del Estado, las autoridades juridicas no pueden interferir en la relacion entre una mujer y un hombre. Octavio insiste en que su soledad y el haber sido rechazado por la sociedad y esto es importante por la relacion que tiene con aquellos que han sido puestos de lado del proyecto nacional--lo autorizan a no seguir ni la ley civil, ni la eclesiastica. Esto es lo que le dice Octavio a Don Hilario:

OCTAVIO:--La Aldea ...; la Aldea es usted ... la Autoridad ...; no sabe usted, que la soledad no reconoce autoridad? soledad es Libertad; la selva no tiene codigos, se lo he dicho.

Don Hilario lo amenaza con la autoridad del Obispo. Octavio, quien ya ha sido puesto al margen de toda idea de concordia, no tiene ningun problema en cortar ese ultimo lazo de un supuesto pacto social:

OCTAVIO: diga usted al Obispo, que yo no tengo que ver nada con el; que yo no soy ya un sacerdote; que mi soledad me volvio mi libertad; que yo soy, el Hombre fuerte, el Intangible; aquel que no puede tocarse sin contagiarse; mi lepra es mi manto de fuego; me devora y me aisla; que prendido de los pezones de mi doble Soledad, yo agoto en ellos, la fuerza de resistir, y la fuerza de negar; ni obedezco, ni creo; es de las cenizas de la Fe, que nace la Libertad; yo soy, aquel producto excelso y raro de mentalidad; aquel que esta por sobre toda Autoridad; yo soy un hombre libre. [...]

DON HILARIO:-- Seras maldito de Dios! ...

OCTAVIO:-- Maldito? desde antes de nacer, ya estaba maldito por el; que cosa ha sido mi Vida, sino una Maldicion? si antes de ofender a Dios, ya el me habia herido de manera irremediable; que puede hacer contra mi, despues de haberlo ofendido? el rayo del castigo, se apago en su mano ... (Huerto 136-37)

Asi pues, la lepra heredada--imagen de una forma de pensar y de actuar de aquellos que han sido puestos al margen de la sociedad produce una realidad bifronte y contradictoria. Por un lado desencadena la expulsion del individuo o del grupo de individuos del conglomerado que ofrece seguridad, reconocimiento, y posibilidad de preservacion de ellos y de lo que ellos representan--fuera del consenso, pero aun peor, fuera del disenso. Por otro lado, la expulsion produce una cohesion a contrario y un fortalecimiento que se nutre de la condicion misma de desalojo y censura. La lepra que margina, gracias a esa misma marginalizacion, fomenta salidas alternativas en las que la sociedad normalizada no es tenida en cuenta, no es temida, no es aceptada, y mas bien es rechazada. Esto es explicable porque en el caso del texto de Vargas Vila la aldea necesita del Huerto del Silencio, de Octavio y de Clara como puntos de referencia, para entenderse a si misma como norma. La norma solo lo es si puede contrastarse con el rechazo. Pero lo rechazado, lo enfermo, goza de la libertad, de la emancipacion resultante de la escision a la que ha sido obligado.

Sin embargo, la historia no termina aqui. Como ya he indicado antes, Clara resulta embarazada. Para Octavio la lepra es una forma de libertad que no prospera, que no ofrece posibilidades de perpetuacion, y por eso prefiere destruirla si ha de ser reproducida. Al saber que su historia se ha de repetir en el nino que ha engendrado, y que esa representacion de futuras generaciones va a ser igualmente destinada al ostracismo impuesto por la sociedad, Octavio sale de razon--es decir, se escinde de la ley--, cumple su precepto de destruccion y mata al nino que Clara tiene en su vientre, y a ella. Este cierre violento y truculento es vargasvilesco a mas no poder. Pero como de Vargas Vila se trata, tanto intringulis tiene una vuelta mas y la obra tiene un fin abismal. El dramaturgo hace que Octavio escriba una carta a la autoridad juridica indicando que un crimen ha sido cometido en su casa. El juez y los gendarmes--los representantes de la legalidad que hasta ahora ha puesto a Octavio por fuera de la corriente social--tienen que presentarse en la escena del crimen muy a su pesar. Aun cuando Octavio confiesa que el ha sido el asesino, los gendarmes no quieren apresarlo por temor al contagio de la lepra. La acotacion que consigna Vargas Vila no puede ser mas clara muestra de la manera abrupta en que el leproso--esto es, el relegado--obliga a la ley, a la legalidad, que lo incluya, asi sea para castigarlo:

OCTAVIO: retrocedeis? ah! no teneis miedo de tocar al Sacerdote, que vuestro cura os ha ensenado a insultar y a despreciar; a quien teneis miedo de tocar es al leproso ... no temeis al anatema, sino al contagio; dadme esa soga; (avanza hacia un gendarme, y le arranca una soga que tiene en las manos, se la ara al cuello, y a las manos; arroja el extremo de la cuerda al gendarme; este la coge). --Ahora, llevadme ... (178)

Este representante de la diferencia radical ha obligado a la sociedad a acogerlo en su seno. En El huerto del silencio Vargas Vila rebasa la dialogica del consenso y representa a la diferencia radical que se impone a la sociedad usando, paradojicamente, la ley que ha sido disenada para aniquilarla. En el momento en que el gendarme coge el extremo de la soga ha re-conocido, esto es, ha aceptado como parte constituyente de la sociedad lo que antes consideraba ajeno a ella. Contradictoriamente, Octavio pierde la libertad que su enfermedad le habia proveido, pero a cambio ha inscrito un nuevo pacto en que su diferencia es parte de lo que conforma la sociedad. No obstante, sin hijos, sin Clara, el pacto social que el ha re-inscrito se pierde en el vacio porque no tiene perpetuacion sin constituyentes que lo pueblen.

La obra de Montalvo culmina con los soldados llevandose a la leprosa ante la mirada desesperada y la actitud derrotada de los hijos y la familia:

FLAVIO: Mama! Soldados en la puerta.

DONA LIBRADA: Vaya usted, Benigno! Que no la lleven. Prometa que yo ire a dejarla manana, ahora mismo. (Entra el Arzobispo a paso lento).

DONA LIBRADA: Se fueron?

EL ARZOBISPO: La llevaron (113)

La ley se cumple y la leprosa es expulsada de su casa (el campamento de Job). Solo los representantes de la ley hacen cumplir el precepto legal. Su intervencion es aseptica y de asepsia. Al pueblo se le ha ahorrado la interaccion con la diferencia radical. Arturina es aislada y solo queda en su confinamiento como individuo. Su individualidad, su diferencia, es todo lo que le queda cuando los soldados se la llevan. El final de la obra de Vargas Vila no solo va mas alla de la aceptacion de la ley impuesta por los gendarmes, no solo obliga a la ley a re-incorporarlo en la corriente social aunque sea para castigarlo. Como lo indica la acotacion, la sociedad misma interviene directamente para hacer sentir su odio y rechazo frente al leproso asesino: "las gentes del pueblo, tocadas de ferocidad cobarde, arrancan la cuerda de manos del gendarme, y tiran con tal fuerza, que OCTAVIO vacila, pronto a caer estrangulado" (179). El pueblo mismo, rebasando la funcion del representante de la ley o del sacerdote biblico, toma en sus manos la diferencia, aun cuando eso signifique el riesgo de contagiarse. Sin embargo, como en el caso de Arturina, todo lo que le queda a Octavio es su propia diferencia.

El hecho de que estas dos obras tengan la estructura de una tragedia, aunque sea una tragedia destinada a no ser representada, las pone en una situacion diametralmente opuesta a las ficciones fundacionales, ejemplificando lo que Doris Sommer llama en Foundational Fictions "tensiones": "Tensions exist, to be sure, and they provide much of the interest in reading what otherwise might be an oppressively standard canon. But what I am saying is that those very tensions could not be appreciated if the overwhelming energy of the books were not being marshaled to deny them" (10). Sin embargo, el ser diametralmente opuestas e irrepresentables, ponen de cabeza la afirmacion fundacional que solemos defender y demuestran que en la realidad fueron las tensiones producidas por estos espiritus radicales en su diferencia y tragicos en su individualidad las que hicieron que el pueblo arrebatara la soga y la halara con fuerza. El sino de la diferencia radical es la constante amenaza de ser exterminada pero, como indica Vargas Vila en su introduccion a El huerto del silencio, pareciera que su constante derrota es precisamente lo que garantiza su pervivencia:
 El Hombre, vencido por el Destino: he ahi todo el Drama;
 [...] sobre las cimas epicas de la Rebeldia, o en los valles
 tristes de la
 Resignacion; que importa el lugar de su derrota?
 Solo interesa su gesto;
 [...] hay grandeza en desafiar a su Destino;
 y, ya que no se le puede vencer, hay grandeza en ultrajarlo;
 el rayo, hiere por igual, a los leones y a las ovejas;
 pero, el leon ruge, y la oveja calla;
 [...] morir escupiendo al cielo que nos hiere, es la sola actitud
 digna
 de morir. (22)


OBRAS CITADAS

Gonzalez Espitia, Juan Carlos. "A Brief Syphilography of Nineteenth-Century Latin America." En Building Nineteenth-Century Latin America: Re-Rooted Cultures, Identities, and Nations. Nashville: Vanderbilt University Press, 2009.

--. On the Dark Side of the Archive: Nation and Literature in Spanish America at the Turn of the Century. Lewisburg: Bucknell University Press, 2009.

Marx, Karl. The Eighteenth Brumaire of Louis Bonaparte. Trans. Daniel de Leon. Chicago: Charles H. Kerr & Company, 1907.

McGann, Anthony J. The Logic of Democracy: Reconciling, Equality, Deliberation, and Minority Protection. Ann Arbor: University of Michigan Press, 2006.

Montalvo Fiallos, Juan. "La dictadura perpetua." En Las catilinarias; El cosmopolita; El regenerador. Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1977.

--. La leprosa. En El libro de las pasiones. Ambato, Ecuador: I. Municipio de Ambato, Consejo Editorial, 1987.

La Santa Biblia. Antiguo y Nuevo Testamento. Asuncion: Sociedades Biblicas en America Latina, 1960.

Sommer, Doris. Foundational Fictions: The National Romances of Latin America. Berkeley: University of California Press, 1993.

Sontag, Susan. Illness as Metaphor; and, AIDS and its Metaphors. New York: Picador USA, 2001.

Stewart, Richard. Leper Priest of Moloka'i: The Father Damien Story. Honolulu: University of Hawai'i Press, 2000.

Vallejo, Fernando. El rio del tiempo: Los dias azules. El fuego secreto. Los caminos a Roma. Anos de indulgencia. Entre fantasmas. Bogota: Alfaguara, 2002.

Vargas Vila, Jose Maria. El huerto del silencio: tragedia lirica. Bogota: Panamericana Editorial, 1999.

--. Lirio negro. Bogota: Panamericana Editorial, 1998.

por Juan Carlos Gonzalez-Espitia

University of North Carolina at Chapel Hill

NOTAS

(1) A este respecto es innegable la influencia e importancia de las hipotesis formuladas por Doris Sommer en su libro de 1991 Foundational Fictions: The National Romances of Latin America.

(2) Roberto D. Agramonte, prologo a la edicion de El libro de las pasiones, en particular 2 y 5.

(3) Por ejemplo, no es lo mismo hablar de lepra que de sifilis, pues en la segunda mitad del siglo diecinueve esta ultima era entendida como una verdadera amenaza para el futuro de la nacion, un futuro encarnado por la multitud de ninos que corrian el riesgo de heredar la terrible enfermedad. Ademas, el contagiarse de sifilis estaba casi siempre relacionado con espacios proscritos como el burdel o las relaciones extramatrimoniales. Para un estudio panoramico de la relacion entre sifilis, medicina y literatura en el siglo XIX latinoamericano ver mi "A Brief Syphilography of Nineteenth-Century Latin America."

(4) Para una mayor exploracion de la vida, obra y legado de De Veuster ver el libro de Richard Stewart Leper Priest of Moloka'i.

(5) Mas informacion con respecto a la dinamica de consenso y disenso se encuentra en The Logic of Democracy: Reconciling, Equality, Deliberation, and Minority Protection de Anthony McGann.

(6) Para una discusion mas detallada de la funcion marginal de los indigenas

en la obra de Marti ver mi On the Dark Side of the Archive, especialmente 66-75. (7)
 [Q]ue: esta como mis otras tragedias, han sido escritas para ser
 leidas, no para ser representadas; que yo escribo obras dramaticas
 y tragicas, pero, no escribo obras teatrales; que: continuo en
 creer el Arte del Teatro, un Arte inferior, el cual no intento
 cultivar; que por eso, acumulo en mis obras, todos los elementos de
 anti-teatralidad posibles, hasta hacerlas, segun mi designio,
 absolutamente irrepresentables; [...] por eso, mis obras
 dramaticas, han sido escritas con el designio premeditado, de
 hacerlas, anti-escenicas, anti-teatrales; en una orientacion
 contraria a toda mise en scene; (9).


Juan Carlos Gonzalez Espitia recibio su doctorado de la Universidad de Cornell. Tras un breve periodo en Hamilton College, se sumo al cuerpo de docentes del departamento de Lenguas y Literaturas Romanicas de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, en donde en la actualidad es profesor asociado. Gonzalez Espitia es el autor de On the Dark Side of the Archive: Nation and Literature in Spanish America at the Turn of the Century (2009, Bucknell University Press) y coeditor de Building Nineteenth-Century Latin America Re-Rooted Cultures, Identities, and Nations (2009, Vanderbilt University Press). Ha publicado varios articulos en torno a la figura del he terodoxo escritor colombiano Jose Maria Vargas Vila. En la actualidad trabaja en una historia de la sifilis en las letras hispanicas.
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Author:Gonzalez-Espitia, Juan Carlos
Publication:Hispanofila
Date:Dec 1, 2009
Words:8011
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